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Evolución de la moneda venezolana

Enviado por Angel Estrada



Partes: 1, 2

Indice
1. Introducción
2. Evolución de la moneda venezolana
3. Conclusiones
4. Bibliografía

1. Introducción

Desde que el hombre se vio por primera vez en la necesidad de realizar intercambio comercial, igualmente necesitó un sistema para darle valor a las cosas, inicialmente fue el trueque y de ahí fue perfeccionando el sistema, hasta lo que hoy conocemos se conoce cotidianamente, que es llamado sistema monetario.
Este trabajo tiene como fin estudiar la evolución de las monedas en Venezuela, esto se realizará utilizando un método de investigación documental, en el cual se utilizarán como fuente datos históricos, económicos y culturales.

El estudio se realizará dividiendo la historia de Venezuela en siete grandes períodos, a saber:
Época de la Conquista
Época Colonial: 1802 – 1809
Época de la Independencia: 1810 – 1820
Época de la Gran Colombia: 1821 – 1830
República de Venezuela: 1830 – 1863
Estados Unidos de Venezuela: 1864 – 1953
República de Venezuela: 1953 en adelante

2. Evolución de la moneda venezolana

Época de la Conquista
La actividad comercial de los indígenas de Venezuela se basaba principalmente en el trueque, aunque también se servían de algunos artículos a manera de moneda, entre ellos el urao (especie de salitre amargo extraído de la laguna ubicada en Lagunillas de Mérida) la sal, el tabaco y el algodón. En el Tocuyo, por ejemplo, los indígenas empleaban una moneda llamada quiteroque, que consistía en unas cuentas pequeñas de caracoles, de piedrezuelas de poco valor y huesos de animales, con las que hacían todo tipo de tratos. Entre los relatos de la época se observa el comercio que realizaban, por ejemplo, los coanao, tribu del occidente del Lago de Maracaibo llevando a vender a tierras adentro sal a cambio de oro labrado en águilas, zarcillos y otras piezas. Los caquetíos y guaycaríes hacían mercado, cambiando frutas y otros víveres por pescado.
Un fenómeno muy importante llama la atención a través de los relatos sobre los primeros intentos de colonización española en Venezuela. Todos los autores están de acuerdo en que los indios recibieron complacidos a los extraños visitantes, y es notable la buena disposición de los indígenas para el trato con los españoles, en los que ambos encontraron grandes ventajas. Es de notar en los relatos de los primeros viajes a las costas venezolanas la familiaridad de los indígenas con las operaciones de trueque, la afición a ellas y la existencia de un intercambio más o menos regular entre unos pueblos y otros de la costa y del interior del país. Así mismo, se observaba en los indígenas cierta astucia en las operaciones de cambio, pues no daban con facilidad sino aquellas cosas que tenían en abundancia, pero de las que tenían en poca cantidad, no se desprendían con facilidad. También se observó la acción de regateo la que demuestra alguna experiencia en el trueque y cierto concepto ya formado de la medida del valor. El valor real de las cosas estaba determinado por el esfuerzo y la fatiga consumidos en fabricarlas o adquirirlas. Los indios tenían ante todo el sentido de la utilidad, la noción de valor de uso; en tanto que los españoles tenían el conocimiento más adelantado de valor de cambio. Para los indios, las perlas eran de una importancia muy secundaria, hasta el punto de ser un subproducto, pues ordinariamente pescaban las ostras para comerlas, y sin duda era un alimento apreciado. Por esto el intercambio se hacía con regocijo de ambas partes, ya que a los indígenas les parecía increíble recibir cosas como cuchillos, tijeras, telas, alfileres y cosas de metal a cambio de objetos para ellos inservibles y abundantes. En el estado de atraso de nuestras tribus, el cuchillo tuvo que representar una innovación tan importante como el empleo de la electricidad en la sociedad civilizada.

Durante el siglo XVI la organización económica venezolana hizo prevalecer el primitivo sistema de trueque directo. Objetos diversos ejercían la función de moneda. Las perlas, principalmente, jugaron este papel hasta el siglo XVII. Las perlas eran clasificadas en cuatro géneros: cadenilla, media cadenilla, rostrillo y medio rostrillo. Tan habitual era su circulación, que los mercaderes, funcionarios de hacienda y particulares en general hacían las valuaciones de mercaderías y otros efectos en "reales de perlas", ésta era la base de las operaciones comerciales y con éstas se recaudaba la mayoría de los impuestos.
Durante más de un siglo la perla cumplió la función de moneda. En determinados momentos aventajaba a la moneda de oro y plata española, ya que ésta sufría gran inestabilidad por la escasez que se presentaba continuamente de dichos metales. En estas condiciones las perlas generaban más confianza en el ánimo de los mercaderes, pues su valor estaba menos expuesto a fluctuaciones.

En el empleo de las perlas se pueden distinguir dos épocas:
La primera corresponde al tiempo de llegada de los españoles hasta treinta o cuarenta años después, cuando las perlas se obtenían de los indios o las extraían ellos mismos en las proximidades de Cubagua, estas perlas se consideraban mercadería de lujo y aunque ocasionalmente se usaban como moneda, generalmente se retiraban pronto de circulación, por ser un artículo muy solicitado y valioso. La operación era más un trueque que realmente el uso como moneda.
En la segunda época ya las perlas habían dejado de ser un objeto de tanta codicia y su precio era más o menos estable, permanecían constantemente en circulación y dejaron de ser unas operaciones de simple trueque ya que su valor guardaba un firme equilibrio, esto se puede comprobar en el hecho de que hayan sido utilizadas para acumulación, gran parte de los capitales de la Provincia y de particulares consistía en perlas, además también era permitido el pago de impuestos con perlas.
Durante la misma época también se trataba con pedacitos de oro que se le imprimía la marca real, lo que garantizaba la calidad del metal, más no su precio. Estas piezas circulaban no como unidades monetarias, sino por peso, lo que resultaba bastante complicado, ya que el proceso de pesar metales preciosos es sumamente delicado, la menor diferencia representa una considerable pérdida para cualquiera de las partes y esto daba lugar a discusiones que retrasaban o impedían las transacciones. Además de esto, el oro era muy escaso para la época, su uso en la elaboración de joyas disminuía mucho el circulante.

En 1600 se presentó un problema ya que no había oro alguno en la colonia y muy pocas perlas, por lo que el Cabildo tuvo que informar al Rey que por la falta de monedas, los vecinos se habían visto en la necesidad de volver al trueque, principalmente sobre la base de harina, lienzo de algodón y zarzaparrilla. Con el tiempo, la mayor parte de las monedas de las que disponía la Provincia provenían de sus exportaciones a las Antillas. México llegó a ser a mediados del siglo XVII, la única fuente de aprovisionamiento monetario, ya que se recibían grandes cantidades de monedas de oro y plata en pago de las grandes cantidades de cacao que se le enviaban.

Época Colonial 1802 – 1809
El desarrollo de la economía venezolana durante el siglo XVIII se caracteriza por una inadecuada circulación monetaria. Las transacciones se veían constantemente entorpecidas por la falta de monedas, esto dio origen a que los comerciantes fabricaran las llamadas "señas" o "fichas" que si bien facilitaron en cierta forma el comercio al menudeo, también trajeron inconvenientes al público ya que no carecían de respaldo oficial y sólo las admitían sin reservas sus propios fabricantes, esto creaba unas relaciones de dependencia vendedor-comprador bastante perjudiciales.

Tal problema se suscitó con relación a las fichas o señas que en Cabildo ordinario reunido en Caracas el 14 de Septiembre de 1795 se trató de la siguiente manera "el uso perjudicialísimo de los pulperos al tener cierto número de pedazos de fierro, cobre o estaño, a los que dan el nombre de señas, con la cifra, marca o señal que paréceles, sirviéndose de ellas como monedas." En busca de una solución se decretó la acuñación de señas de cobre para unificar oficialmente su circulación y retirar las lanzadas por los particulares. Se ordena que se fabriquen, marquen y tengan suficiente repuesto de señas de a cuartillo y de huevo (1/8 de real) que serán repartidas a todos los pulperos y abastecedores los cuales pagarán por ellas en plata. Estableciendo una multa a quienes usen otras señas o las falsificaren.

