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El desafío de la lectura (página 4)

Enviado por Lus ngel Ros Perea

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Oxímoron.

Oxímoron. La palabra oxímoron es, ella misma, un oxímoron, ya que deriva del griego oxys, que significa "agudo", y moron, que significa "romo". Consiste en una combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido. Sirve para conciliar dos ideas opuestas: Un silencio atronador. La noche sosegada / en par de los levantes del Aurora, / la música callada, / la soledad sonora, / la cena que recrea y enamora (San Juan de la Cruz). En el oxímoron se produce conjunción de opuestos, como ocurre con el adjetivo "agridulce".

Antonomasia.

Antonomasia. Consiste en poner el nombre apelativo por el propio, o el propio por el apelativo: el Apóstol, por San Pablo; un Nerón, por un hombre cruel. Denota que a una persona o cosa le conviene el nombre apelativo con que se la designa, por ser, entre todas las de su clase, la más importante, conocida o característica. Sustituye un nombre propio por el atributo o la cualidad que éste posee en grado excelso, o bien a la inversa. Así, la Madre, la Virgen y Nuestra Señora, aplicables a una misma persona; un Judas, por un traidor. Es la caracterización de algo o de alguien mediante el nombre de un personaje famoso: Él es un Nerón moderno.

Esta figura consiste en servirse de un adjetivo (que funciona como apelativo) o de una perífrasis (circunlocución o rodeo) que sustituyen a un nombre propio, partiendo de la idea de que le corresponde de manera incuestionable. Está muy relacionada con la metonimia y la sinécdoque, dado que implica una relación en la que lo específico (el individuo) es identificado mediante una fórmula genérica (la especie). Así, por ejemplo, Simón Bolívar es el Libertador; Jesucristo es llamado el Salvador; Aristóteles, el Estagirita; Alfred Hitchcock, el maestro del suspense. La antonomasia también incluye el procedimiento contrario: muchos nombres propios se han convertido en representación de los atributos del personaje originario y se utilizan como sustantivos comunes. En este caso, lo genérico es sustituido por lo individual. Así ocurre con "donjuán", "quijote", "celestina", "hércules", "tarzán".

Comparación o símil.

Símil. Consiste en comparar expresamente una cosa con otra, para dar idea viva y eficaz de una de ellas. Implica una comparación entre dos términos, estableciendo semejanza entre ambos. Generalmente, tiene fines descriptivos, y suele llevar una palabra que establece el nexo entre ambos elementos "como", "semejante", "cual", suelen ser más frecuentes. La plaza, un jardín fresco; los tablados, / un encañado de diversas flores; / los toros, doce tigres matadores / a lanza y a rejón despedazados (Góngora). En el palacio real, las horas caían como grandes bandejas de plata que se desmayaban unas sobre otras (Ramón Gómez de la Serna). …su risa. Era para mí, como una fuente en el desierto… …a mi hombrecito, pálido como la nieve… (Saint-Exúpery). Juan gaviota se desintegró y fue a estrellarse contra un mar duro como un ladrillo. – Los tallos de maíz ondulaban abajo como una jungla de follaje verde (Richard Barch). …fue destazado como un cerdo. …él la agarró por la muñeca por una mano que sintió helada y pétrea, como una mano de muerto (G. Márquez).

El símil establece un vínculo entre dos clases de ideas u objetos, a través de la conjunción comparativa "como": "tu cabello sombrío/ como una larga y negra carcajada" (Ángel González), "cual" y fórmulas afines como "tal", "semejante", "así"; flexiones del verbo "parecer", "semejar" o "figurar". También deben tenerse en cuenta aquellos términos que indican parentesco o imitación. Entre otros ejemplos, se encuentra el tópico literario clásico del "sueño hermano de la muerte"; los versos de Luis de Góngora: "Negro el cabello, imitador undoso/ de las obscuras aguas del Leteo"; o los de Francisco de Rioja: "Pura, encendida rosa,/ émula de la llama que sale con el día". La aposición también puede establecer una relación comparativa, como en este texto de Jorge Luis Borges: "esa ráfaga, el tango, esa diablura". Otro ejemplo: Helena tiene unos ojos azules como el mar.

Concepto.

Concepto. Sentencia, agudeza, dicho ingenioso. Metáfora elaborada, a menudo extravagante, que establece una analogía entre cosas totalmente disímiles. El uso de conceptos es especialmente característico de la poesía metafísica inglesa del siglo XVII y ha dado el nombre al conceptismo español (Barroco: Culteranismo y conceptismo), representado especialmente por Francisco de Quevedo y por Baltasar Gracián. La imagen de la "plaga" le sirve a Quevedo para hacer una analogía entre langostas y letrados: "y todos se gradúan de doctores, bachilleres, licenciados y maestros, más por los mentecatos con quien tratan, que por las universidades; y valiera más a España langosta perpetua que licenciados al quitar".

Eufemismo.

Eufemismo. Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante. Sirve para eludir una palabra o expresión demasiado cruda, o cuya manifestación explícita trata de evitarse por razones religiosas, políticas o de tacto social. Diantre, pardiez, demontre. Pretende encubrir, con giros finos y elegantes, expresiones que resultan desagradables en el lenguaje vulgar. …Levantó la infernal gente una grita que me aturdieron. Y yo, según lo que echaron sobre mí de sus estómagos, pensé por ahorrar de médicos y boticas aguardan nuevos para purgarse (Quevedo). Por medio de esta figura se evita incurrir en términos malsonantes, socialmente inaceptables u ofensivos. Así, un niño distraído, por niño poco inteligente.

Permite la sustitución de un término o frase que tiene connotaciones desagradables o indecorosas por otros más delicados o inofensivos. Puede rozar a veces el lenguaje pretencioso o lisa y llanamente cursi, tendencia que el mismo Quevedo ridiculiza en La culta latiniparla (llamar "calendas purpúreas" a la menstruación). Tiene también connotaciones irónicas, como cuando designa ese lugar "donde la espalda pierde su honesto nombre". Sirve, en muchos casos, como refuerzo de la doble moral y atenuación de los prejuicios: "una mujer de color" (negra); "la tercera edad" (la vejez). Una fórmula heredada de la edad media para designar la homosexualidad, el "pecado nefando" (el pecado que no debe mencionarse), se convirtió en el amor que no osa decir su nombre (Oscar Wilde) o el "amor oscuro" (Federico García Lorca).

Hipérbole.

Hipérbole. Consiste en aumentar o disminuir excesivamente aquello de que se habla. Exageración de una circunstancia, relato o noticia. Matar pulgas a cañonazos, tener la cara como cemento, ser más lento que una tortuga o más raro que una vaca verde, quedarse dormido de pie, andar derecho como una vela, etc. Vulgarmente la conocemos como exageración. Te lo he dicho miles de veces. Caminas más lento que una tortuga. El salón estaba tan lleno que no cabía un alfiler. Juan es tan fuerte que es capaz de derribar una montaña de un puñetazo.

La hipérbole exagera los rasgos de una persona o cosa, ya por exceso ("veloz como el rayo" o "Érase un hombre a una nariz pegado", Francisco de Quevedo), ya por defecto ("más lento que una tortuga" o "¿Qué me importaban sus labios por entregas...?", Oliverio Girondo), y que lleva implícita una comparación o una metáfora. …nunca tiene hambre ni sed… (Saint-Exúpery) …y no se había violado la ley ni una sola vez en diez años. – Las ferreterías ocupaban siempre locales largos, atetados de estanterías que se extienden hasta el infinito (Richard Bach). El corazón se le estaba saliendo por la boca. – Estuve despierto once meses… (G. Márquez). Ese camión venía volando.Cierra la boca y le salen letreros.

Lítotes o atenuación.

Atenuación. Consiste en no expresar todo lo que se quiere dar a entender, sin que por esto deje de ser bien comprendida la intención de quien habla. Se usa generalmente negando lo contrario de aquello que se quiere afirmar: No soy tan insensato. En esto no os alabo. Consiste en negar lo contrario de lo que se piensa o siente, dando a entender un significado diferente de lo que se dice. Delfín no fue pequeño / al inconsiderable peregrino (Góngora). Consiste en dejar entrever una idea negándola: Tras esto, alzó la camisa lo mejor que pudo, y echó al aire entrambas posaderas, que no eran muy pequeñas (Cervantes). Se opone a la hipérbole (El procedimiento de la disminución es complementario del aumento propio de la hipérbole). El recital no ha estado muy bien. Jorge no tiene apenas picardía. Quizá necesitáramos pruebas para afirmar eso. El recital ha estado regular o mal. Jorge es un ingenuo.

La lítotes (o lítote o litotes), también llamada atenuación, consiste en decir menos para decir más. Es muy frecuente en la lítotes el recurso de la negación: "no fue poco lo que hablaron" o, como en el siguiente ejemplo de Miguel de Cervantes: "Vio (Don Quijote) no lejos del camino una venta que fue como si viera una estrella que no a los portales, sino a los alcázares de su redención le encaminaba". A veces la entonación marca el énfasis de la lítotes. Después de una enumeración de esfuerzos y actividades realizadas, el emisor pregunta: "¿Te parece poco?", con lo que se aproxima a la ironía.

