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Producción de Conocimiento




Partes: 1, 2

Indice
1. Introducción
2. ¿Acaso esta situación ha cambiado?. ¿ Hoy en día es diferente?

4. Categorías para la interpretación de la realidad
5. El Rol De La Educación
6. Referencias bibliográficas sugeridas

1. Introducción

Nos creemos dueños de la realidad cuando discutimos sobre temas de economía, política, gerencia, educación, asuntos públicos y hasta de situaciones foráneas. Nos hacemos eco de opiniones, como si fueran nuestras, a partir de noticias y comentarios realizados en los medios de comunicación, sin darnos cuenta que formamos parte de lo que se conoce como una matriz de opinión. Defendemos nuestras «verdades» sin considerar, que la opinión que tenemos de la realidad, está influenciada por nuestras necesidades personales, vivencias profesionales, intereses y mundo cultural. Por otra parte la falta de una conciencia objetiva sobre la realidad hace que ésta se sitúe por encima de la capacidad de intervenirla, pues se torna distorsionada y subjetiva ante nuestra percepción.
El subjetivar va mucho más allá de condicionar la interpretación de la realidad; limita la capacidad de intervenirla para ponerla a servicio personal y colectivo. Consideramos que lo que "conocemos" antecede la existencia del mundo real. De esta manera, cuando enfrentamos una determinada circunstancia y ésta no se encuadra dentro de la concepción que de ella tenemos, limitamos nuestra participación anteponiendo juicios de valor a la misma.
Si los patrones teóricos con los que apreciamos la realidad no cuadran, emitimos juicios sobre ella, la etiquetamos con epítetos que reflejan nuestra propia incapacidad para abordarla. La incomunicación existente entre la realidad y el sujeto, impide la posibilidad para intervenirla. Al no existir un diálogo fluido, se imposibilita demostrar, ante sí mismo, la capacidad personal de alcanzar logros, reduciéndose la autoestima, asumiendo posiciones conservadoras y una actitud medrosa. Allí radica el problema, nos sentimos temerosos y propensos a seguir patrones conductuales socialmente aceptados, sin evaluar su pertinencia respecto a la seguridad individual que genera.
La limitación para intervenir la realidad, está prácticamente generalizada en el hombre actual. Posee cada día mayor cantidad de información, pero menor capacidad de solventar los retos que le impone su realidad. La concentración urbana ha alejado al hombre de la actividad rural, de donde extraía los bienes con los cuales satisfacer sus necesidades; utilizando sus propias capacidades físicas e intelectuales para producir.
El hombre se ha aislado en la ciudad, perdiendo el mecanismo idóneo de autovaloración personal, su habilidad para satisfacer los requerimientos personales y colectivos. En el medio urbano, solventa sus necesidades a través del amiguismo, la adulación, la participación política entre otros, mecanismos éstos, que lo frustran, enajenan, lo hacen agresivo, medroso, individualista, y contribuyen muy poco en su autoestima.
Para conciliar la supervivencia urbana y los métodos empleados para lograrlo, el hombre utiliza subterfugios anímicos y emocionales que le ofrecen soporte a su personalidad. Busca explicación de su situación personal, en antecedentes cognoscitivos adquiridos e inducidos a través de los mecanismos formales e informales de socialización. Si bien el conocimiento adquirido hasta la actualidad ha probado su utilidad, el mismo está montado sobre un marco "filosófico", que intencional e implícitamente induce en el hombre, una forma constructiva del pensamiento, que lo aferra a aquello que "conoce", uniformando así su conducta, haciéndolo cada vez más conservador.
