Página anterior | ![]() Volver al principio del trabajo | Página siguiente ![]() |
Moral del (lat. moralis), relativo a las acciones o caracteres de las personas, desde el punto de vista de la bondad o malicia.
Deontología del (griego δέον, -οντος), deber. Ciencia o tratado de los deberes que se considera una rama de la ética, cuyo objeto de estudio son los fundamentos del deber y las normas morales. De un conjunto ordenado de deberes y obligaciones morales que tienen los profesionales. La deontología es conocida también bajo el nombre de "Teoría del deber" y junto con la axiología es una de las dos ramas principales de la Ética normativa.
Pitágoras (582-c. 500 a.C.). Nació en la isla de Samos; siendo instruido en las enseñanzas de los primeros filósofos jonios Tales de Mileto, Anaximandro y Anaxímenes. Pitágoras había sido condenado, a exiliarse en Trotona, por su aversión a la tiranía de Polícrates. Fundó un movimiento con propósitos religiosos, políticos y filosóficos, conocido como pitagorismo; desarrolló reflexiones morales a partir de la religión griega del orfismo; en la creencia de que la naturaleza intelectual es superior a la naturaleza sensual y que la mejor vida es la que está dedicada a la disciplina mental; hacía hincapié en la sencillez en el hablar, el vestir y el comer. Las doctrinas de Pitágoras influyeron mucho en Platón.
Confucio (551-c. 479 a.C.). Filósofo chino, creador del confucianismo y una de las figuras más concluyentes en la historia de China; donde sus máximas fueron aceptadas como código moral. Sus enseñanzas se enmarcaron en el ámbito de la filosofía ética, moral y política. Afirmaba que los propios actos externos basados en cinco virtudes: bondad, honradez, decoro, sabiduría y fidelidad, encierran el conjunto del deber humano. Venerar a los padres, vivos o muertos, fue uno de sus conceptos claves.
Protágoras (480-c. 411 a.C.). Filósofo griego, nacido en Abdera, Tracia. Fue el primero en llamarse sofista y en dar lecciones a cambio de dinero. Enseñó que el juicio humano es subjetivo y que la percepción de cada uno sólo es válida para uno mismo. El fundamento de su reflexión fue la doctrina de que nada es bueno o malo, verdadero o falso, de una forma categórica y que cada persona es, por tanto, su propia autoridad última; se resume en su frase: "El hombre es la medida de todas las cosas". Acusado de impiedad, Protágoras se exilió, pereciendo ahogado en el transcurso de su viaje a Sicilia. Dos célebres diálogos de Platón, Teeteto y Protágoras, rebatieron las doctrinas de Protágoras.
Gorgias (485-c. 380 a.C.). Retórico griego y filósofo sofista. Como retórico, fue de los primeros en introducir la cadencia en la prosa y en utilizar lugares comunes en los argumentos. La filosofía de Gorgias es nihilista y está expresada en tres proposiciones: nada existe; si algo existe, no puede ser conocido; si algo existe y puede ser conocido, no puede ser comunicado. Murió en Tesalia a la edad de 105 años.
Sócrates (470-c. 399 a.C.). Filósofo griego, considerado el fundador de la filosofía moral o axiología, se opuso a los sofistas. Creía en la superioridad de la discusión sobre la escritura; convicción, que lo llevó a mercados y plazas públicas de Atenas, iniciando diálogos y discusiones, solía responder mediante preguntas. Creó la mayéutica: arte de "alumbrar" los espíritus, logrando que sus interlocutores descubrieran la verdad a partir de ellos mismos. Su posición filosófica, representada en los diálogos de su discípulo Platón, puede resumirse: la virtud es conocimiento; la gente será virtuosa si sabe lo que es la virtud, y el vicio, o el mal, es fruto de la ignorancia. Según Sócrates, la educación como aquello que constituye la virtud puede conseguir que la gente sea y actúe conforme a la moral. La mayoría de las escuelas de filosofía moral griegas posteriores surgieron de las enseñanzas de Sócrates. Cuatro de estas escuelas fueron creadas por sus discípulos inmediatos: los cínicos, los cirenaicos, los megáricos y los platónicos.
Demócrito (460-c. 370 a.C.). Filósofo griego, nació en Abdera Tracia; desarrolló la teoría atómica del universo; escribió sobre ética, proponiendo la felicidad, o "alegría" como el mayor bien; condición que se logra a través de la moderación, la tranquilidad y la liberación de los miedos. Demócrito fue conocido como el Filósofo Alegre.
Antístenes (444-c. 371 a.C.). Filósofo griego, nació en Atenas y fue discípulo de Sócrates. Fundador de la escuela de filosofía conocida como cinismo. Al considerar la felicidad como alcanzable sólo a través de la virtud, censuraba el arte y la literatura, condenaba el lujo y la comodidad, y alababa el trabajo duro.
Aristipo (435-c. 360 a.C.). Filósofo griego que estudió con Sócrates y creó la escuela cirenaica del hedonismo. Defendía que el placer es el gran bien de la humanidad y el dolor el menor. La virtud, entonces, es la capacidad para lograr placer y evitar el dolor. Aristipo sostenía que la gente debería dedicar sus vidas a la búsqueda del placer, pero deberían utilizar el juicio y la moderación para contener impulsos peligrosos.
Platón (428-c. 347 a.C.). Filósofo griego, uno de los pensadores más originales e influyentes en toda la historia de la filosofía occidental. El bien es un elemento esencial de la realidad; el mal no existe en sí mismo, sino como reflejo imperfecto de lo real, que es el bien. En sus Diálogos mantiene que la virtud humana descansa en la aptitud de una persona para llevar a cabo su propia función en el mundo. El alma humana está compuesta por: El intelecto, la voluntad y la emoción; cada uno de los cuales poseen una virtud definida en la persona buena y juega un papel específico. La virtud del intelecto es la sabiduría, o el conocimiento de los fines de la vida; la de la voluntad es el valor, la capacidad de actuar, y la de las emociones es la templanza, o el autocontrol.
La teoría ética de Platón descansa en la suposición de que la virtud es conocimiento y que éste puede ser aprendido; doctrina que debe entenderse en el conjunto de su teoría de las ideas. La idea última para Platón es la idea de Dios, y el conocimiento de esa idea es la guía en el trance de adoptar una decisión moral. Mantenía que conocer a Dios es hacer el bien. La consecuencia de esto es que aquel que se comporta de forma inmoral lo hace desde la ignorancia. Esta conclusión se deriva de su certidumbre de que una persona virtuosa es realmente feliz y como los individuos siempre desean su propia felicidad, siempre ansían hacer aquello que es moral. La virtud última, la justicia, es la relación armoniosa entre todas las demás. Platón mantenía que el intelecto ha de ser el soberano, la voluntad figuraría en segundo lugar y las emociones en el tercer estrato, sujetas al intelecto y a la voluntad. La persona justa, cuya vida está guiada por este orden, es por lo tanto una persona buena.
Diógenes de Sínope (412 a.C.-323 a.C.). Filósofo griego, considerado como el fundador, junto a Antístenes, de la escuela de filosofía clásica de los cínicos, se sumió en una vida de austeridad y mortificación. Vestía ropas toscas, comía alimentos sencillos y dormía en las calles o bajo pórticos. Su vida excéntrica, sin embargo, no le hizo perder el respeto de los atenienses, que admiraron su desprecio de las comodidades.
Aristóteles (384-322 a.C.). Filósofo griego, considerado, junto a Platón y Sócrates, como uno de los pensadores más destacados de Grecia, señalaba que la libertad de elección del individuo hacía imposible un análisis preciso y completo de las cuestiones humanas. La conducta virtuosa es expresión de una costumbre selectiva, racional y práctica, conforme a aquello que en las acciones de los hombres, es la debida proporción que es preciso observar. Desde la ética aristotélica aparecen concepciones caracterizadas como éticas de la virtud, morales de la virtud, de los hábitos y las disposiciones del carácter para regular la conducta humana. La ética de la virtud exige un agente moral que ejercite virtudes del carácter como la templanza y el dominio de sí, la moderación, la magnanimidad, la liberalidad, la valentía y la justicia, que implican el consentimiento a una forma de existencia buena y bella que es simultáneamente virtud cívica, porque se realiza en la relación de pertenencia a una comunidad. La ética de la virtud promueve ideales de vida buena y felicidad, supone conductas virtuosas.
La Ética a Nicómaco, obra escrita por Aristóteles dedicada a su hijo, Nicómaco, trata sobre la felicidad; considerada una de las obras fundamentales en que se basó la ética occidental. Es un análisis de la relación del carácter y la inteligencia con la felicidad. Aristóteles distinguía dos tipos de "virtud" o excelencia humana: moral e intelectual.
Si la virtud depende de un acto voluntario, entonces la prudencia se convierte en un criterio. Alguien es inmoderado por ignorancia o por falta de dominio de sí mismo, sobre todo frente al placer que todos buscamos, al tiempo que huimos del sufrimiento. Afirma que el placer es actividad y fin, y puede ser considerado a su vez como el bien supremo. Para Aristóteles, la amistad crea el vínculo social, y la más auténtica es la que se funda en la igualdad. Se considera al amigo como otro uno-mismo y es porque nos amamos a nosotros mismos por lo que podemos hacer el bien a nuestro alrededor identificándonos con el prójimo. Si la virtud lleva a la acción, el placer la consuma: Aristóteles consigue así conciliar en la acción las virtudes y el placer.