El Ayuntamiento encargó la fabricación a Salvador del Hoyo, Maestro Mayor del Gremio de Plateros, a fines de 1802 las piezas entregadas por del Hoyo fueron 13.666 unidades de ¼ de real y 58.792 unidades de 1/8 de real. Estas señas trajeron muchas críticas, principalmente, se objetaba el hecho de que las leyes establecían que la moneda debe dársele un valor que corresponda con poca diferencia a su peso, de lo contrario, y esto fue lo que ocurría con las señas de del Hoyo, la diferencia provocaba un lucro que provocaba su falsificación. De acuerdo a este criterio las monedas de ¼ real debían pesar 10,79 gramos y las de 1/8 de real 5,39 gramos. Los pesos de las piezas acuñadas fueron 2,4 y 1,22 gramos respectivamente.

La introducción de las señas había sido impuesta por la necesidad, pues de otro modo los compradores, aunque no les fuera indispensable, debían gastarse el medio real o el real completo, por falta de cambio. Como la mayoría no sabía escribir, los pulperos no podían dar vales y tampoco era posible que recordaran de memoria lo que se le debía a cada cual. Estas señas se realizaban utilizando herramientas y procesos muy precarios, esto unido al creciente número de consumidores en los pueblos de La Victoria, Cagua, Escobar, Chacao, Petare, Guarenas y el Puerto de la Guayra produjo una escasez de señas que obligó al Ayuntamiento a la acuñación de nuevas partidas de señas a cargo de Salinas en 1803, en 1806 cuando Salinas finalizó sus entregas se hizo un tanteo de las monedas acuñadas. Se encontraron diferencias entre las que aparecían en los expedientes respectivos y los asientos de Administración de Rentas. Se ordenó apresar a Salinas mientras se profundizaba la investigación que dio como resultado que las diferencias provenían de haber olvidado anotar dos partidas entregadas por Salinas.

Debido al suceso con Salinas, éste renuncia, y se comisiona a José Manuel Tablantes a realizar las nuevas acuñaciones. No se hacen nuevas acuñaciones hasta 1809, probablemente porque la cantidad existente era suficiente para el índice de operaciones comerciales que se realizaban en la época. Durante la actuación de Tablantes de 1805 a 1809 culmina sin realizar ninguna acuñación de nuevas señas.

Las señas acuñadas en Caracas prestaron un verdadero servicio al público y las ventajas que trajo su circulación contribuyeron a afianzar su uso. Varios fueron los Ayuntamientos de Provincia que pidieron algunas cantidades para ponerlas en circulación y evitar con ellas el abuso de pulperos y vendedores al por menor.

En Agosto de 1811 por orden del Supremo Congreso de Venezuela se pone fin a la acuñación de señas, todos los materiales y herramientas disponibles pasaron a formar parte de la nueva Casa de Moneda donde los patriotas iniciaron la acuñación de monedas de plata y cobre, con el propósito de garantizar la circulación de monedas, en un esfuerzo por salvar la maltrecha situación económica.

Época de la Independencia 1810 – 1820
Declarada la Independencia y erigida Venezuela en Estado Soberano, el 5 de julio de 1811, el Supremo Congreso, con fecha 27 de agosto de aquel mismo año, decretó una "Ley para la creación de un millón de pesos en papel moneda, para la Confederación de Venezuela" los billetes creados por esta ley, de curso forzoso, fueron teóricamente respaldados por rentas nacionales y en especial por las de Aduanas y Tabaco. Sin embargo, al carecer de un efectivo respaldo se desacreditaron rápidamente. Las condiciones imperantes en el país eran las menos apropiadas para emitir papel moneda. La medida, que desde el punto de vista económico era artificial, dio por resultado una considerable elevación de los precios y el consiguiente descontento público. A esto se suma el haber desaparecido de la circulación la moneda metálica, porque se la llevaron consigo los españoles y canarios que emigraron a las Antillas y otra parte se ocultó para que no dispusiesen de ellas los patriotas. De acuerdo a la Ley, los billetes fueron emitidos con valores de 1, 2, 4, 8 y 16 pesos y puestos en circulación el 18 de noviembre de 1811. Los billetes resultaron de baja calidad y no gozaron de mucha popularidad. Por esto se aconsejó la creación de una casa de moneda menor para acuñar monedas que promovieran la circulación del comercio interior, estas monedas serían de medios, reales, y pesetas. Llevarían por un lado la inscripción Estados Unidos de Venezuela y por el otro dos palmas entrelazadas en cuyo medio se colocaría el valor que represente y alrededor año primero de la independencia.

El Supremo Congreso de Venezuela dictó el 25 de octubre de 1811 una Ley para acuñar un millón de pesos en moneda de cobre con el objeto de establecer una moneda provisional, que activase el comercio interior y que sirviese al mismo tiempo para la mejor expedición y uso del papel moneda. Las características que debían tener estas monedas eran las siguientes: "por un lado será un cóndor que tendrá bajo sus pies las columnas de Hércules y demás insignias reales y la inscripción AMÉRICA LIBRE por el reverso se pondrá una corona enlazada de laurel y roble, en medio del cual se estampará con letras el valor de la moneda y en la parte inferior el año de fabricación.

La acuñación se vio retrasada por la falta de material, lo que obligó a las autoridades a ordenar en 1812 la requisa de objetos de cobre para poder continuar la acuñación.
Derrotados los realistas y ocupada de nuevo Caracas por las armas libertadoras el 6 de agosto de 1813, las autoridades patriotas confrontaron el problema de la escasez de circulante ocasionada por el abandono del país de las familias pudientes que emigraron a las Antillas y llevaron consigo sus caudales. Por esto se ordenó la acuñación de monedas de cobre y plata de la clase macuquina, son los patriotas los que acuñan por primera vez monedas macuquinas en Caracas, las cuales, hasta entonces, provenían de las diferentes cecas hispanoamericanas. Para esta acuñación se usó plata perteneciente a los particulares, los cuales vendían a 6 reales la onza. Agotadas estas fuentes y en vista de la necesidad se le solicitó a la Santa Iglesia Metropolitana las alhajas que no hicieran falta al culto para convertirlas en monedas. Esto se hizo por medio de un Acta que se llamó Concordia entre el Sacerdocio y el Estado. Las alhajas fueron entregadas en el mes de julio pero al entrar Boves a Caracas los canónigos exigieron la devolución, pero era demasiado tarde ya que los patriotas al huir a oriente se llevaron las alhajas. Bianchi, italiano perteneciente a los patriotas, al ver en sus manos tanta riqueza huyó con ella.

El 16 de julio de 1814 las fuerzas realistas ocuparon nuevamente a Caracas. Al darse cuenta de la existencia de la Casa de la Moneda se propusieron darle uso y recuperar el establecimiento. Se acuñaron monedas de cobre de ¼ de real y monedas de plata de dos reales. Todos estos recursos fueron secuestrados por la expedición "pacificadora" que llegó a la costa oriental en abril de 1815.

Por Real Orden de 13 de mayo de 1816 se aprobó el establecimiento de la Casa de la Moneda de Caracas, dándosele cumplimiento el 1° de octubre dicho año. Se reglamentó la acuñación estableciendo normas y responsabilidades para cada uno de los empleados y normas para la acuñación, no se llevaría a cuño ninguna moneda que no fuese aprobada primero, cualquier pieza que no tuviera el tipo perfectamente marcado, se volvería a fundir.

En 1817 se terminó la acuñación de la macuquina del antiguo estilo de dos reales y se comenzó la acuñación de las nuevas monedas con la leyenda CARACAS. A partir de este año y hasta el triunfo de las fuerzas patriotas en Carabobo, las acuñaciones realizadas en el cuño de Caracas constituyeron series regulares. Las monedas adquirieron mayor perfección, fueron circulares, bien laminadas y con canto liso.
A principios de 1818 se aconsejaba extender la circulación de monedas de cobre que se acuñaban en Caracas, a todos los pueblos de la provincia, aunque se advertía que si bien estas monedas podían facilitar los tratos y compras al por menor era propensa a falsificación por el exagerado beneficio que producían en relación a su peso y valor.

De toda la serie de monedas acuñadas en Caracas entre 1816 y 1821 las pesetas con fecha de 1818 son las más abundantes y a la vez en las cuales se observan mayores variaciones. En algunos casos los castillos y leones del escudo español, se encuentran en posición inversa.
En 1819 se continuó la acuñación de monedas de plata de 2 reales y se labraron por primera vez las de 4 reales.
En las demás provincias existentes para la época, la circulación de monedas se desarrollaba de la siguiente manera:

Provincia de Guayana
Las incidencias de la guerra de Independencia mantuvieron aislada durante varios años a la Provincia de Guayana del resto del país, por lo que se vieron obligadas las autoridades realistas a acuñar moneda de cobre para cubrir sus necesidades. Se acordó fabricar monedas de cobre equivalentes a un cuartillo y medio real, las cuales debían ser redondas y contener por un lado la inscripción de Fernando VII y un león; por el otro un castillo y la inscripción GUAYANA.

