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El desafío de la lectura (página 2)

Enviado por Lus ngel Ros Perea

Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7


A través del presente "desafío" intentaré, con el valioso aporte de expertos, en la primera parte, abordar los siguientes aspectos relacionados con La Fascinante Aventura de Leer: ¿qué es la lectura?, ¿qué es leer?, ¿para qué sirve la lectura?, modelos de lectura, tipos de lectura, descodificación de la lectura, ¿qué es comprensión de lectura?, ¿qué es interpretación de lectura? y ¿cómo leer bien? Así mismo, mostraré ciertas estrategias y habilidades para la comprensión de textos en el desafío lector, señalaré cuáles son las principales dificultades que impiden la lectura eficiente, se verá cómo mejorar la lectura, disertaré brevemente sobre la lectura rápida. En la segunda parte expondré algunos métodos para leer y estudiar. Y, finalmente, en los apéndices, se esbozarán algunas técnicas para comprender y trabajar textos, y nos acercaremos a la compleja dinámica del comentario de textos (literarios, lingüísticos y filosóficos), la crítica literaria y el manual de crítica literaria. Los apéndices fueron tomados de la Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta, excepto el último que corresponde al resumen del libro Manual de Crítica Literaria, de Gustavo Álvarez Gardeazábal.

PRIMERA PARTE

LA FASCINANTE AVENTURA DE LEER

¿Qué son las acostadas en un libro?

¿Qué son esos símbolos muertos?

Nada absolutamente. ¿Qué es un libro si no lo abrimos?

Es simplemente un cubo de papel y cuero, con hojas;

pero si lo leemos ocurre algo raro, creo que cambia cada vez.

Jorge Luis Borges.

¿QUÉ ES LA LECTURA?

¿Cómo se define?

La lectura se define como la acción de leer, como un proceso de comunicación entre un texto y un lector. Según la Gran Enciclopedia Ilustrada Círculo, es la interpretación de escritos o impresos y grupos de signos, aislados o reunidos en un contexto y transformados en lenguaje. La Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta se refiere a ella como la actividad caracterizada por la traducción de símbolos o letras en palabras y frases que tienen significado para una persona, y señala que su objetivo último es hacer posible comprender los materiales escritos, evaluarlos y usarlos para nuestras necesidades.

Algunas definiciones:

- Lectura, actividad caracterizada por la traducción de símbolos o letras en palabras y frases que tienen significado para una persona. Una vez descifrado el símbolo se pasa a reproducirlo, así pues, la primera fase del aprendizaje de la lectura está ligada a la escritura. El objetivo último de la lectura es hacer posible comprender los materiales escritos, evaluarlos y usarlos para nuestras necesidades. Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta.

- Acción de leer. Diccionario Español de la Lengua Castellana.

- Acción de leer. Manera de interpretar de un texto, una película, etc. Pequeño Larousse.

- Acción de leer. Interpretación del sentido de un texto. Variante de una o más palabras de un texto. Diccionario de la Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta

- El Diccionario de lectura y términos afines nos dice:

a) "La lectura no implica otra cosa que la correlación de la imagen sonora con su correspondiente imagen visual". (Leonard Bloomfield)

b) "Un proceso bifásico que implica... la percepción y comprensión de los mensajes escritos en forma paralela a los correspondientes mensajes hablados". (John B. Carroll)

c) "La lectura... es una interacción entre el lector y el lenguaje escrito, a cuyo través el que lee trata de reconstruir el mensaje del que escribe". (Kenneth S. Goodman). "La lectura implica la reconstrucción de los hechos que hay tras de los símbolos". (A. Korzybski)

d) "La lectura es una actividad de muestreo, de selección, de predicción, de comparación por la que el lector selecciona una muestra de indicaciones gráficas útiles basadas en lo que ve y espera ver". (Kenneth S. Goodman)

e) "La buena lectura comprende no sólo el conocimiento del significado literal de un pasaje, sino además los significados que se infieren del talante del autor, de su tono, de su intencionalidad y su actitud hacia el tema que trata, hacia sus lectores y hacia sí mismo" (I. A. Richards). La lectura implica la identificación de los símbolos impresos o transcritos que sirven de estímulo para recordar los significados que la experiencia ha ido elaborando y para construir otros nuevos significados mediante la manipulación de conceptos que ya posee el lector. Los significados resultantes se organizan en procesos racionales de acuerdo con la intencionalidad del lector. Tal organización lleva a modificar el pensamiento y/o la conducta o, si no, a una nueva conducta que toma su lugar, sea en el desarrollo personal o social". (M. Tinker G. McCullough)

f) "La lectura (es) un proceso social que pone al lector en relación con su entorno y condiciona tal relación". (Douglas Waples)

¿Cómo se concibe?

La lectura se concibe como un proceso de construcción de significados o significado (Significado es la totalidad de la información que un mensaje lingüístico transmite o puede transmitir) a partir de la interacción entre el texto (enunciado o conjunto coherente de enunciados orales o escritos), el contexto y el lector. La lectura es, ante todo, un ejercicio intencional, funcional y fructífero. Para que la lectura sea intencional, funcional y fructífera, requiere de un proceso que conjugue operaciones de análisis, comprensión, interpretación y crítica.

Antes de proseguir, es procedente aclarar y ampliar el concepto de contexto, debido a su importancia en el proceso de lectura. El contexto es el conjunto de circunstancias que rodean al autor y al lector, y que permiten a veces la correcta interpretación de un texto. También es un conjunto de acontecimientos políticos, culturales y sociales que existían en el momento en que el autor decidió hacer su obra. Estos acontecimientos, forzosamente, influyen en el autor en el momento de realizar su trabajo de escritura. Es una unidad con función comunicativa que pone en acción a un autor y un lector en un acto de participación de conocimientos, sentimientos, intenciones, creencias, mensajes, pensamientos, deseos, etc. La interpretación y la comprensión de un texto no puede prescindir de las condiciones políticas, culturales, sociales, económicas, históricas, religiosas, ideológicas y sicológicas del contexto.

Con respecto al contexto, el historiador y epistemólogo Álvaro Acevedo Tarazona precisa que "sin interacción no hay contexto", a la vez que sostiene que leer el contexto implica leer el entorno lingüístico que le da sentido y valor a las formas de ver, sentir y expresar; en otras palabras, leer la cultura, que es como decir leer la realidad con sus múltiples significaciones sociales. Piensa que no hay un contexto sino múltiples contextos. Por eso, en ese mismo sentido, no hay una lectura sino múltiples lecturas del contexto, que dependerán de las astucias, disciplinas científicas y saberes que apoyen este propósito. Porque no es lo mismo leer un mismo contexto desde las ciencias que desde las religiones, o desde la filosofía que desde el arte. Contextualizar es poner en comunicación, establecer un sentido de significaciones en una red urdida de símbolos, aclara, y agrega que la mejor contextualización es entonces aquella en la cual la comunicación toma muy en serio el diálogo con las disciplinas científicas y con los saberes de la cultura (políticos, religiosos o de la vida cotidiana) con el fin de hacer la más apropiada lectura del contexto. Aprender a caminar de cumbre en cumbre, tal como lo sentenció el filósofo Federico Nietzsche, es, en última instancia, el propósito de la lectura y escritura del contexto. (Sin Interacción no hay Contexto).

Hecha esta la anterior precisión, se puede continuar asegurando que la lectura, como interrelación plena del individuo con la información simbólica, suele constituir el aprendizaje y comprende el reconocimiento (conocimiento de los símbolos alfabéticos), asimilación (percepción de la palabra y traspaso al cerebro), intraintegración (comprensión básica y asociación de elementos contenidos en la lectura), extraintegración (análisis, crítica, percepción y selección y rechazo), retención (almacenamiento de la información tomada del texto), recuerdo (recuperación de la información almacenada en el momento adecuado) y comunicación (aplicación que se da de forma inmediata o eventual a la información).

Según las nuevas teorías sobre lectura, el texto no es sólo producción del escritor, sino también del lector, convirtiéndose el sentido único del autor en los múltiples sentidos del lector, en virtud de la interpretación. "No basta con ser receptores pasivos de información; es necesaria una actitud comunicativa que haga posible la doble vía; ida y vuelta, o verdadera circularidad, tendiente más al establecimiento de redes de interlocución", aclara el profesor Sérvulo Velásquez.

En concepto de Javier Navarro, licenciado en literatura, "la lectura es un trabajo de, con y sobre la lengua; un trabajo de producción e interacción de sentidos… No es trabajo de producción de sentidos las lecturas escolares obligatorias, la actividad pasiva realizada con gran tesón por el estudiante en vísperas de un examen, la lectura informativa del periódico o la costumbre de leer los best-sellers para conciliar el sueño. Sin embargo, en toda lectura hay una interacción inconsciente; en otras palabras, hay cierta producción de sentidos". (Lectura y literatura, ensayo publicado en Los procesos de la lectura, de Fabio Juarado Valencia y Guillermo Bustamente Zamudio).

