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5. Hidrocarburos en el suelo.
El comportamiento de los contaminantes orgánicos está en función de sus características físicas y químicas (densidad, solubilidad, polaridad, entre otras.), además de las características del medio como son la unidad de suelo, permeabilidad, estructura, tamaño de las partículas, contenido de humedad y de materia orgánica, así como la profundidad del manto freático. Factores climatológicos como la temperatura y la precipitación pluvial también tienen una gran influencia. Todas las variables en su conjunto definen el tamaño y la distribución tridimensional del frente de contaminación en una zona específica (Cuadro 6).
Cuadro 6. Parámetros del compuesto químico, suelo y ambiente que influyen en el transporte a través del suelo
|
Parámetros del Contaminante |
Parámetros del Suelo |
Parámetros Ambientales |
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Solubilidad |
Contenido y retención de agua |
Temperatura |
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Presión de vapor |
Porosidad, densidad y permeabilidad |
Precipitación |
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Número y tipo de grupos funcionales |
Contenido de arcilla |
Evapotranspiración |
|
Polaridad |
Contenido de materia orgánica |
|
|
Profundidad de agua subterránea |
Tomado de Jury, 1989.
Los compuestos
orgánicos ligeros como las gasolinas, aceites y
petróleo
crudo tienden a formar una capa en forma de nata en el nivel
freático y se mueven horizontalmente en dirección al flujo del agua
subterránea. Los compuestos
orgánicos densos, migran hacia la base del
acuífero creando una columna a partir de la cual pueden
moverse en dirección al flujo de agua
subterránea, contaminando así el acuífero en
toda su profundidad (Figura 1).

Figura 1. Efectos de la densidad en la migración
de contaminantes (Tomado de Barcelona et al.,
1990)
Para la zona superficial se han conceptualizado algunas
relaciones con respecto al suelo y la presencia de contaminantes,
a través de observaciones indirectas de acumulación
de los contaminantes orgánicos en asociación con
adsorbentes naturales (Luthy et al., 1997), estableciendo los
siguientes procesos:
A. Absorción a la materia orgánica amorfa o natural
o en Líquidos de la Fase No Acuosa (LFNA) como es el caso
del petróleo,
B. Absorción a la materia orgánica condensada o en
polímeros o residuos de combustión,
C. Adsorción a superficies orgánicas húmedas
(hollín),
D. Adsorción en superficies minerales
(cuarzo) y
E. Adsorción dentro de los microporos o en minerales
microporosos (zeolitas) con superficies porosas a
saturación de agua < 100 % (Figura 2).
En la figura 2 se indican las interacciones del geosorbente con los contaminantes orgánicos hidrofóbicos siendo de tres tipos principalmente: (1) El mineral con su superficie reactiva atribuible a: I. Superficies minerales externas expuestas a la escala de la partícula y superficies dentro de los macroporos; II. Superficies interlaminares de arcillas expandibles a una escala de nanómetros; III. Superficies dentro de los mesoporos y microporos. (2) La materia orgánica del suelo a una escala de nanómetros. (3) Los LFNA adheridos o atrapados que pueden funcionar como materia orgánica, excepto para material altamente intemperizado o películas interfaciales.

Figura 2. Modelo
conceptual de Geosorbentes dominantes, que incluyen a las
diferentes formas de la materia orgánica sorbente (MOS),
carbón particulado como residuo de combustión (hollín), y carbón
antropogénico incluyendo líquidos de la fase no
acuosa (LFNA). Las letras en los círculos representan a
los mecanismos de sorción (Luthy et al., 1997).
Elías-Munguía y Martínez (1991) en Semarnap
(1996), concluyen que las propiedades físicas del suelo
más afectadas por derrames de hidrocarburos
son:
Probablemente el componente más importante del suelo en relación con la persistencia de sustancias tóxicas es la arcilla. La persistencia aumenta cuanto más pequeñas son las partículas debido a que aportan una gran área superficial para la absorción de los productos químicos.
Las propiedades químicas del suelo más afectadas por un derrame de hidrocarburos son:
Los efectos tóxicos de los hidrocarburos en el ambiente dependerán de:
Naturaleza y Propiedades del Suelo
Los hidrocarburos se pueden encontrar de la siguiente forma en el
suelo: líquida, soluble en el agua del
suelo, adsorbidos por el suelo y en la atmósfera
edáfica (Lesser, 1995).
