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Sistema económico: Aborigen, colonial y relaciones de trabajo (página 3)

Enviado por Donkan Fenix Davila



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Fue la teoría predominante a lo largo de toda la Edad Moderna (desde el siglo XVI hasta el XVIII), época que aproximadamente indica el surgimiento de la idea del Estado Nación y la formación económico social conocida como Antiguo Régimen en Europa Occidental. En el ámbito nacional, el mercantilismo llevó a los primeros casos de intervención y significativo control gubernativo sobre la economía, y fue en este periodo en el que se fue estableciendo gran parte del sistema capitalista moderno. Internacionalmente, el mercantilismo sirvió indirectamente para impulsar muchas de las guerras europeas del periodo, y sirvió como causa y fundamento del imperialismo europeo, dado que las grandes potencias de Europa luchaban por el control de los mercados disponibles en el mundo.

Como agente unificador tendente a la creación de un estado nacional soberano, el mercantilismo se tuvo en contra dos fuerzas: Una, más espiritual-jurídica que política-económica, fueron los poderes universales: la Iglesia y el Imperio, la otra, de carácter predominantemente económico fue el particularismo local, con la dificultad que produce a las comunicaciones y la pervivencia de la economía natural (en determinadas zonas los ingresos del estado eran en especie y no en dinero); mientras que la pretensión mercantilista es que el mercado cerrado sea sustituido por el mercado nacional y las mercancías como medida de valor y medio de cambio sean remplazadas por el oro. El mercantilismo ve la intervención del estado como el medio más eficaz para el desarrollo económico.

Otra tendencia del mercantilismo era robustecer hacia el exterior el poder del Estado, subordinando la actividad económica hacia ese objetivo, e interesándose por la riqueza en cuanto sirva de base para ella. El liberalismo considerará a la riqueza como preciosa para el individuo, y por ende, digna de ser alcanzada como fin en si misma: si el particular no debe pensar más que enriquecerse, es un hecho puramente natural e involuntario que la riqueza de los ciudadanos contribuya a aumentar la riqueza del estado. En cambio, para los mercantilistas, la riqueza privada es simplemente un medio, y como tal se subordina al estado y a sus fines de dominio.

A lo largo de este periodo durante el cual las hipótesis evolucionaron, aparece una literatura compleja, que da idea de que existe una corriente vagamente unificada. En el Siglo XIX, se extenderá por la mayoría de las naciones europeas, adaptándose a las características nacionales. Entre las escuelas mercantilistas se distingue: el bullionismo (o "mercantilismo español") que propugna la acumulación de metales preciosos; el colbertismo (o "mercantilismo francés") que por su parte se inclina hacia la industrialización; y el comercialismo (o "mercantilismo británico") que ve en el comercio exterior la fuente de la riqueza de un país.

A partir de esa época, las cuestiones económicas dejan de pertenecer a los teólogos. La Edad Moderna marca un giro con la progresiva autonomía de la economía frente a la moral y la religión así como frente a la política. Esta enorme ruptura se realizará por medio de consejeros de los gobernantes y por los comerciantes. Esta nueva disciplina llegará a ser una verdadera ciencia económica con la fisiocracia. Entre los muchos autores mercantilistas, hay que destacar a Martín de Azpilicueta (1492-1586), Tomás de Mercado (1525-1575), Jean Bodin (1530–1596), Antoine de Montchrétien (1576–1621), o William Petty (1623–1687).

La confianza en el mercantilismo comenzó a decaer a finales del siglo XVIII, momento en el que las teorías de Adam Smith y de otros economistas clásicos fueron ganando favor en el Imperio Británico, y en menor grado en el resto de Europa (con la excepción de Alemania, en donde la Escuela Histórica de Economía fue la más importante durante todo el siglo XIX y comienzos del XX). Adam Smith, que lo critica con dureza en su obra titulada Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones (conocida comúnmente como La riqueza de las naciones), califica el mercantilismo como una "economía al servicio del Príncipe".

Curiosamente, y si bien había sido una antigua colonia británica, los Estados Unidos de América no se adhirieron a la economía clásica, sino al régimen económico que fue llamado "sistema americano" (una forma de neo-mercantilismo) a través de las políticas de Alexander Hamilton, Henry Clay, Abraham Lincoln y por lo que más tarde serían las prácticas económicas del Partido Republicano, que a su vez se reflejaron en las políticas de los historicistas alemanes y economistas como Friedrich List. Esto duró hasta el surgimiento del New Deal tras la crisis de 1929.

Hoy en día la teoría del mercantilismo es rechazada por la mayoría de los economistas, si bien algunos de sus elementos en ocasiones son vistos de forma positiva por algunos, entre los cuales cabe citar a Ravi Batra, Pat Choate, Eammon Fingleton, o Michael Lind.

El mercantilismo es, por tanto, una doctrina o política económica que aparece en un periodo intervencionista y describe un credo económico que prevaleció en la época de nacimiento del capitalismo, antes de la Revolución Industrial.

DIVISIÓN NATURAL DEL TRABAJO

División del trabajo por el sexo y la edad, asignación de determinados tipos de actividad laboral al trabajador teniendo en cuenta sus particularidades fisiológicas y de edad. La división natural del trabajo surgió en los primeros estadios del desarrollo de la sociedad humana y precedió a la división social del trabajo.

DIVISIÓN SOCIAL DEL TRABAJO:

Separación de distintos tipos de trabajo en la sociedad de modo que los productores se concentran en determinadas ramas y clases de producción. La división social del trabajo se refleja en la división de la economía nacional en sectores (industria, construcción, agricultura, transporte etc.) y en ramas de la producción (industria ligera, construcción de maquinaria, metalurgia, ganadería, horticultura, etc.). La división social del trabajo, así como la división del mismo en una empresa, implica una especialización profesional de los trabajadores de la producción. El grado de desarrollo de la división social del trabajo caracteriza el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas. La primera gran división social del trabajo —separación de las tribus dedicadas a la ganadería— contribuyó a elevar sensiblemente la productividad del trabajo y creó las premisas materiales para el nacimiento de la propiedad privada, de la sociedad de clases. La segunda gran división social del trabajo —los oficios se separaron de la agricultura— contribuyó a la ulterior elevación de la productividad del trabajo y, junto a la primera gran división social del trabajo, hizo que se ampliara la producción de artículos destinados especialmente al cambio y que creciera la producción mercantil. El desarrollo de la economía mercantil y la ampliación del mercado condicionaron el surgimiento de la tercera gran división social del trabajo: la formación de la clase de los mercaderes. El progreso de la división social del trabajo en las sociedades basadas en la explotación presenta un carácter clasista antagónico y en parte encuentra su expresión en el nacimiento y desarrollo de la oposición entre la ciudad y el campo, entre el trabajo intelectual y el trabajo físico. Bajo el capitalismo, la división social del trabajo se desarrolla espontáneamente. El desigual avance de las distintas esferas y ramas de la producción, la anarquía de la producción social y la enconada lucha competitiva provocan una constante desproporción y un despilfarro incesante del trabajo social. En la economía capitalista la producción se especializa con miras a obtener ganancias. El proceso de desarrollo de la división social del trabajo acentúa el carácter social de la producción capitalista, creando las premisas materiales del socialismo. La división social del trabajo llega a rebasar los límites de la economía nacional, el comercio internacional se desarrolla sobre la base de la gran producción maquinizada y estas circunstancias hacen que surja la división capitalista internacional del trabajo (ver). Bajo el socialismo, la división social del trabajo se diferencia por principio de la división del trabajo en el régimen capitalista. Se desarrolla según un plan con miras al crecimiento de la producción social y a la elevación de la productividad del trabajo y ello con el fin de satisfacer las necesidades de la sociedad y de cada uno de sus miembros. El emplazamiento socialista de la producción, la especialización y la cooperación de las empresas abren amplias posibilidades para que se utilicen de manera más completa y eficiente el potencial de producción, los recursos laborales y materiales. Con el nacimiento del sistema socialista de economía mundial, la división social del trabajo rebasa el marco de los diversos pulses socialistas, aparece la división socialista internacional del trabajo.

