Enviado por totocho_83
Indice
1.
Introducción
2. Receptores
Sensoriales
3. El oído
4. El Tacto
5. El Olfato
6. El Gusto
7. Conclusiones
En el siguiente trabajo hablaremos sobre los distintos
sentidos que afectan a los seres humanos y otros animales, y la
función
de cada uno de ellos.
El principal objetivo es
informar acerca del funcionamiento de los órganos
sensoriales y, a partir de eso, diferenciar sus diferentes usos y
las enfermedades que
se ocasionan en torno a los
mismos.
Hasta el momento sabemos que poseemos cinco sentidos: el olfato,
la vista, el gusto, el oído o
audición y el tacto. Cada uno de ellos cumple una función
diferente, aunque en ciertos casos, están conectados, como
el olfato y el gusto.
El tacto nos permite sentir la textura de las cosas, si
están fríos o calientes; el olfato nos permite
percibir el aroma, y el gusto el sabor de las comidas. La vista
nos deja ver todo lo que nos rodea y el oído,
captar ondas sonoras
para que podamos escucharlas. Esto es lo que ampliaremos a
continuación.
Los receptores sensoriales son células
especializadas en la captación de estímulos, que
representan la vía de entrada de la información en el sistema nervioso
de un organismo.
Los receptores pueden ser neuronas algo modificadas, las cuales
reciben el nombre de células
sensoriales primarias; o células no nerviosas,
células sensoriales secundarias, quienes se ponen en
contacto química
o eléctricamente con las neuronas. Estas células
sensoriales secundarias se concentran, frecuentemente, en
estructuras
denominadas órganos sensoriales.
Los órganos sensoriales, en los seres humanos y otros
animales, son
los órganos especializados para recibir estímulos
del exterior y transmitir el impulso a través de las
vías nerviosas hasta el sistema nervioso
central donde se procesa y se genera una respuesta. Los cinco
sentidos son el oído, la vista, el olfato, el gusto y el
tacto, aunque los científicos contabilizan mas de 15
sentidos adicionales, debido a que las sensaciones generales de
las necesidades del organismo, como la sed, el hambre, la fatiga
y el dolor, también se consideran sentidos.
Según el tipo de estimulo que reciben, los
receptores se pueden clasificar en:
Quimiorreceptores: se excitan al ponerse en contacto con
sustancias químicas por aire o agua, y se
encuentran en los sentidos del
gusto y del olfato. También se encuentran en los senos
carotídeos y aórticos, quienes captan los cambios
de PH en la
sangre.
Mecanorreceptores: reciben la información de tipo mecánico, es
decir, responden al contacto, a las diferencias de presión, a
la fuerza de
gravedad, etc. Existen mecanorreceptores especializados, por
ejemplo, los estatorreceptores informan sobre la posición
del equilibrio, y
los fonorreceptores perciben las ondas
sonoras.
Termorreceptores: se especializan en procesar la
información sobre los cambios de temperatura,
algunos perciben el frío y otros el calor.
Fotorreceptores: perciben los fotones (cuantos de luz) y
transforman la energía electromagnética en impulsos
nerviosos. Tienden a concentrarse en órganos más o
menos complejos: los ojos simples (hombre) o los
compuestos (artrópodos)
La visión
La visión es una facultad por la cual a través del
ojo, órgano visual, se percibe el mundo exterior. Muchos
organismos simples tienen receptores luminosos capaces de
reaccionar ante determinados movimientos y sombras, pero la
verdadera visión se compone por la formación de
imágenes en el cerebro.
Los fotorreceptores son las células nerviosas que captan
los fotones y se denominan conos o bastones. En el hombre,
ellos se encuentran en la retina, y a través de ellos se
puede obtener la información acerca del volumen,
tamaño, la forma, el color y el
movimiento de
los objetos.
En primer lugar, las ondas luminosas inciden sobre la retina del ojo, pero si estas ondas son superiores o inferiores a determinados límites no producen impresión visual. El color depende, en parte, de la longitud o longitudes de onda de las ondas luminosas incidentes, que pueden ser simples o compuestas, y en parte del estado del propio ojo, como ocurre en el daltonismo, que quienes lo padecen invierten los colores cuando la imagen se forma en el cerebro. La luminosidad aparente de un objeto depende de la amplitud de las ondas luminosas que pasan de él al ojo.
