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África y la integración económica regional: Los procesos de integración económica en África Subsahariana (página 2)




Partes: 1, 2


África tiene además algunas de las más grandes reservas mundiales de oro, diamantes – recordemos las eras del oro y del diamante en 1867 y 1885 respectivamente – cobre, bauxita, manganeso, níquel, platino, cobalto, radio, germanio, litio, titanio y fosfatos. Otros importantes recursos minerales son el hierro, el cromo, el estaño, el zinc, el plomo, el torio, el circonio, el vanadio, el antimonio y el berilio. También hay cantidades explotables de arcillas, mica, azufre, sal, natrón, grafito, piedra, caliza y yeso.

Contrasta con tanta abundancia de recursos naturales la mayor miseria, que hace de África la zona más pobre de la tierra, asolada por hambrunas y epidemias. El continente negro ha sido históricamente explotado por las potencias capitalistas, que lo sometieron a un saqueo sistemático privándole de sus riquezas y esclavizando a sus gentes, repartiéndose sus territorios en una agresiva competencia colonial.

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en su reporte anual de 2006, reconoce que alrededor de 300 millones de los habitantes en África Subsahariana –casi la mitad de su población- vive con menos de 1 USD al día. Una de cada dos personas en África Subsahariana se ubica entre el 20% de los más pobres del planeta, y la cantidad de africanos que viven al Sur del Sahara ubicados en esta cohorte se han más que duplicado desde 1980.

Ajena en su mayoría a los beneficios de la globalización, datos del 2003 de las Naciones Unidas proyectan que durante los próximos 15 años el número de personas que viven en la pobreza absoluta en el África Subsahariana se elevará a 404 millones de personas, repartidas a lo largo y ancho del continente.

La actual determinación de las fronteras, que responde a un largo proceso acumulativo primero por la trata de esclavos – tanto por los árabes como por los europeos – y luego por la colonización que siguió, y las dinámicas imperialistas interafricanas, ha sido causa de numerosos dramas. La misma ha conducido a la dislocación de las etnias africanas, fragmentadas bajo diversas ciudadanías de pueblos sólidamente unidos no por lazos de la política, sino por los de la lengua y la cultura.

Tal multitud de pueblos, grupos étnicos y tribus con tradiciones y cultura diferentes se comunican a través de una gran diversidad de lenguas y dialectos autóctonos –más los idiomas oficiales impuestos por los antiguos colonizadores. Se han clasificado más de 3 000 grupos étnicos distintos e identificado más de mil lenguas habladas en África.

No obstante la fragmentación de la que antes hablábamos, las nociones de África y de africanidad han tenido un impacto real y eficaz durante todo el periodo de descolonización marcado por un ideal panafricano de liberación. Esta lucha por la independencia de las naciones africanas de la dominación colonial directa extranjera se produce, fundamentalmente, a partir de la Segunda Guerra Mundial hasta la década de los 60 del pasado siglo.

La triste historia de explotación y dominación africana a manos de naciones extranjeras se remonta a los años en que el continente funcionaba como la fuente mundial fundamental proveedora de mano de obra esclava, aproximadamente desde mediados del siglo XV hasta mediados del siglo XIX. Antes nos remontamos a un brillante periodo precolonial que finaliza con la llegada de los europeos a sus costas occidentales, destacándose en esa época el esplendor de la primera gran civilización africana a orillas del Nilo la que, aún hoy, nos sigue asombrando y maravillando.

La ocupación colonial de África transcurrió entre 1870 y 1960. Las potencias europeas de la época: Bélgica, Alemania, Francia, Inglaterra, Portugal, Holanda, Italia y España, se aseguraron posesiones africanas, las que explotaron en aras de promover su desarrollo capitalista y financiar sus guerras de rapiña.

 

Valor del Índice de Desarrollo

Humano

(IDH)

2004

Esperanza de vida al nacer

(años)

2004

Tasa de alfabetización de adultos

(% de 15 años y mayores)

2004

Tasa de mortalidad infantil

(por cada

1 000 nacidos vivos)

2004

Incidencia del VIH-SIDA

(% de 15 – 49 años)

2005

PIB per cápita

(PPA en USD)

2004

Tasa de crecimiento anual del PIB per cápita

(%)

1975-2004

Emisiones CO2

(% del total mundial)

2003

Consumo de electricidad per cápita

(kilowatios-hora)

2001

Población desnutrida

(% del total)

2001 - 2003

Usuarios de Internet

(por cada

1 000 habitantes)

2004

Países en desarrollo

0,679

65,2

78,9

57

1,1

(1,0-1,4)

4 775

2,4

42,7

1 035

17

175

África Subsahariana

0,472

46,1

63,3

103

6,1

(5,4-6,9)

1 946

- 0,6

2,1

495

30

77

Total Mundial

0,741

67,3

..

51

1,0

(0,9-1,2)

8 833

1,4

100

2 361

17

276

Fuente: Reporte de Desarrollo Humano (2006) PNUD.

El tipo de contacto que entonces se produce con Europa no resultó ni en un intercambio comercial en pie de igualdad que pudiera abrirle vías hacia el mundo exterior, ni en la cruda sujeción de tipo colonialista que provocara como reacción una ideología africana de reafirmación que condujera al cambio político y al desarrollo económico.

