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Para Schleiermacher, todo comprender lo individual está condicionado por la comprensión del todo. "Lo particular solamente se comprende mediante lo general. Todo lo individual solamente es comprendido por medio del todo". Este círculo del comprender, se puede contemplar desde dos perspectivas: "a) el todo se compone de partes, que deben ser comprendidas antes de que el intérprete pueda contemplar la totalidad; b) cada parte representa ella misma el todo, que se descompone a su vez en partes individuales", aclara Santiago Cuervos, y agrega que "cada frase se relaciona con un discurso o escrito como la parte respecto al todo, así como cada discurso o escrito se relaciona con el mismo sentido con la vida del autor". En ese círculo cada una de sus partes debe entenderse a partir de la totalidad, y la totalidad en función de sus partes. Se habla de éste en todo intento de comprender lenguajes, sistemas de pensamiento y de comportamiento y, en general, formas de vida y de cultura ajenas. "El círculo se encuentra en permanente ir y venir de lo propio a lo ajeno y de lo ajeno a lo propio" (Diccionario de filosofía, de Leonor y Hugo Martínez Echeverri).
Según Álvaro Pineda Botero, "el proceso de interpretación es circular; una obra se entiende a partir del detalle; el detalle se entiende al relacionarse con la totalidad. A medida que avanza la lectura sólo pueden hacerse interpretaciones parciales. A veces, es necesario modificar conclusiones intermedias a partir de la visión total, que sólo se logra al terminar la lectura. Se comprende a través de un proceso de chequear, modificar, redefinir, comparar. Se va de un elemento a otro, y de estos a la totalidad. Se relee, se aplican esquemas. Por eso, apreciar una obra requiere una dosis de tanteo y ninguna regla ofrece garantía de éxito… La comprensión de la lectura opera por un juego permanente entre la parte y el todo: cada palabra se pone en relación con la totalidad inmediata que es la frase, y de esta confrontación se establece su significado. A su vez, el significado de la frase es el producto de los significados individuales de las palabras… En otras palabras, para lograr un sentido se requiere siempre la presencia de una totalidad a la cual referir la parte que se interpreta" (El reto de la crítica).
El texto presenta una escritura compacta que el lector descompone; los altibajos de su atención, controlados por sus intereses, deseos, conocimientos, ignorancias, van desarmando el texto original. Así, el lector actualiza el texto: lo vuelve actual, lo trae a un presente y, por la misma acción, lo sustrae a la virtualidad en la que permanece, realizándolo vez por vez. Comprende un texto quien da cuenta y razón de los elementos formales (cómo fue hecho) y conceptuales (qué dice) que lo conforman, así como de sus mutuas relaciones. Según el filósofo alemán Martín Heidegger (1889-1976), "la comprensión es la propia manera de ser del hombre, como originaria comprensión de sí mismo y del ser de la existencia humana que se revela especialmente en el lenguaje" (Diccionario de filosofía).
Algunos textos no se comprenden inmediatamente. Así como, según Nietzsche, "la luz de las estrellas requiere tiempo", los lectores necesitamos tiempo para alcanzar una mediana comprensión del sentido y el significado de los textos. "Para comprender se requiere cierta distancia. Cuando leemos un texto, no lo comprendemos inmediatamente y lo más factible, es que ocurra el malentendido. Sólo tomando distancia frente a él, sólo reiterando muchas veces su lectura, recorriendo lentamente desde distintos nodos temáticos, podemos acercarnos más adecuadamente a él" (El problema de la distancia temporal, de Ángel María Sopó, incluido en Hermenéutica, de Dalia Carreño y María Molina de Ruiz).
El buen lector debe ver las imágenes de las palabras con rapidez, con amplitud, con ritmo y con seguridad, para poder captar, comprender y abstraer. Debe tener la suficiente motivación para leer provechosamente, es decir, entendiendo lo que lee, ya que la lectura es una actividad compleja que requiere de motivación, concentración e intención para poder asimilarla, comprenderla y aplicarla a la realidad en procura del mejoramiento de su calidad de vida. Aprender a leer es tan complejo como pilotar un avión o jugar tenis. Ser un buen lector es tener la capacidad de comprender lo que se lee, es decir, poder relacionar hábilmente la información del texto con sus conocimientos previos para construir significados.
A pesar de que es clave para la comprensión tener un buen léxico, el hecho de dominar el significado de todas las palabras de un texto no proporciona a quien tal habilidad posee la garantía de la comprensión textual. "Aprender a leer implica el desarrollo de estrategias para obtener sentido del texto. Implica el desarrollo de esquemas acerca de la información que es representada en los textos. Esto solamente puede ocurrir si los lectores principiantes están respondiendo a textos significativos que son interesantes y tiene sentido para ellos". (El proceso de la lectura: consideraciones a través de las lenguas y del desarrollo, de Kennet Goodman).
Hasta aquí hay que dejar perfectamente claro que la lectura comprensiva es una labor que implica dificultad. ¡No nos engañemos a nosotros mismos! La lectura eficaz, como todas las demás nobles y enaltecedoras actividades del espíritu, encierran un alto grado de dificultad. El grato e inefable placer que proporciona la lectura exige que se le pague el justo precio: esfuerzo para superar la dificultad, la complejidad. Esta dificultad, esta complejidad radica en que la lectura provechosa, comprensiva, demanda un elevado nivel de atención y concentración para ir siguiendo el delgado hilo conductor del pensamiento del autor. Hilo que, cual fibra de telaraña, por momentos se hace invisible y por instantes resplandece; invisible, cuando la atención y la concentración disminuyen; visible, cuando la brillantez de la luz del entendimiento enfoca sus esplendorosos rayos sobre él. Ese, a veces, imperceptible hilo, que se serpentea por el complejo e intrincado universo de las palabras, conduce los sentidos y la mente del lector hacia el recóndito y arcano laberinto donde anidan las ideas, los mensajes, las claves, las abstracciones, es decir, todo lo que dice, no dice y quiere decirnos o sugerirnos el autor.
Capacidades para comprender
Fortalecer nuestro nivel de comprensión de lectura requiere el desarrollo de ciertas capacidades, entre ellas las siguientes:
Identificar y reconocer. Al leer debemos tener la capacidad de diferenciar distintos elementos, tales como: *Palabras e ideas importantes, esenciales o más significativas: conceptos, características, juicios, argumentos, etc. *Ideas secundarias: ejemplos, aclaraciones, antecedentes, etc. *Estructuras, relaciones, mensajes. *Estilo del autor, método de exposición y propósitos.
Relacionar y organizar. Esta actividad se refiere al esfuerzo por ir observando la relación entre las ideas que están escritas. Es como que si buscáramos un hilo que relaciona las ideas y los temas. No todo lo que está escrito tiene este hilo; es por eso que algunos textos no se entienden bien, pasan de un tema a otro sin que tengan relación. Al final no sabe uno cuál era el tema. Esto se debe, en muchos casos, a que la persona que escribió no tiene mucha experiencia.
Reaccionar. La reacción en la lectura puede tener varias formas: una de ellas es cuestionar. Ante una información el lector elabora uno o más interrogantes. Igualmente, el lector puede reaccionar haciendo una aplicación de lo leído. Aplicar lo leído a los comportamientos, a la vida, a las situaciones que se van presentando, a los problemas que estamos afrontando. Es el trabajo de la mente para proyectar en cada situación los mensajes captados. Otra forma de reaccionar es relacionar lo leído con otras lecturas, con otras informaciones, con otras situaciones.
Criticar. No debemos ser unos repetidores de información, ni unos recitadores de mensajes. Criticar es valorar o juzgar lo leído. Hay muchos aspectos que podemos criticar o evaluar en un mensaje: en relación con el contenido, exactitud, actualidad, importancia, aplicabilidad, documentación y veracidad. Es de mucha importancia tener un criterio propio sobre las cosas que se leen. Hay personas que consideran que todo lo que está escrito en un libro, periódico, etc., es verdad sólo porque está escrito. El lector no debe colocarse en actitud pasiva y receptiva, sino debe estar dedicado a juzgar como verdadero o válido cuanto el autor afirma. Deberá distinguir lo que considera falso; detectar las pruebas que el autor abona a favor de una tesis y valorar su eficacia; distinguir los hechos de las opiniones; discriminar lo subjetivo y lo objetivo. Naturalmente, esta actitud crítica será más firme y más eficaz conforme la persona avance en su formación. La lectura crítica nos pone en evidencia que saber leer es también estar en capacidad de examinar, juzgar, valorar lo leído, es decir, criticar un texto según sus cualidades o sus defectos. Saber leer es ser capaz de transformar mensajes escritos en mensajes sonoros.
¿Qué significa comprender un texto?
Según Moreno Bayona, la respuesta no es nada sencilla. Así, vemos que la comprensión lectora se puede entender como proceso de razonamiento general. Desde esta perspectiva, la naturaleza del proceso lector se identifica con las estrategias y conjeturas mentales propias de la resolución de problemas: el lector debe utilizar conceptos, desarrollar hipótesis, valorarlas y modificar aquellos conceptos a medida que avanza la lectura del texto.