Dentro de los principios ópticos normales, un punto por encima de la línea directa de visión queda un punto por debajo del centro de la retina y viceversa, es decir si la retina fuera observada por otra persona, el observador vería que la imagen del objeto formada en ella es una imagen invertida (está al revés). Cualquier incremento en la magnitud de la imagen retiniana suele estar asociado con la proximidad del objeto, aunque ciertas veces la mente asigna a cierto objeto una talla determinada o conocida.
El ojo
En su conjunto es llamado globo ocular y es una estructura
esférica de aproximadamente 2,5 cm de diámetro con
una marcado abombamiento o curvatura sobre su superficie
delantera. La parte exterior, o la cubierta, se compone de tres
capas de tejido:
La córnea es una membrana resistente, que posee el ojo y está compuesta por cinco capas, a través de la cual la luz penetra en el interior del ojo. Por detrás, hay una cámara llena de un fluido claro y húmedo, llamado humor acuoso, que separa la córnea de la lente del cristalino (esta lente es una esfera aplanada constituida por un gran número de fibras transparentes dispuestas en capas y está conectada con el músculo ciliar, que tiene forma de anillo y la rodea mediante unos ligamentos).
El iris es una estructura pigmentada suspendida entre la córnea y el cristalino y tiene una abertura circular en el centro, la pupila. El tamaño de la pupila depende de un músculo que rodea sus bordes, aumentando o disminuyendo cuando se contrae o se relaja, controlando la cantidad de luz que entra en el ojo.
Por detrás de la lente, el cuerpo principal del ojo está lleno de una sustancia transparente y gelatinosa, el humor vítreo, encerrado en un saco delgado que recibe el nombre de membrana hialoidea. La presión del humor vítreo mantiene distendido el globo ocular.
Visión estereoscópica
Los seres humanos y otros animales son capaces de enfocar los dos
ojos sobre un objeto, lo que permite una visión
estereoscópica, fundamental para percibir la profundidad.
Este proceso
consiste en la muestra una
imagen desde dos ángulos ligeramente diferentes, que los
ojos funden en una imagen tridimensional única.
Defectos de la visión
El trastorno más común de la visión
está provocado por cristales u otros cuerpos opacos
pequeños presentes en los humores del ojo los cuales no
suelen ser mas que una molestia pasajera. Mucho más serias
son las opacidades denominadas cataratas, que se desarrollan en
las lentes oculares como consecuencia de lesión mecánica, edad avanzada o dietas
carenciales. La opacidad de la córnea también
provoca una pérdida de transparencia; el trasplante de una
parte de la córnea sana procedente de otra persona puede
solucionar este problema.
Deficiencias de la visión: la hemeralopía está causada por una incipiente opacidad en uno o más de los tejidos oculares. La nictalopía se debe a una deficiencia de rodopsina en la retina originada por una falta de vitamina A. La ceguera para los colores se atribuye a un defecto congénito de la retina o de otras partes nerviosas del tracto óptico. La ambliopía es una deficiencia en la visión sin daño estructural aparente, que puede deberse a un exceso del consumo de drogas, tabaco, alcohol, estar asociada con la histeria o con la uremia, o a la falta de uso de un ojo, en ocasiones como consecuencia de un defecto visual grave en él.
Deformaciones: la miopía y la hipermetropía están causadas por una falta de simetría en la forma del globo ocular, o por defecto, por la incapacidad de los músculos oculares para cambiar la forma de las lentes y enfocar de forma adecuada la imagen en la retina. La miopía puede corregirse con el empleo de lentes bicóncavas y la hipermetropía requiere lentes convexas. La presbicia se debe a la pérdida de elasticidad de los tejidos oculares con la edad; suele empezar a partir de los 45 años, y es similar a la hipermetropía. Todas estas alteraciones se corrigen con facilidad con el uso de lentes adecuadas. El astigmatismo resulta de la deformación de la córnea o de la alteración de la curvatura de la lente ocular, con una curvatura mayor a lo largo de un meridiano que del otro; el resultado es una visión distorsionada debido a la imposibilidad de que converjan los rayos luminosos en un sólo punto de la retina.
