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Cultura, sociedad y política venezolanas (página 2)




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La transculturación y asimilación, condicionó para llegar a la cultura venezolana actual, similar en muchos aspectos al resto de América Latina, pero el medio natural hace que haya diferencias importantes. La influencia indígena se limita al vocabulario de algunas palabras y la gastronomía. La influencia africana del mismo modo, además de la música como el tambor. La influencia española fue más importante y en particular de las regiones de Andalucía y Extremadura, que eran la mayoría de colonos en la zona del Caribe de la época colonial. Ejemplos culturales de ellos, se pueden mencionar las edificaciones, parte de la música, la religión católica y el idioma. Una influencia evidente española son las corridas de toros y parte de la gastronomía.

Venezuela también se enriqueció por otras corrientes culturales de origen antillano y europeo en el siglo XIX, en especial de procedencia francesa.

En etapa más reciente en las grandes ciudades y las regiones petrolíferas irrumpieron manifestaciones culturales de origen estadounidense y de la nueva inmigración de origen español, italiano y portugués. Aumentando el ya complejo mosaico cultural. Así por ejemplo de Estados Unidos llega la influencia del gusto del deporte de béisbol, del cine, el arte y las construcciones arquitectónicas actuales.

La minúscula clase rica y la clase media alta, esencialmente blancas, como muchos intelectuales y periodistas, veían con pavor la perspectiva de ver subir en la escala social a la gente de color, cobriza o negra, que aquí, como en toda América Latina, ocupa los lugares inferiores de la sociedad. Habría que compartir privilegios. Así llegó la situación del 11 de abril. Una confrontación de clase contra clase. Por un lado el Presidente Chávez, apoyado por una parte mayoritaria del pueblo común; por el otro una alianza neoconservadora: la burguesía que ocupaba las calles del barrio rico con cacerolas, apoyada por la patronal; los medios de comunicación (prensa, radio y televisión), ferozmente hostiles, mintiendo descomunalmente, inventando rumores y calumnias, falseando las evidencias; y la aristocracia obrera movilizados por la CTV, el sindicato considerado como el más corrupto de América Latina.

 CARACTERÍSTICAS DE LA SOCIEDAD VENEZOLANA DURANTE LOS PRIMEROS AÑOS DEL SIGLO XXI?

No hay combate político sin ideas. El que frunza la nariz porque alguien se dedique a pensar es un necio. La pelea en el terreno de las ideas es tan importante como el enfrentamiento de la cotidianeidad oprobiosa que nos atosiga. Ambas batallas hay que darlas en simultáneo, sin tregua en ninguna de las dos, sin pausa para perder el tiempo. Nadie puede decir que, en lo personal, no hago ambas tareas.

Tenemos enfrente una oferta de "socialismo del siglo XXI" y hay que producir una respuesta que he considerado no puede ser otra que "la democracia del siglo XXI". Al respecto hemos creado "La sociedad de las ideas", sin junta directiva, como un intercambio horizontal de pensamiento político, para analizar las fallas que la democracia ha presentado y presenta, para incluso modificar conceptos, para tratar de darle vuelo a un sistema que es el único posible. Para quienes se burlen del pensamiento recordemos los ejemplos de los "think tanks" norteamericanos, con numerosas fundaciones y miles de millones de dólares gastados en la producción de ideas. Ellos son norteamericanos y lo hacen a su manera, pero allí está en Francia "La república de las ideas", dirigida por el profesor Rosanvallons, que dirige este instituto en la universidad de Grenoble y a dónde van los intelectuales franceses a analizar temas como los que hemos propuesto, con influencia y oídos atentos en las élites dirigentes y en el común de los interesados en los asuntos públicos.

Hemos estado pensando sobre "el socialismo del siglo XXI" y llegado a conclusiones que van desde el pensamiento político cubano del siglo XIX marcado por el "destino manifiesto", desde el pensamiento jacobino pasando por la "filosofía del resentimiento" del sociólogo francés Pierre Bourdieu con su "teoría de la violencia simbólica" hasta los viejos moldes vistos en el siglo **, sumados los elementos populistas y militaristas propios de América Latina. Si no sabemos lo que enfrentamos no sabremos cómo combatir. Por supuesto que nadie ha venido a asistirnos como a las fundaciones norteamericanas ni nadie nos ha dado cobijo como lo tiene "La república de las ideas" de Francia. Es así, vivimos en Venezuela, un país donde pensar es una tontería y un acto banal. Hemos deliberado, claro está, sobre "la democracia del siglo XXI", y hemos llegado a algunas conclusiones. La primera, obviamente, es que no se puede seguir hablando de democracia pensando que es un sistema donde se vota o donde hay representatividad o participación. A la democracia tenemos que hincarle los dientes, revisar todo y ahora mismo estamos sobre el concepto de política. Indispensable entrar en él porque en este país la gente dice estar "harta de política" cuando en verdad lo que está es harta de falta de política. Política no es la actividad que realizan los políticos. Política es participar en la actividad social. Es necesario terminar con la desnaturalización del concepto mismo, la creencia generalizada de una particularización "profesional". Ejemplos: La medicina la ejercen los médicos, la ingeniería los ingenieros, la política los políticos. Toda acción sobre la vida pública o, dicho de otra manera, sobre los intereses colectivos, es una acción política. Otra cosa distinta es lo que podríamos denominar "actividad política" (proselitismo, búsqueda del poder, etc.) que es propia de los políticos.

La sociedad venezolana ha olvidado que es la democracia. Con su rechazo a un pasado al que no quiere regresar, está incurriendo en un error garrafal de percusión, con la excepción de valores claves como libertad y limpieza electoral, y es aquí donde se justifica plenamente el planteamiento de conceptuar la democracia. Lo que no se renueva perece; lo que ante los ojos de la gente es ya conocido, con sus virtudes y vicios, carece de la atracción de la novedad. Hay que conceptuar para la demostración práctica de una democracia sin adjetivos, sólo ubicada en un contexto de tiempo: siglo XXI, con todo lo que ello implica.

La sociedad venezolana está atomizada por muchas causas: desvío y confusión por la profusión de "aprendices de brujo" que pululan en los medios radioeléctricos, la conversión de los encuestadores en analistas con las consecuentes barrabasadas, la determinación de los medios de "escoger" cuidadosamente quienes asisten a sus programas de entrevistas, los negociantes que se dirigen a sobrevivir en el actual régimen.

La sociedad venezolana ha perdido la capacidad de reacción, está sentada frente al televisor esperando que la pantalla le diga cómo debe comportarse. Consecuencia: la sociedad venezolana está imposibilitada de generar dirigentes. La sanación del cuerpo social implica un largo proceso que debe partir de la inserción en la cotidianeidad.

Sin entrar a discutir si terminó la era de los partidos y su sustitución por cortes transversales de gente que encuentra elementos de lucha común y objetivos compartidos (tema que está incluido en el segundo punto de la discusión), podemos percibir que estamos en un momento que bien puede definirse como "limbo": los partidos están minusválidos pero los grupos emergentes (denominados tribus urbanas por los sociólogos) no terminan de conformarse. No obstante, el gobierno prevé la materialización de la nueva forma de organización social legislando para controlar las ONG. La ausencia de política (la verdadera enfermedad que nos atosiga) es la causa directa del fatalismo actual de la población venezolana. Se releva que no hay nadie que encarne los "intereses generales". La política está ausente, es necesario bajarla de la ausencia y sembrarla en lo cotidiano, única posibilidad de que reencontremos lo social.

En eso andamos en "La sociedad de las ideas". Diagnosticando la oferta del adversario y tratando de preparar la propia. El que se quiera sumar bienvenido será: la única condición es saber pensar.

