Para seguir analizando el hecho religioso es necesario remontarse a sus orígenes, utilizando un término de John Locke* y que posteriormente es tomado por David Hume**, este término remonta la "imaginación" a los inicios del hombre y sus primeras acciones como ser racional, capaz de almacenar y procesar información, convirtiéndolas en acciones lógicas con un fin particular.
Hume parte de la teoría empírica de la "tabula rasa" que mencionó anteriormente John Locke en sus excritos. Es decir, y contrariamente a la doctrina cartesiana de las ideas innatas, el hombre parte de una "tabla rasa", de un papel en blanco donde a través de la experiencia se van quedando grabadas las impresiones. Esto sería, desde luego, aplicable tanto a la idea de Dios, como a toda concepción religiosa que pueda existir en la humanidad[5].
Esta tabula rasa de la que habla Hume, se puede tomar para analizar el hecho religioso en sus inicios y toda la manifestación que se ha dado en el hombre hasta la actualidad, ya que la religión está inscrita en él y hasta ahora no se ha podido eliminar este concepto, porque se encuentra en lo más intimo del hombre. El fenómeno religioso es posterior a la humanización del hombre, es decir, no nace a la par con el homo Sapiens, sino que estudios científicos se remiten a las tribus de cazadores y recolectores actuales, cuya existencia está marcada por un lenguaje de ritos, de magia y de tradiciones místicas porque están convencidos de que la humanidad tuvo ya desde épocas antiguas comportamientos parecidos[6]. El hecho religioso es fruto de la reflexión del hombre, por ello es objeto de estudio de la filosofía.
Con esta teoría de la tabula rasa, se puede hablar que el sentido religioso nace en el hombre, como una transmisión de elementos religiosos en la conciencia del hombre y lo van entronizando en el ambiente de lo religioso, a esta teoría cabe la frase famosa de Jean-Jacques Rousseau*, aunque no se toma en el sentido literal, lo importante sería lo que ayuda a reiterar: "El hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe"[7].
Las distintas ciencias de la religión parecen constatar que el fenómeno religioso es tan antiguo como la aparición del hombre. Y este hecho religioso ha tenido una continuidad a lo largo de la historia, hasta el punto de poderse afirmar que las religiones ya configuradas hunden sus raíces en unos prototipos prehistóricos[8].
Según este aparte, se puede añadir, que la existencia en la prehistoria de un homo religiosus con capacidad de la experiencia de lo sagrado, constatando que desde los inicios primitivos del hombre, ya existía una idea de lo sagrado. Este hecho religioso como se ha visto, es rastreado desde tiempos antiguos del hombre. Pero, en medio de estos contextos no se ha mencionado algo importante de las raíces del hecho religioso y son las innumerables preguntas cosmológicas y existenciales que el hombre se ha hecho desde sus inicios como ser racional hasta la actualidad y de seguro siempre estarán presente en él, como respuesta a su limitante de conocer las cosas en sus causas primeras y últimas. Algunas preguntas existenciales son: ¿Cuál es el significado último de la existencia?, ¿Por qué existe el dolor y la muerte?, ¿Existe un dios?, ¿Quién o cómo se creó el mundo?
Toda la filosofía de la religión debe tener como base una descripción del objeto y del acto religioso en su última esencia. Según Scheller, la fenomenología esencial de la religión tiene tres fines: la óptica esencial de lo divino, y la teoría de las formas de revelación en que lo divino se manifiesta y se muestra al hombre, la teoría del acto religioso, por el cual el hombre se prepara para la recepción del contenido de la revelación y mediante el cual lo aprende en la fe[9].
El objeto de la fenomenología de la religión es el fenómeno religioso. Esta fenomenología no se preocupa por explicar las relaciones de Dios con el hombre y la importancia de lo divino, para este análisis se formaron ciencias como la teología y la teodicea lo importante es el fenómeno como tal[10].
La fenomenología de la religión se propone, en primer lugar, descubrir los elementos comunes a las diferentes manifestaciones del fenómeno religiosos por medio de una comparación sistemática y cuidadosa de todas esas manifestaciones, conocidas de forma más precisa por el recurso a los resultados de las diferentes ciencias de la religión y, en especial, de la historia de las religiones. Posteriormente trata de captar las relaciones que guardan entre sí esos elementos comunes,…[11].
En pocas palabras, este método aplica la fenomenología a los datos suministrados por la historia de las religiones (fenómenos), dándole realce a la captación de la estructura religiosa a partir de sus manifestaciones. También se preocupa por develar la conciencia que ejerce activamente la religión y su historia en el mundo.
Durante varios años en la universidad de Gronigen, utilizan un esquema que sirve para estructurar las múltiples apariciones religiosas, es muy sencillo: en la primera parte, estudia el objeto de la religión, es decir, algunas manifestaciones de su término. En la segunda, el sujeto de la religión: el hombre religioso y sus diferentes figuras individuales y sociales. En la tercera, la relación entre el objeto y el sujeto religioso, expresada en los actos externos e internos[12].
Para hablar de este método fenomenológico, es necesario hacer un pequeño recorrido por la historia de la filosofía de la religión, para tratar de rastrear en esta historia los diferentes métodos que fueron utilizados para la interpretación del hecho religioso. Se distinguen cinco etapas: la Judeo Cristiana, la Griega, la Medieval, la Moderna y la Contemporánea.
La etapa judeocristiana, el método es el intuitivo. Está marcada sin duda por la influencia de los relatos bíblicos y toda su espiritualidad, la cual se entendía como la relación del hombre con su Dios. En el Antiguo Testamento principalmente se comprendía esta relación de aquel Dios Creador que quiso hacer al hombre y revelarse a él en toda una serie de manifestaciones descritas en el Antiguo Testamento. Más que una reflexión crítica sobre la actitud religiosa, se trata de una especie de intuición de Dios, esto se dice porque esta relación de hombre-Dios se da de una forma inmediata, no necesita del discurso racional, el hombre descubre a Dios en sus acciones. Otra etapa es la griega, manejaba el método intuitivo-discursivo. Esta etapa está marcada por toda la cultura helena la cual fue una civilización de gran actividad intelectiva, esta cultura al estar fuertemente influida por la mitología y el politeísmo pagano, la interpretación del hecho religioso, consistía en no negar el mito, sino en darle una connotación de representaciones simbólicas, intentaban llegar a su verdadero conocimiento mediante un proceso reflexivo-racional, es así como se mezclan dos términos en esta etapa: el intuitivo y el discursivo[13].
La Medieval, en la cual se utilizó el método de confrontación. Este periodo sin duda está marcado por la fe estudiada por la teología que tiene como fundamento y verdad el dato revelado, por otro lado, en esta parte de la historia existía un legado marcado por los pensadores de la antigüedad y sus postulados en su mayoría de un orden racional. Esta etapa se encontró con dos términos el de la fe y la razón, en los cuales, la razón está al servicio de la fe: "la filosofía es sierva de la teología". Existió entonces una confrontación del término de fe con la razón, así era interpretado el hecho religioso, hecho que era considerado como el eje principal en el cual se debía mover toda la sociedad medieval. En la edad Moderna es implementado el método de anticipación formal, el cual consistía en criticar y someter a la religión en el imperio de la razón.
En la Edad Contemporánea surgen varios métodos, entre ellos, el más relevante y tomado para la descripción del hecho religioso es la fenomenología: corriente que fue sin duda fundada y trabajada por Husserl*, en este método fenomenológico se distinguen tres momentos: Reducción eidética, que consiste en un primer acercamiento a la realidad que se manifiesta, es decir, al fenómeno. Es ir más de los elementos empíricos con el fin de determinar su esencia y comprender su verdadera significación. Se trata de captar mediante un proceso intuitivo el significado fundamental y describirlo. El otro paso es la reducción fenomenológica, que consiste en una visión del fenómeno, donde no se tienen prejuicios ni se emiten juicios de valor, sino que se entra en un estado de epojé**, ni negando ni afirmando el fenómeno, su finalidad es analizar y abstenerse de los juicios hasta tener lo que se quiere. El último paso es la reducción constitutiva, consiste en definir la intencionalidad del objeto. En el caso del hecho religioso, por las reducciones constitutivas se determina las intenciones del espíritu en su referencia a lo sagrado. Este paso rompe el hielo puesto por el segundo paso[14].
Para estudiar el hecho religioso será imprescindible referir los diferentes elementos materiales que lo componen y para ello se requiere "simpatía" del investigador con esa intención particular sólo así se llegará a una verdadera comprensión y no se reducirá a la explicación de sus elementos, sino que llegará a captar el sentido interno de este hecho.
Toda filosofía de la religión debe tener como base una descripción de objeto y del acto religioso en su última esencia. Según Scheler*. La fenomenología esencial de la religión tiene tres fines: 1) la óptica esencial de lo divino; 2) la teoría de las formas de revelación en que lo divino se manifiesta y muestra al hombre; 3) la teoría del acto religioso, por el cual el hombre se prepara para la recepción del contenido de la revelación y mediante el cual lo aprehende en la fe[15].
