Indice
1.
Fines del Estado
2. Clasificación de los fines
del estado
3. El Neoliberalismo
4. Socialismo
5. El Sindicalismo y su
evolución
Al fin del estado, lo que
podemos visualizar desde una perspectiva trialista o
tridimensional. Es decir:
Desde el orden de la realidad de los comportamientos
políticos.
Es decir en la política como
actividad que se despliega a través de conductas de
gobernantes y gobernados, todo lo que se hace se hace para
alcanzar un fin al termino de la actividad, habiéndolo
imaginado, deseado y propuesto primero y antes en la
intención.
Desde el orden de las normas
jurídicas:
El fin del estado aparece
descripto y formulado mediante normas sean estas
escritas o no. La constitución del estado contiene la
descripción de sus fines.
Si tomamos una constitución formal o escritura como
la nuestra, el fin es enunciado fundamentalmente en el
preámbulo, afianzar la justicia,
promover el bienestar general, asegurar los beneficios de la
libertad,
consolidar la paz, promover a la defensa
común..
En el orden del valor de la
justicia:
El fin a que debe ajustarse el estado para
ser justo es el bien común o la realización del
mismo valor
justicia.
El estado
– cada estado empírico – debe promover el bien
de la comunidad, la
buena convivencia, justamente ordenada en beneficio de los
hombres. Es fin es propuesto por el derecho
natural, es el derecho que naturalmente tiene el estado y al
que ha de dar acogimiento para no incurrir en desviaciones
injustas.
2. Clasificación de los fines del estado
Fines Objetivos:
Para este punto de vista, el fin de una cosa o de un ser
está dado objetivamente por la propia naturaleza de esa
cosa de ese ser. La causa final del ser determina su esencia y
expresa su razón de ser. En el estado el fin es objetivo.
Fines Subjetivos:
No se trata de comprender que el fin objetivo, sin
dejar de ser tal, es asumido y cumplido subjetivamente por cada
estado, conforme a la circunstancia de lugar y de tiempo.
La teoría
de los fines subjetivos tiene otro fines o sentido implica
renegar de la existencia de un fin objetivo "dado" por la
naturaleza a
todo estado y admitir solamente que cada estado empírico
tiene el fin específico y concreto que
él mismo elige y se atribuye. Es fácil entender que
si no hay un fin naturalmente objetivo, el estado ha de asignarse
artificialmente un fin subjetivo.
Fines Particulares:
En alguna medida el fin subjetivo de cada estado es para
él su fin particular. Sin embargo suelen considerarse
fines particulares, no tanto los que subjetivamente elige cada
estado si no más bien lo que dentro de los subjetivos, se
forja un estado en un momento histórico determinado, casi
diríamos como vocación suya a cumplir
ocasionalmente.
Fines absolutos:
Son lo que desde una posición valorativa, se asignan al estado de modo inflexible, sin admitir desviaciones. De ningún modo el estado debe apartarse de ese fin. En alguna medida los fines objetivos pueden considerarse absolutas, pero en otro aspecto, una teoría de fines subjetivos también pueden preconizar, valorativamente que pese a no haber un fin naturalmente objetivo, el que subjetivamente elige el estado se absolutiza.
Fines relativos:
Un relativismo absoluto
despoja al estado de fines objetivos y absolutos y convierte a
los fines subjetivos en relativos. Una postura más
moderada, ajusta los fines objetivos a las circunstancias
cambiantes y a las necesidades históricas.
Fines universales:
La teoría del fin objetivo rige a tal fin en universal, es
decir, en el fin que debe alcanzar todos los estados. De manera
análoga, la teoría de fines absolutos. Pero
también la de los fines subjetivos puede proponer dichos
fines con el mismo carácter
universal, no reservándonos para un estado, sino
extendiéndolos a todos.
Fines exclusivos y fines concurrentes:
Los exclusivos: son los que incumben nada más que al
estado.
Los concurrentes: son lo que, sin salir de su órbita,
admiten participación y colaboración por parte de
los individuos y de las sociedades
imperfectas.