Provincia de Maracaibo y Mérida

El advenimiento al trono de nuevos soberanos se conmemoraba tradicionalmente con la emisión de monedas. Algunas veces estas piezas se repartían entre el público que participaba en los festejos y por su valor intrínseco constituía una especie de gratificación. En la Provincia de Caracas se emitieron en conmemoración de Carlos IV medallas de plata de dos y de cuatro centímetros de diámetro, que ostentan por el anverso el busto del monarca circundado por la leyenda: Proclamatione FIDES Caracensis inaugusta Caroli IV y por el reverso el sello de armas de Caracas. En ocasión de la jura de la Constitución española de 1812 se labró una medalla de plata de 4 cm. De diámetro, con el busto del monarca y la inscripción Fernando VII, Rey de las Españas por un lado y por el otro el sello de armas de Caracas. Estas piezas se mandaron labrar en la época en que reinaba en España José Bonaparte, sin embargo las colonias americanas nunca reconocieron la dominación francesa.

En Maracaibo también se labró una medalla de plomo de 3,5 cm. De diámetro para conmemorar el advenimiento al trono de Carlos IV. Cuando la provincia de Maracaibo quedó aislada del resto también acuñó sus propias monedas aunque no se tienen datos de sus características.
En cuanto a acuñaciones realizadas en la Provincia de Mérida la única referencia que se tiene es la que hace el General Soublette en una carta al Libertador: "... si los cincuenta mil pesos que conduce el Capitán Bolívar son en moneda acuñada en Maracaibo y que generalmente denominan Lanza, es inútil su conducción, porque no circula en la provincia de Barinas, en donde siempre ha sido desechada. Allí solo ha circulado la que acuñaba el Sr. General Páez, y que llamaban del Yagual, la antigua de Caracas y muy poca de la acuñada en Mérida".

Provincia de Margarita
Al unirse la provincia de Margarita a la declaración de Independencia dada el 19 de abril de 1810, parece que, siguiendo la tradición de las acuñaciones conmemorativas, mandaron labrar algunas piezas en celebración del cambio de gobierno. No se sabe bien si estas monedas se usaron como medalla, o para uso comercial, pero fue obra de artífices locales y posiblemente en número muy limitado.
A fines de 1816 los realistas se retiraron de la isla de Margarita y ésta quedó definitivamente en poder de los patriotas. El 1° de abril de 1819, durante el gobierno de Juan Bautista Arismendi se mandó a elaborar moneda en Margarita, la cual fue profusamente falsificada, pero debido a la escasez y necesidad imperante fue muy difícil quitarlas de circulación. No se tienen muchos datos de ellas pero se sospecha que eran de plata.

Provincia de Barinas
La crítica situación en que se hallaba el ejército comandado por Páez se vio agravada por la migración de los patriotas que buscaban la protección del caudillo. A fin de proveer las urgentes necesidades, Páez dictó en marzo de 1817, en el Yagual, un decreto mandando que se le entregara toda la plata que tuvieran los emigrados para devolvérsela acuñada y sellada. El cuño se realizó en Achaguas y Caujaral. La moneda se le conoció como monedas "del Yagual" y tal era la confianza que inspiraba Páez, que la moneda fue aceptada a pesar de sus deficiencias, fue muy útil en el servicio del ejército y de toda la región por la carencia extrema de numerario.

Monedas en Emergencias
En uso de sus atribuciones, el 21 de noviembre de 1819 el Libertador decretó medidas de emergencia sobre acuñación de monedas, mandando resellar y poner en circulación monedas acumuladas en la Casa de la Moneda de Santa Fé como un recurso para solventar las necesidades del ejército. Esta serie de monedas se conoció como "chipichipi" cuyas características eran las siguientes: De un lado la cabeza de una india con un gran penacho de plumas el cual ha sido reestampado sobre el escudo de castillos y leones, leyenda primitiva LIBERTAD AMERICANA 1819, el otro lado no está muy claro por el mal estampado, se ve la leyenda de la moneda original: NUEVA GRANADA.

Época de la Gran Colombia 1821-1830
El 30 de agosto de 1821 sancionó el Congreso la Constitución que había de regir los destinos de la República de Colombia. Múltiples disposiciones dictó este Congreso y, en relación con el tema que nos ocupa, fueron sancionadas tres Leyes fundamentales el 29 de septiembre de 1821 son ellas: Ley sobre ley y peso de las monedas de oro y plata, Ley sobre amonedación de la platina y Ley sobre emisión de una moneda de cobre. Se las conoce también como las Leyes de 1° de octubre de 1821, fecha de su promulgación. Estas leyes tuvieron por objeto poner fin a "los males que sufren los pueblos por la gran variedad de monedas que han introducido la guerra y la consiguiente desorganización en que nuevamente se han hallado estos países que semejantes perjuicios que se experimentan principalmente en el comercio interior, no se podrán evitar si todas las clases de monedas circulantes, no se reducen a un mismo peso y ley conocida".
Uno de los actos de vital importancia para el afianzamiento de la soberanía de la República era, pues, acuñar moneda nacional y lanzarla a la circulación lo antes posible. En consecuencia, los cuños de Bogotá y Popayán, así como el de Caracas se mantuvieron en actividad. Sin embargo, a los fines del presente estudio sólo incluiremos las acuñaciones realizadas en el departamento de Venezuela y aquellas disposiciones legales adicionales que tuvieron vigencia local.
Pocos días después de la batalla de Carabobo, el 5 de julio, en su Cuartel General de Caracas, el Libertador dictó un Decreto prohibiendo la circulación de "la moneda de cobre que con el nombre de señas, ha introducido en Venezuela el Gobierno español". Introducido debe entenderse por implantado y no por haber sido traídas las monedas de fuera, puesto que eran acuñadas en la ceca de Caracas.

La casa de la Moneda de Caracas se puso en actividad inmediatamente. En el Archivo General de la Nación existen relaciones de los gastos del cuño y de los salarios pagados a los operarios. En estas relaciones consta que para agosto de 1821 se estaban acuñando pesetas y cuartos de reales y que los operarios de tales acuñaciones eran Andrés Mexias y Mariano Ponte, respectivamente. Bartolomé Salinas recibió 95 pesos por un cilindro para acuñar cuartos y Santiago Ochoa cobró un peso y medio por grabar cada par de cuños.
El Vicepresidente del Departamento de Venezuela. General José Antonio Páez, dio órdenes al Director General de Rentas, quien las trasmitió a Marcelino Plaza el 10 de octubre de 1821, para que "a la mayor brevedad se acuñe toda la moneda de a cuartillo que se ordenó y que el público necesita con urgencia... prevengo a Ud. que toda la plata que exista o pueda comprarse en lo sucesivo se destine precisamente a esta clase de moneda".
El 26 de septiembre de 1822, en uso de sus atribuciones, decretó el General Soublette el cierre de la Casa de Moneda de Caracas, considerando que "no se haya establecida o aprobada por el gobierno Supremo ni sujeta a planta o reglamento alguno expedido por él; que no hay en el Departamento metales preciosos que acuñar y que los cuartillos de plata en cuya amonedación se ha ocupado hasta ahora deben hacerse de cobre, en los términos y con las circunstancias prevenidas por la Ley de 29 de septiembre del año undécimo".