LA SOCIEDAD VENEZOLANA PARA 1830

LAS CLASES SOCIALES: Surgen de acuerdo a la posición que ocupan los individuos respecto a la estructura económica entre España y Venezuela. La influencia que España ha tenido en las mismas situaciones que en este territorio, han sido dominantes, por los hechos y las situaciones e influencia que ellos creían predominantes. La característica esencial en la sociedad venezolana, son los elitescos: ósea, son sociedades que desde la conquista de nuestro territorio, por los españoles, han creado dependencia con respecto a sus propios intereses. Pues, la sociedad se dividía y estaba de acuerdo con su raza. Eran mercaderes, capitalistas que vinieron a conquistarnos. A nosotros, Indios y sumisos. Y nos hicieron pasar por penas y penurias. Porque para entonces la sociedad se dividía en razas, o en su color de piel. Así, nacimos nosotros; pero porque ellos se mezclaron; se nacimos así:

Blancos Criollos: Eran los hijos de Españoles con Venezolanos, porque nacían aquí; eran los descendientes de los conquistadores, poseían la riqueza agrícola y ganadera, eran dueños de la tierra y los títulos de nobleza y se mostraron muy activos en la vida comercial y financiera.

Pardos o Mestizos: Constituyen los grupos de blancos, indios y negros. Eran el grupo más numeroso de la población, y carecían de derechos políticos. Cumplían funciones de artesanos, comerciantes menores, pulperos y asalariados.

Indios: Prestaban servicios personales a misioneros y encomenderos, un alto porcentaje de esta población vivían en las selvas.

Negros: Constituían el sector más bajo de la pirámide social. Los esclavos trabajaban en las haciendas, como peones o arrendatarios y los cimarrones eran aquellos que se escapaban del dominio de sus amos y formaban fiestas y parrandas.

Se estableció una nueva estratificación social basada en la propiedad, como consecuencia de la Guerra de Independencia, y especialmente de la Guerra Federal, que sembró aspiraciones de igualdad en la conciencia social del pueblo venezolano. Las clases sociales dependían de las características económicas, del tipo de vida, del nivel de educación y del éxito político y militar. Fueron:

Terratenientes: Eran los propietarios de grandes extensiones de tierras rurales.

Grandes comerciantes: Controlaban la importación y la exportación, y prestaban dinero a altos intereses.

Profesionales y altos funcionarios públicos: Cobraban los honorarios por servicios prestados, al igual que los artesanos que trabajaban en forma independiente.

Artesanos: Correspondían a las personas que trabajaban con poca intervención de maquinaria para la producción de objetos operativos de uso doméstico a base de barro.

Pequeños comerciantes y transportistas: Los pequeños comerciantes se entienden como aquellos dueños de pulperías y tiendas y vendían las mercancías directamente a los pobladores, y los transportistas era aquellas personas cuyos ingresos dependían de las ganancias que les dejara llevar a las personas ó mercancías de un lugar a otro.

Campesinos: Formaba la mayoría de la población Venezolana trabajaban en condiciones de servidumbre como aparceros medianeros .arrendatarios o peones jornaleros en las tierras de los latifundistas.

TEMA 4

Educación como mecanismo de inclusión en Venezuela

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Sin duda alguna. Muchas veces el problema de niños en la escuela, el famoso fracaso escolar, se debe a un fracaso tanto de la escuela y de la familia, ese fracaso se deduce en muchas ocasiones en que no pueden acceder a los mecanismos necesarios para llevar una vida digna (desempleo, viviendas precarias etc).Es necesario reeducar a esta gente, y una de las mejores armas con las que contamos es la educación, ya que a través de la educación podemos cambiar a las personas, asesorarles y mostrarle posibles salidas a su situación.

 Todo país debe poner lo máximo de interés en la educación, dé su pueblo, con ella se alcanza todo lo que aspira un ser humano, su libertad en todo sentido y sin ella se hunde en la ignorancia, y le impide su progreso para sí y para su familia. El saber no ocupa lugar. Así que no dejéis de aprender nunca.

 La educación es un mecanismo indispensable para la inclusión social, es a través del que los jóvenes pueden formarse y tener la posibilidad de insertarse en la sociedad a través de un empleo o profesión, es por eso que la educación debe ser libre y gratuita para que todos los sectores sociales puedan acceder a ella. Un niño que no tiene la posibilidad de educarse es un niño excluido de la sociedad, marginado y eso es una injusticia. Por supuesto que ahí no acaban los problemas, la educación además de libre y gratuita debe tener el mismo nivel de excelencia que la privada, porque si no estamos nuevamente frente a una falta de equidad en cuanto a las oportunidades que tienen los niveles altos de la sociedad y los pobres. Educarse es un DERECHO que toda persona debe tener y es un DEBER del estado proporcionar los medios para que este derecho pueda hacerse efectivo.

 Educación, valores y cohesión social

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La nueva etapa del proceso de mundialización está caracterizada por una creciente interacción entre los procesos económicos, sociales, políticos, culturales y ambientales de índole mundial y los de índole nacional o regional; por cambios en la percepción del espacio y del tiempo, consecuencia de la revolución de las comunicaciones y de la información (particularmente por su grado de penetración y su instantaneidad); por una tensión entre lo global y lo local, entre lo homogéneo y lo heterogéneo; por la emergencia de una cultura de la virtualidad; por la acción y reacción de las identidades, a través de la puesta en marcha de una pluralidad de movimientos de auto-definición con base religiosa, nacional, territorial, étnica y de género; y por fuertes tensiones entre la dinámica y el desarrollo de las dimensiones económica y tecnológica frente a las dimensiones política, jurídica, cultural, ambiental y de género.

Al finalizar la década de los 90, más allá de los avances sectoriales, nos encontramos con sociedades más pobres y desiguales. Esta situación se agrava si tenemos en cuenta que en los últimos años se desataron procesos recesivos que colocaron a las sociedades periféricas, valga el ejemplo de América Latina, en situaciones de fragilidad mayor y que en el campo político se reflejaron en el debilitamiento de las bases de legitimidad.

Esta serie de cambios está dejando sus huellas en la dinámica social y política y ha favorecido un aumento de las desigualdades, tanto a nivel global como en el interior de las sociedades.

Están afectando directamente a los modelos hasta ahora vigentes de organización e introduciendo modificaciones de cierta envergadura en la estructura y el funcionamiento de nuestras sociedades.

Entre las consecuencias de dichos cambios debemos destacar la ruptura de los modos tradicionales de integración social. El informe Delors ya advertía en 1996 que "no se puede dejar de observar hoy día en la mayoría de los países del mundo una serie de fenómenos que denotan una crisis aguda del vínculo social". Entre esos fenómenos cabe mencionar el desarraigo que provocan las migraciones y el rápido abandono del medio rural, la dispersión de las familias, la urbanización desordenada o la ruptura de los modos tradicionales de solidaridad basados en la proximidad. La confluencia de estos fenómenos, se decía en el informe, ha creado una situación en la que asistimos, en términos generales, a "una impugnación, que reviste diversas formas, de los valores integradores".

Sociedad y cambios tecnológicos

El conocimiento y la información son variables claves en la generación y distribución del poder en nuestras sociedades, donde la pugna por concentrar su producción y su apropiación es tan intensa como lo fue históricamente la desarrollada por conseguir los recursos, la fuerza y el dinero.

La sociedad informacional, además de modificar la productividad, la riqueza y las relaciones de poder, genera rupturas en las formas de simbolización y apropiación del espacio local como referencia para la vida colectiva y personal. A la vez que el espacio globalizado moderno – construido según las normas de la ingeniería y la arquitectura urbana- permanece como un territorio con fronteras sólidas, todo el entramado social que alberga esa contextura material y concreta se ve sacudido por el impacto de las tecnologías innovadoras, en tanto que instauran un nuevo marco referencial para el conjunto de la sociedad, con especial significación para los más jóvenes (Echeverría, 1999).

La revolución tecnológica no puede entenderse entonces como la simple incorporación o acumulación de un mayor número de máquinas, sino como una nueva relación entre los procesos simbólicos que constituyen lo cultural y las formas de producción y distribución de bienes y servicios. Entre ambos media el conocimiento como una fuerza de producción vital (Castells y Hall, 1994).

Esta nueva forma de producción y distribución de bienes y servicios se corresponde con lo que algunos autores denominan economía informacional (Castells, 1999). En ella, la productividad y la competencia dependen en forma creciente de la generación de nuevos conocimientos y del acceso al procesamiento de la información. De ahí que a partir de 1950 los insumos de la ciencia, la tecnología y la gestión de la información hayan sido decisivos en el incremento de la productividad y actúen como la base material para la integración de los procesos económicos.