PROPIEDAD:

Apropiación de los bienes materiales creados en la producción. La propiedad siempre se presenta bajo una forma históricamente determinada; su contenido y forma dependen del modo dominante de producción. Mientras que los científicos burgueses ven en la propiedad tan sólo una relación entre los hombres y las cosas, relación concebida como perpetua e inmutable, la teoría marxista - leninista considera la producción como la relación fundamental de producción entre los hombres, entre las clases sociales, relación que se expresa en la que se da entre ellos y las cosas y se modifica en consonancia con las cambiantes condiciones económico-sociales de vida de la sociedad humana. El papel principal en la apropiación lo desempeña la propiedad sobre los instrumentos y medios de producción. El carácter de la propiedad se determina en función de quienes son los poseedores de tales instrumentos y medios. A un estado y a un nivel determinado de las fuerzas productivas de la sociedad corresponde una forma de propiedad que les es inherente. En el régimen de la comunidad primitiva, donde el nivel de las fuerzas productivas era sumamente bajo, la propiedad sobre los productos del trabajo y los primitivos instrumentos de producción era comunitaria colectiva. Al descomponerse dicho régimen, surge la propiedad privada sobre los medios de producción y los resultados de la misma, así como sobre el trabajador que se convierte en propiedad del dueño de esclavos. Cuando aparece la propiedad privada sobre los medios de producción, nace la explotación del hombre por el hombre, la sociedad se escinde en dos clases: la de los explotadores y la de los explotados. En la sociedad feudal, continúa desarrollándose la propiedad privada. Es en la sociedad capitalista donde la propiedad privada sobre los medios de producción alcanza su máximo desarrollo, pues bajo el capitalismo todos los artículos, en lo fundamental, se producen como mercancías y son propiedad privada de individuos. A medida que la sociedad burguesa se va desarrollando, en la propiedad privada de los capitalistas se va concentrando casi la totalidad de los medios de producción y de los productos del trabajo. En la fase imperialista, los monopolios capitalistas más importantes en la industria, en la banca, en la agricultura y en el transporte poseen capitales gigantescos y son los dueños y señores de los destinos de la economía en la sociedad burguesa. El desarrollo de las fuerzas productivas contemporáneas, cada vez más sociales por su carácter, tropieza con los estrechos marcos de la propiedad capitalista privada. La anarquía de la producción y la falta de plan, la enconada competencia entre los dueños de las empresas capitalistas, las crisis económicas de superproducción, el bajo nivel de consumo de las masas trabajadoras, la existencia del paro forzoso de masas junto al hecho de que las empresas trabajan por debajo de su potencial de producción, todo ello demuestra que el régimen social basado en la propiedad privada capitalista ha caducado, se ha convertido en un freno para que la sociedad y sus fuerzas productivas avancen sin obstáculos, y debe ceder su lugar a un nuevo régimen social, régimen que abre amplios horizontes al progreso general tanto en la esfera de la economía, de la técnica y de la ciencia como en lo que respecta a la incesante elevación del bienestar de todos los miembros de la sociedad. En el régimen socialista (primera fase del comunismo) domina la propiedad social en dos formas: la estatal (de todo el pueblo) y la cooperativo-koljosiana. La primera pertenece a todo el pueblo en la persona del Estado y constituye la forma principal de la propiedad socialista, va unida a la forma y a la organización más elevada de la producción social. La segunda constituye una propiedad socialista de grupo, formada mediante la socialización de los medios de producción fundamentales de los campesinos y artesanos trabajadores que se asocian voluntariamente para establecer una economía colectiva. Bajo el socialismo, existe la propiedad personal de los trabajadores, que tiene como objeto los productos del trabajo destinados al consumo personal (los ingresos y ahorros procedentes del trabajo, parte del fondo de viviendas, objetos de uso doméstico, etc.). Constituye un tipo especial de propiedad personal la economía auxiliar individual de los miembros de las cooperativas agrícolas. Durante el paso del socialismo al comunismo se aproximan y se funden las dos formas de propiedad socialista; la creación de la base material y técnica del comunismo lleva a que se forme la propiedad comunista única en toda la economía nacional. Bajo el comunismo, todos los hombres trabajarán en consonancia con sus aptitudes, existirá una igualdad social completa, los miembros de la sociedad se encontrarán en las mismas condiciones de trabajo y de distribución y participarán todos, sin excepción, en la gestión de los asuntos de a sociedad. Las necesidades de los hombres se satisfacen a cuenta de los fondos sociales. Cada miembro de la sociedad poseerá una parte del consumo personal y dispondrá de ella (ver Propiedad socialista estatal, Propiedad cooperativa, Propiedad personal, Propiedad socialista).

PRODUCTIVIDAD DEL TRABAJO:

Rendimiento eficiencia de la actividad productiva de los hombres expresada por la correlación entre el gasto de trabajo (en escala de la sociedad, de una rama, de una empresa o de un solo trabajador) y la cantidad de bienes materiales producidos (establecida en dinero o en especie) en una unidad de tiempo. Se determina por la cantidad de tiempo invertido en elaborar la unidad de producción o por la cantidad de producción fabricada en la unidad de tiempo. El nivel de la productividad del trabajo es un índice importantísimo del carácter progresivo de un modo de producción de un régimen social dado. Todo nuevo régimen social, indicó Lenin, vence al que le precede consiguiendo una mayor productividad del trabajo. Elevar la productividad del trabajo significa economizar trabajo vivo y trabajo social, o sea, reducir el tiempo socialmente necesario para producir la unidad de mercancía, rebajar su valor. La proporción de trabajo vivo disminuye mientras que la proporción de trabajo pasado (materializado) aumenta relativamente y de tal modo que se reduce la suma global de trabajo encerrado, en la mercancía. En esta ley se manifiesta el decisivo significado del progreso de la técnica para el crecimiento de la productividad del trabajo. El nivel y los ritmos de crecimiento de la productividad del trabajo social dependen de muchos factores, ante todo del grado de desarrollo de las fuerzas productivas. "La capacidad productiva del trabajo depende de una serie de factores, entre los cuales se cuentan el grado medio de destreza del obrero, el nivel de progreso de la ciencia y de sus aplicaciones, la organización social del proceso de producción, el volumen y la eficacia de los medios de producción y las condiciones naturales" (C. Marx). Estos factores principales, de los que depende el crecimiento de la productividad del trabajo, no actúan de igual manera en las distintas formaciones económico-sociales; su acción es determinada por las relaciones de producción dominantes. La anarquía de la producción capitalista, la lucha competitiva, las crisis económicas de superproducción, la sub-utilización crónica de las empresas, el paro forzoso en masa, todos estos rasgos negativos de la sociedad capitalista, y muchos otros, hacen que los ritmos de crecimiento de la productividad del trabajo sean muy bajos y excluyen la posibilidad de que tal ritmo, bajo el capitalismo, aumente sin interrupción. Los capitalistas aprovechan el incremento de la productividad del trabajo en sus empresas para aumentar sus ganancias. En cambio, los trabajadores nada ganan con que la productividad se eleve. En el régimen socialista, la propiedad social, el carácter planificado del desarrollo de la economía socialista, el interés vital de los propios trabajadores en que la productividad se eleve y otros factores aseguran que los ritmos de crecimiento de la productividad del trabajo sean elevados e ininterrumpidos. El crecimiento incesante de la productividad del trabajo social se convierte en una ley económica absoluta del socialismo. En oposición a lo que sucede bajo el capitalismo, en la sociedad socialista elevar la productividad del trabajo constituye una fuente importantísima del crecimiento de la producción social y -sobre esta base- del bienestar del pueblo. Los factores esenciales para que crezca la productividad del trabajo en la sociedad socialista son: elevar por todos los medios el nivel técnico de la producción sobre la base de su electrificación, aplicación máxima de la química, mecanización y automatización, perfeccionamiento de los procesos tecnológicos; mejorar la organización planificada de la producción social haciendo que ésta se especialice cada vez más y eleve sin cesar su carácter cooperativo y combinado, haciendo que cambie de manera progresiva la estructura de la economía nacional forzando el desarrollo de las ramas y producciones más progresivas, (en la etapa actual, por ejemplo, las de la industria química, de la energética, de la electrónica, de la industria del petróleo, del gas, etc.). Se va convirtiendo en un factor cada día más importante en el incremento de la productividad del trabajo, la ciencia, que se transforma en una fuerza productiva directa. En cada empresa contribuye a elevar la productividad la organización científica del trabajo, organización que permite dar a la producción un carácter rítmico, utilizar en grado máximo las máquinas, equipos y mano de obra. Es un serio estimulo para que la productividad del trabajo aumente, distribuir según el trabajo realizado los bienes materiales, fortalecer el principio del interés material personal de los trabajadores en los resultados de su labor. Contribuyen a elevar la productividad del trabajo: perfeccionar la preparación técnica de los trabajadores, mejorar el nivel material y cultural del pueblo, desarrollar las múltiples formas de emulación socialista y difundir en gran escala la experiencia de vanguardia. En la presente etapa de la edificación comunista, importa más que nunca que la productividad del trabajo se eleve sin cesar. El paso gradual del socialismo al comunismo presupone llevar la productividad del trabajo a un nivel que supere la productividad del trabajo en los países capitalistas más desarrollados. El incremento de la productividad del trabajo -se indica en la resolución del XXII Congreso del P.C.U.S.- es un problema cardinal de la política y de la práctica de la edificación comunista, es condición indispensable para que aumente el bienestar del pueblo, para crear la abundancia de bienes materiales y culturales con destino a los trabajadores". En la U.R.S.S., para 1980, se ha señalado un incremento de la productividad del trabajo en 4-4,5 teces por lo que respecta a la industria, y de 5-6 veces en lo tocante a la agricultura.