Estos cuatro siglos fueron una época de aislamiento y parálisis para el continente que tanto contribuyó al fenómeno de la acumulación originaria del capital tal y como lo describiera Marx, sin el cual no hubiera sido posible el advenimiento del modo de producción capitalista. África proveyó a Europa del combustible necesario para su primera industrialización, mientras se condenaba a sí misma a la pobreza y al subdesarrollo.

Años más tarde África aportó hombres y materias primas a las dos Guerras Mundiales que asolaron al mundo. Y es que la historia de África con occidente ha sido una historia de robo continuado: robo de mano de obra, de recursos naturales y agrícolas y de tierra. La todavía pendiente deuda histórica de los ricos hacia África está, evidentemente, más que justificada.

La integración africana: un balance general

África también se considera un mosaico de países desde el punto de vista económico. Por ejemplo, en el África Subsahariana, junto a la extrema pobreza de la mayoría de sus naciones, aparecen algunos países con cierta prosperidad como Sudáfrica, Cabo Verde e Islas Mauricio.

La pobreza se impone en la mayor parte del continente. De las 49 naciones clasificadas como Países Menos Adelantados (PMA), 34 son africanas. De las 42 naciones identificadas como Países Pobres Altamente Endeudados (PPAE), 33 son africanas. Todas ellas se encuentran ubicadas en la zona al sur del Sahara.

País

PMA

PPAE País

PMA

PPAE

Angola

X

X

Guinea-Bissau

X

X

Benin

X

X

Kenya

X

Burkina Faso

X

X

Lesotho

X

Burundi

X

X

Liberia

X

X

Camerún

X

Madagascar

X

X

Cabo Verde

X

Malawi

X

X

República Centroafricana

X

X

Malí

X

X

Chad

X

X

Mauritania

X

X

Comores

X

X

Mozambique

X

X

Congo

X

Níger

X

Costa de Marfil

X

Rwanda

X

X

República Democrática del Congo

X

X

Sao Tomé y Príncipe

X

X

Djibouti

X

Senegal

X

X

Guinea Ecuatorial

X

Sierra Leona

X

X

Eritrea

X

Somalia

X

X

Etiopía

X

X

Sudán

X

X

Ghana

X

Togo

X

X

Gambia

X

X

Uganda

X

X

Guinea

X

X

Tanzania

X

X

Zambia

X

X

Si bien la gran mayoría de los territorios africanos obtuvieron su independencia de las potencias europeas, aún conservan vínculos económicos casi exclusivos con sus antiguos amos, lo que demuestra su dependencia y fragilidad económicas. Así tenemos que la mayoría de las antiguas colonias inglesas mantienen estrechas relaciones comerciales con su ex metrópoli y guardan sus reservas monetarias en Londres. Las antiguas colonias francesas mantienen lazos aún más estrechos con Francia, reforzados por el uso de la misma unidad monetaria entre varias de las primeras: el franco CFA, por lo que en África se ubica la Unión Monetaria efectiva más antigua de las que hoy existen.

Es así como casi todos los países africanos tienen relaciones económicas con la Unión Europea (UE) y se benefician de reducciones arancelarias por diversos conceptos. Las complejidades de las políticas comerciales entre Europa y África no serán objeto de análisis en estas páginas. Solo nos limitaremos a señalar que aquí en las mismas se mezclan un variado conjunto de intereses económicos y geopolíticos y que, si bien por una parte se permite la entrada libre de o con reducidos aranceles a la Unión Europea de un determinado grupo de productos a un determinado grupo de países africanos y en cantidades limitadas por enrevesados sistemas de cuotas, por otro lado se frena la entrada a Europa de otros géneros africanos, cuya exportación libre de restricciones podría ser de mucho provecho para las empobrecidas naciones africanas en aras de sostener una espuria competitividad europea. Ejemplifican esta dinámica de las complejas relaciones entre Europa y África las relaciones entre la UE y las naciones de la Asociación de Estados de África, Caribe y Pacífico (ACP) o con el grupo de los países integrados en la iniciativa europea “Everything but Arms” (EBA).

En los últimos años se ha verificado, además, un creciente interés por parte de los Estados Unidos (EE.UU.) hacia el continente negro. Los EE.UU. han formulado una nueva agenda hacia la región a partir de sus preocupaciones sobre “seguridad energética” y “lucha global contra el terrorismo”. Como muestra de lo anterior mencionamos la aprobación en EE.UU. de la Ley de Oportunidades de Crecimiento para África en el 2000, que busca fortalecer la presencia norteamericana en la región, en concordancia con el crecimiento del peso de los hidrocarburos africanos en las importaciones de EE.UU. Actualmente, EE.UU. está negociando un Acuerdo de Libre Comercio con la Unión Aduanera del África Austral (SACU).

A continuación examinaremos algunos datos significativos para entender las características fundamentales de la economía africana. Al ser la región más atrasada económicamente del planeta, la mayor dinámica la concentra el comercio de mercancías. El comercio de servicios y las relaciones monetarias - financieras representan una pequeña porción en la estructura de la economía regional africana.

