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Ética y Democracia: Una aproximación a un debate desde la dimensión ética (página 2)


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Conviene recordar ahora que la democracia no es doctrina, ni siquiera elemental conjunto de garantías institucionales, mucho menos simple procedimiento. Es un trabajo, un esfuerzo, una tarea nunca terminada por mantener unidades, siempre limitadas, de elementos desemejantes y complementarios. No hace falta ser prestidigitador para reconocer por doquiera indicios de desajuste en todos los niveles, crisis de instituciones y valores, sinfín de caminos ignorados que se agrietan, con la pesada vacilación de no saber si conducen a alguna parte.

Una profunda angustia resulta inevitable, a nada que uno mueva más allá de las coordenadas que pautan el pragmatismo o el optimismo bobo de la inconsciencia. Respecto de la participación social y política, el individualismo esta llevando a una reducción de las tasas asociativas y un declive del interés por la política. Esto hace que la movilización cognitiva sea baja, por eso evadimos discutir sobre política ni ambicionamos persuadir a nadie de nada. Se viene proclamando el fin de las ideologías. Lamentablemente no hay evidencia que ese fin haya llegado o este por llegar. Mueren unas, pero nacen otras de parto natural o provocado. La de la "mano invisible" se resiste a morir, incluso aparece remozada. Lo mismo ocurre con la "neu-tralidad" aséptica de las ciencias en general y la "naturalidad "irreversible de cualquier avance tecnológico. Que hemos aludido de paso para la descalificación de La Antropología y de La Filosofía en gesto de torpe y alegre irresponsabilidad, a fuerza de descolorido maquillaje cosmético y con el prefijo "neo" resurgen viejos liberalismos. Sin alternativas aparentes, el capitalismo, como vía única de progreso económico, coge también nuevo aire. Por supuesto en el terreno mediático algunos siguen creyendo que el "medio es el mensaje," quedando vulnerable así las masas frente al "pensamiento único" domesticador de conciencias que implacablemente avanza y se impone.

Ideología relativamente nueva es la que pretende sofocar la necesidad del absoluto en el hombre y reducirlo solo a dimensiones en su capacidad de consumo, capitulo aparte, merece la peligrosa ideología que subyace en el discurso, muy de moda en la última década acerca de la ética y los valores, a el regresaremos luego.

Nada pues, de fin de las ideologías. Siempre las hubo y las seguirá habiendo. El hombre parece condenado a engañar y a engañarse, parecería no poder tolerar la vida sin "Falsas Conciencias" el intento despiadado y inquebrantable de la ciencia por desenmascarar mitos ideologías válidas y necesarias, nunca llegará a un final feliz.

Lo grave hoy, no es la existencia de doctrinas, sino la pretensión sistemática de declararlas inexistentes, lo cual lleva a desactivar la capacidad critica y a declarar inútil cualquier esfuerzo reflexivo serio. Apenas queda espacio que no sea, el puramente instrumental.

Las grandes energías humanas no se orientan a la comprensión, sino al logro de una rápida adaptabilidad. En este contexto, autoritario y profundamente conservador en su apariencia de moderno y vanguardista, resulta fácil acusar de inoportuno o descaminado cualquier intento sostenido de reflexión crítica.

Para que la incertidumbre, personal o colectiva, no acabe en la desmesura, o en una patología, se impone la incesante voluntad reflexiva, firmemente con mucha disciplina, probablemente limitada. El hombre racional, a pesar de reiteradas y ciertas evidencias contrarias, todavía no puede de manera alguna abdicar de su facultad de comprensión necesaria. Para poder vivir humanamente requiere de alguna cercanía a lo que ocurre así como alguna aprensión de lo que puede llegar a ocurrir.

Hay una segunda razón sustantiva para el esfuerzo abstractivo. Frente a una "sociobiología" excesivamente postmoderna que tiende a semejar la evolución de las culturas a la evolución biológica, y que lleva incluso a extrapolar el darwinismo de la selección natural para explicar fenómenos societarios, es preciso reivindicar el papel activo de la razón humana en la configuración del por hacer. La historia no ha concluido. Tampoco el futuro deriva de determinismos ciegos o fatalidades. El Caos no crea por sí solo, un orden nuevo, al menos en el orden social. Concretamente la ya celebre "mano invisible" que sin importar terribles costos humanos y pretiriendo permanentemente soluciones o problemas reales en el corto o mediano plazo que se encargaría de lograr alguna vez un orden justo, no pasa de ser un mito ramplón y cínico además.

