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Frente a esta situación, Fernando Calderón y Norbert Lechner se cuestionan si "¿No es el estar-juntos-con-otros, esa comunidad de semejantes, el espacio propiamente político de la democracia?" (:26). Y si "¿puede la población de nuestras sociedades (o sea, nosotros) llegar a ser ciudadanos? Vale decir: la gobernabilidad democrática presupone ciudadanos, pero ¿qué hace la democracia para formar ciudadanos?" (:38-39). A lo que le añado inevitablemente, ¿qué hacen los medios y las tecnologías de la información y la comunicación (TICs), especialmente Internet, para apoyar y fortalecer este proceso?
Precisamente, la gobernabilidad requiere patrones de corresponsabilidad y complicidad entre el sistema político y los individuos como sujetos de derecho convertidos en ciudadanos plenos "a partir de prácticas sociales, sistemas institucionales y representaciones culturales" que comparten algo común en libertad e igualdad. Todo esto está profundamente ligado a procesos de democratización, de educación y de revalorización de los derechos humanos, tal como lo recalcan los autores mencionados:
La ciudadanía presupone que las instituciones puedan garantizar a todos, como parte de los derechos individuales, todos los derechos sociales. En consigna, sólo si hay derechos hay ciudadanos (:34).
En el marco esbozado se está configurando un nuevo escenario político donde los medios masivos adquieren una creciente influencia en el ejercicio de la democracia y de la política desde su cotidianidad. Por ello, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (pnud, 2002: 131) propone la necesidad de "buscar mayor congruencia entre comunicación y política, a fin de que ambas esferas se potencien para fortalecer, tanto en las instituciones estatales como en la sociedad civil, una cultura política deliberativa."
Jesús Martín-Barbero (1998: xv) añade que la comunicación y la cultura son el "estratégico escenario que le exige a la política recuperar su dimensión simbólica "su capacidad de representar el vínculo entre los ciudadanos, el sentimiento de pertenencia a una comunidad" para enfrentar la erosión del orden colectivo." Por lo tanto, se teje una red de relaciones entre comunicación, cultura y política articuladas por un puente articulador fructífero: la ciudadanía (Alfaro, 1997) o ciudadanías en plural, respetando la diversidad (pluri-multi cultural) de América Latina.
El restablecimiento de la democracia en Bolivia (1982), al igual que en muchos países latinoamericanos, marcó el inicio de un proceso de cambio orientado a crear las condiciones necesarias para la edificación de una sociedad justa, democrática y participativa, en el marco del respeto a las garantías constitucionales de las personas.
Sin embargo, luego de más de 20 años de vida democrática se constata que la cultura política de la población "o, más bien, de cada grupo sociocultural" se estancó e, incluso, empobreció debido a que se la negó sistemáticamente desde esferas de poder tradicionales y conservadoras: lo "otro" en cuanto tiene posibilidad de ser y existir, es peligroso al sistema establecido. Además, no se impulsó procesos de educación política y ciudadana sobre la base de los valores democráticos, una tarea educativa ligada a incentivar el sentimiento de pertenencia a la comunidad "en el marco del diseño de modelos de sociedad y de Estado" y la convicción de que la solución de los problemas del país depende del protagonismo de las personas, es decir, de la participación activa y comprometida en la esfera pública (Peñaranda, 2001).
Frente a este panorama, Susana Peñaranda (2001) plantea la urgente necesidad de trabajar desde todos los frentes en la constitución de una nueva cultura política ciudadana capaz de formar una ciudadanía activa y responsable que estimule la conciencia sobre los derechos y deberes que tienen los seres humanos "por el hecho de ser tales" y, asimismo, fortalezca el sentimiento de pertenencia y compromiso con una comunidad política y los conciudadanos que la forman, ahora debilitado por la poca participación e incidencia en el ámbito público.