Las ideológicas.
La ideología de todo estado implica una toma
de posición valorativa acerca del fin que esa ideología adopta.
Por fin y en definitiva, todo estado resuelve su modo de organización según principios
ideológicos, valoraciones y fines que impulsan y dinamizan
la realidad de su régimen político.
Liberalismo.
Es una ideología individualista que concibe al hombre como
individuo autónomo, racional, motor fundamental
de un mundo dominado por la armonía resultante del libre
juego de los
intereses y se le otorga al estado la función de
asegurar los derechos individuales como:
la vida, la propiedad
privada, la libertad como
supremo valor y la igualdad. Hay
un liberalismo
filosófico que sustenta la libertad intelectual del
hombre frente
a todo dogma o verdades impuesta por una autoridad. El
liberalismo
tuvo su origen en el renacimiento
siglo XIII con el proceso de
secularización de la vida humana sustraída del
ámbito religioso, como la desintegración de la
economía
feudal, el fomento de la reforma religiosa por Lutero con la
consiguiente quiebra de la
unidad cristiana y el surgimiento del estado nacional en Europa.
En el liberalismo el individuo aparece como una unidad dotada de razón y de voluntad hasta entonces desconocida por el mundo antiguo y la cristiandad, en la que la razón pasa a ser fuente del derecho natural y la voluntad origen de la sociedad civil; en lo económico el liberalismo surge como una reacción de la economía mercantilista especialmente apegados a la idea de los fisiócratas que acuñaron el eslogan "laissez faire" que significa dejar hacer y dejar pasar, es decir, esto expresaba la necesaria libertad que exigía la economía burguesa.
Antecedentes
Es tan legítimo afirmar hoy que el liberalismo es la ola
del futuro como lo era hace un par de décadas decirlo del
socialismo. De
hecho, bajo formas benignas o malignas, el socialismo
prevaleció en el mundo hasta bien entrados los años
Setenta. Luego, vino la desilusión. ¿No
podría ocurrir algo similar con el Neoliberalismo? Todo buen liberal tendría
que preguntárselo.
La preocupación surge al recordar que en el siglo XIX hubo
también una oleada de libertad. No existe latinoamericano
que no pueda señalar alguna etapa, larga por lo general,
cuando su país funcionó bajo el amparo de una
constitución liberal, nuestro país, no es
excepción
A América latina no le iba mal con el primer liberalismo que acogió en el siglo XIX. Pero un día lo abandonó. Lo aplicaba. Lo aprovechaba. Nunca creyó del todo en él. En una hora de prueba, cuando estalló la crisis económica de 1929, retrocedimos hacia la zona autoritaria de los golpes militares, hacia la zona regresiva del paternalismo económico.
"Los valores de los latinoamericanos, ¿son ahora liberales? ¿O tomaremos otra vez el camino liberal por curiosidad, por frivolidad, por ofuscación?...Cuando venga el liberalismo, no nos dará nada. Nos invitará, sí, a arriesgarlo todo. Recibirlo como una solución que cae, como el maná, de arriba y de afuera".
El Neoliberalismo se origina en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, éste, es heredero de las teorías neoclásicas de finales del siglo XIX; pero es en los años setenta cuando comienza su auge a nivel internacional al iniciarse la crisis en la teoría Keynesiana, que no pudo encontrar respuestas a diferentes problemas que han angustiado al mundo en las últimas décadas.
Entre sus principales exponentes tenemos:
En Europa
Occidental: los economistas Ludwig Von Mises, Wilhem Roepke y
Frederik Von Hayek; los filósofos Karl Popper y Raymond Aron y el
periodista Jean Francois Revel.
En Estados
Unidos: los economistas Milton Friedman, Paul Samuelson y
Jefri Sachs.
En América
Latina: el periodista Carlos Rangel, el economista Luis
Pazos.
El Neoliberalismo como ideología
El modo más sutil que puede arbitrar una ideología
para imponerse y perdurar es proclamar la muerte de
las ideologías y mostrarse bajo otro semblante, por
ejemplo, la ciencia. Es
lo que sucedió por casi un siglo con el positivismo.
