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Los cátaros del Languedoc (página 5)


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[59] BERNARD, Jacques, 1987, "Comercio y finanzas en la Edad Media, 900-1500", en CIPOLLA (ed.), op. cit.,, pg. 340

[60] LADERO QUESADA, op. cit., pp. 465 ss.

[61] Un ejemplo arquetípico de tales instituciones fue la llamada hansa teutónica o Liga Hanseática (del alemán culto antiguo Hansa, 'liga'), término aplicado a la federación de una serie de ciudades del Norte de Alemania y de comunidades de comerciantes alemanes residentes en los Países Bajos, Inglaterra y en la zona del Mar Báltico. Fue creada en 1158 como una agrupación de los comerciantes de Alemania del Norte, con el fin de proteger y fomentar los mutuos intereses comerciales. En su máximo momento de influencia, la Liga constituyó una gran potencia política en Europa. Su desarrollo, como hemos dicho, fue consecuencia de las peculiares circunstancias de la Europa medieval, entre las cuales se cuentan el gra-dual surgimiento de ciudades libres y de gremios mercantiles, la desintegración de una autoridad central dentro de Alemania, la expansión de la colonización, influencia y comercio de los mercaderes alemanes al Este del río Elba, el estímulo de las relaciones comerciales del Norte de Alemania con Inglaterra y con los puertos continentales ingleses del Canal de la Mancha, y el predominio de piratas y salteadores de cami-nos a lo largo de las principales rutas comerciales. [Encarta-2000]

[62] En la Italia de principios del siglo XI la mayoría de las ciudades no superaban los cinco o seis mil habi-tantes. Sólo Roma, Venecia y Génova lo hacían, y algo parecido ocurría en el resto de Europa. No obstan-te, después del período inicial, el crecimiento de las ciudades fue por lo general bastante rápido, desde mediados del siglo XI en Italia y Flandes y desde mediados del XII en otras regiones. El auge se debió casi siempre a la afluencia de población rural, especialmente la procedente de las zonas más próximas. En otras ocasiones, en cambio, como sucedió con las ciudades de colonización, de repoblación o en puertos de mar, la procedencia era mucho más diversa y a veces bastante lejana. En todo caso, la abundancia de inmigrantes rurales o de descendientes suyos acentuó los lazos ciudad-campo y contribuyó a mantener el aspecto campesino de muchas de las ciudades, sobre todo de las de menor tamaño. [LADERO QUESA-DA, pg. 459]

[63] ibid., pp. 451 ss.

[64] LE GOFF, "La ciudad ...", op. cit., pg. 70

[65] LADERO QUESADA, op. cit., pp. 469 ss

[66] La base económica del señorío en su forma más primitiva radicaba en la posesión de seres humanos: los señores poseían grandes cantidades de esclavos que trabajaban la tierra. Los mismos no disfrutaban de derecho alguno contra su señor, el cual se hacía responsable de mantenerlos en paz y organizar sus obli-gaciones ; dicha esclavitud doméstica se fue haciendo cada vez más rara en casi toda Europa. No obs-tante, en la Península Ibérica y en el Sur de Italia la esclavitud doméstica siguió practicándose hasta el final de la Edad Media, aunque sólo se utilizaron los esclavos a gran escala para las labores agrícolas en Sicilia y en las Islas Baleares. El poder del señor sobre sus sirvientes domésticos continuaba siendo prácticamente absoluto, y los sucesores de muchos de estos esclavos domésticos fueron los siervos de la gleba, cuyas condiciones de vida no diferían mucho de las de los antiguos esclavos. [Britannica-CD]

[67] LADERO QUESADA, op. cit., pg. 471

[68] ibid., pg. 472

[69] ibid., pp. 460 ss.

[70] ibid., pp. 473 ss.

[71] Lo que atañe a todos debe ser discutido y aprobado por todos.

[72] La denominación de manso aparece a partir del siglo VII, pero la institución que designa es mucho más antigua y corresponde al Hufe de los países germánicos y al Hide británico. Comprendía generalmen-te el solar con la casa del campesino y algunas dependencias, como graneros y huertos, sustraídos a las prácticas comunales, y los campos de labor, que podían estar junto al 'manso' o diseminados por el térmi-no. Si originalmente indicaba la pequeña propiedad familiar autosuficiente, posteriormente pasó a desig-nar cada unidad de explotación que un señor arrendaba ; esos mansos señoriales podían ser ingeules (concedidos a un colono libre), serviles (a un siervo) o lidiles (a un liberto). En Francia, la institución del manso comenzó a decaer a partir del siglo IX a medida que los mismos se iban subdividiendo en tenen-cias más reducidas. En la Península Ibérica, esta unidades de explotación fueron conocidas en los reinos occidentales con el nombre de 'hereditas' o heredad, y en la Corona de Aragón con el de 'manso', de donde derivan las denominaciones todavía subsistentes de mas, masía y masada. [Nueva Enciclopedia Larousse]

[73] LADERO QUESADA, op. cit., pp. 425 ss.

[74] DUBY, Economía rural ..., op. cit., pg. 280

[75] LADERO QUESADA, op. cit., pg. 428

[76] ibid., pg. 431

[77] Vid. supra, nota 66

[78] LADERO QUESADA, op. cit., pp. 431-33

[79] DUBY, Georges, 1983, Guerreros y campesinos. Desarrollo inicial de la economía europea (500-1200), Madrid, Siglo XXI, pp. 289-90

[80] LADERO QUESADA, op. cit., pp. 435 ss.

[81] ibid., pg. 437

[82] ibid., pp. 439 ss.

[83] El vocablo alemán Ketzer, que significa 'hereje' y sigue utilizándose en la actualidad, deriva de dicha denominación.

[84] NIEL, Fernand, 1974, Albigeois et cathares, Paris, PUF, pp. 59 ss.

[85] Como también designaban, como hemos visto más arriba, a cierto movimiento de 'pobres volunta-rios' en la misma región.

[86] Hay más denominaciones: "Muchos padres de la Iglesia y otros autores antiguos consideraban tam-bién cátaros a los 'novocianos', y así, San Isidoro de Sevilla, en sus 'Etimologías', habla de cátaros y de novocianos, afirmando que a pesar de la diferencia de nombres, siguen la misma doctrina ; San Agustín, en su obra 'De haeresibus' (XVLI P.L., tomo XLII, col. 36), dice que los miembros de una rama de los maniqueos se llamaban cátaros". [DALMAU I FERRERES, Rafael, 1960, L'Heretgia albigesa i la bata-lla de Muret, Barcelona, Rafael Dalmau, pg. 7]

[87] NIEL, op. cit., pg. 60

[88] ibid., pp. 18-19

[89] También habría que referirse aquí, aunque indirectamente, al personaje Zaratustra que aparece en las obras de Friedrich Nietzsche, inspirado, sin duda, en el auténtico Zoroastro, pero poco fiel a su doctrina original.

[90] El hecho de que hubiese un grupo tan importante de dualistas en los Balcanes, y más concretamente en Bulgaria, es explicado por Fernand Niel como sigue: "Los eslavos comenzaron a establecerse al Norte de la Península Balcánica hacia la segunda mitad del siglo VI, fundando allí varias colonias sin cohesión política. Un siglo más tarde, esa cohesión fue asegurada por los búlgaros, quienes crearon una monar-quía estable al Sur de Danubio. Fue hacia mediados del siglo IX cuando misioneros cristianos enviados por Roma comenzaron a evangelizar el país, pero el patriarca de Bizancio había hecho otro tanto, de forma que el territorio quedó en una situación muy favorable para la eclosión de una tercera Iglesia. Misioneros paulicianos entraron en concurrencia con los de Roma y los de Bizancio, hasta el punto de que se ha detectado la presencia de maniqueos distribuidos por toda la Península a principios del siglo X. Por supuesto, los paulicianos deportados por Basilio I, más o menos convertidos a la fe ortodoxa, no se opusieron en absoluto a la aparición de una nueva forma de neo-maniqueísmo. Por su parte, los cam-pesinos eslavos, fuertemente oprimidos por los señores búlgaros, se hallaban totalmente dispuestos a aceptar una religión que les suministrase una explicación de sus miserias". [NIEL, op. cit., pp. 38-39]