Ironía.

Ironía. Consiste en dar a entender lo contrario de lo que se dice. Burla fina y disimulada. Tono burlón con que se dice. Es la discordancia total entre lo dicho y lo que se quiere decir. Si alguien ha destrozado un electrodoméstico que intentaba reparar, le espetamos: Estoy maravillado de tu preparación técnica o de tu habilidad. O de cualquier antipático e introvertido: Lo que más me gusta es tu forma de ser, tan agradable y dicharachero. Al ironizar decimos lo contrario de lo que pensamos. Y vi algunos poblando sus calvas con cabellos que eran suyos sólo porque los habían comprado (Quevedo). A través de la ironía se pretende sugerir lo contrario de lo que dicen las palabras, dejando siempre comprender a quien lee o escucha, el verdadero sentido de las palabras. La palabra es directamente opuesta al pensamiento. Nos fuimos para la casa de misericordias de María Alejandrina Cervantes (naturalmente se ha de entender que se quiere decir que han ido al prostíbulo de Alejandrina Cervantes) (G. Márquez).

La ironía, también llamada antífrasis, es una figura retórica en la que las palabras transmiten un significado diferente del literal, entre el humor seco y el ligero sarcasmo, o, más sencillamente, figura mediante la cual se dice lo contrario de lo que se dice. Abundan los ejemplos coloquiales: decir "¡qué bonito!" para enfatizar una mala acción o un error. El escritor cubano Virgilio Piñera recurre a la ironía en su cuento "La carne": los personajes, ante la escasez de carne, deciden alimentarse cortando filetes de su propio cuerpo.

Relacionada con el sentido del humor, la ironía implica un ejercicio de distanciamiento crítico por parte del individuo con respecto a sí mismo y a las cosas que lo rodean. Próxima a la parodia y a la sátira, la ironía, al trabajar en ese delicado límite entre lo verdadero y lo falso, desestabiliza el propio funcionamiento de la lengua (afirma y niega a la vez), además de quebrar las falsas certezas. Propone, además, un equilibrio entre lo cómico y lo serio. Como dice Ronald Knox: "hemos perdido, o estamos perdiendo, la capacidad de tomar el ridículo en serio. Que nos hemos acostumbrado a las lecturas de humor y eso ha vacunado nuestros sistemas contra el saludable veneno de la sátira".

Otras figuras retóricas, como la lítotes o el eufemismo, tienen que ver con la ironía, sobre todo porque la atenuación (en el primer caso) y fórmulas consideradas políticamente correctas (en el segundo) rozan lo risible, muchas veces sujetas a la intención y la entonación del hablante. Entre otros ejemplos, merece la pena recordar a grandes maestros de la ironía como Oscar Wilde, Bertolt Brecht y Enrique Jardiel Poncela.

Otros ejemplos: ¡Qué viva la suegra! Que viva bien lejos.

Metáfora.

Metáfora. Tropo que consiste en trasladar el sentido recto de las voces a otro figurado, en virtud de una comparación tácita: Las perlas del rocío. La primavera de la vida. Refrenar las pasiones. Aplicación de una palabra o de una expresión a un objeto o a un concepto, al cual no denota literalmente, con el fin de sugerir una comparación (con otro objeto o concepto) y facilitar su comprensión; por ejemplo, el átomo es un sistema solar en miniatura. Alegoría en que unas palabras se toman en sentido recto y otras en sentido figurado. Según José Saramago, la mejor manera de explicar las cosas es la metáfora, esto es, decir una cosa por otra".

La metáfora, palabra de origen griego, sirve para designar la imagen resultante de trasladar (mediante un solo término o una perífrasis) el nombre de un objeto a otro, ligados ambos por una relación de analogía. Según Aristóteles, el nuevo sentido sustituye al antiguo. Pero J. A. Richards y otros investigadores de la metáfora afirman que no se produce una sustitución sino una interacción entre ambos sentidos, el original y el metafórico.

Dentro de las figuras retóricas, es clasificada como figura de significación o tropo. La metáfora, por su etimología y su significado corriente, equivale a un transporte. El retórico Quintiliano la llama traslatio, denominación que sugiere incluso un vínculo con los problemas que plantea la traducción de una lengua a otra o dentro de la propia lengua. En el primer caso, puede interpretarse que "mesa" es metáfora de la palabra inglesa table; en el segundo, el amplio campo de los sinónimos y de las ideas afines, por ejemplo, permitiría afirmar que "despoblado" es equivalente a "soledad", a "yermo", a "páramo", y así sucesivamente, si se utiliza como guía de sugerencias el Diccionario ideológico de la lengua española, de Julio Casares. La palabra metáfora, si se la analiza desde el punto de vista de su uso cotidiano en griego moderno, contiene una metáfora: significa el vehículo que hace portes o mudanzas. De todos modos, es conveniente señalar que en la metáfora hay, más que un proceso de significación, un proceso de simbolización y que, como en todo símbolo, se ponen en juego varios sentidos que interactúan y se enriquecen mutuamente.

Friedrich Nietzsche definía al hombre como "animal metafórico", aludiendo a "ese instinto que impulsa a hacer metáforas, ese instinto fundamental del hombre del que no podemos hacer abstracción un solo instante, pues haríamos abstracción del hombre mismo". Entender la metáfora como una actitud filosófica y analizar su función, no sólo en la lengua escrita sino también en la vida cotidiana, implica superar los estrechos límites a los que la condenaban los áridos catálogos de la retórica tradicional.

En la metáfora se eliminan todas las conjunciones y fórmulas comparativas que exige la figura llamada símil. Así ocurre en la imagen "de las hebras el tesoro", de José Antonio Porcel, que alude a los cabellos rubios. También puede explicarse la metáfora como una doble sinécdoque. Si se descompone la noción de esfera en sus partes, es decir, todos los objetos que la representan (luna, canica, botón, mesa camilla y otros) y se elige uno de éstos, es posible llegar a "luna donde comemos las migajas" (donde luna y mesa son partes del todo llamado esfera). En el ejemplo de Porcel se entrecruzan varios sentidos que revelan el amplio campo de sugerencias de su metáfora: alusión al brillo, al color, a la nobleza del metal atesorado, al deseo e, implícitamente, a la custodia del tesoro que se desea.

En el ámbito del psicoanálisis, la metáfora se asocia con el proceso de identificación. Al escuchar a alguien, el sujeto absorbe e incorpora la palabra del otro. Dice Julia Kristeva que "el objeto amoroso es una metáfora del sujeto, es la metáfora constitutiva". Quien ama es también un creador de metáforas, esas imágenes que representan el deseo, el tránsito o transporte del ser real amado al ser ideal construido con las propias fantasías.

La metáfora, considerada como la cumbre del lenguaje tropológico, la define el precitado diccionario como "un tropo que consiste en trasladar el sentido recto de las voces a otro figurado, en virtud de una comparación tácita", y cita como ejemplo las siguientes: Las perlas del rocío. La primavera de la vida. Refrenar las pasiones. Más adelante, amplía su definición, afirmando que es la "aplicación de una palabra o de una expresión a un objeto o a un concepto, al cual no denota literalmente, con el fin de sugerir una comparación (con otro objeto o concepto) y facilitar su comprensión". Cita este ejemplo: "El átomo es un sistema solar en miniatura". Por su parte, el Diccionario etimológico de la lengua española la define como "un tropo que consiste en trasladar el sentido recto de las vocales en otro figurado, en virtud de una comparación tácita". El Diccionario Larousse dice que la metáfora es un "tropo que consiste en usar palabras con un sentido distinto del propio, en virtud de una comparación tácita". El Diccionario de filosofía, un poco más profundo y abstracto, la considera como una "figura lingüística en la que, por analogía o comparación, un término remplaza a otro de diferente significado", y cita como ejemplo que al decir que alguien tiene ojo de águila para expresar que ve tan bien como un águila; o cuando de un lenguaje poético se dice los eucaliptos, con sus hojas de plata, brillan contra el cielo. El semántico inglés Ivor Armstrong Richards (1893-1979) dice que la expresión metafórica es un préstamo entre pensamientos y una transacción entre conceptos. El erudito Albalat (citado en el libro Aprenda a redactar correctamente) dice que la metáfora "consiste en transportar una palabra, de su significación propia a otra significación, y ello en virtud de una comparación que se realiza en el espíritu y que no se indica".

