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Aunque no viva en ella;
Seré siempre el que no nació para esto,
Seré siempre sólo el que tenía cualidades;
Seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie
de una pared sin puerta,
Y cantó la cantiga del Infinito en un gallinero,
Y escuchó la voz de Dios en un pozo cegado.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Que me derrame la Naturaleza sobre la cabeza ardiente
Su sol, su lluvia, el viento que me despeina,
Y lo demás que venga si viene o que tenga que venir, o que no
venga.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
Conquistamos todo el mundo antes de levantarnos de la cama;
Pero nos despertamos y él es opaco,
Nos levantamos y es ajeno,
Salimos de casa y es la tierra entera,
Más el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.
(Come chocolates, niña;
¡Come chocolates!
Mira que no hay más metafísica en el mundo que la de los
chocolates.
Mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, niña sucia, come!
¡Si pudiera yo comer chocolates con la misma verdad con que tú
los comes!
Pero yo pienso y, al quitarles el papel plateado, que es de estaño,
Arrojo todo al suelo, como tiré la vida.)
Pero queda al menos de la amargura de lo que nunca seré
La caligrafía rápida de estos versos,
Pórtico hendido hacia lo Imposible.
Pero al menos dedico a mí mismo un desprecio sin lágrimas,
Noble al menos por el gesto amplio con que arrojo
La ropa sucia que soy, sin motivo, para el decurso de las cosas,
Y me quedo en casa sin camisa.
(Tú que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
O diosa griega, concebida como estatua con vida,
O patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,
O princesa de trovadores, gentilísima y colorida,
O marquesa del siglo dieciocho, escotada y distante,
O cocotte célebre del tiempo de nuestros padres,
O no sé qué moderno —no concibo bien qué—,
Todo eso, sea lo que fuera, lo que sea, si puede inspirar ¡qué
inspire!
Mi corazón es un balde vacío.
Como invocan espíritus los que invocan espíritus me invoco
Me invoco a mí mismo y nada encuentro.
Me acerco a la ventana y veo la calle con una nitidez absoluta.
Veo las tiendas, veo las aceras, veo los coches que pasan.
Veo los entes vivos vestidos que se cruzan,
Veo los perros que también existen,
Y todo esto me pesa como un condena al destierro,
Y todo esto es extranjero, como todo.)
Viví, estudié, amé y hasta creí,
Y hoy no hay mendigo al que no envidie sólo por no ser yo.
En cada uno miro los andrajos y las llagas y la mentira,
Y pienso: tal vez nunca hayas vivido ni estudiado ni amado ni
creído
(Porque es posible hacer la realidad de todo eso sin hacer
nada de eso);
Tal vez hayas existido apenas, como un lagarto a quien cortan
la cola
Y que es cola más acá del lagarto que se retuerce.
Hice de mí lo que no supe,
Y lo que pude hacer de mí no lo hice.
Vestí un disfraz equivocado.
Me tomaron enseguida por quien no era, y no lo desmentí, y me
perdí.
Cuando quise arrancarme la máscara,
Estaba pegada a la cara.
Cuando la arrojé y me vi en el espejo,
Ya había envejecido.
Estaba borracho, y no sabía vestir el disfraz que no me había
quitado.
Arrojé la mascara y dormí en el vestidor
Como un perro tolerado por la gerencia
Por ser inofensivo
Y voy a escribir esta historia para probar que soy sublime.
Esencia musical de mis versos inútiles,
quién pudiera encontrarte como cosas que yo hice,
Y no quedarme siempre enfrente de la Tabaquería de enfrente,
Pisoteando la conciencia de estar existiendo,
Como un tapete con el que tropieza un borracho
O la esterilla que los gitanos roban y no vale nada.
Pero el Dueño de la Tabaquería se asomó a la puerta y se quedó
en ella.
Lo miro con la incomodidad de la cabeza torcida
Y con la incomodidad de una alma que mal entiende.
Él morirá y yo moriré.
Él dejará el letrero, yo dejaré versos.
Y un día morirá el letrero y también mis versos.
Después morirá la calle donde estuvo el letrero,
Y la lengua en que fueron escritos los versos.
Morirá después el planeta girante en que todo esto sucedió.
En otros satélites de otros sistemas cualquier cosa como nosotros
Continuará haciendo cosas como versos y viviendo debajo de las
cosas como letreros,
Siempre una cosa frente a otra,
Siempre una cosa tan inútil como la otra.
Siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
Siempre el misterio del fondo tan cierto como el sueño del
misterio de la superficie,
Siempre ésta o aquella cosa o ni una ni la otra cosa.
Pero un hombre entró en la Tabaquería (¿a comprar tabaco?),
Y la realidad plausible cae de repente sobre mí.
Me incorporo a medias enérgico, convencido, humano,
Y voy a intentar escribir estos versos en los que digo lo contrario.
Enciendo un cigarro al pensar en escribirlos
Y saboreo en el cigarro la liberación de todos los pensamientos.
Sigo el humo como mi camino,
Y gozo, en un momento sensitivo y adecuado,
La liberación de todas las especulaciones
Y la conciencia de que la metafísica es la consecuencia de una
indisposición.
Después me reclino en la silla
Y sigo fumando.
Seguiré fumando hasta que el Destino me lo permita.
(Si me casase con la hija de mi lavandera
Tal vez sería feliz.)
Visto esto, me levanto de la silla. Me acerco a la ventana.
El hombre salió de la Tabaquería (¿guarda el cambio en el bolsillo
del pantalón?).
Ah, lo conozco: es Esteves sin metafísica.
(El Dueño de la Tabaquería llegó a la puerta.)
Como por un instinto divino, Esteves se volvió y me vio.
Hizo una señal de adiós, le grité ¡Adiós, Esteves!, y el universo
Se reconstruye en mí sin ideal ni esperanza, y el Dueño de la
Tabaquería sonrió.
APOSTILLA
11-4-1928
¡APROVECHAR el tiempo!
Pero qué es el tiempo, ¿para que yo lo aproveche?
¡Aprovechar el tiempo!
Ni un día sin línea...
El trabajo honesto y superior...
El trabajo para Virgilio, para Milton...
¡Pero es tan difícil ser honesto o ser superior!
¡Es tan poco probable ser Milton o ser Virgilio!
¡Aprovechar el tiempo!
