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Fernando Pessoa: corazón de nadie. A su propio encuentro (página 3)


Partes: 1, 2, 3


Aunque no viva en ella;

Seré siempre el que no nació para esto,

Seré siempre sólo el que tenía cualidades;

Seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie

de una pared sin puerta,

Y cantó la cantiga del Infinito en un gallinero,

Y escuchó la voz de Dios en un pozo cegado.

¿Creer en mí? No, ni en nada.

Que me derrame la Naturaleza sobre la cabeza ardiente

Su sol, su lluvia, el viento que me despeina,

Y lo demás que venga si viene o que tenga que venir, o que no

venga.

Esclavos cardíacos de las estrellas,

Conquistamos todo el mundo antes de levantarnos de la cama;

Pero nos despertamos y él es opaco,

Nos levantamos y es ajeno,

Salimos de casa y es la tierra entera,

Más el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.

(Come chocolates, niña;

¡Come chocolates!

Mira que no hay más metafísica en el mundo que la de los

chocolates.

Mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.

¡Come, niña sucia, come!

¡Si pudiera yo comer chocolates con la misma verdad con que tú

los comes!

Pero yo pienso y, al quitarles el papel plateado, que es de estaño,

Arrojo todo al suelo, como tiré la vida.)

Pero queda al menos de la amargura de lo que nunca seré

La caligrafía rápida de estos versos,

Pórtico hendido hacia lo Imposible.

Pero al menos dedico a mí mismo un desprecio sin lágrimas,

Noble al menos por el gesto amplio con que arrojo

La ropa sucia que soy, sin motivo, para el decurso de las cosas,

Y me quedo en casa sin camisa.

(Tú que consuelas, que no existes y por eso consuelas,

O diosa griega, concebida como estatua con vida,

O patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,

O princesa de trovadores, gentilísima y colorida,

O marquesa del siglo dieciocho, escotada y distante,

O cocotte célebre del tiempo de nuestros padres,

O no sé qué moderno —no concibo bien qué—,

Todo eso, sea lo que fuera, lo que sea, si puede inspirar ¡qué

inspire!

Mi corazón es un balde vacío.

Como invocan espíritus los que invocan espíritus me invoco

Me invoco a mí mismo y nada encuentro.

Me acerco a la ventana y veo la calle con una nitidez absoluta.

Veo las tiendas, veo las aceras, veo los coches que pasan.

Veo los entes vivos vestidos que se cruzan,

Veo los perros que también existen,

Y todo esto me pesa como un condena al destierro,

Y todo esto es extranjero, como todo.)

Viví, estudié, amé y hasta creí,

Y hoy no hay mendigo al que no envidie sólo por no ser yo.

En cada uno miro los andrajos y las llagas y la mentira,

Y pienso: tal vez nunca hayas vivido ni estudiado ni amado ni

creído

(Porque es posible hacer la realidad de todo eso sin hacer

nada de eso);

Tal vez hayas existido apenas, como un lagarto a quien cortan

la cola

Y que es cola más acá del lagarto que se retuerce.

Hice de mí lo que no supe,

Y lo que pude hacer de mí no lo hice.

Vestí un disfraz equivocado.

Me tomaron enseguida por quien no era, y no lo desmentí, y me

perdí.

Cuando quise arrancarme la máscara,

Estaba pegada a la cara.

Cuando la arrojé y me vi en el espejo,

Ya había envejecido.

Estaba borracho, y no sabía vestir el disfraz que no me había

quitado.

Arrojé la mascara y dormí en el vestidor

Como un perro tolerado por la gerencia

Por ser inofensivo

Y voy a escribir esta historia para probar que soy sublime.

Esencia musical de mis versos inútiles,

quién pudiera encontrarte como cosas que yo hice,

Y no quedarme siempre enfrente de la Tabaquería de enfrente,

Pisoteando la conciencia de estar existiendo,

Como un tapete con el que tropieza un borracho

O la esterilla que los gitanos roban y no vale nada.

Pero el Dueño de la Tabaquería se asomó a la puerta y se quedó

en ella.

Lo miro con la incomodidad de la cabeza torcida

Y con la incomodidad de una alma que mal entiende.

Él morirá y yo moriré.

Él dejará el letrero, yo dejaré versos.

Y un día morirá el letrero y también mis versos.

Después morirá la calle donde estuvo el letrero,

Y la lengua en que fueron escritos los versos.

Morirá después el planeta girante en que todo esto sucedió.

En otros satélites de otros sistemas cualquier cosa como nosotros

Continuará haciendo cosas como versos y viviendo debajo de las

cosas como letreros,

Siempre una cosa frente a otra,

Siempre una cosa tan inútil como la otra.

Siempre lo imposible tan estúpido como lo real,

Siempre el misterio del fondo tan cierto como el sueño del

misterio de la superficie,

Siempre ésta o aquella cosa o ni una ni la otra cosa.

Pero un hombre entró en la Tabaquería (¿a comprar tabaco?),

Y la realidad plausible cae de repente sobre mí.

Me incorporo a medias enérgico, convencido, humano,

Y voy a intentar escribir estos versos en los que digo lo contrario.

Enciendo un cigarro al pensar en escribirlos

Y saboreo en el cigarro la liberación de todos los pensamientos.

Sigo el humo como mi camino,

Y gozo, en un momento sensitivo y adecuado,

La liberación de todas las especulaciones

Y la conciencia de que la metafísica es la consecuencia de una

indisposición.

Después me reclino en la silla

Y sigo fumando.

Seguiré fumando hasta que el Destino me lo permita.

(Si me casase con la hija de mi lavandera

Tal vez sería feliz.)

Visto esto, me levanto de la silla. Me acerco a la ventana.

El hombre salió de la Tabaquería (¿guarda el cambio en el bolsillo

del pantalón?).

Ah, lo conozco: es Esteves sin metafísica.

(El Dueño de la Tabaquería llegó a la puerta.)

Como por un instinto divino, Esteves se volvió y me vio.

Hizo una señal de adiós, le grité ¡Adiós, Esteves!, y el universo

Se reconstruye en mí sin ideal ni esperanza, y el Dueño de la

Tabaquería sonrió.

APOSTILLA

11-4-1928

¡APROVECHAR el tiempo!

Pero qué es el tiempo, ¿para que yo lo aproveche?

¡Aprovechar el tiempo!

Ni un día sin línea...

El trabajo honesto y superior...

