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Al día siguiente el mal hepático puso fin a su vida. En vida sólo publicó un breve libro, Mensagem, que envió a un concurso, sin mucha suerte. En 1929, el entonces joven crítico João Gaspar Simões, uno de los directores de la revista Presença, que se editaba en Coimbra, dijo de Pessoa: «es, sin duda, en Portugal, un escritor cuya obra sólo dentro de veinte o treinta años será debidamente admirada y comprendida. Hasta entonces, permita Fernando Pessoa que yo, oscuro y joven, le ofrezca esta tentativa, por cierto infeliz, de una comprensión y de una admiración infinitamente mayores de lo que parecen».
Hasta ese año Pessoa sólo había publicado unos cuantos poemas en revistas de escasa circulación y vivía, como vivió toda su vida, en retiro casi total: nunca se alejó de la ciudad de Lisboa. Con Simőes se inició la larga lista de quienes, cada vez en mayor número se iban a sentir tocados por la extraordinaria humanidad y la exigente labor de este «indisciplinador de almas», «el más universal y el más portugués de los poetas de este siglo». Fernando Pessoa representa un caso único en la poesía de Occidente.
Escribió con su propio nombre e inventó otros poetas a los que atribuyó una biografía y una poética. En él el yo se fragmentaba y pasaba a ser una ficción. A esas figuras las llamó heterónimos, y él mismo se puede considerar como uno de ellos.
Repetidas veces a lo largo de su obra, Pessoa afirmó ser nadie. «Siento que soy nadie salvo una sombra...» escribió. Una sombra en plural. Las experiencias estéticas de su juventud lo conducen al definitivo encuentro con el poeta dramático, que creó los heterónimos que siempre habitaron en él. En sus sueños construyó un foro y sobre él se desarrolló un drama no en actos sino en «gentes». En una carta, Pessoa explicó así la génesis de los heterónimos: «No podrá decirse que son anónimos o seudónimos, pues en realidad no lo son la obra seudónima, es la del autor en su personalidad, salvo en el nombre con que firma; la heterónima es del autor fuera de su personalidad, es de una individualidad completa fabricada por él, como si fueran los parlamentos de cualquier personaje de cualquier drama suyo (...) Puse en Caeiro todo mi poder de despersonalización dramática, puse en Ricardo Reis toda mi disciplina mental, investida de la música que le es propia, puse en Alvaro de Campos toda la emoción que no debo ni a mí ni a la vida (...)
Las obras de estos tres poetas forman, como se dice, un conjunto dramático; y se halla debidamente estudiada la 4 interacción intelectual de las personalidades así como sus propias relaciones personales. Todo esto constará en biografías próximas, acompañadas, cuando se publiquen, de horóscopos y tal vez de fotografías. Es un drama en gentes en vez de ser en actos».
En sus poemas, como vimos, Pessoa afirmó ser nadie y en una de las múltiples cartas que envió a Simões, dijo tener la íntima exaltación del poeta y la despersonalización del dramaturgo; esto seguramente llevó a la crítica brasileña, María Alíete Galhoz, a preguntarse: «¿Quién fue, al fin, Fernando Pessoa? ¿El poeta de altos vuelos? ¿El inquietante virtuoso en ejercicios de raciocinio? ¿El humorista intelectual del non sense? ¿El ocultista diletante que levantaba horóscopos? ¿El impecable esteta de frialdad irónica? ¿El cavilador de proféticos y matemáticos Quintos Imperios del espíritu? ¿El inquieto y monótono comentador del absurdo o del milagro de la vida?» El vasto universo poético de Fernando Pessoa contiene la respuesta a cada una de estas interrogantes, pero esa respuesta es múltiple y única para cada lector.
Fernando Pessoa: corazón de nadie
A su propio encuentro
IMPRESIONES DEL CREPÚSCULO
29-3-1913
PAULARES DE ROZAR ansias a mi alma en oro...
El lejano doblar de Otras Campanas... Empalidece el rubio
Trigo en la ceniza del poniente... Corre un frío carnal por mi alma…
La Hora, ¡siempre la misma!... Balanceo de copas de palma!...
Silencio que las hojas miran en nosotros... Otoño afilado
Del canto de una vaga ave... Olvidado azul en lo estancado...
¡Oh qué mudo grito de ansia pone garras a la Hora!
¡Qué asombro de mí ansia por algo más que lo que llora!
Extiendo las manos hacia allá, mas al extenderlas veo
Que no es aquello que quiero aquello que deseo...
Címbalos de Imperfección... ¡Oh, es tan antigua
La Hora expulsada de si-Tiempo! ¡Ola de retroceso que invade
El abandonarme a mí mismo hasta desfallecer,
Y de recordar tanto el Yo presente me siento olvido!...
Fluido de aureola, transparente de Fue, oquedad de tenerse...
El Misterio me sabe a ser otro... Luar sobre el no contenerse...
El Centinela, yerto —la lanza que clavó en el suelo
Es más alta que él... Para qué es todo eso... Día suelo...
Enredaderas de despropósito lamiendo los Más Allá de Instantes...
Horizontes cerrando ojos al espacio en que son eslabones de yerro..
Fanfarrias de opios de silencios futuros... Unos trenes distantes...
Portales vistos desde lejos... a través de árboles... ¡tan de hierro!
HORA ABSURDA
4-7-1913
TU SILENCIO es una nao con todas las velas pandas...
Suaves, las brisas juegan en las flámulas, tu sonreír...
Y tu sonreír en tu silencio es la escalera y las andas
Con que me finjo más alto y al pie de cualquier paraíso...
Mi corazón es una ánfora que cae y que se parte...
Tu silencio lo recoge y lo guarda, roto, en un rincón...
Mi idea de tí es un cadáver que el mar trae a la playa...,
y mientras tanto
Tú eres la tela irreal en que yerra mi arte el color...
Abre todas las puertas y que el viento barra la idea
Que tenemos de que un humo perfuma de ocio los salones...
Mi alma es una caverna henchida por la marea alta,
Y mi idea de soñarte una caravana de histriones...
Llueve oro mate, mas no afuera...En mí... Soy la Hora,
Y la Hora es de asombros y toda escombros de ella...
En mi atención hay una viuda pobre que nunca llora...
En mi cielo interior nunca hubo una única estrella...
Hoy pesa el cielo como la idea de nunca llegar a un puerto...
La lluvia menuda es vacía... La Hora sabe a haber sido...
¡No hay nada mejor como un lecho para las naos!... Absorto
En su alienarse de sí, tu mirar es una plaga sin sentido...
Todas mis horas están hechas de jaspe negro,
Mis ansias todas talladas en un mármol que no hay,
No es alegría ni dolor este dolor con que me alegro,
Y no es buena ni mala mi bondad a la inversa...
Los haces de los lictores se abrieron a la vera de los caminos...
Los pendones de las victorias medievales ni llegaron a
las Cruzadas...
Pusieron infolios útiles entre las piedras de las barricadas...
Y la yerba creció en las vías férreas con fuerza dañina...
¡Ah, qué vieja, esta hora!... ¡Y todas las naos partieron!
En la playa sólo un cabo muerto y unos restos de velas hablan
De la Lejanía, de las horas del Sur, de donde nuestros
sueños sacan
Aquella angustia de soñar más que hasta para sí callan...
El palacio está en ruinas... Duele ver en el parque el abandono
De la fuente sin surtidor... Nadie levanta la mirada del camino
Y siente saudades de sí ante aquel lugar-otoño...
Este paisaje es un manuscrito con la frase más bella cortada...
La loca rompió todos los candelabros glabros,
Ensució de humano el lago con cartas rasgadas, tantas...
Y mi alma es aquella luz que no habrá más en los
candelabros...
¿Y qué quieren, mis ansias, del lago aciago, brisas fortuitas?...
¿Por qué me aflijo y enfermo?... Se acuestan desnudas al luar
Todas las ninfas... Llegó el sol y ya habían partido...
Tu silencio que me arrulla es la idea de naufragar,
Es la idea de tu voz al sonar la lira de un Apolo fingido...
Ya no hay colas de pavones todas ojos en el jardín de otrora...
Las mismas sombras están más tristes... Aún
Hay rastros de vestidos de ayas en el suelo, y aún llora
Un como eco de pasos por la alameda que aquí termina...
Todos los ocasos se fundieron en mi alma...
Toda la yerba de los prados fue fresco bajo mis pies fríos...
Se secó en tu mirar la idea de creerte en calma,
Y ver eso en ti es un puerto sin navíos...
