Agregar a favoritos      Ayuda      Português      Ingles     
 Página anterior Volver al principio del trabajoPágina siguiente 

Cid Campeador: Héroe poético e Histórico (página 2)




Partes: 1, 2


Sancho concedió este deseo, tomó a Alfonso jura de fidelidad y lo envió a la tierra de los moros de Toledo, a la corte de Mamún. Así estuvo Alfonso nueve meses desterrado hasta que se produjo la rebelión de la infanta Urraca y de los leoneses en Zamora, quienes organizan la resistencia al cerco que Sancho había puesto a las afueras de la ciudad. Los leoneses, afligidos por el hambre enviaron a Vellido Adolfo a que se adentrara en el campamento de los sitiadores y matara al rey Sancho; éste fue muerto el día 7 de octubre de 1072 de un golpe de lanza en el pecho causado por el osado caballero.

Es así como empieza el dominio de Alfonso VI en Castilla y León, no exenta de disgusto y recelo. Frente los hombres que seguían a Alfonso había en Castilla otro partido que miraba con profundo recelo a Alfonso y que al parecer el Cid era su cabeza. M. Pidal explica que los castellanos, al no encontrar a otra persona de estirpe real para la vacante del Rey Sancho, convinieron en recibir a Alfonso por Rey, con la condición de que antes jurara no haber participado en la muerte de Don Sancho. Según la historia del Tudense, fue Rodrigo quien tomó la jura al Rey en la pequeña parroquia de Santa Gadea, especial para estos asuntos. Realizada la jura bajo la mirada de Dios y de los más principales hombres de la corte, el Cid pasa a ser vasallo de Alfonso.

El lugar del Cid en la corte del nuevo rey era muy distinto al que tenía en la corte de Sancho, el fuerte. Antes, como alférez de Sancho, era el primer personaje de castilla y había aniquilado el poder de los de Carrión, los Beni-Gómez. Ahora, los Beni-Gómez estaban en los lugares más altos en la corte y Alfonso no mostraba necesitar para nada el valor del Campeador. Rodrigo Díaz pasa de ser un vasallo preferido y muy querido a uno de tantos, o sea, la situación del Cid en la corte había decaído con el nuevo Rey. Alfonso hace al joven conde García Ordóñez su alférez real, iniciado ya como enemigo del Cid.

Siguiendo con la historia nos encontramos con un rasgo de mediana compatibilidad de la vida del Cid de la realidad con el del cantar. Alfonso, cumpliendo el deber que el señor tiene con su vasallo buscó un buen matrimonio al Cid. Lo casó con la noble joven asturiana doña Jimena Díaz, de "alcurnia regia" y sobrina del mismo Alfonso VI el 19 de julio de 1074. Con ella el Cid tuvo tres hijos; Diego, Cristina y María. En el poema sólo se nombran a las mujeres, con nombres distintos: doña Elvira y doña Sol. Al parecer el poeta omite la existencia de Diego con el fin de exaltar la figura del Cid como hombre de familia, el único capaz de defender a sus tres amadas mujeres y también para enaltecer la figura de la mujer abnegada, digna y pura.

Cantar Primero

El Destierro

El cantar inicia con la versión de la prosa hallada en la Crónica de Veinte Reyes de Castilla (1366?), debido a la falta de la primera hoja del códice de Per Abbat. Se narran los hechos que se suscitaron en el reino moro de Sevilla, donde el Cid, enviado por el Rey Alfonso, fue a cobrar las parias a Almutamiz, rey moro. Se cuenta que el moro tenía un gran enemigo, el rey Almudafar de Granada y que se odiaban a muerte. Comos vemos, en el poema se plantean las rencillas entre estos dos líderes musulmanes, pero no se especifican las razones ni porqués de éstas.

