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Hay diversos mecanismos de integración neuronal: convergencia/divergencia, sincronización, integración somatovegetativa, etc. (ver más sobre esto en en: http://neuronalintegration.es.tl/) Y se diría que para entender la mente desde el punto de vista fisiológico únicamente habría que entender estos procesos de asociación e integración de impulsos bioeléctricos. Digamos que los impulsos bioeléctricos son discretos y estereotipados (gracias a lo cual consiguen conformar códigos) y esto conlleva entre otras cosas que la transmisión de información mental en cada sinapsis esté cuantificada, y por tanto el proceso del pensamiento consiste en el procesamiento de cantidades discretas de información, lo cual significa que pensar no sólo es memorizar (como se acaba de exponer en el primer enlace que se ha puesto), sino que además pensar es medir (y por tanto la mente es un proceso físico), pues cada paso del proceso mental a lo largo del espacio-tiempo es un cambio del sistema en una cantidad medible (de hecho, a veces se habla de los bits de la mente, e incluso de los qbits). Y como dicha medida del cambio en el sistema (nervioso) es también una medida isomórfica y compatible del cambio de la propia realidad visible que se está representando en el sistema (nervioso), la mente es una medición de la propia realidad visible, es decir, la mente es una visión de la realidad (más o menos acertada), y también, a lo largo del proceso mental, una interpretación de la realidad (una percepción, por ejemplo, una percepción subjetiva). Y como dicha visión (y percepción) mental de la realidad es patente de por sí como tal visión (y audición, olfacción, etc.) de la realidad, la mente es un proceso consciente, no inconsciente, pues la mente da cuenta de la realidad de manera patente de por sí (es decir, cuando como sujetos conscientes percibimos una manzana nos damos cuenta que la visión de la manzana es un hecho patente de por sí, pues la manzana está a la vista en realidad como manzana, no como neuronas codificándola, como si dicha visión fuese una realidad efectiva de por sí de manera concreta, y no el resultado de un procesamiento continuo de información por unas neuronas que la están representando en el terreno de la abstracción, de manera que nuestra experiencia mental sobre la imagen de una manzana en ningún momento incluye la visión de las neuronas que la codifican, sino que en todo momento sólo vemos la manzana, y precisamente en esto consiste el que la información mental sea consciente: la información consciente es efectiva como si poseyera patencia de por sí, lo cual por supuesto tiene una ventaja evolutiva indudable: lo que se ve se toma por concreto también, y así, la manzana que se ve se toma por concreta y se puede optar por comerla, que es lo interesante en el fondo).
El comportamiento de los seres vivos inconscientes (como pueda ser el movimiento de una ameba usando sus seudópodos) es propositivo, da la impresión de perseguir un propósito (por ejemplo, moverse para acercarse al alimento y alejarse del veneno) pero no parece consciente (ver, al respecto: http://www.monografias.com/trabajos39/perspectivas-neurociencia/perspectivas-neurociencia2.shtml?monosearch ) pues obsérvese que un ser vivo que integra un comportamiento propositivo, como pueda ser una ameba que se acerca al alimento o se aleja de un veneno usando sus seudópodos, no parece que consiga esa patencia de por sí de la información que se procesa para lograr ese movimiento, ya que no codifica la información sobre el alimento o el veneno de tal manera que pueda dar cuenta del alimento de manera patente, sino que lo único patente es la respuesta motora, no un pensamiento abstracto previo sobre el alimento.
En la conducta propositiva se pasa de la detección del alimento al comportamiento correspondiente sin que la ameba pueda darse cuenta de la presencia del alimento, pues su presencia no se abstrae de manera patente en un sistema interno de la ameba que represente el alimento de manera isomórfica y patente de por sí. En cambio, en el tejido nervioso la información mental representa al alimento de manera isomórfica y de tal modo que consiga en la práctica parecer patente de por sí.
La ventaja (evolutiva) del procesamiento mental previo a un comportamiento, a pesar del no deseable aumento de complejidad que conlleva, sería que con una mente además de un propósito (acercarse del alimento y alejarse del veneno) podrá haber una intención (me acerco o me alejo porque quiero). Dicha intención no dejaría de ser un automatismo del sistema nervioso central, pero no por ello deja de haber dicha intención como novedad evolutiva. La diferencia con la ameba sería entonces que con una mente se puede pensar sobre el alimento y por tanto formular una pregunta: ¿quiero acercarme o alejarme del alimento? Y esto supone una mayor complejidad frente a la situación anterior (sin mente sólo había una alternativa para el ser vivo: acercarse al alimento cuando el estímulo alcanzase un nivel dado) y por tanto una mayor versatilidad en el comportamiento, y más capacidad de supervivencia dentro de ciertos límites de complejidad y congruencia.
