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La integración como vía para el desarrollo de los pueblos de América Latina (página 2)




Partes: 1, 2


Para comienzos de la década de los setenta, América Latina había delimitado los espacios económicos para su integración. La ALALC reunía a los países suramericanos y a México en una zona de libre comercio laxa y flexible. Junto a ella existían tres grupos subregionales -el Grupo Andino, el Mercado Común Centroamericano (MCCA) y CARICOM- que aspiraban a formar cada uno un mercado común y avanzar hacia una integración acelerada. En conjunto, los cuatro acuerdos cubrían en casi su totalidad la geografía latinoamericana y del Caribe. Sólo Cuba, Haití, República Dominicana y Panamá permanecían al margen del movimiento de integración.

Aunque la relación de los esquemas subregionales entre sí era escasa, el objetivo era avanzar hacia un mercado común latinoamericano. Se contaba para ello con el marco general provisto por el Tratado de Montevideo que estableció la ALALC. Debido a la pérdida de dinamismo de ésta última, surgieron temores sobre el posible fraccionamiento de la integración regional en caso de que no se instrumentaran mecanismos que llevaran a la convergencia de los grupos subregionales. La vinculación de CARICOM con el resto de los esquemas de integración resultaba particularmente problemática, por el tamaño de sus economías y por los vínculos tradicionales que mantenía con Europa.

La delimitación de espacios económicos de integración a través de acuerdos subregionales, sin embargo, parecía coherente. Guardaba relación con el grado de desarrollo y el tamaño de los países. El MCCA y CARICOM reunían a países pequeños, en general de menor desarrollo relativo, que sumados tenían un número de habitantes y magnitud económica similar al de los países de tamaño intermedio. De presentarse ante el resto del continente cada uno como una unidad económica podían alcanzar un mayor poder negociación y condiciones más equitativas. El Grupo Andino, por su parte, agrupaba países de desarrollo intermedio y de menor desarrollo relativo, que en conjunto eran equiparables económicamente a los países de mayor tamaño del continente.

Argentina, Brasil y México -las economías más grandes- no formaban parte de ningún acuerdo subregional. En tales circunstancias, cada uno de ellos y los tres grupos subregionales serían los interlocutores en unas posibles negociaciones para avanzar hacia el mercado común latinoamericano. Los casos especiales de Paraguay y Uruguay -que no participaban en ningún grupo subregional- y de los países que se mantenían al margen del movimiento de integración podían tratarse de acuerdo a los precedentes establecidos sobre tratamiento diferencial. Paraguay y Uruguay ya habían obtenido la condición de países de menor desarrollo relativo en el marco de la ALALC.

El objetivo compartido era lograr un espacio económico ampliado a escala regional. De hecho, ya en 1961 en la Carta de Punta del Este -la misma en la cual se acordó la Alianza para el Progreso- los países del continente se habían comprometido a: "fortalecer los acuerdos de integración económica con el fin de llegar, en último término, a cumplir con la aspiración de crear un mercado común latinoamericano que amplíe y diversifique el comercio entre los países de América Latina y contribuya de esta manera al crecimiento económico de la región". En 1967 los Presidentes del continente establecieron como fecha límite para el logro de tal aspiración el año 1985.

La conformación de espacios subregionales de integración ha permanecido en el tiempo, con algunas variaciones. En 1998 CARICOM, el MCCA y el Grupo Andino subsisten y en muchos sentidos se han revigorizado. Cuatro países suramericanos miembros de la ALALC (hoy ALADI) que no habían formado parte de ningún grupo subregional - Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay- han constituido el que actualmente tiene mayor tamaño y presenta mayor dinamismo: el Mercado Común del Sur (MERCOSUR).

El comercio dentro de los grupos subregionales ha crecido vigorosamente desde que éstos se revitalizaron a principios de la década de los noventa y fue creado MERCOSUR. Con excepción de CARICOM, el incremento interanual ha sido cercano al 20%. El comercio entre las subregiones, sin embargo, ha carecido del mismo dinamismo. De tal manera que continúa planteado el problema de la vinculación de los grupos subregionales para avanzar hacia su articulación.

Los términos del problema, sin embargo, se presentan de forma diferente a los de los años setenta como consecuencia de varios cambios ocurridos durante las últimas dos décadas. En primer lugar, el retiro de Chile del Acuerdo de Cartagena en 1974 significó la reducción del área geográfica cubierta por el Grupo Andino y mantuvo a ese país por varios años al margen del movimiento de integración. En segundo lugar, la incorporación de México al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) creó una situación en la cual se sobreponen los proyectos de integración latinoamericana y de integración hemisférica. En el mismo sentido la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC), puesto en marcha en 1990, estableció vínculos especiales entre los países de CARICOM y del MCCA con los Estados Unidos de América. Adicionalmente, el programa CARIBCAN creó nuevas condiciones para las relaciones de Canadá y los países del Caribe.

El planteamiento del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) en Diciembre de 1994 puso de relieve la necesidad de una definición sobre las relaciones entre la integración latinoamericana y la integración hemisférica. Esta dicotomía estaba implícita en los esfuerzos anteriores de integración latinoamericana, pues si bien existía la aspiración de crear un espacio económico común latinoamericano, era un hecho que las relaciones económicas con Norteamérica tenían una gravitación mayor que las existentes con el resto de los países del continente o la establecida entre los socios de los esquemas subregionales.

Lo anterior significaba que cada uno de los países latinoamericanos encontraba dificultades para adoptar políticas comerciales y económicas en función de los objetivos de integración regional o subregional, dado que se debían tomar en cuenta, además, las relaciones con los principales socios comerciales y los efectos de éstas sobre las economías nacionales. Estados Unidos era en todos los casos uno de los mayores socios comerciales y en casi todos el mayor.

