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¿Es posible construir el concepto de teología de la liberación desde la espiritualidad de Jorge Camilo Torres Restrepo? (página 2)

Enviado por jota romero

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Es así evidente la necesidad imperiosa de garantizar el poder por parte de ciertos sectores del clero católico romano en en la modernidad europea.

Otro ejemplo nos servirá para ilustrar la figura del empobrecido y sus relaciones con sus opresores directos e indirectos, ubicando como punto de gravedad el fenómeno de lo pedagógico en éste momento histórico. El interés por ubicar epistemológicamente la figura del sujeto niño nace no por un querer de ampliar el horizonte conceptual, sino por la necesidad de ampliar y garantizar un grupo poblacional que continúe las lógicas de ciertos estamentos clericales católicos, fundamentalmente. Podemos ver que luego de las acciones contrarreformitas de tales, el surgimiento de comunidades religiosas (y la liquidación de otras tantas que no se ajustaban a la nueva atmósfera de la modernidad naciente; además el fortalecimiento de aquellas comunidades que apoyaban incondicionalmente los proyectos papales de gobernabilidad mundial) que propendían al "amparo de la niñez"; otros la educación de los hijos de los comerciantes y la alta burguesía mercantil, de manera que desarrollan todo unos programas que apuntaban a crear métodos para la enseñanza de este grupo poblacional, con el fin de controlar sus acciones y mantenerlos por un lado, bajo una moral de resignación de su destino, junto a la contención de sus energías, por medio de la escuela como experimento de vigilancia, castigo y control moral e ideológico que junto a los albergues y hospitales cumplen dichas funciones de control social.

Ha de anotarse obviamente, que no se piensa en ningún momento en la acción entorno a la temprana edad por razones filantrópicas ni mucho menos aquellas que son auténticamente cristianas, en su gran mayoría de casos, si no para garantizar un orden mundial, que se confirmaría con el tratado de Tordesillas y sellado con sangre de príncipes y habitantes del espacio que ellos denominaban "el paraíso" (Vidart, 1987:15-34).

Por otro lado, en el periodo de industrialización europea, la figura de la infancia y el obrero vuelve a salir con fuerza. La diferencia de éste momento histórico con el anterior depende del papel histórico que ahora toma este sujeto[9]La participación en un espacio geográfico y económico: la fábrica. Aquí se pone en evidencia su figura activa en los proceso de producción fabril, en los principales epicentros de los grandes Estados Nacionales emergentes. Lo anterior, es producto de las condiciones catalizantes del desplazamiento forzado de cierto número de campesinos hacia las grandes urbes, encaminadas a la producción a grande escala, produciendo así, el nacimiento de una nueva clase social: el proletariado industrial. Aquí el surgimiento de esta clase social significó todo un fenómeno histórico de movilidad social. Se presenta en primer lugar – como se anotó anteriormente – un paso del campo a la ciudad; segundo, la incorporación al trabajo prefijado en un espacio y tiempo; tercero, el cambio del paradigma de lo popular en relación a los medio de producción; y cuarto, las formas de relacionarse entre los trabajadores y los obreros. Siguiendo la lectura marxista de este hecho social, encontramos que las relaciones de producción se agudizaron hasta el punto de provocar la participación de los niños en la industria. La vinculación de ellos en el mundo laboral depende de los siguientes factores, a saber: primero, la no existencia de legislación que prohibiera dicha participación o por lo menos regulara tal. Segundo, el discurso aún no fortalecido del estatuto de infancia (Álvarez, Varela: p. 13).

Aunque filósofos como Rousseau (1712-1778) plantea en el Emilio[10](1762) su novela pedagógica, una idea nacida de presupuestos iluministas, por ejemplo, que el niño es un ser indefenso y necesita ser protegido, la infancia como un intervalo de tiempo en la vida del hombre y su necesaria mención, de manera que aquí el papel juega una función capital en el proyecto social y político que da a conocer en su contrato social; y como un medio para hacer efectivo este proyecto histórico, se necesita reconocer el sujeto infante y hacerlo partícipe de este ideal. Cuarto, el factor "necesidad", hace que la remuneración de quienes aportan en los tugurios obreros, no sea suficiente y sea este elemento que dinamice la participación de ellos al centro fabril. Es por ende, que es bien factible el reclutamiento de menores y mujeres, principalmente por parte de los industriales.