Dicha patencia de por sí de la mente, patencia que la convierte en un proceso consciente, se manifiesta de manera efectiva (visible, detectable, patente) de dos maneras: por un lado, mediante un comportamiento motor derivado de dicho proceso mental consciente que se caracteriza por ser intencionado (decir mental y consciente es redundante, pues se diría que no hay mente inconsciente, pues en todo momento parece que hace falta un cerebro consciente, es decir, despierto, para que haya un proceso mental); dicho comportamiento derivado de un proceso mental no sólo manifiesta un propósito, como todo comportamiento vital (por ejemplo: acercarse del alimento o alejarse del veneno), sino que además de propositivo el comportamiento integrado a partir de un proceso mental parece intencionado, de tal manera que aparte de haber una respuesta orientada a la realidad, se diría que dicha realidad se conoce de manera abstracta y se piensa sobre ella abstractamente antes de dar salida a la respuesta correspondiente dentro de un mayor abanico de alternativas, y cuanto más complejo el sistema nervioso, más compleja la mente (y un exceso de complejidad incluso podría ser inconveniente desde el punto de vista evolutivo). La mente, ese proceso de pensamiento o computación efectivo en el terreno de la abstracción, da por tanto cuenta de la realidad de manera patente y abstracta (y además a escala, pues la representa tal como parece ser a determinada escala, sobre todo a gran escala, de manera que el comportamiento intencionado parece claramente dirigido a una realidad macroscópica, no microscópica, y así, un individuo demuestra intención de comerse una manzana, por ejemplo).
Además de a través del comportamiento motor que revela la intención final de esa mente, de entre las alternativas disponibles, la patencia de la mente también se puede poner de manifiesto mediante la percepción consciente subjetiva de la realidad mental patente. Es decir, la representación de la realidad en la mente es percibida también de manera subjetiva, y dicha percepción subjetiva es patente, es real, cada sujeto es consciente como sujeto, con su propia vivencia consciente individual, de la representación mental de la realidad que tiene lugar dentro de cada cráneo, así que dicha experiencia subjetiva es otra manera de hacerse patente que la mente es un proceso consciente, patente de por sí como forma de dar cuenta de la realidad de manera representativa e isomórfica, y a escala.
La subjetividad sería entonces otra propiedad de la mente, aparte de la conciencia, una propiedad mediante la cual es posible que la multiplicidad de información abstracta de la mente, a lo largo del proceso de asociación e integración de unidades de información mental, además de dar cuenta de la realidad de manera patente, se integre en un solo objeto mental, el sujeto consciente, y así, la mente, aparte de dar cuenta conscientemente de la realidad, se dará cuenta conscientemente de la realidad. Dicho objeto mental subjetivo, el sujeto, se caracteriza, mediante la propiedad de la subjetividad, por ser uno (cada uno de nosotros percibimos como un solo ente consciente por cráneo, cada mente corresponde a una sola persona), y se caracteriza por ser individual (indivisible) de manera que percibimos de manera subjetiva no sólo como un solo ente por cráneo, sino además un solo ente que no se disgrega en microentes, sino que permanece íntegro en su aspecto único y macroscópico mientras percibimos la múltiple realidad de manera consciente como sujetos conscientes, de tal manera que percibimos la multiplicidad de la realidad convencidos de ser un solo espectador de esa realidad, no una multiplicidad de espectadores (y sin embargo es falso, somos una multiplicidad, por ejemplo, una multiplicidad de neuronas, pues, de hecho, la multiplicidad que percibimos en la realidad no es la realidad, sino su representación en el cerebro, así que el cerebro es una multiplicidad, por tanto, toda nuestra percepción subjetiva de la realidad es ilusoria, y sin embargo, vivimos convencidos de ser una sola persona cada uno, pues en la práctica tal experiencia personal es efectiva como tal dentro de un margen de error despreciable, gracias, precisamente, y entre otras cosas, a que, por la manera en que funciona el cerebro, no nos sentimos una multiplicidad de neuronas; para ver más detalles sobre cómo este prodigio tiene lugar, ver en: http://www.monografias.com/trabajos57/conciencia-subjetiva/conciencia-subjetiva.shtml ).