La apertura del mercado norteamericano y la normalización de las relaciones comerciales con el mismo resultaban cruciales, particularmente para los países latinoamericanos del hemisferio norte. En el caso de México, más del 85% de su comercio se efectuaba con ese país, con el cual mantenía, además, otras relaciones económicas importantes. Algo similar sucedía en muchos países del Caribe y Centroamérica. Podría afirmarse que esta orientación de las relaciones económicas y comerciales fue uno de lo grandes problemas que encontró el proceso de integración latinoamericana desde sus inicios.

Con la entrada en vigencia del TLCAN y de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe y la propuesta de ALCA se hicieron explícitas las dificultades para compatibilizar la integración latinoamericana con la integración hemisférica. En una primera instancia se planteó la integración hemisférica como una extensión del TLCAN, al cual se irían incorporando progresivamente los países latinoamericanos.

Este enfoque presentaba varios inconvenientes. En primer lugar, el acceso gradual al TLCAN podía desequilibrar las relaciones comerciales entre los países de América Latina y desnaturalizar los acuerdos de integración establecidos entre ellos. Por esta razón, entre otras, sólo en el caso de Chile -que no pertenece a ningún acuerdo subregional- se planteó formalmente su posible incorporación al acuerdo norteamericano. En segundo lugar, las disciplinas contempladas en el TCLAN difícilmente podían cumplirse en un lapso prudencial por varios países latinoamericanos, con lo cual la integración hemisférica tendría que ser parcial durante un tiempo indeterminado. En tercer lugar, el TLCAN no tenía provisiones generales que tomaran en cuenta la diversidad de grados de desarrollo que se presenta en la región, la cual sí había sido contemplada en varios de los acuerdos subregionales y en la ALADI.

La dinámica propia de los acuerdos subregionales, por su parte, lleva a la formación de interrelaciones más profundas que la simple desgravación arancelaria. Para los países miembros estas relaciones a menudo trascienden el ámbito comercial y forman parte de su política de desarrollo. Tomando en cuenta lo anterior y el hecho de que los acuerdos subregionales -con la creación de MERCOSUR y el TLCAN- cubren prácticamente la totalidad del continente, se ha alcanzado el consenso de que ALCA se base en los acuerdos subregionales y bilaterales existentes.

El consenso mencionado refuerza la vigencia y pertinencia de los acuerdos subregionales. Pero no soluciona el problema de la relación entre la integración regional y la hemisférica. El punto de partida generalizado ha sido que no hay incompatibilidad entre ambas. La integración hemisférica sería un marco general de referencia, dentro del cual la integración regional y subregional pudiera establecer vínculos más profundos. Se trataría de una relación similar a la que se da entre el marco general de la OMC y los acuerdos regionales de integración, como la Unión Europea y el TLCAN.

El enfoque de profundizaciones crecientes a nivel multilateral, hemisférico, regional y subregional es congruente con la estrategia de regionalismo abierto que han adoptado la mayoría de los países latinoamericanos. Pero su viabilidad depende del carácter y el alcance de los compromisos que se adquieran en los acuerdos más generales. Un acuerdo hemisférico o regional incide en el tipo de obligaciones que pueden adquirir entre sí los miembros de un grupo subregional y probablemente induzca a modificar algunas de las ya contraídas. Esto es evidente en el caso de la desgravación, donde una zona de libre comercio general -sin aranceles intrazonales- no permite preferencias entre grupos de países. Pero es también aplicable a otras áreas.

El grado de profundidad de los acuerdos que se alcancen a nivel hemisférico determinará, en consecuencia, el margen de maniobra del cual dispondrán los grupos subregionales para adquirir compromisos entre ellos y para aumentar los vínculos existentes dentro de cada uno de ellos. Las alternativas posibles son múltiples y aún no han sido suficientemente determinadas.

Proliferación y convergencia de los acuerdos de integración

Actualmente existen cuatro grupos subregionales de integración en América Latina: MERCOSUR, la Comunidad Andina, el Mercado Común Centroamericano y CARICOM. A ellos se debe agregar la ALADI, con once miembros de los cuales cinco pertenecen a la Comunidad Andina y cuatro a MERCOSUR. Otro miembro de ALADI -México- pertenece a un grupo que trasciende el espacio latinoamericano: el TLCAN. Además hay múltiples acuerdos bilaterales y trilaterales de complementación económica y de liberación de comercio entre pares de países o entre un país y un grupo de países. (Ver Cuadro 31). A lo anterior se añaden acuerdos con países o grupos extrarregionales. Esta proliferación de instrumentos ha hecho más difícil la identificación de espacios de integración y técnicamente más complicada la tarea de buscar su articulación y convergencia.

La mayoría de los acuerdos tienden a la liberación del comercio y se basan en el criterio del "regionalismo abierto" de crear comercio y evitar su desviación. Esto reduce la dificultad aparente en una primera aproximación. El hecho de que prácticamente todos los países que han adquirido tal diversidad de compromisos sean miembros de la OMC crea una plataforma común en cuanto a procedimientos y disciplinas que haría menos arduo alcanzar una compatibilidad entre ellos.

Además de los grupos subregionales mencionados existen dos importantes zonas trilaterales de libre comercio: el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y el llamado Grupo de los Tres, integrado por Colombia, México Venezuela. Los participantes en éste último son todos miembros de ALADI. Colombia y Venezuela forman, además, parte de la Comunidad Andina. México participa en ambos grupos trilaterales. En estos -en contraste con los acuerdos subregionales- no se contempla instrumentar un Arancel Externo Común aplicable a terceros países. Pero se imponen exigencias estrictas en cuanto a liberalización comercial entre los miembros y disciplinas no arancelarias.

