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Pedagogía del aburrido (página 2)

Enviado por Candi



Partes: 1, 2


Hay otro planteo en torno a Internet.

Maestros y profesores relatan que al pedir trabajos prácticos a sus alumnos reciben información tan solo copiada, pegada e impresa desde la web sin siquiera revisar. Entonces: ¿Internet es la dispersión? La respuesta se orienta con otro relato de una experiencia en un posgrado docente donde se suplantó la modalidad virtual por la modalidad presencial y, para sorpresa de todos, frente al "prestigio" que tiene la modalidad presencial, la virtualidad dio buenos resultados: los docentes manejaban sus tiempos, se conectaban con mayor frecuencia que cuando la experiencia se hizo presencial, cuando tenían ganas o no tenían sueño, etcétera. Entonces deducimos que no podemos echarle culpas a Internet. La dispersión está en nosotros.

En otro capítulo se sigue insistiendo sobre la ineficiencia de partir de supuestos y la necesidad, en cambio, de construir desde la vinculación entre los propios chicos. Siempre es interesante destacar los sorprendentes relatos o las perspicaces observaciones que hacen de este libro un material muy rico. Cuenta que en una escuela primaria los chicos van armados, el problema presenta una condición impensable para la  lógica institucional escolar: condición ARMADO es incompatible con la condición ALUMNO. Pero hay que pensar que ir armados es una de las pocas maneras que tienen estos chicos de llegar enteros a la escuela y no lo hace  para provocar o transgredir el reglamento. Desde la postura que sostienen los autores, ¿Qué se hace con eso? Aparece una posibilidad: poner un mueble, un armario para que los chicos dejen las armas al entrar y las recuperan al salir.

Como otra de las perspicaces observaciones Beavis and Butthead también llamaron la atención de los autores. Entre sus conclusiones figura el hecho de que para el discurso televisivo no hay niños, no hay adolescentes, no hay adultos, hay consumidores de medios.  La vieja distinción de géneros infantiles, adolescentes, adultos cae con la nueva entidad; el consumidor de medios masivos. Por ejemplo el caso de los Simpson, dibujos para chicos en horarios de grandes, o dibujos para grandes que también ven los chicos.

FIGURAS DE COMPOSICIÓN EN LA FLUIDEZ

Esta parte comienza con un capítulo llamado "¿Existe el pensamiento infantil?" que nos ha impactado bastante. Parte de la idea de los conceptos. El concepto solo es instrumento, no podemos con el concepto captar lo real. Partiendo de esta idea, el niño es un misterio, es, justamente, lo más difícil de atar a un concepto.

Solemos hablar de niño en cuanto a alumno o a hijo -es decir, desde la institución- pero cometemos un gran error si queremos respondernos la pregunta sobre el pensamiento infantil: de esta forma excluimos la voz del niño muy rápidamente. Los niños están afectados por el "todavía no", su discurso está excluido al igual que el discurso de los locos y lo conocemos "a través de…" (En el caso de los niños de maestros y padres, en el caso de los locos de psiquiatras) y nunca en si mismos. ¿Y que piensa el niño? Las instituciones tienen la idea de pensar en cuanto a hacer un camino hacia el saber, entonces, como el niño no posee ese saber, no piensa. Desde este punto de vista todo lo que dirá el niño serán "ocurrencias".

Pero el pensamiento es una actividad, no se queda quieto -el saber si-, va formando la subjetividad: esto es lo que nos interesa. La familia y la escuela lo que hacen es moldear el pensamiento del niño permanentemente, acomodarlo a la lógica de la norma, la lógica de las instituciones, que no tiene que ver con pensar.

Los niños aprenden a pensar en relación a sus semejantes y por mediación de otro. Es importante destacar que ese otro, siempre es un adulto.

De esta forma, reduciendo el pensar del niño a la ocurrencia, lo dejamos solo (por supuesto también lo hacemos cuando les descubrimos una patología).

