Enviado por barran
Indice
1.
Introducción
2. La Independencia
3. Historia Política
4. Las
Instituciones
5.
Estructura económica
6. Transformaciones en el medio
urbano
7.
Conclusiones
1.
Introducción
Uruguay, un pequeño país de América
del Sur es un ejemplo de cómo se pasó or distintas
etapas y ensayos (no me
atrevo a decir de experimentos,
dado que no hubo grupo de
comparación) para lograr estructurar una sociedad, unas
instituciones
y un modelo de
entre las posibilidades liberales o conservadoras.
Comienzo el estudio del tema abordando la Independencia,
la historia política y las
instituciones
y la consolidación de las mismas, para luego tocar los
aspectos que abarcan la construcción del país como tal: el
aumento de la población, la estructura
económica, la secularización del Estado y su
separación de la Iglesia, la
sociedad como
tal y las transformaciones del medio urbano.
Desde los inicios de la joven república hubo interés en
fomentar la participación política de la
sociedad. Esto se manifiesta en el deseo de incrementar la
actividad política de los habitantes y a la vez
prepararlos mejor para el nuevo orden económico estuvo
detrás de esta transformación. Es así como
se diversifican los estudios universitarios desde 1849.
En el plano político formal, el país desde sus
inicios tuvo una multiplicidad de partidos, esta
participación es un fenómeno singular en la
América
independentista y de jóvenes repúblicas. Pero
predominaron el partido Blanco, de amplia simpatía en el
sector rural; y el Colorado, con adeptos en la Capital y la
clase privilegiada. Partido de tendencia conservadora en
oposición a los Blancos, más pro liberales.
El país moderno, centralizado, conservador comienza a
finales del siglo XIX (Desde 1876 con el militar colorado Lorenzo
Latorre). El modernizar el ejército implantando armamento
moderno logró dificultar los levantamientos. ¡Nada
mejor que los militares para prevenir alzamientos!. Uruguay a
finales de siglo XIX tenía un ingreso per cápita
elevado, casi similar al de los países europeos.
El análisis de la sociedad urbana y de la
adquisición de fuerza por
parte del Ejército, posibilita que el país se
perfile como modelo viable
de instituciones estables con realización de actividades
económicas basadas en la ganadería.
Sin duda que al leer estas lineas vamos a concluir que en este
país el modelo conservador triunfó sobre el
liberal, al igual que en muchos otros países del
continente.
Cabe señalar que el país quedó "enrumbado",
dado que hasta 1930 se logra la consolidación de la
democracia
política, la reforma social y la prosperidad
económica.
El año de 1812 el interior se sublevó
contra la autoridad
española residente en Montevideo. Dirigía la
Revolución
un capitán criollo del ejército "godo": José
Artigas.
La Revolución en un principio acató la
autoridad de
la Junta de Mayo en Buenos Aires,
pero las diferencias políticas,
económicas y sociales pronto separaron a los "orientales"
de los "porteños". En 1813 el Congreso de Abril
proclamó los principios
políticos de la Revolución: independencia
de España;
organización de un vasto estado,
confederado primero y federado después, con todas las
regiones del ex-virreinato de Buenos Aires;
democracia y
república. La capital
debía estar fuera de Buenos Aires.
En setiembre de 1815, Artigas dictó un Reglamento
que repartió las inmensas posesiones de los enemigos de la
Revolución, "malos europeos y peores americanos", entre
los mas infelices", siendo preferidos los indios, negros libres y
"criollos pobres". A cada uno se le entregaría una
estancia mediana para la época con la obligación de
construir un rancho, dos corrales y sujetar el ganado de rodeo.
La aplicación del reglamento fue en parte detenida por la
invasión europea de 1816 que luego reseñaremos,
pero las confiscaciones de grandes estancias que precedieron a
los repartos abonaron el odio que hacia Artigas y sus seguidores
comenzó a sentir la vieja clase alta del período
colonial.
De 1811 a 1814 los orientales lucharon contra España
procurando con el auxilio bonaerense ocupar Montevideo. Pero en
enero de 1814, Artigas decidió que el objetivo de la
Revolución no podía ser sustituir un "despotismo
español",
por otro , el bonaerense, y dejó solas a las tropas de
Buenos Aires frente a Montevideo. Esta cayó en poder de los
porteños en junio. Artigas hizo entonces la guerra a
Buenos Aires, auxiliado por las provincias ribereñas del
Uruguay y del Paraná, Entre Ríos, Corrientes y
Santa Fe, seducidas por las ideas federales. La lucha fue desde
entonces entre los federales , que eran también
republicanos, y los bonaerenses que eran además de
centralistas, monárquicos. En 1815, con la victoria de
Guayabos, Artigas logró que los porteños
devolvieran Montevideo a los orientales, y ese año pudo
gobernar todo el país.
