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Los problemas del adolescente (página 3)

Enviado por Jeison Mijares



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Lo que más frecuentemente sucede, es que la madre se forje una imagen del niño por nacer: ideal, guapo, fuerte e inteligente. Pero no siempre sucede así. En el caso de una madre adolescente que no se ha desprendido aún de sus inquietudes corporales, teme­rá que su hijo afecte negativamente a su estética, e incluso que la destruya por completo en el curso del parto y puede temer también que a causa de este acontecimiento, su vida profesional y sus ambi­ciones de promoción se vean comprometidas (Por eso intenta des­hacerse de él).

El rechazo conciente o inconciente del hijo, produce en la ma­dre reacciones emocionales de culpabilidad y de angustia, que hoy en día no existen dudas sobre ello, pueden ser percibidas por el feto, porque existe una vivencia fetal.

Para llegar a la maternidad, la joven debe estar física y psíqui­camente madura y no en proceso de madurez como es el caso de la adolescencia; no es natural ni lógico que una niña se convierta en madre, alterando el proceso de maduración que la naturaleza ha preparado.

Todo padre y adulto puede ayudar a los adolescentes en actuar responsablemente para reducir las posibilidades de que enfrenten un embarazo antes de estar completamente preparado para la vida adulta.

El tener una relación fuerte y cercana con su hijo adolescente crea expecta­tivas y límites claros; de la misma ma­nera que comunicarse con frecuencia y honestamente sobre asuntos impor­tantes marcará la diferencia.

Sea claro sobre sus valores y actitu­des en lo que se refiere al sexo.

Los estudios muestran claramente que el hablar con los jovencitos sobre el sexo no les alienta a volverse sexual-mente activos.

Pero "hablar" solamente, no es suficien­te. Las conversaciones acerca de las relaciones personales e intimidad de­ben comenzar temprano en la vida del niño, teniendo en cuenta su edad, y continuarlas hasta que alcance la ado­lescencia.

Hable con su hijo sobre el sexo, el amor y las relaciones personales.

Dígales cuáles son sus valores y acti­tud con respecto al sexo. Cuando se trata del sexo, como padres es muy importante demostrar un buen ejemplo.

Hábleles a sus hijos desde pequeños, y a menudo, sobre el sexo y procure ser específico.

  • Para Evitar Embarazos no deseados

Los muchachos se hacen muchas pre­guntas sobre el sexo. Con frecuencia, quieren hablar con sus padres, pero no se sienten cómodos de comenzar una conversación.

Usted es el adulto, así es que, comién­cela. Asegúrese de escuchar tanto como de hablar. No convierta la conversa­ción en una lección.

·          Sepa escuchar. Los sentimientos so­bre la sexualidad pueden ser con­fusos para los jóvenes. Por lo tanto, les es difícil hablar del sexo. Usted se los puede hacer más fácil si les sabe escuchar. No juzgue. Solamen­te escúchelos y apóyelos.

·         Supervise y monitoree a sus niños y adolescentes. Establezca reglas, ponga horas para llegar a casa y sea claro sobre la manera en la que es­pera que se comporten. Cuando sal­gan con sus amigos, pregunte dónde van a estar. Si están en la casa de algún amigo, asegúrese de que haya un adulto confiable en la casa. El monitorear y supervisar a sus hijos no lo convierte en una molestia. Lo convierte en padre de familia.

·         Conozca a los amigos de sus hijos y a sus familias. Los amigos ejercen una gran influencia entre ellos. Al animar a sus hijos a participar en actividades saludables como la mú­sica, danza, deportes, clubes esco­lares, servicio comunitario, etc., les facilitará que se asocien con otros muchachos, cuyas familias pudieran compartir sus mismos valores.

·         De ser posible, haga una fiesta o al­gún tipo de reunión para conocer a otros padres de familia y hablar sobre cómo establecer las mismas reglas y expectativas. Por ejemplo, es mucho más fácil poner en prácti­ca una hora de llegada a casa si to­dos los padres de los amigos de sus hijos tienen las mismas expectativas.

·         Procure que desistan de comenzar citas amorosas demasiado pronto, con frecuencia o permanentes. Las actividades en grupo están bien, pero estudios demuestran que el per­mitir que su hijo(a) se involucre en amores antes de cumplir los 16, pu­diera causar problemas.

·         Dígale a su hijo qué tan en desacuer­do se siente con respecto a citas amorosas antes de los 16 años, há­galo antes de que quieran comenzar a tenerlas.

·         Tome una posición firme en cuanto a que su hijo o hija tenga amores con una persona mucho mayor que ellos. La diferencia de poder y madurez que existe entre las jovencitas y los muchachos u hombres mayores pu­diera llevarlas a situaciones arries­gadas, incluyendo relaciones sexua­les no deseadas, sin protección y hasta a situaciones de abuso. Esto también puede ocurrirle a los jovencitos.

·         Dígales a sus hijos cuánto usted va­lora la educación. Los jóvenes que valoran la educación tienen menos tendencia a involucrarse en compor­tamientos arriesgados. Participe en la educación de sus hijos. Asista a las conferencias para padres de familia, únase a la asociación de padres y maestros o hágase volun­tario en la escuela de sus hijos. Conozca al director, los maestros, los consejeros académicos y los en­trenadores. Verifique que sus ado­lescentes cumplan con su trabajo de aula y sus tareas escolares. Hábleles de la importancia de la educa­ción y de cómo un embarazo precoz pudiera impedirles graduarse o asis­tir a la universidad.

·         Favorezca la recomendación de im­partir educación sexual completa en las escuelas. Estudios recientes de­muestran que los programas de edu­cación sexual que tocan los temas de la abstinencia y la anticoncep­ción, retrasan la actividad sexual entre adolescentes. Una educación sexual completa alienta a los ado­lescentes a demorar la actividad sexual y les proporciona informa­ción sobre control de la natalidad y prevención de enfermedades vené­reas lo que les protege, si es que son sexualmente activos, y les prepara para tomar decisiones responsables en su vida adulta.

·         ¿Qué hacer si su hija ya está embarazada?

Si bien, en nuestra sociedad, gran par­te del estigma asociado con la pater­nidad en la adolescencia ha disminui­do, no es fácil tener un bebé (incluso con el apoyo de los padres).

Hay muchos temas prácticos que de­ben tenerse en cuenta. ¿Su hija se que­dará con el bebé o analizará la posibi­lidad de entregarlo en adopción? Si decide quedarse con el bebé, ¿lo cria­rá ella misma? ¿Continuará yendo a la escuela? ¿El padre participará activa­mente en la vida del bebé? ¿Sobre quién recaerá la responsabilidad eco­nómica del bebé?

A menudo, las respuestas a estas pre­guntas dependen del apoyo que recibe su hija adolescente.

Algunas adolescentes crían solas a sus hijos; algunas cuentan con la ayuda del padre del bebé y otras recurren al apoyo de su familia.

Como padre, es necesario que piense en su propio nivel de compromiso y par­ticipación, y que lo converse con su hija. ¿Cuánto apoyo (financiero y de otro tipo) está dispuesto a ofrecer? ¿Su hija y su bebé vivirán con usted? ¿Ayudará a pagar los alimentos, la ves­timenta, las visitas al médico y otros elementos necesarios, como un asiento para el automóvil o un cochecito? ¿Puede ayudar con el cuidado del bebé ¡mientras su hija adolescente está en la escuela o trabajo? Un asistente ¡social puede ayudar a usted y a su hija i resolver algunos de estos temas.

En la medida de lo posible, es mejor que las adolescentes embarazadas ter­minen la escuela para que puedan con­seguir mejores trabajos y generar una mejor vida para ellas y su bebé. Esto no es sencillo; el 80% de las adoles­centes embarazadas abandonan la es­cuela.

Pero retomar los estudios después de abandonarlos es aún más difícil; por lo tanto, si puede ofrecerle a su hija el apoyo que necesita para continuar estudiando, tanto ella como el bebé se y eran beneficiados.

Averigüe si existen programas comu­nitarios o escuelas que ofrezcan ser­vicios especiales para madres adoles­centes, como guardería, paseos o tu­toría.

Ayude a su hija adolescente a com­prender que, si bien es muy gratifican­te tener un bebé, no siempre es diver­tido; cuidar de un bebé es una gran responsabilidad y un compromiso de por vida.

