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Historia del vestuario (página 2)

Enviado por Jason C.



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Mesopotamia



Los primeros trajes sirios y fenicios, que han llegado hasta nosotros a través de las esculturas, evolucionaron en paralelo con el kalasaris del antiguo Egipto. Hombres y mujeres llevaban una gran pieza rectangular de tela, con una profusa ornamentación, que se envolvía alrededor del cuerpo y se sujetaba al hombro. Esta forma rectangular básica perduró durante muchos siglos, aunque existieron algunos modelos que llevaban aberturas para la cabeza y un brazo. La saya corta representada en algunas esculturas recuerda a la de los egipcios. Más al norte se llevaban prendas más complicadas y ajustadas al cuerpo, y mantos y sayas cortas anudadas a la cintura. También se utilizaba el cuero en el traje militar, posiblemente como protección. Los hebreos, asirios y babilonios vestían una especie de camisa hasta los pies cubierta por un manto o una prenda exterior semejante al kalasaris. Estas prendas, de aspecto rígido, estaban adornadas con flecos y borlas en los bordes y presentaban esquinas rectangulares o redondeadas. Una prenda exclusiva de Babilonia (hoy Irak) era el traje sacerdotal confeccionado con un gran triángulo de tela que se colocaba de forma que el borde con flecos quedaba en diagonal a lo largo del cuerpo y recordaba en cierta manera a un zigurat con rampas en espiral.

 

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Los medas y los persas

Los primeros vestidos conocidos de las zonas más frías del mundo mediterráneo son los de los medas (612 a.C.) y persas (539 a.C.). Los persas llevaban calzones o pantalones con una túnica abierta sujeta con un cinturón. Estas prendas muy ajustadas, tal vez debido al pequeño tamaño de las pieles disponibles, eran llevadas por hombres y mujeres y siguieron utilizándose incluso después de la invasión del Imperio persa por los medas. Estos vestían trajes largos y amplios con mangas de boca ancha. El vestido color púrpura lo utilizó por primera vez en Persia la clase sacerdotal. Los trajes de los sacerdotes también reflejan la influencia de los pueblos conquistados de Mesopotamia, especialmente en cuanto al uso de telas rectangulares con borlas en las esquinas. Los persas también introdujeron en Occidente el gorro frigio de fieltro, a menudo con orejeras. Este tipo de prenda estuvo de moda por última vez en el siglo XVIII durante la Revolución Francesa con el nombre de "gorro de la libertad".

El estudio de la historia del vestido resulta de gran interés. Así, por ejemplo, en el Imperio romano el color púrpura se convirtió en el distintivo de senadores y emperadores y más tarde fue exclusivo de los trajes reales. La tradición de Oriente Próximo de ocultar la cara de la mujer tras un velo tiene su origen en una ley asiria del 1200 a.C. El traje tradicional del Imperio otomano y los vestidos clásicos de los árabes descienden de forma directa de los estilos del mundo antiguo.

 

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Los griegos y los romanos

El origen del vestido tradicional de griegos y romanos no está claro. Los primeros habitantes de la parte occidental de Asia Menor y de la península griega llevaban una especie de calzas y una túnica con mangas similar al traje persa, lo que indica su origen más norteño. En las civilizaciones griega y romana se desarrolló un traje extremadamente sencillo y cómodo formado por el quitón, la clámide y el peplo. El quitón, la prenda base, era corto en el hombre y hasta los tobillos en la mujer. Estaba formado por un rectángulo de tela sujeto o cosido en los hombros y que se ceñía a la cintura con un cinturón o cíngulo. La clámide era una capa corta doblada o sujeta en un hombro que a menudo se llevaba como única prenda; era sustituida en invierno por un manto más largo, el himatión. La mujer vestía el peplo, la versión femenina de la clámide, que iba sujeto a la cintura y tapaba los tobillos. Con el paso de los años esta prenda se fue haciendo cada vez más suntuosa en cuanto a tejidos, colores y adornos.