Arrancar del alma los pedazos precisos —ni más ni menos—
Para con ellos juntar los cubos ajustados
Que hacen estampas ciertas en la historia
(Y están ciertas también del lado de abajo, que no se ve)...
Poner las sensaciones en castillo de naipes, pobre China de las
veladas,
Y los pensamientos en dominó, igual contra igual,
Y la voluntad en carambola difícil...
Imágenes de juegos o de paciencias o de pasatiempos—
Imágenes de vida, imágenes de las vidas, Imagen de la Vida.
Verbalismo...
Sí, verbalismo...
¡Aprovechar el tiempo!
No tener un minuto que desconozca el examen de conciencia..
No tener un acto indefinido ni ficticio...
No tener un movimiento disconforme con propósitos...
Buenas maneras del alma...
Elegancia de persistir...
¡Aprovechar el tiempo!
Mi corazón está cansado como un mendigo verdadero.
Mi cerebro está listo como un bulto colocado en un rincón.
Mi canto (¡verbalismo!) está tal como está y es triste.
¡Aprovechar el tiempo!
Desde que comencé a escribir pasaron cinco minutos.
¿Los aproveché o no?
Si no sé si los aproveché, ¡¿qué sabré de otros minutos?!
(Pasajera que viajas tantas veces en el mismo compartimento
conmigo
En el tren suburbano,
¿Llegaste a interesarte en mí?
¿Aproveché el tiempo mirándote?
¿Cuál fue el ritmo de nuestro sosiego en el tren andante?
¿Cuál fue el entendimiento que no llegamos a tener?
¿Cuál fue la vida que hubo en esto? ¿Qué fue esto para la vida?)
¡Aprovechar el tiempo!
¡Ah, déjenme que no aproveche nada!
¡Ni tiempo, ni ser, ni memorias de tiempo o de ser!
Déjenme ser una hoja de árbol, sacudida por la brisa,
La polvareda de un camino, involuntario y solo,
El arroyo casual de las lluvias que se acaban,
El surco que hacen en los caminos las ruedas mientras no vienen
otras,
El trompo del muchacho que va a detenerse,
Y oscila, con el mismo movimiento que tiene la tierra,
Y se estremece, con el mismo movimiento que tiene el alma,
Y cae, como caen los dioses, en el suelo del Destino.
DEMOGOGON
12-4-1928
EN LA CALLE LLENA de sol vago hay casas detenidas y gente que
camina.
Una tristeza llena de pavor me cala.
Presiento un suceso más allá de las fachadas y de los movimientos.
¡No, no, eso no!
Todo menos saber lo que es el Misterio!
¡Superficie del Universo, oh Párpados Descendidos,
No os alcéis nunca!
¡La mirada de la Verdad Final no debe poder soportarse!
¡Dejadme vivir sin saber nada, y morir sin saber nada!
La razón de haber ser, la razón de haber seres, de haber todo,
Debe traer una locura mayor que los espacios
entre las almas y entre las estrellas.
¡No, no, la verdad no! Dejadme estas casas y esta gente;
Tal cual, si nada más, estas casas y esta gente...
¿Qué aliento horrible y frío toca mis ojos cerrados?
¡No los quiero abrir a la vida! ¡Oh Verdad, olvídate de mí!
82
Ricardo Reis
16-6-1932
SEVERO NARRO. Cuanto siento, pienso,
Palabras son ideas.
Murmurante, el río pasa, y el sonido que no pasa,
Es nuestro, no del río.
Así quisiera el verso: mío y ajeno
Y por mí mismo leído
85
14-2-1933
PARA SER GRANDE, sé entero: nada
Tuyo exagera o excluye.
Sé todo en dada cosa. Pon cuanto eres
En lo mínimo que haces,
Así en cada lago la luna entera
Brilla, porque alta vive.
31-7-1930
SERENO AGUARDA el fin que poco tarda.
¿Qué es cualquier vida? Breve soles y sueño.
Cuánto piensas emplea
En no muchos pensamientos.
Para el nauta el mar oscuro es la ruta clara,
Tú, en la confusa soledad de la vida,
A ti mismo te elige
(No sabes de otro) el puerto.
.
17-11-1923
COMO si cada beso
Fuera de despedida,
Cloe mía, besémonos, amando.
Tal vez ya nos toque
En el hombro la mano que llama
A la barca que no viene sino vacía;
Y que en el mismo haz
Ata lo que fuimos mutuamente
Y la ajena suma universal de la vida.
88
12-6-1914
VEN Y SIÉNTATE conmigo, Lidia, a la orilla del río
Sosegadamente miremos su curso y aprendamos
Que la vida pasa y no estamos con las manos entrelazadas.
(Entrelacemos las manos).
Después pensemos, niños adultos, que la vida
Pasa y no queda, nada deja y nunca regresa,
Se va hacia un mar muy lejano, se va junto al Hado,
Más lejos que los dioses.
Desenlacemos nuestras manos pues no hay por que cansarse.
Gozando, no gozando, pasamos como el río.
Más vale saber pasar silenciosamente
Y sin grandes desasosiegos.
Sin amores, ni odios, ni pasiones que alzan la voz,
Ni envidias que dan demasiado movimiento a los ojos,
Ni cuidados, pues teniéndolos el río siempre correría,
Y siempre iría a dar al mar.
Amémonos tranquilamente, pensando que podríamos,
Si quisiéramos, cambiar besos y abrazos y caricias,
Pero más vale sentarse uno junto al otro
Oyendo correr el río y viéndolo.
Cortemos flores, tómalas y ponlas
En el regazo y que su perfume suavice el momento—
Este momento en que sosegadamente no creemos en nada,
Inocentes paganos de la decadencia.
Al menos, si fuere sombra antes, te acordarás de mi después
Sin que mi recuerdo te queme, te hiera o te mueva,
Porque nunca entrelazamos las manos, ni nos besamos
Ni fuimos más que niños.
Y si antes de mí llevaras el óbolo al barquero sombrío,
Nada tendré que sufrir al acordarme de ti.
Me serás suave a la memoria, recordándote así —a la orilla del río.
Triste pagana y con flores en el regazo.
16-6-1914
EN LA LEJANÍA los montes tienen nieve al sol,
Pero es suave ya el frío calmado
Que alisa y agudiza
Los dardos del sol alto,
Hoy, Neera, no nos escondamos,
Nada nos falta porque nada somos.