De 1816 a 1820 debió enfrentar la invasión de la
monarquía portuguesa asentada en Río
de Janeiro. Los lusitanos, deseosos de ocupar el territorio
oriental que desde temprano disputaron a España,
también invadieron por el temor a que el sur del Brasil se
contagiara de los principios
republicanos y federales. El invasor portugués
contó con el beneplácito de Buenos Aires y
terminó con derrotar a Artigas en 1820.
El país, arruinado su comercio y su
ganadería
por nueves años de permanente guerra
revolucionaria, quedó en manos portuguesas primero
(1820-1822) y brasileñas después (1822-1825). Una
porción importante de las clases altas colaboró con
el invasor. Este, representado por un hábil general
portugués, Carlos Federico Lecor, prometió el orden
y la devolución de sus propiedades a los confiscados por
Artigas. En 1821, un congreso orientales colaboradores
votó la incorporación de la ahora llamada Provincia
Cisplatina al Reino Unido de Portugal, Brasil y
Algarves.
Las autoridades brasileñas, empero, concluyeron por
desilusionar a las clases altas e irritar a los demás
sectores sociales. Renació con facilidad el sentimiento
antilusitano, fuerte en una población de origen español
que venía combatiendo los avances portugueses desde el
siglo XVII.
Los criollos vieron poco a poco como el invasor portugués
prefería a los lusitanos en los repartos de tierras y en
las concesiones comerciales. El sostenimiento del ejército
de ocupación era gravoso. El autoritarismo de Lecor
impidió el menor asomo de autogobierno, ni siquiera cuando
la Constitución brasileña de 1824
empezó a regir.
En abril de 1825 se inició la segunda etapa de la
Revolución cuando 33 orientales - número y
nacionalidad un tanto míticos - invadieron el país
y en pocos meses sublevaron todo el medio rural contra los
brasileños que siguieron ocupando Montevideo. Luego de las
victorias de Rincón y Sarandí, el gobierno de
Buenos Aires apoyó oficialmente a los orientales y
entró en guerra con el Brasil a fines de 1825.
La nueva Revolución oriental fue encabezada por
Juan A. Lavalleja, un caudillo rural, y rápidamente se
plegó a ella su par, Fructuoso Rivera.
Sus objetivos eran
más modestos que los de Artigas. Si éste quiso la
federación y el igualitarismo social, además de la
independencia del dominio
extranjero, Lavalleja y Rivera se conformaron con liberarnos del
Brasil y dejaron confuso, tal vez exprofeso, el carácter
de las futuras relaciones de los orientales con Buenos Aires
así como la solución del problema de la tierra.
El 25 de agosto de 1825 la Sala de Representantes de la Provincia
Oriental declaró en primer lugar la independencia absoluta
del país, y luego su unión a las demás
provincias.
La guerra con el Brasil culminó con la victoria no
decisiva de Ituzaingó en febrero de 1827. Desde meses
antes mediaba Gran Bretaña en el conflicto a
través de su enviado, Lord Pomsomby. La guerra perturbaba
gravemente el comercio
inglés
con la Argentina debido
al bloqueo brasileño del puerto de Buenos Aires.
Además, pero sólo en segundo plano, a Gran
Bretaña le interesaba fomentar la independencia de un
pequeño estado sobre el Río de la Plata que
impidiera que las dos orillas fueran argentinas. De tal modo ese
río, puerta de entrada al principal sistema
hidrográfico navegable de América del Sur, se
internacionalizaría y el comercio inglés
no podría ser obstaculizado por una Argentina
fuerte.
La influencia europea
En 1830 una Asamblea electa aprobó la Constitución del nuevo país, llamado
oficialmente, "Estado Oriental del Uruguay". El régimen
jurídico aseguraba, en apariencia, el orden interno
inspirándose en modelos
europeos y norteamericanos. El nuevos estado sería
republicano y garantizaría los derechos individuales
mediante la separación clásica de los tres poderes.
El derecho del sufragio se impedia a los analfabetos, peones,
sirvientes y vagos, la mayoría de la población. En
principio, una minoría acomodada elegiría a
diputados y senadores que permanecerían 3 y 6 años,
respectivamente, en sus funciones. Estos
a su vez, y cada 4 años, designarían al Presidente
de la República que no podría ser reelecto, sino
una vez transcurrido un período de gobierno. Esta
Constitución rigió los destinos del Uruguay hasta
1919.