Prepare a su hija adolescente para la realidad de que no tendrá mucho tiem­po para las cosas que solía hacer: su vida está a punto de cambiar y el bebé pasará a ser la prioridad. Como padre, puede tener un gran im­pacto en la vida de su hija adolescen­te y de su bebé. Es posible que aún desee que su hija hubiera hecho elec­ciones diferentes. Pero si le brinda apoyo a su hija adolescente, asegurán­dose de que reciba un buen cuidado prenatal, y prestando atención a sus miedos y ansiedades, ambos descubri­rán que serán mejores padres.

2.7 La delincuencia juvenil   

La violencia es un elemento que se encuentra comúnmente en la delincuencia juvenil y es uno de los factores que influyen a los jóvenes a cometer actos ilícitos llevados por la violencia.

La delincuencia juvenil en nuestra patria está formada por niños, púberes y adolescentes; su incremento en los últimos años ha comenzado a ser publicitado por todos los medios de difusión, debido a que, estos delin­cuentes juveniles han comenzado a mostrar más "arte, técnica y ciencia" en sus actos delictivos. Hoy existen bandas de menores que duermen en las plazas públicas o que comienzan a reunirse en horas de la tarde cuando el tránsito de peatones o microbuses se va haciendo difícil por la presencia de los transeúntes y pasajeros. éstos grupos llamados "pirañas", comienzan a actuar dirigidos por un avezado delincuente que los explota, maltrata, al mismo tiempo que les va enseñando dentro de su escuela, las últimas técnicas de sustracción de lo ajeno, asaltar, cuadrar, maltratar, herir a quien ofrezca resistencia, en saber seguir o "datear" hasta llegar al punto vulnerable; se ven, grupos de adolescentes que siguen las indicaciones dictadas por este sujeto que acaba de ser liberado de una de las cárceles.

(19) monografías. Com.

  • ¿Quién es delincuente juvenil?

Es aquel sujeto que ya tiene rasgos del sociópata y va en plena formación de su personalidad patológica, por su precocidad, ineducabilidad, reinciden­cia, agnosia moral (incapaces de sentir sentimientos superiores, arrepenti­miento, represión, piedad, vergüenza, etc.), agnocia social (son parásitos sociales, se guían por la ley del hampa: "no delatar al compañero, vengarlo si ha sido traicionado, matar o morir"), cometen fechorías y delitos ampara­dos en el grupo, perseverancia en impulsos morbosos, destructores, contrastando con su incapacidad de dedicarse a algo valioso, útil; por el contrario muestran frialdad y brutalidad al ejecutar sus delitos.

  • ¿Cuáles son las causas en la formación de delincuen­tes?

Hay muchos escritos de Lombroso, Freud y otros estudiosos de la sociología de la delincuencia; se pensó en el factor hereditario que aún no está demostrado fehacientemente; se habla de factores externos y ambientales donde el sujeto vive, asimila las actitudes negativas de sus padres1, grupo social y actúa frente a sus necesidades e impulsos. En nuestra patria las causas son:

  • La necesidad económica y promiscuidad familiar. Una de lasprofesiones que tuvo mayor demanda hace más de 20 años fue el magisterio, porque, con el haber que ganaban podían vivir una vida más o menos holgada; ahora con el haber que ganan sólo les permite supervivir y para sostener a su familia tienen que trabajar el doble o triple turno. Este ejemplo no lo cito como protesta sino para comparar con las personas que tienen muchos hijos y ganan un sueldo mínimo (S/. 132.00). En este caso, es el hambre, la necesidad de supervivencia que los induce a los sujetos proclives al delito.
  • El Alcoholismo y la Drogadicción son condicionantes. No haybodega que deje de vender alcohol a un menor y las drogas siguen expandién­dose pese al celo policial, no hay distrito que no tenga fumones ni alcohólicos adolescentes; pero, para adquirir se requiere de mucho dinero. ¿Dónde y cómo lo obtienen estos adolescentes? Lo que se sabe es que primero sustraen en sus hogares, para luego cuadrar, asaltar o robar en residencias, etc.
  • Nuestros Centros de tutela.- ¿Son centros de rehabilitación o escuelas de formación de futuros delincuentes. Allí se tecnifican en el arte, ciencia y técnica del robo, asalto, secuestro, enfrentamientos, etc. ¿Hay especialistas en estos centros de rehabilitación? La respuesta también es no; e incluso en las cárceles no existen especialistas en rehabilitación. Si alguien logra rehabilitarse es por su propia voluntad; así como los que trabajan hacen que sus familiares le lleven materia prima, herramientas para trabajar. Los internos que egresan de estos centros de reclusión salen más tecnificados, y forman sus bandas en los mismos centros, así como; la banda de los destructores
  • Abandono del menor. En  nuestra patria hay muchos padres irresponsables que abandonan conscientemente a sus menores hijos por ser "machistas que tienen varias mujeres" y en cada una de ellas tienen hijos; naturalmente estos menores abandonados tienen que salir a la calle para supervivir; por eso, existen niños en todas las calles principales de nuestra capital, vendiendo dulces, pidiendo propinas o intentando limpiar carros; los avezados delincuentes seleccionan a estos menores y forman su banda, y estos al llegar a centros de tutela se tecnifican  y egresan con un «certificado» que años más tarde les permitirá el ingreso libre a la cárcel. Nos falta educar a todos los ciudadanos de nuestra Patria, para procrear en forma responsable y no abandonar al que es fruto de su amor. Nadie recibió en nuestra patria una orientación de cómo procrear, criar, educar, formar, y corregir los errores de un hijo.

Que el Ministerio de Salud forme la primera escuela para padres de familia, su plana docente incluya a: Psiquiatras, psicólogos, pediatras, clínicos, ginecólogos, traumatólogos, cirujanos plásticos, neurólogos, epidemiólogos, enfermeras y obstétricos, etc.

  • Los Medios de Comunicación. También los periódicos, radios, TV., inducen al delito a nuestros adolescentes proclives al delito, al magni­ficar las hazañas de determinados delincuentes, presentándolos como héroes o cerebros directrices de actos destructivos o de bandas delincuenciales. El menor proclive capta, asimila y luego ingresa al delito.
  • La falta de trabajo y empleo. Sabemos que hay más desocupados que en años atrás, no hay trabajo, recién estamos saliendo de la hiperinflación histórica que llegamos hasta Julio de 1990 y los capitalistas de nuestra patria sacaron su dinero al extranjero por temor a la violencia. Nuestros adolescentes diariamente se dirigen al extranjero en busca de trabajo y los proclives al delito viven parasitariamente   sustrayendo lo ajeno. Dios quiera que muy pronto la economía de nuestra patria se estabilice.
  • La creación de salsódromos y juegos electromecánicos. Estos centros se llenan de adolescentes y allí hay delincuentes, prostitutas y lolitas, trasvestistas y homosexuales.

Estas distracciones requieren dinero, ¿cómo obtienen dinero éstos adolescentes para asistir diariamente a estas instituciones? y ¿por qué no se prohíbe el ingreso de menores?

·         De Qué Hogares Proceden Estos Delincuentes

El 3% proceden de hogares aparentemente estables; el 65% de hogares inestables, donde no hubo calor hogareño; donde faltó uno de los miembros del hogar, el menor vivió abandonado; el 22% son procedentes de las llamadas escuelas de tutela o albergues y el 10% son formados por los avezados quienes conforman sus bandas, jalando a los adeptos o proclives al delito. Sobre el problema carcelario peruano, llegué a publicar el libro Cárcel Peruano y su Reforma en 1966.

·              Recomendaciones

Hacer que todos los detenidos en centros carcelarios y de tutela, trabajen sin excepciones para auto sostenerse; no es justo que el estado siga invirtiendo en quienes delinquieron.

Dar oportunidad a quienes deseen prepararse o entrenarse en profesiones técnicas.

Debe construirse campos  agro-artesanales, donde todos trabajen y tengan las mismas oportunidades. Debe encargarse a una universidad nacional, la formación de especialistas  en  rehabilitación:   asistentes  de  centros penales, tutores clínicos y laborterapistas, con 4 años de formación académica y práctica. En 1963 el proyecto de ley aprobado por el congreso nacional que creaba al instituto superior  psicoformativo, que pretendía formar a dichos profesionales fue vetado por el presidente de la república de aquella época. Han pasado 30 años y sigo sosteniendo que no hubo razón valedera, había pugna política; tres meses más tarde, en octubre, se produjo el golpe militar.

Debe crearse una escuela para padres, si queremos disminuir la delincuencia. Los médicos psiquiatras, clínicos y psicológicos del ministerio de salud, que conocen estos menesteres deben coordinar con las direcciones de penales y tutela para estructurar un programa que enfoque las causas de la delincuencia. Nuestros padres de familia deben saber criar, cuidar la salud, formar la personalidad de sus hijos.