En otras palabras, en la sociedad del conocimiento y la información, la mediación de la tecnología dejó de ser algo instrumental para transformarse en estructural. El gran cambio consiste en comprender que "la tecnología remite hoy no a unos aparatos sino a nuevos modos de percepción y de lenguaje, a nuevas sensibilidades y escrituras" (Martín Barbero, 2000).

La nueva economía depende en forma creciente de las innovaciones científicas y sus aplicaciones tecnológicas. Las modalidades de producción tienen un alto valor agregado en términos de conocimiento. Por primera vez en la historia de la humanidad la información y el conocimiento son a la vez el principal insumo y el principal producto.

Pero la velocidad de asimilación de los cambios tecnológicos es proporcional al nivel de acceso al mismo, algo que reproduce y aún amenaza con acrecentar las fuertes asimetrías que se producen en la población mundial. Un gran número de países viven de modo desigual el ingreso a esta nueva sociedad. Las nuevas tecnologías no tienen un crecimiento y una distribución pareja a lo largo y ancho del planeta. Su expansión se produce en el marco de estructuras sociales y productivas consolidadas, que albergan largas tradiciones. Los efectos de su desarrollo se producen e inciden desigualmente en el centro y en la periferia  del sistema mundial.

Esta brecha, por lo tanto, adquiere mayor dimensión cuando corroboramos que, ante la complejidad de los nuevos patrones de organización social y económica y fundamentalmente a partir de las políticas des-reguladoras de los años ochenta y noventa, lejos de generarse más igualdad e integración social, se ha provocado un incremento del malestar y la incertidumbre, un aumento de las desigualdades, una ampliación de los sectores vulnerables y de los excluidos, una disparidad de oportunidades y una inestabilidad laboral cuyo impacto se ha traducido en un acceso desigual a servicios como la educación4, la salud, la protección social, el agua o la electricidad.

Se ha producido lo que Alain Tourraine comentaba en un artículo publicado en el diario El País (agosto 1999): "Hemos abierto nuestras economías; ahora hay que volver a abrir las puertas de la sociedad a todos los que fueron excluidos y arrojados a espacios donde se reúnen la desesperación y la violencia".

La sociedad del conocimiento y de la información conlleva así el riesgo de una polarización social entre dos modelos de organización del trabajo: el modelo taylorista para tareas más banales y estandarizadas y una organización del trabajo más flexible para quienes desempeñan tareas más cualificadas. Una polarización que se da también entre empleos formales y seguros y una proliferación de empleos periféricos, precarios y subcontratados. Una polarización que se extiende hasta el acceso al conocimiento y a la información, donde los empleos precarizados impiden acceder a ese "aprendizaje a lo largo de toda la vida" que se promueve como centro del nuevo paradigma social. Se conforman de ese modo una serie de barreras que frenan el ritmo de reducción de la pobreza y obstaculizan el desarrollo (Conde y Garrido, 2001).

En este contexto, además, la experiencia de un gran número de países ha venido a desmentir la identificación taxativa del desarrollo con el crecimiento económico, una premisa cuya evidencia parecía estar fuera de toda duda en los inicios de la década de los 90. Más bien, se ha insistido con énfasis en que no sólo el rendimiento económico, sino el desarrollo mismo, dependen del desarrollo social, de la reducción de la desigualdad, de la eliminación de la discriminación y de una serie de factores que exceden el mundo económico.

Los países periféricos tendrán que definir estrategias de desarrollo integrales para insertarse críticamente en el nuevo contexto, contemplando los problemas de inclusión (deuda social) los problemas del presente (deuda externa, privatización, restricción del empleo y gasto público) y los desafíos del futuro (las nuevas tecnologías) Existe consenso en reconocer que en las condiciones que adquieren los estilos de desarrollo emergentes, vinculados fuertemente a la expansión del conocimiento, el papel de la educación es y será cada vez más significativo para garantizar una ciudadanía plena y una integración equitativa en las nuevas sociedades.  

Exclusión social

En estas nuevas circunstancias, aumentan los riesgos de exclusión social, hasta el punto de que esta realidad ha llegado a suscitar una creciente preocupación. Hay que recordar que la noción de exclusión social nace a raíz de la crisis del Estado de bienestar. Desde las posiciones neoliberales, el Estado de bienestar se considera un freno para el crecimiento económico, por lo que hay que desmantelarlo o al menos reducirlo drásticamente (Lenkow, et al, 2000). Con su desmantelamiento, la política social pierde sentido, lo que produce que aumenten las desigualdades sociales y la vulnerabilidad corra el riesgo de convertirse en exclusión radical.

Según Ramón Cotarelo, con los sistemas democráticos es muy difícil debilitar los Estados de bienestar. No obstante, el estancamiento al que están sometidos hace que se incremente la demanda por parte de los beneficiarios de la política social, que trata de ayudar a aquellas personas que están comparativamente peor y de recuperar e integrar a los excluidos o marginados sociales (Cotarelo, 1992).

Cuando se produce este aumento de la demanda y el Estado no puede darle respuesta, se crea un problema (asociado a una población) susceptible de ser gestionado. Es entonces cuando la exclusión se convierte en categoría de políticas públicas, ya que incluye a la vez una dimensión cognitiva, relativa a la problematización de lo social, y una dimensión de acción, de actuación sobre lo social (Autes, 2000).

Así pues, las dificultades de integración y los riesgos de precarización afectan sensiblemente a ciertos colectivos, mientras que por otro lado también aumenta la sensación de inseguridad y vulnerabilidad en todo el cuerpo social (López Hernández, 1999). Desde este punto de vista, la exclusión se desplaza hacia sectores centrales de la sociedad, produciéndose una modificación en la estructura de la misma. Lo importante hoy en día no es tanto su posición de jerarquía sino su centralidad.

De acuerdo con esta evolución, el concepto de exclusión se desliga del de pobreza a principios de los años noventa designando una nueva forma de problematizar la cuestión social. Los cambios producidos a nivel estructural desplazan el debate hacia el concepto de exclusión, que engloba la pobreza pero va más allá en tanto que designa la dificultad para el desarrollo personal, la inserción socio comunitaria y el acceso a los sistemas preestablecidos de protección (Brugué et al, 2001)

La mayoría de autores coinciden en que la exclusión es un fenómeno social estructural, dinámico, multifactorial y politizable. Estructural, ya que hace referencia a las desigualdades sociales a través de la historia; dinámico, en cuanto a su carácter cambiante respecto a personas y colectivos sociales; multifactorial, porque es debido a un cúmulo de circunstancias desfavorables e interrelacionadas; y politizable porque es abordable desde las políticas públicas o sociales.

Tema 5

La salud en la Venezuela actual

 En Venezuela se está conformando un nuevo sistema de salud. Constituye uno de los segmentos socioeconómicos de mayor incidencia social por su valor cuantitativo en el índice de desarrollo humano. Sin duda es el resultado de las ingentes inversiones públicas desde 2002-2003, aunque la génesis de esta nueva "salud" en Venezuela se encuentra en los primeros años del proceso político nacionalista conocido popularmente como "revolución bolivariana". Este nuevo mapa de salud se apoya en la Misión Barrio Adentro, uno de los programas sociales de mayor trascendencia en la reciente historia nacional, si es medido por sus efectos territoriales en salubridad masiva. Como todo lo que se hace con la movilización social, no viene solo.

Para el establecimiento de esta Misión se encadenaron decisiones y convicciones políticas dentro y fuera de Venezuela (por ejemplo, Cuba que aportó 14 mil médicos y su experiencia internacional en asistencia primaria). Una de las convicciones decisivas fue la de los barrios obreros y pobres que sostuvieron el programa en todos los sentidos, no sólo yendo a curarse, también ejerciendo la defensa de los módulos y sus clínicos. Esto constituyó una movilización social y una batalla ideológica.

Sería inconcebible el triunfo de Barrio Adentro, sin la profunda movilización política registrada en Venezuela desde 1998, especialmente cuando esta acción de masas adquirió carácter revolucionaria en 2002. En esa medida Barrio Adentro y la nueva salud venezolana constituye una conquista social.

Es sencillo, la Misión Barrio Adentro no hubiera sido posible sin no lo sostenía el poderoso movimiento social bolivariano que apoya a Chávez.