3. Historia Política
El país real se salteó el formarse con un
orden jurídico europeizado. Las guerras
civiles dominaron el escenario uruguayo hasta por lo menos 1876.
En ellas se gestaron los dos partidos que pasaron a la modernidad y
sobrevivieron en el siglo XX: el blanco y el colorado.
Una breve crónica de los principales hechos
mostrará las etapas políticas
y revelará la "anarquía", expresión que
apareció en los escritos de los intelectuales que
integraron los efímeros gobiernos, y que afloró en
las quejas de las clases poseedoras de riqueza.
El primer presidente constitucional, Fructuoso Rivera (1830-1834)
debió soportar tres alzamientos del otro caudillo rural,
Juan A. Lavalleja.
Su sucesor, Manuel Oribe (1835-1838), tuvo que combatir dos
alzamientos del ex-presidente Rivera. En 1836, en la batalla de
Carpintería, los bandos usaron por primera vez las dos
divisas tradicionales: el blanco distinguió las tropas del
gobierno que se titularon "Defensores de las Leyes", y el
celeste primero - el otro color de la
bandera uruguaya - y el colorado después, fueron usados
por los fieles de Rivera. Un segundo alzamiento de este
derrocó al gobierno de Manuel Oribe en 1838. Rivera,
auxiliado por la escuadra francesa que deseaba acabar con Oribe,
el aliado del gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas,
ocupó Montevideo y se hizo elegir presidente por segunda
vez en 1839. Ese año se inició la "Guerra Grande"
cuando Rivera declaró la guerra a Rosas quien
seguía reconociendo a Manuel Oribe como presidente
constitucional del Uruguay. Los dos bandos uruguayos se
internacionalizaron. Rivera contó con el apoyo de los
enemigos unitarios argentinos y las escuadras francesas e
inglesa. Las dos naciones europeas temían que Rosas
anexara al Uruguay y deseaban además terminar con el
monopolio que
sobre la navegación del Paraná ejercía el
gobernador de Buenos Aires. Oribe se apoyó en Rosas y puso
sitio a Montevideo durante 9 años. (1843-1851).
El conflicto se resolvió cuando se retiraron los europeos e intervino el Imperio del Brasil a favor del Montevideo Colorado. Oribe y Rosas fueron derrotados. A pesar de ello se firmó una paz entre los orientales el 8 de octubre de 1851 por la cual se declaraba que no había ni vencidos ni vencedores.
La atmósfera que
siguió a este conflicto fue de fusión
entre los partidos. La ruina de la ganadería, el comercio
y las fortunas privadas por la larga lucha, ambientó esa
política. Pero los dos bandos habían encarnado en
la memoria
colectiva y la lucha civil se reanudo.
El presidente Blanco Juan F. Giró (1852-1853) fue
derribado por un motín del ejército colorado. El
nuevo caudillo de este partido, el General y caudillo rural
Venancio Flores, gobierno como presidente hasta 1855. En 1856 la
fusión
y el pretendido olvido de los rencores del pasado llevaron al
poder a
Gabriel A. Pereira (1856-1860). Bajo su mandato, una
fracción del Partido Colorado, llamada Partido
Conservador, se alzó en armas y sus jefes
fueron derrotados y fusilados en Quinteros por las tropas del
gobierno. Entre 1860 y 1864 gobernó el presidente Bernardo
P. Berro. Este pretendió continuar con la política
de fusión pero los partidos renacieron. En 1863, el
General Flores invadió el Uruguay con el apoyo del
presidente argentino Bartolomé Mitre y la
colaboración final del Imperio del Brasil. Bernardo P.
Berro buscó apoyo en el Paraguay para
restablecer así decía, el equilibrio en
el Río de la Plata. Luego de la caída en manos de
Flores de la ciudad de Paysandú (enero de 1865), uno de
sus generales mandó fusilar a los más destacados
jefes blancos. De este modo ambos partidos tradicionales tuvieron
sus mártires y una carga de emotividad que les
aseguró larga permanencia.
El triunfo de Flores culminó con su dictadura
(1865-1868) y la intervención del Uruguay en la guerra de
la Triple Alianza junto a Brasil y Argentina contra el Paraguay. En
febrero de 1868, Venancio Flores, que había despertado
rencores apasionados, fue asesinado. El mismo día fue
ultimado el ex-presidente blanco Bernardo P. Berro. Las
tradiciones partidarias se nutrieron de nuevos
mártires.