La fenomenología de la religión, no sólo se encarga de enumerar los datos empíricos de los hechos, no se "obsesiona" por demostrar la verdad inerrante de estos fenómenos, ésta, al ser una ciencia que analiza los datos suministrados por la historia y los fenómenos actuales, se preocupa más bien por comprender este hecho. Si la fenomenología sólo se dedicara a la enumeración de los elementos empíricos recogidos, no podría nunca llegar a una verdadera comprensión del hecho religioso, ya que éste contiene elementos que no pueden ser considerados como datos capaces de ser experimentados.
Un ejemplo se encuentra en la religión Católica: la Eucaristía es considerada como centro y culmen de la fe Católica-Cristiana, ya que en ella se contempla el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Este fenómeno es entendido y vivido por los cristianos desde la fe. Un científico por muchos estudios y datos que puede recoger, y aunque pudiera llegar a la conclusión de que es un fenómeno psicológico, no podría entender lo que los cristianos experimentan y creen por la vía de la fe, simplemente se estaría haciendo una conclusión desde la razón, pero la fe quedaría a un lado, entonces, no sería una interpretación objetiva de este fenómeno tan complejo. Y en cuanto a la fenomenología como búsqueda de una verdad absoluta de la religión, tampoco podría ser concebido, ya que muchas religiones basan su fe en el misterio, cosa que si fuese revelado, ya no sería misterio.
Otro punto importante del hecho religioso, es el análisis de su universalidad y la persistencia de este fenómeno, para ello se hará necesario rastrearlo en la historia y especialmente en la de los pueblos más influidos por las religiones tradicionales.
Algunas sociedades modernas intentan repudiar lo sobrenatural, pero es dudoso que hayan reprimido la religión por completo. La universalidad o casi-universalidad de la religión sugiere que aquélla responde a importantes necesidades sociales e individuales, ya que facilita respuestas que no pueden contestarse de otro modo, refuerza los valores sociales mediante ratificaciones divinas, y da esperanza y consuelo[16].
"Una lectura sincrónica de la historia no llega a registrar ninguna estirpe humana sin fe en la trascendencia, como raíz de la última y como horizonte global de la vida"[17]. Con esta afirmación se muestra el fenómeno religioso como un ente, que ha permanecido a través de la historia, con todas las adversidades que ello ha significado. Acompaña al ser humano como signo de su racionalidad reflejado en símbolos, tradiciones, códigos, tabúes, calendario, entre otros.
La historia se ha visto marcada por diferentes cosmovisiones: teocentrismo, naturalismo, antropocentrismo, entre otras. También han existido épocas de sospecha, de rechazo, de indiferencia, de proyectos apologéticos, de renovación…Pero, en estas corrientes y situaciones, el hecho religioso perdura. En estos cambios de épocas y especialmente en el ambiente filosófico, la religión se ha convertido en flanco de duras críticas con toda clase de fines, especialmente en las edades Moderna, Contemporánea y Postmoderna, pero a pesar de estas críticas, el hecho religioso nunca ha perdido su vigencia en la totalidad. No ha existido época en el hombre, donde la religión no tenga vigencia[18].
Un ejemplo de la persistencia del hecho religioso encarnado en la religión, es el de las religiones tradicionales: Budismo, Islam, Judaísmo y el Cristianismo, que pese al recorrido milenario que han tenido en la historia del hombre, con sus crisis y alegrías, han podido perdurar y vencer los más grandes postulados que atentan contra su estructura y esencia. Se podría especialmente resaltar la permanencia de la religión cristiana, que desde sus inicios tuvo grandes enemigos a diferencias de las otras religiones tradicionales, estos hostiles no han podido terminar ni romper con este fenómeno religioso de más de dos mil años, los cristianos le atribuyen esta permanencia a una gracia de Dios especial recibida a sus fundadores, gracia que todavía vive en esta religión. Así se entiende la universalidad y la persistencia del hecho religioso.
Entendemos "sagrado" como aquello equivalente a "santo", categoría explicativa y valorativa de la esfera religiosa. Lo santo no se refiere solamente a la bondad moral, como lo empleó Kant, quien restringió la religión al campo de la moral. En su primigenio sentido designa el fondo o médula de la religión. En hebreo se llama qadosch, en griego hagios en latín sactus o más exactamente sacer, que en castellano equivale a "sagrado". Llamamos "lo santo" porque en esta aproximación de análisis esta categoría no aparece como persona u objeto[19].
Es importante entender este mundo de lo sagrado, como un fenómeno de lo sobrenatural. Uno de los problemas de la filosofía de la religión ha sido la distinción de la religión de otras instituciones y ámbitos, como lo es la cultura. Surge el interrogante: ¿la religión es cultura?, los antropólogos han demostrado que muchas de la acciones de las religiones, pertenecen al ámbito cultural; un ejemplo de ello, es la transmisión de elementos religiosos por medio de la tradición, una característica que se puede encontrar en la definición de cultura. Pero, se está tratando hacer una reflexión, en la cual se hallen unas ventanas de independencia de estos dos entes: religión y cultura[20]. Una posible luz que podría iluminar esta independencia, radica en que "tal vez en el hecho de que la religión presupone y se refiere a la existencia de poderes que están más allá del poder humano y fuera de los proceso regulares de la naturaleza. Estos poderes a menudo conceptualizados como seres, que se denominas sobrenaturales"[21].
La realidad que experimenta el hombre religioso se mueve en un ámbito, entendido en lo que se origina y se inscriben los fenómenos religiosos, de lo que no puede hacerse imágenes exactas; su fuente no se encuentra en un aporético* problema de la razón ni en un secretismo misterioso. El hecho religioso hace referencia a un ámbito de la realidad particular en la cual aparecen fenómenos religiosos concretos con el cuerpo de mediaciones expresivas: objetos, espacios, personas, celebraciones. Todo enmarcado de una atmósfera peculiar que el hombre está viviendo[22].
En este ámbito importante de lo sagrado, muchos filósofos han reflexionado entorno a esta esfera. Emile Durkheim**, al hablar de este tema, manifiesta que el hombre califica las cosas en dos categorías opuestas: lo sagrado y profano. Lo sagrado va acompañado de prohibiciones, dispensas y prescripciones que no se aplican a los elementos seculares de la cultura, mientras que lo profano es el mundo cotidiano, tratado de manera práctica y positiva[23].
El objeto religioso en general o sea todo lo que es objeto de una garantía sobrenatural o que concierne a tal garantía. Como esta garantía puede ser a veces negativa o prohibitiva, lo sagrado tiene el doble carácter de lo santo y de lo sacrílego*, o sea de lo que es sagrado por estar prescripto por la garantía divina o de lo que no es sagrado por hallarse prohibido o condenado por la misma garantía[24].
Lo sagrado en el hombre se convierte en ese ámbito donde su naturaleza ya no es natural, sino que pasa a un plano sobrenatural en que todas las explicaciones se dan en el sentido de lo divino. La naturaleza del hecho religioso es presentar el fenómeno de relación del hombre con un trascendente, en el cual quiere encontrar las respuestas a sus cuestionamientos existenciales: todo lo que se mueve en este riel pertenece al mundo de lo sagrado, a aquel mundo donde el ser humano siente un gran respeto y admiración por aquello o aquel que es superior a él[25]. "En último caso, es sagrado todo aquello que, en dichas sociedades, tiene algún vinculo con el misterio, o con la investigación del sentido, o con la invocación de la trascendencia, o con la absolutización de determinados valores"[26].
Vale la pena darle importancia en el estudio de lo sagrado al concepto de misterio, pues, lo sagrado tiene raíces en este término. El uso ordinario de la palabra misterio en el lenguaje común hace referencia o hace pensar en lo oscuro, incomprensible y hasta un absurdo o contradicción[27]. Sin embargo, la palabra misterio, en su sentido original, fue empleada por los griegos para significar lo propio de la divinidad. Se empleaba por tanto a nivel exclusivamente religioso. Más tarde, el cristianismo tomaría esta palabra para atribuírsela a la revelación de Dios, como algo inagotable. También en el movimiento filosófico moderno se utilizó para reflexionar en torno al ser, el cual constituía un misterio que debía ser develado por la razón. En todas sus variantes, este término se presenta como una realidad indiscutiblemente existente. Aparece a la conciencia religiosa como indemostrable, su presencia no es demostrada o probada por las ciencias, el es objeto empírico, tampoco puede ser expuesto por la metafísica. Hoy, el lenguaje filosófico reconoce que debe abrirse al mito, la religión y la estética que rebasan los ya mencionados métodos racionalistas[28].