La ciencia
positiva hace las veces de la política, la
filosofía y la teología, y siempre como evidencia
apodíctica y sagrada. Y así, disentir
razonablemente de una hipótesis científica, pasa a ser un
sacrilegio y una rebelión; y el que se atreve a tanto no
merece el honor de una respuesta científica sino la
marginación condescendiente o brutal: ha perdido la
contemporaneidad y no tiene sentido dirigirle la
palabra.
Eso pasa hoy con el Neoliberalismo. Es un modo de
practicar la economía
política que está alcanzando vigencia
planetaria. Pero el que esta práctica haya logrado
imponerse no significa la convalidación de sus postulados;
sólo atestigua la contundencia de los medios (tanto
políticos como económicos).
"Se ha demostrado que los organismos de decisión
política o administrativa no obedecen al tipo de comportamiento
altruista que postuló, con cierta ingenuidad, el
intervencionismo económico del siglo XX".
El Neoliberalismo como ideología
Política
El postulado principal del Neoliberalismo es que la competencia pone
a funcionar hasta el tope las energías latentes en los
individuos que conforman el todo social, y así la extrema
movilidad que se genera, tras una etapa dolorosa de ajustes,
provoca una sociedad de
bienestar. Para que este postulado se realice, el Estado no puede
sobre proteger al pueblo: el populismo o la
planificación central mantienen al pueblo
en perpetua minoridad; al atrofiarle la iniciativa y la responsabilidad lo mantienen no sólo
improductivo para la sociedad sino
débil y carente de valor a sus propios ojos.
"El liberalismo económico defiende el mercado como
instrumento productivo: para asignar los recursos escasos
de la sociedad a sus usos o empleos alternativos a través
de los precios libre,
porque se respeta de ésta manera las prioridades de la
gente en esas asignaciones, y no se imponen las de los elencos
políticos y burocracia.
Como los precios
(libres) de los productos
finales son espejo en el cual los criterios de
valorización de la gente se reflejan de manera directa e
inmediata, el liberalismo económico defiende
también en principio al mercado como
instrumento distributivo del producto
social; porque es menos imperfecto que los instrumentos
estatales. También sus criterios de distribución reflejan - aunque
indirectamente - las preferencias, valorizaciones y prioridades
de la gente: los precios de los bienes y
servicios
finales determinan los precios de los factores - entre ellos
el trabajo -;
y estos a su vez determinan sus ingresos, que
constituyen la vía de distribución del mercado. Los instrumentos
estatales de distribución del ingreso en cambio se
prestan - no siempre inevitablemente - a diferentes formas de
distorsión y corrupción. Entre ellas, la de ser
distribuidos o negados en función de
criterios discriminatorios".
Igual que la nación tiene que salir al mercado del mundo, el pueblo debe salir también al mercado nacional pagando los servicios y el consumo en su valor real y sometiéndose todos al mercado de trabajo. Tampoco el Estado puede sobreprotegerse a sí mismo y entrar en el mercado como si fuera una corporación privada. El Estado es público; su función sería crear condiciones para que funcione el mercado y velar porque no se alteren. Su finalidad es velar por el bien común, no realizarlo. Ese bien lo realizan los ciudadanos a través de las organizaciones económicas en la concurrencia del mercado.
El Neoliberalismo como propuesta económica
El Neoliberalismo es una doctrina filosófica que tiene
ramificaciones en todos los campos de las ciencias
sociales. Los neoliberales se dedican a ensalzar la competencia
capitalista, afirmando que el mecanismo de esta última
garantiza automáticamente las mejores condiciones para la
evolución de las fuerzas
productivas.
"Una peculiaridad del Neoliberalismo es que combina la exaltación de la libre competencia y de la restauración automática del equilibrio con el reconocimiento de la necesidad de la intromisión del Estado en la economía. Lo peculiar de esta argumentación reside en que la defensa de la intervención del Estado en la economía se presenta como una lucha por la libre competencia".
