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La tarea que emprendieron los religiosos en la cuarta década en el siglo XVI en esta localidad debió ser ardua y compleja, en principio porque tenían que desplazarse a distintos parajes en los cerros para convencer a los naturales de cambiar sus antiguas creencias y abandonar sus tierras para trasladarse a un sitio llano de su designio. Por esta razón en la crónica de la provincia de San Pedro y San Pablo se resaltó la figura de fray Juan de San Miguel como un hombre que:
llevado de su espíritu trepaba los montes y se arrojaba a sus abismos buscando almas que convertir […] no quedó cumbre, gruta o monte en toda esta provincia, que no discurrió a pie y redujo [a los indios] a vida política y sociable [para que dejaran de ser] como manada sin pastor esparcida en las montañas.[6]
No se tiene conocimiento de la forma precisa por la cual se persuadió a los moradores de las lomas de bajar, pero en la mayoría de los casos el regular lograba convencer a los indios gracias al apoyo brindado por el indio principal de la comunidad, si bien probablemente se usó la fuerza. En el caso de Xiquilpan, la elección de la planicie más cercana a la comunidad para la reducción seguramente fue una decisión dirigida a facilitar el descenso de los indígenas, ya que permitió al indígena la conservación de sus propias tierras aunque modificadas en su organización territorial, y quizá hasta fue una condición sin la cual no se hubiera logrado.
Probablemente los purépecha que habitaban Xiquilpan antes de ser congregados moraban en el monte que es conocido como las cabañas y en las laderas de la loma de Otero, eso se puede confrontar con algunos fragmentos de lajas, pedazos de platos y de ollas, agarraderas, cachos de figurillas y pequeñas puntas de obsidiana que se han encontrado en la superficie del monte. En la loma de Otero también se han localizado restos de cerámica[7]El material encontrado en los montes permite sugerir que los purépecha de Xiquilpan vivían dispersos en los cerros, hasta que llegó fray Juan de San Miguel y los redujo "arranco a estos indios de su natural asiento y de las delicias que gozaban con la latitud del barbarismo […] porque su vida, ser natural es andar vagueando por los montes."[8] También en el Cerro Pelón y en el monte llamado San Francisco, o de la viña, se encontraba otro asentamiento purépecha. Seguramente en el monte que se llamaba Huaxuatli se localizaba algún templo de los naturales, por esa razón los frailes cuando llegaron a Xiquilpan bautizan al cerro Huaxuatli y le cambian su nombre por el de San Francisco.[9]
Luego de recorrer las estancias de Xiquilpan y seleccionar para el nuevo poblado el llano enmarcado por el "Cerro San Francisco", el "Cerro Pelón" y la "Loma de Otero" fray Juan tuvo que poner en marcha la construcción de la traza urbana del pueblo, para lo cual puso en práctica todos sus conocimientos basados en los conceptos del urbanismo renacentista "dividiendo las calles, plazas y edificios."[10]
La primera congregación fue de una importancia colosal para los indios, debido a que transformó la vida de los purépecha con la creación de un pueblo diferente y determinó la constitución de nueva organización territorial en Xiquilpan. Ésta se distinguió por el traslado de las casas de los indios a una planicie, en donde se diseñó una plaza con su iglesia y edificios municipales, de la cual se extendieron todos los solares en un plano aparrillado en todas las direcciones. A cada manzana del pueblo le fue asignada una función especifica y su importancia dependió de la distancia y ubicación con respecto a la plaza que se dispuso en centro del pueblo.[11]
El fraile encargado de realizar las congregaciones tenía toda la libertad de innovar, así, se pusieron en práctica las teorías italianas del urbanismo renacentista, por ejemplo Vasco de Quiroga afirmó haber trazado los pueblos que fundó en Michoacán según las ideas contenidas en la Utopía de Tomás Moro.