Los defectos, debilidad o parálisis de los músculos externos del globo ocular pueden originar defectos de la visión como la diplopía o visión doble, y el estrabismo, o bizquera. En los casos incipientes, el estrabismo puede curarse con el uso de lentes con forma de cuña; en estados avanzados suele ser necesaria la cirugía de los músculos oculares.
Ceguera: la presión en el nervio óptico puede ser causa de ceguera en la mitad derecha o izquierda, o en la mitad interior o exterior de los ojos. La separación de la retina desde el interior del globo ocular provoca ceguera, ya que la retina se desplaza al fondo del ojo, fuera del campo de la imagen formada por las lentes. La corrección permanente requiere cirugía.

El oído es el órgano responsable de la audición y el equilibrio, y está compuesto por mecanorreceptores quienes captan las vibraciones y las transforman en impulsos nerviosos que irán hasta el cerebro, donde los estímulos serán interpretados.
Se divide en tres zonas: externa, media e interna.
El oído externo es la parte del aparato auditivo que se
encuentra en posición lateral al tímpano o membrana
timpánica. Comprende la oreja o pabellón auricular
(lóbulo externo del oído) y el conducto auditivo
externo, que mide tres centímetros de longitud.
El oído medio se encuentra situado en la cavidad timpánica llamada caja del tímpano, cuya cara externa está formada por la membrana timpánica, o tímpano, que lo separa del oído externo. Incluye el mecanismo responsable de la conducción de las ondas sonoras hacia el oído interno. Es un conducto estrecho, que se extiende unos quince milímetros en un recorrido vertical y otros quince en recorrido horizontal. El oído medio está en comunicación directa con la nariz y la garganta a través de la trompa de Eustaquio, que permite la entrada y la salida de aire del oído medio para equilibrar las diferencias de presión entre éste y el exterior. Hay una cadena formada por tres huesos pequeños y móviles (huesecillos) que atraviesa el oído medio. Estos tres huesos reciben los nombres de martillo, yunque y estribo. Los tres conectan acústicamente el tímpano con el oído interno, que contiene un líquido.
El oído interno, o laberinto, se encuentra en el interior del hueso temporal que contiene los órganos auditivos y del equilibrio, que están inervados por los filamentos del nervio auditivo. Está separado del oído medio por la fenestra ovalis, o ventana oval. El oído interno consiste en una serie de canales membranosos alojados en una parte densa del hueso temporal, y está dividido en: cóclea (en griego, ’caracol óseo’), vestíbulo y tres canales semicirculares. Estos tres canales se comunican entre sí y contienen un fluido gelatinoso denominado endolinfa.
Capacidad auditiva
Las ondas sonoras son cambios en la presión del aire que
son transmitidas a una velocidad de
un kilómetro por segundo, e impactan sobre la membrana del
tímpano, en el cual se produce una vibración.
La fisiología de la audición consta de
los siguientes pasos:
Las ondas sonoras provocan la vibración de la membrana
timpánica, la que a su vez induce el movimiento de
los huesecillos.
Este movimiento origina, una presión sobre la ventana
oval, que se transmite a la perilinfa.
La perilinfa transmite las vibraciones a las paredes del caracol
membranoso, y este a la endolinfa contenida en él. La
endolinfa, por su parte, conduce dichas vibraciones a las
células ciliadas del órgano de Corti.
Las células ciliadas son los receptores que generan el
impulso nervioso que llega al centro de la audición del
cerebro. El impulso nervioso se transmite a través de la
vía auditiva.
Por lo tanto, las ondas sonoras se propagan por tres medios diferentes: gaseoso (en el conducto auditivo externo); sólido (oído medio, transmisión entre huesecillos), y líquido (oído interno, en la endolinfa del caracol membranoso, donde excitan a las células ciliadas).
El rango de audición, igual que el de visión, varía de unas personas a otras. El rango máximo de audición en el hombre incluye frecuencias de sonido desde 16 hasta 28.000 ciclos por segundo. El menor cambio de tono que puede ser captado por el oído varía en función del tono y del volumen.
