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Análisis formal de tipo estructuralista aplicado a la novela, basado en el método de Gerard Genette (página 2)




Partes: 1, 2


            El otoño del patriarca, una novela que editaría hasta 1975, surge esa vivencia política en la capital del Estado venezolano.

            Poco tiempo después, en un viaje a Barranquilla, Gabriel contrajo nupcias con Mercedes Barcha, su compañera hasta la fecha, con quien procrearía dos hijos: Rodrigo (Bogotá, 1959), y Gonzalo (México, 1962).

            En 1960, tras el triunfo de la Revolución Cubana, viaja a La Habana, reside ahí seis meses, y trabaja para Prensa Latina, la agencia creada por el gobierno cubano para contrarrestar la propaganda non grata hacia Cuba.

            Como corresponsal de dicha agencia, Gabriel viajaría a Nueva York en 1961, desde donde se trasladaría a México al recibir amenazas de la CIA y de los exiliados cubanos, que no compartían del todo lo dicho por el colombiano en sus reportajes. Antes de abandonar el país norteamericano, sin embargo, viaja por el sur de la nación estadounidense, patria de su admirado William Faulkner.

            Al establecerse en México, García Márquez prueba suerte en una de sus más grandes pasiones: el quehacer cinematográfico. Su primer guión, surgido a partir de un cuento de Juan Rulfo, y elaborado en co-construcción con su amigo Carlos Fuentes, se tituló El gallo de oro.

            Para el trabajo del director Arturo Ripstein, Gabriel elaboraría los guiones de los filmes Tiempo de morir, H. O., y una adaptación al cine de su cuento " En este pueblo no hay ladrones" . Sin embargo, ninguno de los proyectos trascendió como quizá el escritor lo hubiera deseado. Aun así, dicho fracaso le hizo comprender el valor narrativo de la novela, donde todo tiene lugar posible.

            ¡Bendito entendimiento! Tras un período de " resequedad inspiracional" , de 1961 a 1965, Gabriel encontraría en enero de este último año la iluminación repentina para escribir la que hasta la fecha es considerada su obra maestra: Cien años de soledad.

            Así, el colombiano se encerró para escribir la novela de Melquíades, Macondo y los Buendía durante los dieciocho meses siguientes.

            Al finalizar la  escritura de la novela, Mercedes y Gabriel gastaron sus últimos ahorros en enviar el manuscrito a la editorial Sudamericana, de Francisco Porrúa, con sede en Buenos Aires. La deuda doméstica de los García Barcha sobrepasaba para entonces los diez mil dólares.

            Tras la publicación de Cien años de soledad, el éxito no se deja esperar: el 30 de mayo de 1967, el libro ve la luz con una tirada de cinco mil ejemplares, que se eleva a ocho mil casi de inmediato ante la demanda. En tres años, la novela había vendido ya seiscientos mil ejemplares, y en cinco años más, la cifra alcanzaba los dos millones. En pocos meses, además, la agente literaria de Gabriel, Carmen Balcells, había conseguido dieciséis contratos para su traducción a otros idiomas.

            El éxito de la obra, que  bien podría haber ilusionado a cualquier otro escritor, abruma y ensordece a Gabriel. Así, en parte para alejarse de aquel mar de éxito y popularidad desbordada, García Márquez se traslada a Barcelona, en donde vive de 1968 a 1974, sin detener su creación.

            En 1982, como un hecho impostergable, Gabriel García Márquez es condecorado con el Premio Nobel de Literatura.

            Con el dinero del premio, Gabriel funda en Colombia un periódico, El otro, con la idea de que el proyecto sea una escuela -con grandes oportunidades de expansión para su alumnado- de periodismo.

            La genialidad del Gabriel, que bien podría haberse frenado tras la creación magnánima e inspirada de Cien años de soledad, lo lleva en 1986 a Cuba, donde funda la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños.

            Aunque ahora existen rumores de que padece cierta enfermedad terminal, su genialidad da publicación tras publicación muestra de que su talento, así un viento demoledor arremeta contra su propia estirpe, haga volar su nación, su país personal, así se pierdan las memorias, se agoten los recuerdos, su talento no perecerá, porque los escritores condenados a cien años de genialidad siempre tienen una segunda oportunidad sobre la tierra.

Bibliografía general de Gabriel García Márquez

La hojarasca, 1955. La mala hora, 1961. El coronel no tiene quien le escriba, 1961.Los funerales de Mamá Grande, 1962. Cien años de soledad, 1967. Relato de un náufrago, 1970. La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada, 1972. Ojos de perro azul, 1974. El otoño del patriarca, 1975. Crónica de una muerte anunciada, 1981. El amor en los tiempos del cólera, 1985. El general en su laberinto, 1989. Doce cuentos peregrinos, 1992. Del amor y otros demonios, 1994. Noticia de un secuestro, 1996. Vivir para contarla, 2002. Memoria de mis putas tristes, 2004.

II. Las otras voces de Gabriel. Crítica general en torno a la genialidad de un escritor

De lo mucho que sobre el estilo particular de escribir de García Márquez se ha dicho alrededor del mundo, destaca una noción, enmarcada en un término, como toda noción comprensible que se aprecie de serlo: Gabriel García Márquez, o su literatura, es un exponente del realismo mágico.

Así pues, para Gustavo Faberón-Patriau, las características del realismo mágico presentes en la literatura de García Márquez, están más bien relacionadas, o tienen su fuente, en los afanes del escritor por comprender su realidad misma.[3]

            Con una interpretación muy similar de dicha categorización, Carmen Ollé ha declarado, por su parte, que el realismo mágico en la obra de Gabriel García Márquez está presente en la manera en que logra, como escritor latinoamericano, interpretar la realidad misma de Latinoamérica en su escritura, realidad que es realismo mágico puro: " (...) intuir la ruta del mundo mágico, que parte del folklore popular, convive con lo cotidiano y llega al estado actual que atraviesa el campo en Latinoamérica, donde reinan el abandono y la miseria(...)" [4].

Por su parte, Juan Francisco Ferré ha atinado en alguna ocasión a aceptar la categorización de la obra de García Márquez en el marco del realismo mágico, sólo si se toma en cuenta que dicho realismo involucra la percepción del lector como parte del mundo narrado.

(...) el concepto de " realismo mágico" que se suele emplear para definir el género o la estética de esta novela (Cien años de soledad, en particular) sólo valdría si se entiende en su sentido parcial (...) espejos y abismos literarios que otorgan a sus lectores la oportunidad de considerarse entes de ficción. Así, todas las coordenadas del texto (...) se pondrían al servicio de la constitución de un orden narrativo autónomo, la configuración de un mundo abigarrado y múltiple, (...) al que dotarían de sus rasgos más destacados y singulares (...)[5]

            Continuando con la cuestión de la presencia de la interpretación de la realidad social en la literatura de Gabriel García Márquez, sería importante observar la visión que al respecto guarda José Luis Méndez, quien ha elaborado su propia interpretación aclarando la posibilidad de que el entorno latinoamericano, constantemente bombardeado por males, dramas o situaciones sociales universales, como la guerra, la enfermedad y el hambre, se infiltre paulatina y variadamente hasta inundar el proceso creativo de Gabriel:

La inminente desaparición o, por lo menos, la transformación social que afecta a los sectores medios proletarizados de Colombia y de América latina, obliga a este grupo humano a ajustar cuentas con el pasado y a definir su lugar en la sociedad y en la historia. Esa tensión se manifiesta de manera determinante en toda la obra literaria de García Márquez[6].

