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El sexo en el cine de Julio Médem (página 2)

Enviado por Aida A.

Partes: 1, 2


  • El cine de Julio Médem:

Julio Médem es un director de cine y guionista vasco que nació el 21 de octubre de 1958 en San Sebastián. Es licenciado en medicina aunque su gran pasión es el cine. Tras dirigir sendos cortometrajes y ser premiado por algunos de ellos, dirige su primer largo en el año 1992 llamado Vacas, una original historia que merece el Goya a la Mejor Dirección Novel, además de diversos galardones en los festivales de Tokio, Turín y Alejandría.

Un año después, presenta La ardilla roja, en 1995 dirige Tierra, en 1998 Los amantes del círculo polar, en 2000 Lucía y el sexo y en 2007 Caótica Ana. Sus películas se caracterizan por un aire trasgresor con un toque muy personal. Julio Médem se ha convertido en un referente del cine español.

La principal característica de su obra es la aparente facilidad con la que traspasa los límites establecidos en la sociedad y en el cine particularmente. Por ello, hemos escogido a este artista. La manera en que trata las escenas de sexo en sus películas es muy particular e interesante. Consigue hacer aceptable para la sociedad aquellas imágenes que en principio no serían aceptadas ni tachadas de "buen gusto". Sin embargo, gracias a su tratamiento, sus películas no sólo son tachadas de exquisitas sino que llegan a compararse con obras de arte.

La obra de Médem gira entorno a temas recurrentes, lo que algunos han llamado "el universo Médem". Estos temas son los siguientes:

  • El amor: es el principal componente de todas las películas de este director. Se trata de un amor muy romántico y pasional que lleva a hacer todo tipo de locuras.

  • La muerte: en todas sus películas la muerte está muy presente y desencadena muchas de las acciones.

  • El azar: el destino, la casualidad y el azar se entremezclan en todas las películas de este cineasta vasco. Esta característica va desentrañando la acción de cada película como si todo pasase de manera espontánea y casual.

  • El sexo: este tema es tratado de manera directa y sin tapujos. Se defiende como una condición natural que el hombre busca y olvida todo tipo de vergüenzas y tabúes. En sus películas vemos todo tipo de relaciones humanas y sexuales como grandes pasiones, infidelidades, incestos, hijos bastardos, etc. Junto con el amor, el sexo es la piedra angular sobre la que giran todas las historias de Médem.

En este aspecto es donde este director trasgrede más las normas establecidas por la sociedad. Algunas de las imágenes de sus películas podrían ser tachadas de pornográficas por un espectador algo conservador. Mostrar en algunas escenas los genitales tanto masculinos como femeninos o poner de fondo una película porno mientras la actriz que se encuentra en primer plano imita lo que aparece en ella son algunos de los aspectos a los que nos referimos. Desde luego, la película en la que podemos apreciar esto de manera más clara es Lucía y el sexo, que analizaremos más profundamente en los apartados siguientes.

  • La mente humana: son varios los aspectos relacionados con este tema que aparecen a lo largo de la filmografía de Julio Médem como por ejemplo la locura, los sueños y su interpretación, la esquizofrenia...

  • La naturaleza: el entorno se muestra como un ente de gran poder sobre el destino de los hombres, determinando en gran medida su conducta.

  • El círculo de la vida: este tema, también muy recurrente en las películas de este director está directamente relacionado con otros mencionados anteriormente como el destino, la casualidad, etc. La mayoría de las historias entrelazan varias acciones que confluyen y muestran un ciclo vital.

  • El País Vasco: la tierra natal de Médem aparece siempre en sus películas ya sea recordando su mitología y leyendas, destacando aspecto de su historia o situando a sus personajes en vinculación directa con Euskadi.

  • El concepto de "voyeurismo":

El voyeurismo es un concepto que hace referencia a la utilización del cuerpo, tanto masculino como femenino, en las representaciones de la realidad (cine, televisión, publicidad, prensa,...) de tal manera que estimule sexualmente al receptor de dicho mensaje.

El cine, que es el ámbito que nos ocupa, representa de manera especial los cuerpos de las personas, especialmente los de las mujeres. Dicha representación sigue un patrón voyeurístico.

El dispositivo voyeurista surge en el siglo XVII. Los pintores de aquella época establecen unas reglas de representación de la mujer que hacen que sus cuadros estimulen sexualmente a los hombres. Algunas de estas pautas son:

  • representar a las mujeres de tal manera que parezca que éstas tienen conciencia de que son contempladas por el espectador.

  • el cuerpo se exhibe lo mejor posible ante el espectador

  • no se debe identificar desnudo y voyeurismo. El voyeurismo es un determinado desnudo, con unas poses establecidas que estimulan al espectador.

