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Anastassia Espinel Souares
Catedrática de la Universidad de Santander
Escritora e Historiadora.

Afrodita, Venus, Citerea, Cipris, Pontia, Urania, Anadiomene... El mundo la conoce bajo un sin fin de nombres pero su esencia sigue siendo la misma. Nació accidentalmente de los genitales mutilados de su padre Urano, es decir Cielo, que, al caer al mar, se convirtieron en una abundante espuma. Cruzó las aguas en una hermosa concha nacarada que las olas mecían dulcemente y la naturaleza misma se regocijó al verla. Las Nereidas, los Tritones y otras divinidades marinas se apresuraron a contemplarla y el Céfiro, el viento del Oeste, cuyo soplo dulce y poderoso a la vez, vuelve la vida a la naturaleza, con sumo cuidado empujó el frágil carro hacia la isla de Chipre, donde la bella hija de Urano por primera vez tocó la tierra firme. Allí fue recibida por las tres Horas, hijas de Zeus y Temis, quienes la perfumaron, la coronaron con una guirnalda de rosas blancas y le pusieron su famoso ceñidor del que tanto habla Homero y otros poetas, en cuyo anverso aparece al Amor guiado por la Esperanza y el Deseo, acompañadas por el Pudor, por los suspiros, por los juramentos de todos los enamorados del mundo, por las disputas amorosas y las placenteras reconciliaciones pero en el reverso las rencorosas Erinias habían representado la perfidia, los celos, la hipocresía, la traición y otras maldiciones del lado oscuro del amor.
Cuando subió al Olimpo, los dioses más poderosos no pudieron reprimir los clamores de admiración y voluptuosidad mientras las diosas más bellas palidecieron de celos. El mismo Zeus se enamoró perdidamente de ella pero tuvo que renunciar aquella pasión porque la misma Afrodita no quiso recibirlo en su lecho para evitar problemas con Hera, la celosa y soberbia reina del Olimpo. En venganza, el padre de los olímpicos casó a la más bella de las diosas con el cojo y rudo Hefesto, como premio por haberle forjado sus rayos. Pero la soberana del placer y la belleza no pudo amar al tosco dios artesano así que sus infidelidades conyugales fueron muchísimas. Entre sus amantes figuraban el belicoso Ares, el veloz Hermes, el alegre Dionisos y también algunos mortales, Adonis y Anquises, entre otros.
De no ser por ella, todas las rosas del mundo hubieran sido blancas y sin olor ya que fue Afrodita quien, destrozada por la muerte prematura de su amado Adonis, mojó los pétalos de esta flor con la sangre del joven asesinado y los impregnó del aroma de su pasión. Fue la ganadora del primer concurso de belleza conocido en la historia cuando Paris, cegado por su belleza, le entregó la fatídica manzana de oro, destinada "a la más hermosa". Provocó el escándalo más grandioso en el Olimpo, atrapada con manos en la masa por su feo pero ingenioso esposo. Sin embargo, todos terminan por perdonar a aquella criatura frívola y sensual, dulce y despiadada, encantadora y cruel a la vez y ni el más implacable entre los dioses puede resistir frente a sus encantos. Cuando recorre los bosques primaverales, la dulce brisa ondea su cabellera dorada, bandadas de palomas blancas vuelan en su alrededor, feroces leones y panteras corren a su lado frotándose contra sus rodillas de nácar como gatitos cariñosos, las flores abren sus pétalos y el aire se impregna del divino perfume de su piel.
Son dos hermosas mujeres
con sus espadas que sirven de columnas
originaria de la antigua región de Carias
que en el frontispicio de este palacio
de pronunciar sentencias y castigar delitos
acaso son símbolo de esa constante
y perpetua voluntad de dar a cada
quien lo que merece, justicia.
Son célebres las cariátides del pórtico
de Erecteión en la antigua Acrópolis de Atenas.
Ninguna otra divinidad ha inspirado a los poetas y artistas de todas las épocas como ella, la dorada Afrodita. Creo que no exista en el mundo un poeta quien no sea el humilde servidor de la divina hija de Urano, dispuesto a servirle con su pluma y derramar sobre su altar la mirra y el incienso de su talento e imaginación, desde la antigüedad remota hasta la época actual ya que Eros, el hijo predilecto de la diosa, el niño travieso que dispara sus invisibles flechas a diestra y siniestra, dio su propio nombre al erotismo, aquella fuente inagotable de inspiración de todos los poetas del mundo, dando el inicio a la poesía erótica, tan inmortal como su eternamente joven progenitor.
A ti, cuyo trono brilla lleno de colores,
Inmortal Afrodita, hija de Zeus,
Que tejes intrigas,
Yo te imploro:
No tortures con penas ni sinsabores,
¡Oh, soberana!, a mi alma.
En vez de ello, ven hacia mí,
Como cuando me escuchabas
Al oír desde lejos mi voz
Y dejando la dorada casa
De tu padre viniste
Safo de Lesbos
Jugueteaba ella con un ramo de mirto
Y una linda flor de rosal.
Su melena la aureolaba de sombra
Los hombros y la frente.
Arquiloco de Paros
Lloren, Venus y Cupido,
Como cuantos honren la belleza:
Murió el pajarillo
Que deleitaba a mi amiga,
Que era la niña de sus ojos.
Catulo
No sería una exageración afirmar que el poeta Antonio Acevedo Linares, nuestro contemporáneo y coterráneo, es uno de los adoradores más fieles de Afrodita y de su alegre hijo ya que su poesía, tan sencilla, apasionada y vital como la de sus lejanos antecesores arriba mencionados carece, según anota Guillermo Reyes Jurado, "de rima y métrica, toda esa cantidad de gramaticalismos y formaletas en que fueron tan prolíficos los ilustres y amanerados poetas del sonsonete"; no hay en ella nada de amaneramiento, ni del academismo frió, ni del refinamiento rebuscado. Los versos de Antonio vuelan igual de libres y espontáneas que las flechas de Eros.
TIRESIAS
Atenea se bañaba
desnuda y él la vio
y fue castigado
por la ceguera
antiguas leyendas afirman
que fue porque un día
vio a dos serpientes copulando
y al golpearlas se
transformó en una mujer
y aseguro que era
la mujer la que más
disfruta del acto sexual.
La diosa Hera
indignada
lo encegueció
pero Zeus lo hizo maestro
en el arte de la adivinación.
Los tiempos cambian pero el amor, el deseo, la pasión, el placer y el sufrimiento, todas estas imágenes alegóricas grabadas en el indestructible ceñidor de Afrodita siguen siendo las mismas. Los antiguos creían que si un mortal lograba conseguir aunque fuera un solo hilo de esta prenda mágica, esta le trasmitiría la gracia, el encanto, la felicidad en el amor y también, un gran don artístico para cantarlo e inmortalizarlo. Sin duda alguna, el poeta santandereano, tal vez sin estar plenamente consciente de esto, se había apoderado de uno de esos hilos del ceñidor de Afrodita que le ayuda en su obra literaria y la misma soberana del amor y la belleza no deja de sonreírle complacida desde el deslumbrante Olimpo.
* Bucaramanga, Septiembre de 2008.
Hugo Caicedo Borrero
Abogado, Catedrático y Ensayista. Q.E.P.D.

En esta reflexión vital y literaria, de innegable herencia surrealista (Lautréamont, quien entre algunas de sus particularidades telúricas está la de haber sido paisano de Benedetti o de Ángel Rama) y que figura ya en la carnadura blanca y negra de "Arte Erótica ", descansando sobre el flanco izquierdo de su contraportada anterior, el autor (pero realidad existen en los autores ?... " digo, es un decir "...) Antonio Acevedo Linares nos conduce apoyándose en esa huella / vertiente poética de los osados y encendidos maestros franceses de principios de siglo (Bretón, Desnos, Aragón, Eluard, Peret, Soupault, Crevel, entre otros) al deseo de la palabra y a la palabra del deseo.