Al condicionar la construcción del pensamiento del hombre a valores, principios y normas que son ajenos a la condición humana, su conducta personal entra en contradicción con sus necesidades, sintiéndose ajeno a su entorno, a su realidad y hasta a sí mismo.
Se puede desenvolver en cualquier área del saber y del desempeño social, siempre y cuando la realidad no entre en
contradicción con la información que le ha sido suministrada. Dentro de estos límites, todo marcha bien. Pero al ser retado por necesidades y problemas que se encuentran fuera de los límites y concepciones teóricas preestablecidas, es entonces cuando el hombre encuentra reducida su capacidad para comprender e interpretar la realidad y, por ende, su capacidad para modificarla se ve mermada. No es capaz de desarrollar una conceptualización propia, ni se atreve a correr el riesgo de ser juzgado por ello.
Es conveniente aclarar que los paradigmas dentro de los cuales evoluciona el hombre le ofrecen seguridad, pero en ocasiones están en contradicción con su propia naturaleza. Al colocar las decisiones personales en fuerzas superiores, el hombre se vuelve un ser manejable, se desdibuja dentro de la masa social pero en ese anonimato se siente seguro. Esto ha permitido construir y consolidar la sociedad que hoy conocemos. El marco ideológico que regula el devenir social e individual del ser humano y condicionar su conducta, permite la constitución y consolidación de la institución social.
La sociedad tiene intereses y mecanismos de perpetuación que están muy por encima del hombre, los cuales limitan su capacidad para satisfacer la necesidad de supervivencia, en la misma medida que fomenta la concentración urbana donde las actividades de servicio son privilegiadas a expensas de las actividades productivas. La contradicción interna del ser y la posición social que ocupa entran en conflicto. La seguridad personal y la autoestima carecen de soporte real: al no tener, no valgo, no soy. Los conflictos sociales causados por la apropiación y acumulación de los excedentes de producción, toman también expresión en el conflicto interior del hombre.
Lo normativo e institucional se mantienen por encima de a quien supuestamente sirve. El Estado, la sociedad, la educación, la empresa, la salud, la seguridad, el gobierno, la producción, la religión, las normas, las leyes y las creencias, requieren ser servidas, pero no centran su atención real en el hombre. Por ejemplo, la educación se sirve así misma, difundiendo "verdades", sin prestar principal atención en fomentar la capacidad analítica, ni la creatividad. Es una institución conservadora y perpetuadora de la sociedad que la concibe.
Como mencionamos anteriormente, la sociedad ha prestado un gran servicio al hombre en cuanto a la seguridad que le ofrece en lo que se refiere al bienestar material, pero el desarrollo trascendental del hombre, no ha estado entre sus prioridades.
Siendo el hombre actor, creador y artífice de la institución social, ha caído en su propia trampa. El sistema se ha encargado de
mantener su dinámica y coherencia, situándolo por debajo de su propia creación. Si bien históricamente el hombre buscó explicaciones a sus inquietudes, en mitos y mistificaciones de la realidad, esta dinámica lo envolvió de una manera tal, que muy a pesar del desarrollo tecnológico alcanzado, el hombre se ha convertido en el vehículo para preservar lo tradicional. A pesar de esta relación entre la sociedad y el individuo, el intelecto humano promedio se diversifica e incrementa continuamente en complejidad y riqueza; surgen así, una epistémia centrada en el objeto, en la realidad.
