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Análisis teórico de las características de personalidad en personas violentas (página 2)




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Por los cambios geopolíticos pero sobre todo por el manejo inadecuado del poder, nuestra realidad esta amenazada por el predominio de la violencia, los lideres que rigen las estructuras sociales, utilizan una retórica violenta y sesgan los resultados de sus efectos a su favor, la conducta violenta ha sido internalizada, provocando una compensación psíquica, generando conductas inadecuadas pero efectivistas, las cuales dan una falsa sensación de dominio.

Teniendo en cuenta lo expuesto concluyo que el poder ofrecer este tipo de análisis con fines educativos y por ende informativos, se hacen necesarios para los tiempos actuales donde la búsqueda de respuestas no siempre nos llevan por los caminos de la tolerancia y la comprensión.

Planteamiento del problema

La conducta violenta es algo que siempre ha estado ligado al ser humano, desde lo antropológico hasta lo psicológico, desde lo social hasta lo religioso en fin, en todos los niveles de formación del ser humano hay indicios o presencia total de la violencia, considerada como formadora o medio de control y poder, pero inherente al ser humano; así, es preciso entender las características de personalidad presentes en aquellos cuya manifestaciones comportamentales son indicadores de violencia, es necesario considerar todas las esferas de desarrollo evolutivo así como todas aquellas teorías que estudian la agresión y la violencia desde los diferentes marcos teóricos como son el determinismo biológico y las escuelas de pensamiento filosófico y psicológico con todos sus figuras representativas así como el rol del individuo desde la perspectiva psicológica es decir desde lo clínico hasta lo social sin obviar todos aquellos elementos que ejercen influencia directa o indirecta y que condicionan la presencia de la conducta violenta, lo cual es necesario conocer para elaborar estrategias de manejo y control que permitan la sustentación de posiciones teóricas concretas pero sobre todo acordes con nuestra realidad, por tanto propongo realizar un:

Análisis teórico de las características de personalidad en personas violentas

OBJETIVO GENERAL

Realizar un análisis teórico de las características de personalidad en personas violentas que permita la elaboración de su perfil psicológico.

OBJETIVOS ESPECIFICOS

  • Estudiar las diferentes teorías existentes sobre conducta violenta.

  • Analizar la conducta violenta desde diferentes perspectivas psicológicas y psicofisiológicas, a saber:

  • Analizar la conducta violenta desde la perspectiva del psicoanálisis.

  • Analizar la conducta violenta desde la perspectiva existencial.

  • Analizar la conducta violenta desde la perspectiva cognitiva.

  • Analizar la conducta violenta desde la neurofisiología.

  • Comparar y contrastar las distintas perspectivas teóricas acerca de la conducta violenta, para, a partir de este análisis, describir las características de personalidad implicadas en la conducta violenta.

  • Adoptar a partir de la revisión teórica , los conceptos de una perspectiva para la elaboración de un perfil psicológico de la persona violenta.

Marco teórico

6.-1. GENERALIDADES

No existe la "personalidad violenta", como entidad "aislada" en ningún manual de clasificación de enfermedades mentales, si bien es verdad que la "violencia" como efecto y/o causa de daños físicos y psíquicos en las personas, es un fenómeno que nos intriga de una forma progresiva a prácticamente todas las disciplinas científicas de nuestro ámbito cultural.

No pocas veces se nos pregunta a los psicólogos cual es el "perfil psicológico" de un determinado tipo de agresor, sexual, doméstico, homicida, por poner ejemplos corrientes dentro del ámbito forense, y pocas veces podremos contestar de una forma concreta, pues la violencia en sí es un fenómeno multidimensional y admite escasas generalizaciones.

Si, lo que se sabe de las víctimas de la violencia es muy poco y no se encuentran estudios sistemáticos hasta los años 70, el interés científico por los perpetradores de todo tipo de violencia sí ha sido un hecho investigado en sus diferentes vertientes: biológica, sociológica, antropológica, histórica, etc.

Desde la Psicología Clínica no existen "personalidades violentas", lo mismo que no podemos argumentar la existencia de "personalidades no violentas", por lo que se habla de "conductas violentas", con independencia de que la aparición de la violencia sea más probable en personalidades con unos determinados rasgos y/o patologías concretas

Lo que cada cultura define como "violencia" es variable, por tanto también el concepto de lo que consideramos "personalidad violenta" variará.

Ateniéndonos al concepto de agresión sexual citado por Redondo, S, (1994), pág.96, " Sanday efectuó un análisis transcultural de la violación en 156 sociedades distintas, encontrando que en casi la mitad de ellas la violación estaba permitida, no era delito ..." Similares ejemplos encontramos en nuestra propia cultura donde a la par que se denuncia la violencia doméstica en forma ascendente, estudios sobre parejas maltratadoras, según Gortner Eric T., Gollan Jackie K ,y Jacobson Neil S .(1997) , muestran que en un 50 a un 60 % de casos donde aparece maltrato físico no se informa de insatisfacción conyugal, es decir, hay parejas que a pesar de cumplir criterios de violencia doméstica dentro de su propia cultura se encuentran "adaptadas" a esa situación.

La violencia es una conducta que en la especie humana se manifiesta en dos formas: violencia afectiva y violencia predadora. Calcedo, A., Molina V., y Arango C. Explican, (1994) pág.246: "Esta división puede ser epistemológicamente de valor en las personas, ya que la agresión predatoria refiere a la planificación, mientras que la afectiva es más semejante a los accesos incontrolados de cólera."

Mackal, P.Karl (1983), señaló cinco teorías sobre el origen de la agresión humana: la teoría clásica del dolor, hipótesis de frustración-agresión, sociología de la agresión, la agresión como catarsis y la etología de la agresión, a la par que proponía una teoría "bioquímica" de la agresión.

Actualmente se admite la teoría del Neoasociacionismo Cognitivo, debida a Berkowit (1993), como la mejor integración de los conocimientos parciales que se tienen sobre agresión humana afectiva.

Así, según Russell G. Geen (1998), pág.4: "Berkowitz dice que el afecto negativo provoca estados emocionales o cognitivos y pautas motoras asociadas a él en un camino direccional."

