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Eutanasia




Enviado por gvc



    INDICE:

    Introducción

    Definición Del Término
    Eutanasia

    Eutanasia: ¿Existe un derecho a
    morir?
    Formas De Aplicación De La
    Eutanasia
    La Batalla Política Sobre
    La Eutanasia

    La Eutanasia Y La Ley.
    Posición De Las Distintas Religiones Frente A La
    Eutanasia

    Postura Moral Católica .
    La Congregación Para La Doctrina De La
    Fe.
    El Cristiano Y La Eutanasia .
    ¿Tiene Sentido El Sufrimiento
    Humano?
    Algunos Puntos A Favor Y En Contra
    De La Eutanasia

    Eutanasia: ¡Cuando El Médico Mata Al
    Paciente!
    El Dolor
    El Papel Del Medico.
    La
    Eutanasia A Nivel Mundial

    La Actual Discusión Sobre La
    Eutanasia.
    La Eutanasia En El Mundo
    Romano
    .
    Francis Bacon Y Tomás Moro.

    La Eutanasia Y El Nacional-Socialismo
    Alemán
    .
    Algunos Casos Notables De Eutanasia.

    Razones De Un Cambio De Perspectiva .
    La Eutanasia Con Niños
    Deficientes.
    La Eutanasia Libremente
    Elegida
    .
    Ejemplo De Testamento Sobre Eutanasia (Testamento
    Vital).
    Conclusión
    Blibliografía

    INTRODUCCIÓN

    Para poder hablar
    de Derecho a la Vida y la Eutanasia,
    primero habría que definirse por lo menos las dos
    nociones : Eutanasia y
    Derecho a la Vida, por la primera se encuentran definiciones como
    las que veremos a continuación :

    Algunos autores ven que el concepto o la
    noción de Eutanasia es demasiado ambigua, lo que puede
    llevarnos a entender cosas muy diferentes y hasta contrarias.
    Vamos a referirnos a ella :

    1. Un uso normatizado : "Muerte sin
    sufrimiento físico" o "la que se provoca
    voluntariamente"

    1. Otro uso es el Fáctico "muerte sin
      dolor" o "muerte en estado de
      gracia"
    2. Como significado etimológico. O el
      de "Lucha contra el sufrimiento a cualquier precio".
      Supresión de la vida en un enfermo incurable, sea a
      petición propia o de su familia, el
      médico o el
      estado ; decisión de abstenerse de medios
      extraordinarios, considerados desproporcionados en la fase
      terminal y vistos como "encarnizamiento
      terapéutico". ;
    3. En el mundo grecorromano, era "morir bueno" Derecho a
      la propia muerte, con el significado de muerte apropiada , que
      otros llaman muerte digna.

    Ante esta disparidad de significados, hay que ver la
    historia del
    vocablo, mirando los significados que a lo largo del tiempo ha
    tenido: En el mundo grecorromano es "morir bueno", morir
    bien, el que ha muerto bien. Pero estos tres términos han
    recibido diversos significados a lo largo de la historia,
    miremos primero el hecho de tener un "morir bueno" (sin
    dolor):

    1. En el mundo grecorromano, ésto significa el
      morir bien, sin dolor, no tiene en cuenta la ayuda al morir. ,
      Cicerón le da significado a la palabra como "muerte
      digna, honesta y gloriosa".
    2. En la Historia Griega, Hipócrates (S. V a.C.)
      en su juramento afirma que no dará medicamento mortal
      por más que se lo soliciten. Platón,
      (427-337 a.C.) dice lo contrario en la república :
      "Se dejará morir a quienes no sean sanos de
      cuerpo".
    3. En los Romanos, la práctica es
      múltiple : Muerte sin dolor por miedo a afrontar
      conscientemente el sufrimiento y la propia destrucción
      (Tácito en sus Anales)
    4. Los Estoicos, (Séneca, Epícteto y Marco
      Aurelio) ven la Eutanasia así :
      Séneca : "Es preferible quitarse la vida, a una
      vida sin sentido y con sufrimiento". Epícteto predica
      la muerte
      como una afirmación de la libre voluntad.

    Para efectos prácticos se toma como
    definición de Eutanasia la siguiente: Un derecho
    del paciente a decidir la forma y el momento de su muerte., esto
    dentro de una definición corta, pero que busca como
    único fin el librar a una persona de sus
    intensos sufrimientos, de una agonía inmisericorde que
    padece como resultado de una enfermedad grave e incurable (por
    ejemplo algunos tipos de cáncer o un SIDA). Dicha
    enfermedad o estado debe
    haber sido diagnosticado suficientemente, de manera que su
    característica de irreversibilidad, sea
    tal, que se determine la muerte como
    algo inevitable. Dentro de la misma definición, el
    concepto de
    paciente, como el del ser humano que padece algo, puede ser un
    sufrimiento físico. Sin referirnos al sufrimiento moral o
    psicológico exclusivamente, aunque por esto, no se
    descarta que el sufrimiento físico le pueda provocar un
    sufrimiento como los enunciados anteriormente. De esto, pienso
    que la eutanasia si puede ser un derecho pero bajo ciertas
    condiciones, aunque como veremos a lo largo de esta trabajo,
    tiene sus puntos a favor y en contra, además de las
    implicaciones morales y legales que trataremos de vislumbrar en
    este ensayo.

    Definición
    del término eutanasia

    La palabra eutanasia viene del griego, así :
    eu = bueno, thanatos = muerte. "Buena muerte" término que
    ha evolucionado y actualmente hace referencia al acto de acabar
    con la vida de otra persona, a
    petición suya, con el fin de minimizar su
    sufrimiento.

    El suicidio asistido
    se puede hacer de dos maneras:

    1. Por acción directa del
    médico.

    2. Por orientaciones e indicaciones del médico,
    mediante las aplicaciones de drogas o
    gases
    mortales.

    Esta última hace tan responsable al
    médico, como cuando se manda una droga para
    curar al paciente. Se inventarán multitud de
    fórmulas, y máquinas
    de la muerte. Se han hecho folletos de cómo producir la
    muerte. Posiblemente quedará en la conciencia de
    cada cual, si procede o no.

    Pertenecemos a una sociedad, a una
    familia y
    nuestras decisiones afectarán siempre a otros. La
    autonomía absoluta afectará la integridad propia y
    la de otros seres. La autonomía de cada uno podrá
    tropezar con la autonomía del otro. Cuando un paciente
    pide que se termine con su vida, tiene que contar con la
    autonomía y la conciencia
    moral de su
    médico y de sus seres queridos. No es sólo
    establecer un reglamento o unas condiciones para permitir este
    acto.

    Existe una condena casi unánime a la llamada
    eutanasia activa, o sea, propiciar la muerte de alguien
    aplicándole alguna sustancia para acabar con su
    vida.

    Una profunda investigación sobre la eutanasia, uno de
    los dilemas históricos más discutidos de la
    medicina.
    Médicos, religiosos, abogados y familiares de enfermos
    terminales, dejan su testimonio sobre el tema. La mayoría
    admite la eutanasia pasiva, es decir, evitar prolongar la vida de
    un paciente por medios
    mecánicos cuando se sabe que aquel ya no tiene
    posibilidades de vivir.

    Etimológicamente, eutanasia significa muerte
    dulce o sin sufrimiento físico. Pero hoy se la entiende
    como el fallecimiento provocado voluntariamente a una persona que
    ya no puede soportar los dolores de una enfermedad terminal y que
    no tiene ninguna esperanza de vida, convirtiéndose en una
    pesada carga para sí misma y para su familia, en lo
    espiritual, psicológio y hasta
    económico.

    La eutanasia constituye un desafío desde el punto
    de vista ético y también desde lo legal. Algunos
    enfermos desahuciados piden que los dejen morir con dignidad para
    que se acaben sus sufrimientos. Ahí se presenta todo un
    dilema para los médicos y familiares, quienes deben
    adoptar una decisión final.

    Un nombre importante en la historia de la eutanasia es
    Nietzsche, que consideraba debía aplicarse tal
    práctica a los "parásitos de la sociedad, a los
    enfermos que vegetan perezosamente
    ". El influjo de Nietzsche
    será muy relevante en el nazismo, tanto en
    el tema de la eutanasia como en otros. También
    influirá la famosa obra de K. Binding y A. Hoche, en la
    que se define la aplicación de la eutanasia a los enfermos
    incurables. Son los que difundirán el concepto de "vida
    sin valor
    ".

     Es indudable, que el primordial derecho que puede
    asistir hoy a todo ser humano es el de la vida, pero cuando se ve
    afectado por unas condiciones de salud lamentables, que
    llevan a quien las padece a verse en una situación en la
    cual se ve recluido en una unidad de cuidados intensivos, de la
    cual no se sabe si saldrá, donde su existencia está
    en la cuerda floja, donde puede existir una salida irreversible,
    donde la existencia dependerá en el futuro de medios
    extraordinarios, conectado a máquinas
    como el respirador artificial, cabe preguntarse si se está
    cuidando la vida o prolongando la agonía que nos puede
    llevar a la muerte.

    Sin embargo, se debe reconocer algo al ser humano, este
    derecho a que se le reconozca la posibilidad de disponer de su
    propia vida en situaciones especiales simplemente por la dignidad
    que éste puede tener, el reconocerle a un ser humano la
    posibilidad de definir que hacer con su vida es respetar la
    humanidad del otro (su humanidad), es el respeto de la
    libertad y de
    la vida propia, y esto nos ayuda a definir lo que es una vida
    digna, se puede argumentar desde este punto de vista, de la
    dignidad humana, la exigencia de instaurar la eutanasia (bajo
    ciertas condiciones) como una lucha por el reconocimiento del
    derecho a la muerte digna, entendiendo por muerte indigna aquella
    que prolonga inmisericordemente la vida por medios artificiales,
    en la que la vida se escapa lentamente y se da un apego puramente
    al cuerpo físico.

    Mirando al paciente cerca de la muerte, se puede ver la
    dignidad del mismo desde ciertos puntos de vista:

     1. El derecho a morir es más una exigencia
    ética
    que un derecho en toda la extensión de la palabra, y no se
    refiere al morir en sí, sino a la forma y razones de y
    para morir

    2. Los derechos del paciente, son
    reconocidos por la ley, y se pueden
    tomar como criterio moral de la ética del
    morir. Y el contenido que tiene esta resolución, supone
    una serie de exigencias que han de ser realizadas por parte de la
    sociedad : Atención al moribundo para aliviar el dolor
    y prolongarle la vida; estar verídicamente informado sobre
    su enfermedad; conocer y recibir explicaciones sobre costos de su
    tratamiento; derecho a que su voluntad personal sea
    respetada, todo a través de un comité de Etica
    Hospitalaria.

