Mene, Mene, Tekel u-Pharsin --- ???, ???, ???, ?????? -- La Escritura de la mano en la Pared
La importancia de la comida, y el papel indiscutible de la asociación simbólica de su consumo con la expresión de la ascendencia económica, la manifestación del poder, y el prestigio social, han sido parte de la tradición de todas culturas humanas desde nuestra prehistoria.


Hambre
La comida, como el sexo, --- cuando son conspicuos en su exteriorización --- son manifestaciones del poder y por ello sus expresiones se consideran símbolos fálicos narcisistas. El poder, como tal, conlleva a muchos excesos, porque quienes lo poseen creen que para ellos representa un privilegio estipulado. Acerca del sexo, Henry A. Kissinger es famoso por su observación concisa de la relación que existe entre el poder y el sexo, cuando nos dice que "El poder es el gran afrodisíaco…"
La comida es supervivencia, es poder, es placer, y muchas otras cosas más, que muchos envician, destruyendo su propósito natural. Lo hacen como lo hacen con el uso de las drogas de consumo recreacional y con otras actividades y placeres que utilizan para lograr la satisfacción de apremios hedonistas.
Lo que hacemos con la comida, cuando se usa por placer, y lo que repetimos con el destino de todas nuestras pulsiones instintivas es lo que distingue a nuestra especie como la más extraordinaria en toda la Naturaleza.
Por medio de nuestras actividades corticales, especialmente, las que se originan en los lóbulos prefrontales, hemos logrado transformar el instinto auto-preservativo de comer en algo que se aparta en su totalidad de su propósito natural. Lo hemos trasformado en otro aspecto más de la sensualidad característica que tanto nos gobierna.
No obstante, la importancia del hambre, o carencia de alimento, en su obra The Expression of the Emotions in Man and Animals (La Expresión de las Emociones en el Hombre y los Animales), Charles R. Darwin no indica la existencia de una característica particular en la fisiognomía de la faz humana que sea capaz de reflejar nuestro semblante cuando padecemos del hambre. Es como si esta alteración catastrófica de nuestra homeostasis, expresada en la frustración de la más imperiosa de nuestras pulsiones instintivas, para él no tuviese importancia. Algo que no creemos fuera resultado de falta de conocimientos acerca del poder de los instintos, ya que en su libro, Darwin muestra imágenes representando manifestaciones del amor --- y del ardor --- que, a menudo, a éste, lo acompañan.
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