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La teoría de la firma (página 2)

Enviado por Igor Colmenares



Partes: 1, 2, 3


  • 2. El Enfoque de Costos de Transacción,

  • 3. El Enfoque de Principal – Agente (Teoría de Agenciación).

El Enfoque del Derecho de Propiedad, presentado por Fumboth y Pejovich (1974), analiza el impacto de diferentes tipos y usos de los derechos de propiedad sobre los resultados del proceso económico, especialmente en los beneficios y en la eficiencia.

El Enfoque de Costos de Transacción, presentado por Williamson (1975), trata de los costos que son producto de la realización de transacciones, los costos de buscar los asociados para establecer contratos, de elaborar y controlar los contratos, y de la necesidad de hacer que se cumplan.

Por último, el Enfoque del PrincipalAgente, abordada por Jensen, Michael y Meckling, Williams en la Teoría de la Agencia (1976), tomando como base de su [4]teoría, los modelos del comportamiento humano. Ellos plantean que la relación entre el principal y el agente se caracteriza por la asimetría en la información. El principal tiene el poder de formular las metas y el poder del dinero; pero el agente, tiene el poder que le otorga el conocimiento acerca del proceso de producción. Es evidente, que una relación principal – agente no sólo es típica de una compañía comercial moderna, en la que quienes poseen el stock accionario son los principales y donde el gerente es el agente, sino que también lo es para el caso de la mayoría, sino de todas las organizaciones.

El desarrollo del marco teórico a continuación, se hará bajos las consideraciones elaboradas por Jorge Tarzijan, en su publicación "Revisando la Teoría de la Firma", publicado en ABANTE, Volumen 6, páginas 149 a la 177 en Octubre de 2003, ya que este trabajo contiene una revisión exhaustiva de las teorías desarrolladas desde el trabajo inicial de Coase en 1937, hasta el 2003.

En 1937 Coase establece que las actividades a realizar por una Firma o Agencia vienen dadas por la comparación entre dos tipos de costos: primero están los costos de coordinación de los recursos a través de transacciones de mercado, llamados también costos de transacción, y en segundo lugar están los costos de coordinar los recursos internamente. Los costos de producir internamente no sólo incluye el costo de producción, sino que también el costo de organizar la producción y de encontrar y negociar con los proveedores[5]Por otra parte, entre los costos de transacción más importantes están los de negociar y firmar contratos, y los de informarse, buscar y seleccionar precios y calidades de productos. En general, mientras los costos de transacción del uso del mercado disminuyen a medida que aumenta la integración de procesos dentro de la misma empresa, llegando a cero en el caso de que toda la línea insumo-producto esté integrada, los costos de coordinación interna aumentan con la integración del proceso dentro de la organización.

Los distintos enfoques de la Teoría de la Firma, que se han desarrollado a partir del ordenamiento de los costos que según el trabajo de Coase (1937), corresponden a los enfoques basados en los costos de transacción y a los enfoques basados en los costos de coordinación, su resumen se encuentra mas adelante en la Tabla 1, y estos son:

  • A. Enfoques basados en los costos de transacción.

  • a. Costos de transacción. Derivados de la dificultad de la firma de contratos completos y de obligar a su cumplimiento

  • b. Derechos de propiedad. Derivados de los límites de la firma y asignación de la propiedad y contratos incompletos

  • B. Enfoques basados en costos de coordinación

  • a. Enfoque basado en el diseño de tareas y sistemas de incentivos

  • b. Enfoque basado en el conocimiento

  • c. Enfoque que surge de la separación entre la propiedad y el control

Enfoques basados en costos de transacción

Bajo este enfoque se agrupan las teorías que se basan, fundamentalmente, en el análisis de los costos del producto de la realización de las transacciones, los costos de buscar a los asociados para establecer, elaborar y controlar contratos y de la necesidad de que estos se cumplan, así como en los derechos de la propiedad. Esta última teoría se ha desarrollado en los últimos veinte años, en base a una serie de estudios en los que se argumenta que los límites de la firma y la asignación de la propiedad de los activos pueden ser entendidos en términos de derechos de propiedad y de contratos incompletos.

  • Costos de transacción

La teoría de la firma basada en los costos de transacción fue desarrollada por Williamson (1975, 1985), y Klein (1978). Mientras que Coase se ocupaba de los costos de transacción que surgen antes de la firma de los contratos, tales como los de búsqueda de la contraparte y de su negociación, ambos autores se enfocaron en los costos de transacción que surgen luego de la firma de los contratos, como producto de la dificultad de la firma de los contratos completos y de obligar al contratado a cumplir el contrato. De acuerdo a Williamson y a Klein, los costos de negociar, vigilar y exigir el cumplimiento de acuerdos entre las partes, son fundamentales al decidir si utilizar al mercado o sustituir a este por una estructura de mando vertical, y como tales, también deben establecer límites en una firma[6]Según Tarzijan dos conceptos fundamentales para la teoría de la firma, basada en los costos de transacción, son los de especificidad de los activos y los del oportunismo[7]Un activo es específico a la identidad de una determinada contraparte o a una determinada actividad cuando su valor es influenciado por la identidad de la contraparte. Debido a la imposibilidad de pronosticar cada futura contingencia, cuando un activo es específico a la identidad de cierta contraparte existen riesgos de amenazas de renegociación constantes, donde cada parte intentaría apropiarse de las rentas posibles que genere la relación, en la cual el grado de especificidad de los activos se mide a través del nivel total de las posibles rentas creadas por la inversión[8]

De acuerdo a este planteamiento, el control de los activos por parte de un único propietario es considerado como un método específico para reducir el impacto y alcance de un comportamiento oportunístico que genera el desarrollo de este tipo de actividades. Esta probabilidad de ser "cazado" por la contraparte desincentiva el uso de contratos y la utilización del mercado para la adquisición de ciertos insumos, incentivando la integración vertical. El grado de integración vertical, de acuerdo a estos autores, llegará hasta que los costos de gobernar internamente una actividad dentro de la firma (entre los que se cuentan los costos de la burocracia interna y del debilitamiento de la estructura de incentivos interna) superen los costos de transacción que pueden ser ahorrados a través de la integración.