El 22 de diciembre de 1822 dirigió Marcelino Plaza al General Intendente un informe sobre las operaciones de la Casa de la Moneda. De acuerdo con éste, durante el lapso comprendido entre el 14 de julio de 1821 y el 31 de octubre de 1822, el Cuño de Caracas labró 34.529 onzas de plata.
Para los efectos de esta acuñación se utilizó, además de plata en barras, 3.313 onzas, 6 ochavas en moneda "chipichipi" adquirida por 2.899 pesos, 4 2/8 reales y 618 pesos fuertes por 695 pesos, 2 reales, a razón de nueve reales cada uno.
De los cuartillos se han conservado algunos ejemplares y sus características, similares a las de las monedas de cobre emitidas por los patriotas en 1812.
Las autoridades Republicanas no estaban en capacidad de emitir moneda en cantidad suficiente para amortizar todo el numerario en circulación. Las monedas acuñadas por orden del General Morillo, dada su buena calidad, eran aceptadas por el público sin reservas y así, con el objeto de no causar serias perturbaciones a la circulación con la emisión de limitadas cantidades de moneda nueva, las autoridades republicanas optaron por resellar monedas con las características de las "morilleras", eliminando sólo el nombre del monarca y sustituyéndolo por marcas sin significación específica. Parece reforzar este punto de vista la existencia de pesetas españolas de la época de Carlos III y Carlos IV (colección del Banco Central de Venezuela) reselladas en Caracas y que difieren de las "morilleras" sólo en que las cifras y las letras son más pequeñas y en que la F y el 7 de Fernando VII están sustituidos por flores de cuatro pétalos. Todos los resellos tienen fecha de 1818.
El 4 de junio de 1823 el Congreso dictó un Decreto por el cual se autorizaba la acuñación de una moneda la cual se dio a conocer con el nombre de "china" esto se debía a que era frecuente, para la época, llamar a las indias chinas. La figura de una india estampada en estas monedas dio origen al nombre, el cual se generalizó por todo el país.
El 14 de marzo de 1826 se decretó el retiro de circulación de la moneda macuquina, la cual era una moneda de plata de baja ley, cortada y de fábrica grosera que en su origen circulaba en Cartagena y sus alrededores, pero luego se extendió a Venezuela , Puerto Rico y otras regiones. Se usaba en el expendio y comercio interior, no tenía valor fijo, porque subía y bajaba en proporción a la escasez o abundancia de la moneda legal, llamada fuerte o de cordoncillo.

En esta época se gestaba en Venezuela un movimiento separatista que propició el desconocimiento de las órdenes emanadas del gobierno central. En relación con el problema monetario ,Páez dictó un decreto por el cual restablecía la Casa de la Moneda de Caracas que había sido suprimida por el gobierno de Bogotá. Esta medida trataba de beneficiar al Erario Público y a los particulares pero fue tomada a la ligera y no llegó ni siquiera a ponerse en funcionamiento. El gobierno de Colombia deseaba unificar la circulación monetaria y retirar todas aquellas que estuvieran desgastadas y recortadas, pero esto fue imposible por el mal estado de las máquinas. A tal efecto el Libertador dictó un decreto en Bogotá el 6 de noviembre de 1828 limitando la prohibición de la moneda falsa, sin embargo la moneda fue profusamente falsificada y llegaron a conocerse hasta 37 cuños diferentes.

República de Venezuela 1830 – 1863
Al consolidarse la Independencia, la necesidad de bienes de toda especie que tenía el país favoreció un activo comercio con el exterior, especialmente a través de las colonias europeas en las Antillas. El abandono de actividades productivas a causa de la guerra, hizo imposible que este comercio se hiciese a cambio de bienes nacionales, acentuándose cada vez más el déficit de la balanza comercial. Las mercancías importadas debían pagarse en moneda aceptable en el exterior, de manera que la plata fuerte, fue desapareciendo de la circulación. De este modo se originó un comercio con el propio dinero. Se importaba moneda de buena calidad y se vendía a precios que excedían su valor intrínseco. La ganancia encarecía naturalmente las mercancías y al fin y al cabo las monedas volvían a salir del país en pago de importaciones. Sólo quedaban para las transacciones internas las monedas de baja ley, gastadas y cercenadas, a pesar de lo cual, y por su escaso número, se vieron también sobre valoradas. La escasez de numerario y su ínfima calidad, causante de muchos inconvenientes, no podía ser solucionada sino mediante la amortización y la sustitución de la mala moneda por otra de buena ley, en cantidad suficiente a las necesidades de cambio. El problema no pasó inadvertido a los hombres de la época, quienes, con toda claridad, plantearon las soluciones, pero fue imposible ponerlas en práctica porque el país había quedado en la ruina después de una guerra tan prolongada.

En los años que siguieron a la separación de Venezuela de la Gran Colombia la situación económica no experimentó cambios favorables que permitiesen al gobierno encauzar el problema de la circulación hacia soluciones definitivas. Las medidas adoptadas fueron sólo paliativas. Con el objeto de equilibrar los valores de las monedas, se fijó el precio de la onza de oro y de la plata fuerte de acuerdo con sus relaciones de peso.

Las monedas extranjeras fueron llenando el vacío ocasionado por la falta de numerario y circularon con el beneplácito general. El 30 de diciembre de 1830 las autoridades publicaron una tabla que fijaba los valores de conversión al cambio de la moneda corriente del país. En esta forma quedó legalizada la circulación de la moneda extranjera en Venezuela.
En 1833 la moneda que circulaba era la antigua macuquina y la acuñada en Caracas antes y después del gobierno republicano, ambas de plata. La de oro era la acuñada en todos los Estados Americanos, pero la que circulaba más abundantemente era la que llevaba las armas de Colombia.
El 28 de marzo de 1835 se dictó una ley sobre admisión y valor de las monedas extranjeras, la cual permitía la aceptación de los centavos de cobre norteamericanos en pago de deudas y su libre convertibilidad en monedas de oro y plata. El Ejecutivo, previendo que la circulación de una moneda desconocida hasta el momento, pudiese ocasionar inconvenientes, envió una circular a los Gobernadores, para que publicasen en su jurisdicción las ventajas que la circulación de dicha moneda traería.
El 29 de marzo de 1842 el Congreso dictó una Ley para la acuñación de moneda de cobre nacional, la cual sería de obligatorio recibo en las Tesorerías y por parte de particulares, estas se acuñaron en Londres, las monedas con una hermosa efigie de la Libertad, fueron de muy buena calidad, bien grabadas y se emitieron en los valores de uno, medio y un cuarto de centavo. Al poner en circulación estas monedas se derogó el decreto que permitía la introducción de centavos norteamericanos.
En 1848 se promulgó la Ley de Monedas, promulgada el 30 de marzo, esta ley promulgó como unidad monetaria de Venezuela el franco francés. En ningún documento de la época aparece alguna consideración que explique el motivo de tan curiosa medida. No es posible pensar que existiese un rechazo público al sistema tradicional español, pues al contrario, se había tratado de conservarlo a fin de evitar agravar aún más nuestra deficiente circulación monetaria. La explicación se acerca más a la actitud del nuevo gobierno que trataba de manifestar por todos los medios posibles su desacuerdo con la política seguida en el período de la Oligarquía Conservadora. Se ordenó publicar una tabla con las equivalencias de las monedas circulantes con relación a esta nueva moneda.

El 1° de abril de 1854 se produjo otra disposición curiosa, como la mayoría en esta época. Se promulga una Ley para el establecimiento de una Casa de Moneda en Caracas, destinada a la acuñación de monedas de oro, plata y cobre con similares características a las de 1843. Se establece que las monedas de oro serían la onza, la media onza, el doblón, el escudo y llevarían el nombre de "Venezolano de oro". Las de plata serían el peso fuerte o venezolano de plata, el medio peso, el cuarto de peso o peseta, el real y el medio real. Las monedas de cobre se dividirían en cuartos y octavos, todo lo cual marca una influencia clara del sistema español, tanto en su denominación como en las relaciones en cuartos, octavos, dieciseisavos, etc. La casa de la Moneda no pudo establecerse y tampoco se pusieron en práctica medidas que mejorasen la circulación monetaria.
Ley de Monedas de 23 de marzo de 1857: Como no había sido posible el establecimiento de la Casa de la Moneda en la Ley de 1854, y ante la gran escasez de circulante el Congreso autorizó la acuñación en el exterior de moneda nacional. Las monedas llegaron a mediados de 1858 y a pesar de algunas discrepancias sobre su peso y ley, fueron puestas en circulación. Las monedas de plata y cobre puestas en circulación resultaron insuficientes y se autorizó una nueva acuñación con iguales características que las anteriores.