    El morir dignamente sería entonces el morir libre
    de dolor, con los analgésicos y tranquilizantes necesarios
    para el desasosiego y con el suministro de medicamentos que se
    requieran contra las incomodidades que se puedan presentar,
    eliminando en lo posible el sufrimiento de toda índole,
    siendo respetado y tratado como ser humano, cumpliendo con las
    condiciones planteadas en el punto anterior. Aunque no solamente
    reduciendo el dolor, lo que vale es una vida con cierta
    autonomía y libertad. El
    morir dignamente es que se respete la dignidad del moribundo,
    existen procesos de
    fallecimiento en que medidas de encarnización
    médica entran en conflicto con
    la dignidad de la persona, no se debe, entonces, anteponer el
    tratamiento médico a la dignidad de la persona, hay casos
    en que el paciente anhela de alguna manera la muerte, pero por
    causa de la intromisión médica, escudada en un
    deber moral, el paciente debe soportar una degradación tan
    grande que no la iguala lo terrible que podría ser el
    camino hacia la muerte, destruyéndose la dignidad de la
    persona, por lo cual éstas medidas ya no conservan un ser
    humano, sino lo que hemos llamado mejor: una piltrafa humana. Lo
    que debe preservar el médico es al ser humano integral y
    no solamente una mera existencia vegetativa

    Eutanasia: ¿Existe un
    derecho a morir?

    Dentro de los debates éticos en la
    profesión médica, la eutanasia goza de una singular
    actualidad. Después de años, una gran literatura médica ha
    sido publicada a favor y en contra. La discusión gira
    alrededor de la tensión entre los imperativos
    éticos para aliviar el sufrimiento, particularmente en
    pacientes terminales quienes toman una decisión consciente
    de finalizar sus vidas, y la proscripción contra la
    participación del médico y otros profesionales de
    la salud en el
    control de una
    vida.

    El tema no es nuevo, a finales de 1939 se encontraba en
    la Clínica Pediátrica Universitaria de Leipzig,
    dirigida entonces por el profesor doctor Catel, un niño
    ciego y subnormal con sólo dos extremidades. Su abuela
    dirigió una solicitud a Hitler para
    garantizarle la llamada "mercy killing" o muerte por
    compasión.

    Hitler envió a su médico particular, el
    doctor Brandt, quien, tras una consulta con el doctor Catel,
    autorizó la aplicación en ese caso de la
    eutanasia.

    El 18 de agosto de 1939 se dispuso la obligación
    de declarar los recién nacidos con defectos
    físicos. Tres peritos de la máxima solvencia, entre
    ellos el doctor Catel, decidían la muerte o la vida del
    niño y extendían una autorización,
    fundándose en el formulario de las declaraciones. Los
    médicos de los 21 departamentos pediátricos de
    Alemania
    habían sido instruidos verbalmente de que este escrito
    otorgaba la autorización para matar al niño. Se
    calcula en unos 5,000 el número de niños
    exterminados, mediante la
    administración de morfina o luminal. Poco
    después, Hitler dictaba
    las normas legales
    que legitimaban en el ordenamiento jurídico de la Alemania
    Nacional Socialista, la eutanasia.

    Por primera vez en la historia, la autoridad
    política
    emanada de unas elecciones rigurosamente democráticas
    aprobaba la supresión de "vidas humanas sin valor", que
    permitió la puesta marcha de la llamada Acción T-4,
    programa nazi
    de implantación de la eutanasia.

    Las razones de su aprobación fueron motivos
    supuestamente "humanitarios", muy parecidos a los que se alegan
    en la actualidad. Era el inicio de un vasto plan de
    exterminio quo arrojó un saldo de seis millones de vidas y
    el único precedente legal -bueno, es hoy recordarlo- las
    iniciativas parlamentarias que pretenden actualmente, en algunos
    países de Europa y América, despenalizar la eutanasia en
    determinados supuestos.

    La eutanasia, es la terminación deliberada de la
    vida de un paciente en orden a prevenir posteriores sufrimientos.
    Es decir, se entiende como acción u omisión que por
    su naturaleza o
    en la intención, causa la muerte, con el fin de eliminar
    cualquier dolor.

    Es bueno detenerse aquí; dado que el debate se
    plantea desde en equívocos y muchas veces con una
    terminología que oculta el verdadero carácter
    del acto. Así, conceptos como "derecho a disponer de la
    propia vida", "derecho a una muerte digna", "morir con dignidad",
    ocultan el intento de dignificar el suicidio y la
    cooperación homicida con el suicida.

    El simplismo con que suele plantearse a la opinión
    pública un tema tan complejo, lleva a dudar del
    valor real de
    las abundantes encuestas a
    favor de la eutanasia que esgrimen sus partidarios, y cuyo
    objetivo es
    crear la falsa imagen de una
    "amplia demanda
    social". Como la terminología empleada es muy confusa,
    incluso para los entendidos, hay fundadas sospechas de que el
    encuestado contesta muchas preguntas tal como el encuestador
    pretendía. Me pregunto si no estaremos ante una
    campaña de marketing
    tendiente a crear una opinión
    pública favorable, técnica que en
    países, llámense desarrollados, ha sido muy
    útil en las campañas pro-aborto.

    Ahora, analicemos los argumentos esgrimidos para su
    legalización:

    1) La primera es la razón de la libertad o
    autonomía: cada persona tendría derecho a controlar
    su cuerpo y su vida incluso su muerte.

    2) La segunda, estima que la vida del paciente puede
    carecer de valor según criterios objetivos:
    dolores insoportables, estado terminal, como irreversible,
    senilidad avanzada, situación de grave postración
    física o
    psíquica. Aquí la elección del paciente
    puede ser una confirmación del juicio objetivo, pero
    en el caso de que no expresara su parecer el médico o los
    familiares pueden interpretar en vez del paciente su supuesto
    deseo de no permanecer vivo en tales condiciones.

    Por tanto, lo que justifica aquí el homicidio por
    piedad no es la voluntad autónoma del paciente, sino el
    presunto amor compasivo
    del médico.

    Estas actitudes
    corresponden a dos visiones de la ética médica muy
    difundidas actualmente: la escuela de la
    compasión y la escuela de la
    autonomía. A pesar de sus diferencias, ambas coinciden en
    negar que la medicina sea
    intrínsicamente una profesión moral con principios que
    puedan poner límites a
    lo que los médicos o enfermos consideran subjetivamente
    más conveniente.

    Vale la pena recordar aquí el juramento
    hipocrático por los valores
    éticos que encierra: "Jamás proporcionaré a
    persona alguna un remedio mortal, si me lo pidiese, ni
    haré sugestión alguna en tal sentido; tampoco
    suministraré a mujer alguna un
    remedio abortivo. Viviré y ejerceré mi arte en santidad
    y pureza" (siglo V a.c.)

    Vale preguntarse: ¿la sociedad ha cambiado tanto
    como para perder esa actitud de
    respeto ante la
    vida y la muerte?; ¿cual será el nuevo código
    de ética por el jurarán nuestros graduados?;
    ¿por qué se exalta la dignidad humana y en los
    hechos se le denigra?; ¿es éticamente neutra la
    profesión médica?

    Según la primera escuela, la medicina es
    moralmente neutral y sólo se usa bien cuando se adapta a
    los deseos del paciente. Según la segunda escuela, lo que
    hace éticamente buenas las acciones del
    médico no es la voluntad del paciente, sino el motivo
    filantrópico y compasivo del doctor, no en cuanto
    profesional sino en cuanto ser humano.

    Sin embargo: ¿cómo se puede probar de un
    modo objetivo que un médico ha matado a un paciente por
    compasión?; ¿qué se entiende por
    sufrimientos intolerables?; ¿cómo se puede
    determinar la validez del consentimiento, cuando en el contexto
    emocional que rodea al paciente pueden darse distintos grados de
    miedo, ansiedad y depresión?
    La petición del paciente no es necesariamente una base
    firme, porque es sabido que en realidad, pedir la muerte a menudo
    significa algo más: puede ser una petición de ayuda
    y compresión ¿Quién sería el
    encargado de matar al enfermo? En caso de ser el médico,
    esto desvirtuaría la esencia de su profesión
    llamativamente con aquellos que por su situación,
    necesitan tener más confianza en él
    ¿Cuál es el caso límite que plantea tal
    recurso humanitario? Enfermos terminales, se dice en un
    principio, pero sus defensores ocultan sus verdaderos
    propósitos, ya que son partidarios de aplicar
    también la eutanasia a determinados enfermos no
    terminales; adultos con incapacidades mentales, esclerosis
    múltiple, paraplejia, anomalías neuromusculares,
    etcétera. ¿Esto no nos hace recordar alguna
    época pasada?

    Hoy en día es necesario afirmar, que la medicina
    no se opone al cese del tratamiento cuando sólo sirve para
    prolongar la muerte, ni al uso de ciertas medidas para aliviar el
    sufrimiento, aunque tengan como inevitable consecuencia abreviar
    la vida.

    Los médicos nunca deben provocar la muerte; la
    medicina no está para eso, aunque alguna ley lo permitiera
    o sea solicitado por el paciente, su familia o un comité
    de cuidados hospitalitarios.

    Una muerte digna encuentra respuesta, no en la
    legalización de la eutanasia, sino en el desarrollo y
    difusión de cuidados paliativos, tratando de eliminar el
    sufrimiento y no al ser humano que sufre, compartiendo sus
    temores e incertidumbres, en la actitud
    solidaria de sus familias hasta sus últimos
    momentos.

    Nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser humano
    inocente, sea feto o embrión, niño o adulto,
    anciano, enfermo incurable o agonizante. Nadie, además,
    puede pedir ese gesto homicida para sí mismo o para otros
    confiados a su responsabilidad, ni puede consentirlo
    explícitamente o implícitamente. Ninguna autoridad
    puede legítimamente imponerlo ni permitirlo. Se trata de
    una ofensa a la dignidad de la persona humana, de un crimen
    contra la vida.

    Formas de aplicación de
    la eutanasia

    – Eutanasia pasiva : este es un término mal
    utilizado por los medios de
    comunicación y a lo único que se refiere es a
    la muerte natural, así se suspende el uso de los
    instrumentos de apoyo de vida o el suministro de medicamentos
    para que se dé una muerte completamente natural que no
    contraria en nada la ley natural.