Recurrencia fácil a la ética

Una de los colosales contrasentidos de inicio de este nuevo milenio es, el despropósito que es el negocio global del consumo, la verdadera guerra se da en el escenario de lo simbólico. Ello explica por ejemplo, el hecho de una academia más y más sojuzgada, hipotecada y sin autonomía a través de una red de "fundaciones empresariales" al servicio de cierta cultura .Le han doblado la cerviz a una intelectualidad esterilizada, hay un monopolio prácticamente absoluto de la función Sociabilizadora por parte de los medios y las nuevas tecnologías de la información.

En ese mismo escenario hay que situar el discurso ético de moda, lo que algunos han llegado a expresar como "modetica" "eticismo", hay quienes hace casi dos décadas denunciaban como suspicaz "el recurso a la ética en una época de Cambios". Los años subsiguientes han venido a confirmar aquella sospecha inicial. Como moda en curso, resulta que el origen de todos los males que agobian al mundo en decadencia extendida de los valores morales y por lo tanto habría que convocar una especie de cruzada universal para la recuperación de los mismos y para la proclamación formal y consensuada ética, como panacea es pura ficción.

Ética ¿Una moda?

La ingenuidad o el cinismo del diagnóstico son tan grandes que algunos "intelectuales" especialmente, desde Europa se han atrevido a sugerir la necesidad de elaborar un código único de ética para la humanidad en su conjunto, apelando además para ello a un acuerdo entre todas las religiones de la tierra. Para fundamentar la propuesta han llegado a afirmar que el "mundo en que vivimos" no conservará posibilidades de "sobrevivencia mientras siga existiendo espacios para éticas diversas, opuestas o antagónicas". Ya que un mundo único globalizado necesita un talante ético fundamental. El proceso de búsqueda para sentar las bases aceptadas universalmente, sobre las que podamos construir un nuevo consenso moral y ético es necesario pero puede ser largo y doloroso.

Otros prefieren mirar hacia atrás, a fin de rescatar lo recuperable de aquel sustrato humanista, original que el liberalismo fue perdiendo, aquella pasión del deber dictado por la voluntad de conjurar la dinámica del egoísmo individual. Aquel período se ha cerrado. En las sociedades actuales doblemente secularizadas, desprendidas de cualquier imperativo categórico e incluso, de aquellos supuestos que impliquen deberes propiamente dichos, no hay lugar sino para una ética "Light" minimalista restrictiva.

La también constatable premura de la "Academia" de desempolvar viejos e inoperantes códigos por los que las respectivas profesiones autorregulaban su ejercicio. En esa misma dirección, las cátedras de "ética profesional", hasta hace poco accesorias, dentro de las innumerables carreras hoy son fastuosamente promocionadas, especialmente Centros de Estudios Superiores, que dicen ser ellos los que mayor énfasis ponen en el desarrollo de la familia y como aclara Richard Lanham. "Nuestro mundo noético esta cambiando, así como la visión de mundo basada en la antigua Grecia notablemente dominadora esta siendo substituida, como ocurrió ya en el Renacimiento Europeo ha venido a ser como la restauración de la cultura retórica".

Así que cualquier institución que se valore, incluso las "bancarias" contrata profesionales con retribuciones considerables "expertos" en ética, para que precipitadamente desarrollen seminarios expeditos de adiestramiento o de "barnizados" para su personal.

Indagación causal

No es mi intención, no es el lugar ni el momento de analizar a fondo las causas de esta efervescencia ética. Devenida en moda. Quizás la más profunda tenga que ver con el conflicto "estructural" del propio individualismo liberal que, al desconocer al otro, niega cualquier posibilidad a una genuina ética, siempre racional. Obviando de alguna manera el fondo del problema, se estaría ahora por encontrar una ética funcional y adaptada a un individualismo "de rostro humano".

El pragmatismo tosco y los reduccionismos mercantil y consumista, cierran perspectivas y acortan recorridos, lo cual lleva irremediablemente a la degradación o al simple aburrimiento.

