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La transición del feudalismo al capitalismo




Enviado por lunsain



    Indice
    1.
    Transición Del Feudalismo Al
    Capitalismo

    2. Los Cambios En La
    Superestructura

    1. Transición Del
    Feudalismo Al
    Capitalismo

    Hacia mediados del siglo XV el Sistema Feudal
    gozaba de buena salud, había sorteado
    con relativo éxito
    la terrible peste negra del siglo anterior (1348) que
    había diezmado los campos de mano de obra servil y las
    ciudades se fueron recuperando poco a poco. Pero hacia 1543 los
    Turcos tomaron definitivamente Constantinopla y avanzaron sobre
    Europa oriental
    con lo que cortaron todo el comercio
    terrestre con el Asia y amenazaron
    a Europa con
    invasiones permanentes. Esto significó
    prácticamente el bloqueo Europeo, ya no llegaron
    más las especias ni el metal precioso ni las sedas, para
    colmo el Mediterráneo inmediatamente se infestó de
    piratería musulmana.

    El respiro para la crisis
    económica que se produjo vino de manos de portugueses,
    primero, y españoles, luego. Pero en el descubrimiento de
    América y en las ingentes cantidades de metal precioso
    estaría el germen de la destrucción del sistema feudal
    que tardaría al menos 200 años en
    producirse.

    La acumulación originaria del Capital:
    Las grandes travesías y expediciones de los siglos XV y
    XVI reforzaron las tendencias del intercambio y fomentaron el
    comercio, ya
    que se creo un enorme circuito comercial que abarco a casi todo
    el globo terrestre. Además el descubrimiento del Nuevo
    Mundo y la entrada en Europa de enormes cantidades de metales preciosos
    provenientes de aquellas tierras produjeron un trastocamiento de
    las relaciones feudales puesto que el orden económico
    resultante de estos acontecimientos fue un sistema en el que
    predominaba lo comercial o mercantil, es decir, cuyo objetivo
    principal consistía en intercambiar bienes. Con lo
    que la producción eminentemente rural, patrimonio de
    los señores feudales, paso a segundo plano. Este proceso fue
    capitalizado por la burguesía, la que al aumentar su
    poder
    económico (La clase social que encabezó la revolución
    comercial) y al acumular riquezas, estuvo dispuesta a eliminar a
    sus principales opositores: los Señores Feudales y a
    manejar los resortes de la economía.

    Pronto se hizo necesario, para abastecer al mercado mundial,
    ingentes cantidades de mercancías que el sistema
    tradicional de producción industrial, es decir los
    Gremios, no podía satisfacer por sus rígidas y
    costosas estructuras de
    producción. El antiguo sistema fue lentamente reemplazado
    por Sistemas de
    producción de manufacturas artesanales listas para
    entrar en el mercado de la
    Economía–Mundo, aprovechando el
    abaratamiento del costo de la
    moneda, que hacía que los costos de
    producción fuesen accesibles.

    El Sistema Doméstico: Este sistema de
    producción de usó predominantemente en Inglaterra a
    partir de mediados del siglo XVII y consistía,
    básicamente, en la elaboración de manufacturas
    artesanales en los hogares campesinos: en sus tiempos libres y
    con toda la familia, el
    campesino recibía materia prima
    de manos de comerciantes de la ciudad y la transformaba usando
    herramientas
    artesanales. El pago era en función de
    la cantidad de mercadería manufacturada que el comerciante
    recibía, al que se le descontaba el costo de la
    materia prima.
    Este sistema permitió lanzar al mercado importante
    volúmenes de mercadería y además permitir
    una entrada extra de dinero para el
    campesino, que pronto se dedicaría a esto, abandonando la
    actividad rural.

    Los Talleres Manufactureros: este sistema de
    producción se dio principalmente en Francia:
    Fueron el antecedente de la fábrica, entendida como lugar
    de producción y ensamblado de piezas. Lejos de la moderna
    línea de montaje, en estos talleres diversos especialistas
    construían las manufacturas requeridas por el mercado y
    cada uno de ellos elaboraban una parte de dicho producto, cada
    especialista tenía a su cargo uno o varios obreros a los
    que dirigía.

    Estos cambios en la producción de
    mercaderías no hubiesen sido posibles si no hubiese
    existido una CLASE SOCIAL, la burguesía, que
    acumuló fortunas producto del
    inmenso tráfico comercial que unió a todo el mundo
    desde el siglo XVI y que usaría esa fortuna como capital para
    nuevas experiencias económicas.

