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Paradójicamente, el primer uso comprobado del alfabeto se encuentra en unas tabletas pertenecientes a la biblioteca de Ugarit (en el norte de Fenicia), cuya existencia se ha datado entre 1.600 y 1.200 a.C. aproximadamente; presentan un trazado cuneiforme (lectura de izquierda a derecha). Lengua: variedad del semítico occidental próxima al cananeo y al arameo.
La aparición del trazado que iba a convertirse en nuestro alfabeto se produce en Fenicia y en las regiones vecinas adyacentes, lo mismo por lo que respecta al cananeo que al arameo, de una manera segura hacia el año 1.000 a.C. por lo menos (1.300 respecto de ciertos monumentos fenicios según algunos arqueólogos).
Alfabeto de 22 letras, todas consonantes; de donde se ha deducido que se prescindía de las vocales, que no se podían ignorar, y que en realidad las letras representaban sílabas con vocal no indicada, estado intermedio entre el silabismo y el alfabeto completo.
Trazados de letras de dimensiones variadas, algunas de las cuales superan la doble línea ideal de los pequeños caracteres bien por arriba (palos), bien por abajo.
La impresión es de cursiva, con caracteres separados, trasladados secundariamente a la materia dura de los sarcófagos o de las estelas sepulcrales.
En las antiguas inscripciones, así como en la única inscripción que se conoce en moabita (otra lengua cananea), las palabras están separadas generalmente por puntos. La dirección es de derecha a izquierda.
El arameo, otra lengua semítica occidental, tenía en sus comienzos (¿hacia el año 1.000 a.C.?) casi las mismas formas de caracteres y el mismo funcionamiento (dirección de derecha a izquierda).
La adopción del alfabeto consonántico semítico por los griegos, quizá hacia el año 1.000 a.C., tomándolo directamente de los fenicios o a través de una vía de propagación por el Asia Menor, tuvo consecuencias considerables. La primera fue la realización completa del sistema alfabético con letras consonantes y letras vocales.
Para la notación clara de su lengua los griegos no podían dejar de representar las vocales; encontraron para ello un medio sencillo utilizando letras que representaban consonantes del semítico que no existían en el griego. Así fue como el principio fonográfico llegó a su realización completa.
Resultó de ahí que los griegos, que leían progresivamente los caracteres sin tener que suplir nada para distinguir las palabras, renunciaron (tras el periodo arcaico) a las separaciones de palabras.
Fue varios siglos después cuando los eruditos se preocuparon de completar la escritura mediante signos, particularmente el del acento tónico, cuya movilidad en la lengua griega es causa de dificultades. Más tarde, restablecieron la fisionomía particular de las palabras separándolas con intervalos vacíos, escribiendo en suma grupos - palabras, hábito que es para nosotros, indispensable.
Por lo que se refiere al trazado (cuya dirección se fijó, tras algunas vacilaciones, de izquierda a derecha), los griegos adoptaron para lo que llamamos la mayúscula, formas virtualmente cuadradas, sin prolongación superior ni inferior y con numerosas simetrías sobre todo laterales; lo cual producía un efecto estético seguro. Más tarde, para el uso manuscrito rápido, se crearon formas rápidas de minúsculas.
En la India la escritura debió aparecer hacia el siglo V a.C., tomada casi con seguridad del alfabeto consonántico semítico, pero con tales trazos, desde el comienzo, en la mayor parte de las letras que la imitación no está totalmente demostrada.
Lo que es seguro es que se formó un sistema de notación de las vocales muy diferente del de los griegos, que llevó a la constitución de un alfabeto silábico.
Los caracteres aislados se leen como una consonante seguida de la vocal A, que es la que se presenta más a menudo; signos (y no letras) después, antes, encima o debajo del cuerpo del carácter, representan vocales de timbres diversos, breves o largas. Las palabras no están separadas en la frase, cuyo final se marca.
No existe una escritura india sino escrituras de formas diversas, con caligrafías diferentes (dirección de izquierda a derecha).
