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Al igual que la terapia individual, la terapia de grupo tiene el objetivo de solucionar un problema, pero con la participación de varias personas que lo comparten.
La principal diferencia entre psicoterapia individual y terapia de grupo estriba en que el mismo grupo sirve como instrumento de cambio, sus miembros son coterapeutas, mientras que el papel del psicoterapeuta pasa a ser una herramienta mediante la cual el grupo soluciona el problema.
Ventajas de la psicoterapia de grupo
La psicoterapia de grupo posee dos buenas ventajas: su disponibilidad al trabajar con un elevado número de pacientes, optimizando los recursos (tiempo, espacio, personal...), y su rentabilidad, el coste es mucho más asequible, sobre todo en estos momentos en los cuales muchos tratamientos son costeados por compañías de seguros sanitarios y mutualidades.
Un grupo, un objetivo
Lo que define a un grupo, fundamentalmente, es su finalidad. Podemos concebir a un grupo "como un sistema constituido por sujetos interdependientes que interactúan de forma regular para realizar una misión definida explícita o implícitamente" (Tous, 1993).
El elemento común entre los miembros del grupo terapéutico es la necesidad de solventar un mismo problema, por ejemplo, la angustia. Todos los compenentes oirán diferentes experiencias del mismo trastorno, cosa que les hará reflexionar y verse reflejados en el grupo.
En el grupo terapéutico son muy importantes las interrelaciones y los vínculos que se establecen entre los miembros del mismo. Hay que considerar al grupo, y no al individuo, como paciente. Por tanto, el grupo es una entidad funcional y no ontológica.
Los factores terapéuticos del grupo
Uno de los elementos que hay que destacar de este tratamiento es que el grupo es un agente de cambio terapéutico. En el grupo se da una situación en la que afloran sentimientos propios de un colectivo que no saldrían en una terapia individual como el altruismo, la solidaridad, el respeto, etc. Otro factor que también se puede considerar como terapéutico es el hecho de que los pacientes sean coterapeutas: el papel de la retroalimentación.
El papel activo de los miembros del grupo como coterapeutas, no sólo consiste en escuchar y aceptar, sino también en interactuar y reaccionar, según la resonancia o disonancia de las manifestaciones personales y los acontecimientos grupales que provocan en ellos. A esta intervención activa la llamamos retroalimentación, la cual no es sólo una reacción espontánea producida en el seno de un grupo de compañeros, sino que cumple una función terapéutica: la de manifestar a la persona destinataria de la misma la reacción interna que ha suscitado en los otros, para aumentar el autoconocimiento y para ser consciente de cómo son recibidos, intuitiva y afectivamente, determinados comportamientos dentro del grupo y también en la vida cotidiana.
En resumen, la psicoterapia grupal tiene unas características propias que la convierten, no en una psicoterapia de segunda categoría para los que no pueden pagarse una psicoterapia individual, sino en la posibilidad de obtener a través de ella experiencias que no pueden obtenerse con otras técnicas. La expresión franca de sentimientos y percepciones respecto a uno mismo, la interacción con los otros compañeros y el terapeuta, el apoyo mutuo y la retroalimentación que se puede recibir de los demás constituyen, de este modo, el núcleo de la psicoterapia grupal.
¿A quién beneficia la terapia de grupo?
La terapia grupal es adecuada para ayudar a distintas personas. Desde aquellas que están interesadas en desarrollar habilidades sociales hasta personas con otro tipo de problemas como por ejemplo ansiedad o depresión. Sin embargo la terapia de grupo es especialmente efectiva para personas con dificultades para relacionarse con los demás (en distintos ámbitos: en el colegio, en el trabajo, con la pareja, etc.).
Naturalmente los objetivos difieren de una persona a otra. Por ejemplo, para una persona tímida su objetivo principal será lograr hablar en público sin ruborizarse, y para otra con dificultad para encontrar una pareja estable será lograr mayor intimidad con los demás.
¿Cómo te puede ayudar la participación en un grupo?
- Te ayuda a descubrir formas nuevas de relacionarte con los demás.
- Aumenta tu sentimiento de auto eficacia y mejora tu autoestima.
- Te otorga una sensación de apoyo y sentimiento de pertenencia a un grupo que activa procesos de identificación con los demás miembros del grupo.
- Permite disminuir la sensación de aislamiento y soledad tan frecuente en algunas personas.
- Te hace sentir útil cuando ves que puedes ser de gran ayuda a los demás.
- Te da la oportunidad de descubrir que no eres el único que sufre, que hay otras personas que atraviesan circunstancias similares a las tuyas. Y esto te hace sentir más seguro.
- Te permite descubrir nuevas formas de afrontar la vida y los problemas cotidianos con el aporte de los demás miembros y la guía del terapeuta.
- Permite mejorar la autoconciencia y promueve el crecimiento y desarrollo personal.
¿Cómo funciona la Terapia Grupal?