William James* definió la religión como: "los sentimientos, actos y experiencias de cada hombre en su soledad, en tanto que éste comprenda que está en relación con cualquier cosa que pueda considerar como divina"[29]. Lo sagrado en las sociedades religiosas y no religiosas, ha tenido gran importancia, cuando el hombre, se detiene frente al misterio y todas sus capacidades han quedado impotentes ante las grandes limitaciones de su humanidad. La única salida que ha podido crear para acercarse a este misterio es el valor de lo sagrado, el reconocer que el misterio se encuentran fuerzas superiores a las humanas. Lo sagrado también se puede trasladar a todos los objetos que pertenecen a este ámbito, un ejemplo sería aquellos objetos que algunas culturas y religiones tienen para la realización de sus ritos, elementos que son bañados con el título de sagrados, ya que sirven en ocasiones como puentes entre el hombre y lo que él llama sagrado-trascendente, a estos elementos también se les conoce como heirofanias.
La actitud religiosa de ánimo por lo sagrado es irreductible a cualquier otra actitud, por eso, es particular y originaria, es una relación de tendencia hacia alguien. Para enfatizar esta especificidad, Rodolfo Otto, acuñó el término de "numinoso", que denota no sólo la cualidad de lo sagrado, sino también el sentimiento o ánimo suscitado en la persona religiosa. Todo ello hace referencia a que lo sagrado es primario, lo cual significa que él explica, pero no puede ser explicado por otro término; es una experiencia personal primaria, otras personas podrán ayudar a dilucidar o tratar que se experimenta este fenómeno, pero nadie podrá experimentarla por otro[30]. Lo sagrado se puede transformar con el pasar del tiempo, por ejemplo: hace varios años en la iglesia Católica el hecho de que una mujer estuviera en el presbiterio era signo de profano, con el correr del tiempo, ha cambiado. Esta concepción presenta a lo sagrado como digo de ser transformado y su connotación se varía en diferentes culturas o tiempos.
Otro elemento importante de lo sagrado es: "lo sagrado no cambia el ser físico de las cosas"[31], con este postulado nace otra característica: este valor no cambia lo físico de los fenómenos, es una experiencia atribuida de parte del ser humano, una realidad puede, sin alterarse físicamente, convertirse en sagrado. La muerte, el fracaso o triunfo en la vida y la enfermedad, apuntan hacia un más allá, es decir, que estos fenómenos pueden tener manifestaciones de misterio, es el hombre quien da dichas denotaciones, sin llegar a tener variaciones físicas en los fenómenos.
"La religión, como la cultura misma, consiste en modelos sistemáticos, creencias, valores y comportamientos, adquiridos por el hombre como miembro de su sociedad"[32].
"La cultura en sentido general, es toda herencia social del hombre, en su sentido especifico, es tradición de un grupo humano determinado, un modo de vivir aprendido de los miembros de ese grupo y compartido por ellos"[33]. Con la definición del término cultura, se puede entender la gran relación que existe entre este término y la religión. Se ha entendido al hecho religioso como un efecto que pertenece a la cultura o viceversa, pero el análisis hecho del fenómeno religioso, demuestra la complejidad y la apertura de éste haciéndolo ver como un elemento independiente en su estudio, por ello, una rama de la filosofía se encarga de estudiarlo como un ente separado de la religión. Estos dos términos son recíprocos: muchos de los elementos culturales de un pueblo hacen referencia a lo religioso o sagrado, así como también elementos religiosos de algunos pueblos hacen referencia a formas culturales.
La historia de las religiones ha puesto de manifiesto las estrechas relaciones que existen entre la religión y la cultura. Ya Fustel de Coulanges (1830-1889), con su obra la ciudad antigua (1857), llamó la atención sobre cómo es la religión la que explica el nacimiento de las instituciones socio-politicas de la antigüedad. Centrado fundamentalmente en el estudio de Grecia y Roma, que el culto a los antepasados, su recuerdo, agrupaba en torno a sí a los miembros de una gens*, reuniendo a las familias en la ciudad como lugar central que permitía, sobre esa base religiosa, todo tipo de instituciones: fiestas, leyes, ceremonias, sacerdocio, magistratura, realeza, etc[34].
Largo de la historia de las religiones han estado presentes la cultura y la religión como términos que en algunos casos se han convertido en los gérmenes de civilizaciones tan grandes como: la India, la China, la Mesopotámica, la Egipcia y la Americana. Las ciudades más antiguas se construyeron en las cerámicas de un centro del mundo, de un espacio sagrado donde se suponía, que existía una comunicación entre la tierra, el sol y las regiones subterráneas[35].
No cabe duda que la religión y la cultura son dos términos coexistentes, en los cuales la cultura, por ser en su definición más amplia, al abarcar todas las acciones del ser humano que buscan una expresión de los pensamientos y sentimientos, contiene en sí a la religión.
Es necesario en la reflexión de estos dos términos encontrar, una posible luz de lo que es una distinción entre ellos. Para poder rastrear una distinción es necesario partir de la gran afirmación que ha ocupado la mente de los filósofos y los científicos durante mucho tiempo:
El hombre es un ser religioso por naturaleza, "Siempre el hombre se siente removido y conmovido hasta su último fondo por cualquier cosa, sea por placer o el dolor, no puede huir esa hora sin que levante el hombre sus ojos interiores, espirituales, a lo eterno y a lo absoluto y lo anhele en voz alta o baja, secretamente o en la forma de un grito aunque sea inarticulado[36].
En su definición, la cultura es precisada como toda herencia social del hombre. En su sentido especifico, es tradición de un grupo humano determinado, un modo de vivir aprendido de los miembros de ese grupo y compartido por ellos y si estos elementos culturales son productos de la herencia socio-cultural, ¿será que el fenómeno de la experiencia sobrenatural, al igual que las unidades culturales puede ser trasmitido?, ¿acaso una madre puede trasmitirle a su hijo de forma genética y empírica la experiencia de un trascendente?, podrá acercarlo con métodos a buscar la experiencia de lo sobrenatural, pero, nunca podrá trasmitirle de forma exacta la vivencia del trascendente, ya que esta experiencia es totalmente personal y no puede ser comunicada, sino descubierta. La cultura es un término amplio y en el cual está contenida la religión.
En la cultura se puede encontrar el término de magia, el cual a lo largo de la historia, puede haberse confundido con los elementos de la religión función que no puede ser posible porque los dos tienen esencias diferentes: la magia es "arte de influir en el curso de los acontecimientos o adquirir conocimientos por medios sobrenaturales"[37], la diferencia se encuentra en la palabra influir, que hace referencia al manejo o poder sobre algo, es decir, hay manipulación de los "poderes o seres sobrenaturales, mientras que en la religión existe la una "sumisión" y súplica a estos seres o poderes sobrenaturales a los cuales rinden culto para poder recibir las gracias o en su defecto el castigo, las palabras claves son manipulación y súplica, con las cuales se puede hacer esta distinción entre la religión y la magia.
"La cultura no es una actividad que el hombre realice de modo aislado, desde sí mismo y en consecuencia de forma arbitraria y prepotente"[38]. Ella es el resultado de un encuentro, no es el producto, es el fruto de una interacción y sobre él no puede el hombre disponer. Se da pues una estrecha correspondencia entre religión y cultura. Se debe, por consiguiente tener clara conciencia de que el hombre se crea sus dioses. Tal como es él, es su dios, lo que piensa y entiende es su vida terrena forma bases de sus ideas sobre la divinidad[39].
Para entender mejor la relación y concluir este punto, un ejemplo puede servir: cuando en la actualidad se encuentran elementos religiosos antiguos como: artesanías o manuscritos, para poder interpretarlos en la actualidad, se hará necesario hacer todo un análisis del contexto cultural de la época con el fin hacer la correcta interpretación de cuál era su uso o qué contenidos y significación arrojan los textos antiguos al realizar su traducción.
La Modernidad es la etapa posterior a la Edad Media, una edad de grandes cambios radicales que dieron un giro total al pensamiento y a la vida humana. El gran metarrelato de la Edad Media, Dios, en la Modernidad pierde su centralidad, haciendo morir por completo en la sociedad el sentido teocéntrico que caracterizó a esta etapa, dando paso a un nuevo metarrelato, el de la razón, que perpetrará a la humanidad y se quedará en ella para quizás nunca irse.
Sin duda, la Edad Media, fue para la religión un clima perfecto de vivencia y de expansión, especialmente para el cristianismo en Europa, como también en el oriente, en el cual se vivió una gran expansión y arraigo de las religiones. Las preocupaciones más constantes en la filosofía Medieval son las que se centran en la cuestión de la naturaleza y propiedades de Dios y de la relación de éste con el mundo[40]. Una etapa para entender el paso de la Edad Media a la modernidad es el Renacimiento: periodo de la historia de Occidente caracterizado por varias notas: resurrección de la antigüedad clásica, crisis de creencias e ideas, desarrollo de la individualidad, o en términos de Jacob Burckhart: descubrimiento del hombre como hombre[41].
Este despertar del hombre y de la historia se da en varias esferas: la religiosa, la científica, la artística y la filosófica, se quiso retornar a los pensadores y costumbres antiguas, a la razón de los juicios, al gusto por el arte y a un pensamiento libre de toda atadura, donde la mente vuele libre por el mundo sin la censura tradicionalista y vaga de las religiones. Se quería a un hombre capaz de reflexionar por sí solo, con la fuerza maravillosa de la razón, para llegar a lo buscado por los antiguos: el verdadero sentido o esencia del origen y sentido de las cosas, del mundo y de Dios.