Hay una anécdota en la que una maestra de jardín de infantes cuenta que escuchó a los nenes armar un debate sobre la muerte del papá de una nena, muy preocupados: ¿A dónde estaba ese señor? ¿Se había muerto de todas sus vidas o solo de una? -Posible influencia de los videojuegos-. La maestra intentaba meterse en tanto maestra, en tanto adulto, pero comprendió que para meterse debía abolirse, debía convertirse en una nena más. Preguntarse, como los chicos, donde estaba su abuelo. Decidió simplemente estar.

 El capítulo 9 "Fraternidad, aguante, cuidados: la producción subjetiva del desfondamiento" también es interesante. La asociación latinoamericana para operar y pensar se dedica a pensar estrategias de intervención en escenarios de exclusión social o de pobreza bajo una consigna: evitar representar a otros, no suponer quienes son si no ser fieles a sus modos de existencia, componerse con ellos. Componerse estando en situación. "Chicos en banda", por ejemplo, es una experiencia tratada por esta asociación.

A los escenarios trabajados también se los llama catastróficos, término más adecuado que expulsión, el mismo alude a la situación de desligadura total. La sociedad produce catástrofe porque desliga. El sufrimiento propio es el de aquel que no se puede componer con otro, ni pensar, ni dialogar.

Cualquier estrategia para intervenir en la catástrofe es de ligadura, de cohesión, de búsqueda de modalidades prácticas que permitan componer. A esto se lo llama habitar y es un trabajo permanente ya que en tanto no haya permanencia las cosas se disuelven. "Chicos en banda" surge de preguntarse que pasa con los chicos y que pasa con la escuela.

Se investigó por qué los maestros faltaban tanto a la escuela y surgió la hipótesis de que se enfermaban, y se enfermaban porque no podían enseñar. Estaban desbordados, tan dispersos en la cantidad de cosas que tenían que hacer que en ninguna de estas prácticas podían construir subjetivamente. Sacaban piojos, daban de comer, iban a juzgados.

La investigación llegó construyendo un mapa de territorios que habitaban chicos de las escuelas urbanas marginales y partió de la hipótesis de que no había infancia ni adolescencia y que la destitución era de las etapas de la vida -un niño puede robar, trabajar, ser abusado y se supone que esas cosas no deben pasarle a un niño-. Ahora bien, ¿cómo habitar eso que ocurre? Por eso se intentó realizar un mapa de experiencias. Y se encontró que la escuela no aparece en ningún momento en el discurso de los chicos, la referencia en cambio es el aguantadero.

El mundo del aguante es decisivo, cualquier realidad puede ser una realidad para alguien que se configura en sus condiciones. Pero, ¿Qué son esas condiciones, esas reglas? ¿Qué es aguantar, que es el aguantadero? Es un lugar en el que desde afuera pasan cosas horrorosas pero que mirando más de cerca hay pensamiento, subjetividad, experiencia. ¿Por qué no se vio la intensidad del aguante? Porque desde un universo conceptual se veía la destitución de escuela, autoridad, saber.

El aguante es la contingencia de la vida, y su punto de partida es el aguante y no la destitución de la ley.

Por otro lado hay experiencias en las que los maestros se entregan a la contingencia y pasan de representar al otro a ser fiel en los acontecimientos que pasaban, a escuchar, a vivir en sus condiciones. ¿Cómo concebir el nosotros? En la escuela, hay grupos de trabajo y de estudio, armados de individuos que están instituidos, que tienen una existencia previa al momento de la constitución del nosotros. El nosotros del aguante no tiene existencias previas, el chico que ingresa a la banda, antes de ingresar no existe. Esa es la contingencia. Hay una líder cuya figura es la de alguien capaz de organizar la contingencia.

Una operación que constituye la banda es el silencio, pertenezco si se cosas y se callar. Eso genera confianza.