Por lo tanto, aquí planteo encarar procesos sociales mediáticos de construcción de ciudadanías, en definitiva, una gestación de las subjetividades individuales y colectivas, de aprendizaje de expectativas recíprocas y de definición de un espacio de responsabilidad en relación con los "otros", en general, y con el Estado o la autoridad pública ("otro privilegiado"), en particular: ¿qué derechos tengo?, ¿cuáles son mis responsabilidades (y las del otro hacia mí)? Precisamente, el "desafío de la transición actual está en la capacidad de combinar los cambios institucionales formales con la creación y expansión de prácticas democráticas y de una cultura de la ciudadanía" en la cotidianidad (Jelin, 1996: 114).
En esta línea, los medios y las TICs adquieren una importancia creciente, constituyéndose en escenario de debate público y de construcción de verosimilitud del hecho político y, asimismo, en actores del proceso político: en la definición de la agenda pública, en la influencia de líderes mediáticos en la formación de la opinión pública, en la fiscalización de los actos del gobierno (control social), etc. Estas "cualidades" se explican por la pérdida de legitimidad y credibilidad de los partidos políticos y el debilitamiento de sus funciones típicas como mecanismos de expresión de las demandas ciudadanas (pnud, 2002).
Empero, a pesar de que los medios, y cada vez más las TICs, se constituyen en el ámbito de representación simbólica donde diversos grupos de la población "por medio de la ocupación del espacio público" (re)configuran su identidad cultural, expresan sus demandas e intereses, debaten los asuntos públicos y se reconocen como miembros de una comunidad, estos no pueden transformar estas demandas sociales "tarea de representación institucional de la política" en decisiones estatales: políticas públicas (ibídem). Entonces, la situación es altamente amenazadora y preocupante, no sólo por la falta de credibilidad y esperanza en la que se va estructurando el tejido social y político, sino por la falsa ilusión de que esos "nuevos" espacios públicos pueden, o deberían, solucionar los problemas estructurales y cotidianos de las sociedades.
Los cubanos, por supuesto, no pretenden haber resuelto los problemas de la libertad de expresión, de la información y de la democracia revolucionaria con los discursos de Fidel Castro. Superadas las angustias de la supervivencia, han empezado a trabajar en esos problemas con la misma seriedad y el mismo ahínco con que se enfrentaron a los obstáculos de vida o muerte del bloqueo.
Gabriel García Márquez, 1975
Por todo lo mencionado la presente propuesta se enmarca, siguiendo la reflexión de James Deane y Denise Gray-Felder (1999), dentro del campo de la comunicación para el cambio social, concebida como un proceso de diálogo privado y público a través del cual se pretende que las personas, fundamentalmente los grupos marginados tanto política, cultural como económicamente, decidan quiénes son, qué quieren y cómo pueden obtenerlo, y en su empeño de tratar de lograrlo "en un contexto donde se les facilite la elección de opciones y oportunidades" mejoren su calidad de vida guiados por los principios de tolerancia, autodeterminación, equidad, justicia social y participación.
Este enfoque propone en los países latinoamericanos una nueva agenda de la comunicación para el desarrollo humano sostenible, trasladando el énfasis del proceso a las personas y comunidades como agentes protagonistas de su presente y futuro, que se valen del acceso, el diálogo y la participación para mejorar sus condiciones de vida y la de sus hijos.
Por todo ello, esta otra manera de entender e impulsar procesos sociales de comunicación para el cambio permite reflexionar e intervenir estratégicamente en la política y el desarrollo desde un eje fundamental: la creación de condiciones para el pleno ejercicio del derecho humano a la información, que no se reduce a permitir a las personas saber lo que deberían pensar o hacer, sino que otorga sentido y forma a sus aspiraciones, permitiéndoles tomar el control de sus propias vidas (ibídem): lo que una persona conoce, cambia.
Sin duda que el tema no gira sólo en torno al escaso acceso a la información especializada y de calidad por parte de las grandes mayorías sumidas en condiciones de extrema pobreza, sino, también, en las insuficientes habilidades educativas que no permiten registrarla, sistematizarla e integrarla con otros hechos o fenómenos, en función de su transferencia, aprovechamiento y transformación de manera potencialmente significativa en conocimiento válido. Son, precisamente, estas estructuras informacionales internalizadas en estructuras de conocimiento (sistemas de reracionamiento simbólico) las que permiten una intervención en la realidad, en vías del tan demandado cambio social del que se habló en párrafos anteriores.