Fuerzas productivas

"Fuerzas productivas" es un término de Marx que ha resultado etiquetado como una categoría específica del marxismo, lo cual es erróneo. En realidad las fuerzas productivas no son otra cosa que los "factores de producción" de la literatura económica tradicional, es decir Tierra, Capital, Trabajo, y Tecnología (que se agrega en el modelo neoclásico). Modernamente se ha intentado agregar otras formas conceptuales, pero siempre pueden ser remitidas a los factores básicos, como es el caso de nociones especificas como las de "Recursos Naturales"(renovables y no renovables), "capital humano", término usado para reconocer el estado de las capacidades científicas y técnicas y aptitud para el trabajo de una sociedad, etc. Como consecuencia, las "relaciones de producción", término igualmente de Marx, debe ser circunscrito al conjunto de relaciones entre los factores productivos, entre las "fuerzas productivas". El marxismo se afirma en la teoría de que el factor productivo esencial es el trabajo, por constituir el elemento vivo, la fuerza viva que despliega las capacidades físicas e intelectuales del hombre.

Por el contrario, algunos teóricos capitalistas llegan a pretender que el trabajo es prácticamente un "complemento" del capital. Olvidan estos teóricos el hecho de que el capitalismo es en esencia una masa, constituida por los detentadores o poseedores de los bienes de capital y de los bienes que instrumentan o controlan la distribución mercantil, incluyendo diferentes niveles del Estado. Una masa que es medible o estimable numéricamente si partimos de datos aproximados de las unidades de producción y sus propietarios, a los cuales podría agregarse niveles de personas asociadas en el compromiso de intereses comunes estrechos con los propietarios de aquellos bienes. Al hacer estas operaciones podemos concluir que la masa así denominada "capitalismo" es una ínfima proporción de las sociedades, pudiendo no pasar, en todo el planeta, de una cifra de treinta millones de personas.

La característica o carácter fundamental de las fuerzas productivas vivas, se verifica por dos roles institucionales básicos, que son: El de aquellos que venden su fuerza de trabajo a cambio de un salario y el de aquellos que adquieren esa fuerza de trabajo. Este es el modelo básico. Dicho modelo se amolda a las especificaciones de cada sociedad. En Venezuela y otros países subdesarrollados, por ejemplo, los asalariados asimilan o atraen a una gran masa de trabajadores independientes que ocupan una variedad de oficios ejercidos libremente pero que dependen de intercambios mercantiles de mínima escala, que arrojan un excedente económico a cuenta del trabajador; excedente que es transferido a otros en forma de servicios personales: no crean la mercancía sino que la distribuyen o intervienen en su circulación y la substancian con servicios variados.

El carácter de la fuerza de trabajo podemos describirlo con el examen cuantitativo, observándose que entre censos, la masa de asalariados en Venezuela creció a un ritmo promedio de 3,97% entre 1941 y 1981, mientras que la masa de patrones, propietarios de los medios productivos, disminuyó en el mismo período a una tasa promedio de 2,18%, como sigue:

Entre 1941 y el 2.004 la incorporación de la población apta para el trabajo, de 2,39% promedio interanual es inferior sensiblemente al crecimiento poblacional, que es de 3,1% promedio interanual para la serie 1950-2.005. El nivel promedio anual de incorporación de la población es el 56% de la población, vale decir que un 44% no tiene aptitud para el trabajo y debe existir a expensas de los aptos. Pero más grave aún es el hecho de que solo una fracción de esos aptos alcanzan la ocupación, observándose una proporción promedio del 57% entre 1941 y 2002, lo que supone que el 32% de la población soportó la producción del Ingreso.

Cuando se examina el impacto que tiene la desocupación, debe advertirse que si la proporción que produce el ingreso soportó la existencia de quienes no lo produjeron, sus remuneraciones quedaron reducidas a la redistribución que se otorgó a la masa global poblacional, pero la plusvalía arrancada al trabajador siguió siendo la misma, por lo cual el efecto final fue el la intensificación de la pena y el esfuerzo del trabajo. Esta situación se encuentra demostrada en los siguientes cuadros C.36 y C.37, donde inicialmente el promedio de remuneración por persona ocupada, entre 1950 y 2.005, medido en términos reales, fue de Bs. 30.061, pero la remuneración promedio verdadera fue de Bs.10.033, resultante de establecerse la distribución a toda la población. Esta última remuneración es la individualizada por las personas ocupadas, con lo cual el contraste con la plusvalía P que han entregado, es mucho más significativo.

OTRO CONCEPTO DE "FUERZAS PRODUCTIVAS":

Conjunto de los medios de producción y de los hombres que los emplean para producir bienes materiales. La parte material de las fuerzas productivas, ante todos los medios de trabajo, constituye la base material y técnica de la sociedad. En nuestra época, se convierte en fuerza directamente productiva la ciencia. La fuerza productiva principal está formada por los trabajadores, que crean los instrumentos de producción, los ponen en movimiento, poseen experiencia y hábitos de trabajo. Las fuerzas productivas expresan la relación que existe entre el hombre y los objetos y fuerzas de la naturaleza, el grado en que éste los domina. En el proceso de producción de los bienes materiales, los hombres desarrollan y perfeccionan los instrumentos de trabajo, crean nuevas máquinas, aprenden a explotar las riquezas naturales, amplían sus conocimientos, van dominando las leyes que rigen el desarrollo de la sociedad y de la naturaleza. Ello conduce a un crecimiento incesante de las fuerzas productivas. Por el influjo de este crecimiento y, ante todo, del perfeccionamiento de los instrumentos de producción, cambian las relaciones de producción (ver), y se modifica también el modo de producción (ver). A un determinado nivel de las fuerzas productivas corresponden determinadas relaciones de producción, en las que entran los hombres en el proceso de producción. "Lo que distingue a las épocas económicas unas de otras no es lo que se hace, sino el cómo se hace, con qué instrumentos de trabajo se hace. Los instrumentas de trabajo no son solamente el barómetro indicador del desarrollo de la fuerza de trabajo del hombre, sino también el exponente de las condiciones sociales en que se trabaja" (C. Marx). En una determinada fase de su desarrollo, las fuerzas productivas de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes. En las formaciones económico-sociales antagónicas -esclavista, feudal y capitalista- dicha contradicción se convierte en un conflicto insoluble, dado que las relaciones de producción, de forma de desarrollo de las fuerzas productivas, se convierten en un freno, en un grillete de ellas. La revolución social es la forma en que se expresa y se resuelve este conflicto (ver Ley de la correspondencia entre las relaciones de producción y el carácter de las fuerzas productivas). El capitalismo, después de haber desarrollado de manera gigantesca las fuerzas productivas, se convirtió en un obstáculo ingente para el progreso social. En la presente época de transición del capitalismo al socialismo, el conflicto cada vez más agudo, entre las fuerzas productivas y las relaciones capitalistas de producción, "plantea imperiosamente a la humanidad la tarea de romper la descompuesta envoltura capitalista liberar las poderosas fuerzas productivas creadas por el hombre y utilizarlas en bien de toda la sociedad" (Programa del P.C.U.S.). Bajo el socialismo y como resultado de la revolución socialista, en el transcurso de la edificación comunista, las contradicciones que surgen entre las fuerzas productivas en impetuoso crecimiento y algunos aspectos de las relaciones de producción que se han rezagado en su desarrollo, se eliminan perfeccionando a su debido tiempo dichas relaciones, con lo cual se asegura el desarrollo incesante y planificado de las fuerzas productivas en interés de toda la sociedad. La edificación de la base material y técnica del comunismo y la elevación del nivel cultural y técnico de los trabajadores: tal es la tarea cardinal que se he de cumplir para crear las fuerzas productivas comunistas.

Actividad económica

Consiste en la facultad que el hombre tiene de obrar sobre las cosas de la Naturaleza para aplicarlas á la satisfacción de sus necesidades, y se manifiesta por todo el orden de los esfuerzos y trabajos dedicados á conseguir ese objeto.

La actividad es una sola, como es uno el fin del hombre, y únicamente podemos establecer en ella clases y distinciones, calificándola de moral, científica y económica, etc., después de haber descompuesto el total destino humano en otros tantos aspectos diferentes. Esta consideración es importantísima, porque nos muestra el error de los que pretenden que los actos económicos se hallan fuera de las leyes generales de la actividad y regidos por un principio exclusivo: la utilidad, el interés, etc.—La actividad económica, como dirigida á un fin particular, ha de acomodarse en su aplicación á las condiciones de éste; pero la diferencia ó variedad de su desarrollo no toca, ni puede alterar lo que es fundamental y se refiere al motivo y criterio de toda conducta humana.

La actividad económica está subordinada á la razón, es libre, es responsable, tiene por móvil legítimo la idea del bien absoluto aplicado al orden de los bienes materiales, y ha de ejercitarse con la sanción y el acuerdo del principio religioso, del deber moral, de la obligación jurídica y del conocimiento científico. —El amor de si mismo, el interés y la conveniencia, son pues, aquí como siempre, nada más que principios secundarios.