Con respecto a la metáfora, el tropo de tropos, Germán Espinosa nos dice que, tradicionalmente, se ha querido ver en ella una comparación tácita de una idea con otra, en virtud de la relación de semejanza entre la alegoría y la metáfora, y ocurre así en muchos casos. "Al decir –agrega- de Juan Ramón Jiménez al ruiseñor: Pareces una errante guirnalda azul, que canta todo lo que en l sombra es ensueño y poesía…, el empleo del verbo parecer convierte en símil automáticamente la figura. El poeta habría tenido que llamar directamente guirnalda azul al ruiseñor, sin establecer una comparación, para hacer una metáfora. En cambio, cuando refiriéndose a las mujeres otoñales, dice: Sus muslos son begonias tibias; en su regazo hay una indecisión de ensueños y de cosas…, al no comparar, sino fundar una afirmación (primero con son, y luego con hay), hace metáforas. Cuando Shakespeare, sin embargo, anuncia en Macbeth: …Mi vida se agosta, su follaje amarillea, la metáfora es más intensa: nada queda que recuerde el símil En este caso, el poeta ha comparado la vida con los árboles en otoño, pero no de un modo obvio. No ha dicho: mi vida es un árbol en otoño. Tranquilamente anuncia que se agosta, que sus hojas se tornan amarillas".

El filósofo colombiano Danilo Cruz Vélez hace una diferencia entre metáfora poética y metáfora del lenguaje común. En este tipo de metáforas se traslada el sentido de una palabra a otro objeto diferente, "pero en la poesía ocurre esto en tal forma que el nuevo objeto sufre una metamorfosis: se transforma en un objeto poético, tan legítimo como los objetos reales a que se refiere el lenguaje usual, y de cuyo carácter entran a participar las otras palabras que forman el marco en que se produce la transformación. Así, por ejemplo, cuando el nombre que designa las parte del cuerpo de las aves de que se sirven para volar, se aplica a las naves, y se dice con Homero que las velas son las alas de las naves, la palabra vela y la palabra ala ingresan en el mundo poético quebrantando la lógica del lenguaje usual, y las cosas que designan en este quedan relegadas al mundo prosaico" (El misterio del lenguaje).

A juicio de Liliane Papín, los escritores y los científicos deben sobrellevar un problema común: las palabras –signos- son insuficientes para decir lo que desean decir. Necesitan de la metáfora. Por eso el lenguaje de la ciencia no es absolutamente preciso. Las revoluciones científicas, son de hecho, revoluciones metafóricas.

A manera de ejemplo de rutilantes metáforas, vemos un fragmento poético de Luis de Góngora y Argote: "Un monte era de miembros eminente / éste que –de Neptuno hijo fiero- / de un ojo ilustra el orbe de su frente, / émulo casi del mayor lucero; / cíclope a quien el pino más valiente, / bastón, le obedecía tan ligero, / y al grave peso junto tan delgado, / que un día era bastón y otro cayado" (Fábula de Polifemo y Galatea). Dado el tamaño gigantesco de Polifemo, se le puede comparar con una montaña: es como un monte equivale a es un monte eminente; su frente es tan amplia como el orbe equivale a su frente es un orbe equivale a el orbe de su frente. "En muchos casos de la lengua cotidiana aparecen metáforas cristalizadas: los dientes de la sierra, por ejemplo; pero en otros casos, como sucede en la poesía, el escritor trata de encontrar relaciones que, por su originalidad y dificultad, sorprendan y atraigan a lector" (Lingüística y significación, de José Manuel Blecua).

Ejemplos de metáforas:

*Este pueblo es un infierno

*Fulano de tal es un tigre

*Nuestras vidas son los ríos que van a dar al mar que es morir

*Tú eres la tumba donde vive el amor enterrado

*Tienes una mirada de hielo

*Tiene pie de ciervo

*Los fríos dedos del olvido

*Pedro está en la luna

*Se le puso la piel de gallina

*¡Oh selva…, catedral de la pesadumbre!

*…y durante todo el transcurso de las noches esperé pacientemente que la luz naciera sobre el vidrio del cielo.

*El espejo roto de la memoria

*Una madre de hierro

*Mi vida se llenará de sol

*No hubo más que un relámpago amarillo cerca de su tobillo (Saint-Exúpery).

*…mi vida se llenará de sol (Saint-Exúpery).

*Echó una larga y última mirada al cielo, a esa magnífica tierra de plata donde tanto había aprendido (Richard Bach).

*…los manchones verdes y dorados de la tierra desfilaban serenamente trescientos metros más abajo (Richard Barch).

*El espejo de la memoria (G. Márquez).

*Una madre de hierro (G. Máquez).

*…y durante todo el transcurso de las noches esperé pacientemente que la luz naciera sobre el vidrio del cielo (Camus).

Alegoría

Es la ficción de la cual algo representa o significa otra cosa diferente: La venda y las alas de Cupido son una alegoría. Este término derivada del verbo griego allegoréo, que significa "hablar o explicar figuradamente", y es una figura retórica que encadena varias metáforas para trasmitir un significado figurado y oculto. El Diccionario de la Real Academia Española la define como "la representación simbólica de ideas abstractas por medio de figuras, grupos de estas o atributos, y como una figura que consiste en hacer patentes en el discurso, por medio de varias metáforas consecutivas, un sentido recto y otro figurado, ambos completos, a fin de dar a entender una cosa expresando otra diferente". La alegoría puede considerarse como una ficción que presenta un objeto a la razón, en virtud de otro objeto, sea físico o intelectual. El escritor estadounidense Ezra Pound (1885-1972) afirma que la alegoría son imágenes visuales diáfanas que representan la fusión de mundos como una unificación o síntesis de ideas diversas, dispares. Es lo que representa un complejo intelectual y emocional en un instante de tiempo como unificación de ideas dispares.

La alegoría es una metáfora global, la cual abarca la totalidad de un poema, un cuento, una novela, una fábula, una obra de teatro o un ensayo. La alegoría, que significa decir otra cosa, se parece a la metáfora, ésta y aquella dicen una cosa por otra. La metáfora se circunscribe a una expresión (frase, verso, oración) y la alegoría se extiende a composiciones poéticas completas, cuentos, novelas, ensayos, fábulas, etc., cuya totalidad se lee en sentido metafórico. La Metamorfosis, de Franz Kafka, es una alegoría del hombre contemporáneo: lo que le ocurre al protagonista es semejante a lo que nos sucede en este mundo, signado por el absurdo y la sinrazón de muchas cosas.

Para Germán Espinosa, la alegoría consiste en representar una cosa por otra diferente, mediante un encadenamiento tropológico que permite advertir al lector cómo, mientras se habla de un hecho en particular, se alude a otro en la realidad. Veamos el siguiente ejemplo: He aquí llegando la noche preclara. / Y encenderá sus lámparas / y apagará sus lágrimas: / teñirá de amatista y de violeta las frentes angustiadas: / -las sienes cárdenas / teñirá de violeta y amatista funerarias; / -los ojos lasos cerrarán sus manos sabias; / los pétreos oídos sellarán sus manos ahusadas; / los labios lívidos –esos que fueron róseas, glosas, / furentes, ígneas, ávidas / sanguijuelas –saturará su boca helada… Como se aprecia, el poeta León de Greiff, a través de su Nocturno No. 9, simula cantar a la noche, cuando en verdad se refiere a la muerte. La alegoría es importante para entender los mitos debido a su profundo contenido simbólico. Es un gran recurso que emplean muchos autores para manifestar sus conceptos y reforzar sus argumentaciones. La Alegoría de la Caverna, de Platón, es uno de los más evidentes ejemplos.

Pero ¿qué es la Alegoría de la Caverna? El Mito de la Caverna describe a personas encadenadas en la parte más profunda de una caverna. Atadas de cara a la pared, su visión está limitada y por lo tanto no pueden distinguir a nadie. Lo único que se ve es la pared de la caverna sobre la que se reflejan modelos o estatuas de animales y objetos que pasan delante de una gran hoguera resplandeciente. Uno de los individuos huye y sale a la luz del día. Con la ayuda del Sol, esta persona ve por primera vez el mundo real y regresa a la caverna diciendo que las únicas cosas que han visto hasta ese momento son sombras y apariencias y que el mundo real les espera en el exterior si quieren liberarse de sus ataduras. El mundo de sombras de la caverna simboliza para Platón el mundo físico de las apariencias. La escapada al mundo soleado que se encuentra en el exterior de la caverna simboliza la transición hacia el mundo real, el universo de la existencia plena y perfecta, que es el objeto propio del conocimiento.

Esta alegoría nos muestra cómo la humanidad, prisionera en una caverna, confunde las sombras proyectadas en una roca con la realidad y en el que considera al filósofo como la persona que penetra en el Universo fuera de la caverna de la ignorancia y alcanza una visión de la verdadera realidad, el mundo de las ideas. Platón mantenía que las cosas que uno ve y palpa son sombras, copias imperfectas de las formas puras que estudia la filosofía. Por consiguiente, sólo el razonamiento filosófico abstracto proporciona un conocimiento verdadero, mientras que la percepción facilita opiniones vagas e inconsistentes. Concluyó que la contemplación filosófica del mundo de las ideas es el fin más elevado de la existencia humana.