Venancio Flores inició la serie de gobiernos colorados que
recién concluyó en 1959. Lorenzo Batlle, su sucesor
y presidente constitucional entre 1868 y 1872, debió
enfrentar un alzamiento blanco comandado por el caudillo rural
Timoteo Aparicio.
Esta revolución fue conocida como de "Las Lanzas" debido
al arma que allí se uso de preferencia, lo que testimonia
la tecnología militar primitiva de la
época. Por su duración (1870-1872) y sus efectos
destructivos sobre la riqueza ganadera, es el conflicto civil que
mejor puede compararse a la "Guerra Grande". Ambos bandos se
reconciliaron en la llamada Paz de Abril de 1872 por la cual los
blancos lograron por primera vez coparticipar junto a los
colorados en el gobierno. Pero la anarquía
persistió hasta 1876 en que el coronel colorado Lorenzo
Latorre tomó el gobierno.
Fue por efecto de la lucha y los propios acontecimientos
relatados, que colorados y blancos fueron dotándose de
ciertos contenidos políticos, sociales y hasta regionales.
Las personalidades diferentes y los vínculos sociales
distintos de Rivera y Oribe, y el principal de los conflictos
citados - la "Guerra Grande" - dieron nueva forma a la
oposición colonial entre la Capital y el Interior. Los
colorados se identificaron con el Montevideo sitiado, los
inmigrantes y la apertura a lo europeo; los blancos, asentados en
la campaña sitiadora, se identificaron con el medio rural,
sus grandes terratenientes y lo americano-criollo.
Pero estas diferencias no alcanzan para explicar la profundidad
del desorden interno que conoció en esos años el
Uruguay. Las estructuras
sociales, económicas y culturales, así como la
tecnología
de una civilización pre-industrial, deben ser convocadas
para la interpretación del hecho político y
completar la imagen del
país.
Iglesia Católica, ejército y gran propiedad, los
tres pilares del orden conservador en América
Latina, eran débiles en el Uruguay.
El alto clero no existía en 1830, recién en 1878 el
Uruguay tuvo su primer obispado. El bajo clero era escaso, a
menudo extranjero, de escasa formación teologíca y
relativo nivel moral. Sin
propiedades importantes, su influencia se reducía a
representar la religión mayoritaria
de la población.
El ejército era pequeño y carecía del
monopolio de
la coacción física. El habitante
del medio rural, que manejaba el caballo, el lazo y el cuchillo
para trabajar en las faenas rurales, se transformaba a la menor
insinuación de sus líderes, en rebelde activo y
soldado competidor del profesional.
La gran propiedad, que
dominaba la estructura
agraria, no estaba asentada. Los poseedores del período
revolucionario lucharon contra los viejos propietarios - a menudo
ellos también con títulos de propiedad imperfectos
- de la colonia. El gobierno debió ser el árbitro
de estas tensiones que a menudo se trasvasaron a la lucha entre
blancos y colorados, mas afines los primeros a los grandes
propietarios y los segundos a los grandes y pequeños
poseedores. El lugar social, entonces, dependió del Estado
más que el Estado de
la clase terrateniente.
Los medios de comunicación y transporte eran los de una civilización ganadera. Un hombre bien montado y con caballos de relevo, podía comunicar Montevideo con San Fructuoso, villa a 400 kilómetros de distancia, en dos días, pero el servicio regular de diligencias, recién organizado a partir de 1850, tardaba por lo menos 4 o 5 días si los ríos y arroyos daban paso y no estaban crecidos. Las carretas que transportaban cueros y lanas tardaban un mes. El ganado fluía a los saladeros por sus propios medios y daba vida a la actividad de un personal especializado en su conducción, el tropero. La agricultura, en cambio, dependía de la pesada y costosa carreta por la que se desarrolló únicamente en torno a las ciudades consumidoras. Sólo la región del litoral, sobre el río Uruguay, gozó de mejores comunicaciones ya que Salto se ligó a Montevideo desde 1860 por líneas de vapores que recorrían la distancia en 3 días.
Mantener el control de la campaña desde la excéntrica Montevideo era muy difícil con este sistema de comunicaciones y transportes. Cuando la noticia de la revolución rural llegaba a la Capital, la subversión ya había tomado cuerpo. Los diversos ejércitos gubernamentales incluso tenían dificultades para conocer sus posiciones y combinar esfuerzos contra los rebeldes, como sucedió por ejemplo, con los colorados durante la "Revolución de las Lanzas".
Consolidación de las Instituciones
Los gobiernos de los militares colorados Lorenzo Latorre (1876-
1880), Máximo Santos (1882-1886) y Máximo Tajes
(1886-1890), fueron los que asentaron el poder central, dominaron
a los caudillos rurales y tornaron los alzamientos sino
imposibles, difíciles.