Se alzaron a un tiempo todos los remos... Por el oro de las mieses
Pasó una saudade de no ser el mar... Frente
A mi trono de alienación hay gestos con piedras raras...
Mi alma es una lámpara que se apagó y aún está caliente...
¡Ah y tu silencio es un perfil de pináculo al sol!
Todas las princesas sintieron el seno oprimido...
Desde la última ventana del castillo sólo un girasol
Se ve, y soñar otros trae brumas en nuestro sentido...
¡Ser y no ser más!... ¡Oh, leones nacidos en la jaula!...
Repique de campanas allá, en el Otro Valle... ¿Cercano?...
Arde el colegio y un niño quedó encerrado en el aula...
¿Por qué no ha de ser Norte el Sur?... ¿Lo que está descubierto?...
Y yo deliro... De repente hago pausa en qué pienso... Te miro
Y tu silencio es una ceguera mía... Te miro y sueño...
Hay cosas rojas y cobras en el modo como te medito,
Y tu idea sabe al recuerdo de un sabor que es horrendo...
¿Por qué no tenerte desprecio? ¿Por qué no perderlo?...
Ah, deja que te ignore... Tu silencio es un abanico —
Un abanico cerrado, un abanico que abierto sería tan bello, tan
bello,
Pero más bello es no abrirlo, para que la hora no peque...
Se helaron todas las manos cruzadas sobre todos los pechos...
Se marchitaron más flores de las que había en el jardín...
Mi amarte es una catedral de silencios elegidos
Y mis sueños una escalera sin principio y con fin...
Alguien va entrar por la puerta... Se siente el aire sonreír...
Tejedoras viudas gozan las mortajas de vírgenes que tejen...
Ah, tu tedio es la estatua de una mujer que ha de venir,
El perfume que los crisantemos tendrían, si lo tuviesen...
Es preciso destruir el propósito de todos los puentes,
Vestir de alienación al paisaje de todas las tierras,
Enderezar a fuerza la curva de los horizontes,
Y gemir por tener que vivir, cual brusco ruido de sierras...
¡Hay tan poca gente que ame los paisajes que no existen!...
Saber que seguirá existiendo el mismo mundo mañana — como
nos desalegra!...
Que mi oír tu silencio no sean nubes que entristecen
Tu sonrisa, ángel exiliado, y tu tedio, aureola negra...
Suave como tener madre y hermanas, cae la tarde opulenta...
No llueve ya, y el vasto cielo es una gran sonrisa imperfecta...
Es una plegaria mi conciencia de tener conciencia de ti,
Y mi saberte sonreír es una flor marchita en mi pecho...
¡Ah, si fuésemos dos figuras en un lejano vitral!...
¡Ah, si fuésemos los dos colores en una bandera de gloria!...
Estatua acéfala puesta en un rincón, polvorienta pila bautismal,
Pendón de vencido que tiene escrito al centro este lema —
¡Victoria!.
¿Qué es lo que me tortura?... Si hasta tu rostro en calma
Sólo me hincha de tedios y de opios de ocios funestos...
No sé... Yo soy un loco que extraña su propia alma...
Fui amado en efigie en un país más allá de los sueños...
LLUVIA OBLICUA
8-3-1914
I
ATRAVIESA este paisaje mi sueño de un puerto infinito
Y el color de las flores se transparenta en las velas de grandes
navíos
Que zarpan del muelle arrastrando sobre las aguas cual sombra
Los rostros al sol de aquellos árboles antiguos...
El puerto que sueño es sombrío y pálido
Y el paisaje está lleno de sol de este lado...
Mas en mi espíritu el sol de este día es puerto sombrío
Y los navíos que salen del puerto son estos árboles al sol...
Liberado dos veces, me abandono al paisaje de abajo...
El rostro del muelle es el camino nítido y en calma
Que al elevarse se yergue como un muro,
Y los navíos pasan por dentro de los troncos de los árboles
Con una horizontalidad vertical,
Y dejan caer en el agua las amarras dentro de las hojas una a una..
No sé quien me sueño...
De súbito toda el agua del mar del puerto es transparente
Y veo en el fondo, como una estampa enorme que allí estuviese
desdoblada,
Todo este paisaje, hilera de árboles, camino que arde en aquel
puerto,
Y la sombra de una nao más antigua que el puerto pasa
Entre mi sueño del puerto y mi mirar de este paisaje
Y llega al pie de mí, y en mí se adentra,
Y pasa al otro lado de mi alma...
II
Se ilumina la iglesia dentro de la lluvia de este día,
Y cada vela que se enciende es más lluvia que golpea en el vitral...
Me alegra oír la lluvia porque ella es el templo encendido,
Y los vitrales de la iglesia vistos por fuera son el sonido
de la lluvia oído por dentro...
El esplendor del altar mayor es que casi no pueda ver los montes
A través de la lluvia que es oro tan solemne en el mantel del altar..
Suena el canto del coro, en mí latín y viento sacuden el vitral
Y el chirriar del agua en el hecho de haber coro...
La misa es un automóvil que pasa
A través de los fieles que se arrodillan hoy que es un día triste...
De repente el viento sacude un esplendor mayor
La fiesta de la catedral y el ruido de la lluvia todo lo absorbe
Hasta sólo oírse la voz del padre agua perdiéndose a lo lejos
Con el ruido de las llantas del automóvil...
Y se apagan las luces de la iglesia
En la lluvia que cesa...
III
La Gran Esfinge de Egipto sueña por este papel adentro...
Escribo — y ella se me aparece a través de mi mano transparente
Y en la orilla del papel se yerguen las pirámides...
Escribo — y me perturba ver que el punto de mi pluma
Es el perfil del rey Keops...
De repente me detengo...
Oscureció todo... Caigo en un abismo hecho de tiempo...
Enterrado bajo las pirámides escribo versos a la luz clara de este
candelero
Y todo Egipto me aplasta desde lo alto a través de los trazos que
hago con la pluma...
Oigo a la Esfinge reír por dentro
El sonido de mi pluma corre sobre el papel...
Una mano enorme atraviesa el que yo no puedo verla,
Barre todo hacia el borde del techo que está detrás de mí,
Y sobre el papel donde escribo, entre él y la pluma que escribe,
Yace el cadáver del rey Keops, mirándome con los ojos muy
abiertos,
Y entre nuestras miradas que se cruzan corre el Nilo
Y una alegría de barcos abanderados errando va
En una diagonal difusa
Entre mí y lo que yo pienso...
¡Funerales del rey Keops en oro viejo y Mí!...
IV
¡Qué panderetas el silencio de este cuarto!...
Las paredes están en Andalucía...
Hay danzas sensuales en el brillo fijo de la luz...
De repente todo el espacio se detiene...,
Se detiene, se desliza, se enreda...,
Y en un rincón del techo, mucho más lejos de donde él está,
Abren manos blancas ventanas secretas
Y hay ramos de violetas cayendo
Por haber una noche de Primavera allá afuera
Sobre el yo estar de ojos cerrados...
V
Allá afuera van en remolino de sol los caballos del carrusel...
Árboles, piedras, montes bailan inmóviles dentro de mí...
Noche absoluta en la feria iluminada, luar en el día de sol allá
afuera,
Y todas las luces de la feria hacen ruidos de los muros del quintal...
Rondas de muchachas con cántaros en la cabeza
Que pasan allá fuera, plenas de estar bajo el sol,
Se cruzan con grandes grupos pegajosos de gente que anda en
la feria,
Gente mezclada con las luces de las barracas, con la noche y
con el luar,
Y los dos grupos se encuentran y se penetran
Hasta formar sólo uno que es los dos...
La feria y las luces de la feria y la gente que anda en la feria,
Y la noche que toma a la feria y la levanta en el aire,
Andan por encima de las copas de los árboles llenos de sol,
Andan visiblemente por abajo de los peñascos que lucen al sol,
Aparecen del otro lado de los cántaros que las muchachas
llevan sobre la cabeza,
Y todo este paisaje de primavera es la luna sobre la feria,
Y toda la feria con ruidos y luces es el suelo de este día de sol...
De repente alguien sacude como un tamiz esta hora doble
Y, mezclado, el polvo de las dos realidades cae
Sobre mis manos llenas de dibujos de puertos
Con grandes veleros que zarpan y no piensan regresar...
Polvo de oro blanco y negro sobre mis dedos...
Mis manos son los pasos de aquella muchacha que abandona la
feria,
Sola y contenta como el día de hoy...