  • la exhibición de los cuerpos se puede graduar, es decir, este tipo de representaciones pueden tener un alto grado de voyeurismo (desnudos que destacan las curvas del cuerpo femenino), un grado medio (escotes, ropas ceñidas,...) o un grado bajo (insinuaciones).

Estas técnicas son utilizadas habitualmente en las películas cinematográficas, especialmente en el llamado cine comercial. En este tipo de films, las mujeres sobre todo, aparecen en algún momento o durante toda la película en actitud sumisa, con poses provocativas y en escenas de desnudez con el único fin de estimular sexualmente al espectador masculino.

Sin embargo, las películas de Julio Médem no se enmarcan dentro de esta corriente. Su cine es considerado en muchas ocasiones como uno de los más sugerentes y eróticos, aunque rompe estas reglas establecidas. Las representaciones de hombres y mujeres desnudos se equiparan y además, este artista logra traspasar los límites establecidos por la sociedad en lo que a la representación del sexo se refiere. De esto hablaremos a continuación.

  • Los límites establecidos en relación al sexo en la gran pantalla:

Nuestra sociedad establece unos límites en las representaciones que se hacen del sexo en los diferentes medios y campos artísticos. De esta manera, se distinguen entre imágenes eróticas e imágenes pornográficas. La principal clave para distinguirlas de manera inmediata es observar si dichas imágenes podrían ser emitidas en prime time en televisión.

Los principales límites establecidos y aceptados socialmente son:

  • implícito – explícito: las imágenes que muestran sexo explícito no suelen ser aceptadas socialmente, por ello forman parte del campo privado. Los medios de comunicación social deben mostrar solo imágenes implícitas que sugieran el tema sexual pero que no lo muestren evidentemente. Así, en la mayoría de las películas, especialmente en aquellas que no tienen problemas para emitirse en televisión, nunca aparecerán imágenes de órganos sexuales, ni de cualquier tipo de acto sexual explícito. Las imágenes siempre insinuarán estos actos y nunca mostrarán el coito en primer plano.

  • Pornografía: las imágenes o escenas pornográficas no tienen cabida en los medios de comunicación social y por ello es difícil que aparezcan en las películas cinematográficas.

  • Buen gusto: las imágenes sobre sexo que aparezcan deben estar dentro del criterio de buen gusto que la sociedad acepta en su conjunto.

  • Políticamente correcto: en los medios de comunicación de masas aparecerán aquellas imágenes que entren dentro de lo políticamente correcto, es decir, aquellas representaciones decentes carentes de cualquier tipo de acto obsceno o indecente.

  • Libertad – Libertinaje: las imágenes que se muestren sobre sexo siempre corresponderán al ámbito de la libertad del individuo que tendrá como límite el denominado libertinaje.

A continuación ofrecemos un cuadro que ayuda a comprender todos estos conceptos:

SEXO

AMBITO PÚBLICO

ÁMBITO PRIVADO

LÍMITE MÁXIMO

- implícito

- tv generalistas de 6 am a 2 am

- buen gusto

- políticamente correcto (dencente, etc)

- libertad

- explícito

- Internet, tv de pago, etc.

- mal gusto

- políticamente incorrecto (obsceno, indecente, ...)

- libertinaje

- pederastia y otros comportamientos sexuales calificados como enfermizos e indeseables.

Sin embargo, como observaremos más adelante al analizar las tres películas que hemos escogido de Julio Médem, algunos autores logran traspasar estos límites de tal manera que sus películas se exhiben en televisión en prime time pese a que muestran por ejemplo primeros planos de órganos sexuales o alguna escena que podría calificarse como pornográfica.

Estos límites establecidos por la sociedad se traspasan más fácilmente si el producto que lo ofrece es considerado arte. Si nos centramos en el cine de Julio Médem, como hemos visto anteriormente, vemos que sus películas son consideradas grandes obras maestras del cine con un toque de autor muy personal. Por ello, se le permiten ciertas licencias.

Además, el propio cineasta juega con el receptor mostrándole imágenes que pueden ser interpretadas de varias maneras y que los espectadores menos atentos pueden pasar de largo.

Julio Médem consigue traspasar el límite de lo explícito y lo implícito y además vuelve lo primero aceptable a los ojos de la sociedad. Las escenas con contenido sexual que aparecen en las películas de este artista entran dentro de lo que la opinión pública en general llama "buen gusto" y por ello no existe ningún problema con su proyección en salas de cine comerciales ni en medios de comunicación de masas.