Los primeros romanos llevaban la túnica, semejante a una camisa, y la toga, prenda característica de Roma que se mantuvo como traje oficial y de ceremonia a lo largo de la República y hasta finales del Imperio romano de Occidente. La toga, aunque similar a la clámide o al himatión griego, era una pieza de lana de forma oval mucho más amplia que estas, medía aproximadamente tres veces la altura de la persona, se doblaba a lo largo y se drapeaba de forma estudiada. En el Imperio de Occidente esta prenda llegó a quedar finalmente reducida a una tira de tela, la estola. La túnica (que sobrevivió bajo diferentes formas y cada vez con más adornos) y la estola fueron adoptadas por la Iglesia cristiana. La mujer llevaba una túnica larga que en principio era de lana y más tarde pasó a ser de algodón e incluso de seda, cada vez más sofisticada y recargada, y sobre ella, la estola drapeada cubriendo cabeza y cuerpo.

En el Imperio romano (excepto en la ciudad de Roma, donde estaban prohibidas por ley) se adoptó el uso de las calzas que utilizaron los pueblos conquistados del norte de Europa para protegerse del frío y como parte del atuendo militar. En esta época también se introdujeron los pantalones, prenda procedente del norte de Europa.

 

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India antigua

La forma de vestir en la India, por su vinculación desde un principio a las castas, estaba perfectamente diferenciada. La saya o dhoti y el sari de las mujeres aparecen en esculturas del siglo II a.C. y se cree que ambos sexos llevaban prendas sujetas a la cintura y con la parte superior al descubierto. Los hombres llevaban turbantes y las mujeres lucían largos pañuelos a la cabeza y abundantes joyas. Esta forma de vestir permaneció invariable hasta la conquista musulmana de India en el siglo XII d.C.

 

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China antigua

La seda, utilizada en China ya en el siglo XXVII a.C., prácticamente fue un monopolio nacional durante siglos. Este material, especialmente adecuado para el clima de Asia oriental de veranos húmedos, podía forrarse con pieles en los meses de invierno. Los escritos de Confucio del siglo VI a.C. incluyen referencias a las normas de vestir para, por ejemplo, recepciones oficiales o periodos de luto. Las primeras representaciones de vestidos chinos, de la dinastía Han (206 a.C.-220 d.C.), muestran trajes largos con amplias mangas y ceñidos en la cintura, así como chaquetas y pantalones para ambos sexos. El estilo chino de trajes cortesanos llegó pronto a Corea y Japón, avalado por el prestigio de esta civilización.

Historia del vestido occidental

Tradicionalmente la historia medieval comienza con la caída del Imperio romano de Occidente en el 476 d.C. Sin embargo, la transición de la época clásica a la medieval en la historia del vestido se hizo poco a poco. El Imperio bizantino se mantuvo durante otros 1.000 años con una clase alta que mantenía la túnica como prenda básica de vestir. En Occidente, las diferentes invasiones de pueblos del norte introdujeron los pantalones, las túnicas ajustadas y las capuchas, pero pasarían 300 años antes de que surgiese un estilo occidental documentado como resultado de la fusión de la forma de vestir romana y las maneras del norte de Europa. Durante este periodo solo en el Imperio bizantino existía riqueza y estabilidad política, premisas indispensables para que se produjera una continuidad de estilo y un corpus importante de documentación pictórica.

Bizancio

En el Imperio bizantino del siglo VI el cambio más notable respecto a la forma de vestir romana fue la introducción de los bordados, flecos, orlas y adornos de estilo oriental. Los emperadores romanos se habían convertido al cristianismo y en el Este el máximo poder lo ocupaban la Iglesia y el Estado, por lo que la indumentaria de la corte se hizo más seria y de apariencia cada vez más rígida. La creciente influencia oriental puede apreciarse en los trajes de corte. El cambio más claro fue la introducción del manto semicircular sujeto en el hombro derecho y más tarde el caftán persa y el traje asirio de manga larga. Ambos eran tal vez formas originales de la indumentaria de la corte rusa, que sufrió pocos cambios hasta la occidentalización del país a principios del siglo XVIII realizada por Pedro I el Grande.