En términos generales la teoría de Berkowitz contempla los aspectos genéticos y biológicos de la persona, el condicionamiento previo o aprendizaje social y el reconocimiento de aspectos de la situación que llevan a la facilitación o la inhibición de la agresión

Sea cual sea la orientación desde que miremos la agresividad humana, la afectiva será aquella que surge de la alarma física subsecuente a un peligro percibido, anticipado o evocado y que provoca una excitación nerviosa de tipo defensivo. Esta excitación da lugar en contextos normales a una descarga inmediata en forma de ataque hacia el estímulo provocador, de huída, o parálisis defensiva. En circunstancias adversas, cuando la alarma se generaliza crónicamente sin una descarga subsecuente, da lugar a las patologías asociadas al stress, fundamentalmente trastornos de ansiedad. En circunstancias patológicas, cuando la alarma se produce en relación a peligros irreales se produce la agresión psicótica, inapropiada pero siempre motivada dentro de una lógica delirante. Dentro de agresión afectiva encontramos la auto agresión. La cual es la agresividad humana vuelta contra el propio organismo. Aquí podemos encontrar motivaciones psiconeuróticas, psicóticas o normales (enfermo Terminal que en pleno uso de sus facultades decide poner fin a su vida); igual que la heteroagresión, admite etapas diversas, desde las heridas leves al suicidio consumado

Es en la motivación donde se establece la división agresión afectiva/predatoria. La agresividad predatoria es aquella cuya motivación no obedece a parámetros defensivos del organismo sino que es ejercida por ciertos individuos y grupos con el objetivo de saciar otro tipo de necesidades como son las económicas, de poder o territoriales. En lo social se da la agresividad predatoria extrema en el caso del genocidio, cuyas causas últimas casi siempre obedecen a motivaciones económicas aunque se utilicen racionalizaciones de todo tipo: políticas, religiosas etc.

Dentro de la violencia individual, es la agresividad predadora la que más daño provoca en las sociedades modernas. Es la violencia aparentemente inmotivada del agresor sexual en serie, la violencia doméstica, cuando la motivación que lleva a la agresión es la necesidad de poder o dominio. La violencia de un maestro, de un jefe o un líder religioso actúan como depredadores en el ejercicio de sus funciones, dejando a su paso, signos no solo de agresión física, sino de víctimas psíquicas. La del psicópata adicto a la violencia en busca de víctimas para obtener excitación, evitar el aburrimiento y obtener otros beneficios secundarios como la propia sensación de poder.

En la violencia predadora, al contrario que en la afectiva, la víctima no juega casi ningún papel. Se la escoge en función de su indefensión percibida, su disponibilidad, en algunos casos por su falta de relación con el agresor, otras por poseer características de las que el agresor quiere apropiarse. .

Si analizamos la personalidad, como pautas de pensamiento, percepción y comportamiento relativamente fijos y estables, profundamente enraizadas en cada sujeto; Para Eysenck la personalidad es "la totalidad integrada de carácter, temperamento, inteligencia, y fundamento somático". Para Allport es "la organización dinámica, dentro de cada individuo, de los sistemas psicosomáticos que determinan los ajustes característicos a las condiciones ambientales" (Álvarez, 1967).

La personalidad es el término con el que se suele designar lo único o singular, que tiene un individuo; las características que lo distinguen de los demás. El pensamiento, la emoción y el comportamiento, por sí solos, no constituyen la personalidad de un individuo; ésta se oculta precisamente tras esos elementos. Expresa su totalidad implicando su previsibilidad de cómo actuará y reaccionará una persona bajo diversas circunstancias. Reaccionamos de manera distinta ante situaciones idénticas. Una misma realidad es interpretada y asumida de modo diferente, de acuerdo con las valoraciones y juicios que hacemos de las cosas. Los rasgos de la personalidad se definen como: "ciertas inclinaciones o cualidades de una persona que explican la relativa coherencia de su conducta emocional, temperamental o social, y que originan las diferencias de personalidad entre un individuo y otro (Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el trabajo, 1995). Los antecedentes psicológicos se encuentran estrechamente relacionados con los rasgos de personalidad, las experiencias, la historia individual, los conflictos emocionales y el medio familiar, que determina el modo de ser de una persona y la manera de afrontar las situaciones.

Desde el punto de vista de la Teoría del Desarrollo, herencia y ambiente interactúan para formar la personalidad de cada sujeto. Desde los primeros años, los niños difieren ampliamente unos de otros, tanto por su herencia genética como por variables ambientales dependientes de las condiciones de su vida intrauterina y de su nacimiento. Algunos niños, por ejemplo, son más activos que otros, y estas diferencias pueden influir posteriormente en el comportamiento que sus padres adopten con ellos, lo que demuestra cómo las variables congénitas pueden influir en las ambientales. Entre las características de la personalidad que parecen determinadas por la herencia genética, al menos parcialmente, están la inteligencia y el temperamento, así como la predisposición a sufrir algunos tipos de trastornos mentales.

Entre las influencias ambientales, debe tenerse en cuenta que no sólo es relevante el hecho en si, sino también cuándo ocurre, ya que existen períodos críticos en el desarrollo de la personalidad en los que el individuo es más sensible a un determinado tipo de influencia ambiental. Durante uno de estos períodos, por ejemplo, la capacidad de manejar el lenguaje cambia muy rápidamente, mientras que en otros es más fácil desarrollar la capacidad de entender y culpabilizarse.

La mayoría de los expertos creen que las experiencias de un niño en su entorno familiar son cruciales, especialmente la forma en que sean satisfechas sus necesidades básicas o el modelo de educación que se siga, aspectos que pueden dejar una huella duradera en la personalidad.

A partir de estudios como los de César Lombroso (1876), conocido por el concepto del Criminal Atávico; Kretchmer (1921), Sheldon (1940), citados por Taylor, Walton, Young (1982) y Sandberg (1961), citado por Mednick, Moffltt Gabrielli y Hutchings (1986), se llego a considerar que en el comportamiento criminal con características violentas influyen directamente las bases biológicas de la personalidad, entre las que relaciona: los factores genéticos, el análisis de genealogías ascendentes y descendentes, los estudios de la familia, las diferencias bioquímicas, las crisis comiciales y otras anormalidades neurológicas, a pesar de que no existen pruebas contundentes, dándose, por algunos autores, mayor preponderancia a otros factores, como son los patrones heredados de activación del sistema nervioso vegetativo con relación al aprendizaje de la inhibición de conductas antisociales.

Los estudios del factor psicológico han centrado las explicaciones de lo criminológico y sus respuestas violentas en la persona que delinque, introduciéndose el concepto de personalidad. Desde el punto de vista psíquico, el sujeto normal no delinque porque su personalidad se encuentra ajustada y no choca con el medio social. A diferencia, del que padece alguna anormalidad el cual puede llegar a cometer actos de carácter antisocial (Orellana., 1974).