El trabajo para Virgilio, para Milton...

¡Pero es tan difícil ser honesto o ser superior!

¡Es tan poco probable ser Milton o ser Virgilio!

¡Aprovechar el tiempo!

Arrancar del alma los pedazos precisos —ni más ni menos—

Para con ellos juntar los cubos ajustados

Que hacen estampas ciertas en la historia

(Y están ciertas también del lado de abajo, que no se ve)...

Poner las sensaciones en castillo de naipes, pobre China de las

veladas,

Y los pensamientos en dominó, igual contra igual,

Y la voluntad en carambola difícil...

Imágenes de juegos o de paciencias o de pasatiempos—

Imágenes de vida, imágenes de las vidas, Imagen de la Vida.

Verbalismo...

Sí, verbalismo...

¡Aprovechar el tiempo!

No tener un minuto que desconozca el examen de conciencia..

No tener un acto indefinido ni ficticio...

No tener un movimiento disconforme con propósitos...

Buenas maneras del alma...

Elegancia de persistir...

¡Aprovechar el tiempo!

Mi corazón está cansado como un mendigo verdadero.

Mi cerebro está listo como un bulto colocado en un rincón.

Mi canto (¡verbalismo!) está tal como está y es triste.

¡Aprovechar el tiempo!

Desde que comencé a escribir pasaron cinco minutos.

¿Los aproveché o no?

Si no sé si los aproveché, ¡¿qué sabré de otros minutos?!

(Pasajera que viajas tantas veces en el mismo compartimento

conmigo

En el tren suburbano,

¿Llegaste a interesarte en mí?

¿Aproveché el tiempo mirándote?

¿Cuál fue el ritmo de nuestro sosiego en el tren andante?

¿Cuál fue el entendimiento que no llegamos a tener?

¿Cuál fue la vida que hubo en esto? ¿Qué fue esto para la vida?)

¡Aprovechar el tiempo!

¡Ah, déjenme que no aproveche nada!

¡Ni tiempo, ni ser, ni memorias de tiempo o de ser!

Déjenme ser una hoja de árbol, sacudida por la brisa,

La polvareda de un camino, involuntario y solo,

El arroyo casual de las lluvias que se acaban,

El surco que hacen en los caminos las ruedas mientras no vienen

otras,

El trompo del muchacho que va a detenerse,

Y oscila, con el mismo movimiento que tiene la tierra,

Y se estremece, con el mismo movimiento que tiene el alma,

Y cae, como caen los dioses, en el suelo del Destino.

DEMOGOGON

12-4-1928

EN LA CALLE LLENA de sol vago hay casas detenidas y gente que

camina.

Una tristeza llena de pavor me cala.

Presiento un suceso más allá de las fachadas y de los movimientos.

¡No, no, eso no!

Todo menos saber lo que es el Misterio!

¡Superficie del Universo, oh Párpados Descendidos,

No os alcéis nunca!

¡La mirada de la Verdad Final no debe poder soportarse!

¡Dejadme vivir sin saber nada, y morir sin saber nada!

La razón de haber ser, la razón de haber seres, de haber todo,

Debe traer una locura mayor que los espacios

entre las almas y entre las estrellas.

¡No, no, la verdad no! Dejadme estas casas y esta gente;

Tal cual, si nada más, estas casas y esta gente...

¿Qué aliento horrible y frío toca mis ojos cerrados?

¡No los quiero abrir a la vida! ¡Oh Verdad, olvídate de mí!

82

Ricardo Reis

16-6-1932

SEVERO NARRO. Cuanto siento, pienso,

Palabras son ideas.

Murmurante, el río pasa, y el sonido que no pasa,

Es nuestro, no del río.

Así quisiera el verso: mío y ajeno

Y por mí mismo leído

85

14-2-1933

PARA SER GRANDE, sé entero: nada

Tuyo exagera o excluye.

Sé todo en dada cosa. Pon cuanto eres

En lo mínimo que haces,

Así en cada lago la luna entera

Brilla, porque alta vive.

31-7-1930

SERENO AGUARDA el fin que poco tarda.

¿Qué es cualquier vida? Breve soles y sueño.

Cuánto piensas emplea

En no muchos pensamientos.

Para el nauta el mar oscuro es la ruta clara,

Tú, en la confusa soledad de la vida,

A ti mismo te elige

(No sabes de otro) el puerto.

.

17-11-1923

COMO si cada beso

Fuera de despedida,

Cloe mía, besémonos, amando.

Tal vez ya nos toque

En el hombro la mano que llama

A la barca que no viene sino vacía;

Y que en el mismo haz

Ata lo que fuimos mutuamente

Y la ajena suma universal de la vida.

88

12-6-1914

VEN Y SIÉNTATE conmigo, Lidia, a la orilla del río

Sosegadamente miremos su curso y aprendamos

Que la vida pasa y no estamos con las manos entrelazadas.

(Entrelacemos las manos).

Después pensemos, niños adultos, que la vida

Pasa y no queda, nada deja y nunca regresa,

Se va hacia un mar muy lejano, se va junto al Hado,

Más lejos que los dioses.

Desenlacemos nuestras manos pues no hay por que cansarse.

Gozando, no gozando, pasamos como el río.

Más vale saber pasar silenciosamente

Y sin grandes desasosiegos.

Sin amores, ni odios, ni pasiones que alzan la voz,

Ni envidias que dan demasiado movimiento a los ojos,

Ni cuidados, pues teniéndolos el río siempre correría,

Y siempre iría a dar al mar.

Amémonos tranquilamente, pensando que podríamos,

Si quisiéramos, cambiar besos y abrazos y caricias,

Pero más vale sentarse uno junto al otro

Oyendo correr el río y viéndolo.

Cortemos flores, tómalas y ponlas

En el regazo y que su perfume suavice el momento—

Este momento en que sosegadamente no creemos en nada,

Inocentes paganos de la decadencia.

Al menos, si fuere sombra antes, te acordarás de mi después

Sin que mi recuerdo te queme, te hiera o te mueva,

Porque nunca entrelazamos las manos, ni nos besamos

Ni fuimos más que niños.

Y si antes de mí llevaras el óbolo al barquero sombrío,

Nada tendré que sufrir al acordarme de ti.

Me serás suave a la memoria, recordándote así —a la orilla del río.

Triste pagana y con flores en el regazo.

