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Test de medición de la habilidad lectora




Partes: 1, 2

  1. Resumen
  2. Introducción
  3. Instrucciones de aplicación y criterios de calificación
  4. Confiabilidad y validez
  5. Anexos
  6. Referencias 

Resumen

A partir de establecerse una delimitación conceptual entre habilidad lectora y comprensión lectora, y reconociendo la necesidad de un instrumento que permita establecer el grado y nivel de la habilidad lectora en tanto reconocimiento de palabras, se presenta un instrumento diseñado para el propósito. Se especifican los mecanismos empleados para su confiabilidad y validez.

Palabras clave: Habilidad lectora, test, comprensión lectora, educación primaria

Introducción

Seguramente resulta indiscutible que la adquisición de la lectoescritura  es un logro de la mayor importancia, deseable no sólo en tanto objetivo educacional en sí mismo, sino sobre todo en cuanto a que en lo inmediato deviene en herramienta fundamental para posibilitar la adquisición de otros aprendizajes.

Diversos autores (Just & Carpenter, 1987; Sarmiento, 2003; García, Elosúa Gutiérrez, Luque & Garate, 2005), han destacado el estudio de la adquisición de la lectoescritura como un fenómeno de grandes complejidades, la mayoría de ellas no evidentes y en donde concurrirían variados procesos cognitivos.

Si bien se ha considerado a la lectura como el reconocimiento de símbolos impresos o escritos que sirven como estímulos para la evocación de significados que se han establecido mediante la experiencia del que lee (Van Orden, Pennington & Stone, 1990), el enfoque cognitivo considera a la lectura como una habilidad compleja que consiste en una serie de procesos psicológicos de diferentes niveles, cuyo inicio es un estímulo visual, que producen, globalmente y por su acción coordinada, la comprensión del texto. Aunque estos procesos son múltiples, se pueden agrupar básicamente en dos grandes componentes: los que intervienen en el reconocimiento de las palabras o procesos de bajo nivel, y los que intervienen en la comprensión de una frase o texto o procesos de alto nivel. Los procesos de reconocimiento son aquéllos que traducen la letra impresa en lenguaje hablado y los de comprensión tendrían como finalidad captar el mensaje o la información que proporcionan los textos (Defior & Ortúzar, 1996).

Crowder (1985) considera que lo específico de la habilidad lectora es el reconocimiento de las palabras, conducta que no debiera demorar más de 200 a 250 miliseg. por palabra y que ha de diferenciarse de la comprensión lectora, el proceso que permite construir significados a partir del desciframiento de signos. En este sentido sostiene que la lectura propiamente dicha, acaba más o menos donde comienza la comprensión.

Por supuesto que ambos procesos -el reconocimiento de las palabras y la comprensión lectora- se deben tener en cuenta y funcionan de hecho, de modo interactivo y simultáneo. Sin embargo, es cierto también que el primero es particularmente importante y determinante, ya que un déficit en aquél, actúa como un serio obstáculo que dificulta los procesos comprensivos de más alto nivel; el descifrar los signos no implica la construcción de significados, pero tal construcción es imposible sin desciframiento (Sarmiento, 2003).

Al respecto Defior y Ortúzar han establecido la existencia de dos mecanismos para acceder al reconocimiento de las palabras: La ruta léxica, visual o directa, donde el que lee, a partir de haber logrado la representación lexical de una particular palabra, merced a haberla encontrado repetidamente, es capaz de identificarla de manera inmediata, como integrante de su sistema semántico de significados. La ruta no léxica, fonológica o indirecta, que implica que lo que se lee, y aun antes de asignársele significado,  ha de pasar previamente por una etapa de conversión de los estímulos visuales en un código fonológico mediante la aplicación de las respectivas reglas de correspondencia gráfico fonológicas -que nos propondrían, por ejemplo, emitir un sonido suave en ga y uno fuerte en ja y en ge- además del uso de la memoria de trabajo para retener la pronunciación de la palabra, hasta asignarla en el sistema semántico de significados.

Ambos mecanismos no son excluyentes entre sí; por el contrario, resultan simultáneamente necesarios para la lectura hábil. A medida que la habilidad lectora se desarrolla, se incrementa el uso de la ruta visual, sin abandonarse el eventual uso de la ruta fonológica, automatizándose gradualmente los procesos de reconocimiento de las palabras y pudiendo dedicarse los recursos atencionales, al desempeño de los proceso de comprensión.

Desde este enfoque no cabe duda de que muchos de los problemas de los lectores iniciales y de los lectores que presentan retraso en el área, encuentran su dificultad en el nivel de la lectura de palabras, vale decir, del reconocimiento de palabras. Consideramos que muchos de los actuales esfuerzos instruccionales se han estado dirigiendo al fortalecimiento de la comprensión lectora, cuando quizá sería prudente establecer también el nivel y grado lector del sujeto, referido como la habilidad del mismo para identificar palabras.

Aunque la adquisición de la lectura es un proceso en general bien conocido y descrito, no se cuenta con un instrumento que permita presentar al que lee una situación estandarizada a través de la cual estimar su habilidad lectora (entendida como habilidad para el reconocimiento de las palabras, con base en un puntaje obtenido), con vistas a ubicarlo en un grado y nivel específicos de habilidad lectora.


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