Es necesario mencionar que la congregación facilitaría el control y la administración económica, política y religiosa de pueblo, debido a que la dispersión que tenían la comunidad de los purépecha en los montes complicaba la evangelización y la nueva organización del gobierno de los naturales "porque congregándose los indios en pueblo, son mejor y más cómodamente doctrinados en las cosas de nuestra fe católica y enseñados a que vivan con política y comercio de hombres."[12]
La congregación impulsada por los frailes también trató de establecer los límites territoriales del pueblo congregado señalados por mojoneras o marcas distintivas en el paisaje. Asimismo la reducción provocó que al pueblo de Xiquilpan, como a otras comunidades, la Corona o la autoridad virreinal le otorgaran distintos documentos que acreditaban la propiedad de las tierras del pueblo. Estos escritos son conocidos como títulos primordiales, conjuntamente con otros tipos de manuscritos como las mercedes o donaciones de tierra por parte del rey o los lienzos y mapas que en la mayoría de los casos ilustran el territorio que le pertenecía a una localidad. La autoridad también reconoció como títulos de propiedad los códices o pinturas elaboradas antes de la conquista española.[13] Para nuestro caso de estudio, no se ha localizado algún códice, pintura o mapa, en cambio, si se tiene la ubicación de un libro de "apeo y deslinde de tierras" que hasta hoy funge como "titulo primordial de las tierras."[14]
Estos documentos además de ser importantes como instrumentos idóneos para avalar la propiedad indígena de la tierra, en términos del derecho español, manifestaron explícitamente la soberanía del rey ante sus vasallos los purépecha. Los naturales, al reconocer en la figura de los reyes de España a sus soberanos, quedaban sujetos directamente a su autoridad y recibían el beneficio de permanecer jurisdiccionalmente protegidos, al mismo tiempo que, admitiendo su vasallaje, tenían por obligación seguir las normas jurídicas y políticas establecidas por la autoridad real, además de pagar un tributo. Este importante hecho permitió a los naturales la continuidad en la posesión de sus tierras, pues en caso de que los indios no reconocieran la dominación que sobre ellos era ejercida, lo que significaba un estado de rebeldía, el despojo de éstas era válido y podía ser por la vía de las armas.[15]
La nueva organización territorial realizada por medio de la congregación de los purépecha de Xiquilpan, se manifestó claramente con la construcción de la traza urbana y de las edificaciones que la componían en su interior, como la iglesia, las casas de los indios principales y el cabildo, este último fue la institución encargada de resguardar los documentos e intereses de la comunidad y tenía a su cargo las cuestiones político, administrativas y judiciales. La fabricación de la traza urbana, la organización en barrios y la reubicación de las tierras de cultivo, que constituyeron elementos destacados en la transformación del territorio, fueron consecuencias de la congregación de los indios.[16]
La traza urbana de las ciudades, villas y pueblos de indios construidos en las distintas regiones de la Nueva España en el siglo XVI, en la mayoría de los casos, fue organizada por frailes o alarifes. Para llevar a cabo esta tarea, ellos pusieron en práctica principios cimentados por algunos pensadores de la época clásica y que fueron retomados por arquitectos del renacimiento.[17]
Los religiosos eran los que en la formación del pueblo tiraban los cordeles, median las calles, daban sitio a las casas, trazaban las iglesias, procuraban los materiales y sin ser oficiales de arquitectura salían maestros aventajadísimos de edificar. Cortaban los haces de caña con sus manos, formaban los adobes, labraban los maderos, asentaban los ladrillos y encendían el horno de cal.[18]
Para edificar un centro urbano se elegía un territorio que, según sus consideraciones, tuviera una calidad o naturaleza sana. Para que el espacio fuera sano tendría que ubicarse en un lugar templado, en donde no existiera el exceso del calor o del frío y una altura media para que los aires no corrompieran físicamente a sus habitantes. También se tenía que tener en cuenta que el sitio nuevo no tuviera en sus alrededores excesos de agua y tampoco debería estar estancada, porque se pensaba que los grandes depósitos de agua acumulada eran dañinos, dado que en ellos habitaban insectos y animales ponzoñosos capaces de transmitir enfermedades a las personas moradoras de las cercanías.
Además, se creía que los habitantes al estar en contacto con lugares malsanos sufrían deformaciones o enfermedades y su comportamiento se tornaba fiero, cruel e inhumano, por consecuencia, quedarían inhabilitados para realizar su trabajo y se volverían incivilizados.[19]
Desde el principio de la colonización en la Nueva España, las instrucciones que se dictaron para el establecimiento de poblados previnieron a los españoles para que buscaran buenas condiciones naturales para el desarrollo de la civilización. En ese sentido, encontramos que la Corona, terminada la Conquista de Tenochtitlan, se ocupó por establecer las normas para la fundación de los centros urbanos; por ese motivo el 26 de junio de 1523 se dio a Hernán Cortés una instrucción para que llevara a cabo El programa urbanizador: normas sobre fundaciones de centros urbanos y orden que habrá de llevarse en el repartimiento de solares y tierras. Al respecto lo más ilustrativo del documento es lo siguiente:
Los sitios sean sanos y no anegadizos, de buenas aguas y de buenos aires […] de buena tierra de labranzas […] repartir los solares del lugar para hacer las casas y éstos sean repartidos según la calidad de las personas […] el pueblo debe ser ordenado así en el lugar que deben dejar para la plaza y el orden de las calles.[20]
Una vez determinada la ubicación del sitio con temple sano se procedía a fijar un orden para el centro urbano que permitiera a los habitantes vivir en policía. La traza de los centros urbanos debía de seguir la siguiente disposición, primeramente se asumía la construcción de una plaza cuadrangular.[21] También se tenían que distribuir las calles principales, éstas debían trazarse del centro de cada lado de la plaza, de la misma forma tenían que salir dos calles por cada esquina del cuadrado.[22]

Figura 2. Esquema de una traza renacentista
En las calles principales se requería la cimentación de unos portales para que pudieran establecerse los comercios. También se tenía que tener en cuenta que, en los lugares fríos, era conveniente que las calles tuvieran un tamaño amplio y en lugares calientes una dimensión menor. Eso se debía a que en los lugares frescos el sol calienta menos, entonces si existían calles anchas los edificios no darían sombra y la luz del astro provocaría que se templaran las calles. En los lugares calientes las calles deberían ser angostas para que los edificios dieran sombra y se mantuvieran templados los caminos. A continuación se designaba un solar completo para la iglesia mayor, después era necesario fundar alrededor de la plaza, la casa real, el cabildo, la cárcel, la aduana y las casas de los nobles. [23]
Atrás de los solares del primer cuadrante se disponía la organización de las tiendas o casas de comercio y sucesivamente los hogares de los ciudadanos. Asimismo se establecía que en el exterior de la traza se repartieran tierras de cultivo, ganado mayor y menor para que se pudiera mantener el centro urbano. Las tierras para la cría y engorda de ganado caprino, ovino y bovino se consideraban comunales y eran llamadas "dehesas."[24]
Para los naturales estuvo restringida la vecindad con los españoles en las ciudades y villas, sólo se les permitía estar en esas localidades para cumplir con algún trabajo realizado para un ibérico. Esto respondió a que los indios no tenían derecho a participar en ninguna actividad jurídica en las urbes, debido a que no formaban parte de la comunidad ciudadana.[25] Pasado el siglo XVI esta norma se relajó, ya que era común encontrar viviendo en las ciudades a indios como a mestizos, estos grupos no sólo se desempeñaron como servidumbre en las casas de los españoles, sino que también se emplearon en otros oficios.