La poética en todas sus manifestaciones a de cumplir la elevada y profunda estrategia, discursiva y praxistica, de la reivindicación estética, ética y erótica del cuerpo y de la palabra. De todos los cuerpos y de todas las palabras en la objetivación y proyección de su existir. De un existir en libertad " como medio de liberación total del espíritu humano, del ser decidido a pulverizar desesperadamente sus trabas " que se expresa en la polaridad del deseo y la acción; de la potencialidad e intencionalidad de los cuerpos y de las palabras, conjugadas en el sentir, pensar y hacer de esa existencia humana, rebelde y transformadora en su infinita capacidad de crear y crearse así misma. En esta línea de pensamiento y de vivencias reales y concretas, el poeta nos propone en su ejercicio, una rememoración de Whitman y Cervantes.
"En un lugar de tu cuerpo
de cuyo nombre quiero acordarme
.....................................................
Cuando hunda los pómulos en la
almohada y los senos desnudos
entre las sábanas blancas sin flores
y ni el viento ni el sol te roce
en la boca y el pelo..
Para concluir en el espacio epigonal del libro, con la construcción del mundo a partir del poema y del cuerpo liberado:
" Como escribir un poema
que tenga la ternura
de una mujer o el rumor
de un río caudaloso
o el follaje de los árboles
en otoño, sin dejar de escribir
la vida, la historia, el hombre
sea un poema lírico, erótico
social: sencillamente un poema
debe escribirse violento
amoroso, como si se hiciera
el mundo o el amor. "
En las nervaduras que sostienen y nutren el poema se manifiesta inquietante, danzando entre las letras y la angustia el poeta, la interrogación surrealista de que manera cambiar el mundo existente para lograr el lenguaje y la acción que manifiesten la esencia vital del hombre, el conocimiento y la realidad como flechas disparadas, desposeídas de retórica, desnudas, violentas y tiernas con los cuerpos y las palabras, para atrapar la libertad realmente humana. Nos ubicamos en primera instancia, en el caso que nos ocupa hoy, en como el arte, en sus diferentes manifestaciones, puede contribuir, con otras fuerzas desarrolladas por el hombre, a la recuperación proyectiva, creativa, y liberadora de los cuerpos y aún del arte como significación de la vitalidad del ser, individual o colectivamente considerado. Desde su principio genético el cuerpo establece un reto, una batalla con el mundo de su entorno. Con una realidad, siendo él mismo parte de esta, en su configuración natural y social. En su proceso de apropiación de conciencia negativa del yo que distingue entre la aceptación y el rechazo, el cuerpo se proyecta en el mundo y éste en aquel, de manera praxistica, cambiante y continuada. La autonomía del yo que no sólo es el resultado de un desarrollo crítico de la subjetividad, sino además de las condiciones sociales del entorno objetivo, dinámico y concreto, pasa de la relación objetual, gestual a la conciencia de esa relación; al juicio y al discurso. Y así, el sentido y significación del mundo y del cuerpo van tomando conciencia de su proyección multánime y recíproca con ese mundo en el cual emerge y vive. El cuerpo en perenne movimiento inicia su camino con un equipaje de demandas, intencionalidades, agresiones, aceptaciones y rechazos, relaciones, campo de sentidos, de "percepciones -- imaginaciones -- memorias " que con llevan a la construcción de su propia historia antológica y social, (el yo y los otros en relación). Su movimiento, de principio a fin de su realidad, le indica a ser un combatiente incansable por la constante elaboración de espacios, que van saturando de significado, de saltos y sentidos, de reconocimiento, de nacer y renacer en una inacabada lucha por la conciencia de si y del mundo.
Una lucha a nivel del sentir, del conocer, del pensar, del decidir, de amar y del hacer. Vence así el miedo, la culpa, el mito delictivo y punible, como estigma del origen y se autonomíza en el trazo de su camino siempre reiniciado, entre idas y vueltas, del complejo devenir de su existencia. Ahora las sendas se cargan de tensiones, amigas o enemigas, en una circularidad permanente, al decir de Foucault, entre el deseo, el placer y el acto. Sendas preñadas de significados. Sagradas, míticas, ritualizadas, mágicas y asombrosas, utópicas y actuales, próximas y lejanas, profanas y místicas, comprometidas hasta la médula o indiferentes hasta la raíz amorfa de la apatía, crédulas y escépticas, ingenuas o críticas, problemáticas o facilistas, placenteras o dolorosas, reales o ficticias, libertarias o represivas. Multánimes, variadas y contradictorias, a disposición de elección de los cuerpos que transitan la vida y el mundo. La magia, el asombro y la utopía, van dando calidad al espacio terrenal de los cuerpos. Magia del arte y la palabra, de la voz, el sonido y el silencio. Magia de la ciencia y de la técnica; magia del amor y del odio; magia de todo aquello que del misterio emerge, como el poema, al conocimiento, entre loas y elegías, del reiterativo bucear del hombre, del huzmear en todos los rincones de la teoría y de la experiencia. A todos ellos se abre la corporeidad activa y transformadora. Se abre como rosa sangrante en búsqueda sedienta del rocío vivificador y esperanzado, en el interminable discurrir de sentir, pensar y hacer.
El cuerpo atraviesa, como una espina siempre perforante, las regiones y subregiones de la cultura, que el hombre va construyendo en sus diferenciadas y simultáneamente complementarias manifestaciones (hombre faber, hombre lúdico, hombre erótico, etc.) en tiempos y espacios de infinita naturaleza. El tiempo del trabajo y del reposo; el culto y de las fiestas; el placer y del deseo; del amor y la ternura; de la vida y de la muerte; cada uno y los otros, destiempo y contratiempo, van configurando la presencia significativa y real de una corporeidad productiva y proyectiva. De tal manera el hombre cuerpo se hace temporalidad-especialidad-proyectiva. Y aquí opera el rescate auténtico y verdadero del cuerpo por la vía del arte, de la conciencia, de la historia, de la ciencia y de la filosofía, en tanto objetivaciones humanas. El cuerpo se hace así caminante simultáneo del mundo; su cómplice, testimonio de aventuras, venturas y desventuras de su trayectoria histórica. Es súcubo e íncubo alternativamente en esta relación problemática que algunos condenan y otros exaltan, se convierte en poseedor y poseído, articulación y copulación carnal, terrena, cognoscitiva, espiritual y praxistica.
Se ha llegado a nutrir, por acciones de los cuerpos, innumerables espacios y tiempos. Y esta poética de Acevedo Linares está fundamental e íntimamente nutrida los cuerpos; de cuerpos en libertad de sentir, pensar y actuar, en procura de su auténtica realización no sólo como tales cuerpos, sino como expansión y significación del ser antológico-erótico que reside en el subfondo de su filosofía de la vida y de la transformación del mundo. Tiempo y espacios nutridos de emotividades, sensibilidades y conocimientos; de prácticas y experiencias; de ontologías y existencias, individuales y colectivas, que las diversas formas o símbolos de la producción artística, constituyendo la poética una de las más profundas y representativas, han de retomar para expresar signicamente el quehacer de los cuerpos proyectados en el mundo en las variadas dimensiones de la actividad humana (estética, filosófica, política, social, erótica, etc.).
Entran en juego, placentero o doloroso de los cuerpos, las manifestaciones simbólicas y para simbólicas de la conciencia, configurando regiones y subregiones matrices de la cultura, de los juicios y de los valores. Matrices colectivas e históricas que signan a los cuerpos y a sus inevitables relaciones con el mundo. Los cuerpos, como actores en escenarios vitales y poéticos, tal es el ofició que se transpira en cada página levadura con el cual ha sido amasada "Arte Erótica" van reconstruyendo, fundamentando y desarrollando la historia específica y universal de la sensibilidad humana. Es decir, de historia real, genérica y particular de la expresión y proyección liberadora del ser y del estar que constituyen la esencia estructural de toda cultura. Ahora bien, cuando en la apertura de estas líneas hemos hecho referencia a la relación de los poemas de "Arte Erótica" con la tendencia denominada surrealista, utilizando un tanto de liberalidad calificativa en esta convergencia vital, nos estamos dirigiendo a una cierta identidad de objetivos y significados, más que de imágenes formales en la construcción discursiva-poética. Está asumida liberalidad nos aproxima a poetas, que sin ser característicamente inclinados hacia el surrealismo, articulan el culto del amor carnal con los sonidos líricos verbales. Es el caso de Mauriac " tu cuerpo blanco y rubio, por dentro iluminado / alumbra la alcoba asfixiante. /un olor de tormenta nuestro abrazo ha dejado... amémonos ahora, con abrazos sin ruido / que no atraigan a Aquel que los odia ". O de Jules Romains, quien partiendo de la psicología, la historia y la sociología, elabora su poesía de la corporeidad y de la sociedad francesa contemporánea, cantando a los " hombres de buena voluntad "la piel que sabe palidecer o que un brusco rubor atraviesa/y que el deseo y la piedad sacuden como la hierba, súbito / la agradable custodia del corazón humano presente a toda hora" y es válido agregar, en este espacio evocador a Pierre Jean Jouve, escritor de una peculiar capacidad de síntesis para expresar la ternura del hombre, viril y sensitiva, que la sociedad capitalista e hipócrita le ha venido coartando sistemáticamente "cuerpo de la carne empeñada por la tumba y que nacen/... salud cuerpo, todo hecho de día/... que renace, salud verdadero cuerpo del hombre/... hombre de nervios y de dolor y de simiente.."