No esperamos nada
Y sentimos frío al sol.
Más tal como es, gocemos el momento,
Solemnes en la alegría levemente,
Y aguardando la muerte
Como quien la conoce.
BOCAS ROJAS de vino,
Frentes blancas bajo rosas,
Desnudos, blancos antebrazos
Reposados sobre la mesa,
Que así sea, Lidia, el cuadro
En que quedemos, mudos,
Eternamente inscritos
En la conciencia de los dioses.
Antes esto y no la vida
Que los hombres viven,
Llena del negro polvo
Que alzan de los caminos.
Sólo socorren los dioses
Con su ejemplo a aquellos
Que nada más pretenden
Irse en el río de las cosas.
OÍ CONTAR que antaño, cuando Persia
Libraba no sé cual guerra,
Cuando la invasión ardía en la Ciudad
Y las mujeres gritaban,
Dos jugadores de ajedrez jugaban
Su juego continuo.
A la sombra de amplio árbol miraban
El tablero antiguo,
Y junto a cada uno, esperando sus
Momentos más holgados,
Cuando había movido la pieza, y ahora
Esperaba al oponente,
Un búcaro con vino refrescaba
Sobriamente su sed.
Ardían casas, saqueadas eran
Arcas y paredes,
Violadas, las mujeres eran puestas
Contra los muros caídos,
Atravesados por lanzas, los niños
Eran sangre en las calles...
Pero donde estaban, cerca de la ciudad,
Y lejos de su ruido,
Los jugadores de ajedrez jugaban
El juego del ajedrez.
Aunque en los mensajes del yermo viento
Les llegaran los gritos,
Y, al pensar, supiesen desde el alma
Que por cierto las mujeres
Y las tiernas hijas violadas eran
En esa distancia próxima,
Aunque, en el momento en que lo pensaban,
Una sombra ligera
Pasara por su frente ajena y vaga,
Pronto sus ojos tranquilos
Volvían su atenta confianza
Al viejo tablero.
Cuando el rey de marfil está en peligro,
¿Qué importa la carne y el hueso
De las hermanas y de la madre y de los niños?
Cuando la torre no cubre
La retirada de la Reina blanca,
El saqueo poco importa.
Y cuando la mano confiada lleva el jaque
Al rey del adversario,
Poco pesa en el alma que allá lejos
Estén muriendo hijos.
Aunque, de repente, sobre el muro
Surja la sañuda cara
De un guerrero invasor, y pronto deba
En sangre allí caer
El solemne jugador de ajedrez,
El momento antes de este
(Es aún dado al cálculo de un lance
Para el efecto horas después)
Se entrega aún al juego predilecto
De los grandes indiferentes.
Caigan ciudades, sufran pueblos, cese
La libertad y la vida.
Los haberes tranquilos y amados
Arden y que se arranquen
Mas cuando la guerra los juegos interrumpa,
Esté el rey sin jaque,
Y el peón de marfil más avanzado
Dispuesto a comprar la torre.
Hermanos míos amando a Epicuro
Y a entenderlo más
De acuerdo con nosotros que con él,
Aprendamos en la historia
De los calmados jugadores de ajedrez
Cómo pasar la vida.
Que todo lo serio poco nos importe,
Lo grave poco pese,
El natural impulso de los instintos
Cede al inútil goce
(Bajo la tranquila sombra de la arboleda)
De jugar un buen jugo.
Lo que llevamos de esta vida inútil
Tanto vale si es
La gloria, la fama, el amor, la ciencia, la vida,
Como si fuera apenas
La memoria de un juego bien jugado
Y una partida ganada
A un jugador mejor.
La gloria pesa como un fardo caro,
La fama como la fiebre,
El amor cansa pues es un serio y busca,
La ciencia nunca encuentra,
Y la vida pasa y duele porque lo conoce...
El juego del ajedrez
Prende el alma toda, pero perdido, poco
Pesa, pues no es nada.
¡Ah! Bajo las sombras que sin querer nos aman,
Con un búcaro de vino
Al lado y sólo atentos a la inútil faena
Del juego de ajedrez
Aunque el juego sea apenas sueño
Y no haya compañero de juego,
Imitemos a los persas de esta historia,
Y mientras allá fuera,
O cerca o lejos, la guerra y la patria y la vida
Llaman por nosotros dejemos
Que en vano nos llamen, cada uno de nosotros
Bajo las sombras amigas
Soñando, él y los compañeros de juego y el ajedrez
Su indiferencia.
96
1-6-1916
PREFIERO ROSAS, amor mío, a la patria,
Y antes amo magnolias
Que a la gloria y la virtud.
Siempre que la vida no me canse, dejo
Que la vida por mí pase
Siempre que yo sea el mismo.
Qué importa al que ya nada importa
Que uno pierda y otro venza,
Si la aurora raya siempre,
¿Si cada año con la Primavera
Las hojas aparecen
Y con el otoño cesan?
¿Y lo demás, las otras cosas que los humanos
Acrecientan a la vida,
Me aumentan en el alma?
Nada, salvo el deseo de indiferencia
Y la confianza blanda
En la hora fugitiva.
97
10-8-1932
NADIE a otro ama, sino que ama
Lo que de sí hay en él, o se supone.
Que no te pese que no te amen. Te sienten
Quien eres, y eres extranjero.
Cuida de ser quien eres. Te aman o nunca.
Firme contigo, sufrirás avaro
De penas.
98
9-6-1932
LIDIA, ignoramos. Somos extranjeros
Donde quiera que estemos.
Lidia, ignoramos, somos extranjeros
Donde quiera que habitemos. Todo es ajeno
Y no habla nuestro idioma.
Hagamos de nosotros el retiro
Donde escondernos, tímidos por el insulto
Del tumulto del mundo.
¿Qué quiere el amor más que no ser de los otros?
Como un secreto dicho en los misterios,
Sea sagrado por nuestro.
99
QUEDA de nada. Nada somos.
Un poco al sol y al aire nos retrasamos
De la irrespirable tiniebla que nos pesa
De la humilde tierra impuesta,
Cadáveres aplazados que procrean.
Leyes hechas, estatuas vistas, odas terminadas—
Todo tiene su cueva, si nosotros, carnes
A las que un íntimo sol da sangre, tenemos
Poniente, ¿Por qué no ellas?
Somos cuentos contando cuentos, nada.
