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La gula
Las respuestas despertadas son tan peculiares y distintivas que, dentro del contexto experimental, es posible determinar si un hombre está siendo estimulado sensualmente, con sólo visualizar su escáner en el fMRI.
Los efectos son enormes, uno está observando la diferencia que existe entre algo que despierta lascivia intensa, y algo que no lo hace.
A todo esto, parece ser que la respuesta de la mujer es menos pronunciada, mientras que aun nadie sabe la razón para que así sea.
Si la lascivia es tan poderosa, ¿cómo será posible que pudiéramos alcanzar su control?
Lo mismo que sucede con otros impulsos intensos, nosotros tratamos de apagar su estimulación por medio de las actividades del giro derecho superior frontal anterior, y del giro derecho cingular anterior.
Estas áreas cerebrales, forman un sistema auto-regulatorio consciente.
Esta red de conexiones nos provee con una habilidad evolutiva sin precedentes. La de ser capaces de controlar nuestros procesos neurales, una proeza que no ha sido logrado por ninguna otra criatura viviente.
En la actualidad es muy difícil imaginar el consumo excesivo de la comida como si éste fuese algún pecado, considerando la evidencia apabullante de que la fisiología juega un rol más importante que el papel moral en el apetito y la indulgencia.

El trabajar no es mi asunto…
Desde el 1999, en el Brookhaven National Laboratory se ha determinado, por medio escáneres de cerebros, que la obesidad y la adicción a las drogas afectan los mismos circuitos funcionales.
Estas vías neurales, que dependen para su función en los efectos del neurotransmisor la dopamina, se denominan simplemente como el "sistema de la recompensa", pero éstas están asimismo involucradas en las funciones de la atención, motivación, en ejecutar decisiones, y en otras actividades complejas.
Los estudios han descubierto que, ambos, los adictos a las drogas, y las personas obesas, son generalmente, menos sensitivas a los efectos de recompensa de la dopamina.
Ya estando relativamente inmune a las señales de la motivación y placer, esto los hace más propensos a procurar una sensación excitante más intensa: más comida, azúcar, o cocaína.
La estimulación excesiva asimismo, insensibiliza aún más, las neuronas activadas por la dopamina, y la compulsión de convierte en una urgencia irreprimible.
En algunos de los experimentos los investigadores les pidieron a los voluntarios que vinieran hambrientos al laboratorio.
Entonces, para "atormentarlos" les pidieron que describieran sus comidas favoritas en detalle excesivo, mientras que proveniente de una cocina cercana se emitían los aromas correspondientes.
Cuando estas personas fueron examinadas con un PET escáner, los científicos pudieron presenciar que las áreas de la motivación del cerebro se encendían de una manera increíble.

La soberbia
Partes de la corteza orbital frontal, que se implica en el proceso de hacer decisiones, también se iluminarían.
En los cerebros de las personas obesas, las regiones que regulan la información sensorial de la boca y la lengua son más activas, sugiriendo que ellas perciben las sensaciones de comer de manera diferente que los demás.
Mientras que el procesamiento sensorial está elevado en muchos de estos sujetos, otras investigaciones demuestran que su repuesta a las recompensas está atenuada.
La corteza dorsolateral prefrontal (CPFdl) y otras áreas envueltas en control inhibitorio aparecen contenidas, y, mientras más gorda es la persona, mayor la merma de actividad en esta región.
Para los glotones, la neurociencia ofrece absolución moral a sus flaquezas.
Después de todo, Santo Tomas de Aquino aseveró, que un pecado debe de ser siempre un acto voluntario, si no, no es un pecado.
Como el cerebro fue diseñado para que comamos en exceso --- cuando podamos hacerlo sin ponernos en peligro de salud --- para sobrevivir, esta propensión al exceso está construida dentro de la estructura misma del encéfalo.
Lo que para algunos es una forma de consolación racionalizada.
La pereza
La pereza como tal, no puede calificar como un verdadero pecado capital.
Nos ayuda saber que este fallo moral se concibió originalmente como la acedia o apatía, término que significa alienación y tedio, matizado con auto-desprecio.

Hastío
La acedia afectaba monjes hastiados que estaban hartos de la vida enclaustrada.
Su pecado era el alejamiento de sus obligaciones monásticas a favor de placeres carnales y personales.
Actualmente, la lasitud paralizante hoy se percibe en la clínica como un síntoma de enfermedad en lugar de fallo moral.
La apatía es a menudo un síntoma clásico de la demencia fronto-temporal.
En este trastorno neurodegenerativo, los lóbulos frontales del cerebro se destruyen progresivamente, causando cambios emocionales, sociales y deterioro cognitivo.
Las víctimas de esta condición se tornan progresivamente aisladas.
La tristeza y la apatía, asimismo son hallazgos prominentes en las depresiones mayores.
En el caso de la demencia fronto-temporal, los síntomas son causados por células moribundas o muertas. En el caso de la depresión, la causa es desconocida.
De manera interesante, la corteza prefrontal dorsolateral demuestra un patrón de activación peculiar a ambas condiciones.
En relación a su habilidad de inhibir impulsos, esta región posee un rol sustancial en mantener la atención por periodos extendidos que son necesarios para la motivación.
La función anormal de esta región, puede estar conectada al letargo que se asocia con ambas condiciones.
Recíprocamente, la actividad de esta área puede que mantenga un freno en emociones negativas.
En algunos estudios, la depresión mejoró con su estimulación.

