Brevísimos apuntes sobre el hablar y el escribir de nuestros juristas


Partes: 1, 2

  1. Introducción
  2. Desarrollo
  3. Conclusiones
  4. Bibliografía

Resumen

El artículo intitulado ´´Brevísimos apuntes sobre el hablar y el escribir de nuestros juristas´´ es un mero intento de corregir el argot de nuestros abogados, consultores, jueces, notarios, fiscales y profesores de Derecho, que, en el ejercicio de sus actividades profesionales, muchas veces incurren en un uso indebido de las palabras castellanas que integran su bagaje técnico lexicográfico y, consecuentemente, demeritan su quehacer jurídico.

En él se abordan, con un tono coloquial, cerca de una treintena de palabras o giros lingüísticos de uso frecuente, o quizá, de mal uso cotidiano en la vida laboral de estos profesionales, aparecidas no sólo en escritos polémicos sino también en los cuerpos legales promulgados por los órganos legislativos de nuestro país.

Su marcada intención es su corrección y el respeto que debe inspirar nuestro legado hispano-parlante.

Introducción

Casi medio mundo habla español. Cuatro continentes se sienten orgullosos de poseer una lengua rica, sonora y moderna. Una lengua que se viste de la recia y tersa pronunciación castellana, de la suave cadencia latinoamericana, de la fina modulación asiática en el archipiélago filipino y del tono melódico y cantarín africano. Más de once millones de cubanos hablan español, legado lingüístico peninsular, refrendado en el artículo 2 del texto constitucional como idioma oficial del país. Su enseñanza es cultivada a lo largo de doce grados, por lo menos.

Los juristas espirituanos, cuya gran mayoría ejerce su profesión en condición de funcionarios del Estado cubano, y en razón del cargo u ocupación que desempeñan, levantan sus escritos, cualesquiera que estos fuesen, en la lengua de Cervantes, sin embargo, lamentablemente, suele suceder que en su ortografía y redacción utilizan términos, grafias y giros lingüísticos desacertados que en nada enaltecen la memoria del ilustre Manco de Lepanto.

Todo especialista, cualquiera que fuese su oficio, debe conocer el verdadero significado y la exacta escritura de todo término que va a utilizar, pues ello le permite una mejor organización de sus ideas, le facilitará comunicarse con mayor precisión y fluidez. Más, para alcanzar tales propósitos, necesita de empeños personales que prolonguen el conocimiento de nuestra lengua nativa mucho más allá del adquirido con un certificado o título académico.

Una manera de ser es una manera de hablar y por ende de escribir, reveladora de los conocimientos que tiene el hablante. Nuestros juristas no escapan a tal aserto, mucho más si sus palabras son escritas.

Si un poeta en cuyo quehacer la exactitud entre el concepto y la palabra que lo evoca no es lo fundamental, escoge de su inventario léxico aquellas voces que mejor expresan sus ideas, mayor razón existe para que un jurista seleccione con el máximo rigor, el vocabulario que utiliza en sus escritos. Si el poeta se equivoca en su selección, podrá alegar a su favor que se trata de una "licencia", si se equivoca nuestro jurista, no habrá licencia alguna que lo ayude: todos dirán que ha escrito o dicho un disparate.

Este trabajo pretende como único objetivo, revelar ante el intelecto de nuestros abogados, asesores, consultores, fiscales, jueces, notarios, profesores de Derecho (muchos juristas alternan la docencia con el ejercicio profesional de la especialidad) y registradores la perentoria necesidad de hablar y escribir bien, con propiedad el legado lingüístico cervantino.

Martí, jurista notable y maestro del español, fiel seguidor del Caballero de la Triste Figura, sentenció:

"El lenguaje ha de ir como el cuerpo, esbelto y libre; pero no se le ha de poner encima palabra que no le pertenezca, como no se pone sombrero de copa una flor ni un cubano deja la pierna desnuda como un escocés, ni al traje limpio y bien cortado se le echa de propósito una mancha".

"Háblese sin manchas".

Desarrollo

Ese gran chileno que universalmente es conocido con el sobrenombre de Pablo Neruda, expresó en uno de sus musicales poemas que:

Todo está en la palabra.

Son las palabras las que cantan, las que suben y bajan.

Me prosterno ante ellas.

Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito.

¡Amo tanto las palabras!

Así, guiado por sus versos pero sin su talento, he apareado más de una veintena de vocablos de frecuente uso en el argot del jurista, en pleno contraste entre su maledicencia y su buen decir, adecuándolas al entorno cotidiano del hablar y del escribir en el desempeño de su perfil ocupacional.


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