Es extremadamente interesante seguir en las diferentes regiones del mundo en que la escritura penetró más o menos profundamente como instrumento para distintos usos, las vicisitudes de la historia del alfabeto, extendiéndose a lo largo de las vías comerciales o de la propaganda religiosa; los cambios de forma de los trazados según los diversos materiales; las diversas relaciones entre la caligrafía y otras artes; la desigual adaptación a la expresión de las lenguas en las ortografías, etc. No es posible dar de ello aquí más que un ligero bosquejo.
Del prototipo semítico antiguo no proceden sólo las ramas cananea y aramea; existe además una rama meridional representada sobre todo por las inscripciones sudarábigas o hemiaríticas, de caracteres simétricos (sin duda con influencia del griego); y la disposición alternativa de las líneas, de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, frecuente en grandes inscripciones monumentales, muestra el deseo de facilitar una lectura continua al visitante que pasaba ante la fachada. La escritura etiópica que deriva de ella va de izquierda a derecha.
Existe una proyección hacia el oeste representada por el líbico - bereber, cuya utilización fue siempre restringida, con caracteres tratados también simétricamente y de aspecto original, colocados sobre las estelas antiguas en columnas que se leen de abajo arriba.
La escritura aramea se diferenció dentro del campo semítico, donde la lengua aramea se propagó a expensas del cananeo, del ugarítico, del acadio (y del sumerio), en diferentes variedades que se leían de derecha a izquierda.
De aquí provienen el hebreo cuadrado, que se iba a perpetuar indefinidamente y es hoy la escritura oficial del Estado de Israel; el siriaco del pequeño Estado de Edessa, que sobrevive aún como escritura religiosa; el palmiriano de otro pequeño Estado, el de Palmira, cuya existencia fue efímera, después de haber mostrado los primeros ejemplos de caracteres ligados, más frecuentes en el otro pequeño centro situado en el umbral de Arabia donde se utilizó el nabateo.
Fuera del campo semítico, la escritura aramea se extendió hacia el norte por una gran parte de Asia, en pueblos de lengua irania, turca y mongol.
En el sur del dominio semítico, los beduinos de Arabia adoptaron la escritura de los nabateos. Con la expansión del Islam este hecho iba a tener enormes consecuencias para la escritura. La escritura árabe era una cursiva ligada rápida, sobre todo si se prescinde de colocar los signos de las vocales encima o debajo de los caracteres, como ocurre en el Corán y en la enseñanza. Se ha prestado a toda clase de ejercicios y juegos caligráficos, en parte con estabilizaciones, pero se la ha utilizado también abundantemente con carácter ornamental tanto en los objetos como en los monumentos, especialmente en sus partes ornamentales de estuco.
Empleada por los musulmanes no árabes, se extendió por el Asia anterior y central, por una parte de la India y la Insulindia y por diversas regiones de Africa.
La escritura india se extendió por todo el dominio de las lenguas indoarias, hasta el Nepal, y por el de las lenguas drávicas en la parte meridional; pero, siguiendo al budismo (que no había de subsistir en la India misma), llegó por el norte hasta el Tibet y por el sudeste hasta una parte de Indochina y la mayor parte de Insulindia. Los trazados, empleados aún siguiendo el tipo silábico, no presentan como en el árabe ligeras variantes pero constituyen una serie de escrituras de aspecto realmente diferente que sería interesante comparar con las variedades del arte ornamental.
La escritura griega que en su forma clásica ha quedado reducida en nuestros días a una pequeña zona, fue objeto de varias expansiones, con modificaciones más o menos acentuadas, en diferentes períodos y en diversas direcciones.
Al este, hay que tener en cuenta en la época antigua, ciertas lenguas del Asia Menor que no han subsistido, tales como el frigio.
Pero estas lenguas habían quizá recibido, al menos en parte, la escritura semítica al mismo tiempo que la griega e incluso antes que ella.
En la época cristiana, durante la evangelización, el griego se utilizó en África para el copto y para el nuba antiguo; al norte del Mar Negro, durante algún tiempo, para el gótico germánico; luego, en forma hasta hoy definitiva, y con un trazado distinto, aunque muy semejante, llamado cirílico, para algunas lenguas eslavas, siguiendo el destino de la Iglesia de Oriente (con excepción de Grecia).