La reacción de sectores de la izquierda revolucionaria hace patente de manera unívoca la no participación de los niños[11](Marx, Engels, 2003: p.36) en el trabajo fabril y la gratuidad de la escuela para ellos, (además la combinación del la formación de la escuela encaminada la producción fabril y agrícola). Los procesos de información de sus comunicados se hacen efectivos gracias al género periodístico naciente y de gran acogida en la segunda mitad del siglo XIX. De manera simultánea, comunidades del clero católico fundan asociaciones que apuntan de manera única a la formación de los niños obreros, con el fin de prepararlos para su futuro en la fábrica, alejarlos de cualquier atmósfera revolucionaria (izquierda) y ciertamente, crear en ellos procesos de enseñanza- aprendizaje para su futuro laboral o académico en el mejor de los casos. Un claro ejemplo de ello es la Sociedad Salesiana, o conocida más por el nombre de los "Salesianos", fundada por el italiano Juan Bosco (1815-1888). Manifestándose una vez más la presencia del Dios de la historia a favor de sus predilectos.

Por otro lado, ya para el año de 1891 el Papa León XIII, publica su encíclica Rerum Novarum (Sobre las cosas nuevas, o sobre la cuestión obrera, si se quiere) en donde abre la llamada producción de la doctrina social de la Iglesia que apunta a analizar el fenómeno del obrerismo y sus condiciones contextuales a la luz del magisterio de la Iglesia (NNN). El interés del pontífice consistió en hacer una primera aproximación al fenómeno del industrialismo, las relaciones entre el obrero y el patrono y las observaciones que hace desde el magisterio sobre éste respecto. León XIII, inicia su reflexión desarrollando unas ideas entorno a la libertad de los hombres y el mal uso que le dan a ella; seguidamente, deja entrever las condiciones evidentes entre ricos y pobres: que una cantidad bastante reducida tiene en sus manos la acumulación del capital, mientras que la inmensa mayoría gana sueldos de hambre, y que reclaman mayor justicia para consigo mismos. Inmediatamente, el sumo pontífice declara de manera muy vehemente el mal uso y la desorientación que están dando los socialistas al problema del obrero, pues – dice él –que las propuestas sobre la eliminación de la propiedad privada para luego ser trasferida en manos de la comunidad es impensable, pues sería esto un gran delito incurrir al debilitamiento de las estructuras republicanas y al agitación entre las naciones, por medio de vías violentas. Y como no entender este fenómeno de defensa de la propiedad privada, si con la ejecución del Concilio Vaticano I, los Estados pontificios se unen y conforman el Estado Vaticano; además la urgencia de fortalecer la operatividad de los Estados Nacionales que no solo se presentaban en el territorio del pontífice, sino en toda "la Europa de la máquina del ferrocarril".

La defensa a capa y espada de la propiedad privada en la encíclica es una constante discursiva. Además la no profundización de los elementos causales del ingreso del obrero a la fábrica, junto a las condiciones dialécticas que le corresponde vivir para ganarse el pan, diciendo textualmente: que "el obrero presta sus fuerzas o habilidades", a otro para conseguir bines materiales para su subsistencia. Argumentos que van desde lecturas poco críticas hasta interpretaciones acomodadas de la literatura bíblica sobre la defensa de todo "aquello que le es natural al hombre" (Cfr. Num. 4-9). Hacen de su exposición pastoral un análisis del fenómeno obrero simple en términos concretos, por el contrario, exalta apologéticamente la propiedad privada. Por otro lado, las indicaciones que les da a los patronos, son algo vagas – desde mi punto de vista – pues no analiza la dinámica de la plusvalía o la ganancia desde ángulos cuantitativos, sino más bien espiritualistas[12]Finalmente, ha de reconocerse el empleo de categorías de la naciente Economía política y la apertura a los estudios, exposiciones e interés por el problema del obrero y las relaciones con el magisterio eclesiástico que nace en éste momento histórico, y que posteriormente en Vaticano II las tomará conservando sus proporciones respectivas.

Tuvo que pasar casi cincuenta años[13]para que las publicaciones papales en materia social manifestaran abiertamente su interés por la cuestión del proletario, ahora no solo del obrero industrial, sino del grueso de la clase menos favorecida. Razones por las cuales no hubo atención por dicha cuestión, básicamente son las siguientes: primera, el ingreso de Europa en las guerras mundiales. En donde la primera, se confrontan los imperios por el control de los mercados y las materias primas que se encuentran en sus colonias. Segundo, la revolución Rusa hace de sí un paradigma para las colonias, haciendo de la lucha revolucionaria un camino científico[14]encaminado a la emancipación de los imperios. De la misma manera, muestra que no solo es el capitalismo la única forma de producción existente, la única estructura de ser, sino que demuestra que se puede construir una sociedad que tiende a ser justa y democrática. Tercera, el periodo de entre guerras, forjó expresiones políticas y económicas que pensaban en exaltar la idea de la raza pura y los valores nacionalistas exagerados[15]Cuarto, la segunda guerra mundial, la eliminación aparente de las fuerzas políticas Nacionalsocialistas y fascistas, en el marco de su práctica política y económica evidente en algunos países de Europa principalmente; seguidamente, la acentuación de los dos bloques económicos: el capitalísimo y comunismo, respectivamente.