    Las transformaciones en el campo
    Gracias a su enorme poder
    económico, la Burguesía no tardo en buscar nuevas
    inversiones y
    si bien el trabajo
    rural había pasado a segundo plano, todavía era
    necesario para alimentar a las grandes urbes de la época.
    Por lo que comenzó a invertir en la compra de tierras,
    favorecida por el abaratamiento general de los precios de los
    campos y de los productos
    agrícolas. Esta inyección de dinero en las
    áreas rurales implicó una importante
    concentración de la propiedad
    terrateniente, la burguesía pudo adquirir las tierras
    porque se las compró, generalmente a los pequeños
    propietarios y a los arrendatarios que en gran número
    poblaban el espacio rural, entrando en franca competencia con
    los Señoríos nobiliarios que todavía eran
    los principales productores agrícolas. No solamente se
    compro tierras sino que además se las cercó,
    expulsando a los habitantes de esos solares que en su gran
    mayoría arrendaban las tierras, se trataba de
    pequeños productores y de aquellos que se dedicaban al
    sistema de producción doméstico de manufacturas;
    que tuvieron que ir a vivir a las ciudades. Esa mano de obra fue
    reemplazada por peones asalariados disminuyendo sensiblemente los
    costos de la
    producción. Los expulsados pasaron a integrar esta nueva
    especialidad de mano de obra o se convirtieron en indigentes que
    engrosaron las filas de los desocupados en las grandes ciudades
    de la época y se les tendría reservado un lugar en
    la historia
    económica y social de la humanidad.

    La Revolución
    Industrial
    La primera Revolución
    Industrial tuvo lugar en Reino Unido a finales del siglo
    XVIII; supuso una profunda transformación en la
    economía y sociedad
    británicas. Los cambios más inmediatos se
    produjeron en los procesos de
    producción: qué, cómo y dónde se
    producía. El trabajo se
    trasladó de la fabricación de productos
    primarios a la de bienes
    manufacturados y servicios. El
    número de productos manufacturados creció de forma
    espectacular gracias al aumento de la eficacia
    técnica y el uso de mano de obra asalariada reclutada
    entre los miles de indigentes que poblaban las ciudades. En
    parte, el crecimiento de la productividad se
    produjo por la aplicación sistemática de nuevos
    conocimientos tecnológicos a partir del uso masivo de la
    máquina a vapor, la mayor explotación de la mano de
    obra asalariada y gracias a una mayor experiencia productiva, que
    también favoreció la creación de grandes
    empresas en
    unas áreas geográficas reducidas. Así, la
    Revolución
    Industrial tuvo como consecuencia una mayor
    urbanización.

    Se puede afirmar que los cambios más importantes
    afectaron a la
    organización del proceso
    productivo. Las fábricas aumentaron en tamaño y
    modificaron su estructura
    organizativa y aumentó la especialización laboral. Su
    desarrollo
    dependía de una utilización intensiva del capital,
    de mano de obra, de las fábricas y de nuevas máquinas y
    herramientas.
    Esto permitió que los trabajadores produjeran más
    bienes que antes y que la experiencia adquirida, utilizando una
    máquina o herramienta, aumentara la productividad y
    la tendencia hacia una mayor especialización en un proceso
    acumulativo. Todo lo anterior sentó las bases
    económicas del Sistema Capitalista.

    La mayor especialización y la aplicación
    de bienes de capital a la producción industrial
    creó nuevas clases
    sociales en función de
    quien contratara y tuviera la propiedad
    sobre los medios de
    producción y de quien los usara. Los individuos
    propietarios de los medios de
    producción en los que invertían capital propio se
    denominaron empresarios o capitalistas o lo que es lo mismo, la
    burguesía industrial, que no era otra que la heredera de
    aquella que había iniciado el proceso de
    disgregación del Sistema Feudal. Pero también
    aquellos expulsados del campo en virtud del proceso de
    cercamiento pasaron a desempeñarse como mano de obra para
    la industria a
    cambio del
    pago de un salario.
    Cambiando, por ende, la especialidad de mano de obra de las
    nuevas Fuerzas Productivas, lo que significa la aparición
    de otra nueva clase social denominada clase obrera o proletario;
    produciéndose una profunda reforma en las Relaciones
    Sociales de Producción establecida hasta entonces y por
    ende la base social de un nuevo modo de producción o
    F.E.S.