La sensibilidad del oído frente a la intensidad del sonido (volumen) también varía con la frecuencia. La sensibilidad a los cambios de volumen es mayor entre los 1.000 y los 3.000 ciclos, de manera que se pueden detectar cambios de un decibelio. Esta sensibilidad es menor cuando se reducen los niveles de intensidad de sonido. Las diferencias en la sensibilidad del oído a los sonidos fuertes causan varios fenómenos importantes. Los tonos muy altos producen tonos diferentes en el oído, que no están presentes en el tono original: pueden incrementar hasta una nota de la escala musical. Los tonos bajos tienden a hacerse cada vez más bajos a medida que aumenta la intensidad del sonido. Este efecto sólo se percibe en tonos puros.
Equilibrio
Los canales semicirculares y el vestíbulo están
relacionados con el sentido del equilibrio. En estos canales hay
pelos similares a los del órgano de Corti, y detectan los
cambios de posición de la cabeza.
Los tres canales semicirculares se extienden desde el
vestíbulo formando ángulos más o menos
rectos entre sí, lo cual permite que los órganos
sensoriales registren los movimientos que la cabeza realiza en
cada uno de los tres planos del espacio: arriba y abajo, hacia
adelante y hacia atrás, y hacia la izquierda o hacia la
derecha. Sobre las células pilosas del vestíbulo se
encuentran unos cristales de carbonato de calcio, conocidos en
lenguaje
técnico como otolitos y en lenguaje
coloquial como arenilla del oído. Cuando la cabeza
está inclinada, los otolitos cambian de posición y
los pelos que se encuentran debajo responden al cambio de
presión. Los ojos y ciertas células sensoriales de
la piel y de
tejidos internos, también ayudan a mantener el equilibrio;
pero cuando el laberinto del oído está
dañado, o destruido, se producen problemas de
equilibrio. Es posible que quien padezca una enfermedad o un
problema en el oído interno no pueda mantenerse de pie con
los ojos cerrados sin tambalearse o sin caerse.
Enfermedades del oído
Las enfermedades del
oído externo, medio o interno pueden producir una sordera
total o parcial; además, la mayor parte de las
enfermedades del oído interno están asociadas a
problemas con
el equilibrio. Entre las enfermedades del oído externo se
encuentran las malformaciones congénitas o adquiridas; la
inflamación producida por quemaduras, por
congelación o por alteraciones cutáneas, y la
presencia de cuerpos extraños en el canal auditivo
externo. Entre las enfermedades del oído medio se
encuentran la perforación del tímpano y las
infecciones. En el oído interno pueden producirse
alteraciones tales como las producidas por trastornos
congénitos y funcionales, por drogas y por
otras sustancias tóxicas, problemas circulatorios, heridas
y trastornos emocionales. La otalgia, o dolor de oídos, no
siempre está relacionada con alguna enfermedad del
oído; a veces la causa se encuentra en un diente
incrustado, sinusitis, amigdalitis, lesiones nasofaríngeas
o adenopatías cervicales. El tratamiento depende de
cuál sea la causa principal. El acúfeno es un
zumbido persistente que se percibe en los oídos y puede
producirse como consecuencia de alguna de las alteraciones
anteriores; otras causas pueden ser la excesiva cantidad de cera
en el oído, alergias o tumores. Con frecuencia, el
acúfeno persistente se debe a la exposición
prolongada a un ruido excesivo
que daña las células pilosas de la cóclea. A
veces las personas que padecen esta alteración pueden
utilizar un enmascarador de sonido para paliar el
problema.
Enfermedades del oído externo
Entre las malformaciones congénitas del oído
externo destaca la ausencia del pabellón auditivo, e
incluso la apertura del canal auditivo externo. Si las estructuras
del oído medio son anormales es posible realizar una
cirugía reconstructora de la cadena de huesecillos para
restablecer parte de la capacidad auditiva. Entre las
malformaciones adquiridas del oído externo se encuentran
los cortes y las heridas. El otematoma, conocido como oído
en forma de coliflor y típico de los boxeadores, es el
resultado frecuente de los daños que sufre el
cartílago del oído cuando va acompañado de
hemorragia interna y una producción excesiva de tejido
cicatrizante.
La inflamación del oído externo puede aparecer como consecuencia de cualquier enfermedad que produzca a su vez inflamación de la piel; es el caso de las dermatitis producidas por quemaduras, lesiones y congelaciones. Enfermedades cutáneas como la erisipela o la dermatitis seborreica afectan al oído con mucha frecuencia. Tuberculosis y sífilis cutánea son algunas de las enfermedades más raras que también afectan al oído externo.