Los acuerdos bilaterales son numerosos. Gran parte de ellos se ha firmado en la década de los noventa y contemplan metas ambiciosas respecto a liberalización del comercio. En muchos también se añaden compromisos respecto al tratamiento de las inversiones. En el marco de la ALADI estos acuerdos, denominados de complementación económica, (ACE) son actualmente treinta y uno, de los cuales diecisiete se han suscrito en los últimos siete años.

Acuerdos Comerciales latinoamericanos

(Excluye grupos subregionales)

Fecha de Suscripción

Acuerdo

1991

Colombia, México, Venezuela

1991

México-Centroamérica

1991

El Salvador-Guatemala

1991

México-Chile

1991

Colombia-Venezuela

1991 (1993?)

Colombia-Chile

1992

Venezuela-CARICOM

1992

Venezuela-Centroamérica

1992

El Salvador-Guatemala-Honduras

1993

Chile-Venezuela

1993

Chile-Argentina

1993 (1994?)

México-Costa Rica

1993

Colombia-Centroamérica

1994

Colombia-CARICOM

1996

Chile-MERCOSUR

1996

Bolivia-MERCOSUR

Fuente: SELA. Claves de América Latina y el Caribe.1998

Chile y México son los países con mayor número de tratados bilaterales, probablemente debido a que no participan en ningún acuerdo subregional que contemple un Arancel Externo Común. Para ellos, los acuerdos bilaterales son una alternativa para acceder a los mercados y liberalizar su comercio.

Chile ha concertado siete acuerdos bilaterales de complementación económica con países de la región y en Junio de 1966 suscribió un acuerdo de asociación con MERCOSUR, que liberaliza el comercio con sus cuatro miembros. México, además de su participación en el Grupo de los Tres, ha firmado convenios bilaterales con Chile, Costa Rica, Bolivia y Nicaragua. Por otra parte, ha suscrito acuerdos preferenciales con varios países centroamericanos y del Caribe y está negociando un acuerdo de libre comercio con El Salvador, Guatemala y Honduras, el denominado "Triángulo del Norte" en Centroamérica. También se han iniciado conversaciones sobre un posible acuerdo entre México y MERCOSUR.

Desde 1996 se han realizado conversaciones entre el Grupo Andino y MERCOSUR. Inicialmente se contempló la posibilidad de que cada país andino negociara directamente con el Mercado Común del Sur, pero actualmente se adelantan negociantes entre los dos grupos subregionales como tales. Previamente Bolivia había suscrito en Junio de1996 un acuerdo marco con MERCOSUR para iniciar negociaciones tendentes a establecer una zona de libre comercio entre ambos.

Además de los acuerdos bilaterales mencionados, cabe señalar que tanto Colombia como Venezuela mantienen esquemas de comercio preferencial con los países de CARICOM.

La proliferación de grupos, tratados y acuerdos bilaterales, trilaterales y subregionales crea incertidumbres en los agentes económicos y conduce a ciertas incoherencias. La CEPAL las resume de la siguiente manera: "....en el Tratado de Libre Comercio del Grupo de los Tres se hace abstracción del AEC del Grupo Andino, así como en el firmado entre México y Costa Rica se prescinde de los compromisos que contempla el Sistema Arancelario Centroamericano (SAC) del MCCA. En el acuerdo de asociación entre Chile y MERCOSUR se exime al primero de la obligación de aplicar el AEC de la agrupación. Los tres acuerdos mencionados ejemplifican, por una parte el afán de algunos países de acceder a nuevos mercados mediante convenios preferenciales, y por la otra, la extrema flexibilidad que se ha debido imprimir a los esquemas regionales y subregionales para asegurar su perdurabilidad. En la misma ALADI se ha tenido que reinterpretar el marco jurídico, ya que a fin de admitir el ingreso de México al TLC fue necesario aceptar que los países miembros ya no estén obligados a extender automáticamente a los demás las concesiones otorgadas a los países no miembros".

Además de los acuerdos de libre comercio dentro de la región, han proliferado las asociaciones con países o grupos de países fuera de ella. MERCOSUR firmó en 1995 un acuerdo marco de cooperación con la Unión Europea. Los países de la Comunidad Andina se benefician de un trato comercial preferencial de parte de la Unión Europea y de los Estados Unidos de América. Los países de CARICOM y del Mercado Común Centroamericano tienen un acceso preferente al mercado norteamericano en el marco de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe. La Unión Europea también otorga preferencias a estos países. Chile, México y Perú son miembros de la Asociación de Países del Pacífico. (APEC) y Colombia, entre otros, aspiran a serlo.

Dentro del panorama descrito, resulta difícil concebir las modalidades que pudieran utilizarse para avanzar hacia una articulación y convergencia de los esquemas de integración e incluso vislumbrar el sentido de dirección que tendría dicha convergencia. El consenso logrado en el diálogo sobre la posible constitución de ALCA, según el cual ésta se basaría en los esquemas de integración y acuerdos ya existentes no resuelve el problema sino que más bien lo plantea.

Entre los grupos existentes, los más fuertes y dinámicos son MERCOSUR y el TLCAN. Ellos pudieran servir de polos de aglutinación para otros esquemas, en la medida en que se puedan adaptar y multilateralizar los acuerdos bilaterales. En los casos de Chile y México sus instrumentos bilaterales cubren parte importante de la región y bien pudieran consolidarse, a pesar de las dificultades técnicas que esto significaría. Sin embargo, la disyuntiva entre adaptarse al modelo de MERCOSUR o de TLCAN seguiría vigente.