El centro urbano que trazó fray Juan de San Miguel en Xiquilpan se localizaba en una parte plana al oriente del cerro San Francisco, recordemos que los antiguos purépecha de Xiquilpan, como en otras comunidades de Michoacán, acostumbraban tener sus casas en las laderas de las montañas presentando un orden distinto, que no respondía a la traza urbana occidental. Por esa razón San Miguel eligió tierra llana y muy raza sin montes en donde los indios pudieran abastecerse de agua "a la redonda del ay agua en abundancia para los naturales"[26]. También seleccionó un lugar sano "una tierra templada que toca más en caliente que no fría y del mes de octubre hasta el mes de enero hace más fresco en este dicho pueblo, es tierra sana y no húmeda." De acuerdo a su concepción, el clima templado favorecería que los habitantes del lugar tuvieran una vida buena y ayudaría a los indios a comportarse civilizadamente. Después de que fray Juan bajó de las montañas a los indios que vivían derramados por ellas, los sacó de su vida natural y los juntó en población y en llano.
Cabe comentar que en esta investigación se utiliza el término de traza urbana, casco urbano y centro urbano para referirnos en un pueblo de indios a la organización espacial de un núcleo central que esta representado por los elementos del urbanismo, estos son la plaza, los edificios y las calles. Esos términos no deben confundirse con el fundo legal, porque en el siglo XVI con este último nombre se conocieron los espacios que rodeaban la comunidad indígena, y que fueron reservados básicamente para los cultivos del maíz y otros productos de las huertas; lo que podría designarse como el cinturón agrícola de la comunidad. La normativa de la época señalaba que de los límites de estas tierras hacia el exterior, era necesario rebasar las 1,100 varas para poder construir cualquier propiedad que no perteneciera a los naturales.[27]
La nueva organización espacial del pueblo de la hierba tintórea debía de tener un trazado regular en damero, que también reprodujera los modelos renacentistas del urbanismo. El casco urbano debería de medir del centro hacia los cuatro vientos o puntos cardinales quinientas varas, se consideraba que por una de las esquinas del solar de la iglesia deberían cruzar dos ejes, el de sur a norte y el de oriente a occidente. En Xiquilpan el eje de oriente a occidente se encuentra trazado en la parte trasera del convento. Durante la época colonial esta calle fungió como el camino real que iba a la villa de Zamora. Suponemos que el eje sur a norte fue trazado al costado derecho del templo, posiblemente esa calle, hacia la parte norte era el camino para Sayula y Colima.
El convento se empezó a construir en 1539, el material con el que se fabricó fue sacado de una cantera cercana a la comunidad, de ella se obtuvieron rocas coloradas de buena calidad y de poco peso.[28] Al templo se le dio el nombre de San Francisco de Asís, por ello, ese santo quedó como patrono del pueblo y se instauró la fiesta titular de la comunidad el 4 de octubre. Cuando el fraile Antonio de Ciudad Real visitó Xiquilpan en 1585 por primera vez, mencionó "hay un convento nuestro [franciscano]" y en su regreso a Xiquilpan describió que el convento estaba terminado:
el convento, cuya vocación es de San Francisco, nuestro padre, estaba acabado con su claustro, dormitorio e iglesia, todo pequeño hecho de adobes, tiene una bonita huerta en que entra un golpe de agua que se saca del arrollo […] con que se riegan muchos naranjos, cidros, limas y limones plátanos y aguacates y otros árboles que hay en ella, moraban allí dos religiosos[29]
Dentro de la traza urbana, el convento era uno de los centros de la comunidad, representado por la puerta del edificio. Asimismo el espacio que ocupaba el templo católico de San Francisco, santo patrono de la comunidad, era la medula del pueblo de Xiquilpan. Cuando fray Juan de San Miguel empezó a construir el edificio mencionado, también trazó las calles y ordenó la distribución de los solares, en donde se ubicó el cabildo y las casas de los indios. La traza urbana que se fabricó en el siglo XVI fue modificada con el tiempo, pero existen características que permiten observar algunas partes del diseño que elaboró fray Juan, como la ubicación del convento y la calle que era nombrada camino real.
