Partes: 1, 2, 3

Aceptó la idea el frustrado depositante, pensado en lo correcto que era ese gerente, de quien injustamente había desconfiado.

-- Qué lástima – masculló – tendré que volver mañana con el paquete. Espero que por lo menos esté el coche arreglado.

Se dirigió al taller y encontró el auto afuera. Señal que estaba solucionada la falla.

-- Eran los platinos – le comunicó el mecánico -- Hay mucha humedad en su galpón y se habían sulfatado, Le puse unos nuevos. Su "Forsito" anda muy bien, avíseme, si un día lo vende.

El cliente abonó, saludó y ascendió a la "máquina" que lo llevaría de regreso. Probó de arrancarla con el pie y arrancó. Es que el mecánico también le había dado una carga rápida a la batería. Colocó nuevamente el paquete andariego debajo del asiento y partió rumbo a su chacra. Llegó casi de noche.

Le contó a su mujer con lujo de detalles todo lo acontecido y le advirtió:

-- No enciendas el sol de noche ... por si justo viene el ciruja. No es por nada, pero nos iremos a dormir temprano. Además mañana me levantaré al alba, no quiero que me pase lo de hoy.

Cenaron rápidamente, apagaron todos los faroles y se acostaron. Ladrillo, como siempre, se fue a dormir al galpón, en el catre en que pernoctaba el linyera en sus visitas, para "vigilar" mejor.

No se habían juntado aún las agujas del reloj de pared del comedor en el número 12, cuando llegó el ciruja, tal como lo presintió el dueño de casa. Viendo el sol de noche apagado, el croto optó por irse a dormir sin comer.

Corrió a Ladrillo hacia los pies, en el catre comunitario, se acostó vestido y de inmediato comenzó a roncar, cosa que mantuvo desvelado al perro.

Las agujas del reloj continuaron, inmutable su giro hasta que indicaron las dos y media de la noche.

EL RELOJ

Ese mágico controlador del tiempo, había sido comprado por el abuelo de la dueña de casa hacía más de un siglo a un mercanchifle (28) montenegrino que vendía toda clase de aparatos de extraordinaria calidad, pero sin lujo. Transitaba por esos mismos caminos por los que ahora pasaba el caminante y rodaba el Ford del dueño de casa.

Tiempos idos en que los Bancos no se quedaban con los ahorros del pueblo ni a sus gerentes los tentaba la codicia.

Tiempos viejos que el reloj vivió segundo a segundo, con su máquina suiza de bronce y su caja de roble de Eslabonia. Más de un siglo de trabajo, en los que su péndulo no descansó un solo día. Tiempo en el que vio todo aquello que uno pudiera imaginar.

¿Todo?. No. Todavía faltaba lo peor.

-----------------------

Ladrillo sintió venir un automóvil por el camino, quizás una Estanciera (29), salió a mirar, pero nada vio, porque el coche marchaba con la luz apagada, aprovechando la de la luna que era llena. Se detuvieron los del auto y abrieron la tranquera.

De no ser perro, Ladrillo habría dicho: mala tos le siento al gato (30), porque sintió hervir su sangre canina y tuvo deseos de dar un aullido de aviso, como un lobo encargado de vigilar de noche a la manada, pero se contuvo, como perro inteligente. Fue agazapado como el mejor de sus ancestros hasta la ventana del dormitorio de sus amos y comenzó a arañarla al tiempo que exhalaba dos débiles ladridos. Después, en silencio, entró al galpón donde el ciruja roncaba profundamente y tiró de la frazada, despertándolo.

También se habían despertado los dueños, extrañados de haber oído ladrar a su perro y se calzaron algo de abrigo. Fueron hacia la puerta de entrada y espiaron por la mirilla.

Cuánto sería su asombro: en la entrada estaba detenido un automóvil, con su luz apagada y varias personas descendían de él. Estos se acercaron a la puerta y llamaron:

-- No teman. – dijeron --. Somos el gerente y el contador del banco. Nos acompaña el comisario. Fuimos a comer un asado a una chacra vecina y de paso les venimos a comunicar que con la cuenta de Uds. se ha cometido una estafa en Bs. As. ... Pero abran, por favor.