La presencia de cuerpos extraños en el canal auditivo externo (insectos, algodón y cerumen —la cera que segrega el oído—) produce alteraciones auditivas y deben ser extraídos con cuidado.
Enfermedades del oído medio
La perforación del tímpano puede ocurrir por una
lesión producida por cualquier objeto afilado, por sonarse
la nariz con fuerza, al
recibir un golpe en el oído, o a causa de cambios
súbitos en la presión
atmosférica.
La infección del oído medio, aguda o crónica, se denomina otitis media. En la otitis media supurativa aguda se incluyen todas las infecciones agudas del oído medio producidas por bacterias piógenas. Por lo general, estas bacterias llegan al oído medio a través de la trompa de Eustaquio. Cuando el mastoides resulta afectado, la otitis media se puede complicar y, con frecuencia, se produce sordera debido a la formación de adherencias y granulaciones de tejidos que impiden el movimiento del tímpano y de los huesecillos. Si se produce una distensión dolorosa del tímpano puede ser necesario realizar una intervención quirúrgica para permitir el drenaje del oído medio. Desde que se comenzaron a utilizar de forma generalizada la penicilina y otros antibióticos, las complicaciones que afectan al mastoides son mucho menos frecuentes. La otitis media supurativa crónica puede producirse como consecuencia de un drenaje inadecuado del pus durante una infección aguda. Esta patología no responde con facilidad a los agentes antibacterianos debido a que se producen cambios patológicos irreversibles.
Las otitis medias no supurativas, o serosas, agudas y crónicas, se producen por la oclusión de la trompa de Eustaquio a causa de un enfriamiento de cabeza, amigdalitis o adenoiditis, sinusitis, o por viajar en un avión no presurizado. La forma crónica también puede producirse como consecuencia de infecciones bacterianas producidas por neumococos o por Haemophilus influenzae. Debido a que la descarga serosa (acuosa) empeora la capacidad auditiva, se ha sugerido la posibilidad de que los niños que padezcan otitis media puedan encontrar dificultades para el desarrollo del lenguaje. Se han utilizado diversos tratamientos, entre ellos el uso de antibióticos y antihistamínicos, la extirpación de amígdalas y adenoides, y la inserción de tubos de drenaje en el oído medio.
Uno de cada mil individuos adultos padece una pérdida de su capacidad auditiva debido a una otosclerosis, u otospongiosis, que consiste en la formación de hueso esponjoso entre el estribo y la ventana oval. Como consecuencia de esta formación de tejido, el estribo queda inmovilizado y ya no puede transmitir información hacia el oído interno. Cuando esta alteración progresa, es necesario eliminar los depósitos óseos mediante cirugía, y reconstruir la conexión entre el estribo y la ventana oval. En ocasiones, el estribo se reemplaza por una prótesis similar a un émbolo. Incluso tras haber efectuado una operación quirúrgica con éxito puede continuar depositándose tejido óseo y producirse la pérdida de capacidad auditiva años después.
Enfermedades del oído interno
Las enfermedades del oído interno también pueden
alterar el sentido del equilibrio e inducir síntomas de
mareo. Estos síntomas también pueden deberse a
anemia, hipertermia, tumores del nervio acústico, exposición
a un calor anormal,
problemas circulatorios, lesiones cerebrales, intoxicaciones y
alteraciones emocionales. El vértigo de
Ménière aparece como consecuencia de lesiones
producidas en los canales semicirculares y produce
náuseas, pérdida de la capacidad auditiva,
acúfenos o ruido en los
oídos y alteraciones del equilibrio. A veces está
indicada la destrucción del laberinto pseudomembranoso
mediante criocirugía o por irradiación con
ultrasonidos para combatir vértigos que no tienen
tratamiento.
La destrucción traumática del órgano de Corti en el oído interno es la responsable de una gran proporción de los casos de sordera total. En los últimos años, los científicos han desarrollado un dispositivo electrónico destinado a adultos que padecen sordera profunda, que se conoce como implante coclear. Este aparato convierte las ondas sonoras en señales eléctricas que se liberan en unos electrodos implantados en la cóclea, y de esta manera se produce la estimulación directa del nervio auditivo. Sin embargo, los sonidos que produce son poco definidos y hasta ahora el implante coclear se utiliza sobre todo como una ayuda para poder leer en los labios.