En el análisis de la lectura como proceso cognitivo se distinguen dos enfoques distintos. Un enfoque tradicional, clásico, que señala tres niveles de lectura –literal, inferencial y crítico–, según la complejidad de las habilidades de conocimiento que utiliza el lector para llegar a construir el significado del texto. El otro, más actual, aborda el proceso de la comprensión desde las estrategias operacionales cognitivas que pone en juego el lector para obtener significados de las páginas impresas. En dicho proceso, se infiere el significado a partir de poner en juego los conocimientos previos que tiene el lector y utilizar las claves dadas por el autor del texto.
Leer para dar sentido a un texto no es fácil porque los procesos y estrategias que suceden en el encuentro entre texto y lector no son tan evidentes ni tan sencillos de describir. Si se considera, además, que leer se usa para aprender, y aprender equivale a formarse una representación, un modelo propio, de aquello que se representa como objeto de aprendizaje; implica poder atribuirle significado al contenido en cuestión, en un proceso que conduce a una construcción personal, subjetiva, de algo que existe objetivamente, la cosa se vuelve todavía más compleja.
A ello hay que añadir la presencia de la memorización comprensiva, mediante la cual se integra la nueva información en la red de esquemas de conocimiento que posee el lector. Esta memoria, distinta de la memoria mecánica, hace que el conocimiento integrado, su funcionalidad para la resolución de problemas de comprensión, sea muy positiva. Pues se parte de la premisa, un tanto optimista, de que cuanto más sabe uno, mejor comprenderá.
Lo que sí va quedando claro es que, cuando leer implica comprender, leer se convierte en el instrumento más útil para aprender. Cuando un lector comprende lo que lee, está aprendiendo en la medida en que su lectura le informa, le permite acercarse al mundo de significados de un autor y le ofrece nuevas perspectivas y opiniones sobre determinados aspectos.
B. Corcovan y E. Evans, en su libro Lectores, textos y profesores, sostienen que la actividad mental desarrollada por cualquier lector, sea de la edad que sea, engloba las siguientes actividades, las cuales, bien aplicadas, constituyen todo un modelo metodológico de cómo abordar la comprensión de cualquier texto.
Figuración e imaginación. Mediante ellas, los lectores construyen el cuadro mental que les permitirá seguir el texto.
Previsión y retrospección Gracias a ellas el lector avanza hipótesis sobre el desarrollo textual o reflexiona sobre lo leído.
Participación y construcción. Los lectores, si ponen en funcionamiento dichas actividades, quedan emocional o intelectualmente inmersos en el texto.
Valoración y evaluación. Los lectores elaboran juicios sobre el texto, aunque también aplican sus propios juicios de valor sobre lo leído.
En consecuencia, lo que el lector hace cuando lee, es realizar, por un lado, un conjunto de inferencias fundadas en el texto (inferencias lógicas) y, por otro, fundadas en sus conocimientos previos (inferencias pragmáticas). El acto lector se contempla, por tanto, como una actividad compuesta por dos tipos de conductas bien diferenciadas, aunque simultáneas y complementarias: por una parte, un comportamiento lector que se dirige a la construcción del sentido a partir de actividades de razonamiento y, por otra, un comportamiento lingüístico que se adecua a las características de la lengua escrita y naturaleza del texto.
La capacidad de saber leer/saber comprender quedaría definida como la posibilidad de usar estos comportamientos como propios, incluyendo diversas dimensiones. Unas afectivas (de implicación y seguridad); otras, cognitivas (de formalización de los conocimientos implicados) y, finalmente, pragmáticas (de dominio y adaptabilidad de las conductas lectoras; no es lo mismo leer un texto matemático que uno de ética o de tecnología).
Existen autores que a la hora de sistematizar estos conocimientos previos señalan los siguientes:
Acciones humanas. El lector debe poseer un bagaje de esquemas generales de situaciones, sobre todo de aquellas que se refieren a acciones, planes o metas. Este tipo de conocimientos son necesarios para comprender textos que implican relaciones causales.
Acontecimientos físicos. Son necesarios para comprender textos que incluyen relaciones causales o mecanismos, como los que se refieren a fenómenos físicos o naturales, científicos o históricos.
Objetos y localizaciones. Se precisan para entender relaciones de propiedad. Son propios de textos expositivos, descriptivos o argumentativos. Se adquieren en las diversas materias del currículo.
Razonamiento deductivo. Necesario para entender discursos de tipo argumentativo. El desarrollo de este razonamiento y los conocimientos precisos se adquieren también en todas las áreas.
En este sentido, es importante considerar el papel activísimo que juegan en este proceso los conocimientos o saberes del lector. Constituyen uno de los ejes fundamentales sobre los que gira la aproximación o lejanía del lector en relación con las propuestas lectoras de todo tipo. La ignorancia no es, desde luego, la mejor guía en estos menesteres. De ahí la importancia que tiene ampliar este ámbito con actividades específicamente destinadas a tal fin.
Estos conocimientos, que con el tiempo se convertirán o, mejor dicho, deberían convertirse en esquemas conceptuales, presentan distinta naturaleza. Pueden ser conocimientos generales y particulares que se asimilan en enciclopedias, diccionarios, libros de texto y pueden referirse a cualquier ámbito de la realidad; saberes que se refieren al funcionamiento de las acciones verbales (situación comunicativa, interacciones verbales) y que se aprenden directamente en el aula y en los intercambios verbales; saberes sobre las estructura de los mismos textos y saberes sobre la misma lengua (marcas morfológicas, deducciones por contextos, tipologías textuales, narración, argumentación), los cuales, se aprenden y se asimilan, cuando se aprenden y se asimilan, en el aula. También son decisivas las respuestas afectivas del lector, es decir, la formación de imágenes afectivomentales. Está más que comprobado que una respuesta afectiva puede influir más en la comprensión que la organización misma del texto.
Comprender consiste en seleccionar esquemas que expliquen el material sobre el que se está trabajando y en verificar después que esos esquemas realmente lo explican. Un esquema de conocimiento es la representación que tiene una persona en un momento determinado acerca de algún objeto, término, concepto, hecho, teoría. Si los esquemas están en la mente del lector, el acceso a la comprensión resulta más fácil y placentero.
Concepciones sobre el proceso de lectura
Hilda E. Quintana, en su libro La enseñanza de la comprensión lectora, con gran claridad y precisión se refiere a las tres concepciones que existen sobre el proceso de la lectura como tal:
a) La lectura concebida con un conjunto de habilidades o como simple transferencia de información. De acuerdo a esta concepción se comprende un texto cuando se es capaz de extraer el significado que el texto ofrece. Esto implica diversos niveles y subniveles. El primero es el conocimiento de las palabras. El segundo, la comprensión, que a su vez tiene varios subniveles: habilidad para comprender explícitamente lo dicho en el texto y habilidad para comprender lo implícito. El tercer nivel es la evaluación, es decir la habilidad para evaluar la calidad del texto, las ideas y el propósito del autor.
b) La lectura como un proceso interactivo. Surgió en la década del 70 como consecuencia de los avances logrados en la psicolingüística y en la psicología cognitiva. Para esta teoría el significado de un texto no está en él. Por esta razón es incorrecto considerar la lectura como un simple descifrar y descubrir el supuestamente significado implícito del texto. La lectura viene a ser, en realidad, la actividad que otorga significado al texto en la medida que se produzca el interactuar entre este y el lector, el cual utiliza para ello sus saberes previos, los que están estructurados en forma de esquemas, es decir como la red o categoría en la que se almacena en el cerebro todo lo que se aprende y que, lógicamente, están en constante desarrollo y transformación. Esto es muy importante, porque cuando no se ha tenido experiencia alguna sobre un tema específico, no se dispondrá de esquemas para activar un conocimiento determinado, por lo tanto la comprensión será muy difícil, si no imposible.
c) La lectura como proceso transaccional. Esta teoría proviene del campo de la literatura y fue desarrollada por Louise Rosenblat, en 1978. Para Rosenblat la lectura significa una transacción entre el lector y el texto que se lee. Cada uno de ellos (lector y texto) aporta lo suyo, pero el significado que se crea, producto de esta transacción, es superior a lo que aportaron por separado texto y lector. Allí radica la diferencia entre la teoría transaccional y la interactiva.
¿Qué significa tener una buena lectura comprensiva?
* Tener adquirida una buena lectura mecánica. Este aspecto, que parece poco relacionado nuestra comprensión, es básico, ya que cuando la lectura mecánica no es automática, toda nuestra atención se centra en realizar una buena traducción, una adecuada decodificación, sin errores. Esto implica que no podemos centrarnos en el contenido del texto y, por tanto, comprenderlo.
* Intentar lanzar hipótesis probables sobre el contenido del texto partiendo del título. Con ello, lo que hacemos es recordar todos los conocimientos adquiridos relacionados con este tema y, así, facilitamos nuestra comprensión al recordar vocabulario, aspectos básicos, etc. que pueda ir surgiendo en el texto que se va a leer.
* Identificar fallos en nuestro proceso de lectura comprensiva, de forma que, al ser conscientes de estas dificultades, propongamos remedios a nuestro alcance (como volver a leer la parte que no he comprendido, intentar enlazar las partes más complicadas con aquellas que sí he conseguido comprender, etc.)