Por otro lado, la reflexión moderna está animada por un deseo extraordinario de libertad. Así lo postuló la reforma, liberar la reflexión de las ataduras del dogma de la doctrina cristiana, lo cual ha de traer como consecuencia el surgimiento de pluralidad de sistemas filosóficos, de posiciones, frente a lo que había sido la pretensiones de una filosofía universal[42].
Esta reforma llevó a una "sacudida" a la religión tradicionalista que había "reinado" en la vida de las personas durante tanto tiempo. El hombre cansado del dogmatismo impuesto y del tedio intelectual reducido a un trascendente del que nunca vieron, pero en cambio, sí rindieron culto y tributos, ya fuese por imposición o por simple piedad. Este hombre cansado, es el que quiere renacer en todos sus ámbitos.
Es así como se concibe en la modernidad un "divorcio" entre la razón y la fe. La Edad Moderna comenzó cultivando insistentemente las cuestiones de método: Bacon, Descartes, Spinoza centran su actividad filosófica en torno a la búsqueda de un método riguroso que les permita llegar a la verdad y asentar la vida sobre convicciones sólidas, inquebrantables en contraposición del espíritu frágil y dócil de la Edad Media y pensaron que el éxito del conocer radica en que el hombre encuentre con la fuerza de su razón un método sin tacha[43].
El pensamiento moderno al centrarse en el estudio de la problemática del hombre, daba a toda la filosofía unas características que van a estar presentes en el pensamiento de los grandes filósofos de esta época. Al conocer la reflexión de la filosofía Moderna se encontrará que esta etapa está afectada por una fuerza imperante de la razón sobre casi toda la actividad reflexiva que se gestó en la modernidad.
La Edad Moderna también tuvo sus propias etapas, una de las más relevantes fue la Ilustración, que se puede tomar como el inicio de la misma: "Fue un amplio movimiento cultural nacido en Inglaterra en el siglo XVIII…con el objetivo de emancipar a la humanidad del fanatismo religioso y de la ignorancia mediante un uso correcto de la razón"[44]. Este fanatismo religioso, consideraba que la verdad absoluta se encontraba en cada religión y podía ser administrada de la manera que conviniera o no, con el fin de mantener la estabilidad en la creencia y prácticas religiosas por parte de los "fieles". La Ilustración fue una corriente dedicadamente comprometida en la transformación del mundo, su programa: extender al mayor número de personas la felicidad posible, por medio de la lucha constante y radicar de una la arbitrariedad y la opresión de un pasado, en búsqueda de la libertad de la mente y del espíritu que se encontraban reprimido en un pasado.
La época sufrió el impacto intelectual causado por la exposición de la teoría de la gravitación universal de Isaac Newton[45]. Si la humanidad podía resolver las leyes del Universo, las propias leyes de Dios, el camino estaba abierto para descubrir también las que subyacen al conjunto de la naturaleza y la sociedad.
Como característica común de la Ilustración hay que señalar una extraordinaria fe en el progreso y en las posibilidades de los hombres de dominar y transformar el mundo. El hombre ilustrado destacó la capacidad de la razón para descubrir las leyes naturales y la tomó para su análisis en investigaciones científicas, criticó la intolerancia en materia de religión, las formas religiosas tradicionales y al Dios castigador de la Biblia[46]. La ilustración amonesta fuertemente los postulados religiosos y da un ataque enérgico a los mitos, producto de estas sátiras escépticas fueron una serie de corrientes como: el deísmo, el ateísmo, entre otros.
Al someter todo al razonamiento, incluso la metafísica, por ende, sus argumentos son tomados como no válidos, no pueden ser experimentados sensitivamente, implicando que todo lo que circunde en un ámbito metafísico, como el alma y Dios, no podrán ser comprobados racionalmente. Este pensamiento hizo mella en la corriente que habían construido las religiones tradicionales ya laceradas por el movimiento ilustrado, pero con este reinado definitivo de la razón en la Modernidad, sería aquella gota que llenara la gran copa de Dios y la religión de la cual el hombre bebió, durante mucho tiempo en la medievalidad.
Kant niega en la "Crítica de la razón pura", la metafísica, como forma de conocimiento, teniendo en cuenta lo que fue la vida de Kant, se presenta que éste en la infancia estuvo marcado fuertemente por la influencia del pietismo* luterano que profesaban sus padres. Sin duda este hecho marcó la vida de Kant, para siempre, por ello, en su reflexión racional, se encuentra en un apuro, ya que el ser más metafísico, Dios, en este conocimiento no tiene cabida, es ahí donde en su obra, dice que la vocación de la razón, por supuesto en los límites y las estructuras de su posibilidad, es práctica, pues es la única capacitada para determinar la voluntad. Es aquí donde entra a jugar un papel importante la práctica y en ella Kant habla de la moral. El ser humano, según kant se dice: "dos cosas me admiran, el cielo estrellado delante de mí y la ley moral"[48]. El hombre, por la práctica se da cuenta de que hay actos buenos y malos. Esta moral, el hombre la descubre sólo en la práctica y ante esto Kant expresa: si el ser humano es capaz de entender estas cuestiones son porque vienen de Dios o son percibidas por un alma, es así como este filósofo puede justificar a Dios y al alma, sólo en un sentido práctico**.
Esta filosofía de Kant, trajo consigo una serie de reflexiones y se convirtió en base para nuevas corrientes. Entre ellas: el fenomenismo que consiste en limitar el conocimiento posible a los fenómenos, es exactamente lo que hace Kant, pero por poco que se prolongue esta idea, se llega a la conclusión de que siendo incognoscibles las cosas en sí, no existen para los hombres. En cuanto al positivismo*, éste aplica sencillamente la idea precedente al conocimiento científico. Se reduce a afirmar que sólo es verdadera la ciencia de los fenómenos, una ciencia que no solamente se funda en la experiencia, sino que prohíbe sobrepasarla por poco que sea. El idealismo** es sin duda la parte más importante de la herencia Kantiana. Tiene su fuente en el fenomenismo, pero lo supera y construye una filosofía procurando explicar el mundo tal como es dado, en cuanto a sus leyes y en cuanto a su misma existencia. El idealismo es esencia, ya que este tema es muy amplio en Kant, es una teoría de la realidad y del conocimiento que atribuye un papel clave a la mente en la estructura del mundo percibido[49].
El primado de la razón práctica sobre la razón teórica sigue siendo una tesis principal del Kantismo. Da nacimiento al voluntarismo, fideísmo y pragmatismo. La voluntad es el único principio que fundamenta la afirmación de realidades transcendentes a lo sensible, puesto que la inteligencia carece de intuición que permita conocerlas, y la razón no es capaz de demostrarlas. La metafísica se levanta, pues, únicamente sobre la fe, ésta es un movimiento ciego del corazón. Basta ampliar un poco la idea para desembocar en el pragmatismo. Este consiste en sostener que en cualquier terreno, incluso científico, una idea cualquiera, en cuanto supera, aunque sea un poco, la experiencia inmediata, sólo puede comprobada por sus consecuencias prácticas, por el éxito de la acción que la toma como principio y la pone a prueba. La introducción de estos temas Kantianos en la teología católica ha creado el movimiento conocido con el nombre de modernismo[50].
Mostrando la gran influencia del pensamiento Kantiano en la mente de los hombres modernos, que los llevó a seguir reflexionando y creando doctrinas que apoyaban o rechazan este pensamiento, muchos de los pensamientos erróneos sobre Dios y la religión, se gestan a partir de estos postulados. Otros elementos por resaltar es que en la religión Católica, estas proposiciones filosóficas, sin duda estaban afectando y ya habían hecho un "daño" en sus estructuras, por ello recurrió a unos métodos como fue el fideísmo y el tradicionalismo entre otros pensamientos y formas que no tuvieron mucha acogida por el mundo filosófico y que pronto perdieron fuerza.
1.8.2 El Tradicionalismo y el Fideísmo. Son dos movimientos filosófico-teológicos muy similares de reacción contra las corrientes racionalistas, principalmente a los postulados Kantianos de principios del s. XIX, que consideran la fe o la tradición como principal o definitiva fuente de certeza y rechazan la razón humana como medio para llegar a esta certeza. No son dos sistemas completos ni en filosofía ni en teología, desplegando casi toda su fuerza, en el campo teológico, sobre los problemas apologéticos. La iglesia Católica que, en aquel entonces todavía tenía algo de influencia, se negaba rotundamente al cambio de época estaba trayendo consigo, lo que se convertiría más adelante, en una pérdida de vigencia de lo promulgado por los católicos, es por ello, que recurren a sus filósofos como Friedrich Hugel*, Ernest Renan** y Alfred Loisy***, los cuales proponen estos pensamientos filosóficos con el ánimo de contrarrestar el ataque racionalista y otras corrientes que "atentaban" contra la religión.El tradicionalismo consiste en la afirmación de que todo el orden social e histórico debe hallarse sometido a la autoridad de la Roma Católica y articularse en una jerarquía de origen divino, los motivos históricos inmediato del tradicionalismo son, ante todo, de índole político-religioso, pero hay en él un supuesto filosófico, que hace referencia a una cierta solución dada al problema de la relación entre verdad e historia. El tradicionalismo hace la verdad simplemente una revelación, por ello el error se convierte en castigo[51].