Las dinámicas de emancipación, o guerras de liberación nacional, se convierten en elementos comunes en los mal llamados países del "tercer mundo". Guerras de independencias tardías en Latinoamérica y el Caribe, movimientos indígenas que hacen suyo el discurso de territoriedad[16]la revolución cubana se convierte en el paradigma político de ésta parte del globo; hacen de este momento de la mitad del siglo XX un escenario preparatorio para las prácticas sociales, políticas y económicas seguros para las actividades a realizar en los muy agitados años sesenta.

La reflexión teológica avanza y supera ciertamente los tratados neotomistas heredados del concilio Vaticano I (1869) concentrando algunos de sus planteamientos teológicos en principios de los nuevos paradigmas de las ciencias sociales (hermenéutico y crítico). En lo relativo a las ciencias humanas se presentan propuestas filosóficas de orden antropológicas (existencialismo[17]Teólogos como Karl Ranher, dan un viraje en la reflexión de la teología católica, en caminada a entender la historicidad de la teología, y ver como Dios habla y actúa con el hombre en la construcción de su ser-histórico y deber-ser. Centros académicos como la Universidad de Lovaina, en cabezan estudios de "avanzada" en lo concerniente a los estudios socioeconómicos y su formación interdisciplinaria que suministraba a sus estudiantes. Un epicentro, un hervidero político propicio para levantar voz en grito frente a los hechos que acontecen en el mundo. Provoca todos éstos factores históricos en la persona Angelo Roncalli, un cristiano comprometido por la causa del hombre desde esferas ecuménicas y abiertas a la renovación, leyendo el accionar de Dios en estos difíciles años. Veamos.

Juan XXIII, o conocido también con el nombre de "el Papa bueno" publica en los años de 1961 su encíclica Mater et Magistra y en 1963 Pacem in Terris. Estas dos obras de la doctrina social de la Iglesia tuvieron amplísima acogida por los fieles católicos y "hombres de buena voluntad" (Ioannes XXII, 1963). Por primera vez en toda la historia del mundo, un pontífice pone de manifiesto un cierto grado de apoyo a las formas sociales de organización, haciendo especial énfasis a aquellas que propenden por la lucha de los derechos y deberes (Ioannes XXIII, Cfr. Num.11-35) de los hombres y mujeres[18]

La acción magistral de este pontífice redundo en muchos campos: académico, social, pastoral, político, económico, etc. Su obra profundiza sobre los temas que inician sus predecesores, y además de ello él da su propia mirada respecto al estado de cosas en el mundo (Ioannes, 1963:Num. pp.63-45) y a través de ella da las pertinentes orientaciones pastorales que correspondan. El rostro amigable que manifestó en sus obras dejó relucir sin lugar a dudas su espíritu ecuménico, expresado en el diálogo Inter-religioso que materializó el 25 de enero de 1959 cuando convocó a la Iglesia católica a los "hombres de buena voluntad" a las sesiones del Concilio ecuménico Vaticano II (1962-1965), que se realizaron con el fin de concretar discursos teológicos y prácticas pastorales – fundamentalmente – conformes a los nuevos tiempos, "conforme a los signos de los tiempos".

El Papa bueno, aumenta en simpatía cuando explica en sus encíclicas la muy sentida necesidad de abanderar los procesos de renovación y defensa por las clases menos favorecidas. Denuncia abiertamente las injusticias y explotaciones que cometen los grandes industriales y banqueros a obreros y campesinos. El apoyo una vez más del magisterio a las clases populares (obreras (os), campesinas (os), artesanas (os), desempleadas (os), etc.) para la libre asociación para obtener "sus fines propuestos":

De la sociabilidad natural de los hombres se deriva

el derecho de reunión y de asociación; el de dar a

las asociaciones que creen la forma más idónea

para obtener los fines propuestos; el de actuar

dentro de ellas libremente y con propia responsa-

bilidad, y el de conducirlas a los resultados previs-

tos (Ioannes XXII, Num. 23)

Aunque Juan XIII, respecto a las guerras de liberación nacional, planteó su posición:

Evolución, no revolución. No faltan en realidad

hombres magnánimos que, ante situaciones que

concuerdan poco o nada con las exigencias de la

justicia, se sienten encendidos por un deseo de

reforma total y se lanzan a ella con tal ímpetu,

que casi parece una revolución política.