Las leyes naturales, que rigen la actividad, no adquieren tampoco una eficacia especial, ni caracteres distintos, cuando se las refiere al orden económico; no se hacen fatales, ni se ejecutan por si mismas; siguen siendo de cumplimiento voluntario y no basta invocarlas, sino que es necesario obedecerlas.—Por esto la Economía no ha de reducirse á la investigación de esas leyes para pedir que se las deje hacer, y antes bien, consiste la principal misión de nuestra ciencia en procurar que la vida se acomode á las leyes naturales, determinando lo que debe hacerse para cumplirlas.

Agentes naturales. — Bajo esta denominación, aunque algo impropia, aceptada generalmente, se comprenden aquellas cosas de la Naturaleza, útiles para el hombre, sobre las que recae la acción del trabajo económico.

No todo lo que existe favorece la vida humana, pues entre los objetos que nos rodean hay algunos que nos son contrarios, que nos causan daño y aun producen nuestra muerte. Estos objetos no pueden ser considerados como agentes naturales; pero tampoco entran en esa categoría todas las cosas que sirven para nuestras necesidades.

La Naturaleza nos presta medios de dos clases: unos que se llaman continuos, en íntima comunicación con nuestro organismo y que utilizamos sin esfuerzo alguno de la actividad; tales son: el aire, la luz, el calórico y otros que se dicen discretos, separados de la necesidad, que han de ser aplicados á ella por nosotros mismos, como sucede con los minerales, las plantas y la mayor parte de los seres del mundo físico.

Los medios discretos, esos cuya utilidad califican algunos de onerosa, porque exige como condición el empleo del trabajo, son los que constituyen en Economía los agentes naturales. Sin embargo, también los medios continuos ó de utilidad gratuita pasan á ser discretos y agentes naturales; por lo tanto, cuando los aplicamos á algún servicio que ellos no prestan espontáneamente: el aire, usado como motor en el molino y el barco, ó para ventilar una mina, la luz para la fotografía, se encuentran en este caso.

Atendiendo á esa distinta índole de los agentes naturales, suelen dividirse por los economistas en apropiables é inapropiables. Los unos en efecto—la tierra, las minas, los animales, etc., —no sólo son susceptibles de propiedad, sino que ésta es condición necesaria para su aprovechamiento; mientras que los otros—el mar, la electricidad, etc., —rechazan todo dominio ó aplicación exclusiva, que seria inútil, por otra parte, ya que existen en cantidad ilimitada y pueden satisfacer á la par todas las necesidades.

Agio Agiotaje. — Especulación, que consiste en negociar utilizando las oscilaciones y diferencias en los precios de cualquier clase de mercancías, así como del numerario, de los documentos de crédito y de los títulos de la Deuda pública. —Se dice especialmente de la remuneración exigida en el cambio de monedas distintas y en el de los billetes de Banco por metálico.

Ahorro.—Es una forma del empleo ó consumo de la riqueza, que consiste en no aplicar la satisfacción de las necesidades actuales más que una parte del beneficio ó retribución obtenidos en la industria, destinando el resto á aumentar los medios de que se dispone para nuevas producciones y á la atención de las necesidades futuras.

La consideración del porvenir, privilegio del hombre sobre todos los demás seres finitos, es el fundamento de la virtud del ahorro, que equivale en el orden económico á las de la sobriedad y la prudencia...

Alquiler—Proponen algunos economistas esta palabra para significar, en general, la retribución fija de los capitales ó sea el tanto que éstos perciben en el préstamo; pero otros escritores quieren que signifique únicamente esa retribución cuando corresponde á un capital de los que se llaman fijos.

Dado que el uso distingue y la distinción es natural, entre las retribuciones del capital fijo y las del circulante, parece lo más lógico adoptar una denominación genérica, que debe ser la de interés para de signar el precio satisfecho por el uso del capital, bajo cualquiera de sus formas, aplicando luego la de alquiler ó arriendo para los capitales fijos—tierras, máquinas, etc., —y la de rédito, para los capitales circulantes —dinero, materias primeras, etc.

En este sentido, el alquiler ó arriendo no es más que una especie del interés y se rige por los principios generales, que determinan la retribución fija de los capitales. (V. Interés

Amortización. —Esta palabra tiene diversas acepciones económicas. Llamase así al hecho de pagar sencillamente las deudas, y á un procedimiento que consiste en reintegrar, por medio de entregas parciales y comúnmente periódicas, un capital empleado en la industria ó recibido á préstamo; y se llama también prima de amortización, ó amortización solamente, á cada uno de los tantos ó sumas dedicados á ese objeto. —Es de notar, según esto, la impropiedad que se comete, al decir amortización de capitales, cuando precisamente se trata de reconstituirlos, y lo que se extingue y muere no es un capital, sino al contrario, una deuda. Por último, amortización significa el estado de aquella propiedad que ha sido adjudicada perpetuamente á dueños determinados, á quienes se privan, al mismo tiempo, de la facultad de enajenarla.

Como medio para la formación de capitales, la amortización tiene la gran ventaja de que permite utilizar la fuerza poderosísima del interés compuesto, que pueden ir devengando las sumas acumuladas sucesivamente; pero sólo es un recurso eficaz, cuando se juntan las dos condiciones de un largo periodo de tiempo y una colocación productiva—El cálculo determina, en cada caso, ya la cantidad anual, ya el tiempo ó el interés, que son precisos para conseguir un cierto capital...

Ha querido aplicarse al pago de las deudas públicas la amortización por el interés compuesto; poro los resultados no correspondieron á las grandes esperanzas fundadas en esta idea, por falta de una de las condiciones que antes indicamos. Creyeron los Gobiernos que podían disfrutar los beneficios de ese sistema, y crearon para lograrlo las llamadas Cajas de Amortización. Al contraer un empréstito se señalaba una cantidad anual fija, el 1 por 100 generalmente, y se entregaba á la Caja, que la invertía en títulos, aprovechando las oscilaciones del mercado; cobraba luego el interés de estos títulos y debía emplearle, juntamente con la dotación anual en la adquisición de otros nuevos, hasta poseerlos todos. Así en un empréstito de 100 millones al 5 por 100, se señalaban 6 millones anuales en el presupuesto para dar uno á la Caja de amortización, y al cabo del primer año ya no existían más que 99 millones en manos de los acreedores; al terminar el segundo año, a Caja había recibido, además del millón correspondiente, el interés de los títulos, que adquirió en el primero, y que continuaba pagándose como si se hallaran en circulación, y lo empleaba todo en otros títulos; en el tercer año tenia el millón fijo, más los intereses de los dos anteriores, y de esta suerte, con el 1 por 100 anual y el interés de los intereses, en un período de treinta y seis años,— es decir, con 36 millones aparentemente, —la Caja debía adquirir todos los títulos del empréstito extinguiendo la deuda.

Matemáticamente ese procedimiento es indiscutible; pero desde el punto de vista económico el error estaba en que el Estado quería, especular consigo mismo, abonándose supuestos intereses, y multiplicar sus recursos colocándolos improductivamente, y la ilusión consistía en que seguía pagándose los cupones de títulos realmente amortizados, porque se hallaban en poder de la Caja; resultando de todo ello, que la deuda no se extinguía hasta que se sacaba su importe céntimo á céntimo del Tesoro público, sin ahorro, ni ventaja alguna. Por eso las Cajas de amortización fueron totalmente desechadas, y no ha quedado de ellas más recuerdo que el aumento de la deuda de las naciones, debido á la falsa idea de que podría reembolsarse fácilmente.—No hay más que un medio para formar capitales, la producción, y es inútil pretender que aquéllos se multipliquen allí donde ésta no existe. La extinción de la deuda pública, su amortización gradual y sucesiva, es una necesidad imperiosa de los Gobiernos, pero la única manera de conseguirla esta en los sobrantes de un presupuesto bien establecido.

Respecto de la propiedad, la amortización es un estado contrario á sus más esenciales condiciones. La circulación es la vida de la propiedad y con razón se llama amortizada, es decir muerta, á aquella que se petrifica

Arancel de Aduanas. —Es el cuadro ó lista, de las prohibiciones impuestas al comercio internacional, en un país determinado, y de los derechos que, en él, se exigen por la entrada y salida de mercaderías de cada clase.