El Estado y el
ejército gozaron desde ese momento del monopolio de la
coacción física, en parte
porque el armamento era ya costoso y de difícil manejo
para los gauchos - el fusil Remington de repetición y la
artillería Krupp hicieron su aparición - ; en parte
porque los medios de
comunicación (telégrafo) y transportes
(ferrocarril) fortalecieron el poder montevideano; en parte
porque la sociedad y la economía estaban
cambiando y se oponían a las costosas rebeliones del
pasado.
También contribuyó el afianzamiento de la
paz interna el fortalecimiento del sentimiento nacional que ya no
admitió la internacionalización de los partidos
uruguayos y sus alianzas con los federales y unitarios argentinos
o los bandos brasileños. La unificación de la
Argentina y el Brasil, en torno a Buenos
Aires y Río de Janeiro, hizo que poco a poco
desaparecieran los llamados desde esas naciones a formar parte de
la unidad. Desde este ángulo, la "Revolución de las
Lanzas" (1870-1872) fue la primera guerra civil puramente
uruguaya.
A los militares sucedieron los gobiernos civiles,
presidencialistas y autoritarios, de Julio Herrera y Obes
(1890-1894) y Juan Idiarte Borda (1894-1897). Al exclusivismo
colorado y sus manipulaciones electorales respondieron las
revoluciones blancas capitaneadas por el caudillo rural
/uruguay/historia/Uy_sarav.htm
Aparicio Saravia. Su levantamiento en 1897 fue la base de un
gobierno colorado de compromiso con los blancos, el de Juan L.
Cuestas (1897-1903).
Electo José Batlle Ordóñez en 1903, Aparicio
Saravia dirigió en 1904 la última gran revuelta
rural. Pero estas dos revoluciones difieren de las anteriores: el
programa de
reivindicaciones políticas tendió a crecer sobre la
mera adhesión a la tradición partidaria, y
así, en 1897 y 1904, los blancos alzaron las modernas
banderas del respeto a la
voluntad popular en las elecciones y la representación
proporcional de los partidos en el Poder
Legislativo.
La paz interna y el fuerte gobierno central montevideano
estuvieron vinculados a paralelas transformaciones que ocurrieron
en la demografía, la economía, la sociedad
y la cultura del
Uruguay.
Aumento de la población
El Uruguay de 1830 apenas contaba con 70.000 habitantes. El de
1875 poseía ya 450.000 y el de 1900 un millón. El
espectacular crecimiento - la población se
multiplicó por 14 en 70 años - no tenía
parangón en ningún país americano. La alta
tasa de natalidad dominante hasta 1890 - 40/50 por mil habitantes
- se había unido a una relativamente baja tasa de
mortalidad - 20/30 por mil - para ambientar este hecho , pero el
factor crucial de la revolución demográfica fue la
inmigración europea.
Franceses, italianos y españoles hasta 1850, italianos y
españoles luego, llegaron en 4 o 5 oleadas durante el
siglo XIX. La inmigración fue temprana en relación
a la más tardía que arribó a la Argentina, y
sobre todo fue cuantiosa en relación a la muy
pequeña población existente en 1830. De 1840 a
1890, Montevideo poseyó de un 60 a un 50 % de
población extranjera, casi toda europea. El Censo de 1860
mostró un 35% de extranjeros en todo el país, y el
de 1908 redujo esa cifra al 17%.
Los europeos - y brasileños - , con valores
diferentes a los de la población criolla, sobre todo los
primeros, más proclives al espíritu de empresa y al
ahorro;
protegidos por sus cónsules durante las guerras
civiles y recompensados siempre por sus pérdidas por el
estado uruguayo amenazado desde el exterior, se convirtieron
hacia 1870-1880 en los principales propietarios rurales y
urbanos, como poseían el 56% del total de la propiedad
montevideana y el 58% del valor de la
propiedad rural.
Los inmigrantes europeos fueron también los iniciadores de
la industria de
bienes de
consumo al
grado que en 1889 controlaban el 80% de esos establecimientos.
Los inmigrantes, hostiles por lo general a las disputas entre
blancos y colorados, exigieron la paz interna.