Queremos que estos hombres tengan presente

que el crecimiento paulatino de todas las

cosas es una ley impuesta por la naturaleza y

que, por tanto, en el campo de las instituciones

humanas no puede lograrse mejora alguna si no

es partiendo paso a paso desde el interior de las

instituciones. Es éste precisamente el aviso

queda nuestro predecesor, de feliz memoria,

Pío XII, con las siguientes palabras: No en la revolución,

sino en una evolución concorde, están la

salvación y la justicia. La violencia jamás ha hecho

otra cosa que destruir, no edificar; encender las

pasiones, no calmarlas; acumular odio y escombros,

no hacer fraternizar a los contendientes, y ha

precipitado a los hombres y a los partidos a la dura

necesidad de reconstruir lentamente, después de

pruebas dolorosas, sobre los destrozos de la discordia

(Ioannes XXIII, 1963: Num. 161-162)

No obstante, su voz de pastor se hizo escuchar, pero no bastó con las recurrencias que hizo al papa que no manifestó su inconformismo frente al magnicidio nazi. Pues quienes emplearon las letras del Papa bueno se dejaron cautivar por su aire renovador y por el aggionarnamento, de vaticano II, para dar inicio a su empresa revolucionaria, que para ellos era una acción fundamentalmente cristiana, y no era producto de "ímpetu", sino resultado de un serio estudio de las estructuras sociales que hacían de la clase popular festín de la historia no popular; y por tanto dieron su vida para hacer de este espacio-tiempo por un auténtico reino de Dios en la tierra, en últimas, por cumplir el amor eficaz de Dios en cada uno de las naciones que en donde les correspondió vivir, en el paraíso terrenal llamado América Latina.

Por su parte el presbítero Camilo Torres entiende que la revolución es un cambio de estructuras sociales, políticas y económicas, por parte de las clases populares, en relación a la tenencia de la tierra, la planificación económica, la nacionalización de todas las fuentes de producción, a fin de favorecer a las mayorías desposeídas. Lo anterior se logra por medio de la violencia o no. Todo depende como las clases dominantes lo quieran, cuales fueren las formas de resistencia que ellas ejerzan para soltar el poder a las manos del empobrecido.

2.2- Directrices de la espiritualidad camilísta

Camilo entiende que en la medida que exista circunstancias[19]que impidan a los hombres y mujeres entregarse a Cristo, el presbítero está en la obligación de combatir tales circunstancias; más aún cuando estas se hayan convertido en obstáculo para la celebración Eucarística. Así pues, hasta que no desaparezcan las circunstancias que impidan la entrega del hombre (que no haga de la práctica del amor un acto efectivo, un acto de amor al prójimo) a Dios, dicha celebración no podrá ser ofrecida de forma auténtica por parte de la comunidad y de quien que oficia.

Luego, para hacer efectivo el amor se necesita unas prácticas concretas de éste. Es bien importante, entonces la práctica de un apostolado cristiano que trabaje estas dinámicas Éste último es entendido como las acciones encaminadas para arraigar o incrementar el Reino de Dios en la tierra (Torres, 1965: p.7-8). La práctica apostólica en dirigida a construir el reino de Dios en la tierra (la tenencia de la vida abundante) es sinónimo de justicia (dentro del corpus paulimun) y de vida (en San Mateo).

En éste orden de ideas, camilo en su hacer pastoral llevó acciones encaminadas al trabajo integrado con las comunidades populares de Colombia, y en particular con las ubicadas en los llamados cinturones de miseria en la ciudad de Bogotá.

En su papel como presbítero de la Iglesia católica, entiende que su labor como la de Jesucristo era que todos sus fieles – sus hermanos – tuviesen vida, y vida en abundancia (Jn XVI, 2) y correría el riesgo que fuera para lograr tal cometido, aún cuando le constara su vida. A sabiendas, que el trabajo apostólico no genera logros visibles de manera inmediata, sus resultados son de orden trascendentes.

Los indicios de la vida sobrenatural o trascendente, se evidencia gracias a la ejecución de unas formas inmanentes, a saber: primera, la lectura de las Escrituras; segunda, la oración, sacramentos y la misa; tercero, profesar fe en Jesucristo. No obstante, la práctica de tales no dan indicio absoluto de la vida sobre natural, pues se puede hacer uso de tales, aún cuando no exista caridad de por medio.

En últimas, no puede existir la vida sobrenatural, sino está atravesada por la caridad, el amor sobrenatural, la caridad eficaz- tal como le llamó él -

Para que exista caridad verdadera (amor verdadero) se necesita que existan obras a favor del prójimo, pues serán éstas – dice Camilo – las que nos enjuiciarán o servirán de factor de apelación para nuestra salvación o condenación, respectivamente.