Metodología

Nos hemos interesado en la filmografía de Julio Médem porque creemos que su cine traspasa los límites aceptados por la sociedad en general de tal manera que vuelve aceptables ciertas imágenes que en un principio no lo serían. Nos vamos a centrar en aquellas escenas relacionadas con el sexo. Para ello hemos escogido tres de sus películas más representativas: Los amantes del círculo polar, Lucía y el sexo y Caótica Ana.

De cada una de estas películas vamos a seleccionar las escenas con componente sexual y en ellas describiremos qué se muestra, cuál es la intención del autor y cómo traspasa los límites si es que lo hace.

A continuación ofrecemos un breve resumen de cada película que permita centrar y hacer más comprensible el análisis de cada escena:

  • Los amantes del círculo polar: Esta película narra la historia de amor de Otto y Ana desde que se conocen en su infancia en Madrid hasta que acaba 17 años después en Finlandia. Toda la trama está plagada de casualidades que van encontrando a los protagonistas.

  • Lucía y el sexo: Lucía es una joven camarera de un céntrico restaurante madrileño que tras enterarse de la desaparición de su novio se refugia en una tranquila y despejada isla del Mediterráneo. Allí, comienza a descubrir los rincones más turbios de su pasado en pareja.

  • Caótica Ana: es la historia de Ana durante cuatro años de su vida, de los 18 a los 22, cuando descubre a través de la hipnosis que no vive sola, que su existencia parece la continuación de otras vidas de mujeres jóvenes que murieron de forma trágica y que habitan en el abismo de su memoria inconsciente.

Análisis de datos

  • Lucía y el sexo:

En esta película Julio Médem atraviesa el tema del sexo desde todos los puntos de vista: sexo con desconocidos (Lorenzo y Elena); sexo con amor (Lorenzo y Lucía); sexo que obedece al puro impulso del cuerpo (Lorenzo y Belén, Belén y Carlos, Elena y Carlos, Lucía y Carlos); y masturbación (Elena, Belén, Lorenzo).

A continuación analizaremos las escenas de contenido sexual o voyeurista de la película.

Escena 1: Sexo entre desconocidos. Lorenzo y Elena en el mar

Lorenzo y Elena, a quienes el espectador todavía no conoce, hacen el amor en el mar, bajo la luz de la luna llena. El escenario es la isla en torno a la cual girará la historia. Después sabremos que no se conocen y que no quieren darse sus nombres, tan sólo un par de pistas sobre sus identidades.

La escena comienza con un plano de Lorenzo buceando desnudo. A continuación se muestra a Elena, que bucea también. Sus cuerpos se entrelazan y se contornean en sintonía con las olas. Toda la primera parte de la secuencia está rodada bajo el agua. La iluminación juega un papel fundamental: en el plano de Lorenzo, la luz de la luna le ilumina la cara, mientras que cuando aparece Elena buceando, lo hace a contraluz, con la Luna tras ella, de modo que su cuerpo se mueve acentuando sus curvas. Esta imagen presenta un grado de voyeurismo muy elevado, pues el contraluz bajo el agua acentúa la sensualidad del cuerpo femenino, lo que se contrapone a la imagen que se ha mostrado de Lorenzo, en la cual sólo se iluminaba su rostro.

A continuación, nadan en círculos hasta entrelazar sus cuerpos. También está la luz de la luna tras ellos, con lo que aumenta la belleza de los movimientos sensuales bajo el mar. En esta escena Médem se esfuerza por destacar la belleza del acto sexual, mostrando éste con primeros planos de las piernas cruzadas y las nalgas de Elena y Lorenzo. Y, precisamente por dicho interés por la estética artística de la escena, no se muestran primeros planos de órganos genitales, pues son imágenes de "peor gusto".

En la segunda parte de la escena, Lorenzo y Elena se abrazan entre carcajadas, ya en la superficie del mar. Este momento es el que presenta a los personajes: realmente no se conocen, se trata de "sexo salvaje con desconocida", como más adelante se dirá en la película. Sin embargo, aunque los personajes no saben sus nombres, Médem destaca la complicidad de los cuerpos y la sensualidad tan fuerte que fluye entre uno y otro, como un impulso mucho más fuerte que la relación que se establece entre dos personas cuando conocen muchos aspectos de la vida del otro.

Además de la iluminación (con la luz de la luna), la música (no diegética) juega un papel fundamental, pues acentúa el intimismo de la escena.

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Escena 2: Sexo con uno mismo. Elena

En esta escena, Elena acaba de descubrir que está embarazada. Lleva horas intentando localizar sin éxito a su pareja para comunicarle que le abandona, pues el bebé no es suyo y quiere buscar al padre (Lorenzo).