El libro Claves para estudiar, redactar y presentar informes científicos (de Héctor Beltrán Martínez) nos advierte que la lectura es una actividad compleja, y que se puede pensar como un proceso de recepción sensitiva (percepción), el cual comprende toda una mecánica; y como una operación mental, en la que se extrae el significado de todos y cada uno de los símbolos de un texto. "Mecánica –explica-, porque leer es un ejercicio que comprende ciertos movimientos, como saltos y pausas, que aumentan y disminuyen de acuerdo con la dificultad del contenido y la práctica que se tenga en la lectura; y operación mental, porque leer es un trabajo de comprensión que se realiza de manera paulatina y ascendente, hasta lograr otros niveles de abstracción". Desde el punto de vista lingüístico, la lectura es interpretación y crítica de uno o varios conjuntos de signos que aportan un mensaje y una forma determinada. "El hablar de la lectura implica diferenciar entre lectura mecánica y la lectura comprensiva. La lectura mecánica consiste en traducir, decodificar los signos o grafías a lenguaje oral. Esto es lo que hace un niño pequeño cuando comienza a unir las consonantes a las vocales. La lectura comprensiva consiste en comprender lo que se lee, es decir, saber de qué trata el texto leído", indica un trabajo publicado en Internet.

La lectura es una operación mental básica que destaca los elementos constitutivos de un texto escrito, tanto gramaticales como literarios, en función de la correcta expresión lectora. Es una observación atenta del lenguaje gráfico que discipline los movimientos oculares, descifre el contenido y descomponga las ideas. No se lee por leer, ni se analiza por analizar; se lee para analizar y sintetizar mensajes, y para buscar formas de expresión y de estilo. Se lee para aprender a asimilar y a juzgar. La lectura es uno de los caminos más eficaces y concretos para aprender; pero hay que aprender a leer para aprender leyendo, porque el hombre pregunta para leer y lee para preguntar.

La lectura es un valioso e insustituible instrumento de comprensión de las contradicciones que subyacen a las estructuras sociales, como presupuesto indispensable para que los individuos puedan actuar autónoma y provechosamente, es decir, como auténticos ciudadanos. Es una herramienta del conocimiento; es un instrumento indispensable para tener acceso a las diversas ramas del saber. Según el escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986), es una de las formas de felicidad. El libro, en su opinión, es el instrumento más asombroso que se ha inventado. Para el filósofo estadounidense Henry David Thoreau, los libros tienen el poder de cambiar vidas ("Cuántas veces un hombre ha empezado una nueva etapa en su vida a partir de la lectura de un libro")

La lectura como búsqueda

La lectura es una invitación a la búsqueda de saberes y de respuestas a los múltiples interrogantes e inquietudes que surgen antes, durante y después de la actividad lectora. La búsqueda implica averiguar. El profesor español Víctor Moreno Bayona, en su libro Leer para comprender, precisa que averiguar tiene que ver con la búsqueda inquisitiva de la verdad o, como señala Nietzsche, de lo que se tiene por verdadero. Existe, también, la expresión averiguarse con, con el significado de avenirse con alguien, sujetarlo o reducirlo a la razón. Por tanto, la práctica de averiguar debería colocarnos en la situación de buscar aquellas verdades que no tenemos como tales, sea por desconocimiento, porque vivimos en un error respecto a ellas o porque, sencillamente, nuestros conocimientos no son tales, sino un cúmulo de prejuicios, creencias, dogmas metafísicos o lugares comunes.

La lectura es búsqueda, y la búsqueda implica riesgo. La lectura es una pesquisa y una indagación riesgosa, que exige rigor. Según el filósofo colombiano Estanislao Zuleta (1934-1990), un excelente lector, "la exigencia de rigor muchas veces puede ser una racionalización; el temor al riesgo hace que la lectura sea prácticamente imposible y generar una lectura hostil a la escritura. Lo que debe predicarse es exactamente lo contrario: que sólo se puede leer desde una escritura y que sólo el que escribe realmente lee. Debemos saber qué es lo que buscamos. Porque no puede encontrar nada el que no está buscando. Y, si por azar se lo encuentra, ¿cómo podría reconocerlo, si no está buscando nada? El que busca está en el terreno de una batalla entre lo consciente y lo inconsciente, lo reprimido y lo informulable, lo racionalizado o idealizado y lo que efectivamente es válido. Si no está buscando nada, nada puede encontrar. Establecer el territorio de una búsqueda es precisamente escribir, en el sentido fuerte, no en el sentido de transcribir habladurías" (Conferencia sobre la lectura).

Los lectores, como investigadores que somos, antes de iniciar cualquier lectura, debemos preguntarnos por el objeto de ésta. Los objetivos de la lectura determinan la posición del lector ante lo que hace para lograr comprender un texto. Si no sabemos lo que buscamos, entonces divagamos en la información. Por ello, antes de comenzar una lectura debemos plantearnos y responder, entre otras, las siguientes preguntas: ¿Qué tengo que leer? ¿Para qué voy a leer? Las respuestas a estas preguntas nos guiarán para alcanzar la meta emprendida y tener una idea más clara de lo que queremos conocer y de lo que buscamos.

Al enfrentarnos a un texto nuestra finalidad es hacernos con el pensamiento del autor y con su intencionalidad. Previamente debemos preguntarnos, antes de empezar cualquier lectura, ¿qué busca comunicarnos el autor?, ¿qué se esconde en verdad, en última instancia, detrás del vehículo que son las palabras?, ¿qué puede aportarnos realmente la lectura?, ¿qué busca con sus planteamientos? Sólo así la lectura será efectiva.

Preguntar y leer es parte del mismo proceso, porque el lector pregunta para leer y lee para preguntar. "Cuando se lee, se hace para preguntar algo, el problema está en delimitar ¿qué es lo que se desea preguntar?, ¿cuáles son la preguntas que se desean responder con la lectura?, ¿qué significados se desean encontrar? Al leer el sujeto lector se involucra con la realidad, se introduce en los signos de las cosas para vislumbrar el mundo, aprehendiéndolo, comprendiéndolo y expresándolo", aclara el profesor Jorge A. Deháquiz M. en su libro ¿Enseñar filosofía o aprender a filosofar?

El buen lector mantiene una actitud inquisitiva a medida que lee. ¿Cuál es la idea principal? ¿Quién escribió? ¿Con qué propósito? ¿Cuál es mi propósito al leer? Todos estos y muchos otros interrogantes de naturaleza similar deben estar en la mente del lector mientras lee. "Es un buen ejercicio, aun para el lector experimentado, estudiar pasajes breves de prosa y de verso –sobre todo los que uno conoce bien desde hace tiempo- e investigar cuidadosamente: a) lo que el autor trata de decir; b) los elementos afectos que lo ayudan a ello; c) los que oscurecen su exposición, si los hay; d) si el autor logra llevar sus ideas y sentimientos a la mente de lector y en qué grado y en qué grado, y e) lo adecuado de sus metáforas para el tema que trata" (El lenguaje en el pensamiento y en la acción).

Los textos actuales de educación recomiendan que el escrito siempre se debe abordar con la actitud de preguntar: ¿Qué busca comunicarnos el autor? (Nivel interpretativo). ¿Qué hay detrás de las palabras? (Nivel argumentativo). ¿Cuál es su aporte? (Nivel propositivo). Preguntarse es leer activamente. "Las preguntas ayudan a aprender porque nos hacen pensar acerca de qué es lo que queremos saber respecto a lo que estamos leyendo. Dan un propósito a nuestro aprendizaje. Una persona con una pregunta es una persona con un propósito", afirma Clifford T. Morgan. Para el buen lector, el preguntar debe convertirse en un hábito. Según A. Tort, las preguntas son el síntoma claro de que se ha despertado el espíritu, de que está en marcha, dispuesto ya para sumergirse en la lectura. Se deben leer ideas, no palabras de manera aislada. El lector tiene que estar pensando con el autor. Debe saber qué dice el texto, qué quiere comunicar el autor, cómo puede clasificarlo, qué problema o problemas aborda el texto, qué conclusión saca y qué relación tiene con otros textos y con la realidad. Lo esencial es la comprensión y la actitud correcta. La finalidad debe ser detectar el pensamiento y la intención del autor.

Según Víctor Moreno, normalmente la gente suele leer para averiguar algo, para buscar respuestas a distintos problemas o curiosidades que le acucian en la vida o en su oficio. Rara es la actitud del que lee con la intención específica de preguntarse sobre aquello que lee, es decir, de relacionar lo que lee con su particular estado de ánimo intelectual o afectivo. Leer para preguntarse de qué modo aquello que leemos nos afecta. Además de preguntarle al texto, tenemos que preguntarnos a nosotros mismos.

Cada vez que intentemos leer, debemos formularnos muchas preguntas sobre el tema que "se lee desde un trabajo, desde una pregunta abierta, desde una cuestión no resuelta; ese trabajo se plasma en una escritura; entonces, todo lo que se lee alude a lo que uno busca: se convierte en lenguaje de nuestro ser" (Conferencia sobre la lectura). El maestro Zuleta nos dice que no se lee por mera diversión o en procura de información; se lee en búsqueda de respuestas. "Siempre se lee porque uno tiene una cuestión que resolver y aspira a que el texto diga algo sobre la cuestión. Lo más importante en toda teoría sobre lectura es salir de la idea de la lectura como consumo". Se lee con un propósito determinado, no sólo leer por leer.