En el estudio de M. Pidal nos encontramos con la narración de este hecho y con las verdaderas razones de las rencillas, descritas de la siguiente forma: Alfonso, emperador de toda España, en el año 1079 envía al Cid a cobrar las parias a Sevilla, tributario de Castilla, tal como lo hacía antaño el padre de Motámid (Almutamiz en el cantar) al difunto rey Fernando I. El Cid obedece a su señor pero llega en mal momento, ya que Granada, con Abdállah Modáffar (Almudafar en el poema) como rey, amenazaba a Sevilla. La enemistad de Motámid Y Modáffar venía de sus antecesores, tenía fundamento racial. "…Los sevillanos eran árabes yemeníes, venidos a España en 741y enteramente hispanizados, mientras los ziríes de Granada pertenecían a gentes berberiscas recién venidas bajo el hijo de Almanzor, y entre los abbedíes y los berberiscos hubo siempre gran enemistad. El odio de raza se aumentaba con la desigualdad de cultura. Los ziríes, teniendo como lengua materna el beréber, comprendían mal el árabe literario y quedaban bastante ajenos a la civilización islámica; los sabios, los literatos y los cantores no hallaban acogida en el palacio de Granada. Muy al contrario, Motámid de Sevilla era un excelente poeta, y su corte literaria brillaba entre todas, pues él era un pródigo en recompensas. Poeta era el primer ministro de Sevilla; poetisa noble era la mujer favorita de Motámid, la sultana Romaiquía…".

En la anterior cita de M.Pidal se nos evidencia muy completamente el problema racial y cultural de los moros sevillanos y de granada, que venía de sus antecesores y estaba marcada por la desigualdad existente entre estos dos pueblos tan semejantes. También se nos da otra razón del odio entre estos pueblos, y es que la rivalidad tenía una tercera arista de gran importancia: en el comienzo los abbeddíes y ziríes, recién llegados a la península, teníen reinos en igual extgansión, pero los ziríes cada vez eran más inferiores, ya que cuando Modáffar comenzó su reinado en Granada, en el año 1073, sólo conservaba el territorio de la capital de Granada, mientras que Motámid poseía Córdova, Murcia y Sevilla, siendo el rey moro más rico de España.

Como vemos, las razones de la discordia entre los dos reinos moros eran diversas. En este escenario Alfonso VI de Castilla y León envía al Cid a tierras sevillanas y al joven conde García Ordóñez de Nájera junto a tres hombres principales del Rey a cobrar las parias a Granada. El joven conde preparaba una incursión al territorio sevillano para servir a la política imperial "enzarzar unos con otros a los reyes andaluces", ya que era molesto para el emperador el engrandecimiento de Sevilla. García Ordóñez, siguiendo la voluntad de su rey, hostiliza a Motámid en el momento en que el Cid se encontraba en Sevilla y Motámid, utilizando un válido recurso, pide protección al Campeador.

El Cid creyó pertinente proteger el tributario y envió varias cartas a García Ordóñez pidiéndole que se retirar de tierras sevillanas dando como fundamento el protectorado que Castilla ejercía sobre el reino musulmán, mas el joven conde no prestó atención al ruego del Cid y entró con su ejército a tierras de Motámid, robándola toda hacia el castillo fronterizo de Cabra.

Es precisamente en Cabra donde ocurre un suceso muy particular. La batalla comienza, siendo muy dura y muy larga habiendo gran número de muertos entre moros y cristianos. Los de Granada sufrieron las mayores pérdidas y, viéndose derrotados, huyeron algunos y otros fueron encarcelados, entre los últimos, el conde G. Ordóñez. El poema nos dice que el Cid afrentó al conde mesándole un gran mechón de barba, injuria gravísima que "los fueros declaraban causa de enemistad perpetua". M. Pidal nos cuenta que aunque las cosas no hubiesen llegado a tanto, bastó la prisión para que el conde de Nájera se sintiera hondamente herido.