Al comienzo de la escena, Elena se mira al espejo acariciándose el vientre, imaginándose su cuerpo cuando el embarazo se note. Su mano desciende por debajo de su falda. A continuación, Elena se masturba tumbada en la cama. Lo curioso de la escena es que en ningún momento sale desnuda, ni se muestran sus órganos genitales, por lo que son imágenes implícitas. Por supuesto, aunque Elena aparece vestida, las imágenes tienen un grado importante de voyeurismo, pues la intención de Médem es acentuar el sexo en sí mismo, "sin ayuda de nadie", el placer por el placer como ansiolítico en un momento de tensión. En la escena aparecen primeros planos del rostro de Elena y de su cuerpo contorneándose. La iluminación lateral acentúa las expresiones de la joven.

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Escena 3: El sexo al comienzo de una relación. Lucía y Lorenzo

Lucía y Lorenzo acaban de pasar su primera noche juntos y están empezando su noviazgo. Sin embargo, en esta escena se muestra la primera relación sexual que mantienen.

Lorenzo yace dormido en la cama por la mañana. Se muestra un primer plano de su rostro y el pecho de Lucía que se acerca a sus labios para despertarle. Después, ella le besa y acaricia su cuerpo. En esta escena se muestra por primera vez un primer plano de un pene, acariciado por Lucía.

El poco diálogo de la escena acentúa el sentimiento de amor que está presente en todo el acto sexual. Lucía le dice a Lorenzo: «Despacio, con mucho amor, que estamos empezando... Así, para que no se nos gaste», y más tarde, «me voy a morir de tanto amor».

En toda la secuencia aparecen primeros planos y planos detalle de las caricias y besos. La estética artística se refuerza, como ya hacía Médem en la primera escena, con la iluminación lateral que aporta contraluz a los planos de la piel de los personajes, y con la música.

En esta escena Médem hace hincapié en las miradas cómplices y enamoradas que se intercambian Lorenzo y Lucía mientras hacen el amor.

Escena 4: el sexo como juego. La cámara de fotos.

La escena transcurre en el comedor del apartamento de Lorenzo. La pareja se dispone a comer, pero como se les cae el pescado al suelo, Lorenzo propone pasar a la acción: «tengo una cámara de fotos».

Los protagonistas se fotografían las partes de sus cuerpos con una polaroid. Destacan los primeros planos en los que se mezclan los cuerpos de los dos personajes. Vuelven a ser importantes la música y la iluminación lateral con claroscuros.

Los planos son sensuales y sugerentes, mientras que las fotografías capturadas con la polaroid no dejan cabida a la imaginación, pues muestran explícitamente, incluso, el momento de la penetración.

Lo que hace aceptable esta escena es que lo "políticamente incorrecto" o "de mal gusto" no lo muestra el director, sino las fotografías de la polaroid. Esto nos remite a las escenas voyeuristas que se han producido a lo largo de la historia, en las cuales la sensualidad no se mostraba en la imagen primaria, sino en la imagen secundaria que aparecía, por ejemplo, en un espejo (como en La venus del espejo, de Velázquez).

De este modo, Médem juega a mostrar, por una parte, a los personajes como una pareja enamorada que se divierte con el sexo; y por otra (desde las fotografías), las imágenes casi pornográficas no aceptables en una película como ésta.

Como curiosidad, cabe destacar que esta escena se rodó en una sola toma y sin ensayos. Médem propuso a los protagonistas que jugaran del mismo modo que lo harían en la intimidad, sin darles directriz alguna. Las fotografías que se hicieron Tristán Ulloa y Paz Vega son las que salen en la película.

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La secuencia se mezcla en el montaje con otra escena, en la que Lorenzo y Lucía, sentados en una terraza de un bar, se muestran las fotografías con mirada cómplice. En esta escena el sexo está implícito en sus miradas y en lo que el espectador ya sabe (que las fotografías se las acaban de tomar en la secuencia anterior). Las imágenes explícitas y de alto contenido de voyeurismo vuelven a aparecer en las fotografías instantáneas que se muestran el uno al otro. Esta escena continúa:

LORENZO: ¿cuándo me vas a hacer un striptease?

LUCÍA: Ahora mismo, sin levantarme de la silla.

En ese momento, Lucía se quita las braguitas y se las lanza a Lorenzo, en medio de decenas de personas.

En esta escena, Médem muestra el morbo del sexo en público, aunque sólo sea mediante el gesto de quitarse la ropa interior, o de mostrarse fotografías que puede ver cualquiera.

Escena 5: el striptease

Lorenzo mira a Lucía bailar de forma sensual, sentado en el sofá de su apartamento. Lucía se desnuda mientras contonea su cuerpo al ritmo de una canción de la Mala Rodríguez muy apropiada.