Danilo Cruz Vélez, en su libro Filosofía sin supuestos, nos advierte que cuando los autores quieren decir más de lo que escriben en sus textos, renuncian al estilo o al lenguaje directo y acuden a las alegorías, porque el lenguaje directo es demasiado rígido y unívoco para expresar las entrevisiones geniales en que se mueve el pensamiento filosófico al enfrentarse con las cuestiones últimas de la filosofía. Cuando un autor (como el caso de Platón) tiene la intención de representar a los lectores una experiencia fundamental, con la finalidad de que éstos participen en ella y la coejecuten, acude a las alegorías a cambio del lenguaje directo, debido a que éste es un medio expresivo inadecuado para provocar actos de participación y coejecución. Mientras que las alegorías transportan al mundo que representa el autor, como ocurre en una novela o en una obra de teatro, obligando a los lectores a vivir en él y a convivir lo que allí ocurre, el lenguaje directo se agota en su función significativa, y los lectores sólo podrían atender al sentido de lo expuesto.

Parábola

Una parábola es una alegoría que sirve para explicar una "verdad" o una enseñanza (generalmente moral). Es una narración escrita u oral de la cual se extrae una enseñanza o que plantea una situación imaginaria, la cual contiene los elementos de una verdad que se comprende con mayor facilidad por medio del ejemplo que constituye esa narración. Los Evangelios del Nuevo Testamento contienen muchas parábolas, puesto que Jesucristo acostumbraba, según la tradición, a expresarse de esa manera.

Metonimia.

Metonimia. Tropo que consiste en designar algo con el nombre de otra cosa tomando el efecto por la causa o viceversa, el autor por sus obras, el signo por la cosa significada, etc.: las canas por la vejez; leer a Virgilio, por leer las obras de Virgilio; el laurel por la gloria, etc.

Uso de una palabra o frase por otra con la que tiene una relación de contigüidad, como el efecto por la causa (la "dolorosa", por la cuenta que hay que pagar), lo concreto por lo abstracto ("unos nacen con estrella..."), el instrumento por la persona que lo utiliza ("una de las mejores plumas del país" por un escritor determinado) y otras construcciones similares. Borges cita dos ejemplos de Lugones: "áridos camellos" y "lámparas estudiosas", y uno de Virgilio: "Ibant obscuri sola sub nocte per umbras" (Iban oscuros bajo la noche sola entre las sombras). En todos ellos puede hablarse de desplazamientos metonímicos. El efecto metonímico puede observarse en los cuadros del pintor Giuseppe Arcimboldo, en los que cada personaje es retratado a través de los objetos que representan su función: el busto de El bibliotecario está formado por libros, por ejemplo.

Ejemplos: El sol le entró en la cabeza (por el calor del sol). Él vive de su trabajo (por vive del producto de su trabajo). El corneta del batallón (por el soldado). Todo el teatro estalló en aplausos (por la gente que había en el teatro). El jerez, el málaga, el Burdeos (por las regiones de donde proceden dichos vinos). El laurel y la oliva (por la victoria y la paz). Fulano de tal no tiene corazón ni sesos (por sentimientos e inteligencia). Oímos misa arrodillados en Santiago (por en la iglesia de Santiago). Leemos a Cervantes, a Dickens, a Neruda (por sus obras). Me he comido tres platos llenos (por comer abundantemente en tres platos). Compré un Grecco (por un cuadro del Grecco).Parece que también está nadando en oro.

Sinécdoque.

Sinécdoque. (Recibir juntamente). Tropo que consiste en extender, restringir o alterar de algún modo la significación de las palabras, para designar un todo con el nombre de una de sus partes, o viceversa; un género con el de una especie, o al contrario; una cosa con el de la materia de que está formada, etc. Mataron mil cabezas (por mataron mil reses). Una escuadra compuesta por 30 velas (por 30 buques). Relucían las picas (por los hierros de sus puntas). Truena el bronce (por el cañón). El español es alegre (por los españoles). Tenemos abundantes Virgilios y Cicerones (por poetas y oradores). La gestación de las rosas (por la gestación de las flores). Es un Nerón verdadero (por un hombre cruel). El gran apóstol (por San Pablo). La juventud española (los jóvenes españoles). Es un buen libro (por el contenido de la obra). Se cansó de vivir (por ha muerto). Los graneros rebosan (por abundante cosecha).

Mientras que la metonimia se rige por relaciones de contigüidad, en la sinécdoque dominan las de inclusión: el todo por la parte, la parte por el todo, la especie por el género y viceversa, el singular por el plural. Puede estudiarse, como todas las demás figuras, en otras artes y no sólo en la literatura: la mano que aprieta el gatillo (es una parte del todo, persona), los pies suspendidos del ahorcado.

Paradoja.

Paradoja. Consiste en emplear expresiones o frases que envuelven contradicción: Mira al avaro, en sus riquezas, pobre. Pretende reconciliar dos ideas irreconciliables: Vivo sin vivir en mí, / y tan alta vida espero, / que muero porque no muero (Santa Teresa). Enunciado que resulta absurdo para el sentido común o para las ideas preconcebidas.: "Vivo en conversación con los difuntos/ y escucho con mis ojos a los muertos" (Quevedo); "Murió mi eternidad/ y estoy velándola" (César Vallejo). Parecían sonámbulos desvelados (G. Márquez).

Personificación o prosopopeya.

Prosopopeya. Consiste en atribuir a las cosas inanimadas o abstractas, acciones y cualidades propias de seres animados, o a los seres irracionales las del hombre. Afectación de gravedad y pompa: Gasta mucha prosopopeya. Las selvas se armaron… los arbustos se tornaron defensores. Representación de objetos inanimados o ideas abstractas como seres vivientes. Es frecuente en la fábula. Hay personificación en: "La memoria tocará las palabras que te oí" (Andrés Sánchez Robayna) y en "Como una mariposa/ la viola apenas viola/ el reposo del aire" (Ángel González). ¡Ah!, acabo de despertarme… Perdóname… Todavía estoy toda despeinada… (Saint-Exúpery) Juan no estaba alerta para escuchar. Es grato, pensó, la Luna y las luces centellando en el agua (Richard Barch). La luna persigue al sol.

Sinestesia.

Sinestesia. (Sensación). Tropo que consiste en unir dos imágenes o sensaciones procedentes de diferentes dominios sensoriales: Soledad sonora. Verde chillón. Este fenómeno poético pretende evocar a través de un sentido sensaciones que sólo pueden percibirse a través de otro. Por ejemplo, representar colores con sonidos musicales, melodías con la poesía y la pintura. Resbalo por tu tarde como el cansancio por la piedad de un declive (Borges). Une dos imágenes que pertenecen a diferentes mundos sensoriales, como "verde chillón", donde lo visual se une con lo auditivo. Algunos estudiosos la consideran una variante de la metáfora.

Sentencia.

Sentencia. Consiste en una expresión que encierra un carácter didáctico o moral. Dicho grave y sucinto que encierra doctrina o moralidad. La palabra es fuente de malos entendidos. – La autoridad reposa, en primer término, sobre la razón. (Saint-Exúpery). La única ley verdadera es aquella que conduce a la libertad. – Justifica tus limitaciones y te quedarás con ellas (Richard Barch). Halcón que se atreve con garza guerrera, peligros espera (G. Márquez). Madre hay una sola. – De todos modos uno siempre es un poco culpable. – En el fondo no existe idea a la que uno no concluya por acostumbrarse. – Pero todo el mundo sabe que la vida no vale la pena de ser vivida (Camus).

B. FIGURAS DE DICCIÓN (afectan a la composición de la palabra)

Calambur.

Calambur. Agrupación de las sílabas de una o más palabras de tal manera que se altera totalmente el significado de estas: plátano es/plata no es. Se produce cuando las sílabas de una o más palabras agrupadas de otra manera dan un significado diferente y hasta contradictorio. Además de su uso literario también se utiliza mucho en retahílas, adivinanzas y juegos de palabras, propios del lenguaje oral, como "Y lo es, y lo es, quien no lo adivine tonto es" (Hilo es, hilo es...); "Lana sube, lana baja" (la navaja). Un ejemplo literario se encuentra en la frase mordaz que utilizó Francisco de Quevedo para referirse a Lope de Vega: "A este Lopico" (A éste, lo pico).

Metátesis.

Metátesis. (Transposición). Cambio de lugar de algún sonido en un vocablo: en perlado por prelado. Es una figura en la preceptiva tradicional y se produce cuando un sonido cambia de lugar en una palabra. También es un fenómeno frecuente en el habla vulgar, como "Grabiel" por Gabriel o "cocreta" por croqueta. Esta transposición era muy frecuente en latín vulgar y a ella se deben muchas voces del léxico español: así, la palabra latina perículu(m) en latín vulgar era periglo, y ésta en castellano derivó, por metátesis, en peligro; el mismo fenómeno se produjo en spatula(m) > espadla > espalda.

Paragoge.