    – Eutanasia activa : este término se refiere
    a la muerte que se ocasiona de una manera directa para poner fin
    al sufrimiento del paciente.

    El suicidio asistido se relaciona vagamente con la
    eutanasia, este se produce cuando alguien le da información y los medios necesarios a un
    paciente para que pueda terminar fácilmente con su propia
    vida.

    Ya hemos hablado del cambio
    semántico del término eutanasia que significa
    inicialmente la muerte en paz, sin dolores, incluso en plenitud
    de conciencia, sin disminución de las cualidades
    psíquicas del individuo.

    Hoy, la eutanasia significa la acción
    médica por la que se acelera o no se evita la muerte de
    una persona enferma. Precisamente lo que distingue la eutanasia
    en relación con el suicidio es el hecho de que se trate de
    una persona enferma, afectada por una dolencia grave.

    Dentro de la moral
    católica se ha hecho siempre una distinción entre
    la eutanasia activa y positiva por un parte y la pasiva o
    negativa por otra.

    1. Eutanasia activa: Es la acción
      médica con la que se pretende positivamente la
      supresión de la vida de una persona enferma. Una forma
      típica actual de eutanasia activa sería la
      administración de una sobredosis de
      morfina con la que se pretende intencionadamente poner fin a la
      vida y a los sufrimientos del paciente.
    2. Eutanasia pasiva: No se trataría
      de una acción, sino de una omisión de la
      no-puesta en práctica de una terapia médica que
      podría prolongar la vida de un enfermo. También
      sería eutanasia pasiva la decisión de los
      médicos de Bloomington de no prestar atención y dejar morir al niño
      afectado por el síndrome de
      Down.

    Dentro de la eutanasia positiva, la moral
    clásica ha distinguido, basándose en el principio
    moral del doble efecto, entre una eutanasia directa y otra
    indirecta. En el primer caso, la acción
    médica tiene en sí misma la supresión de la
    vida del enfermo. En la eutanasia indirecta, la acción
    médica tiene un doble efecto o significado: por una parte,
    tiende a disminuir y a aliviar los dolores del paciente; pero,
    por otra, es posible que debilite las energías del enfermo
    y acorte su vida. Esta situación puede presentarse en
    la
    administración de ciertos derivados de la morfina, en
    dosis no letales, con el intento de aliviar los intensos
    padecimientos de un enfermo.

    La batalla política sobre la
    eutanasia

    Los partidarios de la eutanasia no dudan en acusar a los
    médicos de no permitir al paciente morir en paz. El
    típico cuadro que presentan es el de un anciano atado a
    una cama, agonizando, en constante dolor y con tubos en todos los
    orificios naturales de su cuerpo y en algunos artificiales. El
    médico trata de mantenerlo vivo, quizás para
    obtener un mayor honorario o quizás porque no quiere
    admitir que ha perdido la batalla para salvar una
    vida.

    Una observación común entre personas
    retiradas es: " No quiero que se me mantenga vivo con todos esos
    tubos y mediante tratamientos caros y dolorosos."

    LA EUTANASIA Y LA
    LEY
    .

    Cada día surgen más voces que están
    pidiendo una legalización de la eutanasia. Hasta ahora se
    ha conseguido en algunos países algo que éticamente
    es aceptable. Se ha reconocido el derecho del enfermo a rechazar
    tratamientos extraordinarios y poder morir en
    paz y con dignidad.

    Evidentemente, para varias de las asociaciones
    favorables a la eutanasia se trata de un primer paso hacia una
    situación en la que también se admita la eutanasia
    positiva con aquellos pacientes que solicitan que se ponga fin a
    su vida.

    Una serie de objeciones muy importantes en contra de la
    legalización de la eutanasia, pero que además
    deberían ser tenidas en cuenta en los apartados
    procedentes. Se dividen estas objeciones en tres apartados:
    Desde el punto de vista de los médicos, del enfermo y
    de la sociedad.

    1. Es muy importante tener en cuenta el grave
      deterioro que puede seguirse en la imagen
      social del médico como consecuencia de la
      admisión de la eutanasia, que lógicamente
      sería realizada por medios
      "médicos". La vocación del
      médico se ha entendido siempre como un servicio
      a favor de la vida; si se admitiese legalmente la eutanasia
      se convertiría, en determinados casos, en un
      "agente de muerte". ¿Cómo
      sería la relación médico-enfermo si
      éste es consciente que está tratando con una
      persona que puede poner fin a la vida de los pacientes?. La
      imagen del médico y su relación con el
      enfermo se ha deteriorado ya de forma impresionante en un
      aspecto muy importante de la profesión: la
      "humanidad" en su relación con el
      paciente.

      Es muy difícil además tener una
      certeza en la prognosis de la enfermedad y en su curso. La
      medicina puede llegar a la conclusión de que un
      enfermo es irrecuperable, que su enfermedad es
      absolutamente irreversible y que el tiempo de
      vida que le queda es sumamente reducido. Pero todos hemos
      conocido casos en que el curso de la enfermedad es
      absolutamente inesperado, en que la vida del enfermo se
      prolonga machismo más de lo que la medicina hubiera
      podido esperar, incluso en niveles importantes de
      recuperación.

    2. Por parte del médico.

      Ante una petición de eutanasia siempre
      habrá que preguntarse si el paciente recibe la
      atención que debería prestársele. Se
      ha llegado a afirmar que la "eutanasia es una
      practica pasada de moda"
      dadas las posibilidades de
      aliviar los sufrimientos de los enfermos mediante una
      administración racional de los
      analgésicos de que se dispone hoy. Hay además
      una dificultad muy importante. Una hipotética
      legalización de la eutanasia, solicitada por el
      enfermo, puede actuar en forma de coacción moral
      sobre él mismo. Este podría verse forzado a
      pedir una eutanasia, que no desea interiormente, pero que
      se resigna a solicitar ante las dificultades que su
      enfermedad ocasiona entre las personas que le rodean. Toda
      enfermedad origina una serie de gastos,
      de desajustes en la vida familiar, de sufrimientos entre
      las personas que viven cerca del paciente… En una
      situación en que la "salida" de la eutanasia
      es posible, resulta fácil que el enfermo se sienta
      coaccionado para pedir que se ponga fin a su vida, aunque
      no sea ésta su auténtica voluntad.

    3. Por parte del enfermo.
    4. Por parte de la sociedad. En primer
      lugar no se ve fácil una ley que regule la eutanasia y
      que evite los abusos que pudieran seguirse de ello. Hay que
      reconocer que no es sencillo una hipotética
      legalización de la eutanasia que tenga en cuenta esta
      complejidad de matices y que evite los abusos que se pueden
      seguir.

    Sobre todo nos parece muy significativo subrayar, una
    vez más, el "efecto de ruptura de dique".
    Los que defienden la legalización de la eutanasia afirman
    que se refieren únicamente a aquellos casos en que el
    propio enfermo pide insistente y conscientemente que se ponga fin
    a su vida y a sus sufrimientos. Sin embargo, creemos que no se
    puede infravalorar el peligro de pasar de una muerte a
    petición a una sin petición; de la eutanasia
    aplicada a personas que lo solicitan a la impuesta a enfermos
    inconscientes. Subrayemos además que los mayores esfuerzos
    para exigir la legalización de la eutanasia se hacen en
    países técnicamente desarrollados, donde se asiste
    aun importante y creciente envejecimiento de la población: donde los ancianos no encuentran
    su puesto en la sociedad y se da, para muchos de ellos, una
    muerte social que precede a su muerte física. La
    pirámide de edades de estos países muestra que una
    base crecientemente reducida de población activa tiene que correr con los
    costes sociales de un número muy importante de
    pensionistas. El riesgo de una
    eutanasia aplicada coactivamente a las personas ancianas puede
    ser una consecuencia importante de una legalización de esa
    práctica.

    ALGUNOS ASPECTOS A TENER EN CUENTA PARA SU POSIBLE
    APROBACIÓN

    Antes que puntos claros , o conclusiones, respecto al
    tema, lo que tengo es una innumerable lista de aspectos sin
    resolver que, creo, deben tenerse en cuenta, aunque de por
    sí, de acuerdo con la definición dada más
    atrás, se podría aprobar o reglamentar este
    derecho. Aunque de por sí, en un país como el
    nuestro, podría ser causa más de perjuicios que de
    beneficios, dado que no están dadas las condiciones de
    conciencia, de legislación, y de cubrimiento necesarias
    para que se pueda tener de alguna manera en cuenta en éste
    país.

    Si se aprobara la Eutanasia por parte de un Estado, se
    deberían tener en cuenta aspectos como los
    siguientes :