Destaca el plano semisubjetivo de Lorenzo mirando a Lucía, de manera que quien se excita con el baile de ésta no es el espectador sino el personaje. Ésta es una forma muy común de hacer aceptable unas imágenes de tanto contenido voyeurístico como el striptease.

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Una vez acaba el striptease de Lucía, Lorenzo inicia el suyo. La diferencia es que el baile de éste no tiene absolutamente ningún contenido voyeurístico, sino cómico y divertido.

Escena 6: el sexo como juego. La venda

Lucía ha vendado los ojos a Lorenzo, que permanece tumbado mientras ella acerca diversas partes de su cuerpo a sus labios.

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El juego del misterio se acentúa con la ausencia de música y diálogo. El único sonido que se oye es el canto de los pájaros al otro lado de la ventana del apartamento. Nuevamente la iluminación es lateral. Finalmente, Lorenzo le practica sexo oral a Lucía.

Teniendo en cuenta que esta escena es bastante "políticamente incorrecta", Médem muestra el cunilingus de manera implícita, pues el espectador ve la lengua de Lorenzo y las piernas de Lucía, en ningún momento el órgano genital de ésta.

Luego es Lucía quien aparece con los ojos vendados mientras hace el amor con Lorenzo. Nuevamente, ella vuelve a decir una de las frases más importantes de la película: «me voy a morir de tanto amor». Médem vuelve a decirle al espectador que, pese al alto contenido sexual de su película, el lazo más fuerte que hay entre Lorenzo y Lucía es el amor (el sexo es más aceptable socialmente si entre quienes lo practican hay amor).

Escena 7: «Polvo de amor con salvaje conocida»

En esta escena, Lucía y Lorenzo están tumbados en la cama, hablando. No se produce ningún acto sexual, pero la conversación es relevante para la concepción del sexo en toda la película:

LUCÍA: tienes que elegir. O polvo salvaje con desconocida, o polvo de amor con salvaje conocida... loca por ti, y tú por ella, claro. Venga, sé directo.

LORENZO: contigo...

Médem vuelve a plantear la diferencia entre sexo con amor y sexo entre desconocidos, que ya veíamos en la primera escena entre Lorenzo y Elena. Lorenzo, que recuerda el sexo en el mar en la Isla como el mejor polvo de su vida, ahora elige a Lucía (sexo con amor). La conversación se desvía del sexo al amor:

LORENZO (acariciando el rostro de Lucía): nunca había imaginado algo tan bueno para mí. Yo pensaba que tú eras para los otros, para los que son como tú, no como yo. Eres un regalo.

Escena 8: El sexo con uno mismo y la mirada del otro. Belén en la ducha (desde el libro de Lorenzo)

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El personaje masculino del libro de Lorenzo, que aparece en la película encarnado por sí mismo, sorprende a Belén masturbándose en la ducha. En esta escena vuelve a ser fundamental el papel del espejo, como vemos en la imagen. El nivel de voyeurismo es muy elevado, pues ella aparece desnuda, mostrando los pechos en actitud erótica. Sin embargo, el espectador la mira a través de dos filtros: en primer lugar, se trata de un plano subjetivo de la mirada de Lorenzo y, en segundo lugar, Lorenzo no la mira directamente, sino que la observa a través del espejo.

Cuando Belén se da cuenta de que Lorenzo la está observando, le mira, también a través del espejo, con mirada invitadora mientras continúa masturbándose.

En este momento, Lorenzo abre la cortina de la ducha y quien está dentro es Lucía (ha pasado de la escena de su libro a la realidad). Entonces es él quien la masturba.

Esta escena es explícita, pues muestra en primer plano a Lorenzo dirigiendo el agua de la ducha hacia los genitales de Lucía.

Escena 9: El sexo con uno mismo y la mirada del otro. Belén y la película porno de su madre (dentro del libro de Lorenzo)

En esta escena, Belén mira una película pornográfica protagonizada por su madre, que es actriz porno. Belén, que está desnuda en el sofá, imita con un consolador los movimientos y gestos de su madre en la película. Nuevamente nos encontramos con el juego de la doble imagen: los movimientos de Belén son implícitos, el espectador ve su cuerpo moverse de manera sensual, intuyendo lo que Belén está haciendo. Sin embargo, la película que se muestra en la televisión que mira Belén muestra explícitamente el acto sexual, pero no es el espectador quien mira la película porno, sino Belén. Otra vez, la responsabilidad de las imágenes políticamente incorrectas es del personaje y no del espectador. De pronto, Belén descubre que Lorenzo la observa desnudo.

En esta escena destaca la austeridad en los elementos, pues sólo se muestra a Belén y al televisor.