Por otra parte, en la Relación Geográfica de Xiquilpan, se describe la estructura y el material con el que estaban elaboradas las casas "la forma y edificio de las casas de este dicho pueblo son de adobes e barro, solos los cimientos de ellas hacen de piedras, son de pocos sustento y cubiertas de paja y la madera de ellas es de pinos monteses". Según las noticias que nos brinda Ciudad Real, en Xiquilpan había tres barrios "el de San Pedro miraba al noreste y suroeste, en la otra banda del río el Espíritu Santo y Santiago al centro"[30]. Es muy probable que la división de los barrios respondiera a la calidad social anterior a la Conquista y a la pertenencia a alguno de los dos grupos indígenas habitantes del lugar. De esa manera, el barrio conformado por los solares cercanos a la plaza y al convento estuvo habitado por los purépecha nobles, antiguos gobernantes de la comunidad; un segundo barrio fue establecido con indios michoacanos del común y el tercero fue formado por sayultecas del occidente del Lago de Chapala[31]Cada uno de éstos contó con su propia capilla.
Después de algún tiempo de haber organizado a los indios en sus barrios, el fraile Alonso de Pineda fundó un hospital dentro de la traza urbana. Seguramente la construcción de ese edificio tuvo como finalidad albergar y dar atención espiritual a los indios enfermos en la gran epidemia de cocoliztli (1545-1548) que provocó el descenso de la mitad de la población indígena. Así, en 1548 se estableció, al poniente del convento, el hospital con su capilla y un mesón, en donde se otorgaban los sacramentos y se daba posada a caminantes y viajeros.[32] La caída de población indígena provocada por las epidemias a finales del siglo XVI ocasionó que la autoridad virreinal emprendiera un nuevo programa de reducción de los indios, el cual tenía como propósito el reajuste de los pueblos para la mejor administración política y fiscal. Este programa virreinal significó nuevas alteraciones en el territorio de Xiquilpan.
Hasta el día de hoy no se ha localizado algún documento del siglo XVI que describa las características de la extensión de la traza urbana y las dimensiones de las tierras comunales, sin embargo, por las circunstancias que explicaremos a continuación, es permitido sugerir que existieron tales escritos. En el siglo XVII la autoridad virreinal emitió varias instrucciones que trataban el tema de la composición de la tierra en las comunidades indígenas, en algunas de ellas se contempló la dotación de 600 varas de tierra por los cuatro rumbos agregadas a los límites del pueblo. Para lograr ese beneficio, además de pagar una cuota, era indispensable acreditar la propiedad a través de los títulos de la fundación del pueblo y de las tierras que pertenecían a la comunidad.[33] En ese tenor, encontramos que los purépecha de Xiquilpan sacaron sus escritos del cabildo y presentaron los documentos del siglo XVI que daban fe de la edificación del pueblo y avalaban la propiedad de sus tierras, por esa razón en el año de 1697 se ordenó al alcalde mayor que proporcionara 600 varas de tierra a los naturales "desocupando dicho lugar todos los que no fuesen indios."[34]
Hasta ahora hemos centrado el tema de las congregaciones en torno a la necesidad de los frailes por terminar con la situación de barbarie en que vivían los indígenas y conseguir su traslado a un sitio donde pudieran ser evangelizados y finalmente vivir en policía cristiana. Mas, en este punto, es debido llamar la atención sobre otras de las motivaciones que dieron lugar a la enorme empresa que significó la primera etapa de congregaciones realizada por los religiosos. Ante todo, debemos recordar que toda la actividad emprendida por los mendicantes en la Nueva España fue con anuencia, y muchas veces por encargo de la autoridad real, convirtiéndose estos clérigos de facto en funcionarios coloniales. En este caso, la Corona estuvo interesada en la reorganización de la propiedad indígena porque con el establecimiento de los centros urbanos facilitaba a la autoridad virreinal el control territorial y la administración de la política, la economía y la justicia, al mismo tiempo que, según su concepción, permitía a los habitantes desarrollar las actividades para desenvolverse como ciudadanos.
Entre los principales objetivos hallamos entonces que la reducción de los indios ayudaría a ejercer un mejor control sobre el importante asunto de la recaudación de los tributos y sobre la población, por ello, la construcción de un nuevo pueblo a la manera occidental también estuvo acompañada en Xiquilpan de la implantación de la figura de autoridad local que reemplazaron a los encomendaron y a los franciscanos en la ejercicio del mando civil sobre los indígenas y desde ese momento tuvieron en sus manos el gobierno representado por el cabildo, que fue administrado por los naturales
La importancia del gobierno indígena fue patente en el momento de la fabricación la traza urbana, en donde se privilegiaba un solar frente a la plaza, destinado a la construcción del edificio del cabildo. Es el tema del siguiente apartado abordar las tareas de la nueva institución de los naturales impuesta en Xiquilpan para asumir las cuestiones políticas, las normas judiciales del gobierno y sobre todo la gestión y protección del territorio de la comunidad.
El cabildo o consejo municipal era la estructura de gobierno de las urbes españolas en el viejo mundo y estaba compuesta por varios funcionarios, los principales eran el alcalde y el regidor, quienes tenían a su cargo la administración política de su localidad. Los alcaldes, además realizaban funciones como jueces civiles y penales en los tribunales de su comunidad, por lo cual este puesto tenía mayor autoridad que el de los regidores.