Epicuro (341 a.C.-270 a.C.). Filósofo griego, fundó una escuela filosófica en Mitilene, isla de Lesbos. Como las enseñanzas tenían lugar en el patio de la casa de Epicuro, sus seguidores fueron conocidos como los 'filósofos del jardín'. Tanto las mujeres como los hombres frecuentaban este lugar, y esta circunstancia provocó numerosas calumnias sobre las actividades que allí tenían lugar. Estudiantes de toda Grecia y Asia Menor acudieron para incorporarse a la escuela de Epicuro, atraídos tanto por su carácter como por su inteligencia. Epicuro fue un autor prolífico, a su muerte dejó 300 manuscritos, incluyendo 37 tratados sobre física y numerosas obras sobre el amor, la justicia, los dioses. Las principales fuentes sobre las doctrinas de Epicuro son las obras de los escritores romanos Cicerón, Séneca, Plutarco y Lucrecio, cuyo poema De rerum natura (De la naturaleza de las cosas) describe el epicureismo.
Thomas Hobbes (1588-1679). Filósofo inglés, afirmaba que la vida humana en el "estado de naturaleza" es "solitaria, pobre, sucia, violenta y corta" y que es "una guerra de todos contra todos". En consecuencia, la gente busca seguridad participando en un contrato social en el que el poder original de cada persona se cede a un soberano que, a su vez, regula la conducta. Esta postura conservadora en política asume que los seres humanos son malos y precisan un Estado fuerte para reprimirlos. No obstante, Hobbes afirmaba que si un soberano no da seguridad y orden y es derrocado por sus súbditos, la sociedad vuelve al estado de naturaleza y puede comprometerse en un nuevo contrato. Hobbes mantenía que las personas se temen unas a otras y por esta razón deben someterse a la supremacía absoluta del Estado tanto en cuestiones seculares como religiosas. La doctrina de Hobbes relativa al estado y al contrato social marcó el pensamiento del filósofo inglés John Locke.
John Locke (1632-1704). Filósofo inglés, máximo representante de la doctrina del empirismo, mantenía que todos los individuos nacen buenos, independientes e iguales. En sus dos Tratados sobre el gobierno civil (1690) Locke mantenía, que el fin del contrato social es limitar el poder absoluto de la autoridad y, como contrapeso, promover la libertad individual.
Baruch Spinoza (1632-1677). Filósofo y teólogo holandés, considerado como el exponente más completo del panteísmo durante la edad moderna; sostenía que todas las cosas son neutras en el orden moral desde el punto de vista de la eternidad. Sólo las necesidades e intereses humanos determinan lo que se considera bueno o malo, el bien y el mal. Todo lo que contribuye al conocimiento de la naturaleza del ser humano o se halla en consonancia con la razón humana está prefigurado como bueno. El estado humano más elevado, según Spinoza, es el "amor intelectual de Dios".
Jean-Jacques Rousseau. (1712-1778). Filósofo y novelista francés, aceptó la teoría de Hobbes de una sociedad regida por las cláusulas de un contrato social. Sin embargo, atribuía el mal ético a las inadaptaciones sociales y mantuvo que los humanos eran buenos por naturaleza.
Isaac Newton. (1642-1727). Filósofo científico inglés; las leyes de Newton se consideraron como prueba de un orden divino racional. La opinión contemporánea al respecto fue expresada por el poeta inglés Alexander Pope en el verso "Dios dijo: ¡dejad en paz a Newton!, y se hizo la luz". Los hallazgos e hipótesis de Newton provocaron que los filósofos tuvieran confianza en un modelo ético tan racional y ordenado como se suponía que era la naturaleza.
Immanuel Kant (1724-1804). Filósofo alemán, considerado el pensador más influyente de la era moderna, refería que no importa con cuánta inteligencia actúe el individuo, los resultados de las acciones humanas están sujetos a accidentes y circunstancias; por lo tanto, la moralidad de un acto no tiene que ser juzgada por sus consecuencias sino sólo por su motivación ética. Sólo en la intención radica lo bueno, ya que es la que hace que una persona obre, no a partir de la inclinación, sino desde la obligación, que está basada en un principio general que es el bien en sí mismo. Como principio moral último, Kant planteó en una forma lógica: "Obra como si la máxima de tu acción pudiera ser erigida, por tu voluntad, en ley universal de la naturaleza". Esta regla es denominada imperativo categórico, porque es general y a la vez encierra un mandato. Kant insistió en que uno ha de tratar a los demás como si fueran "en cada caso un fin, y nunca sólo un medio".
Jeremy Bentham 1748-1832). Filósofo, economista y jurista británico, creador de la doctrina del utilitarismo; mantenía que era posible comprobar de modo científico lo que era justificable en el plano moral aplicando el principio de utilidad. Así, las acciones eran buenas si tendían a procurar la mayor felicidad para el mayor número de personas. La felicidad era equivalente al placer. Mediante una especie de cálculo matemático-moral de los placeres y las penas, se podría llegar a decir qué era una acción buena o mala. Si todos los placeres y las penas estuvieran en el mismo orden, entonces sería posible una evaluación utilitarista de las actividades morales, políticas y legales. Bentham afirmó también que si los valores se basaban en los placeres y las penas, entonces las teorías de los derechos naturales y de la ley natural no eran válidas. Explicó el principio de utilidad como el medio para contribuir al aumento de la felicidad de la comunidad.
Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831). Filósofo alemán, aceptó el imperativo categórico de Kant, pero lo enmarcó en una teoría universal evolutiva donde toda la historia está contemplada como una serie de etapas encaminadas a la manifestación de una realidad fundamental que es tanto espiritual como racional. La moral, según Hegel, no es el resultado de un contrato social, sino un crecimiento natural que surge en la familia y culmina, en un plano histórico y político. "La historia del mundo, escribió, es disciplinar la voluntad natural incontrolada, llevarla a la obediencia de un principio universal y facilitar una libertad subjetiva".
Søren Kierkegaard (1813-1855). Filósofo y teólogo danés reaccionó en contra del modelo de Hegel; manifestando su mayor preocupación ética, el problema de la elección. Creía que modelos filosóficos como el de Hegel ocultan este problema crucial al presentarlo como un asunto objetivo con una solución universal, en vez de un asunto subjetivo al que cada persona tiene que enfrentarse de manera individual. Su énfasis en la necesidad de la elección tuvo influencia en algunos filósofos relacionados con el movimiento conocido como existencialismo, tanto como con algunos filósofos críticos, cristianos y judíos
John Stuart Mill (1806-1873). Filósofo y economista británico; figura puente entre la inquietud del siglo XVIII por la libertad, la razón y la exaltación del ideal científico y la tendencia del XIX hacia el empirismo y el colectivismo. En obras como Utilitarismo defendía que el conocimiento descansa sobre la experiencia humana y el papel de la razón humana. Estudió las doctrinas socialistas premarxistas y luchó de forma muy activa por mejorar las condiciones de los trabajadores. En el Parlamento, Mill fue considerado un radical al defender medidas como la propiedad pública de los recursos naturales, la igualdad de las mujeres, la educación obligatoria y el control de natalidad. Su defensa del sufragio femenino en los debates sobre el Programa de Reformas de 1867 llevó a la formación del movimiento sufragista.
Charles Robert Darwin (1809-1882). Científico británico que sentó las bases de la moderna teoría evolutiva, planteó que todas las formas de vida se han desarrollado a través de un lento proceso de selección natural. El desarrollo científico que más afectó a la ética después de Newton fue la teoría de la evolución presentada por Darwin. Los hallazgos de Darwin facilitaron soporte documental al modelo, denominado ética evolutiva.
Herbert Spencer (1820-1903). Filosofo inglés, considerado el padre de la filosofía evolucionista, se destacó por sus investigaciones sobre el cambio social desde la perspectiva evolucionista. Según Spencer la moral es sólo el resultado de algunos hábitos adquiridos por la humanidad a lo largo de la evolución.
Friedrich Nietzsche (1844-1900). Filósofo, poeta y filólogo alemán. Según Nietzsche, la llamada conducta moral es necesaria tan sólo para el débil. La conducta moral —en particular la defendida por el judeocristianismo es una doctrina esclava— tiende a permitir que el débil impida la autorrealización del fuerte. Toda acción tendría que estar orientada al desarrollo del individuo superior, su famoso Übermensch ("superhombre"), que será capaz de realizar y cumplir las más nobles posibilidades de la existencia. Nietzsche encontró que este ser ideal quedaba ejemplificado en los filósofos griegos clásicos anteriores a Platón y en jefes militares como Julio César y Napoleón.
William James (1842-1910). Filósofo y psicólogo estadounidense, desarrolló la filosofía del pragmatismo. Sostenía que el significado de las ideas sólo se puede encontrar en los términos de sus consecuencias. Si no hay efectos, es que esas ideas no tienen sentido. Según James, la verdad viene dada por lo que funciona; se decide lo que funciona mediante la comprobación de las proposiciones en la experiencia. Al hacerlo, se descubre que algunas proposiciones son ciertas. Aseguraba que "la verdad es algo que le ocurre a una idea" en el transcurso de su verificación, es decir, no es una propiedad estática. Sostenía que "la verdad no es más que lo oportuno en nuestra forma de pensar, igual que lo justo es lo oportuno en nuestra forma de actuar".