Esta doctrina fue una respuesta desesperada ante los diferentes postulados de esta Modernidad, es un intento de "resacralizar" el mundo. Se cataloga como uno de los errores en la modernidad sobre Dios y la religión, ya que es demasiado subjetiva. Creer que la verdad proviene de una tradición y aun más de los hombres, sólo fue concebido por la Iglesia Católica, en su intento de volver a tener la gran influencia que tuvo en la Edad Media. Este sistema en su esencia misma se encargó de caer y la Iglesia reconoció que éste no era el más viable, para el objetivo que quería alcanzar.
El fideísmo es un intento de filosofía cristiana, que, desconfiando de la razón como fuente ineludible de certeza, busca ésta en la fe. Aunque permanece de suyo en el campo de la teología sobrenatural, ve la necesidad de una base humana, punto de partida para una argumentación de carácter filosófico; ese apoyo humano lo daría una revelación divina natural, que fundaría una fe también natural. El nombre de fideísmo hace referencia a la fe, punto de partida de todo el sistema[52].
El fideísmo como otro intento igual que el tradicionalismo, buscaba llenar el "vacío" que dejaba el racionalismo al colocar a Dios como ser no probable. La solución que propuso el fideísmo es un recurso de una fuente suprahumana de verdad, la inteligencia divina, cuyos destellos son la Sagrada Escritura, en donde se encuentran expuestas las verdades fundamentales de toda filosofía y teología.
El primado de la fe sobre la razón es manifiesto, pues aquélla es la que nos pone en relación con las realidades supremas, mientras que la razón se limita al campo de los fenómenos. Debido a esta falta de contacto con las realidades metafísicas y teológicas, su certeza en estas materias es siempre problemática; la certeza de la fe será siempre absoluta por su compenetración con los objetos y por su apoyo sobre la verdad absoluta, que es Dios[53].
La filosofía del fideísmo supone el criticismo kantiano, pero no acepta completamente sus análisis ni sus conclusiones. La razón es por esencia abstractiva y no puede ofrecer toda la verdad; si en algún caso pudiera penetrar en el campo de las realidades supramundanas, sólo captaría su existencia, nunca su constitución esencial. Por encima de la razón existe en el hombre la inteligencia o sentido intelectual, que actúa por intuiciones y consigue una comunicación directa con las realidades espirituales, captando no sólo su existencia, sino su constitución íntima[54]. Ante la negación de todo valor verdaderamente probativo al razonamiento, los teólogos católicos y las autoridades episcopales comenzaron a alarmarse.
Rápidamente este sistema igual que el tradicionalismo, cayó en sí mismos, dejando ver la gran fuerza del racionalismo, pero por otro lado, a una Iglesia Católica que reconoce sus fallas en su filosofía y que poco a poco va reconociendo en la razón, una herramienta para fundamentar su fe, recordando el "matrimonio indisoluble" que pronuncia la Iglesia Católica: "la fe y la razón son las como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad"[55].
1.8.3 Ontologismo. "Doctrina según la cual el trabajo filosófico no comienza en el hombre sino en Dios, no sale del espíritu al Ente, sino que desciende del ente al espíritu"[56].El Ontologismo parte de la idea de que una cosa es inteligible en la medida en que es y cuanto mayor sea su "ser", mayor será su claridad. Pero, Dios por definición, es el Ser supremo, el cual no cabe pensar otro, por lo que también será el objeto supremo evidente, lo más patente de todo lo real. Y al ser lo máximamente perceptible, será también lo primeramente inteligido. Y todo lo que tiene menor grado de claridad será comprendido a partir de lo que posee mayor claridad. Luego, si todo es visible por la luz de Dios, antes de entender cualquier otra cosa, deberá entenderse a Dios. De aquí se sigue que el Ente Supremo pasa a ser el primer inteligido, es lo que primeramente es. Dios es la causa primera y universal de todo ser, debiendo todo ser explicado a partir de Dios: éste es lo primero que se conoce y a partir de este previo conocimiento de Dios, el hombre puede conocer todo lo demás. Dios es la condición de posibilidad de cualquier conocer para el hombre. Y si esto es así, la existencia de Dios deberá ser para el hombre una intuición, entonces, no es necesario probar la existencia de Dios, ya que es, precisamente, lo más evidente, y lo evidente, por definición, no precisa ser demostrado[57].
El nombre de ontologismo ha venido a significar aquella posición filosófica que afirma el conocimiento inmediato de Dios como esencial al intelecto humano, de tal manera que sin Dios ninguna otra cosa puede ser conocida. No es sólo que el hombre conozca primeramente a Dios en sí mismo y después conozca los demás seres, también en sí mismos; se afirma más bien que todo cuanto el intelecto humano conoce, lo conoce en Dios. La inteligencia humana tiene una visión inmediata de Dios y esta intuición, esencial al espíritu, es la fuente de todo ulterior conocimiento. Con ello, la afirmación de la existencia de Dios se hace inmediatamente evidente y en consecuencia, su demostración innecesaria. El nombre de "ontologismo" fue acuñado por Vincenzo Gioberti.
Para Gioberti existe una idea inmediatamente dada en la mente del hombre que es el ser, pero identificánlo con Dios mismo. Siguiendo de cerca el ocasionalismo* de Malebranche**, afirma que el hombre sólo puede conocer a través de Dios mismo, que es el ser absolutamente necesario no sólo desde el punto de vista ontológico, sino también epistemológico. La realidad existe para el hombre únicamente a partir del Dios creador, que está presente de forma inmediata en la mente del hombre, es decir, intuitiva y no reflexivamente. Cualquier conocimiento humano reflexivo consiste en comprender la relación existente entre Dios y los entes mundanos. De este modo, la existencia de estos entes puede ser deducida de la idea (objetiva) de los mismos (presente intuitivamente en la mente humana), que existen a partir de las ideas que Dios tiene de las cosas[58].
El ontologismo es contraposición del psicologismo***. El ontologismo fue rechazado por la jerarquía como heterodoxo****, en 1852, se prohibieron algunas obras de Gioberti. Esta doctrina Igual que las otras fueron rechazadas, por su falta de estructura filosófica y racional. Es importante saber que hay conocimiento que no parte sólo de la idea metafísica de Dios, hay esferas de conocimientos que son de seres físicos. Esta doctrina al tener a Dios como ente de donde mana todo conocimiento, tiene el riesgo de convertirse en una especie de "panteísmo" ontológico.
1.8.4 Modernismo"Es una tendencia que se ha manifestado dentro de varias religiones, especialmente: El Judaísmo, el Catolicismo y el Protestantismo, y que ha coincidido en un afán de transformar de maneras muy radicales ciertas estructuras tradicionales, no solo de pensamiento e interpretación, sino también inclusive dogmáticas"[59].
Los modernistas de la Iglesia Católica tendían a negar el valor objetivo de las creencias tradicionales y a considerar determinados dogmas de la Iglesia como simbólicos más que como verdades literales. Entre las más importantes figuras de este grupo se encuentran el teólogo irlandés George Tyrrell, el teólogo británico (de familia austriaca) barón Friedrich von Hügel, y el teólogo y orientalista francés Alfred Loisy. Obras como "Vida de Jesús" (1863), del filólogo e historiador francés Ernest Renan, ayudaron a mitigar la autoridad de las enseñanzas de la Iglesia del cristianismo originario. Desde el punto de vista exegético, el modernismo se manifiesta por una tendencia hacia el historicismo* extremo en el sentido de defender la opción de que lo histórico es lo que domina al contenido dogmático[60].
Este movimiento afecta sólo el ámbito religioso de la sociedad de aquel entonces. Fue una inclinación desesperada de algunas religiones, por vincular corrientes de la Edad Moderna, con el fin de la religión tenga una apertura a este cambio de época y así tratar de recuperar la fuerza perdida, a causa de los grandes postulados modernos. Pero, el error más grande, de aquellos religiosos que quisieron hacer de la religión un movimiento con tinte moderno, fue que no sólo el cambio se quería en la estructura social y jerárquica, sino que marcharon más allá al querer mover el dogma* y esto fue rápidamente rechazado por las religiones mismas.
"El deísmo, la actitud predominante entre los philosophes**, fue el intento de reducir la religión a los mero límites de la razón, negando todo valor a una fe de tipo acrítico e irracional. Los deístas admiten solamente aquellos poquísimos principios teológicos que no contradecía el sentido común: la existencia de Dios, definible solamente en términos generales como ser supremo (necesario, eterno) y la creación del mundo, considerada como probables…"[61].