En el caso de CARICOM, Centroamérica y la Comunidad Andina la agrupación responde a objetivos que trascienden lo económico. Al problema de la convergencia se añade el de la identidad de la subregión. En la Comunidad Andina la situación particular del Perú y los vínculos crecientes de Bolivia con MERCOSUR significan la necesidad de una recomposición al respecto. Sin embargo, el dinamismo que han adquirido las relaciones económicas entre el resto de sus miembros y los lazos históricos que comparten dificultan pensar en una dilución de la comunidad dentro de otros esquemas de integración. Por el contrario, el proceso de consolidación por el cual atraviesa reafirma aún más su fisonomía subregional particular.

Cualquiera sea el sentido que adopten las convergencias es necesario tomar en cuenta que actualmente toda profundización de la integración requiere de una armonización de políticas macroeconómicas, fiscales y monetarias. La perspectiva de que tal armonización pueda lograrse y mantenerse sería un criterio para evaluar la viabilidad y conveniencia de un mayor acercamiento entre los diversos esquemas. Asimismo, es importante mantener el objetivo de lograr un aprovechamiento equitativo de los beneficios de la integración y un desarrollo más equilibrado y armónico de la región. La posibilidad de hacerlo dentro de los sistemas democráticos que se han dado los países del continente sería un patrón de medida para evaluar la compatibilización de los acuerdos existentes y promover la integración económica dentro de marcos que puedan tener continuidad y permanencia.

Proyección y Objetivos

Aunque las razones invocadas para justificar la integración latinoamericana han cambiado en el tiempo y de acuerdo a los modelos de desarrollo que se han considerado más convenientes o más adecuados a las circunstancias nacionales e internacionales, los objetivos de la integración han sido los mismos desde que las naciones de América Latina obtuvieron su independencia.

Durante la segunda parte del siglo veinte se ha intentado el acercamiento entre los países preferentemente por la vía económica, siguiendo el modelo de los países europeos. La integración económica se ha considerado y se ha justificado, sin embargo, no sólo como un fin por sí misma sino también como un medio para avanzar hacia la formación de una comunidad latinoamericana.

La homogeneidad cultural e histórica -en cuanto a idioma, religión y tradición jurídica- y la continuidad geográfica han hecho pensar que la formación de una comunidad de naciones latinoamericanas no encontraría los obstáculos presentes en otras latitudes y permitiría una realización más plena de la identidad y las potencialidades de la región. Los niveles de desarrollo relativamente similares de los países del área contribuirían en el mismo sentido.

La independencia de la mayoría de los países del Caribe y el acercamiento entre ellos y de ellos con los otros de América Latina ha ampliado el concepto y el alcance geográfico de una posible comunidad, la cual ahora se concibe en términos de América Latina y el Caribe.

La participación activa en los asuntos internacionales y una mayor gravitación de la región a nivel mundial con el objeto de defender los intereses propios y los principios generales que inspiran la política internacional de los países latinoamericanos -tales como la paz mundial, el desarrollo equitativo y la promoción de los derechos humanos- constituye una razón adicional en favor de su integración.

La diversidad de enfoques posibles ha determinado que las características de la comunidad latinoamericana y del Caribe no se hayan definido. Sin embargo, se entiende que la paz regional y el sistema democrático de gobierno serían factores constitutivos de la misma.

El desarrollo de las potencialidades económicas de la región y el logro de niveles de vida adecuados para su población han sido otros de los objetivos de la integración latinoamericana.

En el pasado, la variedad y calidad de las riquezas naturales y la ubicación geográfica de América Latina condujeron a pensar en que sus países tenían las condiciones necesarias para alcanzar avanzados estadios de desarrollo. La explotación de tales recursos naturales, sin embargo, no dio lugar a la formación de economías dinámicas capaces de sostener su propio crecimiento. La complementación de sus capacidades productivas para formar una masa crítica suficiente para generar un crecimiento autosostenido en la región se convirtió por ello en un objetivo compartido.

Esto requería incrementar los vínculos económicos. Entre ellos, el intercambio comercial jugaba un papel de primera importancia. Sin embargo, los flujos comerciales intrarregionales eran escasos y no se contaba con la infraestructura física ni organizativa para incrementarlos de manera significativa. Tampoco tenían la mayoría de las economías nacionales las condiciones necesarias para desarrollar por sí mismas los sectores más dinámicos de la economía moderna y los que incorporaban los mayores avances tecnológicos.

La división internacional del trabajo prevaleciente hasta la segunda guerra mundial, según la cual les correspondía a los países de América Latina ser exportadores de materias primas, contribuyó a orientar a las economías nacionales latinoamericanas hacia los grandes centros industriales y depender del comercio con ellos para proveerse de bienes manufacturados. No existía, por tanto, un estímulo económico inmediato para vincular entre sí a las economías de la región. A lo que se añadían los obstáculos políticos y administrativos que dificultaban un mayor acercamiento.

El propio crecimiento de las economías nacionales, sin embargo, fue creando condiciones para una complementación de las economías nacionales que potenciara sus posibilidades de desarrollo. Los mercados nacionales se hacían cada vez más insuficientes para las actividades domésticas y no permitían incorporar los avances tecnológicos, las escalas de producción y los métodos de organización requeridos para alcanzar mayores niveles de desarrollo. De esta forma la complementación económica, además de ser una aspiración, pasó a convertirse en una necesidad.