16-6-1914

EN LA LEJANÍA los montes tienen nieve al sol,

Pero es suave ya el frío calmado

Que alisa y agudiza

Los dardos del sol alto,

Hoy, Neera, no nos escondamos,

Nada nos falta porque nada somos.

No esperamos nada

Y sentimos frío al sol.

Más tal como es, gocemos el momento,

Solemnes en la alegría levemente,

Y aguardando la muerte

Como quien la conoce.

BOCAS ROJAS de vino,

Frentes blancas bajo rosas,

Desnudos, blancos antebrazos

Reposados sobre la mesa,

Que así sea, Lidia, el cuadro

En que quedemos, mudos,

Eternamente inscritos

En la conciencia de los dioses.

Antes esto y no la vida

Que los hombres viven,

Llena del negro polvo

Que alzan de los caminos.

Sólo socorren los dioses

Con su ejemplo a aquellos

Que nada más pretenden

Irse en el río de las cosas.

OÍ CONTAR que antaño, cuando Persia

Libraba no sé cual guerra,

Cuando la invasión ardía en la Ciudad

Y las mujeres gritaban,

Dos jugadores de ajedrez jugaban

Su juego continuo.

A la sombra de amplio árbol miraban

El tablero antiguo,

Y junto a cada uno, esperando sus

Momentos más holgados,

Cuando había movido la pieza, y ahora

Esperaba al oponente,

Un búcaro con vino refrescaba

Sobriamente su sed.

Ardían casas, saqueadas eran

Arcas y paredes,

Violadas, las mujeres eran puestas

Contra los muros caídos,

Atravesados por lanzas, los niños

Eran sangre en las calles...

Pero donde estaban, cerca de la ciudad,

Y lejos de su ruido,

Los jugadores de ajedrez jugaban

El juego del ajedrez.

Aunque en los mensajes del yermo viento

Les llegaran los gritos,

Y, al pensar, supiesen desde el alma

Que por cierto las mujeres

Y las tiernas hijas violadas eran

En esa distancia próxima,

Aunque, en el momento en que lo pensaban,

Una sombra ligera

Pasara por su frente ajena y vaga,

Pronto sus ojos tranquilos

Volvían su atenta confianza

Al viejo tablero.

Cuando el rey de marfil está en peligro,

¿Qué importa la carne y el hueso

De las hermanas y de la madre y de los niños?

Cuando la torre no cubre

La retirada de la Reina blanca,

El saqueo poco importa.

Y cuando la mano confiada lleva el jaque

Al rey del adversario,

Poco pesa en el alma que allá lejos

Estén muriendo hijos.

Aunque, de repente, sobre el muro

Surja la sañuda cara

De un guerrero invasor, y pronto deba

En sangre allí caer

El solemne jugador de ajedrez,

El momento antes de este

(Es aún dado al cálculo de un lance

Para el efecto horas después)

Se entrega aún al juego predilecto

De los grandes indiferentes.

Caigan ciudades, sufran pueblos, cese

La libertad y la vida.

Los haberes tranquilos y amados

Arden y que se arranquen

Mas cuando la guerra los juegos interrumpa,

Esté el rey sin jaque,

Y el peón de marfil más avanzado

Dispuesto a comprar la torre.

Hermanos míos amando a Epicuro

Y a entenderlo más

De acuerdo con nosotros que con él,

Aprendamos en la historia

De los calmados jugadores de ajedrez

Cómo pasar la vida.

Que todo lo serio poco nos importe,

Lo grave poco pese,

El natural impulso de los instintos

Cede al inútil goce

(Bajo la tranquila sombra de la arboleda)

De jugar un buen jugo.

Lo que llevamos de esta vida inútil

Tanto vale si es

La gloria, la fama, el amor, la ciencia, la vida,

Como si fuera apenas

La memoria de un juego bien jugado

Y una partida ganada

A un jugador mejor.

La gloria pesa como un fardo caro,

La fama como la fiebre,

El amor cansa pues es un serio y busca,

La ciencia nunca encuentra,

Y la vida pasa y duele porque lo conoce...

El juego del ajedrez

Prende el alma toda, pero perdido, poco

Pesa, pues no es nada.

¡Ah! Bajo las sombras que sin querer nos aman,

Con un búcaro de vino

Al lado y sólo atentos a la inútil faena

Del juego de ajedrez

Aunque el juego sea apenas sueño

Y no haya compañero de juego,

Imitemos a los persas de esta historia,

Y mientras allá fuera,

O cerca o lejos, la guerra y la patria y la vida

Llaman por nosotros dejemos

Que en vano nos llamen, cada uno de nosotros

Bajo las sombras amigas

Soñando, él y los compañeros de juego y el ajedrez

Su indiferencia.

96

1-6-1916

PREFIERO ROSAS, amor mío, a la patria,

Y antes amo magnolias

Que a la gloria y la virtud.

Siempre que la vida no me canse, dejo

Que la vida por mí pase

Siempre que yo sea el mismo.

Qué importa al que ya nada importa

Que uno pierda y otro venza,

Si la aurora raya siempre,

¿Si cada año con la Primavera

Las hojas aparecen

Y con el otoño cesan?

¿Y lo demás, las otras cosas que los humanos

Acrecientan a la vida,

Me aumentan en el alma?

Nada, salvo el deseo de indiferencia

Y la confianza blanda

En la hora fugitiva.

97

10-8-1932

NADIE a otro ama, sino que ama

Lo que de sí hay en él, o se supone.

Que no te pese que no te amen. Te sienten

Quien eres, y eres extranjero.

Cuida de ser quien eres. Te aman o nunca.

Firme contigo, sufrirás avaro

De penas.

98

9-6-1932

LIDIA, ignoramos. Somos extranjeros

Donde quiera que estemos.

Lidia, ignoramos, somos extranjeros

Donde quiera que habitemos. Todo es ajeno

Y no habla nuestro idioma.

Hagamos de nosotros el retiro

Donde escondernos, tímidos por el insulto

Del tumulto del mundo.

¿Qué quiere el amor más que no ser de los otros?

Como un secreto dicho en los misterios,

Sea sagrado por nuestro.

99

QUEDA de nada. Nada somos.

Un poco al sol y al aire nos retrasamos

De la irrespirable tiniebla que nos pesa

De la humilde tierra impuesta,

Cadáveres aplazados que procrean.

Leyes hechas, estatuas vistas, odas terminadas—

Todo tiene su cueva, si nosotros, carnes

A las que un íntimo sol da sangre, tenemos

Poniente, ¿Por qué no ellas?