    1. El testamento en Vida ( o testamento vital) : Un
      testamento vital es un documento en el que el interesado
      expresa sus voluntad sobre las atenciones médicas que
      desea recibir caso de padecer una enfermedad irreversible o
      terminal que le haya llevado a un estado que le impida
      expresarse por sí mismo. Puede realizar su propio
      testamento vital personalizado, con las indicaciones y
      razonamientos que considere pertinentes. De este tipo de
      documentos
      existen muy variadas versiones, existen fundaciones en muchos
      países que asesoran a cualquier persona sobre este
      aspecto, de acuerdo con las leyes vigentes
      en cada país. Los argumentos que podrían estar a
      favor de ello pueden ser : El promedio de esperanza de
      vida ha aumentado enormemente en los países más
      prósperos. (y aún en países menos
      prósperos, como el nuestro) Ello nos beneficia mientras
      gozamos de un buen estado de salud. Pero los avances
      médicos, que han supuesto una gran mejora para la salud,
      pueden servir también para alargar el proceso de
      la muerte. En teoría, se necesita nuestro
      consentimiento para que se nos administre un tratamiento, pero
      la mayoría de la gente acepta automáticamente lo
      que el médico le suministra. Hay quien pasa meses,
      incluso años, con una calidad de
      vida tan pobre que llega a desear vehementemente morir. Lo
      que la mayoría de la gente desea En todos aquellos
      lugares en que se han realizado encuestas,
      la mayoría de la gente piensa que se debería
      permitir que los médicos pudiesen ayudar a morir a un
      paciente incurable si el paciente lo solicita ( En Colombia, La
      Ley 23 de 1981 Dcto. 3380/81 dicta algunas normas en
      materia de
      ética médica relacionadas con este aspecto) . En
      la mayoría de los países en los que un
      médico lleva a cabo esta ayuda puede acusársele
      de homicidio, en
      Colombia, se
      llama homicidio por piedad y tiene cárcel de 6 meses a
      tres años. (Ley 2241 art. 3261. Cdgo. Penal
      Colombiano)
    2. Se debería tener en cuenta el derecho a la
      intimidad, como lo consagra el artículo 15 de la
      Constitución de 1991. Y a la hora de
      legislar sobre la Eutanasia, habría de considerarse este
      derecho relacionado.
    3. Tener en cuenta, el derecho a la libre
      disposición del cuerpo, como lo reconoce el derecho
      consuetudinario y reconocerle, así mismo, la posibilidad
      de la autonomía sobre su vida al ser humano.
    4. Deben tenerse en cuenta o aplicarse los mismos
      principios a
      un paciente mentalmente capacitado que a otro afectado de
      muerte cerebral, en estado vegetativo persistente, o en estado
      grave e irreversible de demencia ? Esto por que
      podría caerse a través de esto en una "eutanasia
      social" donde los desechables pueden ser eliminados muy
      suavemente, sin condenas morales y desconociéndoles de
      alguna manera sus más elementales derechos.
    5. La aplicación continuada de medios
      extraordinarios para alargar la vida (o la
      agonía ?) es una violación de los derechos
      constitucionales del paciente (o quien lo represente)
      sería ir contra la dignidad de la persona y contra su
      intimidad.
    6. Si se hablase de pacientes mentalmente incapacitados
      para tomar una decisión de este tipo, ésta debe
      apoyarse en el principio de subrogación para proteger
      los derechos de autodeterminación y el bienestar del
      afectado directamente. Sin embargo, aquí podría
      caerse en el horroroso camino de decidir quien y como vive
      alguien al poder plantear la ley que si una persona no puede
      volver a tener una existencia "normal" consciente,
      íntegra y útil (en los mejores términos
      del utilitarismo) , significaría que sólo una
      vida "normal, íntegra y útil" es digna de
      protección legal. Serían los riesgos de
      las personas de determinada edad, o los llamados desechables.
      Más aún la pérdida de confianza en el
      médico o personal de la
      salud. A esto se contrapone que el simple hecho de que las
      funciones
      del paciente sean limitadas o que el pronóstico
      médico sea negativo, no implica que pueda disfrutar de
      lo que le queda de vida, ni que todos tengamos que ser
      homogéneos.
    7. Se debe tener en cuenta el interés
      del paciente, cuando éste no haya decidido algo en
      condiciones de vida normales anteriores, en el interés
      del paciente, se hallarían implícitos aspectos
      como la calidad de la
      vida y la edad.
    8. Sería aconsejable que los hospitales tuviesen
      comisiones éticas a la hora de tener que tomar
      decisiones de ésta índole, para aconsejar a los
      pacientes, si se puede, a los familiares y a los médicos
      y puedan establecer directrices hospitalarias sobre el trato a
      los moribundos. Idealmente, sería aconsejable que estas
      comisiones fueran interdisciplinarias, con médicos,
      abogados, psicólogos, enfermeras y sacerdotes entre
      otros.
    9. Al prolongarse inútilmente la agonía de
      una persona, se pone a la familia
      en situaciones que podrían llamarse inhumanas, se pueden
      destacar, en el país, los costos de tener
      una persona en unidad de cuidados intensivos, que
      fácilmente ascienden a $1.500.000.oo diarios, costos que
      difícilmente pueden sufragar familias de escasos
      recursos,
      (que entre otras, son el 60 % de la población
      colombiana, según datos
      optimistas) estos gastos, dan,
      por lo general, al traste con la economía familiar,
      no son difíciles de encontrar situaciones en las que
      la familia
      queda en la ruina por destinar todos los recursos
      disponibles en la atención de quien irremediablemente
      iba a morir. Definitivamente, en este país enfermarse es
      un lujo costoso.
    10. El ejemplo anterior lo que nos muestra es una
      realidad tangible en nuestro país, donde la
      práctica de la medicina se ha deshumanizado como
      producto de
      una sociedad de economía
      capitalista salvaje, donde, prima el capital
      sobre la vida.
    11. En muchos casos se alude que mantener una persona
      "que de todas formas se iba a morir" supondría una carga
      social y económica para la sociedad mantener con vida a
      esos seres tan deficientes. Hemos considerado que así
      como se dedican grandes presupuestos
      para la guerra
      interna en el país, se deben dedicar mínimos
      recursos para atender a estos desafortunados y darles un resto
      de vida digna o un camino hacia la muerte más digno.
      Pero que sea el estado
      quien atienda estas necesidades.

    Si se legisla sobre la eutanasia (cosa no fácil
    de lograr), ésta legislación debe ser lo
    suficientemente amplia y clara para que quepa la posibilidad de
    que cada caso (por ejemplo el de la persona que padece una
    enfermedad incurable, dolorosa e irreversible; o el del
    cuadripléjico lucido a quien ya no le importa vivir)
    presenta sus propias y peculiares dificultades. Por otro lado, el
    estado "debe alentar a los individuos para que tomen decisiones
    con respecto a su futuro por sí mismos y de la mejor
    manera que puedan" (para que éstos decidan sobre su futuro
    autónomamente).

    Los debates que se llevan a cabo sobre la eutanasia
    generalmente terminan enredados por prejuicios morales,
    religiosos, emocionales, etc. Pero en realidad, sin cuestionar
    los diferentes puntos de vista, la pregunta que se debe hacer
    es:
    ¿A una persona que se siente completamente mal, siente que
    su vida no es suficiente razón para vivir el dolor
    intratable, la pérdida de dignidad o la pérdida de
    algunas facultades, pide repetidamente ayuda para un suicidio,
    está consciente y no está en capacidad de fingir
    una depresión
    se le puede aplicar la eutanasia o asesorarla en su
    suicidio?

    En los debates sobre eutanasia no se debe discutir:
    – Si un enfermo terminal debe pedir la eutanasia, lo que siempre
    es una decisión personal, sino si la gente en general
    debería darse la elección para pedir su
    aplicación.
    – Si se debería permitir el suicidio. En muchas
    jurisdicciones el suicidio es un acto legal y ha sido así
    por mucho tiempo.
    – Si a una persona saludable que está sufriendo un
    período de depresión se le debe dar ayuda para el
    suicidio. No se debe dar tal asistencia.
    – Si se debe permitir que una persona de la familia pida la
    aplicación de la eutanasia, una petición así
    debe venir del enfermo terminal.

    Por último, la eutanasia es una pregunta de
    elección: ¿Se debe facultar a la gente para tener
    control sobre sus
    propios cuerpos?

    Los grupos que se
    oponen al aborto son,
    generalmente los que se oponen también a la eutanasia,
    entre ellos se encuentran:

    • Los grupos
      religiosos conservadores, quienes se oponen a la libertad
      personal de elección en muchas áreas de la
      vida.
    • – Las asociaciones médicas que se dedican a
      salvar y alargar la vida y se sienten incómodos
      ayudando a la gente a terminar sus vidas.
    • – Grupos de incapacitados que tienen miedo de que
      la eutanasia sea el primer paso hacia la inclinación
      de terminar, sin su voluntad, con las vidas de la gente
      incapacitada.

    Posición de las
    distintas
    religiones frente a la
    eutanasia

    La Iglesia
    Católica Romana, la Luterana y la Episcopal han emitido
    declaraciones formales opuestas a la eutanasia y al suicidio
    asistido. Los grupos de fe Evangélica y Fundamentalista se
    cree que están también en desacuerdo con estas
    prácticas. La Asociación Unitaria – Universalista,
    un grupo liberal,
    emitió una declaración en 1.988 a favor de la
    eutanasia y, si hay condiciones adecuadas, del suicidio asistido.
    Declaraciones similares han sido hechas por la Iglesia Unida
    de Cristo y la Iglesia Metodista. Las otras Iglesias parecen
    divididas en este punto. La mayoría de cuerpos religiosos
    no se oponen a la eutanasia pasiva que no es más que dejar
    que la muerte se produzca de una manera natural sin aplazarla ni
    acelerarla.

    POSTURA MORAL
    CATÓLICA
    .

    Pío XII se refirió varias veces,
    dentro de sus numerosas enseñanzas sobre problemas
    médicos, al problema de la eutanasia. Su postura respecto
    a ella era condenatoria, ya que Dios es el único
    Señor de la vida humana y el hombre
    sólo su mero administrador,
    sin que pueda disponer de ella. El Santo Oficio condenó en
    tiempos de Pío XII la eutanasia practicada en

    tiempos del nacional-socialismo
    alemán, que condenó a muerte a tantos "a causa de
    sus deficiencias físicas y psíquicas", que fueron
    considerados como "carga y obstáculo para el progreso y el
    desarrollo de
    la nación"
    (22 febrero 1941).

    El papa Pacelli consideró legítima la
    eutanasia indirecta: "si la administración de
    narcóticos produjese por sí misma dos efectos
    distintos: por una parte, el alivio de los dolores, y por otra,
    la abreviación de la vida, entonces es lícita"(24
    febrero 1957).

    El Vaticano II, en su constitución Gaudium et spes,
    condenó la eutanasia dentro de una lista de distintos
    atentados contra la vida humana. Su condena fue extremadamente
    dura: "son en sí mismas infamantes, degradan la
    civilización humana, deshonran más a sus autores
    que a sus víctimas y son totalmente contrarias al honor
    debido al Creador"(GS 27)

    La Congregación para la
    Doctrina de la Fe
    .

    Existe un documento reciente de la Congregación
    para la Doctrina de la Fe en el que se expresa la postura de la
    Iglesia en el tema de la eutanasia.

    Los puntos fundamentales son los siguientes:

    • Clara afirmación de la inviolabilidad de la
      vida humana: "nadie puede atentar contra la vida de un
      inocente… sin violar un derecho fundamental, irrenunciable e
      inalienable".

    Por ello se condena la eutanasia "con el fin de
    eliminar radicalmente a los enfermos mentales o a los
    incurables la prolongación de una vida desdichada,
    quizá por muchos años, que podría imponer
    cargas demasiado pesadas a las familias o a la sociedad". Es
    inadmisible poner fin a la vida de un enfermo, incluso ante un
    dolor "prolongado e insoportable".