Sus efectos positivos están impactando en forma inmediata sobre todos los segmentos de la población, en esa perspectiva su acción tiene alcance territorial. Ha servido para ayudar a sostener la estabilidad etaria, el equilibrio sanitario ambiental (relación individuo—ciudad—naturaleza), la reducción en las tasas de morbilidad y mortalidad, la estabilidad en el empleo productivo y el estado de felicidad individual y social. Como programa social en pleno desarrollo, vive atrapado en la dialéctica del impacto de lo nuevo, que por eso mismo es frágil, bajo el peso muerto de lo rancio.

 LA MÁS ÚTIL DE LAS CONQUISTAS

 Hasta 1998, Venezuela era valorada por los barriles de crudo en el mercado mundial, sus teleculebrones y las reinas de belleza que salían de sus pasarelas.

Esa imagen bizarra comenzó a modificarse en 1999 en el terreno político. Desde la acción revolucionaria de abril de 2002, y 11 meses después, la conquista de PDVSA, la sociedad venezolana dio un salto en histórico en el desarrollo de sus logros. Cada uno de sus segmentos sociales comenzó a transformarse. La salud fue uno de ellos.

Se evidencia desde entonces, una transformación radical en los ritmos de construcción del proyecto nacionalista del gobierno. Lo que permanecía dormido se despertó bruscamente, lo que era lento se aceleró y lo indefinido comenzó a contrastarse, a la luz de la más grande movilidad social y toma de conciencia política vivida por Venezuela desde la Revolución del 23 de Enero de 1958.

Si 1999 fue el inicio de las transformaciones políticas e institucionales, abril y diciembre de 2002 fueron la espita para las conquistas sociales.

Lo logrado en la salud, educación, soberanía petrolera, soberanía estatal; más reciente lo que ha comenzado en la propiedad de la tierra, entre otros planes de menor dimensión, constituyen pilares.

Pero la más útil y trascendente de todas las conquistas, la que sostiene la legitimidad social del proceso y el gobierno venezolano actual, es la conciencia política adquirida por la población. Sin ella todo sería volátil.

 ENTRE MALES, REMEDIOS Y "DOCTORES"

La cuantificación de esta realidad emergente, en el terreno de la salubridad, comienza por el dato del universo poblacional atendido. El servicio público sanitario de nivel primario alcanzó entre 1999 y 2004, a más de 12 millones de personas. Esto, en relación con lo obtenido en ciclos históricos anteriores, representa una novedad.

Tomaremos dos ciclos, el que va de 1950 a 1980 y el que comienza en 1981.Todo lo bueno acumulado en servicio de atención primaria a la salud, después de la Revolución del 23 de Enero, hasta 1980, se derrumbó entre 1981 y 1998. Así lo señalan taxativamente, autores como Augusto Galli y Haydee García, en el libraco "El Caso Venezuela. Una Ilusión de Armonía" (Capítulo 19, "El Sector Salud: Radiografía de sus males y de sus remedios". Compiladores: Moisés Naim y Ramón Piñango, Ediciones IESA, 2ª Edic. Páginas 452 a 470. Caracas 1985)

Naim y Piñango tuvieron el mérito de dirigir en 1980 el más completo estudio de la realidad venezolana, bajo orientación ideológica y financiera de la gran burguesía neoliberal de entonces. No por casualidad, es el mismo grupo social que en 2002 apoyó el golpe de Estado y que en 2005 -o 2010 no importa- daría cualquier cosa con tal de ver pulverizadas las Misiones sociales: sus peores enemigas en el largo plazo. En 1981, cuando hicieron "El caso Venezuela. Una ilusión de armonía", tenían el objetivo de reconstruir el país que se les comenzaba a ir de las manos.

Ese libro fue un proyecto de país en los papeles. Un proyecto de "doctores". Hoy, ya ni eso les interesa. Les bastaría con reconquistar PDVSA.

 LA RUINA DE UN SISTEMA DE SALUD VULNERABLE

Todo lo que se construyó como "sistema de salud" en Venezuela después de la II Guerra Mundial fue frágil y condenado a la decadencia, porque no se asentó en el criterio matriz de la atención masiva estructural y permanente. El criterio fue el negocio, el privado y el otro.

Al revisar el estado de la salud en las tres décadas que fueron de 1950 a 1980, estos autores cuentan en el libro de Naim y Piñango que "Al observar la evolución del gasto en salud se aprecia que este ha pasado de 21 bolívares per cápita en 1950, a 398 bolívares en 1980. Sin embargo, tal como lo evidencia el Cuadro 4, en ese mismo período el porcentaje del presupuesto del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social (MSAS) con respecto al presupuesto nacional pasó de 7,5 por ciento en 1950, a 6,1 por ciento en 1980" (pág. 456)

El valor nominal de la cantidad de bolívares per cápita invertidos desde 1950, se diluyó por acción inflacionaria y perdió valor acumulativo en el desarrollo del sector salud, al reducirse históricamente su inversión global, bajando en 1,4 puntos mientras la población se multiplicaba a razón de 2.8 promedio anual, o sea, el doble.

Más grave aún, los autores indican que la inversión destinada a "medicina preventiva y saneamiento ambiental" se redujo en la mitad en el período tratado. Del 28% alcanzado en 1950, se redujo al 14 por ciento en 1980. Eso se tradujo en un grave déficit acumulado de camas médicos y enfermeras hospitalario por habitantes. El medicamento venezolano de ese período fue el segundo más caro del continente latinoamericano. Sólo Perú superaba a Venezuela en el costo social promedio por medicamento. Un estudio realizado por la Organización Panamericana de la Salud (1984), mostró que un modelo de precio construido con 30 medicamentos básicos de atención primaria, dio este resultado: Mientras en Perú esa unidad abstracta costaba al público 3.7 dólares, en Venezuela costaba 3.5 dólares. Ambos países estaban por encima de todos los demás del grupo latinoamericano.

El resultado fue la consolidación de la medicina privada orientada por el lucro individual, que en Venezuela creció en desmedro de la pública. 68% del mercado nacional de la salud (medicamentos, material médico y atención) se realizaba en el sector privado.

Siguiendo la información del texto mencionado de Naim y Piñango, es fácil comprender por qué la salud de la sociedad venezolana se redujo a niveles de miseria en la década de los 90. A la reducción del gasto social histórico se sumaba anualmente el desarrollo de los servicios privados de atención médica y la indefensión inmunológica de los habitantes por la desatención de la prevención. Mientras el rubro "Servicio ambulatorio y preventivo" (del cuadro 5 del capítulo, página 458 en el libro citado) ocupaba el 24.1 por ciento del gasto porcentual del MSAS en 1950, en pleno auge de la dictadura perezjimenista, reflejando los ingresos petroleros de Postguerra, esa realidad cambió en 1980. Este "Servicio", fundamental en el equilibrio sanitario, tanto para la defensa frente a las infecciones como para la resistencia inmunológica humana, se redujo al 9,8 en el gasto del MSAS. Una reducción de casi dos tercios.

"El énfasis en lo curativo y no en lo preventivo ha llevado a que el problema de la "enfermedad" se trate de resolver con un enorme despliegue de recursos, lo que ha significado, entre otras cosas, la construcción de los más modernos hospitales dotados de la más moderna tecnología. Mientras tanto, el individuo y la comunidad han quedado al margen de esfuerzos destinados "a mantenerse sanos" como serían la prevención de la enfermedad, y la educación para cuidarse a sí mismo y proteger sus derechos a una mejor calidad de vida".

Sólo faltó un dato clave en esta ecuación de la salud: la alimentación, que en el modo de vida capitalista depende de un ingreso salarial periódico, es decir del trabajo, o sea, de los dueños del trabajo.

No sólo no se prevenía la enfermedad, tampoco se curaba a la mayoría de la población, que terminaba acudiendo a la medicina privada, a la espera de meses o años por una cama en el Seguro Social... al más inmediato y barato "sistema de salud", la curandera del barrio. Con los riesgos conocidos.