En la Nueva España la implementación del cabildo como nueva estructura del gobierno indígena no tuvo una aplicación acuciosa, sino que ocurrió en distintos años sin seguir un estricto orden. En la cuenca y en los alrededores de la antigua Tenochtitlán se empezaron a fundar los primeros cabildos de indios a finales de la década de 1530. Sin embargo parece que los cabildos de esta misma región y sus funcionarios lograron una mejor organización de sus labores hasta los primeros años de 1550.[35]
Para Michoacán se tiene un informe de la tasación de los indios realizada por Juan de Ortega en 1528 en cual se menciona la presencia de gobernadores y señores de algunas provincias purépecha.[36] Para esa fecha era poco probable que en los pueblos de Michoacán existiera la corporación del cabildo, en todo caso serían incipientes organizaciones administrativas representadas por un gobernador y un alcalde. El año exacto de instauración del cabildo en Xiquilpan no se tiene identificado pero debió acontecer a principios de la cuarta década del siglo XVI inmediatamente después de que se fijó la traza de Xiquilpan (c. 1539), pues en ella se tuvo en cuenta la construcción del edificio que albergara el dicho cuerpo. Esto toma mayor sentido si tenemos en cuenta que la creación del cabildo debió acompañar a la instauración de corregimiento que ocurrió en el mismo periodo como veremos adelante.
El número de miembros que formaban parte del cabildo variaban en cada pueblo, a la cabeza de ellos estaba el gobernador, le seguía en rango de autoridad el alcalde y el regidor, después se encontraban los oficiales menores como el alguacil mayor, el alguacil menor, el fiscal, el mayordomo y el escribano. En algunas comunidades había tequitlato, cantores y jueces de milpa. En la mayoría de los pueblos de Michoacán los integrantes del cabildo pertenecían a la nobleza indígena de la localidad y su elección se llevaba a cabo anualmente a través de la votación y, acabada su gestión, podían ocupar otro cargo. Así se registró en la elección de 1596 "entraron en cabildo y ayuntamiento, como tienen costumbre a elegir alcaldes, regidores y alguacil mayor y mayordomos […] los indios electos fueron don Marcos Zintzuntza, alcalde con nueve votos, don francisco Tzitzinque con siete votos."[37] Las elecciones podían celebrarse en los edificios del cabildo, en la casa del gobernador favorecido, o en la iglesia ante un escribano o notario. Se tiene noticia de que en Xiquilpan ocurrió la rotación de los ocupantes de los puestos dentro del cabildo, cuando en 1573 el indio principal Domingo de la Cruz hizo uso de sus facultades para imponer una pena aun indio infractor de las normas: "el año pasado [Domingo de la Cruz] había sido alcalde y ha sido alguacil, castigó al natural llamado Juan por casarse con una india casada."[38]
La autoridad virreinal tenía la facultad de vetar los resultados de las elecciones o, en su caso, dar su aprobación. Posteriormente y ante la decisión de esa autoridad era obligación de los corregidores hacer cumplir lo establecido por el virrey, asimismo se les instruía para evitar la elección de indios con mal comportamiento, rebeldes o borrachos. Algunas veces estos últimos prohibieron o limitaron la reelección de los puestos del cabildo y en general se procuró que todos los indios elegidos fueran nobles. Los funcionarios electos viajaban a la ciudad de México para recibir la ratificación virreinal de su cargo y en algunas ocasiones se envió la confirmación de su puesto al pueblo.[39] El virrey podía elegir directamente al gobernador de una localidad en caso de que sobreviniera la suspensión de una elección o de algún funcionario del cabildo. Esto aconteció en la localidad cuando el Conde de la Coruña nombró directamente a un alcalde que vivía en el pueblo Tzipin sujeto de Xiquilpan.[40]
Los gobernadores tenían igualmente la obligación de atender las peticiones o encargos mandados por el presidente de la Audiencia, además, por su honorabilidad eran llamados a testificar en las donaciones de alguna porción de tierra, en pleitos o en la sucesión de los funcionarios del cabildo de otras comunidades. Por esos motivos el corregidor mandó a llamar en 1579 al gobernador y alcalde de Xiquilpan para que informara sobre las cosas que había en el pueblo de Chocandiran y respondiera a una serie de preguntas que formarían los documentos que hoy conocemos como la Relación Geográfica de Chocandiran.[41]
Asimismo los purépecha que habían sido electos como miembros del cabildo y tenían su certificación recibían una vara que era la representación de la posesión de la máxima autoridad civil de la comunidad, con esto, también se puntualizaban sus obligaciones. La vara, como símbolo, otorgaba al portador la legitimidad y honorabilidad como gobernante, a su vez ratificaba visualmente el mando ante las personas del pueblo. Ofender la vara era negar el respeto merecido a la persona que la portaba y se castigaba como un delito grave que se conocía como "haber quebrado la vara de justicia." En Tzipin pueblo sujeto de Xiquilpan, el alcalde de dicho lugar llevaba consigo una vara de autoridad, con lo que se demuestra que no sólo el gobernador era portador de una vara. [42]
Las tareas más sobresalientes que debía cumplir en su gestión cualquier gobernador eran las siguientes: mantener el control de los delitos, reclutar a los naturales para realizar trabajos dentro y fuera del pueblo, promover la doctrina cristiana y ayudar a los frailes a eliminar la idolatría por medio de castigos corporales. El cabildo también trataba de remediar los pleitos entre los indios, ciertas veces los gobernadores eran apoyados por los alcaldes para impartir justicia en sus tribunales. Asimismo tenían el encargo primordial de velar por los intereses de la comunidad y en caso de requerir su defensa eran la institución indicada "para que los represente en todas las causas y pleitos del pueblo."[43] En ese sentido el cabildo tenía la primordial obligación de arreglar los problemas internos de la comunidad concernientes a las tierras y de defender a su pueblo contra la usurpación de su territorio por personas ajenas a la localidad, además de que tenían el encargo de recaudar y entregar los tributos al corregidor. Asimismo esta corporación también estaba comisionada para solucionar los problemas de los pueblos sujetos al pueblo cabecera.