    Como la Revolución Industrial se produjo por
    primera vez en Gran Bretaña, este país se
    convirtió durante mucho tiempo en el
    primer productor de bienes industriales del mundo. Durante gran
    parte del siglo XVIII Londres fue el centro de una compleja
    red comercial
    internacional que constituía la base de un creciente
    comercio exportador fomentado por la industrialización. El
    resto de los países europeos iban a tardar medio siglo
    más en generalizar la nueva F.E.S, dependiendo de las
    condiciones sociales y materiales de
    cada uno de ellos.

    2. Los Cambios En La
    Superestructura

    El primer gran paso para los cambios en la
    superestructura Jurídica Política e
    ideológica lo dio Europa a caballo de las transformaciones
    económicas del siglo XVI. Los descubrimientos
    geográficos, el aumento en el volumen de los
    negocios y
    sobre todo el metal precioso que inundaba las arcas de los ricos
    de entonces; hizo ver a las débiles monarquías
    europeas la necesidad de disputar el poder político a los
    grandes señores feudales. Para ello debieron modificar las
    relaciones sociales derivadas del
    esquema feudal que diluía y descentralizaba la toma de
    decisiones, era necesario concentrar el poder y darle su
    fundamento político e ideológico: nace el absolutismo
    monárquico.

    Este sistema de dominio
    político se baso en cinco pilares básicos: la
    burocratización del estado, la
    creación de los ejércitos nacionales, la
    cooptación de la iglesia, el
    mantenimiento
    de las relaciones sociales de producción feudales y el uso
    de un "nuevo" sistema de orden jurídico. Cabe aclarar que
    estos cambios trajeron aparejados grandes conflictos
    sociales y guerras
    civiles puesto que los grandes señores no estuvieron
    dispuestos, fácilmente, a perder poder.

    La burocratización del Estado: Para
    concentrar el poder bajo el mando de un monarca y, controlar y
    manejar no solo a los Señores Feudales, sino
    también la enorme masa de recursos
    proveniente de las nuevas actividades económicas; se
    necesitó de un Estado con un aparato administrativo y
    burocrático complejo. Este fue construido sobre la base de
    la creación de cargos, instituciones,
    oficinas, etc. que cubrían todas las áreas de la
    administración
    pública. Estos puestos eran ocupados por nobles pobres
    formados en las universidades de la época y por
    clérigos menores de diversas órdenes religiosas;
    contra lo que se podría pensar estos puestos no eran
    remunerados con salarios, sino
    más bien eran cargos que el Estado (o
    sea el monarca) vendía a precios que
    variaban según la importancia de cargos, para usar un
    lenguaje
    cotidiano diríamos que eran privatizados o concesionados,
    el ingreso que estos obtenían era producto de cobranzas de
    impuestos,
    tasas y sellados propios de cada cargo. El monarca fomentaba la
    creación de cargos porque el poder económico, la
    influencia política y el
    prestigio social que le acarreaba a esa nueva nobleza, conocida
    con el nombre de Nobleza de Toga, ocupar esos puestos;
    servía de freno a la vieja nobleza señorial, porque
    el rey conseguía aliados más fiables y así
    mismo más dependientes de sus dádivas.

    La creación de los ejércitos del rey:
    Estos sirvieron no solo para la guerra entre
    países sino también para controlar a la vieja
    nobleza que no perdió nunca las apetencias de poder y de
    paso para ayudar a la misma nobleza a controlar y a reprimir los
    múltiples levantamientos campesinos que se produjeron al
    ver los enfrentamientos entre nobles y reyes. De esta manera el
    Rey le quitaba poder político a la nobleza pero le
    aseguraba el poder económico al mantener sus privilegios y
    sus relaciones sociales de producción, es decir el Estado se
    transformo en un "aparato potenciado de dominación
    feudal". Ejércitos de mercenarios dependientes del poder
    central, sustituyeron a los ejércitos de "vasallos y
    peones" que eran la base del sistema feudal.