La complementación económica se planteó en términos de crecimiento y de mejoramiento de los niveles de vida de la población, tomando en cuenta los diferentes grados de desarrollo de los países participantes. Por ello se ha expresado como la promoción de un desarrollo "equilibrado y armónico". Las tendencias de la economía mundial hacia la globalización y el libre comercio y la percepción de que la región debía encontrar una nueva forma de inserción internacional llevaron también a hacer de la capacidad de exportar un objetivo,

La necesidad de complementación de esfuerzos se presenta no sólo en los aspectos económicos sino también en los sociales. La insuficiencia del desarrollo regional tiene una de sus expresiones más visibles en las condiciones en las cuales deben vivir las grandes mayorías. La carencia de servicios mínimos en educación, salud y vivienda; la incapacidad de los aparatos productivos para crear empleo suficiente; así como la extensión de la pobreza en amplios grupos de la población, constituyen una de las mayores debilidades de las sociedades latinoamericanas y retardan sus posibilidades de desarrollo económico.

La experiencia de situaciones adversas que son comunes a los países de la región ha acentuado la necesidad de realizar esfuerzos conjuntos. Por ello han tendido a abandonarse los intentos de construir polos de crecimiento aislados que aspiraban a alcanzar un mayor grado de desarrollo independientemente de lo que sucediera en el resto de la región.

Las crecientes migraciones de población han contribuido a resaltar la importancia de encarar los problemas sociales de manera cooperativa y de crear una base económica en la cual los beneficios del desarrollo sean compartidos por los diferentes países de la región y el hemisferio.

La generalización de condiciones sociales insatisfactorias, la insuficiencia del desarrollo y la recurrencia de crisis políticas y económicas en la mayoría de los países latinoamericanos, ha conducido a la toma de conciencia de que la región enfrenta situaciones y experiencias comunes que requieren de esfuerzos conjuntos para superarlas. La convicción de que se cuenta con los recursos naturales y humanos y con una voluntad política creciente para superar tales situaciones le han conferido un carácter positivo a las tareas de integración.

El régimen democrático de gobierno, la paz, el respeto a las libertades públicas y la promoción de los derechos humanos son requisitos de la integración regional.

Aunque en términos relativos la paz ha sido la situación predominante en la región en las relaciones entre naciones, la inestabilidad política interna y el establecimiento de regímenes políticos diversos generaron suspicacia entre algunos estados y se constituyeron en obstáculos para la cooperación y el reforzamiento de los vínculos entre ellos. La promoción y realización de proyectos comunes no solo es una manera de reforzar la cooperación, sino que contribuye además a estimular actitudes, interrelaciones y formas de proceder acordes con el espíritu democrático de los pueblos latinoamericanos.

Con respecto a la integración económica europea uno de sus mayores impulsores, Robert Schuman, dijo que su misión era hacer que la guerra entre las naciones de ese continente fuera no solo dañina sino imposible. En América Latina -donde prácticamente no existen perspectivas bélicas- la tarea sería hacer la cooperación y los entendimientos mutuos no sólo posibles sino necesarios en la región.

La integración latinoamericana no puede, en consecuencia, limitarse al área económica, sino que aspira a convertirse en un instrumento para potenciar las posibilidades de mejoramiento educativo, de investigación científica, de aprovechamiento tecnológico, de confrontación de ideas, de creación artística y de expresión de las peculiaridades y la identidad de los pueblos y comunidades de la región.

La integración económica del hemisferio a nivel de la conformación de un área de libre comercio ha sido planteada como un complemento a la integración latinoamericana, que pudiera contribuir al desarrollo de la región mediante la apertura de mercados, la atracción de inversiones y la modernización del aparato productivo. La nueva conformación de las relaciones comerciales y económicas a nivel mundial también pudiera permitir avanzar en esa dirección. Les corresponde, sin embargo, a los habitantes de América Latina adoptar las decisiones y enfrentar los retos que exigen el desarrollo económico y el mejoramiento de las condiciones de vida de su población.

Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA)

En Diciembre de 1994, los Jefes de Estado de treinta cuatro países del hemisferio se reunieron en Miami, Estados Unidos, en la denominada "Cumbre de las Américas". Como resultado de esa reunión se acordó iniciar un diálogo para la formación de un Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Las negociaciones para su creación deberían concluir el año 2005. Además del acceso a los mercados, ALCA comprendería -o en todo caso estudiaría- los temas de servicios, inversión, competencia, y derechos de propiedad intelectual.

Con tal fin se estableció un programa de trabajo que contemplaba reuniones a nivel ministerial y se constituyó un Comité Tripartito para proporcionar apoyo técnico conformado por Organización de Estados Americanos (OEA), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de las Naciones Unidas, .

En la primera reunión de Ministros de Comercio, efectuada en Denver, Colorado, en Junio de 1995, se decidió la creación de siete grupos de trabajo intergubernamentales en las siguientes áreas: acceso a los mercados; procedimientos aduaneros y normas de origen; inversiones; subsidios, medidas antidumping y derechos compensatorios; normas y barreras técnicas al comercio; medidas sanitarias y fitosanitarias; y economías pequeñas.

En Marzo de 1996 se realizó la segunda reunión de Ministros de Comercio en Cartagena de Indias, Colombia. En esa oportunidad se crearon cuatro grupos de trabajo adicionales: servicios; políticas de competencia; derechos de propiedad intelectual; y compras estatales.