Los aranceles y las aduanas, que los aplican, tienen un doble carácter: el fiscal, en tanto que establecen un impuesto sobre la circulación, y el reglamentario ó protector en cuanto se proponen influir en el mercado nacional, ora defendiendo á la industria de la concurrencia extranjera, hora impidiendo la salida de los productos del país. (V. Protección

Arbitraje. —Se llama así á la comparación de varios cambios y á las combinaciones hechas con ellos para que resulte favorable una operación de giro. — Los banqueros, en vista de los precios que tiene el papel sobre diversas plazas, calculan ó arbitran

Arte económico. -Siendo en general el arte un modo ó forma de la actividad, la actividad reflexiva, que obra partiendo del conocimiento, de un fin en todas sus relaciones, de la naturaleza de los medios que á él conducen y de la manera de aplicarlos, el arte económico será la acción sobre los bienes materiales, acomodada á las leyes de este orden y ejecutada en vista de ellas.—No consiste el arte en un conjunto de reglas, que sirven para hacer alguna cosa, sino en la realización de esos preceptos; como artista no es el que conoce la formula o reglas, sino el que as practica y obedece.

Asociación económica. —La sociabilidad es algo más que una tendencia que nos lleva á buscar el concurso de los otros hombres, porque el vínculo que nos une á ellos es superior á la voluntad. La unidad de nuestro fin, y la igualdad de los medios con que contamos para lograrle, dan el carácter de común á toda la obra humana, y nos permiten afirmar que somos no sólo sociables, sino socios unos de otros por ley de la misma naturaleza, eficazmente sancionada con la solidaridad, que hace á todos responsables de los actos de cada uno. Por eso hay asociaciones naturales, exigidas, ya por una necesidad física, como es la Familia, ya por una necesidad racional, como son el Municipio, la Nación y la Humanidad, cuya existencia es condición indispensable para el cumplimiento de nuestro verdadero destino.

Esas asociaciones naturales son otros tantos centros de relaciones y vida económica. En la familia se verifican actos de producción y consumo de la riqueza, en ella se forman los trabajadores y se acumulan los ahorros, que engendran el capital, y de aquí que tengan gran interés económico todas las cuestiones relativas al régimen de los bienes en el matrimonio, á las sucesiones, etc. El municipio, á su vez, da origen á necesidades comunes y requiere un sistema de prestaciones que sirva para atenderlas, y la nación de igual manera, aunque en escala mayor, reviste de un carácter peculiar los hechos económicos, impone también gastos colectivos y emplea para satisfacerlos la contribución y el crédito público. La asociación humanidad, aunque no constituida de una manera perfecta, se anuncia ya en lo económico por el crecimiento incesante de las relaciones de esta clase y por algunos actos internacionales, como los tratados de comercio y las exposiciones industriales.

Además de las sociedades totales, ó que abrazan en conjunto los fines de la vida, cada uno de éstos particularmente da lugar á una nueva asociación formada con todos los esfuerzos y los medios dedicados á cumplirle. La religión, la moralidad, la ciencia, el derecho, y del mismo modo la industria, deben constituir grandes círculos, dentro de los cuales se organice la actividad á ellos consagrada; el movimiento para esa construcción no está más que iniciado todavía; pero su término será la consecuencia del progreso. El fundamento y las ventajas de estas asociaciones consisten en general en que nuestras facultades adquieren una gran potencia unida á otras semejantes; y bajo el punto de vista económico, en que la multiplicidad de las necesidades humanas no permite que sean atendidas por el solo esfuerzo propio. Si cada hombre hubiese de adquirir por sí mismo todos los medios materiales, que le son precisos, su existencia seria muy penosa en cuanto al trabajo y muy miserable en cuanto á satisfacciones, mientras que dedicándose cada cual á una sola industria, á aquella cuyos agentes naturales están á su alcance y para la que tiene más aptitud,— división del trabajo,-conseguirá cierta clase de productos en mayor cantidad de la que necesita y podrá ofrecer el sobrante, -cambio, -á otro productor que se encuentre en el mismo caso respecto de un articulo distinto. De este modo cada uno trabaja para los demás, recibiendo de ellos servicios equivalentes, y se establece una positiva comunidad de intereses. —El orden económico es, sin duda, el que se halla más adelantado en la formación de un organismo especial, porque las industrias tienden á engranar unas con otras y el comercio mantiene y normaliza frecuentes relaciones entre todas ellas; pero aun falta muchísimo para que llegue á establecerse una verdadera cooperación en que no haya esfuerzos aislados y puramente arbitrarios, que resultan, unas veces estériles por lo excesivos, y otras insuficientes para su objeto por no guardar el lugar ni la proporción a que debieran acomodarse.

Las sociedades voluntarias ó creadas por el expreso consentimiento de los que entran á formarlas, se proponen la consecución de un fin concreto y especial. Los elementos necesarios para establecer una industria suelen no hallarse en manos de una sola persona, y entonces se reúnen mediante el acuerdo de sus poseedores; esto puede tener lugar de dos maneras distintas, y por eso son dos las formas de la asociación productiva voluntaria: la empresa y la sociedad propiamente dicha. En la empresa, una persona ó entidad colectiva acepta toda la responsabilidad del negocio y satisface con una retribución fija los servicios del capital y del trabajo ajenos, cuyo concurso utiliza; y en la sociedad, todos los que intervienen en la producción, ya sean capitalistas ó trabajadores, participan de las ganancias y de las pérdidas a que dé lugar aquélla. Las sociedades industriales son de tres clases: colectivas, anónimas y comanditarias: en las primeras, el socio

Compromete todo su haber; en las anónimas, que se constituyen por acciones, sólo se arriesga el capital aportado, y en las comanditarias, que tienen un carácter mixto, hay socios colectivos que llevan la dirección, y otros, los comanditarios, que sólo participan de las ganancias y de las pérdidas en proporción á sus aportaciones.

Una de las aplicaciones más interesantes, que se han hecho de la asociación voluntaria económica, consiste en la creación de las sociedades cooperativas: reuniones de obreros que tienen como objetos principales; suprimir en la industria la mediación del empresario, convirtiendo el salario en dividendo, disfrutar las ventajas del crédito, por medio de la responsabilidad colectiva y obtener á bajo precio los artículos de subsistencia mediante la organización de los consumos en comunidad. (V. Sociedades cooperativas

Ausentismo o Absentismo. -Este vocabulario do origen inglés, que no admite nuestro Diccionario de la Academia, sirve para indicar la conducta de aquellos capitalistas, que abandonan á colonos ó á manos mercenarias el cuidado de las propiedades he industrias que poseen, para vivir y gastar sus rentas en las capitales ó grandes poblaciones. El absentismo, causa daños económicos por lo que merma la producción, y graves trastornos sociales porque arrebata á los campos y á las pequeñas localidades sus elementos de vida. —Los socialistas sacan de estos hechos un poderoso argumento

Avaricia. -Es un vicio, que consiste en restringir violentamente el consumo, no aplicando á la satisfacción de las necesidades la riqueza disponible, y conservándola por el mero placer de poseerla. La avaricia, efecto de una aberración, que convierte en fin de la actividad lo que es solamente un medio, es síntoma de degradación moral y perjudica la riqueza porque arrebata temporalmente á la circulación y á la industria capitales, que debieran alimentarlas.

 

 

 

La Perspectiva Postmarxista

Dentro de esta corriente nos interesa en particular lo desarrollado por Ricardo Antunes (1996) y Sotelo Valencia (2003)

Antunes, señala que la globalización ha significado transformaciones no solo en la materialidad de los trabajadores, sino también en la subjetividad de los mismos:

"La década de los ochenta presenció, en los países del capitalismo profundas transformaciones en el mundo del trabajo, en su forma de inserción en la estructura productiva, en las formas de representación sindical y política. Han sido tan intensos los cambios, que hasta se puede afirmar que la clase que vive del trabajo ha sufrido la más aguda crisis de este siglo, que ha afectado no solo su materialidad sino que ha tenido repercusiones en su subjetividad y el íntimo interrelacionamiento de estos niveles, ha afectado su forma de ser." (Antunes, 1996: 13)

Antunes se basa en el análisis de las repercusiones e impactos que ha tenido en el mundo del trabajo las innovaciones tecnológicas de los últimos años, así como las transformaciones del modelo productivo fordista y su desplazamiento por el postfordista cuya experiencia más notable la constituye el "toyotismo" y la "especialización flexible". Tales conmociones lo lleva a las siguientes interrogantes: ¿Está desapareciendo la clase obrera?, ¿Estamos en las puertas del fin del trabajo?, ¿Se pierde la centralidad de la clase obrera en la sociedad?, y finalmente, ¿Pierde la categoría "trabajo" el estatuto central que hasta ahora ha ocupado en la sociedad?