Realismo mágico, interpretación fidedigna de una realidad contrastante y mítica, o nada de esto, lo cierto es que la  literatura de García Márquez se lee alrededor del mundo con una misma noción: articulación de estructuras narrativas complejas, aunado a su genialidad misma y al cúmulo de sus experiencias como lector y escritor, han dado lugar al autor consagrado que es hoy día.

            Al menos así lo dejan ver dos de sus críticos, Alessandra Riccio y Tomás Eloy Martínez, al afirmar, la primera, que " Gabriel García Márquez ha puesto el alma en el arduo esfuerzo de descifrar señales, traducirlas en narraciones y exponerlas en escritura. Una escritura feliz, de la que sólo él conoce el secreto, capaz de hacer creíble todo lo que nuestra pereza nos induce a descartar como increíble" [7], y el segundo, al enunciar las lecturas que confirman la vocación del nobel: " Las mil y una noches, Luz de agosto, de Faulkner, el Ulises, de Joyce, La metamorfosis de Kafka" [8].

            Por su parte, Carlos Noguera ha profundizado en la cuestión de las lecturas forjadoras de García Márquez al afirmar que la presencia de Kafka en su vida lectora generó un modelo de escritura que todavía hoy es visible en sus trabajos, el mismo modelo que escritores inspirados repiten sin cesar en sus propias narraciones " garciamarquianas" [9].

Pasando a otra idea en torno al estilo literario particular de García Márquez, no estaría de más aclarar un poco, con algunos comentarios hechos al respecto, la cuestión de la presencia femenina, sobre todo en su entronización como matriarca, en la obra del nobel colombiano.

Para Carmen Ollé, los personajes femeninos de García Márquez, en comparación con el papel que juegan los entes literarios masculinos en las historias del colombiano, son el reflejo de una idea concreta: la mujer es caos, movimiento, ritmo; el hombre es paz, serenidad, permanencia. Si el hombre arma revoluciones, la mujer es capaz de cimbrar a la familia con sus consejos o decisiones, a esa misma familia que es básica estructura que detiene el andamiaje gigantesco de la sociedad.

            Alicia Borinsky, sin embargo, establece otra visión al respecto: las mujeres de García Márquez son entes de otro lugar, extranjeras constantes, condenadas a una vida de extrañeza ante las decisiones descerebradas " de personajes masculinos desconcertados, vulnerables, contradictorios" [10].

            Para terminar, y dejando de lado cualquier cuestión en torno a lo que construye con la realidad García Márquez en sus obras, sería importante retomar las palabras que, a título personal, ha escrito de Juan Gustavo Cobo Borda sobre nuestro autor en alguna ocasión:

Las historias son comunes. Lo que importa es el cómo de quien las dice. En este caso, quien la vivió y sólo necesitó menos de cien años para recrearlas, transformarlas, adulterarlas y dárnoslas como suyas. He aquí el don impagable de la creación y el modo como se forja un gran escritor.[11]

III. Las otras voces del coronel: dos críticas, dos perspectivas

Respecto a lo dicho por los críticos en torno a El coronel no tiene quien le escriba, son rescatables los comentarios de al menos dos críticos literarios: José Luis Méndez, antes citado, y José Raúl Robles, quien ha hablado en fechas recientes sobre la novela analizada en este trabajo, esto en su columna " En la línea del arte" , aparecida en el semanario Mujer Hoy.

            Dice sobre El coronel... José Luis Méndez que las formas utilizadas en su composición son prácticamente inéditas; parten de un estilo propio que tiende a la sobriedad del manejo de la estructura para cederle lugar a la trama que " abre su propio camino. El argumento (...) se impone sobre la forma, o lo que es igual, no necesita que lo guíen o le dicten pautas; (...)" [12]. Para este sociólogo literario " En El coronel no tiene quien le escriba convergen artísticamente evolución literaria, circunstancias personales y determinaciones históricas y sociológicas en una preocupación común: el problema del tiempo." [13] Además, Méndez ha dado un paso más arriesgado y se ha animado a decir que El coronel no tiene quien le escriba es en realidad una " transposición imaginaria" [14] sobre un grupo de preocupaciones políticas, estéticas y de vivencia de gran amplitud.

            Por su parte, siendo un poco menos arriesgado en sus juicios, José Raúl Robles ha dicho que El coronel... es una novela abstracta, que deriva en la cotidianidad, y que

No se trata de una novela común, cuyo fin se pueda descubrir desde el desarrollo de la obra, incluso el lector se preguntará si la novela en realidad ha tenido un fin cuando se de cuenta de cuánto se ha esforzado el escritor en describir una cotidianidad tan absurda que es eterna e incambiable, pues en esta novela la vida carece de significado, (...)[15].

IV. El coronel no tiene quien le escriba, en corto

El coronel, retirado de la acción bélica, ha vivido quince años esperando su pensión, que le fue prometida por el régimen ganador de la última guerra civil, finalizada cincuenta y seis años atrás, en la total pobreza y con la única compañía de su esposa asmática y del gallo que su finado hijo, de nombre Agustín, dejó como saldo de vida, un gallo en el que ha colocado todas sus esperanzas y debido a cuyo alimento, en lo que se desarrolla la pelea en la que está programado luche el ejemplar, ha tenido que vender todas sus pertenencias, aunada, claro, la necesidad de subsistencia suya y de su mujer.

            Viernes tras viernes, el coronel va al puerto a esperar el  barco con la correspondencia que, en nombre del régimen político en turno, le dará noticia de la situación de su pensión. Viernes tras viernes, sin embargo, el coronel regresa a casa con las manos vacías. 

            Ante la insistencia de su mujer para que encuentre el modo de que los gastos de alimentación de ambos salgan adelante, el coronel busca la ayuda de múltiples personajes, entre ellos don Sabas, su compadre, único sobreviviente de los insurrectos locales de la última guerra civil[16], diabético, quien ha hecho una fortuna comprando y vendiendo las propiedades de sus compañeros desaparecidos. Don Sabas, por su parte, le aconseja al coronel vender el gallo a través de él, recibiendo a cambio una cierta cantidad de dinero.

            Igualmente, el coronel se ve apoyado por Germán, compañero de su finado hijo, y Álvaro, sastre jefe de Agustín, quienes deciden encargarse del entrenamiento y manutención del gallo hasta el momento de la pelea.