Exportaciones de mercancías de África, por destino

Año 2005

Fuente: Estadísticas del Comercio Internacional 2004. OMC

Las estadísticas demuestran el comercio intrarregional africano no es más que una modesta fracción del volumen global de su comercio, mayormente concertado con Europa. Los sectores comerciales de buena parte de los países africanos dependen mucho de uno o unos pocos artículos de consumo. El comercio entre los estados africanos está limitado por la competitiva, más que complementaria, naturaleza de productos, las barreras comerciales y la diversidad de monedas. Estos intercambios comerciales se restringen a ciertos productos manufacturados o al comercio intrarramal, involucrando fundamentalmente petróleo, algodón, maíz, cacao y ganado vivo.

En relación con Asia, destaca la dinámica comercial reciente entre África y China, nuevo y pujante socio. Las estadísticas registradas en China demuestran que las importaciones desde África se cuadruplicaron entre 2002 y 2005, mientras que las exportaciones chinas hacia África alcanzaron 18, 6 mil millones de USD en 2005. Este enérgico incremento de los flujos de comercio bilaterales continuó reportándose durante la primera mitad de 2006. Las exportaciones chinas hacia África aumentaron en un 30 % respecto al año pasado, mientras las importaciones desde África lo hicieron en la mitad.

Comercio de mercancías de China con África

Período 2000 – 2005

(Miles de millones de dólares)

Fuente: Estadísticas del Comercio Internacional 2004. OMC

Al analizar la naturaleza de los productos comercializados se aprecia que este flujo comercial es fundamentalmente complementario, al exportar China artículos manufacturados e importar materias primas, básicamente petróleo y productos agrícolas; características muy semejantes al comercio bilateral entre África y Europa.

En tales condiciones es difícil concluir que exista una potencial significativo aún no explotado que pueda incidir positivamente en un despegue del comercio intraafricano. La debilidad de las infraestructuras, en particular la insuficiencia de las redes de comunicación y el poco desarrollo y alto costo de los transportes, explica en gran parte esta “dinámica” del comercio intracontinental. Ejemplo de lo anterior nos lo ofrece el Banco Mundial, quien confirma que, en África Subsahariana, solo el 13 % de las carreteras están pavimentadas.

Justamente son los débiles vínculos comerciales intrarregionales un primer e importante obstáculo hacia una efectiva integración económica. No debe entonces sorprendernos el poco éxito alcanzado por los países africanos en su camino hacia la integración regional. Los fuertes lazos que mantienen las ex colonias con sus antiguas metrópolis, así como los intercambios comerciales con actores económicos mundiales de peso como EE.UU. y China, privilegian los intercambios intercontinentales por sobre las relaciones económicas entre vecinos.

Además de los escasos intercambios comerciales, frenan los propósitos integracionistas la gran similitud en las estructuras de exportación de las naciones africanas, quienes a su vez exhiben marcadas diferencias en los niveles de ingresos, de industrialización y de infraestructuras, impidiéndose así toda especialización intrarramal -en un contexto caracterizado por la existencia de políticas macroeconómicas divergentes y poco estables. A estas disparidades en los niveles de desarrollo relativo se suma la falta de los recursos necesarios para conformar los fondos de compensación requeridos asociados a cualquier proceso de integración regional.

Si las posibilidades en términos de integración comercial resultan escasas, más desalentador es el panorama que ofrece la integración financiera. Con un escasísimo uso de sofisticados instrumentos financieros en los pequeños y fragmentados mercados financieros regionales, insertos en una débil infraestructura financiera, las finanzas africanas sufren además el peso constante de una insoportable deuda externa que no terminan de pagar jamás. Para el 2005, la deuda externa de África se calculaba superior a los 300 mil millones USD. Cada año, África Subsahariana debe pagar alrededor de 13 mil millones USD por concepto de servicio de la deuda.

Las dificultades para proveerse de un adecuado financiamiento, que se adecue a las circunstancias particulares de las naciones africanas, constriñe las posibilidades reales para avanzar en el camino de la integración económica. La ausencia de recursos financieros ha devenido carencia crónica, carencia que también frena la integración económica regional. Esta situación se agrava aún más en las naciones del África Subsahariana, donde se concentran los países más pobres y endeudados del planeta y quienes se suponen contribuyan con los recursos financieros necesarios para asegurar el funcionamiento de las comunidades económicas regionales a las que pertenecen.

No extraña entonces que haya sido la asistencia externa la fuente primaria de financiamiento de los disímiles proyectos de integración real, ante la imposibilidad real de muchas naciones africanas de proveer los recursos comprometidos. La dependencia del financiamiento externo aumenta la vulnerabilidad de los esquemas de integración, factor debilita y amenaza la perdurabilidad y éxito de las propuestas africanas.

La grave situación financiera del continente se comprende mejor al recordar que el crecimiento económico del continente permanece deprimido desde la mitad de los años 70 de la pasada centuria, con recuperaciones de carácter coyuntural y no como consecuencia de transformaciones definitivas.

Las guerras civiles y conflictos transfronterizos agravan el panorama de pobreza extrema del continente, obstaculizando el desarrollo de los diferentes intentos a favor de la integración. Según datos de Naciones Unidas, en el año 2003 cerca de 180 millones de personas en África, en su mayoría pastores, granjeros y otros que utilizan la tierra, vivían en terrenos secos y frágiles donde hay conflictos por el agua y tierra. A la pérdida de vidas humanas y los daños materiales asociados a tales problemas se suman otras consecuencias nefastas para sociedad y el medio ambiente. Así tenemos que la cifra de personas desplazadas en África como consecuencia de los conflictos fue de 15 millones, 3 343 700 de ellos viviendo en países diferentes del suyo. La cantidad de refugiados en África Subsahariana en 2005 fue de 2 415 millones personas.