En Armenia y Georgia aparecieron ciertas imitaciones desnaturalizadas, con elementos de otro origen. En nuestros días habiéndose decidido Rusia y sus países de influencia lingüística por el empleo uniforme de la escritura cirílica, esta se aplica en parte, en sustitución de la escritura árabe, en diversas lenguas fino - ugrias, turcas, mongoles, etc.
Hacia el oeste, la escritura alfabética se extendió en la antigüedad, por contagio de civilización y al parecer, sin un aspecto religioso particular, sobre todo por Italia, tanto entre los etruscos, cuya lengua, de origen desconocido, seguimos sin comprender, como, por mediación o sin mediación de éstos, entre las poblaciones itálicas de lenguas indoeuropeas, en particular los latinos.
Parece que una forma septentrional en los Alpes dio origen a las runas, que tuvieron una forma original y se utilizaron en los países escandinavos para usos derivados en parte de la magia.
En las mayúsculas la escritura latina adoptó como el griego formas en gran parte simétricas, de una gran claridad.
Se prestó a una utilización monumental pudiendo agrandarse bastante si es necesario para ser leía desde lejos.
Para los usos corrientes y para los libros, ha adoptado toda clase de formas, que constituyen una historia aparte, relacionada en gran medida con necesidades estéticas o con los conflictos prácticos de rapidez y de legibilidad.
Podemos mencionar, en el siglo XVI, la escritura libresca gótica que recuerda singularmente el estilo arquitectónico ogival y que encontramos en los últimos manuscritos y en diversos impresos incunables, acompañada por una cursiva especialmente mal formada y confusa, a la que sucedió la escritura llamada humanista, tan sobria y clara, que se refleja aún en nuestros textos impresos.
La escritura latina se extendió por Europa, primero con la administración romana y después con las cristianizaciones sucesivas, limitada por las posiciones que había conquistado la escritura cirílica. Luego, con las navegaciones y las colonizaciones europeas, ganó una gran parte del mundo y especialmente América. Es hoy la más extendida de todas.
Gracias a la instrucción, inaugurada por los misioneros, la escritura latina se adaptó al uso del malgache en Madagascar y del vietnamita en Indochina.
Hoy la han adoptado para sus lenguas nacionales la República de Indonesia y la de Filipinas. Igualmente en la República Popular China se ha recurrido a ella para las minorías que no poseían una escritura. Ha comenzado también a utilizarse en las lenguas africanas y amerindias.
Completada de manera sistemática, sirve para las transcripciones de otros sistemas y para las notaciones fonéticas.
A lo largo de su evolución, la historia de la escritura aparece ligada a los adelantos materiales: soporte, instrumentos para escribir, líquido para escribir; la escritura dependió durante largo tiempo de la habilidad manual de grabadores y otros copistas. Un hecho de importancia decisiva fue el de la reproducción de los escritos en gran número de ejemplares gracias a los procedimientos de impresión, reproducción condicionada primero por la existencia de una industria del papel. La historia de los estampados múltiples comienza en China en el siglo XI de nuestra era. La xilografía se practicó en el siglo VI.
Los caracteres móviles en China y en Corea datan del siglo II. En Europa occidental, después de una utilización limitada de la xilografía, la fabricación de caracteres móviles y de prensas en el siglo XV produjo el florecimiento del libro y de la hoja volante, extendiéndose considerablemente la práctica de la lectura, sin que se generalizara la instrucción.
Naturalmente, la imprenta exigía nuevas clases de técnicas (mencionemos aquí simplemente la máquina de escribir y su mundo de taquimecanógrafos). Fue en el siglo XIX cuando se logró a la vez una gran masa de impresión con los periódicos diarios (gracias a la utilización de máquinas cada vez más perfeccionadas) y la instrucción generalizada en los países de civilización industrial desarrollada.
En la era de la electricidad, los progresos acelerados de la industria, a los que la escritura había contribuido grandemente como instrumento intelectual, le han suscitado varias rivalidades en la satisfacción de las necesidades a que responde: facilidad de la comunicación (mensaje), conservación, transmisión y generalización de las informaciones, de la enseñanza, de la propaganda (incluida la publicidad) y de las diversiones.
