¿Cuál era la postura de Lecor con respecto al problema de la Tierra?

  1. Prólogo
  2. Introducción
  3. Bando de 7 de noviembre de 1821
  4. El "contrarreglamento"
  5. Propietarios y poseedores
  6. Reflexión final
  7. Bibliografía

PRÓLOGO

            El presente trabajo constituye una breve síntesis del tema "contrarreglamento de Lecor" analizado de forma estupenda por los historiadores Rosa Alonso Eloy, Lucía Sala de Touron, Nelson de la Torre, Julio Carlos Rodríguez en su obra "La oligarquía oriental en la cisplatina". Se trata así de mostrar un tema vinculado a la estructura histórica y social del Uruguay independiente hasta nuestros días de la forma más clara e indudablemente más ejemplar, por lo cual me he limitado a hacer sólo una reflexión final sin alterar las ideas incluidas en el texto original de los autores antes mencionados.

            Esta obra es un estudio fiel de la realidad rural de esa época y de los intereses, beneficios y perjuicios que obtuvieron los actores en este escenario tan complejo, heterogéneo y caótico como lo ha sido la campaña de la Banda Oriental. No sólo se encontrará en esta obra lo anteriormente dicho, sino que además se hace un balance general de los distintos intereses que unían entre sí a conquistadores y conquistados, sin que se deba olvidar que fueron los más poderosos  conquistados  los que abrieron las puertas a los conquistadores.

            Pido disculpas si el trabajo está teñido de perfiles subjetivos, pues es prácticamente imposible no tomar conciencia de un problema tan importante, no sólo en la historia de este país sino también a nivel global. Ya que lo que la Banda Oriental reflejaba en 1821 lo hará también el Uruguay del siglo XXI al igual que aquel mundo sumergido en el capitalismo.     

INTRODUCCIÓN

            A comienzos de 1820, luego de la rendición de Fructuoso Rivera, cesó en la campaña una resistencia de más de tres años. Para consolidar su situación Lecor debía abordar el problema rural. La destrucción era inmensa, saldo penoso de nueve años de guerra. El estado de la ganadería era lamentable. Se hacía necesario encarar dos problemas: la repoblación ganadera y la tenencia de la tierra. Este último era el más complejo, pues ahí chocaba diversos intereses:

1)      Estaban los saladeristas y estancieros de la Provincia de Río Grande. Sus miras eran claras: faenar en el Brasil y poblar las estancias de su provincia con los ganados orientales. Al arreo inicial sigue la creación de un cinturón de estancias brasileñas en la zona fronteriza. A los oficiales y soldados invasores se les otorgó tierras, no sólo como pago de sus servicios sino también para crear una base sólida al nuevo poder.

2)      Los conquistadores necesitaban obtener el apoyo de una capa de la sociedad local para poder subsistir. Lecor no escatimó medios para conseguirlo. Concedió títulos, honores y cargos de gobierno, tierras y otros privilegios a un pequeño grupo a quienes fueron los más dóciles colaboradores del gobierno portugués. También logró el apoyo de una parte del comercio y procuró atraerse a los grandes hacendados.

3)      Para impedir nuevos levantamientos, al menos por un tiempo, Lecor tuvo que prohibir el desalojo de los poseedores artiguistas garantidos en su posesión por la transacción con Rivera.

Impuesta su dominación, los portugueses prosiguieron en condiciones mucho más favorables su política tradicional de adelantar sus estancias hacia el sur, buscando el Plata. En esas zonas escasamente pobladas, los jefes militares otorgaron tierras a oficiales y soldados. Tras la derrota militar vino el despojo de los vencidos, y fueron numerosos los campos de combatientes artiguistas que pasaron a manos de los portugueses. No escaparon tampoco las tierras abandonadas por sus poseedores en los azares de la revolución o la de los confiscados por Artigas.

Como se ve, la operación resultaba bastante fácil. Instalados en sus estancias, estaban en excelentes condiciones de adquirir las tierras a bajo precio. Tenían la posesión y eran los conquistadores. Aprovechando la depreciación de las tierras, portugueses y brasileños se lanzaron a comprar a bajo precio numerosas estancias.

Lecor, que no hacía las cosas a medias, concibió un proyecto mucho más ambicioso para mantener la tropa en la provincia y atraer a nuevos milicianos. El 29 de agosto de 1820 propuso una verdadera recolonización del territorio mediante un plan de colonias militares a instalarse en los rincones "más fértiles y deleitosos de la provincia".

En 1820, vencido Artigas y afianzado el poder lusitano, pasaron a primer plano los siempre vivos problemas de la posesión de tierras y ganados. Bajo el coloniaje los hacendados habían reclamado que se consolidara la propiedad privada de los ganados y de la tierra que los sustentaba. Se había producido una lucha entre los poseedores y el reducido núcleo de grandes propietarios y denunciantes. Los hacendados en su conjunto habían exigido el sometimiento de las masas de paisanos al peonazgo.


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