100
2-3-1933
QUIERO IGNORADO, y sereno
Por ignorado, y propio
Por sereno llenar mis días
De no querer más de ellos.
A los que la riqueza toca
El oro irrita la piel
A los que la fama sopla aliento
Empaña la vida.
Para los que la felicidad
Es sol, vendrá la noche.
Pero al que nada espera
Todo lo que venga es grato.
101
3-6-1926
YA SOBRE la frente vana encanece
El pelo del joven que perdí.
Mis ojos brillan menos.
No tiene ya derecho a besos mi boca.
Si me amas todavía, por amor no ames:
Me traicionarías conmigo.
102
28-9-1932
NO SOLO VINO, sino en él el olvido echo
En la copa: seré alegre pues la dicha
Es ignara. ¿Quién, recordando
O previendo, sonriera?
De los brutos, no la vida, sino el alma,
Consigamos, pensando recogidos
En el impalpable destino
Que no espera ni recuerda.
Con mano mortal elevo a la mortal boca
En frágil copa el pasajero vino,
Empañados los ojos hechos
Para dejar de ver.
103
13-6-1926
¡CUANTA TRISTEZA y amargura ahoga
En confusión la estrecha vida!
¡Cuánto infortunio mezquino
Nos oprime supremo!
Feliz del bruto que en los verdes campos
Pace, para sí mismo anónimo, y entra
En la muerte como en casa.
O el sabio que, perdido
En la ciencia, la fútil vida austera eleva
Más allá de la nuestra, como el humo que alza
Brazos que se deshacen
A un cielo inexistente.
104
25-12-1923
MIRO los campos, Neera,
Campos, campos, y sufro
Ya el frío de la sombra
En que no tendré ojos.
La calavera presiento
Que seré no sintiendo,
O sólo cuanto lo que ignoro
Me entregue incógnito.
Y menos al instante
Lloro, que a mí futuro,
Subdito ausente y nulo
Del universal destino.
106
Alberto Caeiro
107
EL GUARDADOR DE REBAÑOS
VII
DESDE MI ALDEA veo cuanto de la tierra se puede ver del Universo.
Por eso mi aldea es tan grande como cualquier otra tierra
Porque soy del tamaño de lo que veo
Y no del tamaño de mi altura...
En las ciudades la vida es más pequeña
Que aquí en mi casa en la cima de este monte
En la ciudad las grandes casas cierran la mirada con llave,
Esconden el horizonte empujan nuestra mirada lejos de todo el
cielo,
Nos hacen pequeños porque nos sacan todo y así no podemos
mirar,
Y nos hacen pobres porque nuestra única riqueza es ver.
VIII
EN UN MEDIODÍA de fin de primavera
Tuve un sueño como una fotografía.
Vi a Jesucristo bajar a la tierra.
Vino por la falda de un monte
Nuevamente como un niño,
Corriendo y rodando por la yerba
Y arrancando flores para tirarlas
Con una risa que se oía a lo lejos.
Había huido del cielo,
Era demasiado nuestro para fingirse
La segunda persona de la Trinidad.
108
En el cielo todo era falso, todo estaba en desacuerdo
Con flores y árboles y piedras.
En el cielo debía estar siempre serio
Y alguna vez volverse hombre nuevamente
Y subir a la cruz, y estar siempre muriendo
Con una corona hecha toda de espinos
Y los pies clavados con un clavo con cabeza,
Y hasta con un paño alrededor de la cintura
Como los negros en las ilustraciones.
Ni siquiera le dejaban tener padre y madre
Como los demás niños.
Su padre era dos personas—
Un viejo llamado José, que era carpintero,
Y que no era su padre;
Y otro padre que era una paloma estúpida,
La única paloma fea del mundo
Porque no era del mundo ni era paloma.
Y su madre no había amado antes de tenerlo.
No era mujer; era la maleta
En la que él había venido del cielo.
Y que rían que tan sólo nacido de madre,
Y sin padre para amar con respeto,
¡Predicara la bondad y lajusticia!
Un día en que Dios se hallaba durmiendo
Y el Espíritu Santo andaba volando,
Fue a la caja de los milagros y robó tres.
Con el primero hizo que nadie supiera que había huido.
Con el segundo se creó eternamente humano y niño.
Con el tercero creó un Cristo eternamente en la cruz
109
Y lo dejó clavado en la cruz que hay en el cielo
Y sirve de modelo a las demás.
Después huyó hacia el sol
Y bajó por el primer rayo que cogió.
Hoy vive conmigo en mi aldea.
Es un lindo niño risueño y natural.
Se limpia la nariz con el brazo derecho,
Chapotea en los charcos,
Arranca flores, las quiere y las olvida.
Arroja piedras a los burros,
Roba fruta en las huertas
Y huye de los perros llorando y gritando.
Y, porque sabe que a ellas no les gusta
Y que todos se ríen,
Corre detrás de las muchachas
Que van en grupo por los caminos
Con los cántaros en la cabeza
Y les levanta las faldas.
A mí me enseñó todo.
Me enseñó a mirar las cosas.
Me muestra todas las cosas que hay en las flores.
Me hace ver como son graciosas las piedras
Cuando las tenemos en la mano
Y las mira despacio.
Me habla muy mal de Dios.
Dice que es un viejo estúpido y enfermo,
Siempre escupiendo en el suelo
Y diciendo groserías.
La Virgen María pasa las tardes de la Eternidad tejiendo calcetas
Y el Espíritu Santo se rasca con el pico
110
Y se retrepa en las sillas y las ensucia.
Todo en el cielo es estúpido como en la iglesia católica.
Me dice que Dios nada entiende
De las cosas que creó—
«Si es que él las creó, que lo dudo»—
«Él dice, por ejemplo, que los seres cantan su gloria,
Pero los seres no cantan nada,
Si cantaran serían cantores.
Los seres existen y nada más,
Y por eso se llaman seres.»
Y después, cansados de hablar mal de Dios,
El niño Jesús se duerme en mis brazos
Y lo llevo cargando hacia la casa.
.......................................................................................
Él vive conmigo en mi casa a la mitad del monte.
Él es el eterno niño, el Dios que faltaba.
Él es lo humano que es natural.
Él es lo divino que sonríe y que juega.
Y así es que sé con toda certeza
Que es él el Niño Jesús verdadero.
