Partes: 1, 2, 3, 4
  1. Epilepsia y otros trastornos convulsivos
  2. Clasificación de las crisis convulsivas
  3. Crisis generalizadas
  4. Crisis parciales o focales
  5. Síndromes epilépticos especiales
  6. Naturaleza de la lesión que emite descargas
  7. Otras anormalidades de laboratorio relacionadas con crisis convulsivas
  8. Patología de la epilepsia
  9. Función de la herencia
  10. Abordaje clínico de las epilepsias
  11. Desmayo y síncope
  12. Causas de la crisis de desmayo y síncope
  13. Síncope de origen cardiaco
  14. Síncope relacionado con enfermedad vascular cerebral
  15. Métodos especiales de exploración
  16. Tratamiento
  17. El sueño y sus anomalías
  18. Etapas del sueño
  19. Neurofisiología del sueño
  20. Trastornos del sueño
  21. Tratamiento del sueño
  22. Trastornos parasómnicos
  23. Bibliografía

EPILEPSIA Y OTROS TRASTORNOS CONVULSIVOS

La frecuencia y la importancia de la epilepsia en la sociedad contemporánea difícilmente pueden exagerarse. De los estudios epidemiológicos de Hauser y colaboradores cabe extrapolar que según el último censo en Estados Unidos cerca 1.77 millones de personas eran víctimas de epilepsia (es decir, experimentaban convulsiones corticales cerebrales recurrentes crónicas) y alrededor de 44 casos nuevos por 100 000 habitantes ocurren cada año. Estas cifras son exclusivas de los pacientes en quienes las crisis convulsivas complican las enfermedades febriles y otras intercurrentes o los traumas craneoencefálicos.

Se estima también que cerca de 1% de los habitantes de ese país tendrá epilepsia hacia los 20 años de edad (Hauser y Annegers). Cerca de dos terceras  partes de todas las crisis epilépticas inician durante la infancia (en especial en el primer año de la vida) y éste es el periodo  de edad durante el cual las convulsiones adoptan la variedad más amplia. La incidencia aumenta un poco después de los 60 años. La epilepsia es uno de los trastornos más frecuentes en el ejercicio de la neurología pediátrica. La cronidad de las formas infantiles y su persistencia en los pacientes de todas las edades incrementan su importancia. Por todas estas razones es indispensable que todos los médicos tengan conocimiento de la naturaleza de los trastornos convulsivos y su tratamiento.

La epilepsia puede definirse como el trastorno intermitente del sistema nervioso causado por "una descarga excesiva y desordenada del tejido nervioso cerebral sobre los músculos". Hughlings Jackson, el eminente neurólogo inglés, postuló esto en 1870 y la electrofisiología moderna no  ofrece pruebas en contra. La descarga ocasiona una pérdida casi instantánea del conocimiento, alteraciones de la percepción, trastorno de la función psíquica, movimientos convulsivos, alteración en las sensaciones o alguna combinación de estos fenómenos. La diversidad de las  manifestaciones clínicas plantea una dificultad terminológica. El término convulsión se refiere a un paroxismo intenso  de contracciones musculares repetitivas involuntarias, y no parece apropiado para un trastorno que sólo consiste en una alteración sensorial o de la conciencia.

 Ataque se prefiere como un término genérico porque abarca diversos sucesos paroxísticos y también porque se presta para su clasificación.

 Por tanto el término ataque convulsivo o motor no es tautológico y podría hacerse referencia de manera semejante a un ataque sensorial o ataque psíquico. La palabra epilepsia se deriva del griego "apoderarse" o "ser presa de". Los antiguos se referían a este fenómeno como "caer enfermo" o "quedar poseído por el demonio".

Aunque son términos médicos de utilidad para indicar que se trata de convulsiones recurrentes, las palabras epilepsia y epiléptico aún tienen connotaciones desagradables para el público en general y deben usarse con prudencia al tratar con pacientes.

Vista en sus muchos contextos clínicos la primera crisis convulsiva solitaria o el primer ataque breve de conclusiones puede presentarse durante la evolución de muchas enfermedades médicas. Indica siempre que la corteza cerebral se infectó a causa de enfermedad, ya sea de manera primaria o secundaria. Por su naturaleza si se repiten cada varios minutos, como en el estado epiléptico, las convulsiones pueden poner en peligro la vida.

Igual de importante es que una crisis convulsiva o una serie de convulsiones pueden ser manifestaciones de una enfermedad neurológica en evolución que requiere el empleo máximo de medidas diagnósticas y terapéuticas especiales, como en el caso de un tumor cerebral.

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