Iniciada en 1859 la llamada Guerra Larga o Guerra Federal, fueron sucediéndose varios gobiernos provisionales hasta que el 10 de septiembre de 1861 se proclamó Páez Dictador de Venezuela.
Durante su gobierno se ordenó una acuñación de monedas de plata con su efigie. Los numerosos incidentes a que dio lugar esta acuñación vinieron a ser testimonio del descrédito en el que había caído el gobierno venezolano en el exterior y de la desconfianza que inspiraba la desorganización administrativa del país. Se especificaba que las monedas deberían llevar por un lado: "La efigie del Presidente de la República con la leyenda Ciudadano Esclarecido y por el otro la indicación del valor de la pieza y el año de la fabricación.." La acuñación sufrió un retardo ya que el grabador de la Casa de la Moneda sugería la conveniencia de que la efigie del Jefe del Estado apareciese de perfil y no de frente, cambio que se aceptó el 7 de noviembre de 1862. Estas monedas luego de una accidentada historia no entraron en circulación, algunas de estas monedas llegaron en momentos en que acababa de triunfar la revolución federalista, y no fueron recibidas por el gobierno.

Estados Unidos de Venezuela 1864 – 1953
Al promulgar la Ley de Monedas de 1857 los legisladores pensaron que se resolverían las dificultades al restablecerse el equilibrio de las monedas circulantes y adoptarse un sistema sencillo y uniforme, pero los acontecimientos políticos influyeron en tal forma que la Ley no se ejecutó en totalidad y apenas se había logrado introducir una pequeña cantidad de plata de acuerdo a las disposiciones establecidas. La moneda extranjera seguía circulando con los valores exagerados que les había fijado la tabla monetaria de 1848. Era necesario dotar al país de moneda propia que regularizara las operaciones en todo el país. Sin embargo, al tan importante problema no se le prestó la debida atención, ya que la asamblea estuvo absorbida en la elaboración de una nueva Constitución.
Ley de Monedas de 12 de junio de 1865: Se decreta una nueva ley, la cual deroga la de 1857. En ella los cambios principales son la autorización para establecer una Casa de la Moneda, aunque nunca se llevó a efecto, y se establece por primera vez que las monedas de oro y plata llevarían la efigie del Libertador, las de cobre seguirían llevando la de La Libertad.
Aún cuando el establecimiento de un nuevo sistema monetario era imperioso, la situación económica no era la más propicia, el país acababa de sufrir una larga guerra y su economía había quedado desarticulada. El desorden administrativo que caracterizó al nuevo gobierno fue tal, que contribuyó poco después a su derrocamiento.
El mal estado de la moneda circulante y la imposibilidad de ser cambiada fue motivo de continuas protestas y el público se negaba a recibirlas. Por esto, el 3 de diciembre de 1870 se dictó un decreto estableciendo el obligatorio recibo de todas las monedas lisas o sisadas, siempre que se distinguiesen alguna de las caras.
Cualquier operación de compra-venta se veía seriamente entorpecida por el pésimo estado de las monedas y la policía no lograba atender el sinnúmero de reclamos que se recibían a diario. El Consejo administrador acordó que no se recibiría para recaudación de rentas monedas que no tuvieran el peso señalado, lo cual aumentó los inconvenientes, ya que el pueblo al enterarse de que el gobierno intentaba la depreciación de la moneda lisa, se negaban a recibirla. Los especuladores aprovecharon la situación, para admitirla con descuentos del valor entre un 20 y un 50%, por lo que el gobierno tuvo que decretar una vez más la obligatoriedad de su aceptación hasta que ellos la recogieran en su totalidad.

Ley de Monedas de 11 de mayo de 1871: El Presidente Provisional de la República, dictó una nueva Ley de Monedas en la cual se hace hincapié sobre la calidad, el peso y ley que deberían llevar las monedas. Se declaró unidad monetaria el fuerte o venezolano de oro, con un valor de diez décimos. Se dio el nombre de "Bolívar" a la pieza de oro de 20 venezolanos. Las monedas de oro y plata llevarían la efigie del Libertador.

Se encargó a Désiré-Albert Barre, grabador General de la Casa de La Moneda de París ejecutar los primeros troqueles de moneda venezolana con la efigie de Bolívar. Barre tomó por modelo el dibujo de Carmelo Fernández y, a partir de 1873 hasta la fecha su grabado ha sido el invariable emblema de la moneda venezolana de oro y plata.

Dice Manuel Segundo Sánchez refiriéndose al dibujo de Fernández: "Inspirándose en el recuerdo avasallador de aquel rostro inolvidable y asesorado por el perfil de Roulin y la obra de David, trazó embelleciéndola, la efigie de Bolívar... puede decirse que el Bolívar de Fernández, familiar a la vista del universo entero, será el Bolívar glorificado por todo el esplendor de la Epopeya. Popularizado por nuestra moneda de oro y plata... y por las infinitas reproducciones de todo género, damos con él a cada instante de nuestra vida; y de tal manera se ha enseñoreado este emblema inmortal de la imaginación del pueblo, que ella no acepta como legítima otra efigie que no esté calcada en el tipo que creó nuestro dibujante".
Una vez emitida en cantidad suficiente la moneda nacional para las transacciones del país, la moneda extranjera dejaría de tener curso legal. El 1° de enero de 1872 se decretó obligatorio la conversión de todas las cuentas a la nueva unidad monetaria y que todas serían expresadas en venezolanos y centavos, siendo éstos la única fracción de la unidad a la que se le daría uso.
El 21 de agosto de 1871 el gobierno celebró un contrato con José Antonio Fernández para el establecimiento de una Casa de La Moneda en Ciudad Bolívar, lo cual no pudo llevarse a cabo, por lo que se solicitó realizar una acuñación en Norte América o Europa, a lo que tampoco se dio curso.

El 11 de junio de 1873 el gobierno ordenó la acuñación de un lote de monedas de 50,20,10 y 5 centésimos de venezolano, lo cual se realizó en la Casa de La Moneda de París. El 1° de febrero de 1874 se dispuso la fabricación de piezas de 1 venezolano, el cual sería el primer "venezolano", pero solo se hicieron ensayos, uno de los cuales se encuentra bajo el pedestal de la estatua del Libertador, inaugurada poco después en la Plaza Bolívar de Caracas.

Por una resolución del 18 de junio de 1874 al entrar en circulación la moneda acuñada se prohibió la circulación de toda moneda nacional o extranjera que estuviera perforada, lisa, rayada, cercenada, etc. Las cuales deberían ser cambiadas por moneda legal en el curso de seis meses. Con esta medida se ponía fin a la circulación de este tipo de moneda que tantos inconvenientes y perturbaciones había causado. Las monedas recogidas se enviaron a París para su reacuñación.

El 14 de junio de 1876 el Ministerio de Hacienda ordenó la acuñación de moneda de níquel del valor de 2 1/2 y 1 centésimo de venezolano. Esto se realizó para sustituir los centavos de cobre y resolver el problema de necesidad de moneda menuda. Es interesante anotar que estas fueron las primeras acuñaciones realizadas en Estados Unidos por encargo de otro país, igualmente era la primera vez que se emitían piezas de 2 ½ centésimos de venezolano y se usaba el níquel, desconocido hasta entonces en nuestra circulación monetaria. La Ley de Monedas no contemplaba la acuñación de monedas de este metal ni de ese valor, lo que unido a propagandas adversas al gobierno, causaron muchas dificultades, sin embargo, la necesidad de moneda menuda permitió su aceptación por el público y circuló durante muchos años.

Las monedas llevan fecha de 1876 o 1877.
El gobierno que sustituyó a Guzmán Blanco dispuso acuñar venezolanos en moneda de cobre de 1 centavo, para recoger y cambiar las de níquel, la medida provocó una reacción adversa y el gobierno se vio obligado a decretar el obligatorio recibo. Esta acuñación no se llevó a cabo y las monedas de níquel siguieron circulando, a partir de aquella acuñación todas las monedas menudas han sido de níquel, metal que se ha impuesto en todas partes por ser liviano de bajo precio y agradable aspecto.

La moneda de níquel de 2 ½ centavos recibió el nombre de cuartillo y de locha. La razón de este último es confusa. Se cree que tuvo su origen en la ochava, octava parte de la peseta.

En 1876 se envió a Londres una suma de dinero con destino a la amortización de la deuda externa de Venezuela, no habiéndose llegado a un acuerdo se resolvió el envío de tal suma a París y se destinase a la acuñación de monedas de plata de 1 venezolano, estos fueron los primeros fuertes de plata que entraron en circulación en el país.