Y el niño tan humano que es divino
Es ésta mi cotidiana vida de poeta,
Y porque siempre está conmigo soy siempre poeta,
Y mi mínima mirada
Me llena de sensación,
Y el más pequeño sonido, sea lo que fuere,
Parece hablar conmigo.
El Niño Nuevo que habita donde vivo
Me da una mano a mí
111
Y la otra a todo lo que existe
Y así vamos los tres por el camino que haya,
Brincando y cantando y riendo
Y gozando nuestro secreto común
Que es el de saber en todas partes
Que no hay misterio en el mundo
Y que todo vale la pena.
El Niño Eterno me acompaña siempre.
La dirección de mi mirada es la que señala su dedo.
Mi oído atento alegremente a todos los sonidos
Son las cosquillas que él me hace en las orejas, jugando.
Nos llevamos tan bien uno con el otro
En compañía de todo
Que nunca pensamos uno en el otro,
Pero vivimos juntos siendo dos
En un íntimo acuerdo
Como la mano derecha y la izquierda.
Al anochecer jugamos a la matatena
En el escalón de la puerta de la casa,
Graves como conviene a un dios y a un poeta,
Y como si cada piedra
Fuese todo un universo
Y fuese por eso un gran peligro para ella
Dejarla caer al suelo.
Después le cuento historias de las cosas sólo de los hombres
Y él sonríe porque todo es increíble.
Se ríe de los reyes y de los que no son reyes,
Y le da pena oír hablar de las guerras,
Y del comercio y de los barcos,
112
Que humean en el aire de alta mar.
Porque él sabe que todo eso falta a aquella verdad
Que una flor tiene al florecer
Y que anda con la luz del sol
Cambiando los montes y los valles,
Y haciendo que duelan los ojos por los muros enjalbegados.
Después él se duerme y yo lo acuesto.
Lo llevo en brazos adentro de la casa
Y lo acuesto, desnudándolo lentamente
Como si siguiera un ritual muy limpio
Y del todo maternal hasta que está desnudo.
El duerme dentro de mi alma
Ya veces despierta en la noche
Y juega con mis sueños.
Coloca a unos piernas arriba,
Pone a unos encima de otros
Y aplaude solo
Sonriendo a mi sueño.
..............................................................................................
Cuando muera, hijito.
Que sea yo el niño, el más pequeño.
Tómame en tus brazos
Y llévame hacia adentro de tu casa.
Desnuda mi ser cansado y humano
Y acuéstame en tu cama.
Y cuéntame historias, si despierto,
Para que vuelva a dormir.
Y dame sueños tuyos para que juegue
Hasta que nazca cualquier día
Que tú sabes cuál es.
113
IX
SOY UN guardador de rebaños.
El rebaño es mis pensamientos
Y mis pensamientos son todas sensaciones.
Pienso con los ojos y con los oídos
Y con las manos y los pies
Y con la nariz y la boca.
Pensar una flor es verla y olerla
Y comer un fruto es saberle el sentido.
Por eso cuando en un día de calor
Me siento triste de gozarlo tanto,
Y me acuesto en la yerba,
Y cierro los ojos calientes,
Siento todo mi cuerpo acostado en la realidad,
Sé la verdad y soy feliz.
114
X
«HOLA, GUARDADOR de rebaños
Ahí, a la orilla del camino,
¿Qué te dice el viento que pasa?»
«Que es viento y que pasa,
Y que ya pasó antes,
Y que pasará después.
Ya ti, ¿qué te dice?»
«Muchas más cosas que eso.
Me habla de muchas otras cosas.
De recuerdos y de saudades
Y de cosas que nunca fueron».
«Nunca oíste pasar el viento.
El viento sólo habla del viento.
Lo que le oíste fue mentira,
Y la mentira está en ti».
XI
AQUELLA SEÑORA tiene un piano
Que es agradable escuchar pero no es el correr de los ríos
Ni el murmullo que hacen los árboles...
¿Para qué se necesita tener un piano?
Es mejor tener oídos
Y amar a la Naturaleza.
115
XII
LOS PASTORES de Virgilio tocaban flautas y otras cosas
Y cantaban de amor literariamente.
(después —yo nunca leí a Virgilio.
¿Para qué habría yo de leerlo?)
Pero los pastores de Virgilio, pastores, son Virgilio,
Y la Naturaleza es bella y antigua.
XIII
LEVE, LEVE, muy leve,
Un viento muy leve pasa
Y se va, siempre muy leve.
Y yo no sé lo que pienso
Ni busco saberlo
XIV
NO ME IMPORTAN las rimas. Raras veces
Hay dos árboles iguales, uno al lado del otro.
Pienso y escribo así como las flores tienen color
Mas con menos perfección en mi modo de expresarme
Porque me falta la simplicidad divina
De ser todo sólo mi exterior.
Miro y me conmuevo,
Me conmuevo como el agua que corre cuando el suelo se inclina,
Y lo que escribo es natural como cuando se eleva el viento...
116
XV
LAS CUATRO canciones que siguen
Se separan de todo lo que pienso,
Mienten a todo lo que siento,
Son lo contrario de lo que soy...
Las escribí estando enfermo
Y por eso ellas son naturales
Y concuerdan con lo que siento,
Concuerdan con lo que no concuerdan...
Estando enfermo debo pensar lo contrario
De lo que pienso cuando estoy sano.
(Si no, no estaría enfermo),
Debo sentir lo contrario de lo que siento
Cuando tengo salud,
Debo mentir a mi naturaleza
De criatura que siente de cierta manera...
Debo ser todo enfermo —ideas y todo.
Cuando estoy enfermo, no estoy enfermo para otra cosa.
Por eso estas canciones que me reniegan
No son capaces de renegarme
Y son el paisaje de mi alma en la noche,
La misma, al contrario...
XVI
OJALA que mi vida fuese un carro de bueyes
Gimiendo en el camino por la mañana, muy temprano,
117
Y que vuelve después hacia donde vino
Casi al anochecer por el mismo camino.
Yo no debí tener esperanzas, sólo debí tener ruedas...
Mi vejez no tenía arrugas ni el pelo blanco...
Cuando ya no sirviese, me sacarían las ruedas
Quedando yo abandonado y roto en el fondo de una barranca.
XVII
EN MI PLATO ¡qué mezcla de Naturaleza!
Mis hermanas las plantas,
Las compañeras de las fuentes, las santas
A quien nadie reza...
