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Luján (Buenos Aires - Argentina) (página 2)




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La razón por la cual debieron transcurrir más de 50 años, desde el primer reparto de tierras, hasta que en el paraje llamado "El Árbol Solo" se estableciera el primer español, puede hallarse al comprender que ni la gran extensión de tierras asignadas, ni la riqueza natural que ellas ofrecían, ni la abundancia del ganado vacuno y caballar, resultaron elementos suficientes para que los conquistadores vieran sus sueños realizados. Porque la soledad de estas tierras, más el constante acecho de los malones, en la mayoría de los casos, hacía que los improvisados estancieros decidieran cambiar sus extensas tierras por un poco de tranquilidad, que encontraban en Buenos Aires.

Y por este motivo las tierras volvían a ser asignadas y nuevamente abandonadas.

No obstante, en cada nuevo intento, cada estancia se transformaba en un puesto de avanzada, en un puesto de frontera; y al organizar su propia defensa, se convertía virtualmente en un fortín.

La Basílica Nacional Nuestra Señora de Luján, se encuentra ubicada frente a la plaza Belgrano, en la manzana circundada por las calles San Martín (frente), Padre Salvaire (lateral derecho), Bartolomé Mitre (contrafrente) y 9 de julio (lateral izquierdo).

A continuación podemos ver la ubicación de la Basílica en el plano.

La Ciudad de Luján. Historia

A mediados de 1536, desbaratando indiada hostil, tropas de don Pedro de Mendoza unos 300 hombres- se trabaron en combate con pampas a orillas de un río. No se sabe muy bien, acaso llevado por la correntada, o a lanzazos, muere un tal Diego Luján, de acuerdo a ciertas crónicas. Sin embargo el hombre no figura en los registros. Hay, sí, un capitán Pedro de Luján.

Dicen que el apelativo de ese cristiano dio nombre al sitio, donde la muerte se llevó, esto sin duda, al jefe de la partida, Diego de Mendoza, hermano del Adelantado.

En un mapa que se atribuye a Ruy Díaz de Guzmán, aquel soldado paraguayo que escribiera la primera historia de la Argentina, desde el descubrimiento al siglo XVI, aparece dicho río con el nombre de Sehuyán. Y cuando en 1580 Juan de Garay reparte indios y tierras en el Valle de Corpus Christi, "por otro nombre río de Luján", apunta, figuran naciones indígenas barajando similitudes eufónicas como suyán, delaján, luyán.

Por tanto, acaso un apellido preciso o derivación de tribus naturales, dándole nombre al paraje.

Lo cierto es que en esa soledad de llanura y cielo, Luján será posta necesaria en el Camino Real, ruta hacia Chile y Perú por 1663.

Recostada sobre el río es también antemural de pampas, serranos y tehuelches, que asolarán en malones, matando a los hombres y llevándose cautivos a chicos y mujeres. Una larga lucha por la civilización que se adentrará hasta bien cumplido el siglo XIX.

El afincamiento fue un milagro sucedido hacia 1630. Por ese tiempo, un convoy de carretas chapotea el río Luján por el vado de Árbol Solo y hace noche a orillas de la Cañada de la Cruz, cinco leguas al noroeste de la actual ciudad de Luján. Traían dos imágenes de la Virgen, de la Consolación y de la Pura y Limpia Concepción, hechas en humilde arcilla cocida. Iban rumbo a Sumampa, Santiago del Estero, traídas desde el Brasil por encargo de un portugués que deseaba entronizar a Nuestra Señora en aquellos sitios.

En el amanecer siguiente reemprendieron viaje. Menos el carretón de las Vírgenes, como empantanado y ajeno al cinchaje de los bueyes. Descargadas las imágenes, sólo quiso continuar una de ellas. El intento se repitió varias veces con idéntico suceso. Puesta nomás, caballeros. Ahí se quedó Nuestra Señora de la Pura y Limpia Concepción, enamorada de la tierra.

Puro pajonal y desierto en derredor, don Rosendo de Oramas, patrón de la zona, le erige un oratorio. A poco, en tierras pertenecientes al sargento mayor Marcos de Siqueyra, se construirá en adobe y leña un nuevo templete, ya no tan solo, pues lo acompañan ahora algunos ranchos diseminados sin premura. Año 1670.

Crecida en la oración y el silencio, sobre la boca de las arnas, la ya Villa de Luján tiene Cabildo propio hacia 1756. Será el primero en reconocer a la Junta de Mayo y tendrá partida de defunción a fines de 1821, por mano de don Bernardino Rivadavia, ministro de Martín Rodríguez, gobernador de Buenos Aires.

Precisamente un cabildante lugareño, Juan de Lezica y Torrezuri, curado de mal grave por gracia de la Virgen, levanta un Santuario en agradecimiento. Será el primero. A cal y canto. Un 8 de diciembre de 1763 lo inaugura el pueblo que ayudó a levantarlo.

Trece años más tarde -1776- se crea el último virreinato de América, el del Río de la Plata, a cuyo frente la corona designa al teniente general Pedro de Ceballos, buen soldado y caballero de Santiago. La "última llamarada de España en América". Viene con 100 barcos y 9000 hombres de tropa para ordenar una estrategia geopolítica frente al avance portugués que pilotea Inglaterra.

Al año siguiente Luján tiene su primera escuela, con maestros que antes de luchar contra el analfabetismo deben hacerlo con los padres, que se niegan a enviarle sus hijos, al punto que uno de ellos lo golpea fieramente, "estropeándole la máquina humana", según grafica un acta del Cabildo.

Tiene escuela y primer médico rentado. Y en poco dos abogados iniciales. Ambos recibidos en Charcas. Y americanos. Uno es José Francisco de Ugarteche, paraguayo, futuro diputado en las asambleas de 1813 y 1825. El otro, Julián de Leiva, vecino de Luján, quien como síndico del Ayuntamiento de Buenos Aires, el 25 de Mayo de 1810 tendrá una pregunta famosa y no menos evidente: "Dónde está el pueblo?". Santuario, posta, villa, paradero de Blandengues, defensa contra el salvaje, "poblao"en mitad del campo, Luján ve pasar de tanto en tanto las carretas salitreras, que vienen de las Salinas Grandes, proximidades de Bahía, rumbo a Buenos Aires.