2.8 La drogadicción en la adolescencia

Si sospechas que tu hijo adolescente esta consumiendo drogas, hay algunos cambios de comportamiento o hábitos que nos pueden  servir como pista.

No obstante, es ¡importante subrayar que ver en tu adolescente una o más de estas señales no significa que su hijo sea consumidor de drogas.

A veces la propia adolescencia u otro tipo de problema (que nada tiene que ver con el las dragas puedan ser la causa de un cambio de comportamien­to o actitud específico.

Por otra parte, si crees que tienes mo­tivo para preocupante, y si durante un tiempo notas algunos de los cambios de personalidad, apariencia o comporta­miento listados a continuación, es con­veniente que hables con tu adolescen­te y que busques ayuda profesional.

Cambios de comportamiento en el hogar relacionados con consumo de droga

  • Pérdida de interés en actividades familiares
  • Falta de respeto hacia las reglas fa­miliares
  • Aumento o pérdida notable en su apetito
  • Falta de cumplimiento con las res­ponsabilidades y tareas
  • Falta de cumplimiento con la hora acordada para llegar a casa
  • Tendencia a ser abusivo verbalmente o físicamente con terceros
  • Desaparecen cosas de valor o dine­ro en la casa
  • No quiere decirte dónde va
  • Empieza a mentir sobre qué hace, con quién y dónde
  • Ofrece excusas constantemente por mal comportamiento
  • Pasa mucho más tiempo en su habi­tación
  • Objetos raros en su habitación como: papel de fumar, pipas, discos de cristal, bolsitas de plástico...
  • Cambios de personalidad relaciona­dos con consumo de droga
  • Signos de depresión. No quiere sa­lir
  • Empie.za a insultar a los demás miem­bros de la familia
  • Parece huir del ámbito familiar y de la gente a la que quiere
  • Parece muy enfadado o confundido
  • Sufre: de paranoia o cambios muy bruscos y extremos en su estado de ánimo
  • Pareces preocupado, argumentativo y negativo
  • Parece demasiado cansado o hipe-activo.
  • Excesivo rebeldía
  • No parece tan feliz como antes
  • Ya no habla de sus problemas personales
  • Engaña, roba, miente
  • Cambia de amigos
  • Cambio en su aspecto físico
  • Huele a alcohol o marihuana
  • Pierde o gana mucho peso de repen­te
  • No se lava, no se peina parece des­cuidado
  • No se preocupa por su aspecto físi­co
  • No duerme ni come mucho, por lo que tiene aspecto de cansado
  • Le falta energía Actividades sociales Empieza a fugarse del colegio
  • Abandona a sus viejas amistades y hace amigos que no conoce
  • Pierde interés en las actividades es­colares y empieza a sacar peores notas
  • Se duerme en clase
  • Pierde concentración y le cuesta acordarse de las cosas
  • No hace sus deberes
  • Cuestiona la autoridad de sus pro­fesores y de sus padres
  • Pierde interés en actividades depor­tivas u otros hobbies.

Hábito de quien se deja dominar por el uso de alguna o algunas drogas tóxicas, o por la afición desmedida a ciertos juegos.

Desde el mismo comienzo de la historia, la humanidad ha buscado aliviar la gran cantidad de enfermedades que aquejan al cuerpo y al espíritu desarrollandotodo un arsenal de medicinas. Las personas siempre han confiado en que las dro­gas curan la tristeza así como los males físicos y le proporcionan un estímulo a la vida. Los antiguos griegos se embriagaban con alcohol, la marihuana se utilizaba en la China y en la India mucho antes del nacimiento de Cristo y la cocaína, que se obtenía masticando las hojas de coca, era producto principal entre los Incas del siglo XVI. Los indios norteamericanos eran tan adictos al tabaco que nunca emprendían un largo viaje sin llevar consigo una buena provisión y un incontable  número de mujeres norteamericanas del siglo XIX tomaban libremente y les da­ban a sus bebés jarabes con alto contenido de opio (Brecher, 1972).

Si las drogas han sido una constante en la sociedad humana, ¿por qué, enton­ces, nos preocupa tanto el uso actual de las mismas? Una de las razones es que los jóvenes de hoy las están usando en demasía. Tienen tanto el dinero como la oportunidad de comprar lo que deseen. Y, si bien es cierto que algunas drogas tomadas con moderación pueden no ser excesivamente perjudiciales, la modera­ción n6 es precisamente una de las cualidades de la adolescencia. En estos años de crisis de identidad, los jóvenes recurren con frecuencia a las drogas para re­solver muchos problemas sociales y psicológicos. Como resultado, muchos ado­lescentes están "desbaratando sus vidas" con las drogas, poniendo en peligro su salud física y psicológica. Aunque algunos observadores opinan que el consumo de drogas entre los estudiantes va en descenso después de su punto máximo du­rante la década del 60, no es menos cierto que hay una gran cantidad de jóvenes que aún están ingiriendo una variedad de drogas, que van desde las legales como la cafeína, la nicotina y el alcohol, hasta las ilegales como la marihuana, el LSD, la cocaína, las anfetaminas, los barbitúricos y la heroína.

A menudo, la gente joven protesta vigorosamente por su descontento con el Establecimiento. Sin embargo, su patrón de consumo de las drogas sigue muy de cerca al de la sociedad adulta que los rodea (Lennard, 1971). Así como los adultos de nuestra cultura toman barbitúricos y estimulantes para aliviar la tristeza, la depresión y las presiones cotidianas, los jóvenes también toman algunas de las mismas drogas. Pero, mientras los adultos las compran en las farmacias del ba­rrio y con prescripción médica, los adolescentes compran las suyas a proveedores ocultos por recomendación de los amigos. Los jóvenes que están orientados hacia el consumo de las drogas elogian el uso de éstas virtualmente para todas las si­tuaciones humanas de la misma manera en que lo hacen las compañías farma­céuticas. El peligro en esta actitud (Lennard, 1971) es que el elegir una solución química oculta la naturaleza de los problemas reales a que se enfrentan los jóve­nes y puede llegar a impedir el reconocimiento de que es necesario alterar los sistemas sociales o crear nuevos arreglos sociales. (20)

Las drogas más populares entre la juventud son el tabaco, el alcohol y la mari­huana.

·              Tabaco

El fumar a escondidas detrás del granero o en el baño de la escuela se ha con­vertido en un detalle jocoso del acervo de los adolescentes.

 Pero las sonrisas di­vertidas e indulgentes de aceptación de las primeras incursiones de los jóvenes hacia el uso habitual del tabaco se han vuelto preocupación a raíz de los informes sobre los peligros que éste representa para la salud. La publicación del informe del Surgeon General  de los Estados Unidos, hecha en 1964, mostró claramente

La relación que existe entre el cigarrillo y el cáncer del pulmón, los ataques al corazón, el enfisema y otras enfermedades. Su mensaje llegó al público en ar­tículos de revistas, en anuncios por televisión y en campañas educativas en las escuelas.

Los adolescentes recibieron el mensaje. Una gran mayoría de jóvenes entre los trece y los dieciocho años opinan que fumar da cáncer y aumenta las probabilida­des de enfermedades cardíacas (Lieberman, 1970). No obstante, uno de cada cuatro adolescentes fuma y muchos de los que expresaron las posiciones anteriores tienen el hábito de fumar. Casi todos los fumadores jóvenes parecen creer que dejarán de fumar en cinco años o menos, sin darse cuenta de la gran dificul­tad que para muchos representa el dejar este vicio. En efecto, muchos científicos piensan que el fumar es más que un hábito; según ellos, es una adicción fisioló­gica real (Brecher, 1972).

(20) PAPALIA, DIANNE. PAG 48

·              ¿Por qué empiezan a fumar los adolescentes?

Parece que la mayoría de los jóvenes no deciden en forma consciente que van a convertirse en fumadores habituales, sino que se van dejando llevar por la comente. Son más propensos a fumar si sus padres y amigos lo hacen; y si están dando un mal rendimiento en la escuela (Williams, 1971). Un factor principal parece ser el deseo de aparentar más edad, según lo indica un estudio que descubrió que los adolescentes que maduran más tarde fuman más que los que maduran a temprana edad (Clausen, 1968). Al verse más jóvenes, estos adolescentes trataban de parecer mayores por el hecho de fumar. Es irónico que los adolescentes, que tienden a rebelarse en contra de los valores de los adultos, vean el fumar como una actividad de los mayores y, a pesar de ello, la adopten con vehemencia. De esta manera, imitan a las personas contra las que se están rebelando.