Y las cortan y vienen a nuestra mesa
Y en los hoteles los huéspedes ruidosos,
Que llegan con correas envolviendo mantas
Piden «Ensalada», descuidados...,
Sin pensar que exigen a la Tierra Madre,
Su frescura y sus hijos primogénitos,
Las primeras palabras verdes que ella tiene,
Las primeras cosas vivas e iridiscentes
Que Noé vio
Cuando bajaron las aguas y la cima de los montes
Verde y alagada surgió
Y en el aire por donde apareció la paloma
El arcoiris se esfumó...
118
XVIII
OJALA yo fuera el polvo del camino
Y los pies de los pobres me pisaran...
Ojalá yo fuera los ríos que corren
Y que las lavanderas estuviesen en mi orilla...
Ojalá yo fuera los chopos a la orilla del río
Y tuviese sólo el cielo arriba y el agua debajo.
Ojalá yo fuera el burro del molinero
Y que él me pegase y me estimase...
Antes eso que ser el que atraviesa la vida
Mirando tras de sí con mucha pena...
XIX
EL LUAR cuando ilumina el pasto
No se que cosa me recuerda...
Me recuerda la voz de la sirvienta vieja
Contándome cuentos de hadas.
Y de como Nuestra Señora vestida de mendiga
Andaba por la noche en los caminos
Socorriendo niños maltratados...
Si ya no puedo creer que eso es verdad,
¿Para qué el luar ilumina el pasto?
119
XX
EL TAJO es más bello que el río que corre por mi pueblo
Pero el Tajo no es más bello que el río que corre por mi pueblo
Porque el Tajo no es el río que corre por mi pueblo.
El Tajo tiene grandes barcos
Y navega en él todavía,
Para aquellos que ven en todo lo que allá no está,
La memoria de las naves.
El Tajo desciende de España
Y el Tajo entra en el mar en Portugal.
Eso todos lo sabemos.
Pero pocos saben cuál es el río de mi pueblo
Y hacia adonde va
Y de dónde viene.
Y por eso, porque pertenece a menos gente,
Es más libre y más ancho el río de mi pueblo.
Por el Tajo se va al Mundo.
Más allá del Tajo está América
Y la fortuna para los que la encuentran.
Nadie pensó nunca en lo que hay más allá
Del río de mi pueblo.
El río de mi pueblo no hace pensar en nada.
Quien está a su orilla sólo está a su orilla.
120
XXI
SI YO PUDIERA morder toda la tierra
Y sentirle un sabor,
Sería más feliz por un momento...
Más yo no siempre quiero ser feliz
Hay que ser de vez en cuando infeliz
Para poder ser natural...
No todos los días son de sol,
Y la lluvia, cuando falta mucho, se ruega.
Por eso tomo la infelicidad no la felicidad
Naturalmente, como quien no se extraña
Que haya montañas y llanuras
Y que haya rocas y yerbas.
Lo que se necesita es ser tranquilo y natural
En la felicidad o la infelicidad,
Sentir como quien mira,
Pensar como quien anda,
Y cuando se va a morir, acordarse de que el día muere,
Y que el poniente es bello y es bella la noche que queda..
Así es y que así sea...
XXII
COMO QUIEN en un día de verano abre la puerta de la casa
Y observa el calor de los campos con todo su rostro,
A veces, de repente, me golpea la Naturaleza con fuerza
En la suma de mis sentidos,
Y me quedo confundido, perturbado, queriendo entender
No sé bien como ni qué...
121
Pero ¿quién me dijo que debía querer entender?
¿Quién me dijo que habría que entender?
Cuando el verano me pasa por el rostro
La mano leve y caliente de su brisa,
Sólo debo sentir agrado porque es brisa
O sentir desagrado porque está caliente,
Y de cualquier modo que la sienta,
Así, porque así lo siento, mi deber es sentirlo...
XXIII
MI MIRADA azul como el cielo
Es tranquila como el agua al sol.
Es así, azul y tranquila,
Porque no interroga ni se espanta...
Si yo interrogara y me espantase
No nacerían flores nuevas en los prados
Ni cambiaría nada en el sol para que se hiciera más bello.
(Aunque si nacieran flores nuevas en el prado
Y si el sol se hiciera más bello,
Yo sentiría menos flores en el prado
Y hallaría más feo el sol...
Porque todo es como es y así es,
Y yo acepto y no agradezco,
Para no parecer que pienso en eso...)
XXXV
EL LUAR a través de las altas ramas,
Dicen todos los poetas que él es más
122
Más para mí, que no sé lo que pienso,
Lo que el luar a través de las altas ramas,
Es, además de ser
El luar a través de las altas ramas,
Es no ser más
Que el luar a través de las altas ramas.
XXXVI
Y HAY POETAS que son artistas
Y trabajan sus versos
¡Como un carpintero las tablas!...
¡Qué triste no saber florecer!
Tener que poner verso sobre verso, como quien construye un muro
Y ver si quedó bien y derribarlo si no es así!...
Cuando la única casa artística es toda la Tierra
Que cambia y está siempre bien y es siempre la misma.
Pienso en esto, no como quien piensa, sino como quien respira,
Y miro las flores y sonrío...
No sé si ellas me comprenden
Ni si yo las comprendo,
Pero sé que la verdad está en ellas y en mí
Y en nuestra común divinidad
De dejarnos ir y vivir por la Tierra
Y llevar en brazos por las Estaciones contentos
Y dejar que el viento cante para adormecernos
Y no tener ensueños en nuestro sueño.
123
XXXVII
COMO UN GRAN borrón de fuego sucio
El sol poniente se demora en las nubes que quedan.
A lo lejos se escucha un vago silbido en la tarde serena.
Debe ser de un tren lejano.
En este momento me viene una vaga saudade
Y un vago deseo plácido
Que aparece y desaparece.
También, a veces, en la superficie de los riachuelos,
Se forman burbujas en el agua
Que nacen y se deshacen
Y no tienen ningún sentido
Salvo el de ser burbujas de agua
Que nacen y se deshacen.
XXXVIII
BENDITO SEA el mismo sol de otras tierras
Que me hermana con todos los hombres
Porque todos los hombres en un momento del día, lo miran como
yo,
Y en ese puro momento
Limpio y sensible
Regresan lacrimosamente
Y con un suspiro que mal sienten
Al hombre verdadero y primitivo
Que veía al Sol nacer y aún no lo adoraba.