            Durante los tres meses que la narración de la novela recorre en la vida del coronel, de octubre a diciembre, el coronel, quien cuenta con setenta y cinco años de edad, es testigo no sólo de su pérdida paulatina de muebles y dinero, sino también del aumento de sus deudas y la ausencia de justicia del pasado mismo: un pasado histórico del cual él es parte y que se niega rotundamente a cederle un lugar en los nuevos tiempos. Tal es el caso que se da cuando el coronel, harto de la espera infructuosa, y, como siempre, incitado por su mujer, acude a su abogado para pedirle el cese de funciones y la devolución de sus documentos. El abogado acepta no colaborar más con él, pero le explica que los documentos de la rendición, de alto valor histórico, se han perdido, quizá para siempre, al haber estado de mano en mano, de administración en administración.

            Al final, al coronel le queda la espera como única alternativa de vida: si no es su pensión lo que llegará algún día, será con certeza la lucha a muerte en la cual el gallo de su hijo liberará a su mujer y a él de la pobreza absoluta.

V. Algunas peculiaridades temáticas o significativas

Es importante conocer, antes de entrar en la materia misma del análisis formal, algunas cuestiones que resultan peculiares en la construcción de la novela El coronel no tiene quien le escriba.

Es destacable:

-Utilización de un tiempo narrativo lineal, característica no visible en otras obras de Gabriel García Márquez como El amor en los tiempos del cólera o Cien años de soledad, donde la estructura temporal es más compleja.

- Presencia del gallo de pelea, símbolo de lucha inalcanzable que, en mucho podría decirse, caracteriza al personaje del coronel.

- Presencia de un personaje femenino -la mujer del coronel- de temperamento indomable, característica de otras novelas del mismo autor como las antes citadas -Fermina Daza y Úrsula Iguarán, respectivamente-.

- Interpretación viva de la ancianidad y sus bemoles en personajes como el del coronel, su esposa y Don Sabas.

Análisis formal de tipo estructuralista de El coronel no tiene quien le escriba

I. El tiempo en la novela: la cronología temporal y sus alteraciones.

1. El tiempo de la historia y el tiempo del relato.

En general, podemos afirmar que en El coronel no tiene quien le escriba coinciden el orden cronológico de los acontecimientos en la historia y su exposición en el relato.

            Así, la novela inicia en el mes de octubre, con el entierro del joven trompetista, esto en un primer apartado, que cede lugar a otro que narra la ocupación del coronel en el gallo en la semana siguiente del entierro y  la visita del coronel al puerto para esperar la lancha del correo. El mismo día el coronel regresa a su casa, es interrogado por su mujer sobre la carta esperada y durante la noche sufre fiebre. Al día siguiente, la pareja de esposos es visitada por el médico, luego el coronel lo acompaña hacia su consultorio y al regresar a su casa encuentra a su mujer muy recuperada de su afección pulmonar y le pide dinero para comprar maíz para el gallo.

En el siguiente apartado comienza la preparación del gallo, el coronel espera de nuevo el correo en el puerto y luego, instado por su esposa, va con su abogado y le pide desistir de sus servicios.

En un apartado más, elabora una carta para solicitar noticias sobre su pensión, su mujer cae en cama tras visitar la tumba de su hijo el dos de noviembre, y, al levantarse, discute con el coronel sobre el destino del gallo. Azuzado por ella, acude a intentar vender su reloj a Álvaro, el sastre ex jefe de su finado hijo, cuyos amigos, Germán entre ellos, se ofrecen para alimentar al gallo.

En el apartado siguiente, el coronel espera el correo guareciéndose de la lluvia en la oficia de su compadre don Sabas, luego se dirige a la oficia de correos y posteriormente a su casa, donde charla con su mujer y con la cual sale a dar el pésame esa misma noche a los familiares del trompetista. Al regresar, los esposos siguen charlando sobre el gallo y su posible venta.

En el siguiente apartado, el coronel está esperando a su compadre don Sabas en su oficina para proponerle la venta del gallo. Sin obtener nada, regresa a su casa, donde su mujer le echa en cara su falta de fuerza para pedir las cosas. El coronel regresa entonces al despacho de su compadre, donde lo encuentra siendo atendido por el médico pues se va de viaje. Le propone la venta del gallo y su compadre le dice que lo arreglarán al volver él de su viaje. Luego el coronel platica con el médico en el puerto. Esa misma noche, el coronel es testigo de una redada, donde reconoce al asesino de su hijo.

Con la llegada de diciembre, el coronel y su mujer charlan y luego él sale hacia el puerto. Espera la llegada del correo en el almacén del sirio Moisés, charlando con él. Luego camina hacia la oficina de correos pero se desvía al pasar por la gallera, donde Germán entrena a su gallo. El coronel le quita al animal y va hacia su casa. Ahí, la mujer gasta algunas horas, interrumpidas por dos períodos de sueño, para intentar convencer al coronel de que venda el gallo. La novela finaliza sin que la mujer logre convencer la coronel.

Como esta exposición general de los hechos narrados lo ha hecho visible, en ningún momento la narración se desvía para dar lugar a la exposición de un acontecimiento cronológicamente anterior (analepsis) o posterior (prolepsis), al menos no en una afectación estructural para el desarrollo de la narración. Las pequeñas anacronías -saltos en el tiempo- presentes, se mencionarán posteriormente.

            Distintas frases que pueden ser recuperadas de la narración nos aclaran que el paso del tiempo narrativo está apegado al tiempo de la historia: " Octubre prolongó la tregua" [17], seguida, poco después, por " El miércoles lo pesaron y estaba en forma" y " Esa misma tarde" , y luego " El jueves en la noche" [18], sin que el narrador regrese para contar apartados enteros de hechos acaecidos antes de esas fechas u horas, o bien avance en el tiempo para luego regresar a la exposición de hechos en que se había quedado.

Posteriormente, ya en otro apartado, una expresión realizada en relato de palabras, nos aclara todavía más el tiempo del relato al que ha avanzado la narración: " ¿A cómo estamos hoy?" " 27 de octubre" [19]. Un poco después, el tiempo avanza hasta " El dos de noviembre (...)" , y luego reafirma la idea del avance lineal temporal: " Fue una semana dura. Más dura que las cuatro semanas de octubre a las cuales el coronel no creyó sobrevivir" [20]. Son también frases aclaradoras de que nos encontramos frente a una narración lineal la posterior " En la segunda quince de noviembre" [21], que define un tiempo posterior al día dos del mismo mes, anteriormente mencionado, y la posterior a ésta última " No necesitó abrir la ventana para identificar a diciembre" [22].

2. La anacronía en El coronel no tiene quien le escriba.

Como antes mencionábamos, no existen en la novela analizada anacronías (saltos en el tiempo del relato con relación al tiempo de la historia) ni a tiempo anterior (analepsis), ni a tiempo posterior (prolepsis), que afecten de manera significativa la estructura narrativa de la obra.

            Sin embargo, es destacable la presencia de expresiones, ya en relato de acontecimientos, ya en relato de palabras, que aparecen a lo largo de la narración y nos remiten a un pasado concreto, a hechos acaecidos antes del período de tiempo en que se ubica la narración lineal.