Después de dejar el gobierno por dos años en manos del General Francisco Linares Alcántara, al morir éste y luego de la guerra civil desencadenada, llamada Revolución Reinvindicadora, el General Guzmán Blanco volvió a encargarse de la Presidencia el 26 de febrero de 1879. Guzmán Blanco continuó su trabajo de dotar al país de un sistema monetario que lo liberara de una vez de la dependencia del numerario extranjero. Este tema representaba una gran preocupación para Guzmán Blanco como se ve reflejado en comunicación dirigida al Ministerio de Relaciones Interiores: " ...y dar a las monedas extranjeras circulantes en una nueva tabla curso autorizado, por el valor que tengan en justa proporción con el peso y ley de la moneda venezolana, proclamar las equivalencias y en seguida continuar la acuñación de la moneda nacional. Entonces ésta quedará circulando en el país. Luego regularizará Venezuela su cambio con el extranjero y dejará de perder lo que pierde hoy en virtud del precio artificial de la moneda. Y cuando la nacional exista en abundancia y la explotación de las minas de Guayana haya autorizado el establecimiento de un cuño nacional (que lo tienen todos los países mineros) entonces podrá decirse que hemos entrado por este respecto en la vida civilizada del mundo".
Ley de Monedas de 31 de marzo de 1879 La nueva Ley de Monedas fue calcada sobre los principios establecidos por la Convención Monetaria Latina y marcó definitivamente el Sistema monetario que ha regido en Venezuela hasta el presente. El Presidente Guzmán Blanco en clara visión del problema de la moneda, culminaba de esta manera su empeño, manifiesto en las diversas medidas adoptadas por él en el curso de los años, de sustituir un sistema monetario arcaico y desordenado, por otro, racional y moderno.

La Ley estableció como unidad monetaria el bolívar de plata, el cual constituiría la unidad obligatoria a partir del 1° de julio de 1879. Eliminó la moneda fraccionaria de cobre y la sustituyó por la de cuproníquel. La acuñación se haría en cantidad proporcionada a la población de la República y al grado de actividad de las transacciones, sin exceder Bs. 6 por habitante. Las monedas acuñadas en 1857 y 1871 seguirían circulando por su valor legal. Se establecería una casa de la Moneda en el país.

Entre noviembre de 1879 y octubre de 1880 entraron al país un lote de monedas acuñadas en Bruselas, por estar la Casa de la Moneda de París demasiado copada de trabajo.

El 4 de mayo de 1885, estando Guzmán Blanco en París como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Venezuela ante varios gobiernos europeos, se le encomendó la acuñación de un lote de monedas donde lo considerare más favorable, a lo que respondió sugiriendo el establecimiento de una Casa de la Moneda en Caracas o La Guaira, Guzmán Blanco consideraba que por ser Venezuela un país productor de minerales apropiados para que se realizaran amonedaciones, no se justificaba tener que recurrir a otros países para realizar la acuñación. Además, que el establecimiento de una casa de la moneda en el país tendría doble finalidad, la de emancipar la industria minera de la tutela extranjera y realizar las acuñaciones con menores gastos, al evitarse los gastos de transporte, seguro, cambio, etc.
El Presidente de la República, General Joaquín Crespo aprobó la sugerencia y dio su consentimiento para establecimiento de la casa de la moneda.
La Casa de Moneda se estableció en Caracas en la Avenida Norte 4, No. 48, en la antigua Calle del Comercio, en una casa de dos pisos que hacía esquina frente a la de Caja de Agua, esquina que fue llamada del cuño, nombre que aún conserva (En la Parroquia Altagracia, cercano al Ministerio de Educación). El establecimiento fue recibido con beneplácito y considerado por el Gobierno como un paso más en el camino del progreso.
Se solicitó a las casas de moneda de París y Bruselas la entrega de los troqueles utilizados para las acuñaciones realizadas en esos países. Una vez recibidos los troqueles, la compañía ordenó la fabricación de nuevos cuños y demás utensilios necesarios para dar comienzo a las operaciones. El 5 de Agosto de 1886 se participó que en cuanto llegara el material que traía el vapor francés, estarían en condiciones para poner en funcionamiento el cuño.

El 27 de abril de1886 por voto unánime del Consejo Federal fue nombrado el General Guzmán Blanco Presidente de Los Estados Unidos de Venezuela para el período constitucional de 1886 a 1888. El 16 de octubre de 1886 inauguró la Casa de la Moneda de Caracas, se puso en funcionamiento la maquinaria, y la primera moneda de oro de cien bolívares que se acuñó, le fue obsequiada. La entregó el General Jacinto Pachano, Inspector del Gobierno Nacional, y al recibirla, el Presidente dijo "que bueno, Pachano" lo que originó el nombre de pachanos, nombre por el que se les conocía comúnmente.
Como consecuencia del establecimiento de la casa de la moneda, se decretó la prohibición de importación, sin excepción, de moneda extranjera, esta medida puso fin a la circulación de moneda de plata extranjera, práctica que había provocado por más de 50 años un sinnúmero de contratiempos sobre nuestra circulación monetaria. Toda la plata que se sacó de circulación fue reacuñada.

La casa de la moneda trajo varios beneficios como señala González Guinán, Historia Contemporánea de Venezuela, p. 329-330: "grandes utilidades derivó el país con la fundación del cuño y la creación de la moneda nacional. Libertóse inmediatamente de la invasión de plata extranjera que de todas partes afluía a nuestro mercado, facilitó las transacciones mercantiles y cerró el que parecía eterno expediente de las alarmas monetarias que constantemente dificultaban la marcha desembarazada de las industrias".
El funcionamiento de la casa de la moneda fue delegado a una sociedad denominada La Monnaie con la cual luego de numerosas acuñaciones surgieron una serie de inconvenientes, principalmente por falta de claridad en los términos del contrato, la política seguida con la Casa de la Moneda ejemplariza uno de los muchos errores que con tanta frecuencia ocurren en Venezuela. En lugar de abocarse las autoridades a corregir los defectos inherentes al contrato y lograr que la empresa siguiera operando con participación del Estado en los beneficios, asumieron una actitud que ocasionó mayores pérdidas, pues el Gobierno se vio en la obligación de adquirir, por varios millones, una empresa que de nada le sirvió en el futuro. La imprevisión administrativa condujo así al despilfarro de una importante suma y dio al traste con una empresa de verdadera utilidad. La Monnaie había realizado un trabajo eficiente, la calidad de la moneda acuñada era similar a la de cualquier cuño del exterior.

Aún con todos los problemas que surgieron, hay que hacer notar que a las gestiones del General Guzmán Blanco se deben las bases del sistema monetario actual.

En febrero de 1892 estalla la guerra civil, el Presidente Andueza Palacio huye del país y a los pocos meses Joaquín Crespo ocupa Caracas y como Jefe del Poder Ejecutivo Nacional, consolida el triunfo de la llamada Revolución Legalista. Como consecuencia de todas aquellas alteraciones el Ejecutivo decretó en 1893 la acuñación de monedas de plata y níquel que consideraban indispensables para remediar la urgente escasez de moneda menuda que había en el país. La acuñación se llevó a cabo en la Casa de Moneda de París, se acuñaron piezas de Bs. 1 , 0,50, 2 y 0,25.
El 25 de mayo de 1896 el Congreso dictó un decreto autorizando la acuñación de monedas de níquel de Bs. 1,12 ½ y 0,05. Se estableció que sería del mismo tipo, diámetro y peso de la acuñada en 1876-77, modificando, como era lógico, la expresión del valor de acuerdo con la unidad monetaria vigente. La acuñación se realizó en la Casa de la Moneda de Berlín, el gobierno recibió las monedas y las puso en circulación pero no pagó el giro, lo que ocasionó múltiples reclamos por parte de los acreedores. El 28 de febrero de 1898 el General Ignacio Andrade asume la Presidencia de Venezuela, según Crespo para dejarlo como protector del trono y luego de un tiempo asumir otro período presidencial, pero al poco tiempo se alza el General José Manuel Hernández, conocido como "El Mocho". En semejantes condiciones el gobierno no se ocupó de solucionar el conflicto pendiente con las firmas alemanas, lo cual quedó en suspenso por largo tiempo, el 5 de diciembre de 1899, Cipriano Castro, como General en Jefe de los Ejércitos dictó un decreto con el cual ordena el pago pendiente.