-- A la timba (26) le llaman asado ahora. Seguro que quedaron secos y me van a pedir plata prestada. – pensó el anciano, al tiempo que encendía una lámpara a kerosén –. Ya va ... ya va. –decía, mientras le sacaba la traba a la puerta

La abrió y preguntó:

-- ¿Cómo es eso de la estafa?.

-- Resulta que de la cuenta suya, que no tenía más que 17 pesos extrajeron la misma cantidad que Ud. mencionó que había en el paquete que iba a depositar.

-- ¿Cómo es eso que era robada y volvía a depositarla en la misma cuenta?. Eso es un cuento chino.

UN CUENTO CHINO EN MEDIO DE LA PAMPA, A LAS DOS Y MEDIA DE LA NOCHE

El cuento chino lo habían inventado los tres jugadores, esa noche, en la chacra donde se había jugado al póker y donde ellos habían perdido todo, hasta el dinero ajeno, porque era propiedad de las instituciones a las que pertenecían.

-- Estamos fritos – dijo el contador -- perderemos hasta nuestras casas.

-- Debemos inventar algo – recalcó el gerente.

-- Un cuento chino – opinó el comisario.

-- Cómo sería – preguntaron a coro los bancarios.

-- Le quitaremos esa plata que Uds. me dijeron iba a depositar ayer, al chacarero del paquete. -- les Informó el policía. -- Le diré que ha sido robada con una estafa al Banco.

-- ¿Y si no se traga el anzuelo? – preguntó el contador.

-- Debemos estar preparado para lo peor. – afirmó la autoridad – pero la plata se la quitaremos de cualquier modo. No nos queda otra.

-- Aceptado. – respondió el gerente.

-- Convenido. -- aseguró el contador.

---------------------

¿Pero el viejo chacarero, se tragaría el anzuelo?. Veremos:

-- Sí. Lo que Ud. me cuenta. es un cuento chino – les dijo nuevamente el viejo.

-- Ningún cuento chino – reafirmó el comisario – Recibí un radiograma que me manda retener ese dinero hasta que se aclare la situación.

-- Pues hizo el viaje en balde (31), porque lo dejé en el pueblo, a una familia amiga de mucha confianza, mañana lo consultaré con el Juez de Paz y si debo depositarlo, será judicialmente, con todas las garantías y con testigos.

-- Son mentiras, Ud. se vino directamente al campo, después que el mecánico le entregó el auto y le aclaro que tengo orden de retener ese dinero porque es robado. – dijo el policía.

-- No es robado porque anteayer mi vecino me pagó el arriendo de dos años y le repito que acá no está esa plata – recalcó su dueño – puede revolver toda la casa que no encontrará nada.

-- Seguramente lo tiene en un escondite secreto. No me obligue a usar la fuerza. – amenazó el comisario, al tiempo que abría el saco, mostrando el revólver colocado en la funda sobaquera.

-- Y Ud. no me obligue a decirle lo que pienso: que me quiere robar. ¿Qué pasó, perdieron mucho en el juego, que están desesperados?

-- Piense lo que quiera, pero al dinero lo llevamos. Vamos a empezar de una vez: Aten a la vieja, que la voy a golpear con el cinto. Vamos a ver si el viejo la quiere de verdad y canta de una vez.

La mujer que hasta ahora no había abierto la boca, le gritó a su marido, mientras los bancarios la amarraban a la silla:

-- No le digas donde está la plata, porque apenas la tengan nos matarán. Después inventarán alguna historia.

El marido, que no podía creer lo que veía, quedó inmóvil.

Fue ese el instante justo en que los tres viciosos estaban en hilera dando la espalda a la puerta.

Fue ese el instante justo en que el sospechoso ciruja, que había oído todo, agazapado afuera, entró como un rayo y de tres certeras puñaladas traspasó los hígados de los tres maulas (32), matándolos por la espalda, como se hace con los cobardes que golpean a las mujeres.

Ladrillo, el que nunca ladraba, ahora aullaba a la luna, loco de contento, como un buen descendiente de lobo.

El centenario reloj suizo dejó de funcionar, para siempre, como los grandes relojes que marcaron hitos de la historia, a la hora exacta en que, al mejor estilo tanguero, un ciruja encontró juntas tres vainas para su facón.