Para perpetuarse, la sociedad mantiene paradigmas filosóficos transmitidos de generación en generación, independientemente de las formas que tomen las teorías explicativas de la realidad. El punto de vista epistemológico que impera desde las
primeras agrupaciones sociales, prevalece prácticamente inalterable. Las concepciones míticas y místicas que han venido explicando el mundo real y el rol humano, anteponen intencionalmente conceptos que se han comportado más como ideologías dominadoras, que como interpretación de la estructura del pensamiento, comúnmente se conocen como filosofía.
La relación entre el hombre y su realidad es un hecho material y concreto. Se origina para solventar sus necesidades básicas de sobrevivencia y está condicionada por el desarrollo alcanzado en los medios cognoscitivos y técnicos para un determinado momento histórico. Por otra parte está afectada por las características ecológicas y culturales en las que está inmerso. Las concepciones del hombre sobre sí mismo y de sus relaciones con el mundo, constituyen también hechos reales y objetivos, aún cuando los mismos le sean intangibles e inconscientes. Podemos entenderla como una relación epistémica, de tal manera que va más allá del mero estudio de los elementos de mediación teórica.
Para ilustrar la epistemia que ha venido guiando la relación hombre-realidad, desde la antigüedad citamos el Mito de la
Caverna. Platón concibió que todo ser humano, desde que nace, trae el conocimiento desde el "mundo de las ideas", dictado por los espíritus que allí habitan. En el transcurrir terrenal, el hombre irá recordando los conceptos preestablecidos; la sabiduría alcanzada en el transcurso de su vida, le determinará su ascenso a la cima de Urano. Para Platón el conocimiento o los conceptos preceden a la realidad, evidenciando así, la necesaria guía que el hombre de la época requería para comportarse en sociedad. Preceptos, normas, leyes y verdades de todo tipo, se han mostrado como razones válidas para explicar el mundo real, la conducta del hombre y su conciencia. Se ha validado, desde entonces, una estructura del pensamiento, aplicable en todas las épocas y situaciones. Está concepción reduce y limita la creatividad humana, aún cuando ha facilitando la vida en sociedad, y superpuesto la intencionalidad sobre las necesidades humanas.
De esta manera, se han desdeñado otras formas constructivas del pensar. La praxis aristotélica, puesta a un lado por varios siglos, reconoce que el conocimiento está en las cosas y su relación se hace de manera directa con ellas. Cuando las evidencias materiales pusieron en discusión las aseveraciones tradicionales, se concibieron formas interpretativas que fueron mediatizadas, al concebir que el conocimiento develado por la ciencia era también obra divina... De está manera, la ciencia fue mediatizada prácticamente desde su inicio, y platonizaron a Aristóteles.
"Tomás de Aquino y Alberto Magno fueron los principales ideólogos de esa concepción y lograron combinar el sistema comprensivo de la naturaleza con la teología y la ética cristiana" (Ginés, 1993:24)
"Muy poco fue el aporte de la edad media para enriquecer el campo de las ciencias naturales, si exceptuamos a Alberto Magno), pues la "autoridad de los "maestros" fue siempre esgrimida como argumento de verdad y certeza." (Ginés, 1993:52)