Las propiedades y condiciones que afectan la migración,
retención y transformación de compuestos
orgánicos en el suelo son:
Materia Orgánica. Se ha correlacionado positivamente con
la adsorción de compuestos orgánicos en numerosos
estudios. Un efecto inmediato del aumento de este
parámetro es el incremento de los sitios de
adsorción, disminuyendo la concentración en la fase
acuosa y gaseosa del contaminante orgánico como
también su transporte y
su biodisponibilidad.
La adsorción es afectada por dos factores: la
hidrofobicidad del contaminante (es la dificultad para disolverse
en agua) y la fracción de la materia orgánica en el
suelo (contenido de carbono orgánico). Muchos de los
compuestos hidrofóbicos pueden ser altamente adsorbidos,
de acuerdo a varios estudios de campo (Mackay et al., 1985).
Los mecanismos de enlace de hidrógeno y la
interacción ion dipolo no son operativos para las
moléculas no polares. La adsorción de las
moléculas no polares puede ocurrir en la materia
orgánica, aunque hay debate acerca
de la naturaleza del
proceso
(Fränzle, 1993).
Las moléculas no polares o débilmente polares
tienen una gran afinidad por fases orgánicas
hidrofóbicas en ácidos
húmicos con fuerzas de atracción débil (Van
der Waals) o bien una atracción hidrofóbica y para
aquellas polares sin carga demuestran una afinidad por grupos polares
húmicos, sitios de coordinación de metales
multivalentes en coloides, superficies minerales con grupos
Si-O-Si a través de fuerzas dipolo-dipolo y ion-dipolo
(ligeramente fuerte a débil) (McBride, 1994).
Este comportamiento es debido a que las moléculas no polares, tienen una mayor atracción hacia la materia orgánica que hacia las superficies de los minerales, siendo la existencia de las superficies hidrofóbicas (organofílicas) o enlaces dentro de la matriz orgánica las que favorecen el fenómeno de atracción hidrofóbica, siendo la atracción entre la superficie y el adsorbente en un solvente debido a la interacción de atracción disolvente-adsorbente que es más débil que la interacción disolvente-disolvente, explicando la "afinidad" de las moléculas no polares orgánicas hacia el humus. Una vez que el agua es el disolvente en el suelo, la atracción hidrofóbica llega a ser una fuerza conductora de la absorción, si el adsorbente orgánico tiene una baja afinidad por el agua (Murray, 1994).
Las sustancias húmicas pueden afectar el destino
de los compuestos químicos orgánicos en varias
vías que incluyen la adsorción y partición,
solubilización, degradación por hidrólisis y
fotodescomposición, fundamentales en el destino del
contaminante químico y, subsecuentemente, en la
transferencia a aguas subterráneas.
Contenido de agua. Tiene gran influencia en el transporte de
difusión líquida o gaseosa. Para la difusión
líquida el transporte aumenta con el contenido de agua
debido a su trayectoria en los espacios porosos reemplazando el
aire contenido;
inversamente, la difusión de vapor disminuye con el
contenido de agua. Cuando el contenido de agua disminuye a un
bajo porcentaje (ocurriendo en la superficie del suelo durante
una intensa sequía) las moléculas que ocupaban los
sitios de adsorción son desplazadas y la capacidad de
adsorción química aumenta
considerablemente causando que las concentraciones líquida
y gaseosa disminuyan reduciendo el mecanismo de transporte
líquido y gaseoso. Sin embargo, este efecto de
adsorción es reversible cuando la superficie vuelve a
rehumedecerse (EPA, 1983).
Para el caso de hidrocarburos alifáticos no polares son definidos como pobres competidores con el agua en los sitios de adsorción en el complejo de intercambio. Cuando éstos son retenidos, el fenómeno presente es por las fuerzas de Van der Waals, predominante en las superficies de los minerales arcillosos. Las moléculas de un material dado pueden adsorberse de la fase gaseosa o líquida al sólido por fuerzas de Van der Waals, este proceso es llamado adsorción física y puede alcanzar el equilibrio en un tiempo limitado, principalmente por las velocidades de difusión molecular. Las fuerzas de Van der Waals (y de London) son fuerzas intermoleculares relativamente débiles que sostienen líquidos o cristales de hidrocarburos, agua y alcoholes, entre otros (Fränzle, 1993).
