Investigadores en el campo de la
neurociencia aplicada
están empeñados en ubicar las áreas del
encéfalo donde se localizan nuestras pasiones más
secretas.
Por ejemplo, se preguntan los científicos: ¿por
qué razón ser malo se siente tan placentero?

Los siete pecados
La soberbia, la envidia, la avaricia, la ira, la lujuria, la
gula y la pereza son clasificadas por la
Iglesia Católica
como los siete pecados capitales.
Los que, a pesar de sus connotaciones negativas han inspirado
las labores artistas y escritores por muchos años.
En el siglo XIV Dante, en su
Divina Comedia,
describe los eternos sufrimientos de las almas condenadas por el
Señor Todopoderoso.
Mientras que los muralistas medievales imponían la
idea de la rabia divina en los fieles, pintando escenarios de
diablos y demonios regoldándose luego de haber consumido
la carne de los pecadores.
Estas proclividades al placer --- consideradas flaquezas del
alma --- actualmente, están inspirando muchas
investigaciones, que hoy tratan de establecer el origen de estos
comportamientos y las razones por las que no parece ser que
resulte fácil evitarlos. Ya que, continuamos
cometiéndolos y, a menudo los celebramos, aun cuando
expresamos que son maléficos.
Nuestros nuevos instrumentos de
investigación
El uso de la exploración de resonancia
magnética funcional (fMRI), que destaca áreas
metabólicas activas en el
cerebro, ahora permite a los
neurocientíficos explorar la
biología detrás
de nuestras malas intenciones.
Los pecados más deleitables envuelven los
circuitos de
la recompensa cerebral, incluyendo regiones evolucionarías
antiguas, como son el núcleo accumbens y el
hipotálamo, ambas localizadas profundamente en el
cerebro.

Éstas proveen
información acerca de
sentimientos fundamentales como son el dolor, el placer, la
recompensa y el castigo.
Formas de
pecado más desagradables, como son la ira y
la envidia, enlistan la corteza cingular anterior dorsal
(CCAd).
Esta ultima área, incrustada en la parte anterior del
cerebro, a menudo se la reconoce como la "detectora cerebral de
conflictos", porque se activa cuando se confronta
información contradictoria, o simplemente cuando se siente
el dolor.
Los pecados más sociales de la soberbia, la envidia,
la lujuria y la ira, activan la corteza prefrontal media (CPFm)
que está localizada detrás de la frente, y que
asiste en formular la consciencia del ego.
Mientras se lucha para resistir los pecados,
una red de
conexiones de controles inhibitorios que involucran la parte
frontal del cerebro se activan para apagar el impulso reduciendo
su atracción.
Mientras tanto, las investigaciones sugieren que regiones
como el núcleo caudado --- en parte responsable por la
coordinación de los movimientos del cuerpo --- suprime el
impulso físico, resultado de la tentación.
Parece ser que este mecanismo funciona de igual manera si lo
que se siente es una chispa de lujuria, un ataque de celos, o el
deseo de propinarle una bofetada a otra
persona.
Los dos lados batallan entre ellos: el lado diabólico
vs el angelical para mantenernos libre de pecado.
Resultaría extremo sugerir que la
evolución nos
programó para ser pecadores, pero el exceso de lujuria y
la avaricia, ciertamente nos colocan en una condición
precaria, sólo por su prevalencia en casi todas las
culturas.

Pompeya (Año 70
AEC)