Paragoge. Adición de algún sonido al fin de un vocablo: en fraque por frac. Se considera figura retórica, licencia métrica o expresión coloquial y consiste en añadir un sonido al final de una palabra, así "huéspede" por huésped. Entre otros ejemplos literarios pueden citarse el "Ay mísero de mí/ay infelice" de Calderón de la Barca y los siguientes versos de un texto medieval: "De las dos hermanas, dose,/ ¡válame la gala de la menore!". En español, la paragoge ha sido muy utilizada para la incorporación de vocablos extranjeros que acababan en una consonante extraña en esa posición. así, de club, "clube"; de telephon, "teléfono"; de diskett, "disquete". A veces, no obstante, se producen incorrecciones tratando de seguir esta tendencia de la lengua española y es considerado un vulgarismo decir "fraque" por frac.

Paronomasia.

Paronomasia. Semejanza entre dos o más vocablos que no se diferencian sino por la vocal acentuada en cada uno de ellos: azar y azor; lago, lego y Lugo; jácara y jícara. Semejanza de distinta clase que entre sí tienen otros vocablos: adaptar y adoptar; acera y acero. Marte y mártir. Conjunto de dos o más vocablos que forman paronomasia. Figura consistente en colocar próximos en la frase dos vocablos semejantes en el sonido pero diferentes en el significado, como puerta y puerto; secreto de dos y secreto de Dios. Combinación de palabras que tienen una fonética parecida pero un significado distinto; por ejemplo, este verso de Francisco de Quevedo: "Con dados ganan condados". Es un recuso muy utilizado en adivinanzas, retahílas, cuentos tradicionales y chistes: "Poco a poco hila la vieja el copo".

C. FIGURAS DE REPETICIÓN

Anáfora.

Anáfora. (Repetición). Tipo de deixis (señalamiento que se realiza mediante ciertos elementos lingüísticos que muestran, como este, esa; que indican una persona, como yo, vosotros; o un lugar, como allí, arriba; o un tiempo, como ayer, ahora) que desempeñan ciertas palabras para recoger el significado de una parte del discurso ya emitida: Lo dijo que había estado, pero no me lo creí. - Puedo prometer y prometo que… puedo prometer y prometo que… puedo prometer y prometo que… - Mientras no podamos dominar los fenómenos meteorológicos, mientras no podamos asegurar las cosechas, y mientras no podamos influir sobre el consumo, los agricultores no saldremos de la miseria. – Triunfó en los negocios, triunfó en las relaciones humanas, triunfó en la política: triunfó en la vida.- Pero estaba seguro de mí, seguro de todo, más seguro que él, seguro de mi vida y de esta muerte que iba a llegar.

La anáfora consiste en repetir una o varias palabras al principio de una frase, o de varias, para conseguir efectos sonoros o remarcar una idea. Sirvan como ejemplos de las dos posibilidades una canción de corro: "Bate, bate, chocolate,/ con harina y con tomate"; y un poema de Miguel Hernández: "Menos tu vientre/ todo es confuso./ Menos tu vientre/ todo es futuro/ fugaz, pasado/ baldío, turbio. Menos tu vientre/ todo inseguro,/ todo postrero/ polvo sin mundo./ Menos tu vientre/ todo es oscuro,/ menos tu vientre/ claro y profundo". En los siguientes versos de Fuenteovejuna de Lope de Vega, puestos en boca de Laurencia, el énfasis anafórico se acentúa mediante el recurso enumerativo y el clímax implícito en los sustantivos utilizados: "Dadme unas armas a mí, pues sois piedras, pues sois bronces, pues sois jaspes, pues sois tigres...".

Otros ejemplos: Y lo buscó y lo buscó hasta que lo encontró.

Apóstrofe.

Apóstrofe. Figura que consiste en dirigir la palabra con vehemencia en segunda persona a una o varias, presentes o ausentes, vivas o muertas, a seres abstractos o a cosas inanimadas, o en dirigírsela a sí mismo en iguales términos. Mediante el apóstrofe, el hablante interrumpe el discurso para dirigirse a una persona ausente o muerta, a un objeto inanimado, a una idea abstracta, a quienes lo escuchan o leen o a sí mismo. Es frecuente, por tanto, en la plegaria, en los soliloquios o monólogos, en las invocaciones, como en el siguiente ejemplo de Gustavo Adolfo Bécquer: "Olas gigantes que os rompéis bramando/ En las playas desiertas y remotas,/ En las playas desiertas y remotas,/ Llevadme con vosotras".

Clímax.

Clímax. (Escala). Gradación retórica ascendente. El clímax o gradatio consiste en disponer palabras, cláusulas o periodos según su orden de importancia o según un criterio de gradación ascendente. Es frecuente en las enumeraciones, como en esta estrofa de César Vallejo: "Y todavía,/ aun ahora,/ al cabo del cometa en que he ganado/ mi bacilo feliz y doctoral,/ he aquí que caliente, oyente, tierro, sol y luno,/ incógnito atravieso el cementerio,/ tomo a la izquierda, hiendo/ la yerba con un par de endecasílabos,/ años de tumba, litros de infinito,/ tinta, pluma, ladrillos y perdones".

Anticlímax.

Anticlímax. Gradación retórica descendente. Término más bajo de esta gradación. Momento en que desciende o se relaja la tensión después del clímax. En el anticlímax o degradatio se da una serie de ideas que abruptamente disminuye en dignidad e importancia al final de un periodo o pasaje, generalmente para lograr un efecto satírico. Como ilustración del anticlímax valga el siguiente fragmento de Enrique Jardiel Poncela hablando de sí mismo en Amor se escribe sin hache: "Gano mi dinero honradamente, con el trabajo de mi cerebro, lo cual es poco frecuente entre gente de pluma (literatos y avestruces)".

Exclamación.

Exclamación. Figura con que se manifiesta expresando en forma exclamativa un movimiento del ánimo o una consideración de la mente.Forma del lenguaje que expresa una emoción intensa como el temor, el dolor o la sorpresa. Se distingue por la entonación a la que normalmente acompañan, aunque no siempre, los signos exclamativos. De Vicente Aleixandre, que ha expresado el valor interjectivo del lenguaje poético, son estos versos: "¡Quién un beso pusiera en esa piedra,/ piedra tranquila que espesor de siglos/ es a una boca!/ ¡Besa, besa! ¡Absorbe!". A Alejandra Pizarnik pertenece el ejemplo siguiente, donde se han eliminado los signos pero su entonación es claramente exclamativa: "Oh ayúdame a escribir el poema más prescindible/ el que no sirva ni para ser inservible/ ayúdame a escribir palabras/ en esta noche/ en este mundo".

Interrogación.

Interrogación. Consiste en interrogar, no para manifestar duda o pedir respuesta, sino para expresar indirectamente la afirmación, o dar más vigor y eficacia a lo que se dice. La interrogación, desde el punto de vista retórico, es aquella que no se realiza para obtener información sino para afirmar con mayor énfasis la respuesta contenida en la pregunta misma o, en otros casos, la ausencia o imposibilidad de respuesta. Muy frecuente en la poesía de Juan Gelman, como lo demuestran estos versos del poema "Cartas": "¿hay caballos para derrotar al enemigo?/ el que vivió 5 días/ ¿no es un caballo para derrotar al enemigo?/ ¿no está galopando o corriendo ahora entre tus brazos y mis brazos, amada?".

Onomatopeya.

Onomatopeya. Imitación o recreación del sonido de algo en el vocablo que se forma para significarlo: Muchas palabras han sido formadas por onomatopeya. U. en algunos casos para referirse a fenómenos visuales: tic nervioso, zigzag. Vocablo que imita o recrea el sonido de la cosa o la acción nombrada. Imitación con palabras de sonidos naturales: frufrú, tictac, tintineo. La armonía imitativa es una figura próxima a la onomatopeya y a la aliteración y permite reproducir ciertos efectos auditivos y hasta emotivos mediante la repetición de determinados fonemas. Un buen ejemplo de armonía imitativa y onomatopeya es el poema representable de Rafael Alberti "Buster Keaton busca por el bosque a su novia, que es una verdadera vaca".

Aliteración.

Aliteración. (Letra). Repetición notoria del mismo o de los mismos fonemas, sobre todo consonánticos, en una frase. Figura que, mediante la repetición de fonemas, sobre todo consonánticos, contribuye a la estructura o expresividad del verso. La aliteración es repetición de un fonema (casi siempre consonántico) o de una sílaba tónica que contribuye a dar estructura rítmica a un verso o a una línea de un escrito en prosa. Un ejemplo sencillo de aliteración es el conocido verso de Góngora: "infame turba de nocturnas aves". Este procedimiento estilístico sirve para enfatizar el significado y dar sonoridad y ritmo. Se utiliza en la poesía y en la oratoria.

D. FIGURAS DE CONSTRUCCIÓN (afectan a la estructura sintáctica)

Anacoluto.