Los medios masivos de comunicación y sobre todo la computación relacionada con Internet y con su salto a la virtualidad de los nuevos materiales digitales interconectados, reúnen en sí mismos todas las condiciones y funciones que se plantean en este nuevo siglo.
Básicamente por notación musical se entiende un sistema de signos convencionales que indican gráficamente el sonido.
Numerosos han sido los sistemas de notación según el pueblo y la época.
Se pueden dividir en dos grandes categorías: notación fonética, en la que las palabras, letras o cifras indican los grados de la escala con el añadido de signos secundarios que señalan los valores de duración; y la notación diastemática, en que la configuración melódica en su sucesión de graves y agudos es de inmediato clara para la visión, por la posición relativa de los signos.
Entre las notaciones fonéticas se hallan: la India (la más antigua), que consiste en cinco consonantes y dos vocales que representan los nombres de los grados de la escala, en tanto que el añadido de otras vocales dobla en valor de las notas; la de los árabes, que divide la escala en tercios de tono y escribe la escala en grupos de tres letras; la griega antigua, con letras y signos; las tablaturas, en que las letras o figuras representan las teclas o digitación de los instrumentos y otras de más reciente aparición.
En Grecia, la notación alfabética instrumental se refería a las cuerdas y seguía el orden de los sonidos del instrumento, mientras la notación alfabética vocal se refería al orden de los sonidos de la escala.
Es importante destacar que desde la concepción pitagórica del número como esencia de lo musical (entre otras cosas), se estableció que los acusmáticos eran los aprendices que todavía no tenían la capacidad para opinar sobre el contenido de las enseñanzas de su maestro y que al superar las pruebas, se transformaban en matemáticos. También es importante recordar que el discípulo de Pitágoras, Platón; en la Academia de Atenas, dio a la música la categoría de ciencia, junto a la aritmética, la geometría y la astronomía. Eso fue hasta la Edad Media e inclusive durante el Barroco Temprano, y se denominó quadrivium. La música se estudiaba en las Universidades de toda Europa como ciencia, no como arte. Otro discípulo, esta vez de Platón, Aristóteles; se opuso a esta idea y trató de encuadrar la música dentro de las artes. Al fin lo logró mil años después: la acústica reemplazó a la música como parte de la mecánica, y la música pasó a ser un arte, pero con una pérdida importante: dejó de tener el rigor que establecía su concepción pitagórica, y perdió - a partir de una escritura confusa teñida por el oscurantismo de la Iglesia - la lógica de sus comienzos.
La notación neumática deriva de los acentos que sirven para indicar un ascenso o un descenso de la nota; esta notación sólo indica que la voz debe subir o bajar de grado, pero no define el intervalo y sirve por lo tanto esencialmente de signo mnemotécnico para quien ya conoce la melodía.
No indica el valor de las notas, porque la idea de fijar la duración de las sílabas del texto, por medio de notas medidas no se les ocurría a los músicos.
Los neumas tuvieron diversos nombres: virga o vírgula se dijo del acento agudo que indicaba una nota más alta que las vecinas; el punctum equivale al acento grave, es decir, indicaba un ascenso de la voz; clivis era una combinación de acento agudo y grave (acento circunflejo) e indicaba una nota aguda seguida de otra grave; otras combinaciones de acentos, es decir de notas de distinta altura eran el podatus, el scándicus, el climacus, el tórculus, el porrectus, etc.
Los signos mismos sufrieron una modificación de acuerdo a cada nación y época.
Decisiva fue la introducción del pautado con la clave, de donde derivó el tetragrama.
Cuando a la única voz cantante se unió la segunda voz (órgano y discanto), surgió la necesidad de medir exactamente el valor de las notas; y como la antigua medida poética de las sílabas había sugerido la división regular de las largas y de las breves, así se conservaron en la misma los términos anteriores.
La notación cuadrada, que sucedió a la neumática, se formó lenta y trabajosamente de ésta, conservando algunos de los puntos esenciales.
El signo de la virga se convirtió en longa, el del punctum en breve (con el múltiplo duplex longa y el submúltiplo semibreve).