El problema de la salvación de quienes no profesan su fe insertas (os) en la Iglesia católica fue una cuestión resuelta por Camilo, que pone de manifiesto su personalidad ecuménica frete a las circunstancias de ese momento histórico, y que a mi juicio, el clero vaticanista debiera revisar y bajarse de su pedestal de omnisapiencia, de manera que escuchara las voces y experiencias de las gentes y así pudiese encontrar al Cristo cósmico que Theilhard de Chardin predicó, y al Cristo obrero e histórico que hizo efectivo Camilo con su coherencia teórica y pastoral. Camilo cree sobre este respecto que existen obras no sobrenaturales (lectura de la Escritura, la oración. etc.), pero que pueden se ciertamente buenas. Para que estas sean sobrenaturales necesitan la gracia, para lo cual es indispensable tener Fe aún cuando sea ésta implícita.

La recepción de los sacramentos produce vida sobrenatural, sin la presencia de la caridad efectiva (la entrega a los hermanos hasta las últimas consecuencias), y estas se hacen materiales bajo la coyuntura en la que vivimos. Éstas son las prácticas pastorales que se mueven en dos frentes, a saber: primero, el problema social, y el segundo, el pluralismo. Veamos. El primer frente, supone el entender las circunstancias históricas que nos ha tocado vivir. Es posible ver este problema a la luz del magisterio de la iglesia, no obstante la técnica y la ciencia – como lo recalca Camilo – son indispensables en la acción pastoral. Éste frente, apunta a las soluciones de cuestiones materiales a favor del prójimo, a fin de ser éstas acciones expresiones del amor efectivo en la actualidad en la cual se viva. El segundo frente, el pluralismo, aporta al acto pastoral, entendiendo éste como el conjunto de social en cuanto complejo y variado.

Es así que cuando los seres humanos se comprometen con un proyecto histórico común en bien de la humanidad, pasando de presupuestos teóricos a planos prácticos, implica esta opción dos consecuencias evidentes, a saber: primera, aceptar las consecuencias[20]que implique el proyecto histórico común o el programa con el cual se afilie. Segundo, rechazarlo, es sinónimo de no ver las bondades que pueda tener éste. El pluralismo da elementos esenciales parar unir a los partidos políticos, grupos religiosos, asociaciones filosóficas, etc.; todo esto en un partido político con ideales comunes para luchar y lograr el poder para las clases populares: El frente unido del pueblo. La unidad (combatir el sectarismo) y organización son pilares de este partido propuesta política lazada por el padre Torres. Sus planteamientos van desde la socialización de los medios de producción hasta la tolerancia religiosa y la reivindicación de la mujer.

Finalmente, La opción del Sacerdote Torres por el ingreso a la insurgencia: (1965) al ELN, radica en el absoluto convencimiento en la lucha insurgente como una forma para alcanzar el poder y de esta manera, hacer de éste proyecto un elemento que transparente el amor eficaz.

En vista de la no respuesta masiva de las gentes en proyecto insurgente, decide él ofrecer[21]de su vida por la causa de la revolución, pues de ésta manera hace efectiva su labor sacerdotal que consiste en llevar por el –amor- mutuo -al -amor –de- Dios.

Su sacrificio lo hace aislarse de una de los "derechos" – como el mismo le llama – la celebración Eucarística (el culto externo), pensando que con el triunfo de la revolución, existan mejores condiciones que hagan de éste culto una experiencia de amor más auténtica.

Él se decide por esta opción, a fin para hacer más efectivo el precepto del amor – el mandamiento central del cristianismo – pues la norma de medida en la vida del cristiano es la caridad, el cual deber estar trazada por amor sobrenatural. Es como decide Camilo correr con los riegos que esta decisión implique y exija (pluralismo).

3)- Algunos presupuestos de compresión sobre la teología de la liberación en América Latina y el Caribe

Tomaré textualmente de uno de los autores más sobresalientes de la Teología de la liberación, a fin de proporcionarnos una definición precisa. Veamos:

3.1- "Algunas observaciones iniciales pueden ser de utilidad para empezar el análisis.La teología de la liberación es teología —es decir, es una reflexión sistemática y disciplinada sobre la fe cristiana y sus implicaciones" (Berryman, http//: www.ensayistas.org/critica/liberacion/berryman).

3.2- "la teología de la liberación es

  • Una interpretación de la fe cristiana a través del sufrimiento, la lucha y la esperanza de los pobres.

  • Una crítica de la sociedad y de las ideologías que la sustentan.

  • Una crítica de la actividad de la Iglesia y de los cristianos desde el punto de vista de los pobres." (Ibíd.)