Iván Petróvich Pávlov (1849-1936). Fisiólogo y premio Nóbel ruso, conocido por sus estudios sobre el comportamiento reflejo de gran influencia sobre el conductismo.
Sigmund Freud (1856-1939). Médico y neurólogo austriaco, fundador del psicoanálisis.
Tras el comienzo de la I Guerra Mundial, Freud abandonó casi la observación clínica y se concentró en la aplicación de sus teorías a la interpretación psicoanalítica de fenómenos sociales, como la religión, la mitología, el arte, la literatura, el orden social o la propia guerra.
Bertrand Russell (1872-1970). Filósofo británico; fue crítico con la moral convencional, reivindicando la idea de que los juicios morales expresan deseos individuales o hábitos aceptados. En su pensamiento, tanto el sabio independiente como el santo ascético son pobres modelos humanos, porque ambos son individuos incompletos. Los seres humanos completos participan, en plenitud, de la vida en sociedad y expresan todo lo que concierne a su naturaleza. Algunos impulsos tienen que ser reprimidos en interés de la sociedad y otros en interés del desarrollo del individuo, pero el crecimiento natural ininterrumpido y la autorrealización de una persona son los factores que convierten una existencia en buena y una sociedad en una convivencia armoniosa.
Miguel de Unamuno (1864-1936). Filósofo y escritor español, considerado como uno de los pensadores españoles más destacados de la época moderna. Su filosofía, no era sistemática, sino más bien una negación de cualquier sistema y una afirmación de "fe en la fe misma". Formado en el racionalismo y en el positivismo, durante su juventud, simpatizó con el socialismo, mostraba su preocupación por la situación de España.
José Ortega y Gasset (1883-1955). Filósofo español, famoso por su crítica humanista de la civilización contemporánea; pensaba que la realidad se ofrece a los individuos en una gran variedad de perspectivas singulares; cada una de ellas es una forma de realidad y, al mismo tiempo, forma una posibilidad de conocimiento de lo real. Es decir, una perspectiva supone siempre la combinación de un nivel ontológico y epistemológico y la realidad equivaldría a la suma de las perspectivas posibles en que se presenta y según las que puede analizarse. La perspectiva elimina la posibilidad de acceso inmediato a una realidad inmutable, lo que se encuentra muy unido al concepto de "circunstancia", que Ortega hizo famoso en su expresión: "Yo soy yo y mi circunstancia".
Desarrolló el "raciovitalismo"; para Ortega, la vida es la verdadera realidad radical, de la que surge cualquier problema que pueda ser relevante y cualquier sistema filosófico posible y ella tiene en sí misma su propia finalidad, y no hay realidad alguna que pueda trascenderla.
La razón vital es una razón que se sustenta constantemente en la vida de la que ha surgido. Es decir, la vida, como realidad dinámica, que siempre está en proceso de elaboración, es una incesante fuente de problemas y cuestiones relevantes y obliga siempre, a quien la vive, a "saber a qué atenerse", a orientarse continuamente en sus decisiones. Esta orientación exige una razón que acompañe a la vida y que encuentre en ella su fundamento. Es decir, una "razón vital".
Martin Heidegger (1889-1976). Filósofo alemán mantenía que los seres humanos, se hallan solos en el Universo y tienen que adoptar y asumir sus decisiones éticas en la conciencia constante de la muerte. Fundador de la fenomenología existencial, considerada uno de los escritos más significativos del existencialismo, se preocupó por la que definía como cuestión filosófica (y humana) esencial: qué es ser. Esto le llevaba a formularse la pregunta de qué clase de ser (Sein) tienen los seres humanos. Éstos, decía, son arrojados a un mundo que no han creado pero que consiste en asuntos útiles en potencia, incluyendo tanto la cultura como los objetos naturales. El ser y el tiempo plantea el problema del sentido del ser en su relación con el tiempo.
Jean-Paul Sartre (1905-1980). Filósofo y periodista francés, uno de los principales representantes del existencialismo, concebía a los humanos como seres que crean su propio mundo al rebelarse contra la autoridad y aceptar la responsabilidad personal de sus acciones, sin el respaldo ni el auxilio de la sociedad, la moral tradicional o la fe religiosa. Al distinguir entre la existencia humana y el mundo no humano, mantenía que la existencia de los hombres se caracteriza por la nada, es decir, por la capacidad para negar y rebelarse. Su teoría del psicoanálisis existencial afirmaba la ineludible responsabilidad de todos los individuos al adoptar sus propias decisiones y hacía del reconocimiento de una absoluta libertad de elección la condición necesaria de la auténtica existencia humana. La libertad y la aceptación de la responsabilidad personal son los valores principales de la vida y los individuos deben confiar en su poder creativo más que en la autoridad social o religiosa.
Confucianismo
También llamado Confucionismo, se desarrolló a partir de las enseñanzas de Confucio, tenía que ver con los principios de la práctica del bien, la sabiduría empírica y las propias relaciones sociales. El confucianismo ha influido en la actitud china ante la existencia, fijando los modelos de vida y pautas de valor social, y proporcionando la base de las teorías políticas e instituciones chinas.
La clave de la ética confuciana es jen, traducido como "intuición humana", "amor", "bondad" y "humanidad". Jen es una virtud suprema que representa las mejores cualidades humanas. En las relaciones humanas, jen se manifiesta en chung, o la fidelidad a uno mismo y a los demás, y shu, o altruismo. Expresado en la regla de oro del confucianismo: "No hagas a los otros lo que no quieras que te hagan a ti mismo". Otros valores virtuosos importantes del confucianismo son la honradez, la decencia, la integridad y la devoción filial. Quien posea todas estas virtudes será un chün-tzu (caballero perfecto). En el plano político, Confucio defendía un gobierno paternalista en el que el soberano fuera benévolo y honorable y los súbditos respetuosos y obedientes. El estadista debe cultivar la perfección moral para dar buen ejemplo a la gente. En educación Confucio apoyó la teoría, resumida en el principio: "en educación, no hay diferencia de clases".
Sofistas
Nombre aplicado por los antiguos griegos a los hombres eruditos, como los Siete Sabios de Grecia (Bías de Priene, Quilón de Esparta, Cleóbulo de Lindos, Periandro de Corinto, Pítaco de Mitilene, Solón de Atenas y Tales de Mileto); que vivieron entre los siglos VII y VI a.C. Eran también llamados sofistas, los maestros itinerantes que proporcionaban instrucción en diversas ramas del conocimiento a cambio de honorarios; además las personas que compartían puntos de vista filosóficos mucho más amplios que los de una escuela. Los sofistas gozaron de popularidad en Atenas; sin embargo, su escepticismo de la verdad absoluta y la moral suscitó fuertes críticas. Sócrates, Platón y Aristóteles pusieron en tela de juicio los fundamentos filosóficos de las enseñanzas de los sofistas. Platón y Aristóteles les censuraron por aceptar dinero. Más tarde, fueron acusados por el Estado de carecer de moral. Como consecuencia, la palabra sofista adquirió un significado despectivo, al igual que el moderno término sofisma, que puede ser definido como astuto y engañoso o como argumentación o razonamiento falsos. Los sofistas concluyeron afirmando que la verdad y la moral eran en esencia materias opinables.
Cínicos.
Proponían un retorno a la vida natural, que equiparaban a una existencia simple, y afirmaban que la felicidad completa sólo puede lograrse a través de la auto-suficiencia, ya que la independencia es el verdadero bien y no las riquezas o la lujuria. Diógenes de Sínope fue el fundador de la escuela, aunque también se asigna esa función a Antístenes, discípulo de Sócrates. Según Aristóteles, Diógenes era una figura popular, apodada Kyon, que en griego quiere decir 'perro'. La palabra cínico podría derivar de Kyon y aplicarse a los miembros de esta escuela por su peculiar modo de vivir.
Puede deducirse que los cínicos eran ascetas que consideraban la vida de abstinencia como una auténtica liberación. Proponían la no satisfacción de los apetitos naturales, como tampoco la de los artificiales. Afirmaban que la esencia de la virtud, el bien único, es el autocontrol. Los cínicos despreciaban el placer, que consideraban el mal si era aceptado como una guía de conducta. Juzgaban todo orgullo como un vicio, incluyendo el orgullo en la apariencia, o limpieza. Se cuenta que Sócrates dijo a Antístenes: "Puedo ver tu orgullo a través de los agujeros de tu capa".
La escuela, tuvo influencias sobre Zenón de Citio, fundador del estoicismo. La diferencia básica de actitud entre las dos escuelas es que los cínicos miraban con desprecio el mundo exterior, material, mientras que los estoicos lo contemplaban con indiferencia. Aunque los cínicos no constituyeron una escuela filosófica importante, atrajeron la atención por sus excentricidades y por su impudicia.
Hedonismo.