    • Se reconoce que no existe, ni por parte del
      médico ni por parte del paciente, la obligación
      de prolongar la vida de éste. Se insiste en el riesgo de una
      terapia médica que se pueda convertir en "un tecnicismo
      que corre el peligro de hacerse abusivo". En esta línea
      se afirma claramente "el derecho de morir con toda serenidad,
      con dignidad humana y cristiana".
    • En vez de los términos clásicos de
      "medios ordinarios y extraordinarios", utiliza los
      términos más adecuados de medios "proporcionados"
      y "desproporcionados". Para poder delimitar el carácter
      proporcionado o desproporcionado de un medio terapéutico
      debe tenerse en cuenta "el tipo de terapia, el grado de
      dificultad y de riesgo que comporta, los gastos necesarios y
      las posibilidades de aplicación con el resultado que se
      puede esperar de todo ello, teniendo en cuenta las condiciones
      del enfermo y sus fuerzas físicas y
      morales".
    • Se declara, por tanto, "lícito contentarse con
      los medios normales que la Medicina puede ofrecer". Esta
      no-utilización de las terapias desproporcionadas no
      equivale al suicidio. "Significa, o bien aceptación de
      la condición humana, o deseo de evitar la puesta en
      práctica de un dispositivo médico
      desproporcionado a los resultados que se podrían
      esperar, o bien una voluntad de no imponer gastos excesivamente
      pesados a la familia o a la colectividad".
    • La eutanasia debe situarse en un marco que
      habrá de tenerse en cuenta: la dificultad de la sociedad
      actual para asumir e integrar el hecho de la muerte, y la del
      hombre
      actual para aproximarse al enfermo terminal y
      acompañarle en sus angustias y sufrimientos. "Las
      súplicas de los enfermos muy graves, que alguna vez
      invocan la muerte, no deben ser entendidas como
      expresión de una verdadera voluntad de eutanasia;
      éstas, en efecto son casi siempre peticiones angustiadas
      de asistencia y afecto. Además de los cuidados
      médicos, lo que necesita el enfermo es el amor, el
      calor humano
      y sobrenatural con el que pueden y deben rodearlo todos
      aquellos que están cercanos, padres e hijos,
      médicos y enfermeras".

    El cristiano y la
    eutanasia
    .

    La fe del creyente de Jesús le habla de la vida
    como un don que ha recibido de las manos de Dios y en el que,
    puede encontrar la mano de un Dios, "amigo de la vida y amigo de
    los hombres", que le guía y le protege. Todos los
    acontecimientos de su vida, los alegres y los tristes, los que
    puede comprender y los que tiene que asumir no son obra de un
    destino ciego, sino que detrás de ellos sabe, por fe, que
    está la mano de un Padre que siempre nos ama y nos cuida,
    aunque, a veces, tengamos que tropezarnos con el misterio de un
    Dios incomprensible.

    El Evangelio nos presenta a un Jesús
    profundamente humano que sufre la angustia ante la
    cercanía de la muerte en el huerto de Getsemaní
    (texto que ha
    sido censurado en algunos papiros antiguos porque presentaba una
    angustia extrema de Jesús ante la proximidad de su
    muerte). Su grito en la cruz, "Dios mío, Dios mío,
    ¿por qué me has abandonado", es el resumen de la
    angustia del hombre de
    todos los tiempos ante una muerte que supone un desgaro y un
    salto en el vacío? Su palabra final, "en tus manos
    encomiendo mi espíritu", sintetiza su aceptación de
    la voluntad de Dios sobre Él. La muerte de Jesús,
    con su dramatismo, es un símbolo de la muerte de todo
    hombre, que experimenta en el hecho de morir la ruptura consigo
    mismo y con los seres queridos, la entrada en un ámbito
    misterioso, que ningún ojo ha podido ver ni ningún
    oído
    escuchar. Es el modelo del
    último acto de desarrollar como un cumplimiento total de
    la voluntad de Dios. La vida de Jesús es un arco tendido
    entre el "aquí estoy para hacer tu voluntad" y él
    "todo está cumplido". Este es el ideal al que, como
    seguidor de Jesús, debe siempre tender el cristiano en su
    vida y en su muerte.

    Para el creyente en Jesús, el sufrimiento y la
    muerte no son un vacío carente de sentido, el grano de
    trigo tiene que morir para dar fruto, el grano de trigo tiene que
    morir para dar fruto, que hay que perder la vida para así
    ganarla y recuperarla, que con sus sufrimientos llena lo que
    falta a la pasión de Cristo a favor de su cuerpo, que es
    la Iglesia. Todo ello constituye una llamada exigente, pero
    asumible por muchos cristianos, de entender su propia muerte, con
    todo lo que ésta comporta de sufrimiento y de esperanza y
    que finalmente se le entrega a Él, en sus manos de Padre.
    Respeta su propia vida siempre como un don, del que no podemos
    últimamente disponer y que entregamos confiadamente a su
    providencia, que no nos la quita, sino que nos la devuelve
    convirtiéndola en una existencia que ya nunca se
    acabará.

    ¿Tiene sentido el
    sufrimiento humano?

    La sociedad moderna enfatiza mucho la conveniencia, el
    confort y el evitar el dolor y las pruebas
    inevitables de la vida. Cuando algo terrible sucede en nuestro
    trabajo, en nuestra familia o con nuestra salud, tendemos a
    enojarnos con Dios o a maldecir nuestra mala suerte, en vez de
    aprender de nuestra experiencia, adquirir sabiduría,
    fortaleza y valor ante la vida.

    Aún más fundamentalmente, tal parece que
    hemos olvidado que tenemos un alma inmortal creada a imagen y
    semejanza de Dios. El alma es lo que nos distingue
    fundamentalmente del resto del reino animal. Hace medio siglo el
    Papa Pío XII se preguntaba: "¿No consiste acaso la
    eutanasia en una falsa compasión que alega evitarle al
    hombre el sufrimiento purificador y meritorio, no por medio de
    una ayuda caritativa y loable, sino por medio de la muerte, como
    si estuviéramos tratando con un animal irracional
    desprovisto de inmortalidad?"1 En esta pregunta el
    Papa estaba resaltando dos grandes propósitos del dolor:
    la purificación y el mérito.

    Cualquiera que haya sufrido mucho dolor durante un
    período de tiempo se dará cuenta, luego de
    examinarse interiormente, que ha sido fortalecido por esa
    experiencia. Se da cuenta de que el dolor no es destructivo, si
    se sufre durante un tiempo, sino que hace que el hombre se
    dé cuenta de que tiene la fuerza para
    vencer los obstáculos y temores que antes parecían
    ser insalvables. Esto es cierto para todo el mundo, sea la
    persona cristiana, judía, hindú o atea.

    Por supuesto, si el dolor es muy agudo y se sufre
    durante demasiado tiempo puede destruir al más fuerte. Por
    eso es que la Iglesia Católica enseña que no es
    apropiado esperar que todas las personas manifiesten una virtud
    heroica, y que los analgésicos pueden ser usados,
    aún en el caso de que causen un estado de lucidez parcial
    o el aceleramiento de la muerte en algunos casos.

    El segundo gran propósito del sufrimiento humano
    es ganar mérito. La primerísima afirmación
    de la Carta
    Apostólica del Papa Juan Pablo II Salvifici doloris sobre
    el sentido cristiano del sufrimiento humano resalta la constante
    enseñanza de la Iglesia sobre
    esta

    materia: "Suplo en mi carne — dice el apóstol
    San Pablo, indicando el valor salvífico del sufrimiento —
    lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo, que es
    la Iglesia."

    La Declaración sobre la eutanasia del Vaticano
    nos enseña: "…según la doctrina cristiana, el
    dolor, sobre todo el de los últimos momentos de la vida,
    asume un significado particular en el plan
    salvífico de Dios; en efecto, es una participación
    en la Pasión de Cristo y una unión con el
    sacrificio redentor que Él ha ofrecido en obediencia a la
    voluntad del Padre. No debe pues maravillar si algunos cristianos
    desean moderar el uso de los analgésicos, para aceptar
    voluntariamente al menos una parte de sus sufrimientos y
    asociarse así de modo consciente a los sufrimientos de
    Cristo crucificado (cf. Mateo 27:34)."2

    Un cierto grado de dolor al final de la vida nos permite
    seguir a Cristo hasta la misma cruz. En cierto modo, sería
    una inconsistencia el que los cristianos estuviesen dispuestos a
    sufrir ciertos tipos de indignidad e inconveniencias en nombre de
    Cristo durante varias décadas de su vida, y luego negarse
    a participar plenamente en el último y más
    importante sufrimiento de Nuestro Señor en el momento de
    su muerte.

    Esto no significa de ningún modo que tengamos que
    languidecer en agonía hasta el último momento de
    nuestra existencia, ya que el dolor mismo puede ser una terrible
    distracción. Sin embargo, se necesita un equilibrio
    adecuado durante nuestras últimas horas entre el estar
    plenamente cocientes de que lo que nos está sucediendo en
    nuestro camino hacia el Calvario y el grado de dolor que podemos
    soportar.

    Ponemos "a dormir" a los animales porque
    su sufrimiento no tiene sentido. No pueden enfrentar la muerte
    con fortaleza y entereza. Por lo tanto, nuestra única
    respuesta posible a su tribulación es ponerle fin a su
    sufrimiento lo antes posible.

    Lo que los animales
    necesitan en sus últimos días es que los traten
    humanitariamente; lo que los seres humanos necesitan en sus
    últimos días es que lo tratemos humanamente, es
    decir, como seres humanos dignos de respeto —
    ofreciéndoles nuestra compañía,
    dándoles ánimo para mantener su fortaleza y, cuando
    el dolor es grave, proveyéndoles lo mejor que la medicina
    puede ofrecer para aliviar su dolor. Pero no podemos tratar a las
    personas como a los animales, con la inyección lista para
    "ponerlos a dormir". No, debemos respetar su dimensión
    espiritual y el plan de Dios para sus vidas.