2. ¿Acaso esta situación ha cambiado?. ¿ Hoy en día es diferente?

La institución social y su base ideológica se perpetúan a través de poderosos intereses al llevar adelante la aplicación del mecanismo de socialización, que sumen al individuo y al colectivo, en una relación tácita de perpetuación de la forma tradicional de estructurar el pensar. Las interpretaciones de la realidad han operado dentro de límites determinados, ofreciendo seguridad al hombre, siendo ésta la sobrevivencia del enfoque epistemológico. El halo de seguridad causado por los paradigmas explicativos, dificulta la aceptación de nuevas formas de construcción del pensamiento, dificultándose la aceptación de puntos de vista y concepciones novedosas.
Al perpetuar el mecanismo tradicional fundamentado en la institucionalidad social, el hombre ha perdido su horizonte. El hombre es actor y es fin de sus propias acciones, parafraseando a Protágoras de Abdera (485-410 a.c.) "el hombre es la medida de todas las cosas".
Independientemente de los juicios de valor que podamos hacer del mecanismo de subordinación del hombre, éste ha servido
de base para la consolidación de la sociedad actual. Ella misma ha permitido que el hombre evolucione dentro de los límites de seguridad que impone su supervivencia, hasta alcanzar un alto nivel de conciencia de su realidad y de sí mismo. Ahora, es menester tomar conciencia de que la sociedad no podrá cambiar mientras sus paradigmas e integrantes no acepten su cuota de responsabilidad individual y colectiva.
Para alcanzar este objetivo, se debe reinterpretar al hombre y su realidad. Se hace necesario que el hombre tome conciencia de su rol protagónico en la interpretación y construcción del conocimiento. Es menester devolverle su capacidad de crear, de ser constructor de su propio futuro, haciendo de este deseo una voluntad consciente e intencionada.
En el campo de la aplicación práctica, el hecho de envolver el proceso de interpretación de la realidad en un halo de cientificidad, reduciendo su utilización a un determinado número de personas y con el positivismo científico, por otra parte, se ha limitado la concientización del hombre, como el ser con capacidad para modificar intencionalmente su entorno, a través de su raciocinio.
Este trabajo pretende revalorar el proceso que el hombre utiliza para interpretar y modificar la realidad en su propio beneficio y del colectivo, mediante la participación directa y transformadora. Independientemente de la existencia de ideologías conservadoras para frenar esta corriente, el desarrollo de las comunicaciones está haciendo surgir un nuevo punto de vista con el cual se analiza, interpreta y modifica la realidad.
Este desarrollo teórico pretende impulsar el potencial creativo del individuo, frente al proceso uniformador, con el surgimiento de una nueva forma interpretativa de la realidad y de conceptualizar al hombre mismo como producto relacional. e histórico. Contrariamente al individualismo, esta concepción cognoscitiva, revaloriza holísticamente a la persona, en donde la autoestima juega un papel fundamental.
El desarrollo de nuevos enfoques, concepciones, teorías e instrumentos de medición, potencian el análisis y la creatividad humanas, pretenden hacerlo consciente, no solamente de su potencial creativo, sino del proceso de autoconstrucción el cual se alcanza involucrándose en la interpretación y modificación de la realidad que lo envuelve.
Como manifestación del problema existente al construir la interpretación de la realidad, a partir de conceptualizaciones preexistentes y de lo generalizado en la discusión de este enfoque, citamos de Umberto Eco en su novela El Péndulo de Foucault Allí se da una conversación entre sus personajes Jacopo Belbo y Casaubon, respecto al juicio que el primero hace de los escritores que envían sus textos al comité de redacción de casas editoriales.
"- ... Ya estamos en el umbral en el que sospechamos que algo no funciona. Pero es necesario un esfuerzo para demostrar qué es lo que no cuadra y por qué. ..... Se publican muchos libros escritos por estúpidos, porque a primera vista son muy convincentes. El redactor editorial no está obligado a reconocer al estúpido. No lo hace la academia de ciencias, ¿por qué tendría que hacerlo él?
- Tampoco lo hace la filosofía. El argumento ontológico de San Anselmo es estúpido. Dios tiene que existir porque puedo pensarlo como el ser dotado de todas las perfecciones, incluida la existencia. Confunde la existencia en el pensamiento con la existencia en la realidad.
- Sí, pero también es estúpida la refutación de Gaunilo. Puedo pensar en una isla en el mar aunque esa isla no exista. Confunde el pensamiento de lo contingente con el pensamiento de lo necesario." (Umberto Eco, 1991:62)
A lo largo de la historia, se ha platonizado a Aristóteles y mediatizado la ciencia, distanciándola del hombre común, haciéndole asumir una orientación interpretativa y recursos metodológicos intencionados, comprometiéndole con la perpetuación del sistema social.
Al colocar la interpretación de la realidad, sujeta a conceptos preexistentes, el "conocimiento" verifica la concepción más que comprender lo real, relegándola a un segundo plano de interés, permitiendo únicamente, una interpretación condicionada a lo previamente teorizado. Coloca la institución académica sobre cualquier interés, por más legítimo que éste sea.
Algunos pensadores pueden continuar aduciendo que potenciar el desarrollo individual frente a lo institucional hacen del hombre un ser anárquico. Esto es una falacia: un hombre que se valore como individuo tiende a reconocer el valor de su congénere por sí mismo. Tiende a vencer el individualismo agresivo por una empatía sinérgica, donde se comprenda que el todo es más que la suma de sus partes.
Otro objetivo de este trabajo consiste en favorecer la elaboración de una concepción teórica orientada a estimular el análisis de la realidad, con fines claramente prácticos y utilitarios.