Somos cuentos contando cuentos, nada.

100

2-3-1933

QUIERO IGNORADO, y sereno

Por ignorado, y propio

Por sereno llenar mis días

De no querer más de ellos.

A los que la riqueza toca

El oro irrita la piel

A los que la fama sopla aliento

Empaña la vida.

Para los que la felicidad

Es sol, vendrá la noche.

Pero al que nada espera

Todo lo que venga es grato.

101

3-6-1926

YA SOBRE la frente vana encanece

El pelo del joven que perdí.

Mis ojos brillan menos.

No tiene ya derecho a besos mi boca.

Si me amas todavía, por amor no ames:

Me traicionarías conmigo.

102

28-9-1932

NO SOLO VINO, sino en él el olvido echo

En la copa: seré alegre pues la dicha

Es ignara. ¿Quién, recordando

O previendo, sonriera?

De los brutos, no la vida, sino el alma,

Consigamos, pensando recogidos

En el impalpable destino

Que no espera ni recuerda.

Con mano mortal elevo a la mortal boca

En frágil copa el pasajero vino,

Empañados los ojos hechos

Para dejar de ver.

103

13-6-1926

¡CUANTA TRISTEZA y amargura ahoga

En confusión la estrecha vida!

¡Cuánto infortunio mezquino

Nos oprime supremo!

Feliz del bruto que en los verdes campos

Pace, para sí mismo anónimo, y entra

En la muerte como en casa.

O el sabio que, perdido

En la ciencia, la fútil vida austera eleva

Más allá de la nuestra, como el humo que alza

Brazos que se deshacen

A un cielo inexistente.

104

25-12-1923

MIRO los campos, Neera,

Campos, campos, y sufro

Ya el frío de la sombra

En que no tendré ojos.

La calavera presiento

Que seré no sintiendo,

O sólo cuanto lo que ignoro

Me entregue incógnito.

Y menos al instante

Lloro, que a mí futuro,

Subdito ausente y nulo

Del universal destino.

106

Alberto Caeiro

107

EL GUARDADOR DE REBAÑOS

VII

DESDE MI ALDEA veo cuanto de la tierra se puede ver del Universo.

Por eso mi aldea es tan grande como cualquier otra tierra

Porque soy del tamaño de lo que veo

Y no del tamaño de mi altura...

En las ciudades la vida es más pequeña

Que aquí en mi casa en la cima de este monte

En la ciudad las grandes casas cierran la mirada con llave,

Esconden el horizonte empujan nuestra mirada lejos de todo el

cielo,

Nos hacen pequeños porque nos sacan todo y así no podemos

mirar,

Y nos hacen pobres porque nuestra única riqueza es ver.

VIII

EN UN MEDIODÍA de fin de primavera

Tuve un sueño como una fotografía.

Vi a Jesucristo bajar a la tierra.

Vino por la falda de un monte

Nuevamente como un niño,

Corriendo y rodando por la yerba

Y arrancando flores para tirarlas

Con una risa que se oía a lo lejos.

Había huido del cielo,

Era demasiado nuestro para fingirse

La segunda persona de la Trinidad.

108

En el cielo todo era falso, todo estaba en desacuerdo

Con flores y árboles y piedras.

En el cielo debía estar siempre serio

Y alguna vez volverse hombre nuevamente

Y subir a la cruz, y estar siempre muriendo

Con una corona hecha toda de espinos

Y los pies clavados con un clavo con cabeza,

Y hasta con un paño alrededor de la cintura

Como los negros en las ilustraciones.

Ni siquiera le dejaban tener padre y madre

Como los demás niños.

Su padre era dos personas—

Un viejo llamado José, que era carpintero,

Y que no era su padre;

Y otro padre que era una paloma estúpida,

La única paloma fea del mundo

Porque no era del mundo ni era paloma.

Y su madre no había amado antes de tenerlo.

No era mujer; era la maleta

En la que él había venido del cielo.

Y que rían que tan sólo nacido de madre,

Y sin padre para amar con respeto,

¡Predicara la bondad y lajusticia!

Un día en que Dios se hallaba durmiendo

Y el Espíritu Santo andaba volando,

Fue a la caja de los milagros y robó tres.

Con el primero hizo que nadie supiera que había huido.

Con el segundo se creó eternamente humano y niño.

Con el tercero creó un Cristo eternamente en la cruz

109

Y lo dejó clavado en la cruz que hay en el cielo

Y sirve de modelo a las demás.

Después huyó hacia el sol

Y bajó por el primer rayo que cogió.

Hoy vive conmigo en mi aldea.

Es un lindo niño risueño y natural.

Se limpia la nariz con el brazo derecho,

Chapotea en los charcos,

Arranca flores, las quiere y las olvida.

Arroja piedras a los burros,

Roba fruta en las huertas

Y huye de los perros llorando y gritando.

Y, porque sabe que a ellas no les gusta

Y que todos se ríen,

Corre detrás de las muchachas

Que van en grupo por los caminos

Con los cántaros en la cabeza

Y les levanta las faldas.

A mí me enseñó todo.

Me enseñó a mirar las cosas.

Me muestra todas las cosas que hay en las flores.

Me hace ver como son graciosas las piedras

Cuando las tenemos en la mano

Y las mira despacio.

Me habla muy mal de Dios.

Dice que es un viejo estúpido y enfermo,

Siempre escupiendo en el suelo

Y diciendo groserías.

La Virgen María pasa las tardes de la Eternidad tejiendo calcetas

Y el Espíritu Santo se rasca con el pico

110

Y se retrepa en las sillas y las ensucia.

Todo en el cielo es estúpido como en la iglesia católica.

Me dice que Dios nada entiende

De las cosas que creó—

«Si es que él las creó, que lo dudo»—

«Él dice, por ejemplo, que los seres cantan su gloria,

Pero los seres no cantan nada,

Si cantaran serían cantores.

Los seres existen y nada más,

Y por eso se llaman seres.»

Y después, cansados de hablar mal de Dios,

El niño Jesús se duerme en mis brazos

Y lo llevo cargando hacia la casa.

.......................................................................................

Él vive conmigo en mi casa a la mitad del monte.

Él es el eterno niño, el Dios que faltaba.

Él es lo humano que es natural.

Él es lo divino que sonríe y que juega.