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Lucía lee la escena del libro en el ordenador y, como sucedía en la escena de la ducha, el espectador ve cómo continúa la escena pero entre Lorenzo y Lucía, y no entre Lorenzo y Belén (vuelven a pasar del libro a la realidad).

Escena 10: Belén retocándose en el espejo

Belén y Lorenzo han quedado para practicar sexo. Ella se ha puesto lencería erótica y se mira ante el espejo, que vuelve a utilizarse para descargar sobre ella la "baja moral" de la escena (es Belén la que se excede en la lujuria y no el espectador). El contenido de voyeurismo de la escena es muy alto, tanto por la actitud y movimientos de ella como por la ropa, que destaca las curvas de su cuerpo.

Escena 11: «sexo maloliente y putrefacto» (en el libro de Lorenzo)

Lorenzo escribe en su ordenador una escena protagonizada entre Belén, su madre y el novio de su madre. La película muestra la escena, en la que salen desnudos y exhaustos, pero desde un punto de vista en el que los personajes han pasado a la categoría de animales (han «enfermado de sexo»). Esta escena no es voyeurista, sino que pretende causar sensación de asco en el espectador, pues los personajes han pasado el límite de lo humano en lo que al sexo se refiere.

Escena 12: El barro. Lucía y Carlos en la playa de la Isla

Lucía pasea por una playa y se desnuda, creyendo que está sola. Sin embargo, Carlos está tumbado, con todo su cuerpo untado en barro. La llama y le sugiere que se tumbe con él. Carlos le unta barro por su cuerpo, pero ella rechaza tener una relación sexual. Destacan los primeros planos de la piel erizada de Lucía mientras Carlos la acaricia extendiendo el barro por su cuerpo. Esta escena es muy explícita. Además, aparece un primer plano del pene de Carlos. Pero la escena es aceptable porque éste se presenta completamente cubierto de barro.

A nivel de la trama, Lucía rechaza el sexo con Carlos (un desconocido) porque «no está preparada» (aún está olvidando a Lorenzo –sexo con amor-).

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  • Los amantes del círculo polar:

En esta película, al igual que todas las de Julio Médem, el sexo es una parte fundamental. Se convierte en un factor determinante en las relaciones de los personajes e imprescindible en la historia.

La principal diferencia que encontramos con la película anterior, Lucía y el sexo, es que el director recurre menos a escenas explícitas de sexo y utiliza otros recursos que, aún mostrando sexo de manera implícita, rompe los moldes a los que estamos acostumbrados en este campo.

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La principal historia que nos cuenta esta película en relación a este aspecto es el despertar sexual de los jóvenes protagonistas y sus posteriores encuentros. Como hemos dicho, la manera en que Julio Médem plantea este tema es diferente a lo habitual. En algunas ocasiones, el artista traspasa el límite de lo políticamente correcto (por ejemplo, cuando en unos breves segundos muestra el sexo femenino de Ana, una de las protagonistas).

Las imágenes que Médem utiliza para "hablar" de sexo pretenden estimular sexualmente al espectador, aunque son totalmente diferentes de lo que podríamos denominar imágenes voyeurísticas. El cuerpo femenino no es utilizado de determinada manera y en posiciones concretas. La principal baza con la que juega el director en esta película es hacer creer al espectador que está viendo imágenes explícitas cuando en realidad no es así.

Las imágenes figuradas que tienen un significado diferente del que aparentemente deberían tener es uno de sus recursos más utlizados (vemos esto claramente en la manera aceptable en la que el autor logra mostrar una felación por ejemplo).

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En resumen, el autor consigue traspasar (aunque de manera menos agresiva que en la película anterior) los límites establecidos por la sociedad a la hora de mostrar imágenes con contenido sexual. Bajo el velo del arte, Médem logra mostrar el sexo como pocos directores lo hacen, al menos en el cine no pornográfico, y sus películas se exhiben en los medios de comunicación masivos en prime time.

A continuación analizaremos las escenas más significativas de esta película:

1. Ana y Otto en el coche: esta primera escena la hemos seleccionado porque aunque no muestre sexo explícito es significativa para entender como el cineasta empieza a hablar de la relación entre los dos protagonistas. En ese breve roce de la mano de Otto y la pierna de Ana, Médem logra un nivel de erotismo máximo.

2. Primer beso de Ana y Otto: al igual que la anterior escena, se muestra el despertar sexual de los dos personajes y el comienzo de su relación, personal y sexual.