            Dichas analepsis no significativas estructuralmente hablando, es decir, que no son más que pequeños brincos al pasado con la finalidad de aclarar un poco más los acontecimientos narrados, están por ejemplo cuando la mujer dice sobre el trompetista, en el primer apartado: " Nació en 1922. Exactamente un mes después de nuestro hijo. (...)" ., o bien, cuando el coronel se encuentra con el abogado y el narrador expone el acontecimiento de la firma del Tratado de Neerlandia:

Como tesorero de la revolución en la circunscripción de Macondo había realizado un penoso viaje de seis días con los fondos de la guerra civil en dos baúles amarrados al lomo de una mula. Llegó al campamento de Neerlancia arrastrando la mula muerta de hambre (...). El coronel Aureliano Buendía (...) extendió el recibo de los fondos e incluyó los dos baúles en el inventario de la rendición.[23]

            Igualmente, un tercer ejemplo importante de anacronía no significativa estructuralmente hablando, se encuentra en el recuerdo que hace el coronel, al acostarse cierta noche, de su salida de Macondo:

En el sopor de la siesta vio llegar un tren amarillo y polvoriento con hombres y mujeres y animales asfixiándose de calor, (...) Era la fiebre del banano. En veinticuatro horas transformaron el pueblo. " Me voy" , dijo entonces el coronel. (...) Y abandonó a Macondo en el tren de regreso, el miércoles veintisiete de junio de mil novecientos seis a las dos y dieciocho minutos de la tarde. Necesitó medio siglo para darse cuenta de que  no había tenido un minuto de sosiego después de la rendición de Neerlandia. Abrió los ojos.[24]

3. Velocidad temporal en El coronel no tiene quien le escriba.

En la novela analizada, se encuentran presentes muchas de las modalidades de velocidad temporal posibles: escenas[25], sumarios, pausas[26] y elipsis, se alternan de un modo particular a lo largo de la narración. Veamos.

            La novela comienza con una escena, que narra la preparación de una taza de café por parte del coronel, y que se prolonga hasta la salida del coronel de su casa para asistir al entierro del trompetista. Dicha escena es interrumpida un momento para dar lugar a una pausa: la explicación, no muy extensa ciertamente, de la composición de la vestimenta del coronel:

Los pantalones, casi tan ajustados a las piernas como los calzoncillos largos, cerrados en los tobillos con lazos corredizos, se sostenían en la cintura con dos lengüetas del mismo paño que pasaban a través de dos hebillas doradas cosidas a la altura de los riñones. No usaba correa. La camisa color de cartón antiguo, dura como un cartón, se cerraba con un botón de cobre que servía al mismo tiempo para sostener el cuello postizo. Pero el cuello postizo estaba roto, (...)[27]

Igualmente, la primera escena se interrumpe para dar lugar a otra pausa que describe la situación de la sala de la casa del coronel.

La escena siguiente se introduce tras una breve pausa, en la que el narrador establece la localización en el pueblo de la casa del coronel, al tiempo que describe el ambiente húmedo de la mañana, y se prolonga hasta la llegada del coronel a su casa, tras asistir al entierro y charlar con su compadre don Sabas, presente en el mismo. Esta segunda escena se ve interrumpida, a su vez, en dos momentos:

-          durante una elipsis explícita, es decir, la no narración de una secuencia temporal de la historia en el relato, cuando no es narrada la salida del coronel del lugar del velorio a la calle, " (...) Un momento después supo que estaba en la calle porque la llovizna le maltrató los párpados (...)" [28], y posteriormente

-          con la inserción de un sumario, o movimiento narrativo de gran velocidad temporal, que describe en pocas líneas el recorrido del cortejo fúnebre por el pueblo tras haber cambiado de dirección, y finaliza con la localización en el cementerio de los dolientes.

El segundo apartado comienza con un sumario, que hace avanzar el tiempo de la narración rápidamente durante los días de la semana siguiente al entierro. El sumario termina con la frase " Estaba en forma" [29], que se refiere al gallo, y da lugar a una tercera escena de la novela, que termina con el encaminamiento del coronel al puerto para esperar el correo. La cuarta escena comienza ahí y finaliza con la frase del médico hacia el coronel sobre los periódicos que le ha prestado: " Llévelos para su casa -dijo-. Los lee esta noche y me los devuelve mañana" [30]. Esta escena contiene breves descripciones, no necesariamente considerables como pausas: una que abarca tres líneas, que explica la vestimenta del coronel, y otra aproximadamente de la misma longitud, que describe al médico.

La siguiente escena, quinta en la novela analizada, sigue a una elipsis de la llegada del coronel a su casa, ya que nunca se nos explica que volvió sino que éste aparece en la narración al guardar silencio sobre un comentario hecho por su mujer. Esta quinta escena se prolonga hasta la salida del coronel de su casa acompañado por el médico, y se interrumpe sólo en una ocasión para dar lugar a un sumario que describe las actividades de una mañana muy ocupada de la mujer del coronel: " En el curso de la mañana volteó la casa al revés. Cambió de lugar cada cosa, salvo el reloj y el cuadro de la ninfa. (...) Pero antes de las doces había recobrado su densidad, su peso humano. En la cama era un vacío. Ahora, moviéndose entre los tiestos de helechos y begonias, su presencia desbordaba la casa. (...)" [31].

La sexta escena, muy breve, inicia con unas escuetas palabras sobre el clima en el pueblo, y termina con el encaminamiento del coronel a la sastrería de Agustín. A esta sexta escena sigue un sumario, que relata las actividades matutinas de la mujer, y que da lugar a otra escena, la séptima, que inicia con la llegada del coronel a su casa al anochecer, y termina con la decisión de la pareja de gastar en maíz para el gallo.

Con un nuevo apartado, inicia otro sumario que relata apresuradamente los acontecimientos de la semana siguiente, cuando la mujer destina algunos días a elaborar su peinado. El sumario da lugar a la octava escena de la novela, que inicia con la salida de los compañeros de Agustín de la casa tras la revisión del gallo, y finaliza con el anuncio del coronel de que al día siguiente llegará el correo.

Así, se cede lugar a una escena distinta, la novena, que narra la espera del correo frente al consultorio del médico, y que finaliza con la frase que da título a la novela misma: " El coronel no tiene quién le escriba" [32].

A la novena escena le sigue un sumario, que narra con velocidad los intentos infructuosos del coronel por retardar su regreso a casa. Posteriormente se deja de narrar lo ocurrido una semana entera, y, dentro del mismo sumario, se incluye el regreso el viernes siguiente del coronel al puerto, y el nuevo regreso a su casa con las manos vacías.

La décima escena, con el coronel ya en su casa explicando a su mujer las posibles causas del retrazo de la carta esperada, avanza hasta el consejo de la mujer de que el coronel visite a su abogado y le explique que no desea más sus servicios.

La décimo primera escena narra la estancia del coronel en el despacho de su abogado, y es interrumpida en dos ocasiones para dar lugar a dos descripciones, una breve, de tres líneas, no considerable pausa, que describe escuetamente la fisonomía del abogado, y otra más larga, sí considerable pausa, que describe la situación física del despacho.

La décimo segunda escena inicia con la escritura de una carta que hace el coronel, y se prolonga hasta la exposición que hace el coronel a su esposa de su visión sobre la rendición del coronel Aureliano Buendía. A esta escena le sigue un sumario, que narra en algunos puntos las actividades domésticas del coronel en la primera quincena de noviembre, ante la caída en cama de su esposa.