    La Iglesia y el
    Estado. La iglesia católica fue incorporada a este nuevo
    proceso de la misma forma que la nobleza feudal. Los reyes
    absolutista se apoyaron en, las nuevas órdenes religiosas
    nacidas al calor del
    descubrimiento de América
    que desplazaron a aquellas que, con el correr de los siglos, se
    convirtieron en uno de los más poderosos Señores
    feudales. La reforma encarnada a través de Martín
    Lutero provocó un duro golpe a la iglesia tradicional, su
    cuestionamiento hacia la corrupción, la venta de
    indulgencias (lugar asegurado en el cielo, para aquellos que
    dieran jugosas limosnas) y la poca predisposición para
    dejar las cómodas catedrales para predicar; dieron origen
    al poderoso movimiento de
    la Contrarreforma, y su instrumento la inquisición, que
    fue utilizado como arma para control social e
    ideológico de aquellos que se opusieran a los designios de
    la Corona. Monjes, curas, canónigos y hasta cardenales,
    fueron incorporados al aparato del Estado como funcionarios o
    como intelectuales al servicio del
    rey.

    Aunque resulte contradictorio, estos cambios producidos
    en el seno de la superestructura, no solo tenían como
    función controlar y restar poder político a los
    antiguos señores, sino también contribuir a
    mantener su estructura y
    su poder económico; después de todo el rey era tan
    noble como los demás. Además la principal fuente de
    riquezas seguía siendo la producción de la tierra y
    hubiese sido imposible mantener el sistema económico si se
    cambiaban las relaciones sociales de producción
    existentes. Es por ello que la corona reprimió con
    más énfasis a los levantamientos campesinos que a
    los Señores díscolos.

    El "nuevo" orden jurídico. Era necesario, luego
    de tantos cambios, que se estableciera un sistema jurídico
    que pudiera contenerlos y justificarlos, sobre todo a esta idea
    del "El Estado soy yo". El recurso, vino de manos de la iglesia,
    curiosamente, porque uno de los poderes a incorporar y dominar
    era, precisamente, "la casa de Dios" católico. Durante
    siglos los monjes habían conservado en las bibliotecas de
    los monasterios gran cantidad de documentación perteneciente al antiguo
    Imperio Romano y
    sobre todo del complejo sistema judicial y administrativo que
    sustentó el vasto y complejo estado imperial, este
    material en mano de los reyes y sus asesores (la mayoría
    de ellos clérigos) fue convenientemente utilizado para
    darle entidad jurídica al nuevo Estado absoluto. Tan
    importante fue este rescate que aún hoy sustenta gran
    parte del sistema jurídico actual.

    La Revolución Francesa
    Indudablemente la Burguesía, como clase social
    revolucionaria, iba a reclamar un lugar dentro de esta nueva
    superestructura. Lamentablemente (para la monarquía) ésta era considerada
    plebeya carente de sangre nobiliaria
    e inculta, que realizaba actividades viles como la de comerciar,
    actividad que significaba una inmoralidad para los nobles; y por
    lo tanto no merecedora de pertenecer a la corte.
    Independientemente de consideraciones prejuiciosas, los burgueses
    representaban una incómoda competencia
    contra los nobles y la corona no tenía intenciones de
    perjudicar la frágil relación que la unía al
    estado noble. Por lo tanto no quiso o no pudo darle lugar en la
    toma de
    decisiones políticas.
    Como clase social revolucionaria, no se iba a quedar con un no
    como respuesta, lo único que le faltaba para completar su
    imparable ascenso era tener poder político, así fue
    que se lanzo en su búsqueda y produjo lo que se considera
    el acto fundacional de la modernidad: La
    Revolución
    Francesa.

    Más de un siglo antes de que Luis XVI ascendiera
    al trono (1774), el Estado francés había sufrido
    periódicas crisis
    económicas motivadas por las largas guerras
    emprendidas durante el reinado de Luis XIV, la mala administración de los asuntos nacionales en
    el reinado de Luis XV, las cuantiosas pérdidas que
    acarreó la Guerra
    Francesa e India
    (1754-1763) y el aumento de la deuda generado por los
    préstamos a las colonias británicas de
    Norteamérica durante la guerra de la Independencia
    estadounidense (1775-1783). Los defensores de la
    aplicación de reformas fiscales, sociales y políticas
    comenzaron a reclamar con insistencia la satisfacción de
    sus reivindicaciones durante el reinado de Luis XVI. .
    Además el pueblo exigía la convocatoria de los
    Estados Generales (una asamblea formada por representantes del
    clero, la nobleza y el Tercer estado, es decir lo que en ese
    entonces se consideraba el pueblo y que en realidad era la
    burguesía), cuya última reunión se
    había producido en 1614, y el rey Luis XVI accedió
    finalmente a celebrar unas elecciones nacionales en
    1788.