La Tercera Reunión de Ministros de Comercio se efectuó en Belo Horizonte, Brasil, en Mayo de 1997, y la Cuarta en San José Costa Rica en Febrero de 1998, la cual emitió la Declaración Ministerial de San José que constituye el documento básico de las negociaciones hacia el ALCA, por cuanto comprende un esquema sobre la forma como se desarrollarán las negociaciones, incluyendo aspectos tales como sus principios, objetivos, enfoques, estructura y localización, mediante el cual también se constituyó la Secretaría Administrativa de las Negociaciones.

Este importante documento fue posteriormente adoptado en el Plan de Acción emitido por la Segunda Cumbre de las Américas, efectuada en Santiago de Chile, el 18 y 19 de abril de 1998. En dicho Plan, los Presidentes y Jefes de Estado de los 34 países decidieron dar inicio a las negociaciones, convocando al Comité de Negociaciones Comerciales a más tardar el 30 de junio de 1998 y a los Grupos de Negociación a más tardar el 30 de septiembre de 1998, plazos que se han cumplido rigurosamente.

Un factor importante para el futuro de las negociaciones es que hasta la fecha el Ejecutivo de los Estados Unidos no tiene el mandato negociador del Congreso de ese país indispensable para iniciar un proceso como el que conduciría a la formación del ALCA. La llamada "vía expedita" (fast track) permite que el Ejecutivo negocie y el resultado sea aprobado o rechazado en bloque sin que el Congreso pueda enmendar su contenido. Una autorización de este tipo también es necesaria para la posible inclusión de Chile en TLCAN y para el otorgamiento de la "paridad TLCAN" a los países del Caribe y Centro América.

La importancia de ALCA para el comercio de los países de América Latina se puede apreciar en las cifras sobre exportaciones e importaciones. Para todas las áreas económicas de la región los Estados Unidos constituyen uno de los mayores socios comerciales y para algunas de ellas el mayor

Exportaciones destinadas a Estados Unidos

1980-1994

(Porcentajes)

 

1980

1990

1994

MERCOSUR

14.6

20.8

17.5

COMUNIDAD ANDINA

28.3

46.3

42.6

MCCA

35.6

40.1

38.4

CHILE

10.0

16.2

15.5

MEXICO

65.3

70.5

85.2

ALADI

29.4

39.5

47.2

Fuente: CEPAL

Importaciones originarias de Estados Unidos

1980-1994

(Porcentajes)

 

1980

1990

1994

MERCOSUR

19.1

19.2

22.0

COMUNIDAD ANDINA

43.1

37.8

33.8

MCCA

33.0

40.1

42.3

CHILE

25.4

19.5

23.7

MEXICO

66.1

67.1

69.2

ALADI

36.6

40.1

44.6

Fuente: CEPAL

Para los Estados Unidos, América Latina representa un socio comercial importante -aunque porcentualmente de menor magnitud- y es una de las pocas regiones con las que mantiene normalmente un balance comercial superavitario. En 1995 el intercambio de Estados Unidos con América Latina y el Caribe excedió los 200 mil millones de dólares y fue superior en un 72% al de 1990.

Para unos y otros las inversiones y los servicios juegan también un papel importante. Por ello la significación de ALCA transciende el campo puramente comercial. En tal sentido el tratamiento que se dé a esos temas y a otros relacionados, como los derechos de propiedad intelectual, compras gubernamentales, derechos laborales y normas ambientales requieren de una definición.

El TLCAN, que es una referencia obligada para ALCA, ha incorporado disciplinas sobre esos temas. Sin embargo, también se ha planteado que los compromisos adquiridos al respecto en el marco de la OMC serían suficientes y limitarse a ellos haría más expedito el proceso de negociación.

El desafío principal del ALCA, sin embargo, es la distribución de los beneficios derivados de su aplicación, dados los diferentes grados de desarrollo y tamaño de las economías de sus miembros potenciales.

Area de Libre Comercio Suramericana (ALCSA)

Paralelamente a la propuesta de ALCA se manejó la de crear un Area de Libre Comercio Suramericana (ALCSA). La idea fue lanzada por Brasil en 1993. No ha dado lugar a discusiones formales ni responde a un proyecto elaborado, tales como las que desarrolla ALCA, pero se ha ido concretando a través de negociaciones parciales que bien pudieran avanzar a un ritmo más acelerado que las hemisféricas.

El punto crucial para el avance hacia ALCSA lo constituyen las negociaciones actualmente en curso entre la Comunidad Andina y MERCOSUR, las cuales están en marcha en los actuales momentos. Según el Acuerdo Marco para la Creación de la Zona de Libre Comercio entre ambos bloques, suscrito el 16 de abril de 1998 en Buenos Aires, hasta el 30 de septiembre de 1998 se concertó una primera etapa consistente en la negociación de un Acuerdo de Preferencias Arancelarias sobre la base del patrimonio histórico que podrá incluir nuevos productos. Una vez culminada esta etapa se inició una segunda que va desde el primero de octubre de 1998 hasta el 31 de diciembre de 1999, durante la cual se negociará un Acuerdo de Libre Comercio que abarcará los productos negociados en la referida primera etapa y el resto del universo arancelario. Se presume que estas negociaciones pudieran tener alguna similitud con el acuerdo alcanzado entre Chile y MERCOSUR, pero adicionalmente se deben tomar en cuenta los compromisos que los países andinos mantienen entre sí y con terceros países.

Un desenlace positivo de las negociaciones de la Comunidad Andina con MERCOSUR prácticamente cubriría toda la geografía suramericana, dado que Chile ya ha avanzado en su vinculación con los países sureños y ha suscrito acuerdos bilaterales de libre comercio con el resto de los países de la subregión, excepto Perú. Bolivia, por su parte, firmó en 1996 un acuerdo marco con MERCOSUR, que prevé adelantar negociaciones conducentes a la liberación del comercio.