Añádase a lo anterior la ausencia de armonización de la política exterior, con naciones vecinas alineadas en bandos opuestos durante la época de la guerra fría y enfrentadas en conflictos armados diversos. Resulta entonces difícil concebir proyectos y estrategias de integración económica en un clima caracterizado por marcadas tensiones políticas. Muchos expertos consideran que la falta de voluntad política es una de las razones fundamentales que impiden una exitosa integración africana, razón que obedece a los fuertes vínculos intercontinentales que los países africanos han establecido desde su creación.

Como ejemplo de tal ausencia de compromisos políticos de los Estados nos encontramos ante la negativa de los países africanos de asumir las obligaciones contraídas asociadas a las posibles pérdidas económicas que se producen durante los procesos de integración. Lo anterior resulta en la persistencia de barreras al libre flujo de bienes, servicios y personas a través de las fronteras. Es así como asistimos a un panorama donde prima la lenta ratificación e implementación de los protocolos firmados en el marco de los grupos de integración regional, cuyo incumplimiento redunda finalmente en el fracaso de los mismos. Otra deficiencia radica en que las naciones africanas tampoco han sabido hacer de los objetivos y planes de integración parte sustancial de sus programas de desarrollo doméstico.

Entre los factores más importantes que obstaculizan el éxito de la integración económica regional está la multiplicidad de organizaciones y mecanismos creados con este fin, que se yuxtaponen y disipan los esfuerzos y precarios recursos. Esto complica los trabajos de armonización y coordinación de políticas, y dificulta la fusión futura de comunidades económicas regionales que se prevé ocurra en el futuro, muchas de las cuales adolecen a su vez de ausencia de visión y proyección estratégica. Tal situación redunda en la falta de coherencia entre los programas de cooperación sectorial y las políticas macroeconómicas determinadas dentro de cada uno de los bloques regionales.

En África se cuentan alrededor de 30 agrupaciones de integración comerciales regional, con dos o más de ellas en casi cada una de sus subregiones del continente. En promedio, cada nación africana pertenece a 4 de entre estas agrupaciones. De los 54 países africanos, 26 son miembros de dos agrupaciones económicas regionales, 20 pertenecen a tres y una nación, la República Democrática del Congo es miembro de cuatro. Solo 6 países mantienen su adhesión a solo una comunidad económica. Por otra parte, 34 son las naciones africanas Miembros de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

África del Norte

Unión Árabe del Maghreb (UMA)

Comunidad de Estados del Sahel – Sahara (CEN-SAD)

África

al Sur

del

Sahara

África del Oeste

Unión Económica y Monetaria del África del Oeste (UEMOA)

Comunidad Económica del África del Oeste (CEDEAO)

Unión del Río Manu

África Central

Comunidad Económica de Estados de África Central (CEEAC)

Comunidad Económica y Monetaria de África Central (CEMAC)

Comunidad Económica de los Países de los Grandes Lagos

África del Este y África del Sur

Mercado Común para África del Sur y el Este (COMESA)

Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD)

Comisión para el Océano Índico (COI)

Comunidad para el Desarrollo del África Austral (SADC)

Unión Aduanera del África Austral (SACU)

Es así como a pesar de las ideas de unidad panafricana, en la actualidad África se caracteriza por la diversidad de tratados de integración de carácter subregional. A continuación profundizaremos en el estudio de los más importantes entre estos y que comprendan a países del África Subsahariana. Los mismos han sido seleccionados de acuerdo a su representatividad geográfica, cantidad de países miembros, éxitos relativos y perspectivas futuras, así como por su importancia regional y proyección internacional.

Principales experiencias en el África Subsahariana

Si bien los países del África Subsahariana conocen de la experiencia del regionalismo, sus tentativas han resultado fallidas en la mayoría de los casos. Tal afirmación se sustenta al observarse el discreto volumen del comercio interregional, los deprimidos niveles de ingresos y la desigualdad creciente en materia de industrialización y desarrollo de las naciones, entre otros indicadores.

Además de los elementos antes apuntados debemos subrayar que las estrategias de integración en el África Subsahariana se inspiraron en el modelo de substitución de importaciones, que ya había demostrado sus limitaciones en su aplicación a escala nacional. Esta orientación de política económica resultó en un marcado carácter proteccionista en los modelos de integración ensayados, lo que obstaculizó el éxito de las propuestas.

Comercio al interior de los grupos

(% de las exportaciones totales)

Grupos de integración regional

Comercio intra-grupo

(2002)

CEMAC

1,3

CEEAC

1,3

COMESA

5,6

UEMOA

12,6

CEDEAO

11,1

SADC

8,8

No obstante, desde los finales del siglo XX, marcados por el fenómeno de la globalización neoliberal que se acompañó a su vez de un auge de los procesos de integración económica regional, asistimos a un renacer de los fallidos intentos africanos. El renovado interés en la integración regional, tanto entre los países del África Subsahariana como en los agentes externos que se interesan por los procesos económicos en el continente, obedece a diferentes motivaciones. Las preocupaciones africanas descansan, sobre todo, en la necesidad de superar lo limitado de sus mercados y la marginalización creciente en un mundo dominado por pujantes bloques comerciales.