Cuando Castro se apoderó del poder, el Tesoro Nacional estaba exhausto y la nación confrontaba un verdadero caos económico, del cual no logró salir durante el tiempo que duró esa administración. Para solucionar la escasez de circulante Castro ordenó la acuñación de monedas en piezas de Bs. 5, 2, 1, 0,50 y 0,25 los cuales fueron introducidos en La Guaira entre julio de 1900 y abril de 1901. Estas produjeron una notable ganancia entre su valor nominal y su costo. Era la primera vez que la utilidad producida por una acuñación pasaba directamente y en su totalidad al Tesoro Nacional. De esta manera se abría un capítulo de ingresos fiscales por tal concepto, y de ahí en adelante se recurre con frecuencia a la acuñación de moneda solo con el propósito de obtener beneficios fiscales. De esto se deduce que el gobierno se excedió en el monto de las acuñaciones, y que las cantidades de monedas introducidas al país eran superiores a las posibilidades de absorción características de una economía más o menos estacionaria y sacudida por graves conflictos internos. Las acuñaciones se ordenaban con el fin de solucionar la escasez de circulante pero cuando se veía correr en abundancia, surgía la preocupación de que el mercado se saturara. Las continuas alteraciones del orden público ocasionadas por guerras y revoluciones exigían en determinadas regiones un mayor volumen de circulante para cubrir los gastos extraordinarios, pero en otras regiones la limitación de bienes económicos, por falta de producción o importación, paralizaba las transacciones, lo que causaba un exceso de circulante.

En 1908 Castro viaja a Europa y el Vicepresidente de la República, Juan Vicente Gómez se apodera del poder el 19 de diciembre. En lo que respecta a la moneda y su circulación, el nuevo gobierno siguió los pasos del anterior, sin tomar medidas cónsonas con las necesidades de fijar criterio justo sobre la política que debía adoptarse en la materia. Se decretó en 1910 y 1911 la acuñación de monedas de oro y plata, las cuales se realizaban más por obtener un aumento en los ingresos fiscales, que realmente por las necesidades que una economía agrícola y de lento desarrollo fuera capaz de absorber.
En 1914 se descubre el primer yacimiento petrolífero de importancia en Venezuela lo cual desde el punto de la circulación monetaria y la afluencia de capital extranjero en gran escala, unido al estallido de la primera guerra mundial, produjo cambios fundamentales en el desarrollo de la economía nacional y de todo orden.
Ante la escasez de moneda menuda se ordenó la acuñación de moneda de níquel lo cual se realizó en la Casa de la Moneda de Filadelfia, ante la imposibilidad de realizarse en Alemania.

Ley de Monedas de 24 de junio de 1918: Varios factores contribuyeron al cambio económico que experimentó el país durante el largo período de la dictadura gomecista. La supresión de las guerras civiles permitió que las actividades agrícolas, aunque elementales, pudiesen desarrollarse ininterrumpidamente. Las exportaciones permitieron elevar el Fondo de Reservas del Tesoro y los ingresos fiscales. Le tocó en suerte a Gómez que durante su gobierno se iniciara la explotación de la industria petrolera, la cual cambió radicalmente la estructura económica del país. En 1918 comenzó la exportación de petróleo y una década después Venezuela se colocaba en segundo lugar de los países productores. Las necesidades de circulante fueron aumentando al ritmo que imprimía el desarrollo de las actividades económicas y financieras.

El 24 de junio de 1918 se promulgó la Ley de Monedas que establecía como unidad monetaria el bolívar de oro. La escasez de circulante produjo la proliferación de fichas y vales de empresas y establecimientos agrícolas, prohibidos por la ley, así como de moneda extranjera que volvía a ingresar al país, por lo que se estableció una vigilancia extraordinaria y se ordenó una inmediata acuñación de oro y plata.

La dictadura de Gómez, que culminó con su muerte en 1935 dejó a un país rico y un pueblo en la mayor penuria no sólo económica, sino educacional, sanitaria, etc. Los ingresos provenientes de la extracción del petróleo no significaron desarrollo de la productividad ni elevación del nivel de vida. Las riquezas eran acumuladas en las reservas de oro a costa de la penuria del pueblo.
El nuevo gobierno confrontó, entre otros, serios problemas económicos. El 8 de septiembre de 1939 se crea el Banco Central de Venezuela, que respondía a la necesidad que tenía el país de modernizar sus instituciones. El Banco Central inició sus operaciones en momentos en que las condiciones anormales determinadas por la segunda guerra mundial dejaban sentir sus efectos sobre nuestra situación económica y monetaria. Las necesidades de circulante se cubrieron, en su mayor parte, con la emisión de billetes, cuya garantía contribuyó a acrecentar la confianza que el público dispensaba, lo que, unido a sus ventajas prácticas, hizo que pronto se impusiera. La creciente elevación de los precios contribuyó a que el público utilizara el billete y el cheque en sustitución de la moneda metálica, por las ventajas derivadas de su fácil movilización.

Al fijarse en 1944 los tipos de cambio de dólar que debían regir en operaciones de compra y venta se establece una diferencia no favorable entre el valor real de las monedas de oro y su valor nominal. La moneda acuñada se constituyó en la única forma de atesorar cantidades limitadas garantizando su valor intrínseco, lo que hizo que el público hiciera desaparecer las monedas de oro de circulación. En resumen, se puede decir que los factores que contribuyeron a la desaparición del oro amonedado fueron: escasez, diferencia entre su valor nominal y su valor de mercado, inconvenientes que presentaba el transporte de oro, encarecimiento por motivos de seguridad necesaria, necesidad de conservar oro para garantizar respaldo crediticio y reservas del país y las ventajas que presentaba el uso de divisas como pago internacional.
Desde 1944 hasta 1949 se realizaron varias acuñaciones en la Casa de la Moneda de Filadelfia en piezas de Bs. 0,05 ; 0,12 ½ ; 0,25; 1 ; 2; 5; principalmente de plata y níquel.

República de Venezuela 1953 – 1986
En 1952 el Banco Central de Venezuela informó al Ministerio de Hacienda sobre la escasez de moneda de plata que se había agudizado en los últimos tiempos debido principalmente, al desarrollo de la industria y el comercio, el crecimiento de los gastos gubernamentales y el aumento progresivo de la población. Por esto se ordenó una acuñación de monedas de Bs. 1; 0,50 ; y 0,25, lo que se realizó en la Casa de la Moneda de Filadelfia. Luego de esta acuñación se observaron ciertos inconvenientes con las acuñaciones que se realizaban en Estados Unidos, ya que allí se garantizaba la tolerancia en peso y ley por grupo de monedas y no en forma individual como lo exige la Ley de Monedas venezolana. Por esto, se consultó otras casas de monedas, y es así que las acuñaciones de 1960 se realizan en la Casa de la moneda de París, estas llevan en el anverso y a cada lado la palabra BARRE, signo de su grabador y un cuerno de la abundancia y una alondra, signos de la Administración de Monedas de París.
La Constitución promulgada en 1953 abandonó el nombre de Estados Unidos de Venezuela y restituyó el de República de Venezuela, que había estado en uso desde 1830 hasta 1863.
La Crisis de la plata: En 1965 la situación del circulante metálico en Venezuela se ve afectada por las condiciones del mercado internacional de la plata, que hace crisis ese año, y por las crecientes necesidades internas. Acentúa la escasez de circulante el atesoramiento con fines especulativos ante la posible alza del metal.
La plata fue tradicionalmente usada en la acuñación de monedas porque su valor intrínseco correspondía, con los costos de fabricación y beneficio, al valor nominal de las piezas, hecho que explicaba el alto grado de aceptación de que gozaban dichas monedas en escala mundial. A partir de la crisis de los años 30 y más acentuadamente después de la II Guerra Mundial, gran número de países: los del bloque de la libra esterlina, casi todos los países europeos y, entre los grandes productores de plata, México y Canadá, eliminaron o disminuyeron considerablemente el contenido de plata en sus monedas, sustituyéndola por metales y aleaciones apropiadas a los fines de circulación, pero de menor valor y de más fácil adquisición.

El fenómeno del desequilibrio del mercado de la plata se originó por la insuficiencia de la producción para satisfacer la creciente demanda. El lento crecimiento de la producción se debe a razones de orden técnico. Muchos yacimientos se fueron empobreciendo paulatinamente, y, por otra parte, como la plata en la naturaleza viene mezclada con otros metales, los costos de producción son elevados.