La estructura económica se modificó. El
ovino se incorporó a la explotación del vacuno en
la estancia de 1850-1870. De acuerdo al censo de 1852, la
existencia ovina se reducía a 800.000 cabezas que daban de
400 a 500 gramos de lana criolla por cabeza, sólo apta
para colchones. En 1868 la existencia se estimó en 17
millones que rendían 1,150 gramos de lana merino por
cabeza, pues ya se había iniciado el mestizaje con
ejemplares procedentes de Francia y
Alemania. La
lana suple al cuero como principal producto de la
exportación uruguaya en 1884 de ahí
en adelante, hasta que apareció con vigor la carne
congelada en 1910-1920, la lana fue el principal rubro de
ventas al
exterior.
Esta transformación fue ambientada por el alto precio de la
lana en el mercado
internacional, debido sobre todo a la desaparición de la
fibra competitiva, el algodón, a raíz de la Guerra
de Secesión en los Estados Unidos
(1861-1865).
El ovino que podía ser explotado en campos de pasturas de
calidad
inferior y exigía 5 veces menos tierra por
unidad que el vacuno, sirvio de base al desarrollo de
la clase media rural. También requería en los
comienzos, un incremento de mano de obra. El estanciero
poseía ahora además del vacuno criollo que casi
solamente adquiria valor por su
cuero, el lanar, que el mercado europeo
siempre compraba a buen precio.
El Uruguay de fines del siglo XIX tuvo así características económicas que lo
singularizaron en el contexto latinoamericano. Producía
alimentos - la
carne - y satisfacía otras dos necesidades básicas
del hombre, su
calzado, con el cuero, y su vestimenta con la lana. Sus mercados externos
se habían diversificados en vez de tender a la dependencia
de un solo comprador. Brasil y Cuba
consumían su tasajo; Francia,
Alemania y
Bélgica, sus lanas; y Gran Bretaña y Estados Unidos,
sus cueros. Al comprarle Europa
mercaderías que ella también producía, el
Uruguay gozó de una renta diferencial elevada, por cuanto
Europa
mantenía sus ganados con más altos costos de
explotación.
Estimaciones recientes del ingreso per cápita en
el siglo XIX, realizadas en base al 15% de las exportaciones,
permiten sospechar un elevado ingreso en el Uruguay de 1870-1900
- 317 dólares per cápita en 1881-1885, por ejemplo
comparable y superior al de los Estados Unidos y muy superior al
atribuído al Brasil.
Debemos anotar también que el librecambio británico
- y europeo en general - fue una pieza esencial de este sistema
económico en el cual el Uruguay vendía a Europa
mercaderías que competían con su producción agraria. Mientras ese libre
cambio
duró - y lo hizo hasta la crisis mundial
de 1929 - Uruguay tuvo un lugar económico seguro y rentable
en el mundo.
Al ovino siguió el acercamiento de las estancias. Estas
fueron alambradas entre 1870 y 1890 tanto para asegurar al
propietario el uso exclusivo para sus ganados de las pasturas,
como para permitir el mestizaje del ovino y el vacuno con razas
europeas. El cerco dejó desocupada a la mano de obra que
antes custodiaba el ganado y generó un problema
insólito de hambre y miseria rural. Esta desocupación tecnológica se
convirtió paradojalmente en un buen caldo de cultivo para
las últimas guerras civiles de fines del siglo XIX y
principios del XX.
Ovino y cercamiento, dos enormes inversiones
aumentaron la necesidad de orden interno que tenían los
estancieros. Los terratenientes protagonistas de estos cambios se
agremiaron y fundaron la Asociación Rural en 1871, con el
fin de imponer la paz interna a toda costa.
6. Transformaciones en el medio urbano
Paralelamente ocurrieron transformaciones en el medio
urbano. A partir de 1860 comenzaron las primeras inversiones
extranjeras, sobre todo británicas. Fueron los avanzados
entre 1863 y 1865, la fábrica Liebig en la industria de
carnes, y en las finanzas el
Banco de
Londres y Río de la Plata y el primer empréstito
del gobierno uruguayo de los inversores en la City Londinense. En
1884 se estimó en 6,5 millones de libras el total de las
inversiones británicas; en 1900 ya eran 40. Los ingleses
ya habían construído los ferrocarriles - la primera
línea fue inaugurada en 1869 y en 1905, el kilometraje
total alcanzaba los 2000 - invertido en los servicios
públicos de Montevideo (agua
corriente, gas,
teléfonos, tranvías) e incrementando sus
empréstitos al gobierno y su intervención casi
monopólica en el mercado de los seguros.