    ALGUNOS PUNTOS A FAVOR Y EN
    CONTRA DE LA EUTANASIA

    Se encuentran, a través de toda la
    argumentación presentada ciertos puntos a favor y en
    contra de la eutanasia, se pueden mencionar entre los puntos en
    contra de la eutanasia los siguientes :

    • La vida como un derecho inalienable, al optar por la
      eutanasia, estoy entregando mi libertad y al mismo tiempo
      acabando con ella, cuestión aún sin
      resolver.
    • Los límites
      de la Eutanasia : bajo qué circunstancias se debe
      aplicar ? cómo legislarla ? aunque aquí
      se plantean ciertos límites, aún no es claro
      cómo aprobarla, bajo qué
      límites.
    • Existe una dificultad de toma de posición en
      el caso de los enfermos mentales.
    • Las expectativas : Cómo sé si
      aquella persona que hizo su testamento en vida autorizando
      ésta práctica no se arrepintió en el
      último momento ?
    • "mientras hay vida hay esperanza" dice un adagio
      popular, sin embargo, hay que analizar y desentrañar
      aún más el verdadero significado de esta frase,
      alguien podría decir, y si al otro día se
      encuentra la cura contra ésta
      enfermedad ?
    • Podrían aumentar el número de
      eliminaciones a débiles y personas subnormales,
      así mismo, aumentarían las presiones sobre el
      ejecutante (medico?) del acto por parte de la
      familia.
    • Los mismos ejecutantes podrían ser tomados
      como verdugos, lo que puede implicar en una sociedad como la
      nuestra, una pérdida de confianza en la persona tratante
      de mi enfermedad
    • Podrían aumentar el número de
      homicidios con máscara de eutanasia, con el sólo
      fin de cobrar jugosas herencias
    • Podría aplicarse la eutanasia sólo para
      surtir el jugoso negocio del tráfico de órganos,
      lo que muestra que podrían haber intereses
      económicos y políticos tras su
      aprobación.
    • Podrían disminuir los recursos destinados a la
      cura de una enfermedad, ya que podría salir más
      económico dejar morir a las personas y con ello se
      disminuye así mismo, el esfuerzo de investigación en la medicina.
    • Se puede perder la esperanza de vivir, si como viejos
      las personas son dejadas de lado, aisladas en asilos, como
      enfermos pueden ser eliminados simplemente.
    • Deber cívico de permanecer vivo
    • La decisión que conlleve al acto, es del todo
      irreversible.

    Sin embargo, los puntos a favor de la Eutanasia
    podrían ser :

    • Tengo un derecho a disponer de mi propia vida, y
      puedo reivindicar la autonomía como parte integral de la
      dignidad humana y expresión de ésta.
    • Una vida en determinadas condiciones es indigna, la
      imagen que proyecto ante
      los seres cercanos o aún en los otros, puede ser
      considerada como humillante e indigna.
    • Por qué aceptar una forma de existencia en
      circunstancias limitadísimas ? sacrificando , en
      cierta forma, a parientes y amigos ?
    • Así como se tiene un derecho a vivir con
      dignidad, por qué no tener un derecho a morir
      dignamente ?
    • No debe intentarse prolongar la vida cuando
      ésta no se pueda vivir, haciendo del paciente no un ser
      humano, sino un caso clínico interesante (como ocurre en
      los hospitales universitarios actualmente)
    • Podría institucionalizarse unos derechos no
      sólo del paciente terminal, sino de la familia en
      sí.
    • Es justo morir de un modo tan
      doloroso ?

    Como vemos, el mar de preguntas que nos arrastra
    aún es grande, sin embargo, ya existe una cierta
    conciencia en nuestro tiempo para que ella sea aceptada de alguna
    manera, los valores se han
    ido transformando poco a poco y ya se está llegando, a que
    algún día, no muy lejano, se apruebe el derecho a
    una muerte justa, en los términos aquí planteados.
    Los individuos están tomando más en serio su
    papel dentro
    de este momento histórico y se comienzan a preguntar sobre
    aspectos trascendentales en la existencia del ser. Sin embargo,
    los riesgos de que
    éste individuo sea absorbido y manipulado por el sistema
    capitalista están latentes, ya que éste puede
    manipularlo para volverlo desechable y hasta productivo en un
    momento dado.

    Aún existen muchos aspectos indeterminados en
    torno a la
    Eutanasia, cabe mencionar algunos como la dignidad humana y la
    autonomía, el no tomar al ser humano desde un punto de
    vista eminentemente biológico, la calidad de la
    vida y la libertad de elección Y no hay que olvidar la
    abigüedad a la que se puede llegar con su eventual
    legalización.

    Eutanasia: ¡Cuando el
    médico mata al paciente!

    Calificar la eutanasia llamándola activa o
    pasiva, directa o indirecta, voluntaria o involuntaria, o
    suicidio asistido sólo logra confundir.

    Hipócrates vivió en el siglo IV antes de
    Cristo. Hasta entonces, el médico cumplía una doble
    función; una era curar…¡la
    otra matar!

    La gran contribución de Hipócrates, que
    pasó a la era Cristiana y guió la profesión
    de médico durante los siguientes dos milenios, fue la de
    separar la función de
    curar y la de matar del médico. A partir de entonces, el
    médico solo curaría. A través de los siglos,
    el juramento hipocrático ha contenido la frase, primun non
    nocere, "en primer lugar, no hacer daño". En la
    actualidad, los médicos que se gradúan ya no toman
    el juramento hipocrático. Con el aborto y el
    apresuramiento para legalizar la eutanasia, los médicos,
    trágicamente, han vuelto a asumir esa doble
    función.

    Los partidarios de la eutanasia no dudan en acusar a los
    médicos de no permitir al paciente morir en paz. El
    típico cuadro que presentan es el de un anciano atado a
    una cama, agonizando, en constante dolor y con tubos en todos los
    orificios naturales de su cuerpo y en algunos artificiales. El
    médico trata de mantenerlo vivo, quizás para
    obtener un mayor honorario o quizás porque no quiere
    admitir que ha perdido la batalla para salvar una
    vida.

    Una observación común entre personas
    retiradas es: " No quiero que se me mantenga vivo con todos esos
    tubos y mediante tratamientos caros y dolorosos."

    Los pacientes terminales, acaban muriendo. Aunque los
    partidarios de la eutanasia hablan constantemente sobre esos
    casos, no son su verdadero objetivo. Son más bien aquellos
    que se piensa que deben morir, pero que no mueren… los
    biológicamente tenaces. Por lo general, tales personas no
    sufren dolor y sus vidas no dependen de aparatos
    terapéuticos, pero son, según el juicio de muchos,
    una carga para la sociedad. Se trata de las personas con derrames
    cerebrales, esclerosis múltiple, enfermedad de Lou Gehrig,
    daños cerebrales, tetraplegia, etc.

    El dolor

    La bibliografía en favor de la eutanasia
    enfatiza continuamente el dolor constante, imposible de aliviar,
    insoportable, agonizante… Salvo raras excepciones, el
    dolor físico se puede controlar. Un sano consejo cuando se
    confronta el problema de que un ser querido padece dolor
    constante, es "busque otro médico". Si el médico
    propio no puede controlar el dolor, busque otro que lo
    haga.

    Es infantil querer vivir una vida libre de dolor,
    ansiedad, limitaciones. Una vida facilona, hedónica, es
    una vida de carencias, para el que la vive y para los que le
    rodean, pues es una vida sin oportunidades de crecerse ante el
    sufrimiento y de sacar de dentro muchos recursos no utilizados.
    Matar por compasión disminuye el tesoro moral de la
    humanidad, nos hace blandos.

    "El reclamo de que el dolor físico agudo es una
    razón válida para matar a un paciente no tiene
    fundamento".

    El segundo tipo de dolor que constituye la razón
    principal por la cual hay algunas personas que pueden llegar a
    sentir deseos de ser eliminadas, es el dolor emocional, la
    desesperación, la pérdida de la esperanza, la falta
    de amor, la
    angustia, la soledad, la pérdida de la dignidad, cansarse
    de la vida y no querer depender de otros.

    El papel del
    medico.

    Durante más de 2000 años la gente ha
    confiado en sus médicos para que "no hagan daño".
    Esta confianza ha sido severamente socavada por el aborto legal.
    Por favor, que no se continúe destruyendo esa confianza
    asignándoles nuevamente el papel de verdugos. Las
    Asociaciones de Médicos de EEUU, Australia y
    Canadá, han condenado la eutanasia.

    La eutanasia a nivel
    mundial

    La mayor parte del mundo no está todavía
    consciente del peligro que representa la Federación
    Mundial de Sociedades
    para el Derecho a Morir, una red internacional para
    promover la eutanasia, a cuya Séptima Conferencia
    Bianual asistí en San Francisco en 1988, y cuya Conferencia de
    1990 tuvo lugar en Holanda. Alrededor de 29 organizaciones
    miembros de esta red están dedicadas a
    crear un clima de
    opinión favorable a la legalización de la eutanasia
    y a llevarla a cabo en cualquier forma que pueda hacerla
    aceptable en sus respectivos países. El momento y las
    formas de encarar el tema varían, pero una vez que la
    eutanasia sea legalizada en cualquier parte, su aplicación
    puede extenderse a medida que se presenten las
    oportunidades.

    Estamos siendo testigos de la construcción multinacional de una de
    aquellas "estructuras de
    pecado", de las que el Papa Juan Pablo II ha hablado. Una
    pequeña estructura
    puede ser pasada por alto como insignificante, y cuando llega a
    alcanzar el tamaño de un rascacielos se acepta como parte
    del paisaje urbano. Nuestra tarea es impedir la construcción de esta estructura a
    través de todo lo que esté a nuestro alcance,
    frenarla si fuera posible, desmantelarla, y, aún
    más, reemplazarla con algo auténticamente
    misericordioso. Ello reclamará todo el esfuerzo y la
    creatividad de
    que podamos disponer para encontrar una solución. Si
    fracasamos, la probabilidad de
    que la eutanasia tenga lugar a nivel mundial, se
    convertirá en una certeza. Querámoslo o no,
    nosotros mismos tendremos tantas probabilidades de morir a manos
    de otro como por cualquier otra vía. Mientras más
    jóvenes seamos en estos momentos, más probable
    será que ello ocurra en el futuro. Como dice el
    refrán: "la vida que salves bien podría ser la tuya
    propia".

    LA ACTUAL DISCUSIÓN
    SOBRE LA EUTANASIA
    .

    La eutanasia en el mundo
    Romano
    .

    La Palabra eutanasia procede del griego.
    Significa etimológicamente "buena muerte". Este fue
    su significada primero en la antigüedad greco-romana:
    "Felici vel honesta morte mori" (Morir con una muerte
    feliz y honesta).

    Sin embargo el juramento Hipocrático,
    atribuido a Hipócrates, el padre de la Medicina,
    decía: "Jamas daré a nadie una medicina mortal
    por mucho que me lo soliciten
    ". Esto ha sido interpretado
    habitualmente como una condena de la eutanasia.

    El español y
    cordobés L. A. Séneca será defensor
    de la eutanasia en sus famosas cartas: "No se
    debe ni querer demasiado a la vida ni odiarla demasiado, sino
    buscar un término medio y ponerla fin cuando la
    razón lo aconseje. No se trata de huir de la vida, sino de
    saber dejarla
    ".