Y así es que sé con toda certeza

Que es él el Niño Jesús verdadero.

Y el niño tan humano que es divino

Es ésta mi cotidiana vida de poeta,

Y porque siempre está conmigo soy siempre poeta,

Y mi mínima mirada

Me llena de sensación,

Y el más pequeño sonido, sea lo que fuere,

Parece hablar conmigo.

El Niño Nuevo que habita donde vivo

Me da una mano a mí

111

Y la otra a todo lo que existe

Y así vamos los tres por el camino que haya,

Brincando y cantando y riendo

Y gozando nuestro secreto común

Que es el de saber en todas partes

Que no hay misterio en el mundo

Y que todo vale la pena.

El Niño Eterno me acompaña siempre.

La dirección de mi mirada es la que señala su dedo.

Mi oído atento alegremente a todos los sonidos

Son las cosquillas que él me hace en las orejas, jugando.

Nos llevamos tan bien uno con el otro

En compañía de todo

Que nunca pensamos uno en el otro,

Pero vivimos juntos siendo dos

En un íntimo acuerdo

Como la mano derecha y la izquierda.

Al anochecer jugamos a la matatena

En el escalón de la puerta de la casa,

Graves como conviene a un dios y a un poeta,

Y como si cada piedra

Fuese todo un universo

Y fuese por eso un gran peligro para ella

Dejarla caer al suelo.

Después le cuento historias de las cosas sólo de los hombres

Y él sonríe porque todo es increíble.

Se ríe de los reyes y de los que no son reyes,

Y le da pena oír hablar de las guerras,

Y del comercio y de los barcos,

112

Que humean en el aire de alta mar.

Porque él sabe que todo eso falta a aquella verdad

Que una flor tiene al florecer

Y que anda con la luz del sol

Cambiando los montes y los valles,

Y haciendo que duelan los ojos por los muros enjalbegados.

Después él se duerme y yo lo acuesto.

Lo llevo en brazos adentro de la casa

Y lo acuesto, desnudándolo lentamente

Como si siguiera un ritual muy limpio

Y del todo maternal hasta que está desnudo.

El duerme dentro de mi alma

Ya veces despierta en la noche

Y juega con mis sueños.

Coloca a unos piernas arriba,

Pone a unos encima de otros

Y aplaude solo

Sonriendo a mi sueño.

..............................................................................................

Cuando muera, hijito.

Que sea yo el niño, el más pequeño.

Tómame en tus brazos

Y llévame hacia adentro de tu casa.

Desnuda mi ser cansado y humano

Y acuéstame en tu cama.

Y cuéntame historias, si despierto,

Para que vuelva a dormir.

Y dame sueños tuyos para que juegue

Hasta que nazca cualquier día

Que tú sabes cuál es.

113

IX

SOY UN guardador de rebaños.

El rebaño es mis pensamientos

Y mis pensamientos son todas sensaciones.

Pienso con los ojos y con los oídos

Y con las manos y los pies

Y con la nariz y la boca.

Pensar una flor es verla y olerla

Y comer un fruto es saberle el sentido.

Por eso cuando en un día de calor

Me siento triste de gozarlo tanto,

Y me acuesto en la yerba,

Y cierro los ojos calientes,

Siento todo mi cuerpo acostado en la realidad,

Sé la verdad y soy feliz.

114

X

«HOLA, GUARDADOR de rebaños

Ahí, a la orilla del camino,

¿Qué te dice el viento que pasa?»

«Que es viento y que pasa,

Y que ya pasó antes,

Y que pasará después.

Ya ti, ¿qué te dice?»

«Muchas más cosas que eso.

Me habla de muchas otras cosas.

De recuerdos y de saudades

Y de cosas que nunca fueron».

«Nunca oíste pasar el viento.

El viento sólo habla del viento.

Lo que le oíste fue mentira,

Y la mentira está en ti».

XI

AQUELLA SEÑORA tiene un piano

Que es agradable escuchar pero no es el correr de los ríos

Ni el murmullo que hacen los árboles...

¿Para qué se necesita tener un piano?

Es mejor tener oídos

Y amar a la Naturaleza.

115

XII

LOS PASTORES de Virgilio tocaban flautas y otras cosas

Y cantaban de amor literariamente.

(después —yo nunca leí a Virgilio.

¿Para qué habría yo de leerlo?)

Pero los pastores de Virgilio, pastores, son Virgilio,

Y la Naturaleza es bella y antigua.

XIII

LEVE, LEVE, muy leve,

Un viento muy leve pasa

Y se va, siempre muy leve.

Y yo no sé lo que pienso

Ni busco saberlo

XIV

NO ME IMPORTAN las rimas. Raras veces

Hay dos árboles iguales, uno al lado del otro.

Pienso y escribo así como las flores tienen color

Mas con menos perfección en mi modo de expresarme

Porque me falta la simplicidad divina

De ser todo sólo mi exterior.

Miro y me conmuevo,

Me conmuevo como el agua que corre cuando el suelo se inclina,

Y lo que escribo es natural como cuando se eleva el viento...

116

XV

LAS CUATRO canciones que siguen

Se separan de todo lo que pienso,

Mienten a todo lo que siento,

Son lo contrario de lo que soy...

Las escribí estando enfermo

Y por eso ellas son naturales

Y concuerdan con lo que siento,

Concuerdan con lo que no concuerdan...

Estando enfermo debo pensar lo contrario

De lo que pienso cuando estoy sano.

(Si no, no estaría enfermo),

Debo sentir lo contrario de lo que siento

Cuando tengo salud,

Debo mentir a mi naturaleza

De criatura que siente de cierta manera...

Debo ser todo enfermo —ideas y todo.

Cuando estoy enfermo, no estoy enfermo para otra cosa.

Por eso estas canciones que me reniegan

No son capaces de renegarme

Y son el paisaje de mi alma en la noche,

La misma, al contrario...

XVI

OJALA que mi vida fuese un carro de bueyes

Gimiendo en el camino por la mañana, muy temprano,

117

Y que vuelve después hacia donde vino

Casi al anochecer por el mismo camino.

Yo no debí tener esperanzas, sólo debí tener ruedas...

Mi vejez no tenía arrugas ni el pelo blanco...

Cuando ya no sirviese, me sacarían las ruedas

Quedando yo abandonado y roto en el fondo de una barranca.

XVII

EN MI PLATO ¡qué mezcla de Naturaleza!