[91] Secta cristiana dualista originada en Armenia a mediados del siglo VII. Fue influida directamente por el dualismo 'marcionita', un movimiento gnóstico del cristianismo primitivo, y por el 'maniqueísmo'. La doctrina fundamental de los paulicianos, al igual que la de los maniqueos, y posteriormente la de los cáta-ros, era que existía un Dios malo y otro bueno, el primero creador y gobernante del mundo presente, y el segundo del mundo futuro. De aquí deducían que Jesús no era realmente el hijo de María, porque el Dios bueno no podía de ninguna manera haberse encarnado convirtiéndose en hombre. Se guiaban sobre todo por el Evangelio de San Lucas y por las Epístolas de San Pablo, rechazando el Antiguo Testamento y las Epístolas de San Pedro. Tampoco aceptaban los sacramentos, la adoración y la jerarquía de la Iglesia esta-blecida. El fundador del 'paulicianismo' parece haber sido un armenio, Constantino, que adoptó el nom-bre adicional de Silvano (por Silas, uno de los seguidores de San Pablo). Parece ser que la secta protago-nizó una intensa rebelión política y militar en el seno del Imperio Bizantino poco después de sus apari-ción. Una expedición enviada por Basilio I en 872 destruyó su poder militar de manera definitiva, pero los paulicianos sobrevivieron en Asia por lo menos hasta la época de las Cruzadas. Después del siglo IX su importancia radicaba sobre todo en Tracia, donde muchos de ellos habían sido trasladados por la fuerza para servir de escudo fronterizo contra los búlgaros. Las doctrinas paulicianas se diseminaron por Mace-donia, Bulgaria y Grecia, especialmente entre los campesinos, y parece ser que contribuyeron al desarro-llo de las doctrinas y las prácticas de los bogomilitas a principios del siglo X. [Britannica-CD] La iden-tidad del Paulo que dio su nombre a los paulicianos no está bien documentada, pero según Fernand Niel se trata sin lugar a dudas de Paulo de Samosata, obispo de Antioquía en el 260, protegido por Zenobia, reina de Palmira, que fue destituido por Aureliano el año 272 por sus ideas heréticas ; los paulicianos, por otra parte, se consideraban descendientes de una familia semilegendaria oriunda precisamente de Samosa-ta y compuesta por le maniqueo Callinice y sus dos hijos Juan y Pablo. [NIEL, op. cit., pp. 34-35]

[92] "Lo que, de todos modos, no parece ya posible es poner en duda el papel desempeñado por el bogomi-lismo en la constitución del movimiento cátaro. Determinadas creencias, ritos e interpretaciones escritu-rales son idénticas en una y otra secta, y el nombre de 'boulgres' que a veces se ha dado a los cátaros los relaciona, de algún modo, con los bogomilitas búlgaros, del mismo modo que el de 'publicanos' ('popli-cani', 'populicani', 'publicani') podría hacer referencia a su relación con los paulicianos. Tenemos, ade-más, pruebas de las relaciones concretas que unían a las comunidades de Francia e Italia con las Igle-sias-madres de los Balcanes, y principalmente con la 'Iglesia de Dugrutia' (¿Dragovitza, cerca de Plov-div? ¿Digunithia, en Mesia, junto al Danubio? ¿Dragobitia, en Tesalónica?), que profesaba el dualismo absoluto, igualmente difundido en Constantinopla, y con la 'Iglesia de Bulgaria', fiel al dualismo relati-vo". [PUECH, op. cit., pg. 329]

[93] DURBAN, Pierre, 1968, Actualité du catharisme, Toulouse, Cercle d'Études et Recherches de Psychologie Analytique, pp. 86 ss.

[94] Jean Doresse no está de cuerdo con esa supervivencia del gnosticismo: "En Occidente, el tronco mis-mo del árbol gnóstico iba a verse brutalmente arrancado. Tras la extinción del priscilianismo en España, los renacimientos del dualismo que se constatan en la Europa medieval con los bogomilitas y los cátaros o albigenses, a los que ciertamente hay que añadir los movimientos milenaristas de finales de la Edad Media, mantienen con las sectas gnósticas de la Antigüedad y con el maniqueísmo unos lazos tan tenues que no es posible atribuir con seguridad una relación genética con ninguno de ellos. A lo sumo puede ha-blarse de resurgimientos suscitados por la transmisión de escritos gnósticos disfrazados de apócrifos cristianos y parcialmente expurgados de sus doctrinas más virulentas. Este es el caso de un 'Libro de Adán y Eva', vinculado por Ivanov a la literatura de los bogomilos o, tal vez, las pretendidas revelacio-nes de Juan -la 'Interrogatio Johannis'- utilizadas por los cátaros. Lo mismo sucedió, por lo demás, en el valle del Nilo, donde, en el siglo VI, el obispo Juan de Parallos, denunciaba aún algunas formas alte-radas del 'Libro secreto de Juan' y determinadas revelaciones en las que San Miguel era reemplazado por Satán a la cabeza de los cielos visibles. Los últimos vestigios de la mitología gnóstica se mantuvie-ron, pues, presentes por todas partes en las creencias cristianas populares, en las que los restos del dua-lismo antiguo perdían todo su poder, no obstante, transformados en cuentos de demonios". [DORESSE, Jean, 1979, "La gnosis", en VARIOS, Las religiones ..., op. cit., pg. 68]

[95] Según la lectura 'maneísta', la llegada y glorificación de Jesús no fue un hecho arbitrario, sino que res-pondió a un determinado plan divino. A los discípulos, siguiendo a San Juan, les fue prometido el para-cleto, es decir, la Llegada del Espíritu Santo ; fue, pues, necesario que Jesús abandonara nuestro mundo para dejarle lugar. En dicho Evangelio Cristo se describe a sí mismo como perteneciente a un estado superior de realidad. Su reino "no es de este mundo". Si en los demás Evangelios sinópticos Jesús se re-fiere constantemente al 'reino', en Juan habla sobre todo de sí mismo (v.gr., "Yo soy el pan de la vida"). Igual que Dios en el Sinaí, Jesús pronuncia el 'Yo soy' autoproclamándose Mesías, un ser divino, en diversas expresiones teofánicas similares a la anteriormente citada (pan de vida, luz del mundo, buen pastor, etc.), que quedan corroboradas por otras citas como "Yo y el Padre somos uno", "Antes que Abra-ham estaba yo", "El que me ha visto a mí ha visto al Padre", y el grito de Tomás después de la resurrec-ción: "Mi Señor y mi Dios". En el capítulo 11 se intenta demostrar que el poder de la resurrección, de la realidad del 'eschaton' (fin de los tiempos), está ya presente en Jesús como Cristo ahora mismo, y no sólo en una época futura. La venida del 'paracleto', sin embargo, aún no ha tenido lugar, por lo que la frase "Todo se ha consumado" pronunciada por Cristo al morir en la Cruz hay que interpretarla en el sentido de que lo que se ha consumado es únicamente esa parte del 'eschaton'. Las numerosas diferencias que se establecen entre Juan y el resto de los Sinópticos pueden resumirse, por otro lado, como sigue: en Juan la vida eterna ya está presente, como decimos, para el que cree, mientras que en los Sinópticos se espera que se lleve a cabo la parousia para que se cumplan las expectativas escatológicas. La teología y la piedad johanitas, por otra parte, se parecen bastante a los puntos de vista que San Pablo critica en 1 Cor., 15. Ese contraste con Pablo resulta aún más evidente si se acepta la muy plausible teoría de que al texto original de Juan se le añadieron con posterioridad pasajes que corregían esa escatología consumada para adaptarla mejor a la escatología futurista oficial que se propugnó como defensa contra el gnosticismo. Véase, por ejemplo, Juan 5: 25-28, un texto que no tiene que ver demasiado con el resto de la obra y que incluso la contradice. La cronología johanita difiere igualmente de la sinóptica. Así, Juan comienza con la expulsión de los cambistas de dinero, mientras que los Sinópticos colocan este episodio como el último antes del arresto de Jesús ; la predicación de Jesús ocupa en Juan dos o tres años, mientras que los Sinópticos la reducen a uno solo ; según Juan, Jesús es crucificado el 14 Nisan, coincidiendo con la Pascua judía, y en los Sinópticos el 15 Nisan. Es probable que la diferencia cronológica se deba, entre otras razones, a que Juan utilizaría un calendario solar, y los Sinópticos uno lunar ; no obstante, cuál fuese la fecha auténtica carecía en realidad de importancia comparado con el hecho de que Juan la hiciese coincidir con el sacrifi-cio del Cordero Pascual para resaltar la identificación de Jesús con aquél. En Juan, por otra parte, no aparece la celebración de la Ultima Cena, pero la alimentación de una multitud en el capítulo 6 da pie a un amplio discurso con referencias eucarísticas. Además, como en este Evangelio se contempla a Jesús desde el principio como el Cristo, no aparece en el mismo la historia de su bautismo ; Juan el Bautista honra a Jesús desde el principio como Cordero de Dios (que, por lo tanto, no está sujeto a la tentación y no precisa que le exorcicen los demonios). Satanás es vencido por la mera presencia del Cristo, el cual proclama triunfante: "Tendréis tribulaciones en el mundo ; pero regocijaos: yo he superado al mundo". [Britannica-CD]