La lectura desde aquello que es fundamentalmente popular, nacida de una coyuntura histórica (segundad del siglo XX) como traté de esbozar anteriormente. Es una síntesis sin lugar a dudas del binomio fe-historia, que surge desde las bases, desde la experiencia de un Dios que habla y actúa en la historia de las comunidades, bajo unas circunstancias de violencia, empobrecimiento, dolor y sangre. Desde aquí, desde la marginalidad, el discurso o la "reflexión sistemática" emerge con identidad propia que dista, evidentemente en ciertos casos, de los muy amplios y complejos tratados de algunos sectores eclesiásticos.

La teología de la liberación (TL), es sin lugar a dudas un problema para ciertos clérigos y laicos acomodados a su discurso y prácticas no populares. Es no solo una reflexión, es un tipo de organización popular, un estilo de vida, en donde las gentes leen su historia personal y comunitaria desde la luz de la Sagrada Escritura, con ópticas populares. Como lo enseñó el padre Torres y otros mártires latinoamericanos con su ejemplo[22]es una dinámica que no se puede entender sin una práctica concreta del amor al prójimo.

Finalmente, la TL no es una reflexión anacrónica, puesto que éste su objetivo no está fijado en el marxismo, su objetivo[23]está centrado en la persona del empobrecido, y hasta que no desaparezca su condición no desaparecerá la Teología de la Liberación como acción popular leída desde la fe del pueblo, que – reitero – por una parte, es un acto profético que denuncia las injusticias sociales[24]políticas, económicas y ecológicas, fundamentalmente; y alienta a las comunidades para que continúen resistiendo al sistema imperante e inhumano, con esperanza cristiana efectiva.

4)- Resultados

La pregunta problema (¿Es posible construir el concepto de teología de la liberación desde la espiritualidad de Jorge Camilo Torres Restrepo, Pbro.?) me planteaba uno desafíos concretos: primero, el camilismo se relaciona inicialmente con un discurso político, mi interés no era ahondar en este aspecto, sino en ver otra dimensión hasta ahora poco tratada: su espiritualidad. Por tanto, era indispensable pretender de adentrarse en este campo y desarrollar sus aspectos fundamentales. Era por ende, hacer surgir la relación entre fe e historia (espiritualidad), para luego proyectarla en la persona del padre Torres. El segundo problema era, desentrañar algunos elementos de la síntesis teológica de la liberación, y relacionarlas con el problema en cuestión.

Por ende, he concluido que:

4.1- Primero, la teología de la liberación es una reflexión respecto al problema, la crítica, y la acción pastoral sobre la persona del empobrecido. Que emplea el marxismo, interpretando su propia historia en relación a la lectura bíblica y la sociedad en la cual se vive.

4.2- Segundo, la espiritualidad cristiana (es un estado existencial) es un proceso fundamentalmente humano que está en movimiento, ordenado según unos valores y criterios inspirados por la Santísima Trinidad. Puesto que el hombre puede captar el actuar histórico de Dios en la coyuntura, en su historia; descubriendo de la misma manera el sentido total y parcial de su vida. Que implica una profunda reflexión sobre sí mismo y su contexto, desafiándolo a asumir unas prácticas concretas conforme a sus experiencias y convicciones más profundas

4.3- Tercero, La espiritualidad camilísta brinda elementos que sirven para la acción teórica de la Teología de la liberación, expresada en los documentos de Puebla, Santo Domingo y Medellín. Y luego, para el proyecto pastoral de las comunidades que optan en primer lugar por la lucha armada para alcanzar el poder (Nicaragua y Salvador) para las clases populares, con el fin de hacer efectivo el amor eficaz entre ellos mismos. Y segundo, aquellos que optan por el acompañamiento de los sectores populares con el fin de fortalecer su organización y hacer de ella epicentro de democracia popular (Brasil).

4.4- Finalmente, es y no es posible la construcción del concepto de teología de la liberación desde la espiritualidad de Jorge Camilo Torres Restrepo, Pbro. Veamos. Es, en cuanto como mencioné anteriormente, brinda elementos para la posterior teorización de este fenómeno popular, político y religioso. Y no es, en cuando el padre Torres, no fundó ningún discurso ni reflexión teológica alguna sobre este respecto. Escribió sus experiencias (espiritualidad) en demanda a su ser-histórico y deber-ser, como colombiano, sociólogo, sacerdote y cristiano.

5)- Bibliografía:

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5.2)- Fuentes primarias

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Andrés Gabriello & Javier Silva, "Camilo Torres, ¿capítulo cerrado?", El Tiempo, Nº 33.325, febrero 15 de 2006, pp. 1-2.