La forma de vestir bizantina es única en la tradición occidental por haber evolucionado al margen del atractivo sexual o la utilidad. Los trajes de corte se confeccionaban según las pautas del libro de ceremonias imperial, y todos, desde el emperador hasta al funcionario de rango más bajo, vestían de acuerdo a este reglamento.

Principios de la edad media

Poco se conoce de los efectos que tuvieron sobre la forma de vestir europea los amplios movimientos tribales de principios de la edad media. Las primeras invasiones teutónicas supusieron la introducción de los pantalones en Roma. Los teutones, a su vez, adoptaron la forma de vestir romana, lo mismo que los galos y los bretones, al menos los más ricos. Las últimas invasiones parece que modificaron profundamente la forma de vestir de aquella época, pero no se conserva ninguna evidencia de ello. Los primeros ejemplares de vestido que se conservan datan de la época en que se sustituyó la costumbre romana de incinerar a los muertos por la de enterrarlos, época que además coincidió con una cierta estabilidad política.

Cuando los carolingios dominaron gran parte de Europa y Carlomagno fue coronado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en el año 800 d.C., parece que se adoptó una forma de vestir relativamente uniforme en Europa. La indumentaria del emperador Carlomagno, importada casi con seguridad de Constantinopla, era muy semejante a la del emperador bizantino. A diferencia de aquel, Carlomagno solo lucía esta ropa en ocasiones oficiales. Su atuendo cotidiano, registrado por sus contemporáneos, consistía en una bajotúnica, una sobretúnica, con un ribete de seda de color, y calzones o pantalones sujetos en la rodilla, así como un manto semicircular sujeto en el hombro y forrado de piel en invierno y un bonete de tela.

Las pinturas de la época muestran a otros monarcas europeos con vestimentas similares. Las damas de la corte llevaban una túnica larga con la cabeza cubierta y encima una sobretúnica sujeta por un cinturón. Esta última a menudo llevaba adornos en el cuello, las mangas y el bajo. Un manto hasta los pies se sujetaba debajo del mentón y un velo ocultaba el cabello.

Estas prendas formaban la indumentaria básica de la aristocracia europea de la edad media e incluso, aunque con algunos cambios, la de las clases bajas hasta el renacimiento a principios del siglo XIV. Carlomagno no utilizaba la capucha, prenda característica del pueblo, cuyos orígenes parece que se remontan a la edad del bronce y que se sigue utilizando hoy día principalmente en ceremonias y en climatologías adversas. A lo largo de los 300 años siguientes parece que la moda no cambió mucho, aunque se aprecia un mayor énfasis en realzar las formas físicas. La primera Cruzada, iniciada en el año 1095, fue el catalizador que produjo el cambio en la forma de vestir que marcaría la división entre principios de la edad media y la época románica.

Finales de la edad media: época románica y gótica

Con la invasión árabe en España y el suroeste de Francia, y la conquista normanda de Sicilia llegaron a Europa abundantes y diversos materiales orientales. Pero el gran cataclismo de la moda se produjo en el siglo XII con las Cruzadas. Los cruzados, hombres y mujeres,

trajeron a su vuelta no solo nuevos tejidos como sedas, damascos y terciopelos de brillantes colores y complicadas tramas, sino también nuevos estilos. Las calzas sustituyeron a los pantalones y las prendas se adornaron con joyas, bordados y pieles.

Renacimiento

Las prendas típicas del renacimiento se desarrollaron en Italia, de donde, a raíz de la invasión de Carlos VIII de Francia en 1494, se extendieron al resto de Europa. No está claro por qué la moda italiana, bastante más sencilla, se desarrolló de forma independiente al resto de Europa, pero parece probable que esto se debiera a su clima más cálido. La túnica de cuello bajo y la camisa en el hombre, y las capas igual de sencillas y también de cuello bajo en la mujer (denominada capa Julieta) ejercieron un efecto breve pero intenso en la evolución del vestido europeo en general. Hacia 1620 había desaparecido la sencillez, y la línea vertical de las prendas medievales fue sustituida por la línea horizontal del traje del renacimiento. Al tiempo que se producía este rápido cambio de estilo, irrumpió en Europa la moda del "acuchillado". Esta tendencia, que probablemente tuvo su origen en el sur de Alemania y que perduró hasta el siglo XVII, consistía en unas aberturas semejantes a cuchilladas en el tejido exterior que dejaban ver una tela distinta por debajo.