La décima tercera escena llega cuando el coronel hace uso de ciertas habichuelas olvidadas para alimentar al gallo, y se prolonga hasta la salida del coronel de su casa para ir a la sastrería de Álvaro a venderle el reloj. Esta décimo tercera escena contiene un pequeño sumario, que establece la caminata que da el coronel por el pueblo a la hora de la siesta.

La décimo cuarta narra la estancia del coronel en la sastrería de Álvaro, y finaliza con el anuncio a su mujer de que los amigos de su finado hijo alimentarán al gallo. Contiene una breve descripción, no pausa, sin embargo, de la fisonomía de Álvaro.

La escena décimo quinta narra la estancia del coronel en el despacho de su compadre don Sabas, mientras espera la llegada del correo, y el encuentro con el administrador del correo, sin que el coronel reciba su ansiada carta.

La décimo sexta escena explica lo sucedido a la llegada del coronel a su casa, donde su mujer lo espera con un plato de mazamorra de maíz, y termina con la intención de la mujer de ir a dar el pésame a la familia del trompetista muerto.

La siguiente escena narra la caminata, muy descriptiva, del coronel por el pueblo mientras su mujer da el pésame, la llegada de ambos a su casa y el proceso de decisión del coronel de venderle el gallo a su compadre don Sabas.

La escena décimo octava expone la espera del coronel en el despacho de su compadre, y finaliza con una pausa descriptiva que explica lo que el coronel encuentra en una caminata que da por el poblado. A esta pausa le sigue la décimo novena escena, que se prolonga hasta la decisión del coronel de volver donde su compadre, y que es interrumpida en una ocasión por un sumario que explica las acciones matutinas -y esperanzadas- de la mujer.

A continuación, la narración se desarrolla en tres escenas seguidas, sin otros movimientos de velocidad temporal mediando entre ellas: la escena duodécima narra el regreso del coronel donde su compadre y la charla-petición con éste, a esta escena le sigue inmediatamente otra más, muy breve, la duodécima primera, que narra la conversación con el médico sobre el asunto del gallo, y a ésta una escena más, la duodécima segunda, que narra la salida del coronel y su esposa para ir de compras, así como  la llegada del coronel, en esa misma salida de casa, al salón de billares. La escena duodécima segunda finaliza con el encuentro del coronel con el asesino de su hijo.

La escena duodécima tercera, ya en otro apartado, avanza desde la preparación decembrina de un desayuno para el gallo que elabora el coronel, y finaliza con la reprimenda que hace la mujer al coronel sobre los zapatos que debe usar.

A esta escena le sigue un breve sumario, que incluye el encaminamiento hacia el puerto y la búsqueda infructuosa de don Sabas en su despacho. Tras este sumario breve, el narrador compone la duodécima cuarta escena, que narra la estancia del coronel en el almacén del sirio Moisés, esperando el correo.

Luego, sin que se nos avise el momento en que abandonó el almacén del sirio -osea, tras una elipsis-, aparece la duodécimo quinta escena, que va desde el seguimiento del coronel al administrador de correos, hasta la llegada del coronel a su casa y la larga y fallida discusión con su mujer, en la que ésta no logra convencerlo de vender el gallo. Esta última escena se interrumpe en dos ocasiones por un sumario, el primero que presenta un desayuno silencioso con la esposa del coronel molesta hacia con él, y la estancia de éste en la sastrería de Álvaro, y el segundo, que narra la llevada del gallo a la gallera y la desesperación taciturna de la mujer.

Como es visible, el intercalado de escenas, sumarios, pausas y ciertas elipsis en la composición del relato de El coronel no tiene quien le escriba, es un rasgo muy destacable de su estructura.

4. La frecuencia temporal en El coronel no tiene quien le escriba.

Como es visible en la descripción de velocidades temporales que hemos realizado en el apartado anterior, o en el seguimiento de la correlación entre tiempo de la historia y tiempo del relato que hemos expuesto en el primer apartado del análisis presente, muchos de los acontecimientos narrados en El coronel no tiene quien le escriba parecen repetirse: los viajes del coronel al puerto, las esperas del correo, las discusiones con su mujer, etc.

            Sin embargo, ninguno de los acontecimientos singulares presentados en el relato se narra en más de una ocasión -aunque a la lectura resulten parecidos- ni con la misma ni con distinta perspectiva. De esta forma, podemos afirmar que la frecuencia temporal de la novela analizada es la siguiente:

los acontecimientos ocurren una vez y esa sola vez se cuentan.

5. El tiempo del coronel.

Los acontecimientos narrados en El coronel no tiene quien le escriba, se agrupan en lo que daremos en llamar un relato ulterior, en el cual los hechos expuestos están situados en un pasado con relación al momento de la enunciación.

            Esto lo testifican los verbos conjugados en tiempo indefinido[33] (pretérito perfecto simple), con los cuales se exponen la mayoría de los hechos narrados. Algunos ejemplos de expresiones que podrían servir como prueba de esto se encuentran en el siguiente  párrafo y se han marcado con letra bold: " Eran las siete y veinte cuando acabó de dar cuerda al reloj. Luego llevó el gallo a la cocina, lo amarró a un soporte de la hornilla, cambió el agua al tarro y puso al lado un puñado de maíz. Un grupo de niños penetró por la cerca despostillada. Se sentaron en torno al gallo, a contemplarlo en silencio." [34]

            De igual manera, ciertos acontecimientos se narran en tiempo imperfecto[35] (copretérito). Son ejemplos las expresiones " Llovía despacio pero sin pausas. (...)" [36] y " Allí estaba la madre espantando las moscas (...)[37].

            En resumen, y como se puede apreciar en los ejemplos dados, el relato de El coronel no tiene quien le escriba corresponde a hechos acaecidos en un pasado con relación al tiempo de la enunciación.

II. Los modos de contar

II. I. La distancia hacia lo contado en El coronel no tiene quien le escriba.

1. El relato de acontecimientos.

En El coronel no tiene quien le escriba, su narrador transforma de manera continua supuestos no verbales (acciones o hechos) en verbales (discurso que los narra), interpretando los hechos, lo que se conoce como relato de acontecimientos

            Así, el narrador es capaz de enunciar toda acción acaecida para convertirla en material narrativo: " El coronel destapó el tarro de café y comprobó que no había más de una cucharilla. Retiró la olla del fogón, vertió la mitad del agua en el piso de tierra, y con un cuchillo raspó el interior del tarro sobre la olla hasta cuando se desprendieron las últimas raspaduras del polvo de café revueltas con óxido de lata." [38]

            A lo largo de la narración de El coronel no tiene quien le escriba, el narrador adopta al menos dos tipos de relato de acontecimientos: el relato puro[39] y la descripción.