[96] Nos estamos refiriendo al culto a Mitra, divinidad mayor de los persas, cuyo nombre apareció por pri-mera vez bajo Darío I (siglo V a. de C.). Posiblemente derivado del Mitra hindú, venerado en el siglo IV a. de C. por los hurritas de Mitanni, en el Avesta se le considera un genio de los elementos. Dios dotado de los sentidos de la vista y del oído, pesaba las almas de los muertos en el más allá. Los griegos de Asia Menor le representaron de forma convencional en la época helenística. Convertido en el centro de una religión mistérica, fue rápidamente adoptado por el mundo romano, y su culto se difundió a partir del siglo II de nuestra era por los puertos, las grandes ciudades y las guarniciones del Occidente romano, sobre todo en el Rhin, el Danubio e Italia. Fue el mayor rival del cristianismo durante los primeros siglos. [Nueva Enciclopedia Larousse]

[97] DURBAN, op. cit., pg. 87

[98] DOSSAT, Yves, 1968, "A propos du Concile cathare de Saint-Félix: les Milingues", en VARIOS, Cathares en Languedoc, op. cit., pp. 201-205

[99] ibid., pp. 209-212

[100] DALMAU FERRERES, op. cit., pg. 8

[101] NIEL, op. cit., pg. 45

[102] Se trataba de Pedro de Castelnau. En 1207 el Papa Inocencio III lo envió como legado apostólico e in-quisidor al frente de una expedición contra los albigenses, y en particular para conseguir la conversión del conde Raimundo VI de Toulouse, que había permitido que la herejía se extendiese por sus dominios. Ha-biendo conminado al conde sin resultado, desde 1205, a expulsar a los herejes, Pedro procedió a excomul-garlo y a declarar al Languedoc región maldita, lo que suscitó una feroz oposición por parte de sus habi-tantes. La misión que Inocencio III había confiado a Pedro acabó, como decimos, en desastre ; el legado fue asesinado, y sus reliquias se conservan en la iglesia de Saint-Gilles ; se le venera como mártir en las iglesias del Sur de Francia. [Britannica-CD]

[103] Britannica-CD

[104] NIEL, op. cit., pp. 11-12

[105] DOSSAT, Yves, 1968, "Les cathares dans les documents de l'Inquisition", en VARIOS, Cathares en Languedoc, op. cit., pp. 101-102

[106] DUBY, Georges, 1992, "Situación de la soledad. Siglos XI-XII", en VARIOS, El individuo en la Eu-ropa feudal (Historia de la vida privada, 4), Madrid, Taurus, pg. 216

[107] NELLI, René, 1969, La vie quotidienne des cathares du Languedoc au XIIIe siécle, Paris, Hachette, pg. 16

[108] GRIFFE, Élie, 1971, Le Languedoc Cathare de 1190 a 1210, Paris, Letouzey et Ané, pp. 40 ss.

[109] Dios no hace cosas visibles ni transitorias.

[110] DOSSAT, op. cit., pp. 77-78

[111] "Los libros propiamente cátaros descubiertos hasta la fecha pueden contarse con los dedos de la ma-no. Son estos: el 'Libro de los dos principios', el 'Ritual Occitano', el 'Ritual Latino', un fragmento del llamado 'Ritual de Dublín', completados con el 'Anónimo', texto incluido dentro de la refutación del val-dense convertido Durán de Huesca. El más importante de todos ellos es, naturalmente, el 'Libro de los dos principios', de gran valor documental. El descubrimiento de los documentos cátaros detallados se ha efectuado en fechas muy recientes. El 'Libro', por ejemplo, lo encontró -después de muchos años de tra-bajo infatigable- el padre dominico Dondaine en Florencia y se publicó por vez primera el año 1939. El 'Anónimo, reconocido en unos manuscritos de la Biblioteca Nacional de París por el mismo Dondaine, fue publicado por Cristina Thouzellier en 1961. De todo ello se desprende que es harto posible abrigar expectativas de que algún día pueda caer otro descubrimiento". [MESTRE GODES, op. cit., pp. 103-104]

[112] VICAIRE, M.-H., 1968, "Les cathares albigeois vus par les polémistes", en VARIOS, Cathares en Languedoc, op. cit., pp. 107 ss.

[113] VICAIRE, M.-H., 1967, "Les Vaudois et pauvres catholiques contre les Cathares (1190-1223)", en VARIOS, Vaudois languedociens et pauvres catholiques, op. cit., pg. 244

[114] VICAIRE, "Le Cathares ...", op. cit., pg. 12

[115] ibid., pg. 116

[116] MANSELLI, Raoul, 1968, "Églises et théologies cathares", en VARIOS, Cathares en Languedoc, op. cit., pg. 136

[117] ibid., pp. 134 ss.

[118] Los cátaros, en efecto, presentaban su doctrina dualista como una revelación por parte del Dios bueno en el canon auténtico y no falsificado de los profetas y del Nuevo Testamento ; se creían, por tanto, la au-téntica Iglesia apostólica.

[119] SELGE, Kurt-Victor, 1967, "Discussions sur l'apostolocité entre Vaudois, Catholiques et Cathares", en VARIOS, Vaudois languedociens et pauvres catholiques, op. cit., pp. 145 ss.

[120] GRIFFE, op. cit., pg. 37

[121] ibid., pp. 38-39

[122] MANSELLI, op. cit., pp. 143-45

[123] El docetismo (o 'doketismo', del griego dokein='parecer'), una de las primeras herejías cristianas, afirmaba, lo mismo que más tarde paulicianos, bogomilos y cátaros, que Cristo no tuvo ningún cuerpo real o natural durante su estancia en la Tierra, sino sólo uno aparente o fantasmagórico. Ya en algunos pasajes del Nuevo Testamento (v.gr., 1 Juan 1:1-3 y 2 Juan 7) se dejan entrever formas incipientes de 'do-cetismo', pero la herejía alcanzó su desarrollo pleno como una posición doctrinal del gnosticismo, desa-rrollándose a partir de la especulación acerca de la imperfección o impureza esencial de la materia. Do-cetistas más consecuentes afirmaban que Cristo nació sin relación alguna con la materia, y que todas las acciones y sufrimientos de su vida, incluyendo la crucifixión, no fueron más que apariencias. Por lo tanto, negaban la resurrección de Jesús y su ascensión a los cielos. Los docetistas moderados atribuían a Cristo un cuerpo etéreo y celestial, pero no asociaban a éste con sus actos y sufrimientos. El docetismo fue ata-cado por todos los opositores del gnosticismo, especialmente por el obispo Ignacio de Antioquía (siglo II). [Britannica-CD]

[124] DOSSAT, op. cit., pp. 79-81

[125] ibid., pp. 82 ss.

[126] GRIFFE, op. cit., pp. 46-51

[127] Los predicadores cátaros explotaban hábilmente cualquier impulso anticlerical del pueblo y de la no-bleza ; el propio Papa Inocencio III reconoció que "... si los herejes seducen a tanta gente y los convencen tan fácilmente a pasarse a su bando, se debe a que toman como argumento la conducta de ciertos prela-dos que deshonran a la Iglesia". En general criticaban -generalmente con razón- la deplorable conducta de los clérigos, especialmente en lo que refería a las tasas que éstos reclamaban de los fieles (como el de-recho que se autoconcedían a quedarse con los despojos de los feligreses que morían sin hacer testamen-to , pero esa costumbre estaba tan enraizada en la masa, que a partir de entonces fueron los Perfectos los que recibieron esas dádivas, sin pretenderlo, en vez de los clérigos), sin hablar del odiado diezmo, siempre causante de descontento. En el terreno moral se consideraba pecaminoso cualquier contacto inne-cesario con la materia (así, la riqueza estaba prohibida, pero se autorizaba a los creyentes a ganarse la vi-da con el trabajo manual). También se prohibían los honores, el ejercicio del poder y la guerra de tipo ofensivo. Los adeptos solían castigar su cuerpo con fuertes ayunos y mortificaciones varias (endura). Re-husaban hacer cualquier tipo de juramento para no mezclar el nombre de Dios con las cosas terrenales ; no aceptaban la Eucaristía, pero sí bendecían el pan. [DALMAU I FERRERES, op. cit., pp. 15 ss.]