Anacoluto. (Inconsecuente). Inconsecuencia en la construcción del discurso. Consiste en abandonar la construcción sintáctica con la que se iniciaba una frase y pasar a otra porque en ese momento ha surgido una idea que se ha hecho dominante, con la consecuencia de una falta de coherencia gramatical. Fue un recurso muy utilizado en la literatura clásica por su expresividad y también es muy frecuente en el lenguaje coloquial: "Yo, no tienes razón porque...", dice alguien en un coloquio al tomar la palabra y expresar su opinión. La frase sintácticamente correcta sería: "Yo no estoy de acuerdo contigo porque...", pero con el anacoluto llama la atención del interlocutor sobre su persona y lo predispone a que lo escuche. Constituye un ejemplo literario esta estrofa de Jorge Manrique: "Aquel de buenos abrigo/ amado por virtuoso/ de la gente,/ el maestre don Rodrigo/ Manrique, tanto famoso/ y tan valiente,/ sus grandes hechos y claros/ no cumple que los alabe,/ pues los vieron,/ ni los quiero hacer caros,/ pues el mundo todo sabe/ cuáles fueron". En esta oración en verso, la frase: "Aquel de buenos amigos", que se anuncia como sujeto, seguida de complementos y aposición, queda sin verbo, y se inicia otra cláusula que pone el acento en los "grandes hechos y claros" para dar paso al yo del poeta que, sirviéndose del tópico de la modestia, declara que no hace falta alabarlos ni encarecerlos.

Asíndeton.

Asíndeton. (Desatado). Consiste en omitir las conjunciones para dar viveza o energía al concepto. Este recurso gramatical de valor poético consiste en la coordinación de dos o más oraciones: ¡Hay golpes tan fuertes en la vida! Yo no sé (César Vallejo). Juan estaba junto a sus alumnos, enseñando, surgiendo, presionando, guiando (Richard Bach). Sabían bordar en bastidor, coser a máquina, tejer encaje de bolillo, lavar y planchar, hacer flores artificiales… (G. Márquez). Recordó mi insensibilidad, mi ignorancia sobre la edad de la mamá, el baño del día siguiente con una mujer, el cine, Fernandel… - Lo que interesa es la posibilidad de evasión, un salto fuera del ritmo implacable, una loca carrera que ofrece todas las posibilidades de esperanza (Camus).

Tanto el asíndeton como el polisíndeton podrían también ser incluidos dentro de las figuras de repetición. El asíndeton consiste en eliminar nexos sintácticos, generalmente conjunciones, entre términos que deberían ir unidos. Se usa mucho en el lenguaje literario y coloquial y produce un efecto de rapidez. Un ejemplo de asíndeton muy conocido es la frase de Julio César: Veni, vidi, vici (Vine, vi, vencí).

Polisíndeton.

Polisíndeton. Consiste en emplear repetidamente las conjunciones para dar fuerza o energía a la expresión de los conceptos. El polisíndeton, por el contrario, consiste en repetir conjunciones con el fin de dar más expresividad a la frase. Se usa mucho en los cuentos tradicionales e infantiles: "Cuando Alí Babá entró en la cueva quedó maravillado ante tantas riquezas: había monedas de oro y brillantes y ricas sedas y perlas y zafiros...". Según la Real Academia de la Lengua, la construcción polisindética implica una intensificación creciente de sumandos. …no me importaba ni el martillo, ni el perro, ni la sed, ni el hambre, ni la muerte... …no me pareció ni perdido, ni muerto de fatiga, ni de sed, ni de miedo…(Saint-Exúpery). …y un día se darán cuenta de ello y un día verán lo que ves. Perdónales y ayúdales a comprender. – Ni un raspón, n i un remiendo en el fuselaje, ni una salpicadura de aceite (Richard Bach). Había dormido poco y mal, sin quitarse la ropa, y despertó con dolor de cabeza y con un sedimento de estribo de cobre (G. Márquez).

Hipérbaton.

Hipérbato o hipérbaton. (Transposición). Figura de construcción, consistente en invertir el orden que en el discurso tienen habitualmente las palabras. Altera el orden sintáctico lógico de una frase: Éstas que me dictó, rimas sonoras… (Góngora). Alteración del orden lógico de los términos en una oración (gramática). Suele usarse más en la lengua escrita que en la oral. Esta figura retórica es muy utilizada en el lenguaje literario, especialmente en la poesía y, sobre todo, por razones métricas y rítmicas, como en este verso endecasílabo de Garcilaso de la Vega: "de verdes sauces hay una espesura". El orden lógico ("hay una espesura de verdes sauces") no modifica la cantidad de sílabas pero hace que se pierda el acento normativo en la sexta sílaba —"hay" en el verso original—Desde el punto de vista semántico, el verso así dispuesto anticipa al lector la imagen visual de los sauces que forman la espesura. El hipérbaton es una figura muy frecuente, además, en la literatura barroca y en aquellos poetas que intentan reproducir el orden de la sintaxis latina.

Pleonasmo.

Pleonasmo. Figura de construcción, que consiste en emplear en la oración uno o más vocablos innecesarios para que tenga sentido completo, pero con los cuales se añade expresividad a lo dicho: lo vi con mis propios ojos. Demasía o redundancia viciosa de palabras. Esta figura consiste en utilizar palabras innecesarias, es decir, que no añaden información a la frase, con el fin de enfatizar o realzar una idea, como: "lo vi con mis propios ojos", aunque a veces es una incorrección lingüística: "subir arriba". Es un recurso muy utilizado en literatura, como "De los sus ojos tan fuertemente llorando", primer verso del Cantar de mío Cid que enfatiza el llanto del héroe al abandonar su casa camino del destierro.

Quiasmo.

Quiasmo. (Del gr. ??asµ?, disposición cruzada, como la de la letra ?). Figura de dicción que consiste en presentar en órdenes inversos los miembros de dos secuencias: Cuando quiero llorar no lloro, y a veces lloro sin querer. El nombre de esta figura deriva de la letra griega ji, cuya grafía se parece a la de la equis, y consiste en presentar de manera cruzada dos ideas paralelas e invertidas. Siempre son cuatro elementos que se corresponden como los puntos extremos de un aspa: "Cuando tenía hambre, no tenía comida y ahora que tengo comida, no tengo hambre".

Zeugma.

Zeugma. (Yugo, lazo). Figura de construcción, que consiste en que cuando una palabra que tiene conexión con dos o más miembros del período está expresa en uno de ellos, ha de sobrentenderse en los demás: Era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. En varias oraciones que deberían llevar el mismo verbo, éste aparece una sola vez. Tejidos sois de primavera, amantes, / de tierra y agua y viento y sol (sois) tejidos. / La sierra (está) en vuestros pechos jadeantes, / en los ojos (están) los campos florecidos (Antonio Machado).

Construcción sintáctica que consiste en utilizar una sola vez una palabra, aunque ésta se refiera a otras más del periodo. Un ejemplo de zeugma es el retrato que Miguel de Cervantes hace de Alonso Quijada en el primer capítulo de Don Quijote de la Mancha: "Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza". La forma verbal "era", usada una sola vez con la frase "de complexión recia", está implícita en todos los rasgos que describen (y definen) al personaje.

Existe también la zeugma llamado complejo: al final de una serie de elementos del mismo nivel sintáctico se introduce una función gramatical diferente, que actúa como factor sorpresivo y de ruptura. El cuento "No se culpe a nadie", de Julio Cortázar, se cierra con un zeugma complejo: "...un aire fragoroso que te envuelva y te acaricie y doce pisos".

¿CÓMO LEER BIEN?

Aprender a leer bien equivale a aprender cualquier otro arte o habilidad; existen reglas que se deben aprender y seguir. El buen hábito de la lectura debe ser adquirido mediante la voluntad de aprender y la paciencia durante el proceso. Cualquier arte o habilidad es poseído por aquellos que tienen formado el hábito de actuar según reglas. Para adquirir cualquier arte es necesario conocer las reglas con el objeto de seguirlas. Hay que conocer y comprender las reglas del difícil arte de la lectura, si se desea formar inteligentemente el hábito de esta operación intelectual. Para aprender a leer bien, de manera comprensiva y provechosa, nos Mortimer J. Adler, hay que aprender y practicar las artes liberales: gramática, lógica y retórica. En el ámbito de la lectura, la gramática se relaciona con el análisis; la lógica, con la interpretación; y la retórica, con el juicio valorativo o la crítica.

Todo este extenso documento no será suficiente para aprender a leer si no existe voluntad por parte del lector, pues nadie puede aprender de un arte más que lo que desee, o juzgue necesario. El aprender las reglas puede ayudar, pero nada puede reemplazar la consideración primordial, que es: leer escritos, libros, textos. Mientras nos hallemos en etapa de aprendizaje, tendremos que leer un texto muchas veces. El libro se asemeja a la naturaleza: cuando se le habla, sólo responde hasta donde uno realiza la tarea de analizar y pensar por sí mismo. Se aprende a leer bien si el lector se empeña en conseguirlo. Aprender el arte de la lectura es igual que aprender cualquier otro arte. Hay que aprender a leer para poder aprender leyendo. Por eso hay que practicar las reglas y saber el arte. La práctica conduce a la perfección.