Lo que parece evidente es que el recurso compulsivo a instancias éticas es un atajo inviable y tiene que ver con el fracaso de los grandes breviarios ideológicos, que parecen no responder con eficacia suficiente a las urgencias del momento. La ética tendría una función supletoria, constituida ella misma en ideología Superior. No se puede pasar por alto, en esta rápida enumeración de causalidades, el último descubrimiento de mercachifles, ensayistas y comunicolos asesores de imagen: La ética también vende. Es decir ha pasado a tener su propio lugar privilegiado en el anaquel del mercado Global. Por aquello de los escenarios simbólicos: asistimos todos los días y de cara al espectro mediático, perplejos más que escandalizados a la frívola incautación de los valores morales. El vicio y la virtud, en amalgama indigesta, se convierten así en espectáculo rentable, ¿rearme moral o desarme definitivo? Contradicciones del sistema. ¿Maniqueísmo obtuso? ¿Esquizofrenia inducida?. Todo es posible.

Democracia bulímica

La crisis de valores remite, en el fondo, a una inestabilidad de la democracia. El mundo incrédulo evidencia que la desaparición progresiva de las dictaduras y totalitarismos de toda ralea, no ha conducido de hecho a un mejoramiento cualitativo de las democracias. La frustración es creciente y universal, más y más, la crisis perturba a los modelos o sistemas de convivencia, entre comunidades humanas. Definitivamente el conflicto es social y político, además de económico.

A una ética precaria y minimalista la acompaña una democracia restringida, en los países de una vieja tradición democrática, el sistema presenta graves síntomas de agotamiento, ejemplo de esto es, el crecimiento acelerado del desinterés por la política. Así como el repliegue compulsivo en la vida privada. En los demás países y en las actuales condiciones del mundo, el modelo de democracia occidental es sencillamente inviable.

Se consuma la paradoja de las paradojas: el neoliberalismo conduce inexorablemente a la negación de las libertades, la de las personas y la de los pueblos. Sin cambios profundos, que sin duda vendrán mucho antes del fin de la historia, si hay fin de la historia. La humanidad camina por un despeñadero de una deshumanización creciente. A escala planetaria crece el abismo de las desigualdades económicas, de recursos y de oportunidades. Se despliegan también en reacción defensiva y de sobrevivencia, los nacionalismos explosivos y peor aún los fundamentalismos, se intensifica la violencia, el rechazo, la xenofobia, la intolerancia religiosa, a lo interno de cada pueblo, crecen la rabia, la desesperación, la frustración o simplemente la abulia.

Dos epifenómenos recientes del liberalismo vienen a agravar el debilitamiento del ideal democrático como posibilidad. Ambos tienen que ver con los requerimientos expansivos del gran capital. Nos estamos refiriendo a la "Imperio del mercado" y a la dinámica inducida de la "globalización".

Dictadura de la mano invisible

La economía de mercado y la democracia política están muy lejos de ser las dos caras de la misma moneda. Solo podrían tener en común que ambas, limitan al Estado absoluto. Podría expresarse que un sistema abierto, político o económico es la condición necesaria, para una evolución de la libertad. ¿No hemos visto acaso a regímenes dictatoriales en la propia América Latina, imponer la economía de mercado?

El "poderío del mercado" es otra cosa, fenómeno mucho más reciente. Lejos de ser condición de democracia, pasa a ser antitético de la misma. ¿Dictadura del mercado? Si por una doble razón. En el terreno estrictamente económico, por su tendencia natural a burlar la competencia y a armar grandes entramados monopólicos. En el terreno ideológico, por la falsa conciencia masivamente inoculada, de que nada en la vida tiene valor, sino en la medida que posea valor en el mercado. El monopolio acaba negando la libertad económica, el nunca bien cuidadoso libre juego de la oferta y la demanda. El consumismo degrada la condición humana. En esas circunstancias la democracia queda reducida a simple caricatura insustancial.

Distribución universal

Nadie en su sano juicio podría ubicarse en contra del interés al acercamiento entre los pueblos. Con recto juicio también debe ser celebrado el descrédito corriente de los nacionalismos estrechos; y más si buscan la confrontación por la confrontación misma.