La mente, o información consciente procesada por el tejido nervioso en forma de pensamiento (si no hay proceso parece improbable que haya conciencia), no sólo se hace patente en su propiedad de la conciencia por esta posibilidad de ser una representación abstracta y a escala de la realidad, sino que además dicha representación se caracteriza por ser efectiva de por sí en la práctica, es decir, aparenta con eficacia ser concreta (la manzana que percibimos ahí fuera nos parece objetivamente concreta), dicho de otro modo, la mente (sus contenidos) consigue la apariencia ilusoria de no ser idéntica a su sustrato material (las neuronas interaccionando, es decir, la imagen de una manzana en ningún momento parecen neuronas interaccionando, sino sólo una manzana).
La mente se caracteriza por no parecer idéntica al sustrato material que es el que verdaderamente conforma dicha información abstracta-representativa (se va a ilustrar qué significa esta difícil idea con un ejemplo: este logro evolutivo de conseguir que la mente no parezca idéntica a las neuronas que la constituyen sería como conseguir ver la imagen de un árbol en una fotografía sin ver el papel fotográfico y el pigmento sobre él, como si la imagen poseyese entidad concreta de por sí, por ejemplo, en cuanto a su significado como árbol, en vez de ser una organización de pigmento fotográfico sobre un papel fotográfico, como si no estuviésemos viendo la fotografía de un árbol, sino un árbol de verdad).
Esta importante característica de la información consciente, la de lograr en la práctica parecer que no es idéntica al sustrato material que la conforma, aunque lo sea, es lo que hace posible que el comportamiento consciente sea efectivo como si aquello hacia lo que se acerca o se aleja el individuo consciente estuviese verdaderamente "ahí fuera", y no sólo en la mente del individuo, lo cual es un logro evolutivo interesante, dado que lo que está "ahí fuera", en la práctica está "ahí fuera" verdaderamente a ciertos efectos a determinada escala (como pueda ser la comida, o un predador), por lo que parece evolutivamente conveniente que la información consciente posea esta propiedad, es decir, que vivamos pendientes de lo que está "ahí fuera", pues es lo conveniente en la práctica, sino creyésemos que una manzana lo es de verdad, no nos la comeríamos, y no sobreviviríamos.
Otra manera de confirmar esta ilusión de concreción que logran los objetos mentales conscientes consiste en la percepción subjetiva de la efectividad de dicha objetividad de lo que está "ahí fuera", de modo que subjetivamente de hecho se percibe que hay algo "ahí fuera" de manera objetiva, como manzanas, o casas, o gente (es decir, cuando miramos algo lo percibimos ahí fuera, no dentro de nuestro cráneo) lo cual es evolutivamente conveniente de nuevo, dado que de manera subjetiva también se integra gran parte del comportamiento motor consciente necesario para la supervivencia (no todo se hace con el "piloto automático" del subconsciente guiado por el instinto y la intuición, no todo es "intencionadamente involuntario" o "impulsivo", en muchas acciones participa el sujeto también, lo "intencionadamente voluntario").
Por tanto, los seres con un sistema nervioso más complejo (cerebro suficientemente grande y organizado tras evolución filogenética en ese sentido) manifiestan la conciencia, además de a través del comportamiento consciente, también mediante el fenómeno de la percepción (interpretación) de la realidad de manera consciente y subjetiva, en forma, en sentido figurado, de sujeto, es decir, en forma de individuo o ente único (uno sólo) e indivisible (individual), sujeto que, al emerger a escala macroscópica efectivo en la práctica como tal sujeto en un sistema que es consciente, además será un sujeto consciente, pues el cambio de escala en un sistema (cambio a escala macroscópica) con la emergencia de propiedades en dicha escala (propiedad de la subjetividad) no supone la desaparición de propiedades que ya hubiera en otra escala (la conciencia).
Dicho de otro modo: dado un sustrato material peculiar y dinámico (como pueda ser el tejido nervioso, los circuitos y redes neurales), con la forma de un conocimiento dado (dada una mente, el proceso de computación en dicho tejido), dicho conocimiento no sólo es patente (efectivo, real, detectable) como tal conocimiento, sino que además es un conocimiento con la propiedad de parecer que es patente de por sí (con concreción, con patencia de por sí), como si no fuera idéntico a su sustrato material, es decir, como si lo que la mente simboliza fuera una realidad concreta de por sí (intuición presumiblemente incorrecta, pues la mente no es efectiva por sí misma, sino que probablemente es idéntica al proceso neural, pero esta intuición incorrecta sobre la concreción de lo mental probablemente ha sido fundamental para el concepto de dualismo y para el concepto de solipsismo, que por tanto posiblemente son incorrectos), y dicha propiedad del sistema por la que la mente parece ser una realidad concreta de por sí sería la de la conciencia.