La argumentación del Neoliberalismo es que la libre competencia es el estado ideal de la economía, pero no siempre puede ponerse en vigor, porque los monopolios la contrarrestan. Esta reacción puede ser superada y la libre competencia puede ser restablecida tan sólo aplicando una serie de medidas de política económica.
La teoría de los neoliberales se basa, en forma enmascarada, en la idea del papel decisivo del Estado en la economía, es decir, el rol del Estado debe ser el de promover la libre competencia.
Características del Neoliberalismo
Económico
Según el escritor venezolano Fernando Salas
Falcón:
El Neoliberalismo como Propuesta
Antropológica
Detrás del objetivo de la sociedad de bienestar hay una
propuesta antropológica que está siendo
internalizada en los ambientes ganados por el Neoliberalismo. En
términos éticos suena así: "lo moralmente
bueno, lo que debe procurarse como bien para sí mismo y
para la sociedad es producir (aumentar la productividad,
cualificarse, rendir al máximo de las posibilidades),
consumir (comprar las marcas más
prestigiosas, exigir calidad, acceder
según las preferencias a lo que se propone como deseable)
y exigir los propios derechos Lo demás
debe dejarse a los que gerencian la sociedad (el Estado, los Medios de
Comunicación Social...). Es completamente disfuncional
para la sociedad y desestabiliza y frustra a la persona el que se
preocupe del todo social, de la suerte de los pobres. En todo
caso, si a alguien le inquieta esto, que se deje de elucubrar o
pretender; que deje, pues, lo que se llama política, y que
se meta pues a cualquier asociación benéfica,
privada, por supuesto: se sentirá bien, empleará su
tiempo libre y
no causará problemas a su
relación con el todo social ni a la sociedad como
todo".
En este esquema nada convoca personalmente a los ciudadanos; estos no son llamados como cuerpo social a nada que los trascienda. En rigor la sociedad no existe como campo posibilitante de las preferencias de cada cual. La idea de la humanidad como cuerpo social que se propone fines carece totalmente de sentido. "De ahí el refugio en la familia como pequeña tribu o el resurgimiento de lo étnico, la tribu grande, como restos de sentido o lugares de reunión". Pero este cultivo en las raíces, sin proyección trascendente, amenaza con convertirse en un egoísmo colectivo.
Lo que encubre el Neoliberalismo
Se tildó al Neoliberalismo de ideológico, porque
encubría lo que es: economía
política. Proclamar el fin de la política es su
modo de hacer política. Con esta consigna han conseguido
convencer a los políticos y tomar los Estados, y con ella
someten al pueblo al convencerle del carácter
inexorable de sus propuestas. El Neoliberalismo ha sido
tremendamente exitoso como proyecto
político. Y la consecuencia de tomar el Estado no ha sido
disminuirlo, por el contrario, lo han empleado a fondo para
cambiar las estructuras,
resistiendo tremendas presiones.
Y ni en el aspecto económico lo han disminuido; han retirado los recursos de la subvención de servicios para canalizarlos al capital financiero, a la reconversión industrial y al mantenimiento del sistema. Tampoco se ha abandonado el proteccionismo: la compra de importantes empresas o más aun de grupos enteros por parte de transnacionales extranjeras es en los países centrales una decisión política, en el sentido estricto de que está en manos del Estado, en tanto para nuestros países se predica la apertura irrestricta, la completa transnacionalización.
Término que, desde principios del siglo XIX, designa aquellas teorías y acciones políticas que defienden un sistema económico y político basado en la socialización de los sistemas de producción y en el control estatal (parcial o completo) de los sectores económicos, lo que se oponía frontalmente a los principios del capitalismo. Aunque el objetivo final de los socialistas era establecer una sociedad comunista o sin clases, se han centrado cada vez más en reformas sociales realizadas en el seno del capitalismo. A medida que el movimiento evolucionó y creció, el concepto de socialismo fue adquiriendo diversos significados en función del lugar y la época donde arraigara.