3. Otto en la habitación de Ana: de esta escena caben destacar dos momentos: los breves segundos en los que se muestra el sexo de Ana al levantar Otto la sábana y la masturbación de éste. El primero de los momentos es relevante porque las convenciones sociales establecen que mostrar los genitales, tanto masculinos como femeninos, en pantalla no es aceptable. Así, Médem traspasa un límite de nuestra sociedad. El segundo destaca porque muestra un tema que es tabú hoy en día. La masturbación es algo sobre lo que poco a poco se habla cada vez más pero que se muestra escasamente en imágenes. Aunque el director opte por no ofrecer al espectador una imagen explícita, logra traspasar ciertas barreras. (Todo ello, se ve claramente en las imágenes seleccionadas en el CD que acompaña al trabajo).

4. Otto "duerme" debajo de la cama: esta escena ha sido seleccionada porque contiene la imagen que hemos mostrado arriba en la que se ofrece la representación de una felación de manera aceptable. El director convierte la cabeza de Otto en un pene que Ana besa.

5. Ana se baña en el lago: la última escena que nos gustaría destacar es la que muestra de manera figurada un coito. Ana se encuentra bañándose en el agua cuando la avioneta de Otto pasa encima de ella. El reflejo del aeroplano en el agua se cuela entre las piernas de la protagonista. Una manera distinta de representar el acto sexual.

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  • Caótica Ana:

En la última película de Julio Médem hasta el momento, Caótica Ana, el estilo sigue manteniéndose. La principal característica que observamos es que, al igual que en las dos películas analizadas anteriormente, sus imágenes y sus escenas traspasan el límite de lo políticamente correcto. Eso sí, logran calar en el gran público y tienen un gran número de seguidores. Los films de este director vasco son tratados como auténticas obras de arte y nadie en su sano jucio los calificaría como pornográficos o de mal gusto.

Médem se atreve, en esta película, a mostrar directamente el aparato genital masculino o a grabar una escena escatológica para cerrar la historia. Sin embargo, lo hace de tal manera que lo vuelve aceptable para el gran público.

En Caótica Ana el sexo está muy presente durante todo el relato. Los jóvenes artistas que aparecen en ella vinculan sus obras de arte con diferentes aspectos de la vida sexual como la reproducción, el erotismo, la feminidad,... A continuación analizaremos las escenas más relevantes de esta película que hemos recogido en el CD que acompaña al trabajo:

1. Ana baila en una discoteca: en esta escena se ve como Ana, que se encuentra en una discoteca de Ibiza, toca un pene erecto y tiene una alucinación con un acto sexual. Lo transgresor de esta escena es la muestra del aparato genital masculino que, según convenciones sociales establecidas, no es de "buen gusto" enseñar. Además, se muestra un pene de tamaño considerable que, en base a escenas anteriores, podríamos suponer pertenece a un caballo. Éstas son relaciones de las que no se debe "hablar" en ámbitos públicos. Médem nos las muestra sin tapujos desde el principio de la película (esta escena transcurre entre los minutos 3 y 5 de la película).

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2. Relación sexual entre Ana y Said: las escenas de sexo entre los dos protagonistas son bastante similares a aquellas que pueden aparecer en cualquier otra película. Sin embargo, Médem introduce aquí también su toque personal. Durante esta escena nos hace ver la relación sexual desde los ojos de Said primero y de Ana después. Utiliza la llamada cámara subjetiva y el espectador se mueve con el actor. Es un recurso muy interesante.

3. Ana y el político estadounidense: la parte final de la película es de lo más transgresora. Ana se venga de un político estadounidense que ha provocado varias guerras seduciéndole y defecando en su cara durante el inicio de una relación sexual. Este elemento escatológico es impensable que aparezca en la mayoría de las películas que se emiten en los medios de comunicación social. Sin embargo, cuando se estrena esta película nadie se escandaliza con la escena. Médem logra así traspasar otra barrera. Por último, no debemos olvidar los diferentes símbolos fálicos que aparecen como por ejemplo los espárragos que sirven en la comida y la manera en que los personajes se los comen.

Conclusiones

En estas tres películas, así como en los otros largometrajes de Medem como Vacas, Tierra o La ardilla roja, el cineasta vasco consigue traspasar con creces los límites establecidos en nuestra sociedad en lo que al sexo se refiere. Sin embargo, sus películas son consideradas como auténticas obras de arte e, incluso, hitos en la historia del cine español.

Aunque históricamente el cine español ha estado plagado de referencias al sexo desde el cine de Berlanga, la sociedad, inmersa en un conservadurismo católico muy fuerte, ha rechazado esta temática constantemente. Sin embargo, el público está cambiando sus hábitos de consumo cinematográfico desde los años noventa, pues cada vez hay mayor tolerancia a temas que han sido, históricamente, de mal gusto. La sociedad se ha librado del yugo de la Iglesia, del Franquismo y de los tabúes de toda la vida, y ha pasado a consumir un cine plagado de temas políticamente incorrectos. De hecho, el cine porno mueve millones de euros cada año.