En 1806, con rumbo diferente, esta vez de Buenos Aires el norte, otras carretas traerán los caudales del Fuerte para salvarlos de la primera invasión inglesa. Quedan depositados en el Cabildo de la Villa. En casa contigua se alberga Sobremonte, al parecer con intención de establecer la capital del Virreinato en Luján. El invasor llegó primero que las intenciones. El virrey se fue para Córdoba y el tesoro para Londres.

Cuentan que un español afincado en Luján, Andrés de Migoya, alcanzó a manotear un cajón de metálico. Y agregan que con ese dinero levantó una casona, en la que ocho años luego se hospedará el general Belgrano al cabo de sus derrotas en Vilcapugio y Ayohuma.

La Reconquista tuvo inicio y epílogo en Luján. De aquí salieron tropas de voluntarios juntados por Juan Martín de Pueyrredón para pelear a los ingleses en Perdriel. Y aquí recalaron vencidos el general Carr Beresford y varios de sus oficiales, entre ellos el coronel Pack, jefe del 71 Regimiento de rifleros escoceses. Confinados en los altos del Cabildo, en 1807 ambos son remitidos a Catamarca ante la inminencia de una segunda invasión británica. Cerca de Pergamino llegan Saturnino Rodríguez Peña y Aniceto Padilla, quienes arguyen órdenes verbales de Liniers para que les sean entregados los prisioneros. Así se hizo. Y todos huyeron. Rodríguez Peña y Padilla se radicarán en Río de Janeiro con pensión vitalicia de 300 libras anuales, giradas por la corona inglesa.

Vino después la guerra por la Independencia y voluble la suerte de las armas. Camino del Paraguay el general Belgrano atraviesa Luján y pone su tropa bajo el amparo de la Vírgen en 1810. Los designios de Dios son otros. Pero en tres años será una fiesta de repiques y victorias. El general -desafiando órdenes del Triunvirato en contrario- triunfa en Salta y Tucumán. Las banderas tomadas al enemigo son ofrecidas en el templo de Nuestra Señora, Las reciben los vecinos y el párroco Francisco Javier de Argerich, maestro primario de Rosas.

En 1820, olfateando la muerte, Belgrano regresa a la Villa para despedirse de su hermano, titular del Cabildo, mayor del ejército y comandante militar de Luján.

Por aquí pasan también las disenciones civiles. Vísperas de Cepeda. Cruzan las montoneras de Estanislao López y Pancho Ramírez. Una suerte de boleadoras lo tumba al general Paz y en 1835 vendrá prisionero a Luján. Todo el pueblo por destino y dormirá cuatro años en su Cabildo. El 8 de septiembre de 1840 Juan Lavalle desanda sus calles en retirada hacia el norte. Lo habían atravesado desde Martín García barcos franceses en guerra contra la Confederación. Lo acompañan

lanceros lujanenses que también pelearon -con distinta suerte y designio en Ituzaingó y Navarro. Sobre el silencio de la estancia Los Talas, Esteban Echeverría escribe algunos poemas y noticia la Insurrección del sur, acaecida en Dolores por octubre de 1839.

A principios de 1852, en la mañana del 29 de enero, las vanguardias de la coalición argentino -oriental - brasileña de Urquiza, desde Chivilcoy y en pos de Caseros, atraviesan pausadamente la callada hostilidad del vecindario. Ahí nomás, campos de Alvarez, la Guardia de Luján a órdenes del coronel Hilario Lagos enfrenta al enemigo que lo dobla en número. La caballería federal contiene a los de Urquiza y se retira en orden hacia Puente Márquez.

Por abajo de las luchas que van constituyendo al país, el suelo alimenta otros hechos que lo identifican.

En pagos de Luján, Francisco Javier Muñiz -médico y soldado- obtiene con vacas de la zona el cow pox antivariólico, que su descubridor Eduardo Jenner aseveraba sólo era posible lograr con animales de Glowcester. En 1844 envía a Rosas un valioso informe sobre la escarlatina, fechado en Luján, donde se desempeñaba entonces como médico policial. Sus excavaciones realizadas desde 1825 descubrieron restos de gliptodonte y otros fósiles, una importante colección que ocupaba 11 cajones.

Precursor de estos trabajos paleontológicos fue el dominico Manuel Torres, lujanense, que halló partes de un megatherium, a orillas del río Luján por 1788, actualmente exhibido en el Museo de Historia Natural de Madrid.

Y un clásico de América, Florentino Ameghino, según documentos "nato" en Moneglia, Italia, pero según propia voluntad y palabra nacido en la villa de Luján. Como naturalista, paleontólogo, filogenista y antropólogo sus obras abarcan 24 libros, 179 títulos de trabajo. Reunió la mayor colección de fósiles del continente y sostuvo la teoría del origen terciario del hombre americano. Hizo estudios sobre el comportamiento hídrico de la llanura bonaerense, que todavía aguardan quien los considere.

La Virgen aquerenciada en Luján, chiquita, morena, apenas tierra cocida, se levanta en un monumento que congrega piedades que no cesan, y a más de un millón de peregrinos en ciertas fechas precisas. Caso único en el mundo. La causa segunda de esta construcción, que dirían los antiguos, fue un lazarista francés, Jorge María Salvaire, llegado a Luján en 1874. Andaba en la pampa evangelizando indios, y salvando el pellejo en la misión, consagra su gratitud a la Madre de Dios. El agradecimiento será en piedra y cemento. Participa toda la comunidad y la Basílica va trepando al cielo durante casi medio siglo. De 1890 a 1935.

Antes que nada, como Reina cabal, Nuestra Señora de Luján tuvo coronación legítima: 8 de mayo de 1887. Para resguardar su fragilidad mate-rial, en 1917 se la recubrió con una malla de plata.

La Primera Escuela

La primera escuela de la provincia de Buenos Aires fue creada por acuerdo del 13 de febrero de 1773 y se denominada Escuela del Cabildo de Luján. Don Miguel Benítez fue el maestro de primeras letras. En 1795 se ubicó en la planta baja del Cabildo donde funcionó hasta 1823. Fue la única escuela de la campaña durante muchos años. El edifico propio lo logró en 1862. En 1875 se abrió el Consejo Escolar de Luján. La Escuela Nro 1 José Manuel de Estrada se establece en la calle Lavalle 241, donde funciona en la actualidad, en 1931, y fue bautizada con el nombre del gran docente y escritor cuya familia se afincó en Luján en 1871.