El hedonista tiene que decidir entre los placeres más duraderos y los placeres más intensos, si los placeres actuales tienen que ser negados en nombre de un bienestar global y si los placeres mentales son preferibles a los placeres físicos. El Hedonismo es la filosofía que enseña que el bien más elevado es el placer. Se trata de una filosofía en que el logro más elevado es el poder y como cada triunfo tiende a elevar el nivel de la competición, el final lógico de una filosofía semejante es un poder ilimitado o absoluto. Los Hedonistas que buscan el poder pueden no aceptar las reglas éticas marcadas por la costumbre e intentar convencer a los demás de que son morales en el sentido del término; enmascarando sus deseos de alcanzar poder y tener la recompensa habitual de la moralidad.
Epicureismo.
La doctrina más conocida del epicureismo es que el placer constituye el bien supremo y la meta más importante de la vida. Se prefieren los placeres intelectuales a los sensuales, que tienden a perturbar la paz del espíritu. La verdadera felicidad, según enseñó Epicuro, consiste en la serenidad que resulta del dominio del miedo, es decir, de los dioses, de la muerte y de la vida futura. El fin último es eliminar esos temores.
Las virtudes cardinales del sistema de ética epicúreo son la justicia, la honestidad y la prudencia, o el equilibrio entre el placer y el sufrimiento. Epicuro prefería la amistad al amor, por ser aquella menos intranquilizadora. Su hedonismo personal mostró que sólo a través del dominio de sí mismo, la moderación y el desapego puede uno alcanzar el tipo de tranquilidad que constituye la felicidad verdadera. Epicuro creía en la libertad de la voluntad.
Las enseñanzas de Epicuro fueron establecidas con tanta firmeza y veneradas de tal modo por sus seguidores, que sus doctrinas, a diferencia de las del estoicismo, su principal rival filosófico, permanecieron intactas como una tradición viva. El epicureismo cayó en descrédito debido a la confusión entre sus principios y los del hedonismo sensual proclamado con anterioridad por los cirenaicos.
Estoicismo.
La filosofía estoica se desarrolló a partir de la de los cínicos, cuyo fundador griego, Antístenes, fue discípulo de Sócrates. El estoicismo fue la filosofía más influyente en el Imperio romano durante el periodo anterior al ascenso del cristianismo. Los estoicos, como los epicúreos, ponían el énfasis en la ética considerada como el principal ámbito de conocimiento, pero también desarrollaron teorías de lógica y física para respaldar sus doctrinas éticas. Su contribución más importante a la lógica consistió en acuñar el silogismo hipotético como un método de análisis. Sostenían que toda realidad es material, pero que la materia misma, que es pasiva, se distingue del principio activo o animado, logos, que concebían tanto como la razón divina y también como un tipo sutil de entidad material, un soplo o fuego que todo lo impregna. De acuerdo con los estoicos el alma humana es una manifestación del logos. Mantenían que vivir de acuerdo con la naturaleza o la razón es vivir conforme al orden divino del universo. La importancia de esta visión se aprecia en la parte que el estoicismo desempeñó en el desarrollo de una teoría de ley natural, que influyó poderosamente en la jurisprudencia romana.
La base de la ética estoica es el principio, proclamado antes por los cínicos, de que el bien no está en los objetos externos, sino en la condición del alma en sí misma, en la sabiduría y dominio mediante los que una persona se libera de las pasiones y deseos que perturban la vida corriente. Las cuatro virtudes cardinales de la filosofía estoica son la sabiduría, el valor, la justicia y la templanza, una clasificación derivada de las enseñanzas de Platón.
Un rasgo distintivo del estoicismo es su vocación cosmopolita. Todas las personas son manifestaciones de un espíritu universal y deben, según los estoicos, vivir en amor fraternal y ayudarse unos a otros. Mantenían que diferencias externas, como la clase y la riqueza, no tienen ninguna importancia en las relaciones sociales. Así, antes del cristianismo, los estoicos reconocían y preconizaban la fraternidad de la humanidad y la igualdad natural de todos los seres humanos.
Cristianismo.
El cristianismo marcó una revolución en la ética, al introducir una concepción religiosa de lo bueno. Según la idea cristiana una persona es dependiente de Dios y no puede alcanzar la bondad por medio de la voluntad o de la inteligencia, sino sólo con la ayuda de la gracia de Dios. La primera idea ética cristiana descansa en la regla de oro: "Lo que quieras que los hombres te hagan a ti, házselo a ellos" (Mt. 7,12); en el mandato de amar al prójimo como a uno mismo (Lev. 19,18) y en las palabras de Jesús: "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" (Mt. 22,21). Jesús creía que el principal significado de la ley judía descansa en el mandamiento "amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo" (Lc. 10,27).
Uno de los puntos fuertes de la ética cristiana fue la oposición al maniqueísmo, religión de origen persa que mantenía que el bien y el mal (la luz y la sombra) eran fuerzas opuestas que luchaban por el dominio absoluto. El maniqueísmo tuvo mucha aceptación en los siglos III y IV d.C. San Agustín, considerado el fundador de la teología cristiana, fue maniqueo, pero abandonó este credo después de recibir la influencia del pensamiento de Platón. La creencia maniqueísta en el diablo persistió, en san Agustín, como se puede ver en la convicción de la maldad intrínseca de la naturaleza humana.
Compatible a la Iglesia medieval, se desarrolló un modelo de ética que aportaba el castigo para el pecado y la recompensa de la inmortalidad para premiar la virtud. Las virtudes más importantes eran la humildad, la continencia, la benevolencia y la obediencia; la espiritualidad, o la bondad de espíritu, indispensables para la moral.
La influencia de las creencias y prácticas éticas cristianas disminuyeron durante el renacimiento. Según Martín Lutero, la bondad de espíritu es la esencia de la piedad cristiana. Al cristiano se le exige una conducta moral o la realización de actos buenos, pero la justificación, o la salvación, viene sólo por la fe.
El teólogo francés reformista Juan Calvino aceptó la doctrina teológica de que la salvación se obtiene sólo por la fe y mantuvo también la doctrina agustina del pecado original. Durante la Reforma la responsabilidad individual se consideró más importante que la obediencia a la autoridad o a la tradición. Este cambio, de una forma indirecta provocó el desarrollo de la ética secular moderna.
Psicoanálisis.
El término se refiere también a la estructuración sistemática de la teoría psicoanalítica, basada en la relación entre los procesos mentales conscientes e inconscientes.
Las doctrinas conductistas basadas en los descubrimientos sobre estímulo-respuesta del fisiólogo Pávlov influyeron sobre Freud que atribuyó el problema del bien y del mal en cada individuo a la lucha entre el impulso del yo instintivo para satisfacer todos sus deseos y la necesidad del yo social de controlar o reprimir la mayoría de esos impulsos con el fin de que el individuo actúe dentro de la sociedad. A pesar de que la influencia de Freud no ha sido asimilada por completo en el conjunto del pensamiento ético, la psicología freudiana ha mostrado que la culpa, respondiendo a motivaciones de naturaleza sexual, subyace en el pensamiento clásico que dilucida sobre el bien y el mal.
Conductismo.
Corriente de la psicología que defiende el empleo de procedimientos estrictamente experimentales para estudiar el comportamiento observable (la conducta), considerando el entorno como un conjunto de estímulos-respuesta. En la década de 1920 el conductismo fue aceptado en Estados Unidos, en especial en teorías de pediatras, aprendizaje infantil y educación en general. Tuvo su mayor influencia, sin embargo, en el pensamiento de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Allí, el llamado nuevo ciudadano soviético fue instruido de acuerdo con los principios conductistas a través del condicionante poder de la sociedad soviética. La ética soviética definía lo bueno como todo aquello beneficioso para el Estado y lo malo como aquello que se le oponía o lo cuestionaba.
El conductismo actual ha influido en la psicología de tres maneras: ha reemplazado la concepción mecánica de la relación estímulo-respuesta por otra que hace hincapié en el significado de las condiciones estimulares para el individuo; ha introducido el empleo del método experimental para el estudio de los casos individuales, y ha demostrado que los conceptos y los principios conductistas son útiles para ayudar a resolver problemas prácticos en diversas áreas de la psicología aplicada.
Marxismo.
El Marxismo es una doctrina y teoría económica, política y social, indisolublemente unida al socialismo y el comunismo, basada en la obra de Karl Marx y sus seguidores. Como teoría establece una clave de análisis a partir del modo de producción, que permite comprender la estructura social y su dinámica como un todo, lo que se expresa en el concepto de formación económico-social. Al mismo tiempo, Marx se aleja del rumbo especulativo y contemplativo del pensamiento de su época y el anterior a ella, y propone la nueva teoría como una filosofía de la praxis, que debía encarnar en los sujetos del cambio social -principalmente la clase obrera- y convertirse en fundamento de un proyecto de transformación de la sociedad y de la emancipación de ésta.
Marx y Engels construyen una crítica científica del capitalismo, basada en el estudio de su sistema económico y de las contradicciones que este engendra. Esto explica la aparente ausencia de una ética en la obra de ambos fundadores de la teoría del socialismo moderno. Sin embargo, a pesar de la ausencia de obras dirigidas específicamente al tema de la moral, en sus argumentaciones hay un legado ético. La condena marxista al capitalismo es una condena moral (Canals, 2002).