·              Alcohol

Muchas de las mismas personas que tanto se preocupan por el uso ilegal de la marihuana en los jóvenes no tienen mucho que agregar cuando se les recuerda que el alcohol también es ilegal para casi todos los estudiantes de secundaria y universidad y que, además, es un problema mucho más grave. El alcohol es pro­bablemente la droga de la que más se abusa hoy en día en los Estados Unidos. Sin duda alguna es la que más se utiliza: hay unos 80 millones de tomadores en este país, muchos de los cuales son jóvenes. Tres hombres de cada cuatro y seis de cada diez mujeres toman alcohol hasta cierto grado. Cerca del 20% de los va­rones y el 5 % de las mujeres son tomadores fuertes y frecuentes y el 6 % de todos los tomadores son alcohólicos (Akers, 1970).

Es más probable que los estudiantes universitarios y de secundaria tomen una copa y no que se fumen un cigarrillo de marihuana (Brecher, 1972). Se hizo una encuesta entre jóvenes de últimos años de secundaria en once escuelas del esta­do de Michigan, que iban desde escuelas públicas de tugurios urbanos y áreas rurales remotas hasta un colegio privado, para conocer sus conceptos acerca del uso del alcohol y la marihuana. En dos de las escuelas, ninguno de los estudian­tes había fumado marihuana ni siquiera una vez y solamente en una (el colegio privado) tanto como una tercera parte de los estudiantes la habían ensayado. Sin embargo, sólo en una de las escuelas se encontró que menos de la mitad de los alumnos tomaban (el 49%) y en el colegio privado, ocho de cada diez estudiantes bebían (Boggs, Smith & Russell, 1968; citado en Brechter, 1972).

La mayoría de los estudiantes de secundaria se han tomado por lo menos un trago en la vida y cerca de la mitad de los muchachos y la cuarta parte de las chi­cas beben por lo menos ocasionalmente (Akers, 1970). Un gran número de estos jóvenes tomaron su primer trago en casa con los padres u otros parientes adul­tos. El consumo de alcohol por parte de los adolescentes está influido por los pa­trones de los adultos de la misma forma que el hábito de fumar.

Casi siempre, el abstemio viene de un hogar de abstemios; el tomador moderado de un hogar en que los padres beban en forma moderada y los tomadores fuertes de hogares en que el alto consumo de alcohol ha sido el patrón. La mayoría de los adolescentes empiezan a tomar porque parece algo de mayo­res y continúan haciéndolo por las mismas razones que los adultos: para sacar valor en las situaciones difíciles, para reducir la ansiedad y para dar un toque agradable a las reuniones sociales. Las excepciones a este patrón de imitación son los adolescentes bebedores de familias abstemias y los jóvenes que toman en exceso y vienen de familias en donde sólo hay bebedores sociales. Los adolescentes que beben a pesar de que su familia y amigos no lo hagan se ven influidos muy frecuentemente por presiones psicológicas; en algunos casos, los mucha­chos que se sienten rechazados por sus padres eligen esta forma de reaccionar contra ellos (Alexander, 1966).

Aparte de la ilegalidad del alcohol para los jóvenes que aún no han cumplido la edad que la ley determina para poder tomar, el consumo del alcohol por parte de los adolescentes acarrea problemas porque está estrechamente ligado con otros comportamientos delincuentes. Los jóvenes que se meten en problemas con la ley casi siempre provienen de un medio de bebedores. Sus padres toman, sus amigos toman y ellos mismos empezaron a hacerlo desde temprana edad (Akers, 1970).

·              Marihuana

De las drogas más consumidas por los adolescentes, la marihuana representa el más grave conflicto entre generaciones. Si bien muchos jóvenes utilizan la mari­huana exactamente de la misma manera en que sus padres usan el alcohol, el he­cho de que estén consumiendo una droga que está por fuera del saber de la gene­ración de los padres la convierte en un atractivo mayor para la juventud y en un motivo de ansiedad para los adultos. La marihuana se conoce en todo el mundo desde hace siglos, aunque su uso entre la juventud occidental de clase media es un fenómeno reciente.

En octubre de 1969, 10 millones de norteamericanos, entre los cuales el 50% eran menores de veintiún años, habían fumado marihuana por lo menos una vez (Brecher, 1972). En 1974, la encuesta Gallup descubrió un salto del 11% desde 1967 en el número de estudiantes universitarios que decían haber probado la ma­rihuana al menos una vez (Wisconsin State Journal, 1974). En 1967, el 5% dijeron haberla probado; en 1969, la cifra había aumentado a 22%; para 1970 había crecido hasta el 42% y, en 1974, el 55% de los 1.100 estudiantes entrevistados contestaron afirmativamente a la pregunta: ¿Ha fumado usted marihuana alguna vez. Los jóvenes de la misma edad, ya sea que estudien o no, son igualmente propensos a fumarla (Brecher, 1972) e incluso aquellos que no la fuman aceptan, por lo general, que otros la consuman (Tec, 1970).

A pesar de que la marihuana ha sido clasificada comúnmente como una "droga peligrosa", los informes de varios cuerpos investigativos de importancia han indicado que no es así. Desde 1894, ha habido al menos cinco grandes investigaciones gubernamentales sobre la marihuana cuyos informes finales han estado 'muy de acuerdo en casi todos los puntos principales del hecho" [Brecher, 972, p. 451].

La marihuana no crea una dependencia física, pero al igual que sucede con iras sustancias psicoactivas, algunas personas parecen crear una dependencia sicológica de ella. Aunque todavía no se tiene toda la evidencia para confirmar si es posible que fumar marihuana conduzca a los mismos problemas respiratorios ocasionados por fumar tabaco (Rubín & Cemitas, 1972). La opinión general entre las autoridades contemporáneas es que, probablemente, la marihuana nunca llegará a ser más perjudicial que el cigarrillo o el alcohol. Esta conclusión apoya tanto a las fuerzas que buscan la legalización de la marihuana como a las le quieren impedirla. Los que apoyan la legalización de la droga dicen que el mantener la ilegalidad de la marihuana es algo muy parecido a la desventurada prohibición del alcohol en el país y qué sólo legalizándola será posible controlar su pureza y .potencia, sacarla del mercado negro y evitar que los jóvenes usen otras drogas más fuertes y peligrosas. Los que se oponen a la legalización alegan que no debemos permitir el uso de una tercera droga posiblemente perjudicial, especialmente cuando ya tenemos tantos graves problemas sociales y de salud por oí uso de las otras dos que están legalizadas. De acuerdo con muchos infor­mes, la gente fuma marihuana no tanto por razones psicológicas o sociológicas complejas, sino simplemente porque es una sensación muy agradable. Le Dain Commission, un organismo canadiense dice:

"Un factor primordial parece ser el simple placer de la experiencia. Una y otra vez los testigos nos han dicho efectivamente: "lo hacemos por placer. No traten de encontrar una explicación complicada para ello. Lo hacemos porque nos agrada".

Es probable que los adolescentes empiecen a fumar marihuana-por muchas de las razones que empiezan a fumar cigarrillo o a tomar: se sienten curiosos, de­sean hacer lo que sus amigos están haciendo y quieren lanzarse a la edad adulta actuando como mayores. Pero la marihuana tiene algo más a su favor en cuanto respecta a los adolescentes: puesto que no se identifica con la generación de los padres, su uso proporciona una manera fácil de despreciar los valores de los adul­tos y demostrar su independencia del Establecimiento. En efecto, algunos obser­vadores consideran que los fumadores de marihuana están más en contra del Establecimiento que los no fumadores; asimismo, son más alejados de la socie­dad, más artísticos y más orientados hacia la política. Pero muchos otros opinan que no hay un tipo único de persona que sea el típico fumador de marihuana; su uso pasa por las diferencias de clase, de raza, de religión, política y personali­dad. Un grupo de estudiantes que parecen mantenerse alejados de la droga constantemente son los atletas de secundaria (Tec, 1970). Esto puede reflejar una personalidad de atleta o, tal vez, un fuerte deseo de destacarse en el atletismo que obliga a los miembros de un equipo a que se ciñan exactamente a las sancio­nes establecidas por los entrenadores estrictos.

Sin embargo, no todos fuman marihuana. El hecho es que los estudiantes que están muy orientados hacia las realizaciones, que consideran a la escuela como el vehículo para triunfar en la vida y que están satisfechos con la escuela son menos propensos a fumar marihuana (Tec, 1970).

·              ¿Cómo Manejar el Tema Drogas?