Por si no queda claro qué se quiere decir al afirmar que algo es concreto, véase el siguiente ejemplo: una manzana es reducible a átomos, y los átomos a partículas subatómicas. Las partículas subatómicas no se pueden reducir a nada más, o abandonaríamos la realidad, y estamos hablando de la realidad, no de un universo virtual imaginario, sino de la realidad palpable, cerebros palpables (sobre todo por neurocirujanos y patólogos). De modo que una manzana es una manzana de manera concreta sólo a gran escala, a simple vista en su caso, pues a pequeña escala es partículas subatómicas. De modo que desde un punto de vista microscópico una manzana sería algo inconcreto, y por tanto, abstracto. Pero a gran escala sí que una manzana consigue parecer algo concreto con un error despreciable en la práctica a ciertos efectos (por ejemplo, al efecto de comérnosla). Las partículas subatómicas no son reducibles, de modo que son concretas desde cualquier punto de vista dentro de la realidad (sin importar la escala desde la que consideremos su efectividad en la realidad).
En el caso de la mente hay abstracción por partida doble: en primer lugar, la representación de una manzana es abstracta, pues no hay una manzana en nuestro cerebro (hay neuronas), pero dicha representación mental de una manzana, aunque abstracta, consigue suficiente concreción en la práctica, pues permite integrar un comportamiento capaz de permitirnos comernos esa manzana como si fuese algo concreto colgando de un árbol a gran escala, y no sólo un montón de partículas subatómicas a cualquier escala. En segundo lugar la imagen de la manzana, como objeto mental, es abstracta, pues percibimos una manzana macroscópica, no un montón de partículas subatómicas que conforma una manzana macroscópica en el cerebro. Esta posibilidad de la mente de dar cuenta de la realidad como si la realidad macroscópica fuese algo concreto fuera y dentro del cerebro es posible gracias a que la mente consigue ser coherente con una realidad macroscópica fuera y dentro del cerebro. Y este prodigio es posible no sólo por lo que ya habíamos visto antes, que la mente puede ser efectiva como pensamiento congruente a escala macroscópica gracias a la organización en redes (con lo cual se consigue percibir concreción en lo que está fuera del cerebro), sino por algo más: porque la mente es información abstracta, precisamente, y por tanto puede abstraerse la idea de la concreción de la realidad a escala macroscópica (con lo cual se consigue percibir con concreción dentro del cerebro).
Abundante evidencia parece indicar que el tejido nervioso es el lugar en el que la propiedad de la conciencia es efectiva como tal propiedad. Por ejemplo, y en general: si el cerebro va bien, la conciencia va bien, si el cerebro va mal, la conciencia va mal (y resulta difícil afirmar lo mismo de cualquier otro sistema con tanta evidencia). El tejido nervioso es un sistema (ciertos objetos y las interacciones peculiares entre ellos; un objeto es lo que un observador determina como objeto; los objetos categorizables como elementos de un sistema durante un proceso físico sistemático dado poseen como propiedad el poder ser categorizables como elementales, es decir, aparentando irreducibilidad a determinada escala, en concreto, en la escala en la que dichas interacciones peculiares sean categorizables, como ocurre con las neuronas, que fueron categorizadas por Ramón y Cajal como la mínima unidad morfofuncional de este sistema a escala celular), de ahí que se considere a la conciencia una propiedad emergente.
No se sabe si hay conciencia en otros sistemas, pero en el nervioso parece haberla, pues eso percibimos como sujetos conscientes: que somos conscientes de las cosas. Si tal propiedad tiene que ver con las peculiaridades de este sistema, y es ello lo que tiene que ver con que dicha propiedad emergente sea efectiva en este sistema, entonces es posible que haya algunas características del sistema nervioso que permitan explicar la propiedad de la conciencia.