[128] DOSSAT, op. cit., pp. 82 ss.

[129] GRIFFE, op. cit., pp. 52 ss.

[130] DOSSAT, op. cit., pp. 93 ss.

[131] DALMAU I FERRERES, op. cit., pp. 17 ss.

[132] Este sínodo, 11o Concilio Ecuménico que celebraba la Iglesia, fue convocado por el Papa Alejandro III. Al mismo asistieron 291 obispos, que suscribieron la Paz de Venecia (1177), en virtud de la cual el Emperador del Sacro Imperio, Federico I Barbarroja, accedió a dejar de apoyar a su antipapa y a restaurar la propiedad eclesiástica de que se había apropiado. El Concilio estableció asimismo como requisito la necesidad de alcanzar una mayoría de dos tercios en la elección papal, estipulando además que los candi-datos para ocupar un obispado debían haber cumplido los 30 años y demostrar la legitimidad de su naci-miento. Se condenó de plano la herejía del catarismo y se autorizó a los cristianos a tomar las armas con-tra los asaltantes vagabundos. El Concilio se distinguió por constituir un paso decisivo de cara al desarro-llo ulterior de la autoridad legal de los Papas. [Britannica-CD]

[133] Esta absurda pompa fue criticada, desde el lado católico, entre otros por Domingo de Guzmán (1170-1221) y por el obispo de Osma, que por aquellos momentos estaban comenzando su obra de predi-cación en Languedoc. Canónigo regular de Osma, en 1203 Domingo de Guzmán tuvo que acompañar a su obispo a una embajada en Dinamarca. En su viaje de vuelta, deteniéndose en el Languedoc e impresiona-do por el adelanto de la herejía albigense y al no querer tomar parte en la cruzada guerrera decidida por el Papa, insistió en su predicación pacífica entre los albigenses. El monasterio de religiosas fundado por él en Prouille (1206) se convirtió en el centro espiritual y material de su acción. Rechazó varios obispados que le fueron ofrecidos, entre ellos el de Béziers. En 1215 reunió a algunos compañeros y un año más tarde obtuvo del Papa Honorio III la confirmación de su fundación, así como de su título propio de pre-dicadores (1217). En 1218 dispersó a sus 16 religiosos por París, Madrid, Bolonia y Roma para que com-pletasen su formación intelectual y se dedicó a la predicación y a la organización de su orden, que tomó su forma definitiva en el primer capítulo general de Bolonia (1220), que le dio un estatuto original de po-breza mendicante, independiente de la franciscana. En 1221, Domingo dividió su orden en ocho provin-cias. Fue canonizado en 1234 por Gregorio IX. [Enciclopedia Planeta Multimedia]

[134] NIEL, op. cit., pg. 5

[135] DALMAU I FERRERES, op. cit., pp. 19-20

[136] El 'occitan', también conocido como lengua de oc o provenzal, es una lengua romance hablada ac-tualmente por unas 1.500.000 personas. Aunque los distintos dialectos occitanos únicamente se utilizan hoy para el habla cotidiana, siendo el francés la lengua oficial, no muestra signos de extinción. El nombre se deriva del toponímico Occitania, una amplia zona que incluye las regiones de Limousin, Languedoc, la antigua Aquitania y la parte meridional de los Alpes franceses, cuya población se expresa mayoritaria-mente en esa lengua. La literatura en occitano es abundante, ya que el provenzal fue la lengua oficial y literaria tanto en Francia como en el Norte de España durante los siglos XII al XIV y fue ampliamente utilizada como vehículo poético, siendo el lenguaje primigenio de los trovadores medievales. El texto occitano más antiguo que se conoce es un comentario hecho al margen de un poema latino que se cree data del siglo X. Los dialectos modernos del occitano (v.gr., los de Limousin, Auvergnat, Provence y Languedoc) difieren muy poco del habla medieval, aunque se encuentran expuestos al roce con la lengua oficial. El occitano está muy relacionado con el catalán, y aunque en el pasado reciente, como decimos, se ha visto fuertemente influido por el francés, su fonología y su gramática están más cerca del español que de dicha lengua. [Britannica-CD]

[137] Encarta-97

[138] Britannica-CD

[139] MESTRE GODES, Jesús, 1995, Los cátaros. Problema religioso, problema político, Barcelona, Penín sula, pp. 15 ss.

[140] HIGOUNET, Charles-Marie, 1967, "Le milieu social et économique languedocien vers 1200", en VARIOS, Vaudois languedociens et pauvres catholiques, op. cit., pp. 17-19

[141] "En el Languedoc, André Dupont y luego Monique Gramain demostraron la importancia que desde 1100 tienen estas 'orillas', estas 'ferraginas' bien regadas, que alimentarán uno de los primeros merca-dos de verduras conocidos, el de Béziers, hasta el punto que Raymond de Trencavel podrá exigir impues-tos o infeudar los beneficios sobre el puerto. Además, el ejemplo de Béziers demuestra claramente el vín-culo que es necesario establecer, aparte del abono doméstico, entre policultivos y regadío: en las zonas mediterráneas el agua condiciona condiciona la huerta: valle inferior del Po, regadío de Viterbo y de Roma, marismas desecadas del Languedoc, orillas del Ebro alrededor de Zaragoza, todas estas zonas mezclan en la 'sabia disciplina' que alabó Roupnel, frutas, plantas textiles, forrajeras y grandes árboles frutales". [FOSSIER, Robert, 1984, La infancia de Europa. Aspectos económicos y sociales, Barcelona, Labor, pg. 903]

[142] HIGOUNET, op. cit, pg. 20

[143] Ya nos hemos referido más arriba a los molinos de Toulouse, que funcionaban de manera confedera-da, al modo de una 'sociedad anónima'. Sylvia Thrupp amplía la información: "En el Sur se estaba cre-ando un ingenioso sistema de financiación corporativa de las acequias por grupos de ciudadanos. En Toulouse, en el siglo XII, los molineros y otros artesanos tomaron la iniciativa a este respecto. Los mo-linos eran los del tipo impelido por la parte baja, que podían ser puestos en funcionamiento más fácil-mente y a más bajo costo sujetándolos a barcas ancladas en un banco del río ; pero se pudo obtener el capital necesario para aumentar su fuerza y entonces se los colocó en canales abiertos en la tierra y reforzados con empalizadas de madera, a través de los cuales la corriente del Garona, que allí era ya muy rápida, impulsaba a mucho mayor velocidad. Se construyeron los suficientes molinos no sólo para abastecer de harina a toda la ciudad, sino para satisfacer sus necesidades textiles, machacar los tintes y la corteza para los surtidores y afilar las navajas de los cuchilleros. Los usuarios de los molinos de hari-na pagaban una dieciseisava parte del cereal molido, puesto que los dueños preferían este pago a una entrega en dinero, ya que se este modo se protegían contra las fuertes subidas del precio de los cereales que provocaban las cosechas deficientes ... Además del sindicato de propietarios que hemos visto en el negocio de la molinería en Toulouse, existía cierto 'poll' de capital compuesto con posibilidades de ha-cer las instalaciones precisas para su uso en común y con los menores gastos posibles". [THRUPP, Sylvia L. 1987, "La industria medieval, 1000-1500", en CIPOLLA (ed.), op. cit., pp. 260-61]

[144] "Las caravanas, que dan vida a la región de Aquitania y al Languedoc, van cargadas de productos que nos dan a conocer los tonleos de Bourges (1100), Moissac (1123), Toulouse (1152), Poitiers (1172), Béziers (1196), o las ventas de las ferias de Saint-Gilles (1125) ; se trata de paños del Norte, pero tam-bién de Montpellier, ya que allí se regula, hacia 1190, su venta a los extranjeros ; herramientas de hierro que provienen del Languedoc, de Cabriéres, de Montpellier desde 1176 o 1184". [FOSSIER, op. cit., pg. 589]

[145] Al principio la actividad de las naves comerciales del Languedoc fue bastante modesta y se desarrolla-ba básicamente a nivel provincial. Pisa y Génova, por su parte, procuraban evitar que los mercaderes ma-rítimos occitanos llegasen a los puertos de Levante y sólo les permitían hacer cabotaje a lo largo de las costas españolas e italianas, ya que todo el Golfo de León se encontraba bajo su tutela. A fines del siglo XI los occitanos consiguieron deshacerse de esas trabas y llegaron a competir con las ciudades italianas hasta el Mediterráneo Oriental. Terminado el siglo XII su penetración estaba ya garantizada por institu-ciones permanentes: disfrutaban de privilegios económicos, fiscales y judiciales en Tiro y San Juan de Acre. Llegado el siglo XIII estaban ya instalados en Chipre y hacían llegar de Levante especias y tejidos preciosos de seda y algodón. [LE ROY LADURIE, E., 1974, Historie du Languedoc, Paris, PUF, pp. 22-23]

[146] FOSSIER, op. cit., pg. 601

[147] MESTRE GODES, op. cit., pp. 22 ss.