Cuando se trata del consumo de drogas es mucho mejor prevenir desde el principio que luego tratar una adicción. Pero ¿cómo pueden los padres prevenir o impedir que sus hijos adolescentes consuman drogas?;

Es complicado, y la última decisión so­bre si consumir drogas o no solo pue­de ser tomada por nuestros hijos, pero sí podemos ayudar a que sean respon­sables y sepan las consecuencias del posible consumo. Y también darles ar­mas para rechazar. Aquí ofrecemos algunos consejos.

·         Sinceridad en todas las conversa­ciones relacionadas con la droga. Muchos de los que ahora somos pa­dres hemos probado sustancias en el pasado, y es un error mentir a nuestros hijos adolescentes al res­pecto. Intenta no evadir la pregun­ta, ponerte incómodo ni tampoco res­ponder con un a ti ¿qué te impor­ta? Ya hemos tratado la importan­cia de lograr tener una buena co­municación con los hijos adolescen­tes. Y cuando se trata de un tema tan grande como el de la droga, es especialmente importante que su hijo pueda confiar en ti. Si intuye que mientas, perderás credibilidad. Ade­más, reconocer que has tomado cier­tas sustancias da mayor credibili­dad a tu rechazo actual. Si eres uno de los que sí tomó en el pasado, uti­liza la experiencia para darle infor­mación. Subraya los daños que ha­cen ciertas drogas y cómo afectan de forma negativa la capacidad de concentración (algo especialmente importante durante la adolescencia), de razonamiento y de relaciones. Háblele de casos reales, de posibles amigos que lo perdieron todo por culpa de una adicción.

Conviértete en aliado o aliada de tu adolescente. Si no sabe cómo decir que no, que te utilice a ti. «Mi padre me mataría». Si tiene algún contac­to con una de las llamadas drogas blandas (tabaco, alcohol, hachís...), no le recrimines de forma automáti­ca. Es preferible que pueda compar­tir estas primeras (y, en muchos ca­sos, inevitables) experiencias para que tu puedas ayudarle a que no se conviertan en hábito si te convier­tes en aliado o aliada  (NO amigo, porque debes retener tu autoridad como madre o padre) en cuanto al consu­mo de drogas, se sentirá capaz de llamarte para que vayas a sacarle de una posible situación o fiesta que vaya fuera de control.

Conocer a los amigos de tu adoles­cente. Es importante conocer a los amigos y si es posible los padres de los amigos - de tu hijo adoles­cente. Esto te ayudará a seguirle la pista si está en una época evasiva o poco comunicativa.

Mantenerte en contacto con tu ado­lescente cuando no estáis juntos. A esta edad los teléfonos móviles son una gran ventaja. Envíale mensajes, dile que te llame a ciertas horas, o deja notas en tu casa si no vas a es­tar cuando llegue del colegio. Si pasas muchas horas fuera de casa, no dejes a tu adolescente solo en casa sin nada que hacer. Búscale alguna actividad extraescolar, con­trata clases particulares para que aprenda algún instrumento musical... Hay estudios que indican que los

Adolescentes que tienen intereses y una vida ocupada tienen menor pro­babilidad de consumir drogas que los adolescentes que quedan en la calle o salen con amigos sin realizar ninguna actividad más allá que es­tar juntos. Si le gusta hacer depor­te, anímale en todo lo que puedas. El deporte supone un magnífico es­cudo contra las drogas.

Hablar con frecuencia sobre el tema de las drogas con tu adolescente. Aprovecha programas de televisión para verlos juntos y comentar sobre los contenidos.

Crea un ambiente antidroga en el hogar. Establece unas normas muy claras. En tu familia, nadie toma drogas. Esto no quiere decir que vayas a marginar a un hijo adoles­cente que te confiesa haber tomado alguna sustancia.

Pero sí demuestra un rechazo colec­tivo al asunto, y que existen activi­dades más divertidas y sanas en las que emplear el tiempo.

·         Organiza actividades en familia. Pla­nifica alguna excursión y deja que tu adolescente colabora en la orga­nización.

Desayunar y cenar en familia, por­que las estadísticas indican que ni­ños que cenan habitualmente con su familia tienen menor probabilidad de liarse con las drogas.

·         Enseñar dando ejemplo. Es evidente que no tienes ninguna fuerza moral para exigir a tu adolescente que se abstenga de tomar sustancias que tu tomas. Si abusas de alguna sustan­cia, ahora es el momento más que nun­ca para buscar ayuda de forma ur­gente. Y si tienes amigos que tomen ciertas drogas, tal vez sea el momen­to para buscar nuevas amistades.

·         Saber qué hacer en los momentos de mayor exposición a las drogas. Cuan­do tu adolescente empieza a salir por la noche, pregúntale todo hasta que sepas con detalle a dónde va, con quién y qué van a hacer.

Establece la hora de regreso y la forma de regresar. Habla con los pa­dres de sus amigos y, al ser posible, organiza un sistema rotatorio de re­cogidas por fin de semana, con tal de compartir con ellos la responsa­bilidad de llevar a vuestros hijos sanos y salvos a casa.

La mañana después, intenta pasar un rato con tu adolescente para que te pueda contar anécdotas de la noche anterior.

No le hagas un interrogatorio por­que se resistirá.

Y además tiene derecho a su intimi­dad. Pero adopta una postura dialo­gante y abierta, para que sepa que si quiere compartir alguna informa­ción contigo, lo puede hacer con to­tal confianza. (21)

·              Recomendaciones

A los padres de familia

Hermoso seria que todo padre recuerde que el amor paterno no solo es dinero, comodidad, buena casa, buena alimentación, buen colegio. Todo ello constituye una tercera pare, pues lo que mas necesita un menor es: dialogo permanente, compañía, atenciones, amigos, compartir juegos, evitar castigos corporales, etc. Lo mas importante es que los padres le sirvan de un buen modelo de identidad; hacer que participen dentro de la dinámica del hogar, ocupando su rol; en todo caso es educación o formación de su personalidad lo que mas necesita el menor, y eso es amor paterno. Si en la fecha tiene un drogo dependiente en casa, cambien de actitud, previa reflexión. ¿En que fallo y por que su menor llego a la droga? Si usted cambia de actitud es probable que bajo la orientación del especialista, su menor se rehabilite, pero tendría que intervenir activamente.

A los docentes

Si notara que un educando va ingresando a la droga o sospecha que ya comenzó, seria del caso, con carácter de urgencia hacer de conocimiento de sus padres. Del dialogo orientador nos valdremos para rehabilitar a dicho adolescente. De haber un departamento de psicopedagogía o psicología, derive UD. Ha dicho menor, para que tome las providencias del caso y se pueda intentar su rehabilitación. (22)

(21) NORIEGA ADENAR.  "Psicología Del Adolescente Problemas Y Soluciones"

(22) HILDEBRANDO SALAZAR. "El Adolescente Y Sus Dificultades"

2.9 Aislamiento adolescente

En un colegio no deja de haber uno que acostumbra sentarse en el último asiento del salón, que siempre permanece solo, callado, pensativo, atento a todo, se muestra receloso, siempre está aislado, no le gusta conversar, no opina ni interviene en las relaciones grupales, no deja de tener sus tareas y cuadernos al día, sus notas tampoco son desaprobatorias, vive su mundo en forma independiente entre sus compañeros de clase, inclusive en las horas de recreo se halla al margen del grupo y siempre permanece solo sin intercam­biar emociones con sus compañero. Frente a los pasos orales estos adoles­centes responden en forma lacónica, breve y obtienen una nota aprobatoria.

·              ¿Qué va ocurriendo con ellos?

Muchos de éstos ya están encapsulándose o separándose de los demás, aislándose,'para vivir sus vidas, meditando sobre sus problemas personales, para luego abandonarse en cuanto a su cuidado personal; o van ingiriendo alimentos en forma exagerada, dedicándose exclusivamente a estudio, cumpliendo desesperada­mente sus tareas y así incluso evitarse la interrelación con sus propios parientes; si son abordados por ellos se muestran irascibles e impulsivos, y comenzarán a rechazarlos.   Si aún se vinculan con la sociedad, es en elcumplimiento de sus tareas y asistencia al plantel; por eso, es urgente que el maestro y padre de familia tenga que interesarse en dialogar con ellos y hacer que intervenga el especialista en salud men­tal. No se puede permitir que éste continúe encapsulándose o encerrándose dentro de su  mundo  y  separándose para que no lo vean; es deber de todos defenderlo, relacio­narlo con los suyos y compa­ñeros del colegio.

·              ¿En qué hogares se forman estos adolescentes?