¿Qué es necesario para lograr comprender lo que se lee?
*Vocabulario nuevo. Aprender a deducir significados de las palabras por el contexto les ayudará a ir más rápidos, a plantearse el contenido global y a no tener que buscar en el diccionario tantas palabras (aspecto molesto para todos, al interrumpir la lectura).
*Selección de ideas principales. En todo texto hay partes fundamentales, las que nos quiere transmitir el autor, y partes aclaratorias o simplemente detalles que buscan hacernos la lectura más amena. Saber seleccionar la información relevante y ser consciente de que el resto es complementario nos ayudará a centrar nuestra atención en los aspectos fundamentales y, por tanto, nos llevará a una comprensión global y adecuada de lo leído.
*Estructura del texto leído. Buscaremos estructurar de qué partes se compone el texto (introducción, narración y conclusión), de forma que podamos ubicar cada párrafo en una de ellas. Detectar errores de comprensión. Cuando leamos, debemos enseñar a nuestros hijos a "pararse" tras cada párrafo (en lecturas breves) o tras cada capítulo, cuando la lectura es de libros, para verificar que han comprendido el contenido del texto. Si no es así, o dudan, deben volver a leer la parte que les ha resultado más compleja e intentar relacionarla con las otras partes del texto para dotarla de un sentido.
*Finalmente, cuando hablamos de un buen lector nos referimos a una persona que es capaz de comprender tanto lo que está escrito como los mensajes implícitos en el texto.
Principios de la comprensión lectora
Según Moreno Bayona, las ideas básicas y fundamentales que orientan el desarrollo de la comprensión lectora son las siguientes:
1. La experiencia previa del lector es uno de los elementos fundamentales dentro de su capacidad general para comprender un texto. La teoría y la investigación referente a los «esquemas» y el conocimiento previo han contribuido a afianzar el principio de que la experiencia influye decisivamente sobre la capacidad de comprensión.
Resulta muy complicado el acercamiento del lector a los textos, cuando éstos no valoran la cultura cifrada en letra impresa, no perciben en lo que leen más que significantes apagados sin ningún poder analógico, asociativo o evocador, relacionado con su propia vida. Si las palabras no nos dicen nada, es imposible construir con ellas ningún mapa, terminológico o conceptual, y, menos aún, poético.
2) La comprensión es el proceso de elaborar significados en interacción con el texto, captar rasgos esenciales y relacionarlos con la experiencia personal. Pero si aquello que se lee no dice nada a la propia vida, es imposible que se dé interacción alguna en la confrontación entre texto y lector. Esto significa que, en términos pedagógicos, los textos que se ofrecen al lector para ser comprendidos deben en algún sentido u otro, intelectual o afectivo, social o cultural, contener una chispa de proximidad a su mundo.
El acercamiento a los textos depende en cantidad de ocasiones de la proximidad terminológica, conceptual y teórica que el texto tenga en relación con no sólo la capacidad cognitiva y psicolingüística del estudiante, sino, sobre todo, con los conocimientos que de hecho posee en relación con lo que lee.
3) Hay distintos tipos de problemas o tipos de comprensión, pero éstos no equivalen a habilidades aisladas dentro del proceso global. Las habilidades que se enseñen deben considerarse como claves que pueden capacitar al lector para interpretar el texto, pero no de manera ineludible e inequívoca.
Conviene abandonar la idea de que con la mera aplicación de una serie de actividades centradas en el desarrollo de las habilidades aquí señaladas se conseguirá ipsofacto un nivel óptimo de comprensión lectora. La verdad es que las cosas del desarrollo intelectual van mucho más lentas.
4) La forma en que cada lector realiza las actividades de comprensión depende de su experiencia previa. Y como ésta es única, cada uno responde de distinta manera. Por lo tanto, conviene ser muy respetuosos con las respuestas que dan los lectores. Casi siempre, corresponden a un estado intelectual o afectivo determinado que, lógicamente, ha de chocar con la verdad objetiva y fría de quien considera estar en posesión de la misma.
5) La comprensión es un proceso asociado al lenguaje y debería contemplarse como parte integral de la enseñanza y aprendizaje del lenguaje: hablar, leer y escribir.
Ésta es la parte más difícil de llevar a la práctica. La lectura comprensiva, por ser capital y de absoluta importancia, es, sin embargo, sólo una parte de un planteamiento global en el desarrollo de la competencia intelectual de los lectores. El triángulo (hablar, leer y escribir) son actividades que deben tener, simultáneamente, una presencia significativa en todas las áreas. Se debe practicar la escritura, porque un aprendizaje de la lectura comprensiva sin prácticas de escritura es una ficción.
(¿Qué quiere decir el texto?)
Interpretar un escrito es captar, de modo objetivo-subjetivo, la asignación de lo que se lee; es estar en capacidad de reconstruir, con diferentes palabras, las ideas esenciales de una lectura; es traducir, en su propio lenguaje, el mensaje ajeno. Si comprender es descubrir cuál es el mensaje, interpretar es explicar o declarar el sentido de algo, y principalmente el de un texto; explicar acciones, dichos o sucesos que pueden ser entendidos de diferentes modos; concebir, ordenar o expresar de un modo personal la realidad. Interpretar es averiguar qué dice y qué no dice el texto, saber qué significa su mensaje. La interpretación permite construir el significado del mensaje.
La lectura interpretativa nos muestra que la comprensión lectora se complementa con la interpretación, función que reconoce el sentido del mensaje leído. "El texto no es más que una serie de claves que se le ofrecen al lector; invitaciones para que éste construya sus propios significados…" (El reto de la crítica). Según Kenneth Goodman, "toda lectura es interpretación y lo que el lector es capaz de comprender y de aprender a través de la lectura depende fuertemente de lo que el lector conoce y cree antes de la lectura. Diferentes personas leyendo el mismo texto variarán en lo que comprendan de él, según sean sus contribuciones personales al significado. Pueden interpretar solamente sobre la base de lo que conocen" (El proceso de la lectura: consideraciones a través de las lenguas y del desarrollo).
Si queremos saber qué significa interpretar, es importante saber "que interpretar es producir el código que el texto impone y no creer que tenemos de antemano con el texto un código común, ni buscarlo en un maestro", nos dice Zuleta, y nos advierte que hay que interpretar o cerrar el libro. Zuleta es muy enfático al aclararnos que en la lectura no hay un código común. "Cuando uno aborda el texto, cualquiera que sea, desde que se trate de una escritura en el sentido propio del término, es decir, en el sentido de una creación, cuando se trata de una escritura, en el sentido fuerte del término, entonces no hay ningún código común previo, pues el texto produce su propio código, le asigna su valor. El texto produce su código: no tenemos un código común, tenemos que extraer el código del texto mismo. Sin un término al que se le asigne un mismo sentido, no hay mensaje y, por eso, por ejemplo, un mensaje de un emisor de una lengua desconocida por nosotros, no constituye para nosotros un mensaje porque no tenemos código común. El problema de la lectura es que nunca hay un código común cuando se trata de una buena escritura. Tenemos que descifrar el código de la manera como esa escritura lo revele. La literatura y la filosofía imponen un código que hay que definir y el texto lo define; cada término se define por las relaciones necesarias que tiene con los otros términos", aclara.
El significado del libro depende de los códigos, más que del autor, independiente de las intenciones de éste. En este sentido, Alvaro Pineda Botero sostiene que "en el acto de la lectura, es de esperarse que el autor y el lector compartan el código lingüístico y, por lo tanto, el lector tiene la posibilidad de interpretar lo que lee. Sin embargo, no comparten las mismas circunstancias de tiempo ni lugar, y posiblemente muchos elementos del contexto son diferentes. Además, sus roles son intercambiables, y el lector no puede dirigirle preguntas al autor para aclarar los puntos oscuros de la lectura. La significación del texto puede ser distinta para el lector. Al contextualizar lo que lee en un contexto diferente al del autor, el texto puede arrojar significados nuevos, que el autor ni siquiera imaginó" (El reto de la crítica).
Para Zuleta, leer es trabajar. "Leer es trabajar quiere decir, ante todo, que no hay un código común al que hayan sido traducidas las significaciones que luego vamos a descifrar. El texto produce su propio código por las relaciones que puede establecer entre sus signos; genera, por decir así, un lenguaje interior en relación de afinidad, contradicción y diferencia con otros lenguajes; el trabajo consiste, pues, en determinar el valor que el texto asigna a cada uno de los términos, valor que puede estar en contradicción con el que posee el mismo término en otros textos. Interpreta un texto quien le da sentido, quien explica qué quiso decir el autor, cuál fue su objetivo; quien es capaz de leer entre líneas y elaborar mapas conceptuales con base en lo leído", precisa Zuleta. Por su parte, Pineda Botero nos dice que "leer no es un movimiento lineal: cada trozo del texto crea expectativas que constituyen un marco interpretativo para los subsiguientes trozos; cada uno confirma o modifica las expectativas antes formadas. Esto produce una dialéctica en el presente de la lectura, en la que confluyen pasado (lo leído) y futuro (lo por leer). Lo que se lee cambia los prejuicios y el horizonte anterior: leemos hacia atrás y hacia delante en simultaneidad. La obra literaria será efectiva si el lector se va forzando a nuevos planteamientos, a modificar sus códigos de interpretación" (El reto de la crítica).