Tomamos como primordial el intento de proponer similares finalidades: la reivindicación del cuerpo y la palabra a través de la poesía. Un rechazo sensible y reflexivo a la tradicionalista matriz cultural que nos ha impuesto como herencia de la teo-escolástica en el ejercicio de los cuerpos, de las ideas, de las conductas, que someten al ser y al espíritu a deambular por la enmarañada y supuestamente legitimada selva de trabas, prejuicios y valores de la irracionalidad de la dependencia. De lo que se trata, en rigor de verdad, es combatir por la "liberación total del espíritu " humano en todas las manifestaciones que hacen y reproducen su existencia.
Esta es, a nuestro entender, la cualidad intencional de Antonio Acevedo Linares, quien desde las vertientes complementarias de la sociología y de la literatura, pero especialmente desde su propia y específica vivencia relacional ha sentido, pensado y actuado en la valerosa búsqueda de esta definitoria liberación. Su discurso poético, que cada uno de ustedes tendrá la oportunidad de analizar desde sus particulares querencias y criterios, no se detiene en la apariencia del estilo, de la imaginería, de la epidermis corporal de las palabras y las frases, sino que penetra al problema no resuelto en esta sociedad, de la plena realización de los cuerpos, como medios expresivos-sensibles-cognoscitivos, de un espíritu humano preñado de terrenalidad conflictiva y que transita hacia la conquista de su autodeterminación liberadora.
Desde nuestra personal perspectiva de interpretación valorativa, neutra, pero no neutral, saludamos con regocijo y solidaridad, el aparecimiento de "Arte Erótica" como el resultado primigenio de un oficio, el poético, cargado de sensibilidad, crítica y reflexión, tan negadas y deformadas en este medio supuestamente enarbolado por muchos de modernidad intelectual y de apertura a la transformación de condiciones alienantes que determinan los comportamientos individuales y colectivos en la dinámica social .
* Palabras en el lanzamiento del libro Arte Erótica en la Biblioteca Pública Gabriel Turbay, 1988.
José Ortega Moreno
Poeta y Licenciado en Idiomas.

Antonio Acevedo ha querido que esta noche diga unas cuantas palabras con motivo del lanzamiento de su libro " Los girasoles de Van Gogh ", libro que agrupa una serie de poemas escritos en diferentes épocas, a partir de 1980. Cómo negarme a ello, si además de ser Antonio, uno de los escritores que se está abriendo campo en un ambiente, como el nuestro, a veces hostil para las letras. El título de su libro me recuerda de una manera por demás nostálgica, la vida de aquel famoso pintor holandés, en un día soleado de julio, se disparó en el pecho, ante el asombro de los girasoles y los trigos amarillos de la campiña francesa. La angustia y la desesperación lo acompañaron siempre. Allá en el viejo cementerio de Auvers, reposa ahora, junto a su gran amigo y querido hermano Theo, en medio del silencio de los atardeceres. De seguro, más allá de la noche, habrá muchos jardines sembrados de girasoles, por donde que él estará caminando, conmovido por alegría de los colores. Y las semillas de esos girasoles, son las que Antonio Acevedo ha traído para hacer que germinen y florezcan en las páginas de su libro. El mismo lo dice: " El mundo es una aldea donde crecen los girasoles de Van Gogh," y donde un muchacho, tal vez, él mismo, "los mira con ojos degollados ". Y ahí está presente un Rimbaud, aquel joven alucinado que un día escribió que el poeta se hace vidente mediante un largo y razonado desorden de los sentidos. Y ese desorden razonado fue el que lo llevó a vivir una verdadera temporada en el infierno.
En el prólogo de su obra, Antonio nos dice que la vida lo ha llevado a escribir una poesía autobiográfica. Puede que sea cierto de alguna manera. Pero lo que si se nota es que es una poesía de viajes, de viajes a través de los libros. Viajamos por los libros como lo hacemos por las ciudades y los caminos. Hacer poesía narrativa no es nada fácil, porque la anécdota y la acción avasallan las transparencias estéticas. El libro es variado en temas y contenidos, donde existe un predominio del dejo urbano, matizado constantemente por alusiones a artistas y filósofos de nacionalidades y escuelas diferentes. Temáticamente la obra se diversifica pero mantiene una unidad de estilo inconfundible. Y eso es bueno, bueno que los escritores no se contagien, para bien de la poesía y de su obra. Cómo no recordar a Ernesto Cardenal, aquel hombre que se hizo sacerdote en el seminario de Antioquia y luego viajó a su querida Nicaragua con su maleta llena de poemas, llenando a toda Centroamérica de numerosos seguidores, que se dieron a la tarea de hacer una poesía escueta y en ocasiones burda y descuidada, aspectos que los fueron alejando de la auténtica poesía universal. Tal vez el carácter de sacerdote limitó a Ernesto Cardenal, para emitir un manifiesto revolucionario y crear un gran movimiento que, aunque lo hubo, no tuvo las directrices filosóficas ni literarias, a semejanza de los surrealistas franceses, limitándose sólo a ver un ejército de personajes, de escritores que se dedicaron a imitar al maestro. Ahora, escritores de estos mismos países nos están señalando nuevos rumbos. Pero se están viendo avasallados por el prosaísmo, aspecto que le ha hecho y le sigue haciendo mucho daño a la poesía a nivel internacional. En Antioquia se ha venido desarrollando un estilo de poesía con tendencias muy marcadas, bajo la tutela de Juan Manuel Roca y un algo de Darío Jaramillo Agudelo. Así lo demuestran los textos de los premios de la universidad de Antioquia en los últimos diez años. Ningún estilo es bueno o es malo, o mejor o peor que otro. Todo depende del ambiente cultural en el cual se desarrolle y de la forma como un escritor, lo maneje, haciendo que el poema se convierta en una verdadera obra de arte. El manejo rítmico que Antonio hace del verso, matizándolo con los pespuntes líricos y la atmósfera filosófica latente en muchos de sus poemas, nos recuerda el desarrollo y sobre todo el remate de un silogismo que como un riachuelo corre bajo la sombra de los algarrobos, en estas tierras de coléricas mocedades. "como quiera que la muerte es un antiguo sofisma " dice Antonio Acevedo, o " porque algunos amores son como los adioses, el tiempo. " o porque en la vida:
"los vagabundos duermen
en los muros de la catedral
y los perros de la mendiga
arrastran la ciudad bajo sus despojos "
Nada hay nuevo bajo el sol. Trabajamos con las mismas cosas que nos fueron dadas, porque el fin primordial del artista, no es el de crear algo de la nada, sino el de corregir las cosas que le quedaron mal hechas a Dios. Antonio utiliza un manejo del verso un poco suelto, dejando de lado, casi en su totalidad la puntuación, a veces unas pequeñas comas, en las que la lectura de los versos, el lector puede considerar innecesarias. Veamos cómo se desarrolla su estilo:
"Por las ruinas de los estoraques
cabalga viendo la tierra fértil
como las mujeres y respira llovidos
los árboles y los ríos como levanta
topográficamente la cordillera
abriendo caminos como muslos
bordeados de piedras "
Detengámonos a mirar cómo la imaginación prevalece y con mucha creatividad se saca un texto que aparentemente puede considerarse como prosa poética. Este texto es del poeta francés Jacques Prévert y nos indica la manera de hacer el retrato de un pájaro:
Pintar primero una jaula
con la puerta abierta
pintar después
algo gracioso
algo simple
algo hermoso
algo útil
para el pájaro
apoyar después la tela contra un árbol
en un jardín
en un montecillo
o en un bosque
esconderse tras el árbol
sin decir palabra
sin moverse.