Se forman en los hogares donde no hubo una adecuada relación entre sus padres, donde faltó uno de ellos o desde muy pequeños fueron marginados. En hogares donde siempre hubo actitudes de agresividad, ambivalencia y exceso de descon­fianza, mucha privacidad. De pequeño no supo delimitar de qué lado estuvo la verdad frente a las discusiones de sus padres, vio injusticias, abusos, incomprensiones que nunca podrá olvidar.

Muchos de éstos sufrieron de niños, fueron ultrajados por sus propios parientes o vecinos y se creen ya inservibles; es por ello que permanecen pensando en toda su historia personal y sólo tienen como tarea cotidiana cumplir con sus deberes escolares y asistir al colegio en forma exigida; por eso, requieren la atención inmediata. Aún podemos rehabilitarlos e incorpo­rarlos a nuestro mundo.

·              Recomendaciones

A los Padres de Familia

Si padece de exceso de dudas, desconfian­zas, celos, se muestra irritable y piensa que alguien le va a hacer daño o toma remedios para calmar sus nervios; permanece temeroso, receloso e inseguro y no tiene amigos, acuda ante un médico psiquiatra a fin de superar sus dudas, celos, desconfianzas y no cause más daño en su hogar con su conducta, pues quienes tomarán sus mismas actitudes serán sus hijos al llegar a la adolescencia.Si en casa tiene a uno que va aislándose, se alimenta en exceso, no desea ni bañarse o va rechazando los alimentos,-llévelo ante el médico psiquiatra de su preferencia para evitar que se profundicen las rarezas de su hijo.

A los Docentes

Si tuviera un educando que siempre está solo, es lacónico, desconfiado, temeroso y tiene por costumbre separarse del grupo y busca sentarse en el último asiento, derívelo de inmediato al psicólogo del plantel o del centro de salud que está más cerca a ese colegio; en la fecha existe en el Ministerio de Salud un programa de salud escolar y adolescentes, donde deben atenderlo, y llame a sus padres para que intervengan activamente.

2.10 Problemas familiares

Los adolescentes al vivir una etapa de crisis y al tratar de evadir los problemas, buscan salidas fáciles o formas de olvidarlos, por ejemplo por medio del alcohol y las drogas.

Muchas veces las adicciones surgen por problemas dentro de la familia (incomprensión, falta de comunicación, golpes, maltrato intrafamiliar, rechazo, padrastros, abandono, falta de recursos económicos, dificultades escolares, pobreza absoluta y desamor), al sentir que no son queridos en los hogares, los adolescentes tienen la impresión de no ser escuchados o tomados en cuenta.

Caen en un error al tratar de solucionar los conflictos por medio de las drogas, creyendo que sólo van a ingerir una vez la sustancia, pero en realidad se genera la costumbre o la adicción, esto ocasiona que los problemas familiares aumenten, ya que la droga consumida es más fuerte, y al no querer o poder dejarla, a veces los adolescentes optan por abandonar el hogar, convirtiéndose en niños de la calle, en la que se exponen a riesgos de gran magnitud como contraer enfermedades, ser golpeados, soportar abusos, explotación, hambre y abandono. El tiempo que persista el efecto de la droga en su organismo, es equivalente al del abandono de sus problemas, después, todo vuelve a la realidad, las situaciones preocupantes siguen ahí e incluso aumentan por la adicción generada.

·              Influencias sociales

También recurren a las drogas cuando se presentan problemas en su alrededor. Por ejemplo:

Al no ser aceptado por los amigos o una condición para ingresar a cierto grupo es el ingerir droga, ser como ellos, imitarlos, hacerles creer que "los viajes" son lo máximo, o lo peor, caer en la influencia social. Los adictos pueden hacer los comentarios que quieran sobre la persona que no está dispuesta a entrar en las drogas; los adolescentes deben ser muy conscientes de sí mismos y mantener su postura de decir NO.

Los jóvenes que no quieren consumir la sustancia, deben saber cuidarse de las amistades que manifiestan insistencia, pues su obsesión puede ser tan grande que estarán buscando el momento adecuado para inducirlos, por ejemplo, pueden disolver la droga en su bebida o en sus alimentos. éstos esperarán el momento en que haga efecto la droga para poder dañarlos. Nunca deben aceptar estas cosas por parte de personas adictas y lo más conveniente es alejarse de ese tipo de grupos, que suelen llamarse "amigos".

Ser problemático puede ser causa de la influencia de los compañeros, como hacerlos caer en la delincuencia. Ya que los robos que son realizados por adictos, no son primordialmente por cuestiones de hambre, sino por la necesidad de seguir drogándose. Esto ocasiona tener problemas con las autoridades y posteriormente ser sometidos a las cárceles.

Cuando los adictos aún están es sus casas, presentan depresión y aislamiento mental, lo que provoca bajo rendimiento o ausentismo escolar y mala comunicación familiar.

·              Curiosidad

En ocasiones los jóvenes con una curiosidad insana, por observar que algunos adolescentes de su edad imitan el acto de probar y sentir el uso de cualquier droga. Además algunas drogas como los inhalantes, son de fácil acceso para ellos, son autorizadas y vendidas a bajo costo en cualquier abastecimiento, lo que ocasiona ventaja de consumo.

Al aceptar el organismo la tranquilidad y relajación del efecto de la droga, ocasiona que éste exija el consumo nuevamente, pero con la misma dosis ya resulta insuficiente, lo que hace aumentar cada vez más la cantidad para sentir los mismos efectos, dando paso a la adicción. Algunos jóvenes que experimentan el sentir de bienestar o el simple hecho de "andar en un viaje" y que al consumir la droga su organismo los rechaza de una forma brusca, por lo general éstas personas no vuelven a intentarlo.

·              Problemas emocionales

Cuando surgen los problemas en la vida de algunos adolescentes (regaños, golpes, desconfianza, incomprensión, conflictos económicos en la familia, padres adictos o divorciados, dificultad de aprendizaje escolar, etc.), reflejan una gran depresión emocional, en la que pueden sentirse llenos de rencor, ira y vergüenza, por el comportamiento de los padres, amigos o conocidos. Estos jóvenes buscan la manera de que no les afecte gravemente en su estado emocional y utilizan una forma de salir de ellos con ayuda de una adición.

Los problemas generalmente ocasionan en los adolescentes depresión, sentimiento de culpa, autoestima baja, evasión de la realidad, desamparo y prepotencia, ellos piensan que son los causantes del daño y posteriormente con el uso de las drogas (incluyendo alcohol y tabaco) creen librarse de las dificultades, aunque no siempre recurren a las drogas, sino también se presenta en otro tipo de adicciones como:

·         Comer demasiado

·         Pasar mucho tiempo en los videojuegos

·         Escuchar música

·         Jugar y apostar
Bailar

·         Ver televisión

·         Realizar colecciones de manera obsesiva, entre otros.

Estos últimos, generan una adicción por el uso frecuente en que recurren a ellos; aunque no son tan dañinos para la salud, son tomados para salir de las broncas, como una forma de tranquilizar su cólera.

2.10.1 El adolescente adoptado

La llegada de la adolescencia puede desencadenar la turbulencia en una familia que había permanecido en calma durante la niñez. La adolescencia de un niño adoptado representa, a menudo (pero no siempre), un período difícil en el que los conflictos naturales de esta edad se incrementan por la situación de adopción (se dice que la adopción funciona como un "amplificador fantasmático"). Y ya que en un apartado anterior hablábamos del complejo de Edipo, apuntemos aquí que Edipo fue un niño adoptado, lo que, aun siendo hijo de rey, no dejó de crearle algunos problemas...

Se conoce estadísticamente que los hijos adoptados, tanto si son niños como adolescentes, consultan por dificultades psicoafectivas de dos a cinco veces más que sus congéneres no adoptados. En la adolescencia propiamente dicha, ciertas dificultades aparecen incluso en los adoptados que conocen su situación desde hace tiempo, que han sido adoptados a temprana edad, y que hasta ese momento no habían presentado trastornos importantes. Las dificultades se generan a tres niveles: en la propia situación del adolescente, en sus relaciones con los padres adoptivos y en los temores de éstos frente al adolescente adoptado. Veamos cuáles son las principales características en cada uno de estos niveles.