Leer bien no es fácil ni sencillo, porque no hay textos o autores fáciles. "Hay que tener en la cabeza esto: no hay lecturas fáciles. No hay autores fáciles, lo que hay es lectores fáciles. No hay textos fáciles; no busquen facilidad por ninguna parte. La lectura es una actividad muy compleja; por eso no hay textos fáciles", sentencia Zuleta. El lector del escritor cubano José Lezama Lima (1910-1976), por ejemplo, "no encontrará facilidad de comprensión; se hallará permanentemente, frase por frase, ante el descubrimiento de un aspecto de la vida que para ser captado se requerirá del estímulo de la inteligencia y de la fortaleza que encierra todo acto de descubrimiento", advierte uno de sus biógrafos en el Diccionario de escritores hispanoamericanos. La formidable obra kafkiana, de extraordinaria profundidad y belleza, se resiste a interpretaciones que no involucren un enorme y comprometido esfuerzo, ya que el escritor checo Franz Kafka (1883-1924) utiliza un lenguaje simbólico y parabólico que no es fácil de entender. El filólogo Libardo Sierra Prada nos dice que la comprensión y análisis de La Metamorfosis "implica el estudio del existencialismo de Sastre y Camus desde la filosofía; el estudio de la primera guerra mundial, tiempos subsiguientes y el antisemitismo desde la historia; el estudio del imperio Autro-Húngaro desde la geografía; el análisis del impresionismo y del surrealismo desde la estética, y el análisis de la metáfora y el simbolismo desde la literatura" (UNISANGIL. Pedagógicas. Edición 1 (2008), p. 75). "Pedro Páramo", quizá la mejor novela mexicana, de Juan Rulfo (1918-1986), contiene una estructura compleja, en la que Rulfo expone sus ideas en forma oscilante: hacia adelante y hacia atrás. "Uno de los valores innegables de esta obra es el uso que hace su autor de certeras imágenes y diálogos, que superpuestos dan la impresión de estar inmersos en una realidad soñada" (Los 333 libros más famosos del mundo). La falta de habilidad lectora puede privar al lector del disfrute de esta extraordinaria novela, por cuanto, dada su evidente complejidad, se requiere de un lector capaz de abstraer profundamente para poder armar el "rompecabezas" que exige su lectura. El escritor portugués Antonio Lobo Antunes, en algunas de sus obras, nos ofrece "recetarios" para aprender a leerlo, debido a que su escritura no deja de ser sorpresiva en tanto que el lector no encuentra en ella narraciones en el sentido del término, sino amplios círculos concéntricos que se estrechan; tampoco personajes como tales, sino figuras que son espejos de nosotros mismos.
Otro formidable autor que requiere de un lector culto e idóneo en el arte de leer es Jorge Luis Borges. Este hábil narrador (un intelectual de una cultura extraordinaria) es un escritor difícil. Gracias a su extraordinaria genialidad, "crea verdaderos juegos de inteligencia con el lector; construye laberintos de orden filosófico (fondo) o de orden formal (lenguaje metafórico lleno de signos)" (Literatura Hispanoamericana, de Lourdes Franco). Borges, por ser un escritor universal y de cultura enciclopédica, requiere de lectores especiales; quien quiera comprender, disfrutar y extasiarse con su grandiosa y exquisita obra, deberá tener sólidos conocimientos de metafísica, mecánica o física cuántica, teoría de la relatividad, matemáticas, psicoanálisis, literatura, filosofía, cábala judía, religiones orientales, cristianismo, y hasta haberse leído la Biblia… También requiere de habilidades que le permitan "moverse" dentro de su intrincado universo simbólico, laberíntico y metafórico. "El lector de Borges juega un papel fundamental; tiene que descifrar los símbolos y, a menudo, caer en paradojas y otros juegos de ficción del genial escritor (Diccionario de escritores Hispanoamericanos). Es tal la influencia y la universalidad de Borges que la comprensión de la literatura hispanoamericana del siglo XX implica (exige) necesariamente la lectura de su obra.
Una obra literaria, por ejemplo, es una obra de arte, y ésta es el trabajo de un espíritu particularmente dotado para lo bello, de un talento, de un genio. Para acercarnos a la obra literaria, como obra de arte, tenemos que manejar "conceptos e instrumentos de análisis de la estética o poética, que nos permitan distinguir un texto literario de uno no literario, desde la perspectiva de lo bello. Conceptos e instrumentos de análisis de la semiótica o semiología, puesto que la expresión artística, mediada por la lengua, pertenece al mundo de la comunicación por signos. Conceptos e instrumentos de la lingüística que ofrece medios apropiados y científicos par concretar el análisis, al limitarlo a la función poética del lenguaje" (Teoría literaria, de Carmenza Neira Fernández).
En el proceso de interpretación se debe tener presente que el pensamiento funciona con tres categorías: la capacidad de admiración (idealización, trabajo o labor); la capacidad de oposición (crítica, rebelión), y la capacidad de creación, sin oponernos a nada (juego, inocencia, rueda que gira). Sabido esto, se facilita la interpretación.
El deseo de descubrir –señala la aludida Margarita Gómez Gamboa-, de saber qué hay detrás de lo escrito, de saber leer más allá de lo evidente, obliga a afinar la observación para encontrar pistas, indicios que están ahí, en los juegos de palabras, en la estructura o en aquello que no se dijo. "La interpretación es obra de arte personal; y su aplicación más perfecta depende de la genialidad del intérprete; y ciertamente, descansa en la finalidad, potenciada por la familiaridad con el autor, por el estudio constante", señala el filósofo alemán Wilhelm Dilthey (1833-1911) en Orígenes de la Hermenéutica.
De una buena interpretación depende la correcta comprensión. Debe reconocer la forma y el significado, y llegar, lo más cerca posible, a su sentido, para ser fiel al pensamiento de su autor. Una buena lectura implica que se haya interpretado lo leído, porque existe la ilusión de haber leído, cuando todavía no se ha interpretado el texto. "La interpretación gramatical marcha con el texto de enlace en enlace, hasta la trabazón suprema en el conjunto de la obra. La interpretación psicológica parte de un colocarse en el proceso creador interno, y va avanzando hacia la forma exterior e interior de la obra y de aquí, todavía más allá, a la captación de la unidad de la obra en la índole espiritual y en el desarrollo de su autor", indica Dilthey. Según El nuevo portal del idioma 6, un buen lector plantea interpretaciones acertadas cuando reconoce la estructura lógica de las ideas planteadas por el autor, bien sea a nivel literal o inferencial, es decir, cuando domina la información explícita e implícita. Una inferencia es una idea implícita que deduce el lector y que debe corresponder lógicamente con lo que el autor plantea.
La interpretación debe ser una actividad mental intrépida y profunda, porque para saber qué dice, qué no dice y qué quiere decir el autor se necesita establecer un diálogo serio y atento con cada autor. Hay libros que no pueden ser leídos por cualquier lector. Hay textos que son como el ascenso a una montaña: hay que aprender el ritmo de respiración, tomar el paso; de lo contrario, no se llega lejos. Como se sabe, no hay autores fáciles, y mucho menos son fáciles los buenos autores, los que nos "hablan" con metáforas, con alegorías o con aforismos como Nietzsche (considerado como el maestro del aforismo y uno de los maestros de la sospecha), un extraordinario escritor y un insuperable pensador y lector. (Federico Nietzsche (1844-1900), junto con François de la Rochefoucauld (1613-1680), Carl Marx (1818-188) y Sigmund Freud (1856-1939) se conocen como "los maestros de la sospecha", debido a que desde varios puntos de vista han aportado perspectivas y métodos para sospechar de las mistificaciones de la conciencia falsa y criticado sus prejuicios e ilusiones). Nietzsche, precisamente, utilizó la metáfora, la alegoría y los aforismos en sus complejos y profundos textos. Para "dialogar" con él hay que respirar su aire. "Quien sabe respirar el aire de mis escritos sabe que es un aire de alturas, un aire fuerte. Es preciso estar hecho para ese aire, de lo contrario se corre el no pequeño riesgo de resfriarse en él", nos alerta en su Eccehomo; y agrega que "cuando me represento la imagen de un lector perfecto, siempre resulta un monstruo de coraje y curiosidad, y, además, una cosa dúctil, astuta, cauta, un aventurero y un descubridor nato". Sus sentencias son cumbres, y a aquellos a quienes se dirigen, hombres altos y robustos. Por eso, metafóricamente sostiene que en las montañas, el camino más corto es el que va de cumbre a cumbre; y advierte que "para recorrerlo hay que tener piernas largas". Sus escritos invitan al buen lector a escalar las más elevadas montañas, porque quien es capaz de hacerlo "se ríe de todas las tragedias, de la escena o de la vida real". En este sentido, el aludido Álvaro Acevedo Tarazona precisa que comprender es sencillamente no agotarse en el saber mismo y darse la oportunidad de descubrir la riqueza de las interacciones sociales en una permanente lectura y escritura del mundo, y agrega que, tal como dice Nietzsche, desafortunadamente nos encontramos en una etapa en la que abundan los lectores fáciles, aquellos que no escriben con su sangren y su espíritu huele mal, porque no han entendido que el camino más corto es el que va de cumbre a cumbre, pues quien asciende a las montañas más altas se ríe de todas las tragedias fingidas o reales.