Esta victoria del Cid, obtenida siendo muy inferiores en número, tuvo gran resonancia entre moros y cristianos. Tan grande es la noticia de esta victoria que el poeta-juglar nos dice que desde ese instante moros y cristianos llamaron a Rodrigo Cid "Campeador", que significa "batallador". Revisando el texto de Menéndez Pidal nos encontramos con que el hecho del apodo es verdadero, pero las circunstancias son diferentes: este apodo lo recibe por su brillante actuación en la batalla de Pazuengos, donde siendo alférez de Sancho II, el fuerte, tuvo que combatir contra Navarra y su caballero principal Jimeno Garcés (que figura mucho en los antiguos documentos del rey navarro) sobre la posesión de algunos castillos fronterizos.

Luego de la batalla con el conde de Nájera el rey moro de Sevilla entregó muchos regalos al Cid destinados al rey Alfonso VI y emprendió su vuelta a Castilla. En mayo de 1080 el Cid entra en Burgos donde también se encontraba G. Ordóñez. La humillación del conde era muy grata para el pueblo, pero muy desagradable para el rey ya que sentía predilección por éste. La victoria de Rodrigo, además de ser desagradable para el rey, causó envidia en muchos, tanto en los enemigos del Cid como dentro de los mismos parientes del Cid. Los envidiosos acusaron al Cid ante el rey de haber sido infiel mensajero, reteniendo para sí las mejores parias que el rey moro había enviado al emperador. En el ánimo de Alfonso comenzó a crecer el sentimiento de recelo, antipatía y aversión hacia el Cid que estalló violentamente en el destierro.

Como vemos, el rey sentía una profunda animadversión hacia la figura del Cid, animada por la envidia que el emperador sentía. Ya en el año 1068, en la batalla de Llantada el Cid demostraba toda su valía como caballero en las luchas. En la batalla de Golpejera el rey había sido vencido y desterrado, cuyo causante principal había sido el Cid, aunque ésta no tenía el ánimo en contra del rey, sino que había actuado por su rey Sancho II de quien era alférez de toda hueste real. Menéndez Pidal da como única causa del destierro la envidia que Alfonso sentía por el Cid, avivada por sus más férreos enemigos: García Ordóñez, su hermano Rodrigo Ordóñez, Álvar Díaz (cuñado), el leonés Pedro Ansúrez y los Beni-Gómez, llamados por M.Pidal como los "mestureros" del rey.

Luego del destierro Jimena y los tres niños; Diego, Cristina y María se refugiaron en el monasterio de San Pedro de Cardeña.

El Cid emprende el viaje y llega a tierras de los moros de Toledo, amigos del Rey Alfonso pero se retira de allí en seguida porque aquéllos son moros de paz con Castilla y él no quiere guerra con su rey "… con Alfonso, mio Señor, non querria lidiar…". Este verso tiene un pleno valor histórico, ya que el Fuero Viejo de Castilla daba, al que había sido desterrado sin delito, la posibilidad de combatir al rey y sus territorios. El Cid histórico y el Cid del poema nunca quiso combatir al rey, lo que demuestra la arraigada lealtad del Cid hacia su señor, que pasa por encima de las injusticias cometidas contra él por el rey.

Siguiendo con el poema, en el apartado 25 el poeta nos habla de que el Cid marcha a tierras de Zaragoza. Esto es verídico, pero nuevamente el contexto es lo distinto. En el apartado 29 se nos habla sobre la toma de Alcocer, tierra ubicada en valencia. En la realidad, el Cid no se dirige contra Alcocer y tierras de Zaragoza para hacerse de riquezas ni del preciado pan, sino que va a ese lugar buscando refugio, como lo hacían todos los desterrados, asunto que trataré más adelante con mayor detención. Continuando con el poema, se nos hace referencia a la batalla de los del Cid con el rey Tamín de Valencia para recuperar Alcocer en las personas de los emires Fáriz y Galve, más trescientos moros. Como expliqué, esta batalla no puede ser cierta, ya que el Cid no fue a guerrear a tierras de Zaragoza. Además el rey Tamín de Valencia no existió en la realidad, así como tampoco existieron los emires Fáriz y Galve.