Para Lagache (1948), hay dos elementos deficitarios fundamentales en el delincuente: la socialización y la identificación. Para Mucchielli (1965), son rasgos evidentes del individuo delincuente: baja tolerancia a la frustración, fuerte egocentrismo, legitimación de la acción criminal, alejamiento de la normativa y los valores sociales, necesidad agresiva de la afirmación del YO y un deficiente funcionamiento del mismo.

Alexander y Staur sostenían que todo hombre es un criminal innato con características violentas, es decir, un inadaptado, tendencia que mantiene los primeros años de vida hasta resolver el problema de Edipo. El criminal fracasa en el periodo de latencia, donde el individuo normal consigue reprimir las tendencias violentas de sus impulsos, dirigiéndolas en un sentido social.

RanK habló del trauma del nacimiento, refiriéndose a que las mismas manifestaciones de angustia que se presentan en ese momento, se presentan en otras situaciones, y una forma de controlarlo es por medio de la realización de actos delictivos o violentos.

Para el psicoanálisis, con frecuencia el delincuente se asemeja al neurótico, en la medida que ambos reaccionan con actos de emergencia para restablecer el equilibrio entre el ello, el yo y el súper yo, preservando la integridad de la personalidad, ya sea con actos criminales o actos dirigidos contra sí mismo.

Kernberg (1994) señala que la activación del desarrollo libidinal en las relaciones madre-hijo presupone una disposición innata al apego que requiere de estimulación externa para activarse. Supone que a partir de la aparición de las relaciones objétales se genera un mundo intrapsíquico de relaciones investidas afectivamente de una cualidad tanto gratificante como aversiva. El fallo en estas primeras identificaciones tendrá una repercusión fundamental en la formación futura de la personalidad. Para Kernberg todos los pacientes con personalidad violenta presentan un nivel de funcionamiento limítrofe que implica un yo inmaduro, por lo que se dificulta el manejo de la ansiedad e impulsividad. Se encuentran regidos por el principio del placer y utilizan defensas primitivas, lo cual hace referencia a la dificultad para integrar las características buenas y malas de un mismo objeto. Finalmente, hay una falta de integración del superyo debido a una organización pre-edípica, donde las normas no están introyectadas.

Otra corriente importante son los modelos biológico-conductuales, representados por psicólogos como Eysenck.

Eysenck hace una distinción entre el aprendizaje de comportamiento y el aprendizaje de valores. El primero se relaciona con la enseñanza, el segundo con el entrenamiento. Así, la socialización implica el entrenamiento de acuerdo con las reglas de comportamiento aceptadas y propuestas por la sociedad en procura de su mantenimiento, las cuales algunas veces entran en conflicto con las necesidades del niño. El entrenamiento generalmente se da a través de la práctica pasiva, que permite la inhibición del acto, generando temor condicionado el cual, mediante el proceso cognoscitivo, no permite que se comience el acto. Por tanto, la internalización de los estímulos que generan el temor condicionado es la que va a "desarrollar la conciencia y autorregular el comportamiento socialmente aprobado" (Eysenck, 1950, citado por Yates, 1977. p.243).

Las teorías del Aprendizaje Social tratan de descubrir cómo aprende el comportamiento antisocial, los hábitos criminales, acercándose en parte a las teorías más sociológicas del aprendizaje, por transmisión cultural. Bandura plantea: "las explicaciones de conducta asocial persistente que se centra en los fenómenos intrapsíquicos, suelen ignorar totalmente el hecho de que un cambio radical de conducta puede hacerle perder al delincuente las gratificaciones sociales y materiales vinculadas a una carrera de delincuencia, sin suministrarle recursos sustitutivos satisfactorios".

Esta teoría plantea que, para darse el aprendizaje, el observador debe prestar atención al comportamiento del modelo. Por lo tanto, están en juego dos aspectos básicos: las características del modelo y las del observador. Así, se imitarán los modelos (personas que respaldan al individuo, personas agresivas, o con alto poder y status), que son frecuentemente reforzados y que, al ser imitados, permiten consecuencias favorables para el imitador. De igual manera, las personas con una baja confianza en sí mismas son más influenciables por el modelo.

6.2

Clasificación de los Trastornos de personalidad [2]

Un trastorno de la personalidad es un patrón permanente e inflexible de experiencia interna y de comportamiento que se aparta acusadamente de las expectativas de la

Cultura del sujeto, tiene su inicio en la adolescencia o principio de la edad adulta, es estable a lo largo del tiempo y comporta malestar o perjuicios para el sujeto.

El trastorno paranoide de la personalidad es un patrón de desconfianza y suspicacia que hace que se interpreten maliciosamente las intenciones de los demás.

El trastorno esquizoide de la personalidad es un patrón de desconexión de las relaciones sociales y de restricción de la expresión emocional.

El trastorno esquizotípico de la personalidad es un patrón de malestar intenso en las relaciones personales, distorsiones cognoscitivas o perceptivas y excentricidades del comportamiento.

El trastorno antisocial de la personalidad es un patrón de desprecio y violación de los derechos de los demás.

El trastorno límite de la personalidad es un patrón de inestabilidad en las relaciones interpersonales, la autoimagen y los afectos, y de una notable impulsividad.

El trastorno histriónico de la personalidad es un patrón de emotividad excesiva y demanda de atención.

El trastorno narcisista de la personalidad es un patrón de grandiosidad, necesidad de admiración y falta de empatía.

El trastorno de la personalidad por evitación es un patrón de inhibición social, sentimientos de incompetencia e hipersensibilidad a la evaluación negativa.

El trastorno de la personalidad por dependencia es un patrón de comportamiento sumiso y pegajoso relacionado con una excesiva necesidad de ser cuidado.

El trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad es un patrón de preocupación por el orden, el perfeccionismo y el control.

El trastorno de la personalidad no especificado es una categoría disponible para dos casos:

1) el patrón de personalidad del sujeto cumple el criterio general para un trastorno de la personalidad y hay características de varios trastornos de la personalidad diferentes, pero no se cumplen los criterios para ningún trastorno específico de la personalidad;

2) el patrón de personalidad del sujeto cumple el criterio general para un trastorno de la personalidad, pero se considera que el individuo tiene un trastorno de la personalidad que no está incluido en la clasificación (p. ej., el trastorno pasivo-agresivo de la personalidad).

Los trastornos de la personalidad están reunidos en tres grupos que se basan en las similitudes de sus características.