La respuesta que Antunes da a estas interrogantes son las siguientes:

"Se observa, en el universo del mundo del trabajo en el capitalismo contemporáneo, un múltiple proceso: por un lado se ha verificado una desproletarización del trabajo industrial, fabril, en los países del capitalismo avanzado. En otras palabras, hubo una disminución de la clase obrera industrial tradicional. Pero, paralelamente, se ha efectuado una importante expansión del trabajo asalariado, a partir de la enorme ampliación del asalariamiento en el sector de servicios; se ha verificado una significativa heterogeneización del trabajo, expresada a través de la creciente incorporación del contingente femenino en el mundo obrero, se vive también una subproletarización intensificada. El más brutal de esas transformaciones es la expansión, sin precedentes en la era moderna, del desempleo estructural." (Antunes, 1996:35)

En suma, para este autor, el trabajo en la era de la globalización se resume en lo siguiente:

a) Disminución del proletariado industrial

b) Expansión del trabajo asalariado

c) Tercerización del trabajo

d) Aumento de la mano de obra femenina e infantil

e) Precarización del trabajo

f) Desempleo estructural

En cuanto a las repercusiones que estas transformaciones del mundo del trabajo han tenido en las subjetividades y en el movimiento sindical, Antunes señala que la clase trabajadora se ha convertido en más heterogénea, fragmentada y compleja y en cuanto a sus movimientos, estos han experimentado una significativa merma, que se aprecia en la reducción de las tasas de sindicalización a nivel mundial, fenómeno este que denomina "desindicalización". Junto con ello aparece las tendencias hacia el allanamiento sindical o "sindicalismo horizontal" de mayor alcance y que agrupa a las esferas íntergremiales.

Finalmente señala las tendencias en las relaciones de trabajo contemporáneas:

1. La individualización de las relaciones de trabajo

2. La desregulación y la flexibilidad laboral

3. El agotamiento de los sindicales con tres variantes:

3.1- El modelo anglosajón que apunta a la eliminación de los sindicatos

3.2- El modelo alemán basado en las relaciones tripartitas

3.3- El modelo japonés basado en el sindicato de empresa de carácter participacionista.

En otro autor de la corriente marxista, Sotelo Valencia (2003), concibe la actual fase del capitalismo mundial como un proceso de extensión de la ley del valor marxista y, por ende, de la superexplotación del trabajo generalizada. Tal como lo señala este autor:

"La superexplotación, en cuanto régimen de explotación del capital en las sociedades dependientes y subdesarrolladas, se está convirtiendo también en un régimen de explotación de la fuerza de trabajo en los países capitalistas desarrollados con el fin de contrarrestar los efectos perniciosos de la larga depresión de la economía mundial en sus declinantes tasas de crecimiento, de rentabilidad y de producción de valor y de plusvalía". (Sotelo, 2003:2)

Los planteamientos centrales de este autor se pueden resumir de la siguiente manera:

a) El aumento de la explotación del trabajo es una ofensiva del capital para contrarrestar la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, agudizada en los últimos años.

b) Para el aumento de la plusvalía el capital se vale de la eliminación de los sistemas de seguridad social, la desregulación y flexibilización del trabajo, así como, la eliminación de los derechos laborales.

c) La globalización implica una agudización del proceso de transnacionalización de la economía capitalista y una mayor concentración de capital, cobrando vigencia en este escenario la ley marxista del valor.

d) La superexplotación del trabajo es una tendencia generalizada en todo el sistema mundo capitalista y no limitada a los países periféricos.

e) La etapa actual de la economía mundial muestra que la mayoría de las categorías de obreros estará sometida a regímenes de precarización laboral y a crecientes deterioros en sus condiciones de vida y de trabajo.

f) Debido a un debilitamiento de la estructura sindical mundial y de las luchas obreras, el curso ulterior que han asumido las políticas reestructuradoras del capital se concentra en tres dimensiones: tendencias muy fuertes a la rebaja de los salarios; aumento de la explotación y superexplotación en todas sus facetas y, extensión de la precarización del trabajo como un fiel reflejo de la imposición de la flexibilidad laboral.

Los planteamientos de estos autores marxistas resultan muy similares, coinciden en reivindicar la visión marxista del trabajo en los tiempos de la globalización, cumpliéndose en buena medida las premisas de la ley del valor trabajo: explotación, desempleo, disminución de los salarios y deterioro de la calidad de vida y de los derechos de los trabajadores. Así mismo, reconocen la debilidad del movimiento sindical y que esta decadencia de la resistencia de los trabajadores ha favorecido los procesos de desregulación flexibilización del trabajo.

La Perspectiva Neoliberal

Las tendencias del trabajo contemporáneo vistas como nefastas y pesimistas bajo la óptica marxista adquieren otro carácter en la perspectiva neoliberal. Así se puede entender en Milton Friedman (1980):

"La obsesiva preocupación por el mercado económico ha dado lugar a una angosta interpretación del concepto de interés personal como egoísmo miope, como el exclusivo interés por las ganancias materiales inmediatas. Se ha censurado la economía, porque según se afirma, llega a conclusiones trascendentales a partir de un hombre económico imaginario, que es poco más que una máquina calculadora, sensible a los menos estímulos monetarios. Esto es gran error. El interés personal no equivale al egoísmo miope, sino que engloba todo cuanto interesa a los participantes en la vida económica, todo lo que valoran, los objetivos que persiguen". (Friedman, 1980: 48)

Esta concepción del individualismo será el punto de partida para configurar escenarios positivos en la era de la globalización, las bases en la que se sustenta este optimismo no son otras que el desmoronamiento del Estado regulacionista, el fin de la rigidez del mercado de trabajo y el imperio del mercado.

Para Hayek (1978) por ejemplo, el Estado regulacionista es una fuente de problemas, y su lugar debe ser tomado por el mercado:

"Sólo el mercado puede realizar de manera adecuada la asignación de recursos, pues ninguna persona o conjunto de personas podría lograr el conocimiento perfecto de todas las circunstancias que están actuando en el mercado a cada momento" (Hayek, 1978: 204)

Tal como señala Ulrich Beck (2000), a partir de las transformaciones que implica la globalización, los neoliberales pueden construir un escenario optimista que se puede resumir en lo siguiente:

"Como solución mágica para la recuperación del pleno empleo se desplaza hasta allí un drástico medicamento político que combina una elevada estabilidad monetaria, unas subidas salariales moderadas y un reducido margen de huelga dentro de un estado mínimo que se limita a la creación de condiciones marco competitivas y sociales junto con un elevado grado de responsabilidad por parte de los ciudadanos y los empresarios. En cambio, las políticas laborales del Estado asistencial (programas de empleo, reforzamiento de las prestaciones estatales, etc.) aparecen como obra del diablo, tras un breve lapso de mejoras, empeoraría a buen seguro el problema del paro. En el ámbito del mercado laboral, países como EEUU, Noruega, Nueva Zelanda, Portugal o los recientemente enlazados Países Bajos presentan en general una participación estatal netamente inferior; una clara reducción de cargas fiscales e impuestos, un nivel de inversión elevado, unos salarios bajos, una conflictividad laboral mínima y un fuerte crecimiento de la fuerza de trabajo a tiempo parcial." (Beck, 2000:53)

Beck resume el "paraíso neoliberal" de la globalización, las recetas para llegar a ello se aplican desde la década de los ochenta en las naciones anglosajonas y en América latina. Sus postulados suscitan diversas polémicas en virtud de que la aplicación de las políticas neoliberales agudiza el desempleo y la precariedad del empleo.

4-La Perspectiva Postmoderna

Aunque la perspectiva postmoderna se nutre de varios enfoques, abordaremos lo planteado por Negri, Hart (2000) y Lazzarato (1991), en torno a la nueva sociología del trabajo en la era de la globalización.

Negri y Hardt, establecen diferencias fundamentales entre la "economía fordista" y la "economía postmoderna". La primera la consideran como un modelo de producción en el que la información y la comunicación entre productores y consumidores eran escasa y relativamente lenta. Mientras que la economía postmoderna se caracteriza por ser altamente comunicacional e informacional.

La idea fundamental de estos autores gira en torno al predominio en la sociedad contemporánea del "trabajo inmaterial y afectivo":

"Puesto que la producción de servicios no resulta en bienes materiales ni durables, definimos al trabajo implicado en esta producción como trabajo inmaterial es decir, trabajo que produce un bien inmaterial, tal como un servicio, un producto cultural, conocimiento o comunicación. La otra cara del trabajo inmaterial es el trabajo afectivo de la interacción y el contacto humano. Los servicios de salud, por ejemplo, descansan centralmente sobre el trabajo afectivo y de cuidado, y la industria del entretenimiento está también enfocada en la creación y manipulación del afecto. Este trabajo es inmaterial, aún cuando sea corporal y afectivo, en cuanto que su producto es intangible, un sentimiento de comodidad, bienestar, satisfacción, excitación o pasión. Categorías tales como "servicios personales" o servicios de proximidad son utilizadas a menudo para identificar esta clase de trabajos, pero lo realmente esencial para ellos es la creación y manipulación de afectos. Esa producción, intercambio y comunicación afectiva se asocia generalmente con el contacto humano, pero dicho contacto puede ser real o virtual, como en la industria del entretenimiento." (Negri, 2000: 75)

Otro elemento importante es el tránsito de la producción fordista basada en la jerarquía y la organización corporativa a la producción en red y a formas rizomáticas:

"En el pasaje a la economía informacional, la línea de montaje ha sido reemplazada por la red como modelo organizacional de la producción, transformando las formas de cooperación y comunicación dentro de cada lugar productivo y entre distintos lugares productivos. Los trabajadores involucrados en un único proceso pueden comunicarse y cooperarar efectivamente desde localidades remotas, sin importar la proximidad. En efecto, la red de cooperación laboral no requiere de un centro territorial o físico." (Negri, 2000: 80)

La economía fordista implicaba relaciones de competencia entre los trabajadores, la postmoderna supone cooperación y mayor interacción social, sin embargo, esta no tiene un territorio único, se encuentra descentralizada y desterritorializada.