Frente a un nivel de producción estacionario o en lento ascenso, el consumo de la plata aumentó considerablemente en esos años, tanto para fines industriales como monetarios. La demanda creciente de monedas, principalmente en Estados Unidos, se debió al aumento de la población, al incremento de actividades financieras, al notable desarrollo de las máquinas automáticas vendedoras, de aparatos telefónicos y de otros servicios operados con monedas y el atesoramiento con fines especulativos.
En la Memoria del Banco Central de Venezuela correspondiente a 1965 y, bajo el título "Problemas internacionales de la plata y situación de las monedas fraccionarias en Venezuela", el Instituto analiza las dificultades que en esa materia confrontaba el país y expone las sugerencias que habían sido hechas al Ejecutivo a fin de remediarlas prontamente. Consideró el Instituto necesario estudiar la conveniencia de nuevas alternativas en relación con el contenido metálico de las monedas. Entretanto comienzan a aparecer síntomas inquietantes que agudizan el problema. La demanda de moneda se acentúa; la inseguridad en los precios de la plata dificulta su adquisición en previsión de nuevas acuñaciones; las Casas de Moneda que tradicionalmente habían realizado las acuñaciones venezolanas se encuentran imposibilitadas de atender los pedidos.

La situación planteada dio origen a la promulgación de una Ley de Acuñación de Monedas el 16 de diciembre de 1965, por medio de la cual se ordenó la acuñación de monedas de plata de Bs. 5,2 y 1 ; de níquel puro de Bs. 0,50 y 0,25 y de cupro-níquel de Bs. 0,05. Al permitir esta Ley la acuñación de las monedas de BS. 0,50 y 0,25 en níquel puro, se inició en forma cautelosa el cambio que imperiosamente imponía la situación internacional de la plata. Se escogió el níquel como metal sustitutivo de la plata por su apariencia física, su resistencia, su abundancia a escala mundial, su precio razonable y la existencia comprobada de reservas nacionales. Es un metal que resiste el desgaste de la circulación, y debido a su dureza y alto punto de fusión, su amonedación precisa de equipos técnicos especiales, lo cual limita los incentivos de la falsificación.

Francia aceptó acuñar las monedas de plata de Bs. 1 y 2. Las monedas de níquel de 0,50 y 0,25 se acuñaron en Londres y las de cupro-níquel de 0,05 fueron realizadas por la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre de Madrid.
Cuando el público tuvo conocimiento de la escasez de plata en el mercado internacional y de la posible alza del precio del metal, se produjo un incremento sustancial en la demanda de monedas de Bs. 5, cuyo valor intrínseco había casi alcanzado su valor monetario. Estas piezas fueron atesoradas con miras especulativas y numismáticas, lo que determinó la desaparición del "fuerte" de la circulación. Esto agravó la escasez de moneda circulante, y a fin de aliviarla fue emitido un billete de Bs. 5 para conmemorar el Cuatricentenario de Caracas. Puesto en circulación el 21 de noviembre de 1966, en cantidades reducidas, esta emisión desapareció prácticamente de la circulación, pero como resultó útil en aquella emergencia, se continuó la emisión de billetes de este valor aunque con diferente diseño.

En 1967 la situación se torna crítica. El BCV expone en un informe al Ministerio de Hacienda lo siguiente:
"La sustitución de la plata por otros metales con fines de acuñación no debe tener, por sí sola, ninguna repercusión adversa sobre la economía nacional, aunque se reconoce el probable y pasajero efecto sicológico negativo en algunos sectores de la colectividad... La utilización de otros metales para fines monetarios es, por lo demás, un proceso que se está cumpliendo en escala universal y resultaría una ostentación inconcebible mantenernos en la situación actual. Es sumamente oneroso para el país continuar usando la plata para estos fines, ya que esto implica cuantiosas y crecientes salidas de capitales y la inmovilización de sustanciales recursos fiscales para proveer de medio circulante a nuestra economía, los cuales podrían ser usados con fines de desarrollo económico susceptible de obtenerse a un costo real mucho menor para la nación.. De las consideraciones precedentes y en concordancia con nuestras comunicaciones mencionadas al comienzo, se desprende la necesidad de reformar la Ley de Monedas vigente, especificándose los nuevos metales a ser usados para las futuras acuñaciones. Se recomienda eliminar por completo el uso de la plata para las nuevas acuñaciones, ya que de otro modo correríamos el riesgo de tener que modificar nuevamente la Ley sobre la materia en el futuro".

Era imposible posponer por más tiempo la sustitución de la plata en las monedas. El 4 de diciembre de 1967, el Congreso dictó una Ley de Acuñación por medio de la cual se aprobó la acuñación de monedas de Bs. 1 y 2 en níquel puro. La cual se realizó en Londres.

La sustitución de la plata por níquel causó, como era de esperarse, comentarios adversos por parte del público poco enterado de las circunstancias que lo motivaron, a pesar de las múltiples y frecuentes comunicaciones al respecto transmitidas por las autoridades del BCV a través de los diversos medios de información. Aquella actitud fue pasajera y, desde el punto de vista práctico, la transformación no presentó inconvenientes.
Desaparición de la locha: El principal inconveniente de esta moneda era que no cuadraba, por su fracción de céntimo, en el sistema monetario decimal y ocasionaba dificultades en la contabilidad, especialmente en la mecanizada mediante máquinas registradoras. Otro inconveniente es que el peso y diámetro de la locha era muy parecido a la del bolívar, hacía que se confundieran fácilmente y que se pudieran utilizar en las máquinas vendedoras que requerían la introducción de 1 Bolívar.

Por otra parte, el tamaño y elevado peso de las monedas de locha (Bs. 0,12 ½) en relación con su bajo valor nominal, hacía onerosa su acuñación.
Por todo esto, el uso de estas monedas fue disminuyendo, a medida que los comerciantes iban eliminando de los precios la fracción de céntimo, así se fueron sustituyendo por las monedas de Bs. 0,10 y 0,05 .
Ley del Banco Central de Venezuela: El 30 de octubre de 1974 se aprueba la nueva Ley del Banco Central de Venezuela la cual marca un cambio radical en la política del Estado en relación a la acuñación de la moneda.
En esta nueva ley, entre otras cosas, se concede al BCV con carácter exclusivo, la facultad de emitir billetes y acuñar monedas. Se establece que la unidad monetaria de la República de Venezuela es el Bolívar, así mismo, se establecen las características de cada una de las monedas que deben circular en el territorio nacional.

Las actividades económicas del país han continuado desarrollándose con extraordinaria intensidad en las últimas décadas y correlativamente han ocasionado un apreciable aumento del circulante. Este ha variado, dejando de ser las monedas el principal factor a la medida en que han aumentado el uso de billetes y depósitos.
La seguridad y la facilidad que proporciona el uso de los depósitos explica su gran desarrollo. También ha contribuido a ello la popularización de las tarjetas de crédito como medio de pago, pues al fin y al cabo, su cancelación se hace mediante un cheque.
Aunque proporcionalmente el circulante metálico tiende a descender, no es creíble que la moneda metálica llegue a desaparecer pues sus condiciones intrínsecas la hacen insustituible para la función que desempeña, así mismo el empleo de la moneda en los modernos sistemas de venta de mercancías y de servicios ha ampliado considerablemente su utilización.

Acuñaciones con Fines Conmemorativos
Las acuñaciones conmemorativas son series limitadas de monedas, con determinadas características, que se realizan con fines mayormente numismáticos y para reconocimiento de alguna fecha, acontecimiento o personaje importante. Entre las más importantes se podrían mencionar:

  • Acuñación de moneda de oro de Bs. 10 puesta en circulación en 1930 conmemorativa del centenario de la muerte del Libertador.
  • Acuñación de moneda de plata de Bs. 10 puesta en circulación en 1973 conmemorativa del centenario de la efigie del Libertador en las monedas venezolanas.
  • Acuñación de moneda de oro de Bs. 500 conmemorativa de la Nacionalización de la Industria Petrolera, 1975.
  • Acuñación de monedas de oro y plata de Bs. 1.000, 50 y 25 conmemorativas de la obra que realiza la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Naturales conjuntamente con el Fondo Mundial para la Conservación de la Vida Silvestre, 1975.
  • Acuñación de monedas de plata de Bs. 100 y 75 conmemorativas del Sesquicentenario de la muerte del Libertador y del Gran Mariscal de Ayacucho, 1980.
  • Acuñación de moneda de plata de Bs. 100 conmemorativa del Bicentenario del nacimiento de don Andrés Bello, 1981.
  • Acuñación de moneda de oro y plata de Bs. 3000 y 100 conmemorativas del Bicentenario del Nacimiento del Libertador Simón Bolívar, 1983.
  • Acuñación de moneda de plata de Bs. 100 conmemorativas del Bicentenario del nacimiento del Dr. José María Vargas, 1986.

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