El grupo A incluye los trastornos paranoide, esquizoide y esquizotípico de la personalidad. Los sujetos con estos trastornos suelen parecer raros o excéntricos.

El grupo B incluye los trastornos antisocial, límite, histriónico y narcisista de la personalidad. Los sujetos con estos trastornos suelen parecer dramáticos, emotivos o inestables.

El grupo C incluye los trastornos por evitación, por dependencia y obsesivo-compulsivo de la personalidad. Los sujetos con estos trastornos suelen parecer ansiosos o temerosos.

Hay que señalar que este sistema de agrupamiento, si bien es útil a efectos de investigación o docencia, tiene importantes limitaciones y no ha sido validado de forma consistente. Además, es frecuente que los individuos presenten al mismo tiempo varios trastornos de la personalidad pertenecientes a grupos distintos.

6.3

Sexualidad del Hombre Violento

La sexualidad y la violencia se intrincan en un constructo social básico. La sociedad estimula el control, el poder y la competición. Desde lo familiar la afectividad es casi intangible en este vínculo familiar violento. La familia, por la cualidad y función vincular establecida, constituye el espacio de privilegio para la expresión del dominio que pretende moldear al otro a imagen y semejanza del propio yo.

 Estas conductas aprendidas son sostenidas desde el imaginario social, donde los mitos y estereotipos sobre los lugares diferenciales de hombres, mujeres y niños, legitiman formas de relacionarse. Con una prevalencía importante en los vínculos jerárquicos y autoritarios donde hay una representación de la masculinidad (dominio y fuerza) sobre la feminidad (inferioridad, dependencia, sexo débil, etc.). Un vínculo que se caracteriza por el ejercicio de la violencia de una persona a otra, no sólo lo consideramos una relación de abuso sino que es un crimen ya que esta tipificada en el Código Penal. Puesto que nadie tiene el derecho de golpear, insultar, o gritarle a otra persona con la sistematización suficiente como para provocarle una desvalorización y una disminución de su autoestima.[3]

 Los estudios de Gelles & Straus (1998), indica que el 75% de mujeres son víctimas de violencia domestica, el 2% de las víctimas son hombres, y el 23% es lo que se conoce como violencia cruzada, según "Intimate Violence". New York, Shimon & Shuster, 1998.-  Según datos de la OMS/OPS-1997 indican que entre el 16% y 52% de las mujeres experimentan violencia física por parte de sus compañeros y por lo menos una de cinco mujeres son objeto de violación o intento de violación en el transcurso de su vida. Desde el ejercicio de su sexualidad (Entendiendo por Sexualidad: sistema de conductas o comportamientos, de fuente instintiva e intelectiva, con una finalidad reproductiva (función reproductiva) y placentera (función erótica), al servicio de la comunicación y la trascendencia, que se descarga en un objeto sexual a través del coito o sus sustitutos y condicionado en su expresión por las pautas culturales y morales de cada época y lugar" Dr. A. Flores Colombino- 1983) en el individuo violento podemos ver diversas formas de maltrato.  Se puede apreciar como estos-as cosifican a la pareja como un instrumento dirigido hacia la satisfacción de un deseo sexual propio, es decir, sintiéndolas como verdaderos objetos sexuales. Estos hombres tienen una confusión muy grande entre lo que es el amor, el deseo sexual y el poder, así y dejando el amor de lado, el sexo es utilizado como poder.  Puesto que los deseos no siempre se cumplen a veces nesecitan aplicar algún tipo de coacción o coerción con la intención de que la pareja termine accediendo.  Por otra parte se debe hacer referencia a la baja autoestima de estos hombres. Quizá éste ganar implique una gratificación hacia sí, y que una vez obtenida hay que buscar otra nueva gratificación.

Es interesante el observar que en nuestra sociedad, la sexualidad heterosexual no es una decisión escogida libremente por los individuos, está pautada por la identidad de género arraigada en el marco social como una institucionalización del poder.

 Todos los problemas sociales a que el hombre está expuesto provocan presiones sobre él. A su vez las enfermedades de transmisión sexual, la homofobia, las relaciones sexuales deficitarias, los embarazos no planificados, etc., provocan en el sujeto grandes cargas de tensión. La sexualidad de los hombres ha sido objeto de estudio en las últimas tres décadas como consecuencia de cambios que ocurrían en el seno de la sociedad y que fueron muy importantes. El cambio más significativo es el feminismo con una gran crítica de las injustas relaciones de género y del papel de la sexualidad masculina en éstas.  Surge la liberación homosexual (en algunas sociedades más que en otras), la revolución sexual y la aparición de movimientos de autoayuda y crecimiento personal, todos estos cambios han hecho que la sexualidad masculina esté hoy por hoy como objeto de crítica tanto a nivel político como social.  La sociedad está estructurada en una variedad de formas que favorecen a los hombres y no así a las mujeres, y las relaciones heterosexuales están estructuradas y restringidas por relaciones sociales más amplias entre hombres y mujeres. El mandato social indica que hay que ser "heterosexual".

 Por otra parte las relaciones sexuales están estructuradas por la dominación heterosexual que es percibida como normal y natural, mientras que las otras formas de sexualidad son vigiladas y consideradas como perversas y no naturales.

 Para entender la sexualidad de los hombres tenemos que entender la construcción de su masculinidad; en otras palabras la producción social de lo que significa como concepto esencial el ser hombre.  El sociólogo australiano Bob Connell concluye que en cualquier sociedad existen múltiples masculinidades y múltiples feminidades pero una versión de la masculinidad es dominante o también llamada hegemónica o sea la más sincera e influyente representación cultural de la masculinidad. Pues para ser un hombre es necesario ser: fuerte, no expresar sus emociones, tener el control, ser agresivo y heterosexual.  Así, la masculinidad hegemónica está basada en subordinar a las mujeres y establecer jerarquías entre los hombres. La razón principal de la existencia de la masculinidad hegemónica sería el beneficio que los hombres encuentran al subordinar a sus mujeres ya que al hacerlo están cumpliendo con el mandato social imperante.  Esta masculinidad hegemónica es por sobre todo: heterosexual, con gran temor y odio hacia las personas homosexuales en particular. La homofobia es muy importante a la hora de la relación grupal entre hombres, la homosexualidad es percibida como una traición de género. Esto no solo lleva implícito el contenido de la sexualidad, sino la raza, clase social, etnia, edad, etc. y es variable de acuerdo a los diferentes grupos de mujeres y hombres.  Es importante pensar que la sexualidad masculina está muy vinculada a la identidad de género masculino. Así el desempeño físico de los hombres en su sexualidad es lo que confirma la masculinidad de los hombres.