A esto se añade la preocupación asociada a los costos que significa una liberalización unilateral, más aun cuando los principales actores del comercio mundial – Estados Unidos y la Unión Europea – se muestran interesados en proteger aquellos sectores donde los países africanos podrían devenir serios concurrentes.

El interés creciente por el regionalismo debe ser entendido, además, en el contexto más amplio de las reformas estructurales comprometidas a nivel nacional en la mayoría de los países al sur del Sahara. Recordemos que, ante las exigencias de los prestamistas internacionales entre los que sobresale el Fondo Monetario Internacional, los Estados africanos más pobres se han visto obligados a adoptar Programas de Ajuste Estructural como prerrequisito indispensable para acceder a diversas fuentes de financiamiento, las que les son imprescindibles para sobrevivir en un mundo marcado por la globalización neoliberal.

África puede considerarse pionera de los ensayos integracionistas contemporáneos a nivel mundial. En 1910 aparece una Unión Aduanera de África Austral, primer intento de integración económica en el continente y en el mundo, y de la que es heredera la actual Unión Aduanera de África Austral (SACU) creada en 1969, cuyo éxito relativo se explica por la participación de Sudáfrica, país de mayor desarrollo del subcontinente –quien ya firmó un Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea. Dicha razón también justifica el impulso recibido por la Comunidad para el Desarrollo del África Austral (SADC), cuya viabilidad como comunidad económica se vio reforzada a partir de la adhesión de Sudáfrica en 1994 tras la derrota del régimen del apartheid. Es, por tanto, en el África Austral donde más se ha progresado en la reformulación de las iniciativas de integración, tanto en el plano comercial como en el financiero –con un marcado protagonismo de la banca privada sudafricana.

En África del Este, el imperio británico dejó tras de sí una estructura bastante sofisticada de instituciones encargadas de coordinar las acciones de los poderes públicos en asuntos relativos a las aduanas, la recolección de impuestos a nivel nacional, las infraestructuras de transporte y la política monetaria entre Kenya, Uganda y Tanganika, que después devendría en la Tanzania actual. Sin embargo, esta herencia no sobrevivió a las crecientes divergencias ideológicas y económicas de estas tres naciones, lo que conllevó al fracaso de la Comunidad del África del Este (CAE) en 1973 y que ha sido recientemente relanzada. Solamente la SACU, de la que Sudáfrica es pilar como antes mencionábamos, ha permitido una integración destacable en los mercados de bienes.

Comunidad

Miembros

Objetivos

Estado actual

Comunidad Económica y Monetaria de África Central (CEMAC)

Camerún, Congo, Gabón, Guinea Ecuatorial, República Centroafricana y Chad.

Unión Económica

Aún no se establece como Zona de Libre Comercio (ZLC). Sin embargo, funcionan convenios que regulan las inversiones, los pagos y el transporte terrestre. Es una Zona Monetaria vinculada a la Zona Franco, por lo que se subordinan a un Banco Central Regional y posee además una Comisión Bancaria.

Comunidad Económica de Estados de África Central

(CEEAC)

Angola, Burundi, Camerún, Congo, Chad, Gabón, Guinea Ecuatorial, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Rwanda y Sao Tomé y Príncipe

Unión Económica

La implementación de una ZLC aún está en consideración.

Mercado Común para África del Este y el Sur

(COMESA)

Angola, Burundi, Comores, Djibouti, Egipto, Eritrea, Etiopía, Kenya, Madagascar, Malawi, Mauricio, Mozambique, Namibia, República Democrática del Congo, Rwanda, Seychelles, Sudán, Swazilandia, Uganda, Zambia y Zimbabwe

Mercado Común

Funciona como ZLC desde octubre de 2000 y como Unión Aduanera desde diciembre de 2004.

Existen criterios de convergencia para la política macroeconómica. El programa de armonización monetaria considera una Unión Monetaria hacia el 2025. En 2003 aprobaron un marco común para el funcionamiento bancario.

Unión Económica y Monetaria del África del Oeste (UEMOA)

Benin, Burkina Faso, Costa de Marfil, Guinea-Bissau, Malí, Níger, Senegal y Togo.

Unión Económica

Unión Aduanera alcanzada desde 1996 para los productos de agricultura y artesanía, y desde 2000 para las manufacturas, asumiendo una tarifa exterior común. También han logrado la armonización de leyes mercantiles y convergencia macroeconómica establecida, especialmente en lo relativo al manejo del presupuesto. Es una Zona Monetaria vinculada a la Zona Franco, por lo que se subordinan a un Banco Central Regional y posee además una Comisión Bancaria creada en 1990.

Comunidad Económica del África del Oeste

(CEDEAO)

Benin, Burkina Faso, Cabo Verde, Costa de Marfil, Gambia, Ghana, Guinea, Guinea – Bissau, Liberia, Malí, Níger, Nigeria, Senegal, Sierra Leona y Togo.

Unión Económica

Se propone el establecimiento de la ZLC y la Unión Aduanera antes de 2007, a partir de la real eliminación de tarifas para bienes no procesados. Aquellos países que no pertenecen a la UEMOA prevén la creación de una segunda zona monetaria para su posterior fusión con la zona monetaria UEMOA, que desembocará en una única zona monetaria CEDEAO. Mantienen la convergencia de las políticas macroeconómicas, y mecanismos de paz y seguridad adoptados. Exhiben una nomenclatura aduanera común. Desarrollan proyectos relativos a la construcción de rutas intracomunitarias, las telecomunicaciones y el desarrollo de recursos agrícolas, energéticos e hidráulicos.