Las personas adecuadamente informadas tienen los suficientes argumentos para opinar sustentadamente, participar en la definición e implementación de acciones de carácter público que afectan directamente su calidad de vida, controlar socialmente a las autoridades que las representan y sobre las que han depositado responsabilidades, debatir sobre problemas comunes y tomar decisiones para su presente y futuro. Todo esto es, sin duda, ¡ejercer poder ciudadano!
Si tomamos en cuenta que la información que circula públicamente proviene fundamentalmente de los medios, entonces, podemos hablar de una ciudadanía que también se construye a partir del consumo cultural "en la dirección de apropiación y uso planteada por Néstor García Canclini (1991)" de la oferta mediática, y la que hemos definido con María Helena Hermosilla (1995) como ciudadanía comunicativa.
En esta dirección, en el presente estudio esbozamos un modelo teórico de construcción de ciudadanía comunicativa (ver Gráfico 1) sobre la base del ejercicio pleno del derecho a la información, que incorpora los siguientes elementos: formación de opinión pública, participación ciudadana y deliberación pública, en el marco de gestación de espacios públicos democráticos.
Sin embargo, a pesar de las múltiples posibilidades de acceso a mayor cantidad y calidad de información y oportunidades de difusión de visiones de mundo diferenciadas "con sus aspiraciones, necesidades, experiencias y análisis" que permiten las tecnologías de la información y la comunicación en esta sociedad de principios de siglo, se percibe una profunda "brecha informativa" entre los que tienen posibilidades reales de acceso, aprovechamiento y uso, y los que han sido "¡y son!" marginados y excluidos, continuando "sin voz" e "invisibles" ante un mundo que parece avanzar sin ellos.
Entonces, la construcción de ciudadanía, en función del fortalecimiento de los nóveles sistemas democráticos en América Latina, empieza a constituirse en un tema prioritario en el ámbito estatal y en sectores no gubernamentales, especialmente en los académicos, donde se carece de reflexión científica que permita generar nuevos conocimientos al respecto para explicar y comprender la realidad. Precisamente, a partir de la reflexión generada por el Informe de Desarrollo Humano - Bolivia 2002 (idh-bol/2002) "elaborado por el pnud (2002)" consideramos que la ciudadanía es donde se deben sintetizar los imperativos de la democracia y del desarrollo, con un marcado referente de lucha contra la pobreza. Porque pobre, en su dimensión subjetiva, es también aquel que no tiene ciudadanía, "a quien sus derechos le están siendo arrebatados por un sistema que no le permite ser ciudadano y le niega la dignidad" (:185).
Gráfico 1 - Modelo Teórico de Construcción de Ciudadanía Comunicativa

Fuente: Elaboración propia.
En Bolivia, esta exigencia de dignidad es también una demanda de justicia y equidad directamente relacionada con el problema de la pobreza, ya que los sectores excluidos reclaman "en el plano de la subjetividad" ser respetados y tomados en cuenta para transformarse "con las suficientes oportunidades sociales y políticas" en actores que puedan configurar su propio destino en una relación de mutua colaboración con los demás. En esta línea se enmarca la propuesta del idh-bol/2002 desde una capacidad política considerada como crucial (la deliberación):
(…) que como resultado de procesos deliberativos, los pobres se conviertan en actores, sus protestas en propuestas, y que tengan la capacidad de acción y negociación en las instancias respectivas. Fruto de este proceso se debería llegar a consensos que sean favorables a este sector (:187).
La democracia debe asumir responsablemente la tarea de restituir la dignidad de los sectores sociales más afectados, particularmente los pobres y excluidos y vulnerables, expandiendo los espacios colectivos de deliberación en los que se desplieguen y amplíen las capacidades de decisión política en torno a lo público como una manifestación del ejercicio ciudadano. Tal como aclara el pnud (:203),
En ese sentido, sólo una salida deliberativa que construya un espacio público en el que los derechos ciudadanos sean igualitarios para los distintos miembros de la comunidad política (es decir, donde la palabra de cada actor tenga el mismo valor y el otro sea considerado como igual), permitirá un intercambio libre, propositivo, en el que se dé un ejercicio pleno de la ciudadanía por parte de los distintos actores.