No hay mejor manera de medir los resultados desastrosos del capitalismo venezolano bajo la administración de la "IV República", que conocer la evolución de las principales causas de muerte. Según el cuadro confeccionado por los autores referidos hasta ahora, 7 de las 10 principales causas de muerte en el país en 1972, habían crecido en 1980. O sea, toda la "inversión" pública en salud, terminó en otra cosa que no fue la población venezolana. (Ibid, pág. 455, Cuadro 2: Principales Causas de Muerte 1950-1980)

1981: SEGUNDO CICLO DE CAÍDA INEXORABLE

Un especialista de la Comisión Económica de América Latina (CEPAL) determinó las causas del desastre de la salud en Venezuela desde 1981. La investigación y la redacción del informe estuvieron a cargo del especialista Marino J. González R. Se llamó "Reformas del sistema de salud en Venezuela 1987-1999: Balance y perspectivas. Editado en Santiago de Chile, junio de 2001 por la Unidad de Estudios Especiales, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL. En ese trabajo, Marino informa lo siguiente:

"La cobertura de los servicios de salud del Instituto Venezolano del Seguro Social (IVSS), especialmente del FAM, se ha estimado en 35% de la población total (incluyendo los trabajadores asegurados y sus familiares) en 1998 (D´Elia 2000)"

El autor señala un dato: "La cobertura de otras instituciones contributivas no se publica de manera regular", dato que no es menor porque encubría dos grandes tendencias: la reducción drástica del servicio sanitario que brindaba el Estado y los grandes negocios legales e ilegales que realizaban las multinacionales de la medicina.

El autor acudió a muestras empíricas que resultaron suficientes como ilustraciones del drama. Sobre todo porque aleja la lectura del Informe de la frialdad de las estadísticas y nos acerca al mortal común que expresa su indefensión social.

"La Encuesta Social de 1998 (elaborada por la Oficina Central de Estadística e Informática, OCEI) incluyó en una de sus preguntas la cobertura de seguro social, más no la de otras coberturas de sistemas de salud. Lamentablemente no se pudo contar con la base de datos que permitiera identificar la cobertura al menos de la seguridad social. Sin embargo, otras áreas de dicha encuesta permiten aportar algunos elementos indirectos (González y Molina 2000)

Por ejemplo, que "el 8% de las personas que presentaron trastornos agudos reportaron que acudieron a los servicios del Seguro Social". Que "el 33% de los entrevistados manifestó la asistencia a consultorios o clínicas privadas."

"El resto de los entrevistados (poco más del 60%) reportó su asistencia a instituciones públicas. En el caso de aquellos que reportaron la realización de exámenes de laboratorio, casi el 60% señaló que acudió a centros privados o religiosos. Este hallazgo es coincidente con las reiteradas quejas de los usuarios sobre la dotación de los centros de salud del sector público", resalta el Informe.

"Pareciera que las instituciones públicas sólo atienden las demandas de servicios de laboratorio a una fracción (posiblemente 50%) de los usuarios que consultan por problemas de salud."

Más grave es el caso de atención a los problemas de salud crónicos. "El 10% de los pacientes acudió a servicios del IVSS, más del 40% de los pacientes acudió a instituciones privadas o religiosas. El 40% de los pacientes fue atendido en instituciones públicas no dependientes del IVSS."

Y el secreto de los secretos de la sanidad humana: "El 50% de los pacientes que reportó la imposibilidad de realizarse exámenes complementarios, señaló que la causa era la carencia de medios económicos. El 80% de los pacientes que reportó la imposibilidad de adquirir medicamentos indicó que se debía a la carencia de medios económicos."

En líneas generales se puede inferir que la cobertura real de los servicios públicos, especialmente aquellos del MSDS, es menor en los casos de trastornos crónicos. Más del 50% de los pacientes por estas causas son atendidos en instituciones del seguro social o en el sector privado.

En el caso de los pacientes que consultan por dolencias agudas, este porcentaje es ligeramente menor. "Pareciera, en consecuencia, que la demanda de servicios en instituciones privadas es superior a lo tradicionalmente aceptado."

 1987-1998: EL DERRUMBE

La miseria ampliada que definió a la sociedad venezolana en 1998, comenzó a gestarse a comienzos de los años 80 y se implantó masivamente entre mediados de esa década de déficits en el gasto social y casi toda la década de los 90 cuando esos déficits y malversación de dineros públicos, se transformaron en derrumbe.

La señal de ese fenómeno en el terreno de la lucha de clases fue la insurrección del Caracazo (febrero de 1989) los brotes de insurrección militar de 1992 y la más intensa y extensa lista de luchas de todos los tipos en la sociedad que haya vivido Venezuela desde 1958-1960 (Margarita, CLACSO, Caracas/Buenos Aires, 2003) El dato es conocido: El 82 por ciento de la población venezolana ya vivía en la miseria en 1992.

Una sombra grotesca del derrumbe de la salud del venezolano hasta 1999 fue la cantidad de leyes, Decisiones y Decretos ejecutivos que sirvieron para todo, especialmente para la propaganda de Estado, pero no para curar. Más de 10 años de reformas que no reformaron nada. Así lo muestra el investigador Marino J. González en su informe a la CEPAL:

"Entre 1987 y 1999 Venezuela ha ensayado diferentes tipos de reformas en el sistema de salud. En dicho período se sucedieron las siguientes reformas: (1) Ley del Sistema Nacional de Salud de 1987, (2) descentralización de servicios de salud (a partir de 1990), (3) reestructuración del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) en 1992, y (4) aprobación de la propuesta de reforma del Subsistema de Salud de la Seguridad Social en 1998.

A pesar de que todas estas reformas se han concretado en instrumentos legislativos o reglamentarios, el proceso de implementación ha sido difícil e infructuoso en todos los casos."

El principal efecto de este desastre se verificó en la salud de la población. El sistema sanitario que comenzó a desarrollarse en 1936 y acumuló algunos éxitos relativos en la década de los años 60 (Ver Naim y Piñango, 1982) fue destruido durante casi 15 años.

 LOS QUE NUNCA VIERON UNA JERINGA

Hasta 1998, la red de salud pública atendía a un poco más de 2 millones de ciudadanos por año, en una evolución histórica que comenzó en 1950 con poco más de 280.000 personas atendidas por el Estado.

Entre mediados de 2002 y el primer semestre de 2004, el universo total anual atendido ascendió hasta una nueva escala anual: 11.230.000 personas.

Desde el punto de vista de la atención este dato constituye un hecho revolucionario, una conquista social. Sus beneficiarios así lo entienden políticamente. Sólo así se entiende que el apelativo "Barrio Adentro" sea sinónimo en Venezuela de salud, atención sanitaria inmediata y gratuita. De hecho, reemplazó en la memoria social a instituciones de salud como IVSS y otros, que por medio siglo fueron, en el mejor de los casos, referencia difusa de ese servicio básico. En el peor, IVSS simboliza en la memoria popular corrupción, ineficacia, angustia.

Esta transformación radical del servicio de atención primaria universal comenzó en 2002, aunque tuvo sus primeras iniciativas en entre el 2000 y el 2001.

El técnico de la CEPAL dio cuenta en su informe de estos precedentes: "El sector salud ha recibido especial atención por parte de los niveles ejecutivos y legislativos nacionales. La Asamblea Nacional deberá legislar en el año 2001 en las áreas de seguridad social y salud. Las características y consecuencias de la nueva legislación afectarán, sin lugar a dudas, el sistema de salud de las próximas décadas." Sin embargo, el nuevo sistema de salud en Venezuela sólo puede ser medido a partir de 2002-2003, con el programa Barrio Adentro y las inversiones de 2002-2003.

DOS RIESGOS DE MORTALIDAD

Desde junio de 2003 se ha complementado con la ampliación de inversiones en áreas y ramas de atención compleja, como la oncología, el Sida y otros.

La nueva orientación de las inversiones del Estado y su modo de ejecutividad impusieron una modificación radical de las formas de inserción. La mayoría de las decisiones e inversiones en materia de salud y atención están concentradas en el gobierno central, muchas a expensas de la parte útil acumulada en el Ministerio de Salud y Desarrollo Social (MSDS) y otras dependencias.

Este emergente sistema de salud en Venezuela está en proceso de desarrollo. Ese mismo hecho obliga a pensar en los riesgos que lo acechan.

No es la primera vez en nuestro continente, que un gobierno o proyecto político adelanta planes de desarrollo en la salud o la educación. Argentina, Uruguay, Chile y Costa Rica lo han hecho entre la década de los 40 y la de los años 70.