Sobre este debatido tema de la exclusión por Marx de un razonamiento ético en su crítica del capitalismo, Arjánsguelski (1981) destaca: "Lenin dijo que "en el propio marxismo no hay, del comienzo al fin, ni un ápice de ética"... esto se debió a que el marxismo rechazó terminantemente el punto de vista moralizador abstracto de la historia social y de la moral en sí, característico del socialismo utópico que precediera al marxismo".
Ninguna época histórica reemplaza totalmente el sistema de valores heredado. Interactúa con ellos, les aplica su impronta, modifica contenidos, pero a la vez conserva lo que hay en ellos de permanente.
La ética es el campo del conocimiento o la ciencia que se ocupa del estudio de la moral; como rama de la filosofía, está considerada una ciencia normativa de la conducta.
En la historia intelectual de Cuba, es sobresaliente la influencia derivada del arraigo en la formación de la nacionalidad de una ética del deber vinculada a los valores cristianos, al sentido de la justicia, al sacrificio del individuo en aras de los intereses sociales y al ideal de progreso de la nación por medio de la educación, la cultura, la ciencia y el pleno ejercicio de la libertad natural al ser humano (Vitier, 1990). Destaca además la importancia que ha tenido en la historia de Cuba la continuidad de una tradición ética marcada por el ejemplo de José Martí,: ". no nos referimos a ningún fenómeno aislado, exclusivo y en ningún sentido excepcional, sino a la manera como los problemas morales del hombre se han presentado y afrontado, de hecho, en la historia intelectual y política de Cuba. Nuestro punto de partida es siempre lo autóctono como fundamento de la universalidad" (Vitier, 1990)
Ese pensamiento ético, que se personifica inicialmente en Félix Varela, se asocia desde sus orígenes a la liberación de la Isla, a la defensa de su peculiar singularidad, de su derecho a constituirse como nación, y al rechazo de cualquier forma de anexión o absorción cultural (García Luis, 2004).
Desde el siglo XVIII, las figuras de José Agustín Caballero, Félix Varela, José A. Saco, José María Heredia, José de la Luz y Caballero y otras destacadas personalidades, marcan la emancipación vinculada profundamente con el desarrollo del pensamiento político y social, la pedagogía, la cultura artística y literaria y el ejercicio de la comunicación, vehículos de la ilustración y afirmación de la nacionalidad cubana. Con respecto a Varela, uno de sus trabajos más significativos, Máximas morales y sociales, que escribió junto con Justo Vélez, demuestra su intención de influir de forma directa en la vida social del país. Esta obra puede considerarse como la primera formulación de una moral práctica en la sociedad cubana. Por otro lado, una de las obras más importantes de la producción vareliana, Cartas a Elpidio, escritas en su destierro en Estados Unidos, tuvo como objetivo fundamental el desarrollo moral y patriótico de la juventud cubana (Amaro Cano, 2008). Son estas cartas de un valor patriótico muy alto y además el reflejo de una tradición filosófica universal, escritas por el cubano que vivió como otros patriotas unos de los periodos más difíciles y crueles de la historia cubana. Varela en las cartas a Elpidio se proyecta como el primer pensador que marca el pensamiento ético cubano. La ética de la liberación es central, a lo largo de la historia; los esfuerzos del pueblo cubano por la soberanía nacional y la justicia social. Esa tendencia recorre como un eje toda la trayectoria de la nación cubana (Chávez, 2001).
Hay una continuidad fundamental entre el pensamiento ético de la liberación, forjado en la etapa de las guerras por la independencia del siglo XIX, y representado por figuras como Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, Antonio Maceo y Máximo Gómez, con su cumbre en José Martí, y los esfuerzos populares y patrióticos del siglo XX, que entran en su etapa decisiva con el 26 de Julio de 1953 y el arduo y prolongado proceso que conduce al triunfo de la Revolución, al avance hacia el socialismo, y a la etapa de más de cuatro décadas de enfrentamiento a las políticas hostiles de Estados Unidos (Castro, Fidel, 1973)
La tradición moral de la nación, no se agota en la historia de los grandes pensadores; hay otra historia moral, que es la construcción del mundo espiritual desde abajo, en las relaciones cotidianas, desde la visión de las distintas capas del pueblo. Existe un lenguaje popular que tiene su más alta expresión en la solidaridad entre cubanos. En igual sentido Ramón, Fernando, René, Gerardo y Antonio son exponentes contemporáneos de esa continuidad ética donde los valores universales expresan la moral de un pueblo que lucha por la independencia y la igualdad ciudadana.
La moral pública se refiere a los valores, principios y normas morales aceptados o en disputa en la vida política, socioeconómica y cultural de la sociedad. La moral privada está asociada a las relaciones familiares, sexuales y personales en sentido general. Es interesante hacer notar que, por lo común, el primer grupo acompaña de manera más dinámica a los cambios que se producen en la estructura, organización y funcionamiento de la sociedad, mientras que la moral privada tiene una mayor independencia relativa respecto a estos cambios, aunque está sujeta también a transformaciones. No se debe olvidar que la moral tiene un carácter social: Los individuos se sujetan a principios, normas y valores establecidos socialmente. Regula los actos y relaciones que tienen consecuencias para otros y requieren necesariamente la sanción de los demás. Cumple la función social de que los individuos acepten libre y conscientemente determinados principios, valores e intereses.
Por otro lado, no todos los actos humanos poseen necesariamente un sentido moral y muchos dependen de las circunstancias. Hay numerosas formas de conducta cotidiana que resultan moralmente indiferentes. Por ejemplo, no tiene por qué implicar un criterio moral vestirse de una forma o de otra, que guste un tipo de música un deporte o un pasatiempo determinado. Embriagarse en un hotel o en una fiesta de carnaval son formas de conducta moralmente indiferentes; hacerlo en el trabajo o la escuela tiene un sentido moral. Las llamadas palabras obscenas pueden tener un sentido moral si son expresadas en la cotidianidad de un piropo a una mujer o pueden por el contrario tener otro completamente distinto cuando se expresa en el fragor de una batalla en defensa de una causa justa.
Cuando las mujeres se vestían con los colores de la bandera cubana, en la lucha contra España; o contra la dictadura de Batista o cuando utilizaban los colores rojo y el negro en sus ropas, estaban expresando el apoyo a la independencia y al 26 de Julio, respectivamente. De esta manera imprimían un mensaje moral a la forma de vestirse.
El juicio moral está firmemente ligado a los problemas de la responsabilidad, la libertad y la posibilidad. Un acto humano adquiere connotación moral sólo cuando el sujeto ha podido elegir entre dos o más alternativas, y ha contado con las condiciones y posibilidades para decidir de qué lado está la mayor suma de bien, verdad, justicia o dignidad.
Esto significa, que aunque el acto moral sea en última instancia individual, sus referentes de valoración se remiten siempre a medidas establecidas a escala social, comunitaria, grupal o familiar. A esos niveles, la conciencia moral se ha integrado históricamente en torno a un cuerpo de valores, principios y normas que sintetiza las condiciones de vida, relaciones de convivencia y formas de dominación. Los patrones morales de las clases hegemónicas se imponen como regla a toda la sociedad. Una parte importante de esos elementos existe en forma de hábitos, de costumbres, como parte implícita de la cultura de la sociedad.
La moral no necesita para maniobrar, del aparato coercitivo del Estado, de los tribunales y las cárceles, sino de la sanción de la opinión pública, del juicio aprobatorio o desaprobatorio que la familia, el vecindario, el colectivo laboral, la comunidad o la sociedad en general se puedan formar sobre nuestras acciones.
Las distintas posiciones filosóficas se han reflejado en el debate acerca de la naturaleza y el contenido de los valores. En la visión que se tenga al respecto influye notablemente la posición de partida acerca de cuáles son las fuentes del juicio moral. El utilitarismo y el pragmatismo, concordantes con el enfoque filosófico positivista, caen en la categoría de los pensadores que opinan que solo es posible guiarse por los resultados de los actos, propios o ajenos. Frente a esta posición está la de aquellos que consideran que existen principios anteriores a nuestros actos, y que podemos guiarnos por ellos para valorarlos y orientar nuestra posición. Existen tres interpretaciones fundamentales:
La del derecho natural: el hombre por esencia y por naturaleza contiene las premisas para un comportamiento correcto, pues Dios lo ha dotado de ellas. Tomás de Aquino.
La ética del deber de Kant: existe a priori una razón universal abstracta que condiciona nuestra conducta al cumplimiento del deber moral.
El contrato social: para vivir en sociedad los hombres han establecido un acuerdo que limita su albedrío y asegura la estabilidad, del cual se derivan las reglas morales acatadas.
Los valores son estructuras objetivas y subjetivas, mediante las cuales la sociedad ha formado históricamente los criterios de orientación en la relación sujeto-objeto, para valorar si un hecho o forma de conducta es buena o mala, útil o perjudicial, deseable o reprobable. El sistema de valores (Fabelo, 2003) articula un entramado social del cual se derivan principios, normas, actitudes, ideales, cualidades, motivaciones, intereses que a su vez se integran y manifiestan de distinta forma en los distintos subsistemas –político, económico, cultural, medioambiental o psicológico-individual- de la sociedad. Son positivos, siempre están orientados a hacer el bien; implicando una creencia de tipo prescriptiva, que trata de orientar la conducta en un sentido determinado. Sirven como marco de referencia para evaluar nuestra conducta y la de los demás. Se derivan principalmente de experiencias significativas, participativas, y no pueden ser inculcados por vía teórica; siendo dinámicos y pueden modificarse en un largo proceso tanto en el plano individual como en el social.