Para la consolidación de la democracia en América Latina es imperativo que los distintos grupos sociales se asuman como ciudadanos, con capacidad para convertirse "frente a la exclusión y discriminación en que viven" en sujetos capaces de ejercer derechos y deberes, buscando la participación activa en los espacios donde se toman decisiones (vida pública) que afectan de manera directa su vida cotidiana.
Vista desde este enfoque, la información como derecho fundamental "reconocido en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948" puede coadyuvar en la formación y ejercicio activo y responsable de la ciudadanía en el marco del desarrollo humano. Por lo tanto, aquí se diseña y fundamenta un modelo teórico de ciudadanía comunicativa. Mediante ésta las personas asumen, por medio del consumo cultural de la oferta informativa noticiosa, una competencia política que coadyuva en la generación de esferas públicas. Esto es, un conjunto específico de roles sociales a través de los cuales los ciudadanos se interesan sobre un hecho de interés público, forman un juicio al respecto y lo expresan (opinión pública), además de que toman decisiones, fiscalizan, demandan y ejecutan todas aquellas acciones que los lleven a defender intereses comunes en un contexto deliberativo (participación ciudadana).
La democratización de la comunicación es, ante todo, una cuestión de ciudadanía y justicia social, que se enmarca en el derecho humano a la información y la comunicación. Vale decir, es consustancial a la vida democrática de la sociedad misma, cuya vitalidad depende de una ciudadanía debidamente informada y deliberante para participar y corresponsabilizarse en la toma de decisiones de los asuntos públicos.
Osvaldo León, 2002
Ya en 1969, Jean D"Arcy (citado por Hamelink, Cees, 2002: 1) planteó: "vendrá el día en que la Declaración Universal de los Derechos Humanos tendrá que incluir un derecho más amplio que el derecho del hombre a la información (…) Este es el derecho de los hombres a comunicarse". Hace unos años atrás, el Foro Mundial de Derechos Humanos "Viena +5" (Ottawa, Canadá, junio 1998) exhortó a la Organización de las Naciones Unidas (onu) para que convoque a una Conferencia Mundial de la Comunicación, que contemple una amplia participación de la sociedad civil, con el mandato de analizar y sustentar el reconocimiento del derecho a la comunicación para consolidación de la democracia.
Es así como el sueño de D"Arcy puede hacerse realidad, en una primera instancia, en la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información que "organizada por la onu y encabezada por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (uit)" se realizará en Ginebra, Suiza, en diciembre de 2003. Esta Cumbre tiene el propósito de desarrollar una visión y entendimiento común de la sociedad de la información y diseñar un plan de acción estratégico para adaptarse a esta "nueva" sociedad. De la misma manera, pretende sentar las bases para la Conferencia Mundial de la Comunicación, a realizarse en Túnez, África, el año 2005.
Nos encontramos en una primera fase del derecho a la comunicación, que es la consolidación del derecho a la información. Por ello es crucial trabajar en éste último con la intención de lograr el pleno ejercicio del primero. Porque, por ejemplo Antonio Pasquali y Romel Jurado (2002) reconocen que el derecho humano a la comunicación es condición sine qua non para que toda persona participe en la vida democrática de los Estados, así como para ejercer su derecho al desarrollo. En esta dirección, han formulado una propuesta sobre este derecho, que engloba el ejercicio pleno e integral de los siguientes derechos:
Justamente, el planteamiento de Pasquali y Jurado es ratificado por Pedro Farias (en Benito, Ángel, 1991: 338-339), quien concreta el derecho a la comunicación como el "conjunto de facultades, inherentes al hombre como ser sociable, para intercambiar y poner en común diversas formas de mensajes". Para promover la "maduración social" y, así, desarrollar las virtualidades de la sociabilidad, el objeto de este derecho humano está integrado no sólo por pensamientos, ideas y opiniones (libertad de expresión), sino también por informaciones (libertad de información). Por eso, son indisociables el derecho a la comunicación "como postulado de la sociabilidad humana" y el derecho a la información.