Desde otro ángulo es motivo de orgullo, el hecho de que la humanidad haya obtenido formidables logros técnicos, que posibilitan el intercambio vertiginoso de la información así como el conocimiento de personas y pueblos. Nunca se puede dejar de apostar por la busqueda de medios e instituciones con competencia, eficiencia e inteligencia, orientada a resolver los problemas que sofocan al conjunto de los pueblos.

La universalización de moda, se origina por las necesidades expansivas del capitalismo económico sobre todo financiero, pretende incluir y construir una globalización despareja, que niega las diferencias legitimas y consagra las ilegitimas. En el gigantesco supermercado planetario habría lo de siempre: dueños, gerentes, consumidores cautivos (aportando mano de obra barata) y excluidos, cada vez más y más excluidos.

Dos reflexiones adicionales al respecto: La primera obvia y ya insinuada , es el intento triunfalista de mundialización que va acompañado al hecho de una segmentación acelerada y reactiva, con expresiones a veces brutales que hoy se multiplican y la segunda es la dinámica forzada y totalizadora donde se alojan las posibilidades de una democracia para todos. Que luce en actitud vacilante de repliegue en la lucha por la sobrevivencia, así no se pueden fraguar democracias.

Todos y con todos

Quizás lo que está en la raíz más profunda tanto de los valores morales como en la crisis de la posibilidad democrática, sea el desconocimiento o la insensibilidad frente al otro. Ética y democracia son en fin de cuentas, el arte de vivir de unos y de otros, de unos con otros, de todos y con todos.

El descubrimiento del individuo en cuanto a tal, en el Renacimiento y en la época moderna, supuso un evidente avance civilizatorio. No puede ni debe ser negado. La felicidad es siempre de humanos individuales y por supuesto son individuos los que se empeñan en buscarla. El sano individualismo no sólo no puede ser descartado, sino debe ser reivindicado. Lo que han llamado crisis "estructural" del individualismo apunta, más bien a la perversión que conduce a un yo clausurado y solipsista, reducido o privatizado, encogido sobre si mismo, activado solo por energías centrípetas. A este plácido suicidio parece inducirnos el liberalismo en boga. Inmolación por un lado, homicidio colectivo por otro, por efecto del alejamiento o de la exclusión, los demás pueden acabar muertos en vida de uno y de los otros.

Esta ausencia de los demás en la conciencia propia, deja sin sentido a la ética así como a la democracia misma. El remedio no esta en la "buena voluntad" sincera o cínica, de quienes se limitan a propiciar campañas altruistas de diverso genero o "voluntariados" prescritos, mucho menos en quienes dicen alentar un "egoísmo solidario". Léase "Capitalismo con compromiso social".

Aislamiento en lo privado

Como no podía ser de otra manera el desconocimiento del otro y sobre todo el desconocimiento del otro en cuanto a otro acompañan la disolución progresiva de los espacios propios de lo social y lo público.

Los espacios que deja en la orfandad un poder estatal en acelerado declive y está siendo copados fácticamente por el poder de nuevo molde, un único mercado integral, compuesto por una red de consumidores que solo asoman al mundo a través de la pantalla de la tele ( los privilegiados también por la Internet). Predomina así una sofisticada y homogeneizada cretinización de la existencia. En ausencia de verdadera opinión pública acaba por imponerse la opinión mejor mercadeada. El político por su parte abandona cualquier debate preocupado tan solo por vender su "imagen". El "pensamiento único" convierte en desechos los pensamientos plurales.

Desaparece el sujeto, para convertirse en simple data humana objetivada.

En estas condiciones, hasta la represión tradicional cae en desuso. El nuevo poder fáctico se limita a atomizar y descomponer a los que privados ya de identidad, se mantienen en el borde inferior de la sociedad, refugiados y a la defensiva, al margen de proyectos y elecciones. Solo aspiran a sobrevivir y poder drenar energías con drogadicciones de diversos tipos.

Sin espacios propiamente sociales, la ética no puede ser mínima y preservativa. La democracia, en el mejor de los casos queda reducida a rutinario e inútil procedimiento.

Inacabado diagnóstico y posibilidades

Aunque en este tramo, puede parecer lo encontrado, la intención del presente planteo no se circunscribe al diagnóstico, siempre insuficiente pero inevitable, la sola descripción, en una época de estridente ruido verbal, podría representar algunos señalamientos más, acerca de otros discursos en boga. Es decir más vacío añadido al vacío. Sin embargo el mutismo, sobre todo en esta época paradójicamente tan ensordecida por algunos silencios, no puede ser la postura adecuada.