A veces el pájaro aparece al instante
pero puede tardar años
antes de decidirse.
No desalentarse
esperar
esperar si es necesario durante años
la prontitud o la demora en la llegada del pájaro
no guarda relación
con la calidad del cuadro.
Cuando el pájaro aparece
si aparece
observar el más profundo silencio
aguardar a que el pájaro entre en la jaula
y una vez haya entrado
cerrar suavemente la puerta con el pincel
después
borrar de uno en uno todos los barrotes
con cuidado de no rozar siquiera las plumas del pájaro.
Reproducir después el árbol
cuya más bella rama se reservará
para el pájaro
pintar también el verde follaje y la frescura del viento
el polvillo del sol
y el zumbido de los bichos en la hierba en el
calor del verano
y después esperar que el pájaro se decida a cantar.
Si el pájaro no canta
mala señal
señal de que el cuadro es malo
pero si canta es buena señal
señal de que podéis firmar.
Entonces arrancadle suavemente
una pluma al pájaro
y poned vuestro nombre en un ángulo del cuadro.
El poeta japonés Sakutaro Jaguiwara nos entrega este otro texto maravilloso, el pulpo que no murió:
Un pulpo que agonizaba de hambre fue encerrado en un acuario por muchísimo tiempo. Una pálida luz se filtraba a través del vidrio y se difundía tristemente en la arena densa de una roca. Todo el mundo se olvido de este lóbrego acuario. Era de suponerse que el pulpo debía estar muerto y sólo podía verse el agua podrida iluminada apenas por la luz del crepúsculo. Pero el pulpo no había muerto. Permanecía escondido detrás de la roca. Y cuando despertó de su sueño tuvo que sufrir hambre terrible día tras día en esa prisión solitaria, pues no había carnada alguna ni comida para él. Empezó por comerse entonces sus propios tentáculos. Primero uno, después otro. Cuando ya no tenía tentáculo, empezó a devorar poco a poco sus entrañas, una parte tras otra. En esta forma el pulpo terminó comiéndose todo su cuerpo, su piel, su cerebro, su estómago, absolutamente todo. Una mañana llegó un celador, miró dentro del acuario y sólo vio el agua sombría y las algas ondulantes. El pulpo había virtualmente desaparecido. Pero el pulpo no había muerto .Aún estaba vivo en ese acuario mustio y abandonado. Por espacio de siglos, tal vez, eternamente, continuará viviendo allí, una criatura invisible, presa de una horrenda escasez y una gran insatisfacción.
Nótese la imagen creada en el subfondo de las palabras y la aguda denuncia ante la injusticia perpetrada por el hombre. Un destello lírico ilumina en parte la obra de Antonio Acevedo:
Entre un eclipse de sol
y un eclipse de luna
el universo de tu cuerpo
crea el día y la noche.
o como cuando sintetizando hayamos esta idea:
en la floración
la rosa se hace rosa
en la desfloración
la mujer se hace mujer.
La poesía no puede nacer de un simple arrebato por parte de alguien que desea, de la noche a la mañana, convertirse en escritor. La poesía es el resultado no sólo de una actitud, sino también del desarrollo de muchos sueños, de muchas lecturas, de muchas vivencias, de un trabajo continuo y serio a través de los años, de un ejercicio prolongado en el manejo de la palabra. Un buen poeta debe aprender a manejar todos los esquemas para luego crear un estilo propio. Dalí decía: aprende a pintar como los grandes maestros y después podrás hacer todo lo que quieras. Es importante aprender a establecer linderos entre la poesía y la prosa. Aunque la belleza puede campear en ambas, la poesía desarrolla elementos más sofisticados, donde predomina el ritmo, las pausas, los acentos, las estrofas, elementos que le dan al verso una musicalidad especial que es al fin de cuentas la que le da el tono al poema, y entonces surgen las imágenes, los caballeros, los fantasmas, las doncellas, las rudas batallas, los amores. Y él se transforma:
Con una vieja
camisa leñadora hasta
los puños llegó
con su música de otra parte
traía la noche
los ebrios los ciegos
y los locos
la niebla traía como
una bufanda alrededor del cuello
los trenes pasaban por sus poemas
como una muchacha
que llevaba en su hombro
y traía en el pecho
la rosa como un bello florecimiento
de la lucidez
suicida traía los Cantos
de Maldoror de Lautréamont
bajo el brazo como un alucinógeno
de los revelados
y la poesía le salía bajo
las solapas de la chaqueta
como una mariposa.
El maestro Jorge Luis Borges, en el prólogo de su libro, La Cifra, dice lo siguiente: "El ejercicio de la literatura puede enseñarnos a eludir equivocaciones, a no merecer hallazgos. Al cabo de los años, he comprendido que me está vedado ensayar la cadencia mágica, la curiosa metáfora, la interjección, la obra sabiamente gobernada o de largo aliento. Mi suerte es lo que suele denominarse poesía intelectual".
En Antonio Acevedo existe una tendencia hacia la ensoñación interna, entendida esta como un deseo de caminar sobre las calles y sitios amorosamente consentidos, como un desplazamiento por el tiempo, para rescatar para nuestro corazón aquellos momentos inolvidables que nos hacen sentir de nuevo, el golpe de las gotas de lluvia sobre el rostro, el olor de la hierba, los pájaros, el viento, o como un navegar con la brisa, al mirar los ojos azules de una mujer hermosa. Un algo de nostalgia deambula por sus versos. Bocagrande, los puentes de la ciudad, las páginas de un libro. Sus pies están más pegados a las calles de su tierra natal que su espíritu al aire que ronda por las naves de los templos, de los templos atiborrados de cirios y de dioses.
Antiguamente nos hicieron creer que hacer poesía era lo mismo que hacer versos rimados y medidos. La métrica y la rima no son poesía, son medios para llegar a ella. Pero estos dos aspectos entraban la idea. Por atender a una rima sonora, se pierde la significación del verso. Sabemos que hay pájaros que cantan bellamente dentro de las jaulas, pero el poeta canta mejor al aire libre, a la orilla de un río, o entre los árboles de un bosque. Existe una corriente llevadora de palabras que va creando ante ciertas situaciones, algunas imágenes que aunque no visibles en el de texto, si van apareciendo en la mente del lector. De un lugar indefinido y que persiste a la luz de nuestros sueños, nace una corriente en nuestra sangre, una fuerza que camina y transforma las ideas en palabras.
El poeta utiliza aquellas sensaciones surgidas de su interrelación con la naturaleza, los animales y las cosas, como también con la de sus semejantes, y las revierte en símbolos que surgen sobre la superficie de los versos. El poeta debe crear un verso que traspase las fronteras de lo vulgar y de lo común y corriente. Debe evitar el aplauso fácil. Debe aprender a mirar hacia dentro. En la sana autocrítica está el camino abierto para un buen escritor. Louis Aragón decía: " Si escribís, siguiendo el método surrealista, tristes pendejadas, esas serán sin atenuantes y para siempre, tristes pendejadas" El sueño es el elemento más importante en la vida del hombre. Porque el hombre al fin y al cabo está hecho de sueños. El sueño es el camino más fácil para hacer conexión con ese mundo espiritual que reside más allá de nosotros, y que inconscientemente visitamos sin recordar después sus calles ni sus gentes. Pero lo que es importante en el artista, es la renovación de esa energía creadora, manifiestan toda su obra. Soñamos para renovarnos, no para huir de la realidad, que en ocasiones se convierte en el fantasma de nuestros mismos sueños.