El enfoque propuesto condiciona, entonces, nuestras respuestas a la interpretación objetiva de lo real, abandonando los juicios de valor y reduciendo la peligrosa tendencia a la impulsividad, al darnos cuenta que lo que percibimos no es necesariamente lo sustancial de lo real, sino aquello de percibimos filtrado por el esquema mental y cultural.. Ante una situación que nos reta, se responde impulsivamente sin pensar que de esta manera perdemos la posibilidad de ser efectivos, así como de perder valiosas oportunidades de éxito.
Aunque suponemos que éste actuar es "instintivo", respondemos bajo los lineamientos del enfoque "epistémico y cultural" aprendido. La realidad no es la que percibimos, ni lo que percibimos es la realidad; respondemos ante lo fenomenológico, pero no ante lo causal.
Con la intención de facilitar la comprensión del proceso de interpretación de la realidad, el hombre ha formulado, a lo largo de su trayectoria histórica, constructos teóricos con los cuales comprende el mundo real que lo rodea, obteniendo una progresiva conciencia de sí mismo. Ha sido un largo camino interpretativo, entre el momento en que el hombre aparece sobre la tierra hasta el día de hoy. Desde el primer momento interpretativo, el proceso de abstraer el mundo real no se ha detenido, ni se detendrá jamás.
Inicialmente, la preocupación real del hombre primitivo fue sobrevivir, alimentarse y protegerse, pero el hecho interpretativo ocurría sin proponérselo. Durante la actividad misma de intervenir la naturaleza se ponía en comunicación con un mundo real al cual, en un principio, no podía comprender, pues carecía de un elemento de mediación que se lo permitiera. Al empezarse a desarrollar el lenguaje, la actividad intervencionista de la naturaleza, es cada día más intencionada y consciente.
Con el transcurrir del tiempo, la necesidad de intervenir y modificar más radicalmente el mundo real, demandó que la simple praxis exigiera un nivel explicativo de mayor complejidad. El discurso explicativo sobre el por qué y el cómo, fundamentó teorías de mayor objetividad sobre el funcionamiento, la razón y la causa de las cosas. Es allí cuando un nuevo desarrollo mediador toma paulatinamente relevancia entre el hombre y su realidad: se construyen las teorías. En la misma medida, el hombre comienza a conocer su capacidades y poder de intervención de la realidad, toma conciencia de su propia capacidad intelectual. Igualmente, emprende la distinción entre él mismo y las cosas de la realidad en la que participa. Empieza a abstraerse a sí mismo y a analizar su propio proceso mental.
En la misma medida que el hombre invierte tiempo y esfuerzo en la búsqueda de explicaciones, va tomando conciencia de sí, en un proceso dialéctico de autocomprensión, mientras interviene su realidad recibe respuestas a sus concepciones teóricas y de sí mismo. Surge la concepción epistemológica, en otras palabras, el concepto que describe el proceso relacional comprensivo, entre el hombre y su mundo real. Este proceso se construye, sobre la base de la experiencia, a lo vivencial, sobre una explicación de la relación entre el mundo real y el hombre, con incidencias cruciales sobre el conocimiento.

El conocimiento, primero fue el resultado de un aprendizaje pragmático, dando paso al razonamiento discursivo, para posteriormente tomar la conciencia de sí, y de las cosas: primum vivere, deinde philosophare.
Este discurso no es más que otro constructo teórico; una explicación en la que concurren, experiencias vivénciales y todo el poderoso sistema filosófico imperante, subyacente en la cultura educativa actual que es histórica, social y ecológica. El mismo constructo se desarrolla como expresión y necesidad personal de manifestar la relación entre el hombre y su propia realidad, obtenida como producto de una sostenida actividad investigativa. La intención de subrayar que esta formulación epistémica es un producto de reflexiones personales radica en que la conciencia de sí, surge de la relación concreta entre el individuo y mundo real, y que la explicación del proceso epistemológico, no es una "verdad" sino su punto de vista. Al divulgarlo, se trata de someterla a la discusión pública, con el objeto de nutrirla. De haber coincidencias con otras posiciones, las mismas son originadas en la condición misma de ser la investigación una expresión humana, histórica, social y espacial.