Porque eso es natural —más natural
Que adorar al oro y a Dios
124
XXXIX
¿EL MISTERIO de las cosas, dónde está?
¿Dónde está que no aparece
para mostraros al menos que es misterio?
¿Qué sabe de eso el río y qué sabe el árbol?
Y yo, que no soy más que ellos ¿Qué sé de eso?
Siempre que miro las cosas y pienso en lo que los hombres
piensan de ellas,
Río como un arroyo que suena fresco entre las piedras.
Porque el único sentido oculto de las cosas
Es que no tienen ningún sentido oculto,
Es más extraño que todas las extrañezas
Y que todos los sueños de los poetas
Y los pensamientos de todos los filósofos,
Que las cosas sean realmente lo que parecen ser
Y que no haya nada que comprender.
Sí, he aquí lo que mis sentidos aprendieron solos: —
Las cosas no tienen significado: tienen existencia.
Las cosas son el único sentido oculto de las cosas.
XL
7-5-1914
PASA UNA MARIPOSA delante de mí
Y por primera vez en el universo yo veo
Que las mariposas no tienen color ni movimiento,
Así como las flores no tienen perfume ni color.
El color es que tiene color en las alas de la mariposa,
En el movimiento de la mariposa el movimiento es el que se mueve,
125
El perfume es el que tiene perfume en el perfume de la flor.
La mariposa es sólo mariposa
Y la flor es sólo flor.
XLI
7-5-1914
EN EL ATARDECER de los días de verano a veces,
Aunque no haya nada de brisa, parece
Que pasa, un momento, una leve brisa...
Mas los árboles permanecen inmóviles
En todas las hojas de sus hojas
Y nuestros sentidos tuvieron una ilusión
Tuvieron la ilusión de lo que les agradaría...
¡Ah! ¡Nuestros sentidos, los enfermos que ven y oyen!
Si fuéramos nosotros como deberíamos ser
No habría en nosotros necesidad de ilusión...
Nos bastaría sentir con claridad y vida
Y no observar para qué hay sentidos...
Mas gracias a Dios que hay imperfección en el Mundo
Porque la imperfección es una cosa,
Y que haya gente que se equivoque es diferente,
Y el que haya gente que enferma hace al Mundo más grande
Si no hubiera imperfección, habría una cosa de menos,
Y debe haber muchas cosas
Para que tengamos mucho que ver y oír...
126
XLII
7-5-1914
¡PASÓ LA DILIGENCIA por el camino y se fue!
Y el camino no se hizo más bello, ni tampoco más feo.
Así es la acción humana en el mundo.
Nada quitamos y nada ponemos ¡pasamos y olvidamos!
Y el sol es siempre puntual todos los días.
XLIII
7-5-1914
ANTES EL VUELO del ave, que pasa y no deja huella,
Que el paso del animal, que deja un recuerdo en el suelo.
El ave pasa y olvida, y así debe ser.
El animal, donde ya no está, lo que no sirve de nada,
Muestra que ya estuvo lo que no sirve para nada.
El recuerdo es una traición a la Naturaleza,
Porque la naturaleza de ayer no es Naturaleza.
Lo que fue no es nada, y recordar es no ver.
¡Pasa, ave, pasa, y enséñame a pasar!
XLIV
7-5-1914
DESPIERTO EN LA NOCHE repentinamente,
Y mi reloj ocupa la noche entera.
No siento la naturaleza allá afuera.
127
Mi cuarto es una cosa oscura con paredes vagamente blancas
Allá fuera hay un sosiego como si nada existiera.
Sólo el reloj prosigue su ruido.
Y esta pequeña cosa de engranajes que está encima de mi
mesa
Ahoga toda la existencia de la tierra y del cielo...
Casi me pierdo, pensando en lo que esto significa,
Pero me vuelvo, y me siento sonreír en la noche con las comisuras
de la boca,
Porque la única cosa que mi reloj simboliza o significa
Al llenar con su pequeñez la noche enorme
Es la curiosa sensación de llenar la noche enorme
Con su pequeñez...
XLV
7-5-1914
UNA HILERA de árboles allá lejos, allá en la cuesta.
Pero ¿qué es una hilera de árboles? Sólo hay árboles,
La hilera y el plural árboles no son cosas, son nombre.
Tristes de las almas humanas, que ponen todo en orden,
Que trazan líneas entre cosa y cosa,
Que ponen letreros con nombres en los árboles absolutamente
reales,
Y dibujan paralelos de latitud y longitud
¡Sobre la propia tierra inocente y más verde y florida que esto!
128
XLVI
10-5-1914
DE ESTE o de aquel modo,
Conforme venga o no venga,
Pudiendo a veces decir lo que pienso,
Y otras veces diciéndolo mal y entremezclado,
Voy escribiendo mis versos sin querer,
Como si escribir no fuera una cosa hecha de gestos,
Como si escribir fuera una cosa que me ocurriera
Como si me diera el sol de afuera.
Busco decir lo que siento
Sin pensar en que lo siento
Busca arrimar las palabras a la idea
Sin necesitar de un corredor
Del pensamiento a las palabras.
No siempre consigo sentir lo que sé que debo sentir.
Mi pensamiento sólo muy despacio atraviesa el río a nado
Porque le pesa la ropa que los hombres le hicieron usar.
Busco desnudarme de lo que aprendí,
Busco olvidarme del modo de recordar que me enseñaron,
Y raspar la pintura con la que me pintaron los sentidos,
Desencajonar mis emociones verdaderas,
Desempacarme y ser yo, no Alberto Caeiro,
Sino un animal humano que la Naturaleza produjo.
Y así escribo, queriendo sentir la Naturaleza ni siquiera
como un hombre,
Sino como quien siente la naturaleza y nada más.
Yasí escribo, ora bien, ora mal,
129
Ora acertando con lo que quiero decir, ora errando,
Cayendo aquí, levantándome allá,
Mas yendo siempre por mi camino como un ciego obstinado
Sin embargo, soy alguien.
Soy el descubridor de la Naturaleza.
Soy el Argonauta de las sensaciones verdaderas.
Traigo al Universo un nuevo Universo
Porque traigo al Universo mismo.