El camino es largo y es conveniente aclarar el horizonte. Para saber lo que tenemos, es necesario leer a nuestros escritores. Leyendo a sus poetas se puede conocer el alma de un pueblo. La poesía es como el buen vino. Debe saborearse lentamente. Un buen lector de poesía debe leer los versos varias veces para descubrir los ríos que navegan en los sueños. La poesía es el camino que tenemos los seres para asistir al descubrimiento espiritual del hombre. Cuando todos los hombres descubran la poesía, el mundo se llenará de paz. La ruina del hombre actual es su falta de sensibilidad. La ausencia de sentimientos. Notarán porqué en reiteradas ocasiones me he acercado a la palabra " surrealismo". Antonio Acevedo define la poesía de una manera muy particular. Veamos:
Consérvese en
un lugar fresco, seco
o lluvioso
y al abrigo de la luz
Agítese bien antes
de usarse en la palabra
o en la sonrisa
Antiséptico y desinfectante bajo
fórmula poética con licencia
de distribución por los poetas
Aplicar una vez al día
sobre la zona afectada
luego de una rigurosa higiene
Úsese por prescripción
propia dosis que debe aumentarse
o disminuirse de acuerdo con los síntomas
Antiséptico de uso tópico
para lavado de heridas
o infecciones menores de la piel
Evítese contacto directo
con la luna o las flores
Usar dos cucharitas en medio
vaso de agua o tomar pura
Se recomienda tomarla en la noche
antes de acostarse
o en la mañana después
del desayuno
Manténgase cerca del alcance
de los niños.
De seguro ustedes sabrán hallar muchas cosas importantes en los girasoles de Van Gogh. No quiero arruinar sus expectativas. Los invito a leer la obra de Antonio Acevedo Linares. Gracias por venir y acompañarnos en este encuentro con la poesía.
* Palabras en el lanzamiento del libro Los girasoles de Van Gogh, Instituto Municipal de Cultura, 2000.
Guillermo Reyes Jurado
Escritor y ex Cónsul en Venezuela.

Bucaramanga es una ciudad en donde abundan pero a la vez escasean los poetas. He dicho un contrasentido, una especie de disparate? No. He proclamado una gran verdad. Lo que realmente quiere decir es que aquí muchas personas escriben versos pero muy pocas de ellas son realmente poetas. Entre escribir versos y ser poeta hay una honda diferencia. La diferencia está en la calidad, la profundidad, el temblor interior, el valor estético. Esto solo lo logran los espíritus superiores, los que verdaderamente son poetas. Es la segunda vez que me invitan o me proponen, que lleve la voz en el lanzamiento de un libro de poemas. La primera vez se trato de los poetas Rafael Ortiz González y Ramiro Lagos y el acto se llevo a cabo en la Academia de Historia de Santander. Era la época del sosiego, de la paz, de la confraternidad. La capital de Santander era un conglomerado de gentes dedicadas a trabajar, a escribir, a leer. Se publicaban libros, se daban recitales, se dictaban conferencias, se llevaban a cabo exposiciones de pintura, se exhibían documentales sobre diversos aspectos de Colombia en los teatros. Bucaramanga era una ciudad culta. No había ningún temor al caminar en sus calles, parques y avenidas, así fuera en los sitios más apartados y en las altas horas de la noche. Nadie aguantaba hambre, nadie le arrebataba los bienes al prójimo, la prostituciòn era bastante escasa. Hoy el país y la ciudad cambiaron. Colombia se convirtió en un matadero de seres humanos que da escalofrío. Treinta mil personas asesinan todos los años en el territorio nacional. Y si a eso se le agrega el hambre, la corrupción, la prostituciòn y el desplazamiento forzado de miles y miles de compatriotas dentro del territorio nacional, el cuadro es aterrador, de profundo espanto. He traído a colación estos hechos para demostrar cómo el colombiano es actualmente un ser violento, casi irracional. Y para demostrar también como en medio de este furor, de esta demencia colectiva, todavía existen seres pacíficos que como los poetas se dedican a escribir poemas, con una paciencia y dedicación dignas de encomio.
El colombiano no era así, no obstante las guerras civiles que enmarcaron el siglo XIX, y las exacerbaciones políticas que dominaron el siglo XX. En esos dos periodos, grandes masas de la población eran pacificas. Pero a partir del año sesenta del siglo pasado, los colombianos se tornaron violentos, en casi un ochenta por ciento de su población. Qué ocurrió? Por un lado el narcotráfico, por el otro la miseria, un tercer ingrediente, la corrupción, irrumpieron en el país, debilitando los resortes morales de la población. Ese fue el cóctel, la bomba que de pronto hizo explosión y acabo con el civismo, la paz, la convivencia de los colombianos. Por ahora no más exordios. Entremos ya en el motivo que nos congrega en esta reseña. Se trata de acompañar al poeta Antonio Acevedo Linares en el lanzamiento de una de sus últimas obras titulada Atlántica, editada por ediciones Hojas de Hierba. Antes de referirnos a su contenido, conviene hacer un repaso analítico y desde luego histórico sobre la poesía, una de las expresiones más difíciles y exigentes de la literatura, pues quien se aventure en sus dominios debe poseer una exquisita sensibilidad a la par que una profunda cultura y genio creador. Hoy la poesía no es un acto espontáneo sino deliberado, un proceso de creación consciente en el que la razón prevalece sobre la intuición, la profundidad sobre la forma, el valor conceptual sobre el canon retórico. La época de la poesía rimada, de la consonancia y la asonancia, del endecasílabo y el octosílabo, de toda esa cantidad de gambeteos que hicieron de la poesía un mero juego de palabras, una pirotecnia verbal, una especie de fakirismo estético, esa época pertenece al pasado, está definitivamente cancelada.
No hay en la poesía de Antonio Acevedo Linares rima ni métrica, ni toda esa cantidad de gramaticalismos y formaletas en que fueron tan pródigos los ilustres y amanerados poetas del sonsonete. Ya lo dijo hace casi cuarenta años Jaime Mejia Duque en un famoso y aplaudido ensayo sobre la evolución del lenguaje poético en Colombia, que la poesía no era eterna sino histórica, vale decir, que está sujeta a los cambios y mutaciones de la sociedad. Leamos el poema del Cid, repasemos el cancionero de Baena, volvamos a los románticos, acerquémonos a los parnasianos y a los simbolistas, y, confrontando todo eso con la poesía que se escribe en nuestro tiempo, diferenciaremos incluso en la temática más general (amor, muerte, placer, etc) los cambios de la expresión.
"De una generación a otra se operan cambios de conjunto además de los sobrevenidos, dijèrase que orgánicamente, en los estilos individuales. En la base de tales cambios se propone siempre un problema de concepción del hecho poético, una modalidad nueva al afrontar la experiencia como materia de elaboración literaria, una distinta utilización del lenguaje y de las llamadas significaciones de época para comunicarse. Y más allá del comportamiento individual y generacional de los artistas el análisis tendrá que revelar otras determinaciones más ostensibles: las crisis o los reajustes de la vida nacional e internacional que posibilitaron o decidieron las novedosas maneras de reaccionar ideológica y poéticamente a los temas" (Jaime Mejia Duque)
Los verdaderos poetas colombianos, casi sin excepción alguna, se han rebelado contra los clasicismos, contra las rigìdeces de un poética convencional que carece de temblor y de vida, que todo lo sacrifica a las estructuras formales, a los moldes retóricos. Ya lo dijo Borges, refiriéndose a este tema, que un poema se puede construir mejor con los elementos de la inteligencia, que con los dictados del corazón. Hay que apartarse del manido lenguaje secular, de las llamadas influencias expresivas, empleando mejor la cultura, edificando un particular monumento estético. Hasta la prosa, en los tiempos actuales, tiende a hacerse más razonable y más precisa. Las pomposas frases onduladas y recargadas de adjetivos y gerundios a lo Mendèz y Pelayo, no son de buen recibo hoy en día. Quien las use solo provocará la sonrisa de los lectores. Lo mismo sucede en la oratoria. El orador tiene que ser conciso, directo, pues está empleando un instrumento de comunicación por medio del cual pone en conocimiento de otros sus opiniones y juicios a fin de convencerlos de sus afirmaciones. Leyendo la poesía de Antonio Acevedo Linares descansa el hombre de esta resolana infernal que es Colombia. Es como una lluvia refrescante que aplaca los nervios y sosiega el espíritu. Hemos vuelto a soñar, a sonreír, a amar otra vez la vida.