¿QUÉ ES LEER?

Definiciones de diccionarios:

- Pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados. Comprender el sentido de cualquier otro tipo de representación gráfica. Entender o interpretar un texto de determinado modo. Descubrir por indicios los sentimientos o pensamientos de alguien, o algo oculto que ha hecho o le ha sucedido. Descifrar un código de signos supersticiosos para adivinar algo oculto. Diccionario de la Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta.

- Interpretar el sentido de los textos escritos o impresos. Interpretar cualquier clase de signos. Diccionario Español de la Lengua Castellana.

- Interpretar mentalmente o en voz alta la palabra escrita. Dar una interpretación de un texto. Pequeño Larousse.

¿Cómo se define?

Leer es apropiarse del significado y la intención de un mensaje; es relacionar lo que los vocablos expresan con nuestros propios sentimientos, creencias, emociones; es una invitación a pensar; es un diálogo, un contrapunteo entre el escritor (creador) y el lector (recreador); es una confrontación para refutar o suscribir; es una aventura, un reto estimulante; es una vivencia personal única; es un ejercicio creativo; es un acto de comunicación. "Leer es mucho más que pasar los ojos sobre un escrito. Es pensar en su mensaje y descifrarlo, es hacerlo parte de nuestras vivencias" (Español sin fronteras 7). Leer es un proceso dinámico, lúdico, ameno, placentero, mágico, recreativo, cautivador, simbólico, dialéctico, crítico, lingüístico, exegético, hermenéutico, semiológico, semántico, gramático, lógico y retórico. Leer implica comprender, interpretar, disentir, compartir, complementar, seleccionar, dialogar con el texto. Leer es sinónimo de: estudiar, examinar, analizar, averiguar, observar, repasar, ojear, percibir.

Moreno Bayona afirma que leer es un proceso psicolingüístico sumamente complejo, caracterizado, entre otras cosas, por ser un continuum de transacciones entre pensamiento y lenguaje cuando a partir de un texto determinado -no importa si manuscrito, impreso o digital-, el lector busca encontrarle un sentido, es decir comprenderlo.

Para saber qué es leer, Víctor Moreno Bayona, en su libro Leer para comprender, nos introduce en una referencia sobre la etimología del término leer, estudiado por Jespe Svendro:

"Nuestro vocablo leer proviene de la voz latina legere, la cual, a su vez, según Svendro, procede del griego. Este idioma poseía más de diez verbos que significaban "leer". Svdendro analiza con minuciosidad uno de ellos, némein, literalmente distribuir, aunque era usado, es cierto, con poca frecuencia, lo que explicaría su olvido en el sentido de leer y especialmente leer en voz alta (anagignóskein era realmente el verbo que significa «leer» en Atenas). Svendro considera que némein está en el centro de una familia léxica cuyos miembros significan leer. Pero, ¿por qué los romanos eligieron legere para decir leer? Svendro considera que el legere latino deriva del légein griego. El citado autor nos dice que si lego significa «leo», con razón cabe pensar que los romanos hayan oído esa palabra a los griegos de quienes tomaron prestado el alfabeto. Luego, nada más natural que emplear su homónimo latino lego, cuyo imperativo lege «suena» perfectamente griego...así pues, el sentido «coger» no es fundamental para la semántica del latín legere, «leer», aunque con posterioridad haya jugado cierto cometido". Este sentido de "reunir", "recoger", "escoger" es lo que significa legere en un primer momento. De acuerdo con Miguel Ángel González Manjares, "de esta forma, de ese 'reunir' y ese 'escoger' que entrañaba 'legere' se pasó directamente a 'leer', a leer un texto y unas letras como acto extraordinario de reunión, escogimiento y elección, es decir, una operación mental que requiere discernimiento y criterio, un recorrido con la mirada que escoge y aúna ciertos garabatos y que después, en el adentro, se descifran y destilan como frutos hasta dar un jugo que casi nunca resulta idéntico en cada sujeto. La lectura, pues, como una antología (y esto es ya griego), como una recolección de flores que la misma palabra nos da generosamente por sustancia."

Más allá de su significado etimológico nos encontramos con múltiples y muy buenas definiciones de lo que es leer, de lo que es la lectura. Carolina Golder y Daniel Gaonac"h la definen como "una actividad familiar pero compleja que implica a la vez procesos cognoscitivos y perceptivos. Se puede definir la actividad de la lectura como la recepción y la comprensión de las ideas y los pensamientos de un autor a partir de signos visuales". Refiriéndose a la complejidad que implica la lectura, Elsa Ramírez L. precisa que en esa complejidad intervienen distintos factores: nivel educativo, condiciones socioeconómicas, la historia y la tradición lectora de cada sociedad, así como la producción, distribución y difusión de los materiales de lectura… La estudiosa peruana Juana Pinzás García… dedica todo el capítulo I de su obra "Leer pensando. Introducción a la visión contemporánea de la lectura" a describir y comentar los consensos alcanzados sobre el qué es leer. Vemos, por ejemplo, como la lectura es entendida como un proceso constructivo en la medida que el lector va armando mentalmente un «modelo» del texto, dándole un significado o una interpretación personal. Pero también la lectura implica una interacción lector-texto (la cual es muy compleja, en la medida que implica la intervención de múltiples fuentes que intervienen en el proceso descodificador, tales como información ortográfica, gramatical, léxica, sintáctica, semántica y pragmática). Asimismo significa integración entre lo que el que el texto proporciona y lo que al respecto aporta el lector. Es, por otra parte, un proceso estratégico, en la medida que el buen lector aprende a adaptar su lectura a lo que lee y al para qué lee".

Leer es disfrutar y saber

Leer es un acto comunicativo-lúdico que ofrece infinitas experiencias agradables y múltiples posibilidades de goce y satisfacción, toda vez que se trata de una de las actividades humanas más placenteras y enriquecedoras. Si somos capaces de desarrollar y fortalecer tan maravilloso hábito podremos vivenciarla de esta manera. "La lectura es un hábito maravilloso. A través de ella se abren nuevos horizontes y se conocen nuevos hechos y situaciones" (Español sin fronteras 7). Ser lector significa tener el hábito de leer, que, como cualquier hábito, tiene una fase de aprendizaje de una determinada actividad y luego su fijación, para convertirse en una necesidad. El lector se ve impulsado a leer, siente la necesidad de leer. Es por ello que a veces se habla de la adicción (luminosa, la han calificado) e incluso del vicio por la lectura. Solamente quienes consideramos la lectura como una de las principales atracciones de la vida, logramos comprender y valorar la grandiosidad de su razón de ser y de existir.

Leer es aumentar la capacidad de comunicarse con la complejidad de los fenómenos naturales y sociales, de adquirir vivencias, de apropiarse de experiencias ajenas y, por esa vía, de aumentar las habilidades para establecer relaciones entre las cosas, lo que en últimas se traduce en mayores posibilidades de comprensión para enfrentar el mundo de la necesidad, incrementando en el lector sus potencialidades para gobernarse por sí mismo, de lograr mayores grados de autonomía.

Si leer implica conocer, comprender el significado de las palabras, enterarse de lo que contiene un texto, desentrañar el sentido de lo escrito, es decir, construir saberes para la participación ciudadana, es claro que a través de la lectura elevamos los niveles de comprensión de los fenómenos sociales, de las contradicciones y tensiones subyacentes en el entramado social y, consiguientemente, obtendremos mayores órbitas de autonomía para las personas.

Leer es la posibilidad de elaborar una reconstrucción interior del mundo que me pertenece; que se me entrega en el texto y del cual me voy apropiando. Se trata entonces, de reconstruir mi mundo con la contribución del mundo del autor; la lectura permite que mi mundo sea cada vez mayor; un mundo que se amplía en la medida en que descubro y descifro el mundo del que escribe.

Según Margarita Gómez Gamboa, licencia en filosofía e idiomas, en su ensayo Pasión, Razón y Creación, leer es aprehender, hacer propio el mundo exterior; es atrapar experiencias ajenas que se incorporan a la vida para recrear y expresar desde las vivencias individuales, nuevas maneras de ver, de pensar y de construir mundos posibles. "Nada mejor que un libro para trasladar la imaginación a lugares distantes del universo, para conocer lo que piensan otras personas y lo que ocurre en el planeta, para enterarse de los avances de la ciencia o simplemente para divertirse" (Español sin fronteras 7).El lector tiene que "exiliarse", establecer una relación dual con el libro, penetrarlo, comprometer todo su cuerpo con ese placer, tal como lo establece el lingüista Roland Barthes. Leer es analizar, pensar, buscar, conjeturar y trabajar.