Por su lado, Cees Hamelink (2002) parte de una concepción más englobante de todos los derechos reconocidos y reivindicados en torno a la comunicación e incorpora, de manera particular, los derechos relacionados con el nuevo escenario de la comunicación, que van más allá del derecho a la información tal como fue plasmado hace más de 50 años. De este modo, Hamelink plantea una serie de derechos que deben ser tomados en cuenta para el reconocimiento, trazado y adopción de una declaración universal sobre el derecho a la comunicación:
Derechos de Información:
Derechos Culturales:
Derechos de Protección:
Derechos Colectivos:
Derechos de Participación:
Con esta óptica, la Plataforma por el Derecho a la Comunicación "que aglutina a Organizaciones no Gubernamentales (ongs) con actividades en el ámbito de la comunicación para el cambio social, a nivel local, nacional y global" lanzó, en noviembre de 2001, la Campaña de Derecho a la Comunicación en la Sociedad de la Información (cris, por sus siglas en inglés). Su propósito es abrir un amplio espacio de debate en la sociedad civil sobre el sentido y porvenir de la sociedad de la información.
La Campaña cris tiene una visión de la sociedad de la información fundada en el derecho a la comunicación, como medio para afianzar otros derechos humanos y fortalecer la vida social, económica y cultural de la gente y de las comunidades. Entonces, cris propone que la discusión en la próxima Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información no se puede centrar exclusivamente en las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (ntic), sino que debe tomar en cuenta otras temáticas: derechos humanos, acceso a la información, género, propiedad y control, gobernabilidad y fiscalización, diversidad y pluralismo, y derechos de propiedad intelectual.
De una manera real se empieza a percibir, como fundamento para la consolidación de los noveles sistemas democráticos de América Latina, la urgente necesidad de su legalidad y legitimación desde la sociedad civil. No sólo en los ámbitos académicos, sino cada vez con mayor ímpetu entre las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, el tema de la ciudadanía va cobrando especial importancia por una serie de razones que provienen fundamentalmente de cuatro vertientes:
a) Política:
b) Histórica:
c) Económica:
Empero, muchas veces, ésta es razón sustancial para el surgimiento de movimientos sociales agrupados en torno a la identidad cultural, el género, el consumo, etc., que exigen el cumplimiento de sus derechos. Por otro lado, al tener estas necesidades resueltas, los sectores más acomodados se repliegan, cada vez más, en ámbitos privados (individuales, grupales o familiares) que los alejan de la construcción de comunidad.
d) Social:
En mayores y menores grados estas vertientes, entre otras, muestran a la ciudadanía en Latinoamérica como el resultado de un proceso sociopolítico que pretende ¾ en pleno siglo XXI¾ la lucha por la igualación de todos en pos del fortalecimiento de Estados con plenas garantías para dar concreción y vigencia a los derechos humanos en la consolidación de sociedades verdaderamente democráticas, justas y equitativas.
Por ello, la urgente tarea de encarar un trabajo multidisciplinario en la construcción de ciudadanía desde diversos frentes. Este trabajo se aproxima a la labor específica de los medios de comunicación masiva en esta dirección. A continuación, se detallan algunos rasgos que permiten comprender los aspectos que abarca el tema de la ciudadanía antes de que se analicen los procesos masivos para su gestación activa y responsable.
Manuel Antonio Garretón (1995: 103) plantea una multidemsionalidad ciudadana "ligada al acceso y la calidad", esto es, un conjunto de derechos y deberes donde la persona ejerce su capacidad de ser sujeto, es decir, de llegar a controlar o decir algo sobre los procesos que definen un determinado campo, por ejemplo, en relación al mundo terrirorial, educacional, comunicacional, de género, etnia, generación, etc. Por lo tanto, en cada uno de estos campos se es titular de derechos humanos inalienables de acuerdo a una particular condición que proviene de la diversidad.