Existe cierta tendencia, a distinto nivel de la realidad y del pensamiento, a crear árbol de valores. Al nivel de abstracción de tipo filosófico, se identifican valores desde la antigüedad como: el amor o solidaridad universal, la justicia, la libertad, la veracidad, el respeto por la naturaleza, la vida humana y la dignidad de la persona.
Como las ramas de un árbol, a otros niveles de la realidad, esos valores se desglosan en otros, más numerosos y específicos, los que sostienen, principios, normas, convicciones, ideales, motivaciones, creencias, actitudes; que los concretan y traducen a las distintas formas y campos de la conducta humana.
De esta forma, un valor moral como la verdad, tiene un contenido en el sentido filosófico, otro más específico para la esfera política: honestidad, transparencia y otro para la comunicación pública: acuciosidad u objetividad. En cada circunstancia podrá regular la conducta del filósofo, el político o el comunicador si estos lo comprenden y lo integran a su personalidad.
En el proceso de articulación entre el sistema de valores y la práctica concreta, social y profesional, de los grupos humanos, un espacio de mediación significativo corresponde a la deontología. Asociado el término en sus orígenes al positivismo inglés y a Jeremy Bentham, quien trató de absolutizar su papel como ciencia de la conducta, la deontología puede ser entendida como una parte especializada de la ética -ética aplicada- que considera y traduce en normas el aspecto moral del hombre en el ejercicio de su profesión.
Lo deontológico tiene importancia cuando se trata como la irradiación e interpretación, para el terreno comunicativo, de lo axiológico a nivel social. Puede tener vigencia si los sujetos de la acción moral de que se trate, han participado en su elaboración y los reconocen conscientemente como suyos.
Lo deontológico nutre y fortalece lo axiológico, al darle asideros concretos con la realidad comunicativa y sus problemas. Los cuerpos deontológicos, dinámicos y cambiantes, permiten el ajuste incesante del sistema de valores a las transformaciones que tienen lugar en el entorno.
Lo deontológico, trátese de códigos o de normas espontáneas y no escritas, permiten a los sistemas de comunicación aprender de la realidad, precisar sus experiencias como parte de un proceso de culturización de tipo ético y profesional.
Lo moral y lo ético se distinguen por tratar de fijar siempre mandatos a la conducta humana, es decir, son medios de regulación de esta. La moral tiene un valor cognoscitivo, un valor afectivo y un valor conductual, ya que proporciona una visión del mundo lo que permite que se interpreten los hechos que ocurren en el entorno; se vincula firmemente con las emociones y sentimientos y trata de orientar de forma práctica el comportamiento, las actitudes y acciones en cualquier área de la vida.
La influencia moral sobre la conducta es un fenómeno complejo, que abarca lo social y lo individual, lo externo y lo interno. Se acostumbra a hablar de la regulación moral como la presión social que se ejerce desde un colectivo, comunidad, grupo o sociedad, y que obliga de cierto modo a la persona a comportarse de determinada forma, teniendo presente "el qué dirán", la aprobación o rechazo que pueda recibir su actuación. Aquí el accionar del sujeto viene determinado principalmente por una fuerza externa, lo que no excluye que él comparta las normas a las cuales se somete y que actúe con un determinado grado de convicción. Por otro lado está la autorregulación moral, que resulta cuando el hombre o la mujer se trazan sus propias normas de comportamiento, a partir de valores y principios internos, y sin obedecer a presiones externas. Es obvio que esta última constituye el ideal de las relaciones entre la conciencia moral y la conducta práctica de los seres humanos.
Existe a escala de toda la sociedad, matizada por los intereses y posiciones de las clases y grupos dominantes, y a escala del individuo, como componente singular y central de la personalidad. La moral es histórica y es concreta, ocupa un lugar nuclear a la superestructura social en su conjunto, desde el cual informa y a la vez se interpenetra con todo el cuerpo económico, político, social y cultural de la sociedad.
Se define la moral como un sistema de normas, principios y valores, de acuerdo con el cual se regulan las relaciones mutuas entre los individuos, o entre ellos y la comunidad, de tal manera que dichas normas, que tienen un carácter histórico y social, se acaten libre y conscientemente, por una convicción íntima, y no de un modo mecánico, exterior o impersonal.( Sánchez 2001),
También se considera como un fenómeno social único y cualitativamente peculiar que se expresa como una forma de apropiación práctico-espiritual del mundo, esfera de la conciencia, la actividad y las relaciones de los hombres, caracterizada por la contraposición entre el bien y el mal e interrelacionada con todas las demás esferas de la vida social (Bombino 2000), Destaca la relación dialéctica entre la moral a nivel social y el papel activo del sujeto. Es la persona, como ser individual, el agente en última instancia de la regulación moral. Por eso, aunque la moral individual está conformada, y de hecho condicionada, por múltiples factores de carácter familiar, existencial, sociopolítico y psicológico, no se puede perder de vista que ella se integra en el sistema completo de la personalidad.
Desde temprana edad, la moral se forma principalmente gracias a las experiencias vitales y la participación activa del niño en su propia vida, y no por la vía de la prédica o la persuasión. La familia, primero, y luego la escuela, los medios de comunicación, el entorno social y sus distintos agentes, van cambiando al niño hasta alcanzar autonomía moral. El individuo es moralmente autónomo cuando es ya capaz de decidir sus propias opciones. Esto no se logra sino en un proceso y de modo gradual, primero en las esferas más inmediatas y sencillas de la existencia, y luego en las más lejanas y complejas. Una persona mentalmente sana se considera sujeto moral cuando es capaz de autorregular por sí misma su conducta.
Christians (2000) destaca que la ética de la comunicación comenzó a dar sus primeros pasos en Estados Unidos en la década de 1890, y se distinguió por su carácter pragmático y por mantener solo una remota conexión con la filosofía moral sistemática. Prevaleció el utilitarismo teleológico proveniente de John Stuart-Mill y la tendencia a expresar la moralidad pública más en constituciones escritas, códigos y agencias regulatorias, que en una ética de valores.
El enfoque positivista en las ciencias, se tradujo, en el periodismo, hacia un concepto de moralidad equivalente al reporte no sesgado de información neutral. La ética utilitarista, impone un criterio extrínseco. El valor de lo bueno se establece no por su contenido, sino por sus consecuencias. Para la prensa, esa visión, se revierte en la exterioridad de la ética, que en lugar de ser considerada como capacidad interna de opción moral, es vista como una garantía del valor neutral de los procedimientos.
La influencia dominante a nivel mundial del modelo de comunicación estadounidense, se asocia también con un modelo regulatorio convencional que hiperboliza los marcos jurídicos, el papel formal de los códigos deontológicos y, sobre todo, la "mano invisible" del mercado. De ahí la filosofía, embustera, que preside el discurso estadounidense en materia de libertad de expresión: "La mejor regulación es ninguna regulación. La mejor política es ninguna política".
La comunicación es uno de esos sistemas de la sociedad, integrado entre otros elementos por los medios de comunicación y las estructuras creadas en las organizaciones políticas y estatales, las entidades de la cultura y las empresas para asegurar el cumplimiento de sus objetivos. El sistema de la comunicación mantiene en toda sociedad una especial relación con el sistema político, pero también con el económico, el jurídico, el educacional y el cultural. Son esos vínculos e interacciones los que regulan la comunicación pública y la hacen ajustarse a las necesidades sociales.
El sistema político, como enseña Antonio Gramsci, (1891-1937), pensador y político italiano y fundador del Partido Comunista de ese país, no descansa únicamente en la violencia o amenaza de la violencia, representada por el Estado. Junto a esta función directa, de la sociedad política, está la función de construcción de consenso, que corresponde a la sociedad civil (T-II, 17).
El sistema de comunicación pública está determinado, en última instancia, por la estructura sociopolítica y económica prevaleciente, pero al mismo tiempo dispone de autonomía e interdependencia en sus relaciones con ella. Está profundamente imbricado a los sistemas económico, cultural, tecnológico y psicológico-individual, al punto de formar parte de ellos e integrar una trama de complejo e intenso intercambio. Estas interrelaciones regulan el sistema de comunicación pública y ajustan su funcionamiento a los intereses globales del entorno socio-político, cultural y económico. A su vez -cuando existe interdependencia-, el sistema de comunicación contribuye a regular el conjunto de los componentes del sistema social.
No hay verdadera formación de valores morales si el discurso, en este caso el discurso comunicativo, ya sea mediático, comunitario o interpersonal, no alcanza la comprensión e incorporación íntima del sujeto y se queda en un plano puramente formal, reproductivo y externo. La formación de valores reclama coherencia con los puntos de referencia esenciales del ser humano: familia, colectivo, comunidad, sociedad. Esto significa para la comunicación que su discurso será tanto más efectivo en la medida que sea coherente con los problemas y situaciones reales prevalecientes en cada uno de esos puntos de referencia, y coherente con el ejemplo de los líderes sociales.