  • Derechos de propiedad

En los últimos veinte años se han desarrollado una serie de estudios en los que se argumenta que los límites de la firma y la asignación de la propiedad de los activos pueden ser entendidos en términos de derechos de propiedad y de contratos incompletos. Estos estudios comienzan con Grossman y Hart (1986), Hart y Moore (1990) y Hart (1995), en ellos se extiende la aplicación y alcance de la teoría de la firma basada en los costos de transacción (Coase, 1937; Williamson, 1975, 1988, 1985 y Alchain, 1978). Estos estudios parten de la premisa de que la propiedad de un activo otorga el control sobre los flujos residuales que éste genere, lo que incentiva a su dueño a esforzarse para destinar el activo hacia aquellas actividades que maximicen su valor. La idea que da soporte a lo expresado anteriormente, es que el dueño del activo al recibir los flujos residuales que éste genere, es el que tiene los incentivos para darle un mejor uso, por lo que la firma que posea dicha propiedad será aquella que tenga el potencial de obtener el mayor excedente por su utilización y control[9]Bajo este enfoque, las decisiones respecto de la propiedad y uso de los activos son importantes, porque es el propietario de los activos quien determina qué hacer con ellos cuando ocurran contingencias, que no pudieron ser incluidas en el documento de contrato firmado con anterioridad y que, por lo tanto, debe ser renegociado para determinar su utilización futura.

Los resultados de los estudios mencionados se han utilizado para construir una teoría acerca de los determinantes de los límites de la firma[10]En primer término, los activos que sean altamente complementarios debiesen estar bajo una propiedad común, dado que si estuviesen en propiedad separada surgirían importantes costos de transacción para determinar su uso y la recompensa para cada una de las partes. En segundo término, a medida que la firma crece más allá de un cierto punto, la administración central de la empresa se hace menos importante en lo que respecta al control y monitoreo de las actividades que se realizan en la periferia de la empresa, en el sentido de que es menos probable que los incrementos en el producto marginal de lo que se produce en esa periferia sean específicos, ya sea a la administración central o a los activos centrales de la firma. En esta etapa, es probable que se conforme una nueva firma, dado que entregarle el control de estos activos a la administración central redundará en un aumento en los problemas de especificidad de activos y oportunismo postcontractual, ya mencionados por Coase (1937) y Williamson (1985).

De acuerdo a lo discutido, los activos que sean altamente complementarios deberían estar bajo una propiedad común[11]mientras que los activos independientes deberían ser de propiedad de distintas firmas[12]Así, y extremando las enseñanzas de esta línea de pensamiento, una firma se definiría como un conjunto de activos complementarios y su límite vendría dado por el conjunto de activos que bajo una propiedad común entrega un valor mayor que bajo propiedad separada. Téngase en cuenta que el enfoque basado en los derechos de propiedad, está muy relacionado con el de costos de transacción antes discutido, ya que estos derechos son importantes, porque a través de su influencia, en la determinación del uso de los activos se afecta el poder de negociación para decidir sobre la división de los excedentes que pueda arrojar una relación comercial y así, los incentivos de los diversos participantes a invertir en ciertos activos. Por lo tanto, la contribución principal de este enfoque, es que se establece explícitamente la importancia de los derechos de propiedad sobre los activos. Sin embargo esta la teoría no describe en forma exhaustiva la existencia y límites de firmas de mayor tamaño, ya que ella solo visualiza una situación de autarquía, en la cual todas las partes con interés en una transacción se reúnen para negociar las ganancias de tal transacción una vez que se han celebrado los contratos. En esta situación, el único tema relevante es quién tiene el derecho sobre cada activo y, como tal, no existen otras decisiones en el modelo. Como está concebida, la teoría de la firma basada en los derechos de propiedad no analiza la jerarquía ni la delegación de tareas dentro de una firma ni tampoco su estructura organizacional, temas que intentan abordar los enfoques basados en los costos de coordinación y diseño de incentivos que se discuten a continuación.

Enfoques basados en costos de coordinación

Bajo este enfoque se agrupan diversas teorías que se basan, fundamentalmente, en el análisis de los costos de coordinar las distintas actividades dentro de una misma organización, y de coordinar los objetivos de los diversos participantes en el proceso de toma de decisiones, incluyendo a los dueños del capital. A continuación se discuten las varias teorías basadas en los costos de coordinación y su relación con la contribución central de Coase (1937).

  • Enfoque basado en diseño de tareas y sistemas de incentivos

Aunque la teoría basada en los derechos de propiedad provee una clara explicación de los costos y beneficios de la integración, esta teoría parece explicar mejor la existencia y límites de las firmas, cuya propiedad y administración recaen en la misma persona, y, consecuentemente, explica menos acerca de la existencia y límites de grandes empresas, donde la propiedad y la administración están frecuentemente separadas. Holmstrom (1999) responde a esta inquietud argumentando que son las firmas las que poseen los activos, porque ellas modifican los incentivos que existen respecto del caso en que la propiedad de los activos esté en manos de las personas. Así, las firmas existen, porque pueden balancear mejor los incentivos, por ejemplo, de los trabajadores y administradores, e implementar mejores sistemas de trabajo y remuneraciones, lo que es especialmente importante en labores o procesos que requieran la realización de tareas múltiples y complejas. Hart y Holmstrom (2002), por su parte, realizan modificaciones a la teoría de los derechos de propiedad de manera que pueda ser aplicada a un mayor conjunto de temas organizacionales. Ellos asumen que una firma está caracterizada por la amplitud de sus actividades y se preguntan cómo éstas se agrupan. Temas como el diseño y coordinación de las actividades dentro la firma y las externalidades entre ellas son claves para determinar la existencia y límites de la firma. Así, por ejemplo, las actividades que se realizarán dentro de una firma dependerán, en parte importante, de qué otras actividades ésta desarrolle, favoreciéndose la realización de actividades complementarias, o que aporten mayores externalidades positivas en relación a las que desempeña la empresa. De esta manera, estos autores cambian el foco de atención desde los activos (que son el centro de la discusión en el enfoque basado en los derechos de propiedad) hacia las actividades.