Comunidad para el Desarrollo del África Austral (SADC)

Angola, Bostwana, Lesotho, Malawi, Mauricio, Mozambique, Namibia, Sudáfrica, Swazilandia, República Democrática del Congo, Tanzania, Zambia y Zimbabwe.

Unión Económica

ZLC lanzada desde septiembre del 2000, y mecanismos de paz y seguridad adoptados. Exhiben avances en el enlace de las redes energéticas nacionales y en una mayor seguridad alimentaria, así como en el desarrollo de proyectos relativos a la rehabilitación de caminos y carreteras, puertos y líneas férreas. Aún confrontan problemas con las reglas de origen para algunos productos. Desde 1997 se negocia un Protocolo para Finanzas e Inversiones. A finales de 2004 se crea un Comité de Supervisores Bancarios para armonizar las legislaciones bancarias y supervisar sistemas y prácticas bancarias.

Unión Aduanera del África Austral (SACU)

Bostwana, Lesotho, Namibia, Sudáfrica y Swazilandia. Es la más antigua unión aduanera del mundo, y surge en 1969 como sustitución de la Unión Aduanera de 1910.

Unión Aduanera

La Unión Aduanera es una realidad, así como un acuerdo monetario entre sus miembros con la excepción de Bostwana.

Comisión para el Océano Índico (COI)

Comores, Madagascar, Mauricio, Seychelles y Reunión (esta última isla pertenece a Francia).

Comisión creada para promover el desarrollo sostenible a partir de la cooperación en comercio, medio ambiente y política exterior.

Novedoso programa comercial y creación de la Universidad Virtual del Océano Índico.

Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo

(IGAD)

Djibouti, Eritrea, Etiopía, Kenya, Somalia, Sudán y Uganda.

Unión Económica

Elaborados programas multilaterales en áreas claves tales como agricultura y medio ambiente, asuntos políticos y humanitarios y la cooperación económica regional.

En el África del Oeste, si bien encontramos numerosos organismos intergubernamentales que trabajan sobre las cuestiones de integración y existen, teóricamente, las condiciones propicias para la cooperación, los resultados concretos son poco alentadores pues en la mayoría de los casos los países involucrados participan a su vez en varios esquemas construidos sobre objetivos y estrategias divergentes. La Comunidad Económica del África del Oeste (CEDEAO) tuvo una influencia positiva en el comercio intrarregional apenas verificada su conformación, pero la expansión de los intercambios fue deteriorándose con el paso del tiempo.

Por su parte, la Unión Económica y Monetaria del África del Oeste (UEMOA) exhibe progresos notables al instituir una tarifa exterior común en enero de 2000, así como un conjunto de reglas jurídicas. Se nota demás una interacción política creciente, que se manifiesta sobretodo en las actividades de mantenimiento de la paz en Liberia y Sierra Leona. En el seno de la UEMOA se ha comenzado a discutir sobre la convergencia de las monedas y la creación de una Zona Monetaria Única en el contexto de un acercamiento dual que a su vez engloba a país no miembros, objetivo muy ambicioso en el estado actual del proceso. En este propósito resulta beneficiada por la existencia de un Banco Central Regional, creado para el necesario funcionamiento de la Zona Franco. No obstante, aunque la UEMOA ha establecido una regulación bancaria común a todas las naciones, no se reportan progresos sustantivos en la integración financiera.

Los esquemas de integración ensayados en África Central no se destacan particularmente, clasificando como la zona con menos avances que mostrar. Ni la Comunidad Económica y Monetaria de África Central (CEMAC) ni la Comunidad Económica de Estados de África Central (CEEAC), han sido capaces siquiera de establecer Zonas de Libre Comercio exitosas. La CEMAC, al insertarse dentro de la Zona Franco –por lo que sí ha alcanzado la Unión Monetaria- exhibe un Banco Central Regional junto a otras estructuras regionales de control bancario, justo como le ocurre a la UEMOA. A principios de este siglo, se aprobó un “acuerdo único” con el fin de eliminar las trabas administrativas al proceso de integración financiera en la región. Los avances, sin embargo, tal y como en el caso de la UEMOA, no van más allá.

Resulta impresionante conocer que las instituciones económicas regionales de África Subsahariana a menudo han jugado un rol importante en el plano militar. Los Estados han otorgado a los acuerdos de integración un rol político demasiado ambicioso y el simple hecho de que las organizaciones regionales se comprometan en operaciones de mantenimiento de la paz es una muestra de la imposibilidad de los países de ofrecer un ambiente más estable a la política continental.

A pesar de las numerosas dificultades y amenazas que conspiran contra el avance de la integración, podemos constatar algunos éxitos relativos. Tal es el caso de la consecución de Zonas de Libre Comercio en la mayoría de las comunidades regionales y los avances en la Zona del Franco CFA con respecto a la Unión Monetaria. También se aprecian esfuerzos significativos en lo relativo a la convergencia macroeconómica y en las negociaciones para el establecimiento de un esquema de integración regional que abarque la totalidad del continente.