En las encuestas hechas por Hite (1981) revelan el coito pene-vagina como una verificación de la identidad masculina. Cualquier falla genera en el hombre un sentimiento de pérdida de su hombría y lo expresa con verdadera humillación y desesperación. Entre ellos, es común que no se digan la verdad y en todo caso la culpa la tuvo la mujer.  La sexualidad masculina está basada en el desempeño y la potencia: El desempeño sexual masculino tiene que ver con la confirmación de la masculinidad y la posición entre los hombres. El sexo se transforma en un simple mecanismo para disminuir las tensiones. Y el placer se transforma, el principal objetivo perseguido es sentirse dominante y ganador. La sexualidad es vivida como algo a desempeñar y no como un encuentro gozoso y compartido entre seres humanos.

Según Badinter, la masculinidad se produce por oposición en un proceso de diferenciación de lo femenino. La escuela psicoanalítica analiza el vínculo madre-hijo, donde la figura del padre quedaría relegada a un período posterior de la evolución de la identidad masculina. La homofobia puede considerarse un mecanismo de defensa psíquico que sirve para reforzar en muchos hombres su frágil heterosexualidad. Estos sujetos permanentemente se sienten amenazados en su autoestima y cualquier situación conflictiva ya sea en el hogar o en la pareja, los lleva a temer perder el control. Estas situaciones les provocan un estado de gran tensión y recurren al uso de la fuerza como forma de retomarlo rápidamente. Estos individuos internalizan como algo negativo cuanto ocurre en sus parejas. Y tratan de erradicarlo mediante el uso de la violencia, ya que ésta les proporciona por lo menos una vivencia temporaria de poder. Una característica importante es el aislamiento emocional de estos. Muchas veces manifiestan que no tienen amigos porque no confían en nadie. Tienen una imagen de si desvalorizada, en el ámbito privado es dónde realmente se puede manifestar como son pero lo hacen en forma violenta y culpan a la otra persona de éstas reacciones. Lo que les pasa a ellos no lo perciben como propio, no reconocen que necesitan ayuda y por lo tanto tampoco la piden.

Según la Dra. Anne Ganley (1981) del Center for Women Policy Studies de Washington, esta hace una distinción entre abuso psicológico y abuso emocional. Las conductas son las mismas pero en el abuso psicológico está presente la violencia física, la cual ha ocurrido por lo menos una vez. Lo que provoca que frente a las amenazas, gritos, intimidación del agresor se vivencie el temor de que vuelva a ocurrir. Esto le da una base al abuso psicológico que lo hace más importante. El abuso emocional sería cuando nunca ocurrió un abuso físico y está caracterizado por: la desvalorización de su pareja, la hostilidad y la indiferencia.  Socialmente la construcción de la masculinidad está asentada en el simple hecho de haber nacido varón, éste se siente importante, pero tendrá que demostrarlo. Lo primero es un hecho importante y en cierto sentido tranquilizador (para el varón), lo segundo le hará sentirse inquieto y perplejo. La sociedad en que está inmerso se lo exigirá, así irá trasladando su poder y su fuerza hacia otros ámbitos (ej. ámbito laboral) y en su demostración tendrá que ser responsable, trabajador y exitoso. El hogar se transforma para éste varón en un ámbito peligroso puesto que es un espacio femenino por excelencia pero está bajo el mando del "hombre". Actualmente la desocupación reinante lleva a que todos los atributos antes mencionados provoque en él una desestabilización emocional muy importante y unido a esto, el temor al fracaso y a la pasividad femenina -la castración, la desvalorización consecuente de la figura de su madre de la cual con gran dolor se tuvo que desprender, le producen pánico. (Kimell 1997). A simple vista pareciera que tienen todo el poder pero lo que hacen es ocultar su debilidad, ellos se sienten poderosos pero no lo son. Cuando tienen miedo se ponen violentos lo que origina un cúmulo de conductas ambivalentes, representadas en la mayoría de los casos en una agresión o violencia repetitiva, instaurándose un ciclo que tiende a perpetuarse. Dentro de la dinámica de la relación de pareja se ha descrito un perfil del hombre violento a saber:

 -ejerce maltrato físico, emocional, sexual, etc.

-fue abusado física o psicológicamente en su infancia.

-presenta una doble fachada, seductor en público, violento en privado.

-antecedentes de violencia con otras parejas.

-se resiste al cambio.

-celoso, con actitudes posesivas.

-machista.

-deposita la culpa en la mujer.

-tiene baja autoestima.

Cuatro enfoques teóricos de manejo psicoterapéutico[4]

Para poder entender las diferentes manifestaciones de la conducta violenta es necesario conocer las distintas maneras en que es abordada teóricamente pero sobre todo saber cuales son los modelos teóricos que brindan o intentan brindar solución comportamental partiendo del objeto de estudio y las técnicas en que basan los tratamientos o procesos psicoterapéuticos por lo que mencionaremos las características principales de los modelos mas importantes.

7.1 Los cuatro enfoques en psicoterapia

Tradicionalmente han sido cuatro los enfoques o modelos dominantes en la psicoterapia: psicodinámico, experiencial (Humanista), sistémico y cognitivo - conductual.