El valor convencional de la longa era de tres breves, el de la breve de tres semibreves. Se conservaron los valores del podatus, del climacus, etc.
La representación se hacía siempre con notas cuadradas, diversamente unidas por medio de rasgos sutiles.
En el siglo XIV aparecieron otros valores de duración, como la mínima y la semimínima; hacia la mitad del siguiente siglo se introdujo el uso de las notas blancas, de mayor valor que las negras. La forma redondeada de las notas actuales se remonta al 1.400, época en que se halla ya en la escritura corriente, pero en la impresión no apareció hasta 1.700.
De igual modo que la música misma, la notación bizantina había de ejercer influencia sobre la occidental, aunque cada pueblo la desarrollase a su modo.
Los elementos básicos iguales a los que hallaremos en los neumas latinos son: el punto, el acento agudo, el acento grave, la coma y el apóstrofo.
La notación bizantina más antigua se llamaba "ekfonética" o "recitativa". Más que representación de sonidos, sus signos parecían ser puntuación del texto cantado, comenzó en el siglo V, quizá en el III y se extendió hasta el XIII. Desde el siglo XI aparece la tendencia a la notación diastemática que se generalizó algo después, con dos especies principales de signos: los fonéticos, que representan sonidos, ya repetidos, ya diversos (sin que los intervalos se hallen claramente indicados); y los áfonos (sin sonido), complemento de los anteriores para expresar duraciones, es decir de cierto carácter rítmico.
Los maistores, es decir los maestros y teóricos bizantinos, consideraban hasta una cincuentena de signos áfonos. Los signos de esta notación llevaban nombres característicos que a veces se dirigían a la imaginación, como "aple" (simple), "klasma" (roto), "gorgón" (vivo), "argón" (brillante), "bareja" (grave), "homalón" (con calma). Puede citarse también el "isón" (unísono).
Lo mismo se llamaba un procedimiento muy usado en Bizancio y en Oriente: sonido repetido constantemente como pedal, sobre el que se apoya otra voz.
Entre los teóricos bizantinos es digno de mención Juan Kukuzeles, monje del Monte Athos (siglo XIII), quien compuso una nueva teoría de la notación, que procuraba simplificar ciertos aspectos de la paleobizantina. Además, al mismo tiempo que en Occidente, a partir del siglo VI, se sustituyó la antigua notación griega por letras del alfabeto latino.
A las quince notas del sistema hipolidio griego, se le aplicaron otras tantas letras con caracteres mayúsculos.
Dicha notación fue llamada boeciana.
Después siguió un largo período de oscuridad. A partir del siglo VIII aparece la notación neumática, que al descubrirse, en época muy posterior como escritura de la música de Occidente, pareció misteriosa e ininteligible. Los neumas alargados, puntiagudos, se llamaron sajones; otros gruesos, cuadrados, fueron denominados lombardos.
Ha habido muy diversas opiniones sobre su origen: germánico, oriental, judaico (signos rabínicos). Hoy ven algunos su procedencia en la cheironomia egipcia. Los elementos principales de los neumas son: el punto, la coma o acento agudo, el grave, el circunflejo y el apóstrofo.
Vemos pues, simplemente como elementos secundarios de la escritura, reemplazaron a las letras, elementos primarios de la misma.
Hacia fines del siglo XI, el flexa se denominó clivis. Su inversión pes o podatus.
Y aparecen nuevas combinaciones:
Torculus, intervalo ascendente, seguido de otro igual descendente.
Resupina, inversión del anterior.
Scandicus, dos intervalos ascendentes.
Climacus, inversión del anterior.
Pressus, trino.
Quilisma, trémolo.
Y aún otros, porrectus, cephalicus, epiphonus...
La fijación de la altura de los sonidos y, por lo tanto, su entonación, era absolutamente empírica. Se indicaba únicamente por la mayor o menor separación del texto a que se hallaban colocados los neumas. Tan poca precisión originaría, probablemente, no pocos errores.
Algunos teóricos tuvieron la idea de trazar líneas como punto de referencia. Primero una, luego dos. Todos los signos que coincidieran con ellas corresponderían a igual sonido. La innovación era, pues, trascendental.