Leer es preguntar

Leer es preguntar, "conversar" con el texto. A medida que leemos, preguntamos: la lectura se efectúa a partir de preguntas. El texto responde algunas de nuestras preguntas, y nos genera otras, nuevas inquietudes. Así, según el ensayista colombiano Álvaro Pineda Botero (1942), de esta manera, leer es conversar. "Entre el libro y el lector se plantea un diálogo incesante. Es un diálogo que estimula la imaginación, que enriquece y transforma. Todos hemos tenido la experiencia de sentirnos renovados cuando terminamos la lectura de ciertos libros: diferentes, más maduros, más libres, más seguros de nuestros logros intelectuales. Este sentimiento de seguridad y libertad del lector es idéntico al del escritor en el momento de finalizar su obra" (El reto de la crítica). Leer es establecer un diálogo con el texto en búsqueda de respuestas que éste puede ofrecer, dependiendo de las preguntas que el lector se plantee. La doble función del lector es la de plantear preguntas y la de tratar de reconstruir la pregunta original del autor, porque, según el filósofo alemán Georg Hans Gadamer (1900-2002), toda obra refleja un diálogo con su propia época.

¿Qué es preguntar? Preguntar es el terreno propio de la vida entendida como acontecimiento; toda pregunta es por sí misma un proyecto, un lanzarse fuera de sí. En principio el hombre puede preguntar y cuestionarlo todo porque no hay nada de lo que no se pueda dudar y cuestionar. El horizonte del preguntar es infinito. El preguntar coloca en cuestión lo aceptado en forma pasiva o sin discusión. Preguntar es el modo de saberse humano y, por tanto, distinto de cualquier otro ente. El que pregunta se halla de fondo metido en el interrogante. La verdad de las cosas es puesta en movimiento en el acto mismo del preguntar y del responder.

La lectura atenta, profunda, amplia y variada nos plantea cómo contestar a las preguntas que la vida nos sugiere. ¿Cómo lograr entender mejor? ¿Cómo llegar a saber lo que se ignora? ¿Cómo saber qué es lo que se quiere saber? ¿Qué busco preguntando? ¿De dónde puede venir alguna respuesta más o menos válida? ¿Cómo se han obtenido los conocimientos? ¿Hasta qué punto estamos seguros de los conocimientos? ¿Cómo se pueden ampliar, mejorar o sustituirlos por otros más confiables?

Se pregunta desde lo que se sabe o se cree saber, porque parece insuficiente y dudoso. Nuestra facultad de pensar nos incita a plantear preguntas para las cuales nuestras respuestas se antojarán siempre insatisfactorias: ¿Por qué existo? ¿Por qué existe algo? ¿Por qué hay algo más bien que nada? ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿En qué consiste vivir bien? ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Para dónde vamos?

Leer es pensar

Según Estanislao Zuleta, un intelectual ampliamente experimentado en el arte de la lectura, "leer es pensar porque es esencialmente un proceso mental. La lectura como acción es un complejo psíquico, un conjunto de actividades intelectuales, difícil de definir pero de reconocida importancia para la formación idiomática, para la estructuración de la mente y para el desarrollo de la cultura personal. Como leer es aprender a pensar, debemos pensar durante el transcurso de la lectura, porque leer es pensar al máximo. Si se va a leer bien, se deberá pensar bien. Cuando leamos, pensemos. Mantengamos el pensamiento en lo que el autor está diciendo. Al mismo tiempo la mente estará jugando entre las palabras del autor con un cúmulo de preguntas. Pensar es sólo una actividad del aprender; hay que usar también los sentidos y la imaginación. El arte de aprender a leer involucra las actividades implícitas en el arte de descubrir: agudeza de observación, memoria fácilmente disponible, alcance de imaginación y una razón adiestrada en el análisis y la reflexión. El arte de leer no es independiente del arte de pensar, escuchar y descubrir. Leer es aprender y pensar. El texto ha de leerse con gusto, procurando el estremecimiento pero atreviéndose a hacer uso de la razón para interrogarlo y cuestionando, a partir de su lectura para producir nuestra propia elaboración del problema debatido" (Conferencia sobre la lectura).

Este connotado y reconocido pensador nos dice que "leer es pensar porque, al conocer el punto de vista del autor y adecuarlo a nuestra realidad o la realidad del contexto social, obtenemos elementos que nos permiten una enorme capacidad de discernimiento, alejándonos de la mediocridad, tomando nuestras propias decisiones, no dejándonos pensar, ser libres y autónomos; liberarnos de los condicionamientos que nos impone el medio, sin dejarnos manipular ni alienar. Podemos pensar por sí mismos, pensar en el lugar del otro y ser consecuentes, tal como lo plantea Kant. Es pensar porque nos convoca a la reflexión y al análisis riguroso que nos permite un acertado manejo de los conflictos y toma de decisiones". (Conferencia sobre la lectura).

Fernando Vásquez Rodríguez nos dice que leer es sobre todo un ejercicio de conjetura. "La conjetura se valida en su permanente búsqueda. No hay una única verdad de los textos; tampoco cualquier verdad. Lo que se va develando es que la verdad de un texto responde a la manera como el lector organiza las distintas pistas, los distintos indicios subyacentes, las distintas huellas. Conjeturar es construir posibles diversos sentidos. Por supuesto, sin dejar ningún indicio por fuera, sin inventarse otros inexistentes, sin inflar algunas de las evidencias, sin minimizar ninguna señal. Conjeturar es sopesar dos fuerzas, dos referentes igualmente complejos e importantes: el texto y el lector. Conjeturar es mantener una constante vigilancia sobre la relación de un sujeto con un objeto. Es, como piensa Paul Ricoeur, mantener a la par de una voluntad de escucha, también una voluntad de sospecha" (Lectura y abducción, escritura y reconocimiento, ensayo publicado en Los procesos de la lectura, de Fabio Jurado Valencia y Guillermo Bustamante Zamudio).

Procesos de la dinámica lectora

Algunos expertos en el arte de leer identifican los siguientes procedimientos en la dinámica lectora: comprender, interpretar, identificar o reconocer, criticar, reaccionar y crear. Veámoslos someramente (Más adelante se profundizará sobre comprender e interpretar).

Comprender es encontrar o descubrir el mensaje del texto, escrito o lectura; es saber de qué se trata; es conocer la esencia o naturaleza de un libro. Para comprender hay que leer las líneas.

Interpretar es saber qué significa el mensaje del texto; saber qué quiere decir el autor; qué significados puede tener el mensaje escrito por él. Es encontrar el sentido de un texto, una proposición, un problema, un gráfico, un mapa o un esquema. Para interpretar hay que leer las líneas y leer entre líneas; en cierta forma implica desligarnos del texto; qué quiso decir el autor, qué ideas apenas sugiere sin desarrollar. La interpretación es un proceso mediante el cual reconstruimos el sentido del texto. Para interpretar hay que reconocer la información textual e inferir o descubrir significados. La interpretación implica leer por "encima" y por "debajo" del texto, y sacar conclusiones a partir de lo que se lee. Interpretar es identificar el propósito del autor, el cual desarrolla a través de la sistematización de ideas. Interpretar es encontrar el sentido de un texto, proposición, problema, gráfico, mapa o esquema. Según Gadamer, interpretar consiste en poner en juego los propios preconceptos, con lo que la intención del texto se hace evidente para nosotros a través de la lengua.

Identificar o reconocer es hallar las estructuras, relaciones, mensajes, palabras importantes o esenciales o más significativas, estilo del autor, método de exposición y propósitos. Según el libro El mundo de la filosofía, descubrir la estructura general del texto, consiste en ver todo en su unidad y en los elementos fundamentales que lo componen y le dan sentido y coherencia. Ver la relación y el orden entre los diversos conceptos, proposiciones y argumentos, que llevan a sacar determinadas conclusiones. Distinguir lo central y axial de lo secundario. ¿Cuáles son las claves y fundamentos del texto? ¿Cuáles los argumentos que la sustentan?

Criticar es valorar o juzgar la actualidad, exactitud, importancia y aplicabilidad de una lectura; valora un texto quien juzga su calidad, coherencia, ilación, eficacia y corrección, así como el impacto que produce en el lector. Se valora la exactitud, actualidad, importancia, aplicabilidad y documentación del contenido del texto, y fines, organización y estilo del autor. "La crítica nos permite tomar una posición fundamentada sobre le texto mismo, los aportes que da el conocimiento, su importancia para la vida personal y comunitaria, las vetas descubiertas y las posibles proyecciones para el desarrollo futuro del conocimiento", dice el citado libro, y advierte que "antes de criticar hay que buscar entender y aprender".

Reaccionar es relacionar el texto con otros, estar de acuerdo o en desacuerdo y actuar. Reaccionar es preguntar, juzgar si está de acuerdo o no con los mensajes del autor, y relacionar lo leído con otras lecturas, con otras situaciones.

Crear es producir o generar nuevos conocimientos, significados, argumentos y personajes.

¿PARA QUÉ SIRVE LA LECTURA?