La intercalación de especies de hidrocarburos
dentro de los silicatos de capas expandibles es un proceso en que
parte del agua interlaminar asociada con los cationes
intercambiables es reemplazada por especies orgánicas. Se
demostró que el n-hexano fue capaz de formar una sola
lámina compleja con una montmorillonita de Wyoming
penetrando 110 mg por gramo de arcilla. Resultados similares
fueron obtenidos para el n-dodecano. Esas observaciones sugieren
fuertemente que los n-alcanos pueden
penetrar al espacio interlaminar de la montmorillonita Wyoming-Ca
a una velocidad muy
baja (Yong et al., 1992).
El agua es un medio de transporte en dirección horizontal
y vertical, principalmente, para sustancias menos adsorbentes y
más polares como es el caso de los alcoholes
seguido por los aromáticos y finalmente los
alifáticos (Tölgyessy, 1993).
Textura del suelo. La lixiviación en texturas gruesas
(suelos
arenosos y grava) es más rápida que en texturas
finas (suelos
arcillosos), con mayor capacidad de retener los contaminantes y
prevenir su alcance a aguas subterráneas. Además,
otros parámetros dinámicos como permeabilidad,
conductividad hidráulica y espacio poroso son dependientes
de la textura.
El contenido de arcilla está correlacionado con
la capacidad de campo, área superficial específica,
capacidad de intercambio catiónico influyendo en la
adsorción de iones. Para compuestos orgánicos no
polares, generalmente no existe correlación entre el
contenido de arcilla y la adsorción (Jury, 1989).
En experimentos
realizados por Morrill et al, (1982), las moléculas
aromáticas como son los HAP’s, pueden interactuar
con las superficies arcillosas a través de sus
electrones p ;
por ejemplo, el benceno forma un complejo estable a través
de sus electrones p
en la arcilla o con el cobre, bajo la
condición de tener un suelo seco como en el caso de la
época de estiaje.
Los aspectos específicos de la contaminación pueden presentarse en: a) formación de películas superficiales y emulsiones, y b) solubilidad en el agua de ciertos productos. Los problemas asociados con las películas superficiales son minimizados debido a la capacidad del material del subsuelo en adsorber y absorber una cantidad del producto. Sin embargo, este fenómeno magnifica los problemas asociados con los componentes solubles de los productos una vez que los hidrocarburos retenidos están sujetos a la lixiviación (Testa, 1994).
Profundidad de la capa freática. Determina el
tiempo y espacio para la retención y degradación
del contaminante previo a su penetración dentro del
acuífero, dado por las propiedades de retención del
perfil del suelo.
Se ha demostrado experimentalmente y teóricamente que en
suelos de textura fina, el agua (y flujos de masa de compuestos
orgánicos) pueden ascender desde grandes profundidades en
comparación con los suelos arenosos. La profundidad puede
influir en la extensión del flujo de agua ascendente hacia
la capa superficial que se ha evaporado sin ninguna entrada de
agua por un período dado. También afecta el tiempo
de viaje de un compuesto lixiviado de la superficie a aguas
subterráneas, siendo ésta una influencia indirecta
en el transporte.
Estructura del suelo. Es una característica importante; se pueden presentar fisuras, grietas o canales que sirven como vías de transporte, permitiendo corrientes transitorias de grandes volúmenes de contaminantes a las aguas subterráneas. En la ausencia de tales canales, la agregación estructural de los suelos induce un flujo más rápido en los macroporos de los interagregados, que dentro de los microporos de los intragregados donde los contaminantes potenciales pueden ser retenidos. En ocasiones, la estructura del suelo favorece la tendencia para concentrarse en corrientes verticales o convergentes (llamados dedos) que generalmente comienzan en la transición de texturas finas a capas de textura granular, con un gran volumen de la zona superficial y siguiendo un transporte directo de contaminantes a la capa freática (Lesser, 1995).
Un compuesto orgánico volátil dentro de la zona superficial puede distribuirse en cada una de las tres fases a una misma concentración de equilibrio en función de la solubilidad y la volatilidad (Crouch, 1990).
Parámetros Ambientales que afectan a los
Contaminantes
Temperatura. La presión de
vapor está en función de la temperatura, al tener
un valor bajo (10
–4 atm) la fracción de
un compuesto orgánico pasa rápidamente a la fase
vapor. Por esta razón la difusión gaseosa es mucha
más importante que la difusión líquida.