3. Origen Del Conocimiento

Para interpretar el origen del conocimiento, partiremos por analizar la relación fundamental que se establece entre el hombre y el mundo real. Su necesidad básica es sobrevivir, al igual que la de cualquier otro organismo. Necesidad ésta que es posible comprender objetivamente a través de la cantidad requerida y del tiempo que le toma conseguirlo. Cuando el desarrollo del conocimiento y las técnicas para producir son escasas, la cantidad es limitada y el tiempo es mayor. De esta manera el ser humano debe invertir mucho esfuerzo y someterse a grandes riesgos.
La ubicación de la población humana en zonas de abundancia permitió que la inversión de tiempo fuera menor y el volumen de lo obtenido fuera mayor, quedando tiempo libre y reduciendo el conflicto. Así pudo establecer relaciones grupales más estables, nutrirse de información valorada emocionalmente, sentir miedo, confort, bienestar, etc, pero allí donde la abundancia lo permitió, se nutrió de sonidos, olores, colores, nuevas sensaciones, que lo indujeron a reproducirlos; probó también su habilidad para producir la muerte, o para prolongar la vida. Cazó y pescó, enriqueciendo sus relaciones con la naturaleza. Reprodujo individualmente lo observado, para luego, asociar los sonidos escuchados con los que podía emitir, posteriormente les dio significado y los convencionó con los demás miembros del grupo humano. Al lograr que los sonidos emitidos fueran reconocidos por los demás, tácitamente acordaron la relación de los signos sonoros emitidos con fenómenos particulares. Nació así, la primera forma de intercambio de información, el lenguaje onomatopéyico.
Se estableció una relación de abstracción o representatividad entre el signo y el hecho. Cada vez que un sonido nos estimula, aparece la imagen simultáneamente en nuestro cerebro; pero ésta, no es la realidad sino su representación, su abstracción. Para que el signo "sonido" tenga valor comunicacional, debe ser reconocido su significado por los otros miembros del grupo.
Cada vez que nos comunicamos, se da de manera mediada, a través de los signos abstractos, socialmente aceptados y convenidos. Construimos la interpretación del mundo real y anticipamos la acción con los elementos del lenguaje.
"Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo. Los límites de mi mundo son los límites de mi lenguaje" señala Wittgenstein (1991) y la interpretación que hacemos del mundo real a través de signos abstractos, convencionables y convencionales se considera como conocimiento. El hombre se separa del resto de los animales desde el momento que le asignó significado a una abstracción: sonido, gesto, gráfico, etc.
Observar el desarrollo histórico de la relación hombre/realidad, permite evidenciar la evolución y sofisticación de los signos abstractos, generados en la creciente y continua intervención en la naturaleza. En la medida que se desarrollan estos elementos de mediación interpretativa, se acrecienta la capacidad humana de intervención del mundo real, se desarrollan nuevos medios tecnológicos y organizacionales. Aparecen las instituciones sociales como el Estado, la educación, la milicia; así como también, los códigos éticos, morales y legales, que han contribuido en el desarrollo histórico de la sociedad, contraponiéndose con objetivos institucionales por encima de la naturaleza del individuo. La cita de Wittgenstein, es pertinente para evidenciar el continuo dialéctico en la formación de la conciencia del hombre, en la misma medida que se involucra en la construcción de su mundo. Interpretado así el conocimiento (lenguaje, teorías y filosofía), se le ubica como herramienta del hombre. El constructo teórico planteado, le otorga al conocimiento su carácter histórico, social y espacial, en permanente transformación y enriquecimiento, su valor utilitario y altamente vinculado con la realidad.
El carácter de científico otorgado a un tipo determinado de conocimiento, es producto de un acto consciente e intencionado de búsqueda, de una explicación más objetiva de la realidad, pudiendo ser comprobada en cualquier parte del orbe, adquiriendo su carácter de "universal". Frente a la necesidad local de enfrentar una determinada situación problema, el valor utilitario del conocimiento, tiene mayor relevancia que su condición de universalidad. La elaboración de explicaciones vinculadas a una solución concreta, fortalece la posición del hombre, lo potencia, le ofrece una plataforma concreta sobre la cual construye su propia apreciación, además de enseñarlo a valorar constructos teóricos ajenos; se hace un ser "universal".

Esta concepción epistemológica se fundamenta en el hecho de que el hombre es un ser, que se construye a sí mismo, siendo a su vez, concreción cultural, histórica, espacial, y ambiental. Se construye a sí mismo pues dispone de un recurso natural, adicional a los sentidos, con el cual elabora una interpretación del mundo, que le permite tomar conciencia de su propia condición y del mundo relacional.
En esta concepción, se insiste sobre la realidad como él mismo, todo aquello que está en el entorno del hombre, en lo físico/natural y social y el efecto que él causa. La realidad es rica en formas, colores, olores y sabores y de una gran diversidad y complejidad con propiedades que le son inherentes. Lo cualitativo o lo cuantitativo que le atribuimos a la misma, son desarrollos teóricos que permiten percibirla de una manera particular e interpretarla con valoraciones comparativas.

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