El joven adoptado tiene que integrar en su identidad un doble árbol genealógico: por un lado, el de los padres adoptivos y, por otro, el de sus progenitores. En la etapa adolescente es cuando el chico se plantea más cuestiones sobre sus padres biológicos: desea recoger información, conocer su estado actual, sus edades, sus oficios... No es raro que el adolescente adoptado manifieste su deseo de ver a sus progenitores, pero sin darse a conocer a ellos, como a través de una "cámara oculta". De todas maneras, estos deseos acostumbran a no pasar a la práctica, quedándose en el plano de las fantasías y de las simples elucubraciones. En algunos casos en que el adolescente llega a encontrar a sus progenitores, manifiesta habitualmente un sentimiento confuso de enfrentarse a extraños. Algunos jóvenes adoptados cuando tienen dificultades con sus padres adoptivos manifiestan la idea de que sus progenitores los habrían comprendido mejor.

En esta búsqueda de la identificación, la ausencia total de información sobre los progenitores puede generar gran ansiedad. De alguna manera, el adolescente tiene que autoconvencerse de que no fue rechazado por sus progenitores por falta de amor, sino únicamente por dificultades materiales. Ya que, de lo contrario, de creer haber sido un "mal bebé", un "producto indeseable", puede desarrollar una "identidad negativa", identificándose con esta supuesta mala parte de él mismo, comportándose como una persona mala, reproduciendo así el supuesto abandono inicial y poniendo al mismo tiempo a prueba los lazos afectivos con los padres adoptivos.

El saberse elegido por sus padres adoptivos, de haber sido seleccionado entre otros niños, compensa en parte la herida en la personalidad (narcisista) del adolescente que se cree rechazado por sus progenitores. No obstante, esta dualidad contrastada de imágenes parentales, de unos padres que acogen y otros que rechazan, hace que los hijos adoptivos puedan pasar de actitudes de devoción extrema y gran solicitud hacia los padres adoptivos, a otras situaciones de vivo reproche y abierta agresividad. Sin embargo, con frecuencia la conducta del adolescente adoptado no difiere de la de sus coetáneos no adoptados; lo que sucede es que puede haber cierta inseguridad en los padres adoptivos que les hace percibir los conflictos propios de la adolescencia como un rechazo a ellos.

Desde la óptica de los padres adoptivos, las expectativas respecto al adolescente adoptado son diversas. Por un lado, la propia crisis parental está amplificada en los padres adoptivos. Aquí, también, la falta de información sobre los progenitores o algunas informaciones negativas pueden alimentar en los padres adoptivos temores fantasmagóricos sobre una eventual herencia patológica del adolescente. La sexualidad del joven acostumbra a ser el catalizador de tales fantasías. Así, por ejemplo, ciertos padres adoptivos temen que el adolescente tenga una actividad sexual tan desenfrenada como la que conocen o suponen que tuvo su progenitora, poniéndose en guardia ante las demandas de autonomía y escarceos amorosos del joven. También, algunos padres adoptivos que habían superado la frustración de no poder ser progenitores, a causa de la esterilidad de la pareja, ven resurgir sus antiguos e íntimos conflictos a la vista de la floreciente y vigorosa sexualidad de sus hijos adoptados, y pueden vivirla como una provocación.

No obstante, todo lo dicho anteriormente no puede ser motivo de generalización, ya que un gran número de adolescentes adoptados no plantearán ningún problema específico de su condición y, sí plantean problemas, serán los propios de la edad, al igual que cualquier chico o chica en la etapa adolescente.           (23)

2.10.2 Medios hermanos y hermanastras

·              Los Hermanos

En una familia pueden existir hermanos por parte de padre y madre, sólo por parte de madre o sólo por parte de padre.

Sea cual sea la descendencia, la verdad es que los hermanos son hermanos entre sí y es esa la relación que los padres deben alimentar entre sus hijos sin establecer diferencias que pueden ser causantes no sólo del alejamiento de los hermanos sino de verdaderas tragedias familiares.

(23) SALVA TIERRA BELEN "Orientación Psicológica Para La Familia" PAG. 55

·              Los hermanos por padre y madre                                                                                       

 Son aquellos que tienen una descendencia materna y paterna común, muchas veces los padres creen que ello garantiza un verdadero amor filial.

El sólo hecho de tener un mismo padre y una misma madre de ninguna manera garantiza un buen vínculo filial entre los hermanos si es que los padres no cultivan en ellos los senti­mientos de atención, asistencia, respeto y cariño con sus hermanos.

Suele suceder en los hogares que existen hermanos por padre o por madre en que los progenitores se interesan por alejar a los "medio" hermanos de sus hijos por considerarlos menos que un pariente, relegándolos al plano sólo de conocidos como si con ello trataran de "preservar" el amor filial sólo para los hermanos de padre y madre.

Es común también encontrar padres que motivados por su sentimiento de culpa por haber abandonado a su hijo ilegítimo, o por no vivir con él, le prestan mayor atención y apoyo que a los hijos legítimos generando entre ellos una rivalidad que en nada favorece la relación filial y que además generará problemas en la relación familiar por las preferencias que puedan darse.

·              Los "medio hermanos"                                                                              

Son aquellos que son hijos comunes sólo del padre o sólo de la madre, llamados también hermano por padre o hermano por madre.

Los medio hermanos suelen ser discriminados tanto por los hermanos como por la pareja de su padre o de su madre según sea el caso, por considerarlos "diferentes" a sus propios hijos; este sentimiento impide que la relación entre los medio hermanos sea lo natural, cariñosa y correcta como debiera ser ya que ellos no tienen la culpa de que su padre o madre hayan muerto, hayan contraído nuevas nupcias, sean hijos de madre soltera, etc.

Lo que deben tener presente los padres es que los hermanos necesitan cultivar entre sí un sentimiento y vínculo familiar que día a día deben fortalecer para beneficio y seguridad de todos, sin ningún tipo de distinción entre sí.

2.10.3 El hijo mayor asumiendo el rol de padre

No siempre los hijos adultos significan una menor preo­cupación para los padres, ni son un apoyo en algunos casos, la inadecuada formación recibida en la infancia y adolescencia, aflora en esta edad, dañando no sólo a sus padres sino directa­mente a su hogar cónyuge e hijos y a todo su entorno familiar.

Sea cual sea la condición de legítimo, ilegítimo o adoptivo de un hijo adulto su rol debe ser de apoyo y ejemplo para los demás miembros de la familia.

El hijo adulto bien formado fácilmente cumplirá las metas establecidas por su hogar y su familia. Sin embargo, a veces en esta edad los conflictos personales no sólo desajustan su compor­tamiento sino que se tornan en una verdadera amenaza contra la tranquilidad y salud mental de la familia toda.

Muchas veces los últimos años de vida de los padres son los más amargos debido a la mala actuación de los hijos adultos.

Los padres esperan que sus hijos adultos sean tan o más felices que ellos viven pendientes de sus actividades, de sus éxitos y de sus triunfos o de sus limitaciones y fracasos, y junto a ellos se alegran o sufren por todo lo que les pasa, sin embargo cuando un hijo defrauda a su padre, éste siente no sólo por el golpe que recibe como padre sino por el golpe que el hijo recibe de sí mismo con su mal comportamiento.

De igual manera los hijos adultos sufren cuando sus padres discuten a menudo, se maltratan u optan por separarse o divor­ciarse, a veces se cree que por ser adultos y tener su vida y hogar formados le será muy fácil superar las desavenencias de sus padres, sin embargo los problemas de los padres repercuten tanto en la vida de los hijos adultos que estos pierden estabilidad emocional a tal punto que sus propios matrimonios fracasan o su estabilidad laboral se pierde debido al trauma sufrido por el problema afron­tado por sus padres divorcio

2.10.4 El divorcio

Aunque separados, la pareja ya no es una pareja de matrimonio pero jamás dejará de ser una pareja de padres para sus hijos. No se puede olvidar que los niños tienen derechos y necesidades básicas como la alimentación, el alojamiento, el cuidado cuanto a la salud, la educación, la vestimenta, en resumen, atenciones de todo tipo. Los niños sólo se sentirán seguros si existe un clima de confianza, respeto, y de afecto con sus padres. Considerando estos derechos, los padres deberían ofrecer una educación basada en valores como el optimismo, la responsabilidad y la familia, brindando a sus hijos con una convivencia civilizada, integradora y social, observando el comportamiento de sus hijos y estando a su lado en todas las horas en las que necesiten y no solo durante las establecidas visitas. Todo eso, aparte de las obligaciones económicas para la manutención de todas las necesidades básicas de los niños.

Muchas veces el divorcio es una experiencia muy distinta para los padres que para los hijos, lo que es bueno para los padres no lo es para los hijos. No hay fundamentos para sostener que la mayor felicidad del adulto lo volverá necesariamente más sensible o preocupado por sus hijos. Muchas veces las circunstancias que enriquecen la vida de un adulto pueden determinar que se encuentre menos disponible para sus hijos.