La comunicación social debe contribuir a crear una cultura del ejercicio del criterio, que implique admitir la posibilidad del error, pues el patrón de un hombre perfecto, que no puede equivocarse, abstracto e irreal, puede convertirse paradójicamente en síntoma de crisis moral y valorativa (López Bombino, 2002). La comunicación social, con la adecuada segmentación de los públicos y mediante los métodos de la crítica, el debate, la investigación, la proyección de paradigmas y la participación democrática, puede potenciar no solo las reservas morales del individuo, sino también la poderosa fuerza educativa y moral de los colectivos y comunidades humanas.
Cómo estructurar un mensaje.
Para estructurar un buen mensaje hay que determinar lo que quiere, quién se lo puede dar y cómo conseguirlo. El principio básico al estructurar un mensaje es tener bien definido su objetivo y para lograrlo debe preguntarse: ¿para qué escribo esta carta o artículo?, ¿para qué voy a hablar en esta reunión?, ¿para qué pedí una conversación? Si se quiere plantear un problema que requiere una decisión, asegúrese de que se va a dirigir a la persona que tiene la autoridad necesaria para adoptarla; si quiere sugerirle a una persona un cambio de comportamiento, hable con él, no con otros. Seleccionada la persona idónea para compartir su mensaje, averigüe acerca de dicha persona: profesión, experiencia, antecedentes, intereses, rasgos de carácter, momento en que se encuentra, implicación que su mensaje puede tener para él. El hecho de conocer a su interlocutor, va a permitirle organizar una estrategia correcta en la estructuración de su mensaje. Es necesario saber siempre con quién se está hablando. Cuál es la idea o frase que mejor le puede conducir a su objetivo. Cuál es el concepto básico, la idea motriz de su mensaje. Qué palabras pueden interesar, y crear una actitud positiva en su interlocutor. Qué frases podrían ser inapropiadas, o desviar la atención de lo esencial. Determinado esto, ensaye a decir su mensaje con el menor número de palabras posibles. La brevedad es la clave de un buen mensaje; trate de hacerlo en 30 segundos. No procure decir muchas cosas a la vez, concéntrese en su objetivo, no mezcle objetivos.
Cómo escuchar.
Escuchar es un proceso activo. La base de ese proceso es la atención, la concentración en el otro y no sólo en el mensaje que llega. La información que escuchamos no está solo en las palabras, sino en los gestos, en el tono, en la situación comunicativa. Al escuchar, son evocadas en nuestra mente las representaciones que tenemos acerca de lo escuchado. Las representaciones filtran la nueva información que llega, y la incorporan o la rechazan. Si nuestras representaciones son cerradas, rígidas, reconocerán como familiar un espectro menor de informaciones; si por el contrario, son flexibles, abiertas, incorporarán un espectro mayor de informaciones a su contenido. Por lo tanto, para escuchar, además de tener los oídos y los ojos abiertos, hay que tener la mente abierta.
Pitágoras desarrolló reflexiones morales a partir de la religión griega del orfismo; en la creencia de que la naturaleza intelectual es superior a la naturaleza sensual y que la mejor vida es la que está dedicada a la disciplina mental. Cercano en el tiempo, Confucio afirmaba en China, que los actos externos basados en la bondad, honradez, decoro, sabiduría y fidelidad, encierran el conjunto del deber humano. Por otro lado, Sócrates, fundador de la filosofía moral o axiología, creó la mayéutica, logrando que sus interlocutores descubrieran la verdad a partir de ellos mismos: la virtud es conocimiento; la gente será virtuosa si sabe lo que es la virtud, y el vicio, o el mal, es fruto de la ignorancia. Su discípulo Platón, expresaba que el bien es un elemento esencial de la realidad; el mal no existe en sí mismo, sino como reflejo imperfecto de lo real, que es el bien. La virtud humana descansa en la aptitud de una persona para llevar a cabo su propia función en el mundo. El alma humana está compuesta por tres elementos: El intelecto, la voluntad y la emoción; cada uno de los cuales poseen una virtud definida en la persona buena y juega un papel específico. La virtud del intelecto es la sabiduría, o el conocimiento de los fines de la vida; la de la voluntad es el valor, la capacidad de actuar, y la de las emociones es la templanza, o el autocontrol. Siguiendo el tema, Aristóteles, señalaba que la libertad de elección del individuo hacía imposible un análisis preciso y completo de las cuestiones humanas. La amistad crea el vínculo social, y la más auténtica es la que se funda en la igualdad. Se considera al amigo como otro uno-mismo y es porque nos amamos a nosotros mismos por lo que podemos hacer el bien a nuestro alrededor identificándonos con el prójimo.
Siglos después, Thomas Hobbes, afirmaba que la gente busca seguridad participando en un contrato social en el que el poder original de cada persona se cede a un soberano que, a su vez, regula la conducta. Mientras John Locke, que el fin del contrato social es limitar el poder absoluto de la autoridad y, como contrapeso, promover la libertad individual. Por otro lado Spinoza sostenía que sólo las necesidades e intereses humanos determinan lo que se considera bueno o malo, el bien y el mal. Todo lo que contribuye al conocimiento de la naturaleza del ser humano o se halla en consonancia con la razón humana está prefigurado como bueno.
En la regla o imperativo categórico Kant insistió en que uno ha de tratar a los demás como si fueran "en cada caso un fin, y nunca sólo un medio". Obra como si la máxima de tu acción pudiera ser erigida, por tu voluntad, en ley universal de la naturaleza. En otro sentido Bentham, mantenía que era posible comprobar de modo científico lo que era justificable en el plano moral aplicando el principio de utilidad. Las acciones eran buenas si tendían a procurar la mayor felicidad para el mayor número de personas. La felicidad era equivalente al placer. Friedrich Hegel, aceptó el imperativo categórico de Kant, pero lo enmarcó en una teoría universal evolutiva. La moral, según Hegel, no es el resultado de un contrato social, sino un crecimiento natural que surge en la familia y culmina, en un plano histórico y político. Más adelante William James, desarrolló la filosofía del pragmatismo; sostenía que el significado de las ideas sólo se puede encontrar en los términos de sus consecuencias. Si no hay efectos, es que esas ideas no tienen sentido.
El cristianismo marcó una revolución en la ética, al introducir una concepción religiosa de lo bueno. Según la idea cristiana una persona es dependiente de Dios y no puede alcanzar la bondad por medio de la voluntad o de la inteligencia, sino sólo con la ayuda de la gracia de Dios. Cuando aparece el Marxismo establece una clave de análisis a partir del modo de producción, que permite comprender la estructura social y su dinámica como un todo, lo que se expresa en el concepto de formación económico-social. Se rompen vínculos importantes con las corrientes filosóficas anteriores y con el cristianismo que provocaron, entre otros errores, un rechazo a esta ideología lo cual debilitó al propio Marxismo.
En Cuba, la influencia derivada del arraigo en la formación de la nacionalidad es una ética del deber vinculada a los valores cristianos, al sentido de la justicia, al sacrificio del individuo en aras de los intereses sociales y al ideal de progreso de la nación. Ese pensamiento ético, se asocia desde sus orígenes a la liberación de la Isla, con las figuras precursoras de José Agustín Caballero, Félix Varela, José A. Saco, José María Heredia, José de la Luz y Caballero. Hay una continuidad entre el pensamiento ético de la liberación, forjado en la etapa de las guerras por la independencia del siglo XIX, y representado por Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, Antonio Maceo, Máximo Gómez y José Martí, y los esfuerzos populares y patrióticos del siglo XX, que entran en su etapa decisiva con el 26 de Julio de 1953 y conduce al triunfo de la Revolución en 1959.
Hay otra historia moral, que es la construcción del mundo espiritual desde abajo, en las relaciones cotidianas, desde la visión de las distintas capas del pueblo. Existe un lenguaje popular que tiene su más alta expresión en la solidaridad entre los cubanos hacia Ramón, Fernando, René, Gerardo y Antonio como los exponentes contemporáneos más universales de esa continuidad ética donde los valores universales expresan la moral de un pueblo que lucha por la independencia y la igualdad ciudadana.
La moral pública se refiere a los valores, principios y normas morales aceptados o en disputa en la vida política, socioeconómica y cultural de la sociedad. La moral privada está asociada a las relaciones familiares, sexuales y personales en sentido general.
El juicio moral está firmemente ligado a los problemas de la responsabilidad, la libertad y la posibilidad. Los valores son estructuras objetivas y subjetivas, mediante las cuales la sociedad ha formado históricamente los criterios de orientación en la relación sujeto-objeto, para valorar si un hecho o forma de conducta es buena o mala. En el proceso de articulación entre el sistema de valores y la práctica social y profesional, de los grupos humanos, un espacio de mediación significativo corresponde a la deontología.
El enfoque positivista en las ciencias, se tradujo, en el periodismo, hacia un concepto de moralidad equivalente al reporte no sesgado de información neutral. La ética utilitarista, impone un criterio extrínseco. El valor de lo bueno se establece no por su contenido, sino por sus consecuencias. Para la prensa, esa visión, se revierte en la exterioridad de la ética, que en lugar de ser considerada como capacidad interna de opción moral, es vista como una garantía del valor neutral de los procedimientos.