Libros

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Audio

Discurso Universidad Nacional de Colombia en: http://www.camilovive.org/crono/index.php?option=com_remository&Itemid=73&func=fileinfo&id=1

 

 

Autor:

José Joaquín Romero Basallo

[1] Tal como ella misma deja en claro sus planteamientos teológicos como norma normativa normada (NNN), es decir como un proceso que ha pasado por una minuciosa reflexión dogmática y luego hermenéutica del hecho histórico de Jesucristo o llamada también la norma normativa no normada (NNNN), y que bajo esto resignifica la actualidad de la comunidad de creyentes. Para que sea efectiva esta la hace un cuerpo de "expertos" o "iluminados" (in credendo), quines determinan todo aquello que debe ser creído por la comunidad de fieles (in docendo). De lo contrario, caería el creyente en un rechazo del dogma (anatema) y perdería el objeto vinculante de este hacia aquello que es considerado como factor universalizante de la fe.

[2] Tercera persona en la trinidad Cristiana, por lo menos en aquellas que son de líneas católica romana, ortodoxas y luteranas. Es el resultado de la reflexión exegética y filosófica de los padres (los apologistas) de la iglesia de oriente en la baja edad media: la escuela de Alejandría (145-395 d.C)

[3] El distinto a mí es la otredad básicamente; el que comparte conmigo un proyecto histórico común, pero que en ciertos momentos, difiere en posturas y formas de vivir. El otro, es lo trascendente, el ser que en los planteamientos teológicos es el reflejo mismo de la mujer y el hombre, aquel que es trascendente e inmanente simultáneamente

[4] Cabe anotar que no necesariamente se habla de espiritualidad al referirse a las vertientes cristianas. Es más, existen espiritualidades no cristinas, espiritualidades no religiosas. Esto se da por la razón que en su interior teorético y praxológico - si se quiere - no especifican una norma concreta de existencia desde elaboraciones ajenas al sujeto; sino son construcciones nacidas de experiencias muy propias (fundamentalmente existenciales), yo diría subjetivas, lo que sugiere que, primero se vive y luego se construye elaboraciones escritas. Por tanto, alguien espiritual no es necesariamente religioso, pues puede quedar este en la mera práctica de valores y criterios, sin pasar a ser parte de una estructura (agrupaciones sistemáticas de individuos en torno a lo sagrado, que hacen efectivo su ser trascendente por medio de prácticas o ritos una tradición concreta) religiosa, confesional o filosófica.

[5] Una respuesta concreta de culto, expresada específicamente a través de actos distintos (Varios autores: 7).

[6] Es particular, en cuanto al ser coherente el sujeto con su historia luchará por la realización personal sorteando las limitantes que surjan en el camino. Y es comunitario, en cuanto, cada una de las personas que avanzan en sus proyectos personales de vida, tienen la necesidad inherente de estar en relación social con el otro. Al ser un compromiso cristiano auténtico, existen unos valores y criterios de servicio, por ende de amor, que comprometen al creyente a actuar conforme a ellos; lo que finalmente lo lleva a comprometerse consigo mismo y con su próximo. O para fraseando al maestro Paulo Freire: "nadie se libera solo, los hombres se liberan en comunidad". (Freire, 1980)

[7] Empobrecido, entiéndase aquí como al sujeto proveniente de la clase menos favorecida que es arremetida por medio de las maquinarias económicas y políticas, las cuales simplifican su capacidad de adquisición material y espiritual o en palabras de Freire "de aquellas circunstancias que le impiden ser más".

[8] Me permito ejemplificar ésta escena histórica con un ejemplo europeo, sin ánimo alguno de eurocentrar el texto.

[9] En términos Foucaultianos sujeto, en voz Freiriana oprimido

[10] émile ou de l´en fance (O de la educación).

[11] No es posible hablar en este momento de niña, pues las condiciones de nombramiento de género se hace efectivo de manera clara en la primera mitad del siglo XX en su última etapa. Se utiliza el término genérico de niño, entonces para distinguir las figuras de niño, niña y lo que hoy conocemos como pre-adolescencia o niñez tardía.

[12] Término al cual se refiere Camilo Torres en su lectura sobre las dinámicas socioeconómicas en comparación a las formas de producción capitalistas y socialistas.

[13] Tengamos en cuenta que se publicó una encíclica social en el año de 1931, por parte del Papa Pío XI: Quadragesimo Anno (Sobre la reconstrucción del orden social); con el fin de hacer remembranza de la encíclica Rerum Novarum, y entender el periodo histórico de entreguerras. Aquí las consignas giraban en torno a la desaprobación ,el efecto de la codicia y el poder económico concentrado sobre los trabajadores y la sociedad; exige una distribución equitativa de los bienes según las demandas del bien común y la justicia social; protege el derecho y extiende la oportunidad de propiedad; afirma su propósito social y promueve la armonía entre las clases. Los planteamientos encontrados como se expuso anteriormente, dejan relucir la constante discursiva y la posición acomoda que toma el clero vaticanista en este capítulo histórico.