Aparecen también en el mundo del aguante padres que buscar "avivar" a sus hijos respecto de la droga, familias que tiene aguante porque todos laburan, padres desocupados. Aparece la figura del padre como alguien que no le dice lo que tiene que hacer si no lo que le va a pasar: le dice que se prepare, que aguante.

Los chicos de la calla arman, alianzas, fraternidades. Para el discurso institucional este es un menor que es básicamente huérfano. Le falta algo por lo tanto es un hijo "venido a menos". Esta consideración impide mirar el tipo de lazos que se establecen.

Marcas y cicatrices es un capítulo que ahonda en las prácticas violentas que realizan los chicos. No es posible preguntarse de modo general cuales son las causas o riesgos, hay que preguntarse sobre estos actos violentos desde la situación particular. Tal vez sean motivados por el aburrimiento, desamparo o el intento de constituirse. Las conductas podrían leerse en clave de síntoma. ¿Los pibes se cortan? Sí, los pibes se hacen cicatrices entre ellos. Son heridas que se mantienen abiertas en la piel la mayor cantidad de tiempo posible. Esta práctica ya fue tomada por el mercado, se la llama escarsing: escaras en forma de dibujo.

Aquí no cuenta la representación de la marca sino que algo se sienta, sería un intento de existir a través de la marca. Ante la dispersión general de la fluidez el dolor te hace sentir, te hace existir. El dolor se busca, se mantiene abierta la herida para que no cese. Cuando no hay instituciones capaces de marcar, los chicos se marcan para sentir que existen. El dolor da intensidad. Podemos decir: me duele, luego existo.

Al hacerlo mutuamente (los pibes se lastiman entre ellos) podemos agregar también el sentido de estar marcándose como vínculo fraterno, de pertenencia a un grupo.

El capítulo 11 parte del trabajo realizado en una Universidad y la conclusión de que los chicos tenían fallas en la lectoescritura. El problema se desviaba a que los chicos no entendían las consignas de los parciales, por ejemplo. Pero tampoco entendían otro tipo de enunciados, practicas, rituales universitarios (por ejemplo llegaban al aula y se producida una ola de besos "fuera de lugar", entraban y salían cuando querían, etcétera). Entonces la conclusión terminó por orientarse a que la falla iba más allá de la lectoescritura: los alumnos no estaban constituidos en una subjetividad universitaria, el discurso era universitario, pero el que respondía no era universitario, era una subjetividad publicitaria. Los chicos se comportaban más al uso mediático que al uso universitario. Hablamos, entonces, de desacople de discursos. Y tomamos del psicoanálisis la categoría de síntoma.

El desacople nos lleva a percibir el desfondamiento, es decir, la destitución de las instituciones.

Una de las propuestas de Cristina Corea es la idea que se le ocurrió en su experiencia aúlica: trabajar mucho antes del parcial sobre el sentido de las consignas, trabajar con parciales modelos, no tanto para repasar contenidos si no para familiarizarse con la estructura misma del parcial y las consignas. También se trabajaba con la devolución de los parciales, comparando varias respuestas a la consigna, etcétera (es una propuesta interesante pero la misma autora afirma que no duró mucho).

Cuando decimos que "los chicos no leen ni escriben" en rigor nos falta agregar "como la escuela necesita que lean y escriban": a partir de encuesta descubrimos que los chicos leen revistas, leen la tele (ellos mismos lo dicen). Incluso leen en inglés. Pero leen de una forma que no está institucionalizada y que no es homogénea. Es en un entorno estable, sólido, disciplinario, que se lee un libro, un escrito. Hoy es distinto. Caso del chat: comunicación sin código, en la que los chicos desarrollan gran destreza, en la que nos chicos "van mandando lo que sale", hay contacto, hay interacción. Así es la comunicación en la era de la fluidez y del aburrimiento.