Cuando los viejos volvieron de la casa del vecino arrendatario, que los acompañaba y prometió que junto a sus hijos iría a declarar, el ciruja ya se había ido llevándose a Ladrillo, el único testigo de todo lo ocurrido. Porque como todos sabemos, cuando éste es uno solo, corre peligro su vida.

El justiciero había dejado una nota sobre la mesa, dirigida al Juez, donde contaba todo y explicaba que había obrado en salvaguarda de la vida de terceros.

La letra era de imprenta, perfecta, como de ingeniero y la firma decía:

EL CIRUJA DEL GALPÓN

LÉXICO:

24). Aparecido: Fantasma.

25). Sol de Noche: Farol importante a kerosén, de muchas "bujías", a presión, con bomba y con una "camisa incandescente" de amianto.

26). Timba – Timbeando: Juego – jugando.

27). Provista: Las provisiones.

28). Mercanchifle: Vendedor ambulante de objetos varios. En el campo circulaban en carromatos cerrados. Generalmente eran árabes o gitanos.

29). Estanciera: Vehículo familiar Jeep IKA. De fines dela década del 50 y principios del 60.

30). Mala tos le Mal presentimiento.

siento al gato:

31). En balde: Inútilmente.

32). Maulas: Cobardes.

3º. RELATO

EL PAISANO DÍAZ EL PAISANO DIAZ

(Coloquio Continuo – Lelio Merli – 2000 -- D. N. D. A.— Nº 107500)

Hemos visto en los relatos anteriores cómo en los finales de estas historias existe una constante en la cual el bien siempre supera al mal. Ésta es en general, también parte esencial de la temática tanguera. Generalmente es asimismo parte de la vida. Siempre y cuando la política no tergiverse todo, incluso los finales lógicos a los que estamos acostumbrados por nuestra cultura occidental y cristiana.

A toda la gama de históricos "Piringundines" (15) (bares con números vivos) del "Pichincha Residual" de aquel Rosario de los años 40, concurrían personajes de gran renombre de un tiempo ya ido.

Entre ellos se encontraba " El Paisano Diaz ", otrora gran cuchillero y asesino a sueldo. Pertenecía al clan radical. Violador de muchachas y dueño o socio de prostíbulos, había tenido un séquito de malevos que, apañados por la policía, se convirtieron en el terror de aquellas épocas del fraude.

Personas que vivían en Monje me contaron que cuando la banda volvía de noche de Santa Fe, en esos autos que hoy llamamos "cuadrados", se detenían en los pueblos de la ruta para que se enfriaran los metales.

Entonces ingresaban en los bares o prostíbulos de esas localidades donde la ausencia de varones era total. Nadie quería tropezar con ellos, por ser pendencieros de mala bebida y obrar con la insensatez que brinda la impunidad.

Las comisarías de los pueblos por donde ya habían pasado alertaban a las siguientes y las rondas ponían sobre-aviso a los parroquianos nocturnos.

¡Cuántas muertes habrán evitado!.

En aquellos tiempos, nadie enfrentaba al caudillo, precisamente porque nunca estaba solo.

Hasta que un día...

Un día, un muchacho enamorado de una de las chicas de un prostíbulo, en vista de que nunca podría sacarla de allí, le disparó al Paisano un tiro desde la puerta (sin apuntar) y huyó. Esa pequeña bala calibre 32 fue suficiente para "liquidar" a Díaz: le vació un ojo. Perdió la exactitud visual de la distancia y se terminó el cuchillero.

Abandonado por sus amos y sus amigos, sin oficio alguno, empezó a rondar por los lugares que antes había frecuentado, mendigando.

Cuando lo conocí, él pedía por las mesas del bar al que yo concurría.

En esa ocasión, los parroquianos mayores me alertaron:

-- "Ojo" con darle plata.

-- Es el Paisano Díaz.

-- Tiene que cumplir el castigo que Dios le mandó.

Con la ropa deshilachada, sucio y maloliente, se fue del bar sin recibir ayuda.

Al verlo salir observé el color de sus alpargatas raídas: eran blancas.

Quizás un resto de su orgullo: ¿Escarnio o testimonio viviente de un pasado radical?.