El desafío de la nueva red de salud en Venezuela es impedir su decadencia, corrupción y quiebra, como ha ocurrido en cada uno de los países señalados. De todos, el ejemplo más contratante es el de Argentina. Este país contó con uno de los mejores sistemas de salud del hemisferio hasta que fue destruido por las privatizaciones y la corrupción interna.

Cuba es el único caso donde el sistema de salud ganó escalones de desarrollo positivo en la atención primaria y en algunas ramas de medicina compleja y no retrocedió a los niveles de desastre de los otros países señalados. Ese se debe a que en Cuba la salud es parte integral de una cadena de conquistas sociales regidas por la ausencia de criterios capitalistas en la atención sanitaria. Destruir la salud cubana exigiría derribar en forma simultánea toda o buena parte del sistema político, económico y social instaurado por las revoluciones de 1959 y 1963.

La "revolución bolivariana" no alcanzó aún ese nivel de profundización política y económica. El nacimiento del nuevo sistema de salud es frágil en términos históricos y comparativos. Podrá sobrevivir y consolidarse si logra encadenarse a otras transformaciones similares en toda la estructura política y económica del Estado y la sociedad.

En esa perspectiva, el nuevo sistema de salud creado por la "Revolución bolivariana" contiene dos riesgos ingénitos. El principal peligro está en el peso ganado desde 1959 por los sistemas de salud privados, cuyos criterios éticos, económicos y políticos tienen como único fin el lucro individual, no la asistencia sanitaria de la población. En este caso la salud es apenas una más de las mercancías de un sistema mundial, que tiene su base en el control imperialista de la biotecnología, las patentes y moléculas.

El segundo peligro es un epifenómeno del anterior, no por eso de menor peligrosidad. Se llama corrupción. Nace en el negocio privado y termina en el funcionario, no al revés. Se perfila como el principal factor de distorsión y peligro para el sistema sanitario que está creando la "revolución bolivariana".

 LA SALUD PÚBLICA EN VENEZUELA HOY

Marco histórico de la salud en Venezuela. Precedentes.

La salud pública en Venezuela siempre ha sido una asignatura pendiente, aun suponiendo una necesidad ineludible y un derecho básico para todo ser humano.

La asistencia médica siempre fue un privilegio sólo apto para las clases altas, ya que la clase media y baja a duras penas llegaban a pagar un análisis rutinario o cualquier atención primaria. Estas clases privilegiadas, a pesar de venir fortaleciendo la sanidad privada y de no hacer nada antaño por que se implantara un sistema justo y solidario de salud pública, sí que han venido achacando el problema de muchas generaciones al actual presidente de la República Bolivariana de Venezuela.

A continuación pasaremos a criticar, de manera constructiva, todos aquellos aspectos positivos y negativos con los que, tras más de ocho años de mandato de Hugo Chávez en el país, se encuentra el venezolano cuando requiere de atención médica. Pero antes haremos una breve introducción para situarnos en los antecedentes históricos y comprender así qué avanzó y qué sigue igual en el tema de la sanidad.

En 1.998, un 80% de la población era pobre (gran parte de ellos en la más absoluta pobreza) y estaba privada de educación, que a pesar de ser gratuita era de pésima calidad y no llegaba a todos los rincones y barrios. Una población pobre e inculta era un caldo de cultivo para los gobernantes más ambiciosos, que no tenían la más mínima intención de cambiar el panorama para no encontrarse con un pueblo preparado que decidiera su propia y justa administración. Un bien básico como la alimentación, apenas contaba con algunas tiendas mal repartidas por el país de precios solidarios, con productos de mala calidad y normalmente ausentes en las escasas estanterías, en lugar de ello se repartía alguna que otra bolsa de comida por los barrios más desfavorecidos cuando se acercaba la campaña electoral o había una celebración importante, por lo que los fondos destinados a alimentación se perdían de mano en mano y de bolsillo en bolsillo entre unos pocos burócratas sin escrúpulos. Los productos alimenticios de primera necesidad como la leche, los huevos o la carne no tenían sus precios regulados por el Estado. Una población pobre y desnutrida tenía en consecuencia otro enemigo mayor, si cabe, que acentuaría aún más la injusticia social en el pueblo venezolano: la nulidad del sistema sanitario.

En Venezuela la red hospitalaria era muy deficiente, sin un mínimo de personal y sin medios para tratar la mayoría de los males. Ése 80% de la población pobre, no encontraba en sus barrios ningún tipo de ambulatorio o asistencia sanitaria, teniendo que desplazarse a las grandes ciudades para buscar una posibilidad de ser atendido con un mínimo de dignidad, siempre que tuviera la suerte de llegar cuando aún quedaban recursos medicinales.

Hoy en día, el país cuenta con una serie de medidas que se están haciendo efectivas pero que no llegan aún a alcanzar el nivel mínimo deseado en materias de sanidad. Es un largo proceso que requiere de mucho tiempo pero del cual debemos exigir y esperar resultados provisionales que se vayan estabilizando y que muestren un claro camino hacia un gran sistema de seguridad social sanitaria. A continuación procedemos a analizar esos puntos positivos y negativos por los que, hasta el día de hoy, ha pasado y pasará a corto plazo el proceso.

Como medidas de carácter urgente, aplicación inmediata y eficaz para atender a la población desde el mayor al menor grado de des favorecimiento, surgen una serie de misiones llamadas Barrio Adentro 1, 2, 3 y 4 (hasta la actualidad) y Misión Sonrisa (asistencia dental).

  HISTORIA DE LA SALUD EN VENEZUELA

Jesús Eloy Gutiérrez

Hace algunos años vengo observando con marcada alegría el desarrollo de una nueva línea de investigación  por parte de los historiadores venezolanos. Se trata de las investigaciones relacionadas con la historia de la salud en Venezuela, impulsadas por el historiador Germán Yépez Colmenares desde el Instituto de Estudios Hispanoamericano de la Universidad Central de Venezuela. Dichas investigaciones han llevado a que nuevos colegas sensibles a lo social se dediquen al estudio especifico de temas de salud y que algunos estudiantes de historia   e  historiadores noveles hayan decidido iniciarse en ese sentido. La labor del profesor Yépez Colmenares para motivar el interés  por estos tópicos ha sido incesante: motivando a los estudiantes desde su cátedra en la Escuela de Historia de la Universidad Central de Venezuela; a través de sus conferencias leídas en diversas partes del país y del extranjero; en sus artículos de prensa y de revistas especializadas;  y en la organización de los simposiums sobre investigación en historia de la salud en Venezuela.

Fruto de esta última iniciativa se ha publicado el libro Historia de la Salud en Venezuela, en el cual se recogen doce  ponencias presentadas en el primer simposium sobre la historia de la salud venezolana,  realizado en Caracas durante el mes abril  de 1998.

La publicación de este libro es de vital importancia para la historiografía venezolana, ya que  son muy pocos o inexistentes los trabajos científicos sobre la historia de la salud de nuestro país. En ese sentido este texto se  erige como  un manual de referencia obligada para médicos, investigadores, docentes, políticos, estudiantes, planificadores y público en general. Además se convierte en el pionero no sólo en condenzar en una sola publicación el resultado de investigaciones de largos años sino que da la oportunidad de conocer a nuevos investigadores en el área de la salud. 

El trabajo se podría dividir fácilmente en cuatro partes. En una  primera, a través de los trabajos de los médicos Mary Zamora Romero y  José Esparza  se define el marco teórico-literario de dos tópicos esenciales en salud: Etiología, epidemiología y clínica de viruela  y Sobre el origen histórico del virus de la vacuna. La segunda parte podían ser  dos trabajos específicos ubicados en el período colonial venezolano:  La reacción de la Iglesia Católica ante la epidemia de viruela en la ciudad de Caracas 1763 y 1777, de Iliana Gómez Tovar  y  La incorporación de la vacuna antivariólica en Puerto Cabello en 1804, de David Martínez. En una tercera parte que nos ubica en el siglo XIX se pueden agrupar los trabajos de Antonieta Camacho: Salud, alimentación y mano de obra agrícola en la cuenca de Valencia (siglo XIX); Consuelo Ramos de Francisco: La pediatría venezolana a través de su literatura; y Luis García Bermúdez: El suministro de agua y las condiciones de vida en Caracas durante el septenio 1870-1877. Finalmente están los trabajos de Rigel Ochoa: Las condiciones sanitarias del Acueducto de Caracas 1908-1935; Germán Yépez Colmenares: Acciones antimalaricas en Venezuela antes de Malariología; Omar Roa Véliz: Maracay, La Comisión Rockefeller y la epidemia de paludismo de 1930-1931; José Gregorio Brito: La primera Conferencia sanitaria Nacional y la anquilostomiasis; y Marco Tulio Mérida con Demografía histórica y mortalidad infantil en Carabobo 1936-1995, que estudian aspectos específicos de la salud venezolana del siglo XX.