En 1590 los miembros del cabildo de Xiquilpan "el gobernador, alcaldes y principales" se quejaban ante el virrey acusando a las autoridades españolas encargadas de recolectar el tributo de la comunidad de que no lo hacían en tiempo y que esperaban a que los productos se pudrieran para rematarlos, por lo que los indios "recibían notorio agravio" porque, para cumplir con la carga fijada, se debían aumentar las contribuciones de los habitantes a niveles excesivos.[44] Lo mencionado permite observar que las pugnas entre los funcionarios del cabildo purépecha y los probables abusos cometidos por los empleados de la autoridad virreinal, eran dirimidas en la ciudad de México. Cuando el cabildo no podía resolver los problemas internos de la comunidad, se pedía el remedio y el dictamen del virrey.
En el cabildo se llevaban a cabo reuniones regulares e irregulares durante todo el año en un edificio que generalmente estaba situado en la plaza central del pueblo. En Xiquilpan, el solar ocupado por el cabildo probablemente estuvo localizado en el siglo XVI en el costado derecho al oriente de la vieja plaza Colón, en el mismo edificio se instalaron los espacios dedicados a la cárcel, para castigar a los naturales que habían infringido las leyes.
En las juntas mencionadas, los integrantes del concejo se encargaban de normar la distribución del agua, los caminos, la vigilancia de los mercados locales y edificios públicos, así como regular los espectáculos, las fiestas de los recibimientos virreinales y las ceremonias religiosas. Los miembros del cabildo con menor rango como los mayordomos indígenas tenían el encargo de resguardar las propiedades de la comunidad, entre ellos, los rebaños de ganado menor, al tiempo que estaban obligados a cobrar por el mantenimiento de los edificios públicos y recibir cuotas por alguna posesión que rindiera un ingreso monetario. Ellos también ayudaban a los frailes a velar el cumplimiento de las normas de la religión y en algunas ocasiones aplicaron los castigos corporales por faltar a la iglesia. Todas las personas que ocuparon un cargo dentro del cabildo recibían en pago a su trabajo un salario.
En algunas localidades habitadas por grupos de habla náhuatl en el centro de la Nueva España durante el siglo XVI, perduró en el cabildo el nombre de ciertos miembros de la baja nobleza y las funciones que realizaban antes de la conquista española. Por ejemplo, los tequitlatoque en el cabildo llevaban a cabo el registro de los cambios de posesión de la tierra entre los indios, o los topileque cuya labor consistía en cuidar el orden de la comunidad.[45] Al parecer en los pueblos de Michoacán, entre ellos el de nuestro interés, con la instalación del cabildo no se mantuvo intacta la jerarquía de los indios que los identificaba en su antigua estructura de gobierno, ni tampoco persistieron todas las tareas que cumplían como miembros de la nobleza. Los purépecha llamados Ocambecha, administradores y recolectores locales del tributo de cada barrio en su antigüedad y otros personajes pertenecientes al viejo gobierno indígena, perdieron el nombre con el cual se les reconocía, en cambio permanecieron sus privilegios y su filiación como nobles indígenas al menos en el primer siglo del periodo virreinal, lo cual les dio el derecho de participar como miembros del cabildo.[46]
Algunos indios aprovecharon su autoridad para castigar a otros naturales por disputas personales "el odio y enemistad que le tiene ha procedido contra él." Un caso que muestra ese comportamiento, es en el cual se vio implicado Bernardino Juan, alcalde de Xiquilpan en 1583, al desterrar de su casa y de sus sementeras por cuatro meses a un indio, por la acusación de adúltero. El purépecha despojado reclamaba el abuso de autoridad y argumentaba que "injustamente se le imputa y solamente satisfacción y venganza que pretende tomar."[47] Tal vez el alcalde pudo sancionar la posible falta del indio con el encarcelamiento o con azotes como era su costumbre, pero su pena fue más severa, quizá tenía la intención de beneficiarse del usufructo de las tierras del natural inculpado.
Con el establecimiento del cabildo indígena se instauró en Xiquilpan, dentro de los límites de la ley ibérica, la autoridad de una corporación integrada por nobles indígenas que tuvo encargos en materia de gobierno y en materia hacendaria, al mismo tiempo que ejerció la jurisdicción para dirimir asuntos de justicia en el interior de la comunidad. Esa institución civil fungió además como representante de los intereses de los indios de lugar ante las distintas instancias reales y seguramente fungió como intermediaria entre éstas y los naturales. La otra importante estructura de gobierno a un nivel local que fue designada para el territorio de Xiquilpan fue el corregimiento, el cual estuvo en manos de la burocracia nombrada desde el Consejo de Indias.