La lectura nos permite potenciar nuestras propiedades comunes: pensar, conocer, razonar y ser creativo. Estas actitudes propician el desarrollo de una mentalidad reflexiva, analítica, abierta y crítica. Como la lectura nos permite conocer muchas formas de ver y de sentir la vida y la realidad de nuestro entorno, esto mismo nos facilita un concienzudo cavilar que contribuye al bienestar en todos los aspectos, ya que cuando el hombre piensa se libera de invisibles cadenas que lo atan a una vida impersonal, pródiga en angustia existencial. "Al progresar en nuestras lecturas se ensancha nuestra conciencia. Paulatinamente van haciéndose más plenos y exactos los territorios reales de los seres humanos y su conducta, que describen los mapas de nuestras ideas, en condiciones y razones sumamente heterogéneas. También aumenta nuestra simpatía hacia los seres humanos, al ampliarse nuestra visión y comprensión. El novelista, el poeta y el dramaturgo nos presentan lo mismo a los faraones de Egipto que al sacerdote tibetano cubierto por su máscara ceremonial, al desterrado político o al rebelde sin causa, en descripciones vívidas e íntimas, que nos permiten observar cómo vivieron, qué fue lo que les preocupó y qué sentimientos alentaban por dentro. Al examinar así las vidas de los demás, situadas en el tiempo y en el lugar que se quiera, descubrimos con asombro que todos ellos son seres humanos. Y este descubrimiento es la base de todas las relaciones humanas civilizadas. Si seguimos sin civilizarnos –lo mismo en la comunidad que en las relaciones industriales, nacionales o internacionales- es principalmente porque no hemos llegado a hacer ese descubrimiento. La literatura es uno de los medios más valiosos para lograrlo" (El lenguaje en el pensamiento y en la acción). Literatura es el arte que emplea la palabra hablada o escrita como forma de expresión. Es el arte bello que emplea como instrumento la palabra. Comprende las producciones poéticas, narrativas y todas aquellas obras en que caben elementos estéticos, como oratorias, históricas y didácticas. En síntesis, la literatura es la transformación estética de la realidad.

La lectura, como actividad eminentemente intelectual, cuya importancia no ha sido en absoluto minimizada por el enorme auge y desarrollo de los medios audiovisuales, facilita conocer "el pensamiento y el sentir de antiguas culturas con las mentes más preclaras y lúcidas del presente" (Cómo leer, estudiar y memorizar rápidamente, de W. J. Mayo). El objetivo último de la lectura es hacer posible comprender los materiales escritos, evaluarlos y usarlos para nuestras necesidades. La Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta precisa que leer proporciona a las personas la sabiduría acumulada por la civilización, y agrega que los lectores maduros aportan al texto sus experiencias, habilidades e intereses; el texto, a su vez, les permite aumentar las experiencias y conocimientos, y encontrar nuevos intereses. En concepto de Sara Agudelo de Pabón, "la lectura estimula la creatividad, reanima, renueva y, en muchas ocasiones, ayuda a enfrentar con optimismo la vida cotidiana. Son muchos los textos que abren ante el lector un mundo de experiencias, le ayudan a despojarse de su ignorancia, a comprender el mundo y a ser dueño de su propio destino. Encienden la imaginación y dan fuerza para emprender tareas difíciles (El proceso lector II).

Por medio de la lectura podemos hallar respuestas para las múltiples preguntas que, en cada etapa de nuestra existencia, nos salen al paso. Permite encontrar soluciones a los conflictos existenciales, apropiarse de modelos que contribuyen al perfeccionamiento de la conducta, al enriquecimiento ético y espiritual. Puede ser un magnífico catalizador para angustias y temores; puede modificar actividades, estimular el deseo de ser mejores, de superarnos, de enriquecer nuestra visión del mundo. Propicia que las personas se conozcan mejor a sí mismas y se reconozcan como parte de una comunidad o de determinado grupo social; es una excelente vía para enraizarnos en las tradiciones y aprender a valorar y respetar otras culturas, para entendernos y entender mejor a los demás.

La lectura es un juego ameno, enriquecedor y apasionante; un acto placentero; un espacio para ejercer la capacidad de fantasear, imaginar, soñar y fabular libremente. A través de ésta viajamos por mundos desconocidos y enigmáticos que, al ser recreados por el autor, aparecen en nuestra imaginación como realidades que nos afectan o nos deleitan de acuerdo a nuestro grado de participación en el pequeño o gran inverso vivenciado por su creador. "La lectura facilita al lector una especie de balcón desde el cual puede mirar el mundo contenido en el texto; balcón que es viajero porque se mueve a lo largo de él. Allí se enfocan varias perspectivas: la del narrador, la de los personajes, la de la trama misma, la del lector ficticio. El lector final es el beneficiario de este observatorio privilegiado; y desde él proyecta sus propios significados" (El reto de la crítica).

El lector puede deleitarse con el estilo y la capacidad imaginativa del autor, con el vocabulario, con la trama y los hechos que presentan los textos. Quienes se han deleitado con la buena literatura han "vivido" más que los que no han leído o no les gusta leer. "Leyendo Los viajes de Gulliver se asquea uno con Jonathan Swift del proceder de los humanos; leyendo Huckleberry Finn se siente uno navegando a la deriva, río Mississippi abajo, en una balsa; la inmortal novela de Cervantes nos hace sentir la gallardía de los ideales quijotescos y el prosaísmo sensato de Sancho; Byron nos transporta en alas de su rebeldía neurótica contra una sociedad decadente… Este es el efecto principal de la comunicación afectiva: sentimos al unísono con los demás respecto a la vida, aunque vivan a miles de kilómetros y de años. No es cierto que se viva una sola vida; sabiendo leer, vivimos cuantas existencias queramos" (El lenguaje en el pensamiento y en la acción, de S. I. Hayakawa).

La lectura, además de ser una fuente de información, conocimientos, saberes, debe ser, fundamentalmente, una fuente inagotable de disfrute, fruición, solaz, goce y deleite del espíritu. Cuando uno se sumerge en inigualable goce de la lectura disfruta con las ideas, las imágenes, los mensajes, los axiomas, las sentencias, las metáforas, las sugerencias, las enseñanzas… Quien no posea la esquiva sensibilidad para el inefable contento que produce el acto de leer bien, de saborear las palabras, las definiciones, los conceptos, las ideas, las tesis… El lector "se pasea inmóvil por países que cree ver, y su pensamiento, enlazándose a la ficción, se recrea en los detalles o sigue el hilo de las aventuras. Se identifica con los personajes; parece que somos nosotros mismos los que palpitamos bajo sus trajes" (Gustavo Flaubert en Madame Bovary). En la lectura de obras literarias, gracias a nuestra refinada sensibilidad, podremos disfrutar de la artificiosidad culta, el brillo decorativo, las metáforas luminosas, las descripciones finas y elegantes, la riqueza cromática, la perfecta arquitectura de las palabras, la exquisitez poética o narrativa, las rutilantes imágenes enriquecidas por brillantes colores y armoniosas sensaciones musicales, los magníficos efectos de luz, la elegancia de los recargados lenguajes, la asombrosa expresión de la belleza plástica, el prodigioso derroche metafórico, los bellísimos juegos poéticos, la refinada gracia metafórica de la lírica, el embrujo de las figuras literarias, las figuras de pensamiento y los encantadores tropos, entre otros muchos encantos que sólo brinda la literatura. Las personas amantes de de la lectura disfrutamos, gracias a nuestra exquisita sensibilidad, de embelesadores y embriagadores éxtasis…

El lector que disfruta de esta agradable actividad, dotado de una excelsa y sublime sensibilidad, podrá extasiarse de tal manera que su espíritu rebosará de goce cuando logre saborear la magia y el encanto de palabras, frases, ideas o fragmentos como el siguiente, que forma parte del extraordinario cuento del eximio escritor mejicano Juan Rulfo, titulado En la madrugada: "San Gabriel sale de la niebla húmedo de rocío. Las nubes de la noche durmieron sobre el pueblo buscando el calor de la gente. Ahora está por salir el sol y la niebla se levanta despacio, enrollando su sábana, dejando hebras blancas encima de los tejados. Un vapor gris, apenas visible, sube de los árboles y de la tierra mojada atraído por las nubes; pero se desvanece en seguida. Y detrás de él aparece el humo negro de las cocinas, oloroso a encino quemado, cubriendo el cielo de cenizas". ¿Qué lector no vibra de emoción en lo más profundo de su ser con piezas literarias de tan genial maestría y belleza como ésta?

La lectura provechosa posibilita la construcción de la autonomía y la práctica de la libertad. Como sabemos, la auténtica autonomía es la capacidad que tiene una persona de gobernarse a sí misma, de ser ella su propia norma y su propio gobierno; es la libertad de gobernarse por sus propias leyes; la condición de una persona que no depende de nadie; es la aspiración personal de gobernarnos por nosotros mismos, con nuestras propias determinaciones, ejerciendo nuestra libertad. Existe una correlación muy estrecha entre el buen leer, la comprensión del mundo y la asunción frente a él de actitudes autónomas. La lectura constructora de mayores grados de autonomía, la lectura liberadora, es aquella que se asume desde la perspectiva de una necesidad vital, de un problema trascendente, y ha de abordarse con la triple capacidad de admiración, de crítica y de creación. La lectura que forma personas autónomas no puede ser aquella de la banalidad o de la evasión que propone la cultura light, ni la que se impone como servidumbre en la tarea escolar. "En el acto de la lectura, la libertad también es lo más importante. Al leer nos vemos impulsados a pensar. Tenemos preguntas y respuestas nuevas. Reflexionamos. Si estamos de acuerdo con el autor, tanto mejor. Nos obligamos a contraargumentar. Estos son los momentos creativos de la lectura… En todos estos casos estamos ejerciendo nuestra libertad frente al autor y frente a la cultura; estamos siendo críticos y creativos" (El reto de la crítica).