El divorcio constituye una segunda oportunidad para los padres, que pueden vivirlo como la posibilidad de reconstruir sus vidas, volver a enamorarse, aprender de errores pasados, crecer psicológicamente y ser mejores padres. Para los hijos constituye la pérdida de su estructura familiar, fundamental para su desarrollo, y deben acomodarse a nuevos modos de organización familiar.

Aunque separados, la pareja ya no es una pareja de matrimonio pero jamás dejará de ser una pareja de padres para sus hijos. No se puede olvidar que los niños tienen derechos y necesidades básicas como la alimentación, el alojamiento, el cuidado cuanto a la salud, la educación, la vestimenta, en resumen, atenciones de todo tipo. Los niños sólo se sentirán seguros si existe un clima de confianza, respeto, y de afecto con sus padres. Considerando estos derechos, los padres deberían ofrecer una educación basada en valores como el optimismo, la responsabilidad y la familia, brindando a sus hijos con una convivencia civilizada, integradora y social, observando el comportamiento de sus hijos y estando a su lado en todas las horas en las que necesiten y no solo durante las establecidas visitas. Todo eso, aparte de las obligaciones económicas para la manutención de todas las necesidades básicas de los niños.

·              Los hijos tras el divorcio

Los hijos, a diferencia de los adultos, no perciben el divorcio como una segunda oportunidad, y ello forma parte de su sufrimiento. El divorcio engendra niños hambrientos de afecto y atención. Para ellos es importante tener buenos recuerdos del matrimonio de sus padres, necesitan saber que sus padres se hayan amado alguna vez, con el fin de confirmar lo bueno que hay en ellos y en su origen.

  El divorcio es una experiencia diferente para los niños que para los adultos porque pierden algo que es esencial para su desarrollo: la estructura familiar. La familia es para el niño la entidad que le brinda el apoyo y la protección que él necesita. Los hijos sienten que sus padres son culpables por haber fracasado en una de las tareas más importantes de la vida, que es la de mantener unidos el matrimonio y la familia en la pobreza y en la riqueza, en la dicha y en la desdicha.

La primera reacción del niño ante el divorcio es la de temor. Experimentan una profunda sensación de pérdida y tristeza. Durante años los niños luchan contra sus sentimientos de enojo y tristeza. La mayoría de niños esperan que sus padres se reconcilien. Se sienten solos y desamparados. Muchos niños en edad escolar se quejan de síntoma psicosomáticos como dolor de vientre o de cabeza.

La furia del niño está unida a una sensación de impotencia. Sienten que su opinión no cuenta, que no pueden influir en ese acontecimiento tan importante para sus vidas. Muchos niños se sienten culpables y otros consideran que es su deber tratar de recomponer el matrimonio. Surgen también conflictos de lealtad hacia cada uno de los padres frente al otro.

Cuando uno de los progenitores abandona al otro, los niños lo interpretan como si les abandonaran a ellos. Muchas adolescentes se ven impulsadas, por cariño y compasión, a identificarse con el padre o la madre rechazados.  Al crecer, temen emplear la palabra amor porque las relaciones son inciertas y desconfían de los compromisos porque sus padres rompieron el suyo. Los hijos del divorcio suelen postergar tener hijos hasta estar seguros que su matrimonio funciona bien.

 La aparición de una nueva pareja de la madre/padre le plantea al hijo el conflicto de si es ser desleal a su padre/madre llevarse bien con ella. La relación de la nueva pareja con los hijos se construye con innumerables transacciones y respuestas, a través de las cuales, el niño percibe que la otra persona se interesa por él.

Algunas adolescentes pueden encontrar en su madrastra una amiga y aliada. Los hijos desean que la madrastra haga feliz al padre, que los reciba cordialmente y que no los haga sentir intrusos.

 Para superar el divorcio de los padres, los hijos tendrán que reconocer que sus padres son seres humanos que pueden cometer errores, y respetarlos por sus esfuerzos y coraje por recurrir a una solución moral y socialmente aceptable.

Eso significa que muchos niños (los hijos) estarán ingresando en situaciones para las cuales no están preparados. Y aunque pensemos que es mejor que la pareja se separe que continúen viviendo situaciones conflictivas de convivencia, indudablemente, una separación afectará a sus hijos. En todo caso, si el niño está viviendo situaciones no idóneas, por ejemplo, de constantes peleas, discusiones, que terminan en maltrato, problemas de alcoholismo o drogas, y que el ejemplo de su padre y/o madre no sea el más adecuado, será más beneficioso para él que sus padres se separen.

Esta comprobado que el niño sufre mucho más en situaciones en que los padres son infelices juntos que cuando deciden vivir separados. Los niños quieren sentir que sus padres son felices. Es importante considerar que al tomarse la decisión de separarse que se analice primero la relación con los hijos, los cambios que éstos pueden sufrir, las razones que tendrán que presentar a los hijos, y sobretodo que su decisión no afecte ni comprometa a las necesidades básicas de los niños. El niño continuará necesitando de cariño, de cuidados, de atención, de apoyo, comprensión, etc.

2.10.5 Los Adolescentes y el "Huir de Casa"

"Me voy a ir de la casa. Ya no aguanto a mis padres porque no me entienden... Me quieren seguir tratando como un niño, no me tienen confianza, no me dejan en libertad", decía un adolescente a uno de sus amigos, lo decía de corazón porque lo sentía, sin ponerse a pensar si su propuesta era realista, sin analizar las consecuencias y, desde luego, sin un plan correcto.

Muy probablemente, por la mente de todo adolescente, especialmente de los varones, ha cruzado la idea, aunque sea momentánea, de huir de casa.

En la mayoría de los casos, es una idea vaga e idealizada. No saben a donde van a ir, ni que van a hacer, pero lo ven como un ideal.

Incluso a veces llegan a comentarlo con sus amigos o lo plantean como una amenaza ante los padres.

Cuando este tipo de ideas se manifies­ta, aunque sea indirectamente, es un síntoma que pone en evidencia el he­cho de que el adolescente está cam­biando y se siente incomprendido.

·              Una estructura mental cuestionadora

Ese increíble plan de escape no es otra cosa más que una manifestación de que el adolescente ha cambiado, no solo en su aspecto físico, sino fundamental­mente en su estructura mental, en su manera de ver la vida y en la forma como juzga al mundo de los adultos.

Las reglas fijadas por los padres y maestros, que antes eran simplemente aceptadas, toleradas o en algunos ca­sos retadas, ahora son fuertemente cuestionadas.

·              La interpretación equivocada

Muchos padres, al ver que sus adoles­centes quieren más libertad y al sen­tirse cuestionados por ellos, piensan que sus hijos ya no los nece­sitan tanto.

Sin embargo, en rea­lidad los necesitan tanto o más que antes, pero de una manera diferente.

La adolescencia requiere que los pa­dres utilicen enfoques diferentes para dirigirse a sus hijos, debido a que el esquema que antes utilizaron y que les dio muy buenos resultados ya no les va a funcionar.

Al contrario de lo que muchos podrían pensar, el nivel económico no tiene nada que ver en estos casos, adoles­centes de todos los estratos sociales huyen de sus hogares o están expues­tos al peligro de hacerlo    

·              Pero… ¿Por qué huyen de casa?

Las razones por las cuales un niño o adolescente se va del hogar va­rían, pero algunas sobresalen.

Aquí hay algunas causas comunes por qué los jóvenes huyen:

§         Están tratando de escapar de un abuso físico, sexual o emo­cional

§         Muchos huyen en busca de aventura

§         Algunos sienten mucha presión en el hogar por sobresalir o ser perfectos

§         La muchacha termina embara­zada y huye por temor o ver­güenza

§         Problemas en el hogar y los hi­jos no se entienden con sus padres

§         Hogares donde ha existido un divorcio o separación de los padres

§         Existe rebelión de parte del menor y no quiere aceptar la autoridad de los padres

§         El joven se siente vacío e inse­guro por el descuido de los padres. Huye con un novio que promete amarle, cuidarle y preocuparse por ella.

§         Hijos con algún tipo de resen­timiento huyen para herir o ven­garse de sus padres.

·         ¿Qué hacer para que no huya?

Los padres deben de entender que el enfoque de "Te voy a dar un premio o te voy a castigar" no va a funcionar para toda la vida. En ocasiones, cuando ve que eso ya no les hace mella, tienden a poner reglas todavía más estrictas y hacerse cada vez más exigentes, y lo único que están haciendo es fabricar una "olla de presión", que tarde o temprano va a explotar.


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