Nietzsche, sostiene que su Zaratustra es un libro para todos y para nadie. "Para todos", es decir, sin duda no para todo el mundo en el sentido de para cualquiera. "Para todos" quiere decir: para todo hombre en tanto que hombre, para cada uno, siempre y en la medida en que en su esencia deviene para sí mismo digno de ser pensado. "Y para nadie", esto quiere decir: para nadie de los curiosos que afluyen en masa de todas partes, que lo único que hacen es emborracharse con fragmentos aislados y con sentencias concretas de este libro y que, a ciegas, van dando tumbos en un lenguaje medio cantarín, medio gritón, ahora meditativo, ahora tempestuoso, a menudo de altos vuelos, pero a veces chato y bidimensional, en vez de ponerse en camino hacia el pensar que está aquí buscando su palabra.
Nietzsche, con su agudo y penetrante sarcasmo, a través de sus característicos aforismos, nos dice lo siguiente en su libro Ideas Fuertes:
Un lector bueno hace bueno a un libro, un adversario bueno lo aclara.
Los libros buenos están destinados a personas del mismo tipo que sus autores. Por eso la mayoría recibe mal las obras. Los libros malos o mediocres satisfacen porque tienen el objetivo de adular a la mayoría y eso agrada.
Los libros ingeniosos comunican ingenio a los adversarios.
Cuando uno escribe no sólo pretende ser entendido, también desea no serlo.
Que alguien no entienda un libro tal vez sea lo que pretenda el autor: no quería que lo comprendiera cualquiera.
Todo lo bueno estimula la vida, incluso un buen libro escrito en contra de ella…
Un autor sensato escribe para su vejez, para poder alegrarse en sí mismo cuando llegue a ella.
Algunos afirman saber por propia sabiduría que un libro es peligroso. Si espera un poco, llegará a darse cuenta de que el libro le fue útil, porque puso en evidencia la enfermedad de su corazón…
El valor de algunos hombres y libros descansa en la capacidad de obligar a cada uno a expresar lo más íntimo. Son recursos para hacer hablar a los mudos. Algunos hechos y maldades que aparentan sólo ser acreedoras a la maldición tienen también este valor y este fin útil.
El proceso de pensamientos y de conclusiones lógicas que se da en nuestro cerebro actual corresponde a un proceso y a una lucha de impulsos que en sí mismos son sumamente ilógicos e inicuos: en la actualidad, el antiguo mecanismo funciona en nosotros de forma tan rápida y tan callada que sólo percibimos el resultado de la lucha…
El filósofo Fernando Savater, en su Diccionario Filosófico, nos advierte que Nietzsche requiere de "un lector que busca la intensidad pero desconfía del arrebato, alguien que no vacila en adentrarse intelectualmente en el terreno vedado pero que no olvida tampoco tantear la solidez del camino que pisa, un explorador de experiencias espirituales alejado del voceador de consignas o del menesteroso de dogmas". El lector de Nietzsche debe aprender a amar lo que se escribe con sangre. "Escribe tú con sangre, y comprenderás que la sangre es espíritu", nos insta en su Zaratustra, y a la vez nos previene que no es tarea fácil comprender la sangre ajena, el pensamiento ajeno, el universo de cada cual, el de los buenos escritores. "Odio los ociosos que leen", precisa sarcásticamente. Según Zuleta, "el lector que Nietzsche reclama no es solamente cuidadoso, rumiante, capaz de interpretar. Es aquel que es capaz de permitir que el texto lo afecte en su ser mismo, hable de aquello que pugna por hacerse reconocer, aun a riesgo de transformarle, que teme morir y nacer en su lectura, pero que se deja encantar por el gusto de esa aventura y de ese peligro. La lectura, tal como la concibe Nietzsche, es un proceder hermenéutico que va más allá de recibir, adquirir o consumir pasivamente el texto. Leer significa trabajar el texto, averiguar personalmente lo que el autor está queriendo decir a través de sus palabras. Así de exigentes son los grandes escritores, los grandes pensadores. Si queremos "respirar el aire de sus escritos", debemos asumir el auténtico desafío de la lectura.
El lector que no respire el aire del autor; que no se aclimate a su mundo de pensamiento y representación; que no se zambulla en la profundidad de sus textos; que no logre comprenderlo más de lo que él mismo se comprendió a sí mismo, no podrá deleitarse e impactarse con la lectura de tan inquietantes e impresionantes escritos. "Tomar en las manos un libro mío me parece una de las más raras distinciones que alguien puede concederse, supongo incluso que para hacerlo se quitará los guantes, para no hablar de las botas", advierte Nietzsche, porque sus escritos son invitación al "combate" de lo establecido, de lo que imposibilita la voluntad de vivir. Sus obras nos impulsan a actuar decididamente, a crear un código propio de valores, a romper paradigmas, a vivir auténticamente. No se trata de cualquier autor, sino uno de los más grandes maestros de la humanidad; después de leerlo, así como él exige, uno, para su bien, deja de ser el mismo, se transforma; deja de ser uno más del montón… Hay que leerlo activamente, trabajando, pensando, comprendiéndolo e interpretándolo; se requiere "que me lea un lector como yo lo merezco, que me lea como los buenos filólogos…".
Otro grandísimo maestro de la lectura, como el egregio poeta José Asunción Silva, que quiere que su lector sea un artista, en su novela De Sobremesa nos dice, a través de su personaje José Fernández y Andrade de Sotomayor, que no quiere decir "sino sugerir y para que la sugestión se produzca es preciso que el lector sea un artista". Según Dolores Jaramillo, lector moderno significa lector de muy diferentes tradiciones, lector del arte nuevo y las nuevas ideas, lector con una nueva sensibilidad afinada como la del artista y lector de las contradicciones intelectuales de su tiempo… Si la lectura se concibe como una actividad estética, la novela moderna se entiende como un espacio narrativo diverso y múltiple, como una nueva práctica textual, determinada por los nuevos cánones simbólicos, lingüísticos y estilísticos" (De Sobremesa y la estética de la lectura). Por su parte, Gabriel García Márquez, el más voraz de los lectores, dice que los autores que uno quiere no sólo hay que leerlos con el corazón sino con un destornillador en la mano.
Como intérpretes debemos "escuchar" lo que nos transmite el autor, que es el lenguaje de los grandes pensadores que dice lo que es, pues, como afirma Heidegger, en su pensamiento se traduce al lenguaje lo que es. "El lenguaje de los pensadores no es fácil escucharlo, pues presupone el reconocer, que "consiste en que dejemos salir a nuestro encuentro lo pensado de cada pensador como algo único en cada caso, algo irrepetible e inagotable, y esto de tal manera que nos sobrecoja lo no-pensado que hay en su pensamiento" (Ser y tiempo). Para que una obra de Aristóteles nos revele su secreto, será necesario que nos iniciemos previamente en el conjunto de un sistema, y en cierta medida en toda la historia de su tiempo.
Existe la interpretación literal y conceptual del texto. La primera implica decir lo que el texto presenta, sin quitar ni añadir; la segunda permite al lector formarse un juicio personal. Comprender es leer las líneas, interpretar es leer entre líneas.
En el complejo y extenso universo de la interpretación es importante reflexionar sobre la advertencia de Nietzsche, quien afirma que no hay un hecho, sólo interpretaciones, cada interpretación es la interpretación de una interpretación anterior; no hay sentido propio de la palabra, sólo sentidos figurados, los conceptos son sólo metáforas disfrazadas; no hay versión auténtica del texto, sólo traducciones; no hay verdad, sólo pastiches y parodias. Y así hasta el infinito.
La interpretación y la comprensión nos muestran qué dice el autor, cómo lo dice, qué quiere decir, qué no dice el autor, por qué y para qué lo dice, en qué circunstancias lo dice, ¿debe decirlo?, ¿está bien dicho?, qué razones válidas hay para decirlo. "La interpretación es la comprensión técnica de las manifestaciones de vida fijadas por escrito", afirma Dilthey, y agrega que "el comprender y el interpretar actúan constantemente en la vida y logran su culminación en la interpretación técnica de obras poderosas, llenas de aliento de la vida, y de la conexión de las mismas dentro del espíritu de sus autores". Para interpretar y comprender lo que se lee, debemos prestar mucha atención. Es absurdo leer si la lectura no es verdaderamente eficaz. Siempre obtendremos mucho mayor provecho de una breve lectura si estamos muy concentrados, que toda una larga jornada de lectura sin ningún esfuerzo real de nuestro intelecto, con la atención disgregada, sin ningún ánimo de aprender. La calidad de nuestra lectura cuenta tanto o más que la cantidad.