Tal invención se atribuye a Guido D"Arezzo. Sin embargo, las dos primeras líneas datan del siglo X y algunos creen que es de Hucbaldo la invención de la primera.
Guido D"Arezzo agregó dos líneas más a las ya existentes, dándoles a cada una un color diferente.
Esta pauta de cuatro líneas, tetragrama, estuvo siempre en uso para el canto gregoriano, que a veces se escribió en tres líneas solamente.
Después se agregó la quinta línea superior, definiéndose el pentagrama, que tuvo preferencia en la música profana y, al fin, generalizada desde el siglo XVI. Si se recuerda que, en la antigua notación, las notas eran letras, se comprenderá que las claves nacieron con las líneas.
La invención de las claves se atribuye también, como tantas cosas, a Guido D"Arezzo. Sin embargo, ya en las dos primeras líneas se fijaron las letras F (fa) y C (do) como claves signatae, que correspondían a los semitonos mi fa y si do.
Las combinaciones sobre el tetragrama de Guido corresponden así a diversas claves, según la colocación de las notas.
En el siglo XIII se fijó la clave de G (sol).
Las lentas deformaciones que a través de los tiempos presentan la F, la C y la G determinaron la forma actual de esas claves.
En los siglos XII y XIII se generalizó la notación cuadrada, derivación de los neumas que acabaron adquiriendo formas de cuadrado y de rombo.
Al mismo tiempo el ritmo observado en la música profana entraba igualmente en la religiosa, a excepción del canto llano, y se combinó con tal notación cuadrada, que casi dio origen a la denominada proporcional.
Esta fijaba el valor de cada signo proporcionalmente al de los demás. Pero al principio fue confusa y arbitraria.
Sus convenciones tardaron mucho en simplificarse y aclararse, según demuestra la paleografía musical.
La forma de las primitivas figuras provino de una lenta evolución a través de las deformaciones sufridas por los neumas en su escritura.
El cuadrado con apéndice vertical descendente a la derecha se denominó longa; el cuadrado sin apéndice fue brevis; el rombo, semibrevis. Además, el cuadrado de la longa se alargó en rectángulo y fue la máxima, triple o doble longa. Según el ritmo, en la división perfecta (ternaria), una figura valía tres de la inmediata inferior; en la imperfecta (binaria), dos.
En el siglo XIV la semibreve con apéndice fue mínima, y esta con corchete, semimínima.
Por entonces las notas eran negras o rojas. En la siguiente centuria, blancas o negras, como hoy.
A estas opciones de color respondían las denominaciones de notula rubra, notula alba, notula nigra.
Asimismo en el siglo XV se establecieron más subdivisiones: fusa y semifusa.
Posteriormente la fusa fue corchea; la semifusa, semicorchea, y sus respectivas divisiones determinaron a su vez la fusa y semifusa modernas.
Aún se agregaron la garrapatea y la semigarrapatea. Al mismo tiempo se establecieron todos los valores de los silencios. La notación proporcional obedece, como acabamos de ver, a un concepto rítmico, al renacimiento del ritmo.
Los griegos, según sabemos, poseían considerable variedad de ritmos. Este elemento fue conservado todavía en el canto ambrosiano.
Dentro del ideal de pureza y elevación cada vez mayores, el ritmo se diluyó, se fundió en la palabra misma. Todavía hallamos sus vestigios en el canto gregoriano. Pero su concepto es diferente a lo que habitualmente se entiende por ritmo. En efecto, aquél es muy vago e impreciso; una fluctuación provocada por la acentuación de las palabras.
Tal ritmo libre era de naturaleza prosódica y no métrica.
Lo mismo que, al hablar, unas sílabas son largas y otras cortas, las notas eran desiguales en su duración, sin que una larga valiera dos cortas.
Así, fuera de toda simetría y proporción, el primitivo canto gregoriano se adaptaba al ritmo natural del lenguaje, y la libertad de éste era tanto mayor cuando al principio se cantaba en prosa.
Tal declamación era ya silábica, ya vocalizada o melismática.