Revisando el estudio de Menéndez Pidal nos encontramos con que la verdadera razón de la ida del Cid a tierras barcelonesas era para continuar la política castellana del Rey por el lado este del mediterráneo y no solamente para ganar el pan. Estas tierras eran codiciadas por el reino Navarro-Aragonés y por los condes de la Marca de Cataluña. El Cid pensó que podía asociarse con los barceloneses para explotar el reino moro de Moctádir Ben Hud de Zaragoza. No se logra el acuerdo con Berenguer de Barcelona, lejos de hallar la acogida que esperaba encontró un desprecio inaguantable. M. Pidal nos cuenta que en el poema se da un vestigio de estas reuniones:

"grandes tuertos me tiene mio Cid el de Vivar;

dentro en mi cort tuerto me tobo grand,

firiom"el sobrino, nom"lo enmendó más"

En consecuencia, el Cid hace tratos con los de Zaragoza en la persona de Moctádir Ben Hud, quien recibe al Campeador con gran alegría, ya que éste ejercería la tarea de protector de su tierra y su gente y glorifica al Cid poniéndolo al frente de las cosas del gobierno. El rey moro muere en 1081, a poco de recibir al Cid y dividió su reino entre sus hijos Mutamin, a quien dejo Zaragoza, y Alhajib, quien recibió Lérida Tortosa y Denia. Alredeor del 1081 se produce un combate entre el Cid y Alhajib, ya que el Campeador era una amenaza para éste debido al gran poderío que el desterrado tenía en Zaragoza. Alhajib es apoyado por Navarra, Aragón y Barcelona en la persona del conde Berenguer.

El combate se produce en Tamarite y el Cid con su gente gana la batalla, llevándose prisionero al conde por cinco días. En el poema se hace referencia a la prisión del conde Berenguer, sin embargo, el combate recién mencionado es el primero que tuvo con éste y el que se expone en el poema, con la escena de la comida, es el segundo combate. El lugar es verídico; ocurrió en el Pinar de Tévar y el Cid nuevamente ganó la batalla, apresando por segunda vez al conde Berenguer. El Cid ofrece gran banquete al conde Ramón aunque éste, orgulloso, nada quería probar, practicaba lo que hoy en día llamamos huelga de hambre. Al cabo de unos días el conde doblega su voluntad, come, y el Cid lo deja irse en paz.

El poeta-juglar salta algunos aspectos históricos en la vida del Cid, desde su incursión en Zaragoza hasta el pleito con Berenguer en el Pinar de Tévar. Por ejemplo, la fallida reconciliación debido a la traición de Rueda, la batalla de Morella, donde el Cid participó al lado de Mutamin contra el rey de Aragón Sancho Ramírez que fue en ayuda de Alhajib, ya que el Cid estaba arreciando los territorios del hermano del moro al cual protegía. Tampoco cuenta el verdadero estado del Cid alrededor del 1085. El rey ejercía dominio muy grande en tierras moras; ya tenía bajo su dominio a Sevilla, combatía a Toledo y estaba pensando en Zaragoza, lugar del Cid. El Campeador estaba en una situación realmente grave; ya no le quedaba lugar para vivir debido a que la campaña del rey Alfonso era una fructífera. Se dice en el estudio de M. Pidal que el Cid podría haberse ido a Tudela. Esta inacción del Cid habría desmotivado o desilusionado a la mesnada del Cid, por lo que muchos caballeros habrían dejado al Cid para irse con el Rey, entre ellos Pero Vermúdez y Álvar Háñez, esto a comienzos del 1085. En el poema el juglar nos da un atisbo: nos cuenta que el Cid envió a Álvar Fáñez ha dejar regalos al rey, y que éste, al ver que el Cid iba en buen camino, perdonó al sobrino del Cid y a muchos otros caballeros:

"…Dijo el Rey:"Es muy pronto

Hombre ofendido, que no tiene la gracia de su señor,

para acogerlo al cabo de tres semanas.