El Primer Templo

La primera capilla que se construyó en Luján, en 1685, fue denominada Capilla de Montalbo. Se construyó con ladrillos cocidos (una novedad para aquella época) y estaba emplazada al este de la actual Basílica, a aproximadamente 50 metros.

La Imagen de la Virgen

La imagen de la Vírgen de Luján quedó en el rancho de don Rosendo, donde ocurrió el milagro en 1630. Luego fue instalada en una ermita a pocos metros de aquel primer altar. En 1671 se llevó a una habitación de la casa de Doña Ana de Matos. Cerca de su casa se construyó un oratorio donde volvió a emplazarse la imagen hasta ser trasladada a la Capilla de Montalbo. Posteriormente fue construida la iglesia sobre la calle Lezica y Torrezuri a la que siguió la maravillosa obra de nuestra Basílica Nacional donde se encuentra entronizada en la actualidad.

Camino Real

En 1663 pasó el camino real que conducía desde Buenos Aires hasta Chile y Perú. Luján era un punto estratégico en la ruta hacia el norte. Desde esos años ha comenzado su crecimiento siendo una de las ciudades en la actualidad con un patrimonio histórico/cultural formidable, que su comunidad, se empeña en proteger y difundir.

Una Casa de Todos Asociación Cultural Ameghino

La Casa de la Asociación Cultural Ameghino es muy cara a la historia de Luján. Allí nacieron las escuelas secundarios de nuestro partido, la Universidad Nacional de Luján, el primer jardín de Infantes y un sinnúmero de entidades de bien público que enorgullecen a la ciudad.

En sus instalaciones funciona una estupenda biblioteca y se realizan variadísimas actividades culturales. La entidad nace el 18 de marzo de 1913 y en 1915 funcionaba su biblioteca. El edificio donde puede ser visitada en la actualidad (San Martín 485, casi esquina Colón) fue inaugurado el 30 de junio de 1931. Fue su primer presidente Juan Bautista Barnech (1913/1923)

El Primer Colectivo

El primer colectivo del país se vió en Luján. El invento argentino nació en esta villa en 1922, y transportaba peregrinos desde la Estación Basílica hasta el Santuario. La línea fue inaugurada el 25 de mayo de ese año. El primer chofer fue Juan Brezani.

Ese recorrido, a partir de la llegada de La Porteña inaugurando el ramal del ferrocarril, se cubría con coches a caballo, luego llegó el tranvía con tracción a sangre, sucediéndose las taxis hasta la irrupción del colectivo.

Este primer colectivo (según cuenta la Revista Nosotros) estaba pintado de verde oscuro, una inscripción que lo presentaba como Servicio de Omnibus, fileteado, y con un pescante posterior para el ascenso de pasajeros. Tenía 16 asientos y 8 ventanillas sin vidrios (con cortinas enrollables de cotín). El histórico emprendedor se llamó José Ventura Acuña.

El Hospital Municipal

Fue inaugurado el 31 de diciembre de 1901 sobre los terrenos que ocupa en la actualidad. Su primer director fue el Dr. José Franchi, y en 1905 se lo designa oficialmente al Dr. Enrique Merlo.

La Municipalidad

El Palacio Municipal, que se encuentra en San Martín, entre Mariano Moreno y Colón, frente a la Plaza Colón, fue inaugurado en 1910

Palmeras Africanas en Luján

Las palmeras que hermosean el boulevard Humberto I fueron plantadas entre 1911 y 1912, siendo importadas desde Africa por Fermín Cigordia. Hermanitas de las que pueden encontrarse en el barrio capitalino de Palermo le dieron su imagen característica a una de las avenidas más hermosas de Luján.

Pertenecen al género Phoenix, especie Canariensis y originariamente se plantaron simétricamente trece palmeras por cuadra.

Los Cimientos de la Basílica Nacional

El 6 de mayo de 1890 fueron abiertos los cimientos de la Basílica. Los miembros del Círculo de Obreros católicos dieron las primeras paladas de tierra, cuya obra estaba a cargo del arquitecto Ulrico Courtois y el ingeniero Antonio Flammand.

El Primer Tren

El maquinista italiano que condujo la máquina La Porteña, que inauguró el servicio ferroviario en nuestro país, Don Alfonso Corazzi, se radicó en Luján. El primer tren en su viaje inaugural a Luján llegó el 23 de mayo de 1864.

Una Escuela de 1826

Fundada por Rivadavia como Escuela para Niñas, el propio Juan Manuel de Rosas tomó examen a 74 alumnas en 1831. La escuela Nro 2 Bernardino Rivadavia, actualmente está ubicada en Constitución y San Martín, frente al tanque de agua.

La Ciudad de Luján. Escudo Heráldico

Luján, posee su escudo heráldico por iniciativa del diputado don Juan G. Káiser, aprobado por el Concejo Deliberante a principios de 1939.

El autor dijo al fundamentar su proyecto: "La tradición, la honrosa tradición histórica de nuestro pueblo, un pasado glorioso lleno de hechos y acontecimientos, su cabildo, único en la provincia; su participación en la Reconquista, sus huéspedes gloriosos, verdadero héroes y mártires de nuestra patria: esto es el orden social, político e histórico; su Virgen, la Primera Fundadora de esta Villa gloriosa en su maravillosa tradición de tres centurias, llena de vida exterior e interior dentro del pueblo todo de la República, venerada por todos los grandes de la Nacionalidad, invocada y jurada por los Padres de la Patria: San Martín y Belgrano; sus Santuario Nacional, su cultura pasado, justifican ampliamente la iniciativa que viene a dotar a Luján de su escudo". "Será colocado en todos los documentos oficiales locales, frente al de ayer y de hoy, todas sus glorias, todo su palacio Municipal y frente al viejo e histórico Cabildo de la Real Villa ".

Significado

La Elipse del Escudo: simboliza la unidad material y política con la Nación y la Provincia.