Javier Navarro precisa que "para una buena lectura debe existir un buen manejo técnico, entendido como habilidad para manipular el material que se presenta a los ojos del lector. Pero esta habilidad no es meramente mecánica, y no se incrementa por la siempre repetición. Se puede leer a diario y leer mal durante toda la vida. Es posible que en el momento en que se aprenda a descifrar el alfabeto, al establecer una relación biunívoca entre el grafema (unidad mínima e indivisible de la escritura de una lengua) y el fonema (cada una de las unidades fonológicas mínimas que en el sistema de una lengua pueden oponerse a otras en contraste significativo), se esté comenzando paradójicamente a entorpecer el proceso de lectura y se esté iniciando al niño en todos los vicios propios del lector adulto medio" (Lectura y literatura). Así mismo, recomienda "ligar la actividad intelectual que implica el proceso de leer con el deseo, con una actividad que no se agote en la repetición, con el goce de descubrir lo misterioso y enigmático. El verdadero deseo de leer es deseo de "ver" lo oscuro, deseo de poseer un secreto, de estar en condiciones de ejercer por sí mismo una transformación de lo inerte. Un deseo de leer que no sea un mero deseo obsesivo, una producción intelectual, en la fuerza el deseo escapa a la represión y a la propulsión de repetición; en otros términos, una lectura como goce de los sentidos latentes, como reescritura del significante en lo simbólico" (Lectura y literatura).

Son muchos los lectores que inician su lectura sin una previa reflexión, sin adecuamiento anterior de la mente a la materia que será abordada inmediatamente. Se sumergen así en la lectura sin saber qué buscan; no trabajan buscando algo determinado ni consideran, antes de dar inicio a la lectura, lo que podría ser importante en la misma, ni lo que podrá aportarle el autor. No leen activamente, dificultándose captar lo esencial del texto.

Javier Navarro nos dice que en la dinámica lectora, como proceso de construcción de significados, convergen el autor, el texto, el lector y el contexto. El autor construye un mundo en un contexto determinado en el que se recrea el lector, luego de que lo escrito haya sido "engendrado" por el editor, quien a través del libro impreso publica la construcción literaria. Este libro es el soporte material del texto, en un lugar de encuentro y de diálogo entre el escritor y el lector, es la morada del conocimiento. En el libro hay una significación y en cada lector un significado, y éste se alcanza en el proceso de lectura. Igualmente, sostiene que "la lectura se considera como un acto transaccional, en el que el autor y el lector crean un significado que es obra de ambos, no solo del autor. Éste toma la iniciativa, aportando los elementos de una comprensión potencial (significación). Los actos de comprensión son guiados por las estructuras del texto pero no están totalmente controlados por ellas. El lector aporta sus conocimientos y experiencias anteriores, sus esquemas cognoscitivos, por no mencionar los procesos fisiológicos y neurológicos que entran en juego en la operación de leer. Es en este encuentro donde se produce el significado. Allí donde el texto y el lector convergen; ese es el lugar de la obra literaria" (Lectura y literatura).

Este autor en el mismo texto nos aclara que, "lejos de ser un asimilación pasiva, en la que el lector se esfuerza por reconstruir la intención del autor, la lectura es una verdadera trans-acción, acción transitiva en la que lector y autor negocian y construyen significados. Y puesto que lo que ocurre es una verdadera inter-acción, tanto el que lee como lo leído se transforman: el que lee, por efecto de lo que el autor se propuso en la comunicación, y lo leído, por la apropiación que de ello hace el lector y la asimilación a su realidad vital, su tiempo, su intención o el momento en que hace la lectura. De donde no puede reducirse la obra a un significado único, que sería el que se conforma con la intención que se propuso el autor, sino que, por el contrario, es una realidad abierta a infinitas interpretaciones, que resultan de ser distintos los lectores y las lecturas".

La actitud pasiva del lector, debida a su falta de motivación, le genera diversas dificultades para la lectura y la expresión de ideas. La pasividad mental es un obstáculo para comprender la lectura, porque no sólo se resiste a desaparecer de forma espontánea, sino que aumenta con el transcurso del tiempo. "En ausencia de motivación, la actitud negativa se consolida cada vez más, y llega a constituir una especie de traje o armadura mental que el lector se pone cada vez quiere leer" (Técnicas de estudio y lectura rápida). Si el lector es pasivo el texto no le despierta interés, y no podrá captar los significados ocultos en el material de lectura. "En su actitud pasiva espera, a menudo inútilmente, que sea el texto el que suscite el interés. Conviene recordar que cuando el lector se encuentra en este estado de pasividad, o incluso de aburrimiento, es muy difícil que el texto, sea de la naturaleza que sea, consiga despertar el interés, precisamente porque falta la necesaria predisposición activa" (Técnicas de estudio y lectura rápida). Los textos de Federico Nietzsche, por ejemplo, no son para lectores pasivos porque a éste no le gustan este tipo de lectores y porque sus escritos no permiten la pasividad: son mordacidad, inquietud, cuestionamiento, criticidad, invitación al combate por la vida, propuesta para crear nuestros propios valores, cuchillos afilados, hierros candentes, martillos, dinamita…, figuradamente hablando.

El acercamiento al texto escrito por parte de los lectores debe partir de una mirada a la nueva concepción de la lectura que nos remita la comprensión de los múltiples lenguajes en que se escribe el mundo, lo cual implica conocerlos y darles sentido dentro de la práctica social.

HERRAMIENTAS PARA LA LECTURA ÓPTIMA Y EFICAZ

La habilidad que nos permite "escuchar" un escrito requiere que nos "metamos" dentro de la mente de su autor, para detectar cómo escribe y qué busca decirnos en realidad, porque muchos utilizan con gran propiedad lenguajes complejos, metalenguajes, expresiones mordaces, eufemismos, aforismos y otras intrincadas formas de expresar su pensamiento. Para una lectura óptima y eficaz debemos hacer uso de las siguientes herramientas: exégesis, hermenéutica, semiología, semántica, filología, gramática, lógica y retórica.

Exégesis

Exégesis quiere decir explicación. Es el conjunto de procedimientos por los que se llega a comprender un texto. En las religiones basadas en un libro sagrado, como ocurre en el cristianismo, el trabajo de la exégesis es permanente, ya que se trata de interpretar un texto para hacerlo más comprensible y accesible. "En la Iglesia de los primeros siglos eran dos las corrientes exegéticas principales: una interpretaba el texto de una forma literal y la otra de forma simbólica. Con el tiempo se han incorporado a la exégesis diversos métodos y procedimientos científicos. El Concilio Vaticano II, según queda establecido en la constitución 12 Dei Verbum, dice que para conocer lo que Dios quiso comunicarnos, debe estudiarse con atención lo que los autores querían decir y lo que Dios quería dar a conocer. Hay que tener en cuenta los géneros literarios y prestar atención al modo de pensar, de expresarse, de narrar, que se usaba en tiempo del escritor" (Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta).

Hermenéutica

El término hermenéutica deriva del griego "hermenéuiein" que significa expresar o enunciar un pensamiento, descifrar e interpretar un mensaje o un texto. Etimológicamente, el concepto de hermenéutica se remonta y entronca con la simbología que rodea a la figura del dios griego Hermes, el hijo de Zeus y Maya, encargado de mediar entre los dioses o entre éstos y los hombres. Dios de la elocuencia, protector de los viajeros y del comercio, Hermes no sólo era el mensajero de Zeus. También se encargaba de transmitir a los hombres los mensajes y órdenes divinas para que éstas fueran tanto comprendidas, como convenientemente acatadas. El hermeneuta es, por lo tanto, aquel que se dedica a interpretar y desvelar el sentido de los mensajes, haciendo que su comprensión sea posible y todo malentendido evitado, favoreciendo su adecuada función normativa.

La voz griega hermenéutica, significa primeramente expresión del pensamiento; de ahí explicación y, sobre todo, interpretación del mismo. La disciplina de la interpretación, que trata de la comprensión del los textos; lo cual es colocarlos en sus contextos respectivos. Con eso el intérprete lo entiende, lo comprende, frente a sus autores, sus contendidos y sus destinatarios.

La hermenéutica es la ciencia encargada de la interpretación de textos o el arte de interpretar escritos de difícil comprensión. Es el arte de interpretar textos para fijar su verdadero sentido. Es el arte de hacer hablar los textos. Es la disciplina auxiliar y técnica para la correcta interpretación de textos de difícil comprensión. Interpretar es reconstruir el sentido de un texto. Según Schleiermacher, es la comprensión correcta de un discurso o escrito.

En hermenéutica, la comprensión es un proceso de construcción psicológica, es decir, de reconstrucción, por parte del lector, de la intención original del autor. En este sentido, el texto es la expresión de los sentimientos de su autor, y los intérpretes deben intentar ponerse en el lugar del autor para revivir el acto creador. La hermenéutica desconfía de la posibilidad de un solo significado y propone más bien la multiplicidad o indeterminación.