Otro punto interesante: ¿Por qué los chicos se quieren quedar en el aula aunque evidentemente están aburridos? Cuenta Cristina Corea e identificamos con nuestra experiencia la negación del alumnado ante la propuesta "si querés andá,  juntate en otro lado". Los chicos no se quieren ir. No se van a charlar al bar. Pese a todo, los chicos de la intemperie necesitan la escuela por el hecho de estar ahí, de encontrarse -sobre todo si pensamos en la oleada de besos y en ese tipo de prácticas-, esto implica para los chicos alguna ganancia (aunque eso no tenga nada que ver con la expectativa escolar).

Los chicos usuarios en la era de la información es otro capítulo de este apartado. Habla del agotamiento del discurso pedagógico que pide "hacer un esfuerzo". Hoy los chicos preguntan: ¿Cómo voy a leer algo que no entiendo?. Para entender este desacople vamos a adentrarnos en la forma en la que habitan las situaciones de subjetividad en la dispersión -tan distinta a la forma pasada de hacer esfuerzos-. Hoy el pensamiento tiene base perceptiva. Está más relacionado con la percepción que con la reflexión, herencia por ejemplo del videogame, donde se desarrollan habilidades como la velocidad. La reflexión entorpecería esta velocidad. Estamos hablando de una forma de pensar mecánica, ejemplificada también con el mouse.

La tesis de esta sección: El niño como usuario de la tecnología destruye la subjetividad pedagógica, porque cae la transmisión. Ya no se puede transferir porque en el entorno informacional lo que se desarrolla es la destreza, lo demás, lo que se adquiriría como un recurso, ya se ha agotado. Por otro lado, en tiempos de fluidez y velocidad, las situaciones cambian tanto que, ¿De qué serviría adquirir un recurso que probablemente ya no sirva para mañana?.

Otras también son las operaciones que nombra. El capítulo también hace referencia a los juegos de la fluidez. El juego ya no surge espontáneamente, porque se ha terminado la cultura de la vereda. Son los padres los que tienen que imponer los juegos y armar las situaciones. Hace referencia después a los juguetes, ejemplifica con los Transformers, que representan pura realidad tecnológica (nada de preparación para las funciones sociales del futuro, como jugar con las muñecas a la mamá y demás categorías de los juegos de antes).

Ahora el niño es el que tiene que hacer el trabajo de significación, con los juguetes que parecen carecer de significado. De esta carencia de significados interpretamos la práctica de los cartones. El chico le da tanta importancia a los cartones que vienen con el juguete como al juguete en si mismo: el cartón trae la información (los chicos hoy suelen coleccionarlos, según cuenta el artículo). Parece que en estas nuevas situaciones se necesitan muchos soportes para que algo adquiera sentido (más adelante hablaremos del caso Harry Potter). Esto nos da pie para hablar de multimedia. Así es que los chicos piensan, operan, diseñan estrategias. Repetimos: Si desvalorizamos estas operaciones nos perdemos la posibilidad de componer subjetividad. Si en vez de prestar atención a este tipo de prácticas sostenemos aún la idea de educarlos para el futuro, los dejamos solos.

El capítulo 13 comienza con la siguiente pregunta: ¿Qué hacen los chicos con la tele? ¿Será capaz de subjetivar?

En el Siglo XIX la subjetividad se construye con la lectoescritura. En el Siglo XX con la comunicación, con la escucha. En el Siglo XXI somos todos espectadores, construimos subjetividad a partir de la mirada, queramos o no. Este trabajo pretende romper el mito de que la TV manipula, hipnotiza, genera adicción, comportamientos instintivos, violentos: Este trabajo sostiene que la tele "es solo tele" -y desvía la crítica que surge en otros autores a partir de este mito. Pensarlo de esa forma sería tratar a los chicos como cosas, como receptores pasivos. No se adhiere a la idea de denostar la TV, considerando a la lectura como de mayor prestigio y oponiendo la figura del lector a la del espectador. La pregunta central en este trabajo, considerándonos a todos espectadores voluntaria o involuntariamente y considerando esta situación como de posible constitución, sería: ¿Cómo construir pensamiento desde la TV? ¿Cuáles serían las condiciones necesarias? Teniendo en cuenta que la subjetividad se forma más desde estimulo que desde la conciencia, más desde la conexión que de la interpretación (a diferencia de la interpretación y sentido posibles en la lectoescritura). Entonces, son fundamentales las operaciones. ¿De qué hablamos cada vez que nombramos a las operaciones? Del merchandeising, de los distintos soportes que acompañan a un programa de televisión, etcétera. Por ejemplo, luego de ver un dibujo animado, conectarse a internet para continuar la historia. Estas son las operaciones que detienen el flujo, que crean densidad y lo desaceleran.

