Los que están a favor de que se trata de un solo Juan apoyan su teoría en razones de orden extrínseco e intrínseco[1]. Sin embargo, un número considerado de exégetas modernos piensan que el texto hace referencia a dos personajes distintos[2].
Eusebio dice todavía de Papías: "Y así por el estilo, inserta Papías otros relatos como llegados a él por tradición oral, lo mismo que ciertas extrañas parábolas del Salvador y enseñanzas suyas y algunas otras cosas que tienen aún mayores visos de fábula. Entre esas fábulas hay que contar no sé qué milenio de años que dice ha de venir después de la resurrección de entre los muertos y que el reino de Cristo se ha de establecer corporalmente en esta tierra nuestra; opinión que tuvo, a lo que creo, Papías por haber interpretado mal las explicaciones de los Apóstoles y no haber visto el sentido de lo que ellos decían místicamente en ejemplos". Eusebio insinúa que el prestigio de Papías indujo a muchos escritores cristianos a creencias quiliastas: "El tuvo la culpa en la mayoría de los hombres de la Iglesia que abrazaron su misma opinión después de él, pues se escudaban en la antigüedad de aquel varón, como, en efecto, lo hace Ireneo, y si algún otro se manifestó con ideas semejantes".
Papías es uno de los personajes más discutidos de la Antigüedad cristiana, a pesar de que sólo nos han llegado pequeños fragmentos de su obra o tal vez por eso mismo.
Desde Eusebio ya sus relaciones con el Apóstol Juan y su testimonio acerca de los evangelios de Marcos y Mateo, son objeto permanente de estudios críticos; algo análogo sucede con su milenarismo. No resulta por eso fácil enjuiciar a Papías. De ahí que resulte difícil aceptar el severo juicio que Eusebio hace de él: es verdad que profesa doctrinas extrañas, pero por otra parte manifiesta una piedad sincera y un gran deseo de ortodoxia. Digamos, más bien, que Papías aparece como un autor un tanto confuso, a pesar de su deseo de informarse de la verdad y pese a su celo por beber en las más genuinas fuentes de la tradición. Pero, por encima de esos límites de sus escritos, hay algo que hace importante la obra de Papías y notabilísima su contribución a la historia del dogma cristiano: el testimonio que nos brinda sobre la transmisión de la enseñanza oral de los discípulos de los Apóstoles y su conservación en los Evangelios. Papías se nos presenta así como un testigo de excepción de la autenticidad de la doctrina evangélica.
BIBLIOGRAFÍA
AAVV, Escritos joánicos y cartas católicas. (Verbo Divino, Pamplona 2005).
AAVV, Evangelios sinópticos y Hechos de los Apóstoles. (Verbo Divino, Pamplona 2005).
EUSEBIO DE CESAREA, Historia eclesiástica, Tomo I (BAC, Madrid 1973).
¬, Historia eclesiástica, Tomo II (BAC, Madrid 1973).
LEAL, JUAN, El valor histórico de los evangelios. (Apostolado Mariano, Sevilla 1999).
Autor:
Jacobo Curto Polo
III de Estudios Eclesiásticos
Instituto Teológico "Divino Maestro"
[1] Juan Leal expone las razones en su obra "El valor histórico de los evangelios" donde dice: ¿Habla Papias de dos Juanes distintos o de uno solo a quien nombra dos veces?
1-Razones de orden extrínseco: En toda la antigüedad no hay memoria de dos Juanes ilustres, que fueran los dos discípulos del Señor, como habría que admitir por el texto de Papias, enteramente cierto, pues todos los Códices griegos de las obras de Eusebio tienen el inciso final: "Aristion y Juan el Presbítero, discípulos del Señor." El primero en hablar de dos Juanes es Dionisio de Alejandría cuando dice que había dos sepulcros celebres en éfeso y del mismo nombre.
Esta razón y sentencia le pareció bien a Eusebio, pero a nadie más, hasta el siglo XIX.
San Jerónimo dice que para algunos, los dos sepulcros no eran dos recuerdos de un mismo Juan Apóstol.
Polícrates, Obispo de éfeso, interesado en ponderar las glorias de su ciudad, escribe al Papa Víctor, hacia el 190, y le dice que, fuera del sepulcro de Felipe Apóstol, no hay otro célebre sino el de Juan Apóstol .
2-Razones de orden intrínseco: "Juan el Presbítero" es S. Juan Apóstol. Se trata de un titulo con que el mismo Apóstol se designa en sus cartas y con el que los cristianos lo debían designar y conocer. Era el único superviviente de los que trataron con Jesús, al final del siglo I.
Papias, pues, llama aquí a su Maestro con el título que el mismo se da.
¿Por que lo menciona dos veces, entre los demás Apóstoles y ahora al final con Aristión?
Porque Papias ha recogido todos los dichos de Juan. Y de Juan tiene dos clases de testimonios en favor de la doctrina de Cristo. Testimonios o palabras recogidas a otros discípulos del Evangelista y palabras oídas directamente por el a S. Juan. Esto indican los dos tiempos del verbo "decir" (decían, dicen).
Cabe también, como nota Fonseca, que la primera vez que nombra a Juan, se pueda suprimir, porque se trata de una interpolación en el texto. Quitado el nombre de Juan la primera vez, la enumeración de los Apóstoles va siempre de dos en dos.
Sobre todas estas razones de orden extrínseco e intrínseco, tenemos que Papias trató personalmente con S. Juan Apóstol, según el testimonio explicito de Ireneo que ya hemos citado antes.
Este testimonio de S. Ireneo nadie lo rebatió en la antigüedad; y muchos lo afirmaron a una con el entre otros el mismo Eusebio en su Crónica.
Vaccari, en un reciente artículo publicado en Bíblica, expone como en la antigüedad Papias pasó como discípulo de S. Juan. Los Padres Apostólicos llaman a San Juan, por el hecho de haber descansado en el pecho del Señor, "Epistezios". Y de Papias se dice siempre "Papias de Hierapolis que vivía con el Epistezios"
[2] J. M. Lagrange, Jacquier, L. de Grandmaison, Huby, Lusseau-Collomb, etc, observan que Papías enumera dos veces el nombre de Juan. Primero lo menciona en conexión con Pedro y Santiago y Mateo y el resto de los apóstoles, evidentemente indicando al Evangelista, pero el otro Juan lo menciona después de un intervalo y lo pone con otros fuera del número de los apóstoles, colocando a Aristión delante de él, y llamándole de modo bien claro un «anciano». Así que por ello resulta bien evidente que es verdadera la afirmación de los que dicen que había dos personas de este nombre en Asia, y que había dos tumbas en éfeso, cada una de las cuales hasta el día de hoy es llamada (la tumba) de Juan. Y es importante notar esto; porque es probable que fuera el segundo, si uno no quiere admitir que fuera el primero, que vio la Revelación que es atribuida al nombre de Juan. Y Papías confiesa que él ha recibido las palabras de los apóstoles de aquellos que los habían seguido, pero dice que él mismo era un oyente de Aristión y el anciano Juan. En todo caso, los menciona frecuentemente por su nombre, y además registra sus tradiciones en sus escritos.
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