Tal vez el desarrollo más interesante de esta época fuera la utilización, o al menos la exposición, de las camisas por parte de hombres y mujeres. Una vez que la camisa quedaba a la vista, tenía que ser adornada; los ribetes de encajes y volantes en cuello y mangas se convirtieron en menos de 50 años en gorgueras historiadas y almidonadas que estuvieron de moda durante otros 100 años. Estos cuellos, almidonados o no, evolucionaron hacia la chorrera.

Durante el renacimiento el único cambio importante en la indumentaria masculina, aparte de una mayor ornamentación, fue el alargamiento de los calzones, que, como era normal, iban muy adornados por quedar a la vista. Por otra parte, la mujer fue luciendo unas prendas cada vez más restrictivas. A principios del renacimiento apareció un corsé largo y rígido en forma de cono, más largo por la parte delantera, que oprimía la anatomía de la mujer. Antes se había utilizado el corsé para realzar la figura pero nunca para distorsionar de tal manera las formas femeninas, ya que el pecho era obligado a sobresalir por encima del corsé. A partir de la Revolución Francesa (1789-1799) la moda varió enormemente pero la práctica de distorsionar la figura de la mujer persistió. Aunque la rigidez del corsé se vio algo aliviada al sustituirse las guías metálicas por huesos de ballena, la moda se hizo algo más incómoda por la costumbre de dar volumen a las faldas con la adición de armazones que podían ser desde bolsas de salvado hasta complicadas armaduras metálicas.

Aunque en el renacimiento las prendas básicas siguieron siendo las mismas que las de la edad media, el estilo relativamente natural fue sustituido por formas complicadas, encajes y forros que proporcionaban un aspecto de rigidez. Esto era, en parte, consecuencia del extremado formalismo de las cortes tradicionales de los Habsburgo del Sacro Imperio Romano, especialmente de la casa de Austria en España. Los escasos intentos por eliminar esta rigidez en la moda europea no fueron seguidos por la corte española, como lo demuestran las enormes faldas armadas de los retratos de la familia real del pintor barroco Diego Velázquez.

El siglo XVII

En el siglo XVII no tuvieron lugar otros cambios en la vestimenta femenina que los producidos por los vaivenes de la moda. Se siguió llevando el corsé en forma de cono con el talle más alto o más bajo según la moda. A finales del siglo apareció el traje suelto o mantua (derivado del nombre de la ciudad del norte de Italia) anunciando un cambio que se produciría en el siglo siguiente.

El atuendo masculino sufrió el cambio más radical de la historia moderna. A principios de siglo los hombres seguían llevando las prendas de finales de la edad media (casaca, calzones, calzas y capa) y una capa circular, aunque durante la primera mitad del siglo se impuso la casaca como prenda militar o de viaje. La casaca seguía siendo una capa pero constaba de dos piezas delanteras, dos piezas traseras y dos piezas para los hombros. Las partes delanteras y traseras se abotonaban para formar el cuerpo y las piezas de los hombros formaban las mangas. Este práctico invento dio lugar más tarde al tradicional traje de montar a caballo. En el siglo XVIII, después de algunos cambios, pasó a ser el traje actual y más tarde se convirtió en el chaleco. Hacia 1680 el atuendo masculino ya tenía la apariencia actual excepto en el uso de calzones en lugar de pantalones.

La peluca, excentricidad que alcanzó su máximo apogeo en el siglo siguiente, fue introducida por Luis XIII para ocultar su incipiente calvicie (después de haber puesto de moda su magnífica cabellera rizada) y figuró durante más de un siglo como prenda indispensable en el guardarropa de todo caballero. La peluca, empolvada en blanco o gris, grande y aparatosa o pequeña y sencilla, sustituyó al pelo natural de los caballeros y fue utilizada en los actos sociales hasta la llegada de la Revolución Francesa, en la corte otros treinta años más y en los tribunales de justicia de Gran Bretaña hasta hoy.