Asimismo, las aplicaciones de Holmstrom[13]también debiesen ayudar en el análisis de la estructura interna de una empresa y de la delegación de autoridad dentro de ella. Holmstrom y Milgrom (1994) argumentan que los límites de la firma reflejan un trade off en el cual la propiedad de un activo interactúa con el diseño del trabajo (job design) y con otras decisiones organizacionales[14]Si esto es lo que sucede, los límites de la firma podrían reflejar factores que no aparecen en Grossman y Hart (1986), tales como aquellos que afectan la asignación óptima de tareas entre los individuos. De acuerdo a Holmstrom y Milgrom, la verdadera ventaja de las firmas sobre el mercado es su habilidad para balancear los incentivos de los agentes que están involucrados en múltiples actividades, algunas de ellas muy complejas, y ello de mejor manera que lo que se podría lograr utilizando al mercado y la pura propiedad del activo.

Desde el área de la administración estratégica también han surgido cuestionamientos a las teorías de la firma que se basan solamente en los costos de transacción y en los derechos de propiedad sobre los activos. Estos cuestionamientos se basan en que si bien es cierto, que las empresas para operar eficientemente, necesitan activos específicos tanto físicos como humanos, la especificidad de los activos no lleva a incrementar los límites de la firma por las fallas que se producen al transar estos activos a través del mercado, sino porque tener esos activos específicos dentro de la empresa constituye un stock de capital complementario con el resto de los factores, aumentando la eficiencia en el desempeño de las actividades de la firma y las ganancias por coordinarlas internamente (Conner 1991, Kogut y Zander 1992, Monteverde 1995, Grant 1996 y Moran y Goshal 1996 entre otros). Estos cuestionamientos dieron origen a lo que se ha denominado la teoría de la firma basada en el conocimiento de que las inversiones específicas, particularmente en recursos humanos, lenguaje interno y rutinas particulares de la empresa, son una fuente valiosa de conocimientos y capacidades que justifican su existencia y determinan sus límites[15]Así, de acuerdo a esta línea de pensamiento, la elección de los límites de la empresa depende, en parte muy importante, del grado en el cual las nuevas actividades de la firma son específicas a la base actual de activos de la empresa, Conner (1991). Las ventajas de eficiencia derivadas de realizar actividades en la empresa surgen de la presencia de características específicas, rutinas, lenguajes, ideas comunes, etc., que tienen por resultado mejorar el desempeño de estas actividades. A medida que una actividad se hace más específica a la empresa, ésta desarrolla una forma propia de comunicarse y comportarse de acuerdo a un código organizacional común, que facilita y hace más eficiente la diseminación del conocimiento Kogut y Zander (1992) y Monteverde (1995). De esta manera, la teoría basada en el conocimiento sigue asociando la existencia y límites de la firma con la especificidad de los activos necesarios para producir eficientemente; pero, a diferencia de las teorías de la firma basadas en costos de transacción (Coase y otros), esta asume que la mayor especificidad de una actividad implica que aumenta la eficiencia para que esas actividades se desarrollen internamente. Así, la extensión de los límites de la empresa por la especificidad de los activos se basa en la creación de un valor positivo por el desarrollo interno de esa actividad.

La teoría de la firma basada en el conocimiento, enfatiza la existencia de capacidades únicas para la determinación de las ventajas competitivas de una firma. Estas capacidades constituyen la base de conocimiento de la empresa y, como tales, son vistas como paquetes de rutinas de una naturaleza tácita que son de propiedad de la firma más que de los individuos, y son operadas por equipos de personas y administradores. En esta perspectiva, las firmas son heterogéneas y las diferencias en eficiencia y su sustentabilidad provienen, principalmente, de las dificultades de imitación por parte de otras firmas (Wernerfelt 1984, Barney 1986). De acuerdo a Penrose (1959), es la heterogeneidad de los flujos y stocks de conocimientos dentro de las firmas, no la propiedad de sus recursos físicos, la que le da a cada empresa su carácter distintivo. Esto es, porque los recursos físicos pueden normalmente ser adquiridos y combinados por cualquiera, mientras que los activos relacionados con el conocimiento, tales como las capacidades únicas y las rutinas, son difíciles de transferir, vender y comunicar.

  • Enfoque basado en el problema de agencia por la separación entre la propiedad y el control.

Este enfoque parte de la presunción de la actuación de los administradores a favor de los propietarios de la Firma. Ya Bearle y Means (1932) se preguntaban si los administradores de empresas actuarían en el interés de sus propietarios, a pesar de la baja participación que tienen en la propiedad de éstas. Este cuestionamiento nos muestra la raíz del problema de firma, que surge de la separación entre la propiedad y el control de una empresa. De acuerdo a Bolton y Scharfstein (1998) no es posible responder completamente la pregunta de por qué existen las firmas, sin reconocer que los administradores no son los dueños de las firmas, sino que son sólo sus agentes o representantes[16]Por lo mismo, junto con preguntarnos el porqué de la existencia de las firmas, debemos preguntarnos por los tipos de problemas de agencia que pudiesen ocurrir cuando los administradores toman sus decisiones sobre el uso de los activos sin ser sus dueños, y los efectos de estos problemas sobre las decisiones de inversión y compensación de las empresas. De acuerdo a lo anterior, un aspecto central en el análisis de la teoría de la firma es el de definir el objetivo de ésta. No se puede realizar un análisis de las motivaciones para la existencia de firmas y de su ámbito de acción sin considerar los posibles problemas de agencia que surgen de la separación entre su propiedad y su administración, o entre miembros de un equipo de trabajo y los administradores. Este problema ya había sido analizado por Adam Smith, quien en su libro "The Wealth of Nations", decía acerca de las empresas con propiedad dispersa: "No se puede esperar que los directores de tales empresas, que son los administradores del dinero de otros y no del propio, tengan el mismo cuidado y ganas de vigilar vigorosamente los recursos de la empresa que si estos recursos fueran de ellos[17]A partir de esta afirmación, ha surgido una importante literatura sobre los diversos problemas de agencia que pueden surgir en una empresa.