El deísmo se basa en la creencia de Dios a través de la razón en lugar de elementos comunes en religiones teístas***, como la revelación directa, la fe o la tradición. Los deístas en general rechazan la religión organizada argumentando que Dios es el creador del mundo, pero que no interviene de forma alguna en los quehaceres del mundo. El deísmo criticó, las religiones tradicionales y toda su simbología, reconoce a Dios en sus principios de existencia y Creador, pero no cree en la participación e interacción de este Dios con el mundo y los hombres. En el fondo, esta corriente quería presentar la posibilidad de la existencia de Dios, pero un Dios al cual no tuviese que rendir culto ni estar girando la vida entorno a una serie de ritos y complacencias a este trascendente, lo cual iría en contra del pensamiento de libertad que quería la Modernidad.
El hombre hijo de esta época, al parecer se rehusaba a negar radicalmente la existencia de Dios, por lo cual recurre a su reconocimiento, pero como forma de rechazo al tradicionalismo religioso "cárcel" del cuerpo y del alma, crea esta doctrina con el fin de justificar la razón como herramienta para poder llegar a toda verdad.
Es triste esta doctrina porque si reconoce a Dios como creador y gestor de todas la cosas, es necesario que algo de la existencia y la composición de su creación permanezca en Dios como un elemento intrínseco, es como cuando un ser humano crea una obra de arte, los dos comparten una relación en la cual la obra manifiesta los deseos y características del artista, fundando así un vinculo y participación intrínseca del artista con su obra, con la facultad de que el artista pudo con anterioridad dar el sentido o función de su obra, así se podría entender la participación de Dios en su creación para aquellos que creen en Dios como creador, pero no como ser que interviene.
Aparentemente el deísmo desapareció en el tiempo, pero muchas de sus características parecen navegar en la mente de las personas de hoy, especialmente la de los jóvenes. Esta es una encuesta presentada en una página de Internet a los jóvenes para que ellos identifiquen sus pensamientos con los de esta doctrina:
1-Crees en Dios, pero no aceptas los credos de ninguna religión particular.
2-Creen que la palabra de Dios es el Universo y la naturaleza, pero no libros sagrados escritos por humanos.
3-Te gusta usar la razón para reflexionar acerca de cómo puede ser Dios, en lugar de que adoctrinen?.
4-Crees que las ideas religiosas deben reconciliarse y no contradecir a la ciencia.
5-Crees que Dios puede encontrarse con más facilidad fuera que dentro de una construcción religiosa.
6-Disfrutas de la libertad de buscar la espiritualidad por ti mismo.
7-Prefieres guiar tus opciones éticas a través de tu conciencia y reflexión racional en lugar de por el dictado de libros sagrados o autoridades religiosas.
8-Eres un pensador individual cuyas creencias religiosas no se han formado por la tradición o la autoridad.
9-Prefieres considerarte racional o espiritual antes que religioso.
10-Crees que la religión y el Estado deben estar separados[62].
1.9.2 Panteísmo. Este término se compone de las palabras griegas pan que significa todo y teo que significa Dios. John Toland*, "entendía por panteísta el que cree que Dios y el mundo son la misma cosa, de modo que Dios no tiene ningún ser fundamentalmente distinto del mundo"[63].Se sustenta en el sofisma: "si Dios es infinito, y por lo tanto ilimitado, no es posible que nada se encuentre fuera de su Ser, y por ello formamos parte de él y en tanto es así, somos él mismo"[64]. En el panteísmo, entonces y yendo hasta la última consecuencia, un insecto, un ángel, la basura, la paz, una obra de arte, un asesino, un pecado, el amor, etc., todo es parte del mismo y único Dios en que todo es sólo una forma más de haberse expresado. Dos cosas de diferente naturaleza pueden coexistir en su infinidad, ¿no es así? Por ejemplo: los números y el amor. Ambos son infinitos, pero no son lo mismo ni forman parte uno del otro. Así como algo externo, por ejemplo, el color azul, tampoco forma parte de ninguna de estas dos infinidades.
El punto entonces está en qué es lo infinito en Dios. Dios no es infinitamente físico y, por lo tanto, los hombres no son parte de "su materia". Dios es infinito en su naturaleza divina, y el hombre tiene naturaleza humana. Esta doctrina a pesar de ser refutada en su tiempo y "olvidada" igual que el deísmo; en la sociedad sincrética actual, se puede observar rasgos de esta corriente.
1.9.3 AteísmoEl término ateísmo, en su noción etimológica, se refiere a la falta de creencia en la existencia de cualquier dios, que es la definición más aceptada en su propio ámbito filosófico. Sin embargo, existen otras definiciones más o menos amplias del término, en su mayoría surgidas de la cultura popular. El término proviene del adjetivo griego αθεος (azeós), que significaba "sin dios" (en cualquiera de los dos sentidos, de no creer en uno o más dioses o de no venerarlos debidamente[65].
Dentro de la definición de ateísmo, son ateístas tanto las personas que afirman la no existencia de dioses, como las que sin creer en dios alguno, no tienen evidencia para refutarlo. Sin embargo, una noción frecuente de la palabra excluye a éstos últimos, diferenciándolos como agnósticos y considerando ateístas sólo a quienes afirman la no existencia de todo dios. Muchos autodenominados agnósticos se niegan a reconocerse como ateístas. El ateísmo comúnmente se sirve de una profunda crítica a la religión para defender sus posturas, que contrastan con las religiosas.
El término ateo tuvo su primer uso en la Roma antigua, para designar a todo aquel que no creyera en los dioses del panteón romano, en particular y curiosamente a los cristianos. A raíz de la confluencia de las religiones en el mundo, el sentido etimológico de la palabra tomó todos sus significados para aplicarse a todos los dioses, ya que parecía injusto designar ateístas a quienes creían en cierto dios, razón por la cual el término se limitó a las personas que no creyesen en ningún dios. Actualmente ya no se usa el adjetivo ateo para designar a los que no creen en unos dioses aunque crean en otros. El ateísmo se distingue claramente del teísmo por la no creencia en la existencia de dioses. Sin embargo, la variedad y la mezcla de corrientes filosóficas ateístas hacen difícil una categorización efectiva. Más que negar o rechazar a Dios consiste en afirmar exclusivamente al hombre; se sustituye la fe en Dios por la fe en el hombre, el problema de Dios por el del hombre; un humanismo cerrado o ateo porque el hombre como existencia, libertad e historicidad se vuelve valor absoluto para sí mismo y con ello desaloja a Dios[66].
En www.Ateísmows.com, página oficial de lo ateístas, se encuentra una presentación de esta corriente como organización mundial que busca la libertad del hombre en el no reconocimiento de la trascendencia, la cual ante sus ojos cohíbe al mundo sin verdaderos argumentos racionales.
Somos un grupo de personas unidas por nuestra osadía de pensar, dudar y cuestionar. Nos caracteriza nuestra descreencia en la metafísica y en entes divinos superiores. Rechazamos el pensamiento uniforme y masificado de las ideologías. Queremos que cada individuo tenga derecho a escoger su modo de pensar y de vivir. Negamos la existencia de dios(es). El ateísmo es el fruto de filosofías basadas en la información científica de que disponemos, en nuestra experiencia social y en el pensamiento progresista. La diferencia fundamental es que algunos tenemos razones para no creer, mientras que otros no tienen motivos para creer. Esas son decisiones personales que no afectan a nadie más que a la persona que toma esa decisión. Por ello también escogemos respetar opiniones contrarias a la nuestra que no afecten a nadie pero igual, exigimos respeto a nuestras ideas. El movimiento ateo es un movimiento constructivo. Negamos la existencia de dioses y otros elementos sobrenaturales así como su influencia en el orden universal. Cuestionamos a las religiones así como a sus instituciones, defendemos la separación de la iglesia y el estado. Pensamos que se puede construir un mundo más libre donde todos podamos convivir pacíficamente, independientemente de su creencia u opinión y sí con la libertad de expresarlo[67].
"Vivo el dolor de ser un tremendo incrédulo, un ateo más aun, el anticristo en persona. (Feuerbach)"[68].
" ¡Todos los riachuelos de mis lágrimas corriendo van a ti!
¡Y de mi corazón
la postrer llama arde por ti!
¡Oh, vuelve a mí, mi Dios desconocido!
¡Mi dolor! ¡Mi última dicha! (Nietzsche)"[69].
Estas dos frases de grandes filósofos a los cuales la historia los tilda de ateos, tienen un tinte de zozobra y luchas internas, en los cuales se enfrenta la razón y un sentimiento "vago" que se alimenta implícitamente la idea de Dios. El ateo al no reconocer o tener la esperanza, en el infinito, su vida se limita sólo a un ámbito de lo efímero, donde sólo se encuentra errores e imperfecciones. Dice un adagio popular "el colmo de un ateo es tener que dar gracias y no saber a quién darlas".