[148] VICAIRE, M.-H., 1970, "L'école du chapitre de la cathédrale et le projet d'extension de la Theo-logie parisienne a Toulouse (1072-1217)", en VARIOS, Les Universités du Languedoc au XIIe siécle (Cahiers de Fanjeux, 5), pp. 35-36

[149] La Iglesia, como es sabido, monopolizó durante mucho tiempo el conjunto de las instituciones escola-res y culturales. En todos esos centros (v.gr., escuelas catedralicias, parroquiales o claustrales) se impar-tían las enseñanzas del 'trivium' -Gramática, Retórica y Lógica- y del 'quadrivium' -Aritmética, Geome-tría, Astronomía y Música-. Carlomagno, por su parte, creó, a imitación de las escuelas catedralicias, la Escuela Superior Palatina, destinada a los altos dignatarios de su Imperio. La legislación episcopal y pa-pal en relación con los centros escolares eclesiásticos estuvo vigente hasta la Contrarreforma. El estudio de la Teología, Derecho y Filosofía tomaría especial impulso a partir de la implantación de las órdenes mendicantes -dominicos y franciscanos sobre todo- y de la aparición de las primeras Universidades (comunidades de maestros y discípulos organizadas en corporación autónoma para enseñar y aprender), ya bien entrado el siglo XIII. [Nueva Enciclopedia Larousse]

[150] VICAIRE, "L'école ...", op. cit., pp. 43 ss.

[151] GRIFFE, op. cit., pg. 11

[152] NIEL, op. cit., pp. 61-63

[153] GRIFFE, op. cit., pg. 4

[154] ibid., pp. 24-25

[155] NELLI, op. cit., pg. 99

[156] "La mayoría de los misioneros que, procedentes de los Balcanes, introdujeron la herejía en Europa occidental eran mercaderes de telas que traían su género desde Constantinopla y desde Oriente a los principales mercados de Occidente. Grandes admiradores del apóstol San Pablo, el cual durante su apostolado ejerció a menudo su oficio de tejedor de tiendas de campaña para ganarse la vida, aquellos artesanos cátaros fueron los mejores agentes de transmisión de esas creencias venidas del Este europeo. A través de ellos aprendieron la doctrina los mercaderes sedentarios y la difundieron por medio de las telas. Sus establecimientos se prestaban de maravilla para convertirse en centros de la herejía, pues era lo más natural que la población femenina de la región se congregase allí para entretenerse". [VENTU-RA, Jordi, 1976, Els heretges catalans, Barcelona, Selecta, pp. 44-45]

[157] GRIFFE, op. cit., pp. 27 ss.

[158] MANSELLI, op. cit., pg. 129

[159] MESTRE GODES, op. cit., pp. 43 ss.

[160] ibid., pg. 57

[161] ibid., pg. 61

[162] NIEL, op. cit., pp. 62-63

[163] NELLI, op. cit., pg. 24

[164] "Por lo que se refiere a los desbordamientos de la sexualidad masculina fuera de la casa familiar, no ponen en peligro ni el orden de ésta ni la pureza de la descendencia: como anodinos que son sólo se los menciona incidentalmente. El retrato del conde de Guines Balduino II (+ 1169) por el capellán Lambert respira autenticidad. La vitalidad de este señor ('la intemperancia de sus redaños') se había traducido, desde los primeros momentos de la adolescencia hasta la vejez inclusive, en una atracción inmoderada por las doncellas ; había diseminado por los aledaños del paso de Calais innumerables bastardos y bas-tardas, y se había ocupado de asegurar el porvenir de tres de ellos (a pesar de no haberles reconocido ningún derecho a su propia herencia). Sin embargo, experimentó un inmenso dolor con ocasión de la muerte por parto de su mujer, la señora de Ardres, con todas las trazas de un viudo desamparado e in-consolable. Desde entonces tomó muy a pecho la práctica de las 'buenas obras' (opera pietatis) en bene-ficio de sus 'domestici' (los miembros de su vasta familia), así como a favor de los nobles sin recursos, abundantes en la comarca: en suma, reemplazó a la difunta protectora". [BARTHÉLEMY, Dominique, 1991, "Parentesco", en VARIOS, Historia de la vida privada (3. Poder privado y poder público en la Europa feudal), Madrid, Taurus, pg. 152]

[165] "La amenaza contra el orden establecido parecía surgir por tanto sordamente de lo más mínimo, de lo más privado de la sociedad cortesana. Y la palabra 'cortesana' (o 'cortés') es oportuna, en efecto: apenas sí había que inquietarse por las alteraciones provocadas por las mujeres sometidas sobre las que gravitaba, con todo su peso el poder de la dueña de la casa. El problema de la paz, de la paz privada, se planteaba a propósito de las mujeres de alta cuna. Por ello precisamente se hallaban estrechamente vigi-ladas y se les exigía sumisión. El eje más sólido del sistema de valores al que hacía siempre referencia en la casa noble la buena conducta se apoyaba en este postulado, fundado a su vez en la Escritura: que las mujeres, más débiles y más inclinadas al pecado, debían hallarse muy controladas. El primer deber del jefe de la casa era el de vigilar, corregir y aún matar si era preciso a su mujer, a sus hermanas, a sus hi-jas, a las viudas y a las hijas huérfanas de sus hermanos, de sus primos y de sus vasallos. La potestad pa-triarcal había de mantenerse reforzada sobre la feminidad, porque la feminidad representaba el peligro. Se intentaba conjurar este ambiguo peligro encerrando a las mujeres en el lugar mejor cerrado del espa-cio doméstico, la cámara -la 'cámara de las damas', que no hay que tomar por un espacio de seducción, de placer, sino más bien de relegación: se las recluía allí porque los hombres las temían". [DUBY, Georges, 1991, "Convivialidad", en VARIOS, Historia de la vida privada, 3, op. cit., pg. 88]

[166] NELLI. op. cit., pg. 87

[167] NELLI, René, 1968, "Le catharismo vu a travers les trouvadours", en VARIOS, Cathares en Langue-doc, op. cit., pg. 177

[168] "El trovador componía el texto de la poesía y también la música y era, por lo mismo, a la vez músico y poeta. El trovador era un profesional de la literatura, es decir, alguien que vivía de la protección y de las recompensas que recibía en las diferentes cortes de nobles o casas de burgueses que lo acogían. Pero, junto a estos profesionales de la trova, surgen los grandes señores que cultivaban también la poesía lírica. La larga lista que, como siempre, encabeza Guillermo de Poitiers, está repleta de nombres ilustres: Ricardo Corazón de León, biznieto del duque de Aquitania, puesto que era hijo de nuestra amiga Eleanor de Aquitania, nieta de Guillermo, el mismo Foulque (Fulco) de Marsella, que inició su andadura como trovador y que acabaría siendo arzobispo de Toulouse, para desgracia de Raimundo VI. Cataluña es el país donde existen más señores trovadores, comenzando por Alfonso el Casto, otro rey, Pedro el Grande, y nobles como Berenguer de Pallol, Guillem de Berguedad, Huguet de Mataplana, ejemplos de grandes y pequeños señores apasionados por el arte de la trova". [MESTRE GODES, op. cit., pg. 45]

[169] NELLI, "La catharisme vu á travers les troubadours", op. cit., pp. 178 ss.

[170] ibid., pp. 184 ss.