Si bien sus inicios se remontan a la época de la Revolución Francesa y los discursos de François Nöel Babeuf, el término comenzó a ser utilizado de forma habitual en la primera mitad del siglo XIX por los intelectuales radicales, que se consideraban los verdaderos herederos de la Ilustración tras comprobar los efectos sociales que trajo consigo la Revolución Industrial. Entre sus primeros teóricos se encontraban el aristócrata francés conde de Saint-Simon, Charles Fourier y el empresario británico y doctrinario utópico Robert Owen. Como otros pensadores, se oponían al capitalismo por razones éticas y prácticas. Según ellos, el capitalismo constituía una injusticia: explotaba a los trabajadores, los degradaba, transformándolos en máquinas o bestias, y permitía a los ricos incrementar sus rentas y fortunas aún más mientras los trabajadores se hundían en la miseria. Mantenían también que el capitalismo era un sistema ineficaz e irracional para desarrollar las fuerzas productivas de la sociedad, que atravesaba crisis cíclicas causadas por periodos de superproducción o escasez de consumo, no proporcionaba trabajo a toda la población (con lo que permitía que los recursos humanos no fueran aprovechados o quedaran infrautilizados) y generaba lujos, en vez de satisfacer necesidades. El socialismo suponía una reacción al extremado valor que el liberalismo concedía a los logros individuales y a los derechos privados, a expensas del bienestar colectivo.
Sin embargo, era también un descendiente directo de los ideales del liberalismo político y económico. Los socialistas compartían con los liberales el compromiso con la idea de progreso y la abolición de los privilegios aristocráticos aunque, a diferencia de ellos, denunciaban al liberalismo por considerarlo una fachada tras la que la avaricia capitalista podía florecer sin obstáculos.
El socialismo científico
Gracias a Karl Marx y a
Friedrich Engels, el socialismo adquirió un soporte
teórico y práctico a partir de una
concepción materialista de la historia. El marxismo
sostenía que el capitalismo era el resultado de un
proceso
histórico caracterizado por un conflicto
continuo entre clases
sociales opuestas. Al crear una gran clase de trabajadores
sin propiedades, el proletariado, el capitalismo estaba sembrando
las semillas de su propia muerte, y, con
el tiempo, acabaría siendo sustituido por una sociedad
comunista.
En 1864 se fundó en Londres la Primera Internacional, asociación que pretendía establecer la unión de todos los obreros del mundo y se fijaba como último fin la conquista del poder político por el proletariado. Sin embargo, las diferencias surgidas entre Marx y Bakunin (defensor del anarquismo y contrario a la centralización jerárquica que Marx propugnaba) provocaron su ruptura. Las teorías marxistas fueron adoptadas por mayoría; así, a finales del siglo XIX, el marxismo se había convertido en la ideología de casi todos los partidos que defendían la emancipación de la clase trabajadora, con la única excepción del movimiento laborista de los países anglosajones, donde nunca logró establecerse, y de diversas organizaciones anarquistas que arraigaron en España e Italia, desde donde se extendieron, a través de sus emigrantes principalmente, hacia Sudamérica. También aparecieron partidos socialistas que fueron ampliando su capa social (en 1879 fue fundado el Partido Socialista Obrero Español). La transformación que experimentó el socialismo al pasar de una doctrina compartida por un reducido número de intelectuales y activistas, a la ideología de los partidos de masas de las clases trabajadoras coincidió con la industrialización europea y la formación de un gran proletariado.