La comunicación es uno de esos sistemas de la sociedad, integrado entre otros elementos por los medios de comunicación y las estructuras creadas en las organizaciones políticas y estatales, las entidades de la cultura y las empresas para asegurar el cumplimiento de sus objetivos. El sistema de comunicación pública está determinado, en última instancia, por la estructura sociopolítica y económica prevaleciente, pero al mismo tiempo dispone de autonomía e interdependencia en sus relaciones con ella. Está profundamente imbricado a los sistemas económico, cultural, tecnológico y psicológico-individual, al punto de formar parte de ellos e integrar una trama de complejo e intenso intercambio. Estas interrelaciones regulan el sistema de comunicación pública y ajustan su funcionamiento a los intereses globales del entorno socio-político, cultural y económico. Una relación de comunicación es aquélla que implica el uso de canales naturales, humanos, en las fases inicial y final del proceso de envío-recepción. Una ética de la comunicación debe ser una ética del diálogo interhumano, que prescinde del medio o canal artificial empleado; una ética que pone su acento en el contenido de la comunicación, como factor de unión, de reconocimiento del otro, de respeto a su dignidad; una ética centrada en la trascendencia social de la conducta humana. La capacidad de autorregulación es lo que determina la eficacia de cualquier actividad de la comunicación social.
Para estructurar un buen mensaje hay que determinar lo que quiere, quién se lo puede dar y cómo conseguirlo. El principio básico al estructurar un mensaje es tener bien definido su objetivo. Escuchar es un proceso activo; siendo la base de ese proceso la atención, la concentración en el otro y no sólo en el mensaje que llega. La información que escuchamos no está solo en las palabras, sino en los gestos, en el tono, en la situación comunicativa. Para escuchar, además de tener los oídos y los ojos abiertos, hay que tener la mente abierta. Solo con principios éticos acaudalados en lo más excelso de la historia, y la mente abierta, se formarán profesionales competentes que lleven el país y el mundo hacia un lugar de privilegio.
1. Abbagnano, N. Diccionario de Filosofía. La Habana. Edición Revolucionaria. 1973.
2. Acanda, JL. Sociedad civil y hegemonía. La Habana. Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Juan Marinello. 2002.
3. Alonso A M. Teoría de la Comunicación. Apuntes. La Habana. Editorial Pablo de la Torriente. 2001.
4. Amaro CM, .El presbítero Félix Varela Morales en el aniversario 220 de su natalicio Trabajo de autores contemporáneos en el campo de la Bioética. Universidad Virtual de Salud. Cuba UVS 2009
5. Arana EM, Batista TN. "La educación en valores en la formación profesional". Ed. L. López Bombino. Etica y Sociedad. Tomo 2. La Habana. Editorial Félix Varela. 2002. 169 – 184.
6. Arjánsguelski, LM. La ética soviética hoy. Moscú. Editorial Progreso. 1981.
7. Aznar, H. Ética y periodismo. Códigos, estatutos y otros documentos de autorregulación. Barcelona. Paidós Ibérica. 1999.
8. Batista T N. "La racionalidad comunicativa y la formación profesional". Ed. L. López Bombino. Etica y Sociedad. Tomo 1. La Habana. Editorial Félix Varela. 2002. 139 – 151.
9. Biernatzki, WE. "Media Ethics". Communication Research Trends. Vol. 20. No. 1-4. 2000-2001. 6-28.
10. Bourdieu, P. "La cultura está en peligro". Criterios. No. 33. 2002. 296-311.
11. Bourdieu, Pierre. Cosas dichas. Barcelona. Gedisa, colección El Mamífero Parlante. 1993.
12. Bunge M. Etica, ciencia y técnica. Buenos Aires. Editorial Sudamericana. 1996.
13. Bustamante E. Conferencia. Universidad de La Habana, 2003
14. Cardona S A. Formación de valores: teoría, reflexiones y respuestas. México. Grijalbo. 2000.
15. Castro RF. El pensamiento de Fidel Castro. Selección temática. Tomos I y II. La Habana. Editora Política. 1983.
16. Chavez AA. "La ética dialéctico-materialista del marxismo". Ed. J. García. Etica Periodística. Selección de lecturas. La Habana. Editorial Pablo de la Torriente. 2001. 5-10.
17. Chávez AA. "La Etica, algunas claves para su comprensión". Ed. L. López Bombino. Etica y Sociedad. Tomo 1. La Habana. Editorial Félix Varela. 2002. 47 – 66.
18. Chávez AA. "Tesis acerca de la vigencia y retos de la tradición ética en Cuba". Ed. J. García. Etica Periodística. Selección de lecturas. La Habana. Editorial Pablo de la Torriente. 2001. 11-13.
19. Christians, Clifford. "An intellectual history of media ethics". Ed. Pattyn, B. Media Ethics, Opening Social Dialogue. Leuven, (Bélgica). Peeters. 2000. 15 – 46.
20. Cinco Cubanos Prisioneros. En: http://www.antiterroristas.cu/index.php?tpl=./interface.sp/design/home.tpl.html
21. Cruz, Patricia. La práctica de la ética en los medios de comunicación. Academia Mexicana de Derechos Humanos. México. 1997.
22. Díaz CT. "Moral y Sociedad". Ed. L. López Bombino. Etica y Sociedad. Tomo 1. La Habana. Editorial Félix Varela. 2002. 17 – 46.
23. Tealdi JC (Director).Diccionario Latinoamericano de Bioética UNESCO 2008.
24. Dussel, E. Etica de la liberación. En la edad de la globalización y de la exclusión. Madrid. Editorial Trotta. 2000.
25. Fabelo Corzo, José Ramón. Los valores y sus desafíos actuales. La Habana. Editorial José Martí. 2003.
26. García LJ. "Félix Varela: convergencia de la ética de la liberación y la ética de la comunicación". (Inédito). Archivo del autor. 2004.
27. García Sanz, J., Martín Serrano, M., Piñuel Raigada, J.L. Teoría de la Comunicación. Epistemología y análisis de la referencia. La Habana. Editorial Pablo de la Torriente. 2001.
28. Gutiérrez VS. "Las representaciones sociales del campo de la comunicación". Ed. Russi Alzaga, Bernardo. Anuario de investigación de la comunicación. CONEICC X. México. CONEICC. 2003. 105-132.
29. Hernández, RC, Fernández Bulté M, Julio et.al. "¿Cómo se forma un ciudadano?" Temas. No. 35. 2003. 61 – 83.
30. Hernández R (moderador), García X, Gómez N, Sotolongo PL,¿Qué filosofía se enseña? .TEMAS no. 58: 82-93, abril-junio de 2009.
31. Kaplún, M. Una pedagogía de la comunicación. (El comunicador popular). La Habana. Editorial Caminos. 2002.
32. López Bombino, Luis R . "Valores a formar desde nuestra realidad social: una proposición teórica". Ed. L. López Bombino. Etica y Sociedad. Tomo 2. La Habana. Editorial Félix Varela. 2002. 19 – 34.
33. López Bombino, Luis. "Los códigos de ética profesional: ¿enriquecen o empobrecen el trabajo científico? Ed. L. López Bombino. Etica y Sociedad. Tomo 1. La Habana. Editorial Félix Varela. 2002. 99-108.
34. Obenga, Théophile. "La globalización: ¿un rito de pasaje mundial? Punto de vista africano". Criterios. No. 33. 2002. 281-292.
35. "Polícrates." Microsoft® Encarta® 2009 [DVD]. Microsoft Corporation, 2008.
36. Prado Galán, Javier. Etica sin disfraces. Una aproximación a la antropología, la cultura y la ética de nuestro tiempo. México. Universidad Iberoamericana. 2000.
37. Ramonet, Ignacio. "Un delicioso despotismo". Conferencia en el Teatro "Karl Marx". La Habana, 10 de febrero de 2002.
38. Valqui Cachi, Camilo. La filosofía de la praxis en México ante el derrumbe del socialismo soviético. México. Editora Laguna S. A. 2002.
39. Vidal Valdés, José Ramón. Medios y públicos: un laberinto de relaciones y mediaciones. Estudios sobre los efectos y la recepción de los mensajes mediáticos. La Habana. Editorial Pablo de la Torriente. 2002.
40. Vitier, Cintio. Ese sol del mundo moral. Para una historia de la eticidad cubana. La Habana. Ediciones Unión. 1990.
Autor:
Dr. Olimpio Rodríguez Santos
Especialista de l l Grado en Alergología. Prof. Instituto Superior de Ciencias Médicas "Carlos J. Finlay". Prof. Universidad "Ignacio Agramonte". Investigador Instituto Superior de Arte, Camagüey Cuba.
Página anterior | ![]() Volver al principio del trabajo | Página siguiente ![]() |
Trabajos relacionados
Ver mas trabajos de Filosofia |
|
Nota al lector: es posible que esta página no contenga todos los componentes del trabajo original (pies de página, avanzadas formulas matemáticas, esquemas o tablas complejas, etc.). Recuerde que para ver el trabajo en su versión original completa, puede descargarlo desde el menú superior.
Todos los documentos disponibles en este sitio expresan los puntos de vista de sus respectivos autores y no de Monografias.com. El objetivo de Monografias.com es poner el conocimiento a disposición de toda su comunidad. Queda bajo la responsabilidad de cada lector el eventual uso que se le de a esta información. Asimismo, es obligatoria la cita del autor del contenido y de Monografias.com como fuentes de información.
Ingrese el e-mail y contraseña con el que está registrado en Monografias.com
|
|