LA INJUSTICIA

Unos años después me contaron amigos peronistas que el régimen impuesto por su partido había jubilado a aquel que nunca trabajó y que, en cambio, fue el terror de muchos trabajadores.

Esta fue su sentencia:

Será pequeña para muchos, - me dijeron - pero para nosotros, que conocimos esa época radical, esta arbitrariedad fue la peor que pudo cometer Perón ( ? ).

Es más, interfirió con la justicia divina que guió la bala que disparó un inocente enamorado.

4º RELATO

EL GATO VILCHES

(Coloquio Continuo – Lelio Merli – 2000 -- D. N. D. A.— Nº 107500)

Este relato es campero. Por lo tanto no tendría relación con el tango.

Sin embargo, nos habla de sus mismos temas: la traición contra la hombría y de un mismo código: la lealtad contra la traición.

De la venganza justiciera contra la injusticia de los hombres.

Una letra digna de un tango

Monografias.com

En algunas tribus del África los nombres propios se imponen a los hombres según su parecido con los animales.

En nuestro campo ocurre lo mismo, pero con los sobrenombres, que reflejan aptitudes físicas o morales sin tener en cuenta el nombre con el que el santoral castigó una existencia.

La ciudad, en cambio, coloca a veces alias que nada tienen que ver con las características de un político: Si le llaman tigre será un pobre gato y si le llaman gato será una abominable rata.

Cuando trabajé en Hidráulica comprobé en los linyeras que poblaban las vías del tren (seres anónimos de libretas de enrolamiento arrojadas al fuego), que los apodos eran certeros.

Allí oí de las hazañas de los Tigres: el de Salta, el de Corrientes y el del Sur. Sólo tres. No cualquiera llevaba ese mote.

Los gatos, en cambio, fueron muchos más y su sobrenombre estaba relacionado con el cuchillo: Eran resortes de acero sueco que tenían la vista del lince y el salto de la ña-cariná.

De esa clase de hombres fue el Gato Vilches.

Cuchillero famoso, nadie lo desafiaba. De frente era suicidio, aún con revólver, porque se movía como un felino y tenía siete vidas.

Y a traición? A traición podría ser.

Pero antes debían encontrar al traicionero. Ofrecieron plata y este apareció. (Por eso lo llamaremos Judas).

Un caballo sin marca y un 38 sin dueño formaron el triángulo exacto.

Un día que el Gato cabalgaba al paso hacia Puerto Víbora se le aproximó Judas al trote, desde atrás. Vilches no se inmutó por no tener cuentas con él.

Judas se le puso a la par y saludó. El Gato no llegó a contestar porque una bala 38 le entró por la espalda.

Cuando el asesino lo quiso rematar, el herido le arrancó el tambor del arma de un talerazo. Un segundo golpe con el pomo del talero dio por tierra con el cobarde.

Herido, Vilches arrojó su cuchillo entre los matorrales y rumbeó para Hernandarias en procura del hospital. No llegó, la policía que lo encontró antes, sin cuchillo, lo condujo a la comisaría (para averiguaciones, aunque estaba herido) donde la baja temperatura de ese invierno lo enfrió del todo.

LA VENGANZA DEL MUERTO

Sucede que Vilches pertenecía a una familia numerosa donde predominaban los varones, tanto en género como en coraje.

Dos de ellos, menores, fueron a trabajar a una zona lejana. Volvieron de incógnito, al cabo de dos años, para cumplir una promesa y desaparecer.

Judas había prosperado en sus finanzas después de su "trabajo". Cierto día cuando llevó temprano a sus parejeros a varear a un camino que era como un paño de billar, aparecieron aquellos hermanos frente a él.

Uno de ellos le disparó con una escopeta - cargada con cartuchos para cazar carpinchos- dos tiros que le abrieron una ventana en medio del pecho.

El traidor cayó de espaldas, con los ojos abiertos, como mirando al cielo.

El otro hermano clavó dentro de la herida un largo cuchillo que se hundió en la tierra humedecida por la sangre del Judas.

Era el cuchillo que no se había encontrado.

El cuchillo del Gato Vilches.

 

Autor:

Leilo Merli

leliomerlifiscal[arroba]hotmail.com

Rosario, Argentina

Partes: 1, 2, 3


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