1. Resumen
  2. Bibliografía

Resumen

La Universalización de la Enseñanza Superior ha constituido el hilo conductor fundamental de un conjunto de transformaciones que con un enfoque de sistema nos hemos propuesto acometer, y de hecho ya hemos comenzado a realizar, lo que implica el esfuerzo mancomunado de múltiples factores que inciden de forma directa o indirectamente en este genial proceso, que ha significado un desafío para nuestro pueblo, en su más ferviente anhelo de elevar la cultura de cada uno de sus pobladores. Hablar de universalización implica, por tanto, caracterizar el sistemático proceso de transformaciones que ha tenido lugar en la educación superior, dirigido a la ampliación de posibilidades y oportunidades de acceso a la universidad, con lo cual se contribuye a la formación de una cultura general integral de la población y a un incremento paulatino de mayores niveles de equidad y de justicia social en nuestra sociedad.

El proceso de Universalización ha convocado a más de una estructura dentro del país. En él se involucran todos los procesos económicos, políticos y sociales y, dentro de éstos, la educación competente y masiva de una población que se perfecciona a través de un proyecto de hombre: un Hombre —así con mayúscula— que asume de forma consciente y responsable todos los retos del mundo actual. Adquirir conocimientos y habilidades suficientes para estos fines, demostrará una vez más la competencia de profesores y maestros, y de todo el personal inmerso en el proceso, cuyo encargo social consistirá en primerísimo lugar, proteger al hombre como razón universal de la existencia humana.

Grandes hombres de la historia testimonian haber contado con grandes maestros. Bástenos a los cubanos el ejemplo de José María de Mendive.

Es incuestionable la importancia de este maestro en el desarrollo integral de la personalidad de Martí, lo que demuestra que la educación personalizada no es un invento de este siglo, y mucho menos un fenómeno de estos últimos tiempos; ni siquiera un fenómeno inherente y exclusivo del proceso de universalización, aunque éste último se haya propuesto a toda costa, evitar que el desarrollo de las nuevas tecnologías reviertan el proceso natural y conviertan al hombre en una máquina, aislada e indolora.

El templo del conocimiento es el propio hombre y ese templo debe ser guardado integralmente: de ahí el interés y propósito de cultivar una imagen, tanto interna como externa de todos los educandos para que, a través de una educación integral y desarrolladora, aseguremos el hombre del futuro capaz de querer para sí y para los demás los valores más connotados de un comportamiento ético, cívico y moral que incluye de forma particular a la familia, y de forma general a la sociedad.

La cultura educativa es un fenómeno que nos atañe a todos, por lo tanto, todos de alguna manera somos responsables por ello. No hablamos de una cultura educativa dada en pequeñas porciones, donde una de las partes la acepte de forma pasiva como quien abre la boca para ingerir una cucharada. Eso no es el hombre que queremos. Nos interesa el otro, no el aceptor (receptor), sino el criterio, el que se mueve, reflexiona y pelea por sus derechos a manifestar su opinión, a exteriorizar sus criterios y hace suyo este modo de vida.

De experiencias catatónicas está harta la existencia humana.

La universidad actual, con defectos y virtudes, aún con la necesidad de ser rediseñada y revalorizada constantemente, debe luchar activa y participativamente en tales fines porque a ella corresponde uno de los retos más importantes en la universalización, y es la formación del hombre del futuro como descendiente digno de esta generación.

Atreverse, cruzar barreras y demarcaciones, tiene su precio. Paguémoslo incluso con propinas y el proceso de retroalimentación nos dará la razón.

En el ejercicio del criterio se crece el hombre y también las naciones. Ser auténtico tiene mucho que ver con el autoreconocimiento de las potencialidades y valores que poseemos y que hemos de asumir tanto en el campo de la docencia como en el de la vida. Hurgar en lo que decimos y hacemos, en lo que no decimos y en lo que no hacemos, es de una importancia trascendental, pero sobre todo lo es para quienes van dirigidas dichas acciones. No nos referimos al hablar por hablar en un maniqueísmo dañino y autodestructivo de la propia imagen y personalidad, sino en la expresión oral reflexiva, consciente, consecuente y veraz, lo más cercana posible al ser íntimo.

En esta cruzada educativa la materia prima fundamental es el hombre, ya docente, ya educando, así como el desarrollo simultáneo de todas sus dimensiones.

La educación humanizada y personalizada desarrolla el pensamiento y libera al hombre de prejuicios, esquemas y agonías cotidianas al crear su propia cultura y a humanizar la de los demás; estaríamos hablando entonces de una educación en calidad que va al encuentro de los mas genuinos valores culturales.


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