Presencia abogadil en las tradiciones de Palma


Partes: 1, 2

  1. Introducción
  2. Del abogado, entre lo profano y lo mundano
  3. Del colectivo
  4. El lenguaje legal
  5. La vestimenta
  6. Del quehacer y otras parafernalias
  7. La ley y los procesos
  8. Matrimonio
  9. Corrupción

SUMILLA

El presente estudio identifica la labor del escribano en los tiempos de la Colonia y Virreinato a partir de la obra literaria Las Tradiciones Peruanas de Ricardo Palma[1]Con este referente, pretende contextualizar su participación y contribución en la sociedad de entonces. Como objetivo secundario, aspira a desarrollar líneas temáticas colaterales como la importancia de la escritura, la religión y el desarrollo de instituciones jurídicas, para lo cual nos valemos de otros textos bibliográficos no literarios, dotados de mayor rigurosidad conceptual.

PALABRAS CLAVES

Escribanos/ Abogados/Virreinato/Colonia/Tradiciones

¡Qué hinchado y qué fanfarrón

Entre las ramas habita!

Pues sepan que fue pepita,

Aunque ya lo ven melón[2]

Introducción

Probablemente ningún oficio haya atraído mejor la carga social negativa como el de los abogados o, más genéricamente, los escribanos[3]y toda la parentela conformada por los hoy llamados secretarios judiciales, notarios, jueces, árbitros, negociadores, mediadores, martilleros y demás operadores que legislan, adjudican, administran, negocian, supervisan y efectúan actividades legales. Antes como ahora, estas personas [nosotros] no creamos riqueza, tan solo ayudamos a redistribuir la ya existente; estas personas [nosotros] somos adiestrados para conocer y eludir el sistema legal el cual permite y premia dicho comportamiento; estas personas [nosotros] no solo nos dedicamos al litigio en estricto, sino que podemos ocupar otras ramas de la actividad humana, somos transversales; estas personas [nosotros] facturamos de acuerdo a la magnitud y gravedad del problema, somos oportunistas; estas personas [nosotros] contribuimos decididamente a mantener el establishment; la teoría del metro cuadrado se inventó para nosotros, los emblemas feudales han sido rescatados para nosotros, la jubilación no nos es aplicable, tampoco los horarios u honorarios, somos racionales, letrados e ilustrados, somos la docta ignorantia; somos los señores del otrosi y del por tanto; nuestra especie está garantizada ya que ejércitos de los nuestros se vienen adiestrando en versiones más agresivas, más litigantes, tal vez por ello anécdotas, vicios, bromas, nos tienen como actores principales, como sujetos pasivos, meros receptores de todo lo negativo de una idiosincrasia que se empeña en monopolizar los vicios sempiternos, ignorando otras aristas. Por ello, el presente trabajo constituye un conato de rescate y reivindicación.

Las Tradiciones Peruanas constituye una excelente oportunidad para ahondar en esta línea temática, la forma cómo a partir de un contexto literario ha sido percibida y en general evolucionado (o involucionado si se quiere), este oficio al que este autor se adscribe; todo ello, en un contexto de alta fascinación por los rituales[4]atrocidades u oficios e instituciones en la fecha extinguidas como el carimbar, el despenador, el recogimiento[5]y claro la esclavitud; la afición a las contertulias, de aquella Lima encopetada, desvergonzada, coplera, de los bandos, de las limeñas de rechupete[6]y palillo, de chicha y aguardiente.

Desocupado lector, felicísimos tiempos aquellos, más alegres que día con sol de primavera. Que la lectura del presente texto le aproveche, como si fuere leche.

Del abogado, entre lo profano y lo mundano.-

En este ramillete de tradiciones se puede apreciar nítidamente la conexión –ahora rota[7]entre la metáfora religiosa y la metáfora jurídica; así por ejemplo la intitulada: "Don Dimas de la Tijereta[8]ese escribano de número de la Real Audiencia, que en base a triquiñuelas y tracamandos habría engañado al mismo diablo a quien Palma describe pícaramente como "cartulario de antiparras cabalgadas sobre nariz ciceroniana[9]pluma de ganso u otra ave de rapiña, tintero de cuerno, greguescos de paño azul a media pierna, jubón de tiritana, y capa española de color parecido a Dios en lo incomprensible, y que le había llegado por legítima herencia pasando[10]de padres a hijos durante tres generaciones", ¡caspita! esta prosa no hubiera sufrido mayores alteraciones si le hubiéramos continuado con otro texto inmortal: .una olla de algo mas vaca que carnero, salpicón por las noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes..


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