Varios han sido los esfuerzos en este sentido. Uno de los esquemas presentados anteriormente, el Mercado Común para África del Este y el Sur (COMESA), supera la usual división zonal establecida en el continente, al expandirse tanto hacia el este como hacia el sur. Sin embargo, este esquema de integración es uno de los más atrasados, a pesar de las ambiciosas metas que se ha propuesto. Justamente la mayor extensión territorial y la cantidad de naciones que lo integran son trabas a los consensos y la homogeneización necesarios para el avance del proceso integrador.

Los progresos tampoco son notorios en los propósitos fijados para la total integración africana. Como primer antecedente contemporáneo reseñamos el Tratado de la Comunidad Económica Africana (CEA) de 1991, más conocido como el Tratado de Abuja, que perseguía la creación de la CEA en un proceso de 6 etapas que culminaría con el establecimiento de un Mercado Común Africano, apoyándose en las comunidades económicas regionales como pilares básicos.

Sin embargo, los propósitos mayores y más recientes referidos a la integración continental se recogen en la Acta Constitutiva y la Carta de la Organización de la Unidad Africana (OUA), remplazada por la Unión Africana (UA) en un intento de los países africanos de relanzar la visión de unidad económica y política. La UA se propone avanzar, a través de las comunidades regionales que deberán transitar hacia Zonas de Libre Comercio y Uniones Aduaneras, hacia un Mercado Común que comprenda la totalidad del continente.

La meta es que la Unión Africana no resulte en una simple prolongación de la OUA bajo un nuevo nombre, sino en una estructura diferente que, inspirándose más o menos en el modelo de la Unión Europea, deberá centrarse en su carácter africano. Conseguir la unidad de la totalidad del continente es clave para superar la fragmentación económica, promover la diversificación y construir vínculos transfronterizos entre entidades productivas. Para ello se prevé un prolongado periodo de tiempo cuyo primer paso será el fortalecimiento de las comunidades económicas regionales.

Unión Africana

Otra de las iniciativas adoptadas para consolidar los ideales de unidad panafricana fue la creación de la Nueva Asociación para el Desarrollo de África (NEPAD). El surgimiento de la NEPAD ocurre en la 37ma Cumbre de la OUA, en Lusaka, en julio de 2001. Su objetivo era dotar a la OUA de un marco estratégico para un desarrollo socioeconómico integrado.

La NEPAD reconoce como su objetivo central la erradicación de la pobreza en el continente, a la vez que ubicar a los países africanos en la senda de un crecimiento sostenido y de desarrollo, sustrayendo a África de la marginalización de los procesos de la globalización. Presta especial atención a los temas de género, con el propósito de un mayor reconocimiento a la mujer africana y su papel en la sociedad.

Los propósitos anteriormente descritos pueden calificarse de muy ambiciosos si se tienen en cuenta las limitaciones de recursos y capacidades, así como los otros numerosos obstáculos que históricamente han impedido avances en los diferentes procesos de integración regional ensayados. A esto súmese el recelo que tales iniciativas despiertan en varios sectores de la sociedad africana, que identifican las mismas como propuestas sesgadas y favorecedoras a Sudáfrica o diseñadas desde Occidente, y no como soluciones autóctonas pensadas desde y para toda África. Rescatar tales esquemas y legitimarlos como modelos de integración deseables es también tarea difícil para los Estados africanos.

Retos a la integración africana

La mayoría de los acuerdos que regulan la integración del África Subsahariana son instrumentos sofisticados, tales como pueden encontrarse en otras regiones del planeta para propósitos similares. Las comunidades económicas regionales cuentan con Secretarías que funcionan efectivamente, capaces de organizar reuniones, conferencias y cumbres.

Sin embargo, tales esquemas de integración económica subregional no han proporcionado los resultados concretos que de ellos se esperaba. Su contribución a un mayor crecimiento económico, o incluso a un aumento de los volúmenes de comercio intrarregional ha sido mínimo.

Para avanzar en los objetivos de la integración económica se requiere de los países del África Subsahariana –recomendaciones también efectivas para el resto de las naciones del continente – las siguientes acciones:

  1. Establecer programas de cooperación, concebidos fuera de los tradicionales esquemas neoliberales y con alcance regional, encaminados a la erradicación definitiva de la pobreza y al avance en los campos de la salud, educación y desarrollo científico-técnico. Son estos los soportes imprescindibles para una integración exitosa.
  2. Impulsar la competitividad de las comunidades económicas regionales, así como de todo el continente, tanto en el ámbito doméstico como internacional.
  3. Priorizar la construcción y fortalecimiento de los vínculos intracontinentales a los nexos bilaterales que actualmente relacionan a los Estados africanos con las áreas de alto desarrollo capitalista de Europa Occidental y EE.UU.
  4. Consolidar una política interna basada en la resolución pacífica de los conflictos intra e internacionales.
  5. Racionalizar los esfuerzos integracionistas, en aras de aprovechar mejor el tiempo, los esfuerzos y los recursos.
  6. Asegurar la compatibilidad entre los esquemas de integración regional, definiendo y delimitando convenientemente sus lazos e interrelaciones, en aras de evitar confusiones futuras.
  7. Crear mecanismos efectivos para organizar, implementar, controlar, monitorear y revisar la marcha de los procesos de integración económica regional, tanto en el nivel nacional como subregional.
  8. Promover una distribución equitativa de los costos y beneficios asociados a los procesos de integración.
  9. Proveerse del apoyo técnico y financiero suficiente para los programas de integración regional.
  10. Hacer la agenda de integración africana compatible con las obligaciones contraídas o a contraer a nivel global, tales como los acuerdos que rigen la Organización Mundial del Comercio (OMC), los vínculos con la UE y los países ACP.