Mas ya que fue de los moros, tomo este regalo,

me place además que mío Cid hiciera tal ganancia.

Sobre todo, a vos dejo Minaya,

rentas y tierras, tenedlas restituidas,

mas del Cid Campeador, yo os no digo nada…."

Ya Minaya a la orden del Rey Alfonso recibe un puesto como Lugarteniente en Valencia, que estaba al mando Alcádir. El Cid se encontraba en absoluta oscuridad debido a las acciones del Rey, pero se acercaba un gran enemigo para la cristiandad que significaría el resurgimiento del Cid como luchador; la fuerza Almorávide.

Cantar Segundo

El poema nos relata las conquistas del Cid de las tierras de Valencia y sus luchas contra los moros valencianos y sevillanos. Además nos narra las peripecias del Cid en la batalla contra Yussuf de Marruecos.

Al parecer el poeta-juglar altera el orden de los hechos nombrados en el cantar, ya que según el texto de Menéndez Pidal éstos sí ocurrieron: fue efectiva la toma de Murviedro, en el año 1098, la toma de Almenara, en el 1097, y la conquista de Peña Cadiella, en el 1091, reconstruyendo el castillo, abasteciéndolo con toda clase de armas y provisiones contra los almorávides, además del dominio de Valencia.

En el apartado 72 del poema se narra el llamado de los moros al Rey de Marruecos para que fuera a España en ayuda de los musulmanes. Yussuf recibe el llamado, pero ésta no acude..

"…mala cosa es, señores, tener poco pan,

hijos y mujeres, verlos morir de hambre.

Veían su duelo (moros), no lo pueden aliviar

Para el rey de Marruecos hubieron de enviar;

con el de Montes Claros tenía guerra tan grande,

que no les ayudó ni les vino a aliviar…"

Según Menéndez Pidal esta hecho es verdadero. Los moros de Sevilla, más específicamente su rey Motámid, buscaron ayuda en Yussuf de Marruecos. Al igual que el poema, históricamente éste no acudió al llamado, la diferencia está en las razones, explicadas por M. Pidal: "…No podré ir hasta que no posea Tánger ni Ceuta…" . Cabe destacar que en el mismo apartado se hace referencia a los pregoneros que manda el Cid por Aragón, Navarra y Castilla con mensaje de requerimiento de personas para combatir por Valencia, ofreciendo riquezas. Este hecho se puede constatar como verídico, ya que en el libro de M. Pidal se constata, a lo largo del periodo de batallas con los almorávides, los pactos entre el Cid con los aragoneses, ya sea con el rey Sancho Ramírez en el 1091 o con su hijo Pedro I de Aragón en el 1094.

Siguiendo con el cantar, me parece interesante demostrar el carácter verista de la aparición de Don Jerónimo en el poema. El poeta-juglar se valió de este hecho histórico y comprobado por M. Pidal para adornar su poema. Históricamente este obispo fue traído desde Francia por Bernardo de Sédirac, sacerdote de la orden Cluny, quien poseía el cargo de obispo de Toledo. Este sacerdote, volviendo de Francia, trajo consigo una cantidad de clérigos jóvenes para ocupar puestos en la Iglesia Toledana y otras sedes. Éstos fueron repartidos por varias diócesis, pero Don Jerónimo eligió Valencia, ya que era de carácter aventurero y de marcada concepción idealista, por lo que decidió ir con el Cid y luchar contra los moros a modo de cruzadas. Según M. Pidal, debió haber llegado en el 1097 junto al Cid, lo que conlleva a creer que participó en los cercos de Almenara y Murviedro, un año después de su llegada. Don Jerónimo asumió como Obispo de Valencia, elegido por el clero y por el pueblo valenciano, en el año 1098.