Observando el sistema nervioso, y de acuerdo con una interpretación lo más objetiva posible de dicha evidencia, se diría que dichas características podrían ser las siguientes (y se diría que de algún modo la conciencia es posible gracias a la conjunción de ellas): en primer lugar, de forma característica tiene lugar una transducción al entrar información en el sistema (por ejemplo: energía lumínica transducida en energía bioeléctrica; y además toda la energía entrante se transduce en un mismo tipo de energía, la bioeléctrica); en segundo lugar, la energía transducida en bioelectricidad es procesada de manera característica en forma de información abstracta, de manera que un tren de potenciales bioeléctricos probablemente actúa como una representación de, por ejemplo, cierta información lumínica, pero sin ser esa energía lumínica, pues la energía lumínica, los fotones, han sido absorbidos por el pigmento de la retina, y si la información bioeléctrica no es esa información lumínica, pero la representa, entonces es su abstracción; por ejemplo: vemos lo que hay fuera mediante la computación de potenciales bioeléctricos, no mediante la computación de fotones, lo cual quiere decir que si no se procesan fotones en concreto, sino una representación de ellos, la información sobre los fotones es una abstracción de ellos; en tercer lugar, esa información abstracta que representa la realidad es efectiva, es decir, es real, detectable, no virtual, los potenciales de acción son reales, de modo que la mente es de manera característica información real, no virtual o de otra naturaleza (así que la parte de la mente que no percibimos subjetivamente, el pensamiento "subconsciente", no es un proceso virtual, sino también real, y consciente, aunque no sea subjetivo); en cuarto lugar, el sistema es estable, una característica propia de la materia física elemental (algo, parece ser, aclarado en parte por Schrödinger y su ecuación), y por lo que se ve de algún modo dicha estabilidad tiene también sentido entendida así a escalas mayores que la elemental, gracias a lo cual el sistema es lo suficientemente igual a sí mismo a lo largo de un tiempo suficiente como para que la conciencia sea efectiva como propiedad (y también para que el sistema sea coherente, por supuesto, de tal manera que, y dicho de otro modo, el cerebro perdura dentro del cráneo el tiempo suficiente como para que haya mente); en quinto lugar, el sistema es excitable por la información de la que puede llegar a ser consciente (por ejemplo, la retina es excitable por la luz visible), y hay que recordar que la excitabilidad es una propiedad de los seres vivos, de sus células, lo cual quizá haya influido en que finalmente estén siendo los seres vivos (en particular los que poseen sistema nervioso) los que han podido desarrollar la propiedad de la conciencia; en sexto lugar, la información mental está cuantificada, pues es transmitida dentro del sistema potencial a potencial en las sinapsis, y dicha cuantificación otorga al procesamiento una versatilidad interesante para un pensamiento consciente, pues se puede organizar la información utilizando unidades de información discretas, con lo cual se pueden obtener logros como el de la posibilidad de codificar dicha información, así como el de lograr su coherencia; en séptimo lugar, la información mental está codificada, un aspecto que requiere más investigación, pero no sería de extrañar que el tren de potenciales que surge de una célula de la retina en respuesta a un tipo específico de fotones ante los que responde específicamente sea distinto al tren de potenciales de otro tipo de célula de la retina que responde a otro tipo de fotones, y por tanto, ambas respuestas distintas, y al ser estables en el sistema, compongan de hecho un código, por ejemplo (y simplificando mucho la idea): un código para cada tipo de fotón; en octavo lugar, la información mental posee significado, habiendo gran discusión entre los neurocientíficos sobre cuánto de ese significado es congénito y cuánto adquirido; en noveno lugar, también es simbólica; en décimo lugar, es computable; en undécimo lugar, es coherente, pero no sólo en cuanto a la congruencia de los significados consigo mismos y con el entorno que simbolizan (y además a escala), sino también coherente en el sentido matemático del término, gracias a lo cual es posible, por ejemplo, que el pensamiento sea el fundamento de un comportamiento conveniente; en duodécimo lugar, la información es compatible, por ejemplo, compatible con el entorno, gracias a lo cual este tipo de funcionamiento probablemente está siendo favorecido por la selección natural para su persistencia como parte de la evolución filogenética de las especies cuyos individuos son conscientes (recuérdese que, como no hay vida, sino seres vivos, no hay conciencia de manera concreta en lugar alguno, sino seres conscientes); en decimotercer lugar, y entroncando con el asunto de la excitabilidad, el sistema es sensible, en cuanto a que un cono es sensible a los fotones a los que es sensible, no a otros, gracias a lo cual se es consciente de lo que se es consciente (puede parecer una perogrullada, pero es precisamente gracias a que las cosas son como son, que la conciencia es posible); en decimocuarto lugar, el sistema es específico, de modo que los receptores sensoriales presentan especificidad, además de sensibilidad, y así, se es consciente de lo que se es consciente, y además no se es consciente de lo que no se es consciente, o de lo que no se puede ser consciente, todo lo cual permite al sistema la construcción de una visión realista de la realidad, algo supuestamente conveniente desde el punto de vista evolutivo; en decimoquinto lugar, la información mental parece ser isomórfica, en el sentido matemático del término (correspondencia biunívoca), de manera que la representación mental de una manzana a gran escala se debería parecer al aspecto que debe de tener una manzana a simple vista usando los ojos.