7.1.a.     Los modelos psicodinámicos. Teniendo como máximo exponente el psicoanálisis, destacan la importancia del conflicto intrapsíquico de naturaleza inconsciente. El método terapéutico básico del psicoanálisis clásico se fundamenta en tres procesos fundamentales: (1) la asociación libre, (2) el análisis de los fenómenos de transferencia/contratransferencia y (3) el análisis de la resistencia. Junto a estos procesos se establecen unas reglas de trabajo para el paciente (la asociación libre) y el terapeuta (abstinencia y atención flotante).   El conflicto intrapsíquico hace referencia a la naturaleza de la actividad mental. Tradicionalmente se había postulado desde la filosofía, la moral y la religión que el hombre se gobernaba por las decisiones de su conciencia, que habitualmente cuando estaba adecuadamente encaminada se equiparaba a los procesos de la reflexión racional. Pues bien, Freud con el psicoanálisis cuestiona este modelo de persona: la actividad mental depende principalmente de la actividad del inconsciente. Los conflictos surgen de tendencias en oposición. Por un lado los impulsos sexuales/agresivos y por otro las defensas construidas contra la gratificación consciente de estos impulsos. La persona aprende a partir de la experiencia de su niñez a afrontar la inseguridad y ansiedad proveniente de las prohibiciones sociales y expectativas de sus padres en relación a la satisfacción de sus deseos e instintos. Para ello desarrollan estrategias defensivas para el manejo de las ansiedades derivadas de sus conflictos. Estos conflictos tienen un carácter inconsciente.  Los síntomas de malestar son expresiones del conflicto, como soluciones de compromisos defensivos. Por un lado proporcionan cierta gratificación y por otro conllevan la ansiedad por lo reprimido y prohibido.  La terapia psicoanalítica se dirige al manejo del conflicto inconsciente subyacente y no a los síntomas, que pueden ser sustituidos sino se maneja el conflicto de fondo.  Como los conflictos han sido aprendidos a partir de la relación del niño/a con sus padres o adultos significativos, tienden a repetirse a lo largo de la vida con otras personas significativas. El paciente en la relación con su psicoanalista llega a proyectar o desplazar sobre este sus conflictos no resueltos, de modo que su experiencia con este está distorsionada por el significado inconsciente derivado de sus relaciones previas con sus progenitores. Este fenómeno fue llamado transferencia por Freud. El psicoanalista fomenta con la asociación libre del paciente (expresar cualquier deseo, pensamiento, sentimiento o actividad psíquica que venga a la mente de manera directa, por absurda que parezca) en una postura reclinada en el diván, donde el analista desaparece de la vista del paciente (normalmente situado en su cabecera), que el paciente vaya proyectando sus transferencias hacia el analista.

Laplanche y Pontalis definen la transferencia como "el proceso mediante el cual los deseos inconscientes se actualizan sobre ciertos objetos en el marco de un determinado tipo de relación establecido entre ellos y, de modo especial en el marco de una relación analítica. Se trata, en este caso de una repetición de prototipos vivida con un marcado sentimiento de actualidad". El analista interpreta esta transferencia hacia su persona como derivadas de las relaciones parentales y su significado inconciente.  

 Por otro lado el psicoanalista puede responder a la transferencia del paciente con la suya propia hacia este. Es el caso de la contratransferencia. De ahí deriva la importancia de que el terapeuta haya pasado por su propio análisis personal. Además el terapeuta analista debe seguir las reglas de abstinencia y de atención flotante. El analista se abstiene de responder a las demandas concretas del paciente de consejo, orientación o simpatía, haciendo de espejo o pantalla en la que el paciente proyecta sus conflictos inconscientes. La atención flotante implica no dar prioridad a ningún elemento del discurso del paciente sobre otro, manteniendo así una actitud de neutralidad.  

Los anteriores elementos facilitan que se de una relación transferencial que es analizada por el psicoanalista: el paciente proyecta sus conflictos inconscientes con sus figuras parentales sobre el analista que no reacciona de manera punitiva, sino ofreciendo una oportunidad para hacer consciente estos conflictos. El propio analista puede experimentar reacciones emocionales hacia su paciente, que deben ser analizadas con un supervisor o compañero, a fin de no reproducir la relación patógena parental con el paciente en cuestión. Los pacientes están sujetos al fenómeno de la resistencia. Conciente e inconcientemente, despliegan una serie de maniobras defensivas para eliminar la ansiedad y conflicto producido por la libre asociación. El analista está atento a estas maniobras y las interpretan cuando se manifiestan, constituyendo este trabajo el llamado análisis de la resistencia.

Actualmente los modelos psicodinámicos mas aplicados son las psicoterapias breves de orientación psicodinámica. Estas intervenciones enfatizan la selección del conflicto a abordar, un rol mas activo del terapeuta, un periodo más breve de sesiones preestablecidas y la resolución de determinados conflictos. Estos enfoques suelen recibir el rechazo de los analistas clásicos por no atenerse a los principios estrictos del psicoanálisis. Sus defensores se consideran dentro de la línea psicoanalítica y defienden la mayor efectividad de sus terapias breves sobre el psicoanálisis clásico.

El psicoanálisis y las psicoterapias dinámicas han sido a menudo criticados por su visión especulativa y alejada de los datos de la ciencia, y por su carácter doctrinario y casi religioso en la forma de sus instituciones y maneras de proceder.  7.1.b.    Los modelos humanistas-experienciales: Tienen su referencia más clásica en los trabajos de Rogers de la "psicoterapia centrada en el cliente" y Perls en su "terapia gestalt". El modelo de psicoterapia desarrollado por C.Rogers parte de la idea de que la persona posee una tendencia actualizante, una especie de impulso hacia el crecimiento, la salud y el ajuste. La terapia más que hacer algo al individuo, tratará de crear las condiciones para liberarlo para un crecimiento y desarrollo adecuado. Hay una serie de condiciones que impiden y bloquean la tendencia actualizante. El aprendizaje de un concepto negativo de si mismo, es quizás una de las condiciones bloqueadoras más importante. Un concepto negativo de si mismo deriva de experiencias de desaprobación o ambivalencia hacia el sujeto en etapas tempranas de su vida. Parte del trabajo terapéutico consistirá en facilitar que el sujeto exprese sus ambivalencias e impulsos hostiles y agresivos, de modo que este pueda reconocerse de manera integral. Otro elemento fundamental para que el sujeto continúe con su experiencia actualizante es el proceso de "experiencing". Esto conlleva el trabajo para reconocer conscientemente sentimientos, a menudo localizados corporalmente, que habían sido reprimidos. Esto ayuda a modificar el concepto distorsionado de si mismo en una atmósfera no amenazante. El sujeto sin embargo se encuentra con una gran dificultad para actualizar su experiencia interna de manera consciente. Ha aprendido unas condiciones de valoración externas impuestas por los medios familiares, educativos y de socialización. Lo que el sujeto tiene por su propio concepto personal aparece así desligado e incongruente con su real experiencia corporal interna. De este modo puede sentir en privado consciente, y más a menudo inconscientemente, sentimientos que inhibe en público. El si-mismo aparece así disociado e incongruente entre el autoconcepto regido por condiciones de valoración externa y la experiencia sentida, lo que genera la psicopatología. La terapia intenta corregir las condiciones de valoración externa y proporcionar la oportunidad de vivenciar las experiencias y sentimientos internos negados y reprimidos, de modo que aumente la congruencia del sujeto, entre su autoconcepto, que cambiará y su experiencia que se hará mas conciente. El enfoque rogeriano propone tres estrategias básicas para lograr las anteriores metas:

a- La resonancia empática del terapeuta hacia la experiencia del cliente.

b- La consideración positiva incondicional del terapeuta hacia la persona del cliente y

c- La congruencia interna del terapeuta con sus sentimientos vividos en la relación de terapia.