En el caso de los ferrocarriles, los capitalistas ingleses
obtuvieron importantes concesiones del gobierno uruguayo que
deseaba ese medio de transporte a
cualquier costo con tal de
poder utilizarlo para doblegar las revueltas rurales. La
mayoría de las líneas gozaron de un interés
garantido del 7% del capital ficto de 5.000 liras por
kilómetro de vía férrea, lo que
ocasionó la construcción de inútiles curvas y
tal vez de un 10 a un 5% de kilometraje superfluo. El Estado solo
podía intervenir en la fijación de las tarifas si
las ganancias de las empresas
superaban el 12%, cifra a la que naturalmente nunca llegaron.
El ferrocarril fue esencial para que el gobierno central pudiera
controlar el interior. Cuando en 1886 el Río Negro fue
cruzado por un puente ferroviario, el Uruguay, que siempre
había estado dividido en dos mitades en invierno, se
unificó.
Este medio de transporte, así como las otras
compañías inglesas instaladas en Montevideo,
generaron una corriente de
antipatía popular por sus elevadas tarifas y deficientes
servicios. El
monopolio que usufructuaba el ferrocarril, la empresa de
aguas corrientes, la del gas y el oligopolio de
las compañías de seguros,
contribuyeron a fomentar dudas en la clase política ya en
1890 acerca de los beneficios que acarreaba al Uruguay el capital
extranjero no vigilado por el Estado.
Por eso la ley de 1888
instituyó un control estricto
de la contabilidad
de las empresas
ferroviarias y en 1896 se fundó el primer banco del Estado:
" Banco de la República Oriental del Uruguay".
Todos estos inversores, como es casi obvio, exigían la
pacificación interna del Uruguay, pues las utilidades de
la empresas extranjeras y el cobro de los intereses de la deuda
del gobierno uruguayo, por ejemplo, estaban ligados a la marcha
pacífica y próspera del país.
La inversión británica en el Uruguay,
aunque pequeña comparada con la totalidad de las
imperiales en el mundo, era cuantiosa comparada con el capital
industrial uruguayo. El Uruguay ocupaba el quinto lugar en la
cuantía del capital inglés invertido en América
Latina, teniendo los primeros puestos Argentina, México,
Brasil y Chile. Pero si
dividimos la inversión
extranjera por el número de los habitantes del
país latinoamericano receptor, el quinto lugar se
transforma en segundo, sólo detrás de
Argentina.
Luego en 1875, el crecimiento demográfico y la
legislación aduanera proteccionista ambientaron el
nacimiento de la industria moderna. Incipiente y desarrollada
sólo en la provisión de bienes de
consumo
(alimentos,
bebidas, muebles, tejidos, cueros),
generó tanto un patronato deseoso de orden como un
proletariado, numericamente exiguo, pero hostil al enganche en
las filas de los ejércitos blancos y colorados.
La Sociedad
La sociedad uruguaya, resultante y promotora a la vez de estos
cambios, fue muy distinta a la de la primera mitad del siglo XIX.
Las clases se diferenciaron con claridad, la dueña de
la tierra era
compleja, pues al lado del latifundio se consolidó la
propiedad mediana con la explotación del ovino. El censo
de 1908 permite deducir que los predios de 100 a 2.500
hectáreas, asimilables a estancias de la clase media
rural, ocupaban el 52% de la superficie apta, y que 1391 predios
de más de 2501 hectáreas - los latifundios -
ocupaban el 43% de esa superficie. Este era el fruto de una larga
evolución histórica que salvo a la
gran propiedad pero la obligó a cohabitar con una
importante clase media rural. Las guerras de la independencia y
las civiles con su cortejo de ruina ganadera, robos de haciendas
e interrupción de la producción, tuvieron otra consecuencia
importante: la titularidad de la propiedad cambio de manos
velozmente en el siglo XIX. El latifundio existía en 1900
pero los latifundistas ya no eran los mismos del período
colonial o de los primeros años del Uruguay independiente.
La clase alta olía a nuevos ricos. Eso disminuyó su
poder y su prestigio en el seno de la sociedad.
Los estancieros gozaban en 1900 de la posesión de dos
monopolios: la tierra y la
carne, valorizadas ambas con los avances de la industria
saladeril y sobre todo con la fundación en 1905 del primer
frigorífico exportador de carnes congeladas a Europa.
El proletariado rural ya no podía optar entre la vagancia
y la labor en las estancias, ahora debía trabajar para
alimentarse. Los desocupados miserablemente en los llamados
"pueblos de ratas", cambiando su anterior dieta carnívora
por ensopados de escaso valor nutritivo. El servicio
doméstico o la prostitución para las mujeres; el peonaje,
la esquila, el contrabando y el robo de ganado para los hombres,
fueron las actividades del gaucho moderno. Pero, ya empezó
a emigrar a las ciudades.