[14] En el socialísimo existen don brazos funcionales: el primero, socialismo utópico, el cual propende a manera a manera de formación ilustrada la adquisición de garantías, y derechos por parte de la clase obrera. El segundo, el socialismo científico, el cual a punta al estudio de la historia, la filosofía y la economía política para entender en primer lugar, las razones por las cuales se ha llegado ha este estado de cosas, para luego por medio de la acción violenta tomarse el poder. Ver: (V.Lenin,1973)

[15] Ha de anotarse que el la incursión de Mussolini en el año de 1935 invadió Etiopia con el fin de continuar su locura de revivir con sentido anacrónico el imperio romano y extender territorios de control italiano. Cosa bien curiosa que el papa Pío XII no se pronunció de forma radical al respecto a la invasión, tampoco en las excruentas prácticas en los campos de concentración nazi durante estos años.

[16] Aquí entiéndase por territoriedad, todas aquellas prácticas sociales, donde por medio se ejerce la lucha y la defensa por el control del espacio que han habitado por cientos de años, que sienten se les va a arrebatar. Cuyas razones van desde la remembranza a su pasado indígena hasta la coherencia con sus convicciones más profundas; apoyadas de cierto sector del clero católico y trabajo por parte de los grupos de izquierda (Galeano, 1970: p. 114-125).

[17] Fundamentalmente hablo de existencialismo para hacer énfasis sobre una de sus tres formas: la teológica u optimista, cuyos máximos representantes son L. Lavelle (1951), Gabriel Marcel (1973), y Renato Le senne (1973).

[18] Pues hasta éste momento la figura femenina carecía de participación el los documentos del magisterio eclesial, salvo en las ocasiones donde se hacia referencias al papel de la mujer como ama de casa, obrera de una fábrica, y las anotaciones respecto a la madre de Jesucristo (María) como ejemplo de mujer. En la obra de Juan XIII, es fundamental la acción histórica de la mujer y por tanto dedica en su escrito algunas palabras: "La presencia de la mujer en la vida pública. En segundo lugar, es un hecho evidente la presencia de la mujer en la vida pública. Este fenómeno se registra con mayor rapidez en los pueblos que profesan la fe cristiana, y con más lentitud, pero siempre en gran escala, en países de tradición y civilizaciones distintas. La mujer ha adquirido una conciencia cada día más clara de su propia dignidad humana. Por ello no tolera que se la trate como una cosa inanimada o un mero instrumento; exige, por el contrario, que tanto en el ámbito de la vida doméstica como en el de la vida pública, se le reconozcan los derechos y obligaciones propios de la persona humana" (Ioannes XIII, 1963: Num. 41).

[19] Y estas son las que la superestructura engendra gracias a las dinámicas productivas capitalistas. Y su expresión más próxima es la pobreza de las clases populares.

[20] El padre Torres, enfatiza que la opción por la toma del poder (el programa o proyecto histórico común) de las clases populares implicaba el uso de la guerra como medio para tal fin, y que las consecuencias de esta opción, será la lucha y el sacrificio de ésta generación, para que la próxima goce de los derechos que las oligarquías niegan (Proclama de Camilo, http://www.camilovive.org/crono/index.php?option=com_remository&Itemid=73&func=select&id=3

[21] ofrecimiento, u oblación en términos sacramentológicos, según los tratados Eucarísticos, donde Jesús es ofrenda, altar y víctima.

[22] Y otros laicos y sacerdotes como Monseñor Oscar Arnulfo Romero, se apropian de este modo de vida. Recordemos algunas de sus palabras: "Que este Cuerpo inmolado y esta Sangre sacrificada por los hombres, nos alimente también para dar nuestro cuerpo y nuestra sangre al sufrimiento y al dolor, como Cristo, no para sí, sino para dar conceptos de justicia y de paz a nuestro pueblo.".(Homilía 24 de marzo de 1980, VIII p. 384. Ver: http://servicioskoinonia.org/romero/homilias/indice.htm

[23] No es un discurso, porque la cuestión del empobrecido, no es un problema de discurso, es un evento innegable. Hace uso del marxismo en cuanto éste brinda elementos metodológicos para entender la historia y sus dinámicas presentes en ella.

[24] Cuestiones de mujer y género, afrodecendecia, en últimas grupos humanos que atraviesen por algún tipo de exclusión social. Denuncia las circunstancias económicas y políticas del sistema económico que explota y además, genera condiciones que destruye el ecosistema (ver: http://latinoamericana.org/2005/textos/castellano/Boff.htm


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