            Un ejemplo de relato puro sería el fragmento de escena antes transcrito, o bien, este otro:

El administrador se dirigió directamente hacia ellos. El coronel retrocedió impulsado por una ansiedad irresistible tratando de descifrar el nombre escrito en el sobre lacrado. El administrador abrió el saco. Entregó al médico el paquete de los periódicos. Luego desgarró el sobre de la correspondencia privada, verificó la exactitud de la remesa y leyó en las cartas los nombres de los destinatarios. El médico abrió los periódicos.[40]

            Un ejemplo de modalidad descripción -introduce, en una pausa, información que acaba en sí misma, pues no abre expectativas en la narración- del relato de acontecimientos presente en la novela analizada, sería el siguiente: " (...) A diferencia del dormitorio, demasiado estrecho para la respiración de una asmática, la sala era amplia, con cuatro mecedoras de fibra en torno a una mesita con un tapete y un gato de yeso. En la pared opuesta a la del reloj, el cuadro de una  mujer entre tules rodeada de amorines en una barca cargada de rosas." [41]

2. El relato de palabras.

En determinados momentos a lo largo de la narración de El coronel no tiene quien le escriba, el narrador de la novela " cede la palabra" a los personajes, o bien, habla en lugar de ellos, de tal modo que expresa las hablas ajenas a su propia voz, transformando un supuesto verbal (expresiones de los personajes), en otro verbal (diálogo).

            En cuanto a lo que se refiere a la narración en relato de palabras, El coronel no tiene quien le escriba contiene al menos dos tipos de estilo: directo -palabras de los personajes son enunciadas por ellos mismos; se especifica con la utilización de una marca ortográfica determinada (" " , -)- e indirecto -palabras de los personajes son enunciadas por el narrador a través de un " verbum dicendi (dijo, pensó, murmuró, etc.), del que depende una oración subordinada completiva (...) introducida por la conjunción "que"." [42]

            A continuación se expone un ejemplo de relato de palabras en estilo directo. Las acotaciones hechas por el narrador, es decir, aclaraciones que no corresponden a las palabras de los personajes, se transcriben en esta ocasión, con fines descriptivos y explicativos, en letra cursiva.

-Qué se puede hacer si no se puede vender nada -repitió la mujer.

-Entonces ya será veinte de enero -dijo el coronel, perfectamente consciente-. El veinte por ciento lo pagan esa misma tarde.

-Si el gallo gana -dijo la mujer-. Pero si pierde. No se te ha ocurrido que el gallo puede perder.

-Es un gallo que no puede perder.

-Pero suponte que pierda.

-Todavía faltan cuarenta y cinco días para empezar a pensar en eso -dijo el coronel. ([43])

            Aunque en el ejemplo antes visto todos los diálogos de los personajes se introducen utilizando la marca ortográfica (-), existe también en El coronel no tiene quien le escriba la utilización de la marca ortográfica (" " ) para el mismo fin. Dicha marca refiere más bien a reflexiones hechas por los personajes en voz no necesariamente audible, con una intención más expresiva que comunicativa.

            Es un ejemplo el siguiente fragmento:

" Y mientras tanto qué comemos" , preguntó, y agarró al coronel por el cuello de la franela. ([44])

Para continuar, se expone un ejemplo de relato de palabras en la novela realizado con estilo indirecto. Se ha marcado en letra bold la conjunción " que" , y con cursiva el verbum dicendi, para mejor comprensión de la idea. El " no" , que aparece subrayado, corresponde a la expresión de la mujer que el narrador se ha encargado de decir -pensar- en su lugar.

La mujer lo examinó. Pensó que no. ([45])

Finalmente, quisiéramos hacer notar la intercalación que se realiza, a lo largo de la novela, entre relatos de acontecimientos y relatos de palabras. La distancia hacia lo contado, pues, se expresa de forma distinta según es el caso, sin que prevalezca un estilo sobre otro: a todo fragmento narrado en forma de relato de acontecimientos corresponde una parte expresada en forma de relato de palabras, aunque cierto es que los diálogos presentes en la novela analizada son por lo general cortos, mientras que los relatos de acontecimientos poseen una longitud considerable.

II. II. El punto de vista en El coronel no tiene quien le escriba

1. Perspectiva y focalización.

En El coronel no tiene quien le escriba, la narración es expuesta, prácticamente en todo su desarrollo, a través de una focalización cero.

            Esta focalización, caracterizada porque el hecho narrado no es sometido a ninguna restricción, ofreciendo así un " máximo de información" [46], se hace patente en el salto entre la observación del pensamiento de los personajes y la observación detallada del entorno, sin que lo narrado o descrito sea exclusivamente visto a través de una perspectiva específica en todo el relato.

            El siguiente fragmento de la novela ejemplifica la existencia de la focalización cero en El coronel no tiene quien le escriba:

El administrador se dirigió directamente hacia ellos. El coronel retrocedió impulsado por una ansiedad irresistible tratando de descifrar el nombre escrito en el sobre lacrado. El administrador abrió el saco. Entregó al médico el paquete de los periódicos. (...)[47]

            Al decir entonces " El administrador se dirigió directamente hacia ellos" , el acontecimiento narrado expone solamente un hecho externo, sin entrar en ninguna clase de controversia o profundización sobre los pensamientos o sentimientos de los personajes. Sin embargo, al agregar que " El coronel retrocedió impulsado por una ansiedad irresistible tratando de descifrar el nombre escrito en el sobre lacrado" , se nos expone el sentimiento interior del personaje del coronel, el mismo sentimiento que guía su movimiento de retroceso. Finalmente, al agregar que " El administrador abrió el saco. Entregó al médico el paquete de los periódicos." , lo narrado vuelve a ser expuesto fuera de la visión interna de cualquier personaje específico. 

            Habría que agregar que una curiosidad en otros trabajos comentada en torno a El coronel no tiene quien le escriba se encuentra en la localización de cierto error de concordancia en cuanto a la focalización en la novela aquí analizada, esto en el fragmento de la narración que corresponde al velorio del trompetista, en el primer apartado del libro, cuando el coronel arriba a la casa de los dolientes del muerto.

            En dicho fragmento, la focalización cero es suplantada por focalización interna, es decir, lo narrado es visto a través de los ojos de un personaje, el coronel, fenómeno que aparentemente no vuelve a repetirse en el resto del relato.

            Aunque este llamado error no altera en forma considerable la estructura de la novela, consideramos importante comentarlo superficialmente en el presente análisis.

III. La voz en El coronel no tiene quien le escriba

1. El narrador heterodiegético. Su función.

Para el acto de narrar El coronel no tiene quien le escriba, Gabriel García Márquez hace uso de un narrador heterodiegético: observador de la historia de otros, la narra sin participar en ella, " una figura en cierto modo abstracta, ajena a esa historia específica, y cuya única misión, en este sentido, es la de ser sujeto de tal narración." [48]

            Así, los acontecimientos narrados son expuestos por un " ente" literario que no participa en el relato más que en a través del acto mismo de narrar, es decir, no es un personaje de la historia ni cuenta, dentro de ella, como observador interno, los hechos que dan lugar a la narración.

            Este narrador se hace evidente en su no aparición en el relato y su no intercambio ni de palabras ni de acciones con los personajes cuyas acciones narra.

            Respecto a esto, tendríamos que agregar entonces que su función dentro de la narración es meramente narrativa: no tiene otra intención, como ente narrador, que la de narrar, exponer los acontecimientos de la historia que dan lugar a la narración misma.