Para que la lectura sea provechosa, según Javier Navarro, es necesario desacralizarla. "La lectura hay que pensarla en relación con lo que se lee, con la calidad de las obras leídas. La lectura no es algo por sí mismo bueno, ni una actividad santificadora. Puede ser, incluso, un medio de alienación más, como la televisión o cualquiera de los medios masivos de información. Podemos incluso matizar el término alienación, en el sentido psicológico, y hacer depender la afición desmedida por la lectura de un factor neurótico. La adicción por la lectura, casi siempre indiscriminada y superficial, es una dependencia psicológica y, para no ser severos, en el mejor de los casos la podríamos comparar con una manía clasificatoria o coleccionista, aunque no siempre el comprador de libros sea un lector consumado". El escritor paraguayo Augusto Roa Bastos (1917-2005) reconoce que leer es una tarea difícil y comprometedora, pero nos previene que "leer a menudo equivale a ser embaucado".

Uno de los aspectos de mayor importancia que hay que tener en cuenta en el momento de establecer para qué sirve la lectura, es el desarrollo y fortalecimiento del espíritu crítico, porque un lector crítico "es aquel que no traga entero, que cuestiona, repasa, que defiende ante todo su libertad; el lector crítico, al igual que el escritor independiente, es menos domesticable. Si es crítico frente al texto que lee, también puede llegar a serlo frente a otros fenómenos culturales…" (El reto de la crítica).

El espíritu crítico permite al lector entrenado captar las influencias literarias, descubre a qué escuela literaria pertenece el texto y detecta el desarrollo interno de las ideologías. Distingue los tipos sociales que son los héroes de la trama o de la intriga. Busca la clase social a la que pertenecen, examina la acción de los personajes y relaciona lo que ocurre en la obra desde el punto de vista social. Se hunde en la profundidad del escrito para ver cuáles son las ideas, los sentimientos y la manera de pensar del autor.

Pero ¿qué es el espíritu crítico? El sentido crítico, el espíritu crítico, la conciencia crítica, la mentalidad crítica, la reflexión crítica o la criticidad es la aptitud para ver los hechos tal como son, para tener en cuenta todas las circunstancias, para desconfiar prudentemente de uno mismo y para liberarnos de todos los prejuicios. Permite mantenernos en tensión para captar los fenómenos que a la gran mayoría se le escapan y ahondar en las causas, poniendo en ello grandes dosis de imaginación, creatividad y audacia para liberarse de lo establecido, de lo aceptado. La conciencia crítica nos capacita para plantearle problemas a la realidad, en búsqueda de respuestas.

MODELOS DE LECTURA

Modelo interactivo

Moreno Bayona nos presenta los modelos de lectura (interactivo y transaccional), afirmando que éstos contemplan que leer es un proceso mediante el cual se comprende el lenguaje escrito, icónico, gráfico, etcétera, sin que se centran exclusiva y excluyentemente en el lector o en el texto. La palabra clave es la interacción que se establece entre ambos polos, a los que se añadirá el propio contexto lector, inédito como factor importante en la influencia, no sólo del acto lector mismo, sino de la misma comprensión lectora.

F. Smith, en su libro Para darle sentido a la lectura, describe el acto lector señalando que el proceso no va de la página al lector sino del lector a la página. Las marcas impresas actúan como disparadores del conocimiento ya existente en la mente del sujeto y que, una vez proyectado sobre el texto, permite la construcción de un significado. Dicho de otro modo: para comprender lo que leemos necesitamos tener conocimientos previos que nos permitan enlazar la nueva información con la ya acumulada en nuestro cerebro, de lo contrario la información carece de sentido y se pierde. La construcción del significado depende del lector. No lo recoge pasivamente del texto, sino que selecciona aquello que, por algún motivo, interesa más a su curiosidad, inteligencia o afectividad.

Si leer no es cuestión de recibir, sino de participar, de construir, el aporte que se hace al texto es de una enorme importancia para la comprensión. Ésta no viene del texto, es construida por el lector apelando a su conocimiento del lenguaje y a su experiencia del mundo. Precisamente, Smith recalca que la carencia de conocimientos previos, las diferentes experiencias de vida, las diversas competencias respecto al lenguaje son las dificultades más comunes con las que muchos alumnos se encuentran a la hora de comprender los textos.

R. J. Spiro asegura que la comprensión del lenguaje implica un proceso activo de construcción del sentido, consistente en la interacción del texto y el lector, tomando en cuenta además el contexto en el que se desarrolla la situación de la lectura: contexto lingüístico, actitudinal, conocimiento previo, tarea a realizar. A todo ello añadía M. C. Wittrock que leer con comprensión significa generar el sentido del lenguaje escrito, relacionándolo con el conocimiento y la memoria de experiencias pasadas.

Modelo transaccional

En el modelo transaccional, tomado de la física cuántica y extendido a otros campos del saber, como la biología, la ecología y la astronomía, los seres humanos no son vistos como entidades separadas actuando sobre un ambiente ni el ambiente actuando sobre el organismo, sino que ambos se consideran partes o aspectos de un evento total. La transacción es un proceso en el cual los elementos o partes son aspectos o fases de una situación total y por eso la metáfora para el modelo de la transacción no es la máquina, símbolo del modelo interactivo, sino el organismo vivo. Cada acto lector es una transacción que implica un lector particular y una particular configuración de marcas sobre una página, ocurriendo en un tiempo particular y en un contexto también particular. En esa transacción también entran ciertos estados orgánicos, ciertos sentimientos, ciertas relaciones verbales o simbólicas y de la activación de todas esas áreas, la atención selectiva, condicionada a su vez por múltiples factores sociales y personales, escogerá algunos elementos mezclados dando lugar al significado. El significado no reside ya hecho en el texto o en el lector, sino que sucede durante la transacción entre el lector y texto.

El lector asume dos actitudes frente o ante los textos, según se trate de retener lo leído o de vivirlo. La primera postura, que recibe el nombre de actitud eferente (cargar, llevar consigo), la asume el lector cuando su atención se centra principalmente en lo que ha de ser llevado o retenido después de realizada la lectura. La segunda postura recibe el nombre de actitud estética, y se caracteriza porque la atención del lector está absorbida por lo que está sintiendo, vislumbrando, pensando o viviendo durante la lectura. En realidad, todos los textos pueden ser leídos desde cualquiera de las dos posturas. Más aún. Lo habitual es pasar de una a otra durante la misma lectura. Lo que sucede es que se da un predominio de una de las dos, dependiendo de la intención con la cual nos acercamos al texto.

Ciertamente, las instituciones educativas están más inclinadas en desarrollar la actitud eferente y en raras ocasiones se preguntan acerca de lo que alguien ha sentido, imaginado, temido, experimentado, mientras leía. La institución, es decir, el profesorado, sigue empeñado, y, por tanto, enseñando, que la lectura es para estudiarla, no para vivirla.

El lector comprende las obras según la complejidad de su experiencia de vida y de su experiencia lectora. Lo que el lector aporta al texto es tan importante como la aportación inversa, en el sentido de que el lector se acomoda a la lectura a través de la mezcla de sus experiencias vitales y literarias.

TIPOS DE LECTURA

Lectura activa

Bayona Moreno presenta cuatro tipos de lectura: activa, recreativa, única y cooperativa. En una lectura activa, nos dice, la atención debe dirigirse a la comprensión establecida por el lector, sin partir de la idea de un público que recibe pasivamente un texto y la explicación correspondiente. Lo prioritario es lo que comprende un lector. Esa confrontación de dos comprensiones diferentes es el comienzo de una dialéctica.

Es cierto que no hay que esperar grandes avances en la formación intelectual del lector por el mero hecho de discutir. La discusión, en sí, no conduce a ningún tipo de sabiduría especial. Sólo ayuda a agilizar la capacidad de argumentación. Lo cual, si se mira bien, tampoco es una ganga. Por lo demás, el acceso a la interpretación de lo leído nunca es monocorde, ni unívoco. Al fin y al cabo, lo que se pretende es que la lectura se convierta en algo dinámico y activo, y no en un flujo y reflujo interactivo o transaccional que se quede en el propio lector. Nada como poner en circulación nuestros conocimientos –que casi siempre proceden de lo que leemos– para comprender hasta qué punto estamos equivocados en nuestras percepciones. Especialmente eso se nota si el contrapunto dialéctico procede de un enemigo intelectual, y no de un amigo. Con los amigos, se habla; con los enemigos, se discute. Con los amigos, uno se afianza en los propios prejuicios; con los enemigos, estos prejuicios entran en crisis, si uno tiene unos átomos de mínima honradez.