Los socialistas o socialdemócratas (por aquel entonces, los dos términos eran sinónimos) eran miembros de partidos centralizados o de base nacional organizados de forma precaria bajo el estandarte de la Segunda Internacional Socialista que defendían una forma de marxismo popularizada por Engels, August Bebel y Karl Kautsky. De acuerdo con Marx, los socialistas sostenían que las relaciones capitalistas irían eliminando a los pequeños productores hasta que sólo quedasen dos clases antagónicas enfrentadas, los capitalistas y los obreros. Con el tiempo, una grave crisis económica dejaría paso al socialismo y a la propiedad colectiva de los medios de producción. Mientras tanto, los partidos socialistas, aliados con los sindicatos, lucharían por conseguir un programa mínimo de reivindicaciones laborales. Esto quedó plasmado en el manifiesto de la Segunda Internacional Socialista y en el programa del más importante partido socialista de la época, el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD, fundado en 1875). Dicho programa, aprobado en Erfurt en 1890 y redactado por Karl Kautsky y Eduard Bernstein, proporcionaba un resumen de las teorías marxistas de cambio histórico y explotación económica, indicaba el objetivo final (el comunismo), y establecía una lista de exigencias mínimas que podrían aplicarse dentro del sistema capitalista. Estas exigencias incluían importantes reformas políticas, como el sufragio universal y la igualdad de derechos de la mujer, un sistema de protección social (seguridad social, pensiones y asistencia médica universal), la regulación del mercado de trabajo con el fin de introducir la jornada de ocho horas reclamada de forma tradicional por anarquistas y sindicalistas y la plena legalización y reconocimiento de las asociaciones y sindicatos de trabajadores.
Los socialistas creían que todas sus demandas podían realizarse en los países democráticos de forma pacífica, que la violencia revolucionaria podía quizás ser necesaria cuando prevaleciese el despotismo (como en el caso de Rusia) y descartaban su participación en los gobiernos burgueses. La mayoría pensaba que su misión era ir fortaleciendo el movimiento hasta que el futuro derrumbamiento del capitalismo permitiera el establecimiento del socialismo. Algunos —como por ejemplo Rosa Luxemburg— impacientes por esta actitud contemporizadora, abogaron por el recurso de la huelga general de las masas como arma revolucionaria si la situación así lo requería.
El SPD proporcionó a los demás partidos socialistas el principal modelo organizativo e ideológico, aunque su influencia fue menor en la Europa meridional. En Gran Bretaña los poderosos sindicatos intentaron que los liberales asumieran sus demandas antes que formar un partido obrero independiente. Hubo, pues, que esperar hasta 1900 para que se creara el Partido Laborista, que no adoptó un programa socialista dirigido hacia la propiedad colectiva hasta 1918.
Bolcheviques y socialdemócratas
La I Guerra Mundial y
la Revolución
Rusa provocaron la ruptura de la Segunda Internacional entre
los partidarios del bolchevismo de Lenin y los
socialdemócratas reformistas, que habían respaldado
en su mayoría a los gobiernos nacionales durante la
guerra a pesar
de las proclamaciones pacifistas de la Internacional. Los
primeros fueron conocidos como comunistas y los segundos
siguieron siendo, durante todo el periodo de entreguerras, la
corriente dominante del movimiento socialista europeo, contando
con el apoyo del electorado en general bajo una serie de nombres:
Partido Laborista en Gran Bretaña, Países Bajos y
Noruega, Partido Socialdemócrata en Suecia y Alemania,
Partido Socialista en Francia e
Italia, Partido
Socialista Obrero en España, y
Partido Obrero en Bélgica. En estos años, en el
seno de estos partidos socialistas se produjo la escisión
de grupos proclives
al comunismo
leninista, apareciendo así los partidos comunistas en
diferentes países como Francia,
Italia o España (el Partido Comunista de España fue
fundado en 1921). En la Unión Soviética y,
más tarde, en los países comunistas surgidos
después de 1945, el término socialista hacía
referencia a una fase de transición entre el capitalismo y
el comunismo, la etapa correspondiente a la dictadura del
proletariado marxista. En los demás países, los
socialistas aceptaron todas las normas básicas de la
democracia
liberal: elecciones libres, derechos fundamentales y libertades
públicas, pluralismo político y soberanía del Parlamento. La rivalidad
existente entre socialistas y comunistas sólo se
interrumpió de forma transitoria como ocurrió a
mediados de la década de 1930, para unir sus fuerzas
contra el fascismo en la
política denominada de ‘Frente
Popular’.