2. La omnisciencia.

El narrador de El coronel no tiene quien le escriba posee una cualidad más además de las ya mencionadas: la omnisciencia.

            ésta podría definirse como " el procedimiento narrativo mediante el cual el narrador muestra su presencia a lo largo de todo el texto, va controlando la información narrativa que posee en su totalidad y selecciona (...) los hechos que cree más convenientes (...)" [49]

            Así, pues, el relato que llega hasta nosotros surge de la capacidad de su narrador para ir  y venir a cantidad infinita de espacios físicos y temporales posibles, o a interiores y exteriores de personajes y atmósferas narrativas, sólo con la intención de que la exposición de su narración sea más completa, más organizada y más específica.

            Así, pues, el narrador de El coronel no tiene quien le escriba viaja a su antojo del interior del coronel al de su esposa, expone lo sucedido en un velorio, o dice que " Llovió toda una semana." , para luego agregar " El dos de noviembre -contra la voluntad del coronel- la mujer llevó flores a la tumba de Agustín." [50], justificándolo todo, como ya se decía antes, en su intención de narrar, en su función como narrador.

3. El destinatario.

El discurso narrativo enunciado en El coronel no tiene quien le escriba por el narrador de la historia, no tiene un destinatario específico dentro de la narración -un personaje-, por lo que éste queda fuera de ella, es un sujeto ajeno a la historia.

Conclusiones al análisis formal

Como es visible a través de la lectura del presente trabajo, en la composición formal de El coronel no tiene quien le escriba destacan ciertos rasgos dignos de mencionarse a modo de sumario:

-          Correspondencia entre el tiempo de la historia y el tiempo del relato.

-          Presencia de anacronías no estructurales, a modo de aclaración de la historia.

-          Intercalación de casi todas las modalidades de velocidad temporal posibles: escenas, sumarios, pausas y elipsis.

-          Parecido de ciertas escenas individuales que se narran, sin embargo, una sola vez, considerándose como hechos independientes aunque parecidos por su composición de acciones.

-          Utilización intercalada y variada de relatos de acontecimientos y relatos de palabras, sin que exista una uniformidad en cuanto al uso de alguno de ellos en la narración.

-          Adopción de focalización cero en prácticamente toda la novela, salvo en un cierto fragmento considerado por otros analistas como un error en  la escritura de la obra analizada.

-          Utilización de un narrador heterodiegético, omnisciente.

Como puede verse tras este sumario, aunque a simple vista el texto de El coronel no tiene quien le escriba no posee grandes complejidades en cuanto a su estructura formal, dicha novela es en realidad una obra literaria elaborada con un específico manejo de los distintos elementos estructurales posibles, dando lugar con ello a una obra de arte de construcción somera -es decir, no compleja- pero bien elaborada, de una estructura sencilla pero estable, apreciable.

Bibliografía

-          Apuntes de clase: Metodología del Análisis Textual. Impartida por el Doctor Marco Aurelio Larios López. Universidad de Guadalajara, México, 2008.

-          FUENTES, Carlos, " Para darle nombre a América" , en .

-          GARCÍA Márquez, Gabriel, El coronel no tiene quien le escriba. 1ª edición, Era, México, D. F.: 1961. 106 pp.

-          " Glosario final" , en El lenguaje literario de la " nueva novela" hispánica. p. p. 351-365. Sin más referencia posible.

-          MARTÍNEZ Dasi, Olga, " Gabriel García Márquez, apunte biográfico" , en www. sololiteratura.com/ggm/marquezbiografia.htm

-          MÉNDEZ, José Luis, Cómo leer a García Márquez: una interpretación sociológica. 1ª edición, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1989. p. 17.

-          ORTEGA, Julio (compilador), Gaborio, artes de releer a Gabriel García Márquez, 1ª edición, Jorale Editores, México, 2003. 281 pp.

-          ROBLES, José Raúl, " El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez" , en Mujer Hoy, Año 2, Núm. 21, Guadalajara, México. Mayo 2008. p.p. 20.

-          http://es.wikipedia.org/wiki/Gabriel_Garc%C3%ADa_M%C3%A1rquez

-          http://www.angelfire.com/mt/marquez/biografia.html

 

 

 

 

 

 

Autor:

Agustín Madrigal Cruz

México

Universidad de Guadalajara.

Licenciatura en Letras Hispánicas.

Guadalajara, Jal. 4 de junio de 2008.

[1] PALOU, Pedro Ángel, " Tiempo para contarla" , en ORTEGA, Julio (compilador), Gaborio, artes de releer a Gabriel García Márquez, 1ª edición, Jorale Editores, México, 2003. p. 51

[2] PALOU, Pedro Ángel, " Tiempo para contarla" , en ORTEGA, Julio (compilador), Gaborio, artes de releer a Gabriel García Márquez, 1ª edición, Jorale Editores, México, 2003. p. 54.

[3] FABERÓN-PATRIAU, Gustavo,  " La realidad in absentia" , en ORTEGA, Julio (compilador), Gaborio, artes de releer a Gabriel García Márquez, 1ª edición, Jorale Editores, México, 2003. p. 45.

[4] OLLé, Carmen,  " Gabriel García Márquez: cronista y fabulador" , en ORTEGA, Julio (compilador), Gaborio, artes de releer a Gabriel García Márquez, 1ª edición, Jorale Editores, México, 2003. p. 156.

[5] FERRé, Juan Francisco,  " Un viento utópico, magias parciales y mitos fundacionales en Cien años de soledad" , en ORTEGA, Julio (compilador), Gaborio, artes de releer a Gabriel García Márquez, 1ª edición, Jorale Editores, México, 2003. p. 66

[6] MÉNDEZ, José Luis. Cómo leer a García Márquez: una interpretación sociológica. 1ª edición, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1989. p. 17.

[7] RICCIO, Alessandra,  " Vivir para tocarlo" , en ORTEGA, Julio (compilador), Gaborio, artes de releer a Gabriel García Márquez, 1ª edición, Jorale Editores, México, 2003. p. 179.

[8] MARTÍNEZ, Tomás Eloy,  " La imagen ante el espejo" , en ORTEGA, Julio (compilador), Gaborio, artes de releer a Gabriel García Márquez, 1ª edición, Jorale Editores, México, 2003. p. 199

[9] NOGUERA, Carlos,  " Dos confesiones" , en ORTEGA, Julio (compilador), Gaborio, artes de releer a Gabriel García Márquez, 1ª edición, Jorale Editores, México, 2003. p. 181.

[10] BORINSKY, Alicia,  " Mujeres hiperbólicas: la interpretación crítica como duermevela" , en ORTEGA, Julio (compilador), Gaborio, artes de releer a Gabriel García Márquez, 1ª edición, Jorale Editores, México, 2003. p. 132.

[11] COBO Borda, Juan Gustavo,  " Vivir para contarla. (Segunda lectura)" , en ORTEGA, Julio (compilador), Gaborio, artes de releer a Gabriel García Márquez, 1ª edición, Jorale Editores, México, 2003. p. 148.