[171] FOSSIER, op. cit., pg. 782

[172] NELLI, "La catharisme vu á travers les trouvadours", op. cit., pg. 182

[173] LE ROY LADURIE, op. cit., pg. 52

[174] NELLI, "La vie quotidienne ...", op. cit., pp. 18-19

[175] MESTRE GODES, op. cit., pp. 30-31

[176] ibid., pp. 24-25

[177] ibid., pg. 26

[178] "Esa semejanza entre ambas lenguas, más evidente que la que existe entre el catalán y el castella-no, no debe sorprendernos. A lo largo de los siglos, desde la fundación del Estado visigótico hasta el reinado de Pedro I, las tierras de lado y lado de los Pirineos estuvieron unidas por fuertes ligaduras de todo tipo. Durante dos siglos por lo menos, hasta el reinado de Jaime I, las tierras catalanas y las occi-tanas poseyeron una estructura social, una literatura (la trovadoresca) y un arte (el románico) propios y exclusivos de ambas. Hizo falta la invasión de los franceses de la Cruzada Albigense para cortar de raíz aquellos vínculos". [VENTURA, Jordi, 1963, Les cultures minoritáires europees, Barcelona, Selecta, pg. 106]

[179] DALMAU I FERRERES, op. cit., pp. 28-29

[180] VENTURA, Els heretges catalans, op. cit., pp. 53 ss.

[181] ibid., pp. 53-54

[182] ibid., pg. 56

[183] ibid., pg. 57

[184] ibid., pp. 60 ss

[185] "Los múltiples contactos que por diversas razones -familiares, intelectuales, económicas, etc.- man-tenía Cataluña con las tierras de oc hacían difícil que el pueblo catalán pudiese mantenerse indemne de toda contaminación herética. En otro lugar hemos señalado la existencia de un obispado cátaro en el valle de Arán -incorporado a Cataluña el año 1192 ; antes había pertenecido al condado de Comenge-, y nuestra tierra constituía un paso obligado para la penetración de las doctrinas heréticas hacia el interior del territorio peninsular. Además, se sabe que uno de los principales propagadores de las doctrinas hete-rodoxas por tierras hispánicas fue un tal Arnau o Arnalt, que se dedicaba a traducir y copiar libros de San Agustín, San Jerónimo y otros Padres de la Iglesia intercalando en los textos sentencias y doctrinas heréticas. El padre Pariana sostiene que hacia el año 1216 las doctrinas maniqueas habían llegado hasta la ciudad de León, y en los 'Anales Toledanos' se encuentra la noticia de que el rey San Fernando, en 1233 'enforçó muchos e coció muchos en calderas', Es indudable, por tanto, que la herejía había alcan-zado cierta amplitud y que su irradiación a partir de los núcleos heréticos del Languedoc se estaba veri-ficando cobre todo en esta dirección". [DALMAU I FERRERES, op. cit., pp. 27-28]

[186] DURBAN, op. cit., pg. 29

[187] "He aquí, pues, una posible explicación de la inconcebible inercia de las tropas tolosanas (las que, sin embargo, defenderían heroicamente su ciudad cinco años más tarde), que evitaron encontrarse con los grandes vencedores de Las Navas, los cuales fueron arrollados por una salida totalmente desespera-da de un puñado de caballeros franceses del castillo de Muret. Se sabe que el rey de Aragón, demasiado seguro de su victoria, fue muerto allí de madrugada, antes de haberse podido armar, apenas despierto de una noche de orgía·. [ibid., pg. 30]

[188] DALMAU I FERRERES, op. cit., pp. 27 ss.

[189] ibid., pp. 33 ss.

[190] ibid., pg. 36

[191] Britannica-CD

[192] SÉGUY, Jean, 1981, "La religiosidad no conformista en occidente", en VARIOS, Las religiones constituidas en Occidente y sus contracorrientes II (Historia de las Religiones, 8), Madrid, Siglo XXI, pg. 244

[193] Enciclopedia Planeta Multimedia

[194] Nueva Enciclopedia Larousse

[195] Al intensificarse en los siglos XI y XII la actividad de los cátaros, reaccionaron violentamente contra ellos el pueblo y algunos príncipes cristianos, llegándose a aplicar la pena de fuego en muchos casos. Con la idea primigenia de frenar ese impulso incontrolado, Alejandro III en el 3er Concilio de Letrán 81179) y Lucio III en el Gran Sínodo de Verona (1184) incitaron a los príncipes a aplicar sanciones penales contra cátaros y albigenses. Inocencio III y el 4o Concilio de Letrán codificaron las leyes existentes sobre el par-ticular y urgieron a su cumplimiento. Gregorio IX creó finalmente en 1231 el nuevo Tribunal de la Inqui-sición, que fue encomendado a la nueva orden de los dominicos. El Tribunal fue establecido también en Aragón a instancias de San Raimundo de Peñafort y de Jaime I el Conquistador. El primero redactó un Manual práctico de inquisidores donde exponía con todo detalle el modo de proceder de los nuevos tribu-nales. Al llegar el inquisidor a una población, dirigía una alocución al pueblo cristiano y anunciaba el lla-mado 'tiempo de gracia', durante el cual aquellos que confesaban libremente su culpa eran perdonados y sólo se les imponían ligeras penitencias espirituales. Luego comenzaba el interrogatorio sistemático. La tortura comenzó a utilizarse desde 1252, en tiempos de Inocencio V, [ibid.]

[196] LE GOFF, "El cristianismo medieval ...", op. cit., pp. 149 ss.

[197] ibid., pg. 150


 

 

Autor:

Juan Puelles López

[1] OTAS LE GOFF, Jacques, 1981, "El cristianismo medieval en Occidente desde el Concilio de Nicea (325) has-ta la Reforma (principios del siglo XVI)", en VARIOS, Las religiones constituidas en Occidente y sus contracorrientes (Historia de las Religiones, 7), Madrid, Siglo XXI, pg. 113

[2] ibid., pg. 134

[3] ibid., pg. 135

[4] ibid., pg. 136

[5] En las pax ecclesiae, la 'paz de Dios' se mencionó por primera vez el año 990 en tres sínodos celebrados en el Sur y Centro de Francia, concretamente los de Charroux, Narbonne y Puy. A partir de entonces esta disposición gozó del apoyo unánime del clero regular y del de Guillermo V de Aquitania, entonces el no-ble más poderoso de la Francia meridional, quien urgió su puesta en práctica en los Concilios de Limoges (994) y Poitiers (999). En el Concilio de Bourges (1038), el arzobispo decretó que todo cristiano de 15 años o más debería prestar juramento en ese sentido y entrar a formar parte de la milicia diocesana. [VA-RIOS, 1996, Britannica-CD, Encyclopaedia Britannica, CD-Rom]

[6] ROCHE, Michel, 1996, "Alta Edad Media Occidental", en PARLAGEAN, Evelyne, y ROCHE, Mi-chel, La Alta Edad Media (Historia de la vida privada, 2), Madrid, Taurus, pp. 77 ss.

[7] La tregua de Dios, que en realidad tenía -como también la 'paz de Dios'- un origen carolingio, prohibía las hostilidades en un principio de sábado a lunes, y posteriormente de miércoles a lunes y durante unos períodos determinados (v.gr., Adviento, Cuaresma, Navidad y Pascua). A mediados del siglo XI fue aprobada por todos los Concilios con el apoyo del Papado, y su violación podía suponer la excomunión. En Cataluña se proclamó la 'tregua de Dios' en el Rosellón en 1027, y desde allí se fue extendiendo progresivamente a otras diócesis catalanas, u en menor medida también a Castilla y León. [VARIOS, 1981, Nueva Enciclopedia Larousse, Barcelona, Planeta, pg. 9.840]

[8] ibid., pg. 7.583

[9] LE GOFF, op. cit., pg. 137

[10] El nombre deriva del de Simón el Mago (Actas, 8:18), quien al parecer intentó comprar de los Apósto-les el poder de convocar los dones del Espíritu Santo. La 'simonía', en el sentido de comprar las órdenes sagradas, fue virtualmente desconocida durante los primeros tres siglos de la Iglesia cristiana, pero fue ex-tendiéndose conforme la misma fue escalando posiciones de riqueza, poder e influencia. La primera legis-lación al respecto fue el 2o Canon del Concilio de Calcedonia (451). A partir de entonces se reiteraron las prohibiciones y penas contra la compraventa de sedes episcopales, parroquias y diaconatos. Más tarde, la ofensa de simonía llegó a incluir todo tipo de tráfico de beneficios y todas las transacciones pecuniarias relacionadas con las misas (exceptuando las limosnas autorizadas), sacramentos u otros objetos sagrados. De un escándalo ocasional pasó a convertirse en un vicio ampliamente difundido por la Europa de los si-glos IX y X. [Britannica-CD]

[11] LADERO QUESADA, Miguel A., 1992, Edad Media (Historia Universal, II), Barcelona, Vicens-Vi-ves, pp. 486 ss.