Si llega a ser conocida-cosa no siempre fácil, el tratamiento debe seguir al diagnóstico. Sin olvidar que en todo genuino esfuerzo reflexivo crítico, hay ya alguna propuesta al margen de esa realidad, ensayaremos la explicitación esquemática de un intento de aproximación, por supuesto limitado orientado a intentar sincerar el quehacer ético y a posibilitar la recomposición de la democracia. Poco más que la enumeración de algunas sugerencias.

Aproximaciones a una postura fundamental

En una primera aproximación, negativa, la ética en manera alguna puede ser codificada. El código tiende a ser estático y nunca representa más que el resumen de un acuerdo parcial sobre formas de comportamiento.

Inútil esfuerzo el de tratar de revitalizar la ética rescatando códigos, ni siquiera creándolos de nuevo. Mucho menos como queda insinuado, cuando las pretensiones son de universalidad.

En una segunda aproximación negativa, pero al margen de los códigos, la ética ni siquiera consiste en normas, aunque estas acaben siendo su reflejo. Esto es especialmente válido en la situación actual tan transformada, tan plural, tan incierta y tan dinámica. Más que normas, lo que hay que afinar son aptitudes, inclinaciones sostenidas, opciones de fondo.

En una nueva aproximación, ya no negativa, la posibilidad ética, supone la reactivación del ser humano como sujeto diligente y diferenciado. Plenitud de subjetividad en el mejor sentido de la palabra. La ética genuina esta experimentada en la elección y creatividad, supone conciencia de si y en definitiva equivale a una intransigente perseverancia en el propio ser. Contra una preferencia predominante en muchos críticos dicho sea de paso, la pertenencia a las masas, por sí sola, no tendría que ser un obstáculo insalvable, para la realización del sujeto propio. (léase, socialismo, democracia participativa).

No haría falta recordar, a estas alturas que no hay que sujeto humano ni posibilidades éticas sin el reconocimiento del otro como tal y no estrictamente tolerado (es urgente replantar el debate sobre la verdadera tolerancia), más aún la vida moral, que es creencia, apuesta y arrojo, tiene su fuerza última en el amor, entendido este como reconocimiento y entusiasmo por lo ajeno en cuanto ajeno.

Desde esta perspectiva, es preciso resituar al sujeto en el universal humano. La tolerancia deja de ser virtud moral cuando es el resultado de simples acuerdos consensuados.

Por supuesto, la vida moral se ahoga fuera de espacio de lo social. Quedo dicho ya que la crisis de valores morales se origina en la perdida de oxigeno de los cuerpos sociales, debido principalmente a la absorción de sustancia humana por parte de un liberalismo consumista, depredador y narcotizante.

De ahí la insistencia nuestra en afirmar que no hay solución radical sin reformas "estructurales". La posibilidad ética es, siempre y también un problema político.

Realidad histórica de la ética

La vida moral quehacer inacabado, trabajo más el sendero, es en última instancia, como se ha dicho. Secuencia de decisiones con fundamento. De igual forma sabiduría de una libertad responsable.

La ética es permanente reflexión crítica sobre valores institucionalizados y en esa medida le es connatural un cierto inconformismo sin prejuicios. Distanciada de utopía, se alimenta de proyectos y de ideales.

Las exigencias éticas siempre han estado en agónica minoría, frente a la realidad mayoritaria. Nunca ha sido la voz de lo dominante. En tensión sostenida entre lo real y lo posible, el empeño ético siempre comienza de nuevo y si hay algún acento triunfal en su tono, no es signo de regocijo sino aliento de resistencia.

Su objetivo es la felicidad, incluso el placer en su sentido más amplio y noble. Hace dos o tres siglos la reivindicación del placer podía ser revulsiva y hasta revolucionaria. Es preciso hoy rehabilitar una moral cuya inquietud es la imaginación que adivina posibilidades. Una moral de la discordancia y de la disidencia responsable, con espacio abierto para lo imprevisible. Una moral que no renuncia a la identidad y a la diversidad frente a la debilidad. Si algo permite la moderna sociedad urbana, es la proliferación incontrolable de grupos y de normas, que preceden de múltiples iniciativas dispares. En ese contexto y por el momento parece saludable una positiva infinidad de pertenencias.