El tacto, es otro de los cinco sentidos de los seres humanos y de otros animales. A través del tacto, el cuerpo percibe el contacto con las distintas sustancias, objetos, etcétera. Los seres humanos presentan terminaciones nerviosas especializadas y localizadas en la piel, que se llaman receptores del tacto. Los receptores se estimulan ante una deformación mecánica de la piel y transportan las sensaciones hacia el cerebro a través de fibras nerviosas. Los receptores se encuentran en la epidermis, que es la capa más externa de la piel, y están distribuidos por todo el cuerpo de forma variable, por lo que aparecen zonas con distintos grados de sensibilidad táctil en función de los números de receptores que contengan.
Los receptores del tacto están constituidos por
los discos de Merkel. Este, a su vez, esta dividido en diferentes
tipos de terminaciones encapsuladas, que serán detalladas
a continuación:
Corpúsculo de Pacini: están situados en diferentes
regiones del cuerpo, pero predominan en los dedos de las manos y
de los pies. Captan los estímulos de presión,
estiramientos rápidos o cualquier deformación de la
piel. La señal que transmiten solo dura una
fracción de segundo. Esta es una forma compleja de
receptor del tacto en la cual los terminales forman
nódulos diminutos o bulbos terminales
Corpúsculo de Meissner: se hallan en las puntas de los
dedos, en los labios, las plantas de los
pies y las palmas de las manos. Están especializados en el
tacto fino: reconocen los detalles de los objetos que tocamos;
también intervienen cuando buscamos algo en el bolsillo y
lo reconocemos, sin verlo, por su forma y textura.
Corpúsculo de Krause: se distribuyen en la lengua y en
los órganos sexuales; y se especializan en captar el
frío.
Corpúsculo de Rufini: se encuentran en las palmas de las
manos, las plantas de los
pies y en las puntas de los dedos. Nos informan sobre el
estiramiento de los tejidos y la posición de las
cápsulas articulares; y captan el calor.
El tacto es el menos especializado de los cinco sentidos, pero a base de usarlo se puede aumentar su agudeza; los ciegos, por ejemplo, tienen un sentido táctil muy delicado que les permite leer las letras del sistema Braille.
La piel
La piel es una parte del organismo que protege y cubre la
superficie del cuerpo. Contiene órganos especiales que
suelen agruparse para detectar las distintas sensaciones, como la
temperatura y
el dolor.
La piel posee, en un corte transversal, tres capas: la epidermis, la dermis y la capa subcutánea. La que interviene principalmente en la función del tacto es la epidermis o cutícula, ya que es la más externa Tiene varias células de grosor y posee una capa externa de células muertas que son eliminadas de forma constante de la superficie de la piel y sustituidas por otras células formadas en una capa basal celular, que recibe el nombre de estrato germinativo (stratum germinativum) y que contiene células cúbicas en división constante. Las células generadas en él se van aplanando a medida que ascienden hacia la superficie, dónde son eliminadas; también contiene los melanocitos o células pigmentarias que contienen melanina en distintas cantidades.
Enfermedades Cutáneas
Urticaria
La urticaria es una alteración alérgica de la piel
caracterizada por la aparición repentina o reiterada de
manchas, ronchas u otras manifestaciones, que son lesiones
cutáneas elevadas de bordes irregulares que se
acompañan de inflamación y prurito. La enfermedad
aparece asociada con frecuencia a la fiebre del heno o a el asma.
Está causada por una reacción alérgica de
aparición rápida tras la ingestión,
inhalación, inyección o contacto con el
antígeno específico.
Psoriasis
Es una enfermedad crónica y recurrente de la piel, que se
caracteriza por la aparición de placas eritematoescamosas
y pápulas sobre la superficie cutánea. Las lesiones
suelen estar ligeramente elevadas sobre la superficie normal de
la piel y se diferencian de forma clara de la piel normal; su
color va del rojo al castaño rojizo. Suelen estar
cubiertas por pequeñas escamas blanco grisáceas que
se adhieren a la erupción subyacente y, que si se quitan,
dejan una superficie eritematosa con puntos hemorrágicos.
La extensión de la enfermedad puede variar desde algunas
lesiones pequeñas a la afección generalizada de la
mayor parte de la superficie cutánea. Afecta de forma
característica los codos, las rodillas, el
cuero cabelludo y el pecho.