Ahora bien, la diferencia de estos autores con los teóricos marxista radica en la distinta visión que poseen acerca de la teoría valor trabajo en tiempos de globalización. Consideran que es imposible el cálculo de la explotación en economías informatizadas y en redes y tan profundamente transnacionalizadas; en su lugar proponen la teoría del valor- afecto:

"Hay que partir de lo que la economía política ignora para definir "el valor-afecto". Y debemos definirlo a partir de una aparente paradoja que querríamos expresar como sigue: el valor de la fuerza de trabajo es tanto más determinante para la producción cuanto más ineficaz se hace la medida del valor; cuanto más calla la economía política sobre el valor de la fuerza de trabajo, más se extiende e interviene la fuerza de trabajo en el terreno global, biopolítico. En esta dinámica paradójica, el trabajo deviene afecto, o más aún, el trabajo encuentra su valor en el afecto, si éste se define como "potencia de actuar". La paradoja puede ser por tanto retomada en estos términos: cuanto más pierde la teoría del valor su referencia al sujeto (la medida era esta referencia, en tanto que base de la mediación y del mando), más reside el valor en el afecto, en el trabajo vivo que se autonomiza de la relación de capital, y expresa, por todos los poros del cuerpo -singular o colectivo-, su potencia de autovalorización." (Negri, 2000: 90)

A continuación, se puede apreciar la comparación de los dos modelos en el siguiente cuadro:

Monografias.com

La visión que se tiene de las relaciones de trabajo en la globalización luce bastante compleja y disímil a la luz de los tres enfoques anteriores. Para el enfoque marxista, las relaciones de trabajo se presentan totalmente desfavorables para los trabajadores, marcada por un incremento de la explotación y un retroceso de sus organismos sindicales. Uno de los aspectos más graves de la situación es la transformación experimentada en la subjetividad de los trabajadores, quedando prácticamente víctimas de un proceso de implicación e involucramiento con el capital. Tal como lo ha expresado Robert Castel (1999):

"La clase obrera ya no aparece como la clase portadora de una alternativa global a la organización social actual. Esto no quiere decir que la clase obrera haya dejado de existir, ni tampoco de que carezca de importancia social y política. Sería preciso discutir su tipo de existencia y los papeles que la clase obrera desempeña hoy. Esta comprobación significa únicamente que la clase obrera ha sufrido un retroceso social y político decisivo que ha desactivado la potencialidad subversiva que parecía encarnar" (Castel, 1999:38)

Los postmarxistas parecen coincidir con los planteamientos originales de Marx, salvo en lo concerniente a la teoría del derrumbe capitalista, expuesta por Marx y Engels (1985) en varias de sus obras, en particular, en el Manifiesto del partido comunista, basada en el supuesto de que las contradicciones del capitalismo aceleraría la lucha de clases y los trabajadores pasarían a una ofensiva final, que tendría como objetivo y meta la revolución proletaria y el fin del capitalismo. Para la etapa actual este escenario no se plantea

A propósito de las consecuencias que las transformaciones del trabajo han tenido en la subjetividad de los trabajadores, Antunes se expresa del siguiente modo:

"La flexibilización de la unidad fabril, la desconcentración de la producción, la abrumadora desreglamentación de los derechos del trabajo, los nuevos patrones de gestión y "involucramiento" de la fuerza de trabajo, esta llevando a la enajenación del trabajo (en el sentido marxista) a su límite – todo ello hecho bajo un incuestionable dominio de la productividad y de la modernidad socia - terminó afectando a la forma de ser del proletariado fabril, tradicional. La clase que vive del trabajo se ha metamorfoseado. Como si ya no bastaran estas transformaciones, la crisis afectó también directamente a la subjetividad del trabajo, su conciencia de clase, afectando a sus organismos de representación, de los cuales los sindicatos y los partidos son expresión. Los primeros, los sindicatos, fueron obligados a asumir una acción cada vez más defensiva, cada vez más atada a lo inmediato, a la contingencia, retrocediendo su ya limitada acción de defensa de clase en el universo del capital" (Antunes, 1996: 134)

Crecimiento de las fuerzas productivas

El economista clásico Karl Marx sugirió que el sistema económico utilizado por cada sociedad humana depende del desarrollo de las fuerzas productivas, principalmente los conocimientos técnicos, el capital acumulado y la población. Mientras el ordenamiento jurídico sea el adecuado al nivel de las fuerzas productivas, decía Marx, éstas pueden desarrollarse sin que aparezcan tensiones graves; pero llega un momento en el que las fuerzas productivas han crecido tanto que la estructura social, en vez de estar potenciando su desarrollo, aparece como una limitación, un corsé que impide su crecimiento. Es entonces cuando la superestructura jurídica y consiguientemente el régimen de propiedad, se ve forzada al cambio de forma más o menos brusca.

Aplicando ese análisis, Marx dividía la historia de los sistemas económicos en salvajismo o barbarie, esclavismo, feudalismo, modo de producción asiático y capitalismo. El materialismo histórico deducía que el capitalismo había llegado a una situación límite; que el régimen jurídico de la propiedad privada sobre los medios de producción estaba impidiendo el crecimiento de las fuerzas productivas; que como consecuencia de ello se estaban produciendo crisis económicas cada vez más graves; que el sistema estaba condenado a derrumbarse y a ser substituido por otro en el que los medios de producción estarían en manos de toda la sociedad; y que los proletarios, la clase social emergente, serían los encargados de dirigir ese cambio. Preveía el advenimiento en los países más avanzados de dos futuros sistemas, el socialismo, en el que "cada cual recibirá según su trabajo", y el comunismo, en el que "cada cual dará según sus posibilidades y recibirá según sus necesidades".

Este análisis pretendidamente científico, se ha visto desmentido por el devenir histórico. Siglo y medio después de que se escribiera el Manifiesto Comunista podemos comprobar que sus predicciones no se han cumplido. No hay leyes históricas inmutables que describan la evolución de los sistemas económicos y de las sociedades humanas. Tampoco hay una relación biunívoca entre grado de desarrollo de las fuerzas productivas y sistema económico. Quizá pueda verse una relación más estrecha entre el sistema económico y los medios de comunicación. En este curso proponemos una clasificación de los sistemas económicos en la que ponemos de relieve la importancia del grado de desarrollo del conocimiento humano y, por tanto, de los medios tecnológicos existentes para la transmisión y acumulación de ese conocimiento.

En el siglo veinte han coexistido sistemas opuestos en diferentes partes del mundo que mostraban similar desarrollo de las fuerzas productivas. El estado ha dominado la economía en países europeos desarrollados o en países africanos o asiáticos subdesarrollados. Las transformaciones sociales siguen siendo dirigidas por grupos de poder, ejército, religiosos, burócratas. No ha sido el ordenamiento jurídico del capitalismo el que ha bloqueado el desarrollo económico, antes al contrario, han sido algunas instituciones jurídicas pretendidamente emanadas de las propuestas marxistas las que, limitando la libertad de los individuos, han frenado la evolución del comercio y la producción, de las artes y las ciencias.

Ciertamente, el mercado, por sí solo, ha mostrado también su incapacidad para resolver de forma satisfactoria las necesidades elementales de gran parte de la humanidad. De hecho, los países que han alcanzado un grado más alto y más armónico de desarrollo, compatibilizándolo con las libertades individuales, con el estímulo a la creatividad artística y a la investigación científica y tecnológica, lo han conseguido gracias a un sistema económico que mezcla el libre mercado con la intervención del estado. Y entre esos países hay que incluir los Estados Unidos y otros que a los ojos del mundo aparecen como abanderados del mercado y del liberalismo.

En nuestros días continúa la vieja polémica, unos pidiendo "más mercado" y otros pidiendo "más estado". En una sociedad humana viva, en continua evolución, no hay forma teórica de resolver la cuestión. No puede haber una demostración "científica" de qué proporción entre mercado y estado es la más conveniente, o la más justa. Diversas personas y grupos, con diversas ideologías e intereses, son partidarios de una u otra proporción. Se llamen liberales, socialdemócratas, conservadores, progresistas, laboristas, comunistas, radicales, de izquierdas o de derechas, están simplemente presionando en una dirección o en otra, hacia el mercado o hacia el estado, con más o menos fuerza.