Precipitación. Puede tener una influencia dominante debido
al volumen de
lluvia, afectando la velocidad de
flujo en el suelo. Los suelos en regiones con lluvia intensa y
frecuente tienen altos flujos de agua y de dispersión,
extendiendo la difusión líquida y disminuyendo la
gaseosa.
Evapotranspiración. Representa la cantidad de agua aplicada y que es removida por plantas o es perdida en la superficie. Así, la extensión de la evapotranspiración afecta el flujo de agua debajo de la zona de la raíz y la lixiviación de los compuestos. La cantidad de agua lixiviada en suelos que no reciben entrada de agua por irrigación está determinada por el agua de lluvia menos el agua de evapotranspiración. Este parámetro es positivo, si implica un drenaje con movimiento descendente, y es negativo, si existe un proceso de secado con un bajo contenido de agua e induciendo un flujo ascendente de agua subterránea. Esto puede ser regulado por las condiciones meteorológicas externas como la radiación solar, viento, temperatura y humedad ambiente o por la resistencia del suelo o planta (Jury, 1989).
Transporte y Transformación de los Contaminantes
en el Suelo
El principal transporte y procesos de
transformación para los contaminantes orgánicos
disueltos en el suelo son: la advección,
dispersión, lixiviación, adsorción y
retardo, y la transformación química y
biológica. La migración de una fase orgánica
líquida inmiscible es gobernada, en gran parte, por su
densidad, viscosidad y
propiedades de superficie húmeda (Bonazountas &
Kallidromitou, 1993). El transporte vertical de contaminantes en
la zona no saturada se produce debido a la gravedad y a las
fuerzas capilares.
Advección: En horizontes de arena y grava, el factor
dominante en la migración del compuesto químico
disuelto es la advección, proceso por el cual los solutos
son transportados por un volumen móvil o por la
circulación de agua.
Dispersión: Se presenta por el agua del medio resultando dos procesos básicos: difusión molecular en solución y la mezcla, existiendo así una dispersión hidrodinámica; debido a pasajes tortuosos o pequeños en el medio poroso, algunos líquidos realizan un movimiento menos directo al manto acuífero. En suma, el compuesto puede difundirse dentro de los poros inactivos para ser liberados lentamente cuando la principal concentración ha pasado. Esta dispersión está en función de la velocidad promedio del agua en el poro (Fränzle, 1993). La mezcla mecánica resulta de las variaciones en la velocidad del agua dentro de los poros del horizonte causado por fuerzas de fricción, variaciones en la geometría de los poros, y fluctuaciones en las direcciones locales hacia el flujo principal resultando una dilución y atenuación de los picos de concentración, las máximas concentraciones disminuyen con el incremento de la distancia (Barcelona et al., 1990).
Lixiviación: El movimiento de un químico hacia zonas profundas a través del suelo por medio del agua es llamado lixiviación. Es importante considerar la posibilidad de que un químico se mueva en el suelo y llegue a contaminar el agua subterránea; de suceder, entonces los pozos de agua, organismos acuáticos y la cadena trófica pueden contaminarse. Los factores determinantes en la lixiviación incluyen: la solubilidad, biodegradación, disociación, sorción, volatilidad, lluvias y evapotranspiración. Los efectos de la movilidad se describen en los siguientes apartados:
Adsorción e Intercambio iónico: La
adsorción es la adhesión de iones o
moléculas a superficies o interfases
líquido-sólido, sólido-gas,
líquido-gas y
líquido-líquido produciendo un incremento en la
concentración de químicos en la superficie o
interfase sobre la concentración en solución
(Fränzle, 1993).
Los contaminantes orgánicos pueden alcanzar la zona de
aguas subterráneas por la solución del suelo o como
fases de líquidos orgánicos que pueden ser
inmiscibles en el agua.
Volatilización: Un compuesto químico presente en el
suelo, agua, plantas o
animales puede
volatilizarse hacia la atmósfera. La presión de
vapor es uno de los factores más importantes que gobiernan
la volatilización y provee información acerca de la
volatilización bajo condiciones ambientales. Algunos
factores que afectan dicho fenómeno son: el clima,
sorción, hidrólisis y fototransformación.