La Filiera Roja: representa la sangre del Capitán Luján y los esfuerzos y victorias de los conquistadores del lugar, por mucho tiempo primer puesto de avanzada hacia el interior.

El Jefe en Plata: representado por el color Blanco, indica la dependencia y acatamiento a la Reina de los Cielos en su deseo de permanecer en el lugar.

La Taja Azul Ondulada: reproduce el Río Luján en su hermosura.

El Cuartel inferior en Oro: que figura en Amarillo, simboliza la riqueza de la Región Pampeana a cuyo borde se asoma la ciudad.

El Cabildo Rosado: se ideó por ser característico de la edificación colonial.

La Torre: simboliza el poder del cabildo, único en la campaña, y el almenado es por las luchas que sostuvo. Su puerta y ventana cerradas indican que terminó su misión en la historia en azul por la justicia impartida.

Los Muros Laterales con tejas rojas representan la tradición colonial y Argentina de los héroes y mártires que allí actuaron.

La Cinta en Plata: 1630 LUJÁN 1756, el año del Milagro y el de la Fundación del Cabildo y entre las dos fechas, el Nombre LUJÁN da la idea del origen milagroso y humano de la ciudad en azul, símbolo de la verdad que afirma.

Complejo Museográfico "Enrique Udaondo"

El Complejo Museográfico está dividido en cuatro áreas, donde encontraremos distintas expresiones del pasado de la Villa de Luján, de los aborígenes, gauchos y personalidades importantes de nuestro país. En todas las dependencias del complejo existen testimonios de las etapas fundamentales de nuestro pasado. En sus patios estuvieron detenidos el Capitán Carr Beresford y el Coronel Pack, ambos jefes británicos durante las Invasiones Inglesas. Como también, pero en los calabozos de la antigua cárcel del Cabildo, que podremos observar en su estado original, estuvieron detenidos Cornelio Saavedra, Bartolomé Mitre y el General Paz. También estuvieron detenidos los hermanos Reynafé y Santos Pérez, acusados del asesinato de Facundo Quiroga.

La arquitectura de cabildo es de estilo colonial, tiene cinco arcos en la parte inferior, que forman una galería, y cinco en la parte superior.

Cuenta la historia, que en el arco principal eran colgados los ladrones y asesinos, para que toda la población los viese y no imitasen sus actos delictivos.

Tiene una campana que servia para anuncios importantes o en caso de peligro.

La casa-cabildo y la cárcel comenzaron a construirse en 1770. En 1821, por decreto de Bernardino Rivadavia (quien había pasado parte se su infancia en Luján), los Cabildos cesaron sus funciones, desde esa época, el edificio paso a ser sede del juzgado de paz, de la comisaría y mas tarde de la administración municipal, hasta 1910.

A punto de ser demolido en 1917, el entonces comisionado municipal Domingo Fernández Beschtedt, logro qué el gobernador Cantilo destinara el edificio para crear allí el Museo Colonial Histórico.

Don Enrique Udaondo, fue su director "ad honorem"desde el 12 de octubre de 1923, año en el que el museo fue fundado, hasta su muerte en 1962.

Don Enrique Udaondo, fue autor de importantes libros, consagro su vida a los museos, bibliotecas populares y a difundir el valor de la historia.

Vendió una de sus estancias para construir un pabellón de este complejo y muchas de las "donaciones" que lograba, en realidad habían sido compradas con su propio dinero.

Investigar el pasado y conservar sus testimonios lo llevaron a ocupar los cargos mas altos. Fue pionero de la museologia Argentina.

La casa del Virrey

Actualmente forma parte del complejo museográfico anteriormente mencionado. Fue construida en 1772 siendo una de las edificaciones mas antiguas de este territorio.

Recibe este nombre en el año 1806 cuando el Virrey Sobremonte se aloja en ella, cuando en su huida hacia Córdoba con los tesoros del Fuerte debido a las invasiones inglesas, debió detenerse en esta villa por el mal estado de los caminos.

Esta propiedad fue sede del Real Estanco de Tabacos, Oficina de Recaudación de Impuestos y mas tarde pulpería. Desde 1829 paso muchos años de su vida un gran sabio de la historia nacional, Don Francisco Javier Muñiz, docente, pionero de la medicina Argentina, Diputado, Senador y Soldado de la Patria. Fue conocido mundialmente ya que sus investigaciones ayudaron a descubrir la vacuna antivariólica.

Hoy declarado Monumento Histórico Nacional, tuvo varios dueños hasta fines del siglo XIX. Por aquellos años se creía que en las casas antiguas, que habitan habitado personas de fortuna, en iglesias o conventos, que se consideraban construcciones o sitios seguros, habría dinero u otros objetos de valor enterrados en lugares secretos, especialmente en tiempos de guerra o revoluciones. Por esta teoría se afirmaba que los dueños de grandes riquezas escondían sus pertenencias de valor en el piso o en los muros del edificio, por miedo a los posibles saqueos.

Basados en esta teoría muchos se enriquecieron encontrando verdaderos tesoros ocultos en antiguas construcciones, no siendo el caso de los que adquirieron, en 1889, "La Casa del Virrey" suponiendo que en ella hallarían enterrado el tesoro que el Virrey podría haber escondido en su huída a Córdoba.

En 1894 se convirtió en imprenta, que fue llamada "La Justicia", más tarde fue sede del Circulo Católico de Obreros, y finalmente pasó a formar parte del museo.

Plaza Manuel Belgrano

Esta se encuentra circundada por las calles San Martín, 9 de Julio, Lavalle y Lezica y Torrezuri. Ubicada frente a la Basílica Nacional, sitio de descanso para los peregrinos.

La tierra que ocupa actualmente la plaza, era propiedad de Doña Ana de Matos. Su primer nombre fue Plaza Real, por que antiguamente pasaba el Camino Real, por lo que hoy es la calle San Martín.

En esta plaza se realizaban corridas de toros y se jugaba al pato.

Mas tarde se la llamo Plaza de La Justicia, por que allí se azotaban a los delincuentes o se les dictaba la pena de muerte.

En 1856 tras sancionarse la primera Constitución, el antiguo Camino Real comienza a llamarse Constitución, como también lo que era hasta ese momento la Plaza de La Justicia. Fue en esta misma plaza donde dos años mas tarde se erigió el primer monumento al General Manuel Belgrano.