Mis hermanas las plantas,

Las compañeras de las fuentes, las santas

A quien nadie reza...

Y las cortan y vienen a nuestra mesa

Y en los hoteles los huéspedes ruidosos,

Que llegan con correas envolviendo mantas

Piden «Ensalada», descuidados...,

Sin pensar que exigen a la Tierra Madre,

Su frescura y sus hijos primogénitos,

Las primeras palabras verdes que ella tiene,

Las primeras cosas vivas e iridiscentes

Que Noé vio

Cuando bajaron las aguas y la cima de los montes

Verde y alagada surgió

Y en el aire por donde apareció la paloma

El arcoiris se esfumó...

118

XVIII

OJALA yo fuera el polvo del camino

Y los pies de los pobres me pisaran...

Ojalá yo fuera los ríos que corren

Y que las lavanderas estuviesen en mi orilla...

Ojalá yo fuera los chopos a la orilla del río

Y tuviese sólo el cielo arriba y el agua debajo.

Ojalá yo fuera el burro del molinero

Y que él me pegase y me estimase...

Antes eso que ser el que atraviesa la vida

Mirando tras de sí con mucha pena...

XIX

EL LUAR cuando ilumina el pasto

No se que cosa me recuerda...

Me recuerda la voz de la sirvienta vieja

Contándome cuentos de hadas.

Y de como Nuestra Señora vestida de mendiga

Andaba por la noche en los caminos

Socorriendo niños maltratados...

Si ya no puedo creer que eso es verdad,

¿Para qué el luar ilumina el pasto?

119

XX

EL TAJO es más bello que el río que corre por mi pueblo

Pero el Tajo no es más bello que el río que corre por mi pueblo

Porque el Tajo no es el río que corre por mi pueblo.

El Tajo tiene grandes barcos

Y navega en él todavía,

Para aquellos que ven en todo lo que allá no está,

La memoria de las naves.

El Tajo desciende de España

Y el Tajo entra en el mar en Portugal.

Eso todos lo sabemos.

Pero pocos saben cuál es el río de mi pueblo

Y hacia adonde va

Y de dónde viene.

Y por eso, porque pertenece a menos gente,

Es más libre y más ancho el río de mi pueblo.

Por el Tajo se va al Mundo.

Más allá del Tajo está América

Y la fortuna para los que la encuentran.

Nadie pensó nunca en lo que hay más allá

Del río de mi pueblo.

El río de mi pueblo no hace pensar en nada.

Quien está a su orilla sólo está a su orilla.

120

XXI

SI YO PUDIERA morder toda la tierra

Y sentirle un sabor,

Sería más feliz por un momento...

Más yo no siempre quiero ser feliz

Hay que ser de vez en cuando infeliz

Para poder ser natural...

No todos los días son de sol,

Y la lluvia, cuando falta mucho, se ruega.

Por eso tomo la infelicidad no la felicidad

Naturalmente, como quien no se extraña

Que haya montañas y llanuras

Y que haya rocas y yerbas.

Lo que se necesita es ser tranquilo y natural

En la felicidad o la infelicidad,

Sentir como quien mira,

Pensar como quien anda,

Y cuando se va a morir, acordarse de que el día muere,

Y que el poniente es bello y es bella la noche que queda..

Así es y que así sea...

XXII

COMO QUIEN en un día de verano abre la puerta de la casa

Y observa el calor de los campos con todo su rostro,

A veces, de repente, me golpea la Naturaleza con fuerza

En la suma de mis sentidos,

Y me quedo confundido, perturbado, queriendo entender

No sé bien como ni qué...

121

Pero ¿quién me dijo que debía querer entender?

¿Quién me dijo que habría que entender?

Cuando el verano me pasa por el rostro

La mano leve y caliente de su brisa,

Sólo debo sentir agrado porque es brisa

O sentir desagrado porque está caliente,

Y de cualquier modo que la sienta,

Así, porque así lo siento, mi deber es sentirlo...

XXIII

MI MIRADA azul como el cielo

Es tranquila como el agua al sol.

Es así, azul y tranquila,

Porque no interroga ni se espanta...

Si yo interrogara y me espantase

No nacerían flores nuevas en los prados

Ni cambiaría nada en el sol para que se hiciera más bello.

(Aunque si nacieran flores nuevas en el prado

Y si el sol se hiciera más bello,

Yo sentiría menos flores en el prado

Y hallaría más feo el sol...

Porque todo es como es y así es,

Y yo acepto y no agradezco,

Para no parecer que pienso en eso...)

XXXV

EL LUAR a través de las altas ramas,

Dicen todos los poetas que él es más

122

Más para mí, que no sé lo que pienso,

Lo que el luar a través de las altas ramas,

Es, además de ser

El luar a través de las altas ramas,

Es no ser más

Que el luar a través de las altas ramas.

XXXVI

Y HAY POETAS que son artistas

Y trabajan sus versos

¡Como un carpintero las tablas!...

¡Qué triste no saber florecer!

Tener que poner verso sobre verso, como quien construye un muro

Y ver si quedó bien y derribarlo si no es así!...

Cuando la única casa artística es toda la Tierra

Que cambia y está siempre bien y es siempre la misma.

Pienso en esto, no como quien piensa, sino como quien respira,

Y miro las flores y sonrío...

No sé si ellas me comprenden

Ni si yo las comprendo,

Pero sé que la verdad está en ellas y en mí

Y en nuestra común divinidad

De dejarnos ir y vivir por la Tierra

Y llevar en brazos por las Estaciones contentos

Y dejar que el viento cante para adormecernos

Y no tener ensueños en nuestro sueño.

123

XXXVII

COMO UN GRAN borrón de fuego sucio

El sol poniente se demora en las nubes que quedan.

A lo lejos se escucha un vago silbido en la tarde serena.

Debe ser de un tren lejano.

En este momento me viene una vaga saudade

Y un vago deseo plácido

Que aparece y desaparece.

También, a veces, en la superficie de los riachuelos,

Se forman burbujas en el agua

Que nacen y se deshacen

Y no tienen ningún sentido

Salvo el de ser burbujas de agua

Que nacen y se deshacen.

XXXVIII

BENDITO SEA el mismo sol de otras tierras

Que me hermana con todos los hombres

Porque todos los hombres en un momento del día, lo miran como

yo,

Y en ese puro momento

Limpio y sensible

Regresan lacrimosamente

Y con un suspiro que mal sienten

Al hombre verdadero y primitivo

Que veía al Sol nacer y aún no lo adoraba.