El siglo XVIII

A partir de 1715 surgió el estilo refinado que se conoce con el nombre de rococó, caracterizado por una estética artificiosa que en ocasiones llegaba al exceso y la frivolidad. La corte francesa marcaba la moda y las tendencias, y numerosos pintores captaron este tipo de indumentaria, como Jean-Antoine Watteau o Maurice Quentin de la Tour. En la última década del siglo las tendencias cambiaron como consecuencia del triunfo de la revolución, adoptando una nueva estética como símbolo de los nuevos valores políticos y sociales.

El periodo revolicionario

Hasta finales de siglo no comenzó a variar el aspecto uniforme de los vestidos. En Francia (abocada a la revolución) la moda se hizo más rígida, más sofisticada y formalista. En Inglaterra, que se dirigía hacia un cambio social más ordenado y un desarrollo industrial explosivo, la moda cambió su tendencia normal y los dictadores de la moda se decidieron por el atuendo más práctico de las clases obreras. Mientras los franceses lucían rígidos brocados, los ingleses adoptaron los tejidos de lana y algodón.

A raíz de la Revolución Francesa se produjeron dos cambios radicales en la moda europea; así, la vestimenta se convirtió en objeto de propaganda ideológica de la nueva era. En el hombre se volvieron a imponer los pantalones después de 600 años; los revolucionarios adoptaron la vestimenta de las clases bajas en lugar de las medias y los calzones usados por la nobleza. Este traje revolucionario, que evolucionaría hasta llegar a ser el estilo ciudadano durante el siglo XIX, se componía de una casaca llamada carmagnole, un pantalón largo llamado sans-culotte, una escarapela tricolor, el gorro frigio y unos zuecos.

En la mujer hubo una vuelta consciente hacia lo que se consideraba el estilo griego clásico. Desaparecieron durante un par de décadas los corsés, los guardainfantes y las armaduras, que fueron sustituidos por tejidos ligeros de aspecto natural, cinturas altas, brazos desnudos y corpiños cortos. Sin embargo, a causa del caótico clima social que se vivía, aparecieron durante el periodo del Directorio tendencias absolutamente radicales o frívolas, como es el caso de los llamados incroyables, hombres que llevaban cuellos altísimos, grandes solapas, corbatas muy anchas, chalecos de colores estridentes y calzones. La exageración también estuvo presente en la moda femenina: las merveilleuses se vestían con tejidos finísimos, casi transparentes. A pesar del miedo a la Revolución que existía en otros países europeos, la moda francesa logró imponerse y afianzarse. Sedas, encajes y brocados desaparecieron del atuendo masculino y, durante un tiempo, también del femenino.

 

 

El siglo XIX

Durante el siglo XIX la vestimenta varió sus modos de producción. En su primera mitad apareció la mecanización en los procesos de estampación y también se produjeron una serie de mejoras en las máquinas de hilatura y tejeduría. En 1851 Isaac Merrit Singer modernizó las máquinas de coser, y en 1856 William Henry Perkin obtuvo la anilina, el primer tinte sintético. Además este siglo fue testigo del nacimiento de la confección tal y como se entiende hoy en día, a gran escala, y de la alta costura, creada por Charles Frederick Worth en 1856, año en que abrió su maison en París, en la que presentaba sus colecciones de temporada.

La primera mitad del siglo

A principios del siglo XIX, durante el Imperio napoleónico, se produjo una vuelta al formalismo y a lo recargado, aunque la moda no varió mucho. El vestido femenino presentaba una cintura excesivamente alta, y pretendía imitar las formas de la Grecia y la Roma antiguas. Se trataba de sencillos vestidos realizados en algodón, muselina, gasa o percal, que no necesitaban corsés o guardainfantes, y que se acompañaban con chales o boleros, muchos de ellos de cachemira, un tipo de tejido importado que supuso una durísima competencia para las sedas de Lyon. La restauración de la monarquía francesa en 1814 produjo una reacción en la moda femenina que trajo de nuevo los corsés, las crinolinas y las armaduras; a partir de la década de 1820 bajó el talle de la cintura, y surgieron las mangas de pernil (ahuecadas desde el hombro hasta el codo y muy estrechas en la muñeca).