Inicialmente se planteó la disyuntiva sobre si los países andinos negociarían con MERCOSUR individualmente o en conjunto. La incertidumbre fue despejada en la Cumbre Presidencial Andina celebrada en Mayo de 1997 en Sucre, Bolivia, en la cual se adoptó la decisión de negociar conjuntamente.

La tradición cultural común, la continuidad geográfica y el hecho de que todos los países suramericanos sean miembros de ALADI pudieran facilitar la formación de ALCSA. El obstáculo principal estriba en la debilidad de la relación comercial existente entre los países de MERCOSUR y los miembros de la Comunidad Andina. En 1996 las exportaciones de MERCOSUR a la Comunidad Andina representaron solamente un 4,2% de sus exportaciones totales (US $3.200 millones), y las de la Comunidad Andina a MERCOSUR un 3.5% de las suyas (US $1.500 millones).

Este hecho subraya una diferencia notable entre las propuestas de ALCA y ALCSA. Mientras la primera se basa en flujos de comercio significativos e intenta vincular a países con grados de desarrollo muy disímiles, la segunda se basa en una mayor afinidad en cuanto a niveles de desarrollo, pero tiene como punto de partida lazos comerciales débiles.

En el pasado, la creación de nuevos esquemas de integración dentro de América Latina ha propiciado un incremento inicial acelerado del intercambio comercial. Pero ese dinamismo ha tendido a disminuir una vez explotadas las posibilidades comerciales más evidentes. En general el comercio intrasubregional no ha superado una cuarta parte del comercio total. En contraste, el intercambio con los Estados Unidos en la mayoría de los casos supera esa proporción.

No obstante, el desmantelamiento de los obstáculos al comercio durante los últimos años, el incremento de las inversiones intrarregionales y el aumento del comercio de manufacturas y semimanufacturas entre los países de América Latina y el Caribe pudiera dar un nuevo impulso al comercio intrarregional dentro de un marco institucional adecuado.

En el caso de que la integración suramericana haya avanzado suficientemente para el año 2005 pudiera concebirse que sus miembros se incorporen en ALCA "como miembros de un grupo de integración subregional que negocie como una unidad", en concordancia con la convergencia lograda al respecto en Belo Horizonte. Como es de suponer que en ese caso Centro América y CARICOM también lo harían bajo esa modalidad, de esta forma se simplificaría el proceso de negociación hemisférica.

El ALBA como vía fundamental para la igualdad de los pueblos de América

Sin duda alguna entre todas las alternativas latinoamericanas que existen hoy, ilustradas por los cambios positivos ocurridos en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua y Uruguay, sobresale la de Venezuela implementada por el Comandante Chávez, al frente de un movimiento revolucionario de inspiración bolivariana cuyo extraordinario apoyo de las masas han abierto desde 1999 un singular proceso de profundas transformaciones en casi todas las esferas de la vida; en lo social, y lo político. A pesar de la abrumadora victoria, la extrema derecha y el imperialismo han procurado revertir tales avances.

En gran medida los excelentes resultados que ya muestra la Revolución Bolivariana están asociados a los amplios programas sociales emprendidos como son las diversas misiones: Rivas, Sucre, Mercal, Barrio Adentro, Zamora, Vuelvan Caras, Milagro, etc. Muchas de estas con mas de una vez puestas en practica. Estos son proyectos ambiciosos de gran alcance en el campo educativo, alimentario, productivo, de salud, de vivienda, o de apoyo a sectores específicos como los pueblos indígenas, campesinos o mineros, destinados al logro de la equidad y a la rápida superación de las desigualdades sociales y las exclusiones culturales, sociales y políticas de la sociedad; heredados de los gobiernos reaccionarios y sumisos que le antecedieron.

Dentro de los éxitos más notables de la revolución venezolana están la eliminación del analfabetismo, la distribución de los miles de toneladas de alimentos diarios a bajo precio el inicio de la predistribución agraria de las tierras ociosas y la permanente asistencia medica en lugares intrincados con más de 20 mil médicos y personal de salud- gracias en gran medida a la colaboración cubana- que brindan este importante servicio de forma gratuita. Además el gobierno revolucionario de Chávez esta impulsando vigorosamente proyectos integracionistas con los demás países de la región de lo que son muestra el reciente ingreso de Venezuela al MERCOSUR, la creación de PETROCARIBE, así como la fundación de la Unión Sudamericana de Naciones (integrada por 12 países) y los demás acuerdos concretados con Cuba.

Todo ello es parte del proceso de implementación del ALBA verdadera respuesta al ALCA promovida como es desde luego por Venezuela debido al prestigio que ha sabido ganarse ante los pueblos de América Latina y del mundo. Venezuela sigue hoy el legado de los grandes pensadores latinoamericano y las mejores tradiciones de nuestros pueblos.

El ALBA es una propuesta para construir consensos para repensar los acuerdos de integración en función de alcanzar un desarrollo endógeno nacional y regional que erradique la pobreza, corrija las desigualdades sociales y asegure una creciente calidad de vida para los pueblos. La propuesta del ALBA se suma al despertar de la conciencia que se expresa en la emergencia de un nuevo liderazgo político, económico, social y militar en América Latina y El Caribe. Hoy más que nunca, hay que relanzar la unidad latinoamericana y caribeña. El ALBA, como propuesta bolivariana y venezolana, se suma a la lucha de los movimientos, de las organizaciones y campañas nacionales que se multiplican y articulan a lo largo y ancho de todo el continente contra el ALCA. Es, en definitiva, una manifestación de la decisión histórica de las fuerzas progresistas de Venezuela para demostrar que Otra América es Posible.