Para una mejor comprensión e interpretación es necesario ejercitar al máximo el entendimiento y la razón si queremos saber cuál es el mensaje y qué dice el mensaje. Ese proceso implica, entre otras habilidades y destrezas, una profunda concentración que permita "escuchar" al texto, porque, algunas veces, éste o su autor "habla" a través de complejos simbolismos, abstracciones, metalenguajes, imágenes y representaciones, lenguaje traslaticio o tropológico (tropos: alegorías, metáforas, metonimias, sinécdoques y onomatopeyas), figuras de pensamiento o figuras lógicas (antítesis, comparaciones, hipérboles, ironías, perífrasis, reticencias, retruécanos y símiles, entre otras), parábolas, ficciones, etc.
El lenguaje poético, por ejemplo, se distancia del lenguaje cotidiano, porque el mundo del poeta es un mundo individual y no un mundo colectivo, revestido del lenguaje cotidiano. El poeta, para distanciarse del lenguaje común, acude a rodeos para referirse a los objetos. "Desentendiéndose de cierto sentido del lenguaje corriente y basándose en la experiencia poética y en la imaginación creadora, se refiere a ellos mediante metáforas, imágenes, alusiones, símbolos, mitificaciones, alegorías, personificaciones, parábolas. Esto llega hasta tal punto, que el distanciamiento termina en ciertos casos por convertirse en una destrucción del mundo objetivo real de la experiencia, para ser reemplazado por un mundo de palabras" (El misterio del lenguaje, de Danilo Cruz Vélez).
Elementos útiles para el trabajo lector
Como se aprecia, nos encontramos con algunos elementos útiles para el trabajo lector, que es necesario manejar con propiedad, debido a que sólo así se facilita la comprensión y la interpretación. ¿Pero sabemos con claridad qué significa cada uno de ellos? Es posible que no, o que tengamos algunas confusiones. Recordemos brevemente.
Simbolismos
Un simbolismo es un sistema de símbolos que expresan unas creencias. Un símbolo es un elemento de comunicación que tiene por objeto crear en la mente del lector, de forma breve, clara y universal, un conjunto frecuentemente complejo de ideas. Es símbolo es un objeto de significación convencional. "Es una magnitud de la semiótica capaz de recibir una o varias interpretaciones. El símbolo es una clase especial de signo en la que la relación entre el signo y lo designado (significado) está regulado por convención, lo que, en contextos socio-culturales dados, únicamente puede recibir una sola interpretación y que, de modo contrario al signo, no admite un análisis ulterior en figuras (por ejemplo: balanza, signo de la justicia)" (Código: Icfes, de Gonzalo Hernández Mendoza y Mireya Valbuena Carreño). Un símbolo es todo aquello que representa algo diferente de sí mismo. "En teoría literaria se utiliza en el sentido de objeto que refiere o remite a otro objeto, pero que también reclama atención por derecho propio, en calidad de presentación" (Diccionario de filosofía). El símbolo representa otra cosa con la que guarda cierta correspondencia, es decir, la representación se hace por la motivación que el elemento simbólico tiene con lo representado. El poder comprender un símbolo requiere una apertura del todo ("como ser, como origen absoluto, como fundamento esencial de todo sentido del mundo y de la realidad") para el hombre y presencia del mismo en él. "El símbolo como lugar de la presencia sensible del fundamento que da sentido, y que crea todo orden, es lenguaje en el sentido más amplio, como, a la inversa, el mismo lenguaje humano, y también toda configuración, supuesto que expresa una experiencia original, es el símbolo" (Breve diccionario de filosofía).
El simbolismo es toda expresión que interprete la realidad por medio de símbolos. El filósofo y pedagogo alemán Ernesto Cassirer (1874-1945) entiende el simbolismo como la totalidad de los fenómenos en los cuales se presenta un cumplimiento significativo de lo sensible.
Los relatos mitológicos contienen muchos simbolismos, debido a que la mitología revela una concepción del mundo particular de cada cultura, incluidos sus conceptos éticos, sus patrones estéticos, la normatividad y, en general, los caracteres fundamentales de la sociedad. Hay mitologías de gran riqueza, no solamente en el aspecto simbólico, sino también literario. El investigador Fernand Comte, en su libro Las grandes figuras mitológicas, nos recuerda que los mitos en lugar de morir se transforman. "En el curso de su desarrollo –precisa- encajan los golpes de las cambiantes creencias de la humanidad, resisten, adaptando sus imágenes a las circunstancias, interpretando sus personajes, transformando todo su aparato; resisten y mantienen su autoridad, aunque las creencias que los sostienen se hayan diluido; conservan su prestigio incluso cuando no quedan más vestigios de las civilizaciones que les han visto nacer". El Breve diccionario de filosofía precisa que "mientras que la inteligencia mágico-mítica del mundo tiende a la identificación exhaustiva del símbolo y de lo que se muestra en él, y con ello trata de poner a su disposición el poder mismo del fundamento, la inteligencia racionalista, por el contrario, entiende el símbolo como mero signo significante, desde el cual no habla ninguna realidad: separando, pues, el signo y lo designado".
En concepto de S. I. Hayakawa, "todo el sabor literario y dramático de los cuentos infantiles, de las películas y de la gran literatura, depende indudablemente o más o menos de la identificación imaginativa del lector con los personajes y las situaciones, y de su proyección en ellas. De la madurez de la obra y de la preparación del lector depende esta identificación. Si un lector maduro no logra identificarse con el héroe de una novela de vaqueros, es porque la sencillez del personaje no le sirve de símbolo, ni los villanos simbolizan tampoco a sus enemigos, o los hechos no tienen nada que ver con sus problemas" (El lenguaje en el pensamiento y en la acción). El lector profundo, el lector maduro es capaz de experimentar simbólicamente los hechos, porque paulatinamente ensancha el margen de profundidad y delicadeza de sus experiencias simbólicas. "Bajo la guía de escritores hábiles, que han observado a fondo el mundo y saben organizar sus observaciones, el lector maduro es capaz de experimentar simbólicamente el asesinato, el crimen, la exaltación religiosa, la bancarrota, la pérdida de los amigos, el descubrimiento de minas de oro o de nuevos principios filosóficos, o bien la desolación de una invasión de langosta. Cada nueva experiencia simbólica enriquece su comprensión de la gente y de los hechos" (El lenguaje en el pensamiento y en la acción).
Como ilustración del símbolo, veamos el siguiente fragmento de un poema que está construido con base en gran número de elementos simbólicos que representan la virginidad y la pureza: "Tú me quieres alba, / me quieres de espuma, / me quieres de nácar / que sea azucena / sobre todas casta. / De perfume tenue; / corola cerrada, / ni un rayo de luna / filtrado me haya / ni una margarita / se diga mi hermana. / Tú me quieres nívea, / tú me quieres blanca, / tú me quieres casta" (Tú me quieres blanca, de Alfonsina Storni). La poetisa identifica "casta" como el color blanco sinónimo de níveo. Como se sabe, en nuestra cultura el color blanco simboliza paz, castidad, virginidad, pureza. "Los elementos simbólicos que refuerzan esa idean son: alba, espuma, nácar y azucena. El elemento simbólico es el color blanco, que identifica la pureza y la castidad. Hay otros símbolos: "corola cerrada" que se contrapone a "margarita", cuyos pétalos ya están abiertos, por eso en el poema se exige evadir la familiaridad con esta flor porque está abierta. Con sutileza la poetisa toma estos elementos como opuestos en significado: castidad opuesto a impureza" (Semántica general, de Noemí Fernández de Pubiano). El fragmento que sigue es el símbolo de la muerte: "El indio Yamandú yace en el suelo. / En los ojos y el alma / tiene la noche; su salvaje risa / está en sus labios para siempre helada" (Tabaré, de Juan de Zorrilla de San Martín).
El filósofo Juan Jacobo Rousseau sostiene que los esbozos híncales del lenguaje fueron propulsados por la pasión y no por la razón. Así mismo, las formas de comunicación n o verbales no surgieron del interés didáctico del conocimiento, sino de las turbulencias del deseo de poder o del pánico ante el poder ajeno; entonces las personas se comunicaron para compartir su vorágine. "De este origen apasionado proviene la fuerza tremenda de lo simbólico. La humanización es simbolización generalizada, apetito de comunicación total. Los hombres nos fundimos en la comunicación, sea por medios de voces, imágenes o signos… Quisiéramos saberlo todo de todos y serlo todo para todos… llegar a todas partes y recibir lo que de todas partes nos llega… (Diccionario filosófico).
Abstracción
La abstracción es una acción o efecto de abstraer, y abstraer es separar por medio de una operación intelectual las cualidades de un objeto para considerarlas aisladamente o para considerar el mismo objeto en su pura esencia o noción. La abstracción intelectual es "el ejercicio de la mente para separar conceptualmente algo general o universal, necesario o esencial, de lo que es individual, contingente o casual" (Diccionario de filosofía). El filólogo venezolano Andrés Bello, en su Filosofía del entendimiento, dice que la abstracción es "un artificio del lenguaje, una ficción de que nos servimos entre los modos de ser de las cosas, y acaso también para ayudarnos a concebirlas".