Una relación de agencia se define como un contrato (que puede ser implícito) bajo el cual una o más personas, el principal- contrata a otra –el agente, para que desarrolle cierta actividad en su representación que involucre la delegación de alguna autoridad en la toma de decisiones por el agente. Si tanto el agente como el principal son maximizadores de utilidad, existen razones para pensar que el agente no siempre hará lo que sea mejor para la utilidad del principal. Un ejemplo tradicional de un eventual problema de agencia es el que se da entre los administradores de las empresas y sus accionistas, donde los primeros no siempre actúan teniendo como objetivo maximizar la riqueza de los accionistas, sino que pueden buscar otros objetivos, como los de administrar una compañía de mayor tamaño o tener un mejor mobiliario en sus oficinas. En este esquema, el principal puede ayudar a alinear el comportamiento del agente con sus objetivos a través del monitoreo de éste y del establecimiento de incentivos que lleven a alinear los objetivos de ambos. Sin embargo, en este caso el principal va a tener que incurrir en costos para el monitoreo de la firma y de crear, pagar y cumplir los contratos que entreguen una estructura de incentivos que, efectivamente, tienda a alinear los incentivos del principal con los del agente. El agente, por otra parte, podría destinar recursos a garantizarle al principal que no tomara acciones que lo perjudiquen. Sin embargo, incluso si el principal y el agente hacen esfuerzos (generalmente contractuales, como un determinado mecanismo de compensación) para disminuir los costos de agencia en su relación, es muy probable que subsista alguna divergencia entre los intereses de ambos que provoque la continuidad del problema de agencia. Entre las teorías de la firma que se basan en el problema de agencia, destaca la de Alchain and Demsetz (1972), que justifican la existencia de una firma a base de los conflictos de interés que surgen entre los miembros del equipo que se requiere para la producción de un bien o servicio, cuando no hay información perfecta acerca del comportamiento de cada uno de los miembros de ese equipo. La inexistencia de información completa provoca que cada miembro del equipo tenga incentivos a disminuir su esfuerzo respecto al que estaría dispuesto a entregar si pudiese ser vigilado en forma perfecta. Se provoca un conflicto entre los objetivos individuales y grupales, que se exacerba a medida que mayor es el grado de imperfección en la información acerca del desempeño de cada miembro del grupo. Asimismo, el problema de la menor producción causado por este conflicto de intereses es más importante a medida que las actividades entre los miembros del equipo sean más complementarias.

Tabla 1. Resumen de Principales Teorías de la Firma y su relación con el trabajo de Coase.

Monografias.com

En las líneas que siguen, tomadas de un trabajo desarrollado por Ignacio Perrontini[18]se enseña un modelo que demuestra que los microfundamentos de información asimétrica conducen a la economía de mercado a un resultado macroeconómico socialmente ineficiente, mediante la realización de una suerte de Ley de Gresham inducida por el fenómeno de selección adversa [Akerlof, 1970]. La ley de Gresham fue desarrollada por Sir Thomas Gresham, fundador de la real Bolsa de Comercio de Londres en el siglo XVI, pero solo fue hasta finales del siglo XIX cuando este principio empezó a conocerse como Ley de Gresham. Es un principio según el cual el dinero malo desplaza al dinero bueno y lo saca del mercado. Dicho en otras palabras cuando una unidad monetaria depreciada esta en circulación simultáneamente con otras monedas cuyo valor nos e ha depreciado en relación a un metal precioso, las monedas depreciadas y menos valiosas serán las que circulen, la buena se ahorra y a largo plazo, desaparece de las transacciones. Gresham se dio cuenta de que la gente prefería pagar con la moneda mas débil del momento y quedarse con la mas fuerte para dedicarla al ahorro, y se exportaban o se fundían ya que estas tenían un mayor valor como divisas o lingotes. Sobre esta base teórica, Akerlof determinó el efecto de desplazamiento (crowding out) en el marco de una economía con información asimétrica[19]en este caso los agentes con más información (prestatarios, vendedores en mercados de segunda mano) desplazan a los menos informados del mercado, y, en consecuencia, el producto malo" desplaza al producto "bueno". Akerlof extendió la famosa Ley de Gresham al caso en que los agentes no puedan distinguir entre un bien de alta calidad y un bien de baja calidad, debido a la presencia de información asimétrica; los supuestos de su modelo son:

(i) oferta de una mercancía indivisible que se presenta en dos calidades, el bien de baja calidad (L) y el de alta calidad (H);

(ii) la oferta se realiza en proporciones fijas, ? y 1-??respectivamente;

(iii) los consumidores no pueden reconocer a priori las diferencias cualitativas del producto debido a "información privada" u "oculta" en poder del vendedor;

(iv) en razón de la presencia de información asimétrica, para los consumidores el valor del bien de baja calidad en unidades monetarias es igual a (L y el del bien de alta calidad es (H > (L, mientras que para el oferente los valores respectivos son: vL<(H y vH <(L;

(v) en ausencia de regulación de los mercados, el mismo bien de calidad dual (alta y baja) se comerciará en un solo mercado y los consumidores no podrán identificar esta dualidad cualitativa, lo que dará lugar al fenómeno de selección adversa.

En estas circunstancias, el intercambio realizaría un resultado "socialmente eficiente" si y sólo si existieran mercados diferenciados para cada calidad del mismo bien. Sin embargo, en competencia perfecta y con mercados desregulados o liberalizados, en lugar de un resultado eficiente, el fenómeno de información asimétrica induciría un efecto del tipo ley de Gresham al que la teoría económica de los mercados con información asimétrica denomina selección adversa. El proceso es el siguiente: el precio promedio fijado por los consumidores es:

( = ?(L + (1 – ?) (H

A causa de la segmentación informativa, el precio de la mercancía H fijado por el oferente es:

PH > (

( , establece el límite máximo alcanzable para el precio del bien comerciable y en consecuencia, el consumidor racional sólo estará dispuesto a pagar un precio P = ( y éste será el precio de equilibrio en el mercado. De este modo, el productor de H experimentará una pérdida de ingreso inducida por el diferencial de precios proporcional a:

????(H?= PH - ?(L ??+ (1 – ?) (H

en consecuencia, sería desplazado del mercado por la competencia, porque el resultado del mecanismo de precios en estas circunstancias es un proceso de selección adversa (del bien L en contra del bien H). En suma, la "mano invisible" conduce a la economía a la ley de Gresham a través del principio de información asimétrica en los mercados. El fenómeno de selección adversa, ilustrado por Akerlof [1970] con el caso de una mercancía de calidad dual, no se restringe a un número limitado de productos y se puede observar continuamente en los mercados de trabajo, de bienes y financieros y en la paradoja desarrollo-subdesarrollo del capitalismo moderno; explica, asimismo, la conducta de los agentes y aún de las instituciones de regulación económica y social. Es interesante enfatizar que el modelo de información asimétrica invierte el orden de causalidad entre competencia imperfecta e instituciones establecido por el monetarismo y la nueva macroeconomía clásica: las instituciones no causan las asimetrías en los mercados, sino que éstas explican la necesidad y la existencia de aquellas[20]

En las organizaciones actuales los individuos establecen diversas relaciones contractuales con el fin de cooperar y satisfacer sus respectivas funciones de utilidad, las cuales se diferencian dependiendo de las funciones que debe desempeñar cada empleado. La Teoría de Agencia toma como base los modelos del comportamiento humano empresarial, expuestos por los autores Jensen y Meckling (1976) en su trabajo "Theory of the Firm: Managerial Behavior, Agency Costs, and Ownership Structure", en la cual se plantean los acuerdos contractuales de un "empleado genérico" (agente) y un "empleado directivo" (principal), diferenciándose los papeles que cada uno desempeña en la empresa y que obliga a los empleadores a diseñar contratos adecuados para conseguir incentivos a los diversos empleados hacia el logros de los objetivos de interés general[21]

La Teoría de Agencia la podemos definir como el análisis de las relaciones principal-agente, según la cual una persona: el agente (Gerente de Empresa) actúa en nombre de otra persona: el principal (Accionistas). El objetivo de está teoría es mostrar como las empresas se comportan para maximizar su valor, que es también la suposición básica de los modelos de análisis económicos financieros.

El enfoque de agencia aplicado al comportamiento de las organizaciones empresariales, surge como consecuencia de la necesidad de dar respuesta a un conjunto de interrogantes tratadas inadecuadamente, tanto por la Teoría Neoclásica que no podía explicar en términos satisfactorios la conducta de la empresa en los mercados; como por la Teoría de la Organización la cual ofrecía una modernización imprecisa de relaciones organizativas caracterizadas por la separación de la propiedad y el control. Por lo tanto la Teoría de las relaciones de Agencia surge con una doble necesidad de orden externo e interno, respectivamente.

La propuesta principal de la Teoría de Agencia radica en que las personas racionales tienen incentivos para reducir o controlar los conflictos de intereses y minimizar las pérdidas que dichos conflictos puedan generar.

En toda relación de agencia se generan costos, siempre y cuando se verifiquen los siguientes requisitos:

  • La presencia de conflictos de interés entre el principal y el agente.

  • Que exista asimetría informativa combinada con oportunismo.

Los costos de agencia, según Jensen y Meckling, lo podemos definir como el consumo de recursos aplicados a reducir estos dos elementos, más los costos asociados al fracaso de esta reducción, es decir, es el costo incremental, por encima del costo en que se hubiese incurrido en un mercado financiero laboral perfecto, el cual al agente se le pagaría exactamente la cantidad justa sin ningún desperdicio. En nuestro mundo imperfecto, los costos de agencia son un desperdicio que se pierde en el sistema.

Los costos de agencia en la relación principal-agente se pueden clasificar en tres tipos:

  • 1. Costos Directos de Contratación o Costos de los Contratos Financieros: Estos costos incluyen: Los costos de transacción por el establecimiento del contrato (Comisiones por venta y honorarios legales por la emisión de obligaciones). Los costos de oportunidad impuestos por las restricciones que incluyen decisiones que de otro modo serían óptimas (la imposibilidad de realizar proyectos de inversión con un VAN positivo debido a un convenio restrictivo de obligaciones). Los honorarios por incentivos pagados al agente para animarles a actuar en consonancia con los intereses del principal (bonificaciones a los empleados para estimular el comportamiento consistente con los objetivos del principal).

  • 2. Costos de Supervisión o Control: Son los costos de seguimiento o control del principal en la vigilancia de las acciones del agente (costos de auditoria). Con la inclusión en el contrato a través de incentivos apropiados, restricciones y penalizaciones, el principal puede animar al agente a actuar según sus intereses. Sin embargo en muchos casos el principal no puede observar todo lo que hace el agente y por ello este último puede actuar en su propio beneficio, a lo que se denomina riesgo moral. Para cubrirse de este riesgo el principal pude realizar un seguimiento o control de las acciones del agente, sin embargo este resulta costoso y a veces totalmente imposible de llevar a cabo. Por ejemplo: La venta a comisión en la que el agente recibe un porcentaje del precio de venta, un seguimiento parcial o incompleto podría consistir en una auditoría de los gastos empleados para realizar la venta, reduciéndole la comisión si aquellos superan un cierto nivel.

  • 3. Costos Residuales: Estos costos están representados por la pérdida de la riqueza que sufre el principal debido a que el agente persigue objetivos distintos, a pesar del seguimiento o monitoreo al que se le somete (excesivas cuentas de gastos de los empleados).

Una meta importante es encontrar una forma de contrato que logre minimizar el costo total de agencia en tal relación, y será aquel que represente el menor desperdicio. Por ejemplo en algunos casos, el costo de un mal comportamiento organizacional puede resultar menos que el costo de vigilancia. En la mayoría de los casos la solución óptima debe prestar atención a cada uno de los tres componentes de los costos de agencia. Jensen y Meckling opinan que los conflictos de intereses causan problemas y pérdidas a las partes implicadas, por lo que ambas estarán fuertemente motivadas para minimizar los costos de agencia de tal cooperación. Por ahora pasaremos a definir una serie de aspectos que influyen con los Costos de Agencia y que están relacionados con los acuerdos contractuales, la relación Principal-Agente, los rasgos distintivos del empleado y el directivo, y del intercambio de derechos de propiedad en un contexto de agencia.