PRINCIPIOS RECTORES DEL ALBA

De la Integración Neoliberal a la Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe

"Jamás hubo en América de la independencia a acá, asunto que requiera más sensatez, ni obligue a más vigilancia, ni pida examen más claro y minucioso, que el convite que los Estados Unidos potentes, repletos de productos invendibles, y determinados a extender sus dominios en América, hacen a las naciones americanas de menos poder...". José Martí

1. La integración neoliberal prioriza la liberalización del comercio y las inversiones.

2. La Alternativa Bolivariana para América Latina (ALBA) es una propuesta que centra su atención en la lucha contra la pobreza y la exclusión social.

3. En la propuesta del ALBA se le otorga una importancia crucial a los derechos humanos, laborales y de la mujer, a la defensa del ambiente y a la integración física

4. En el ALBA, la lucha contra las políticas proteccionistas y los ruinosos subsidios de los países industrializados no puede negar el derecho de los países pobres de proteger a sus campesinos y productores agrícolas.

5. Para los países pobres donde la actividad agrícola es fundamental, las condiciones de vida de millones de campesinos e indígenas se verían irreversiblemente afectados si ocurre una inundación de bienes agrícolas importados, aún en los casos en los cuales no exista subsidio.

6. La producción agrícola es mucho más que la producción de una mercancía. Es la base para preservar opciones culturales, es una forma de ocupación del territorio, define modalidades de relación con la naturaleza, tiene que ver directamente con la seguridad y autosuficiencia alimentaria. En estos países la agricultura es, más bien, un modo de vida y no puede ser tratado como cualquier otra actividad económica.

7. ALBA tiene que atacar los obstáculos a la integración desde su raíz, a saber:

a. La pobreza de la mayoría de la población;

b. Las profundas desigualdades y asimetrías entre países

c. Intercambio desigual y condiciones inequitativas de las relaciones internacionales

d. El peso de una deuda impagable

e. La imposición de las políticas de ajuste estructural del FMI y el BM y de las rígidas reglas de la OMC que socavan las bases de apoyo social y político.

f. Los obstáculos para tener acceso a la información, el conocimiento y la tecnología que se derivan de los actuales acuerdos de propiedad intelectual; y,

g. Prestar atención a los problemas que afectan la consolidación de una verdadera democracia, tales como la monopolización de los medios de comunicación social

8. Enfrentar la llamada Reforma del Estado que solo llevó a brutales procesos de desregulación, privatización y desmontaje de las capacidades de gestión pública.

9. Como respuesta a la brutal disolución que éste sufrió durante más de una década de hegemonía neoliberal, se impone ahora el fortalecimiento del Estado con base en la participación del ciudadano en los asuntos públicos,

10. Hay que cuestionar la apología al libre comercio per se, como si sólo esto bastara para garantizar automáticamente el avance hacia mayores niveles de crecimiento y bienestar colectivo.

11. Sin una clara intervención del Estado dirigida a reducir las disparidades entre países, la libre competencia entre desiguales no puede conducir sino al fortalecimiento de los más fuertes en perjuicio de los más débiles.

12. Profundizar la integración latinoamericana requiere una agenda económica definida por los Estados soberanos, fuera de toda influencia nefasta de los organismos internacionales.

Conclusiones

Creo que ha quedado claro en este trabajo la importancia que tiene en este nuevo milenio la integración de los pueblos de América Latina para sobrevivir y resolver los problemas del desarrollo existentes en la mayoría de la región. Sabemos que es una tarea difícil sobreponerse a los siglos de saqueo a los que fue sometido nuestro continente, y aun más complejo es lidiar con el imperio mas fuerte del mundo tratando de succionar con sus trasnacionales las economías latinoamericanas. La búsqueda de relaciones en la base de la igualdad, la colaboración mutua y la integración son hoy los principales objetivos de casi todas las políticas exteriores de los países americanos. Aunque se ve hoy un aumento del izquierdismo, de la tendencia a los movimientos democráticos, de consulta con el pueblo a pesar de los peligros de desestabilización, mayor dependencia y creciente ingobernabilidad a comienzos del siglo XXI que siguen asechando a los países de Latinoamérica, el ideal de la segunda independencia reclamada por José Martí va ganando la conciencia de las amplias mayorías de nuestro continente. Esto se comprueba con la apertura de los procesos mencionados anteriormente y muy especial el venezolano que auguran inevitables cambios revolucionarios en el futuro de América Latina, los cuales mas temprano que tarde darán al traste con el pax norteamericana que las administraciones de EE.UU. persisten en imponer a todo el planeta en este nuevo milenio.

Bibliografía utilizada

-http://www.gestiopolis.com/canales/economia/articulos/27/intlatina.htm

-http://www.granma.cubaweb.cu/secciones/alba/que/2que.html

-http://www.alternativabolivariana.org

 

 

 

 

Autor:

Andy Willian Mesa Mederos

Breve biografía del autor

Andy Willian Mesa Mederos, estudiante de 3er año de la Facultad de Ingeniaría Mecánica de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas. Ciudad de Santa Clara. Provincia de Villa Clara. Cuba. Estudiante vinculado a investigaciones con el Centro de Estudios de Termoenergética Azucarera (CETA) de la Facultad de Ingeniería Mecánica de la UCLV.

País: Cuba.

Cuidad: Santa Clara.

Fecha de elaboración: 14 de mayo de 2008.


Partes: 1, 2


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