    A pesar de que los tres estados estaban de acuerdo en
    que la estabilidad de la nación
    requería una transformación fundamental de la
    situación, los antagonismos estamentales imposibilitaron
    la unidad de acción en los Estados Generales, que se
    reunieron en Versalles el 5 de mayo de 1789. Las delegaciones que
    representaban a los estamentos privilegiados de la sociedad francesa
    se enfrentaron inmediatamente a la cámara rechazando los
    nuevos métodos de
    votación presentados. El objetivo de
    tales propuestas era conseguir el voto por individuo y no por
    estamento, con lo que el tercer estado, que disponía del
    mayor número de representantes, podría controlar
    los Estados Generales. Las discusiones relativas al procedimiento se
    prolongaron durante seis semanas, hasta que el grupo dirigido
    por Emmanuel Joseph Sieyès y el conde de Mirabeau se
    constituyó en Asamblea Nacional el 17 de junio. Este
    abierto desafío al gobierno
    monárquico, que había apoyado al clero y la
    nobleza, fue seguido de la aprobación de una medida que
    otorgaba únicamente a la Asamblea Nacional el poder de
    legislar en materia
    fiscal y se
    comprometía a no disolverse hasta que se hubiera redactado
    una constitución para Francia. En
    ese momento, las profundas disensiones existentes en los dos
    estamentos superiores provocaron una ruptura en sus filas, y
    numerosos representantes del bajo clero y algunos nobles
    liberales abandonaron sus respectivos estamentos para integrarse
    en la Asamblea Nacional.

    El rey se vio obligado a ceder ante la continua
    oposición a los decretos reales y la predisposición
    al amotinamiento del propio Ejército real. El 27 de junio
    ordenó a la nobleza y al clero que se unieran a la
    autoproclamada Asamblea Nacional Constituyente. Luis XVI dio
    instrucciones para que varios regimientos extranjeros leales se
    concentraran en París y Versalles. El pueblo de
    París respondió con la insurrección ante
    estos actos de provocación; los disturbios comenzaron el
    12 de julio, y las multitudes asaltaron y tomaron La Bastilla
    —una prisión real que simbolizaba el despotismo de
    los Borbones— el 14 de julio.

    Antes de que estallara la revolución en
    París, ya se habían producido en muchos lugares de
    Francia esporádicos y violentos disturbios locales y
    revueltas campesinas contra los nobles opresores La
    burguesía parisina, temerosa de que la muchedumbre de la
    ciudad aprovechara el derrumbamiento del antiguo sistema de
    gobierno y
    recurriera a la acción directa, se apresuró a
    establecer un gobierno provisional local y organizó una
    milicia popular, denominada oficialmente Guardia Nacional. El
    estandarte de los Borbones fue sustituido por la escarapela
    tricolor (azul, blanca y roja), símbolo de los
    revolucionarios que pasó a ser la bandera nacional. No
    tardaron en constituirse en toda Francia gobiernos provisionales
    locales y unidades de la milicia. El mando de la Guardia Nacional
    se le entregó al marqués de La Fayette,
    héroe de la guerra de la Independencia
    estadounidense. Luis XVI, incapaz de contener la corriente
    revolucionaria, legalizó oficialmente las medidas
    adoptadas por la Asamblea y los diversos gobiernos provisionales
    de las provincias.

    La Asamblea Nacional Constituyente comenzó su
    actividad movida por los desórdenes y disturbios que
    estaban produciéndose en las provincias (el periodo del
    'Gran Miedo'). El clero y la nobleza hubieron de renunciar a sus
    privilegios en la sesión celebrada durante la noche del 4
    de agosto de 1789; la Asamblea aprobó una
    legislación por la que quedaba abolido el régimen
    feudal y señorial y se suprimía el diezmo, aunque
    se otorgaban compensaciones en ciertos casos. En otras leyes se
    prohibía la venta de cargos
    públicos y la exención tributaria de los estamentos
    privilegiados. A continuación, la Asamblea Nacional
    Constituyente se dispuso a comenzar su principal tarea, la
    redacción de una Constitución. En el preámbulo,
    denominado Declaración de los Derechos del hombre y del
    ciudadano, los delegados formularon los ideales de la
    Revolución, sintetizados más tarde en tres principios,
    "Libertad,
    Igualdad,
    Fraternidad". Mientras la Asamblea deliberaba, la hambrienta
    población de París, irritada por los
    rumores de conspiraciones monárquicas, reclamaba alimentos y
    soluciones. El
    radicalismo se apoderó de la cámara, pero el
    objetivo original, la implantación de una monarquía constitucional como
    régimen político, aún se
    mantenía.