El término contrato se refiere al acuerdo entre dos o más personas, establecido legalmente, por el cual se determinan unos derechos y obligaciones para las partes. La diversidad de características que presentan los participantes de la empresa supone la necesidad de diseñar distintos tipos de contrato según sea la naturaleza de la función que el individuo contratado debe desempeñar en la empresa. En particular, nos detenemos en la definición y caracterización del contrato de empleo y directivo, con el fin de establecer un paralelismo entre ellos.

Respecto al contrato de trabajo, señalamos la definición que ofrecen Kalleberg y Reve (1992) que lo definen como: "...un acuerdo bilateral entre empleador y empleado que implica expectativas y comportamientos recíprocos". En él, las partes buscan satisfacer sus propias necesidades y, para ello, pretenden intercambiar "algo" de valor para el otro individuo; en concreto, el empleador intercambia condiciones de trabajo y recompensas - monetarias y no monetarias - a cambio de obtener esfuerzo y disponibilidad por parte del empleado. Así, en un acuerdo contractual se describe cómo son las relaciones de empleo, incluyendo cómo se organizan, gobiernan, evalúan y recompensan.

Una vez definido el contrato de empleo, podemos apuntar el perfil del mismo como un acuerdo fundamentalmente explícito, incompleto, bilateral, de duración variable y que puede estar basado tanto en los resultados obtenidos como en su comportamiento en la tarea encomendada.

Pasamos a describir un contrato de directivo, que en términos generales es un contrato que refleja, de forma más o menos explícita, las condiciones y obligaciones contractuales de las partes que intervienen - propietarios y directivos - en un periodo de tiempo estipulado. En particular, destacamos la definición ofrecida por Andrés (1995) que considera este acuerdo como "...la forma típica de reflejar la regla retributiva del directivo además de expresar las funciones y responsabilidades del mismo, así como su grado de autonomía". Según la definición anterior, este contrato tiene tres elementos fundamentales:

  • la regla retributiva,

  • el grado de discreción o autonomía concedido y,

  • las funciones y responsabilidades asignadas a cada directivo.

Siguiendo los mismos criterios utilizados para caracterizar el contrato de empleo, definimos el directivo como explícito pero que suele incluir compromisos implícitos en mayor medida que el de empleo bilateral, con un horizonte temporal normalmente de largo plazo y basado fundamentalmente todo en los resultados obtenidos con sus decisiones.

Dadas las características que describen estas relaciones laborales, los participantes deberán asumir un papel activo en la dinámica continúa que supone contar con contratos que están incompletos, lo que implica la necesidad de estar abiertos a la renegociación de sus contenidos y a solucionar conflictos de diversa naturaleza. En definitiva, para el buen término del acuerdo -de empleo o directivo- es imprescindible una voluntad de cooperación y colaboración por ambas partes, en caso contrario, los objetivos de alguno de ellos se podrían no ver satisfechos, lo cual les podría incentivar a buscar algún cambio en lo pactado inicialmente o, incluso, a romper definitivamente el vínculo contractual

Relación Principal – Agente

El concepto original de relación de agencia proporcionado por Jensen y Meckling (1976) dice: "...contrato por el que una o más personas.....encomiendan a otra persona la realización de un servicio en su provecho que implica delegar autoridad al agente". (p.308). Esta propuesta determina cuáles son los elementos que participan en la configuración de este concepto: principal y agente.

El principal estable las metas y da a los agentes un presupuesto para el cumplimiento de un conjunto de objetivos. El agente, sin embargo, tiene el poder del conocimiento, que implica un espacio de discrecionalidad para escoger cursos de acción y para tomar decisiones. En tal sentido, Michael Jensen define al agente perfecto como aquel que toma decisiones sin tener en cuenta sus propias preferencias, sino sólo las del principal.

Reflexionando lo señalado en los párrafos anteriores podemos decir que en cada nivel del organigrama empresarial al delegar autoridad en la toma de decisiones se produce una relación principal-agente.

En la empresa pueden intervenir individuos muy diversos en función del tipo de actividad que se les ha encomendado desarrollar. En este punto, se destacarán los rasgos característicos del directivo frente a un empleado medio o "genérico" de la empresa, ya que sus distintos perfiles exigirán un diferente trato contractual.

Por un lado, cuando nos referimos al empleado se busca representar a individuos que trabajan por cuenta ajena, poco calificados, que desarrollan tareas operativas y con un bajo nivel de responsabilidad en la empresa. Frente a este tipo de empleados, se encuentra el alto directivo, el cual mantiene un vínculo contractual con la empresa peculiar que acrecienta la complejidad de su estudio pero que, a la vez, le hace significativo dentro de un contexto de agencia. Algunos de sus rasgos distintivos son:

  • 1. El Directivo es considerado un Agente Central respecto al resto de empleados de la empresa, es decir, es el encargado de coordinar los contratos bilaterales con los distintos participantes de la misma, por lo tanto se convierte (el directivo) en el centro del nexo de contratos dentro de la organización, contando con el poder suficiente para contratar, revisar y terminar los contratos con cada uno de los empleados de la empresa de forma independiente.

  • 2. El Directivo será el encargado de gestionar los factores cooperativos de la empresa, entre otros, los de naturaleza laboral.

  • 3. El Directivo tiene una función de supervisar las actuaciones de otros empleados. Según Milgrom, P. y Roberts, J. (1993) esta idea tiene significado dentro de la teoría de equipos donde se define la figura del supervisar como "...una forma de reducir el escaqueo de los miembros del grupo, ya que tiene capacidad para dilucidar quien está siendo realmente productivo y recompensarle en función de ello." Esto implica que puede dar instrucciones, evaluar el rendimiento, retribuir en función del esfuerzo, promocionar en función de los resultados, etc...al personal que está bajo su responsabilidad.

  • 4. El Directivo mantiene una relación contractual con los propietarios de la empresa, a los cuales ofrece sus conocimientos, habilidades y experiencias a cambio de una retribución pactada y un grado de autonomía en la toma de decisiones. De esta forma, es contratado como agente de estos principales para actuar en su nombre en una determinada área de responsabilidad.