Pero dicha fluctuación rítmica asimétrica desapareció más tarde, haciéndose entonces la duración de todas las notas absolutamente iguales, con perjuicio de la expresión a causa de la gran monotonía que dominaba.
Esto fue el canto llano (planus cantus), es decir, canto aplanado de toda saliente o depresión rítmica.
El rigor en tal sentido fue cada vez más severo. El canto perdió así toda flexibilidad y expresión y se volvió pesado, cual un estancamiento de la melodía. Como dijimos, en tiempos recientes la Iglesia reformó el canto llano para restaurar su más artística tradición gregoriana.
En el siglo XIII - según hemos explicado a propósito de la notación y como consecuencia de la polifonía - renació el ritmo.
Primeramente sólo se admitió el ritmo ternario, símbolo de la trinidad y de la perfección.
Se lo llamó perfecto. A partir del siglo XIV se estableció también el binario o imperfecto. El primero se representaba con una circunferencia, el segundo se indicaba con una semicircunferencia, de la que proceden nuestros signos de los compases binarios 2/2 y 4/4.
Estas prolaciones, de prolatio, o relaciones de valores, eran el fundamento del arte mensurable, que restablecía la medida.
El ritmo tuvo también sus modos, que aquí significaban esquemas o fórmulas rítmicas tomadas a los griegos, como el troqueo: valores largo y breve; el yambo: breve y largo; el dáctilo: largo, breve y breve; el anapesto: breve, breve y largo.
El solfeo medieval, entonación de las notas pronunciando al mismo tiempo el nombre correspondiente, se denominó solmisación.
Odón de Cluny, el primero de los dos así llamados, intentó crear una nomenclatura; los siete nombres que proponía eran: buc, re, scembs, caemar, neth, uiche, asel. En Oriente ya se habían intentado otras nomenclaturas. Difíciles y raras las denominaciones de Odón, no tuvieron éxito.
En cambio se adoptó pronto la nomenclatura propuesta por Guido basada en monosílabos procedentes del himno a San Juan Bautista que reza así:
Ut queant laxis
Resonare fibris
Mira gestorum
Famuli tuorum
Solve polluti
Labii reatum
Sancte Ioannes
La primera sílaba de cada verso corresponde a las notas; ut, re, mi, fa, sol, la. En cuanto a la séptima nota se quedó sin nombre hasta el siglo XVI, en que se denominó si, monosílabo formado por las iniciales SI, de Sancte Ioannes.
El himno a San Juan, aproximadamente significa: "para que resuenen con entusiasmo en las fibras de tus ciervos las maravillas de tus hechos, limpia de pecado el labio culpable, San Juan".
El bemol, como carecía de nombre, para designarlo aisladamente era preciso llamarlo be, de acuerdo a la letra que lo representaba anteriormente (B) = (si). Por consiguiente, el B era mollis, blando, es decir, B mollis, de donde deriva bemol.
El bemol aparece en la música para evitar la aparición de tritono (diabolus in musica), intervalo prohibido y temido.
A partir del si bemol surgen los demás bemoles.
De igual modo el si natural, considerado duro por oposición al blando, fue representado por el cuadrado, símbolo de la rigidez y dureza de sus cuatro ángulos. Por tanto, fue B quadrum. Así se originó la voz becuadro.
El uso del bemol fue un primer paso hacia la destrucción de los antiguos modos y una aproximación inicial hacia los modos, mayor y menor, que en la música profana, desarrollada a partir de los siglos XII Y XIII, se generalizó rápidamente.
Por otra parte, ya lo habían usado los griegos en el sistema perfecto.
Para los cantores populares eran difíciles los modos eclesiásticos. El oído acepta más fácilmente la división de la escala en dos tetracordios simétricos con reposo, ley atractiva, en el cuarto grado de cada uno: o sea cuarto y octavo dentro de la octava. Es el concepto de la sensible, con el semitono atraído por la tónica.
Adoptado el tono de do mayor en el canto popular, los tonos gregorianos debían ser asimilados al mismo, como simples transposiciones. En una palabra, se destruían.
El sostenido se llamó diesis, que en griego significa elevación.