Estableciendo los siguientes enunciados:
Fotólisis: Un químico puede ser fototransformado tanto como pueda absorber luz solar; puede ocurrir en el aire, suelo, agua, plantas y animales. Los productos pueden ser químicos de alto y bajo peso molecular. Las influencias ambientales tienen un efecto en la velocidad de fototransformación, tales como: la profundidad del químico en el suelo y en el agua, sorción en el suelo y pH. La velocidad de fotólisis puede determinar la persistencia en el ambiente; entre más rápida sea la degradación es poco probable que continúe en el ambiente (vida media < 30 días), si tiene una vida media de 30 a 90 días, el compuesto químico puede tener un comportamiento hacia algunos compartimentos del ambiente y, si tiene una vida media > 90 días, existen problemas de contaminación (Ney, 1990).
Degradación: El comportamiento químico del
suelo es fundamental para la degradación de muchos
químicos orgánicos en una o más reacciones
químicas (abióticas); en general, cinco
reacciones pueden ocurrir en el suelo: Hidrólisis,
Sustitución, Eliminación, Oxidación y
Reducción. Sólo dos reacciones pueden transformar
los contaminantes orgánicos que se pueden considerar para
este caso:
Oxidación: Se presenta en el suelo afectando a muchos
compuestos químicos aromáticos experimentando una
oxidación de radical libre, por ejemplo, benceno,
bencidina, etilbenceno, naftaleno y fenol. Otro segundo grupo,
incluye, tetraclorodibenzo-p-dioxina (TCDD), hexaclorobenceno,
hexaclorociclopentadieno, bifenilos polibromados (PBB’s) y
policlorados (PCB’s) y no aromáticos.
Reducción: Definido en términos de transferencia de
electrones, involucra a compuestos orgánicos en sistemas de
agua-arcilla. El efecto se acelera al aumento de agua sugiriendo
la existencia del mecanismo de transferencia de un
electrón donde la arcilla actúa como un aceptor. En
general, uno puede esperar que un químico orgánico
puede experimentar una reducción química si el
potencial del suelo es menor que el compuesto orgánico en
cuestión.
Degradación Biológica: Es importante notar la
presencia de microorganismos nativos del suelo que tienen un
papel
fundamental en la ausencia y/o permanencia de compuestos
orgánicos, siendo considerado como una vía de
pérdida de los compuestos orgánicos
volátiles, llamada biodegradación; los compuestos
químicos que poseen otras estructuras
que los azúcares, aminoácidos y ácidos
grasos, no pueden entrar inmediatamente dentro del metabolismo
microbiano; esos compuestos requieren de una aclimatación
definida en horas o meses, durante el cual poco o nada se
degrada. El periodo de retraso generalmente es causado por: a) la
transferencia de la información genética
responsable de la degradación para una población, y b) la fase inicial de
crecimiento exponencial de organismos capaces de degradar el
compuesto, la alta solubilidad al agua que puede favorecer una
rápida degradación (EPA, 1983), pero puede existir
una acumulación a largo plazo de los productos de
descomposición recalcitrante.
La temperatura que provee un crecimiento favorable fue
de 27 ºC, estableciendo que aumenta la velocidad de
degradación para desechos de refinería y
petroquímicos cuando las temperaturas van de 10 a 30
ºC, pero disminuye ligeramente cuando las temperaturas
aumentan de 30 a 40 ºC (EPA, 1983). El contenido de oxígeno
en suelo es frecuentemente un factor limitante en la
biorremediación.
La bioacumulación fue explicada observando la
absorción de compuestos orgánicos por parte de
plantas comestibles, donde se analizó los cultivos
presentes en los terrenos agrícolas aledaños a
zonas industriales siendo otro medio de remoción de estos
compuestos en el suelo (Fränzle, 1993).
Finalmente, la combinación de las características
del subsuelo, contaminantes y condiciones climatológicas
del sitio pueden dar lugar a los diferentes procesos de
transporte y distribución de los contaminantes. Para
entender el transporte y destino de los contaminantes en el
subsuelo es necesario realizar una buena caracterización
del sitio con la cual se conocerán la carga
hidráulica y la estratigrafía, así como los
coeficientes de adsorción y la permeabilidad del suelo.
Con esta información es posible calibrar modelos
matemáticos que sean representativos de la
distribución tridimensional de los contaminantes en el
sitio (Saval, 1995).
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