En la Plaza se encuentra el Hito Nro. 0 de la argentinidad. Este monumento fue inaugurado el 15 de agosto de 1974, en homenaje a los primeros hombres que defendieron la libertad.

Se encuentra también la Fuente de los Deseos, inaugurada el 23 de Marzo por los amigos de Plaza Belgrano, que actualmente se encuentra enrejada para evitar saqueos.

En frente de la Basílica se encuentra un mástil, donde todos los domingos a las diez de la mañana se iza la Bandera Argentina.

En el centro de la Plaza se encuentra la estatua ecuestre, realizada en bronce, la cual muestra al General Belgrano portando, con su brazo derecho en alto, la bandera de su creación. Posee un basamento de cuatro metros de altura, el que es un prisma de granito de Bélgica. Al frente presenta una alegoría tallada en piedras, en relieve, compuesta por el escudo, laureles, espadas cruzadas y la leyenda "Dios y Patria". Además se lee "Al General Belgrano el Pueblo de la Villa de Luján. MCMXXX".

Dos excelentes bajorrelieves hechos en fundiciones francesas, muestran en el lateral derecho, la muerte del creador de la bandera, y en el lateral izquierdo, al General conduciendo a su ejercito a la batalla.

El 25 de mayo de 1910 se había colocado la Piedra Fundamental del monumento. No obstante, mediante suscripción popular, el mismo se concretó un año mas tarde.

Al comenzar el año 1930, se prevé la inauguración para el día 7 de septiembre. La revolución del 6 de septiembre impidió la concretación del acto, que se llevó a cabo el 16 de noviembre de 1930, previa noche de gala en la municipalidad.

En la ocasión estuvo presente el nieto del prócer, Sr. Mario Belgrano.

En aquellos años, se contaba con dos caminos para dirigirse hacia las Provincias del Norte; uno era el antiguo, que seguía poco mas o menos el recorrido de la actual Ruta Nacional N° 8; y el otro era el nuevo que marcaba su recorrido de manera casi idéntica que nuestra actual Ruta Nacional N° 7. En 1663, el camino nuevo fue oficializado al mismo tiempo que se declaraba en desuso el antiguo camino, por el cual transitó la carreta del milagro con rumbo a la casa de un estanciero sumampeño, en donde comenzó a gestarse el prodigio que dio origen a nuestra ciudad de Luján.

Y es en un nombre, el de Antonio Farías de Sáa, hasta donde llega las raíces mas remotas de esta historia; llegan hasta el mismo momento cuando este caballero portugués decidió construir una capilla en su propiedad, para dedicarlo al culto de María.

Debió haber llegado a América en los albores de los años 1500, y por lo que después se verá, debemos suponer que Farías lo hizo arribando a las costas norteñas del Brasil.

Según pudo confirmarse, al poco tiempo se radicó en la ciudad de Córdoba, en donde sus progresos económicos le permitieron reunir la suma necesaria como para convertirse en propietario de una extensa fracción de tierras en Sumampa, jurisdicción de Córdoba de Tucumán, hoy provincia de Córdoba. Fue entonces, cuando el portugués, soñó con tener una capilla propia para dedicársela a la Imagen de la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María.

En consecuencia, con tal propósito, es casi seguro que a mediados del mes de julio de 1629, encontrándose en el puerto de Buenos Aires, Farías le entregó una carta a un capitán de navío, persona de su amistad, para que éste la pusiera en manos de otro amigo suyo, un portugués del cual nunca se supo el nombre, pero que se da por seguro que residía en Pernambuco, en las costas norteñas del Brasil, zona en la cual, seguramente Farías habría vivido por algún tiempo.

En aquel legendario mensaje, el estanciero sumampeño le pedía a su amigo de Brasil, que le enviara una imagen de María, sabiendo que aquella zona de Brasil era famosa por la fabricación de las mejores imágenes religiosas construidas en terracota.

En virtud de dicho encargo, nunca se supo porque razón pero lo cierto fue que el paisano del Brasil, en lugar de una, le mandó dos imágenes a su amigo de Sumampa. Una, conforme lo había solicitado Farías, era la de la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, y la otra, era una réplica de la Madre de Dios con el Niño Jesús en sus brazos, que fue la que realmente si llegó a destino, es decir, a Sumampa.

Y finalmente, llegó aquel 21 de marzo de 1630, día en que el navío "San Andrés" arribo al puerto de Buenos Aires, transportando a las dos Sagradas Imágenes cuidadosamente embaladas, cada una en su respectivo cajón, para que, no sufrieran rotura alguna en tan largo viaje. Pero los problemas no se hicieron esperar demasiado, ya que todas las mercancías del navío fueron decomisadas en la Aduana, y tanto Andrea Juan como todos sus acompañantes fueron detenidos, posiblemente por tratarse de un asunto de contrabando. Pero la oportuna intervención de Bernabé González Filiano, de gran poderío económico en aquellos tiempos, hizo posible que todos fueran liberados y que pudieran proseguir con el itinerario preestablecido. Y es probable que fuera en ese momento, cuando el africano de nombre Manuel que vino en aquella embarcación en condición de esclavo adquirido en el Brasil, se halla venido con Filiano a cumplir servicio en la estancia que éste poseía a orillas del río Luján.

Por lógica, debieron haber tomado por el camino nuevo, es decir, el que pasaba por donde hoy es nuestra ciudad, pero seguramente que, razones de amistad, o de tratos comerciales con Filiano, hicieron posible que las carretas se condujeran por el antiguo camino. Fue así que, al anochecer del primer día, la caravana se detuvo junto al río de las Conchas, en un lugar llamado años más tarde Paso Morales (hoy partido de Morón) y una vez reanudado el camino y vadeado el río, llegaron al atardecer del segundo día, a orillas del río Luján, haciendo noche en la propiedad que estaba a cargo de Bernabé González Filiano, pero que se conocía como la estancia de Rosendo, y cuya casa se hallaba un poco al norte de donde se encuentra la ciudad de Pilar, en un lugar hoy llamado Villa Rosa, y en donde actualmente se alza una ermita evocativa de aquel milagroso suceso.