Los participantes cuentan sus problemas cotidianos y los hechos más importantes de la semana. Además comparten sus sentimientos y pensamientos acerca de lo que acontece en las sesiones de la terapia de grupo.
La terapia de grupo valora la expresión auténtica de los sentimientos. El foco se centra en el presente y no en el pasado.
La terapia de grupo pretende corregir las conductas y creencias desadaptativas que entorpecen las relaciones con los demás a través del feedback de los otros miembros del grupo y la estimulación para experimentar conductas más sanas, primero en el grupo y posteriormente en el mundo real.
Por medio del feedback y la autobservación las personas aumentan la información sobre sus interacciones con los demás. Se hacen concientes de sus propios sentimientos respecto a las interacciones grupales y de las reacciones de los otros.
El enfoque sistémico, aplicado al campo educativo, contempla la conexión entre los individuos y el contexto: tanto el inmediato, familiar, educativo, entre iguales, como el más amplio y genérico, social, político, religioso, cultural, etc., teniendo en cuenta sus interacciones recíprocas en un constante feedback de comunicación.
Esta metodología, en contraposición a la reduccionista, favorece una visión integradora de los fenómenos, capaz de relacionar circularmente las partes y de sustituir los conceptos que hablan de "sumatividad" por aquellos que hablan de "totalidad". Esta visión, también llamada ecológica, permite ver cómo el grupo (familia, centro, alumnos, etc.) no se adapta a un ambiente dado sino que coevoluciona con el ambiente.
Desde siempre el hombre ha vivido experiencias grupales, el concepto, los estudios y sus dinámicas, son recientes. Al definirlo se hace referencia a un conjunto interrelacionado de personas que persiguen un proyecto común, donde se establecen relaciones afectivas, roles, comparten creencias y normas.
Los desarrollos teóricos de este tema emanan de diferentes ámbitos y disciplinas, así por ejemplo, la dinámica de grupo, campo de la psicología social, se ocupa del estudio de la conducta, interacciones, funcionamiento y de derivar un conjunto de técnicas que aumente la operatividad del grupo. Las dinámicas o técnicas de trabajo, son instrumentos para el logro de objetivos grupales. Se emplean de manera automática o son confundidas con otros recursos didácticos, sin embargo la elección de la técnica depende del coordinador de grupo, excepto cuando el conjunto sea lo suficientemente maduro para autogestionarse.
Variables para la selección de una técnica:
Objetivos: clarificar qué se espera obtener para después revisar el equipo de técnicas disponibles para el logro de ese objetivo.
Tamaño: el comportamiento depende en gran medida del tamaño, uno pequeño tiene mayor cohesión, intimidad, seguridad y confianza.
Madurez y entrenamiento del grupo: para poder seleccionar la complejidad de la técnica y su naturaleza, algunas ponen en juego costumbres adquiridas, otras requieren entrenamiento previo, etc.
Ambiente físico y recursos que se poseen: evaluar las condiciones reales en que se desarrollará el trabajo como necesidades de espacio, recursos físicos, humanos, tecnología, tiempos, etc.
Condiciones y características del medio externo: tener presente el contexto social, económico e institucional.
Características de los miembros: pensar en sus edades, experiencias, expectativas, nivel de instrucción y prácticas anteriores, pero no deben centrarse en dificultades de personalidad de algún miembro.
Capacitación del coordinador: evaluar la capacidad de proponer y realizar una técnica.
Sugerencias para el coordinador:
Abandonar la postura de profesor o directivo tradicional, reprimir los deseos de disertar o ser el centro.
Ser facilitador del trabajo. No presionar al grupo, escuchar atentamente y cumplir con el rol.
Confiar en el grupo, sus capacidades y valores. Tener paciencia, no desalentarse ante errores o fracasos. Dar tiempo al aprendizaje.
Poner en discusión aquellos aspectos que el grupo pueda decidir efectivamente. No solicitar opiniones o decisiones que de antemano no serán tomadas en cuenta.
Estar atento a todo lo que pasa en el grupo, considerar además de lo racional, los sentimientos y emociones de las personas que siempre están en juego.
Analizar las propias dificultades, inhibiciones y temores para enfrentarlos con claridad, no subestimarse ni sobreestimarse.
Diferenciación de las dinámicas grupales según los objetivos.
La aplicación de técnicas en el ámbito educativo tuvo mayor auge en el ámbito del aprendizaje escolar, sin embargo es importante diferenciar el encuadre de las técnicas grupales con otras formas de trabajo desarrolladas por la didáctica de grupos. Estas últimas son metodologías que desarrollan algunas formas en las que los alumnos trabajan asociados como "trabajo en equipo, grupos de estudio", etc., donde se busca colaborar y distribuir tareas, pero no necesariamente conformar un grupo.
Muchos docentes utilizan herramientas de didáctica confundiéndolas con dinámicas grupales. Emplear estas técnicas es conocer sus principios conceptuales, el trabajo sobre el grupo con objetivos determinados en función de éstos, con una planificación adecuada, seguimiento y coherencia.