Porque eso es natural —más natural

Que adorar al oro y a Dios

Y el arte y la moral...

124

XXXIX

¿EL MISTERIO de las cosas, dónde está?

¿Dónde está que no aparece

para mostraros al menos que es misterio?

¿Qué sabe de eso el río y qué sabe el árbol?

Y yo, que no soy más que ellos ¿Qué sé de eso?

Siempre que miro las cosas y pienso en lo que los hombres

piensan de ellas,

Río como un arroyo que suena fresco entre las piedras.

Porque el único sentido oculto de las cosas

Es que no tienen ningún sentido oculto,

Es más extraño que todas las extrañezas

Y que todos los sueños de los poetas

Y los pensamientos de todos los filósofos,

Que las cosas sean realmente lo que parecen ser

Y que no haya nada que comprender.

Sí, he aquí lo que mis sentidos aprendieron solos: —

Las cosas no tienen significado: tienen existencia.

Las cosas son el único sentido oculto de las cosas.

XL

7-5-1914

PASA UNA MARIPOSA delante de mí

Y por primera vez en el universo yo veo

Que las mariposas no tienen color ni movimiento,

Así como las flores no tienen perfume ni color.

El color es que tiene color en las alas de la mariposa,

En el movimiento de la mariposa el movimiento es el que se mueve,

125

El perfume es el que tiene perfume en el perfume de la flor.

La mariposa es sólo mariposa

Y la flor es sólo flor.

XLI

7-5-1914

EN EL ATARDECER de los días de verano a veces,

Aunque no haya nada de brisa, parece

Que pasa, un momento, una leve brisa...

Mas los árboles permanecen inmóviles

En todas las hojas de sus hojas

Y nuestros sentidos tuvieron una ilusión

Tuvieron la ilusión de lo que les agradaría...

¡Ah! ¡Nuestros sentidos, los enfermos que ven y oyen!

Si fuéramos nosotros como deberíamos ser

No habría en nosotros necesidad de ilusión...

Nos bastaría sentir con claridad y vida

Y no observar para qué hay sentidos...

Mas gracias a Dios que hay imperfección en el Mundo

Porque la imperfección es una cosa,

Y que haya gente que se equivoque es diferente,

Y el que haya gente que enferma hace al Mundo más grande

Si no hubiera imperfección, habría una cosa de menos,

Y debe haber muchas cosas

Para que tengamos mucho que ver y oír...

126

XLII

7-5-1914

¡PASÓ LA DILIGENCIA por el camino y se fue!

Y el camino no se hizo más bello, ni tampoco más feo.

Así es la acción humana en el mundo.

Nada quitamos y nada ponemos ¡pasamos y olvidamos!

Y el sol es siempre puntual todos los días.

XLIII

7-5-1914

ANTES EL VUELO del ave, que pasa y no deja huella,

Que el paso del animal, que deja un recuerdo en el suelo.

El ave pasa y olvida, y así debe ser.

El animal, donde ya no está, lo que no sirve de nada,

Muestra que ya estuvo lo que no sirve para nada.

El recuerdo es una traición a la Naturaleza,

Porque la naturaleza de ayer no es Naturaleza.

Lo que fue no es nada, y recordar es no ver.

¡Pasa, ave, pasa, y enséñame a pasar!

XLIV

7-5-1914

DESPIERTO EN LA NOCHE repentinamente,

Y mi reloj ocupa la noche entera.

No siento la naturaleza allá afuera.

127

Mi cuarto es una cosa oscura con paredes vagamente blancas

Allá fuera hay un sosiego como si nada existiera.

Sólo el reloj prosigue su ruido.

Y esta pequeña cosa de engranajes que está encima de mi

mesa

Ahoga toda la existencia de la tierra y del cielo...

Casi me pierdo, pensando en lo que esto significa,

Pero me vuelvo, y me siento sonreír en la noche con las comisuras

de la boca,

Porque la única cosa que mi reloj simboliza o significa

Al llenar con su pequeñez la noche enorme

Es la curiosa sensación de llenar la noche enorme

Con su pequeñez...

XLV

7-5-1914

UNA HILERA de árboles allá lejos, allá en la cuesta.

Pero ¿qué es una hilera de árboles? Sólo hay árboles,

La hilera y el plural árboles no son cosas, son nombre.

Tristes de las almas humanas, que ponen todo en orden,

Que trazan líneas entre cosa y cosa,

Que ponen letreros con nombres en los árboles absolutamente

reales,

Y dibujan paralelos de latitud y longitud

¡Sobre la propia tierra inocente y más verde y florida que esto!

128

XLVI

10-5-1914

DE ESTE o de aquel modo,

Conforme venga o no venga,

Pudiendo a veces decir lo que pienso,

Y otras veces diciéndolo mal y entremezclado,

Voy escribiendo mis versos sin querer,

Como si escribir no fuera una cosa hecha de gestos,

Como si escribir fuera una cosa que me ocurriera

Como si me diera el sol de afuera.

Busco decir lo que siento

Sin pensar en que lo siento

Busca arrimar las palabras a la idea

Sin necesitar de un corredor

Del pensamiento a las palabras.

No siempre consigo sentir lo que sé que debo sentir.

Mi pensamiento sólo muy despacio atraviesa el río a nado

Porque le pesa la ropa que los hombres le hicieron usar.

Busco desnudarme de lo que aprendí,

Busco olvidarme del modo de recordar que me enseñaron,

Y raspar la pintura con la que me pintaron los sentidos,

Desencajonar mis emociones verdaderas,

Desempacarme y ser yo, no Alberto Caeiro,

Sino un animal humano que la Naturaleza produjo.

Y así escribo, queriendo sentir la Naturaleza ni siquiera

como un hombre,

Sino como quien siente la naturaleza y nada más.

Yasí escribo, ora bien, ora mal,

129

Ora acertando con lo que quiero decir, ora errando,

Cayendo aquí, levantándome allá,

Mas yendo siempre por mi camino como un ciego obstinado

Sin embargo, soy alguien.

Soy el descubridor de la Naturaleza.

Soy el Argonauta de las sensaciones verdaderas.

Traigo al Universo un nuevo Universo

Porque traigo al Universo mismo.