VI
El maestro sacude la batuta,
Lánguida y triste irrumpe la música...
Me recuerda mi infancia, aquel día
En que jugaba al pie del muro de un patio
Lanzándole una pelota que tenía de un lado
El deslizar de un perro verde, y del otro lado
Un caballo azul que corría con jockey amarillo...
Prosigue la música, y he aquí en mi infancia
De repente entre mí y el maestro, muro blanco,
Va y viene la pelota, ora un perro verde,
Ora un caballo azul con un jockey amarillo...
Todo el teatro es mi patio, mi infancia
Está en todos los lugares, y la pelota viene a tocar música,
Una música triste y vaga que pasea en mi patio
Vestida de perro verde tornándose jockey amarillo...
(Tan rápida gira la pelota entre yo y los músicos...)
La lanzo contra mi infancia y ella
Atraviesa todo el teatro que está a mis pies
juega con un jockey amarillo y con un perro verde
Y un caballo azul que asoma por encima del muro
De mi patio... Y la música lanza pelotas
A mi infancia... Y el muro del patio está hecho de gestos
De batuta y de rotaciones confusas de unos perros verdes
Y caballos azules y jockeys amarillos...
Todo el teatro es un muro blanco de música
Por donde un perro verde corre tras de mi saudade
De mi infancia, caballo azul con un jockey amarillo...
Y de un lado a otro, de derecha a izquierda,
Donde hay árboles y entre las ramas al pie de la copa
Con orquestas para tocar música,
Para donde hay filas de pelotas en la tienda donde la compré
Y el hombre de la tienda sonríe entre las memorias de mi infancia..
Y la música cesa como un muro que se derrumba
La pelota rueda por el despeñadero de mis sueños interrumpidos,
y desde lo alto de un caballo azul, el maestro, jockey amarillo se
torna negro,
Agradece, colocando la batuta encima de la fuga de un muro,
Y se inclina, sonriendo, con una pelota blanca sobre la cabeza.
Pelota blanca que le desaparece por las cuestas...
Cancionero
AUTOPSICOGRAFÍA
1-4-1931
EL POETA es un fingidor.
Finge tan enteramente
Que hasta finge que es dolor
El dolor que de veras siente.
Y quienes leen lo que escribe,
En el dolor leído sienten bien,
No los dos que el poeta tuvo,
Pero sólo el que ellos no tienen.
Y así por las vías rueda
Gira, para entretener la razón,
Este tren de cuerda
Que se llama corazón.
ESTO
1-4-1931
DICEN que finjo o miento
Todo lo que escribo. No.
Yo simplemente siento
Con la imaginación.
No uso el corazón.
Todo lo que sueño o vivo,
Lo que me falla o acaba,
Es como una terraza
Aún sobre otra cosa.
Esa cosa es la que es bella.
Por eso escribo en medio
De lo que no está al pie,
Libre de mi ensueño,
Serio de lo que no es.
¿Sentir? ¡Que sienta quién lee!
NO ES MÍO, no es mío cuanto escribo.
¿A quién lo debo?
¿De quién soy el heraldo nato?
¿Por qué, engañado,
Juzgué ser mío lo que era mío?
¿Quién más me lo dio?
Pero, sea como fuere, si la suerte
Fuera que yo sea la muerte
De otra vida que en mí vive,
Yo, el que estuve
Ilusionado toda esta vida
Aparecida,
Agradezco Al que del polvo que soy
Me levantó.
(Y me hizo nube un momento
Del pensamiento.)
(Al de quien soy, erguido polvo,
Sólo símbolo.)
VIA CRUCIS
6-1-1923
ME SUCEDIÓ desde lo alto del infinito
Esta vida. A través de neblinas,
De mi propio yermo ser, humos primeros,
Vine ganando, y a través de extraños ritos
De sombra y luz ocasional, y gritos
Vagos a lo lejos, y asomos pasajeros
De saudade incógnita, luceros
De divino, este ser opaco y proscrito...
Cayó lluvia en pasados que fui yo.
Hubo planicies de cielo bajo y nieve
En alguna cosa de alma de lo que es mío.
Me narré a la sombra y no me hallé sentido.
Hoy me sé el desierto donde Dios tuvo
Otrora su capital de olvido...
XI
No soy quien describo. Soy la tela
Y oculta mano colorea alguien en mí.
Puse el alma en el nexo de perderla
Y mi principio floreció como Fin.
¿Qué importa el tedio que dentro de mí hiela,
Y el leve Otoño, y las galas, y el marfil,
SUEÑO. No sé quién soy en este momento.
Duermo sintiéndome. En la hora calma
Mi pensamiento olvida el pensamiento,
Mi alma no tiene alma.
Si existo es un error saberlo. Si despierto
Parece que yerro. Siento que no sé.
Nada quiero ni tengo ni recuerdo.
No tengo ser ni ley.
Lapso de la conciencia entre ilusiones,
Fantasmas me limitan y me contienen.
Duerme sin saber de ajenos corazones,
Corazón de nadie.
MARINA
29-9-1926
FELICES a quienes señala
Un pañuelo de despedida!
Son felices: tienen pena...
Yo sufro sin pena la vida.
Me duele hasta donde pienso,
Y el dolor es ya de pensar,
Huérfano de un sueño suspendido
Que por la marea baja...
Y sube hasta mí, ya harto
De inútiles agonías,
En el muelle de donde nunca parto,
La marejada de los días.
EL NIÑO DE SU MAMA
29-9-1926
EN EL LLANO abandonado
Que la tibia brisa calienta,
De balas traspasado
—Dos, de lado a lado—,
Yace muerto, y se enfría
La sangre le mancha el uniforme.
Con los brazos extendidos,
Albo, rubio, exangüe,
Mira con mirada lánguida
Y ciega los cielos perdidos.
¡Tan joven! ¡qué joven era!
(¿Ahora qué edad tiene?)
Hijo único, la madre le diera
Un nombre y lo mantuviera:
«El niño de su mamá».
Le cayó del bolsillo
La cigarrera breve.
Se la dio la madre. Está entera
Y buena la cigarrera.
Es él quien ya no sirve.
De otro bolsillo, alada
Punta al rozar el suelo,
La blancura embastillada
De un pañuelo... Se lo dio la criada
Vieja que lo trajo en brazos.
Allá lejos, en casa, rezan:
«¡Qué regrese temprano, y con bien!>
(¡Mallas que el Imperio teje!)
Yace muerto, y se pudre,
E l niño de su mamá.
1914
ELLA CANTA, pobre segadora,
Creyéndose feliz tal vez;
Canta y siega, y su voz, llena
De alegre y anónima viudez,
Ondula como un canto de ave
En el aire limpio cual umbral,
Y hay curvas en la trama suave
Del sonido que tiene al cantar.
Oírla alegra y entristece,
En su voz hay campo y brega,
Y canta como si tuviese
Más razones para cantar que la vida.
¡Ah, canta, canta sin razón!
Lo que en mí siente está pensando.
¡Derrama en mi corazón
Tu incierta voz ondeando!
¡Ah, poder ser tú, siendo yo!
Tener tu alegre inconsciencia,
Y la conciencia de eso! ¡Oh cielo!
¡Oh campo! ¡Oh canción! ¡La ciencia
Pesa tanto y la vida es tan breve!
¡Entrad dentro de mí! ¡Tornad
Mi alma vuestra sombra leve!
¡Y después, llevándome, pasad!
14-3-1928
FONDEA sobre el agua
Una vibración,
Hay una vago dolor
En mi corazón.
No es porque la brisa
que quiere que sea
Haga esta indecisa
Vibración que flota,
Ni es porque yo sienta
Un dolor cualquiera.
Mi alma es indistinta,
No sabe lo que quiere.
Es un dolor sereno,
Sufre porque ve.
¡Tengo tanta pena!
¡si yo supiese de qué!...
INICIACIÓN
NO DUERMES bajo los cipreses,
Pues no hay sueño en el mundo.
.........................................................
El cuerpo es la sombra de los vestidos
Que cubren tu ser profundo.
Viene la noche, que es la muerte,
Y la sombra acabó sin ser.
Vas en la noche sólo silueta,
Igual a ti sin querer.
Mas en la Posada del Asombro
Te arrancan los Ángeles la capa:
Sigues sin capa en el hombro,
Con lo poco que te tapa.
Entonces Arcángeles del Camino
Te desvisten y te dejan desnudo.
No tienes ropas, no tienes nada:
Tienes sólo tu cuerpo, que eres tú.