En Montevideo, la aparición de la
"cuestión social" fue la novedad. Aunque el ascenso social
aún era posible, las condiciones de vida del proletariado
industrial eran duras. Las jornadas de 11 o 15 horas ambientaron
la prédica anarquista y la fundación de los
primeros sindicatos
hacia 1875. El viejo temor de la clase empresaria a la
subversión blanca, fue poco a poco sustituído por
su nuevo miedo a la revolución social.
Ocurrieron cambios también en el orden cultural y mental.
La Universidad
abrió sus puertas a los estudios de abogacía en
1849, a los de Medicina en 1876
y a los de Matemáticas en 1888. En 1877, el gobierno
del coronel Latorre, inspirado por José Pedro Varela,
decretó una importante reforma en la enseñanza primaria, volviéndola
obligatoria y gratuita y otorgándole recursos para su
desarrollo. La
tasa de analfabetismo
que era elevadísima, comenzó a descender. El deseo
de incrementar la actividad política de los habitantes y a
la vez prepararlos mejor para el nuevo orden económico
estuvo detrás de esta transformación.
El Estado y la Iglesia
El Uruguay también secularizó sus costumbres y su
cultura. En
1861 la Iglesia
Católica comenzó a perder su jurisdicción
sobre los cementerios; en 1879 el estado decidió llevar
los Registros del
Estado Civil aunque admitió que el casamiento religioso
precediera al civil. En 1885 se instituyó el matrimonio civil
obligatorio y este debió celebrarse antes que la ceremonia
religiosa. En 1907 se aprobó la primera ley de divorcio.
A pesar de que en las escuelas del Estado, aún se
aprendía el catecismo, la hostilidad de las autoridades y
muchos maestros, redujo esa educación al mero
aprendizaje de
memoria del
Catecismo, sin ninguna explicación previa. En 1909 fue
suprimido por completo este resto de enseñanza religiosa.
La juventud
universitaria, hecho tal vez más significativo que los
anteriores, se embarcó primero en el espiritualismo
ecléctico (1850-1975) y luego de esa fecha en el positivismo y
el agnosticismo, cuando no el ateismo. La Iglesia Católica
se sintió perseguida y reaccionó, pero el grueso de
las clases dirigentes y buena parte de la población o
siguieron hostilizándola o la miraron con indiferencia. De
acuerdo al censo de 1908, los católicos ya no eran la
mayoría absoluta entre los hombres nativos de Montevideo.
Su 44% era seguido muy de cerca por un 40% de hombres nativos que
se habían declarado liberales.
Indicadores de Modernidad
Otro signo de la modernidad fue la
aparición de un nuevo modelo demográfico. La
natalidad comenzó a decrecer ya en 1890, la edad promedio
del matrimonio
femenino ascendió de 20 a 25 años, y comenzaron a
aparecer las primeras formas de control artificial de la
natalidad, denunciadas con vigor por el clero
católico.
De este modo llegó al siglo XX el país mas
tempranamente europeizado de América Latina.
El Uruguay es un país que ha tenido una historia
democrática diferente al resto de los países de
américa Latina en el silo XIX. Si bien desde su nacimiento
como país hubo tendencias prodemocráticas, el
ejercicio de la misma se vió interrumpido por factores
diversos como son: el caudillismo, la
proximidad a dos países grandes y la debilidad de las
instituciones. En particular diferente que Colombia, pero es
que los países mismos en sí son diferentes.La
experiencia del viaje en los políticos de Colombia y
Uruguay es manejada de forma similar por los políticos,
quienes persiguen fines similares. El fenómeno caudillista
aparece también en este país.
La sociedad se empieza a estructurar en la segunda mitad de
siglo. Si bien es verdad que esto fue una tendencia del imperio
británico para insertar a los distintos países en
el capitalismo y
constituirse en el Imperio Metrópoli proveedor de bienes
transables, es también cierto que Gran Bretaña
invirtió cuantiosas cantidades de dinero en
infraestructura uruguaya. Esto ocurrió en otros
países, pero en Uruguay fue notorio, además por las
dimensiones del país.
El asumir del gobierno ciertas atribuciones que antes llevaba la
Iglesia (Registro Civil,
por ejemplo) ocurrió en un espacio de tiempo similar a
otros países latinos. EN Uruguay fue en 1861, en Venezuela fue
en 1.873).
Las instituciones: Iglesia Católica, ejército y
gran propiedad, los tres pilares del orden conservador en
América Latina, eran débiles en el Uruguay. Sin
embargo, el conservadurismo que se observó en el
país a finales de siglo hizo posible el nacimiento del
Uruguay moderno.
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