Esto siento y esto escribo

Perfectamente sabedor y sin que no vea

Que son las cinco de la mañana

Y que el sol, que aun no muestra la cabeza

Por encima del muro del horizonte,

Le vemos aun así la punta de los dedos

Asiendo el borde del muro

Del horizonte lleno de montes bajos.

XLVII

EN UN DÍA excesivamente nítido,

Día en que se tenían ganas de haber trabajado mucho

Para en él no trabajar nada,

Entreví, como un camino entre los árboles,

Lo que tal vez sea el Gran Secreto,

Aquel Gran Misterio del que hablan los falsos poetas.

Vi que no hay Naturaleza,

Que la Naturaleza no existe,

Que hay montes, valles, llanuras,

Que hay árboles, flores, yerbas,

Que hay ríos y piedras,

130

Pero que no hay un todo al que eso pertenezca,

Que un conjunto real y verdadero

Es una enfermedad de nuestras ideas.

La Naturaleza es partes sin un todo.

Esto es tal vez aquel misterio del que hablan.

Fue esto lo que sin pensar ni detenerme,

Acerté que debía ser la verdad

Que todos creen hallar y que no hallan,

Y que sólo yo, porque no la busqué, la hallé,

XLVIII

DESDE LA MÁS ALTA ventana de mi casa

Con un pañuelo blanco digo adiós

A mis versos que parten hacia la Humanidad.

Y no estoy alegre ni triste.

Este es el destino de los versos.

Los escribí y debo mostrárselos a todos

Porque no puedo hacer lo contrario

Como la flor no puede ocultar su color,

Ni el río ocultar que corre,

Ni el árbol ocultar que da fruto.

Helos que van ya lejos como en la diligencia

Y yo sin querer me apeno

Como un dolor en el cuerpo.

¿Quién sabe quién los leerá?

¿Quién sabe a que manos irán?

131

Flor, me tomó mi destino para los ojos.

Árbol, me arrancaron los frutos para las bocas.

Río, el destino de mi agua era no quedar en mí.

Me someto y me siento casi alegre,

Casi alegre como quien se cansa de estar triste.

¡Alejaos, alejaos de mí!

Pasa el árbol y se queda disperso por la Naturaleza.

Se marchita la flor y su polvo dura siempre.

Corre el río y entra en el mar y su agua es siempre la que fue suya.

Paso y quedo, como el Universo.

XLIX

ME METO y cierro la ventana.

Traen el candelero y dan las buenas noches,

Y mi voz contenta da las buenas noches.

Ojalá que mi vida sea siempre así:

El día lleno de sol, o suave de lluvia,

O tempestuoso como si se acabara el Mundo,

La tarde suave y los grupos que pasan

Observados con interés desde la ventana,

La última mirada amiga puesta en el sosiego de los árboles,

Y después, cerrada la ventana, prendido el candelero,

Sin leer nada, ni pensar en nada, ni dormir,

Sentir la vida correr por mí como un río por su lecho,

Y allá fuera un gran silencio como un dios que duerme.

132

EL PASTOR AMOROSO

6-7-1914

CUANDO YO no te tenía

Amaba la naturaleza como un sereno monje a Cristo.

Ahora amo a la Naturaleza

Como un sereno monje a la Virgen María,

Religiosamente, a mi modo, como antes,

Pero de otra manera más conmovida y próxima...

Veo mejor los ríos cuando voy contigo

Por los campos hasta la orilla de los ríos;

Sentado a tu lado observando las nubes

Las observo mejor—

Tú no me arrancaste la Naturaleza...

Tú no cambiaste la Naturaleza...

Me trajiste la Naturaleza junto a mí,

Porque existe la veo mejor, pero la misma

Porque me amas, la amo del mismo modo, pero más,

Por escogerme para tenerte y amarte,

Mis ojos la miraron más demoradamente

Sobre todas las cosas.

No me arrepiento de lo que antaño fui

Porque aún lo soy.

133

6-7-1914

VA ALTA en el cielo la luna de la primavera.

Pienso en ti y dentro de mí estoy completo.

Corre por los vagos campos hasta mí una brisa ligera.

Pienso en ti, murmuro tu nombre y no soy yo: soy feliz.

Mañana vendrás, irás conmigo a cortar flores al campo,

Y yo iré contigo por los campos a verte cortar flores.

Ya te veo mañana cortando flores conmigo por los campos,

Pues cuando vengas mañana conmigo a cortar flores,

Esto será una alegría y una verdad para mí.

134

10-7-1930

EL AMOR es una compañía.

Ya no sé andar solo por los caminos,

Porque ya no puedo andar solo.

Un pensamiento visible me hace andar más de prisa

Y ver menos, y al mismo tiempo gustar de ir viendo todo.

También la ausencia de ella es una cosa que está conmigo.

Y me gusta tanto ella que no sé como desearla.

Si no la veo, la imagino y soy fuerte como los árboles altos.

Pero si la veo tiemblo, no sé que se hace de lo que siento en su

ausencia.

Todo yo soy cualquier fuerza que me abandona.

Toda la realidad me mira como un girasol con su rostro en

medio.

135

10-7-1930

PASÉ TODA la noche, sin saber dormir, viendo, sin espacio, su

figura

Y viéndola siempre de maneras distintas de cómo la veo

Hago pensamiento con el recuerdo de lo que ella es cuando me

habla,

Y en cada pensamiento ella cambia de acuerdo con su semejanza.

Amar es pensar.

Y yo casi me olvido de sentir sólo de pensar en ella,

No sé bien lo que quiero, hasta de ella, y yo no pienso sino en ella

Tengo una gran distracción animada.

Cuando deseo encontrarla

Casi prefiero no encontrarla,

Para no tener que dejarla después.

No sé bien lo que quiero, ni quiero saber lo que quiero. Quiero sólo

Pensar en ella.

No pido nada a nadie, ni a ella, sino pensar.

Fernando Pessoa

POEMAS

(Antología)

Traducción y presentación:

Miguel Ángel Flores

2

edición 1997

2ª edición 1998

© De la presentación y traducción: Miguel Ángel Flores

© De esta edición: Letras Vivas, 1998

Diseño de la portada: Elias Nahmad

Diseño de interiores: Israel Ayala y Eugenia Herrera

Ilustraciones de Julio Pomar

Ilustración de solapa Antonio Costa Pinheiro

ISBN 968-7888-07-5

Impreso y hecho en México

Printed and made in México

 

 

Enviado por:

Alejandro Ibarra Quintero


Partes: 1, 2, 3


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