Estas investigaciones pretenden ser "resultados que permitan evaluar el impacto de las enfermedades en el proceso de formación de nuestras sociedades, en su dinámica económica, política, demográfica, en su cosmovisión de los procesos relacionados con la salud-enfermedad". Hoy  todo ello cobra vital importancia, ya que a raíz de la reestructuración del Estado,  se plantea la puesta en práctica de nuevas políticas sanitarias, para lo cual "es necesario estudiar y evaluar la eficacia o ineficacia de políticas sanitarias instrumentadas en el pasado para combatir estas enfermedades que hoy adquieren características endémicas, epidémicas y en algunos casos amenazan con convertirse en verdaderas pandemias" (p.11).

La aparición de esta obra es producto de la tendencia, cada vez más, hacia la especialización y profesionalización que vienen adquiriendo nuestros estudios históricos y a  la concienciación (aunque no plena para algunos sectores decisivos del país) que se ha tomado en la sociedad venezolana de la necesidad de apoyar la investigación científica y humanística. La labor  desempeñada por los consejos de desarrollo científico y humanístico de las universidades nacionales y por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicit), por mencionar sólo dos de las más importantes, es una muestra de esa realidad.

Sin dudas este trabajo motivará nuevas investigaciones relacionadas con la historia de la salud que permitan obtener una interpretación más sólida de nuestra sociedad. Hacia este último objetivo apuntan nuestros deseos de que se siga este ejemplo en otras áreas de la historiografía venezolana que aún gozan de virginidad.

Historia de la Salud en Venezuela (Coord. Germán Yépez Colmenares). Caracas, Fondo Editorial Tropykos-Conicit, 1998, pp.248.

 LA SALUD PÚBLICA VENEZOLANA: ENTRE EL COMPROMISO SOCIAL Y LA ECONOMÍA DE MERCADO

 

Teresa Gamboa Cáceres

En un trabajo previo discutimos la relación entre la coyuntura política, económica y social y las características de los modelos de salud en Colombia, Chile y Venezuela, que nos permitió establecer cómo la primera influye significativamente en la posibilidad y alcance de las reformas; igualmente discutimos las limitaciones para llevar a la práctica un modelo ideal, independientemente de su formulación legal, puesto que las condiciones de la realidad van imponiendo ajustes más allá de la voluntad de sus diseñadores (Gamboa, 1998).

En esta oportunidad, queremos discutir las características peculiares de la coyuntura político social venezolana, y las oportunidades que ella representa para el desarrollo de un modelo determinado de salud.

La coyuntura política: ¿revolución, populismo o neoliberalismo?

Venezuela vive actualmente un momento especial de su historia: después de 40 años de una democracia ineficiente y corrupta, bajo la dirección de los partidos tradicionales que surgieron y se consolidaron durante el siglo pasado, la nación ensaya un proceso inédito de cambios en democracia, que ha ocasionado el desplazamiento de dichos partidos en la escena política y el renacer de la esperanza popular. El proceso es indudablemente difícil, pues como afirmara el Presidente Hugo Chávez: "Ser y pretender transformar es un compromiso serio que requiere mucha convicción, fortaleza y meditación para avanzar contra esas corrientes, además de convencer a la gente de recorrer nuevos caminos" (Blanco Muñoz, 1998).

Como es conocido, el actual Presidente de la República irrumpe en el escenario político venezolano el 4 de febrero de 1992, como líder de un intento de golpe de estado, resultado de un trabajo creativo y sistemático de organización, planificación y accionar político de casi quince años, iniciado formalmente al crear en el ejército al MBR 200 (Movimiento Bolivariano Revolucionario 200), al cumplirse el bicentenario del natalicio de Simón Bolívar (Blanco Muñoz, 1999; Zago, 1998). La crisis política, acelerada por la rebelión militar, conduce finalmente a la destitución del entonces presidente Carlos Andrés Pérez, quien ya había sufrido en 1989 una revuelta popular contra las medidas de ajuste neoliberal, implantadas a escasas tres semanas de su asunción al poder, revuelta que concluyó en una masacre sin precedentes (Ochoa Antich, 1992). Este evento - al decir de Leonardo Vivas (1999,33) -"cambió radicalmente, sin que nos percatáramos enteramente, la manera de registrar los eventos sociales y políticos de la nación".

Detenido y encarcelado por dos años, Chávez obtiene en 1994 del entonces Presidente Caldera el sobreseimiento (no el indulto) por la rebelión militar, y se dedica a recorrer el país, acumulando fuerzas y promoviendo originalmente la abstención hasta 1998, año en que lanza su candidatura presidencial con la propuesta de una Asamblea Nacional Constituyente y reorganización del gobierno, como únicas ofertas electorales, de carácter eminentemente político, a un país en franco deterioro económico, político y social. El MBR se transforma por impedimentos legales en MVR, Movimiento V República, en alusión a la nueva república que pretende contribuir a desarrollar.

En una carrera política sin precedentes, Chávez es electo Presidente en diciembre 1998 contra todos los pronósticos del estatus, contra la alianza de todos los opositores, contra la acción sistemática de los medios de comunicación. Inmediatamente inicia el proceso constituyente: referéndum para su convocatoria, elección mayoritaria de constituyentes del MVR, cierre del antiguo Congreso, discusión pública de la nueva Constitución, aprobación en referéndum del nuevo texto constitucional, incluyendo la modificación del nombre del país - República Bolivariana de Venezuela - y finalmente relegitimación de todos los poderes a escasos dieciocho meses de su primera elección. Es necesario reconocer que se produjeron 68 impugnaciones de un total de 774 cargos electos, que están siendo analizadas por el organismo electoral; igualmente hubo algunos conflictos locales (sobredimensionados en los medios de comunicación) por desconocimiento de los resultados oficiales, de los cuales diez días después sólo se mantienen dos protagonizados por los gobernadores salientes de los Estados Mérida y Yaracuy (socialdemócratas), quienes se niegan a entregar la Gobernación.

Durante el año y medio que estuvo centrado en el proceso político, el país ha vivido un clima de confrontación verbal, que en algunos momentos llegó a la agresión física entre los adherentes a los sectores en pugna. Como resultado, los dos grandes partidos tradicionales prácticamente desaparecieron como bastiones políticos, al punto de no llevar candidato a la presidencia de la República. Perdieron todas las gobernaciones importantes y se convirtieron en fracciones minoritarias de la Asamblea Nacional Legislativa. Sin embargo, lograron mantenerse en menos de la tercera parte de las alcaldías menores.

La dirigencia joven de los partidos tradicionales conformó nuevos grupos políticos, con los cuales logró conservar algunas posiciones en aquellas regiones donde los liderazgos locales habían desarrollado una labor de gobierno significativa; igualmente lograron conquistar las tres alcaldías menores del Distrito Capital, correspondientes a los sectores medios y altos de Caracas. Además pasaron a formar parte de las fracciones minoritarias del Parlamento.

Por su parte, la coalición oficial controla la Asamblea Nacional Legislativa, la mayoría de las gobernaciones y un número significativo de Alcaldías. La oposición carece de líderes con proyección nacional y de un discurso trascendente. La mayoría de los gobernantes electos de la oposición no tradicional declararon su disposición a colaborar con el gobierno central.

La base de la posición gubernamental respecto al rol del Estado Venezolano, se fundamenta en los principios fundamentales de libertad, justicia, igualdad, solidaridad, democracia, responsabilidad social, preeminencia de los derechos humanos, ética, pluralismo político y participación protagónica popular, establecidos en la Constitución (ANC, 1999, art. 2,62). Además, parte de la siguiente convicción: si bien el mercado posee una eficiencia relativa para resolver problemas de distribución de recursos en el corto plazo, es inoperante para asignar recursos financieros, técnicos y humanos necesarios en una perspectiva de desarrollo a largo plazo, así como para la prestación de los servicios sociales necesarios.