Teólogos, en tiempos pasados, concibieron la soberbia como la "reina fundamental de todos los vicios". Así la definió el Papa Gregorio el Grande quien codificó los siete pecados capitales.
Muchos psicólogos opinan que la soberbia es una cualidad que es parte natural de la cultura occidental.
La mayoría de nosotros nos percibimos como si fuésemos más inteligentes, más divertidos, más talentosos y más atractivos que el promedio.
Este constituye el Efecto Dunning-Kruger.
Esas opiniones abultadas son, a veces, necesarias para mejorar la autoestima y para protegernos contra la desesperanza.
Quienes se ven a sí mismos como en la realidad lo son: mediocres, gordos, poco inteligentes, poseen un chance mayor de ser diagnosticados con la depresión simple.
Para los demás, toma menos esfuerzo intelectual promoverse como siendo mejores de lo que son, que pensar críticamente acerca de sus habilidades y limitaciones.
Parece ser que la soberbia se procesa con mayor prontitud por el cerebro que la humildad.
Sorprendentemente, la humildad enciende los mismos centros del cerebro que activa la soberbia. Tal vez es así, porque ambas son expresiones de la misma acción, expresada como "falsa soberbia", cuando ésta se disfraza como acatamiento.
A pesar de que existen una cantidad enorme de candidatos para la investigación, la avaricia no ha sido investigada exhaustivamente, aunque sí sabemos mucho acerca de los sentimientos de furia de quienes han sido engañados.

Un Dios iracundo
Nuestro odio hacia el engaño y hacia quienes nos engañan es algo que corre muy profundamente en nuestras mentes, aun, a veces, derrotando la razón y nuestros mejores intereses.
En el laboratorio, los investigadores, emplean una técnica conocida como "el juego del ultimátum" para examinar nuestras respuestas a la injusticia.
Uno de dos compañeros recibe una suma de dinero diciéndole que él debe de ofrecer una cantidad discrecional de este dinero a su colega.
Si el compañero rehúsa la oferta, ninguno de los dos puede quedarse con dinero.
En base de lo racional, el compañero debe aceptar cualquier no-cero oferta que se le haga, ya que recibiendo algún dinero es mejor que no recibir nada.
Pero, cegados por el sentido de lo que "es justo", la mayoría de los voluntarios rehúsan toda oferta menor de un 20% de la suma total.
Tiene sentido que seamos tan sensitivos a ser engañados.
La supervivencia de los mamíferos depende últimamente de la habilidad de formar nexos sociales, y la justicia equitativa es un mensaje social de gran importancia.
Tratamiento injusto puede constituir una indicación importante de que no somos valorados dentro de nuestro grupo, así que hay que estar en la alerta.
En respuesta a ofertas injustas, el cerebro activa los mismos procesos de detección del dolor. Pero, asimismo involucra la ínsula, un área involucrada en emociones negativas como la ira, el disgusto, o los sentimientos de rechazo social.
El cuadro que resulta es el siguiente: el cerebro sopesa una respuesta emocional (el deseo de castigar a quien nos engañó) contra la respuesta lógica (el deseo de obtener el dinero).
Mientras que el regodeo a la vista de las miserias ajenas es sentimiento común
No se ha establecido con certeza cuales son la áreas del cerebro que responden en esta situación, pero se cree que éstas están involucradas con los centros de la recompensa.
Es el más social de todos nuestros fallos.
Nos molesta ser testigos de los éxitos ajenos, del vehículo costoso que el otro maneja, de su capacidad de adquirirlo todo, de su inteligencia, de su enorme belleza, de todo lo que le favorece.
Como tal, las funciones despertadas por la envidia en el cerebro son difusas, y se asocian profundamente con áreas que detectan el dolor y promueven el auto preservación.
La envidia es amenaza y es dolor a la vez.
La ira
Puede que no haya sido parte del pecado original, pero la ira es sin dudas, un afecto primordial.
En los seres humanos la ira enlista las áreas que nos alertan a situaciones conflictivas, que a su vez, involucran las partes que nos hacen prestar atención. Mientras mayor es la ira, mayor es la actividad cerebral que la acompaña.
Algunas personas son más dispuestas a enfurecerse que otras. Todo depende de cuán activo el hipocampo, centro de las memorias, se apreste a responder.
Pero, antes de concluir, debemos recordar que el virtuosismo mismo, tanto como el altruismo y la abnegación, son actividades complejas que son instintivas, y que, a su vez, han provisto nuestra especie con un modelo histórico de ascendencia moral que las neurociencias aún no pueden explicar.

Amor de madre…
Quizás para algunos es más placentero ser honestos que ser perversos.
Pregúntenles a los psicópatas del mundo.
En esta presentación hemos avanzados ideas recientes acerca del "estado del arte" de las neurociencias, que, como toda nueva y revolucionaria disciplina, trata de usar sus métodos para indagarlo todo.
Esta disposición filosófica no es ni original ni novedosa, sino que consiste en ser parte esencial de la naturaleza del simio, lleno de curiosidades, que somos.
Mientras tanto, es de mucha utilidad poder rendir estos conocimientos como temas accesibles para todos, especialmente para los jóvenes que heredarán una neurociencia que, como las computadoras, será parte de sus vidas.
Fin de la lección.
Larocca, F: (2009) ¡No es justo! Fe, psicoanálisis, neurociencia y epigénesis interpretan una expresión común en monografías.com
Larocca, F: (2009) El cerebro hedonista, el cerebro adicto en monografías.com
Larocca, F: (2009) La moralidad y la veracidad enjuiciadas por la ciencia y la epigénesis en monografías.com
Larocca, F: (2008) Comprendiendo el cerebro: Una guía para el usuario y para el aficionado en monografías.com
Autor:
Dr. Félix E. F. Larocca
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