Dermatitis
Este término se refiere a una inflamación de la
piel o dermis. Los síntomas son enrojecimiento, dolor y
exudación de la zona cutánea afectada. En los casos
de larga duración es característica la formación de
costras, y la sequedad y descamación de la piel. El
término dermatitis se utiliza indistintamente con el de
eccema, que se refiere de una forma más específica
a ciertas enfermedades no contagiosas de la piel. La
inflamación puede deberse a parásitos o irritantes
físicos o químicos.
Este sentido permite percibir los olores. La nariz, equipada con nervios olfativos, es el principal órgano del olfato. Los nervios olfativos son también importantes para diferenciar el gusto de las sustancias que se encuentran dentro de la boca. Es decir, muchas sensaciones que se perciben como sensaciones gustativas, tienen su origen, en realidad, en el sentido del olfato.
Las sensaciones olfatorias son difíciles de describir y de clasificar. Sin embargo, se han realizado clasificaciones fijándose en los elementos químicos asociados a los olores de las sustancias. Ciertas investigaciones indican la existencia de siete olores primarios: alcanfor, almizcle, flores, menta, éter (líquidos para limpieza en seco, por ejemplo), acre (avinagrado) y podrido. Estos olores primarios corresponden a siete tipos de receptores existentes en las células de la mucosa olfatoria. Las investigaciones sobre el olfato señalan que las sustancias con olores similares tienen moléculas del mismo tipo. Estudios recientes indican que la forma de las moléculas que originan los olores determina la naturaleza del olor de esas moléculas o sustancias. Se piensa que estas moléculas se combinan con células específicas de la nariz, o con compuestos químicos que están dentro de esas células. La captación de los olores es el primer paso de un proceso que continúa con la transmisión del impulso a través del nervio olfativo y acaba con la percepción del olor por el cerebro.
La nariz
La nariz es el órgano del sentido del olfato, que también forma parte del aparato respiratorio y vocal. Desde el punto de vista anatómico, puede dividirse en una región externa, el apéndice nasal, al cual se restringe el término en lenguaje coloquial, y una región interna, constituida por dos cavidades principales, o fosas nasales, que están separadas entre sí por un septo o tabique vertical. Las fosas nasales se subdividen por medio de huesos esponjosos o turbinados, llamados cornetas, que se proyectan desde la pared externa. Entre ésta y cada cornete queda un espacio llamado meato, por ellos se comunican varios senos de los huesos maxilar superior, frontal, esfenoides y etmoides, a través de aberturas estrechas.
Por lo general, los bordes de los orificios nasales están recubiertos de pelos fuertes que atraviesan las aberturas y sirven para impedir el paso de sustancias extrañas, tales como polvo o insectos pequeños, que podrían ser inhalados con la corriente de aire que se produce durante la respiración. Una parte del esqueleto, o armazón, de la nariz está constituido por los huesos que forman la parte superior y los laterales del puente, y la otra parte está constituida por cartílago. En cada lado existe un cartílago lateral superior y un cartílago lateral inferior. A este último están unidas tres o cuatro placas cartilaginosas pequeñas, que reciben el nombre de cartílagos sesamoides. El cartílago del septo separa las fosas nasales entre sí y, asociado a la placa perpendicular del etmoides y al vómer, da lugar a una división completa entre la fosa nasal derecha y la izquierda.
Las cavidades nasales son altas y muy profundas, y constituyen la parte interna de la nariz. Se abren en la parte frontal por los orificios nasales y, en el fondo, terminan en una abertura en cada lado de la parte superior de la faringe, por encima del paladar blando, y cerca de los orificios de las trompas de Eustaquio que conducen a la cavidad timpánica del oído.
En la región olfativa, que es la región de la nariz responsable del sentido del olfato, la membrana mucosa es muy gruesa y adopta una coloración amarillenta; constituye la llamada pituitaria amarilla. Está formada por células epiteliales y células nerviosas, cuyos axones atraviesan la lámina cribosa del hueso etmoides para llegar hasta los bulbos olfativos y establecen conexiones o sinapsis con las neuronas situadas allí. De los bulbos olfativos parten las vías olfatorias que llegarán a la corteza cerebral, donde se generará una respuesta. Las células nerviosas o receptores olfatorios sufren un proceso de acomodación: para ser excitados necesitan cantidades muy pequeñas de una sustancia olorosa, pero pierden esta capacidad muy pronto y dejan de percibirla; cantidades mayores de esta sustancia o la exposición a otra distinta consiguen estimularlos de nuevo.