Por fin, en la profunda caverna,
Los Dioses te desvisten más.
Tu cuerpo cesa, alma externa,
Más ves que son tus iguales.
...........................................................
La sombra de tus vestidos
Quedo entre nosotros en Ia Suerte.
No estás muerto, entre cipreses.
Neófito, no hay muerte.
NADIE EN PLURAL
Álvaro de Campos
10-1913
LA PLAZA de Figueira de mañana,
Cuando el día es soleado (como sucede
Siempre en Lisboa), nunca en mí olvida,
Aunque sea un recuerdo vano.
Hay tanta cosa más interesante
Que aquel lugar lógico y plebeyo,
Mas amo aquello, también aquí... ¿Sé yo
Por qué lo amo? Nada importa. Adelante...
Esto de las sensaciones sólo vale la pena
Si nosotros no nos ponemos a mirarlas.
Ninguna de ellas en mí es serena...
Por lo demás, nada en mí es cierto y está
De acuerdo conmigo mismo. Las horas bellas
Son las de los otros, o las que no existen.
8-1913
CUANDO me miro no me percibo.
Tengo tanto la manía de sentir
Que me extravío a veces al salir
De las propias sensaciones que recibo.
El aire que respiro, este licor que bebo
Pertenecen a mi modo de existir,
Y nunca sé como he de concluir
Las sensaciones que a mi pesar concibo.
Ni nunca, propiamente, reparé
Si en verdad siento lo que siento. Yo
¿seré tal cual como me parezco? ¿seré
Tal cual como me juzgo verdaderamente?
También ante las sensaciones soy un poco ateo,
Ni sé bien si soy yo quien en mí siente.
OPIARIO
Al señor Mário de Sá-Carneiro
3-1914
Es antes del opio que mi alma está enferma.
Sentir la vida que convalece y se seca
Y voy en busca del opio que consuela
Un Oriente al oriente del Oriente.
Esta vida de a bordo ha de matarme.
Son días sólo de fiebre en la cabeza
Y, por más que busque hasta que enferme,
Ya no encuentro el resorte para adaptarme.
En paradoja e incompetencia astral
Yo vivo a rayas de oro mi vida,
Ola donde el pundonor es un descenso
Y los propios goces ganglios de mi mal.
Es por un mecanismo de desastres,
Un engranaje con volantes falsos,
Que paso entre visiones de cadalsos
En un jardín donde hay flores en el aire, sin astas.
Voy oscilando a través de la labor
De una vida interior de encaje y laca.
Creo tener en casa el cuchillo
Con que fue degollado el Precursor.
Ando expiando un crimen en una valija,
Que un abuelo mío cometió con esmero.
Tengo los nervios en la horca, veinte a veinte,
Y caí en el opio como en una cuneta.
Al toque adormecido de la morfina
Me pierdo en transparencias palpitantes
Y en una noche llena de brillantes
Se eleva la luna como mi Destino.
Yo, que siempre fui un mal estudiante, ahora
No hago más que ver la nave que va
Por el canal de Suez conduciendo
Mi vida, alcanfor en el alba.
Perdí los días que ya aprovechara.
Trabajé sólo para tener el cansancio
Que es hoy en mí una especie de brazo
Que a mi cuello me sofoca y ampara.
Y fui niño como toda la gente.
Nací en una provincia portuguesa
Y he conocido gente inglesa
Que dice que sé inglés perfectamente.
Gustaba de tener poemas y novelas
Publicadas por Pión y en el Mercure,
Mas es imposible que esta vida dure.
¡Si en este viaje ni hubo tempestades!
La vida a bordo es una cosa triste
Si bien la gente se divierte a veces.
Hablo con alemanes, suecos e ingleses
Y mi dolor de vivir persiste.
Y pienso que no vale la pena haber
Ido al Oriente y visto la India y China.
La tierra es la misma y diminuta
Y hay sólo una manera de vivir.
Por eso yo fumo opio. Es un remedio.
Soy un convaleciente del Momento.
Vivo en la planta baja del pensamiento
Y me da tedio ver pasar la Vida.
Fumo. Me canso. ¡Ah, una tierra donde, al fin,
Muy al este no fuera ya el oeste!
¿Por qué visité la India que hay
Si no hay India sino el alma en mí?
Soy desgraciado por mi primogenitura.
Los gitanos robaron mi Suerte.
Tal vez ni así encuentre al pie de la muerte
Un lugar que me abrigue de mi frío.
Fingí que estudié ingeniería.
Viví en Escocia. Visité Irlanda.
Mi corazón es una abuelita que anda
Pidiendo limosnas a las puertas de la Alegría.
¡No llegues a Port-Said, barco de hierro!
Gira a la derecha, ni yo sé hacia dónde.
Paso los días en el fumador con el conde—
Un vividor francés, conde de final de entierro.
Regreso a Europa disgustado, y en vías
De llegar a ser un poeta sonámbulo.
Soy monárquico mas no católico
Y me gustaba ser las cosas fuertes.
Me gustaba tener creencias y dinero,
Ser la varia gente insípida que vi.
Hoy, al final, no soy sino, aquí,
En un barco cualquier un pasajero.
No tengo ninguna personalidad.
Destaca más que yo ese criado
De a bordo que tiene una hermosa pose estirada
De lord escocés que ayuna desde hace días.
No puedo estar en ninguna parte. Mi
Patria es donde no estoy. Soy achacoso y débil.
El comisario de abordo es un bellaco.
Me vio con la sueca... y lo demás él lo adivina.
Un día escandalizo aquí a bordo,
Sólo para dar de qué hablar a los demás.
No puedo con la vida, y encuentro fatales
Las iras con que a veces me desbordo.
¡Paso el día fumando, bebiendo cosas,
Drogas americanas que atontan,
Y yo ya tan ebrio sin nada! Dieran
Mejor cerebro a mis nervios como rosas.
Escribo estas líneas. ¡Parece imposible
Que aun teniendo talento mal lo sienta!
El hecho es que esta vida es un huerto
Donde se aburre una alma sensible.
Los ingleses son hechos para existir.
No hay gente como esta para estar hecha
Con la Tranquilidad. La gente arroja
Un centavo y sale uno de ellos a sonreír.
Pertenezco a una clase de portugueses
Que después de haber descubierto la India
Se quedaron sin trabajo. La muerte es cierta.
He pensado en esto muchas veces.
¡Al diablo la vida y la gente que la tiene!
Ni leo el libro de mi cabecera.
Me enfada el Oriente. Es una estera
Que la gente enrolla y deja de ser bella.
Caigo en el opio por fuerza. Querer
Que pase en limpio una vida de estas
No se puede exigir. Almas honestas
Con horas para dormir y comer,
¡Qué un rayo las parta! Y esto al final es envidia.
Porque estos nervios son mi muerte.
¡Que no haya un barco que me transporte
Hacia donde nada quiera que no lo vea!
¡Ahora! Me fatigaba del mismo modo.
Quería un opio más fuerte para ir de allí
Hacia sueños que acabasen conmigo
Y que me arrojase en algún lodo.
¡Fiebre! Si esto que tengo no es fiebre,
No sé cómo se tiene fiebre y se siente.
El hecho esencial es que estoy enfermo.
Esto está consumado amigos.
Vino la noche, Tocó ya la primera
Corneta para vestirse y la cena.
¡Toda una vida social! ¡Eso! ¡Y marchar
Hasta que la gente salga apergollada!
Porque esto acaba mal y ha de haber
(¡Cómo no!) sangre y un revólver allá al fin
de este desasosiego que hay en mí
Y no hay forma de resolver.
Y quien me mira, ha de hallarme banal,
A mí y a mi vida... ¡Ahora! un rapaz...
Y mi propio monóculo hace
Que pertenezca a un tipo universal.
¡Ah, cuánta alma habrá, que ande metida
Así como yo en la Rectitud, y como yo mística!
¿Cuántos bajo el frac característico
No tendrán como yo horror a la vida?
¡Si al menos por fuera fuese yo tan
interesante como lo soy por dentro!
Voy en el Maelstrom, cada vez más hacia el centro.
No hacer nada es mi perdición.
Un inútil. ¡Mas es tan justo serlo!
Pudiera la gente despreciar a los otros
Y, aunque con los codos rotos,
Ser héroe, loco, maldecido o bello!
Tengo ganas de llevar mis manos
A la boca y morder en ellas fuerte y castigarme.
Sería una ocupación original
Y distraería a los otros, los dizque sanos.