Los socialistas pudieron formar gobiernos durante el periodo de entreguerras, por lo general en coalición o apoyados por otros partidos. De este modo pudieron permanecer en el poder, aunque de forma intermitente, en Gran Bretaña y Alemania durante la década de 1920 y en Bélgica, Francia y España durante la década de 1930 (en estos dos últimos países bajo la fórmula de Frente Popular). En Suecia, donde los socialdemócratas han tenido más éxito que en ninguna otra parte, gobernaron sin interrupción desde 1932 hasta 1976.
Después de 1945, los partidos socialistas se convirtieron, en la mayor parte de Europa occidental, en la principal alternativa frente a los partidos conservadores y democristianos, siendo Suiza y la República de Irlanda las principales excepciones. Aun manteniendo su antiguo compromiso con el socialismo como ‘estado final’, es decir, una sociedad en la que se anularan las diferencias sociales, desarrollaron un concepto de socialismo ‘como proceso’ —propuesta que había sido anticipada por el revisionista alemán Eduard Bernstein a finales del siglo XIX.
En la práctica, esto significaba que, mientras sus seguidores más comprometidos se aferraban a la idea de un objetivo final, los partidos socialistas, por esta época a menudo en el poder, se concentraban en reformas socioeconómicas factibles dentro del sistema capitalista. Aunque variaban según los países, las reformas socialistas incluían, en primer lugar, la introducción de un sistema de protección social (conocido como Estado de bienestar) que, en la formulación tomada del reformista liberal británico William Beveridge, protegiera a todos los ciudadanos "desde la cuna hasta la tumba", y en segundo lugar, la consecución del pleno empleo mediante técnicas de gestión macroeconómica desarrolladas por otro liberal, John Maynard Keynes.
En Gran Bretaña estas reformas fueron llevadas a cabo por los primeros gobiernos laboristas de la posguerra. En el resto de Europa los socialistas alcanzaron algunos de sus objetivos, ya fuera en el seno de una coalición gubernamental con otros partidos (como fue el caso de Bélgica y Países Bajos, y, en la década de 1970 en Alemania) o ejerciendo una presión efectiva sobre los gobiernos no socialistas.
Totalitarismo
El rasgo dominante del totalitarismo pone el acento en los fines
de la potencia nacional
o el acrecentamiento del poder por el poder mismo, en la
subordinación de la vida y el destino humano de la
dominación generalmente carismática o proviendacial
de un líder o
caudillo a la dictadura de
un partido. Como régimen político se funda una
ideología, como el nazismo o
nacional socialismo alemán, cuyos regímenes
desperdician la libertad y la democracia, a
la que le atribuyen todos los males.
El Corporativismo
Se centra en la idea de la
organización profesional que busca la
colaboración entre patrones y obreros al margen de la
injerencia estatal, pero en realidad el corporativismo organiza
al Estado sobre bases profesionales o corporaciones sin tener en
cuenta la división territorial y su representación
política.
La Doctrina Social de la iglesia
La doctrina social de la iglesia
Católica se manifiesta a través del magisterio
pontificio y conciliar que interpreta la cambiante realidad de
las comunidades humanas a la luz de los
principios evangélicos que señala el camino de una
paz fundada en la justicia. Esta doctrina se formula por medio de
las Encíclicas Papales, cartas
dogmáticas escritas por los papas a todos los obispos del
mundo.
5. El Sindicalismo y su evolución
Sindicalismo: Significado ideológico:
Es una doctrina inspirada por George Sorel ( 1847 – 1922 ),
que propiciaba un socialismo sindical en contraposición al
socialismo de estado.
El Sindicalismo
propone realizar la socialización, entregando los medios de
producción a los sindicatos en lugar de
nacionalizarlos.
De esta manera se organizará una Confederación de
Sindicatos que tendrá a su cargo la planificación de la economía.
El Parlamento liberal, en que está reemplazada la
ciudadanía en forma general, será sustituido por
una representación de delegados sindicales. El
Sindicalismo se opone al Estado, en nombre de la libertad
humana.