Al respecto Garretón (:104) considera que en el concepto de ciudadanía moderna "estamos frente a una extensión de derechos irrenunciables que provienen precisamente de la diferencia y no de la igualdad básica de los seres humanos", lo que le otorga a cada persona o grupo la posibilidad de definir y luchar por tales derechos. Empero, esta potencialidad de la expansión ciudadana "como la llama el autor mencionado" se ve frustrada y negada por la exclusión, marginación, descomposición y fragmentación de las sociedades, la ausencia de proyectos globales de sociedad, etc., que caracterizan a los pueblos de América Latina, especialmente, los sectores populares.
En este marco, María Elena Hermosilla (1995: 180) sostiene que los medios de comunicación masiva pueden aportar en la constitución de ciudadanía estimulando la autonomía (social, política, económica y cultural) de los sujetos individuales y sociales para que estos puedan gestionar, construir y asumir su propio destino sobre la base del desarrollo y perfeccionamiento de sus condiciones de vida. Frente a la oferta de los medios, las personas construyen una ciudadanía comunicativa. A propósito, Claudia Villamayor y Ernesto Lamas (1998: 224) plantean lo siguiente:
El ejercicio de ciudadanía es un proceso de aprendizaje al que contribuyen las diferentes instituciones presentes en la sociedad, entre ellas los medios de comunicación. Desde un medio de comunicación siempre se construye ciudadanía: se puede ayudar al fortalecimiento de una ciudadanía activa y participativa o se puede fomentar una ciudadanía pasiva vinculada únicamente con el consumo.
Garretón (:106-107) complementa el análisis con dos dimensiones interdependientes en la relación entre los medios de comunicación masiva y la ciudadanía (ver Cuadro 1-1).
Cuadro 1-1
Dimensiones de la Ciudadanía Comunicativa
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PRIMERA DIMENSIÓN "También ejerzo mi ciudadanía a través de los medios" |
SEGUNDA DIMENSIÓN "También aprendo a ser ciudadano en mi relación con los medios" |
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En los medios las personas expresan y ejercen su ciudadanía en diversos campos, por ejemplo, a través de diversas formas de control social del poder. Sin embargo, los medios también pueden sustituir de forma ilusoria la participación a la que no se tiene acceso realmente o se puede dar el caso que los medios intenten sustituir a otras instancias de participación (por ejemplo, partidos políticos). |
Las personas definen y (re)configuran su ciudadanía en la relación que establecen con la oferta mediática (consumo cultural) . Por ejemplo, la información que estos producen aumenta el poder ciudadano (control social). Asimismo, aquí se plantea un tema de fundamental importancia, cual es el control ciudadano de los medios para la regulación democrática de estos. |
En esta línea, Villamayor y Lamas (:223) reconocen que en la actualidad los medios juegan un papel prácticamente insustituible en la construcción y ejercicio de ciudadanía orientada a la consolidación de una sociedad democrática, ya que mediante el acceso y la participación en estos, las personas pueden ejercer ciudadanía al hacer uso de la libertad de expresión y acceder al espacio público, al mismo tiempo que controlar a las instituciones y ejercer presión sobre ellas.
El papel estratégico de la educación, del conocimiento y de las redes de información constituyen en la actualidad uno de los principales elementos de integración social al mundo moderno. Solamente un grupo muy reducido de latinoamericanos tienen acceso a redes de información y al manejo de las nuevas formas de conocimiento. Resulta pues fundamental que una renovación ciudadana busque una expansión de las nuevas formas de conocer y comunicar.
Fernando Calderón y Norbert Lechner, 1998
La información es fundamental para conocer y comprender la realidad actual. El hombre moderno tiene necesidades informativas que son satisfechas en gran parte por los medios de comunicación masiva; empero, la selección que estos hacen no siempre está acorde con las aspiraciones, necesidades, exigencias y expectativas de los receptores. La cada vez mayor "avalancha de mensajes" coloca al individuo, según Rivadeneira (1984: 37), "en una situación de "observador" de resultados en cuya producción él parece no participar", lo que le lleva a un estado de marginamiento social.
