La lengua es un fenómeno vivo que cambia constantemente de acuerdo a la situación comunicativa, según la región geográfica, según el grupo social al que pertenezca el hablante y a lo largo del tiempo. Este último aspecto, conocido como diacronía se refiere a los cambios que experimenta una lengua viva a medida que pasan los años. Toda lengua en poder de una masa hablante cambiará constantemente sin que ningún hablante individual pueda hacer nada para impedirlo. En la escritura sucede algo diferente: esta, que existe por causa de la primera y no al revés, tiende a la estaticidad, a la inmutabilidad. Es por esto que surge un desfasaje entre la lengua oral y la escrita. Es decir, como la primera evoluciona mucho más rápidamente que la segunda, se producen en ella cambios que no se verifican en la segunda. Estos se manifiestan principalmente en forma de letras que dejan de tener una realidad que las represente. Por esta razón sería interesante revisar el lugar de la ortografía en el sistema de la lengua. ¿Tiene razón de ser o es solo un concepto estético?
La lengua es la mayor virtud del ser humano. Es una herramienta eficaz que existe con el propósito de comunicarnos con una efectividad tal que no existe nada que se le acerque en la naturaleza. Los animales poseen excelentes sistemas de comunicación que les permiten interactuar en la búsqueda del alimento, en el cortejo, y en las situaciones de peligro. Un ejemplo de esto lo constituyen el vuelo de las abejas, los cantos de las aves, los sonidos que producen los delfines y las ballenas y el cacareo de las aves de corral. Estos sistemas pueden ostentar el título de lenguaje, por cuanto son señales (aunque rudimentarias si se les compara con el lenguaje articulado) que permiten la comunicación.
Las señales del tránsito son otro ejemplo de lenguaje, pues permiten la comunicación entre los conductores, por ejemplo. Pero la lengua es una categoría superior. Compuesta de signos muy específicos, de sonidos, de inflexiones de la voz, de ritmo, de matices estilísticos y de otras características, podemos decir que es la sola posesión del ser humano. En el presente artículo se analizarán aspectos de la historia de la lengua, del concepto de lengua, del papel de la escritura y de la evolución lingüística (eje diacrónico de la lengua) para suministrarle al lector los argumentos que le permitan reflexionar con relación al papel de la ortografía en el sistema de la lengua, particularmente en el Español hablado en Cuba. El lector decidirá cuáles sean las razones de ser de la ortografía en la lengua como sistema: si obedece a una realidad lingüística tangible, si tiene una utilidad meramente estética, como los decorados en el barroco o en el Art Nouveau o si se trata de un fenómeno social, ajeno por completo al campo de la lingüística como ciencia.
Según Ferdinad de Saussure, conocido como el padre de la lingüística, la lengua es un conjunto de signos que expresan ideas. Estos signos están integrados en un sistema cuidadosamente estructurado en el cual cada signo está íntimamente relacionado con los demás. Cada signo (palabras, preposiciones, conjunciones, oraciones, etc.) adquiere su significado gracias a su oposición a los demás signos que lo rodean en un contexto determinado. Ninguna palabra existe verdaderamente fuera de un contexto, pues es ahí donde su significado se define, se especifica. El sistema de la lengua consta de dos planos: el plano del contenido, que tiene que ver con el significado de los signos y el plano de la expresión, que consta de los fonemas (sonidos) que componen a los signos.
Ahora bien, cada signo lingüístico, o sea, cada unidad significativa de la lengua (palabras, oraciones, prefijos, etc.) consta de dos partes: una se denomina significado y la otra significante. El significado es el concepto que está en el fondo de cada palabra y el significante no es otra cosa que el grupo de sonidos que constituyen esa palabra. Estos conceptos se corresponden con los planos mencionados arriba. Por ejemplo, si tomamos la palabra griega a[nqrwpo~, su significado sería "hombre" y su significante estaría constituido por la secuencia de sonidos a-n-q-r-w-p-o-~.
Lo mismo sucede con cualquier signo lingüístico. Siempre habrá un significado y un significante. Si comparamos el signo lingüístico con una manzana, el significado sería la semilla en el centro y el significante, la envoltura alrededor de la semilla. El significante (el conjunto de sonidos) es lo que permite que podamos expresar las ideas que tenemos en la mente. De otra manera sería imposible hacer corpóreo algo incorpóreo como lo es el pensamiento.
El signo lingüístico tiene varias características que le son propias. Una de ellas es la arbitrariedad. ¿Qué significa esto? Pues que la relación entre significado y significante es arbitraria. En otras palabras, no hay ninguna razón lógica por la que el conjunto de sonidos que componen la palabra "silla" tenga que significar: "objeto de cuatro patas que sirve para sentarse". De igual manera, no hay ninguna razón lógica por la que "pared" tenga que ser "muro vertical de cemento o madera que sostiene el techo de una edificación. En la larga evolución de la lengua pudo haber ocurrido también que "casa" tuviera como significado "objeto cuadrado u ovalado compuesto de ciertas sustancias químicas que le confieren un olor agradable y la virtud de servir para bañarse", como pudo haber sido el significado de "jabón": "edificación de madera con puertas y ventanas que sirve de habitación a los seres humanos". Diríamos ahora: "Tengo que llegar al jabón antes de las 6:00 p.m., pero antes tengo que comprar cuatro casas para bañarme", y ni siquiera lo notaríamos. Por eso decimos que es arbitrario el signo lingüístico. Todas las cosas, todos los objetos que nos rodean pudieron haberse llamado de otra manera y la lengua funcionaría perfectamente. La razón por la que "jabón" es jabón y "casa" es casa no es para nada lógica. Se trata más bien de una convención, de un acuerdo que se establece tácitamente entre los hablantes de una lengua determinada. Acuerdo que se ha trasmitido de una generación a la otra durante años y años y que nosotros lo recibimos de nuestros predecesores y lo cederemos a las generaciones que vendrán después de nosotros. A esto se refiere el carácter convencional de la lengua.
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