Enfermedades asociadas al olfato y la nariz
El resfriado es una enfermedad infecciosa aguda del tracto
respiratorio superior causada por más de cien tipos de
virus. La infección afecta a las membranas mucosas de
la nariz y de la garganta, y provoca síntomas como
congestión, que evita el normal funcionamiento del olfato,
y secreción nasal, dolor de garganta y tos.
La rinitis es un trastorno inflamatorio de la membrana mucosa de la nariz. Se caracteriza por secreción nasal acuosa asociada con congestión y dificultad para respirar por la nariz. Muchos casos se deben al resfriado común (ejemplo anterior). Otros pueden relacionarse con alergias nasales, irritación por la respiración de irritantes y contaminantes, empleo de ciertos medicamentos, u otras enfermedades.
Una variante de la rinitis, es la fiebre del heno, que es una forma de rinitis estacional causada por alergia al polen. Sus síntomas son ataques intensos de estornudo, inflamación de la mucosa nasal y los ojos, y respiración dificultosa. La fiebre del heno aparece cada año en la misma estación. Es una reacción a la inhalación de los pólenes transportados en el aire y a los cuales el individuo es sensible.
Este facultad de los humanos, entre otros animales, actúa por contacto de sustancias solubles con la lengua. El ser humano es capaz de percibir un abanico amplio de sabores como respuesta a la combinación de varios estímulos, entre ellos textura, temperatura, olor y gusto. Considerado de forma aislada, el sentido del gusto sólo percibe cuatro sabores básicos: dulce, salado, ácido y amargo; cada uno de ellos es detectado por un tipo especial de papilas gustativas.
La lengua posee casi 10.000 papilas gustativas que están distribuidas de forma desigual en la cara superior de la lengua, donde forman manchas sensibles a clases determinadas de compuestos que inducen las sensaciones del gusto. Por lo general, las papilas sensibles a los sabores dulce y salado se concentran en la punta de la lengua, las sensibles al ácido ocupan los lados y las sensibles al amargo están en la parte posterior.
Los compuestos químicos de los alimentos se disuelven en la humedad de la boca y penetran en las papilas gustativas a través de los poros de la superficie de la lengua, donde entran en contacto con células sensoriales. Cuando un receptor es estimulado por una de las sustancias disueltas, envía impulsos nerviosos al cerebro. La frecuencia con que se repiten los impulsos indica la intensidad del sabor; es probable que el tipo de sabor quede registrado por el tipo de células que hayan respondido al estímulo.
La Lengua
La lengua es un órgano musculoso de la boca y es el
asiento principal del gusto y parte importante en la
fonación y en la masticación y deglución de
los alimentos. La
lengua está cubierta por una membrana mucosa, y se
extiende desde el hueso hioides en la parte posterior de la boca
hacia los labios. La cara superior, los lados y la parte anterior
de la cara inferior son libres, solo el resto está unido a
la cavidad bucal, lo que permite muchos y diversos movimientos.
La textura rugosa de la cara superior está dada por las
papilas gustativas, captadoras del gusto. El color de la lengua
suele ser rosado, lo que indica un buen estado de
salud; cuando
pierde color es síntoma de algún
trastorno.
La lengua posee diferentes y muy importantes funciones. La principal, que ya nombramos anteriormente es la contención de los receptores gustativos, quienes nos permiten degustar los alimentos; en la masticación, la lengua empuja los alimentos contra los dientes; y en la deglución, lleva los alimentos hacia la faringe y más tarde hacia el esófago, cuando la presión que ejerce la lengua provoca el cierre de la tráquea. También contribuye, junto con los labios, los dientes y el paladar duro, a la articulación de palabras y sonidos.

En este trabajo desarrollamos los sentidos del
gusto, tacto, olfato, oído y vista, especificando en cada
uno de ellos sus principales órganos y de la manera que
funcionan cada uno de ellos, así como también si
poseen alguna relación entre sí.
Y por lo visto, vemos que se algunos se relacionan y que son
fundamentales para una vida a pleno.
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