En este momento, la moda femenina era dictada por Francia, mientras que en Inglaterra se decidían las tendencias masculinas; Inglaterra contaba además con una maquinaria textil superior, una avanzada industria de la lana y unos sastres más refinados. En cualquier caso, sería la burguesía la que marcaría estas tendencias.

La segunda mitad del siglo

En la década de 1850 surgieron los grandes almacenes, donde se comercializaban productos a precios más asequibles; también las revistas de moda comenzaron a desempeñar un papel importante en el desarrollo de la vestimenta; por último, la evolución de los transportes, con el consecuente crecimiento de las exportaciones, logró una democratización en el vestir.

A comienzos de la década de 1850 surgió el miriñaque, una enagua con aros metálicos (lo más habitual eran los hilos de acero), que sustituyó a la antigua crinolina, realizada con crin de caballo. De este modo las faldas se ensancharon enormemente, y dieron paso, una década después, al polisón. En este caso se trataba de una prenda también interior que realzaba el volumen en la parte trasera de la falda, que se rellenaba con materiales de distintos tipos. La industria de la ropa interior evolucionó notablemente, llegando a la creación del brassiére, el prototipo del moderno sujetador.

El siglo XX

Las guerras y las revueltas sociales trajeron los últimos cambios radicales de la historia del vestido europeo. Este siglo fue testigo del nacimiento y de la caída de la alta costura, de cómo surgió la confección, del papel decisivo de los jóvenes en la evolución de la moda, y de la transformación de esta en un producto masivo dentro de una sociedad de masas.

Los primeros 30 años

Con la entrada del nuevo siglo desaparece la Belle Époque, y con ella, las indumentarias propias del fin de siglo. En 1902 aparece el trotteur, el nuevo traje de chaqueta femenino, que descubre por primera vez el pie. Quizá el mayor cambio fue la eliminación del corsé en 1906 por los creadores Paul Poiret y Vionnet. Este fue un hecho significativo que acompañó la lucha de la mujer contra las limitaciones sociales y políticas. A partir de aquí comienzan las grandes revoluciones: en 1911 aparecen los primeros trajes de baño y las faldas pantalón.

A partir de la I Guerra Mundial, y después de cinco siglos, reapareció la silueta natural de la mujer con la posibilidad de dejar ver las piernas. Durante la contienda, la incomodidad de trabajar con traje largo impuso un cambio y, como suele ocurrir con todos los cambios repentinos, el ajuste fue brutal, ya que a mediados de 1920 las faldas habían subido hasta la rodilla.

Existieron sin embargo numerosas voces que criticaron estos cambios. En 1914 la Liga de Modistas Alemanas y las damas aristócratas parisinas denunciaron "la inmoralidad del nuevo traje", molestas por la simplicidad de las nuevas confecciones. En Estados Unidos, donde la batalla fue feroz, la ley especificaba: "Se prohíbe a toda mujer llevar faldas o refajos cuyo borde, hallándose aquella en pie, se levante más de 15 cm del suelo. Serán multadas con 25 dólares las mujeres que, en sociedad, ofrezcan a los ojos del espectador demasiada parte de su cuerpo entre cabeza y cintura."

La década de 1920 descubre a una nueva mujer que trabaja y que se atreve a mostrar las piernas. Las flappers, las chicas modernas e independientes, acortan las faldas por encima de la rodilla, se cortan y tiñen el pelo, llevan trajes y camisas, y descubren los trajes de baño. Mientras, los hombres se olvidan de la levita y la sustituyen por una chaqueta más ligera, la americana.

En la década de 1930 la modista francesa Coco Chanel revolucionó la forma de vestir de la mujer al incorporar a su guardarropa una prenda que hasta el momento había sido de exclusivo patrimonio masculino, los pantalones; a partir de ese momento cualquier experimento en el vestir ha pasado a ser considerado como moda.