Ejemplos de dinámicas grupales: La actitud de escuchar en parejas
Objetivo: Que los participantes conozcan y valoren la actitud de atender y escuchar a fin de favorecer la participación grupal.
Técnica: Trabajo en parejas
Tiempo aproximado: 30 minutos.
Desarrollo de la técnica:
Formar grupos de diez a doce personas.
Hacer parejas. En dos minutos, uno cuenta a otro algo importante que hizo o vivió en la última semana. El otro expresa con sus propias palabras lo que ha escuchado, el que ha contado, evalúa el grado de exactitud de lo dicho por su pareja.
Repetir el ejercicio invirtiendo los papeles.
En grupo reflexiona sobre la capacidad de escucharse en parejas. El coordinador puede ayudarse de preguntas como: ¿Sintieron que el otro lo estaba escuchando? ¿Qué dificultades encontraron para escucharle?
El animador señala brevemente algunos aspectos del tema y continúa con el siguiente ejercicio.
La actitud de escuchar en el grupo
Objetivo de la técnica: ídem al anterior
Técnica: trabajo grupal
Tiempo aproximado: 30 minutos
Desarrollo de la técnica:
El coordinador presenta el objetivo del ejercicio y explica la forma en que se trabajará.
El facilitador propone un tema de discusión motivador y polémico o puede invitar al grupo proponerlo.
Los miembros del grupo discuten e intercambian opiniones respetando:
Cada vez que una persona comienza a hablar, deberá resumir lo que dijo la anterior.
Quien resume deberá preguntar a la quien le antecedió si resumió lo que dijo.
Si la persona ha resumido bien podrá dar su opinión sobre el tema; si no lo logra, el grupo le ayudará a hacerlo.
Durante el ejercicio el coordinador podrá hacer algunos señalamientos sobre la actitud de escuchar.
Al final el grupo comentará cómo resultó el ejercicio.
El coordinador recoge las ideas del grupo y las relaciona con el tema de la sesión.
Recomendaciones para la coordinación de esos ejercicios:
Un ejercicio se realiza inmediatamente después del otro.
Crear un clima de confianza donde las personas se sientan cómodas para hablar.
Lo importante es la vivencia, es necesario escuchar cómo se sintieron los participantes durante el ejercicio y qué dificultades encontraron para escucharse.
Finalmente, es importante mencionar que estos ejercicios aportan mucho al grupo, a pesar de algunos contratiempos, pues el grupo puede reconocer las dificultades que tienen para escucharse, especialmente cuando se trata de un tema que atañe a todos, en el que quieren opinar a la vez. Permiten también, reflexionar sobre lo mucho que cuesta esperar turno, atender lo que dice el otro y no pensar sólo en lo que uno tiene para decir, aceptar el error ante el señalamiento grupal y señalar errores sin herir al otro.
La calidad del proceso y resultado de cualquier sistema depende, en gran medida, de su capacidad de retroalimentación, la que le permite corregir errores y reencausar esfuerzos en la búsqueda de más eficiencia en el proceso y mejores resultados.
El planteamiento anterior es válido para la mayoría de los procesos que tienen lugar de manera consciente y planificada en la sociedad humana, tanto en las esferas económica, política como social. Precisamente la educación, en su sentido ancho, es un fenómeno social de trascendente importancia por cuanto a través de ella se propicia el desarrollo humano, y se garantiza el desarrollo de la cultura universal.
La retroalimentación en educación, como en todos los procesos sociales, juega un papel decisivo por cuanto la formación integral de la personalidad es el fenómeno complejo que se erige en su fin y misión. De tal forma, todos los procesos y acciones que tienen lugar en el entorno educacional son susceptibles de retroalimentación.
Las acciones que se desarrollan a través de la educación tienen todas como fin contribuir de manera armónica y sistémica a la formación integral de la personalidad. De ahí que ninguna de tales acciones sea fin en sí misma, sino que su carácter de medio para contribuir a la formación de las nuevas generaciones hace que su planificación y puesta en práctica por los actores educativos se base en el fin declarado de la educación.
Entre los muchos temas educacionales que han tomado fuerza en los últimos tiempos, la interdisciplinariedad, aplicada a los sistemas educativos, ha ocupado un lugar protagónico. Se ha planteado que "las diversas áreas de conocimientos deben mantener una estrecha relación entre sí para dar coherencia al proceso educativo con objeto de lograr la formación completa y equilibrada del alumno" (Ibáñez, 1997). A partir del planteamiento anterior, pudiera asumirse que la interdisciplinariedad, como fenómeno que se concreta en las relaciones objetivas entre las diferentes disciplinas o materias que confluyen en el proceso formativo, es un elemento de vital importancia en la formación integral de la personalidad de las nuevas generaciones.
Es necesario, por tanto, desarrollar estrategias didácticas basadas en la interdisciplinariedad para contribuir de manera más efectiva a la formación de las nuevas generaciones.
Autora:
Matilde Carolina Medina Carrero
Venezuela
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