    La difusión del cristianismo
    llevará consigo una superación de la eutanasia, un
    término desconocido por el Antiguo y el Nuevo Testamento,
    tanto conceptualmente como en su contenido. El cristianismo
    condenará el suicidio y, por tanto, la eutanasia por un
    triple motivo:

    • Atenta contra el amor
      debido a sí mismo.
    • Atenta contra la sociedad.
    • Atenta contra el derecho exclusivo de Dios sobre la
      vida del hombre.

    Esta es la argumentación de Santo
    Tomás.

    Francis Bacon y Tomás
    Moro
    .

    El tema de la eutanasia se suscita de nuevo durante
    el
    Renacimiento. F. Bacon da al término "eutanasia" su
    significado actual: "La aceleración de la muerte en
    un hombre enfermo
    ".

    Santo Tomás Moro, al describir en su famosa
    Utopía la forma de estado ideal, afirma por una parte
    que se debe prestar a los moribundos todo cuidado y solidaridad.
    Pero considera que, en casos de dolores extraordinarios, se
    puede recomendar poner término a su vida. Se le puede
    causar la muerte al enfermo, si éste está de
    acuerdo, privándole de los alimentos o
    administrándole un veneno. También se requiere el
    permiso de las autoridades y de los sacerdotes para evitar los
    abusos que podrían seguirse.

    La eutanasia y el
    nacional-
    socialismo
    alemán.

    En el siglo XIX se reanuda la polémica sobre la
    eutanasia. Se constituye en Gran Bretaña una sociedad a
    favor de la eutanasia voluntaria, que solicita la
    legalización de la eutanasia. Ya en el siglo XX, con
    anterioridad a la Segunda Guerra
    Mundial, son rechazados los primeros proyectos de ley
    que pretendían una legalización de la eutanasia en
    Gran Bretaña y en algún estado de los Estados
    Unidos.

    La brutal aplicación de la eutanasia en la
    época nazi convirtió esta palabra en un
    término tabú en los años de la posguerra.
    Sin embargo, no muchos años después vuelve a
    plantearse el tema en relación con el famoso proceso de
    Lieja contra el matrimonio
    Vandeput.

    Sobre todo a partir de los años setenta, la
    discusión en torno a la
    eutanasia comienza a ser más intensa. En esta nueva
    situación inciden varios hechos concretos, que han sido
    muy difundidos por los medios de
    comunicación social. Hay que citar además
    algunos documentos
    considerados como un primer intento de legalización de la
    eutanasia.

    En primer lugar tenemos que referirnos al famoso Bill of
    Rights americano o Carta de los
    derechos de los enfermos de los hospitales. En este documento, se
    cita el derecho "a rechazar el tratamiento en la
    extensión permitida por la ley y a ser informados de las
    consecuencias médicas de su decisión
    ". En esta
    misma línea sería lógico situar la ley del
    estado de California, imitada después por otros estados
    americanos, y otros proyectos de ley
    (por ejemplo, el Caillavet de Francia): no
    pretenden legalizar la eutanasia, sino afirmar el derecho del
    enfermo a poner límites a los tratamientos con medidas
    extraordinarias.

    Por el contrario, el famoso Manifiesto a favor de la
    eutanasia, publicado en The Humanist (1975) y suscrito por varios
    premios Nobel y otras personalidades relevantes, da un paso
    adelante: " Nos declaramos, por razones éticas, a favor
    de la eutanasia
    ". El documento afirma que el individuo
    "tiene la libertad para decidir razonablemente su propia
    muerte
    "; "es cruel y bárbaro exigir que una persona
    sea mantenida viva contra su voluntad, rehusándole la
    liberación que desea
    ". Finalmente, afirma con
    solemnidad que, "puesto que todo individuo tiene el derecho a
    vivir con dignidad…, también tiene el derecho a morir
    con dignidad
    ".

    En España
    acaba de constituirse la asociación Derecho a Morir
    Dignamente
    (DMD) que, entre sus objetivos,
    pretende la legalización de la eutanasia. Intenta
    conseguir "la promoción del derecho de toda persona a
    disponer con libertad de su cuerpo y de su vida y a elegir, libre
    y legalmente, el momento y los medios para finalizarla".
    Según su fundador, DMD defiende el derecho del enfermo a
    no permanecer en vida por medios artificiales si no existen
    posibilidades razonables de recuperación.

    Algunos casos notables de
    eutanasia
    .

    • El caso de Karen Ann Quinlan probablemente sea el que
      más tinta ha hecho correr en estos últimos
      años. Esta fue una niña adoptada por sus padres,
      católicos practicantes, que entró en coma en la
      velada de su emancipación. Permaneció en coma
      varios meses. Entonces sus padres, aconsejados por un
      sacerdote, pidieron que la desconectasen de los aparatos. En un
      principio la dirección del hospital se negó.
      Posteriormente el Tribunal Supremo del Estado dio la
      razón a los padres y permitió la
      desconexión del respirador, pues "Karen Ann Quinlan
      tiene derecho a una muerte natural".

    Pero cuando se le retiró los aparatos esta joven
    siguió viviendo y respirando automáticamente.
    Más tarde nos llegan noticias sobre la joven, nueve
    años más tarde Karen sigue viviendo: su cuerpo ha
    adquirido una posición fetal y pesa sólo 30 Kilos.
    Su cerebro sigue
    funcionando, aunque tiene lesiones irreversibles que, desde el
    punto de vista médico, son incompatibles con la vuelta a
    una vida personal.

    * El 15 de abril de 1982 fallecía en Bloomington,
    Indiana, un niño afectado por el síndrome de
    Down (mongolismo). Sus padres habían obtenido una
    orden judicial prohibiendo a los médicos alimentar y
    cuidar al niño, que había nacido con una
    fístula tráqueo-esofágica que le
    impedía ingerir alimento a no ser que se le realizara una
    intervención quirúrgica correcta. Éste era
    el único obstáculo para que el niño
    mongólico pudiese sobrevivir. El niño murió
    pocas horas antes de que se solicitase la intervención de
    la Corte Suprema de Washington. Mientras tanto, diez parejas se
    habían ofrecido a adoptar al niño, cuyos padres se
    negaban a que se le mantuviese en vida.

    * Un caso más antiguo es el del doctor Urs Peter
    von Haemmerli. Que trabajaba en el servicio de
    gastroenterología en una clínica de Zurich y fue
    acusado de practicar la eutanasia con enfermos terminales. Les
    aplicaba una solución a la que llamaba
    eufemísticamente hydratión. El doctor Peter
    von Haemmerli afirmó haber administrado el
    hydratión a 10-12 enfermos al año,
    justificando su comportamiento
    por la escasez de camas en su servicio.

    Razones de un cambio de
    perspectiva.

    ¿Qué ha sucedido en el espacio de veinte
    años para que la palabra "eutanasia", que era aún
    tabú durante el proceso de Lieja, sea hoy exigida con
    naturalidad y se afirme con énfasis que el individuo no
    sólo tiene un derecho de la vida, sino también a la
    muerte, que se contrataría en la admisión de esa
    práctica? Son varios los factores que han influido en este
    importante cambio de mentalidad y de sensibilidad.

    Uno de ellos es el progreso de la medicina y en concreto en
    sus técnicas
    de reanimación. Hoy, los médicos, mediante el
    recurso a sofisticadas terapias, pueden prolongar de una forma
    irracionable y desproporcionada el proceso de muerte de un
    paciente.

    Hace algunos años solía citarse, como
    ejemplo histórico de encarnizamiento terapéutico,
    el caso de la muerte del ex presidente norteamericano Truman. Sin
    embargo, posteriormente, y en un crescendo del
    enseñamiento médico, se han citado los casos de
    Franco, Tito y Bumedian. Las técnicas
    de reanimación consigue salvar la vida de víctimas
    de accidentes
    cardiovasculares, de tráfico, de complicaciones de
    anestesia…, pero con unos costes extraordinarios: son personas
    que pueden seguir viviendo, pero cuya corteza cerebral ha quedado
    seria e irreversiblemente dañada. Sobreviven en una
    existencia meramente biológica, con absoluta capacidad
    para establecer relaciones intrapersonales con los
    demás.

    Otras causas influyen en la mayor aceptabilidad social
    del hecho de la eutanasia:

    • Los altos niveles de secularización de nuestra
      sociedad.
    • El rechazo de una moral heterónoma y la
      afirmación: " únicamente el hombre es juez de
      sí mismo".
    • El respeto hacia las opciones que cada individuo
      pueda tomar en relación con su propia vida.
    • La falta de integración de la muerte dentro de los
      esquemas culturales de nuestra sociedad.

    LA EUTANASIA CON NIÑOS
    DEFICIENTES.

    Este es, probablemente, el punto donde con más
    claridad puede comenzar a experimentarse hoy el "efecto de
    ruptura de dique" en la pérdida de valoración de
    la vida humana, como consecuencia de la aceptación legal
    de la supresión del embarazo.

    Recientemente informaba la revista
    médica Jano que en el año 1982 se
    han dado en el estado de Nueva York
    18 casos de fetos abortados en etapas tardías del
    embarazo y
    que "nacieron" con vida y en condiciones de seguir
    viviendo si se les hubiesen aplicado los procedimientos
    médicos existentes para casos de parto
    prematuro. Hay que tener en cuenta que en Estados Unidos
    se admite legalmente el aborto hasta la viabilidad del feto.
    Según C. Tietze, en general se considera que el
    feto comienza a ser viable a partir de la vigésima
    octava semana de embarazo. Teniendo en cuenta el número
    de abortos anuales que se realizan en Norteamérica,
    puede calcularse que se dan anualmente unos 200 casos en que ya
    no se puede hablar únicamente de aborto, sino de
    infanticidio (o de eutanasia, ya que a veces tales
    fetos/niños nacen con lesiones provocadas por la misma
    técnica abortiva que ha sido utilizada).

    El tema de cuáles son las atenciones que deben
    prestarse al recién nacido con anomalías o
    malformaciones está hoy sometido a un debate
    creciente. Puesto que es un tema complejo, ya que dentro de
    él existen situaciones diversas de diferente
    gravedad.

    Por estas razones, consideramos que es siempre
    inaceptable la supresión positiva de estas vidas. Sin
    embargo, pensamos que en situaciones de
    anencefalia o similares se les puede dejar morir
    en paz sin aplicárseles terapias desproporcionadas en
    relación con sus posibilidades de supervivencia y de
    realización personal.