El siguiente análisis será de "Buenos y Malos Modelos: Un esquema educativo agotado". En este capitulo, Cristina Corea, nos muestra como en la actualidad los chicos tienden a configurarse a partir de una imagen de television, una imagen de un grupo de música, etc. En la identificación tradicional el chico quiere "ser como", esta es la operación que ya no se produce, los chicos actuales "son". Hoy en día más que identificarse con sus personajes se conectan al modo de "soy yo" tal personaje.

Pero de allí no resulta una identidad al modo estatal: que permanece; si no que resulta una configuración bastante inestable: que muta, que cambia.

Cristina .C nos muestra, por ejemplo, la gran diferencia entre la subjetividad  del justiciero y la del super poderoso. En el mundo de los justicieros lo podemos ver ordenado: hay ley, justicia, valores; mientas que en el mundo de los super poderosos nos muestra un mundo ó mejor dicho como dice en el texto: no hay mundo, hay caos.

Un chico no se identifica  si no que "es". "Es" y un momento después deja de ser. En ese sentido hablamos de configuración. La identificación, en cambio, es una operación que constituye a un sujeto respecto de un ideal  y lo sostiene a lo largo del tiempo.

Si la identidad es efímera, uno se desespera por "ser". Es por eso que se busca ser idéntico al personaje, si en algún punto se diferencian colapsa la identidad.

Todo esto significa que han caído los valores como entidad instituida, transmisible y con la cual los sujetos se identificaban. 

Ahora sí: El caso Harry Potter. Capítulo final que sirve de ejemplo amplio y detallado a los puntos tratados. Harry Potter constituye un fenómeno, su lectura no es una imposición institucionalizada sino una apropiación de los chicos. Trasciende la práctica de lectura tradicional convirtiéndose en un género -he aquí la clave- multimediático. Ya no hablamos de texto, hablamos de hipertexto. Ya no hablamos de lector, hablamos de usuario.

Harry Potter es pura información, es decir, puro fluído, que necesita detenerse para constituir una experiencia subjetiva. El receptor debe entonces producir operaciones de desaceleración de ese flujo (ir al cine, leer, conectarse a un sitio, pertenecer a la comunidad virtual del personaje, comprar el muñeco, etcétera). En este contexto decimos que la lectura cambia de estatuto cuando las condiciones no son impuestas por la escuela, si no que surgen como una opción más (como ya hemos dicho, además, con todos sus soportes).

En síntesis: El niño se sitúa en un universo mediático, no como intérprete, receptor u observador, sino como usuario, como operador y gestor de la información. Lo llamativo no es ya la interpretación que se hace de la lectura, la opinión, sino las operaciones de conexión que se ponen en juego para abordar la información.

Como futuras docentes agudizaremos nuestra observación, así como lo han hecho los autores de Pedagogía del aburrido describiendo prácticas novedosas, para trabajar siguiendo la idea propuesta por ambos: abandonar la nostalgia para crear desde lo que hay, no dejando a los chicos solos y acercándonos de la confianza, viendo la crisis como una oportunidad de establecer relaciones más humanas desde las que pretendemos construir subjetividades en conjunto.

 

 

 

 

 

Autor:

Cande


Partes: 1, 2


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