En el capitulo segundo, se presentó la Modernidad como aquella época del "despertar del sueño" dogmático en el que estaba el hombre a causa de la religión. Todas las corrientes gestadas directa o indirectamente por la Modernidad, provocaron en el hombre un cambio radical de ver y juzgar las cosas. Es en la historia filosófica del ser humano, donde se ha visto modificado en alto grado su reflexionar. La Modernidad cambió para siempre una serie de paradigmas en el hombre y arroja como resultado lo que Weber* llamará "un desencantamiento del mundo"[70].
"Nos encontramos ahora en una especie de consagración de los ideales de la cultura Moderna. Toda una serie de acontecimientos, especialmente la revolución científica, había consolidado el orgullo y la seguridad del hombre moderno"[71]. Es menester afirmar que la Modernidad es el hincapié para que el mundo caiga en este desencanto, el cual era un resultado inevitable después de que el mundo fue sometido a los rigorismos racionales que se produjeron durante la Edad Moderna.
Este desencantamiento abarca el ámbito religioso, todo ello implica, especialmente la esfera de lo sagrado. El mundo al cargar en sus hombros los gritos incansables del hombre, pidiendo respuestas certeras y demostradas por la razón, cayó en una desacralización o pérdida de lo sagrado, ya que esta referencia no tenía ningún espacio en las disoluciones racionales de la modernidad, lo sobrenatural, todo aquello que se escapaba a los sentidos del ser humano, no tenía un lugar en los altos discursos de la razón, simplemente porque lo extra-sensible no puede convertirse por medio de la reflexión en algo sensible .
"No sólo las instituciones, acciones y símbolos religiosos pierden significatividad y reconocimiento social, sino también la religión aparece de otra forma. Al desplazarse del centro de la sociedad hasta la periferia, la religión se muestra como pura y simple religión"[72]. En este desencantamiento, el mundo no sólo pierde valor por lo sagrado, sino que la religión, aquello en cuya esencia emana lo sagrado, había sido desplazada del centro de las sociedades modernas, como una respuesta a toda la centralidad que la Iglesia había tenido durante tantos tiempos en la Edad Media. Hay que puntualizar que cuando se nombra a una descentralización de la religión en la sociedad, se hace principalmente referencia a la Iglesia Católica, no queriendo decir que en aquel tiempo no existieran más religiones, lo cierto es que la Iglesia Católica por su historia se había convertido en la más conocida, prestigiosa y practicada por las sociedades, especialmente las de Europa. La religión pasó de ser el ingrediente esencial a un simple condimento de la sociedad. "Al haber desaparecido la verdad del más allá, se trataría ahora de establecer la verdad del más acá. La crítica del cielo se trasforma en la crítica de la tierra…"[73].
Uno de los primeros filósofos que con sus pensamientos comenzó a cuestionar a las personas renacentistas sobre la Iglesia Católica, fue Erasmo de Rotterdam*, posteriormente su pensamiento repercutiría para consumar por completo la descentralización de la religión y alimentar la conciencia de las personas de aquel tiempo: "Algunos valores que proponen los cristianos son fantasías, ni ellos lo creen"[74], Loca es una vida auténticamente cristiana. Posteriormente vendrían los postulados de Martín Lutero que marcarían para siempre las divisiones de los católicos. Otros escritores dedicaron sus obras a las críticas directas contra la cristiandad, criticas que alimentaban las alas de lo que se convertiría más adelante en la gran corriente secular.
Estos constantes postulados y cuestionamientos a la Iglesia, el nacimiento y las persistencias de nuevas reformas y divisiones, provocaron el surgimiento de un zarzal de sectas**, como respuesta a las subjetividades en la interpretación de elementos religiosos: la Biblia, la tradición, entre otros elementos, que en un tiempo nunca fueron cuestionadas, es más, no era lícito cuestionarlas. Al perder su significatividad e interpelación en la vida de las personas, se produce un oleaje de libre pensamiento e interpretación que da a origen a lo ya nombrado: sectas, ideologías religiosas…
Con la formación de las religiones universales parecen estar ya formuladas las opciones religiosas fundamentales surgidas a lo largo de la historia de las religiones recorrida por la humanidad. A partir de entonces, las religiones han seguido evolucionando, se han elaborado teologías diferenciadas, se han registrado procesos de inculturación, pero los esquemas centrales se mantienen…ha surgido ciertamente toda una serie de religiones nuevas. Pero, por un lado, ninguna de ellas ha logrado formar grandes grupos y, por otro, han brotado en su mayoría en el suelo de unas concretas religiones universales…de modo que no han modificado ninguna de las grandes opciones, sino que han introducido en ellas algunas innovaciones en aspectos secundarios[75].
El párrafo anterior corrobora lo dicho anteriormente sobre el nacimiento de sectas y nuevas ideologías bajo una seudo-libre interpretación. Lo cierto es que en la mayoría del pensamiento de estas nuevas corrientes no se salen del esquema general de las religiones tradicionales en cuanto a las esencias de su doctrina. Este elemento es preocupante y se puede sintetizar en una pregunta problemática: si existe la libertad de interpretar y crear en el ámbito religioso, ¿hasta cuándo seguirán naciendo corrientes y hasta qué punto éstas podrán tener una veracidad, capaz de ser demostrada? Es una problemática que se vive actualmente, darse cuenta que constantemente nuevas corrientes y tendencias religiosas abundan en la sociedad, bajo el pseudónimo de "religiones".
A este fenómeno, también se le llamó y se le llama secularización, el cual hace referencia a todo aquello que no tiene carácter consagrado-eclesial. Este término se puede ampliar para hablar de este fenómeno, no sólo en el ámbito de la religión, sino también en un olvido del trascendente. "La sociedad actual se sostiene por sí misma, no mira hacia aririba o más abajo para darse cuenta de las vicisitudes que acontecen en su seno. Esto es una sociedad secular"[76].
La palabra secularización se deriva etimológicamente de saeculum (siglo), entre los escritores cristianos, sobre todo en el campo del derecho, la traducción de este término latino fue usado para designar lo terrenal, lo mundano, lo no propiamente religioso, lo profano en contraposición a lo sagrado o propio de la iglesia. Así, secularización vendría a significar: "pasar de la iglesia al mundo"[77].
Es así como se entiende que quienes decidían entrar a los monasterios eran considerados aquellos que abandonaban el siglo, es decir, dejaban el mundo, concibiéndose como las realidades habituales del mundo: sociales, económicas, políticas etc. Los que dejaban sus oficios eclesiales eran considerados "secularizados", ya que regresaban al ambiente "profano" del cual habían salido.
Es esta sociedad secular, la que hoy tiene vigencia en algunos sectores y aquella que ha provocado perder en muchas personas la capacidad de asombro o misterio que es la primera cuota para reconocer el valor de lo sagrado porque supuestamente la ciencia ha podido develar lo que para el hombre era un misterio, elemento que hacía elevar la imaginación del hombre a sus extremos y que era trasmitida de generación en generación y que hacía de estos actos una oportunidad de interacción entre los miembros de la familia, pero llegaría un elemento de la revolución industrial llegaría a reemplazar estas reuniones y juegos imaginarios por una casa mágica que cambiaria este paradigma, el televisor.
Retomando las palabras acerca de que no sólo este fenómeno secularizador se da en un ambiente religioso ya constituido o institucionalizado, vale la pena destacar que también afectó a las creencias mito-fantasiosas de las épocas Antigua y Medieval, que habían subsistido. Todas las historias épicas, las grandes mitologías, en fin, lo conocido como religiones y creencias del bosque, como duendes, elfos y hadas, fueron remplazadas por los ángeles y así otros elementos fueron cristianizados. Estas historias vivían en la mente de los niños y las personas que encontraban en ellos un elemento importante para la diversión, la imaginación y la devoción. Los inicios de la Ilustración gestarían aquello que se convertiría en casi la exterminación de estas creencias, los mitos y de leyendas pasaron a un plano de lo inconcebible, pues lo que no pase la prueba ante la razón, será considerado como una simple invención infantil. He aquí, entonces, otro elemento del desencantamiento del mundo*.
"El destino de nuestra época se halla caracterizado por una racionalización o intelectualización y, sobre todo, por el desencantamiento del mundo"[78]. Hay tres filósofos que marcan en la Edad Contemporánea unas pautas importantes para la profundización de este fenómeno secularizador, estos son los llamados "profetas de la sospecha", nombrados anteriormente, pero en este punto se les da una importancia, ya que su pensamiento marcó una mella importante en el hombre contemporáneo.
El primero es Friedrich Nietzsche* quien en toda su filosofía gestada en las bases del nihilismo** y del vitalismo***, pronunció un grito que fue escuchado por toda la sociedad: "Dios ha muerto"[79], este postulado penetró en la conciencia de las personas de aquel tiempo, e inclusive muchas hoy, rinden homenaje a esta "célebre frase".