En el apartado 82 del poema se habla sobre el perdón del rey a la familia del Cid. Este hecho histórico tiene algunos rasgos de compatibilidad con el poema. Es cierto que el Rey deja ir a la familia del Cid, pero esto ocurre en un contexto completamente distinto. Para empezar, podemos decir que la liberación ocurre durante el segundo de los tres destierros históricos del Cid en el 1089, cuando el Cid no logra unirse con el rey en Villena, lugar que el Rey puso como destino. Sucedió que el Rey mandó una carta al Campeador pidiéndole ayuda para proteger Aledo y combatir contra el ejército de Yussuf. Como dije, el punto de reunión era Villena. El Cid temió que sus mesnadas pasasen hambre por lo que acampó en Onteniente, dejando atalayas avanzadas en Villena y Chinchilla. Pero el Rey en vez de ir a Villena siguió derecho bajando por Hellín, opor lo que el Cid llegó tarde a reunirse con el rey. Como nos es conocido, al rey sólo le bastaba con un leve atisbo de sospecha contra el Cid para darle la más grande pena que se le podía dar a alguna persona, y lo desterró. También en este destierro participaron los infaltables "mestureros" y enemigos del Cid. La ira del Rey esta vez fue mayor y "…mandó entrarle sus propias heredades, allanar sus casas, confiscarle cuanto oro, plata y demás riquezas pudieran hallar; y hasta hizo que doña Jimena fuese amarrada humillantemente y echada en prisión con sus tres niños…" . El Cid, al conocer las falsas acusaciones que se le hacían, envió uno de sus más leales caballeros al rey para rogarle un combate judicial ante la corte para excusarse de las imputaciones. Pero el rey no quiso escuchar las palabras de excusación del caballero y renunciando a su mayor rigor libertó a doña Jimena y a sus hijos, permitiéndoles irse con el Cid.

Continuando con el poema, en el apartado 104 se cuenta el perdón solemne del rey al Cid. La reconciliación se efectuó en la primavera de 1087. Ocurrió en Toledo, a orillas del río Tajo, dándonos el poeta exacta referencia histórica del lugar de las vistas. Según el poema los hechos ocurrieron de la siguiente forma:

"…Los hinojos e las manos en tierra los fincó,

las yerbas del campo a dientes las tomó,

llorando de los ojos, tanto habie el gozo mayor;

assi sabe dar homildanza a Alfonso so señor…"

Este acontecimiento no es del todo una exageración del poeta de las virtudes del Cid. Se constata que en antiguos ritos de sumisión de pueblos indoeuropeos se declaraba vencido poniendo hierba entre sus labios, al modo de una res. De esta forma el Cid representa el profundo acatamiento al Rey, su señor natural.

En el apartado 111 se nos hace referencia a las bodas de las hijas del Cid. Según M. Pidal algunos historiadores no reconocen la existencia de los Infantes de Carrión, o sea, los tildan de fantasía del juglar, pero a raíz de múltiples estudios el autor llegó a la conclusión de que los infantes de Carrión fueron personajes reales y coetáneos a las hijas del Cid, debido a la existencia suscripciones de algunos diplomas en los que aparecen a menudo juntos dos jóvenes, Diego y Fernando González acompañados de Pedro Ansúrez, conde de Carrión, García Ordóñez, conde de Nájera y de Álvar Díaz, personajes históricamente documentados. En el Cantar de Mio Cid se nos presentan muy pomposamente las bodas de Doña Elvira y Doña Sol, históricamente llamadas Cristina y María..M. Pidal nos explica que tales bodas con los infantes de Carrión no existieron, sino que tal vez pudieron haber existido conversaciones o tratos matrimoniales fracasados en vez de un "matrimonio ultrajado y roto" . Con todos estos datos podemos sacar por deducción que la afrenta de Corpes y las Cortes de Toledo con motivo de restaurar el honor personal y familiar del Cid no ocurrieron en la realidad.