Tu cuerpo es un país
de hermosos valles
y colinas en donde vivo
a orillas de sus acantilados
un vasto cielo en donde
resplandecen sus horizontes
como un mar en donde sumerjo
mi cuerpo, una calle por donde
caminamos con los mismos pasos
de la mano en una noche
que aluna en sus ojos así
en invierno como en verano
un territorio donde siembro
con la lluvia y recojo los frutos
de la vendimia, un hermoso
país de litorales y arrecifes
en el oleaje y en el viento
de su pelo y su sonrisa.
Poesía pura, de buena calidad, escrita con sentimiento y emoción pero también con talento e inteligencia creadora, poesía de bellas imágenes, de amorosas melodías, de honda y sugestiva entonación, poesía para mostrar y exhibir en cualquier meridiano porque está escrita con los valores de la inteligencia y del espíritu.
* Vanguardia & Cultura
Bucaramanga, Enero de 2006.
Julio Cesar Correa
Poeta, Catedrático, y Licenciado en Español y Literatura.

En el país de las mariposas es una antología poética (1980-2007) –la tercera-- realizada por el mismo autor, dividida en doce apartes que corresponden a libros que Acevedo Linares (El Centro, Barrancabermeja, 1957) ha venido escribiendo a lo largo de su vida, dedicada enteramente a trasegar con la palabra. Es un texto que se articula por las constantes, los fantasmas y las preocupaciones centrales del poeta: lo erótico, lo político y la palabra. Tras un fondo y una atmósfera cotidiana, aparecen y surgen los ejes básicos de su poesía. Se podría decir que lo erótico predomina sobre los otros ejes, dándole así un matiz escaso en la poesía nuestra, quizás demasiado volcada a contemplar y cultivar signos de otra estirpe. Dedicación, disciplina, pasión, obsesión y tiempo son formas de acercamiento a un arduo ejercicio casi diario, como el del oficinista del que hablara García Márquez, pues como el mismo autor lo reconoce: "Escribir es encontrarse a sí mismo y morir/ un poco en las palabras y las cosas". Encontrarse porque se halla perdido o porque desea perderse irremediablemente en la búsqueda constante y en el reto diario con el lenguaje, con las palabras. Nadie ni nada garantiza, salvo la educación, que alguien pueda encontrarse seguro y sin peligro alguno, luego de las vueltas, los giros y las metamorfosis que ocurren cuando se asume la escritura como reto, como aventura y como riesgo. No se puede predeterminar o anticipar, como lo haría un científico, lo que podría ocurrir con la búsqueda en la que se embarca el escritor. No hay sobre-determinación cuando es la poesía la que aparece con su rostro de medusa, ese animal proteico que seduce y horroriza, que paraliza y moviliza: "Quiero decir que la poesía/ese doloroso y solitario oficio/ de romperse el corazón y la sien/que no es oración sino canto/ y toca el vuelo de las palomas/y los besos nuevos de las muchachas/es una novia pobre pero que los/poetas tienen el deber de hacer feliz".
Dice Acevedo en su poética, consciente de que efectivamente, como ninguno, el oficio de escribir es absolutamente solitario, es doloroso y convoca de manera dual y antitética el corazón y la sien como metonimia (de cabeza) para hacer referencia a las ideas y la razón. Y a veces diera la impresión de que sus textos son producto razonado, pensado, sobre todo cuando decide recurrir a una de sus vertientes, la política: "En la guerra como/ en el amor/ no todo es válido/ hay que humanizar la guerra/ como reinventar el amor/ para vencer al enemigo/ en franca lid"
Se pierde entonces en autenticidad para darle paso al compromiso con alguna causa, en este caso política; atiende de esta manera su inclinación hacia la necesidad de que la poesía no sea mera evasión, manera quizás de eludir la situación social y política que vive el país. Cantarle a la rosa en tiempos de guerra y devastación pareciera ser una ofensa a los vencidos, a los desplazados y desaparecidos. No pareciera ético mencionar la flor para ocultar entre sus pétalos las espinas propias del drama que vivimos los colombianos.
Lo erótico, lo amoroso, el amor carnal y consumado aparece y brota constantemente en la poética de Acevedo; pareciera ser una obsesión y un fantasma que no ha logrado exorcizar del todo, por lo mismo surge con el mismo ímpetu con que lo inconsciente, a veces suele interpelar las conciencias y los espíritus más racionales. Se podría decir, sin pretender hacer un psicoanálisis, que Acevedo hace en la poesía lo que de alguna manera desea en lo real y en la práctica.
El cuerpo erotizado es templo y es taberna o lecho o palabra sobre el cual se realiza el amor pleno; por eso es siempre objeto de la comparación, del símil como figura recurrente en la poética de Acevedo Linares. Entre el cuerpo y la palabra se va tejiendo el signo que articula la posibilidad expresiva. Si existen dos palabras que identifiquen su poética éstas podrían ser cuerpo y palabra. Veamos, a manera de ejemplo el poema siguiente:
Al paso de mi mano
sobre tu pelo como mi
cuerpo sobre tu cuerpo
estremecida te abres
como un cielo despejado
en donde acaba de cesar
la lluvia que hace dibujar
el arco iris en la tarde
húmeda y respiro bajo
su arco como reposo
bajo tu cuerpo cuando
he llovido dentro de ti.
Igualmente, es necesario decir que si hay un hecho notorio y que sobresale, desde sus inicios, en la poesía de este autor es su particular sintaxis. Generalmente suele evitar la puntuación y jugar más bien con los espacios en blanco, con las pausas y ciertos giros que parecieran romper con la continuidad y la lógica del texto, arriesgando la claridad del mismo, pero provocando sorpresa o dificultad para los legos o para aquellos que han renunciado a la educación del oído. Veamos el siguiente ejemplo:
Opaca y brumosa la ciudad me
recuerda tus ojos bajo la lluvia
con esa mirada despejada como
atardeceres y esa risa como
el vuelo de las palomas blancas
de la catedral como me recuerda
los semáforos en rojo tu regla
de excepción para el amor.
Es así como el autor se deja llevar por su propio ritmo, un ritmo interno, a veces críptico, construido a partir de lecturas y vivencias y un tono a veces cálido, salpicado de ternura, con caídas, a veces también sobre las laderas de lo prosaico como cuando dice:
Mientras miro
los pececitos que
nadan en la pecera
pienso que me gustaría
escribir un poema
ésta mañana pero la
poesía me ha sido
esquiva por estos días…
Hay imágenes sorprendentes por el hallazgo, hecho propio de toda genuina poesía, como por su belleza inusitada: "Al cierre de la noche/ la luna llena bebe en/ los charcos de agua/ de las calles desoladas". O existe igualmente la confesión del hombre que es capaz de desdoblarse, saberse otro, ese alguien que se intuye desde la visión poética y que hace posible que uno se vea en la distancia saludándose o muriéndose:
Hay un hombre que entra
en mi habitación
y se quita la camisa lloviznada
del invierno y lleva su corazón
a secar en el patio donde revolotean
las palomas y el viento
y junto a la ventana y la lámpara
perpetra poesía como un crimen
o escucha una sinfonía
y cuando camino por sus pasos
me descubro con el hombre
que soy yo mismo
y que es el siempre está conmigo.
Si lo erótico y lo político aparecen en su poesía, bien se podría decir que la palabra como recurso constante asume una posición igual. Decía al comienzo que entre el cuerpo y la palabra el autor logra tejer los signos expresivos de su labor en la literatura. Son el leit motiv de su búsqueda y de sus hallazgos; entre estas experiencias se entrecruza el pensamiento, la idea fija, el mundo cerrado de los fantasmas que nos acosan y nos obligan a decir más allá de lo pensado, convirtiéndose en mundos abiertos, en pluriversos, en dimensiones que se interpelan sin que tomen posiciones tajantes o jerárquicas; se mueven en una suerte de círculo virtuoso donde no es posible determinar que es primero o segundo. En la poesía las cosas no funcionan como en las ciencias, aunque encuentro que lo erótico cubre y abraza todo lo otro, pues nada más erótico que la palabra que comunica, que acaricia, que toca, que lame, que sueña y que vive intensamente junto a los demás compromisos.
Al celebrar el arte
del cuerpo y la palabra
y perpetuar en la
palabra tu cuerpo
y en tu cuerpo
la palabra
a la luz de tu cuerpo
como a la luz
de éste atardecer
te vivo en toda la
extensión de la palabra.