Uno de los grandes problemas hermenéuticos consiste en que muchas personas no tienen el suficiente conocimiento y bagaje interpretativo, para darle la significación a frases como éstas. Dicha ciencia es clara acerca de las interpretaciones deliberadas, que arrojan como resultado un acercamiento al texto de una manera inmediata que no dará gran certeza. Hay que descubrir fielmente aquello expresado por los autores de un tiempo pasado desde la realidad que estaban viviendo, no simplemente se puede intuir por el asombro de un título o una frase, sino que debe hacerse todo un trabajo exegético para dar claramente la negación, afirmación o aprobación de un texto. Las sociedades con la codicia secularizante, interpretan aquellos pensamientos que pueden ser utilizados para su favor*.
Federico Nietzsche realiza en torno a Dios y principalmente a la religión una seria de críticas: "Critica enérgicamente a la religión, ya que para él, el cristianismo significa la pérdida del sentido de la tierra, la perdida de los sentidos y la introducción a los valores mezquinos, propios del rebaño"[80].
La cultura moderna, secularizada, ha matado a Dios, entonces, el hombre llegó al nihilismo que significa: falta de metas, de respuestas a los porqué que se habían respondidos desde Dios, lo que Nietzche llamará en términos de existencia general algo que no vale la pena vivirse, un apartamiento nihilista de la existencia, aspiraciones a la nada o el deseo de lo opuesto[81].
Simung Freud**, con su estudio psicoanalítico llega en una de sus conclusiones a decir: "la religión no procede de una relación con un ser real, Dios, sino que es un proceso puramente subjetivo o psíquico"[82]. Estos postulados claramente aportaron a la conciencia colectiva de los siglos XIX y XX ya afectado por el fenómeno de la secularización, dándole más fuerza a este fenómeno. Si la religión es simplemente el fruto de procesos psicológicos, no hay porqué sujetarse a una religión particular ni seguir rindiendo culto a algo que se encuentra en la conciencia. Anexándole también los descubrimientos y avances de otros fenómenos de carácter psíquico que iban consolidando a la psicología como una ciencia del futuro.
El otro profeta de la sospecha es Karl Marx*, quien en toda su filosofía realiza reflexiones sobre el estado de las sociedades y frente a estas, propone un sistema para crear un "equilibrio" entre los grandes abismos que existían y lastimosamente persisten entre "proletarios y burgueses", hoy llamados ricos y pobres. Este sistema fue tomado por muchos países como: China, Cuba, la Unión Soviética y otros que adoptaron el comunismo** como una forma de gobierno de sus países, pero el mismo se encargó de caducar porque en su aplicación existieron una serie de tergiversaciones que desviaron la idea original de Marx cuando "indicó con exactitud cómo lograr el cambio total de la situación. Pero, no nos dijo cómo se debería proceder después. Suponía simplemente que, con la expropiación de la clase dominante, con la caída del poder político y con la socialización de los medios de producción, se establecería la Nueva Jerusalén"[83].
Karl Marx entre sus escritos comunistas manifiesta que las sociedades tienen que estar libre de instituciones que puedan anquilosar su desarrollo, su búsqueda de libertad y su estabilidad e igualdad económica. Este filósofo llega a pronunciar: "la religión es el opio del pueblo"[84], es otra, al igual que las pronunciadas por otros profetas de la sospecha que marcaron en la sociedad de aquel tiempo, alejada de las puertas de las Iglesias.
Frente a toda esta realidad, las religiones y especialmente la Católica describen este fenómeno secularizador como un elemento no favorable para su estabilidad:
Una cierta modernidad arreligiosa, dominante en algunas partes del mundo, se basa sobre la idea de que, para hacer al hombre más hombre, baste enriquecerse y perseguir el crecimiento técnico-económico, Pero un desarrollo sin alma no puede bastar al hombre, y el exceso de opulencia es nocivo para él, como lo es el exceso de pobreza. El Norte del mundo ha construido un «modelo de desarrollo» y lo difunde en el Sur, donde el espíritu religioso y los valores humanos, allí presentes, corren el riesgo de ser inundados por la ola del consumismo[85].
El objetivo común de las religiones cristianas de conservar y profundizar la fe en Dios Redentor ante los asaltos de la invasivos de la secularización y el compromiso, tan frecuente, en acciones destinadas a la plena liberación y promoción humana, según el espíritu y las normas de la recta colaboración ecuménica, reclaman constantemente de poner fin al escándalo de las divisiones entre cristianos[86].
Si es cierto que en la Modernidad se presentaron una serie de fenómenos que provocaron un desencantamiento del mundo, es válido que posterior a éste se produjo otro conocido como el reencantamiento.
La famosa afirmación weberiana del "desencantamiento del mundo" ubicada en su contexto tiene gran validez, en cuanto que la fuerza torrencial de la Modernidad intentó religar el pensamiento mágico-religioso. Pero, es importante denotar que todos los postulados de la modernidad no llegaron a desplazar en las conciencias de las personas, el hecho religioso. Es una realidad que desplazó a la religión del centro de las sociedades modernas, pero nunca llega a desaparecer la necesidad de referencia a lo numinoso o sagrado. Por el contrario, se comenzaron a fundar nuevas formas religiosas, demostrando así la persistencia de este hecho en la vida del ser humano, desde sus cavernas primitivas hasta las grandes metrópolis modernas.
El primer paso para hablar de "reencantamiento del mundo" es ubicarse en la historia del Romanticismo*, corriente que quiso anquilosar la creciente racionalista de la modernidad la cual creaba en las personas un pensamiento totalmente avalado por el rigorismo de la razón. "El romanticismo es un movimiento literario, espiritual y artístico que dominó todas la áreas del pensamiento y el arte, principalmente europeos, durante la primera mitad del siglo XIX...Esta corriente es opuesta al racionalismo ilustrado y positivista...El Romanticismo surge como una exaltación del individuo, la naturaleza y la belleza..."[87]
"El romanticismo redescubrió el lado enigmático y misterioso de la existencias, la poesía de la vida, la unión del hombre con la naturaleza y en definitiva con todo lo que existe, la fuerza creativa de la imaginación y la fantasía, que permanecían como reprimidas en el transcurso del pensamiento moderno"[88].
éste regresa al hombre la referencia al misterio que la ilustración había relegado, es una esperanza para la esfera sacro-religiosa de aquel tiempo. Fue una reacción al vacío existencial que las corrientes modernas estaban creando en el hombre. Sin duda, el racionalismo creó un vacío, al no poder depositar y relegar sus conocimientos no explicados por la razón a un pensamiento sagrado o mítico, ya que estas dos realidades o eran concebidas por este racionalismo o no eran cognoscibles y posibles. Las personas se encontraban en un laberinto sin salida, el cual los convertía en seres frívolos, dedicados toda su vida a buscar razones de las cuales quizás nunca encontrarán respuestas. Estos sentimientos ayudaron a que el hombre tomara un respiro de aire diferente al de las complicaciones discursivas de la razón. Así como se comienza a comprender lo que se quiere presentar: los inicios del reencantamiento del mundo.
El gusto por los elementos irracionales y sobrenaturales figura entre las principales características de la literatura inglesa y alemana del periodo romántico. Esta tendencia se vio reforzada en un sentido por la desilusión con el racionalismo del siglo XVIII, y en otro por la recuperación de una abundante cantidad de literatura antigua (cuentos populares y baladas) realizada por Percy y los eruditos alemanes Jacob y Wilhelm Karl (Grimm y el escritor danés Hans Christian Andersen o el español Gustavo Adolfo Bécquer, que tanto influyó en los poetas hispanoamericanos. A partir de estos materiales surge, por ejemplo, el motivo del doppelgänger (el doble). Muchos escritores románticos, especialmente los alemanes, se mostraron fascinados con este concepto, que en cierto modo refleja la preocupación romántica por la propia identidad. El poeta Heinrich Heine escribió un poema apócrifo titulado 'Der Doppelgänger' (1827); otra obra basada en el mismo tema es El elixir del diablo (1815-1816), una novela corta de E. T. A. Hoffmann; y lo mismo cabe afirmar de La increíble historia de Peter Schlemihl (1814), de Adelbert von Chamisso, un relato sobre un hombre que vende su sombra al diablo. Mucho tiempo después el gran maestro ruso Fiódor Mijáilovich Dostoievski escribió su famosa novela El doble (1846), un estudio sobre la paranoia de un modesto oficinista[89].
Es de gran importancia el hecho de que algunos artistas y literatos inquietaran e impregnaran en sus obras y escritos, la tendencia a lo sobrenatural, una inquietud que especialmente, los hermanos Grimm, escritores alemanes dejaron ver en sus cuentos. Sin duda, fue por este sector donde el mundo volvió a soñar con el más allá, con aquello que sólo podía estar en sus mentes, especialmente la de los niños, ya que estos escritores dejan ver en sus escritos las leyendas antiguas, especialmente aquellas gestada en la Edad Media. éstos y otros revivieron la mística del mundo que se estaba perdiendo a causa de los postulados del "Siglo de las luces" y todas las corrientes que se formaron después.
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