Por medio de este estudio logramos dar cuenta de que la fundación del pueblo de Xiquilpan en el siglo XVI se debió a la tarea evangelizadora de los frailes franciscanos. Para que se lograra esa empresa los religiosos emplearon varios procedimientos que les permitió cumplir con su objetivo. El primer paso de la destacada empresa fue trasladar a la comunidad a un nuevo territorio llano por medio de la congregación, seguidamente se construyó la traza urbana, la cual estaba ordenada en un plano aparrillado con su plaza, solares y calles.
La fundación del nuevo pueblo fue muy importante para la vida de los indígenas, debido a que cambió su antigua forma de vivir religiosa y políticamente. La vida espiritual estaría regida por un fraile y el culto se realizaría en una iglesia o convento ubicada en el primer plano de la traza urbana. El gobierno sería representado por el cabildo y distintos miembros que representarían la autoridad civil, ellos también tendrían un edificio enfrente de la plaza en el cual despacharían los asuntos de la comunidad.
Consideramos que con la imposición de esas instituciones se le suprimió al linaje de la nobleza de la antigua comunidad su poder divino y su autoridad civil que recaía en una sola persona, el señor principal. A su vez se trató de eliminar los viejos espacios prehispánicos de los ritos que se realizaban en lugares, como en las cuevas de las montañas y se suprimió el culto a los elementos del paisaje. Con la fundación del pueblo el gobierno indígena, por medio del cabildo tuvo la obligación de recoger los tributos y mandarlos al virrey, así mismo se reorganizo el territorio de la comunidad y se destinaron tierras para el cultivo y para la cría de ganado menor. Además las tierras del pueblo fueron protegidas y amparadas por la legislación española que autentificaba la propiedad de la comunidad a través de los documentos.
Podemos sugerir que la fundación del pueblo ayudó a los frailes a predicar la doctrina cristiana, ya que no tenían que ir a buscar a los indígenas a los montes o cañadas y a su vez los enseñaron a vivir en traza y policía de calles, con eso los pobladores vivirían en vecindad con otros indios y se volverían hombres civilizados. Por otra parte el virrey obtuvo un mayor control social y fiscal de los indios. Con las nuevas instituciones la autoridad virreinal mantendría una clara ubicación del poblado, de esa manera normaría la vida cotidiana de los naturales y daría paso a la nueva configuración territorial que se empezó a formar en la Nueva España a mediados del siglo XVI.
Queda por estudiar la tarea jurisdiccional del corregidor como autoridad civil ante la población indígena de Xiquilpan, ya que su autoridad fue asignada después de la fundación del pueblo. Sería interesante analizar las causas y el proceso de la segunda fundación del pueblo a finales del siglo XVI, dado que permitiría entender con mayor detalle la organización y distribución del territorio de la primera fundación del pueblo, así como la posible ubicación del edificio del cabildo dentro de la taza urbana, las casas de los gobernantes y las dimensiones del casco urbano.
Para terminar es necesario resaltar que con la anuencia de la autoridad virreinal los frailes empezaron a introducir elementos culturales a la vida cotidiana de los indígenas, impulsadas por la religión y apoyadas por las instituciones civiles. Eso daría paso a una nueva interpretación de las costumbres, de los ritos católicos y de la política en la vida de los indígenas. La fundación de los pueblos fue una gran empresa colonizadora que sirvió como un medio de control de los grupos indígenas, también se aprovechó para que las comunidades tuvieran un medio de coerción en sus propiedades territoriales ante la voracidad de algunos españoles que buscaban enriquecerse a través de la apropiación de las tierras y aguas de los pueblos de los nativos.
Archivos
Archivo General de la Nación.
Archivo General de Indias.
Archivo Histórico de la Ciudad de Pátzcuaro.
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Autor:
Hermes Javier Medina Aboytes
[1] Martínez, Rodrigo, (1989) "La conquista" en Enrique Florescano coord., Historia General de Michoacán vol.II 3 vols. p.50
[2] Ochoa Serrano, Álvaro (1999) Jiquilpan-Huaninba, una historia confinada, Morelia, Morevallado. p. 32
[3] Archivo General de la Nación, Indios vol. 12 exp. 51 (en adelante AGN)
[4] Barlow, R. H. (1971) "Relación de Xiquilpan y su partido" en Tlalocan vol. 1, p. 287
[5] Torre Villar, Ernesto de la (1995) Las congregaciones de los pueblos de indios, fase terminal: aprobaciones y rectificaciones, p. 15
[6] Rea, Fray Alonso de la (1996) Cónica de la orden de nuestro señor seráfico P.S. Francisco, provincia de San Pedro y San Pablo de Michoacán,,p.108. La Rea Considera que Fray Juan de San Miguel y Vasco de Quiroga fueron los personajes más destacados en la concentración y reducción de indios en la provincia de Michoacán.