Cuando las primeras luces del nuevo día comenzaron a asomar, inician los preparativos para continuar con el recorrido. El conductor de las Sagradas Imágenes, unció sus bueyes al yugo; y cuando atados ya al carretón intentaba seguir, es aquí que sucedió, que el vehículo se negaba completamente a seguir; el carrero atribuyó que los bueyes estarían cansados y que el camino estaba pesado. Y así dispuso que se atasen otras yuntas de bueyes que los ayudasen a arrancar el carretón del sitio en el que estaba detenido, aunque se puso todo el esfuerzo para excitar los animales todo fue en vano.

No comprendiendo todavía los circunstantes, aconsejaron al dueño descargar del carretón los bultos que llevaba. Y así se hizo, y al punto le movieron los bueyes con mayor facilidad. Admirados todos los testigos de tan singular novedad, le preguntaron al conductor, que era lo que llevaba allí que pudiese servir de impedimento a su viaje; y le respondió que iban dos Imágenes de la Santísima Virgen.

Le dijeron que embarcara nuevamente los dos cajoncitos en el carretón, para cerciorarse sí el estorbo venia de ellos. Los subieron a la carreta y luego trataron de hacer caminar los bueyes; pero volvieron a hallarse con el impedimento primero.

Ante tan inexplicable suceso, algún individuo de los presentes, le dijo al conductor que saque uno de los cajones de la carreta, así se hizo pero en vano; porque por más que tiraban los bueyes, y a pesar del menor peso y de no estar atascadas las ruedas, el carretón permaneció inmóvil. Entonces se procedió a trucar los cajones, y sin más estimulo tiraron los bueyes cómodamente y sin ninguna dificultad moviéndose el carretón.

Insinúo entonces alguno de los asistentes, que este portento no podía significar otra cosa sino el adorable designio de la Divina Providencia, por el cual manifestaba su voluntad de que se quedase en aquel mismo paraje, la Imagen de la Santísima Virgen encerrada en aquel cajón.

Uno de los asistentes, no sin profunda emoción, sí, con muy legitimo estremecimiento procedió a la apertura del cajón; y todos fueron testigos de que el tesoro que contenía era bien en efecto, como lo había declarado el portugués conductor del carretón, un bello simulacro de bulto de la Purísima Concepción de la Virgen.

Estuvieron algún tiempo suspensos, llenos de alegría ante la Sagrada Imagen y resolvieron llevarla todos juntos y con el mayor respeto a la propia morada de Don Rosendo. Formaron, con este fin, todos los asistentes una procesión sencilla y acompañaron así formados a la Santa Imagen.

Llegados a la humilde morada de Don Rosendo, depositaron la imagen en el aposento más decente de ella, y habiéndola colocado en el rústico trono que, en medio de sus alcances, le improvisaron, de nuevo se postraron unánimes a rendirle homenaje.

Después prosiguieron camino hacia su destino, llevándose consigo aquella otra imagen destinada a la ermita de Sumampa.

La estancia de "Don Rosendo"

Precisar el lugar exacto y el año en que se produjo el milagro no fue tarea para nada sencilla, sino todo lo contrario.

Y un dato que por mucho tiempo se manejó incorrectamente, fue el nombre de Rosendo de Oramas, el cual, en realidad, nunca existió, aunque haya algo de verdad en todo esto, ya que de esta historia tomaron parte dos personas: un tal Rosendo y un tal Oramas.

No caben dudas de que el milagro sucedió en la estancia de Rosendo, como siempre la llamó la gente, y que la misma estaba a unas cinco leguas de nuestra actual Basílica Nacional, pero no en la Cañada de la Cruz, en las inmediaciones del actual pueblo de Villa Ruiz, sino que estaba ubicada en un paraje hoy denominado Villa Rosa en el partido de Pilar. Y si bien siempre se la llamó la estancia de Rosendo, se debe de tener muy presente que la misma fue administrada por Filiano y más tarde por Oramas, porque aquí nació la tradición oral nos trajo un nombre inexistente: el del legendario Don Rosendo de Oramas.

Tomas Rosendo era natural de Valladolid de España e hijo también de padres Vallisoletanos. Llego Tomas a estas regiones del Plata en 1616, después de haber estado en Potosí y aquí se caso en 1617 con doña Francisca de Trigueros Enciso hija de Diego Trigueros y Caro.

Tomas Rosendo ejerció el cargo de regidor de nuestra Ciudad hasta el año 1621, en el que fallecía atacado por una terrible peste que atacó a Buenos Aires. Tuvo un único hijo: Diego Rosendo Trigueros.

Doña Francisca de Trigueros Enciso al enviudar, se caso por segunda vez con Bernabé González Filiano, de origen canario. Este hizo gran fortuna con el comercio de contrabando y sus bienes, unidos a los de su mujer, constituyeron la tercera fortuna de la Ciudad con 9 estancias y 24 esclavos. De este segundo matrimonio vinieron al mundo cuatro hijos: tres mujeres y un varón, llamados Juan, Isabel, Basilia, Magdalena. Esta ultima moriría infante.

Falleció Bernabé González en 1645 y su mujer lo siguió 4 años más tarde, extendiendo su poder testamentario en favor de su hijo Diego Rosendo.

Dicha estancia era un bien patrimonial y Diego Rosendo entro a ejercer las responsabilidades de propietario cuando llego a la mayoría de edad. Diego Rosendo fue licenciado en cánones y teología y lo ordeno de prebisterio el obispo Cristóbal de la Mancha en 1648. Estuvo varios años de cura en la Catedral de Buenos Aires y paso luego a Corrientes y Santa Fe, con el mismo cargo. Murió en esta ultima ciudad declarando por herederos a sus hermanos los Oramas.

Los tres restantes heredaron al morir Diego Rosendo su fortuna; pero desde muchos años antes de la muerte de Diego, acaecida en 1680, ya Juan de Oramas administraba los bienes de su hermanastro a voluntad y beneplácito, por un amplio poder que aquel le otorgara.

Juan de Oramas fue, como su hermanastro, cura de la Catedral de Buenos Aires por espacio de muchísimos años y en dicho puesto lo halla la muerte en 1706.