Alcanzar estos objetivos requerirá de una firme voluntad política, la planeación cuidadosa y el mejoramiento de las políticas e instituciones existentes, así como de los recursos necesarios.

Vale destacar que apostar al éxito de acuerdos de integración que se basen exclusivamente en el comercio y las finanzas no parece ser la mejor opción para estimular los intercambios intraafricanos de manera significativa. La tendencia actual a la especialización de los países del África Subsahariana difícilmente propiciará el desarrollo del comercio regional. Por ende, para mejorar el acceso a los mercados mundiales, aumentar los flujos de capitales y estimular los intercambios intrarregionales se necesitan organizar formas de cooperación que comprendan una cierta armonización de las políticas económicas, así como la puesta en marcha de proyectos conjuntos para la construcción de infraestructuras. En cualquier caso, una fuerte dirección política inspirada en la tradición panafricana es indispensable para vencer las disímiles resistencias existentes y el profundo escepticismo que niega las posibilidades africanas de desarrollarse y superar la pobreza y el subdesarrollo.

Consideraciones finales

En África se reconoce hoy la importancia de los procesos de integración regional. Tras un periodo de estancamiento y declive de los grupos constituidos con este fin a lo largo y ancho del continente, en la actualidad se entiende la urgencia de acelerar la integración económica regional, concibiéndose incluso el ambicioso proyecto de la total unión africana.

De la integración económica podría hacer África una poderosa herramienta que le permita enfrentar los retos que significa la globalización de la economía, sustrayendo al continente de la marginalización que lo aparta del concierto de naciones. Con la unión efectiva de sus economías podrían superarse los obstáculos diversos que individualmente enfrentan los países africanos, carentes de los recursos financieros, tecnológicos y humanos para participar de los beneficios potenciales asociados al fenómeno de la globalización. Puede y debe ser además la integración económica regional el instrumento que impulse el crecimiento sostenido y el desarrollo económico, tanto en el continente como en la subregión al sur del Sahara.

En este esfuerzo, la necesidad de jerarquizar las prioridades es evidente, bajo el riesgo de asistir a una sucesión de Cumbres sin resultados políticos tangibles. Lo anterior necesita de una firme voluntad política a la vez que remontar la resistencia inevitable de pequeñas élites habituadas a sus privilegios –vuelos directos a Europa una vez por semana preferidos a los contactos regionales– y vigilar que sean puestos en funcionamiento dispositivos de salvaguarda y otras instituciones apropiadas para el monitoreo e impulso a los diversos procesos de integración regional.

Al mismo tiempo, es imprescindible implementar programas importantes en las áreas de la salud, la educación y el empleo, tan necesarios para rescatar la mayor y mejor riqueza que desde siempre África ha ofrecido y aún puede ofrecer: su gente. No es posible pensar en una integración regional exitosa donde ni siquiera existe la infraestructura mínima adecuada para garantizar el abastecimiento de agua potable y las personas contagiadas con el VIH SIDA aumentan dramáticamente, modificando incluso la estructura demográfica de la región.

Por su parte, la comunidad internacional deberá apoyar los esfuerzos de unión de los Estados africanos y ayudarles a vencer las resistencias y el escepticismo, lejos de intentar capitalizar las ventajas de la situación actual tal y como hacen los países más desarrollados. La condonación total de la deuda externa junto a la supresión de los obstáculos comerciales que aún se mantienen –especialmente en el sector de la agricultura– son los pasos más importantes que los países de la OCDE deben tomar para apoyar la integración regional y el desarrollo económico en África.

Las grandes interrogantes quedan entonces planteadas: ¿Resulta posible, en las circunstancias presentes, la consolidación efectiva de los esquemas de integración africanos? ¿Cómo superar el estancamiento predominante? ¿Hacia que tipo de integración regional avanza África? ¿Cuánto se beneficiarían los pueblos africanos en caso de alcanzarse una efectiva integración regional?

Las respuestas a estas preguntas no son definitivas; son numerosos los factores que podrán mantener o desviar a las naciones africanas de sus derroteros actuales. Lo que sí podemos concluir es que los países africanos necesitan avanzar con rapidez en sus procesos de integración regional. La oportunidad de unirse en la promoción del crecimiento económico y el desarrollo social desde una visión panafricana, que sin concebirse autárquica vele, en primer lugar, por los intereses regionales y populares, no debe desperdiciarse una vez más. En el éxito de sus esfuerzos va la suerte de sus pueblos empobrecidos, hambrientos e históricamente explotados.

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Autora:

Jacqueline Laguardia Martínez

galadriel162001[arroba]yahoo.com

Breve biografía de la autora: Jacqueline Laguardia Martínez (La Habana, 1976). Graduada de Economía e Historia de la Universidad de La Habana y M.Sc. en Relaciones Económicas Internacionales y Gestión de la Política Económica. Es Profesora Adjunta de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana.

La Habana, Cuba, 2006


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