Ya en 1949, la Teoría Matemática de la Comunicación de C.E. Shannon y W. Weaver concibió la información como opuesta a entropía, caos o casualidad. Una de las aportaciones más importantes al modelo matemático es la de Eric Berne (citado por Valbuena, en Benito: 758-759), para quien la información es lo que conscientemente desea y se propone comunicar (emisor) o recibir (receptor), porque es lo que saben, lo que les da seguridad. La actitud del receptor es, en última instancia, la que otorga valor a la información, por tanto, es quien determina si la considera como ruido "lo que inconscientemente recibe sin desearlo ni proponérselo" o como información.
Concepto
De acuerdo con el comunicólogo boliviano Erick Torrico (1989: 21), la información es un proceso unilateral de transferencia de datos (representaciones sobre un objeto dado de la realidad) destinados a reducir parte de la incertidumbre que rodea al receptor con relación a una circunstancia determinada. En general, la información es la asignación de una forma peculiar a una parcela de la realidad comunicable, "puesta en forma" de mensaje para que pueda ser transmitido por los medios de comunicación masiva a un grupo de receptores. Desantes (1974: 186) concuerda con este planteamiento al explicar que informar significa "dar forma a un mensaje objetivo y poner en forma a un sujeto" situando al alcance de éste (divulgando) aquello que necesita y como lo necesita.
En relación al tema, Torrico (:22) plantea premisas fundamentales mediante las cuales se considera a la información como vital, parcial, subjetiva, parcializada y, finalmente, como poder:
El concepto de una información absoluta, normativa u objetiva que permita describir y predecir este mundo, es decir, "llenar los vacíos" y darle sentido a la realidad, se apoya para Brenda Dervin (citada por Valbuena, en Benito: 761) en una serie de supuestos que parten de la afirmación que la comunicación humana es el proceso creativo de uso de la información:
a) la información es un recurso valioso;
b) la información describe la realidad;
c) la información reduce la incertidumbre;
d) la información permite al hombre enfrentarse más efectivamente con la realidad.
Por otro lado, Felicísimo Valbuena (en Benito: 763) nos habla de un nivel óptimo de información, "el que permite a las personas actuar como sistemas homeostáticos, en equilibrio". De una infracarga de información que se produce cuando la persona no se encuentra con el conocimiento ni las alternativas suficientes para hacer frente a una situación. Y, finalmente, la sobrecarga de información cuando la persona traspasa el nivel óptimo de información necesario: "los estímulos son excesivos y la persona no está preparada para adaptarse a la situeación."
A partir de lo que Soria (1991: 14-15) llama la "revolución jurídica" de 1948 con la Declaración Universal de Derechos Humanos, él deduce de la idea del derecho a la información una serie de particularidades a partir de la doctrina iusinformativa:
Para Juan Pablo II (citado por Aspíllaga: 10), que ha merecido llamarse "Papa de los derechos del hombre", la finalidad última de la información es la de "ofrecer a los hombres de hoy el conocimiento adecuado y continuo de los acontecimientos, que les resulta necesario o útil para contribuir eficazmente al bien común y para procurar un progreso más rápido de la sociedad." Para cumplir con esta finalidad, el contenido de la información debe ser siempre verdadero y completo, respetando las normas morales, los legítimos intereses y la dignidad del hombre, tanto en la obtención como en la difusión de noticias.
Por ello es que se plantea que la empresa informativa y los periodistas son responsables ante el público: el informador trabaja para la información en, con y desde la empresa. La propiedad de un medio o el ejercicio de la labor periodística no conllevan el derecho de propiedad de la información, sino el deber profesional de informar, hacer posible y facilitar la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos y constituir, en definitiva, la comunidad.
Tiene hoy pleno sentido la afirmación de Aspíllaga (:23-24) cuando fundamenta que las actividades informativas tienen una íntima conexión con la justicia:
Al dar información el periodista está dando a todos, a cada uno, lo que es suyo, aquello a lo que tienen derecho. Y en dar a cada uno lo suyo consiste precisamente la justicia. De modo que se puede informar que un periodista es justo o injusto según informe bien o mal.
Por ello es que se concibe que los profesionales de la información ""comunicadores de la palabra humana", como los llama Juan Pablo II" no trabajan para la empresa, ni siquiera para la información, sino para el público. Y, precisamente, este trabajo debe ser realizado con un sentido del bien común y de responsabilidad, por medio de los cuales toda persona asuma libremente mayor protagonismo respecto de los destinos de la humanidad en función de la comprensión plena, adecuada, exacta y fiel de la realidad por medio de la información.