Lectura creativa

Este tipo de lectura implica que el lector reflexiona acerca de las relaciones establecidas entre autor, narrador y personajes, de manera que los textos son contemplados como un conjunto de voces, en el que habrá que distinguir los ecos, los ruidos y la verdadera sinfonía significativa que canta su partitura. La tarea del aprendizaje consistirá, precisamente, en que el lector aprenda a distinguirlas y vivir entre ellas. Y ningún método mejor que el debate entre el resto de los lectores para conseguir este objetivo… El solo hecho de enfrentarse con los textos, intentado distinguir en ellos aspectos verdaderos o falsos, estéticos o no, científicos o prejuicios, contribuye a mantener la mente despierta y a no dejarse engatusar fácilmente por las verdades o falsedades pronunciadas de modo contundente. En este sentido, G. Claxton, en su libro Educar mentes curiosas, sostiene que hay pocas evidencias de que los métodos de enseñanza basados en estimular la reflexión individual, en compartir intuiciones en grupos pequeños, en generar deliberadamente conflictos entre las ideas nuevas y antiguas (que naturalmente revelan la superioridad de las nuevas) produzca un aprendizaje mejor. Un aprendizaje mejor, en general, no. Pero una mejor actitud ante él, sí.

Lectura única

Cada lectura es una experiencia única, incluyendo las posibles relecturas de un mismo lector, puesto que, aunque el texto no varíe, sí lo hace siempre el tipo de participación imaginativa del lector. Se debe potenciar, por tanto, la expresión y respeto por la resonancia individual de la lectura y no su ocultación tras categorías objetivas, siempre consideradas más verdaderas y más honorables, cuando, en realidad, lo que ocultan es una subjetividad camuflada.

Es muy difícil subjetivizar los procesos de lectura al máximo. Dar importancia al hecho lector de cada persona y a las resonancias de todo tipo que la lectura provoca en la caverna interior de uno, no es actitud que se prodigue en los predios de la enseñanza. Con el tiempo, la lectura si en algo se convierte es, precisamente, en ser un reducto interior de la personalidad, donde uno se guisa y se come todo lo que lee. Que comprenda y entienda mal lo que lea; que tenga mal gusto o bueno eligiendo sus lecturas, eso no importará. Así que, si lo decisivo es convertirse en un lector competente, se deben respetar a cada cual sus interpretaciones, sus reflexiones y sus sentimientos.

Lectura cooperativa

La lectura es una experiencia de dos mentes que se cruzan en un momento dado. Se trata de un momento único e irrepetible. La interpretación literal se sitúa entre autor y lector como un estadio de experiencia individual. La interpretación literal o, como se dice en algunos ambientes, neutral y ecléctica, no existe. Nada es neutral en esta vida. Y cuando se busca una respuesta ecléctica y válida para todos, lo que se solapa es el debate y la crítica. Y sin éstas, difícilmente puede avanzarse en la emancipación personal.

¿En qué consiste una lectura cooperativa? O ¿cómo se coopera en la construcción del significado? No existe en realidad ningún tipo de cooperación, si se entiende por tal término la interacción del lector y el autor del texto. Pues en la lectura lo que realmente se pone en movimiento, cuando se pone, es la afectividad y la mente del lector, gracias al texto, evidentemente. En estricto sentido del término no existe, pues, cooperación alguna.

LA DESCODIFICACIÓN DE TEXTOS

El profesor peruano Jorge G. Paredes M., en su libro La lectura. De la descodificación al hábito lector sostiene que, aunque leer no sólo es descodificar, el aprender a descodificar es requisito sine qua non (indispensable) para la lectura. Se tiene que aprender a descodificar lo más adecuadamente posible porque solo así se podrá realizar una adecuada lectura. Se tiene que alcanzar un grado tal de automatización en el proceso descodificador que haga posible el poder adquirir una habilidad de lectura fluida. De no ocurrir ello, la descodificación demandaría un exceso de concentración en el proceso descodificador mismo, y, por lo tanto, distraería la capacidad de comprensión.

El nivel de descodificación logrado debe hacer posible alcanzar el dominio fonológico y léxico. El primero tiene que ver con el proceso de descomposición, en tanto que segundo con el reconocimiento de palabras. Cuando se ha logrado que la descodificación forme parte de una habilidad eminentemente automática podrán leerse, con relativa facilidad, palabras nuevas e incluso de significado desconocido. Con el tiempo se aprenderá a aplicar técnicas metalingüísticas para deducir, en algunos casos, su significado teniendo en cuenta el contexto. Pero, también, una buena descodificación permitirá leer con mayor fluidez las palabras ya conocidas, las que vemos con más frecuencia. Lo ideal es lograr tal grado de destreza descodificadora que permita una lectura estrictamente léxica, lo que hará posible una lectura fluida y cada vez más veloz, en la medida que se prescinde de la descomposición fonológica.

Si leer es comprender, se requiere dominar la técnica de la descodificación. Sin una adecuada habilidad descodificadora no llegaremos a leer y ya sabemos que leer es comprender. La diferencia entre el buen lector y el que no lo es realmente radica en el grado óptimo de manejo del proceso lector (descodificador) alcanzado por un buen lector comparado con otro que no lo es. Ah, pero no basta la descodificación, incluso por muy elaborada que ésta sea, para comprender y entender lo que se transmite en un texto. Comprender requiere de otras habilidades, de otras destrezas. Un buen lector, deberá desarrollar de manera óptima su nivel de pensamiento formal. Piaget llama nivel de pensamiento formal a la capacidad de comprender y seguir un discurso lleno de abstracciones, hipótesis deductivas, contenidos implícitos y que exigen estar en la posesión de ciertos esquemas conceptuales previos para acceder a aquéllas

¿QUÉ ES COMPRENSIÓN DE LECTURA?

(¿Qué hay en el texto, qué dice el texto?)

Comprensión es la captación de la información escrita, la recepción, por parte del lector, del pensamiento del autor. "Es un proceso de decodificación de las percepciones que permite a la persona asignar un significado a las frases leídas, e incluso a la vida real" (Técnicas de estudio y lectura rápida, de Jairo Camacho Cuéllar). Comprender se considera como "la aprehensión del significado y del sentido en la que se capta también concomitantemente su correspondiente horizonte total de sentido y de significado" (Breve diccionario de filosofía, de Max Muller y Alois Halder). Comprender lo leído es tomar conciencia del pensamiento ajeno; es poder decir de qué trata lo que se lee. Comprender lo leído es estar en capacidad de reproducir la esencia del mensaje. Es la captación de la información escrita, o sea, la percepción del mensaje que transmite el autor. Al igual que el lenguaje hablado, la lectura debe ser también participación de ideas entre el escritor y el lector. "Leer con comprensión es no sólo comprender las palabras de una frase sino también qué corrientes discurrían por la mente del escritor al escribir dichas palabras" (Aprender a leer, y leer para aprender, de Sohan Singh).

En materia de comprensión de lectura, Moreno Bayona nos advierte que lo que no podemos comprender no podemos leer. Leer implica comprender. Lógicamente, se podría, y en algunos casos es lo que se hace, interesarnos en conocer aquello que nos resulta abstruso, desconocido, incomprensible. Se tiene que aprender sobre aquello que queremos leer o, en su defecto, profundizar los conocimientos previos elementales que podemos tener. Leer implica, pues, aprehensión. Esto nos lleva a otro aspecto de la lectura: leer es, por lo general, un desafío. Estoy tentado a sostener que toda verdadera lectura es siempre un desafío, porque ella no es, como muchas veces se piensa, un acto pasivo, en ninguno de los soportes en los que actualmente aparecen los textos. La intertextualidad y la interactividad no solo se dan, como suele pensarse, en la escritura y lectura digital, en los hipertextos, en lo que se ha venido en denominar la hiperlectura. También la encontramos en los diversos textos que aparecen en formato de papel. Cuanto más aprendamos a leer (su aprendizaje nunca termina) más desafíos nos impondremos.

Sin comprensión no hay lectura. Sin comprensión no es posible el aprendizaje de cualquier término, concepto o teoría, sea de naturaleza matemática, lingüística, social, ética o tecnológica. La comprensión está en la base de la proximidad o lejanía del sujeto respecto de los conocimientos. Aquello que no se comprende no resulta simpático y produce repugnancia, miedo y rechazo. No es posible desvelar el lado oscuro, secreto o enigmático de un texto si no se capta en términos textuales la incógnita que contiene. No comprender es el peor obstáculo con el que puede tropezarse una persona con ganas y deseos de aprender, de saber, de conocer. "La comprensión del texto es la condición esencial para que podamos hablar de lectura… Si no se logra dar sentido y significado al texto, si no se logra comprenderlo, no se produce la lectura. La comprensión se construye y, por lo mismo, se va dando en distintos niveles, de acuerdo con la experiencia y las circunstancias de cada lector" (El buen lector se hace, no nace. Reflexiones sobre la lectura y formación de lectores, de Felipe Garrido).

¿Pero qué es sentido y significado? Según Garrido, sentido significa una forma de aprehensión de tipo emocional, intuitiva, que nos lleva a integrar a nuestra experiencia un signo; y significado es una operación eminentemente intelectual que, sin excluir las emociones, exige el manejo de ideas y de información. Cuando un lector comprende lo que lee, está aprendiendo en la medida en que su lectura le informa, le permite acercarse al mundo de significados de un autor y le ofrece nuevas perspectivas, opiniones, sobre determinados aspectos.