Deseo concluir diciendo que encuentro injusto el relativo ostracismo en que se encuentra la obra de Antonio Acevedo Linares, tanto como la de muchos otros cultores de la palabra para quienes su oficio se va como una suerte de arte ascético, alejados, perdidos, olvidados; una especie de eremita que igual se olvida del mundo para volcarse en su propia búsqueda, más allá del reconocimiento y del aplauso, convencidos quizás de que el mejor premio es el que deja el trabajo limpio, austero, solitario y denodado de quien sabe que ya no podrá retornar ni arrepentirse del viaje que ha decidido emprender, porque si bien es cierto que la poesía tiene muchos caminos, devolverse o arrepentirse es el menos indicado; no hay Itacas en su retorno, pero sí muchas odiseas como promesas de aventura y riesgo. A manera de epílogo el siguiente texto de Acevedo Linares:
La poesía se escribe
con la propia vida
de quien la sueña
es de quien la trabaja
como la tierra que se siembra
a veces no es de quien la escribe
sino de quien la enamora
la poesía nace desde el fondo
de sí mismo como desde el fondo
de los ojos de una muchacha
no tiene partido pero
a veces se adhiere
a causas perdidas
y se escribe con ternura
como la que tienes
cuando ella te abraza desnuda.
* Manizales, 4 de diciembre de 2007.
Miguel Ángel Pérez Ordóñez
Médico y Escritor.

El hombre es producto del azar y la necesidad. El azar es biológico, propio de la naturaleza; a su vez, la necesidad, aunque se apoya en el azar, es una fuerza simbólica, de la cual no se puede prescindir. De esta segunda característica que constituye al hombre, nace el poeta. Porque, quizá, en una noche cósmica, ese hombre de carne y hueso fue avasallado por el misterio insondable del universo y, por eso, sale a la cotidianidad no como todos lo hacen: a desgastar sus vidas tan solo, sino a ver y a contar las cosas como si nadie, antes de él, lo hubiera hecho.
De ahí que la única voz que escucha es la suya, pues en ella solo están sus deseos, su fe en la belleza que canta, aunque también sus derrotas y tristezas. Nada, entonces, le llega desde fuera a un artista, a un poeta. Todo está en él y en sus espacios, topias particulares donde se refugia para no dejarse contaminar del ruido que producen los demás. Como escritor de formas literarias, percibo en esta antología (que completa la trilogía iniciada con "Los girasoles de Van Gogh", 1999 y "Atlántica", 2004, una voz propia en Acevedo Linares; la misma que se halla permeada por los recuerdos de su infancia, su erótica y la impronta que le han dejado sus lecturas.
Vivencias que van esparciendo su vida y que el poeta plasma con metáforas sencillas en sus jirones de poemas que forman un todo: escritura de un hombre sensible que camina por las calles anegadas por la lluvia o por atardeceres bermellones que hacen propicio el canto de las cigarras y las danzas efímeras de las mariposas.
Al abrir la puerta
de la jaula no es un pájaro
el que vuela
es la libertad que se recobra
como no es el viento
el que se entra
cuando abres las ventanas
sino los fragores de la ciudad nocturna
y no son las páginas que sientes
cuando abres un libro dulcemente
sino es el olor de los árboles
de lo que están hechas sus hojas
y donde moran felices las palabras
como cuando abres un cuerpo
es el mundo el que te habita.
Pero, a su vez, están las noches en donde los habitantes nocturnos de la ciudad beben sus penas de amor y olvidos, venden sus cuerpos y espíritus, y traman sus acuerdos siniestros que vengarán sus sueños de poder hechos pesadillas. Instantáneas que él, igual a un hábil fotógrafo, deja grabadas en sus poemas en la espera que un hermano de sangre, el lector, les de vida al recordarlas también. Antonio Acevedo Linares, poeta, ha constituido un mundo propio que ha integrado a un país que él ve así y que el lector lo recrea. Considero que esa es la poesía.
* Vanguardia & Cultura
Bucaramanga, Mayo de 2008.
Claudio Anaya Lizarazo.
Poeta, Cuentista y Columnista del El Frente.

Tal vez Antonio Acevedo sea el poeta más convencido de su oficio en nuestro medio, una disciplina inamovible lo ha conservado fiel a su ejercicio literario a lo largo de varias décadas, tal vez la única fidelidad que ha observado en su vida; consignar con paciencia de cronista del mundo y de sus cosas sus vivencias o su visión de la vida, filtrando los hechos, los conceptos y las imágenes a través del deseo de configurar o consolidar una obra literaria ambiciosa en la medida en que trabaja una infinidad de temas en su poesía, y se asoma a los temas universales y a la gran cultura con la confianza que debe tener un escritor con respecto a estos trajines. Ha publicado cuatro autodenominadas antologías poéticas: Arte Erótica en 1988, Los girasoles de Van Gogh en 1999, Atlántica en 2005 y En el país de las mariposas en 2007; además de una serie de plegables y folletos en los que ha resaltado otros perfiles de su trabajo; publicaciones que han sido extractadas de una colección de tal vez más de once libros de poesía. Escritor prolífico del cual hace algunos años otro colega, nuestro Kipling boyacense, al enterarse de su fecundidad literaria dijo; "a Antonio hay que conseguirle trabajo o amarrarle las manos". Su principal medio o recurso expresivo es una suerte de monólogo asordinado que nos recuerda el sonido de la lluvia y en el cual el lector va encontrando encastadas las perlas de algunas imágenes, delicadas y tiernas algunas como en su poema, Al paso de mi mano sobre tu pelo:
Al paso de mi mano
sobre tu pelo como por mí
cuerpo sobre tu cuerpo
estremecida te abres
como un cielo despejado
en donde acaba de cesar
la lluvia que hace dibujar
el arco iris en la tarde
húmeda y respiro bajo
su arco como reposo
bajo tu cuerpo cuando
he llovido dentro de ti.
Y audaces y hasta procaces otras, de marcada tendencia erótica como en su poema La hierba púbica:
En el origen del vértice
de sus muslos como tierno
follaje nace la hierba púbica
que alucina como amapola
y conjura olorosa como una
misteriosa flor nocturna
acaríciala con mágica ternura
y ámala con secreta dulzura
que ella es la hierba púbica
en donde aflora la rosa
carnívora que hermosa devora
como el cielo a la noche.
Otro poeta en nuestro medio, hacía énfasis en que la poesía no es un género sino una materia, un éter o una sustancia común a todos los géneros y sus híbridos, y que a lo que llamamos poesía deberíamos llamar poema; como decir cuento, relato, ensayo, o novela. Ahora bien, toda obra literaria de valor en cualquier género debe tener ese voltaje o atmósfera poética, que dicho de otra forma, son esos alcoholes de la nostalgia destilados en las palabras por nuestro espíritu, es ese ámbito creado conjuntamente entre el autor y el lector. Los tiempos cambian y con ellos los géneros literarios evolucionan. Hoy en día tienden a borrarse los límites entre los géneros, y un ejemplo característico son estos poemas de Antonio Acevedo que se originan en una anécdota y con una base narrativa, de ahí su monólogo que se centra en el discurrir de la memoria del Voyeur (del observador o el mirón; o como menciona Mario Rivero en uno de sus poemas: "Soy un cuenta cosas, soy un huzmea cosas" y que pasan luego a la revelación de la imagen.
Los poemas de Antonio nos dan un paseo por la memoria de la cultura, principalmente por la historia de la literatura, que encontramos como esos comentarios ya sabidos y que por cálidos es bueno volver a comentar para recordar, y que sé que son tenidos por él, como el sustrato fecundo, el subsuelo nutricio de la cultura y del cual emana la vida espiritual, la actitud civilizada y la confianza en la razón. Casi todo lo que nos dice en sus poemas, es visto tras el cristal de una ventana empañada por la lluvia o tras la cortina del tiempo, como en su poema Guevara, en memoria del Chè.
Bajo su boina su
melena la agita
el viento con su barba
entre el humo de un puro
que se fuma con una
mirada intensa que como
en un cuadro de Da Vinci
yace vivo en la memoria
que arde con sus fuegos.
Su corazón se oye aun
latir en el futuro.