La hermenéutica permite al lector meterse dentro de un autor, aclimatarse a su situación e intención, a su mundo de pensamiento y de representación. Su finalidad es comprender a un autor mejor de lo que él mismo se comprendió. "Si convertimos en expresas las condiciones que determinan el trasfondo atemático de lo dicho, si comprendemos las formas particulares en su nexo de relaciones, y si, además, comprendemos las palabras en sus cambios semánticos, según el uso lingüístico de un autor, entonces podemos decir que comprendemos mejor al autor de lo que él mismo se había comprendido" (Hermenéutica metódica). Su propósito es zambullirse en la profundidad de los textos. Su objeto es reconocer qué pensamiento fundamenta un discurso hablado o escrito. La ley fundamental de la hermenéutica sostiene que "el todo debe entenderse a partir de lo individual y lo individual desde el todo".

La hermenéutica es usada con frecuencia cuando se estudian los mensajes simbólicos de textos y obras de arte. Todo lo que se pueda convertir en objeto de interpretación pertenece a la hermenéutica. Se ocupa del saber-hacer hermenéutico desde las perspectivas teórica (esclarecimiento de las condiciones que facilitan la comprensión) y práctica (forma como se realiza la actividad interpretativa en la unidad del saber-hacer inteligente o comprensión, saber-hacer explicando o interpretación y saber-hacer aplicando o aplicación).

Como método se emplea para orientar la comprensión o interpretación de un escrito: una tesis, un ensayo, una teoría, una hipótesis, una obra literaria, etc. Con este método, es fácil avanzar del nivel trivial de lo que la obra expresa a los niveles más profundos de lo que el autor tal vez quiere decir. "La hermenéutica hace patente la diferencia histórica (entre intérprete e interpretado) y muestra la necesidad de hacer remontar las proposiciones y los significados al contexto vital de la época en que surgieron y de esclarecer así alternativamente el conjunto de aquella experiencia del mundo y las aserciones particulares condicionadas por ésta" (Breve diccionario de filosofía). El autor debe ser interpretado desde su ser y su pertinencia histórica.

El fin de la hermenéutica es obtener una comprensión más profunda del texto. El método principal es inspeccionar el escrito desde sus perspectivas alternas. El punto de partida en las inspecciones es la primera comprensión, o el conocimiento preliminar que tenemos cuando comenzamos la lectura o el estudio. Durante el proceso de inspección podemos alternar la perspectiva o examinar el texto desde varios enfoques. Cada nuevo examen mejora nuestra comprensión del escrito. Del mismo modo, cuando volvamos a un ángulo que ya hemos usado, seremos con frecuencia capaces de encontrar nuevos aspectos, porque entre tanto las otras visiones han mejorado nuestra sensibilidad para encontrar nuevos aspectos de los hechos e interpretaciones que ya previamente eran bien conocidos. Un ejemplo frecuentemente citado de alternancia de las visiones global y detallada es la lectura de un poema. Durante la primera lectura, algunas palabras del poema parecen raras o enigmáticas; pero una vez que lo hemos leído entero, es probable que seamos capaces de descubrir los significados especiales que las palabras tienen en este contexto. En la siguiente fase, estos significados recién hallados pueden aportar inspiración para una inspección más detenida, que de nuevo puede darnos nuevas revelaciones adicionales.

Niveles para el trabajo de la hermenéutica:

  • 1. La intención se comprende "comprensivamente" en sus intenciones si conocemos la psicología, y el espíritu del autor.

  • 2. La interpretación tiene que estar incluida en horizonte de temporalidad.

  • 3. El tercer aspecto refiere a que toda interpretación deberá quedar inscrita en el círculo hermenéutico de la compresión. Porque el espíritu no es en parte alguna una suma de particularidades, es una entidad originaria, indivisa. Así la hermenéutica no se ejerce sobre particularidades sino sobre la totalidad.

  • 4. Un elemento privilegiado del método hermenéutico es el análisis comparativo.

  • 5. La multiplicidad de los significados están en el intérprete y su pragmática y no en el texto. Es decir que la explicación no es explicación de la letra, es explicación del sentido y del espíritu.

Juha Varto, en un trabajo publicado en INTERNET, presenta las siguientes instrucciones para la interpretación hermenéutica:

*Lo que estamos tratando de entender es el mundo de otro (no el nuestro). Imponer un significado desde fuera, por ejemplo, aplicando la filosofía de Marx o Freud al texto a la fuerza, puede producir un análisis rico, pero esto no es correcto para con el texto, y puede que no contribuya a una mayor comprensión del mismo.

*Los significados deben ser coherentes: no se deben elegir rasgos sueltos del texto y combinarlos en un conjunto nuevo porque eso estaría falseando la realidad.

*Cuando interpreta el texto, el lector o investigador está inmerso en su propia vida. No hay cosas tales como una forma objetiva de lectura. Sólo dentro de sus propios límites puede el lector ser capaz de atribuir significados al texto. Un mismo texto puede haber sido entendido de varias maneras en el curso del tiempo. Cada generación reescribe la historia.

*El lector debiera reflejar conscientemente su forma propia de interpretación. Entender tus propios puntos de partida te ayudará, en alguna medida, a liberarte de ser subyugado por ellos.

Semiología

Teniendo en cuenta que dentro de muchos textos subyacen complejísimos signos y símbolos y todo tipo de significados (muchas veces "indetectables" a pesar de ingentes esfuerzos), el buen lector, el lector entrenado, debe acudir a la semiología. La semiología o semiótica es la ciencia encargada del estudio de los signos y de los símbolos. Es el estudio científico de la función de los signos en el marco de la vida social. Es la ciencia de los signos (códigos, signos, lenguas, señalizaciones, símbolos, síntomas, etc.) y la comunicación. "Ciencia general de los signos que estudia el lenguaje desde su realidad simbólica y su relación con la comunicación" (Teoría literaria). La semiología, ciencia de los signos (códigos, lenguas, señalizaciones, etc.) y la comunicación, nos enseña en qué consisten los signos y cuáles son sus leyes. Es la disciplina que se encarga de estudiar los signos no verbales, es decir, los signos pictóricos, visuales, cinéticos, escritos, etc. La palabra semiología procede del griego semeión, que significa signo. "A través de la semiología establecemos que hay multiplicidad de lenguajes que también nos sirven para comunicarnos mejor: el cine, la televisión, la radio, el lenguaje periodístico, las señales y signos que nos abrevian lo que con palabras sería más largo de expresar" (Español sin fronteras 8).

Por su parte, Pedro Corredor (docente de la Universidad Santo Tomás), nos dice que semiología (semeyon = signo – logos = tratado, discurso, ciencia) o semiótica (semeyón signo – ykos relativo a) es la ciencia que estudia la naturaleza, la estructura, la función, el uso y la interpretación de los signos (naturales y artificiales) en la práctica comunicativa. Dentro de los signos naturales encontramos una nube que indica lluvia, la caída de un rayo como aviso de una tempestad, el rubor de las mejillas es indicio de timidez o de vergüenza. Las palabras, los símbolos, las señales, los gestos, los códigos, los íconos, entre otros, son signos artificiales. Algunos signos representan ideas abstractas: el amor, la patria, la belleza, el alma, etc. La semiología se relaciona con la lingüística (expresan acciones), las matemáticas (signos, números) y la lógica (valores formales). La relación con la lingüística se da porque, para el significante (huella sonora y mental del objeto o de la palabra) y el significado (concepto), hay representaciones tales como grafías, códigos y símbolos, totalmente convencionales; es decir, lo ideológico está ligado a lo ideográfico. Con la matemática porque para las expresiones axiomáticas existe todo un sistema de siglas y números; es decir, lo monológico está sujeto a lo identificable con signos preestablecidos e inclusive con reglas operacionales. El hecho de que todos seamos reductibles a números, desde el punto de vista simbólico, hace que la comprensión de los números sea una valiosa ayuda para conocernos mejor. Y con la lógica porque para los conceptos racionales se da una estructura de valores formales, como por ejemplo el silogismo, que está compuesto por tres premisas: una mayor, una menor y una conclusión. Las unidades semióticas son: 1. El indicio: pista, sospecha, anuncio o detalle que permite conocer lo oculto. 2. Índice: indica el grado de posibilidad de un resultado. Expresión existente de un fenómeno, razón u objeto. 3. Señal: representación no verbal que conduce hacia una dirección. Es una guía de ubicación. 4. Símbolo: representación de un concepto. Es universal. 5. Ícono: representación descriptiva a través de imágenes, cuadros, estatuas, monumentos y todo aquello que tenga existencia física. 6. Signo: lingüístico (representación gráfica) y no lingüístico (tiene sentido y se representa). 7. Código: verbal o paralingüístico (términos orales o escritos). Iconográfico (representación física pero subjetiva).


Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7


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