En decimoséptimo lugar, o preferiblemente en una clase aparte, la información mental, por ser consciente, posee como característica la posibilidad de disfrutar también de la propiedad de la subjetividad (pues no parece concebible una subjetividad inconsciente), siendo la subjetividad una propiedad de la mente, más que una característica de la conciencia, de manera que si surge la propiedad de la subjetividad en el sistema, además de poseer la mente la propiedad de la conciencia de la realidad (la computación de la realidad, o mente, como representación abstracta e isomórfica con patencia de por sí), habrá un sujeto disfrutando de esa conciencia de las cosas (ilusión de la no multiplicidad de la mente), es decir, la información consciente adoptando la forma de un ente individual (indivisible) y único (una sola "primera persona" por cabeza), de tal manera que la patencia lo será para alguien, y así, además de dar cuenta de la realidad, la mente se dará cuenta de la realidad en forma de experiencia única e individual, en la práctica, el individuo subjetivo consciente.
Si el sujeto consciente tomado como ente concreto fuera idéntico a su sustrato (idéntico a un estado morfofuncional particular de esa mente, siendo la mente la información abstracta procesada por ese sistema nervioso), entonces carecería de entidad concreta de por sí, y así parece ser, pues en nuestro cráneo hay neuronas, no un sujeto. Lo patente de manera consciente es en la práctica, sin embargo, un contenido concreto, como la imagen de una manzana, pues nuestra experiencia vívida es la de la concreción de la realidad, aunque al racionalizarlo y reflexionar cada uno sobre la cuestión sepamos que dicho contenido es una abstracción, no una manzana concreta (por otro lado, esa apariencia de concreción de la imagen mental de una manzana es precisamente lo que definiría a la conciencia como propiedad de la mente, el que la imagen de una manzana parezca la percepción de una manzana, y no la representación de dicha percepción, y también carecerían de sentido por ello el dualismo y el solipsismo).
Con todo lo dicho, entonces carecería de sentido plantearse cuál es la esencia concreta de la conciencia, qué es en esencia la conciencia, pues se limitaría a ser la propiedad de un proceso de computación que opera con efectividad en el terreno de la abstracción. Lo interesante entonces no es qué es la conciencia, al ser esta una pregunta sin sentido, siendo entonces lo interesante cómo es el proceso físico sistemático peculiar cuya propiedad es la conciencia, de qué manera tiene lugar el proceso físico sistemático de computación en el cerebro cuando tal propiedad de la conciencia es efectiva con sus características (efectividad, abstracción, codificación, patencia de por sí, etc. y con la propiedad de la subjetividad cuando corresponda). Diríase al menos, de entrada, a partir de la evidencia clínica (la correlación mente-cerebro) que la propiedad de la conciencia es indisoluble del proceso físico sistemático peculiar conocido como mente, o pensamiento en el tejido nervioso de un ser vivo. Desconozco cuál es la cantidad mínima de tejido nervioso, y el grado de organización neuronal mínimo para afirmar si un ser vivo es o no consciente, es decir, desconozco si en el tejido nervioso de una esponja ya se puede hablar de conciencia (lo dudo, pues sus neuronas no forman circuitos neuronales), o si una hormiga ya es consciente (eso parece, aunque sea una conciencia simple en comparación con la de seres más complejos, por ejemplo, no parece que una hormiga sea un sujeto consciente, y por supuesto tampoco parece por tanto que pueda tener autoconciencia, o conciencia del yo, conciencia reflexiva en general).