La capital de la moda ya no será solo París: Hollywood comienza también a marcar las tendencias. Surge un nuevo estilo de mujer, definido por actrices como Greta Garbo o Katharine Hepburn: las faldas vuelven a alargarse, y triunfan los trajes de noche con grandes escotes en la espalda. Los hombres, que reciben también esta influencia a través de actores como Clark Gable o Cary Grant, usan amplios abrigos y esmoquin.

Las décadas de 1940 y 1950

En 1945 nace en Francia la revista Elle, dirigida por Françoise Giroud, que recoge todos los cambios de los últimos años. Christian Dior presenta dos años después su colección de la victoria, un intento por recuperar la hegemonía europea perdida, mientras, en Estados Unidos, Claire McCardell une moda y confección en sus ready to wear, versión americana del prêt-à-porter francés. Se trata de un sistema de fabricación y venta de moda realizada en serie y con diversas tallas. Esto supone la plena incorporación del diseño industrial al mundo de la moda, alcanzando pues el nivel de producto de masas.

Dior propone una vuelta a lo superfemenino: mucho glamour, cinturas de avispa y faldas largas. Sin embargo, la tendencia americana comienza su gran expansión, ya no solo desde Hollywood, sino también a través de sus propios creadores y, sobre todo, de la publicidad. La alta costura está guiada por Dior, pero poco a poco se van incorporando otros nombres: Cristóbal Balenciaga y su línea de saco o Chanel y sus trajes de chaqueta ribeteados.

La moda femenina viene marcada por actrices como Audrey Hepburn, Marilyn Monroe o Sofía Loren, sin olvidar la aparición del biquini a finales de la década de 1940. Surge en Estados Unidos como bañador de dos piezas, y se populariza en Europa pocos años después gracias a actrices de Hollywood como Brigitte Bardot. Los jóvenes comienzan a vestir con zamarras de cuero y vaqueros a lo James Dean, o camisetas de algodón a lo Marlon Brando. Italia entra también en la industria de la moda, de la mano de Emilio Pucci y su colección de punto adecuada para cualquier momento.

Las décadas de 1960 y 1970

La llegada de la década de 1960 supone la casi desaparición de la alta costura ante la avalancha de ideas nuevas y el triunfo del prêt-à-porter. Es el momento también del auge de la moda joven y de la aparición de la minifalda. Creada en 1964 por la diseñadora y modista británica Mary Quant, supuso la gran revolución juvenil de la década, que arranca desde un Londres vanguardista y en ebullición. Los hombres visten camisetas, vaqueros, pantalones pata de elefante, cazadoras de piel y trencas, y el traje clásico se renueva.

A partir de ese momento se impone el estilo hippie, la antimoda, los vaqueros, la tendencia unisex, la mini y la maxifalda, la moda espacial, los vestidos metálicos de Paco Rabanne, el pelo de colores, las camisetas con mensaje. La moda recoge el momento histórico de ebullición social que fueron estas dos décadas.

En los últimos años de la década de 1970, el deporte y la música marcan la indumentaria. La música disco y el punk rock influyen fuertemente en la moda y la estética, que se preparan ya para el cambio de la década de 1980.

Las décadas de 1980 y 1990

El inicio de la década de 1980 supone la llegada del yuppie, el prototipo del nuevo triunfador, vestido por Giorgio Armani de día y de Gianni Versace por la noche, y que tiene su réplica en la mujer ejecutiva. Resurge la alta costura, de la mano de Christian Lacroix y Karl Lagerfeld. A partir de este momento la moda se convierte en un espectáculo, con modistos showmen y top models según el modelo de la muñeca Barbie. Volantes, dorados, colorines, lentejuelas., la moda pasa a convertirse en look, y aparecen las grandes cadenas de ropa barata.

Durante la década de 1990 se impone el estilo juvenil, deportivo e informal. Resurge lo hippie, el reciclado, lo artesanal, la antimoda., y surge el grunge, el nuevo estilo/antiestilo, donde los vaqueros se desgarran y la ostentación se anula.

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