    No obstante, consideramos que es muy distinto el caso
    de un niño portados del síndrome de Down.
    Ya que en un futuro estos niños poseerán
    importantes capacidades de desarrollo de su afectividad y de
    creación de lazos interpersonales muy fuertes.
    También hay que afirmar que estos seres humanos, van a
    valorar subjetivamente su vida de forma positiva, en un gran
    porcentaje. Al mismo tiempo son numerosos los padres que, una
    vez pasado el primer mal trago de la impresión, van a
    aceptar y asumir positivamente la presencia de un niño
    cuya existencia puede gestar en la familia importantes cauces
    de humanización que no existían con
    anterioridad.

    LA EUTANASIA LIBREMENTE ELEGIDA.

    Existen casos en que es el propio enfermo el que
    solicita que se ponga fin a su existencia, incluso en casos en
    que previamente ha suscrito (en plenitud de sus facultades
    físicas y mentales) un testamento pidiendo la
    eutanasia.

    En estos casos, habría que tener en cuenta los
    siguientes datos:

    1. Hasta qué punto esta petición es firme
      y representa su auténtica voluntad o, más bien,
      es consecuencia del paso por algunos de los estados de
      ánimo por los que atraviesa el enfermo durante su
      última enfermedad.
    2. En segundo lugar debe insistirse en el posible
      trasfondo de frecuentes peticiones de eutanasia. Como una
      llamada en clave, a través de la cual el paciente
      intenta llamar la atención de los que le rodean, pedir
      un calor y un
      apoyo humano que no sele están prestando.
    3. Finalmente hay que referirse a los dolores
      insoportables que pueden afectar al paciente y ser la causa que
      desencadene su petición de eutanasia.

    El problema puede ser especialmente agudo en los casos
    de personas no creyentes, para los que no existe un destino
    trascendente del hombre ni un Dios del que se ha recibido la
    vida como un don.

    Sin embargo, desde una ética de
    fundamentación puramente humana existen dos
    importantes argumentos en contra de esa
    práctica:

    1. ¿Cómo valorar la profunda resistencia
      interior que siente el hombre de nuestra civilización al
      participar en una acción que significa la
      supresión de una vida humana? Nos referimos tanto al
      manejo de un arma en situaciones de guerra como
      a formar parte de un pelotón de ejecución en una
      pena de
      muerte… e incluso a desconectar un respirador en un caso
      de legítima "ortotanasia".
    2. Es una actitud bella y profundamente humana la de la
      persona que es capaz de arrastrar lo que la vida significa en
      los momentos alegre y en los duros, sin volver la cara, sin
      renunciar a la vida, sino aceptándola en todas las
      circunstancias que comporta.

    Holanda (o más propiamente, los Países
    Bajos) es el único país en el mundo donde la
    eutanasia se practica abiertamente. No es permitido por estatuto,
    pero la ley acepta una defensa normal de doctores que han
    adherido a las pautas oficiales. Éstos ponen goznes en el
    voluntariness de la demanda y
    unrelievable-ness del sufrimiento. No es una condición que
    el paciente está terminalmente enfermo o que el
    sufrimiento es físico.

    EJEMPLO DE TESTAMENTO SOBRE EUTANASIA (TESTAMENTO
    VITAL
    ).

    (Manifestación de voluntad sobre el final de mi
    propia vida)

    Yo……………………………………………………………….,
    con D.N.I.no…………………………….., mayor de edad,
    con domicilio en
    ………………………………………………………………………………………………………………………,
    en plenitud de mis facultades mentales, libremente y tras
    prolongada reflexión, DECLARO:

    Que, si llego a encontrarme en una situación en
    la que no pueda tomar decisiones sobre mi cuidado médico,
    a consecuencia de mi deterioro físico y/o mental, por
    encontrarme en uno de los estados clínicos enumerados en
    el punto 4 de este documento, y si dos médicos
    independientes coinciden en que mi estado es irreversible, mi
    voluntad inequívoca es la siguiente:

    1.Que no se prolongue mi vida por medios artificiales,
    tales como técnicas de soporte vital, fluidos
    intravenosos, fármacos o alimentación
    artificial.

    2.Que se me suministren los fármacos necesarios
    para paliar al máximo mi malestar, sufrimiento
    psíquico y dolor físico causados por la enfermedad
    o por falta de fluidos o alimentación,
    aún en el caso de que puedan acortar mi vida.

    3.Que, si me hallo en un estado particularmente
    deteriorado, se me administren los fármacos necesarios
    para acabar definitivamente, y de forma rápida e indolora,
    con los padecimientos expresados en el punto 2 de este
    documento.

    4.Los estados clínicos a las que hago
    mención más arriba son: Daño cerebral severo
    e irreversible. Tumor maligno diseminado en fase avanzada.
    Enfermedad degenerativa del sistema nervioso
    y/o del sistema
    muscular en fase avanzada, con importante limitación
    de mi movilidad y falta de respuesta positiva al tratamiento
    específico si lo hubiere. Demencias preseniles, seniles o
    similares. Enfermedades o situaciones
    de gravedad comparable a las anteriores.

    Otras: (especificar si se desea)
    ……………………………………………………………………………………

    5.Designo como mi representante para que vigile el
    cumplimiento de las instrucciones sobre el final de mi vida
    expresadas en este documento, y tome las decisiones necesarias
    para tal fin, a:

    Nombre del representante
    ………………………………………………………………….
    D.N.I………………………..

     6.Manifiesto, asimismo, que libero a los
    médicos que me atiendan de toda responsabilidad
    civil y penal que pueda derivarse por llevar a cabo los
    términos de esta declaración.

    7.Me reservo el derecho de revocar esta
    declaración en cualquier momento, en forma oral o
    escrita.

    Fecha……………………
    Lugar…………………….
    Firma………………………………

    TESTIGOS:

    1.
    Nombre………………………………………….
    DNI…………..
    Firma……………………………

    2.
    Nombre………………………………………….
    DNI…………..
    Firma…………………………….

    REPRESENTANTE:

    Firma……………………………………………………….
    Fecha……………………………

    ———————————————————————–

    Asociación Derecho a Morir Dignamente

    Apartado 31.134

    01060 MEXICO DF.

    CONCLUSIÓN

    La prohibición absoluta de matar a los enfermos
    es, para todos, una fuerza moral
    maravillosa e inspiradora, que nos salva a todos, pacientes,
    médicos y sociedad, de los efectos perversos de la
    compasión. De ella nace la medicina paliativa. Prestar
    servicios al
    moribundo, acompañarle en sus últimos días
    con los auxilios de la medicina paliativa es una acción
    humanamente excelente y de alta calidad profesional. Pero matarle
    es robarle uno de los momentos estelares de la vida: una buena
    muerte completa la vida, la buena muerte es una de las
    experiencias más importantes que se nos dan.

    Hace algunos años, Simone Veil afirmaba, con
    motivo de la prestación de un proyecto de ley a
    favor de la eutanasia en la Asamblea Nacional francesa, que el
    verdadero problema de la eutanasia "está en humanizar la
    muerte en el hospital, donde muere gran parte de la gente, y de
    hacer aparecer una sensibilidad nueva". En una línea
    similar, Mons. Eichegaray decía que "tenemos que
    redescubrir el sentido de la muerte, sin disfraces… La forma
    como una civilización afronta la muerte en el horizonte de
    la vida es un criterio decisivo de su respeto a la muerte"; "la
    gente tiene necesidad de cosas muy distintas que de terapias, por
    muy refinadas que sean… No sabemos cómo comportarnos
    ante un moribundo, si no es realizando gestos mecánicos…
    Hemos olvidado actitudes tan
    simples como la disponibilidad y la escucha
    silenciosa"
    .

    Son dos textos importantes y que resumen el verdadero
    trasfondo de la problemática de la eutanasia. Una sociedad
    que no sabe integrar con naturalidad y humanidad la muerte no
    sabe cómo tratar y apoyar a sus enfermos y moribundos, es
    incapaz de descubrir el hondo sentido humano que puede tener el
    hecho del morir. En los últimos años se ha creado
    una intensa conciencia de que hay que revisar la forma de morir
    de la sociedad actual. Se hace necesario crear una sensibilidad
    nueva y reintroducir el hecho de la muerte en nuestras
    coordenadas vitales. Creo que éste es el auténtico
    camino para abordar toda la grave problemática de una
    civilización que ha aprendido muchísimas cosas,
    pero que ha olvidado cómo poder morir
    humanamente.

    BIBLIOGRAFÍA.

    HOMICIDIO CONSENTIDO Y DERECHO A MORIR CON DIGNIDAD.
    Nuñes Paz, Miguel Angel
    Editorial Tecnos, 1999
    DEBATE SOBRE LA EUTANASIA.
    Carla Fibla.
    Editorial Planeta, 2000
    EL DOMINIO DE LA
    VIDA.
    Ronald Dwarklin
    Editorial Ariel, INGLES, 1994
    GUIA DE LOS DERECHOS
    HUMANOS.
    C.N.D.H., 2000
    LA EUTANASIA.
    Javier Fernández.
    Editorial Temas de Hoy, 1990
    DEATH BY LETAL INJECTION
    INGLES.
    EL PACIENTE Y SU MEDICO
    Horacio Jinich, Volumen 2.
    Editorial JGH, México
    1998
    EL LABERINTO DE LA SOLEDAD.
    Octavio Paz
    .
    Fondo de Cultura
    Economica, México
    1959
    INQUIETUD NUEVA, Revista
    Catolica.
    Javier Sanches Reyes. No. 98
    Mexico, 2000

    EUTANASIA Y AYUDA MEDICA AL SUICIDIO, Conferencia.
    Gonzalo Herranz.
    www.oc.lm.ehu/cupv/univ98

    ANGUSTIA Y EUTANASIA.
    www.vidahumana.org

    LA EUTANASIA, JÓVENES PRO-VIDA
    www.geocites.org

    Diccionario
    Hispánico Universal.
    Tomo I. de W.M. Jackson Editores. México.
    D.F.
    SOBRE LA LIBERTAD . Pgs.26 – 81
    STUART, Mill, John .
    INGLES
    ENCICLOPEDIA MULTIMEDIA
    SALVAT.
    2000. SALVAT.
    EL MUNDO DE TEHUACAN.
    ABRIL 2001, SECCION SABER MAS.
    EUTANASIA EN HOLANDA.
    www.euthanasia.org/english_dutch.html

    INGLES.

     

     

    Autor:

    Gregorio De Jesús Vazquez Cruz.

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