[12] MÉNDEZ, José Luis. Cómo leer a García Márquez: una interpretación sociológica. 1ª edición, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1989. p. 54.

[13] MÉNDEZ, José Luis. Cómo leer a García Márquez: una interpretación sociológica. 1ª edición, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1989. p. 54.

[14] MÉNDEZ, José Luis. Cómo leer a García Márquez: una interpretación sociológica. 1ª edición, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1989. p. 63.

[15] ROBLES, José Raúl. " El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez" , en Mujer Hoy, Año 2, Núm. 21, Guadalajara, México. Mayo 2008. p. 18.

[16] Aunque la guerra civil finalizó mucho tiempo atrás, existen ciertas referencias en la narración que indican que el movimiento insurrecto no está del todo finalizado. Así, por ejemplo, el coronel recibe de manos de los compañeros de sus hijos y del doctor del lugar, información o documentación subversiva. Cabe destacar que la situación civil se describe en determinados momentos como " estado de sitio" .

[17] GARCÍA Márquez, Gabriel. El coronel no tiene quien le escriba. 1ª edición, Era, México, D. F.: 1961. p. 34.

[18] GARCÍA Márquez, Gabriel. El coronel no tiene quien le escriba. 1ª edición, Era, México, D. F.: 1961. p. 35.

[19] GARCÍA Márquez, Gabriel. El coronel no tiene quien le escriba. 1ª edición, Era, México, D. F.: 1961. p. 47.

[20] GARCÍA Márquez, Gabriel. El coronel no tiene quien le escriba. 1ª edición, Era, México, D. F.: 1961. p. 50.

[21] GARCÍA Márquez, Gabriel. El coronel no tiene quien le escriba. 1ª edición, Era, México, D. F.: 1961. p. 51.

[22] GARCÍA Márquez, Gabriel. El coronel no tiene quien le escriba. 1ª edición, Era, México, D. F.: 1961. p. 90.

[23] GARCÍA Márquez, Gabriel. El coronel no tiene quien le escriba. 1ª edición, Era, México, D. F.: 1961. p. 45.

[24] GARCÍA Márquez, Gabriel. El coronel no tiene quien le escriba. 1ª edición, Era, México, D. F.: 1961. p. 73.

[25] " Escena. Es un movimiento narrativo caracterizado por el paralelismo entre dos tiempos, el de la historia y el del relato. Se da en él una correspondencia entre la duración de los hechos y su expresión en el texto, de tal forma que se puede hablar de simultaneidad temporal." (" Glosario final" , en El lenguaje literario de la " nueva novela" hispánica. p. 354. Sin más referencia posible).

[26] " Pausa. Es un movimiento narrativo que está muy ligado a lo descriptivo. Implica una detención en el relato, de tal forma que la historia no progresa y la narración se estanca." (" Glosario final" , en El lenguaje literario de la " nueva novela" hispánica. p. 361. Sin más referencia posible).

[27] GARCÍA Márquez, Gabriel. El coronel no tiene quien le escriba. 1ª edición, Era, México, D. F.: 1961. p. p. 11-12

[28] GARCÍA Márquez, Gabriel. El coronel no tiene quien le escriba. 1ª edición, Era, México, D. F.: 1961. p. 15.

[29] GARCÍA Márquez, Gabriel. El coronel no tiene quien le escriba. 1ª edición, Era, México, D. F.: 1961. p. 19.

[30] GARCÍA Márquez, Gabriel. El coronel no tiene quien le escriba. 1ª edición, Era, México, D. F.: 1961. p. 24.

[31] GARCÍA Márquez, Gabriel. El coronel no tiene quien le escriba. 1ª edición, Era, México, D. F.: 1961. p. 27.

[32] GARCÍA Márquez, Gabriel. El coronel no tiene quien le escriba. 1ª edición, Era, México, D. F.: 1961. p. 38.

[33] " Indefinido. Junto con el imperfecto, es uno de los tiempos verbales más importantes dentro del relato. Se caracteriza por aludir puntualmente a un pasado, situando los hechos ocurridos en él y evocados por un narrador desde el presente." (" Glosario final" , en El lenguaje literario de la " nueva novela" hispánica. p. 357. Sin más referencia posible).

[34] GARCÍA Márquez, Gabriel. El coronel no tiene quien le escriba. 1ª edición, Era, México, D. F.: 1961. p. p. 9, 10.

[35] " Imperfecto. Es un tiempo verbal de suma importancia dentro del relato. Tiempo neutro dentro del sistema verbal y, posiblemente, el que mejor se adapta a la estructura narrativa. Podríamos decir, incluso, que es el tiempo narrativo por excelencia. Aludiría, más que a los sucesos de un pasado, al hecho mismo de contar; subraya, pues, la figura del narrador que actúa como mediador en la historia, como transmisor de los hechos." (" Glosario final" , en El lenguaje literario de la " nueva novela" hispánica. p. 357. Sin más referencia posible).

[36] GARCÍA Márquez, Gabriel. El coronel no tiene quien le escriba. 1ª edición, Era, México, D. F.: 1961. p. 9.

[37] GARCÍA Márquez, Gabriel. El coronel no tiene quien le escriba. 1ª edición, Era, México, D. F.: 1961. p. 14.

[38] GARCÍA Márquez, Gabriel. El coronel no tiene quien le escriba. 1ª edición, Era, México, D. F.: 1961. p. 7.

[39] " Relato puro. Sería el grado cero dentro de las modalidades narrativas; la fórmula por excelencia con que se configura la narración." (" Glosario final" , en El lenguaje literario de la " nueva novela" hispánica. p. 363. Sin más referencia posible).

[40] GARCÍA Márquez, Gabriel. El coronel no tiene quien le escriba. 1ª edición, Era, México, D. F.: 1961. p. 37.

[41] GARCÍA Márquez, Gabriel. El coronel no tiene quien le escriba. 1ª edición, Era, México, D. F.: 1961. p. 9.

[42] " Glosario final" , en El lenguaje literario de la " nueva novela" hispánica. p. 355. Sin más referencia posible.

[43] GARCÍA Márquez, Gabriel. El coronel no tiene quien le escriba. 1ª edición, Era, México, D. F.: 1961. p. 105, 106.

[44] GARCÍA Márquez, Gabriel. El coronel no tiene quien le escriba. 1ª edición, Era, México, D. F.: 1961. p. 106.

[45] GARCÍA Márquez, Gabriel. El coronel no tiene quien le escriba. 1ª edición, Era, México, D. F.: 1961. p. 13.

[46] " Glosario final" , en El lenguaje literario de la " nueva novela" hispánica. p. 355. Sin más referencia posible.

[47] GARCÍA Márquez, Gabriel. El coronel no tiene quien le escriba. 1ª edición, Era, México, D. F.: 1961. p. 37.

[48] " Glosario final" , en El lenguaje literario de la " nueva novela" hispánica. p. 359. Sin más referencia posible.

[49] " Glosario final" , en El lenguaje literario de la " nueva novela" hispánica. p. 360. Sin más referencia posible.

[50] GARCÍA Márquez, Gabriel. El coronel no tiene quien le escriba. 1ª edición, Era, México, D. F.: 1961. p. 50.


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