Cantar Tercero

En este Cantar sólo se nombra, en el ámbito guerrero, el combate contra el rey Búcar de Marruecos. En el apartado 115 se nos hace referencia a las cartas del Rey Búcar dirigidas al Cid con el propósito de ahuyentar al Campeador de las tierras de Valencia:

"…Estando hablando así, envió el rey Búcar a decir al Cid que le dejase Valencia y se fuese en paz; si no, que le pesaría cuanto allí había hecho. El Cid dijo al que había traído el mensaje: Al otro día el Cid mandó armar a todos los suyos y salió a los moros…"

La existencia de las cartas del Rey de Marruecos y las respuestas del Cid son verdaderas. Lo que cambia es lo siguiente: Según M. Pidal el remitente de las cartas, el rey de Marruecos, es Yussuf, el ya nombrado líder almorávide a quien derrota el Cid en el cantar segundo. El poeta-juglar modifica la historia para, seguramente, darle continuidad al poema y exaltar la valentía del héroe. Da el nombre de Búcar al Rey de Marruecos, personaje que en la historia no existió.

Siguiendo con el poema nos queda hacer referencia al apartado número 149 del cantar. Nos habla de los mensajeros de Navarra y de Aragón que piden a las hijas del Cid en matrimonio. Esto no es del todo verdadero, ya que las Cortes de Toledo no existieron, debido a que el matrimonio de las hijas del Cid con los Infantes de Carrión no existió. Los matrimonios seguramente históricos de Cristina y María Rodríguez fueron con Ramiro de Navarra, al que se alude en el poema ya que Navarra y Aragón estaban entonces unidos y con Ramón Berenguer III, el grande, respectivamente. El hijo de Cristina llegó a ser rey de Navarra, y su nombre era García Ramírez, quien reinó desde el año 1134 a 1150. La hija de García emparentó con la casa real de Francia. Así, el Cid tiene descendencia en la casa real de Francia, Portugal, Barcelona y Castilla, como lo dice el viejo poema:

"…Ved cual ondra crece al que en buen hora nació

hoy los reyes d"España sos parientes son…."

Finalmente, sólo nos queda por contar que la muerte del Cid ocurrió prematuramente en el año 1099 cuando tenía alrededor de cincuenta y seis años, siendo una noticia muy triste para toda España, moros y cristianos. Luego de la muerte del Cid, Jimena se hace cargo de la dirección y protección de Valencia, cercada en el 1101 por el emir al-muslimín Yussuf quien manda al general lamtuna Mazdalí al territorio Valenciano. Jimena acaso tuvo el apoyo de su yerno Ramón Berenguer de Barcelona, que la ayudó a sostener la ciudad durante un tiempo. Jimena, al ver que sus recursos se agotaban pide ayuda al rey Alfonso, quien va en auxilio de su prima, se acerca a Valencia y los sitiadores huyen. Alfonso, ni ningún caballero castellano se ven capaces de sostener esta ciudad y se devuelven a Castilla, luego de un año de asentados en Valencia. El rey, al vaciar la ciudad, la manda quemar y Mazdalí acudió en seguida a ocupar las ruinas carbonizadas y Valencia volvió a ser territorio moro.

 

 

 

 

 

 

 

Autor:

Macarena Vargas Escobar

24 de Noviembre del 2008

Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educaci?n

Facultad de Historia, Geograf?a y Letras

Departamento de Castellano

Literatura Espa?ola Medieval


Partes: 1, 2


 Página anterior Volver al principio del trabajoPágina siguiente 

Comentarios


Trabajos relacionados

Ver mas trabajos de Historia

 

Nota al lector: es posible que esta página no contenga todos los componentes del trabajo original (pies de página, avanzadas formulas matemáticas, esquemas o tablas complejas, etc.). Recuerde que para ver el trabajo en su versión original completa, puede descargarlo desde el menú superior.


Todos los documentos disponibles en este sitio expresan los puntos de vista de sus respectivos autores y no de Monografias.com. El objetivo de Monografias.com es poner el conocimiento a disposición de toda su comunidad. Queda bajo la responsabilidad de cada lector el eventual uso que se le de a esta información. Asimismo, es obligatoria la cita del autor del contenido y de Monografias.com como fuentes de información.