    El primer borrador de la Constitución
    recibió la aprobación del monarca francés en
    unas fastuosas ceremonias, a las que acudieron delegados de todos
    los lugares del país, el 14 de julio de 1790. Este
    documento suprimía la división provincial de
    Francia y establecía un sistema administrativo cuyas
    unidades eran los departamentos, que dispondrían de
    organismos locales elegibles. Se ilegalizaron los títulos
    hereditarios, se crearon los juicios con jurado en las causas
    penales y se propuso una modificación fundamental de la
    legislación francesa. Con respecto a la institución
    que establecía requisitos de propiedad para acceder al
    voto, la Constitución disponía que el electorado
    quedara limitado a las clases alta y media. El nuevo estatuto
    confería el poder
    legislativo a la Asamblea Nacional, compuesta por 745
    miembros elegidos por un sistema de votación indirecto.
    Aunque el rey seguía ejerciendo el poder
    ejecutivo, se le impusieron estrictas limitaciones. Su poder
    de veto tenía un carácter
    meramente suspensivo, y era la Asamblea quien tenía el
    control efectivo
    de la dirección de la política exterior.
    Se impusieron importantes restricciones al poder de la Iglesia
    católica mediante una serie de artículos
    denominados Constitución civil del Clero, el más
    importante de los cuales suponía la confiscación de
    los bienes eclesiásticos. A fin de aliviar la crisis
    financiera, se permitió al Estado emitir un nuevo tipo de
    papel moneda,
    los asignados, garantizado por las tierras confiscadas. Asimismo,
    la Constitución estipulaba que los sacerdotes y obispos
    fueran elegidos por los votantes, recibieran una
    remuneración del Estado, prestaran un juramento de lealtad
    al Estado y las órdenes monásticas fueran
    disueltas.

    Durante los quince meses que transcurrieron entre la
    aprobación del primer borrador constitucional por parte de
    Luis XVI y la redacción del documento definitivo, las
    relaciones entre las fuerzas de la Francia revolucionaria
    experimentaron profundas transformaciones. Éstas fueron
    motivadas, en primer lugar, por el resentimiento y el descontento
    del grupo de
    ciudadanos que había quedado excluido del electorado. Las
    clases
    sociales que carecían de propiedades deseaban acceder
    al voto y liberarse de la miseria económica y social, y no
    tardaron en adoptar posiciones radicales. Este proceso, que se
    extendió rápidamente por toda Francia gracias a los
    clubes de los jacobinos, y de los cordeliers, adquirió
    gran impulso cuando se supo que María Antonieta estaba en
    constante comunicación con su hermano Leopoldo II,
    emperador del Sacro Imperio Romano
    Germánico. Al igual que la mayoría de los monarcas
    europeos, Leopoldo había dado refugio a gran número
    de émigrés y no había ocultado su
    oposición a los acontecimientos revolucionarios que se
    habían producido en Francia. El recelo popular con
    respecto a las actividades de la reina y la complicidad de Luis
    XVI quedó confirmado cuando la familia real fue
    detenida mientras intentaba huir de Francia en un carruaje con
    destino a Varennes el 21 de junio. Los sucesos posteriores
    serán motivo de otro trabajo, pero para completar la
    visión de esta revolución diremos que el 21 de
    setiembre de 1792 se proclamó la república y se
    abolió la monarquía y el 21 de enero de 1793 Luis
    XVI fue guillotinado.

    Los sucesos internacionales posteriores mostraron una
    clara y fuerte tendencia a tomar el legado de la revolución
    francesa cuyas ideas se volcaron a todo el mundo y sirvieron
    de bandera a las burguesías europeas y a los hombres que
    iniciaron los proceso independentistas en América
    latina y si bien la revolución terminó con el
    ascenso de Napoleon al
    poder en Francia; el proceso, histórico, político y
    social, iniciado con ésta fue imparable al igual que la
    instalación del sistema capitalista.

    Para concluir este larguísimo texto diremos
    que el período histórico que estamos
    reseñando, significó para el hombre el
    camino más directo a la actualidad, y es muy importante
    entender lo que pasó porque muchas de las cosas que hoy
    vivimos son producto de esa historia, más aun,
    los noventa son el inicio de otra nueva etapa para la humanidad,
    la posmodernidad,
    y nos será imposible entender lo que nos pasa si no
    aprendemos de nuestro pasado.

     

     

    Autor:

    Luis Maria Unsain

    Profesor De Historia

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