Lo absurdo, como una flor de la tal India
Que no vine a encontrar en la India, nace
En mi cerebro harto de cansarse.
Que Dios cambie mi vida o que la acabe...
Que me deje estar aquí, en esta silla,
Hasta que me metan en el cajón.
Nací para mandarín de condición,
Mas me falta el sosiego, el té y la estera.
¡Ah qué bueno sería ir de aquí en caída
Hacia la tumba por una trampa de estruendo!
La vida me sabe a tabaco rubio.
Nunca hice más que pasar la vida fumando.
Y al final lo que quiero es fe, es calma,
Y no tener esas sensaciones confusas.
¡Que Dios acabe con esto! Abra las esclusas
¡Y basta de comedias en mi alma!
A bordo, por el Canal de Suez
SONETO YA ANTIGUO
12-1922
MIRA, DAISY, cuando yo muera tú has de
Decir a mis amigos de allí de Londres,
Que aunque no lo sientas, escondes
El gran dolor de mi muerte. Irás de
Londres para York, donde naciste (dices...
No creo nada de lo que digas)
Contad a aquel pobre muchachito
Que me dio tantas horas tan felices,
Aunque no lo sepas, que morí.
Hasta él, a quien tanto creí amar,
Nada importará... Después ve a dar
La noticia a esa extraña Cecily
Que pensaba que yo sería grande...
¡Rayos, partan la vida y quien allá ande!
ODA TRIUNFAL
6-1914
A la dolorosa luz de las grandes lámparas eléctricas de la fábrica
Tengo fiebre y escribo.
Escribo rechinando los dientes, fiera para la belleza de esto,
Esta belleza totalmente desconocida por los antiguos.
¡Oh, ruedas, oh engranajes, r-r-r-r-r-r-r eterno!
¡Fuerte espasmo retenido de los mecanismos en furia!
En furia fuera y dentro de mí,
Por todos mis nervios disecados afuera,
¡Por todas las papilas fuera de todo con que yo siento!
Tengo los labios secos, oh grandes ruidos modernos,
De oíros demasiado cerca,
Y me arde la cabeza de quereros cantar con un exceso
De expresión de todas mis sensaciones,
Con un exceso contemporáneo de vosotras, ¡oh máquinas!
En fiebre y mirando los motores como una naturaleza tropical—
Grandes trópicos humanos de hierro y fuego y fuerza—
Canto, y canto al presente, y también al pasado y al futuro,
Porque el presente es todo el pasado y todo el futuro
Y hay Platón y Virgilio dentro de las máquinas y en las luces
eléctricas
Sólo porque existieron otrora y fueron humanos Virgilio y Platón,
Y fragmentos de Alejandro Magno tal vez del siglo cincuenta,
Átomos que tendrán fiebre en el cerebro del Esquilo del siglo
cien,
Andan por estas correas de transmisión y por estos émbolos y por
estos volantes,
Rugiendo, rechinando, susurrando, estrujando, ferriando,
Haciéndome un exceso de caricias en el cuerpo en una sola caricia
al alma.
¡Ah, poder expresarme todo como se expresa un motor!
¡Ser completo como una máquina!
¡Poder ir en la vida triunfante como un automóvil último modelo!
Poder al menos impregnarme físicamente de todo esto,
Rasgarme todo, abrirme completamente, tornarme poroso
A todos los perfumes de aceite y calores y carbones
¡De esta flora estupenda, negra, artificial e insaciable!
¡Fraternidad con todas las dinámicas!
Furia promiscua de ser parte-agente
Del rodar férreo y cosmopolita
De los trenes fuertes,
De las faenas de transporte de los barcos de carga,
Del giro lúbrico y lento de las grúas,
Del tumulto disciplinado de las fábricas,
Y del cuasi silencio susurrante y monótono de las correas de
transmisión!
¡Horas europeas, productoras, entablilladas
Entre máquinas y trabajos utilitarios!
¡Grandes ciudades paradas en los cafés,
En los cafés-oasis de inutilidades ruidosas
Donde cristalizan y se precipitan
Los rumores y los gestos de lo Útil
Y las ruedas, y las ruedas dentadas y las chumaceras del Progreso!
¡Nueva Minerva sin alma de los muelles y de los andenes!
¡Nuevos entusiasmos de la estatura del Momento!
Quillas de planchas de hierro sonriente acostadas en los diques,
¡O en seco, erguidas, en los planos inclinados de los puertos!
Actividad internacional, transatlántica, Canadian-Pacific
Luces y febriles pérdidas de tiempo en los bares, en los hoteles,
En los Longchamps y Derbies y Ascots,
Y Piccadilly y Avenida de la Ópera que entran
Dentro de mi alma!
¡Qué tal calles, qué tal plazas, qué tal la foule!
¡Todo lo que pasa, todo lo que se detiene frente a los aparadores!
Comerciantes; vagos; vividores exageradamente bien vestidos;
Miembros notorios de clubs aristocráticos;
Escuálidas figuras dudosas; jefes de familia vagamente felices
Y paternales hasta en la cadena de oro que les cruza el chaleco
¡De bolsillo a bolsillo!
¡Todo lo que pasa, todo lo que pasa y nunca pasa!
Presencia demasiado acentuada de las cocotes;
Banalidad interesante (¿y quién sabe lo que hay por dentro?)
De las burguesitas, madre e hija generalmente,
Que andan por la calle sin un fin determinado;
La gracia femenina y falsa de los pederastas que pasan,
lentamente;
¡Y toda la gente simplemente elegante que pasea y se exhibe
Y que a pesar de todo tiene alma!
(¡Ah, como desearía ser el souteneur de todo esto!)
La maravillosa belleza de las corrupciones políticas,
Deliciosos escándalos financieros y diplomáticos,
Agresiones políticas en las calles,
Y de vez en cuando el cometa de un regicidio
Que ilumina de Prodigio y Fanfarria los cielos
Usuales y lúcidos de la Civilización cotidiana!
Noticias desmentidas de los periódicos,
Artículos políticos insinceramente sinceros,
Noticias passez-à-la-caisse, grandes crímenes—
¡A dos columnas y pase a la segunda página!
¡El olor fresco de la tinta de imprenta!
¡Los carteles pegados hace poco, aún húmedos!
¡Vients-de-paraître amarillos como una cinta blanca!
Cómo los amo a todos, a todos, a todos,
Como os amo de todas las maneras,
Con los ojos y los oídos y con el olfato
Y con el tacto (¡lo que significa para mí palparos!)
¡Y con la inteligencia como una antena que hacéis vibrar!
¡Ah, como todos mis sentidos tienen celo de vosotros!
¡Abonos, trilladoras de vapor, progresos de la agricultura!
¡Química agrícola, y el comercio casi una ciencia!
¡Oh, muestrario de los agentes viajeros,
De los agentes viajeros, caballeros andantes de la Industria,
Prolongaciones humanas de las fábricas y de las tranquilas oficinas!
Oh géneros en los aparadores! ¡oh maniquíes! ¡oh figurines
recientes!
¡Oh, artículos inútiles que todos quiere comprar!
¡Hola!, grandes almacenes con varios departamentos!
¡Hola!, anuncios eléctricos que miran, están y desaparecen!
¡Hola!, todo con que hoy se fabrica, que hoy se distingue de ayer!
¡Eh, cemento armado, concreto de cemento, nuevos
procedimientos!
¡Progreso de los armamentos gloriosamente mortíferos!
¡Corazas, cañones, ametralladoras, submarinos, aeroplanos!
Os amo a todos, a todo, como una fiera.
Os amo carnívoramente,
Pervertidamente y enroscando mi vista
En vosotras, oh grandes cosas, banales, útiles, inútiles,
¡Oh cosas todas modernas,
Oh mis contemporáneas, forma actual y próxima
Del sistema inmediato del Universo!
¡Nueva Revelación metálica y dinámica de Dios!
Oh, fábricas, oh laboratorios, oh music-hall, oh Luna-Parks,
Oh, acorazados, oh puentes, oh diques flotantes—
En mi mente turbulenta e incandescente
Os poseo como a una mujer bella,
Completamente os poseo como a una mujer bella que no se ama,
A la que se encuentra casualmente y hallamos interesantísima.
¡Hola-ho fachadas de las grandes tiendas!
¡Hola-ho elevadores de los grandes edificios!
¡Hola-ho cambios ministeriales!
¡Parlamentos, políticas, relatores de presupuestos,
Presupuestos falsificados!