Pero el cine de Médem atrapa a un público diferente, mucho más heterogéneo. Un público formado tanto por espectadores consumidores habituales de porno como de gente que vive aún bajo determinados tabúes. Unos se escandalizan más que otros en determinadas escenas, pero todos se enamoran de sus películas.

Tras analizar los tres filmes más característicos de Julio Médem en este trabajo, hemos tratado de comprender cuáles son las claves para que dichas películas sean aceptables para la sociedad e, incluso, emitibles en Prime Time. Nuestras conclusiones son las siguientes:

  • 1. Aunque Médem trata el sexo desde todos sus puntos de vista (amor, pasión, vicio, etc.), como hemos visto en nuestro análisis, envuelve cada escena de una serie de elementos muy cuidados que hacen de la misma una obra de arte:

  • a. Iluminación: en las escenas en la que destaca la relación amorosa y pasional entre dos personajes, suele presentar una iluminación lateral que acentúa las expresiones con cuidados contraluces.

  • b. Fotografía: todas las películas de Julio Médem cuentan con una fotografía excelente, pero ésta es mejor aún en las escenas de sexo. Según se enfoque la relación sexual de la secuencia, Médem envuelve la acción en unos tonos y colores determinados que transmiten las diversas sensaciones que pretende mostrar el autor. Por ejemplo, en Lucía y el Sexo, se pueden destacar dos tonos diferentes según la escena:

  • Tonos cálidos (marrones, azules, dorados) en las secuencias de "sexo con amor" (Lucía y Lorenzo) o "sexo con pasión" (Elena y Lorenzo).

  • Tonos fríos y lúgubres (grises, negros, ausencia de luz) en las secuencias de "sexo enfermizo y putrefacto" (Belén, su madre y Carlos).

Estos tonos de fotografía predominan también en las otras dos películas.

  • c. Música: el compositor Alberto Iglesias logra comprimir el arte de las escenas en melodías intimistas que se adecuan al tipo de sexo que describen las secuencias.

  • d. Planos: predominan los primeros planos y planos detalles, con movimientos de cámara lentos que buscan la confusión de los cuerpos, la sensación de que hombre y mujer son uno mismo.

  • 2. Este cineasta vasco se sirve de las fórmulas clásicas para conseguir la aceptación social de determinadas imágenes. Como hemos visto, a menudo se sirve de los espejos u otros soportes para "mirar a través de algo" y no directamente. También se sirve de los planos subjetivos o semisubjetivos (es el personaje el que mira, no el espectador, de modo que la carga moral recae sobre el primero). En otros casos juega con elementos externos para cubrir las partes del cuerpo que resultan "inmorales" en primeros planos: en Lucía y el Sexo utiliza el barro para disimular el pene de Carlos, por ejemplo. En otras escenas son las sábanas, o la mano que acaricia, quienes "tapan" de algún modo lo que no se debe mostrar.

  • 3. En las tres películas, el sexo es fundamental en la historia, pues son fábulas que no se comprenderían del mismo modo sin estas escenas. Esto hace que el espectador piense: "bueno, no le ha quedado otro remedio que contarme cómo hacen el amor". Sin las escenas de sexo, el público no empatizaría con la tensión amorosa y sexual entre Otto y Ana en Los Amantes, no se introduciría en la locura de Caótica Ana ni comprendería el entramado de relaciones de diversos tipos que aparece en Lucía y el Sexo. En definitiva, sin estas escenas, el denominado Universo Médem, que transmite sentimientos y emociones más que acciones, estaría incompleto.

Bibliografía y filmografía

  • Aguilar, Pilar Mujer, amor y sexo en el cine de los 90 Editorial Fundamentos.

  • Angulo, Jesús y José Luís Rebordinos Contra la certeza: el cine de Julio Médem Filmoteca Vasca.

  • Bassa, Jonh y Freixas, Ramón El sexo en e cine y el cine de sexo Paidós

  • García Sanchez, José María Reinscripción de la tragedia y de la figura femenina en "Los Amantes del Circulo Polar" de Julio Medem Revista de estudios literarios, 2004.

  • Urrutia, Santi Utilización de dispositivos "voyeuristas" en la ficción televisiva Universidad País Vasco, 2000.

  • Walter, Alexander El sacrificio del celuloide: aspectos del sexo en el cine Anagrama

  • Películas: Los Amantes del Círculo Polar, Lucía y el Sexo, Caótica Ana: Julio Médem.

 

 

 

 

 

 

Autor:

E.C. y A.A.


Partes: 1, 2


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