La diferencia fundamental entre directivos y empleados, se debe al tipo de conocimientos que poseen. Alchian y Woodward (1987) definen la empresa como "...un conjunto de recursos bajo nexos contractuales...", De esta manera se tienen a los empleados con recursos o conocimientos genéricos, es decir, fácilmente sustituibles y transmisibles. Sin embargo, los directivos poseen unos recursos especializados por los cuales son contratados por la propiedad. Así, sus conocimientos sobre una determinada materia les diferencia de otros individuos, y con el paso del tiempo en la empresa pueden convertirse en específicos, hasta el punto de hacerse difícilmente sustituibles y transmisibles a otros. La posesión de este tipo de conocimientos tan valiosos para la empresa les otorga una posición ventajosa frente a otro tipo de empleados.

Intercambio de Derechos de Propiedad en un Contexto de Agencia

La esencia de los contratos de empleo y directivos definidos anteriormente son los intercambios de derechos que se van a producir una vez firmados. Es decir, las partes voluntariamente deciden establecer una relación de cooperación a través de un contrato en el cual se acuerda cómo se debe producir la transacción de recursos; los individuos realizan intercambios voluntarios para alinear sus respectivos derechos de propiedad. Tanto en las relaciones de empleo como en las directivas se intercambian derechos de propiedad, pero éstos son distintos en cada caso. En la primera, el trabajador ofrece al empleador su disponibilidad, su esfuerzo y su productividad a cambio de una retribución y unas condiciones de empleo, mientras que en la segunda, el directivo ofrece a los propietarios sus habilidades, sus conocimientos, sus experiencias, su capacidad de decisión y su tiempo disponible a cambio de una retribución y un grado de autonomía en su trabajo. Justamente, trabajadores y directivos son contratados por esos recursos que poseen y sin los cuales las empresas no podrían funcionar, ya sea a nivel operativo o a nivel directivo. Los contratos deberán definirse de forma que se incentive a los individuos que intervienen a ofrecer los derechos que poseen en los términos acordados, en caso contrario, alguno de ellos podría aprovecharse de la otra parte desviándose de sus obligaciones contractuales, o lo que es lo mismo, incurriendo en conductas de naturaleza oportunista.

A continuación, representamos gráficamente los principales elementos de esos intercambios transaccionales: La ilustración número 1 representa el intercambio transaccional entre el trabajador y el empleador; la ilustración número 2, representa el intercambio transaccional entre el directivo y los propietarios de la firma y la ilustración número 3, representa las relaciones implícitas entre el principal y el agente en conexión con una firma.

Ilustración 1. Intercambio transaccional trabajador-empleador

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Ilustración 2. Intercambio transaccional directivo-propietarios

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Ilustración 3. Relaciones implícitas entre principal y agente en conexión con la Firma

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En realidad, cualquier acuerdo entre agentes individuales de intercambiar sus derechos respectivos puede interpretarse como una relación de agencia. El empleador -principal- delega el desarrollo de ciertas tareas en el empleado –agente-, para que las desarrolle en un periodo de tiempo establecido y, a cambio, el agente espera una retribución y unas condiciones de trabajo. Por otro lado, el propietario delega en el directivo la toma de decisiones en un área de responsabilidad determinada para que éste actúe en pro de los objetivos de la empresa - en términos de incremento de valor de la empresa en el mercado y, a cambio, el agente espera ser recompensado por ello.

La divergencia entre los diferentes intereses de los agentes y de los principales da lugar a los denominados problemas de agencia.

Por ejemplo:

  • 1. En el caso de las empresas, los directivos pueden estar tentados a actuar en su propio interés en lugar de hacerlo en el de los accionistas. Esto implica la necesidad de diseñar un sistema adecuado de incentivos, restricciones y penalizaciones con el objeto de asegurar que los directivos (agentes) actúen en sintonía con los intereses de lo accionistas (principales), incluidos los costos de agencia explicados anteriormente.

  • 2. En las relaciones contractuales los prestamistas invierten su dinero en la empresa a cambio de la promesa de recibir periódicamente unos intereses y la devolución de su dinero al final del período pactado, sin embargo estos recursos son invertidos en activos que son elegidos por los directivos de la compañía, y no por los propios prestamistas, por esto si ellos creyesen que su dinero va a correr más riesgo que el deseado forzaran a la empresa a no arriesgarse más allá de un límite determinado, lo que representa un costo de agencia.

Todas estas relaciones de agencia se caracterizan por desarrollarse en un contexto muy particular:

  • 1. Por un lado está la separación de funciones que ya planteamos con anterioridad y que se diferencian por las distintas funciones de utilidad que persigue cada uno, existiendo un conflicto de intereses entre empleador-empleado y propietarios. Si los primeros tuviesen un conocimiento exacto de las acciones de los segundos, o el contrato que les liga fuese tan perfecto que los intereses de ambas partes resultaran coincidentes, no existirían problemas de agencia.

  • 2. Por otro lado, la relación está envuelta en un ambiente de incertidumbre provocado por el acceso asimétrico de la información de empleador y empleado en cada momento y como nuestro mundo no es perfecto debemos buscar aquellos contratos financieros que minimicen los problemas de agencia.

Este desigual reparto de la información puede provocar conductas oportunistas de la parte mejor informada, incrementándose la complejidad de actuación del trabajador o el directivo en la medida que crece la "brecha informativa" que les separa. Bajo estas condiciones de conflicto e incertidumbre, no es difícil admitir la aparición de los denominados problemas de agencia que, en realidad, son obstáculos al buen término del acuerdo contractual. Los comportamientos oportunistas o aprovechadores de los individuos pueden producirse tanto antes como después de la firma del contrato, desembocando en varios tipos de problemas que consideraremos a continuación:

La selección adversa en el caso del señalamiento[22]

En los modelos de selección adversa, un grupo A no posee información sobre las características del grupo B, mientras que el grupo B esta informado sobre sus propias características. En este caso se asume que el grupo desinformado A, será el que hará el primer movimiento para obtener información en poder del grupo B, para luego dar a conocer su propia información.

Alternativamente, el equilibrio en este tipo de señalamiento presupone que el grupo informado B se moverá primero y enviara una señal al grupo desinformado A revelando una parte de su información. Entonces el grupo A procederá a revelar parte de la información que mantiene en privado. Este tipo problema de señalamiento corresponde a los incluidos en los problemas de la agencia de selección adversa. El problema clásico de señalamiento con selección adversa es el del mercado de vehículos usados, conocido en los Estados Unidos como el del problema de los "limones". La lección en este caso es que la falta de conocimiento sobre la calidad de un bien puede impedir el funcionamiento de un mercado.