(Un presupuesto es tan natural como un árbol
Y un parlamento tan bello como una mariposa).
Hola el interés por todo en la vida,
Porque todo es la vida, desde los brillantes en los aparadores
Hasta la noche, puente misterioso entre los astros
Y el mar antiguo y solemne, bañando las costas
Y siendo misericordiosamente el mismo
Que era cuando Platón era realmente Platón
En su presencia real y en su carne con el alma dentro,
Y hablaba con Aristóteles, que no había de ser su discípulo.
Yo podría morir triturado por un motor
Con el sentimiento de deliciosa entrega de una mujer poseída.
¡Arrojadme a los hornos!
¡Metedme debajo de los trenes!
¡Azotadme a bordo de los barcos!
¡Masoquismo a través de maquinismos!
¡Sadismo de no sé qué moderno y yo mismo y barullo!
Hupla-ho jinete ganador del Derby,
¡Morder entre dientes tu gorra bicolor!
(¡Ser tan alto que no pudiera entrar por ninguna puerta!
¡Ah, mirar es para mí una perversión sexual!)
¡Eh-la, eh-la, eh-la, catedrales!
¡Dejadme romper la cabeza en vuestras esquinas,
Y ser recogido de la calle ensangrentado
¡Qué nadie sepa quién soy!
¡Oh tranvías, funiculares, metropolitanos,
Restregaos en mí hasta el espasmo!
¡Hilla! ¡huía! ¡hilla-ho!
Escupidme carcajadas en plena cara,
¡Oh, automóviles atestados de juerguistas y de putas,
Oh, multitudes cotidianas ni alegres ni tristes en las calles,
Río multicolor anónimo donde me puedo bañar como quería!
¡Ah, qué vidas complejas, qué de cosas en las casas de todo esto!
¡Ah, enterarse de la vida de todos, las dificultades de
dinero,
Los pleitos domésticos, los libertinajes que no se sospechan,
Los pensamientos que cada uno tiene a solas en su cuarto
Y los gestos que hace cuando nadie lo puede ver!
No saber todo esto es ignorar todo, oh rabia,
¡Oh, rabia que como una fiebre y un celo y una avidez
Me pone magro el rostro y me agita a veces las manos
Con absurdas crispaciones en plena mitad de las turbas en las
calles llenas de encontronazos!
¡Ah, y la gente ordinaria y sucia, que parece siempre la misma,
Que emplea palabrotas como palabras comunes,
Cuyos hijos roban en las puertas de las mercerías
Y cuyas hijas a los ocho años—y esto lo encuentro hermoso y lo
amo!—
Mas turban hombres de aspecto decente en los vanos de las
escaleras.
¡La gentuza que trepa a los andamios y regresa a casa
Por callejuelas casi irreales de estrechez y podredumbre.
Maravillosa gente humana que vive como los perros,
Que está por debajo de todos los sistemas morales,
Para quien ninguna religión se hizo,
Ni ningún arte se ha creado,
Ni ninguna política destinada a ellos!
¡Como os amo a todos por ser así,
Ni inmorales de tan bajos que sois, ni buenos ni malos,
Inalcanzables por todos los progresos,
Fauna maravillosa del fondo del mar de la vida!
(En la noria del huerto de mi casa
El burro da vueltas y vueltas,
Y el misterio del mundo es del tamaño de esto.
Limpia el sudor con el brazo, trabajador descontento.
La luz del sol sofoca el silencio de las esferas
Y habremos todos de morir,
Oh pinares sombríos al crepúsculo,
Pinares donde mi infancia era otra cosa
De lo que hoy soy...)
¡Mas, ah, otra vez la rabia mecánica, constante!
Otra vez la obsesión del movimiento de los autobuses.
Y otra vez la furia de estar yendo al mismo tiempo dentro de
todos los trenes
De todas partes del mundo,
De estar diciendo adiós a bordo de todos los barcos,
Que a estas horas levan anclas o se alejan de los muelles.
¡Oh hierro, oh acero, oh aluminio, oh planchas de hierro ondulado!
¡Oh muelles, oh puertos, oh trenes, oh grúas, oh remolcadores!
¡Eh-la grandes desastres de trenes!
¡Eh-la el derrumbe de las galerías de las minas!
¡Eh-la naufragios deliciosos de los grandes transatlánticos!
¡Eh-la-ho revoluciones aquí, allá, acullá,
¡Cambios de constituciones, guerras, tratados, invasiones,
Ruido, injusticias, violencias, y tal vez pronto el final,
La gran invasión de los bárbaros amarillos por Europa,
Y otro Sol en el nuevo Horizonte!
¿Qué importa todo esto, mas qué importa todo esto
Al fúlgido y encarnado ruido contemporáneo,
Al ruido cruel y delicioso de la civilización actual?
Todo esto acalla todo, salvo el Momento,
El Momento de tronco desnudo y caliente como un horno,
El Momento estridentemente ruidoso v mecánico,
El Momento dinámico pasaje de todas las bacantes
Del hierro y del bronce y de la borrachera de los metales.
Eh-a trenes, eh-a puentes, eh-a hoteles a la hora de la cena,
Eh-a aparejos de todas las especies, férreos, brutales, mínimos,
Instrumentos de precisión, trituradoras, cavadoras,
Ingenieros, brocas, máquinas rotativas!
¡Eh-a! ¡eh-a! ¡eh-a!
¡Eh-a electricidad, nervios enfermos de la Materia!
¡Eia telegrafía sin hilos, simpatía metálica del Inconsciente!
¡Eh-a túneles, eh-a canales, Panamá, Kiel, Suez!
¡Eh-a todo el pasado dentro del presente!
¡Eh-a todo el futuro ya dentro de nosotros! ¡eh-a!
Eia! eia! eia!
¡Frutos de hierro y herramienta del árbol-fábrica cosmopolita!
¡Eh-a! ¡eh-a! ¡eh-a!
No sé que existo hacia dentro. Giro, doy vueltas, me ingenio.
Me enganchan en todos los trenes.
Me izan en todos los muelles.
Giro en las hélices de todos los barcos.
¡Eh-a! ¡eh-a-ho! ¡eh-a!
¡Eh-a! ¡soy el calor mecánico y la electricidad!
¡Eh-a! y los rieles y las casas de máquinas y Europa!
¡Eh-a y hurra por mí todo, y todo máquinas, que trabajan, eh-a!
¡Trepar con todo por encima de todo! ¡Hup-la!
¡Hup la, hup la, hup-la-ho, hup-la!
¡He-ha! ¡He-ho! ¡Ho-o-o-o-o!
Z-z-z-z-z-z-z-z-z-z-z-z!
¡Ah no ser yo toda la gente y toda la parte!
Londres
LISBOA REVISITADA
1923
NO: NO quiero nada.
Ya dije que no quiero nada.
¡No me vengan con conclusiones!
La única conclusión es morir.
¡No me vengan con estéticas!
¡No me hablen de moral!
¡Aparten de aquí la metafísica!
No me pregonen sistemas completos, no me alineen conquistas
De las ciencias (¡de las ciencias, Dios mío, de las ciencias!)—
¡De las ciencias, de las artes, de la civilización moderna!
¿Qué mal hice a todos los dioses?
¡Si poseen la verdad, guárdensela!
Soy un técnico, pero tengo técnica sólo dentro de la técnica.
Fuera de eso soy loco, con todo el derecho a serlo.
Con todo el derecho a serlo, ¿oyeron?
¡No me fastidien, por amor de Dios!
¿Me querían casado, fútil, cotidiano y tributable?
¿Me querían lo contrario de esto, lo contrario de cualquier cosa?
Si yo fuese otra persona, les daría a todos gusto.
¡Así, como soy, tengan paciencia!
¡Váyanse al diablo sin mí,
O déjenme que me vaya al diablo solo!
¿Para qué hemos de ir juntos?
¡No me toquen en el brazo!
No me gusta que me toquen en el brazo. Quiero estar solo,
¡Ya dije que soy un solitario!
¡Ah, que fastidio querer que sea de la compañía!
Oh cielo azul —el mismo de mi infancia—,
¡Eterna verdad vacía y perfecta!
¡Oh suave Tajo ancestral y mudo,
Pequeña verdad donde el cielo se refleja!
¡Oh amargura revisitada, Lisboa de antaño de hoy!
¡Nada me das, nada me quitas, nada eres que yo me sienta!
¡Déjenme en Paz! No tardo, yo nunca tardo...
¡Y mientras tarda el Abismo y el Silencio quiero estar solo!