Diego Rosendo en su minoridad quedó al cuidado de su padrastro Bernabé González Filiano y fue este quien cuidó de su estancia de Luján y quien atendía en la fecha del milagro.

A partir del momento del milagro, los fieles comenzaron a llegarse hasta la casa de Filiano para visitar a la Sagrada Imagen e implorar ente ella el amparo de la Madre de Dios. Fue así que en consecuencia, el dueño de casa consideró necesario construir un oratorio a un costado de la casa, el cual no era más que un modesto ranchito de barro y paja, con una cruz en lo alto que lo distinguía en aquellos despoblados lugares.

La Santa imagen, estaba colocada en un nicho que descansaba sobre el rústico altarcito, y si bien estaba blanqueado el interior, la luz que penetraba era escasa y sólo brindaba una semipenumbra que predisponía para el recogimiento y la oración.

El Oratorio de Rosendo, como lo llamaba la gente, en 1663 comenzó a los peregrinos al tiempo que el nombre de la Virgen del Río de Luján, se divulgaba cada vez más.

El Primer Propagador del Culto

En aquel pequeño y humilde oratorio transcurrieron unos 40 años, durante los cuales, el primer y principal propagador del culto fue un esclavo africano de nombre Manuel, quien al momento del milagro de 1630, no tenía 8 años de edad como siempre se dijo, sino que era un muchacho de 26 años.

Desde el momento del milagro, el negro Manuel fue consagrado por completo al cuidado de la Santa Imagen, reconociéndose él mismo como el verdadero y exclusivo esclavo de la Virgen del Río de la Plata. Atender a los enfermos, enseñar el camino de Dios y consolar a los afligidos eran algunas de las tareas a las que se encontraba abocado.

En su venerable ancianidad, vestido de tosco sayal, con una larga barba blanca a manera de ermitaño, y con un profundo aspecto místico, supuestamente en 1686, a los 82 años de edad, y cuando el esclavo de la Virgen había alcanzado una gran influencia sobre todos los creyentes, llegando a ser amigo y consejero de todos ellos.

"En su muerte se le hallaron un depósito de 14 mil pesos de las limosnas que los devotos y peregrinos habían ofrecido para el culto de la Santa Imagen, y con esta plata se fundaron después las haciendas de ganados que hoy posee el Santuario". Esto indicaría que además de la administración que ejercían tanto el mayordomo como el capellán del Santuario, los peregrinos, por confianza o por tradición, ofrecían algunas limosnas a Manuel.

"Hallándose el negro Manuel en la última enfermedad dijo un día que su ama le había anunciado que moriría el viernes, y que el sábado siguiente lo llevaría a la gloria. Esto aconteció según lo expresado por la Virgen.

Es tradición que por sus insuperables méritos, su cuerpo haya sido sepultado detrás del altar mayor a los pies de su amada Madre, aunque toda búsqueda al respecto haya resultado infructuosa.

Culto Moribundo

Alrededor de cuarenta años habían pasado ya desde aquel día en que se produjo el milagroso suceso a orillas del Río Luján, y el futuro de aquel culto a María, parecía orientarse hacia un panorama cada vez más sombrío. Todo parecía indicar que su extinción se avecinaba y que resultaba irremediable.

Mientras Diego Rosendo estuvo en Bs. As. La vida en la estancia y en capilla se desarrollaba normalmente, pero una vez que partió hacia Corrientes en 1666 hasta 1680 en el año en el cual muere, todo cambio en la estancia. Un virtual estado de abandono se apoderó entonces de aquel lugar, cuando Juan de Oramas, su hermanastro, y también clérigo, quedo a cargo de la Catedral Porteña, y además se convirtió en administrador de todos los bienes de Diego Rosendo.

La estancia y por lo tanto la capilla, estaban abandonadas por completo, no ofreciendo siquiera a los peregrinos un lugar en donde pasar la noche; el camino que por allí pasaba había sido definitivamente clausurado en 1663; el Negro Manuel, el único que mantenía en vida al culto, había sido reclamado por los Oramas para cumplir servicios en Bs. As., y seguramente, lo más importante: tanto Rosendo, como Oramas, en ningún momento se sintieron parte de la causa Mariana Lujanense, basándonos en que estos clérigos, jamás pugnaron por oficializar el culto que se desarrollaba en su estancia.

Todo parecía atentar contra aquel culto de María... Pero no era la voluntad de Dios que éste desapareciera... Porque allí quedó por espacio de 5 largos años, en aquella desolación tan doliente, el estoico Negro de la Virgen, que faltó de todo recurso material, con su sola inspiración Divina, supo mantener viva la llama de aquel perdido culto de María, en medio de la majestuosa nada de la pampa.

Pero la intervención oportuna de Doña Ana de Matos, vendría a revertir esta triste situación...

La compra de la Sagrada Imagen

Doña Ana de Matos se presentó entonces ante el rector de la Catedral de Bs. As. para adquirir los derechos sobre la Sagrada Imagen. Juan de Oramas, hombre absolutamente práctico como administrador, y que además atribuía a los peregrinos gran parte de desaparición del ganado de su estancia, no dudó en acceder al deseo de la dama mediante el pago de $200.

Una vez cumplimentada la correspondiente tramitación, la señora acudió presurosa a la desolada ermita, y se trajo consigo a la Santa Imagen, dejando allí al Negro Manuel.

Una vieja tradición afirma, a esa misma noche, la Sagrada Imagen volvió por sus propios medios (traslocación) a la Ermita de Rosendo, junto a su esclavo africano. Colmada de asombro, Ana de Matos dio la orden para que el traslado se efectuara nuevamente hacia su estancia, y volvió a colocar la Efigie en el mismo lugar del día anterior. Y para mayor seguridad dispuso de una guardia especial en torno a la habitación. Pero no obstante, a ello, sin que nadie pudiera explicarse cómo, la Sagrada Imagen volvió a desaparecer, siendo hallada al día sig., nuevamente junto a su devoto esclavo.

Entonces, ahora sí, seriamente afligida por la doble desaparición, Doña Ana de Matos comenzó a presentir que todo aquello que estaba ocurriendo era algo sobrenatural, algo de origen Divino, razón por la cual, no se atrevió a efectuar un tercer traslado, sin antes exponer debidamente es misterio ante el Obispo Fray Cristóbal de Mancha y Velazco, y ante el Gobernador don José Martínez de Salazar.