[7] Noguera, Eduardo (1993) "Exploraciones en Jiquilpan" en Noguera, Eduardo, La arqueología en los anales del museo michoacano (épocas I y II), p. 28
[8] Rea, Fray Alonso de la (1996) Crónica de la orden de nuestro seráfico P. S. Francisco, Provincia de San Pedro y San Pablo de Mechuacan, p. 109
[9] Ochoa Serrano, Álvaro (1999) Jiquilpan-Huanimban, una historia confinada, p. 38
[10] Ibidem, p. 109
[11] Sullivan, John (1995) "Congregaciones como tecnología de disciplina" en Estudios de Historia novohispana México, p.44
[12] Torre Villar, Ernesto de la (1995) Las congregaciones de los pueblos de indios, fase terminal: aprobaciones y rectificaciones, p. 21
[13] Oudijk, Michel R. y María de los Ángeles Romero (2003) "Los títulos primordiales" en Relaciones Títulos primordiales, Estudios de Historia y Sociedad 95, vol. XXIV, p. 38
[14] AGN Archivo de Buscas caja 13, exp. 3, El análisis paleográfico que le realizó al documento a petición de los estatutos de la Reforma Agraria señalan al documento cómo falso o apócrifo, porque se mencionan fechas y acontecimientos que no concuerdan, entre otros argumentos. Para nuestro estudio es importante, ya que tiene algunas descripciones del territorio que pueden ser contrastados con otra información.
[15] Álvarez Salvador (2003) "El pueblo de indios en la frontera" en Relaciones Títulos primordiales, Estudios de Historia y Sociedad 95, vol. XXIV, p. 117
[16] En apartado siguiente del cabildo indígena de Xiquilpan se explica la organización territorial y administrativa entre el pueblo cabecera Xiquilpan y sus el pueblos sujeto.
[17] Aristóteles (2000) Política, p. 5
[18] Remesal, Antonio de (1966) Historia general de las indias Occidentales y particularmente de la gobernación de Chiapa y Guatemala, p. 180
[19] Vitruvio Polion, Marco (1993) Los diez libros de la arquitectura, Barcelona,: Alta Fulla, p.15
[20] Archivo General de Indias Indiferente General, leg. 415
[21] Christlieb Federico, Fernández y Urquijo Torres Pedro S. (2006) "Los espacios del pueblo de indios tras el proceso de congregación, 1550-1625", en Investigaciones Geográficas, Boletín del Instituto de Geografía, número 60, México, UNAM, p. 147
[22] "Ordenanzas de descubrimiento y población dadas por Felipe II en 1573" en Rafael Altamira y Crevea (1950) Ensayo sobre Felipe II, hombre de estado su psicología general y su individualidad humana, México, UNAM, p. 266
[23] Ibidem p. 264-270
[24] Rivera Marín de Iturbe, Guadalupe (1990) La propiedad territorial en México 1301-1810, p. 207
[25] Aristóteles (2000) Política, p. 82
[26] Barlow, R. H (1971) "Relación de Xiquilpan y su partido, 1579" en Tlalocan, p. 280
[27] Solano, Francisco de (1984) Cedulario de tierras, compilación de legislación agraria colonial (1497-1820), p. 85
[28] Barlow, R. H (1971) "Relación de Xiquilpan y su partido, 1579" en Tlalocan p. 286
[29] Ciudad Rea,l Fray Antonio de (1993) Tratado curioso y docto de las grandezas de la Nueva España, vol. II p. 85. Es importante aclarar que la descripción que realizó fray Antonio de Ciudad Real sobre el convento, la elaboró cuando estaba terminado en 1585. En la actualidad no queda ningún vestigio del convento del siglo XVI, en su lugar se encuentra otro convento que se empezó a construir en 1714 y ha tenido bastantes modificaciones en los siglos XIX y XX. Archivo: Unidad Académica de Estudios Regionales de la Coordinación de Humanidades, sede la Ciénega de Jiquilpan, (en adelante UAERCHCJ) caja 2 carp. 4, doc. 2 p. 16, 20
[30] Fray Antonio de Ciudad Real, (1991) Tratado curioso y docto de las grandezas de la Nueva España, vol. II, p. 38
[31] (UAERCHCJ), caja 2, carp. 4 doc. 2 p. 18
[32] Ochoa Serrano, Álvaro (1999), Jiquilpan-Huanimban, una historia confinada, p. 38
[33] García René y Jesús Arzate (2003) "Ilustración, justicia y títulos de tierra" en Relaciones Títulos primordiales, Estudios de Historia y Sociedad 95, vol. XXIV, p. 58
[34] AGN Indios, vol. 33, exp. 236
[35] AGN Inquisición, vol. 2, no.10
[36] Warren, J. Benedict (1985) La conquista de Michoacán 1521-1530, p. 412
[37] Archivo Histórico de la Ciudad de Pátzcuaro, 1 de enero de 1596 ciudad de Michoacán 5bis.48 2f. (en adelante AHCP)
[38] AGN Indios, vol.2, exp. 728
[39] AHCP 1 de enero de 1596 ciudad de Michoacán 5bis.48 2f.
[40] AGN Indios, vol. 2 exp.338
[41] Barlow, R.H. (1971) "Relación de Xiquilpan y su partido" en Tlalocan p. 288
[42] AHCP 10 a 21 de marzo de 1561, Peribán, Cirosto, ciudad de Michoacán, Pátzcuaro, 2.7, 17f.
[43] AHCP 21 de marzo de 1592, Uruapan, 5.18, 2f.
[44] AGN Indios, vol. 3, exp. 85
[45] Gibson, Charles (2003) Los aztecas bajo el dominio español 1519-1810 p. 184
[46] AGN Indios, vol.6, exp.853
[47] AGN Indios, vol.2, exp. 727
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