Derechos de todos ,democracia

Decíamos que la crisis de valores remite a una crisis de la democracia, lo cual es cierto en dirección inversa. Ambas, en mutua relación y en última instancia, más allá de discursos vacuos, predomina la acción refleja, no son sino síntomas de una descomposición sistemática. Más no puede hablarse de democracia. Viva allí donde no estalla la indignación ante el desprecio de los derechos humanos, todos los derechos , los derechos de todos, frente a la mundialización descarada, criminal, que afecta las tres cuartas partes de la población de la tierra, sin justicia social en todos los órdenes , es imposible hablar de democracia , en la que solo se ocupa y se conforma con elegir los gobernantes de turno, es vergonzoso, necesario es avanzar como expresión de resistencia, de esfuerzo combativo y liberador frente a la lógica dominante. No hay que temer, esquivar o preterir los conflictos, hay que confrontarlos, ya que precisamente la conflictividad social está en el fundamento de la democracia, sino seguiremos nuestra lamentable marcha como mulas tahoneras en una democracia al por menor. Ella solo puede progresar a impulsos de la voluntad de los ciudadanos, de obrar y aportar responsablemente en la vida pública.

Información y democracia

La recomposición de la democracias obliga a afrontar en un debate a fondo del que no puede quedar excluido nadie, el crecimiento de la desigualdad atomiza la sociedad, vulnerando los mecanismos de de cohesión social y política, desgastadas las representaciones simbólicas. La política no fija el rumbo necesario de los cambios en marcha, la complejísima problemática de los medios de comunicación, su configuración, su control, su funcionamiento, han llegado a ser agentes primarios de socialización y por lo mismo, nueva fuerza organizadora de la realidad social. En razón de su importancia, por ese en el debate mediático no caben apresuramientos ni simplificaciones. Están en juego demasiadas cosas. En el contexto actual de la nueva relaciones de poder, y tomando en cuenta el debilitamiento acelerado de los Estados Nacionales.

Sería ingenuo desconocer por ejemplo , que el entramado telemático, planificado y dirigido por Corporaciones articuladas perfectamente al sistema económico financiero transnacional, cuyo control primario se ejerce por el fascismo de nuevo pelaje, incrustado en el corazón Wall Street.

Desde luego, tampoco la defensa del ideal democrático puede descansar sobre el rechazo sin más. El desafío es persistentemente descubrir, otras infinitas formas de relación social. En principio, la acelerada segmentación de públicos, parece una disposición positiva y positivo es también el hecho de que sea hoy el usuario de los medios, el centro de particular interés para los investigadores especializados, en definitiva se trata de fortificar todo lo que pueda contribuir desde ellos o desde otras instancias a empujar, educar, competitividades cívicas y desencadenar creatividades.

Conclusión

Las reflexiones en primer lugar: hemos preferido situarlas en coordinadas temporales más que espaciales o locales, partimos del presupuesto de la posibilidad ética y la viabilidad democrática. Son percibidas como uno de los problemas de mayor calado por la mayoría de los pueblos en el inicio de este nuevo milenio.

Por otra parte estamos convencidos de que las necesarias oposiciones locales o regionales al problema para su formulación misma y sobre todo para su urgente aplicación obligarán a tomar en cuenta respuestas seguramente incontables, pero simultaneas de otras localidades o regiones, en un mundo más inter-referido. Estamos por una sana globalidad mestiza.

En conclusión queremos dejar constancia de que, a pesar de la aparente temeridad de algunos de nuestros planteamientos están fundamentadas en realidades no menos severas, los mismos de manera alguna a una visión o aptitud pesimista de cara al futuro. Al contrario nos negamos rotundamente, a aceptar la irreversibilidad de algunas visiones que parecen hoy imponerse de manera definitiva. En época de incertidumbres nadie sabe cómo será el futuro-ni falta que hace, pero algunos pensamos que puede ser mejor que el presente. La humanidad está muy lejos todavía de haber dicho su última palabra.

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Mons. Javier Echeverría del 11 al 13 Octubre Roma 2000.

 

 

 

Autor:

Pedro Rafael García

Escritor


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