"¡No es justo!." "It"s not fair!" Son expresiones que, a menudo, escuchamos, provenientes de los labios de nuestros amigos, hijos, parientes, y pacientes --- de cualquier edad --- cuando confrontan lo adverso.
En respuesta a la impresión percibida de que la iniquidad es algo tan generalizado como desagradable, preparamos este artículo con la intención de explorar qué determina este sentimiento, y de cómo mejor enjaezar los conocimientos adquiridos por esta vía, para que éstos nos asistan en lograr mejores maneras de vivir nuestras vidas --- alcanzando nuestro objetivo sin tener que resignarnos, necesariamente, a lo que consideramos injusto.
Para conseguir nuestras metas estaremos asistidos por conocimientos derivados de la neurociencia, de la epigénesis, y del psicoanálisis.
En su libro The Drunkard"s Walk: How Randomness Rules Our Lives, el autor Leonard Mlodinow, reflexionando acerca de los efectos de la aleatoriedad, como principio de las ciencias físicas, nos ilustra de esta manera: "Las personas que fueran exitosas, en la vida y en la ciencia --- en casi todos los casos --- fueron miembros de un cierto grupo: el grupo de quienes no se dan por vencidos."

¡No es justo!
Para M.A. (quien nunca se diera por vencida)
Una paciente y su esposo, durante una sesión terapéutica tortuosa y cargada de emociones tristes, reflexionaban acerca de todas las extrañas infortunas que les han ocurrido en sus jóvenes vidas. Entre las últimas se encuentran, pérdidas de seres queridos, nacimiento de un hijo con malformaciones congénitas, mermas de fortuna y posición social, accidentes trágicos a seres cercanos --- con desenlaces amargos --- y mucho más --- ad infinitum.
Mientras hacían su relato, todo se detallaba como si fuesen anécdotas rocambolescas, expresadas con tono y manera pausados, y con aires de aceptación resignada.
¿La belle indifferénce? Lejos de así serlo, como ya tendremos la oportunidad de apreciar.
En medio de su peroración, la esposa, abruptamente se detiene, diciendo, "¡no es justo!", y luego me interpela de esta manera: "¿Conoce usted a alguien que haya tenido tanta mala suerte como la que se encuentra en nuestra familia?" Tomado de sorpresa, confieso la verdad. No, nunca recuerdo haber escuchado un relato, de infortunios humanos, tan desconcertante, como el que ellos hacen. Igualmente, admito no conocer personas quienes a ellos se parezcan, aunque --- expreso la idea de que, en algunos respectos --- muchos comparten miserias semejantes, si bien que todos no las toleran de idéntica manera.
Al final de la sesión de terapia intensiva, donde este intercambio ocurriera, no olvidé lo que, en la consulta surgiera, sino que me propuse a reflexionar en lo transcurrido, y en lo dicho.
Los sabios nos dicen:
"Si he visto más lejos (que. Descartes) ha sido porque he estado parado en los hombres de gigantes" (Sir Isaac Newton).
Y, como la leyenda nos dice, que Wilhelm Konrad Röntgen, balbuceara, al descubrir los rayos X: "yo no pensé, yo, experimenté." En éste, mi caso, yo, reflexioné.
Prosiguiendo

Resulta aparente, que de igual manera que existe un proceso filosófico inmanente y universal, que llamamos la Ley Natural --- responsable por el proceso de la justicia humana --- que igualmente coexisten pulsiones ingénitas que nos hacen reaccionar a los actos de injusticia que, en nosotros, o que en otros, percibimos. Algunos investigadores conocen esto último como "el instinto de la justicia" porque parece ser que nuestros cerebros responden, de manera refleja, cuando consideramos la inocencia o la culpabilidad de supuestos delincuentes --- aunque a quienes los últimos, hayan perjudicados con sus fechorías, fueran otros. Y que, aún siendo así, respondemos como si éstos nos hubiesen hecho el daño a nosotros mismos.
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