Poesía de estirpe intimista y solitaria que se desgaja como una conversación anónima que flota en los vapores de la tarde y en las penumbras de la casa, que habla de la soledad en medio del ruido del mundo, y de la necesidad que tiene el hombre contemporáneo de reconstruir su vida, así sea contándosela el mismo.
* El Frente
Bucaramanga, Mayo de 2008.
Campo Elías Narváez
Comunicador Social y Escritor.

Son poetas santandereanos nacidos en las décadas de los cincuenta y los sesenta, sensibles a su tiempo y al espacio que los vio nacer y crecer y que ahora en estas páginas que se nos vienen encima, no dejan escuchar los jadeos con los que se expresa su tierra y la tierra. Lo local y lo global. Lo local como trasunto vital y estético que recoge la entraña de las gentes, los paisajes y los modos de compartir la cotidianidad en unos tiempos ya idos, y en los mismos que transcurren ahora. Lo global como inserción en el complejo mundo de la sociedad informatizada donde nada que lo que ocurre allá nos deja incólumes acá. Todos dependemos de todos y nuestras sociedades son y se hacen cada vez más interdependientes. El futuro de la humanidad y de nuestro planeta es al fin y al cabo el mismo, y a todos nos compete igual. La globalización con todo su enjambre de ensoñaciones y ansias irrealizables podrá, si acaso, convertir al planeta en una vitrina comercial o en una aldea, la famosa "aldea global" de la que nos hablara McLuhan. Pero no podrá ocultar, sin embargo, y hay pruebas al canto, las expresiones culturales más nítidas de nuestros pueblos, nuestros modos de sentir, de percibir y de expresarnos a nuestro gusto y a nuestra manera por más que lo intentare. La sustancia misma de nuestras identidades culturales, que las hay, se encargará de preservar y en último caso de matizar la expresión de estas presencias que son a la vez trasunto de nuestras ausencias. El mundo de los afectos, de las sensaciones y el de las formas inéditas de expresión también son nuestro mundo. Digo, el de los poetas y de los artistas en sus múltiples posibilidades de manifestación al ejercer su derecho a la libre expresión de su vocación creadora. Estos poetas, de los que hacemos referencia, están en la plenitud de sus vidas y de seguro en su infancia escucharon hablar del primer hombre en el espacio, Yuri Gagarin, y de la llegada de otro, Neil Armstrong, a la luna. Y de toda la parafernalia de la conquista del espacio. Quizás también de la revolución cubana y de los aires de profunda renovación social y económica que nos quedamos esperando. Y de seguro de los Beatles y de todas esas melodías y sonidos antes inexpresados. Tal vez bailaron el twist y se deleitaron con los sones de las nacientes baladas latinoamericanas.
De seguro se conmocionaron con el asesinato de John Kennedy y con la irrupción de esa torrentosa novela que se llamó Cien años de soledad. Estas y otras novelas de su época les dieron el privilegio de nacer esa corriente estética de la literatura que luego trascendió con el pomposo nombre del "boon" de los escritores latinoamericanos o del "realismo mágico" como lo acuñara por esos tiempos Alejo Carpentier. Son poetas de nuestro tiempo, decíamos. Reporteros de las antiguas y de las nuevas sensibilidades. Pregoneros de la subjetividad, porque el universo de la poesía va más allá de los registros mecánicos y físicos de la tan cacareada objetividad. Y porque el mundo de las subjetividades e intersubjetividades también es el suyo y es su reino. Por estas y por otras razones nos hablan de sentimientos, de sensaciones, de formas vivaces de percepción y expresión. Del dolor y el amor.
Nos susurran con sus versos visiones de mundos diversos y posibles. Nos hablan casi de todo. Del amor y la soledad: "las rocas suplican y nadie las oye", nos dice uno de ellos. Otros nos lanzan una proclama acerca de "la blancura luminosa de tus calles empedradas de silencio" porque este mundo saturado de tecnologías de la información se está quedando incomunicado. Y la soledad de las urbes y los inmensos conglomerados abruma y genera versos como los enunciados y hasta canciones y divertimentos tecnológicos. Son poetas nacidos no hace mucho entre las sombras y las faldas de estas breñas santandereanas que nos sugieren abismos y distancias. Una geografía en fin que pareciera hacernos inaccesibles a quien nos contemple desde otras latitudes pero que permite al mismo tiempo que surquen en sus cimas ríos tormentosos y ríos apacibles que hacen posible la vida, la comunicación y la esperanza. "Un paisaje desolado era la palabra", leemos en uno de estos versos. Y esta desolación que puede remitir por igual al espinazo de nuestras cordilleras o a los profundos precipicios donde se pierde la vista en lontananza, sugiere a la vez que la palabra misma como esencia creadora la que puede ser la vez espinazo y precipicio de universos enunciados, creíbles y posibles. De mundos realizables. La poesía, una vez más, se abre paso entre el tráfago de las noticias cotidianas. Entre el intermedio de un partido de fútbol y una telenovela. Ella, esquiva unas veces, audaz otras, recoge briznas de realidad por aquí, sueños y esperanzas por allá. Puede que por momentos se sienta ausente o innecesaria pero esta capacidad de trascender y de trascendernos nos la vuelve vital y la convierte en el oxígeno que sacia nuestras ansias de infinito. Sus estéticas literarias son las de siempre pero también las de ahora, las que corresponden a las nuevas propuestas de las tecnologías de los medios masivos y a las nuevas sensibilidades y formas de percepción o tecno-perceptivas. La televisión a color, los videos musicales, el mundo de lo digital y ahí, por esos parajes, del internet. Por igual se dan en sus palabras sentimientos que hunden sus raíces en la misma noche de los tiempos. El amor y la pasión, la soledad y el erotismo. El día y la noche. La complejidad del urbano se nos da y nos matiza en analogías como "amaba a la ciudad, tanto como tu cuerpo". Mientras envasan las útiles impresiones mass-mediáticas de la iconografía contemporánea en versos chispeantes como cuando aluden a "luego de muerto Andy Wahol se ha puesto de moda Marílyn Monroe...". Pertenecen estos poemas a hombres de nuestro entorno, de nuestra tierra, amamantados por una misma urbe. El inicio de un nuevo siglo, los sucesos del 11 de septiembre, los comienzos de un nuevo gobierno, que ojala no sea otro más, los recientes descubrimientos en el campo de la biotecnología, el genoma humano, para citar un caso reciente, tal vez estén cambiando el mundo o nuestras realidades inmediatas sin que nos demos cuenta o dándonos cuenta con el entrecejo pesimista. Pero el arte seguirá ahí. Actor y protagonista de nuestro tiempo, testigo sensible de nuestros pálpitos. Quizás tantas desgarraduras en nuestro tejido social reclamen con urgencia el bálsamo purificador de las palabras, de estas palabras que esperan ser recorridas por estos ojos, por todos nuestros ojos.
Antonio Acevedo Linares. Ha publicado: Arte Erótica, 1988. Seis Plegables de poesía, Los girasoles de Van Gogh, 1999, Antología Poética (1980-1999) Atlántica, 2004, Antología Poética, (1980-2004) Vol 2, CD de Poesía de viva voz, 2004, En el país de las mariposas, 2007, Antología Poética, (1980-2007) Vol 3.
Julio César Correa Díaz: Ha publicado: El altar de los oficios, 1999. Autorretrato con girasoles,2000. Rizoma, nueve maneras de fabular el mundo (ensayo) 2002. Mientras pasa la tarde, 2004. Bajo el sol de Marzo.
Guillermo Velásquez Forero. Ha publicado: Itinerario del exiliado, 1993, Militante sin reino, 1994, Luz de fugas, 1996 (ficciones), Los evadidos (cuentos), 1995, El gesto de la huella, 1997.
Hernán Vargas Carreño. Ha publicado, Plural, 1993. Poemas de Edgar Lee Masters (traducción) 1999. País intimo, 2000.
Claudio Anaya Lizarazo. Ha publicado: Evocación del espacio, (poesía) 1999. La palabra fundadora (Ensayo) 2001. Bumangueses (cuentos) 2005. En Bitácora de los talleres literarios en Colombia. (Ministerio de Cultura, 2000) se publicó su ensayo Teoría y praxis del taller literario.
* Magazín Dominical de V.L.
Bucaramanga, Junio de 2004.
(1980-2008)
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