El escritor colombiano Germán Espinosa (1938-2007) precisa que "los nombres abstractos, despojados de su envoltura metafórica, no representan otra cosa que aquellos objetos concretos, aquellas sustancias que los poseen como cualidades", y cita el siguiente ejemplo: "Al decir la inteligencia percibe, lo que en verdad decimos es que los seres inteligentes perciben. O al expresar, como en la Envida de Virgilio, que aun la virtud es más hermosa en un cuerpo hermoso, lo que deseamos significar es que aun las personas virtuosas, no obstante ser hermosas por ello, lo son todavía más si poseen un cuerpo hermoso" (La aventura del lenguaje).
Según expertos, la comprensión y la reorganización de las informaciones se basan en las abstracciones. "Las abstracciones son simplificaciones que permiten a nuestra mente distinguir determinados conceptos, a partir de un patrimonio de percepciones de la realidad, registradas a través de los sentidos" (Técnicas de estudio y lectura rápida).
Metalenguaje
El metalenguaje es un tipo de lenguaje especializado que se utiliza para describir una lengua natural. Es todo lenguaje en el que puede hablarse de otro lenguaje. Es un lenguaje que habla de otro lenguaje o cuyo referente es un lenguaje o un discurso. El metalenguaje, también llamado sintaxis lógica, se concibe como una teoría de la forma de las expresiones lingüísticas, una teoría de las reglas en las que, en el lenguaje-objeto, los símbolos lingüísticos pueden combinarse entre sí. Según el Diccionario de filosofía, el número de metalenguajes es infinito; por ejemplo, si decimos "Latinoamérica es una palabra compuesta", "Latinoamérica" pertenece a un lenguaje, y "es una palabra compuesta" pertenece a un metalenguaje; pero si agregamos "por términos raciales", introducimos otro metalenguaje, un meta-metalenguaje. Según el filósofo francés Jean Francis Lyotard (1924-1998), el lenguaje natural es el metalenguaje de todos los lenguajes, y tiene una característica: produce paradojas.
Para el lingüista francés Pierre Guiraud, la función metalingüística del lenguaje "tiene por objeto definir el sentido de los signos que corren el riesgo de no ser comprendidos por el receptor. Por ejemplo, ponemos una palabra entre comillas y precisamos: semiología, en el sentido médico del término. De este modo, la función metalingüística remite el signo al código del cual extrae su significación. Desempeña un papel considerable en todas las artes: la escritura es una señal del código. La palabra democracia remite a sentidos diferentes según el código. Del mismo modo, un retrato puede ser objeto de diversas interpretaciones según el estilo: romántico, realista, surrealista, cubista, etc." (La semiología). Se realiza esta función si el emisor y el oyente quieren confirmar si están usando el mismo código.
Las figuras retóricas, las figuras literarias, las figuras de pensamiento, el lenguaje figurado o los recursos expresivos son un grupo de palabras o una palabra utilizadas para dar énfasis a una idea o sentimiento. El énfasis deriva de la desviación consciente del hablante o creador con respecto al sentido literal de una palabra o al orden habitual de esa palabra o grupo de palabras en el discurso. Las figuras de pensamiento son formas especiales que el pensamiento toma bajo el influjo, ya de la imaginación, ya de la razón, ya de los afectos, o también para presentar las ideas como veladas y con más gracia y belleza; formas que son más independientes, de lo material del lenguaje, que los tropos. Las nuevas investigaciones retóricas y lingüísticas han analizado y revisado la clasificación de las figuras según la retórica tradicional. Es el caso, entre otros, de Roland Barthes, Jean Cohen, Tzvetan Todorov, Gérard Genette y el Grupo, sin poner en discusión el mayor o menor rigor de las diferentes clasificaciones propuestas.
Imagen
En toda figura literaria siempre hay una asociación de imágenes: una es la imagen real o referente real; la otra es la imagen en lenguaje figurado.

La imagen la define el Diccionario de la Real Academia Española como "figura, representación, semejanza y apariencia de algo… Representación viva y eficaz de una intuición o visión poética por medio del lenguaje". Tiene el extraordinario poder de hacer ver lo que por su naturaleza permanece invisible. "La imagen es como un relámpago que rompe la oscuridad y en un momento ilumina la escena" (Aprenda a redactar correctamente). El Breve diccionario de filosofía dice que "es la configuración sensible de lo real, a modo de una totalidad y forma, que está presente en una intuición inmediata o como algo recordado, y ello en forma de portador de significado (signo), con función de referencia". La imagen, en esta función, puede remitir a un modelo o arquetipo. Germán Espinosa dice que es como un puente entre las figuras lógicas y el lenguaje tropológico. "Para explicarla -nos dice-, distingamos entre la representación de un objeto o de una idea mediante la palabra que es envoltura del concepto: luna, Dios, muerte, y su representación literaria, en la cual luna puede ser reemplazada por astro pálido, Dios por creador del universo y muerte por destino seguro". Espinosa la considera como una simple exaltación literaria, y aclara que no debe ser confundida con la metáfora, en la que una cosa es aludida mediante el nombre de otra. Para decir anochece sobre el mar, el poeta Virgilio se expresa poéticamente así: "Se tiende sobre el mar la noche negra". El Diccionario de términos literarios y artísticos dice que es una figura literaria mediante la cual se convierte una persona, cosa, situación o idea en algo más vivo y expresivo. Ejemplo: "…un agua mansa con sonido"(Gracilazo de la Vega).
El Nuevo portal del idioma 6 define la imagen como representación (en palabras) de asociaciones sorprendentes, bellamente expresadas, para que el lector produzca en su imaginación al momento de leerlas. Hace referencia a los sentidos, y a veces los trastoca: da a un sentido a la capacidad de hacer lo que otro realiza. "Mis dedos tocaban tus palabras". El oído es el sentido para oír, pero en este ejemplo se le asigna al tacto. "Esto produce un efecto literario agradable y misterioso", precisa el texto. La expresión "Toco las flores del campo" hace referencia más al sentido de la vista que al del tacto. "Diríamos: Veo las flores del campo. Cuando decimos: toco, es como si alargáramos el sentido de la vista y también tocáramos", señala. "Tu piel tiene el color de las manzanas. Tu mirada de escarcha que hiere. El dulce tintinear de tu sonrisa", son claros ejemplos de imágenes literarias. Laura Esquivel, en su Libro de las Emociones, nos dice que "el deseo de trascender la muerte nos habla al mismo tiempo de la inseguridad que se tiene en la vida eterna. Un autor convencido de que la extinción del cuerpo y la del alma son la misma cosa, buscará a toda costa la manera de ser nombrado, de crear una obra que lo haga permanecer en la memoria colectiva, de obtener fama. De seguir vivo. Tal vez por eso la representación del verde nos da tanta tranquilidad, pues uno lo relaciona con el florecimiento de la vida. Y quizá por lo mismo, el hombre equivocadamente encontró en el oro la representación de lo duradero, de lo que no se gasta ni se transmuta ni se oxida, ni desaparece y empezó a acumularlo como una forma de conservar la vida".
Teniendo en cuenta que en la formidable y monumental obra literaria del brillante escritor francés Marcel Proust (1871-1922) abundan las imágenes, es conveniente deleitarnos con la siguiente sucesión de imágenes, y de paso empezar el entrenamiento en la detección e interpretación de éstas: "En verano, el mal tiempo no es más que un enfado pasajero y superficial del buen tiempo subyacente y fijo, muy distinto del buen tiempo del invierno, inestable y fluido, y que, al contrario de éste se instala en la tierra, se solidifica en densas capas de hojarasca, por donde el agua puede ir resbalando sin comprometer la resistencia de su permanente energía…"
Los autores, generalmente poetas, utilizan imágenes; por ejemplo, para hablar del destino, del porvenir, usan la imagen "sueños". El poeta resume su mundo mediante la imagen. "El poeta lírico, pues, debe tener una alta capacidad de síntesis porque lo que el novelista dice en muchas frases y páginas, el poeta lo estrechará y expresará en un verso. Así, por ejemplo, cuando el novelista quiere exaltar el amor como la gran, si no la única, fuerza capaz de derrotar los prejuicios políticos o sociales de un país y desenmascarar la injusticia de una sociedad mojigata o hipócrita, el poeta lírico expresará ese mismo sentimiento son las siguientes palabras: El amor levantado como roca en la injuria de toda / Patria, para que dioses o criminales seamos un instante… / Tenemos el cuerpo, pues, desde el cuarto miserable. / Desde que nos abrazamos sin reposo erigimos una ciudad que es sólo nuestra. / Tenemos toda la vida por delante y también toda la muerte. Jorge Gaitán Durán" (Español sin fronteras 8).
En la novela Madame Bovary, de Gustavo Flaubert, entre otras, encontramos las siguientes imágenes:
1. "El campo llano se extendía hasta perderse de vista y los pequeños grupos de árboles en torno a las granjas formaban, a intervalos alejados, unas manchas de un violeta oscuro sobre aquella gran superficie gris que se perdía en el horizonte en el tono mortecino del cielo".