Es probable que al principio esta alteración no fuera todavía de medio tono, pero cuando adquirió tal valor, el sistema tonal empezó a construirse. El uso de las ligaduras aparece en la notación mensural y se resuelve con ciertas reglas complicadas.
Fue desapareciendo rápidamente durante el siglo XVI, generándose nuestra notación actual mediante la introducción de la barra divisoria de compás en el siglo XVII y la transformación de las notas cuadradas en redondas.
Tanto las tablaturas de órgano como las del laúd desaparecen en el siglo XVIII. Sin embargo, existen todavía diferentes escrituras por cifras en la música folklórica y popular.
También en tiempos más cercanos a nosotros fueron propuestos otros sistemas de notación que no tuvieron éxito.
Hacia 1.818 surgió en Francia el método Galin - Paris - Chevè, basado en la notación cifrada inventada por J. J. Rousseau.
Los valores rítmicos están representados por la nota (un tiempo), el punto ( dos tiempos ), las corcheas por una barra encima de las notas, las semicorcheas por dos barras, los silencios por ceros.
En 1.907 Jean Haustont dio a conocer su "Notation Musicale Autonome", de la que Debussy dijo en 1.908: "Si usted hubiera venido diez años antes, yo habría escrito toda mi obra en su notación". Pasemos por alto los detalles concernientes a la altura de los sonidos y destaquemos desde el punto de vista rítmico, que la negra está reemplazada por una negra sin plica, la corchea por una negra, etc. Los silencios sufren una modificación más grande.
En "Das Tonwort", Frank Bennedik expone un nuevo sistema de nombres de notas inventado por Carl Eitz, pero se juzga incapaz de abordar el problema de la escritura que demuestra, sin embargo, que es ilógica y no responde a las necesidades del momento.
Desde 1.915, Nicolás Obouchov propuso una notación simplificada, suprimiendo los sostenidos y los bemoles, pero dejando los valores rítmicos sin modificaciones.
En 1.920 apareció por primera vez en un artículo la escritura nueva de Walter Howard: "Notenschrift". La única diferencia se produce en el aspecto rítmico.
En 1.931 apareció una nueva escritura, más revolucionaria, pues es vertical en lugar de ser horizontal. Es la "Klavarscribo" de C. Pot (Holanda). Las líneas de un pentagrama vertical representan las notas negras del teclado. El compás está indicado con longitudes siempre idénticas, y cada tiempo tiene un espacio proporcional al compás. Una redonda ocupa pues cuatro veces más lugar que una negra, una corchea la mitad de una negra, etc.
Existe otro ejemplo de simplificación de la escritura que se inspira, más que en el anterior, en los rollos de las partituras para piano u órgano mecánicos. No solamente la escritura es vertical y se lee de abajo hacia arriba, sino que imita las perforaciones de los rollos. Se trata del "Systeme Musical Marcel Leyat", que data de 1.927.
Una mención aparte debe hacerse del sistema "Tonic - Sol - Fa" inventado en los primeros años del siglo pasado por Miss Sarah Glover y perfeccionado por el reverendo John Curwen. (El método Kodály se basa en el). El mismo consiste en una especie de tablatura vocal, la cual no indica el ascenso o descenso de la línea melódica, pero reconoce la serie completa de los signos usados en la notación del pentagrama. Este sistema tuvo buen éxito en Inglaterra y en sus colonias, y favoreció la cultura musical, haciendo posible la formación de grupos corales integrados por elementos de escasa cultura musical.
Otros métodos alternativos como el Dalcroze, el Suzuki, el Orff o el Willems ocupan también un espacio limitado en la pedagogía musical contemporánea.
Actualmente existen múltiples tentativas de renovación en la escritura musical, pero estas experiencias están limitadas a los procedimientos excluyentes de cada compositor, sin preocuparse ni de actualizar todo el pasado de la notación musical haciéndolo accesible y lógico, ni de trascender su sistema particular de expresión en vías de la comprensión y necesidad generales.
Existe un grupo de investigadores nucleados en la Music Notation Modernization Association (MNMA) que busca mejorar la escritura musical tradicional pero sus intentos son totalmente ineficaces ya que el sistema los rechaza.
Autor:
Sergio Aschero
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