Sus métodos de lucha se oponen al parlamento y a las reformas que implican mejoras salariales y de condiciones de trabajo, propiciando la acción directa y la huelga revolucionaria con el fin de lograr el control sindical de los medios de producción. Estos conceptos acercan el Sindicalismo al anarquismo.
El Sindicalismo es elitista y voluntarista en la medida en que propicia la acción directa y la huelga que desembocara en la "huelga general revolucionaria" que permitirá a los sindicatos tomar el control de los medios de producción.
Síntesis de los principios sindicalistas
1- La implementación de un socialismo donde los medios de
producción estén controlados por los
sindicatos.
2- Organización de una Confederación de
Sindicatos en lugar del Estado.
3- Supresión del Parlamento liberal que debe ser
reemplazado por la representación sindical.
4- Rechazo de los partidos
políticos.
Significado Actual:
Hoy el término Sindicalismo está referido a los
sindicatos, como organización obrera, prescindiendo de
todo contenido ideológico en el sentido que tuvo el
movimiento inspirado por Sorel.
Evolución histórica y antecedentes
Desde los tiempos más antiguos el hombre ha
intentado agruparse de acuerdo con sus ocupaciones y en defensa
de sus intereses comunes. Por ejemplo, en el Egipto de 4000
años a. C ya existían diferentes asociaciones de
mercaderes, o febres embalsamadores, etc. También en el
imperio romano
las leyes
protegían con privilegios especiales a los Colegium,
uniones de trabajadores de una misma especialidad, bajo normas de
conducta.
Pero cuando realmente las asociaciones laborales adquirieron tal
grado de organización e importancia fue en la Edad Media
europea, en donde la vida social de los pueblos giraba alrededor
de las mismas.
La adhesión a los gremios medievales era tan aguda que se
asimilaba a la esclavitud, esto
movió a los revolucionarios franceses ( 1789 ) a decretar
la abolición de toda forma de liberalismo. El resultado de
esto dejó al obrero en soledad y con falta de apoyo frente
a la parte patronal.
El desamparo obrero llegó a fondos críticos cuando
llegó la Revolución
Industrial ( siglos XVIII y XIX ) que enfrentó a la clase
obrera con las nuevas máquinas
de vapor. Para solucionar esta injusticia surgieron agrupamientos
obreros que serían los antepasados de los sindicatos
actuales. Lamentablemente éstas asociaciones no eran
reconocidas legalmente y fueron perseguidas por las autoridades,
acusadas de fomentar el desorden y la anarquía.
En el año 1864, Carlos Marx y
Federico Engels impulsaron la creación de la
Asociación Internacional de Obreros, o la Primera
Internacional. Fueron prohibidos por leyes expresas de
diferentes gobiernos y actuaron en la clandestinidad.
La Primera Internacional influyó en la
formación de sindicatos obreros en América
Latina, especialmente en Argentina.
El objetivo del movimiento obrero en las últimas
décadas del S XIX tenía como fin principal la
conquista del poder y su acción era guiada por el
principio de la lucha de clases.
Además de Francia, los países industrializados
reconocieron el derecho de los obreros a formar asociaciones en
un período de tiempo que puede situarse entre 1884 y
1930.
La Iglesia
Católica no estuvo ausente del movimiento obrero. En 1891,
el Papa León XIII da a conocer las ancíclicas
Rerum Novarum, que aprueba la
organización obrera en tanto no estén en contra
de la justicia y el bien del Estado.
Enfoque de la realidad Política Actual del
Paraguay
El Paraguay es una
república democrática con tendencia liberalista. El
Estado social de Derecho prima sobre las derechos sociales. La
iglesia tiene una injerencia importante, pero sin obligarse pues
existe libertad relativa de credo. En lo económico existe
un monopolio
estatal de las empresas que
prestan servicios básicos y abriendo oportunidades a las
privadas en algunos ámbitos como el transporte
telefonía
celular etc. y en los últimos meses se encamina a un
proceso de privatización.
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