Esto siento y esto escribo
Perfectamente sabedor y sin que no vea
Que son las cinco de la mañana
Y que el sol, que aun no muestra la cabeza
Por encima del muro del horizonte,
Le vemos aun así la punta de los dedos
Asiendo el borde del muro
Del horizonte lleno de montes bajos.
XLVII
EN UN DÍA excesivamente nítido,
Día en que se tenían ganas de haber trabajado mucho
Para en él no trabajar nada,
Entreví, como un camino entre los árboles,
Lo que tal vez sea el Gran Secreto,
Aquel Gran Misterio del que hablan los falsos poetas.
Vi que no hay Naturaleza,
Que la Naturaleza no existe,
Que hay montes, valles, llanuras,
Que hay árboles, flores, yerbas,
Que hay ríos y piedras,
130
Pero que no hay un todo al que eso pertenezca,
Que un conjunto real y verdadero
Es una enfermedad de nuestras ideas.
La Naturaleza es partes sin un todo.
Esto es tal vez aquel misterio del que hablan.
Fue esto lo que sin pensar ni detenerme,
Acerté que debía ser la verdad
Que todos creen hallar y que no hallan,
Y que sólo yo, porque no la busqué, la hallé,
XLVIII
DESDE LA MÁS ALTA ventana de mi casa
Con un pañuelo blanco digo adiós
A mis versos que parten hacia la Humanidad.
Y no estoy alegre ni triste.
Este es el destino de los versos.
Los escribí y debo mostrárselos a todos
Porque no puedo hacer lo contrario
Como la flor no puede ocultar su color,
Ni el río ocultar que corre,
Ni el árbol ocultar que da fruto.
Helos que van ya lejos como en la diligencia
Y yo sin querer me apeno
Como un dolor en el cuerpo.
¿Quién sabe quién los leerá?
¿Quién sabe a que manos irán?
131
Flor, me tomó mi destino para los ojos.
Árbol, me arrancaron los frutos para las bocas.
Río, el destino de mi agua era no quedar en mí.
Me someto y me siento casi alegre,
Casi alegre como quien se cansa de estar triste.
¡Alejaos, alejaos de mí!
Pasa el árbol y se queda disperso por la Naturaleza.
Se marchita la flor y su polvo dura siempre.
Corre el río y entra en el mar y su agua es siempre la que fue suya.
Paso y quedo, como el Universo.
XLIX
ME METO y cierro la ventana.
Traen el candelero y dan las buenas noches,
Y mi voz contenta da las buenas noches.
Ojalá que mi vida sea siempre así:
El día lleno de sol, o suave de lluvia,
O tempestuoso como si se acabara el Mundo,
La tarde suave y los grupos que pasan
Observados con interés desde la ventana,
La última mirada amiga puesta en el sosiego de los árboles,
Y después, cerrada la ventana, prendido el candelero,
Sin leer nada, ni pensar en nada, ni dormir,
Sentir la vida correr por mí como un río por su lecho,
Y allá fuera un gran silencio como un dios que duerme.
132
EL PASTOR AMOROSO
6-7-1914
CUANDO YO no te tenía
Amaba la naturaleza como un sereno monje a Cristo.
Ahora amo a la Naturaleza
Como un sereno monje a la Virgen María,
Religiosamente, a mi modo, como antes,
Pero de otra manera más conmovida y próxima...
Veo mejor los ríos cuando voy contigo
Por los campos hasta la orilla de los ríos;
Sentado a tu lado observando las nubes
Las observo mejor—
Tú no me arrancaste la Naturaleza...
Tú no cambiaste la Naturaleza...
Me trajiste la Naturaleza junto a mí,
Porque existe la veo mejor, pero la misma
Porque me amas, la amo del mismo modo, pero más,
Por escogerme para tenerte y amarte,
Mis ojos la miraron más demoradamente
Sobre todas las cosas.
No me arrepiento de lo que antaño fui
Porque aún lo soy.
133
6-7-1914
VA ALTA en el cielo la luna de la primavera.
Pienso en ti y dentro de mí estoy completo.
Corre por los vagos campos hasta mí una brisa ligera.
Pienso en ti, murmuro tu nombre y no soy yo: soy feliz.
Mañana vendrás, irás conmigo a cortar flores al campo,
Y yo iré contigo por los campos a verte cortar flores.
Ya te veo mañana cortando flores conmigo por los campos,
Pues cuando vengas mañana conmigo a cortar flores,
Esto será una alegría y una verdad para mí.
134
10-7-1930
EL AMOR es una compañía.
Ya no sé andar solo por los caminos,
Porque ya no puedo andar solo.
Un pensamiento visible me hace andar más de prisa
Y ver menos, y al mismo tiempo gustar de ir viendo todo.
También la ausencia de ella es una cosa que está conmigo.
Y me gusta tanto ella que no sé como desearla.
Si no la veo, la imagino y soy fuerte como los árboles altos.
Pero si la veo tiemblo, no sé que se hace de lo que siento en su
ausencia.
Todo yo soy cualquier fuerza que me abandona.
Toda la realidad me mira como un girasol con su rostro en
medio.
135
10-7-1930
PASÉ TODA la noche, sin saber dormir, viendo, sin espacio, su
figura
Y viéndola siempre de maneras distintas de cómo la veo
Hago pensamiento con el recuerdo de lo que ella es cuando me
habla,
Y en cada pensamiento ella cambia de acuerdo con su semejanza.
Amar es pensar.
Y yo casi me olvido de sentir sólo de pensar en ella,
No sé bien lo que quiero, hasta de ella, y yo no pienso sino en ella
Tengo una gran distracción animada.
Cuando deseo encontrarla
Casi prefiero no encontrarla,
Para no tener que dejarla después.
No sé bien lo que quiero, ni quiero saber lo que quiero. Quiero sólo
Pensar en ella.
No pido nada a nadie, ni a ella, sino pensar.
Fernando Pessoa
POEMAS
(Antología)
Traducción y presentación:
Miguel Ángel Flores
2
1ª edición 1997
2ª edición 1998
© De la presentación y traducción: Miguel Ángel Flores
© De esta edición: Letras Vivas, 1998
Diseño de la portada: Elias Nahmad
Diseño de interiores: Israel Ayala y Eugenia Herrera
Ilustraciones de Julio Pomar
Ilustración de solapa Antonio Costa Pinheiro
ISBN 968-7888-07-5
Impreso y hecho en México
Printed and made in México
Enviado por:
Alejandro Ibarra Quintero
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