La empatía consiste en el esfuerzo continuo del terapeuta por apreciar y comunicar a su cliente una comprensión de los sentimientos y significados comunicados por este. Esto se hace mediante un ciclo de tres fases:

a-La resonancia o armonía empática del terapeuta a las comunicaciones del cliente, donde toma contacto y mantiene una comprensión auténtica con la experiencia interna del cliente, atrapando lo más esencial de esta,

b-La expresión o comunicación de la empatía al cliente con aprecio positivo al cliente y

c-La recepción del cliente de la empatía expresada por el terapeuta que sirve a este como feedback de su comprensión. La consideración positiva incondicional es el proceso que lleva al terapeuta a dar oportunidades al cliente para expresar sus sentimientos, generalmente inhibidos, para facilitar su autoaceptación.

El terapeuta despeja de su mente la valoración del cliente por algún criterio externo, y evita corregirle o dirigirle por criterios preestablecidos. Esta actitud conlleva un aprecio hacia los sentimientos y la persona del cliente con todas sus aparentes contradicciones e irracionalidades. Por último, la congruencia se refiere a la autenticidad del terapeuta ante su cliente particular. Para que aquel pueda mostrarse empático, el terapeuta es coherente con sus propios sentimientos generados en la relación de terapia. El terapeuta comunica estos sentimientos de manera verbal y no verbal al cliente. Esto no conlleva la expresión de tales sentimientos de manera impulsiva, sino cuando facilitan el crecimiento experiencial del cliente. Los desarrollos posteriores de las terapias humanistas discuten que las tres condiciones básicas de Rogers para una terapia efectiva sean suficientes (Carkuff, 1979; Greenberg y cols. 1996). Aceptan la necesidad de tales condiciones para una terapia efectiva, pero añaden otras tareas para trabajar con sentimientos o procesos específicos que permanecerían bloqueados a pesar de haber logrado una relación auténticamente empática. Las psicoterapias experienciales actuales (Greenberg y cols. 1996) recogen estos nuevos aportes, aunando el legado de Rogers con las tareas especificas de la terapia Gestalt de Perls. El enfoque gestaltico parte de la noción del sujeto como tendiente a completar su existencia, de manera similar al enfoque de la autorrealización-experiencing de Rogers. También esta tendencia puede verse impedida por criterios de valoración psicosocial externos, produciendo una negación de necesidades y deseos personales, impidiendo que la gestalt de totalidad no se complete. Estos deseos y necesidades no reconocidas continúan actuando de fondo, produciendo síntomas y malestar.

La terapia gestalt propone tareas específicas para lograr que ocurran tres procesos que faciliten la integración de esos deseos y necesidades: a- La valoración de actualidad: En el aquí y ahora del presente se trabaja con el material apartado o escindido, no en el refugio del pasado o en la ilusión del futuro. b- La valoración de la conciencia y la aceptación de la experiencia: Trabajando con la experiencia sensorial y emocional y evitando el discurso intelectual o las interpretaciones. c- La valoración de la responsabilidad e integridad: Cada uno es responsable de su conducta por ilógica o extrema que parezca.  La toma de conciencia en el aquí y ahora ("awareness") es esencial para la terapia gestalt. Los deseos y las necesidades escindidas y reprimidas forman como un otro ajeno a la totalidad, un otro bloqueado. Las tareas de la terapia intentan que el sujeto integre este otro en la totalidad consciente del aquí y ahora. Las "tareas" trabajan con el material aportado por el sujeto (sus sueños, sensaciones, relaciones interpersonales, conductas y fantasías problemáticas), afín de que este material se exprese y se abra a la conciencia. Para ello utiliza, entre otros métodos, tareas de psicodrama, donde las partes problemáticas entablan diálogos a fin de desplegar el material escindido (la famosa "tarea de dialogo con la silla vacía"). Las terapias humanistas han sido criticadas por su presentación excesivamente optimista de la naturaleza humana, de corte rousssiniano, cayendo, para sus críticos en un romanticismo irreal en lo mejor de sus casos; por otro lado ha sido criticada de un exceso de investigación sobre procesos con pocos resultados (Marino Pérez, 1999).

7.1. C.     El modelo cognitivo-conductual: Se basa en el trabajo con la conducta y los significados personales, teniendo en cuenta el desarrollo de tres corrientes o directrices de manejo. La primera corriente, por orden de aparición histórica es el conductismo radical, que ha tenido a Skinner como su máximo representante, entiende la naturaleza humana sujeta a procesos de condicionamiento, sobretodo del condicionamiento operante, que rige no solo la conducta manifiesta, sino también la conducta subjetiva o interna como son los procesos cognitivos-lingüísticos. El conductismo radical está centrado en el control de la conducta en función de sus consecuencias mediante el análisis funcional. Lo importante aquí son las funciones o efectos de la conducta. Todo lo que el mentalismo había entendido por funciones mentales conscientes e inconscientes, desde el lenguaje, la memoria, el inconsciente, etc.; es descrito como conducta subjetiva, sujeta a sus funciones, a sus contingencias de efecto. En contra de lo que se suele creer, el conductismo radical de Skinner, no ignora los procesos subjetivos, sino que los estudia como conductas encubiertas en función de sus consecuencias.

En este sentido una de las obras capitales de Skinner, que había sido casi ignorada en la modificación de conducta, es "Conducta verbal" (1957). En esta obra analiza las funciones del lenguaje humano como conducta instrumental. Esta incorporación del lenguaje supone una modificación de la propia terapia conductista, que venia centrada casi exclusivamente en las conductas motoras. Los desarrollos del conductismo radical actual, traducen toda la terapia cognitiva y las psicoterapias tradicionales a un pormenorizado "análisis funcional del lenguaje". En este sentido es llamativa la "psicoterapia analítica funcional" de Kohlenberg y Stai (1993) que tiene por eje el análisis de la relación terapéutica como vía de cambio a través de las funciones del lenguaje en la relación establecida entre el paciente y el terapeuta. La segunda corriente, es la terapia cognitiva. Sus principales representantes son Ellis y Beck. La terapia cognitiva está especialmente interesada en la importancia del significado disfuncional sobre la psicopatología.