La organización que adoptarán las sociedades humanas en el futuro no está escrita en ningún libro sagrado ni determinada por ninguna ley histórica: será la consecuencia de las decisiones que están adoptando en el presente un gran número de individuos y grupos sociales. Muchos confiamos en que ese sistema futuro satisfaga nuestros más íntimos anhelos de solidaridad, cooperación y equidad, que permita la desaparición del hambre, la miseria y la marginación y que todo ello sea compatible con el respeto a los derechos humanos y el impulso a la creatividad individual.

Condiciones de trabajo

Las Condiciones de trabajo son un área interdisciplinaria relacionada con la seguridad, la salud y la calidad de vida en el empleo. También puede estudiar el impacto del empleo o su localización en comunidades cercanas, familiares, empleadores, clientes, proveedores y otras personas.

Desde 1950 la Organización Internacional del Trabajo y la Organización Mundial de la Salud comparten definiciones comunes.

La razón para establecer buenos estándares de salud y seguridad en el sitio de trabajo suelen ser los siguientes

Morales: Un empleado no debería correr riesgos de sufrir accidentes en el trabajo, ni tampoco otras personas relacionadas con la actividad laboral.

Económicas: Muchos gobiernos aceptan que las malas condiciones de trabajo redundan en un mayor costo para el estado, por el costo del pago del seguro social para los discapacitados y del tratamiento médico, y la disminución de la fuerza laboral. Las organizaciones también pueden sufrir desventajas económicas, tales como los costos burocráticos, la disminución de la producción, y la pérdida de la imagen positiva ante los restantes empleados, los consumidores y el público en general.

Legales: Los requerimientos mínimos de salud y seguridad en las condiciones de trabajo suelen estar tipificados en el Derecho penal o el Derecho civil; suele considerarse que sin la presión legal las organizaciones podrían no sentirse obligadas a afrontar los costos de mejorar las condiciones de trabajo sólo por las razones morales o de ganancia a largo plazo.

Remuneración al trabajo

Salario

El salario o remuneración salarial, es el pago que recibe de forma periódica un trabajador de mano de su patrón a cambio del trabajo para el que fue contratado. El empleado recibe un salario a cambio de poner su trabajo a disposición del jefe, siendo éstas las obligaciones principales de su relación contractual.

Cuando los pagos son efectuados en forma diaria, recibe el nombre de jornal. Si es entre las 12 será jornal matinal y si es pasadas las 12 será diurno.

Es una contraprestación principalmente en dinero, si bien puede contar con una parte en especie evaluable en términos monetarios, que recibe el trabajador del empleador por causa del contrato de trabajo. Siempre debe existir una remuneración en dinero, la especie es necesariamente adicional.

El salario es el elemento monetario principal en la negociación de un contrato de trabajo. Es la contraprestación en la relación bilateral, aunque en algunas ocasiones se tienen también en cuenta otras condiciones laborales como vacaciones, jornada, etc.

La remuneración salarial es uno de los aspectos de las condiciones de trabajo que más directamente influyen en la vida diaria de los trabajadores. Desde sus primeros años de existencia, el centro de la acción la Organización Internacional del Trabajo ha girado en torno al nivel de los salarios y la Organización ha luchado constantemente por establecer normas que garanticen y protejan el derecho de los trabajadores a percibir un salario justo. Según la Constitución de la OIT (1919) "la garantía de un salario vital adecuado" es uno de los objetivos cuya consecución es más urgente.

Los salarios representan algo muy diferente para trabajadores y empleadores. Para estos últimos, aparte de ser un elemento del costo, es un medio que permite motivar a los trabajadores. En cambio, para los trabajadores representa el nivel de vida que pueden tener, un incentivo para adquirir calificaciones y, por último, una fuente de satisfacción frente al trabajo realizado. La negociación colectiva en la empresa o en el sector y un diálogo social tripartito en el plano nacional son las mejores vías para determinar el nivel de los salarios y resolver conflictos potenciales.

La Revolución Industrial. Hasta antes de la Revolución Industrial a las postrimerías del siglo XVIII, la riqueza conocida estaba creada, era la tierra y sólo se adquiría por herencia o por conquista. Fue la revolución industrial la que abrió la puerta a esa nueva riqueza que hoy conocemos bajo el concepto de "plusvalía" o "valor agregado", pero esta nueva riqueza tuvo un parto muy doloroso, pues aunque efectivamente se creaba, no se distribuía. El descubrimiento de la máquina de vapor vino a revolucionar la ancestral relación laboral, propició la contratación masiva en personal de "mano de obra", ya no de personas, y se apoya en el liberalismo filosófico de finales del siglo XVIII que inspiró la revolución francesa y que dio origen al liberalismo económico: "Laisser faire, laisser passer", "dejar hacer, dejar pasar la libertad corrige los abusos de la libertad". Adam Smith, el célebre economista escocés, pide que se deje actuar a la mano invisible del mercado para que corrija los abusos de la libertad, pero esa mano invisible nadie la vio. En este contexto, el papel del Estado liberal era observar que la libre contratación, siendo trato entre iguales, se cumpliera cabalmente, y no podía opinar sobre si tales contratos eran justos o no, lícitos o no. La libre remuneración era acuerdo entre partes y la mano de obra se consideraba, contrariamente lo antes dicho, una mercancía sujeta a la ley de la oferta y la demanda o peor aún, a la habilidad de contratación de las partes. La injusticia generalizada no se hizo esperar. Isaac Newton, en su célebre ley del péndulo, ya decía que "a toda acción corresponde una reacción de la misma magnitud, pero en sentido contrario". Y esto es válido no sólo en la física, sino en lo social. La reacción la encontramos en el pensamiento de Proudhon, Engels y Marx, cuyo célebre manifiesto comunista de 1848 proclamaba que los ricos serían cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, y la única solución que vio, quizá ante la falta de solidaridad y de responsabilidad social del empresario y la omisión del Estado respecto a su obligación primordial de ser gestor del bien común, fue la lucha de clases, la abolición de la propiedad privada de los medios de producción y la propiedad colectiva proletaria de los mismos. IV. La primera voz que se yergue a nivel mundial para condenar con autoridad estos abusos fue la de León XIII, quien en 1891 a través de su célebre Encíclica "Rerum Novarum". La primera encíclica social de la Iglesia condena por igual al capitalismo al que denomina salvaje y al comunismo que ya se plantea como su antídoto, 26 años antes de que triunfara en Rusia la Revolución Bolchevique de octubre de 1917. La Rerum Novarum habla por primera vez de jornadas y salarios justos y remuneradores, así como de justicia social. Dentro de las muchas definiciones de "justicia" me referiré a la de Santo Tomás: "voluntad permanente de dar a cada cual lo que le corresponde". Y entonces nos preguntamos: ¿Qué es lo que le corresponde a cada cual? Y de aquí surgen dos grandes corrientes: la justicia conmutativa y la justicia distributiva. La justicia conmutativa habla de retribuir a cada cual en función de sus merecimientos, la distributiva en función de sus requerimientos. La justicia conmutativa propicia el desarrollo económico, la distributiva el desarrollo social. El desarrollo económico tiene un costo social y el desarrollo social tiene un costo económico, y esto se da necesariamente en la familia, en la empresa y en el país. El límite del desarrollo económico puro es el capitalismo extremo o la exaltación del Dios Mercado, el límite del desarrollo social puro es el comunismo o la exaltación del Dios Estado. La justicia social sólo se dará si concurren subsidiariamente la justicia distributiva y la justicia conmutativa. No se puede construir un paraíso social sobre un cementerio económico, ni un paraíso económico que margine la realidad social. Después del Rerum Novarum, la iglesia ha promulgado muchas otras encíclicas sobre la justicia social, y sólo quiero resaltar una frase de Pío XI, en la encíclica Cuadragésimo Año, que subraya que no es legítimo dar por caridad, lo que debimos haber dado por justicia. Función de las ONGs. En el terreno de lo civil, cabe a México la satisfacción de haber sido el primer país en cuya constitución se consagra y se protege al trabajo y al trabajador; y el primero en legislar sobre materia (artículo 123). Recordemos que nuestra constitución se proclamó el 5 de febrero de 1917, meses antes de que triunfara la Revolución Bolchevique en octubre de ese mismo año en Rusia. En 1931 se expidió la ley federal del trabajo que establece los salarios mínimos Art. 90 de la Ley Federal del Trabajo; y en 1943 la Ley del IMSS. Posteriormente la ley de participación en las utilidades, la ley del Infonavit, el SAR, etc., son indiscutibles avances sociales orientados a alcanzar la justicia social. Con el surgimiento del Neoliberalismo Tatcheriano – Reaganiano en los años ochenta y el desmoronamiento del comunismo al final de esa década, se marcó un punto de inflexión en el avance económico social de los países en desarrollo, entre ellos México, cuya consecuencia ha sido el empobrecimiento de la clase trabajadora y la persistente disminución de su calidad de vida, lo cual ha aumentado tremendamente los índices de pobreza y pobreza extrema en nuestro país, porque se optó por privilegiar al capital a costa del trabajo.

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