[12] MAURER, Armand, 1967, Filosofía Medieval, Buenos Aires, Emecé, pp. 18 ss.

[13] LADERO QUESADA, op. cit., pp. 584 ss.

[14] LE GOFF, op. cit., pg. 141

[15] Britannica-CD

[16] LE GOFF, op. cit., pp. 141-42

[17] LADERO QUESADA, op. cit., pp. 493 ss.

[18] Dicho Concilio constituyó la culminación, no sólo del pontificado de Inocencio III, sino también de la actividad papal en la Edad Media, teniendo en cuenta la asistencia masiva de representantes de toda la Iglesia, y sobre todo por la importancia de sus decretos. Se promulgó, por ejemplo, el dogma de la tran-substanciación (i.e., la creencia de que la sustancia del pan y del vino de la Santa Cena se transformó en la carne y en la sangre de Cristo), se conminó a todos los católicos a confesar al menos una vez al año y a comulgar por Pascua Florida, se prohibió la participación de los clérigos en duelos o cualquier otro tipo de 'juicio de Dios' y se llevaron a la práctica importantes reformas del clero y del laicado sin las que la Iglesia medieval no habría podido resistir en absoluto el embate de los peligros internos y externos, como así hizo durante 300 años más. [Britannica-CD]

[19] LADERO QUESADA, op. cit., pp. 495 ss

[20] MOLLAT, Michel, 1967, "Le probléme de la pauvreté au XIIe siécle", en VARIOS, Vaudois languedo-ciens et pauvres catholiques (Cahiers de Fanjeux, 2), Toulouse, Edouard Privat, pp. 23 ss.

[21] ibid., pg. 31

[22] ibid., pg. 35

[23] Asociación cristiana para la reforma del clero fundada hacia 1055 en Milán por los clérigos Arnaldo y Landolfo. Este movimiento, popular y hostil al alto clero, se adhirió a los intentos de reforma de Gregorio VII, quien los defendió contra el arzobispo de Milán. Los 'patarinos' se dispersaron en 1075. En los si-glos XII y XIII los valdenses y los cátaros (sobre todo los italianos, cuyo centro principal radicaba preci-samente en Milán, y algunos albigenses que se refugiaron entre ellos) se arrogaron la misma denomina-ción, diciéndose reformadores del clero. El término 'patarino' pasó entonces a ser sinónimo de 'hereje'. [Nueva Enciclopedia Larousse]

[24] El maniqueísmo fue un movimiento religioso dualista fundado en Persia en el siglo II d.C. por Manés, conocido por el 'apóstol de la Luz' y el supremo 'iluminador'. Aunque por mucho tiempo se consideró al maniqueísmo una herejía cristiana, fue una religión por derecho propio que por la coherencia de sus doc-trinas y la rigidez de su estructura y sus instituciones mantuvo en toda su historia su unidad y su carácter único. Manés, nacido al sur de Babilonia (hoy Irak), se consideraba a sí mismo el sucesor final de una larga serie de profetas que comenzaba con Adán e incluía a Buda, Zoroastro y Jesús. Se veía como el portador de un mensaje universal que había de reemplazar a las demás religiones, una especie de gnosti-cismo, una religión dualista que ofrecía la salvación a través de un conocimiento especial (gnosis) de la verdad espiritual. Para los maniqueos, conocerse a sí mismo era recuperar la propia identidad, previamen-te obnubilada por la ignorancia y la falta de autoconciencia al mezclarse con el cuerpo y la materia. Du-rante la Edad Media surgieron enseñanzas similares al maniqueísmo en Europa, dando lugar a las llama-das sectas 'neo-maniqueas'. Grupos como los paulicianos (Armenia, siglo VII), los bogomilitas (Bulgaria, siglo X) y los cátaros o albigenses (Sur de Francia, siglo XII) mostraban fuertes similitudes con el mani-queísmo, y probablemente fueron influidos por él. Sin embargo, sus vínculos históricos directos con la re-ligión de Manés son difíciles de establecer. [Britannica-CD]

[25] Pedro Abelardo (1079-1142), destacado filósofo y teólogo francés, fue alumno y después adversario de Guillermo de Champeaux y de Anselmo de Laon. Su Introducción a la teología, donde considera que la lógica es la ciencia que establece la verdad o la falsedad del discurso, fue condenada en el Concilio de Soissons (1121) y San Bernardo de Clairvaux consiguió una nueva condena de sus libros en el Concilio de Sens (1140). Abelardo intentó conciliar realismo y nominalismo y expuso argumentos contrapuestos en su Sic et non (1121), obra en donde afirma que la fe está limitada por los principios racionales, idea que expuso también brillantemente en su Dialéctica (1121), por lo que algunos lo consideran el padre de la 'escolástica'. Por su espíritu crítico racional y por la importancia que su Etica otorga al factor subjeti-vo, Abelardo se adelantó ampliamente a la filosofía de su tiempo. [Enciclopedia Planeta Multimedia]

[26] LADERO QUESADA, op. cit., pp. 501 ss.

[27] LE GOFF, op. cit., pp. 151-52

[28] Se conoce por bogomilismo una secta dualista que floreció en los Balcanes entre los siglo X y XV, como una fusión de doctrinas neomaniqueas tomadas de los 'paulicianos' de Armenia y Asia Menor y un movimiento local eslavónico que pretendía reformar, en nombre de una cristiandad evangélica, la recién-temente establecida Iglesia Ortodoxa Búlgara. Los 'bogomilitas' enseñaban una cosmología dualista según la cual el mundo visible y material había sido creado por el demonio. Rechazaban, por tanto, la doctrina de la Encarnación y el concepto cristiano de la materia como vehículo de la gracia. No aceptaban el bautismo, la eucaristía ni la organización de la Iglesia Ortodoxa en general. En el terreno moral conde-naban aquellas funciones del hombre que le conducían a entrar en contacto intimo con la materia, en es-pecial el matrimonio, el consumo de carne y la ingestión de vino. A lo largo de los siglos XI y XII el bo-gomilismo se extendió por varias provincias europeas y asiáticas del Imperio Bizantino. En la segunda mitad del siglo XII la secta se expandió hacia el Oeste. A principios del siglo XIII las comunidades dua-listas del Sur de Europa -que incluían a los paulicianos y bogomilitas del Este y a los cátaros del Oeste- formaban una red que se extendía desde el Mar Negro hasta el Atlántico. [Britannica-CD]

[29] PUECH, Henri-Charles, 1979, "El maniqueísmo", en VARIOS, Las religiones en el mundo medite-rráneo y en el Oriente Próximo II (Historia de las Religiones, 6), Madrid, Siglo XXI, pp. 328-29

[30] No es tal la opinión de Henri-Charles Puech, quien manifiesta lo que sigue al respecto: "No cabe duda de que a los ojos de los cristianos y otros testigos contemporáneos, los paulicianos se presentaban como una resurgencia del maniqueísmo. Dos hechos son a este respecto particularmente significativos: su auge por un lado coincide con el renacimiento de la literatura antimaniquea y provoca la reedición de obras o colecciones de obras antiguamente dirigidas contra el maniqueísmo auténtico ; por otro, las fórmulas cu-ya recitación era impuesta a los miembros de la secta convertidos por las buenas o por las malas yuxta-ponen mecánicamente a una primera serie de anatematismos primitiva y exclusivamente orientados a los dogmas antipaulicianos. No obstante, y por común y espontánea que haya sido, la asimilación del pauli-cianismo al maniqueísmo no tiene justificación en la realidad". [ibid., pp. 324-25] En esta opinión abun-da igualmente Jean Séguy, quien manifiesta: "El catarismo o religión de los 'puros' tiene una larga pre-historia. ¿Hay que remontar su origen al antiguo maniqueísmo (siglo III) al que pertenecía San Agustín antes de hacerse católico? No parece. ¿Hay que contentarse con relacionarlo con el bogomilismo búlga-ro y balcánico, heredero a su vez del paulicianismo de Asia Menor? Muy probablemente. Parece, en efecto, que el catarismo llegó a Italia a través de Dalmacia, donde existía en el siglo XI una fuerte implantación bogomila. Las regiones de Verona, Milán, Toscana y Lombardía tuvieron pronto, y hacia la misma época, Iglesias cátaras. Los demás grupos europeos, esparcidos por Francia del norte, Suiza, Flandes, Alemania, deben tal vez su origen a esta filiación balcano-italiana. En todo caso, la relación entre catarismo occitano (el más importante) y bogomilismo balcánico es indudable. El sínodo de San Félix de Caraman (1167), donde se organizó la jerarquía cátara de los países de oc, estaba presidido por un bogomilo oriental". [SÉGUY, Jean, 1981, "La religiosidad no conformista de Occidente", en VA-RIOS, Las religiones constituidas y sus contracorrientes II (Historia de las Religiones, 8), Madrid, Siglo XXI, pg. 242] A este respecto comenta Jean Séguy: "¿Por qué esta lucha bárbara, cuyo recuerdo perturba aún tantas conciencias? Porque los cátaros aparecen ante sus adversarios como enemigos del orden social. La investigación moderna ha demostrado que eso no era cierto, pero ello no impide que prevaleciese la idea contraria en la época en que ocurrieron los hechos. La filosofía del catarismo -o su teoría- no constituyó nunca un sistema monolítico. Hubo 'escuelas' diversas, que no siempre expresaron sus ideas con perfecta claridad. Además, la documentación existente -muy fragmentaria- proviene sobre todo de sus enemigos". [ibid., pg. 243]