DOS FRAGMENTOS DE ODAS
(FINALES DE ODAS, NATURALMENTE)
30-6-1914
I
...............................................................................................
VEN, NOCHE antiquísima e idéntica,
Noche Reina nacida destronada,
Noche igual por dentro al silencio, Noche
Con estrellas, lentejuelas rápidas
En tu vestido con franjas de infinito.
Ven, vagamente,
Ven, levemente,
Ven, sola, solemne, con las manos caídas
A tu lado, ven
Y trae los montes lejanos al pie de los árboles cercanos,
Funde en un campo tuyo todos los campos que veo,
Haz de la montaña un solo bloque de tu cuerpo,
Bórrale todas las diferencias que de lejos veo,
Todos los caminos que la ascienden,
Todos los diversos árboles que la hacen verde oscuro a lo lejos.
Todas las casas blancas humeando entre los árboles,
Y deja sólo una luz y otra luz y otra más,
En la distancia imprecisa y vagamente perturbadora,
En la distancia súbitamente imposible de recorrer.
Nuestra señora
De las cosas imposibles que buscamos en vano,
De los sueños que acuden a nosotros en el crepúsculo, en la
ventana,
De los propósitos que nos acarician
En las grandes terrazas de los hoteles cosmopolitas
Al sonido europeo de las músicas y de las voces lejanas y cercanas,
Y que nos duele al saber que nunca los realizaremos...
Ven, y arrúllanos,
Ven y acarícianos,
Bésanos silenciosamente en la frente,
Tan levemente en la frente que no sepamos que nos besan
Sino por una diferencia en el alma
Y un vago sollozo que sale melodiosamente
De lo más antiquísimo de nosotros
Donde arraigan todos esos árboles de maravilla
Cuyos frutos son los sueños que acariciamos y amamos
Porque los sabemos sin relación con lo hay en la vida.
Ven solemnísima,
Solemnísima y llena
De una oculta voluntad de sollozar,
Tal vez porque el alma es grande y la vida pequeña,
Y todos los gestos no salen de nuestro cuerpo
Y sólo alcanzamos donde nuestro brazo llega,
Y sólo vemos hasta donde llega nuestra mirada.
Ven, dolorosa,
Mater-Dolorosa de las Angustias de los Tímidos,
Turris-Eburnea de las Tristezas de los Despreciados,
Fresca mano en la frente febril de los humildes,
Sabor de agua sobre los labios secos de los Cansados.
Ven, allá del fondo
Del horizonte lívido,
Ven y arráncame
De la soledad de angustia y de inutilidad
En que retoño.
Recógeme de mi suelo, margarita olvidada,
Hoja a hoja lee en mí no sé qué sino
Y deshójame a tu agrado,
A tu agrado silencioso y fresco.
Lanza una hoja mía lanza al Norte,
Donde están las ciudades de Hoy que tanto amé;
Lanza otra hoja mía lanza al Sur,
Donde están los mares que abrieron los Navegantes;
Otra hoja mía impulsa al Occidente,
Donde arde al rojo todo lo que tal vez sea el Futuro,
Que sin conocer adoro;
Y la otra y las otras, lo que queda de mí
Tira al Oriente,
Al Oriente de donde viene todo, el día y la fe,
Al Oriente pomposo y fanático y cálido,
Al Oriente excesivo que nunca veré,
Al Oriente budista, brahamánico, sintoísta,
Al Oriente que es todo lo que no tenemos,
Que es todo lo que no somos,
Al Oriente donde —¿quién sabe?— Cristo tal vez aún hoy viva,
Donde Dios tal vez exista realmente mandando todo...
Ven sobre los mares,
Sobre los mares mayores,
Sobre los mares sin horizontes precisos,
Ven a pasar la mano por el dorso de fiera,
Y cálmalo misteriosamente,
¡Oh, domadora hipnótica de las cosas que se agitan mucho!
Ven, cuidadosa,
Ven, maternal,
Pie a pie enfermera antiquísima que te sentaste
En la cabecera de los dioses de las fes ya perdidas,
Y que viste nacer a Jehová y Júpiter,
Y sonreíste porque todo te es falso e inútil.
Ven noche silenciosa y extática,
Ven a envolver en la noche con manto blanco
Mi corazón...
Serenamente como una brisa en la leve tarde,
Tranquilamente como un gesto materno que acaricia,
Con las estrellas luciendo en tus manos
Y la luna máscara misteriosa sobre tu rostro.
Todo los sonidos suenan de otra manera
Cuando tú vienes.
Cuando entras todas las voces bajan,
Nadie te ve entrar,
Nadie sabe cuándo entraste,
Sino de repente, viendo que todo se recoge,
Que todo pierde las aristas y los colores,
Y que en el alto cielo todavía muy azul
Creciendo ya nítido, o círculo blanco, o sólo luz nueva que viene,
La luna comienza a ser real.
II
¡Ah el crepúsculo, la noche que cae, las luces en las grandes
ciudades que se encienden,
Y la mano de misterio que ahoga el bullicio,
Y el cansancio de todo en nosotros que nos corrompe
Con una sensación exacta y precisa y activa de la Vida!
¡Cada calle es un canal de una Venecia de tedios
Y qué misteriosa la intimidad unánime de las calles,
De las calles al caer de la noche, oh Cesário Verde, oh Maestro,
Oh, del «Sentimiento de un Occidental»!
¡Qué inquietud profunda, qué deseo de otras cosas,
Que ni son países, ni momentos, ni vidas,
Qué deseo tal vez de otros modos de estados de alma
Humedece interiormente el lento y lejano instante!
Un horror sonámbulo entre luces que se encienden,
Un pavor tierno y líquido, apoyado en las esquinas
Como un mendigo de sensaciones imposibles
Que no sabe quién las pueda dar...
Cuando muera,
Cuando me vaya, vilmente, como toda la gente,
Por aquel camino cuya idea no se puede encarar de frente,
Por aquella puerta a la que, si pudiésemos asomar, no
asomaríamos,
Hacia aquel puerto que el capitán del Barco no conoce,
Sea por esta hora digna de los tedios que tuve,
Por esta hora mística y espiritual y antiquísima,
Por esta hora en que tal vez, hace mucho más tiempo del que
parece,
Platón soñando vio la idea de Dios
Esculpir cuerpo y existencia nítidamente plausibles
Dentro de su pensamiento exteriorizado como un campo.
Sea por esta hora en que me lleváis a enterrar,
Por esta hora que no sé como vivir,
En que no sé que sensaciones tener o fingir que tengo,
Por esta hora cuya misericordia es torturada y excesiva,
Cuya sombras vienen de cualquier otra cosa que no las cosas,
Cuyo pasaje no roza vestidos en el suelo de la Vida Sensible
Ni deja perfume en los caminos de la Mirada.
15-4-1928
¡MAESTRO, mi querido maestro!
¡Corazón de mi cuerpo intelectual y entero!
¡Vida del origen de mi inspiración!
Maestro, ¿qué se hizo de ti en esta forma de vida?
No te importó si morías, si vivirías, ni tú ni nada,
Alma abstracta y visual hasta los huesos,
Atención maravillosa al mundo exterior siempre múltiple,
Refugio de saudades de todos los dioses antiguos,
Espíritu humano de la tierra materna,
Flor encima del diluvio de la inteligencia subjetiva...
¡Maestro, mi maestro!
En la angustia sensacionista de todos los días sentidos,
En la amargura cotidiana de las matemáticas del ser,
Yo, esclavo de todo como un polvo de todos los vientos,
¡Alzo las manos hacia ti, que estás lejos, tan lejos de mí!
¡Mi maestro y mi guía!
A quien ninguna cosa hirió, ni dolió, ni perturbó,
Seguro como un sol haciendo su día involuntariamente,
Natural como un día mostrando todo,
Maestro mío, mi corazón no aprendió tu serenidad.
Mi corazón no aprendió nada.
Mi corazón no es nada,
Mi corazón está perdido.
Maestro, sólo sería como tú si yo hubiera sido tú.
¡Qué triste la gran hora alegre en que primero te oí!
Después todo es cansancio en este mundo subjetivado,
Todo es esfuerzo en este mundo donde se quieren cosas,
Todo es mentira en este mundo donde se piensan cosas,
Todo es otra cosa en este mundo donde todo se siente.
Después, he sido como un mendigo dejado a la intemperie
Por la indiferencia de toda la aldea,
Después, he sido como las yerbas arrancadas,
Dejadas en manojos en alineamientos sin sentido.