2. "Las estrellas brillaban a través de las ramas del jazmín sin hojas. Detrás de ellos oían correr el río, y, de vez en cuando, en la orilla, el chasquido de las cañas secas. Masas de sombra, aquí y allí, se ensanchaban en la oscuridad, y a veces, movidas todas al unísono, se levantaban y se inclinaban como inmensas olas negras que se hubiesen adelantado para volver a cubrirlos. El frío de la noche les hacía juntarse más; los suspiros de sus labios les parecían más fuertes; sus ojos, que apenas entreveían, les parecían más grandes, y, en medio del silencio, había palabras pronunciadas tan bajo que caían sobre su alma con una sonoridad cristalina y que se reproducían, en vibraciones multiplicadas".
3. "Emma, vestida con una bata de bombasí, apoyaba su moño en el respaldo del viejo sillón; el papel amarillo de la pared hacía como un fondo de oro detrás de ella; y su cabeza descubierta se reflejaba en el espejo con la raya blanca al medio y la punta de sus orejas que sobresalían bajo sus bandós".
En la novela El Túnel, de Ernesto Sábato, encontramos, entre otras, las siguientes imágenes:
Primera imagen"Estoy tan quemado que ahora vacilo mil veces antes de ponerme a justificar o a explicar una actitud mía y, casi siempre, termino por encerrarme en mí mismo y no abrir la boca".
Juan Pablo Castel quiere mostrarnos que está muy encendido o "gastado" de dar explicaciones de su conducta, actitudes, procederes o comportamiento, que éstos dicen lo contrario de lo que él trata de explicar o de justificar. Es por esta razón que, para evitar esa falta de coherencia en el pensar, el sentir y el actual, decide ensimismarse, ser una persona cazurra y circunspecta.
Segunda imagen"Encandilado con la desagradable luz de la timidez, me eché gozosamente en brazos de esa posibilidad".
La timidez, ese agobiante peso que muchos cargan a cuestas, tiende su oscuro manto, impidiendo ver ese horizonte de posibilidades que se nos presentan en la conquista del ser amado; y ante la incapacidad de orientar nuestros esfuerzos y creatividad con el ánimo de acercarnos con estrategias efectivas para de entablar la conversación y amistad con la persona que nos gusta, torpemente iniciamos un recorrido que, inexorablemente, nos aleja más de la persona que queremos conquistar. Ese era el caso de Juan Pablo Castel, que incapaz de establecer comunicación y acercamiento con María, ensayó actitudes que a la postre tuvieron éxito, no obstante ser las más ortodoxas.
Tercera imagen"Al verla caminar por la vereda de enfrente, todas las variantes se amontonaron y revolvieron en mi cabeza".
Juan Pablo ideaba una forma efectiva que le permitiera establecer conversación con María; cuando la vio caminar, todo ese acervo de ideas que bullían en su febril cerebro se le mezclaron y confundieron en tal forma que se acabó de nublar su entendimiento, dificultándosele un tanto su acercamiento a ella.
Cuarta imagen"Mi cabeza es un laberinto oscuro".
Esta imagen nos muestra que un cerebro atribulado por un conflicto existencial no produce ideas coherentes, claras y lógicas. Un laberinto oscuro no nos permite encontrar la salida; el solo laberinto, a pesar de estar iluminado, nos dificulta encontrar una salida, cómo será de difícil intentar de hallar ésta si no hay una luz que nos guíe y nos oriente. La calenturienta cabeza de Juan Pablo Castel no era más que eso: un laberinto oscuro, ya que ella no producía ideas para salir de las tinieblas que ennegrecían su entendimiento y le impedían salir del túnel en que se perdía su existencia.
Quinta imagen"Mi cabeza era un pandemonio: una cantidad de ideas, sentimientos de amor y de odio, preguntas, resentimientos y recuerdos se mezclaban y aparecían sucesivamente".
Cuando tenemos demasiados pensamientos desordenados y estamos poseídos de sentimientos oscuros, confusos, antagónicos e indefinibles nuestra cabeza no es más que un infierno de confusión. Cuando estamos confundidos y atribulados, en nuestra mente aparecen y desaparecen sin ningún orden ni coherencia pensamientos y sentimientos que nos nublan el entendimiento.
Quinta imagen"Pero este sol era un sol negro, un sol nocturno".
Cuando estamos confundidos y agobiados por los conflictos existenciales, la luz de nuestro entendimiento se nubla, languidecen las chispas de intuición que a veces alumbran momentáneamente nuestro entendimiento mostrándonos el horizonte hacia donde debemos enfocar los problemas para resolverlos. Si estamos atribulados por los inconvenientes que nos ocasiona nuestra inmadurez, baja autoestima y pobre personalidad, la luz que brilla, en lugar de orientarnos, nos opaca el camino que facilita encontrar la salida que todos buscamos ante nuestras dificultades.
Sexta imagen"Mis dudas y mis interrogatorios fueron envolviéndolo todo, como una liana que fuera enredando y ahogando los árboles de un parque en una monstruosa trama".
Así como los bejucos, la hiedra y las plantas parásitas se enredan en los troncos, paredes o ramas, invadiéndolo todo y a veces sujetándose o comiéndose el alimento de su "víctima", en forma análoga las incertidumbres, las preguntas sin respuestas, las inquietudes, las dudas, los problemas, los conflictos y la confusión nos invaden, nos avasallan, nos aprisionan, nos sujetan, nos oscurecen el entendimiento y nos impiden hallar solución a nuestros problemas y dificultades.
Séptima imagen"Sentí que una caverna negra se iba agrandando dentro de mi cuerpo".
De por si las cavernas son algo tenebroso y oscuro, y si estamos atribulados y confundidos este antro se oscurece mucho más, nublándose nuestro entendimiento, nuestra razón y nuestra capacidad de tomar las decisiones precisas y acertadas. Cuando no tenemos lucidez mental los problemas y conflictos nos agobian con mayor facilidad, nos impiden pensar coherentemente y nos sumergen en un profundo y oscuro abismo de preocupaciones y angustia existencial.
En toda figura siempre hay una asociación de imágenes: imagen real o referente real, y la imagen en lenguaje figurado. Ejemplo: "Este luchador es muy fuerte" (imagen real o referente real). "Este luchador es como un Sansón" (imagen en lenguaje figurado). "Llovió torrencialmente hoy" (imagen real o referente real). "Llovió peor que en el diluvio universal) (imagen en lenguaje figurado).
Imagen y representación.
Una imagen es la relación establecida entre un plano real y un plano evocado, por semejanza física o espiritual. "Es una palabra o conjunto de palabras o expresiones tomadas como un préstamo de su valor normal en el vocabulario, para ser transportadas o trasladadas a otro significado… La imagen es un procedimiento literario que sirve para hacer comprender mejor una noción abstracta o un objeto poco conocido; para pintar con fuerza una situación o, simplemente, para poner de relieve una idea o darle cierta gracia" (Aprenda a redactar correctamente). Representación es la imagen de algo que se tiene en la mente. En el campo de la hermenéutica de la cultura, las imágenes y representaciones identifican con mayor profundidad la caracterización axiológica de una nación, porque constituyen su fundamento ético y mítico. Estas categorías simbólicas justifican su razón de existir y su forma de vivir. Allí reside su cosmovisión, su comprensión del mundo y de su existencia en ese universo.
Los tropos son figuras retóricas cuya peculiaridad radica en el sentido traslaticio con que toman las palabras. Germán Espinosa nos dice que por tropo se entiende el empleo de las palabras en sentido distinto al que propiamente le corresponde, pero que tiene con éste alguna conexión, correspondencia o semejanza. El libro Aprenda a Redactar Correctamente señala que "el fundamento lógico de los tropos se halla en la asociación de ideas que el entendimiento relaciona por la semejanza, por la conexión o por la correlación que existe entre los objetos que representan".
Antítesis.
Antítesis. (Contraposición). Consiste en contraponer una frase o una palabra a otra de significación contraria. Es una figura por la que se contrapone una palabra o una frase a otra de significado contrario. Es el contraste para dar más relieve a una idea. Sirve para establecer oposiciones y contradicciones que ilustren la idea o el sentimiento. En la antítesis se produce aproximación de dos palabras, frases, cláusulas u oraciones de significado opuesto, con el fin de enfatizar el contraste de ideas o sensaciones. Es una contraposición que se establece entre dos palabras o frases de significado opuesto: …La sombra de la encina en el verano, Zamarra en el invierno… (Jorge Guillén). Yo velo cuando tú duermes; yo lloro cuando tú cantas; yo me desmayo de ayuno cuando tú estás perezoso y desalentado de puro harto (Cervantes). Poderoso caballero / es Don dinero. / Madre, yo al oro me humillo; / él es mi amante y mi amado, / pues de puro, enamorado, de continuo de amarillo; / que, pues doblón o sencillo, / hace todo cuanto quiero, / poderoso caballero es Don dinero (Quevedo). Fuego es el agua, el céfiro pesado,/ sierpes las flores, arenal el prado. Este último ejemplo de antítesis de Lope de Vega es de un poema que se refiere a la dificultad de consolar a un desdichado.
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