Es posible que la propiedad de la conciencia sea indisoluble del proceso físico sistemático conocido como mente (siendo la mente la computación de objetos mentales en el cerebro, o pensamiento, o transformación de códigos neurales mediante la sistemática interacción neuronal). Dicho de otro modo: es posible que carezca de sentido plantear la posibilidad de una mente que sea inconsciente, por definición. Según esto, en el concepto de mente quedarían incluidos tanto el pensamiento consciente subjetivo (el que experimentamos cada uno de nosotros como individuos conscientes) como el consciente infrasubjetivo o lo que coloquialmente se conoce como subconsciente (todo lo que nuestro cerebro pergeña incesantemente sin que como individuos conscientes parezcamos participar, pero que sabemos que está ahí y que surge, por ejemplo, en forma de problemas resueltos intuitivamente, recuerdos encontrados sin saber cómo, cálculos complejos cuya solución brota automáticamente sin saber cómo, cosas que hacemos sin darnos cuenta como cerrar puertas con la llave, andar en bicicleta sin caernos mientras vamos pensando subjetivamente en otras cosas, y tantas otras cosas por el estilo), pues el subconsciente sería no-subjetivo pero sí consciente, pues se trataría también de un conocimiento capaz de ser efectivo como tal conocimiento al margen de su sustrato, pues esa impresión dan los comportamientos aparentemente conscientes integrados al margen del control subjetivo, por ejemplo: el cálculo numérico sencillo (como pueda ser: 8 + 7) que se hace subconscientemente y cuyo resultado completo (15) emerge de manera aparentemente instantánea de manera subjetiva, sin necesidad de hacer el cálculo subjetivamente, o, por ejemplo, como ocurre con los pacientes que esquivan obstáculos en la ceguera cortical, que ven los objetos con un cerebro consciente (es decir, despierto) aunque no perciban los obstáculos como sujetos (pero su comportamiento intencionado revela que hay dicha conciencia del obstáculo de manera infrasubjetiva); esto obliga a plantear como posibilidad que la definición habitual de conciencia, darse cuenta como sujeto de las cosas, sea incompleta, pues al margen del sujeto, aunque el sujeto no se dé cuenta de las cosas, es posible seguir dando cuenta de las cosas con el mismo órgano y de igual manera (con el mismo proceso neural), es decir, de manera consciente, como demuestra por ejemplo el comportamiento intencionado integrado al margen del sujeto (mediante la computación de esas cosas en forma de objetos mentales procesados mediante interacción neuronal), por lo que es posible que no haya que restringir la propiedad de la conciencia al sujeto, y sea el sujeto entonces algo más que sólo conciencia, sino más bien conciencia + subjetividad.
Esto significaría que conciencia y subjetividad serían dos propiedades mentales distintas, no una sola, aunque en el caso de la subjetividad no pueda ser efectiva por sí sola sin la conciencia (no hay sujeto consciente sin conciencia, aunque probablemente pueda haber conciencia sin subjetividad, pues todo parece indicar que puede haber pensamiento abstracto y plenamente representativo de la realidad, y patente de por sí en la práctica, con un cerebro despierto al margen del sujeto consciente que "habita" a ratos en ese mismo cerebro, como demuestra el pensamiento subconsciente, que cuando emerge en la subjetividad parece tan coherente y consciente como el subjetivo).
Esta imposibilidad de la propiedad de la subjetividad de ser efectiva sin que a la vez sea efectiva la propiedad de la conciencia, quizá sea lo que en el lenguaje común lleve a identificar a la conciencia con el sujeto consciente, como si la conciencia fuese lo mismo que el sujeto, o incluso el "yo", si nos ponemos más coloquiales, cuando probablemente no es así, serían dos propiedades no identificables, aunque sean inseparables durante la efectividad de un sujeto, ya que todo sujeto, para ser efectivo como sujeto, debe ser consciente por necesidad: no hay sujetos inconscientes, que se sepa.
En medicina, por ser útil para el diagnóstico y tratamiento de los pacientes, se categorizan los estados de conciencia separando por un lado el nivel de conciencia (grado de alerta o vigilia, grado en que se está consciente o despierto), y por otro el contenido de la conciencia (afasia, agnosia, etc.), o el modo de ser consciente, aun cuando estar y ser consciente se trata de un solo fenómeno (vigilia y contenido de la conciencia son una sola cosa aunque se puedan categorizar por separado en la práctica a determinada escala de medición categórica y con determinados métodos de medición objetiva, como pueda ser la observación y exploración clínica). La conciencia, desde este punto de vista categórico, es una suma de estar y ser consciente, no se puede ser consciente sin estar consciente, y viceversa; su categorización por separado es artificiosa, y posible a ciertos efectos a determinada escala (a escala macroscópica confinada), y útil para tratar a los enfermos desde el punto de vista clínico.