Entienden los terapeutas cognitivos que la mayor parte del sufrimiento humano deriva de creencias irracionales, supuestos o significados personales adquiridos en la experiencia. La función del terapeuta cognitivo es enseñar al paciente a ser consciente de estos significados disfuncionales, a menudo de carácter inconsciente o preconsciente, y a modificarlos mediante varias vía de cambio, que pueden incluir técnicas de verificación experimental, debate racional de creencias, aprendizaje de nuevas conductas, y prácticamente cualquier técnica de terapia existente que sea efectiva . Los terapeutas cognitivos suelen ser técnicamente eclécticos al usar procedimientos de cambio efectivo, provenientes de cualquier tradición psicoterapéutica; pero sistemáticos en su teoría cognitiva del funcionamiento humano. La terapia cognitiva es actualmente el enfoque de psicoterapia más en boga, cuenta con numerosa investigación, es el más reconocido -junto a las aportaciones conductuales- en la psiquiatría internacional y ha aportado métodos de terapia efectivos para determinados trastornos mentales, entre los que destaca la efectividad sobre la depresión no psicótica. La tercera corriente de la modificación de conducta, la más reciente en el tiempo, son las terapias constructivitas. Las cuales se postulan como una alternativa a las terapias cognitivas tradicionales (p.e Ellis y Beck).

El constructivismo entiende, que la mente humana construye la realidad tanto externa como subjetiva. No existiría una realidad externa que es representada por la mente humana, que podría ser más o menos ajustada a una realidad o verdad última, y que por lo tanto cuando fuera desajustada seria "distorsionada" como presuponen los terapeutas cognitivos tradicionales, la ciencia moderna en general, y el resto de las otras corrientes de psicoterapia y la misma psiquiatría. El sujeto en interacción con su medio físico-cultural construye su propia experiencia de manera progresiva y evolutiva (Piaget, Guidano.) La mente no solo es capaz de influir sobre la conducta, sino sobre lo que se ha venido llamando estímulo ("imput"), el mismo concepto de realidad es una construcción subjetiva e histórico-cultural donde las fuerzas de poder imponen sus criterios de lo que debe entenderse por tal cosa.

Para los constructivitas este proceso constructivo de la mente de su propia experiencia está regido por reglas abstractas de carácter tácito o inconsciente, operaciones fuera del control consciente. Esta corriente psicológica introduce una concepción alternativa al inconsciente dinámico, el "superconciente": el cual afirma que los procesos tácitos abstractos actúan por encima de la conciencia gobernándola, no estando sujetos a ella. Los seres humanos son guiados por guiones de construcción de su experiencia tácitos o no conscientes, que comienzan a actuar a niveles muy tempranos del desarrollo personal, en la vinculación del niño con sus progenitores. De aquí la importancia que los constructivitas han dado a la teoría del apego de Bowlby, como pieza fundamental de la vinculación afectiva temprana con consecuencias para la vida del individuo. La terapia constructivita trata de explorar estos guiones tácitos y como constriñen la experiencia, de modo que al elaborarlos el paciente pueden construirse guiones alternativos. Sus métodos de terapia son exploratorios mas que centrados en el cambio, esto es así porque se trata de evitar que el terapeuta imponga sus propias construcciones a los pacientes. El terapeuta establece más bien las condiciones para la exploración de las reglas tácitas que guían la vida del paciente.

7.-1-d   El cuarto enfoque psicoterapéutico más importante en la actualidad son las Terapias Sistémicas. Basadas principalmente en la Teoría General de Sistemas, que aplicada al funcionamiento de una familia, organización u otro sistema social implica que la conducta de uno de sus miembros no se puede entender separada del resto de sus miembros.

Como proceso terapéutico la teoría de los sistemas es representada por:a-La Escuela Interaccional (Batenson, Watzlawick, Weaklan y Fishs): Para estos autores las soluciones intentadas por la familia u otros sistemas para solucionar una situación problemática constituyen el verdadero núcleo de los problemas. Las intervenciones de terapia se dirigen a confrontar esas soluciones. Para ello hay que emplear una lógica distinta a la normal ("cambio 1" de hacer lo contrario a lo intentado) y emplear intervenciones paradójicas ("cambio 2") que produzcan cambio en la estructura del sistema. Dentro de esta línea se han desarrollado también estrategias para el abordaje de los problemas individuales. Uno de sus desarrollos actuales mas importantes es la "terapia basada en la solución" de De Shazer (1993), que partiendo de principios interacciónales se fundamenta más en las excepciones a los problemas que en las soluciones intentadas.

b-La Escuela Estructural-Estratégica alrededor de la obras de Haley y Minuchin: destaca las relaciones triádicas y el papel de las "alianzas" y "coaliciones" en el funcionamiento de los sistemas. Las alianzas suponen la mayor cercanía afectiva entre dos o más miembros de un sistema en relación a otros, mientras que la coalición supone una variante de la alianza constituida contra uno o varios terceros. Las coaliciones, en el caso de las familias, están formadas por miembros de dos generaciones (un padre y uno de los hijos) frente al otro progenitor (el otro padre). Tiene como consecuencia la disfunción del sistema y el impedimento de su desarrollo y funciones. Las intervenciones habituales en esta escuela buscan "redefinir" el problema para el sistema, a fin de que acepten la posibilidad de un cambio, que suele ser mediante una prescripción paradójica.

c- La escuela de Milán: gira en torno a la obra de Selvini-Palazzoli Esta autora se centra mucho en las familias llamadas de "transición psicótica" (con problemas típicos de trastornos psicóticos o anorexia nerviosa). Un punto importante en este enfoque es el análisis de la demanda de tratamiento, mediante el que se formula la primera hipótesis que cumple el llamado "paciente identificado" en el funcionamiento familiar. A menudo las intervenciones de terapia suponen una "connotación positiva del síntoma", que viene a ser una redefinición del problema y las intervenciones paradójicas.

d- Los modelos constructivitas: (Procter, Cecchin, Anderson) Son los modelos más modernos y actuales. Suponen un cambio respecto a los tres modelos anteriores, que se habían centrado en las interacciones supuestamente observadas de forma objetiva por el terapeuta. Lo importante ahora no son las interacciones sino la construcción de significados compartidos por los miembros del sistema (Las "Premisas del sistema"). Las intervenciones se dirigen al cambio de estas premisas, sobretodo a través de renarrar la historia de la familia desde marcos alternativos.

Perspectiva de la conducta violenta desde la neuro fisiología

Partes: , 2, 3, 4
Partes: 1, 2, 3, 4


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