Luego de un exhaustivo y concienzudo examen de la singular situación, ambas autoridades coincidieron en la necesidad de tomar una imperiosa decisión: efectuar ellos mismos el traslado. Conformándose una gran comitiva integrada por lo más representativo de Bs. As. y una considerable cantidad de público que se unió a ella.

Una vez e la estancia de Rosendo, el Obispo procedió a informarse minuciosamente de todo lo sucedido, inspeccionando el lugar, examinado uno a uno a todos los testigos de las misteriosas desapariciones, y luego de esto reconoció ahora sí, la indivisible intervención de Dios, antes de autorizar la histórica traslación.

Fue así entonces que, la Sagrada Imagen fue levantada en andas y en procesión comenzó de a pié aquel traslado encabezado por un Obispo y un Gobernador, también iba entre el público, un esclavo, el preferido de la Virgen, el Negro Manuel.

Según el examen serio y detenido de extensa documentación, dicho traslado debió ocurrir a finales del año 1671, y quizás en una fecha muy cercana al 8 de Diciembre, como preparativo de una nueva fiesta de la Pura y Limpia Concepción.

Las cinco leguas (20 Km.) fueron cubiertas en dos jornadas sucesivas de peregrinar rezando a través del campo, hasta llegar a la casa-fortín de Ana de Matos, en donde por espacio de tres días se celebraron misas, se rezó el Santo Rosario se cantaron las letanías y los himnos a María Inmaculada. Finalmente, el Prelado dejó autorizado oficialmente el culto a la Pura y Limpia Concepción del Río de Luján, quedando así, luego de 40 años del Milagro, canonizada la devoción de un pueblo y proclamada por siempre, el nombre de Nuestra Señora de Luján.

La Virgen en un fortín

Ahora sí, la Imagen de María se quedaría para siempre por estos lugares. Vendría el oratorio junto a la casa de Doña Ana, y más tarde las distintas capillas antecesoras de su octavo lugar de culto, el actual Santuario Nacional; pero todos ellos a pocos pasos del casco de la estancia, ubicado junto al río paterno, a la altura de la actual Av. Dr. Muñiz.

Antes de que Doña Ana donara las tierras para la construcción del primer gran templo en torno del cual comenzó a formarse el desordenado caserío que se convertiría luego en el Pago de Luján.

Doña Ana de Matos

Doña Ana de Matos y Encinas, tal como era su nombre completo, era oriunda de la Ciudad de Córdoba, y sus padres fueron el Capitán Don Lázaro de Matos y Doña Francisca de Encinas. Hija mayor de ese matrimonio, sus tres hermanos se llamaron: María, Pedro y Diego.

En 1630, Doña Francisca de Encinas, gravemente enferma, ya viuda, y a punto de expirar, queriendo ver asegurado el porvenir de su hija, logró que en su presencia la Autoridad Eclesiástica bendijera el proyectado enlace conyugal entre su hija y el Sargento Mayor Don Marcos de Sequeyras, quien se convertiría en tutor de sus tres pequeños hijos, al quedar huérfanos de padre y madre.

Don Marcos, era mucho más que su prometida, pero era uno de los vecinos más poderosos de la Ciudad de Bs. As. Había nacido en España, y luego recorrer toda América del Sur, llegó al Río de la Plata en 1626. Poco tiempo después ya encabezaba la lista de vecinos mas acaudalados, este requisito indispensable para aspirar a cargos de gobierno. Y fue en 1630 en que se convirtió alcalde del Cabildo porteño, en 1635 en alférez real de aquella ciudad, y dos años después, recibió grandes extensiones de tierras junto a los ríos Arrecifes y Luján, como retribución a los buenos servicios prestados a la corona española.

La muerte lo sorprendió en 1643, convirtiéndose su esposa, en heredera universal de todos sus bienes. Ana de Matos, muy joven, muy agraciada y de mucha fortuna, luego de algunos años de viudez, entre los años 1650 y 1660, dio a luz a tres hijos, con apellido materno, llevaron como nombres Bautista, Gregorio y María, siendo el padre de estos un poderoso estanciero de la zona llamado Don Tomás de Rojas y Acevedo.

Doña Ana de Matos, dejó de existir ya muy anciana, luego de transponer la barrera de los ochenta años de edad; y en la Ciudad de Trinidad, puerto de Bs. As., a los 25 días del mes de Enero de 1698, fue extendido el correspondiente certificado de defunción; y según su expresa voluntad obrante en su testamento, sus restos fueron enterrados junto a los de Sequeyras, en la Iglesia del Seráfico Patriarca San Francisco.

El litigio de Manuel

En 1670, los Oramas, desconociendo la condición de esclavo y sacristán de la Virgen, quisieron que el Negro Manuel se trasladara a Buenos Aires a cumplir servicios en las propiedades que esta familia poseía en dicha ciudad portuaria. Manuel, decidió quedarse junto a la Sagrada Imagen en la Ermita de Rosendo, respondiendo que no tenía más amo que a la Virgen.

La suerte de Manuel parecía estar echada en su contra, si a esto le agregamos que cuando Doña Ana de Matos compró la Sagrada Imagen, no realizó trámite por la compra del esclavo, el que por su propia cuenta decidió venirse al Oratorio de Matos, considerándose esclavo de la Virgen, y no de los Orama, quienes decidieron entablar juicio sobre tal cuestión.

Asistió entonces el Negro a la Justicia, y con tenacidad se defendió diciendo: ´´Soy de la Virgen de Luján, de nadie más, he sido donado a Ella por el Capitán, mi amo, que Dios haya en su gloria; desde muchacho me he consagrado al servicio de la Virgen. Ni el heredero ni nadie puede demostrar lo contrario``.

Entre marchas y contramarchas el tiempo siguió pasando, y cuando el juicio ya se definía a favor de los Orama, en 1674 Doña Ana pagó $100 por los gastos del juicio, y el pueblo creyente, mediante una colecta pública organizada por el Sargento Juan Cebrian de Velazco, compró al negro en $250.

 

 

 

Autor:

Jorge Antonio Caiella


Partes: 1, 2


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