El problema de los "limones" es el siguiente: Supongamos que existen dos tipos de vehículos usados en el mercado:

  • (i) Vehículos buenos ("melocotones")

  • (ii) Vehículos malos ("limones")

Supongamos ahora que existe un vendedor con riesgo neutral con un mercado finito de vehículos que esta mejor informado sobre la calidad de sus vehículos disponibles para la venta, pero que esta información es privada para el vendedor. En este mercado también existirán un número infinito de potenciales compradores con riesgos neutral que de seguro no están en capacidad de observar la calidad de los vehículos, denotado con la expresión: q ? 0. Los valores de los potenciales compradores y de los vendedores estarán representados de la manera siguiente:

  • (i) Un vehículos bueno ("melocotón") tiene un valor $g para el vendedor y un valor $G para el comprador, donde G ? g, por lo tanto G – g será el beneficio por la venta del vehículo bueno para el vendedor.

  • (ii) Un vehículos malo ("limón") tiene un valor $l para el vendedor y $L para el comprador, donde L ?l, y L – l es la ganancia del vendedor del vehículo malo.

Dado que (i) – (ii) y la cantidad infinita de compradores potenciales, y que ambos tipo de vehículos deben ser negociados, no existiendo información privada, los vehículos buenos se venderán por G y los vehículos malos se venderán por L, representando un mercado simple en equilibrio. Otra posibilidad podría ser que ambos grupos estuvieses desinformados, entonces el valor de equilibrio de cualquier vehículo seria el valor promedio:

q G + (1 – q) L;

dado la neutralidad de los riesgos y un número infinito de compradores potenciales.

En este problema el caso interesante es el caso de la asimetría de la información. Supongamos que el vendedor conoce la calidad de los vehículos que están a la venta y que esta información es privada. El comprador solo evalúa la proporción de vehículos buenos en el mercado q ? 0, pero no puede diferenciar un vehículo bueno ("melocotón") de un vehículo malo ("limón").

En esta caso ¿Cuál será el valor de mercado de equilibrio que cumple con q ? 0? En primer lugar el vendedor informado solo ofrecerá vehículos buenos si el valor de mercado es P? g, de otra manera el perderá dinero en la venta de los vehículos buenos. En segundo lugar los compradores en similares condiciones, con conocimiento de la proporción de vehículos buenos q ? 0 inferirán que si el valor de un carro usado es muy bajo, p ? g, por lo tanto todos los vehículos en el mercado serán "limones", por ejemplo ¿Por qué una persona estará vendiendo un vehículo tan bueno por un precio tan bajo? En este caso los compradores solo compraran si el valor del vehículo es p = L, donde L es el valor que el Agente le asigna al un vehículo malo. Por lo tanto existirán tres posibles puntos de equilibrio tal y como se ilustra en la figura a continuación:

  • (a) Si el valor del mercado es:

L ? p ? g,

No se venderán vehículos y el mercado estará bloqueado, la información privada impide que el mercado funcione ya que los compradores solo compraran si p = L, p.e. el valor es muy bajo para los "melocotones" y muy alto para los "limones".

  • (b) Si el valor de mercado es:

p = L,

entonces el vendedor solo venderá vehículos usados malos ("limones"), y no se venderán vehículos buenos y el precio de equilibrio del mercado será:

p = L? g,

p.e. caso de la selección adversa;

(c) Si el valor del mercado es:

p ? g,

entonces el precio es elevado y ambos vehículos serán puestos a la venta; el valor de mercado (riesgos neutrales) será:

p = q G + (1 – q) L = g

y ambos vehículos serán vendidos como si el Agente y el Principal estuvieran desinformados, p.e. no hay mecanismo de revelación en uso.

La disfuncionalidad del mercado proviene de la inhabilidad del vendedor para señalar la calidad de los vehículos buenos que están a la venta a los compradores. Una posible oferta de contrato para reducir este problema será que el vendedor señale la calidad de los vehículos usados ofreciendo una garantía, pero este tipo de señales mensajes tienen un costo. El contrato óptimo será, en este caso, entonces el que permita balancear los costos y los beneficios.

La ilustración 4 a continuación contiene un esquema de los tres posibles puntos de equilibrio en el mercado de vehículos usados o "limones".

Ilustración 4. Señalización: El problema de los "limones"[23].

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La selección adversa o información oculta o conducta oportunista:

Es una situación representativa de asimetría informativa que se produce entre el empleador y un empleado potencial cuando este último es candidato a ocupar algún puesto de trabajo vacante en la empresa. Salas (1987) destaca como el empleador tiene serias dificultades para conocer la valía profesional de ese candidato para el puesto concreto y, por tanto, será difícil prever si realmente será una inversión valiosa para la empresa. Si el tiempo demuestra que la elección no ha sido la correcta porque no desarrolla adecuadamente la tarea encomendada, estamos ante un problema denominado selección adversa o anti-selección. En él, una parte del contrato tiene información privada sobre ciertos aspectos relevantes para la relación laboral pero no la revela en la firma del acuerdo- oportunismo. Pre-contractual (Milgrom y Roberts. 1993) y con ello, los posibles conflictos entre ellos quedan "camuflageados" por un pacto de empleo aparentemente bueno.

Este problema se acrecienta cuando nos detenemos en el caso directivo. La trayectoria directiva es difícil de seguir por la empresa, excepto cuando se cuenta con mercados de trabajo muy eficientes, lo que incrementa la carencia informativa sobre la verdadera capacidad profesional. En muchas ocasiones, los propietarios no descubren que la gestión del directivo es negativa hasta después de transcurrido un período largo en la organización, lo cual puede suponer unos daños irreparables para los resultados generales. Con ello, la falta de información suficiente sobre la verdadera capacidad del agente contratado puede llevar a redactar contratos no eficientes para los objetivos de los propietarios, resumiendo sus respectivas funciones de utilidad.


Partes: 1, 2, 3


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