[31] LADERO QUESADA, op. cit., pp. 504-505

[32] También conocido como 'palingenesia', este concepto proviene de creencias esotéricas que perviven desde la Antigüedad o quizás desde antes. Se puede entender en varios sentidos: 1) Palingenesia cósmica: Después de un período de varios miles de años (Gran Año Cósmico), las mismas cosas se repetirán exac-tamente, y ello por toda la eternidad ; 2) Palingenesia alquímica: hacer reproducirse determinados fenó-menos mezclando ciertas sustancias ; 3) Palingenesia moral o filosófica: Después de su muerte aparente, todo ser vivo, por el hecho de que lleva en sí 'gérmenes de restitución', renace en un nuevo estado del mundo, siempre en evolución, y del que el próximo será el último. [RIFFARD, Pierre, 1987, Diccionario del esoterismo, Madrid, Alianza, pp. 302-303] A finales del siglo XIX el concepto de eterno retorno fue retomado por el filósofo Friedrich Nietzsche, quien lo convirtió en un término fundamental de su pensa-miento. Lo define como el 'sí' que el mundo se dice a sí mismo, expresión cósmica de aquel espíritu dio-nisíaco que exalta y bendice la vida. Según Nietzsche, el mundo se nos presenta desprovisto de todo carácter de racionalidad (no es perfecto, ni bello, ni noble). Esta explosión de fuerzas desordenadas, por otro lado, tiene en sí una 'necesidad', que es su voluntad de reafirmarse y, por ello, de volver eternamente sobre sí misma. Regresamos, pues, a la famosa 'ley cíclica universal' de los antiguos: Dionisos, según Nietzsche, acabará más pronto o más tarde por volver a sustituir a Apolo en el dominio del mundo ; es una ley necesaria e inevitable. [ABBAGNANO, Nicolai, 1973, Historia de la Filosofía (III), Barcelona, Montaner & Simón, pp. 325-26]

[33] RIFFARD, op. cit., pp. 505 ss.

[34] SÉGUY, op. cit., pg. 240

[35] Nueva Enciclopedia Larousse

[36] SÉGUY, op. cit., pg. 237

[37] ibid., pp. 238 ss.

[38] Este derecho supone la atribución al hijo mayor, en detrimento de los demás hermanos, de una parte preponderante de la herencia paterna o materna. Alcanzó gran importancia con los francos y se extendió a toda Europa con el feudalismo. [Nueva Enciclopedia Larousse]

[39] LADERO QUESADA, op. cit., pg. 506

[40] SÉGUY, op. cit., pg. 241

[41] Según este autor, la historia se desarrolla en tres edades de espiritualidad ascendente: las de Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La historia misma culminaría en el estadio final, que procedía de los otros dos y debía ser alcanzado por la Iglesia tras ardua peregrinación y grandes tribulaciones, igual que los israelitas habían atravesado un mundo salvaje antes de cruzar finalmente el Jordán y acceder a la Tierra prometida. Gioacchino da Fiore profetizó la llegada de dos nuevas Ordenes de hombres espirituales, una de eremitas que agonizarían por el mundo en las montañas y una congregación mediadora que conduciría a los hom-bres hasta un nuevo plano espiritual. Aunque esta tercera edad era básicamente contemplativa, no se ex-cluía en ella al claro secular ni a los laicos. En vida, Gioacchino da Fiore fue aclamado como un profeta y un iluminado, y así lo describieron los cronistas tras su muerte. La condenación de un tratado suyo contra Pedro Lombardo en el 4o Concilio de Letrán apagó algo su fama, pero la aparición en el candelero euro-peo de las órdenes mendicantes franciscana y dominica volvió a rehabilitarlo ante la opinión política. [Britannica-CD]

[42] LADERO QUESADA, op. cit., pg. 507

[43] "En el Norte y Centro de Europa, así como en el Norte de Italia, la población se triplicó en la época inmediatamente anterior al período de las grandes epidemias, con su momento de más rápido progreso desde 1150-1200 a 1300. En ese período, y por vez primera, hubo ciudades que sobrepasaban los 20.000 habitantes: centros políticos y comerciales como París, Londres, Colonia y Praga, por mencionar algu-nos, alcanzaron los 30.000 habitantes. Las ciudades se vieron obligadas a construir constantemente nuevas murallas para encerrar las áreas suburbanas que surgían al margen del núcleo original. No obs-tante, hacia el último cuarto del siglo XIII la población comenzaba ya a disminuir en su ritmo de creci-miento". [RUSSELL, J.C. 1982, "La población de Europa del año 500 al 1500", en CIPOLLA, Carlos M. (ed.), La Edad Media (Historia económica de Europa, I), Barcelona, Ariel, pg. 42]

[44] ibid., pp. 383 ss.

[45] ibid., pg. 386

[46] ibid., pp. 387 ss.

[47] "En las ciudades, donde la instalación en la corriente principal podía tener resultados peligrosos para la circulación fluvial, en el siglo XII se vigila estrechamente la construcción: ejemplo, los 11 molinos que se construyeron en Troyes entre 1150 y 1190 y los siete de Rouen. El caso más conocido es el de los molinos de Toulouse, 24 en el Bazacle y 15 en el Daurade, instalados entre 1144 y 1177 en un dique de 400 m formado por 3.000 troncos de roble fijados en el cauce del río, y que se regían como una sociedad anónima. La utilización de la fuerza marina, la panacea ecológica contemporánea, también se intentó, pe-ro con discreción: el principio de captación de la fuerza del reflujo dio origen a intentos de presas de compuertas móviles en algunas rías o estuarios de orillas bien encajadas, cerca de Nantes, de Bayona, de Dover, Woodbridge, en Suffolk, ejemplos que van desde 1040 hasta la mitad del siglo XII. En general, además del carácter aleatorio e irregular de la marea, es probable que uno de los complementos del mo-lino fluvial, la presa que se utiliza como vivero al no ser posible en el mar, hizo que los señores perdieran el interés por la fuerza motriz marina". [FOSSIER, Robert, 1984, La infancia de Europa. Aspectos eco-nómicos y sociales, Barcelona, Labor, pg. 493]

[48] DUBY, Georges, 1973, Economía rural y vida campesina en el Occidente medieval, Barcelona, Pe-nínsula, pp. 102-104

[49] ibid., pp. 106 ss.

[50] FOSSIER, op. cit., pp. 36-37

[51] Historia de los asentamientos

[52] LADERO QUESADA, op. cit., pp. 302 ss.

[53] ibid., pp. 394-96

[54] ibid., pp. 463 ss.

[55] LE GOFF, Jacques, 1987, "La ciudad como agente de civilización, 1200-1500", en CIPOLLA (ed.), op. cit., pg. 89

[56] LADERO QUESADA, op. cit., pg. 462

[57] ibid., pp. 463 ss.

[58] Nos referimos a instituciones financieras semejantes a las actuales 'discount houses', cuya principal función consiste en comprar cartas de crédito a corto plazo y revenderlas. Las dos modalidades más im-portantes de dichas cartas son la carta comercial de cambio, una obligación a corto plazo mediante la cual una parte paga a la otra, y el bono del Tesoro, que es un documento similar expendido por el Gobierno. Las 'discount houses' prestan fondos repagables de los bancos comerciales para adquirir bonos de cambio o del Tesoro, que pueden revender con un cierto beneficio a los bancos comerciales, o 'clearing banks'. [Britannica-CD]


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