En consecuencia, el gobierno bolivariano no renuncia a la intervención estatal como ente regulador y redistribuidor de recursos; por la misma razón, la Constitución consagra el rol del Estado en la dirección de la industria petrolera y de otras industrias básicas, así como en la redistribución de la renta correspondiente (ANC, 1999, 302), y consecuentemente, el gobierno actual asume responsablemente el liderazgo del cartel petrolero, en defensa de la estabilidad de los precios.

El gobierno del presidente Chávez se ha caracterizado por el predominio de la visión de largo plazo y por la defensa de los intereses de los sectores populares "el soberano", que ha impuesto su voluntad en este proceso y ha visto concentrar esfuerzos en el pago de la denominada "deuda social" de hecho y de derecho, como el reconocimiento de la deuda laboral por prestaciones sociales, la cancelación de deudas salariales acumuladas. El incremento de la pensión a los jubilados y su pago oportuno. Clara evidencia de la conjugación de la visión de largo plazo con la de corto plazo, ha sido la respuesta dada a la tragedia ocurrida en Vargas en Diciembre de 1998. Aunque se atiende la necesidad inmediata, no se pierde vista la construcción de largo plazo, por lo cual la investigación y la planificación juegan un rol fundamental.

El presidente ha cuestionado sistemáticamente el neoliberalismo salvaje, cuyos efectos nocivos han sido reconocidos incluso por estudios del BM y del BID. Al respecto afirma Vilas (1995: 17-18):

Existe relativo consenso sobre el impacto nocivo del ajuste neoliberal y de la reforma del estado sobre las condiciones de vida de amplios segmentos de la población latinoamericana. Para algunos se trata de un efecto de corto plazo que una consistente y sistemática aplicación del enfoque permitirá revertir gracias a la reactivación de las inversiones y del crecimiento; para otros, el deterioro social es consecuencia e incluso requisito del esquema; para otros más, el enfoque simplemente agrava las tendencias inerciales del modelo de acumulación vigente: reducida y precaria generación de empleo, concentración de ingresos, exclusión social, que son aspectos inherentes a la creciente subordinación de la economía real a la economía financiera que el ajuste neoliberal involucra. Cualquiera sea la hipótesis que se adopte, todas ellas coinciden en que el nivel de vida de importantes sectores de la población trabajadora y de las clases medias, así como la sobre vivencia de franjas amplias de la empresa latinoamericana, han sido dos de las más sensibles "variables de ajuste" de las economías locales a la economía mundial.

El gobierno de Chávez ha realizado privatizaciones, ha cumplido rigurosamente con el pago de la deuda externa, así como ha honrado la deuda heredada con el sector privado por el "draw back". Igualmente ha ofrecido infructuosamente exoneraciones fiscales a los empresarios a cambio de empleos generados, los ha incluido en diversas comisiones y en giras internacionales con miras a la apertura de nuevos campos de negocios. Por otra parte ha dedicado ingentes recursos al desarrollo de infraestructura, ha brindado apoyo crediticio público y dedicado esfuerzos a la negociación con las entidades financieras para bajar las tasas de interés.

La gestión de Chávez es criticada por los dos extremos: para la derecha es "víctima de la obsesión igualitaria", promueve las cooperativas, crea inseguridad para la propiedad y le atrae el modelo cubano (El Nacional, 13-08-00); según la izquierda recalcitrante no hace ningún esfuerzo por implantar un modelo radical socialista.

Evolución del modelo de salud venezolano

Es durante el siglo XX, cuando el gobierno venezolano asume su responsabilidad con la salud de los venezolanos: la Oficina de Sanidad es creada en 1911, en pleno inicio de la actividad petrolera, mientras el Ministerio correspondiente se crea tan solo en 1936, después de la muerte del dictador Juan Vicente Gómez y ocho años más tarde el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales. El derrocamiento de Pérez Jiménez, el dictador de mediados de siglo y el advenimiento de la democracia a comienzos de los años 60 genera una ampliación de los servicios, especialmente de educación y salud, como estrategia consensual ante el auge de las luchas populares y por la profundización del modelo de sustitución de importaciones, o de economía hacia adentro, que requería ampliar la capacidad para el consumo interno.

LOS CUATRO MODELOS DE ATENCIÓN DE LA SALUD DESARROLLADOS PROGRESIVAMENTE, FUERON:

a) Modelo de atención amplia y libre acceso, que incluye los servicios de malariología y saneamiento ambiental financiado básicamente con recursos fiscales; la infraestructura de atención constituía en la década de los ochenta una de las mayores de América Latina, con una capacidad de 2,7 camas por cada mil habitantes. Los hospitales y ambulatorios públicos funcionaron gratuitamente durante la primera época democrática, pero al iniciarse la crisis a comienzos de 1980 fueron estableciendo modalidades de recuperación de costos por servicios prestados, así como fundaciones por especialidades que actúan como clínicas privadas dentro de la infraestructura pública.

b) Modelo de atención de acceso restringido, correspondiente al Seguro Social y diversas instituciones similares de previsión social para grupos específicos de trabajadores, logrados en los convenios laborales. El Seguro Social ha sufrido diversas crisis, producto tanto de la corrupción como de la evasión del pago porparte de los empresarios.

c) Modelo de atención privada, de carácter empresarial, según demanda y pago por servicios prestados, correspondiente a las clínicas, que también han sufrido los embates de la crisis.

d) Modelo de medicina prepagada y seguros de hospitalización: que prestan servicios directos a los afiliados o bajo contratos con clínicas privadas, los cuales han crecido a medida que se deterioran los servicios públicos y se encarecen los servicios de las clínicas.

En los años noventa, la crisis económica, política y fiscal, así como las presiones de los organismos multilaterales empujaron hacia una reforma general de la administración pública, cuyas características fundamentales serían la administración tecnocrática basada en la eficiencia, la privatización y como medida previa, la descentralización (Ochoa Henríquez, 1996). Esta reforma se inició en aquellas instituciones vinculadas directamente a la economía, vale decir: empresas del estado, organismos tributarios, puertos, aeropuertos, etc.

La reforma del sistema venezolano de salud se inicia con la descentralización; es un proceso que lleva más de una década sin resultados integrales, desarrollado en un clima de confrontación social e inestabilidad política.

La reforma propuesta e iniciada a mediados de los noventa incluía los siguientes aspectos (Rondón Morales, 1996,32, 169):

a) Cambio del nombre de Ministerio de Sanidad y Asistencia Social por el de Ministerio de salud, para eliminar el carácter formal asistencialista.

b) Crear un Consejo Nacional de Seguridad Social y Salud.

c) Reducir la intervención del Estado en la prestación de los servicios

d) Establecer tres modelos de gestión seriamente competitivos, que ofrezcan planes obligatorios de salud: modelo público abierto con sistemas de recuperación de costos, modelo de seguridad social de acceso restringido y modelo privado.

e) Sustituir el financiamiento a la oferta por el financiamiento a la demanda.

f) Convertir los hospitales y otros establecimientos públicos en empresas sociales del Estado, condición para la autonomía institucional.

g) Desarrollar un sistema escalonado de tarifas y un mecanismo estratificado de costos a subsidiar.

h) Reducir el 75% del personal obrero y administrativo no productor de servicios de salud.

Como puede observarse, a los diferentes elementos de la propuesta subyacen las características de los modelos privatistas y el énfasis en la eficiencia, promovidos por los organismos multilaterales, sin definiciones claras de un sistema integral; esto responde a la política de desarrollo progresivo de los cambios, sin recurrir a políticas de shock que puedan generar resistencias organizadas. El segundo gobierno de Rafael Caldera, motivado por la crisis fiscal y por la presión de los organismos multilaterales conforma una Comisión Tripartita (Ejecutivo, Fedecámaras y Central de Trabajadores) para proponer las reformas en dos sistemas vitales: el de prestaciones sociales y el de seguridad social. El proceso de concertación entre cúpulas, fue dominado por la representación empresarial y se realizó carente de consulta, discusión e información a la nación.


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