Otro asunto de interés: cómo surge la propiedad de la subjetividad. Es decir, interesa la explicación a escala microscópica (el correlato neural) de la experiencia mental descrita en primera y única persona a escala macroscópica: cómo se explica a escala microscópica la propiedad mental de la subjetividad que "emerge" y se describe a escala macroscópica confinada.
Desde hace décadas se investiga la sincronización como mecanismo de integración neuronal [1] [2], tanto la sincronización de señales simples, neurona a neurona, como señales complejas, en poblaciones neuronales. Sincronización es coincidencia de fase.Los mecanismos de integración neuronal (convergencia, internuncialidad, reentrada, sincronización, integración somatovegetativa, etc.) son importantes para entender el proceso morfofuncional de asociación (sucesión sistemática) e integración (suma) de señales en el sistema nervioso: el proceso mental. Por ejemplo: se procesan señales de dos ojos a la vez, pero percibimos subjetivamente una imagen integrada. Las imágenes de los dos ojos se integran en una mediante su coincidencia en el tiempo. Así, una señal sensorial múltiple se integraría en una percepción única, que es lo efectivo desde el punto de vista subjetivo, pues somos efectivos como un sujeto consciente de muchas cosas a la vez, no como muchos sujetos a la vez conscientes de una sola cosa. La sincronización neuronal, como posible correlato neural de la subjetividad, presenta una pega: una coincidencia de fase implicaría la homogeneización de las señales neuronales, y sin embargo lo que percibimos es único pero heterogéneo (no se pierde el orden, la heterogeneidad local), por ejemplo, si contemplamos una manzana percibimos a la vez su forma y su color. Si percibimos heterogeneidad, y forma y color estuvieran codificadas en patrones espaciotemporales de descargas de trenes de señales simples, la sincronización no podría ser el mecanismo de integración de estas señales simples en correlación con la percepción subjetiva, porque la sincronización conlleva homogeneización, mientras que la percepción subjetiva es de por sí heterogénea.
Por tanto, debería haber otro mecanismo de integración neuronal, que lógicamente debería consistir, hipotéticamente, en lo siguiente: la entrada transitoria en coherencia entre señales neuronales corticales simples.
Esta coherencia consistiría en el mantenimiento de una diferencia de fase constante entre señales simples. No hay que confundir señales simples con señales complejas, ni coherencia con sincronización: a la coherencia con frecuencia se la denomina sincronización de fase, y de hecho ya es algo investigado entre señales complejas [3], y a la sincronización con frecuencia se la llama coherencia (por ejemplo, en la descripción de la coherencia inter-hemisférica, en electroencefalografía).
Para probar esta nueva hipótesis habría que detectar lo que aquí se predice: actividad coherente transitoria entre señales simples de neuronas compatibles de corteza cerebral, mediante electrodos intra-neuronales, por ejemplo en corteza occipital entre áreas V1 y V2 (correspondientes a forma y color, pues forma y color los percibimos integrados en una sola "cosa" a simple vista, por ejemplo, no vemos dos manzanas, una por su forma y otra por su color, sino una sola, con su forma y su color), pues probablemente sea esta la clave para desentrañar el correlato neural de la subjetividad, así como su "mecanismo de emergencia", "mecanismo de emergencia" que, de existir esta actividad coherente predicha, a su vez tendría que consistir, lógicamente, en una recreación de una superposición de estados producto en corteza cerebral, una recreación a simple vista (a escala macroscópica confinada) de un entrelazamiento entre objetos mentales (como se explica en detalle aquí: http://www.monografias.com/trabajos57/conciencia-subjetiva/conciencia-subjetiva.shtml ).
Bibliografía:
1. Gray CM, Konig P, Engel AK, Singer W. Oscillatory responses in cat visual cortex exhibit intercolumnar synchronization which reflects global stimulus properties. Nature 1989; 338: 334-337.2. Tiesinga P, Fellows JM, Sejnowski T. Regulation of spike timing in visual cortical circuits. Nat Rev Neurosci 2008; 9: 97-109.
3. Varela FJ, Lachaux JP, Rodríguez E, Martinerie J.The brainweb: Phase synchronization and large-scale integration. Nat Rev Neurosci 2001; 2: 229-239.
Autor:
Manuel Fontoira Lombos.
Doctor en Medicina y especialista en Neurofisiología Clínica.
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