Después, he sido yo, sí yo, para mi desgracia,
Y yo, por mi desgracia, no soy yo ni otro ni nadie.
Después, por qué enseñaste la nitidez de la vista,
¿Si no me pudiste enseñar a tener el alma con qué verla clara?
¿Por qué me llamaste hacia lo alto de los montes
Si yo, criatura de las ciudades del valle, no sabía respirar?
¿Por qué me diste tu alma si yo no sabía qué hacer con ella
Como quien está cargado de oro en un desierto,
O canta con voz divina entre ruinas?
¿Por qué me despertaste para la sensación y el alma nueva,
Si yo no sabré sentir, si mi alma es siempre mía?
Pluguiera al Dios ignoto que siempre fuera yo aquel
Poeta decadente, estúpidamente pretencioso,
Que podría al menos venir a agradar,
Y no surgiera en mí la pavorosa ciencia de ver.
¿Para qué me hiciste yo? ¡Me hubieras dejado ser humano!
Feliz el hombre ordinario,
Que tiene su tarea cotidiana normal, tan leve aunque pesada,
Que tiene su vida común,
Para quien el placer es placer y el recreo es recreo,
Que duerme el dormir,
Que come comida,
Que bebe bebida, y por eso tiene alegría.
La calma que tenías, me la diste, y me fue inquietud.
Me liberaste, pero el destino humano es ser esclavo.
Me despertaste, pero el sentido de ser humano es dormir.
11-5-1928
EN LA NOCHE terrible, substancia natural de todas las noches,
la noche de insomnio, substancia natural de todas mis noches,
Recuerdo, velando en modorra incómoda,
Recuerdo lo que hice y lo que pude haber hecho en la vida.
Recuerdo, y una angustia
Se difunde completamente por mí como un frío del cuerpo o
un miedo.
Lo irreparable de mi pasado —¡ése es el cadáver!
Puede ser que sean ilusión todos los demás cadáveres.
Puede que estén vivos en otra parte todos los muertos.
Puede que existan en otro lugar todos mis propios momentos
pasados,
En la ilusión del espacio y del tiempo,
En la falsedad del transcurrir.
Pero lo que yo no fui, lo que no hice, lo que ni siquiera soñé;
Lo que sólo ahora veo que debió hacerse,
Lo que sólo ahora claramente veo que debió haber sido —
Eso que está muerto más allá de todos los Dioses,
Eso —y fue al final lo mejor de mí— pues ni los Dioses hacen
vivir...
Si en cierto momento
Me hubiera vuelto hacia la izquierda en lugar de hacia la derecha,
Si en cierto momento
Hubiese dicho sí en lugar de no, o no en lugar de sí;
Si en cierta plática
Hubiera tenido las frases que sólo ahora elaboro en la duermevela—
Si todo ello hubiese sido así,
Hoy sería otro, y tal vez el universo entero
Sería insensiblemente llevado a ser otro también.
Pero no me volví hacia el lado irreparablemente perdido.
No me vuelvo ni pienso en volverme, y sólo ahora lo percibo;
Pero no dije no o no dije sí, y sólo ahora veo lo que no dije;
Pero las frases que hubo que decir en ese momento se parecen
todas,
Claras, inevitables, naturales,
La conversación terminada concluyentemente,
El asunto todo resuelto...
Pero sólo ahora, lo que nunca fue ni será hacia atrás, me duele.
En lo que fallé de veras no tiene ninguna esperanza,
En ningún sistema metafísico.
Puede ser que para otro mundo yo pueda llevar lo que soñé,
¿Pero podré llevar a otro mundo lo que me olvidé de soñar?
Esto sí, los sueños por haber, son el cadáver.
Lo entierro en mi corazón para siempre, para todo el tiempo, para
todos los universos,
En esta noche en que no duermo y la quietud me cerca
Como una verdad de la que no comparto,
Y allá fuera el luar, como la esperanza que no tengo, es invisible
para mí.
APLAZAMIENTO
14-4-1928
Después de mañana, sí, sólo después de mañana...
Llevaré el día de mañana pensando en después de mañana,
Y sí será posible; pero hoy no...
No, hoy nada; hoy no puedo.
La persistencia confusa de mi subjetividad objetiva,
El sueño de mi vida real, intercalado,
El cansancio anticipado e infinito,
Un cansancio de mundos para tomar un tranvía...
Esta especie de alma...
Sólo después de mañana...
Hoy quiero prepararme,
Quiero prepararme para pensar mañana en el día siguiente...
Es él que es decisivo.
Tengo ya el plano trazado; pero no, hoy no dibujo planos...
Mañana es el día de los planos.
Mañana me sentaré en el escritorio para conquistar el mundo;
Pero sólo conquistaré el mundo después de mañana...
Tengo ganas de llorar,
De repente tengo ganas de llorar mucho, desde dentro...
No, no quieran saber nada más, es secreto, no lo digo.
Sólo después de mañana...
Cuando era niño, el circo del domingo me divertía por toda la
semana.
Hoy sólo me divierte el circo del domingo de toda la semana de mi
infancia...
Después de mañana seré otro,
Mi vida ha de triunfar,
Todas mis cualidades reales de inteligente, leído y práctico
Serán convocadas por un bando...
Pero por un bando de mañana...
Hoy quiero dormir, redactaré mañana...
Por hoy, ¿cuál es el espectáculo que me repetiría la infancia?
Para comprar incluso los boletos de mañana,
Pues para pasado mañana estará bien el espectáculo...
Antes, no...
Pasado mañana tendré la pose pública que mañana estudiaré.
Pasado mañana seré finalmente el que hoy no puedo nunca ser.
Sólo después de mañana...
Tengo sueño como el frío de un perro vagabundo.
Tengo mucho sueño.
Mañana te diré las palabras, o pasado mañana...
Sí, tal vez sólo después de pasado mañana...
El porvenir...
Sí, el porvenir...
TABAQUERÍA
15-1-1928
NO SOY nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
A parte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.
Ventanas de mi cuarto,
De mi cuarto de uno de los millones en el mundo que nadie sabe
quién es
(Y si supiesen, ¿qué sabrían?),
Dais al misterio de una calle cruzada constantemente por gente,
A una calle inaccesible a todos los pensamientos,
Real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta,
Con el misterio de las cosas bajo las piedras y los seres,
Con la muerte que mancha de humedad las paredes y hace
blancos los cabellos de los hombres,
Con el Destino que conduce la carroza de todo por el camino de
nada.
Estoy hoy vencido, como si supiese la verdad.
Estoy hoy lúcido, como si estuviese por morir,
Y no tuviese más hermandad con las cosas
Que la de una despedida, tornándose esta casa a este lado de la
calle
La hilera de vagones de un tren, y el silbido de una partida
Dentro de mi cabeza,
Y una sacudida de mis nervios y un chirriar de huesos al arrancar.
Estoy hoy perplejo, como quien pensó y halló y olvidó.
Estoy hoy dividido entre la lealtad que debo
A la Tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
Y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.
Fallé en todo.
Como no hice ningún propósito, tal vez todo fuese nada.
El aprendizaje que me dieron,
Descendí por la ventana trasera de la casa.
Fui al campo con grandes propósitos.
Pero allí sólo encontré yerbas y árboles,
Y cuando había gente era igual a la otra.
Me retiro de la ventana y me siento en una silla. ¿En qué he de
pensar?
¿Qué sé yo lo que seré, yo, que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? ¡Pienso ser tanta cosa!
¡Y hay tantos que piensan ser la misma cosa que no puede haber
tantos!
¿Genio? En este momento
Cien mil cerebros se piensan en sueños genios como yo,
Y la historia no señalará, ¿quién sabe? ni a uno,
No habrá sino un muladar para tantas futuras conquistas.
No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay tantos locos deschavetados con
tantas certezas!
Yo, que no tengo ninguna certeza, ¿soy más cierto o menos cierto?
No, ni en mí...
¿En cuántas buhardillas y no buhardillas del mundo
No están en esta hora genios-para-sí-mismos soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas—
Sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas—,
Y quién sabe si realizables,
¿Nunca verán la luz del sol real ni hallaran oídos de nadie?
El mundo es de quien nace para conquistarlo
Y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga
razón.
He soñado más que Napoleón.
He abrazado contra el pecho hipotético más humanidades que
Cristo.
Hice filosofías en secreto que ningún Kant escribió.
Pero soy, y tal vez seré siempre, el de la buhardilla,
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