Además de estas particularidades de la información, Desantes (1990: 22) recomienda tomarla en su doble sentido de agere (actuación informativa o proceso de poner en forma) y de facere (mensaje o producto resultado de tal actuación informativa).
Luego de realizar una investigación sobre el rol mediador de las radios populares en la construcción de ciudadanías en y desde espacios locales se llegó a las siguientes conclusiones:
De este modo, establecemos que el rol mediador de las radioemisoras populares ¾ constituido por su discurso radiofónico, oferta informativa noticiosa, incidencia en la opinión pública y la participación radial de los oyentes¾ contribuye a que éstas se potencien como espacios públicos gestores de ciudadanías en ámbitos locales.
A partir de esas conclusiones planteamos una serie de recomendaciones para las radios que trabajan en función de generar y coadyuvar en la formación
No cabe duda de que la revolución electrónica entraña la promesa de grandes y positivos avances con vistas al desarrollo mundial; pero existe también la posibilidad de que agrave efectivamente las desigualdades existentes al ensanchar la brecha de la información y las comunicaciones. ¿Cómo podemos asegurar que la revolución de la información y las comunicaciones, que tiene en Internet su primer motor, promueva la globalización del desarrollo y de la solidaridad del hombre (…).
Juan Pablo II, 2002
Sin lugar a dudas, se percibe que a principios de este siglo los medios de comunicación masiva, al igual que otras instituciones sociales, aportan a la construcción de una ciudadanía comunicativa "tal como la denomina Hermosilla (1995)" que puede ser activa y participativa o vinculada exclusivamente al consumo (Villamayor y Lamas, 1998). Uno de los aspectos que favorece en esta dirección es la participación que permiten los medios, lo cual facilita a las personas que puedan ejercer su libertad de expresión y acceder al espacio público que les fue negado en otras instancias (por ejemplo, partidos políticos).
Fundamentalmente, el consumo cultural "en el sentido asignado por García Canclini (1991)" de la oferta mediática y, especialmente, de la información periodística (Gutiérrez, 1997; Macassi, 1994; Calderón et.al., 1996) coadyuva en la constitución y ejercicio activo y responsable de la ciudadanía porque permite que las personas se formen una opinión sobre algún hecho de interés común (asunto público), la pongan a consideración pública y deliberen sobre la misma en busca de consensos que influyan o determinen acciones hacia los sistemas de poder. De este modo, se participa en la toma de decisiones que afectan, de forma directa o indirecta, la propia vida y la de la comunidad.
En este proceso de constitución de la ciudadanía comunicativa es nuclear la información periodística porque se basa en el principio de reducción de la incertidumbre o de la indeterminabilidad con tendencia a cero, introduciendo certidumbre objetiva, predictibilidad en un ambiente de elección o evidencia que conlleva el fundamento del asentimiento. Esta certeza, convencimiento o seguridad se logra por medio del despliegue de las facultades del derecho a la información que influyen sobre la persona en alguna forma de conocimiento y modifica o transforma su comportamiento en un proceso de "maduración social", donde desarrolla las virtualidades de la sociabilidad.
De ahí que Rivadeneira (1990) explica que poseer información "es igual a tener elementos de conocimiento para la adquisición de patrones de acomodación social, para la participación, acción y decisión dentro del grupo sociocultural." Y seguidamente cuando el autor mencionado afirma que "El fenómeno de la marginalidad social es en gran medida un problema de información y formas de comunicación" (:55), se está refiriendo
Todo este proceso se asienta en la construcción de ciudadanía comunicativa, que tiene como eje articulador el ejercicio pleno del derecho humano a la información.
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RIVADENEIRA PRADA, Raúl
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SORIA, Carlos
TORRICO VILLANUEVA, Erick
VILLAMAYOR, Claudia y LAMAS, Ernesto
Autor:
Prof. Dr.(c) Carlos A. Camacho Azurduy
Profesor universitario y consultor boliviano
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