La búsqueda de significado, nos dice Kenneth S. Goodman, en su libro El proceso de lectura: Consideraciones a través de las lenguas y del desarrollo, es la característica más importante del proceso lector, y es en el ciclo semántico que todo toma su valor. El significado es construido mientras leemos, pero también es reconstruido ya que se tienen que estar acomodando constantemente nuevas informaciones. A lo largo de toda la lectura, e incluso a posteriori, el verdadero lector está permanentemente revaluando el significado y reconstruyéndolo, en la medida que va obteniendo nuevos criterios, nuevos puntos de vista.

La lectura es, pues, un proceso esencialmente dinámico, interactivo por excelencia donde el lector es quien realmente da sentido y significado al texto, es decir a lo que lee. Es lo que se denomina la comprensión de lo que se lee. Dentro de la comprensión de lo que se lee se suele distinguir dos niveles: un nivel elemental, que tiene que ver con la comprensión de las proposiciones del texto, y, un segundo nivel, que tiene que ver con la integración de la información proporcionada por el texto a través de cómo el lector va relacionando las diversas proposiciones, que son las que van a dar pleno sentido a lo que se lee.

Del lector, más que del autor, depende el sentido que adquiere un texto. Es ésta la razón por la cual toda verdadera lectura es una interpretación de lo que se lee. Como se ha señalado, en la cultura escrita, a diferencia de la oral, no está presente el autor, no podemos preguntarle al autor lo que quiere decir. El lector tiene el texto y él le va a preguntar al texto y él mismo va a responder. Por eso es que se señala, que para que exista una comprensión efectiva de un texto son necesarias dos cosas: que el lector posea conocimientos sobre la estructura de los textos y que disponga de conocimientos tanto generales como específicos sobre lo que lee. Esto tiene que ver a su vez con dos aspectos: los conocimientos que el sujeto tiene sobre el mundo y el papel de la memoria en cuanto almacén de experiencias. Recordemos que Paulo Freire nos enseñó que "la lectura del mundo precede a la lectura de la palabra, de ahí que la posterior lectura de ésta no pueda prescindir de la continuidad de la lectura de aquél"

Para Moreno Bayona, la capacidad de comprender un texto depende de la posibilidad de relacionar su mensaje con los esquemas conceptuales propios. Las representaciones mentales que los lectores se forman en su cerebro atañen al estado de desarrollo de su imaginario, a su ámbito cognoscitivo personal y a la confrontación entre su propia visión y de él mismo con la elaboración cultural y científica de la experiencia humana que le ofrece cualquier texto. Es importante poner en su contexto cultural y científico a los textos como vías para enriquecer el diálogo del lector con el texto, haciendo posibles nuevas conexiones entre la representación obtenida y la representación del mundo anterior a la lectura.

Para muchos existe confusión entre lo que es comprensión del texto y memorización del mismo. Comprender el texto no es repetirlo, sino recrearlo y, al hacerlo, ya hay un elemento nuevo: la subjetividad del autor. La lectura no se mide teniendo en cuenta la cantidad y rapidez con que se lean los textos, sino la interacción pausada y profunda entre el autor y el lector. Comprender es el proceso mediante el cual se conoce la vida psíquica partiendo de sus manifestaciones sensiblemente das. Comprender es descubrir el sentido del texto, saber cuál es su mensaje. El sentido es la orientación o dirección tomada por un significado al ser integrado a la totalidad de su contexto sígnico y cultural.

Según la Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta, algunos educadores conciben la comprensión lectora como una serie de subdestrezas, como comprender los significados de la palabra en el contexto en que se encuentra, encontrar la idea principal, hacer inferencias sobre la información implicada pero no expresada, y distinguir entre hecho y opinión. La investigación indica que la lectura se puede dividir en muchas subdestrezas diferentes que deben ser dominadas; hablan de unas 350 subdestrezas.

Leer no es simplemente la facilidad mecánica para reconocer palabras. Leer conlleva una serie de actividades intelectuales que permiten comprender adecuadamente y hacer uso de esa comprensión. La comprensión de lectura implica capacidad para, a partir de los signos escritos, procesar la información y derivar de ella los significados y mensajes que el autor ha querido transmitir. Fundamentalmente, comprender implica saber de qué trata lo que estamos leyendo; conocer la esencia o naturaleza de algo.

Para comprender es necesario saber con claridad, para qué leemos determinado texto, tema o libro, cuál es la finalidad de determinada lectura. "El lector tiene que saber lo que se pretende con la lectura: si responder a unas preguntas, si fijarse en unas determinadas palabras, si señalar su estructura, si precisar su finalidad o su destinatario, si abstraer alguna idea, si considerar como importante o no la información del texto, si conocer cuál es la incógnita que se debe despejar para solucionar el problema planteado", aclara Moreno Bayona.

Para comprender un texto hay que poner en práctica las llamadas "situaciones problema", cuyo propósito es ejercitar habilidades comunicativas, identificar y determinar la función de los elementos semánticos, y configurar el sentido global del texto y el sentido del texto hacia otros textos. Este proceso implica preguntarnos y reflexionar, entre otros aspectos, sobre: ¿Qué nos dice el texto? ¿Qué nos comunica en apariencia? ¿Qué quiere comunicarnos en realidad? ¿Qué debemos tener claro para comprenderlo? ¿Cómo podemos clasificarlo? ¿Cuál problemática aborda? ¿Qué sentimientos transmite? ¿Cuál puede ser la intención de su autor? ¿Cuál es su tesis central? ¿Qué personajes son abordados? ¿Cuál es la idea principal? ¿Cuáles son las ideas secundarias? ¿Cuál es su tema o temas? ¿Qué estrategias utiliza el autor para comunicar lo que escribe? ¿Qué conclusión podemos sacar? ¿Qué relación podemos establecer con otros textos? ¿Qué relación tiene con nuestra realidad y con la realidad nacional? ¿Qué utilidad aporta el texto?

Según Fernando Vásquez Rodríguez, "la comprensión lectora no es un algo exterior al lector; tampoco es un sentido que el lector guarda en su interior y que se devela cuando lee un texto; mucho menos es algo que uno se encuentra en el viaje textual. Es una capacidad para ir formulando continuas hipótesis sobre un sentido posible" (Lectura y abducción, escritura y reconocimiento). Para éste, la lectura es una construcción progresiva: semiosis (proceso de relevo intersígnico: un significante remite a un significado, que, a su vez, se torna significante de un nuevo significado). "Semiosis es el proceso en el cual algo funciona como signo. Supone lo que actúa como signo (vehículo), aquello a lo cual refiere el signo (denotado o denotación) y el efecto en algún intérprete, efecto por virtud del cual la cosa en cuestión es un signo para ese intérprete" (Diccionario de filosofía, de Dagoberto D. Runes).

Para comprender y disfrutar el mensaje se requiere un entrenamiento de sus múltiples posibilidades de asociación. Leer es apostar en la posibilidad de sentido. Margarita Gómez Gamboa (citada antes) aclara que el texto adquiere valor cuando el lector le encuentra sentido, cuando él logra comprender los giros, los juegos de palabras, los movimientos, los signos y mensajes ocultos dentro de su estructura. "Gracias a los mecanismos de la comprensión, todos nosotros nos hacemos ideas estereotipadas sobre el funcionamiento de la realidad y sobre todo de lo que sucede: nos referimos a los prototipos, informaciones adquiridas y utilizables como referencias. Mediante los prototipos se reconocen las situaciones que se repiten de forma similar, y se crean expectativas" (Técnicas de estudio y lectura rápida). Un prototipo es un ejemplar más perfecto y modelo de una virtud, vicio o cualidad.

El filósofo y teólogo alemán Friedrich Ernst Daniel Schleiermacher (1768-1834) concibe la comprensión como arte consistente en una reconstrucción, re-producción o re-experiencia del proceso mental constructivo que ha seguido un autor en su composición. Así, según Luis E. Santiago Cuervos, cada acto de comprensión se caracteriza como una inversión del acto creador, reconstrucción de una construcción, "en la que el que comprende penetra a través de las estructuras expresivas lingüísticas (reconstrucción gramatical) en la vida mental del autor (reconstrucción técnica-psicológica" (Hermenéutica metódica, expuesta en el libro Hermenéutica, de Dalia Carreño y Esperanza Molina de Ruiz). La reconstrucción o interpretación gramatical está vinculada al sentido objetivo de las palabras e investiga las regularidades del lenguaje y las posibilidades de su forma de expresión. La reconstrucción o interpretación técnica (psicológica) intenta captar positivamente la impronta individual y subjetiva en el uso de las palabras: comprender el valor significativo de lo dicho. Estas dos formas de interpretación tienen la finalidad común de reconstruir la unidad del texto. "La interpretación psicológica hace posible la reconstrucción de todo acto creador, teniendo siempre en cuenta la transposición y equiparación previa con el actuar" (Hermenéutica metódica).


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